Gonzalo Rodríguez Gacha
Crisis y narcotráfico
1947–1989
La biografía
José Gonzalo Rodríguez Gacha, alias el Mexicano, fue el narcotraficante boyacense que convirtió el capital de las esmeraldas del occidente cundiboyacense y las redes territoriales que lo rodeaban en la infraestructura militar y financiera del paramilitarismo colombiano de los años ochenta. Socio de Pablo Escobar en el Cartel de Medellín, patrón de los laboratorios de cocaína del Yarí y el Bajo Putumayo, financiador de las autodefensas de Puerto Boyacá bajo el mando operativo de Henry Pérez, autor intelectual del asesinato de Luis Carlos Galán y ejecutor material del exterminio de la Unión Patriótica en amplias regiones del país, Rodríguez Gacha condensó como ningún otro capo la mutación del narcotráfico en proyecto armado contrainsurgente. Su muerte, el 15 de diciembre de 1989 en un operativo de la Policía en la costa de Sucre, cerró la fase más sanguinaria de la guerra del cartel contra el Estado, desactivó la violencia en las minas de Muzo y reordenó las alianzas del paramilitarismo naciente. Tenía 42 años.
Línea de vida
- 1982
Ingreso al Cartel de Medellín
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Víctor Carranza y Gilberto Molina presentaron a Rodríguez Gacha ante el grupo de traficantes de Medellín, iniciando su transición del mundo esmeraldero al narcotráfico industrial. Actuó desde entonces como intermediario entre el cartel y la mafia de las esmeraldas.
- 1984
Tranquilandia y alianza con Henry Pérez
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Operó el complejo de laboratorios Tranquilandia en los Llanos del Yarí. En diciembre de ese año, fuerzas paramilitares de Henry Pérez interceptaron un cargamento suyo cerca de Puerto Boyacá; el episodio derivó en una alianza formal por la que Gacha proveía recursos y armamento a cambio de protección para sus laboratorios en el Magdalena Medio.
- 1987
Control de La Azulita y expansión paramilitar
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Tomó el control de los laboratorios de La Azulita en el Bajo Putumayo, desplazando al Cartel de Cali. Un documento del DAS estimó el complejo habilitado para producir cerca de 2.000 kilos de cocaína a la semana. Ese mismo año el modelo paramilitar del Magdalena Medio comenzó a exportarse hacia Urabá, Putumayo y Nariño.
- 1988
Portada de Forbes y escalada del terror
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La revista Forbes lo publicó en portada bajo el título 'Inside the Global Drug Trade', reconociéndolo como uno de los narcotraficantes más poderosos del mundo. Simultáneamente, sus estructuras paramilitares ejecutaron masacres contra la Unión Patriótica y militantes de izquierda, incluyendo la masacre de Segovia el 11 de noviembre con 46 muertos.
- 1989
Asesinato de Luis Carlos Galán y muerte en Sucre
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En enero convocó en la finca El Recreo una reunión de alto nivel que precedió la ofensiva del cartel contra el Estado. Fue señalado como autor intelectual del asesinato de Luis Carlos Galán el 18 de agosto. El 15 de diciembre murió en un operativo de la Policía en la costa de Sucre, a los 42 años.
La semblanza
Rodríguez Gacha no fue el capo carismático que buscó el pulso público con la República: ese lugar lo ocupó Escobar. Tampoco fue el traficante refinado y financiero que encarnaron los Rodríguez Orejuela en Cali. Su figura corresponde a otro tipo, más oscuro y más determinante para el destino del país: el operador territorial. Nacido en la órbita esmeraldera de Pacho, en el noroccidente de Cundinamarca, se movió toda la vida en el corredor que une esa región con Boyacá y el Magdalena Medio, y fue allí donde armó su imperio. Compró tierras, montó laboratorios, financió ejércitos privados, ordenó masacres y disputó a sangre y fuego el control de minas, corredores y municipios. Cuando en 1988 la revista Forbes lo incluyó en portada bajo el título Inside the Global Drug Trade, el mundo descubrió a un hombre que operaba desde las trochas de Puerto Boyacá con una fortuna comparable a la de los magnates legales del planeta.
Lo que lo distingue en la historia colombiana no es la escala del tráfico —Escobar lo igualó o superó— sino la fusión que materializó entre tres mundos que hasta entonces habían corrido en paralelo: el capital esmeraldero del occidente de Cundinamarca y Boyacá, con sus patrones, sus guardaespaldas y sus rutas de contrabando; la producción industrial de cocaína del Cartel de Medellín, con sus laboratorios en la selva y sus pistas clandestinas; y las autodefensas ganaderas del Magdalena Medio, con su ideología anticomunista y sus vínculos con oficiales del Ejército. No inventó ninguno de esos mundos. Los soldó. Y de esa soldadura surgió una máquina de guerra que reconfiguró el conflicto colombiano.
