Carlos Lehder
Crisis y narcotráfico
N. 1949
La biografía
Carlos Enrique Lehder Rivas (Armenia, Quindío, 1949) fue el narcotraficante colombiano que industrializó el puente aéreo de cocaína hacia Estados Unidos desde las Bahamas y el primero en traducir el negocio en proyecto político organizado. Cofundador del cartel de Medellín junto a Pablo Escobar y los hermanos Ochoa, montó a finales de los años setenta en el cayo Norman una plataforma logística que multiplicó la escala del tráfico, y a comienzos de los ochenta fundó el Movimiento Latino Nacional, una plataforma electoral abiertamente antiextradicionista que anticipó, en su ideología y en sus métodos, el pulso narcoterrorista que Escobar llevaría después a escala nacional. Capturado en 1987 y extraditado a Estados Unidos ese mismo año, se convirtió en el testigo estrella del gobierno estadounidense contra el general Manuel Antonio Noriega y pasó más de tres décadas en cárceles federales, hasta su liberación y deportación a Alemania en 2020. Ninguna de las dos innovaciones que lo hicieron singular —la logística aérea a escala industrial y la conversión del narco en proyecto ideológico— habría prosperado, sin embargo, sin el tejido regional y estatal que las hizo posibles.
Línea de vida
- 1978
Establecimiento de la operación en Norman's Cay
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A finales de 1978, Lehder tenía plenamente establecida en el cayo Norman (Bahamas) una plataforma logística con pista de aterrizaje, hangares y protección armada que generaba millones de dólares anuales, industrializando el tráfico aéreo de cocaína hacia Florida y rediseñando los flujos del narcotráfico colombiano hacia Estados Unidos.
- 1978
Regreso a Armenia y captura del Quindío
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Tras consolidar su operación bahamesa, Lehder regresó a Armenia y comenzó a gastar su fortuna de manera ostentosa y calculada: regaló un avión a la Gobernación del Quindío, distribuyó dinero entre sectores políticos, organizó fiestas navideñas para niños, repartió herramientas a campesinos y financió la erección de una estatua de John Lennon, articulando una relación explícita entre capital narco y poder político local.
- 1982
Fundación del Movimiento Latino Nacional
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Lehder fundó el MLN, partido político de ideario contradictorio que combinaba simpatías nazis con la reivindicación de John Lennon y la propuesta de legalización de las drogas, convirtiendo el rechazo a la extradición en programa electoral. Aspiró a una curul en el Concejo de Bogotá y publicó el periódico Quindío Libre como tribuna del movimiento.
- 1983
Paso a la clandestinidad y disolución del MLN
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Tras ser solicitado en extradición por Estados Unidos en septiembre, Lehder pasó a la clandestinidad y pocas semanas después anunció la disolución del MLN, aunque el gobierno colombiano no mostraba interés real en aplicar el tratado de extradición vigente desde marzo de 1982.
- 1987
Captura en Guarne y extradición a Estados Unidos
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El 4 de febrero de 1987, una llamada anónima —atribuida mayoritariamente a Pablo Escobar— reveló su ubicación en la finca Los Toldos, en Guarne, Antioquia. Fue capturado, trasladado a la Cárcel Modelo de Bogotá y extraditado a Estados Unidos en cuestión de horas por el presidente Virgilio Barco, convirtiéndose en el primer gran capo colombiano extraditado.
- 2020
Liberación y deportación a Alemania
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Tras pasar más de tres décadas en cárceles federales estadounidenses, donde actuó como testigo estrella del gobierno de Estados Unidos en el juicio contra el general Manuel Antonio Noriega, Lehder fue liberado y deportado a Alemania en 2020.
El hombre que armó el puente
Lehder no fue el traficante más poderoso del cartel de Medellín, ni el más rico, ni el más sanguinario. Fue algo distinto, y por eso perturbador: el operador que entendió antes que nadie que la cocaína no era un negocio de contrabandistas sino una industria, y que como toda industria dependía de logística, escala y control territorial de sus nodos. Cuando montó en el cayo Norman, en las Bahamas, una pista de aterrizaje bajo su control directo, dejó de traficar como se traficaba: en maletas, en mulas, en compartimentos de aviones comerciales. Empezó a mover cargamentos en aviones enteros, y con eso rediseñó los flujos que llegaban a las costas de Florida.
