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Idea · Constitución de 1991

Captura del Estado

Categoría analítica que describe cómo actores externos al aparato estatal —desde élites económicas hasta grupos armados ilegales— moldean en beneficio propio leyes, decisiones y recursos públicos. En Colombia, el concepto mutó de su origen postsoviético para nombrar la penetración paramilitar de instituciones regionales, dando lugar a la noción de 'captura avanzada del Estado subnacional'.

3.627 palabras42 documentos48 fragmentos citados
Captura del Estado

Trayectoria de una idea

  1. 1999

    Formulación original en el Banco Mundial

  2. 2001

    Pacto de Ralito: la captura se hace documento

  3. 2005

    Ley de Justicia y Paz y emergencia de la parapolítica

  4. 2009

    Reformulación conceptual por Garay y colaboradores

  5. 2010

    Debate académico y consolidación del marco analítico

  6. 2012

    Sistematización de la ACSS y geografía del fenómeno

03

La lectura

La captura del Estado es uno de los conceptos más productivos y más disputados del vocabulario político colombiano contemporáneo: nació para describir oligarcas comprando parlamentos en Moscú y terminó nombrando comandantes paramilitares firmando pactos con senadores en Córdoba. Su trayectoria intelectual refleja el esfuerzo de la academia colombiana por producir herramientas propias ante una realidad que las categorías importadas no alcanzaban a cubrir. La distinción entre captura por agentes legales —silenciosa, legitimada socialmente, sin violencia visible— y captura avanzada por agentes ilegales —armada, territorial, subnacional— no es solo una refinación técnica: es una apuesta por reconocer que en Colombia el Estado no fue simplemente corrompido desde afuera, sino co-constituido con sus captores en muchas regiones. El concepto ha sido también objeto de crítica: Francisco Gutiérrez y otros señalaron sus límites para capturar la complejidad de las relaciones entre grupos ilegales y Estado, aunque sin negar su potencial analítico. Lo que permanece es su capacidad para articular en un solo marco el soborno, la coerción, la contratación pública y la representación política, mostrando que la captura no fue un evento sino un ensamblaje de mecanismos que operaron simultáneamente en lo electoral, lo institucional, lo contractual y lo coercitivo.

En el vocabulario político colombiano de las últimas dos décadas, pocas categorías han hecho un viaje tan sinuoso como la de "captura del Estado". Nacida a finales de los años noventa en los pasillos del Banco Mundial para nombrar cómo un puñado de oligarcas postsoviéticos compraba leyes a la carta en Moscú, la fórmula desembarcó en América Latina y encontró en Colombia un laboratorio inesperado: no ya empresarios sobornando parlamentos, sino comandantes paramilitares firmando pactos con senadores para "refundar la patria". El concepto tuvo que mutar para nombrar lo que veía. Y en esa mutación —del soborno al fusil, del centro a las regiones, del oligarca al señor de la guerra— se juega buena parte del modo en que Colombia ha tratado de pensar la relación entre sus élites, sus violencias y sus instituciones.

La semblanza de un concepto viajero

La captura del Estado, en su acepción más ceñida, describe un proceso en el que agentes situados por fuera del aparato estatal moldean, en beneficio propio, la formulación de leyes, decretos, sentencias y decisiones administrativas. La palabra clave es "por fuera": lo que se captura es algo previo, y quien captura es un actor externo que introduce su interés particular en el corazón de la decisión pública. En su formulación original, esa captura se pensó como fenómeno esencialmente económico y basado en el soborno: firmas grandes o coaliciones de intereses privados pagaban a funcionarios y legisladores para obtener reglas del juego a la medida.

Trasladada al vocabulario colombiano por Luis Jorge Garay y sus colaboradores hacia finales de la primera década del siglo XXI, la categoría se ensanchó de un modo decisivo. El texto de 2009 La reconfiguración cooptada del Estado: más allá de la concepción tradicional de captura económica del Estado, editado en Bogotá por la Corporación Transparencia por Colombia, ya anuncia en su título la pretensión: ir más allá de la matriz económica original. Lo que estaba en juego no era matizar un concepto extranjero, sino producir una herramienta capaz de nombrar una realidad que sus importadores no habían tenido que pensar: la de un Estado penetrado no solo por dinero, sino por violencia; no solo desde arriba, por élites nacionales legitimadas, sino desde abajo y desde afuera, por ejércitos privados que controlaban territorios enteros.

Esa doble faz define el uso colombiano del concepto. De un lado, la captura ejercida por agentes legales —gremios económicos, contratistas, grupos empresariales— que configuran, en palabras del propio Garay, "círculos de poder generalmente aceptados y legitimados socialmente en el mediano y largo plazo", capaces de permear el Estado sin encontrar obstáculos morales, sociales, políticos o culturales de fondo. Del otro, la captura por agentes ilegales —mafias, narcotraficantes, paramilitares, subversivos— que suplen o complementan el soborno con la coerción armada. La distinción no es una simple gradación: el segundo tipo obliga a pensar la captura como un fenómeno cualitativamente distinto, para el que Garay y Eduardo Salcedo-Albarán acuñarían más tarde la fórmula "captura avanzada del Estado subnacional", ACSS por sus siglas.

Los orígenes: del oligarca postsoviético al Consenso de Washington

El concepto no nace en Colombia. Nace en el mundo que quedó tras el derrumbe soviético, cuando el Banco Mundial y economistas como Joel Hellman, Daniel Kaufmann y Geraint Jones intentaban explicar por qué las privatizaciones masivas en Rusia, Ucrania y otras economías en transición habían producido, en lugar de mercados competitivos, oligarquías que dictaban su propia regulación. La imagen fundacional era la de un pequeño grupo de empresarios que, aprovechando la debilidad institucional de los primeros años noventa, había fijado precios fraudulentos con complicidad de funcionarios de privatización, apropiándose de activos estratégicos y recurriendo a la violencia física contra competidores legítimos cuando el soborno no bastaba.

