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Biografía

Carlos Jiménez Gómez

Crisis y narcotráfico

16 min de lectura32 documentos
NacimientoSin fecha registrada
FallecimientoSin fecha registrada
RolesProcurador General de la Nación · Fiscal General de la Nación
Lugar principalColombia
Período históricoCrisis y narcotráfico1974–1990
03

La biografía

Carlos Jiménez Gómez fue el procurador general de la Nación que en febrero de 1983 puso nombre y apellido a la simbiosis entre narcotráfico, militares en servicio activo y paramilitarismo que se estaba fraguando en el Magdalena Medio. Su informe sobre el MAS —donde 69 de los 163 miembros identificados resultaron integrantes de la Fuerza Pública— no fue un pronunciamiento suelto, sino el momento en que la institucionalidad civil colombiana alcanzó su máxima capacidad diagnóstica sobre el paramilitarismo naciente y, a la vez, exhibió los límites estructurales que le impedían actuar sobre lo diagnosticado. Jurista formado en dos tradiciones europeas, penalista, columnista y precursor del debate sobre derecho internacional humanitario en Colombia, Jiménez Gómez sintetiza como pocos la tensión entre la ambición civilista del gobierno de Belisario Betancur y el bloque militar que se atravesó a esa ambición. Es, en esa medida, un nudo institucional del período: sin su Procuraduría, la historia oficial del paramilitarismo colombiano habría empezado más tarde y con menos evidencia.

02

Línea de vida

  1. 1974

    Publicación de Delito continuo

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    Jiménez Gómez publica su primera obra especializada en derecho penal, iniciando una trayectoria académica que combinaría la investigación teórica con el ejercicio público.

  2. 1982

    Designación como Procurador General bajo Betancur

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    El presidente Belisario Betancur lo designa Procurador General de la Nación en el marco de su política de apertura democrática. Hacia finales de ese año, Betancur encarga a la Procuraduría un informe sobre el grupo paramilitar MAS, en respuesta a denuncias del Magdalena Medio sobre desapariciones forzadas y cuerpos arrojados a los ríos.

  3. 1983

    Informe sobre el MAS: 69 militares activos identificados

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    En febrero de 1983, Jiménez Gómez presenta públicamente el informe elaborado mediante una misión mixta de la Procuraduría y jueces de instrucción. De 163 miembros individualizados del MAS, 69 eran integrantes activos de la Fuerza Pública. Antes de publicar los nombres, envió a sus hijas fuera del país anticipando represalias. En agosto de 1983, el Instituto Nacional de Tránsito certificó que vehículos de la DIPEC-F2 habían sido usados en desapariciones forzadas atribuidas al MAS.

  4. 1983

    Impunidad estructural: traslado a la justicia penal militar

    Leer contexto

    El Tribunal Disciplinario transfirió todos los procesos penales contra los militares señalados en el informe a la Jurisdicción Penal Militar, invocando que los uniformados estaban en servicio las 24 horas. En ese fuero, los casos por paramilitarismo no tenían posibilidad de prosperar; los militares acusados fueron absueltos, sin resultados judiciales efectivos.

  5. 1986

    Demanda ante la Comisión de Acusaciones por el Palacio de Justicia

    Leer contexto

    El 22 de junio de 1986, Jiménez Gómez presentó una demanda ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes en relación con los hechos del Palacio de Justicia, tras haber señalado en un informe previo responsabilidades del presidente Betancur y del ministro de Defensa.

  6. 1987

    Publicación de Delitos contra la Administración Pública

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    Segunda obra mayor de su bibliografía especializada, que refleja su continuidad como investigador teórico aun en los años más agitados de su ejercicio institucional.

  7. 1989

    Segunda designación como Procurador General

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    Fue designado procurador general para reemplazar a Horacio Serpa, quien renunció al cargo para incorporarse a la campaña presidencial de Ernesto Samper. La fuente no especifica el mes exacto ni el presidente que realizó la designación.

  8. 2000

    Publicación de Derecho Penal: hacia la globalización

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    Tercera obra destacada de su producción académica, que evidencia su evolución hacia los debates del derecho penal internacional y la globalización jurídica, coherente con su temprana propuesta de aplicar el derecho humanitario al conflicto armado colombiano.

Un liberal formado entre París y Bonn

Antioqueño de raíz —oriundo de la región de Sonsón—, Jiménez Gómez perteneció a esa generación de juristas colombianos que, tras el pregrado en Derecho, buscaron especialización en las escuelas europeas de posguerra. Cursó estudios de derecho constitucional en la Universidad de París y de derecho penal en la Universidad de Bonn: dos tradiciones jurídicas que dejarían huella en su manera de razonar sobre el Estado, las garantías individuales y los límites al poder punitivo. De París trajo la sensibilidad por el derecho público continental; de Bonn, la dogmática penal alemana con su afinamiento sobre el tipo, la culpabilidad y la responsabilidad. Esa doble formación —constitucional y penal— explica en buena medida por qué, al momento de comisionar la investigación sobre el MAS, supo diseñar una metodología que combinaba lo administrativo, lo judicial y lo político sin extraviar el rigor técnico.