A esa audacia logística la acompañó una segunda, más incómoda para el establecimiento colombiano: la política. Mientras Escobar aún cultivaba la imagen del filántropo de Medellín y aspiraba en silencio a legitimarse en el Congreso, Lehder montó un partido, publicó un periódico, dio discursos, distribuyó dinero abiertamente entre alcaldías y gobernaciones del Quindío, e hizo del rechazo a la extradición no solo una consigna sino un programa. Fue, en sentido literal, el primer narcotraficante colombiano que se presentó como cuadro político con ideología declarada. Que esa ideología combinara simpatías por Hitler con la reivindicación de John Lennon y la propuesta de legalizar las drogas dice mucho de la extravagancia del personaje, y también del desconcierto ideológico de un país que en esos mismos años no lograba nombrar lo que le estaba pasando.
Armenia, el origen y la cultura del silencio
Lehder nació en 1949 en Armenia, capital del Quindío, hijo de Wilhelm Lehder, ingeniero alemán establecido en Colombia tras la Segunda Guerra Mundial, y de Helena Rivas, quindiana. Esa doble ascendencia —el padre europeo, la madre paisa— alimentaría después la narrativa personal del traficante, que hizo del apellido alemán un rasgo de identidad y del ideario nazi una pose. Pero lo formativo no fue la línea paterna: fue Armenia.
La ciudad era, en la infancia de Lehder, una fundación reciente en la geografía del país. Producto tardío de la colonización antioqueña sobre el Quindío, había crecido en un proceso migratorio donde los grandes capitales locales tenían orígenes tan prosaicos como la cría de cerdos, y donde el asentamiento fue impulsado, entre otras fuerzas, por las guerras civiles de 1885 y 1900, que expulsaron población de Antioquia y Cauca hacia las tierras altas de la cordillera. A ese núcleo antioqueño se sumaron migrantes de Cundinamarca, Boyacá, los dos Santanderes, Huila y Tolima, pero la identidad colectiva quedó marcada por lo paisa: una autopercepción que reivindicaba de manera constante los valores positivos de la cultura antioqueña —el empuje, el trabajo, la austeridad mítica del arriero— y callaba, casi por reflejo, sobre sus aspectos menos amables.
Ese silencio importa para entender a Lehder. En la Armenia en la que creció, y sobre todo en la que regresaría convertido en millonario, existía un manto muy particular sobre los efectos del narcotráfico en la vida cotidiana: sobre el culto al dinero, la exhibición de bienes, la seducción de la vida fácil, los consumos suntuarios que la coca hacía posibles. Sobre ese terreno cultural —no en el vacío— iba a operar Lehder cuando volviera a casa con millones de dólares y ganas de gastarlos.
De su juventud queda menos rastro público. Emigró a Estados Unidos siendo adolescente, se estableció en la comunidad colombiana de la costa este, se dedicó a pequeños delitos —robo de carros, tráfico de marihuana— y fue a dar a la cárcel, donde conoció al piloto estadounidense George Jung. De esa amistad carcelaria nació la idea que lo cambiaría todo: usar aviones para mover cocaína en cantidades hasta entonces inimaginables desde Colombia hacia Estados Unidos.
Norman's Cay: la industrialización del tráfico
Hacia mediados de los años setenta, Lehder empezó a articular con Jung y otros socios las primeras operaciones aéreas. El salto cualitativo llegó cuando decidió resolver el eslabón más frágil de la cadena: la escala intermedia. Entre Colombia y Florida había casi mil quinientos kilómetros de vuelo y un solo problema, el reabastecimiento y la escala segura. La solución fue Norman's Cay, un cayo del archipiélago bahamés a menos de una hora de vuelo de Miami. Allí, mediante la compra de propiedades, la intimidación de los residentes originales y el soborno de funcionarios bahameses, Lehder terminó controlando una isla entera con pista de aterrizaje, muelle, hangares y protección armada.