Ya en ese origen, entonces, la violencia asomaba: no era Colombia la que la introducía en el concepto, sino Rusia. Pero la doctrina del Banco Mundial la trató como un residuo, no como un mecanismo. Lo central seguía siendo el pago: el sobre, el favor, la comisión. La captura, en esa gramática, era una perversión del capitalismo naciente, un problema de gobernanza que se corregía con más transparencia, mejor rendición de cuentas y separación efectiva entre lo público y lo privado. La receta era técnica.

Cuando esa gramática llegó a América Latina, arrastraba consigo una limitación estructural. Los países andinos —Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia— venían de crisis de legitimidad que no encajaban en el molde postsoviético: no había allí una privatización de choque sobre un Estado colapsado, sino sistemas políticos que se agotaban por vías distintas. Venezuela arrastraba el Pacto de Punto Fijo; Colombia, el legado del Frente Nacional y una descentralización reciente. Los sistemas de partidos cerrados y el desgaste de las representaciones tradicionales creaban vulnerabilidades que las nuevas Constituciones —la colombiana de 1991 en primer lugar— trataron de reparar abriendo el juego. Esa apertura, precisamente, sería el terreno donde germinaría una captura de otra especie.

La trayectoria: cómo el concepto aprendió a hablar de paramilitares

El viraje colombiano ocurre entre 2005 y 2010, y responde a un hecho concreto: la parapolítica. Cuando los procesos judiciales contra congresistas aliados con las Autodefensas Unidas de Colombia comenzaron a acumularse, la ciencia política del país se encontró con un objeto que sus categorías heredadas no lograban nombrar. No era corrupción a la vieja usanza —aunque hubiera sobornos—; no era clientelismo tradicional —aunque hubiera clientelas—; no era simple infiltración —aunque hubiera infiltrados—. Era otra cosa: una alianza entre estructuras armadas ilegales y fracciones de la clase política regional, sellada con documentos firmados y proyectada al Congreso de la República.

El 23 de julio de 2001, en el corregimiento de Santa Fe de Ralito, en Tierralta, Córdoba, se reunieron jefes paramilitares de las AUC con gobernadores, congresistas, alcaldes, concejales y ganaderos de Sucre, Córdoba, Cesar y Magdalena. El documento que firmaron —el hoy conocido Pacto de Ralito— hablaba abiertamente de "refundar el país" y "construir una nueva Colombia". Entre los rubricantes por el lado paramilitar figuraba Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40; entre los políticos, dirigentes regionales de Córdoba y del Caribe. Un año antes, en 2000, había sido el Pacto de Chivolo, en el Magdalena, del que nacería el movimiento "Provincia Unida por una Mejor Opción de Vida", plataforma electoral del propio Jorge 40. En 2001 vendría el de Pivijay; en 2002, el llamado Pacto del Magdalena, que sectorizó municipios enteros para repartirlos entre candidatos al Congreso.

Estos documentos —físicos, firmados, exhibibles ante un juez— cambiaron el registro del debate. Ya no se trataba de sospechar vínculos: se trataba de leerlos. La Corte Suprema de Justicia comenzó a procesar a decenas de congresistas. El exsenador de Sucre Álvaro Alfonso García Romero —con una trayectoria previa como concejal, alcalde, diputado y representante— fue condenado por su participación activa en la estrategia paramilitar. La Unidad Nacional de Fiscalías, en el marco de la Ley 975 de 2005 de Justicia y Paz, había compulsado hasta diciembre de 2012 un total de 12.869 copias a la justicia ordinaria, pidiendo investigar vínculos con paramilitares a políticos, miembros de las Fuerzas Armadas y servidores públicos. La magnitud del fenómeno excedía cualquier lectura anecdótica.

Fue en ese punto cuando el concepto de captura del Estado, tal como venía formulado, mostró sus costuras. La categoría original no contemplaba que el captor pudiera imponer su interés mediante amenazas de muerte, control armado del territorio o alianzas selladas ante hombres uniformados. La revisión conceptual de Garay y Salcedo-Albarán —consolidada hacia 2012— introdujo esa dimensión: en la captura avanzada del Estado subnacional, la violencia no es un accidente ni un residuo, sino un mecanismo autónomo. Puede reemplazar al soborno o complementarlo, pero opera con lógica propia. El captor arma coaliciones, disciplina electorados, elimina competidores y proyecta poder político desde territorios sometidos hacia la escala nacional.

La red: mecanismos, agentes, geografías

La captura, así entendida, no es un evento sino un ensamblaje. Sus piezas pueden desglosarse.

El primer mecanismo es electoral. En el marco de la ACSS, los actores armados desplegaron un repertorio identificable: compra de votos, compra de mesas y jurados de votación, trashumancia electoral, clientelismo armado, votos fraudulentos y alteración directa de resultados. En las elecciones de 2002, las AUC ampliaron su influencia a través de una constelación de movimientos que aprovecharon la proliferación de partidos habilitada por la Constitución de 1991: Colombia Democrática, Colombia Viva, Convergencia Ciudadana, Convergencia Popular Cívica, Movimiento de Renovación Acción Laboral (Moral), Equipo Colombia, Apertura Liberal. La apertura pluralista del 91 se volvió, sin proponérselo, una infraestructura útil para el proselitismo armado. En el Magdalena, el senador Dieb Maloof y su fórmula José Gamarra participaron del esquema de sectorización municipal pactado con Jorge 40, combinando redes clientelares tradicionales con respaldo coercitivo.

El segundo mecanismo es institucional. Los paramilitares no se limitaron a poner congresistas: penetraron administraciones locales, oficinas judiciales y entidades de contratación. En Norte de Santander, el Bloque Catatumbo llegó hasta la Fiscalía seccional: la directora Ana María Flórez, apodada Batichica, fue condenada por la Corte Suprema por vínculos con los paramilitares, y desde una oficina situada frente a la propia sede fiscal en Cúcuta se alertaba a los comandantes sobre operativos inminentes de la fuerza pública. En el Magdalena, el gerente del Incora José Fernando Mercado Polo revocó entre febrero y marzo de 2003 la titulación de 134 parcelas en doce municipios, dentro de lo que se conocería como la "contrarreforma agraria" de Jorge 40: la reversión, con firma de un funcionario público, del acceso campesino a la tierra.