Los orígenes: esmeraldas, tierras y contrabando
Rodríguez Gacha se formó en el mundo esmeraldero de Boyacá y el occidente de Cundinamarca, una economía de enclave donde, desde la bonanza de los años sesenta, los patrones acumularon capital, guardaespaldas y territorio. Fue en esa red donde aprendió el oficio de mandar hombres armados, mover mercancías por caminos difíciles y comprar autoridades locales. Sus mentores tempranos fueron Gilberto Molina y Víctor Carranza, dos de los grandes patrones del negocio esmeraldero, que lo introdujeron a los circuitos ilegales y, hacia comienzos de los años ochenta, lo presentaron al grupo de traficantes de Medellín.
Ese paso —del contrabando de esmeraldas al tráfico de cocaína— no fue una ruptura sino una prolongación. Desde la bonanza esmeraldera de los sesenta, los patrones de Boyacá habían comprado tierras en zonas de colonización del Guaviare, el sur de Casanare, la región de Puerto López y el alto Ariari, buscando lavar sus fortunas y obtener reconocimiento estatal como empresarios mineros legítimos. Cuando a mediados de los ochenta esas tierras resultaron ideales para instalar laboratorios y pistas clandestinas, los mismos hombres —esmeralderos, colonos armados, guardaespaldas— se reconvirtieron sin fricción al nuevo negocio. Rodríguez Gacha fue el más notorio de esa camada. La violencia esmeraldera, el contrabando estructural del país y la llegada de la cocaína no fueron tres fenómenos separados que coincidieron en el tiempo: fueron capas superpuestas de una misma economía criminal, y él supo caminar entre las tres.
A mediados de la década ya operaba como intermediario entre el Cartel de Medellín y la mafia de las esmeraldas. Era la posición ideal: los medellinenses necesitaban corredores hacia el interior del país y hacia los Llanos, y los esmeralderos tenían las rutas, los hombres y las tierras. Cobró comisión en ambos lados y se hizo indispensable. De ahí en adelante dejó de ser un intermediario para volverse un socio pleno del cartel.
El ascenso en el Cartel de Medellín
Su base física original fue Pacho. Desde allí imaginó un proyecto territorial preciso: un corredor que uniera Pacho con Puerto Boyacá en el Magdalena Medio, donde comenzaba el emporio del Cartel de Medellín, y que se prolongara hacia Muzo, en el corazón de las minas esmeralderas, donde Gilberto Molina había construido un aeropuerto. Ese trazado —Pacho, Muzo, Puerto Boyacá— resume su ambición: enlazar la mina, la pista y el laboratorio bajo un mismo mando armado.
En los Llanos del Yarí estructuró un complejo de laboratorios conocido como Tranquilandia, una de las mayores instalaciones industriales de la historia del narcotráfico. Cuando la presión estatal sobre esa zona se hizo insoportable, trasladó buena parte de la operación hacia el Magdalena Medio y, más tarde, hacia el Bajo Putumayo. Allí, hacia 1987, tomó el control de los laboratorios de La Azulita —en la zona rural de El Azul, cerca de la frontera con Ecuador—, desplazando al Cartel de Cali. Un documento del DAS estimó que el complejo estaba habilitado para producir cerca de dos mil kilos de cocaína a la semana. La cifra, si se toma en serio, lo convierte en el mayor productor individual del negocio en ese momento.
En 1988 Forbes lo puso en portada como uno de los narcotraficantes más poderosos del mundo. Un testigo directo, en declaraciones que años después circularon por instancias judiciales, lo describió como el principal traficante internacional de drogas de Colombia y afirmó haberlo visto dar órdenes a Pablo Escobar en ocasiones puntuales. La escena, difícil de imaginar para quien conoce la jerarquía pública del cartel, revela algo: en el círculo íntimo, Rodríguez Gacha no era subalterno de nadie. Era un igual, y en ciertos temas —la relación con los paramilitares, la guerra contra las FARC, el control del Magdalena Medio— probablemente el que llevaba la voz. En la segunda semana de enero de 1989 convocó en la finca El Recreo una reunión de alto nivel a la que hizo trasladar en avión al menos a un testigo directo; el encuentro sugiere el peso operativo que había acumulado en los meses previos al asesinato de Galán.
El Magdalena Medio y la alianza con Henry Pérez
El episodio que reordenó su carrera ocurrió en diciembre de 1984. Fuerzas paramilitares al mando de Henry Pérez interceptaron cerca de Puerto Boyacá un cargamento de cocaína suyo. Lo que pudo terminar en guerra terminó en pacto. Rodríguez Gacha se reunió con Pérez y, pocos meses después, sellaron una alianza que cambiaría la historia del paramilitarismo colombiano: Gacha proveería recursos —dinero, armamento, entrenamiento— y los paramilitares protegerían sus laboratorios en el Magdalena Medio de la presión guerrillera.