A finales de 1978 la operación estaba plenamente establecida y generaba millones de dólares al año. Su lógica era sencilla y devastadora: los aviones cargados de cocaína salían de Colombia, tocaban Norman's Cay para reabastecerse y descargar, y desde allí avionetas más pequeñas hacían el salto final a las costas de Florida y Georgia. Solo alrededor del diez por ciento de los envíos de cocaína colombiana hacia Estados Unidos fue interceptado por las autoridades durante ese período. El resto entró, se distribuyó, se convirtió en fortunas. Lehder fue, más que cualquier otro operador de esos años, el arquitecto de esa proporción.
Es también el momento en que se integra al núcleo que Estados Unidos bautizaría después como el cartel de Medellín: Pablo Escobar Gaviria, los hermanos Jorge Luis y Fabio Ochoa Vásquez, y un puñado de socios menores que compartían rutas, precios y protección. Lehder fue el más extravagante de todos ellos, y también el más ideológico. Mientras los Ochoa cultivaban la discreción y Escobar la ambigüedad social, él acumulaba obsesiones —Hitler, Lennon, la legalización, la soberanía nacional entendida como derecho a traficar— que iba a convertir muy pronto en programa.
El regreso a Armenia y la conquista del Quindío
A finales de 1978, con la operación bahamesa a pleno rendimiento, Lehder volvió a Armenia. La ciudad que había dejado siendo un adolescente sin fortuna recibió a un hombre joven, cargado de dólares y con una manera particular de gastarlos: desenfrenada, ostentosa, calculada. No era simple derroche. Era una operación de captura territorial mediante la generosidad pública.
Las fiestas navideñas para niños se hicieron famosas: repartía kits con uniformes Adidas, balón incluido, entregados con el ritual de una filantropía que ningún político local podía igualar. En el Día del Campesino distribuía machetes y herramientas por cientos, dirigiéndose a una población rural que veía por primera vez en su vida un gesto directo hacia ella. A la Gobernación del Quindío le regaló un avión. A los sectores políticos les distribuyó dinero. Y a la ciudad entera le impuso el hábito de mirar hacia otro lado.
Ese hábito no era enteramente nuevo. Sobre él se apoya la lectura que habla de una articulación histórica entre las élites políticas quindianas y el narcotráfico, una modalidad de convivencia que se ha llamado narcopolítica y que se inaugura, precisamente, con Lehder. Conviene, sin embargo, tener cuidado con la palabra "inaugurar". El tejido de silencio cultural, la reivindicación acrítica de los valores paisas, la naturalización del enriquecimiento repentino como signo de empuje y no como problema, estaban allí antes de que Lehder aterrizara. Él no fabricó ese suelo; lo aprovechó con eficiencia inusitada. Y al hacerlo, transformó una disposición cultural difusa en una relación explícita entre plata sucia y poder local, más difícil de desmontar después.
En paralelo, empezó a construir su presencia simbólica en la región. Encargó la erección de una estatua de John Lennon en el Quindío —un gesto que resumía sus contradicciones: el admirador del ex Beatle asesinado y, a la vez, el simpatizante confeso del Führer— y montó Quindío Libre, un periódico desde el cual lanzó su plataforma política.
El Movimiento Latino Nacional
Lo que hizo a Lehder singular en la historia del narcotráfico colombiano no fue el volumen del negocio ni la excentricidad personal. Fue la decisión, deliberada y sin precedente, de organizar un partido político desde el negocio. El Movimiento Latino Nacional —MLN— fue esa apuesta.
Su ideario era, en el mejor de los casos, contradictorio y, en el peor, delirante. Combinaba la admiración explícita por Adolf Hitler con la reivindicación de John Lennon, la denuncia del imperialismo norteamericano con el pragmatismo de un negocio que dependía enteramente del mercado estadounidense, y una propuesta central que iba a definir todo lo demás: la legalización de las drogas. Alrededor de esa bandera, Lehder tejía un discurso donde la extradición aparecía como afrenta a la soberanía nacional, la entrega de colombianos a tribunales extranjeros como capitulación humillante, y él mismo, de paso, como víctima anticipada de una injusticia geopolítica.