El tercer mecanismo es contractual. La captura de alcaldías y gobernaciones abría la puerta a la contratación pública en sectores estratégicos —salud, infraestructura, servicios— donde las estructuras armadas y sus aliados civiles se apropiaban de recursos regionales. En el Magdalena, la licitación de la Vía de la Prosperidad, entre Plato y Palermo, fue adjudicada al Consorcio Ribera del Este en un proceso que el Procurador cuestionó por falta de transparencia y objetividad, abriendo investigación contra el gobernador Cotes Habeych. En Casanare, diagnósticos de la Misión de Observación Electoral y procesos judiciales del periodo 1997–2007 documentaron relaciones entre algunos alcaldes y funcionarios con las Autodefensas Campesinas de Casanare. La contratación pública fue, en muchos casos, el objeto último de la captura: no se buscaba el poder político por sí mismo, sino por su rendimiento sobre presupuestos, obras y nóminas.

El cuarto mecanismo es propiamente coercitivo: la violencia como recurso disponible. Los paramilitares no se pensaban a sí mismos como ejércitos de conquista, sino como estructuras cuyo aparato militar cumplía funciones disuasivas, extorsivas y reputacionales, instrumentales para garantizar la explotación de rentas. Esa racionalidad —descrita en la literatura académica sobre "señores de la guerra"— explica por qué la captura no fue nacional sino subnacional: no aspiraba a tomarse el Estado central, sino a asegurar el control de municipios, ciudades intermedias y áreas rurales de influencia, articulados en algunas regiones con excedentes del narcotráfico.

La geografía del fenómeno lo confirma. Los casos más nítidos y densamente documentados se concentran en el Caribe: Magdalena, Sucre, Córdoba, Cesar. Pero la parapolítica no fue exclusiva de la costa. En Tolima, el bloque homónimo dejó tras de sí 97 compulsas de copias para investigación por la justicia ordinaria, con vínculos documentados hacia alcaldes en el marco de su expansión territorial. Departamentos como Caldas, Norte de Santander, Boyacá y Antioquia registran capítulos propios. En Caldas, un exintegrante del Frente José Ignacio de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio declaró ante el Centro Nacional de Memoria Histórica que operadores de la Central Hidroeléctrica Miel I financiaban en dinero al grupo paramilitar a cambio de seguridad para las obras energéticas. Una víctima en Norcasia relató haber especulado que Odebrecht y otras empresas vinculadas al proyecto pagaban vacunas a los mismos actores armados para proteger sus operaciones. El detalle importa: la captura no era solo un asunto de políticos, sino también de empresas legales operando en zonas donde el orden estatal había sido subrogado a coaliciones armadas.

Los actores legales: la otra captura, la silenciosa

Reducir la captura del Estado colombiano a la parapolítica sería empobrecerla. La misma teoría de Garay insiste en que la modalidad ejercida por agentes legales —élites económicas, gremios, grandes empresas— es tan real como la ejercida por armas, y en algunos aspectos más duradera: opera sin escándalo, con legitimidad social, sin necesidad de violencia visible.

Aquí el marco conceptual se apoya en una intuición tomada de Pierre Bourdieu y adaptada por la literatura colombiana: ciertos agentes han hecho el Estado y se han hecho a sí mismos como agentes del Estado al hacerlo. Hay actores cuya vinculación con las instituciones no tiene la forma de una captura desde afuera, sino de una co-constitución desde el origen. Los intereses económicos y políticos dominantes se resisten históricamente, en Colombia, a incorporar normas y prácticas que permitan ejercer la justicia y disminuir la inequidad y la exclusión; el Congreso ha estado marcado por la ausencia de representación de los intereses campesinos. Esa ausencia estructural no requiere pactos firmados en corregimientos remotos: se produce cotidianamente en la propia composición de la representación política.

El escándalo del Proceso 8.000 —en el que la campaña presidencial de Ernesto Samper recibió financiación del Cartel de Cali— y, dos décadas más tarde, el caso Odebrecht, muestran zonas grises donde lo legal y lo ilegal se difuminan. En Odebrecht, la Fiscalía verificó que la empresa emitía facturas falsas por trabajos simulados —movimientos de tierra inexistentes— para generar efectivo destinado, al menos en parte, a financiar campañas políticas. Los pagos irregulares se canalizaron mediante mecanismos vinculados a la operación real de la concesión Ruta del Sol, incluidos recaudos de peajes, entretejiendo la financiación de campañas con la actividad contractual de una multinacional. No hubo fusiles en esa captura, pero sí un flujo silencioso de recursos entre contratista y decisor público.

Esta captura legal no golpea las primeras planas con la misma frecuencia que los pactos paramilitares, pero constituye la modalidad más difícil de erradicar, precisamente porque se ampara en la valoración social positiva de los captores. El empresario respetable, el gremio consolidado, la firma consultora prestigiosa, la familia política tradicional: todos ellos pueden capturar el Estado sin que exista una imagen mediática de la captura, y en algunos casos sin transgredir formalmente la ley.

El paramilitarismo como fenómeno multidimensional

Para que la categoría de captura tenga espesor histórico, hay que devolverla al fenómeno que la forzó a mutar. El paramilitarismo colombiano no es reducible a sus estructuras armadas. Existe consenso nacional e internacional en reconocerlo como fenómeno multidimensional: político, económico y militar. En su dimensión política construyó redes con poderes locales, regionales y nacionales, y con sectores poderosos de la sociedad. En algunas regiones, sus estructuras se articularon con sectores de la fuerza pública.

Su genealogía complica cualquier lectura maniquea. El paramilitarismo surgió institucionalmente en la década de 1960, como parte de la política global de Seguridad Nacional, con patrocinio estatal directo: entre 1965 y 1989 fue legal, aunque no lo fueran los crímenes cometidos bajo su amparo. Francisco Gutiérrez ha señalado que el Estado colombiano delegó en coaliciones regionales el monopolio de la violencia, permitiéndoles armarse con patrocinio del Ejército, y que ese fue el suelo institucional del que brotaron las autodefensas. La consecuencia analítica es incómoda para el concepto de captura: si el propio Estado creó, armó y legalizó a los grupos que después lo cooptarían, la frontera entre captor y capturado se difumina. Lo que llamamos captura sería, en parte, la autonomización de un instrumento estatal previo. No una irrupción externa sobre instituciones sanas, sino la profundización de una delegación de soberanía nunca revocada del todo.