El grupo de Puerto Boyacá no era invento suyo. Lo habían fundado a comienzos de los ochenta el ganadero Gonzalo Pérez y su hijo Henry Pérez, con participación del coronel Jaime Sánchez Arteaga del Batallón Bárbula. En 1982 se organizó formalmente bajo el nombre de ACDEGAM —Asociación Campesina de Ganaderos y Agricultores del Magdalena Medio—, que canalizó los recursos para centros de entrenamiento, sueldos, armas y municiones. El MAS, creado en 1981 por narcotraficantes en respuesta al secuestro de Marta Nieves Ochoa, era una organización distinta, aunque con el tiempo las siglas se usaron de forma intercambiable para nombrar al paramilitarismo de la región. Sobre esa estructura preexistente, hecha por ganaderos y militares, aterrizó el dinero de Gacha.
El desplazamiento fue rápido. Los ganaderos financiaban a los paramilitares mediante una vacuna de mil pesos mensuales por cabeza de ganado, complementada con donaciones de armas; quienes se negaban a pagar podían ser asesinados. Pero esa base local resultaba insuficiente para el proyecto que Rodríguez Gacha tenía en mente. Cuando entró con recursos ilimitados, el narcotráfico desplazó progresivamente a los ganaderos y militares como principal patrocinador del paramilitarismo del Magdalena Medio. Henry Pérez pasó a seguir órdenes suyas en materia de asesinatos: era Gacha quien aprobaba y financiaba las operaciones, y quien con frecuencia especificaba cómo debía ejecutarse a cada persona. La rutina de la muerte se centralizó en una oficina invisible que combinaba la lógica del comando con la del negocio.
La red narcoparamilitar del Magdalena Medio integró, en su momento de mayor desarrollo, a sectores de la fuerza pública —las Brigadas XIV y V, la inteligencia de la Armada en Barrancabermeja, la Policía de Puerto Boyacá—, a narcotraficantes del Cartel de Medellín —Gacha, Fidel Castaño, la familia Ochoa— y a sectores sociales agremiados en ACDEGAM. La asociación organizó escuelas y clínicas, financió obras viales y construyó un centro de comunicaciones. Puerto Boyacá se convirtió en una suerte de república paramilitar independiente, con banderas y arengas propias, donde el orden público lo garantizaban hombres armados que respondían a Pérez y, por encima de él, a Gacha.
Hacia 1987 el modelo empezó a exportarse. Henry Pérez y su padre compraron tierras en Urabá y asesoraron a Fidel Castaño en la ejecución de las primeras masacres en la zona bananera. Las autodefensas del Magdalena Medio hicieron presencia en los Llanos del Yarí, el Putumayo y Nariño para proteger los laboratorios de cocaína de Rodríguez Gacha. Grupos como Los Tangueros, Los Magníficos y Los Mazudos —estos últimos entrenados en el Magdalena Medio— se organizaron siguiendo el ejemplo de Puerto Boyacá. El paramilitarismo dejó de ser un fenómeno regional y se volvió, en pocos años, un proyecto de alcance nacional. Rodríguez Gacha no lo fundó, pero fue quien puso el combustible que lo hizo despegar.
La guerra contra las FARC y el exterminio de la Unión Patriótica
En sus primeros años como productor de cocaína en los Llanos del Yarí, Rodríguez Gacha había pactado con las FARC. Los frentes guerrilleros de la zona participaban en el transporte de la mercancía y en la protección de las instalaciones a cambio de una cuota. La convivencia era pragmática, no ideológica: los laboratorios necesitaban seguridad y las FARC necesitaban recursos. El acuerdo se rompió cuando —según su versión— la guerrilla le robó un cargamento en el Magdalena Medio. Gacha las declaró enemigas y las sentenció a muerte.
De todos los narcotraficantes con agravios contra las FARC, ninguno libró una batalla tan sangrienta. En 1988, sus combos dieron muerte a ochenta guerrilleros del EPL que custodiaban los laboratorios de El Azul, en el Putumayo, en el marco del conflicto abierto tras la ruptura. La violencia se extendió más allá del campo de batalla militar: los blancos incluyeron a políticos, dirigentes sindicales, campesinos organizados y militantes de la Unión Patriótica, el partido creado en 1985 como parte de los acuerdos de paz de Belisario Betancur con las FARC.
El exterminio de la UP fue, en la escala de crímenes de la segunda mitad del siglo XX colombiano, uno de los mayores. El 41% de las víctimas sobre las que se registró ocupación eran campesinos, trabajadores o administradores de finca; los asesinatos se concentraron en Urabá, Tolima, Meta, Caquetá y Magdalena Medio, precisamente las regiones donde el movimiento había logrado presencia electoral y donde los narcotraficantes tenían laboratorios, tierras y corredores. La escalada del terror paramilitar comenzó en marzo de 1988 en Urabá y se extendió los meses siguientes hacia Córdoba, Ariari y Magdalena Medio. La masacre de Segovia, en el nordeste antioqueño, ocurrida el 11 de noviembre de 1988 y con 46 muertos, se inscribe en ese ciclo, ejecutada por un comando paramilitar del Magdalena Medio.