El MLN se presentó a elecciones, publicó avisos de prensa que exigían acciones antisecuestro y proponían la formación de una fuerza táctica con mercenarios extranjeros, y llevó a su fundador a aspirar a un puesto en el Concejo de Bogotá. Que un narcotraficante hiciera campaña abierta por una curul en la capital indica dos cosas a la vez: la audacia de Lehder y la porosidad del sistema político colombiano en la primera mitad de los años ochenta, un sistema donde las cadenas de televisión estadounidenses ABC y CBS iban a presentarlo, junto con Escobar, como ejemplo emblemático de la infiltración del narcotráfico en la política del país.
La aventura pública terminó abruptamente. En septiembre, Estados Unidos solicitó formalmente su extradición y Lehder pasó a la clandestinidad. Pocas semanas después anunció la disolución del MLN. El temor a la extradición, en ese momento preciso, no tenía demasiado fundamento: el gobierno colombiano no mostraba el menor interés en aplicar el tratado firmado en 1979 y vigente desde marzo de 1982, y las primeras solicitudes estadounidenses, llegadas en abril de 1983, dormían en los cajones del Ejecutivo. Pero Lehder decidió no arriesgarse. La decisión resultaría, con el tiempo, correcta: la política colombiana estaba a punto de cambiar.
Extradición: la guerra que Lehder ayudó a encender
El asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, el 30 de abril de 1984, fue el punto de inflexión. Fue el primer crimen de una larga cadena que el cartel de Medellín perpetraría contra hombres públicos, y su lógica era transparente: aterrorizar al Estado para forzarlo a prohibir la extradición de nacionales hacia Estados Unidos. Lehder no fue el operador material de esa campaña —Escobar sí—, pero fue su ideólogo pionero. La bandera que él había convertido en programa electoral se transformó, en manos del cartel, en programa terrorista.
En los años siguientes cayeron jueces, políticos, periodistas. La estrategia funcionó a corto plazo: en 1987 la extradición fue prohibida en Colombia. El éxito fue, sin embargo, efímero. Cuando el presidente Virgilio Barco Vargas, tras el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán en agosto de 1989, revirtió la prohibición, la respuesta fue una campaña de atentados y asesinatos por parte del grupo autodenominado Los Extraditables que se prolongó hasta 1991, cuando la Asamblea Constituyente incorporó la prohibición de la extradición al texto constitucional como medida para frenar el narcoterrorismo. Solo años después, la Constitución sería enmendada para permitirla de nuevo.
Lehder no vivió esa segunda mitad de la guerra. Para 1987 ya estaba en manos de la justicia. Escobar argumentaba en público que la extradición era injusta porque implicaba entregar ciudadanos colombianos para ser juzgados y encarcelados en otro país —el mismo argumento de soberanía que Lehder había convertido en discurso años antes—, pero en privado había decidido, según la presunción más extendida, que su antiguo socio le convenía más lejos que cerca.
La captura en Guarne y la extradición
El 4 de febrero de 1987, una llamada anónima —que la mayoría de las hipótesis atribuye al propio Escobar— indicó a las autoridades la ubicación exacta de Lehder. Estaba refugiado en la finca Los Toldos, en Guarne, Antioquia, a pocos kilómetros de Medellín. La captura fue rápida. El presidente Barco, que había asumido en 1986 y que iba a convertir el enfrentamiento con el narcotráfico en signo de su gobierno, no dudó. Lehder fue trasladado a la Cárcel Modelo de Bogotá y, en cuestión de horas —sin los tiempos procesales habituales, sin el concepto no vinculante de la Procuraduría que en teoría precedía la decisión del Ejecutivo—, embarcado hacia Estados Unidos.
La rapidez de la extradición fue en sí misma un mensaje. Barco quería mostrar que el Estado colombiano no estaba enteramente cooptado, y Lehder era el trofeo perfecto: el más ruidoso, el más políticamente incómodo, el más fácil de sacrificar sin fracturar el equilibrio interno del cartel. Escobar y los Ochoa entendieron el mensaje y respondieron con la escalada terrorista que definiría el resto de la década.
En Tampa, Florida, Lehder fue juzgado en un proceso federal encabezado por el fiscal Robert Merkle. La acusación era masiva: conspiración para importar cantidades industriales de cocaína a Estados Unidos, dirección de una empresa criminal continuada, obstrucción de la justicia. Los testigos incluyeron pilotos, ex socios, agentes que habían trabajado la infiltración de la operación bahamesa. En 1988 fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, más ciento treinta y cinco años adicionales. Ninguna sentencia en la historia del narcotráfico colombiano había sido tan severa. Fue enviado a la penitenciaría federal de Marion, Illinois, uno de los establecimientos de máxima seguridad del sistema estadounidense.