Esa ambigüedad ha alimentado en la antropología política una categoría paralela: la del "Estado híbrido". La antropóloga Rivke Jaffe, trabajando sobre los "dons" criminales de los barrios de Kingston en Jamaica, definió el Estado híbrido como el sistema de gobernanza que emerge del entrelazamiento entre crimen organizado y Estado en una relación de colusión. Desde esa perspectiva, la presencia de organizaciones ilegales en las instituciones no debilita al Estado sino que extiende su poder: los actores criminales operan como prolongaciones de una estatalidad que se realiza precisamente a través de esa colusión. Aplicada con cautela al caso colombiano, la noción de Estado híbrido ofrece un contrapunto útil al concepto de captura: donde captura sugiere invasión desde afuera, hibridación sugiere fusión desde adentro. Ambas lecturas nombran realidades distintas del mismo fenómeno.

Los debates: qué explica la categoría y qué le escapa

No todos los estudiosos comparten el entusiasmo por la categoría. El propio Francisco Gutiérrez, en 2010, cuestionó abiertamente la utilidad del concepto de "reconfiguración cooptada del Estado" —que en su formulación llama "reestructuración cooptada"— para describir la relación entre grupos ilegales, narcotraficantes y el Estado colombiano. Su objeción tiene dos filos. Primero, dudó de que la intervención de estas organizaciones haya sido verdaderamente sistémica: entre penetrar una gobernación en Sucre y refundar un Estado hay un salto lógico considerable. Segundo, cuestionó que los resultados de esas estrategias hayan sido "exitosos" en el sentido fuerte que la categoría sugiere: los paramilitares fueron desmovilizados, muchos de sus aliados políticos condenados, y la maquinaria judicial —Corte Suprema en primer lugar— respondió, aunque tarde y de manera desigual.

La objeción tiene fuerza empírica. Los casos mejor documentados de captura avanzada son subnacionales y territorialmente acotados: Magdalena, Sucre, Norte de Santander, ciertas zonas de Casanare y Antioquia. No hay evidencia comparable de una captura homogénea del Estado colombiano en su conjunto, ni de una estrategia unificada de refundación institucional. Los actores armados que capturaron enclaves regionales lo hicieron para asegurar rentas territoriales concretas —tierras, contratación, protección de economías ilícitas y lícitas—, no para ejecutar un plan de toma del poder central. La violencia que desplegaron era, en su racionalidad, instrumental.

Pese a esa crítica, la categoría conserva potencia analítica —incluso Gutiérrez lo reconoce— para examinar la influencia de grupos armados y narcotraficantes en instituciones específicas: la captura de partidos políticos, el proselitismo armado y la incidencia sobre decisiones judiciales en las altas cortes. La obra colectiva Y refundaron la patria, editada por Claudia López en 2010, es la referencia más citada en ese debate: reúne los materiales empíricos que sustentan tanto la formulación fuerte del concepto como sus matices.

Una segunda línea crítica proviene de la teoría del Estado rentista, con Mick Moore como referencia. Su argumento —que Estados sostenidos por rentas no ganadas, como las de recursos naturales, generan menor rendición de cuentas porque sus dirigentes no dependen fiscalmente de los ciudadanos— ofrece una explicación estructural, no basada en agentes externos captores. En esa lectura, la vulnerabilidad institucional no se explica por quién penetra al Estado desde afuera, sino por cómo se financia el propio Estado y qué incentivos genera esa financiación. Las dos ramas de la teoría rentista —la del desequilibrio entre jurisdicción y autoridad, que produce Estados depredadores y militarización de la política, y la del vínculo entre altas rentas y corrupción sistémica— convergen en desplazar el foco del actor externo al régimen fiscal. No es una alternativa incompatible con la captura, pero sí un recordatorio de que hay más de un modo de nombrar la debilidad institucional.

Un tercer debate, más subterráneo, atraviesa la propia categoría desde adentro. Si tanto la captura por agentes legales como la captura avanzada por agentes ilegales son coherentes con el significado literal de "captura del Estado" como proceso originado desde fuera del Estado y ejecutado por agentes externos, entonces la categoría corre el riesgo de volverse un paraguas demasiado amplio. Bajo ese techo caben desde un gremio empresarial que cabildea una reforma tributaria hasta un comandante paramilitar que ordena asesinatos selectivos: el gesto conceptual de unificarlos bajo una misma palabra es potente, pero puede diluir diferencias analíticamente decisivas.

La huella: qué hemos aprendido a ver

Al margen de los debates, la incorporación de la captura del Estado al vocabulario público colombiano tuvo efectos que sobreviven al concepto mismo. Ayudó a nombrar lo que las categorías clásicas —corrupción, clientelismo, infiltración, penetración— no lograban asir con precisión: la simbiosis planificada entre estructuras armadas, políticos regionales y contratación pública. Permitió leer los pactos de Ralito, Chivolo y Pivijay no como episodios aislados sino como piezas de una arquitectura reconocible. Y forzó a las instituciones judiciales —la Corte Suprema en primer lugar— a construir marcos probatorios adecuados a un fenómeno que exigía leer computadores incautados, como el de alias Don Antonio; documentos firmados; nóminas paralelas; contratos amañados.

También dejó una tensión no resuelta que aún atraviesa el debate colombiano. La categoría ilumina bien los enclaves donde la captura ocurrió con densidad —el Caribe paramilitar, los proyectos de infraestructura en zonas de conflicto, ciertos hospitales y contratos de salud en regiones específicas—, pero puede confundir al aplicarse como diagnóstico total del Estado colombiano. No todo el Estado fue capturado, ni todo tipo de captura se explica igual. Los mismos casos que documentan la penetración paramilitar del Magdalena muestran también la respuesta institucional: 12.869 compulsas judiciales, condenas de senadores y directores de fiscalías, restituciones de tierras, sentencias de la Corte Interamericana como la del caso 19 comerciantes de 2004. La captura fue real; la impunidad total, no.