Es tentador leer esta violencia como cruzada ideológica anticomunista, y Gacha alimentó esa imagen: un testigo lo describió como fanático en la eliminación de políticos de izquierda y subversivos. Pero la geografía de las masacres sugiere una racionalidad más fría. Eliminar a la UP significaba destruir la representación política y social de las FARC en zonas donde el cartel tenía intereses productivos. La violencia no era solo un ajuste de cuentas ni un delirio anticomunista: era una operación de seguridad empresarial. Que además coincidiera con la ideología de los oficiales del Ejército, los ganaderos de ACDEGAM y los mercenarios extranjeros contratados para entrenar a los grupos fue la condición que la volvió sostenible y le dio legitimidad discursiva.
La ruptura con los esmeralderos y la guerra por Muzo
Al mismo tiempo que consolidaba el Magdalena Medio, Rodríguez Gacha se lanzó a una segunda ofensiva territorial: apoderarse de las minas de esmeraldas del occidente de Boyacá. La ambición tenía lógica. El aeropuerto de Muzo, construido por Molina, era un activo estratégico para el narcotráfico. Y el control de las minas ofrecía tanto una fuente de renta como una infraestructura de lavado.
Ofreció comprarle a Molina parte de la empresa esmeraldífera. Molina y Carranza —según el propio Carranza contó años después— se negaron a permitirle la entrada. Fue entonces cuando Gacha, en palabras de Carranza, jodió a Gilberto Molina y nos declaró la guerra. Rompió así con quienes lo habían presentado en Medellín años atrás, con los patrones que le habían enseñado el oficio.
El enfrentamiento se enmarca en lo que los historiadores llaman el tercer ciclo de conflicto esmeraldero, iniciado en 1984, caracterizado por el uso de fusiles automáticos, granadas y crímenes masivos, incluyendo desplazamientos forzados. Ya no era la vieja guerra de machete y revólver: era una guerra industrial, con recursos del narcotráfico detrás. La presencia de Gacha en el bando de Coscuez lo fortaleció militarmente, pero lo aisló del resto de actores regionales: las administraciones locales, la fuerza pública y la Iglesia dejaron de tener interlocución posible con ese ala. El equilibrio del occidente boyacense, siempre precario, se hizo insostenible.
El punto culminante fue el asesinato de Gilberto Molina el 27 de febrero de 1989 en una finca de descanso en Sasaima, Cundinamarca. No estaba solo en el momento del ataque. La muerte de Molina —a quien también las FARC tenían en la mira por su reconocido auspicio a grupos paramilitares, entre ellos en su finca Talavera de la Reina entre La Dorada y Puerto Salgar— cerró simbólicamente la etapa de los viejos patrones esmeralderos. En julio de 1989 los atentados se enfocaron en Carranza, que sobrevivió. La guerra siguió abierta hasta la muerte del propio Gacha en diciembre, cuando Carranza, con intermediación de la Iglesia católica, buscó acercamientos con los bandos contrarios y logró un acuerdo de paz que puso fin a esa fase del conflicto esmeraldero.
La guerra contra el Estado
La última fase de la vida de Rodríguez Gacha coincidió con la más brutal ofensiva del narcotráfico contra el Estado colombiano. El gobierno de Virgilio Barco (1986-1990) enfrentó una campaña de terrorismo desatada por Los Extraditables, brazo terrorista del Cartel de Medellín, que exigía la derogación del tratado de extradición con Estados Unidos. El argumento era engañoso: la Corte Suprema había declarado inexequible el tratado en 1986 y no se aplicaba desde entonces. La violencia no buscaba tumbar una ley vigente sino impedir cualquier reactivación futura y, sobre todo, doblegar al Estado hasta obtener una capitulación negociada.
Los Extraditables dinamitaron el edificio del periódico El Espectador en Bogotá, atacaron sedes de medios, jueces y funcionarios, y emitieron comunicados anunciando la guerra total contra los antinacionalistas y los vendepatrias, con amenazas explícitas a las propiedades de la oligarquía. En medio de esa campaña ocurrió el crimen que marcó a una generación: el asesinato de Luis Carlos Galán Sarmiento, candidato liberal a la presidencia, en Soacha, en agosto de 1989. Rodríguez Gacha fue el ejecutor —autor intelectual y organizador— del magnicidio. Entre los capos, fue el más sanguinario de la guerra del cartel contra el Estado y el epítome de la violencia del narcotráfico y del paramilitarismo colombianos.
El asesinato de Galán aceleró todo. Barco reactivó por decreto la extradición administrativa, endureció las operaciones contra los capos y ofreció recompensas millonarias. La Policía y el DAS, con apoyo de agencias estadounidenses, se lanzaron a una persecución sin cuartel. Rodríguez Gacha, señalado como responsable directo, pasó a ser el hombre más buscado del país junto con Escobar.