El testigo contra Noriega
La condena parecía definitiva. No lo fue del todo. En 1991, Lehder aceptó colaborar con el gobierno estadounidense en el juicio contra el general Manuel Antonio Noriega, ex hombre fuerte de Panamá capturado durante la invasión estadounidense de diciembre de 1989, la operación bautizada Justa Causa cuya justificación oficial fue precisamente llevar a Noriega ante tribunales estadounidenses por tráfico de drogas.
Lehder testificó en Miami que Noriega había recibido pagos del cartel de Medellín a cambio de facilitar el tránsito de cocaína y el lavado de dinero a través de Panamá. Su testimonio fue central en la condena del general y le valió, a cambio, una reducción sustancial de su propia sentencia y protección de identidad y ubicación en el sistema penitenciario estadounidense.
El episodio tenía capas que exceden la simple transacción judicial. La invasión a Panamá había sido ordenada por el presidente George Bush, quien en su vida previa había dirigido la CIA, agencia con la que Noriega había mantenido vínculos directos, incluida remuneración. Los mismos años en que el cartel de Medellín consolidaba sus rutas hacia Estados Unidos coincidieron con la operación estadounidense de apoyo a la Contra nicaragüense contra el gobierno sandinista, operación en la que Bush, entonces vicepresidente, tenía responsabilidad máxima dentro del Consejo Nacional de Seguridad. En ese cruce hubo colaboración de hecho entre agencias estadounidenses y narcotraficantes colombianos, con facilidades para introducir cargamentos, adquirir armamento y establecer contactos con la banca estadounidense. Nada de eso apareció en el juicio contra Noriega. Lehder, el testigo, contó lo que convenía. Estados Unidos, la potencia acusadora, silenció lo que le incomodaba.
La estela en el Quindío
Mientras Lehder cumplía condena en Illinois, en el Quindío quedaba una estela que no se desmontaba con su ausencia. La región heredó una economía intoxicada por décadas de dinero fácil, una clase política que había aprendido a convivir con el narcotráfico —y a veces a depender de él—, y una generación de jóvenes de todos los estratos que habían servido como mulas y habían sido capturados, encarcelados o asesinados en rutas que nadie les había explicado. La cooptación de funcionarios públicos, tan visible en la generosidad calculada del Lehder de 1979, se prolongó bajo formas más discretas.
Entre 1986 y 1995, un periodista fue asesinado en el Quindío, en el marco de un escalamiento nacional donde los homicidios de comunicadores pasaron de dieciocho en el período 1977-1985 a sesenta y dos en el siguiente decenio, con Valle del Cauca y Bogotá a la cabeza. El archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina se consolidó como punto de distribución del cartel de Medellín y de las estructuras que lo sucedieron. En Armenia, mientras tanto, seguía operando el silencio: el manto sobre los efectos del narcotráfico —el culto al dinero, la exhibición de bienes, la vida fácil— se mantenía, desdibujado detrás de la reivindicación de los valores positivos de la cultura paisa.
Ese olvido no fue azaroso. Fue, en muchos sentidos, la condición de posibilidad para que la región siguiera funcionando después de Lehder sin nombrar del todo lo que le había pasado. Las continuas migraciones de otras regiones del país, la profesionalización creciente como vector de movilidad social y el acceso de las mujeres al mercado laboral fueron modificando la forma y estructura de las familias armenitas a lo largo del siglo XX, y todos estos cambios ocurrieron en simultáneo con —y en parte gracias a— una economía cuyos flujos más opacos venían de la coca. La historia del Quindío contemporáneo no se puede escribir sin ese fondo, aunque durante décadas se haya intentado.
La libertad y el exilio alemán
En junio de 2020, tras haber cumplido cerca de dos tercios de su condena reducida, Carlos Lehder fue liberado en Estados Unidos y deportado a Alemania, país cuya nacionalidad conservaba por línea paterna. Tenía setenta años. Había pasado más de tres décadas encerrado, primero en Marion y luego en establecimientos federales de perfil más bajo, bajo un régimen de protección que había mantenido su ubicación fuera del escrutinio público durante casi todo ese tiempo.