Queda, por último, el reto de qué hacer con la captura silenciosa: aquella ejercida por agentes legales, socialmente legitimados, sin pactos firmados ni fosas comunes. Es una captura menos fotogénica, pero acaso más persistente. Los intereses económicos y políticos dominantes que se resisten a reformas agrarias, tributarias o judiciales no requieren fusiles: les basta con estar donde siempre han estado. En ese punto, el concepto muestra su alcance máximo y su límite: nombra bien la anomalía violenta, pero también obliga a mirar la normalidad que la precedió y que la sobrevive. Que la captura sea legible es una conquista analítica. Que sea corregible es una tarea que ya no depende de los conceptos, sino de la política.

04

En el archivo

71 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Pre-independencia1780–18091
  1. 1781Las reformas borbónicas en la Nueva GranadaPregunta
02Nueva Granada1831–18621
  1. 1864Modelos regionales de acumulación en el siglo XIX: Antioquia y el Valle del CaucaPregunta
03Frente Nacional1958–19741
  1. 1972El Pacto de ChicoralHecho
04Crisis y narcotráfico1974–199013
  1. 1976Bonanza marimbera y emergencia del narcotráfico (1976–1980)Hecho
  2. 1980Carlos LehderFicha
  3. 1984Asesinato de Rodrigo Lara BonillaHecho
  4. 1984Narcoterrorismo, extradición y guerra contra el Estado (1984–1990)Hecho
  5. 1984NarcotráficoFicha
  6. 1984Pablo EscobarFicha
  7. 1984Rodrigo Lara BonillaFicha
  8. 1985La toma y retoma del Palacio de Justicia (1985)Pregunta
  9. 1986Guillermo Cano IsazaFicha
  10. 1987Mercenarios extranjeros y consolidación paramilitar (1987–1989)Hecho
  11. 1988La elección popular de alcaldes y la descentralización (1986-1988)Pregunta
  12. 1989La guerra contra la justicia en Colombia (1984–1991)Pregunta
  13. 1989NarcoterrorismoFicha
05Constitución de 19911991–200215
  1. 1988El paramilitarismo del Magdalena Medio (1982-1992)Pregunta
  2. 1991La Constitución de 1991 y la paradoja del Estado constitucional sin EstadoPregunta
  3. 1994Gobierno Samper, Proceso 8.000 y las Convivir (1994–1998)Hecho
  4. 1994Vicente CastañoFicha
  5. 1995Fundación y expansión de las AUC (1995–2000)Hecho
  6. 1996Ernesto Samper PizanoFicha
  7. 1997AutodefensasFicha
  8. 1997Carlos Castaño GilFicha
  9. 1997Rito Alejo del Río RojasFicha
  10. 1998Hernán Giraldo SernaFicha
  11. 1998Jesús María Valle JaramilloFicha
  12. 1998La paradoja del 91: Constitución garantista y expansión paramilitar en ColombiaPregunta
  13. 1999Asesinato de Jaime GarzónHecho
  14. 1999Monumento a la Paz de MonteríaHecho
  15. 2001Palma aceitera y despojo paramilitar en Colombia (1996–2013)Pregunta
06Seguridad Democrática2002–201621
  1. 1997Salvatore Mancuso GómezFicha
  2. 2000Jineth Bedoya LimaFicha
  3. 2002El Bloque Centauros y la guerra intra-paramilitar en el Casanare (2002–2005)Hecho
  4. 2002El DAS bajo Jorge Noguera y la captura paramilitar del aparato de inteligencia (2002–2005)Hecho
  5. 2002Operación Orión en la Comuna 13Hecho
  6. 2003Carlos Mario Jiménez NaranjoFicha
  7. 2003Don Berna (Diego Fernando Murillo Bejarano)Ficha
  8. 2003Éver Veloza GarcíaFicha
  9. 2003Jorge NogueraFicha
  10. 2003Negociación de Santa Fe de Ralito y desmovilización paramilitar (2003–2006)Hecho
  11. 2005Continuidad paramilitarFicha
  12. 2006Álvaro García RomeroFicha
  13. 2006Bandas criminales (Bacrim)Ficha
  14. 2006Bandas criminales y rearme posdesmovilización (2006–2014)Hecho
  15. 2006El escándalo de la parapolíticaHecho
  16. 2006La desmovilización de las AUC y las bacrim/AGC (2003-2006)Pregunta
  17. 2006La parapolíticaPregunta
  18. 2006ParapolíticaFicha
  19. 2007Andrés Felipe Arias LeivaFicha
  20. 2007Mario Uribe EscobarFicha
  21. 2008Iván Velásquez GómezFicha
07Posconflicto2016–presente2
  1. 2016Dairo Antonio Úsuga David, alias OtonielFicha
  2. 2018Néstor Humberto Martínez NeiraFicha
08Transversal16
  1. 1850MaganguéFicha
  2. 1927MaicaoFicha
  3. 1952Chulavitas, pájaros y el origen del paramilitarismo colombianoPregunta
  4. 1961Las reformas agrarias en Colombia (1936–2016)Pregunta
  5. 1965Privatización de la seguridadFicha
  6. 1970TierraltaFicha
  7. 1975ClientelismoFicha
  8. 1979Marco PalaciosFicha
  9. 1985Del país del café al país de la cocaínaPregunta
  10. 1990Impunidad estructuralFicha
  11. 1994El viraje del paramilitarismo colombianoPregunta
  12. 1994NarcoparamilitarismoFicha
  13. 1995Clientelismo armadoFicha
  14. 1995Lavado de activosFicha
  15. 1997Paramilitarismo en ColombiaFicha
  16. 2000Estado paraleloFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Luis Jorge Garay — principal reformulador del concepto para el contexto colombiano; autor de 'La reconfiguración cooptada del Estado' (2009)
  2. 02Eduardo Salcedo-Albarán — coautor con Garay de la teoría de la captura avanzada del Estado subnacional (ACSS)
  3. 03Joel Hellman y Daniel Kaufmann — formuladores originales del concepto en el Banco Mundial a partir del caso postsoviético
  4. 04Salvatore Mancuso y las AUC — actores paramilitares cuyas alianzas con políticos regionales constituyeron el caso empírico central de la ACSS en Colombia
  5. 05Pacto de Ralito (2001) — documento fundacional que evidenció la captura armada del Estado subnacional en el Caribe colombiano
  6. 06Parapolítica — fenómeno político-judicial colombiano que impulsó la reformulación del concepto y su aplicación al paramilitarismo
  7. 07Claudia López — editora de 'Y refundaron la patria' (2010), obra clave en el debate sobre reconfiguración cooptada del Estado
  8. 08Corporación Transparencia por Colombia — institución editora del texto fundacional de Garay et al. (2009)
  9. 09Clientelismo armado — mecanismo electoral central de la ACSS, junto con compra de votos, trashumancia y alteración de resultados
  10. 10Descentralización colombiana (Constitución de 1991) — proceso que, al multiplicar cargos de elección popular y partidos, creó infraestructura institucional aprovechada por actores armados para la captura subnacional
06