La muerte
El 15 de diciembre de 1989, en la costa del departamento de Sucre, la Policía colombiana localizó a Rodríguez Gacha. El operativo terminó con su muerte y la de varios de sus escoltas, entre ellos su hijo Freddy Rodríguez Celades. A las 2:05 de la tarde, el general Carlos Casadiego, subdirector de la Policía, llamó al presidente Barco para confirmar la baja. Tenía 42 años.
La caída no fue producto exclusivo de la inteligencia policial. Enemigos internos del propio Cartel de Medellín —quienes años más tarde se organizarían formalmente como Los Pepes— infiltraron su círculo y entregaron la información que permitió ubicarlo. Henry Pérez, el hombre que había ejecutado sus órdenes durante media década, terminó trabajando para esos enemigos de Escobar; la traición operativa del Magdalena Medio fue una de las piezas que precipitaron el desenlace, aunque la responsabilidad no puede atribuírsele en solitario. La sobreextensión estratégica de Rodríguez Gacha —tres guerras simultáneas contra el Estado, las FARC y los esmeralderos— había agotado su base de alianzas. Cuando cayó, ya estaba solo.
El efecto de su muerte fue inmediato y visible en varios frentes. En el occidente de Boyacá desalentó la violencia y facilitó el acuerdo de paz esmeraldero que Carranza consolidó con mediación de la Iglesia católica. En el Cartel de Medellín reordenó las lealtades: Fidel Castaño se volvió enemigo declarado de Escobar, y los hermanos Ochoa comenzaron a explorar su entrega a las autoridades, un proceso que se concretaría en los meses siguientes. La lógica del cartel como bloque monolítico se resquebrajó. Escobar, más aislado, radicalizó la guerra hasta su propia muerte en diciembre de 1993.
La huella
Rodríguez Gacha dejó un país transformado. Su mayor legado no fue la cocaína que exportó ni la fortuna que acumuló, sino la infraestructura de violencia armada que ayudó a construir. El paramilitarismo del Magdalena Medio, financiado y militarizado por él durante media década, sirvió de escuela para las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá que Fidel y Carlos Castaño llevarían al siguiente nivel en los años noventa, y para las AUC que dominarían buena parte del país entre 1997 y 2006. Los métodos, la estructura de mando, la relación con oficiales del Ejército, el uso de asociaciones civiles como fachada, la financiación por vacunas ganaderas y por narcotráfico: todo eso venía de Puerto Boyacá, y Puerto Boyacá tal como funcionó en su apogeo llevaba su firma.
Dejó también un precedente político devastador. El exterminio de la Unión Patriótica —del que fue uno de los principales autores materiales, aunque no el único— cerró durante décadas la posibilidad de que la izquierda armada colombiana se transformara por la vía electoral. Miles de militantes asesinados, un movimiento entero borrado del mapa: el mensaje de que la política legal era una trampa mortal se instaló en las FARC y contribuyó a prolongar la guerra por veinte años más. Es una de las herencias más sombrías de su paso.
Y dejó una lección incómoda sobre la naturaleza del poder en Colombia. Rodríguez Gacha no fue un fenómeno externo que corrompió instituciones sanas. Fue producto de una economía regional —la esmeraldera— que llevaba décadas operando en la ilegalidad tolerada, de un Estado que había delegado el orden rural en actores privados armados y de un Ejército que veía en los paramilitares aliados naturales contra la subversión. Cuando el narcotráfico llegó con recursos ilimitados, encontró todas las piezas ya dispuestas: solo hubo que ensamblarlas. Él fue el ensamblador.
En la memoria colombiana, el Mexicano ocupa un lugar más opaco que el de Escobar. No dejó biografías románticas ni series de televisión con protagonismo estelar; no construyó una imagen de bandido social. Su figura es más funcional: el hombre detrás del hombre, el que operó los engranajes, el que pagaba y ordenaba. Precisamente por eso su historia importa. Escobar simboliza el desafío frontal del narcotráfico al Estado; Rodríguez Gacha simboliza algo más profundo y más duradero: la captura del territorio, la fusión con los aparatos armados, la producción de violencia como negocio. Cuando cayó en la costa sucreña aquella tarde de diciembre, el país perdió a uno de sus criminales más sanguinarios y ganó una tregua. Pero la maquinaria que había ayudado a construir siguió funcionando por otras dos décadas, con otros nombres y en otras regiones, hasta convertirse en el paramilitarismo que definió el fin del siglo XX colombiano.