En Alemania se estableció con discreción. Colombia, país en el que ya no era ciudadano en ningún sentido operativo del término, no solicitó su regreso. Del imperio bahamés no quedaba más que ruinas turísticas: Norman's Cay se había convertido en un destino menor, promocionado precisamente por su historia. Del MLN no quedaba nada, salvo la memoria de haber sido el primer intento —fallido, extravagante, revelador— de dar forma partidaria al narcotráfico colombiano. De la Armenia que lo había recibido con calor en 1979 quedaba una ciudad que había reconstruido su geografía tras el terremoto de 1999 y que seguía prefiriendo hablar de sus valores paisas antes que de su relación histórica con la coca.
Un legado incómodo
Situar a Lehder en la historia de Colombia exige resistir dos tentaciones opuestas. La primera es la que lo agranda: convertirlo en el genio criminal individual, el arquitecto solitario del narcotráfico como fenómeno de masas, el hombre que, si no hubiera existido, habría dejado la cocaína como negocio marginal. Esa lectura ignora la estructura. Los factores geográficos y estructurales son insuficientes por sí solos para explicar por qué Colombia se convirtió en el centro del narcotráfico mundial, pero tampoco basta con la agencia de unos pocos: hizo falta un Estado incapaz o poco interesado en aplicar sus propios tratados, una cultura regional dispuesta a callar sobre el dinero fácil, una clase política cooptable, y un consumidor estadounidense insaciable protegido por una geopolítica que a ratos toleró y a ratos usó el negocio para sus propios fines.
La segunda tentación es la contraria: diluirlo en la estructura hasta hacerlo invisible, tratarlo como síntoma antes que como agente. Esa lectura también falla. Lehder tomó decisiones específicas —comprar una isla, montar un partido, exhibir a Hitler y a Lennon en el mismo discurso, financiar campañas, presentarse a elecciones, publicar un periódico— que otros contemporáneos suyos no tomaron y que reconfiguraron el negocio y su relación con la política. Fue el primero en industrializar el puente aéreo y el primero en convertir la lucha antiextradición en programa. Escobar amplió las dos innovaciones a escalas monstruosas, pero las encontró ya planteadas.
Entre el genio y el síntoma queda el operador real: un hombre de talento organizativo notable, ambición ilimitada y desconcierto ideológico profundo, que aprovechó con eficacia las condiciones que Colombia le ofrecía —el silencio de su ciudad, la porosidad de sus instituciones, la lentitud de su Estado— para llevar el narcotráfico a un punto del que el país tardaría cuatro décadas en empezar a salir. Que haya terminado sus días como jubilado silencioso en Alemania, después de haber ayudado a Estados Unidos a condenar al hombre que la CIA había financiado, es quizá el epílogo más apropiado para una biografía que fue, desde el principio, un espejo incómodo de las contradicciones ajenas.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
17 documentos · 25 fragmentos01La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · Página 711 cita
[1]por muchos; y se puede decir que en un tiempo Cauca y Antioquia sólo consumían cerdos procedentes del Quindío. Grandes capitales de los que hoy existen allí tuvieron por origen aquel negocio, que fue sin duda el factor más importante en la colonización del Quindío. 36 Otra causa para la inmigración del Quindío fue…
p. 71
02De quebradores y cumplidores: Sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en ColombiaMara Viveros Vigoya · 2002 · Páginas 166, 1772 citas
[2]dados, obse- sionados por hacer dinero. Sin embargo, en las entrevistas recogidas es notable la ausencia de referencias críticas a estos aspectos de la cul- tura paisa, y el manto de silencio sobre los efectos nefastos que tuvie- ron en la vida cotidiana de los habitantes de Armenia la presencia del narcotráfico y los…
p. 177
[3]activi- dad económica, e incluir también la diversidad de tipologías familia- res resultantes de problemas propios del entorno urbano como son, por ejemplo, la familia incompleta, superpuesta, rota, etc. Además de estos factores, las continuas migraciones de distintas regiones del país, la importancia que tomó la…
p. 166
03Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social and Political HistoryMarco Palacios · 1980 · Página 3471 cita