Documentos y fragmentos citados

42 documentos · 48 fragmentos

01Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 2801 cita
[1]

No. 40. Electronic Edition, Bogotá, Colombia. Garay, Luis, y otros, (2009), “La reconfiguración cooptada del Esta- do: más allá de la concepción tradicional de captura económica del Estado”, Bogotá, Corporación Transparencia por Colombia. García, Juan, (2016), “Contexto histórico de los daños de la ANUC”, disponible…

p. 280
02Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 4501 cita
[2]

alcance de la captura del Estado adelantada por grupos legales puede explicarse porque estos configuran círculos de poder que son generalmente aceptados y legitimados socialmente en el mediano y largo plazo. En la medida en que no se produce rechazo moral frente a las actuaciones de estos grupos legales, estos podrán…

p. 450
03Analytical Narrative on Subnational Democracies in Colombia: Clientelism, Government and Public Policy in the Pacific RegionAndrés Cendales, Angela Pinto, Jhon James Mora, Hugo Guerrero · 2019 · p. 381 cita
[3]

on strategies of corruption and electoral crimes, distinguishing between them the purchase not only of votes but also of polling stations and juries of voting, transhumance of votes, armed clientelism, fraudulent votes, and the alteration of electoral results, among others. It was an alliance based on procedures…

p. 38
04Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 1041 cita
[4]

que Sinisterra tenía relación con el Bloque a través de Carlos Efrén Guevara, alias Fernando Polí- 38 Algunos analistas políticos como Francisco Gutiérrez (2010) discuten que el concepto de reestructuración cooptada del Estado sea útil para hablar de la relación entre grupos ilegales y narcotraficantes con el Estado,…

p. 104
05Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 2861 cita
[5]

y violencia en este espacio es lo que les garantiza la explotación de rentas, pese a la difi - cultad de mantener un dominio estable sobre ese territorio, dada la persecu - ción de las autoridades y la competencia con otras organizaciones criminales (Reuter, 1983). En términos organizacionales, es típico de las…

p. 286
06Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 501 cita
[6]

del régimen político colombiano (1956-2008) unos a otros a través de redes de padrinazgo. Pero eso no sería tan grave si el clientelismo se quedara enfrascado en su casca- rón electoral. Pero no es así. En la relación clientelista, el ne- gocio privado se sobrepone a la representación política y a la relación pública…

p. 50
07El dulce poder: Así funciona la política en ColombiaLa Silla Vacía · 2018 · p. 261 cita
[7]

plata para la campaña y después pagarles con contratos. Pero todo indica que también se apeló a la millonaria caja menor de Odebrecht, que utilizó un mecanismo para bajar la plata que parece ser la regla, según pudimos comprobar con dos personas que han estado cerca de campañas. Cuando llegan las afugias, el donante…

p. 26
08Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 2581 cita
[8]

internos hace que los dirigentes rindan menos cuentas a los individuos y a los grupos de la sociedad civil. La teoría del Estado rentista tiene dos ramas principales. El primer argumento identifica un presunto desequilibrio entre jurisdicción y autoridad, y desarrolla la proposición de que dicho desequilibrio genera…

p. 258
09Colombia: Essays on Conflict, Peace, and DevelopmentAndres Solimano (Editor) · 2000 · p. 2001 cita
[9]

two stages: voucher privatization and money privatization. During the voucher privatization, each citizen was entitled to a voucher with a face value of 10,000 rubles which was supposed to be used to buy shares of Russian industries. In prac- tice, however, these vouchers were useless to individual citizens and were…

p. 200
10La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 891 cita
[10]

una gran bancada en el Congreso que les permitiera ventilar sus intereses en los órganos de decisión de la Nación. Para tal efecto, les fue útil la proliferación de partidos políticos promovida por la Constitución de 1991. De hecho, para el momento en que las AUC estaban unificadas, ya existían varios movimientos…

p. 89
11Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 1601 cita
[11]

y ejes explicativos sobre el paramilitarismo en los informes del CNMH y en la producción académica fue un fenómeno exclusivamente “costeño” o “paisa”. También figuran departamentos como Tolima, Caldas, Norte de Santander y Boyacá. 4. Si bien las acciones judiciales emprendidas por la Corte Su- prema de Justicia, en…

p. 160
12Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1441 cita
[12]

significativos de las AUC junto con más de 50 políticos entre senadores, congresistas, alcaldes y gobernadores cuyo último propósito no era otro que el refundar el Estado. El nombre viene del corregimiento de Santa Fe de Ralito, en Tierralta, Córdoba, y donde toman especial relevancia muchos nombres de la política…

p. 144
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1171 cita
[13]

en este entramado de corrupción. Una pista para develar dicho entramado son los pactos electorales entre políticos regionales y jefes paramilitares en los municipios magdalenenses de Chivolo y Pivijay. En 2000 se suscribió el Pacto de Chivolo, que le dio vida el movimiento político de Jorge 40. El movimiento fue…

p. 117
14Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2911 cita
[14]

fruto de un contu - bernio consciente y voluntario con la finalidad de conservar, consolidar o adquirir el poder político y en ese propósito se llegó a cooptar con las autodefensas el poder público que dimanaba de las diferentes alcaldías y gobernaciones cuyo control por parte del grupo ilegal armado fue total en los…

p. 291
15Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2271 cita
[15]