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Documentos y fragmentos citados
33 documentos · 42 fragmentos01Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 1442 citas
[1]Carranza y Molina quienes lo presentaron al grupo de traficantes de Medellín. Para mediados de los años ochenta, Rodríguez Gacha actuaba como una espe- cie de intermediario entre el cartel de Medellín y la mafia de las esmeraldas. 77 Esto resultó importante para Rodríguez Gacha cuando sus instalaciones de producción…
p. 144
[2]Carranza y Molina quienes lo presentaron al grupo de traficantes de Medellín. Para mediados de los años ochenta, Rodríguez Gacha actuaba como una espe- cie de intermediario entre el cartel de Medellín y la mafia de las esmeraldas. 77 Esto resultó importante para Rodríguez Gacha cuando sus instalaciones de producción…
p. 144
02Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · Página 1281 cita
[3]to come. But the FARC’s expansion in these areas ran head-on with a similarly ambitious project. Drug traffickers and their private armies saw any stateless territory as their domain as well. For reasons similar to the rebels, they sought more and more remote areas to establish their fiefdoms and process their drugs.…
p. 128
03Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · Página 1891 cita
[4]y guardaespaldas que posteriormente partici- paron en el narcotráfico; el más famoso de ellos fue Gonzalo Rodríguez Gacha. El otro fenómeno que contribuyó a crear un contexto favorable al narcotráfico fue la violencia. Los grandes capos de la primera generación de narcotraficantes, aquellos que el país conoció durante…
p. 189
04La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · Página 471 cita
[5]extensiones de tierra allí donde la presencia guerrillera era nutrida, aprovechando los bajos precios que para entonces imperaban en esas regiones violentas. Los nuevos propietarios llegaron listos para enfrentar la amenaza guerri- llera, primero patrocinando y luego asumiendo directamente el mando de organizaciones…
p. 47
05Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 851 cita
[6]de la casa y recuerdo la charla que le dio» 254. Pero el narcotráfico se disparó con el establecimiento de los laboratorios de coca y el aprovechamiento de pistas aéreas (como las que en su momento hicieron los indígenas koreguaje para el M-19). Tanto traficantes como esmeralderos empezaron 251 Entrevista…
p. 85
06Violencia paramilitar en la Altillanura: Autodefensas Campesinas de Meta y VichadaÁlvaro Villarraga Sarmiento (Director general); Centro Nacional de Memoria Histórica · Páginas 63, 672 citas
[7](Iepri, persona entrevista- da, Proyecto “Sistema político y Violencia 1970-1998”, 2000). Rodríguez Gacha tenía conflictos de distinta naturaleza con las FARC: en la época en mención, este narcotraficante había es- tructurado en los Llanos del Yarí un complejo de laboratorios para la producción de cocaína 11, había…
p. 67
[30]más que se encontraban con el esmeraldero en una finca de descanso ubica- da en el municipio cundinamarqués de Sasaima, el 27 de febrero de 1989. Por otra parte, la muerte de Rodríguez Gacha se produce el 16 de diciembre del mismo año, lo que finalmente desalienta la violencia en el occidente de Boyacá. De inmediato,…
p. 63
07El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · Página 332 citas
[8]huir de la persecución de la Policía Antinarcóticos en el Magdalena Medio y se llevó a cabo en sus inicios estableciendo una alianza con el Bloque Sur 12 Comisión Andina de Juristas, Putumayo. Serie informes regionales de derechos humanos, 102. 13 Medina Gallego, Carlos y Mireya Téllez Ardila, La violencia…
p. 33
[9]huir de la persecución de la Policía Antinarcóticos en el Magdalena Medio y se llevó a cabo en sus inicios estableciendo una alianza con el Bloque Sur 12 Comisión Andina de Juristas, Putumayo. Serie informes regionales de derechos humanos, 102. 13 Medina Gallego, Carlos y Mireya Téllez Ardila, La violencia…
p. 33
08The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 4131 cita
[10]was drink- ing heavily at the time. However, I also saw the other side of him when ordering or planning assassinations. Gacha was fanatical about eliminat- A Medic’s Life 391 ing all left wing politicians and those belonging to subversive groups in Colombia. Henry Pérez followed Gacha’s orders and carried out these…
p. 413
09Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 137, 1402 citas
[11]y «buscar un corredor desde su fortín en Pacho, Cundinamarca, hasta Puerto Boyacá en el Magdalena Medio, donde comenzaba el emporio del cartel de Medellín» 448. Gacha también se interesó en la confrontación por la posibilidad de ampliar su control territorial hasta Muzo, en donde Molina había construido un aeropuerto.…
p. 137
[32]primera guerra, que terminó en 1973, y la tercera que comenzó en 1984, este cambio se eviden- cia con crímenes masivos como el desplazamiento forzado de personas en los territorios de confrontación o la utilización de fusiles y granadas, a diferencia de lo que sucedía en las primeras disputas armadas 461. Un ejemplo…
p. 140
10Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Página 1641 cita
[12]armas, uniformes y alimentos), y las inversiones para consolidar una base social (droguerías, clínicas, escuelas y brigadas de salud). Los aportes de los ganaderos y las armas proveídas por el Ejército no bastaban para cubrir este esfuerzo de expansión. Poniéndolo en términos simples, había más necesidades que dinero.…
p. 164
11El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 2392 citas
[13]Estado. “En La Locación, de Pinzón pa’ arriba. Él estaba ahí, él mandó a poner un laboratorio por allá y eso se calentó porque el avión pillaba la luz de noche (…) En una loma de esas y 17 carros allá montados. Entonces, el avión le pasó y los vio”. Pese a las advertencias para huir de quien narra el relato, los demás…