[4]1975. Valderrama Andrade, C. (ed.), M. A. Caro, El Centenario de 'El Tradicion- ista\ Bogota, 1972. Valencia Zapata, A., Quindio historico: monografia de Armenia, Armenia, 1955. Van Delden Laerne, C. F., Brazil and Java: Report on Coffee-Culture in America, Asia and Africa, London, 1885. Vargas Reyes, A.,Memoria sobre…
p. 347
04Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Páginas 105, 1134 citas
[5]se confiesa: El narcotráfico colombiano al descubierto (Madrid: Editorial El Tercer Nombre, 2006), 15-16, 73-74; Max Mermelstein, The Man who Made it Snow (Nueva York: Simon and Schuster, 1990), 105; Gugliotta y Leen, Kings of Cocaine, 95-96. 121 Max Mermelstein, The Man Who Made it Snow, 177; Fabio Castillo, Jinetes,…
p. 105
[6]se confiesa: El narcotráfico colombiano al descubierto (Madrid: Editorial El Tercer Nombre, 2006), 15-16, 73-74; Max Mermelstein, The Man who Made it Snow (Nueva York: Simon and Schuster, 1990), 105; Gugliotta y Leen, Kings of Cocaine, 95-96. 121 Max Mermelstein, The Man Who Made it Snow, 177; Fabio Castillo, Jinetes,…
p. 105
[12]1976. El documento, junto con fotografías de Escobar y otros, se reproduce en Gugliotta y Leen, Kings of Cocaine, 90. 113 Víctima de la globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia cadenas de televisión estadounidenses ABC y CBS transmitieron noticias sobre el creciente escándalo, y…
p. 113
[13]1976. El documento, junto con fotografías de Escobar y otros, se reproduce en Gugliotta y Leen, Kings of Cocaine, 90. 113 Víctima de la globalización. La historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en Colombia cadenas de televisión estadounidenses ABC y CBS transmitieron noticias sobre el creciente escándalo, y…
p. 113
05Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · Página 1931 cita
[7]de posibilidades que permi- tieron la implantación con éxito del narcotráfico en Colombia, pero no contribuyen a dilucidar porqué el país se convirtió en un centro tan importante del narcotráfico. Para esto puede pen- sarse en otros dos factores, complementarios entre sí. El factor accidental, al cual se hizo ya…
p. 193
06Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 1111 cita
[8]el cartel de Medellín, el M -19, las FARC y los paramilitares; la de Vene- zuela, (2219 km), por ELN, las FARC, paramilitares y narcotraficantes; las de Brasil, (1645 km), Perú, (1626 km) y Ecuador, (586 kms), por las FARC, para- militares y narcotraficantes. Además, Colombia ejerce soberanía en el archi- piélago de…
p. 111
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 751 cita
[9]cuando quedó en libertad por haber pagado dos terceras partes de su condena. «Él hacía la fiesta en diciembre para los niños y el regalo que le daban o que nos daban –porque yo también lo recibí– era un kit de uniforme Adidas con balón incluido y eso, por supuesto, pues uno salía feliz y adorando a don Carlos Lehder.…
p. 75
08More Terrible Than Death: Drugs, Violence, and America's War in ColombiaRobin Kirk · 2003 · Página 1141 cita
[10]for trial and imprisonment. In 1986, Pres- ident Ronald Reagan signed Directive No. 221, which declared drugs a national security threat. Funding for the treatment of drug addicts in the United States began the decline that continues to this day. Instead, what began to be called "the war on drugs" was focused on the…
p. 114
09Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Página 2431 cita
[11]opinión y dijo que se proponía ser elegido al Concejo de Bogotá. Su carrera política llegó a su fin en septiembre, cuando fue solicitado en extradición por el gobierno de Estados Unidos y optó por pasar a la clandestinidad. Unas semanas después anunciaba la disolución del MLN. 9 Los hechos recogidos a continuación han…
p. 243
10No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1831 cita
[14]los secuestradores comunes y a los secuestradores subversivos” y en la que se les anunciaba el inicio de su búsqueda para “su ejecución” 539. Días después, según Semana, el narcotraficante Carlos Lehder Rivas 540 publicó un aviso de prensa: «exigía a la Comisión de Derechos Humanos preocuparse más de los secuestrados…
p. 183
11Mi vida y mi cárcel con Pablo EscobarVictoria Eugenia Henao · 2018 · Página 1951 cita