violencia. 675 Entrevista 762 - VI - 00002. Lideresa social, mujer afrodescendiente, víctima d e desplazamiento forzado. 676 Entrevista 109 - VI - 00017. Periodista, testigo de homicidio. 677 Entrevista 811 - VI - 00004. Defensor de Derechos Humanos, víctima de amenaza y atentado al derecho a la vida. 227 El 23 de…

p. 227
16A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 831 cita
[16]

del senador y jefe del Partido Conservador Julio Manzur, Rodrigo Burgos de la Espriella; el ex alcalde de Chinú, Córdoba, y suplente a la Cámara de Represen- tantes, Luis Álvarez; el líder conservador, José de los Santos Negrete; el ex diputado conservador, Álvaro Cabrales Hodge; el director de la Corporación Autónoma…

p. 83
17Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 321 cita
[17]

de las AUC en el Congreso colombiano. Para 2001, “las AUC quizá alcanzaron a tener treinta mil hombres armados a su disposición en distintos bloques” (Acemoglu, Daron y Robinson, James, 2012, página 444). Estos mismos autores relatan un hecho relevante en los términos del fenómeno que posteriormente se conocería como…

p. 32
18¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1801 cita
[18]

Abandonadas Forzosamente. De estas un total de 1761 han sido presentadas ante los jueces especializados en restitución. Adicionalmente, en la ruta étnica de restitución, se han ordenado medidas cautelares para amparar los 134. Camilo Sánchez y Rodrigo Uprimny, “Justicia transicional civil y restitución de tierras”,…

p. 180
19Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9691 cita
[19]

paramilitares para el desarrollo de campañas electorales y el ejercicio de cargos públicos y cargos de elección popular, logró penetrar en importantes sectores del Estado; fue muy impor- tante su incidencia en el ámbito local y regional, y también alcanzó niveles del poder central en la rama legislativa. Los grupos…

p. 969
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1371 cita
[20]

Con el diablo adentro. Pandillas, tiempo paralelo y poder, 289. 439 Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz. 2/12/2010. MP: Uldi Teresa Jiménez López. Sentencia en contra de Jorge Iván Laverde Zapata. Radicado: 110016000253200680281. 440 Ibíd. 441 Ibíd. 138 fiflćflThxiff fffl.…

p. 137
21Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 3141 cita
[21]

de Sucre y Alcalde del municipio de Sucre; el ex Senador y ex Representan- te a la Cámara José María Conde Romero; la ex Representante a la Cámara Muriel de Jesús Benitorrevollo Balseiro; el ex Senador Jairo Enrique Merlano Fernández; y el Diputado de la Asamblea departamental de Sucre Nelson Stamp Berrío, entre…

p. 314
22De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 3961 cita
[22]

LOS GRUPOS PRECURSORES AL BLOQUE TOLIMA (AUC) INFORME No. 1 promover y fortalecer la presencia y control del Bloque Tolima de las AUC en todo el departamento, situación que ha motivado 97 compulsas de copias para que la justicia ordinaria investigue” (Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justi-…

p. 396
23Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 721 cita
[23]

del Es- tado, en la rama judicial y en los organis- mos de control. También han influido en la elección de cargos públicos en el nivel regional. De esta manera, la corrupción lo- cal que les sirvió de base para su llegada al Congreso ha podido, en algunos casos, re- troalimentar el poder y el control local. Al mismo…

p. 72
24Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 2252 citas
[24]

legitimi - dad (Kees Koonings y Kell-Ake Nordquist, 2005, octubre, página 12). Existe consenso en distintos sectores de nuestro país y del ámbito internacional en reconocer al paramilitarismo como un fenómeno complejo que no se puede reducir solo a considerar sus estructuras armadas. el paramilitarismo es un fenómeno…

p. 225
[25]

legitimi - dad (Kees Koonings y Kell-Ake Nordquist, 2005, octubre, página 12). Existe consenso en distintos sectores de nuestro país y del ámbito internacional en reconocer al paramilitarismo como un fenómeno complejo que no se puede reducir solo a considerar sus estructuras armadas. el paramilitarismo es un fenómeno…

p. 225
25No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5081 cita
[26]

decenas de políticos, empresarios, militares, especialmente de la región Caribe, relacionados con pagos, apoyos electorales y contratos. El contenido se conoció parcialmente a través de la Revista Semana en septiembre de ese año y se convirtió en un escándalo político nacional. Esta era la tercera vez que la justicia…

p. 508
26Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 641 cita
[27]

ca de economías y sociedades agrarias, sino de las áreas de influencia de municipios e incluso ciudades intermedias que a pesar de su historia rural han generado aglomeraciones de po- blación, mercados locales, servicios básicos e importantes fuen- tes de trabajo no agrícola. Son regiones que han superado el relativo…

p. 64
27Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 461 cita
[28]

Seguridad Nacional de 1978. Por tanto, entre 1965 y 1989 el paramilitarismo fue legal aunque no lo eran los crímenes cometidos por estos grupos. Según Francisco Gutiérrez, este contexto histórico e institucional fue la cuna de las autodefensas colombianas. Estas surgieron directamente de la decisión y el patrocinio…

p. 46
28The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 471 cita
[29]

and around formal state representatives and institu- tions” (2000, 36). In other words, being at the same time inside and outside the state, they are an extension of the state’s power. To this respect, in more recent times, anthropologists have been writing about the hybrid state as an analytical category to capture…

p. 47
29Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 252 citas
[30]

The state’s prime func- tion is to provide that politi cal good of security—to prevent cross-border invasions and infiltrations, and any loss of territory; to eliminate domestic threats to or attacks upon the national order and social structure; to pre- vent crime and any related dangers to domestic human security;…

p. 25
[31]