p. 239
[14]Estado. “En La Locación, de Pinzón pa’ arriba. Él estaba ahí, él mandó a poner un laboratorio por allá y eso se calentó porque el avión pillaba la luz de noche (…) En una loma de esas y 17 carros allá montados. Entonces, el avión le pasó y los vio”. Pese a las advertencias para huir de quien narra el relato, los demás…
p. 239
12La masacre de El Tigre. Un silencio que encontró su vozGonzalo Sánchez G., Martha Nubia Bello Albarracín, Andrés Cancimance López · 2011 · Página 261 cita
[15]– y fue uno de los primeros en financiar y crear grupos paramilitares. 17 Entre ellos, hay que resaltar los permisos otorgados a Rodríguez Gacha, quien desde 1987 instauró en la vereda la Azulita- Municipio de Puerto Asís- una base paramilitar y una base de procesamiento de coca. Es importante reconocer que…
p. 26
13Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · Página 641 cita
[16]de Puerto Boyacá, así como con figuras de la historia del paramilitarismo como Henry Pérez y Gon- zalo Rodríguez Gacha (CNMH, 2019), que con el grupo identificado por la sigla MAS o Muerte a Secuestradores, creado en 1981 por miembros de las mafias del narcotráfico. 16 La contribución realizada por un exintegrante del…
p. 64
14Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 631 cita
[17]y de control de población de los grupos paramilitares se daría simultáneamente con una intensi fi cación de las operaciones militares del Ejército en el Magdalena Medio. El Grupo de Me- moria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Recon- ciliación (CNRR) constataría que, en el Magdalena Medio, A partir de…
p. 63
15Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 491 cita
[18]protección de bienes y tierras de los ganaderos, entre los cuales resaltan Evelio Monsalve, Alberto Villegas, John Yepes, Ignacio López y Carlos Salazar (Fiscalía Dossier ACMM, s. f.). Otros de los ganaderos reconocidos en la región que vivían entre La Estación Cocorná y Las Mercedes eran Gabriel Echeverry, Misael…
p. 49
16Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · Página 1011 cita
[19]de la tregua entre el Gobierno y las FARC. Las elites y los militares de la región compartían una ideología anticomunista y el propósito de erradicar a las guerrillas, junto con otros factores, como la falta de recursos de las unidades militares, hacía que se comprometieran con los intereses de las minorías de la zona…
p. 101
17Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2621 cita
[20]organismos de seguridad e inteligencia tenían como objetivo la contrainsurgencia, en un espectro difuso entre lo «militar» y aquello que consideraban como «quitarle el agua al pez». Por su parte, los políticos regionales tenían el interés de eliminar a los actores que amenazaban con arrebatarles el poder que…
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18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 861 cita
[21](Acdegam) en 1982 187 y las autodefensas de la Casa Castaño en Córdoba y Urabá a mediados de la década de 1980. Otros grupos de seguridad privada ilegal se armaron en el suroeste, norte, nordeste, Bajo Cauca y Oriente antioqueño. La primera generación paramilitar del norte de Antioquia y el sur de Córdoba siguió el…
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19Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · Página 1711 cita
[22]decir que no, pero ante un magistrado ustedes no van a salir con cuentos raros, no se los va a creer nadie”. Yo les digo así en la versión, esto no se lo cree nadie, que usted sea comandante y no… es su problema, el proceso es suyo”. 340 Capítulo 2 341 JUSTICIA Y PAZ: ¿Verdad judicial o verdad histórica? crimen…
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20Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · Páginas 282, 4652 citas
[23]lado del río Magdalena, que luego se congregaron en las autodefensas de Puerto Boyacá y del Mag- dalena Medio. Esto fue, en parte, producto del escalamiento del conflicto derivado del desdoblamiento de las FARC del Frente 4 en el 11, con una agresiva exacción de recursos y des- pliegue de violencia hacia propietarios…
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[34]nacionales por la izquierda de manera inédita y consiguió modificar el balance político tradicional en la escala local en va- rias regiones del país. Sus logros electorales le posibilitaron asu- mir la gestión de lo público, en donde probaron que era posible gobernar con una lógica distinta a la tradicional. Como…
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21¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 951 cita
[24]crecimiento del conflicto armado dalena medio, el 18 de enero de 1989. 94 Ante esta masacre, el Gobierno impartió una orden al DAS para que investigara la estructura criminal de los grupos paramilitares en esa región. Igualmente, derogó la Ley 48 de 1968, a través de los decretos 813 y 814 de 1989, que penalizaban la…
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22La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · Páginas 290, 2972 citas
[25]Eduardo Ramírez, 95 Hacia 1987 el paramilitarismo del Magdalena Medio comenzó a perturbar re- giones de Córdoba y Urabá. La expansión del grupo paramilitar comandado por Gonzalo y Henry Pérez a territorios que transcendían al Magdalena Medio tuvo cierta semejanza con el proceso de enquistamiento que años atrás…
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[33]de esta coyun- tura fue que su alianza con las autodefensas les confirió control territorial y aumentó exponencialmente su poder de fuego no sólo en la región sino también en el país. En este contexto, gracias a los recursos del narcotráfico, el para- militarismo del Magdalena Medio, con epicentro en Puerto Boyacá,…