[15]para pegarlas en los carros, que decían ¡No a la Extradición! Yo ayudé a poner una buena cantidad, pero la verdad es que no tenía muy claro el asunto y una noche le pregunté en la casa. —Pablo, qué significa esa palabra, por qué peleas con la extradición si no tiene nada que ver con vos—. Hizo una larga pausa, como…
p. 195
12Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 4151 cita
[16]citizens to be tried in foreign jurisdictions, have been a source of national controversy since the 1980s. The assassination of the minister of justice in 1984 and the ensuing wave of terrorism and violence against judges, poli- ticians, and journalists was a strategy by the Medellm Cartel to pres- sure the state to…
p. 415
13Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 5011 cita
[17]que condujeran al cese al fuego y abrieran los caminos del diálogo nacional. La euforia del acuerdo firmado entre Gobierno y FARC-EP se vio enturbiada el 30 de abril por el asesinato del ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, el primero de una larga cadena de crímenes contra hombres públicos por parte de las…
p. 501
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2611 cita
[18]permiso para la ejecución discreta de alla- namientos, confiscaciones y capturas en todo el país, se desencadenó una guerra sucia que alcanzó su clímax en el gobierno Barco. En principio, fue- ron asesinados más de mil líderes y miembros de la Unión Patriótica (UP), grupo político creado como resultado de los acuerdos…
p. 261
15Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 952 citas
[19]1987 Virgilio Barco Vargas será el encargado de recibir a el 4 de febrero de 1987 la noticia de un informante anónimo de quien se presume fue el propio Pablo Es- cobar, para facilitar la captura de Lehder en la finca Los Toldos, en Guarne, An - tioquia. De igual manera afrontará las masacres como el medio predilecto…
p. 95
[20]1987 Virgilio Barco Vargas será el encargado de recibir a el 4 de febrero de 1987 la noticia de un informante anónimo de quien se presume fue el propio Pablo Es- cobar, para facilitar la captura de Lehder en la finca Los Toldos, en Guarne, An - tioquia. De igual manera afrontará las masacres como el medio predilecto…
p. 95
16El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Páginas 164, 2114 citas
[21]que la operación, denominada Justa causa, era para capturar al militar pues debía de responder ante los tribunales estadounidenses por tráfico de drogas. Era la primera vez que un Estado se arrogaba el papel de gendarme y juez mundial. Pero lo que el presidente Bush no quiso revelar fueron los víncu- los directos del…
p. 211
[22]que la operación, denominada Justa causa, era para capturar al militar pues debía de responder ante los tribunales estadounidenses por tráfico de drogas. Era la primera vez que un Estado se arrogaba el papel de gendarme y juez mundial. Pero lo que el presidente Bush no quiso revelar fueron los víncu- los directos del…
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[23]hasta la Casa Blanca, era en la puerta del vicepresidente George Bush donde se detenían. Este futuro presidente de la nación era el máximo responsable en el Consejo Nacional de Seguridad de darle seguimiento a la guerra antisandinista. Rápidamente la atención se centró en el “Irangate”, que era menos “delictivo”. Todo…
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[24]hasta la Casa Blanca, era en la puerta del vicepresidente George Bush donde se detenían. Este futuro presidente de la nación era el máximo responsable en el Consejo Nacional de Seguridad de darle seguimiento a la guerra antisandinista. Rápidamente la atención se centró en el “Irangate”, que era menos “delictivo”. Todo…
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17La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)Germán Rey, Camilo Vallejo Giraldo, María Angélica Nieto Uribe, Álvaro Fernando Núñez Zúñiga, Andrea Torres · 2015 · Página 781 cita
[25]el gobierno de Turbay Ayala y buena parte del de Belisario Betancur—, su per fi l general no fue de la gravedad de los dos siguientes. El ascenso de la violencia narcotraficante. Segundo periodo comprendido entre 1986 y 1995 Como se observa en el cuadro 12, este periodo signi fi có un gran crecimiento de la violencia…
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