The state’s prime func- tion is to provide that politi cal good of security—to prevent cross-border invasions and infiltrations, and any loss of territory; to eliminate domestic threats to or attacks upon the national order and social structure; to pre- vent crime and any related dangers to domestic human security;…

p. 25
30El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 6032 citas
[32]

http://rutasdelconflicto.com/in- terna.php?masacre=725 (s.f.), Rutas del Conflicto. Recuperado el 1 de junio de 2014, http://rutasdelconflicto.com/interna.php?masacre=113 REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA 605 Fuentes judiciales Comisión Interamericana de Derechos Humanos – CIDH (1993), Segundo informe sobre la situación de…

p. 603
[33]

http://rutasdelconflicto.com/in- terna.php?masacre=725 (s.f.), Rutas del Conflicto. Recuperado el 1 de junio de 2014, http://rutasdelconflicto.com/interna.php?masacre=113 REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA 605 Fuentes judiciales Comisión Interamericana de Derechos Humanos – CIDH (1993), Segundo informe sobre la situación de…

p. 603
31Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 382 citas
[34]

tierra ha sido un elemento de disputa y lucha por el poder entre el Estado, los grupos subversivos, los campesinos y los terratenientes, entre otros actores de la política colombiana. Las asimetrías de la representación en la sociedad colombiana han impedido abordar adecuadamente las causas del conflicto: “la…

p. 38
[35]

tierra ha sido un elemento de disputa y lucha por el poder entre el Estado, los grupos subversivos, los campesinos y los terratenientes, entre otros actores de la política colombiana. Las asimetrías de la representación en la sociedad colombiana han impedido abordar adecuadamente las causas del conflicto: “la…

p. 38
32Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 3932 citas
[36]

ir. (CNMH, MNJCV, ACPB, 2014a, 10 de junio) Según un exintegrante del FJI-ACMM este grupo fue financiado por opera- dores de la Central Hidroeléctrica Miel I, para garantizar el desarrollo de sus trabajos en materia energética. Y la [empresa] de energía, Hidromiel, que siempre les producía también. ¿Colaboraban con el…

p. 393
[37]

ir. (CNMH, MNJCV, ACPB, 2014a, 10 de junio) Según un exintegrante del FJI-ACMM este grupo fue financiado por opera- dores de la Central Hidroeléctrica Miel I, para garantizar el desarrollo de sus trabajos en materia energética. Y la [empresa] de energía, Hidromiel, que siempre les producía también. ¿Colaboraban con el…

p. 393
33Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 2851 cita
[38]

economía. Los carteles del crimen no son pro- ducto de un acuerdo de productores, sino, más bien, simples organizaciones criminales. Tal 284 Guerra y violencias en Colombia acometer estas tareas criminales complejas, como son el comercio interna- cional de narcóticos, armas o el uso de la violencia con propósito…

p. 285
34Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · p. 821 cita
[39]

Iglesia Católica, le preguntó a Ernes- to Samper si no había visto todo el dinero que los narcotrafican- tes habían invertido en su campaña. A la pregunta retórica, el sa- cerdote respondía irónicamente a Samper que es imposible no ver un elefante cuando entra a tu casa y se pasea en la sala, frente a tu televisor.…

p. 82
35Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 3631 cita
[40]

importacio- nes, aunque la apertura de capitales con sus entradas, pero sobre todo salidas, aumentó los riesgos macroeconómicos que se concretaron más adelante. La administración Samper estuvo plagada de proble- mas que comenzaron con la denuncia de que su campaña había recibido financiación del Cartel de Cali y…

p. 363
36Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 352 citas
[41]

pocos años decenas de personas de buena voluntad trataron de hacer realidad este sueño y la nueva constitución alimentó las esperanzas de casi toda la población, hasta que el poder del narcotráfico hizo valer nuevamente la corrupción como instrumento electoral. Al iniciarse el siglo XXI varios grupos de líderes e…

p. 35
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Durante unos pocos años decenas de personas de buena voluntad trataron de hacer realidad este sueño y la nueva constitución alimentó las esperanzas de casi toda la población, hasta que el poder del narcotráfico hizo valer nuevamente la corrupción como instrumento electoral. Al iniciarse el siglo XXI varios grupos de…

p. 35
37Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 401 cita
[43]

uno de los departamentos donde con mayor intensidad ocurren operaciones de tráfico de drogas en todas sus fases, desde los cultivos hasta el lavado, donde existe un enorme mercado de contrabando y donde se mueven cuantiosos flujos de recursos públicos susceptibles de ser capturados mediante prácticas corruptas, la…

p. 40
38Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4361 cita
[44]

adaptabili- dad que han mostrado en los últimos años, los narcotraficantes colombianos parecen perder posiciones importantes sobre el control del negocio, en favor de otras organizaciones como la mexicana o la rusa. Ello sucede por dos razones básicas: en primera instancia, porque las acciones norteamericanas en…

p. 436
39Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 3591 cita
[45]

impulsó la restitución de treinta y seis parcelas de la “contrarreforma agraria” de Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40 y adelanta los procesos sobre otras 25 reclamaciones en las veredas de Bejuco Prieto y El Encanto en Chibolo, Magdalena (CSJ, radicado 34.634 de 2011). Según Verdad Abierta entre febrero y marzo de…

p. 359
40Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo II. El Frente Capital y el declive del Bloque Centauros de las AUCDaniel Ricardo Martínez Bernal (coordinador), Lorena Camacho Muete, Esteban Caviedes Alfonso, Laura Bibiana Escobar García, José María Gutiérrez Sierra, Daniela Moreno Arriola, Daniel Augusto Serrano Corredor, Juan Manuel Villarraga Beltrán · 2021 · p. 801 cita
[46]

y desa- parición forzada (El Tiempo, 2007, 3 de diciembre). En el diagnóstico de la MOE Casanare (2008) para el periodo de 1997-2007, también se menciona a los polí- ticos Efrén Hernández y Óscar Wilches por presuntas relaciones con las ACC: A Óscar Leónidas Wilches se le volvió realidad el refrán popular según el…

p. 80
41La miseria en ColombiaJames A. Robinson · 2016 · p. 531 cita
[47]

vinculados con la firma que ganó la licitación 26. Sin embargo, a finales de septiembre de 2013, los intentos legales de Invías por detener el proceso fueron rechazados por un juez y el gobernador firmó un contrato con el Consorcio Ribera del Este a comienzos de octubre 27. El 28 de noviembre, el procurador abrió un…

p. 53
42Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 3421 cita
[48]

diferentes, los países andinos han enfrentado problemas similares, que poco a poco fueron erosionando la legitimidad de sus sistemas políticos, frente a lo cual surgió la necesidad de reformar el sistema de representación. Países como Ecuador, Perú y Bolivia no han tenido largas tradiciones democráticas, y tuvieron…

p. 342