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23Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · Página 1371 cita
[26]works), peasant organizers and even dissidents from the Liberal Party. [President] Belisario Betancur himself visited the region in 1985 (at the invitation of Luis Alfredo Rubio Rojas, Pablo Guarín and the president of ACDEGAM) and highly praised the people of the Magdalena Medio, particularly General Yanine Díez, for…
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24Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · Página 3772 citas
[27]Magdalena Medio las haciendas y las fin- cas eran muy pocas. Y las pequeñas fincas, digamos, que nos colaboraban, habían fincas que daban hasta quinientos mil pesitos, que no era mucho. Otras daban cien mil, doscientos mil. (CNMH, MNJCV, ACPB, 2013, 27 de septiembre) En los años ochenta, sin duda existieron aportes…
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[28]Magdalena Medio las haciendas y las fin- cas eran muy pocas. Y las pequeñas fincas, digamos, que nos colaboraban, habían fincas que daban hasta quinientos mil pesitos, que no era mucho. Otras daban cien mil, doscientos mil. (CNMH, MNJCV, ACPB, 2013, 27 de septiembre) En los años ochenta, sin duda existieron aportes…
p. 377
251989María Elvira Samper · 2019 · Páginas 127, 1312 citas
[29]contra la guerrilla y los simpatizantes de izquierda no es el único frente de guerra del Mexicano. También se enfrenta a sus antiguos aliados, los esmeralderos Molina y Carranza, a mediados de los años ochenta, cuando ya metido de lleno en el narcotráfico y jefe de un poderoso ejército privado, busca apoderarse de las…
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[38]DICIEMBRE 15 DADO DE BAJA EL MEXICANO Son las 2:05 p.m., suena el teléfono en el despacho del presidente Barco y este contesta. Al otro lado de la línea, el general Carlos Casadiego, subdirector de la Policía, le dice: “Presidente, misión cumplida, hemos dado de baja a Gonzalo Rodríguez Gacha”. Dudoso, el presidente…
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26Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 861 cita
[31]Mundo, situado al frente de Muzo, en donde tradicional- mente ha existido una fuerte influencia del XI Frente de las FARC, también se hizo fiesta y se gritaron consignas enrostrándole la muerte a los trabaja- dores de Molina. (…) Y es que Molina también tenía enemigos por el lado de las FARC. Varias veces había sido…
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27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 941 cita
[35]municipios predominantemente campesinos. El campesinado fue una parte importante de las víctimas del genocidio contra la Unión Patriótica. Como se puede evidenciar en el mapa 5, los asesinatos de militantes de este partido se cometieron en zonas alejadas de las grandes ciudades capitales y en los límites de la…
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28Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · Página 381 cita
[36]décadas de violencia que requieren ser esclarecidas por las instituciones y la sociedad en su conjunto. La memoria es un derecho de las víctimas y un deber del Estado y de la sociedad, y como derecho o como deber la tarea de la memoria es hoy en Colombia inaplazable. Este texto es un reconocimiento no sólo a los que…
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29No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 2291 cita
[37]plata» 676. De acuerdo con el exministro de Defensa Rafael Pardo, los narcotraficantes logra- ron posicionar el debate de la no extradición bajo la falsa premisa de que le violencia era producto de la aplicación del tratado de extradición, cuando la realidad era que, salvo algunas excepciones, este no había sido…
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30Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2611 cita
[39]permiso para la ejecución discreta de alla- namientos, confiscaciones y capturas en todo el país, se desencadenó una guerra sucia que alcanzó su clímax en el gobierno Barco. En principio, fue- ron asesinados más de mil líderes y miembros de la Unión Patriótica (UP), grupo político creado como resultado de los acuerdos…
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31Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 2861 cita
[40]legítimos en el de- recho pri va d o. El estigma soc ial hizo aún m ás impenetrable el mi s- terio del la vado de dinero. Un cuadro de tantos matices requería respuestas más inteligen- tes que la mera militarización del conflicto que vino por la vía de la ayuda de lo s Estados Unidos. Los equipos militares aportados…
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32Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · Página 311 cita
[41]Security Department (Departamento Administrativo de Seguridad - DAS). Som e 52 people were killed and over 1,000 injured in the blast. Colombia E lites and Organized Crime www.InSightCrime.org 32 However, the war also took its toll on Escobar and the Medellín Cartel. Escobar's ally, Gonzalo Rodríguez Gacha, alias "The…
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33Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Página 4221 cita
[42]Escobar, trabajó luego para sus enemigos. Es- tos últimos se convirtieron en el principal aliado del Estado y las autoridades colombianas para perseguir a Escobar. Fueron ellos quienes infiltraron a Ro- dríguez Gacha y entregaron la información que condujo a su muerte. Escobar, así mismo, escapó milagrosamente a una…
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