Fue liberal hasta la médula, en el sentido histórico y no solo partidista del término: defensor de la solución negociada del conflicto armado, del garantismo procesal y de la primacía de las autoridades civiles sobre las castrenses. Ese liberalismo doctrinario —más filosófico que faccional— resultaría decisivo cuando le tocó ejercer el control sobre las Fuerzas Militares en el momento álgido del proceso de paz de Betancur.

Su carrera pública combinó la academia, el periodismo y la administración de justicia. Fue profesor universitario y columnista de El Tiempo, tribuna desde la cual mantuvo, durante décadas, una voz reconocible en los debates sobre derecho penal, política criminal y derechos humanos. Ocupó la representación a la Cámara y con el tiempo sumaría a su hoja de vida los cargos de fiscal general, embajador en Austria, precandidato presidencial y ministro de Justicia. Su bibliografía especializada —Delito continuo (1974), Delitos contra la Administración Pública (1987), Derecho Penal: hacia la globalización (2000)— refleja un jurista que nunca abandonó la investigación teórica, ni siquiera en los años más agitados de su ejercicio en el Estado.

La Procuraduría en el proyecto Betancur

Belisario Betancur Cuartas asumió la Presidencia en agosto de 1982 en un contexto conservador de excepción: había ganado en unas elecciones marcadas por la división liberal —el oficialismo de Alfonso López Michelsen frente al Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán— y por la resaca del Estatuto de Seguridad de Julio César Turbay Ayala, aquel decreto de estado de sitio expedido en septiembre de 1978 que había disparado las denuncias de desapariciones, torturas y abusos militares. La campaña de 1982 había estado atravesada por esas denuncias, y Betancur llegó al Palacio con el mandato tácito de cambiar el rumbo.

Su respuesta fue una política de apertura democrática articulada en dos gestos rápidos y correlativos. Primero, la Ley 35 del 19 de noviembre de 1982, sancionada apenas tres meses después de la posesión, que otorgó amnistía por delitos políticos y buscó el restablecimiento de la paz. La cifra oficial que después presentaría el general Miguel Vega Uribe cuantificó el alcance: 375 guerrilleros excarcelados, cerca del 90% de los procesados, distribuidos entre el M-19 (256), el ELN (35), el PLA (30), las FARC (31), el EPL (6) y el ADO (6). Segundo, el Decreto 2711 del 19 de septiembre de 1982, que conformó una Comisión de Paz Asesora del Gobierno Nacional compuesta inicialmente por cuarenta personalidades, presidida al comienzo por el expresidente Carlos Lleras Restrepo y luego, tras su relevo, por Otto Morales Benítez.

En esa arquitectura de paz, la Procuraduría General de la Nación tenía asignado un papel específico: vigilar la conducta oficial de los funcionarios, incluidos los militares. Fue en ese marco donde Betancur, hacia finales de 1982, encargó a la Procuraduría —y por tanto a Jiménez Gómez— la elaboración de un informe sobre el grupo paramilitar Muerte a Secuestradores. La solicitud no era abstracta: desde el Magdalena Medio venían llegando denuncias reiteradas de desapariciones forzadas y cuerpos arrojados a los ríos, atribuidas a un grupo que ya había desbordado ampliamente su pretexto fundacional.

Conviene precisar el punto, porque de él depende el sentido histórico de lo que vino después: la iniciativa de investigar al MAS fue presidencial, no autónoma de la Procuraduría. Betancur quería el informe. Jiménez Gómez lo produjo. Esa doble condición —encargo del Ejecutivo y ejecución técnica del órgano de control— es la que hace del documento un instrumento del proyecto Betancur y, a la vez, un acto propio de la Procuraduría como institución civil de vigilancia.

El informe del MAS: metodología y hallazgos

El MAS había nacido a finales de 1981 como respuesta armada de los grandes capos del narcotráfico al secuestro de Nieves Ochoa, hija de Jorge Luis Ochoa, por quien la guerrilla pedía quince millones de dólares. Lo que empezó como un instrumento de defensa de los intereses de Pablo Escobar, los Ochoa y sus aliados evolucionó rápidamente hacia una estructura contrainsurgente de mayor envergadura, con al menos quince apelativos distintos para reivindicar sus actos y despistar investigaciones: Los Masetos, Los Tiznados, Los Magníficos, Amor por Medellín, La Mano Negra, Escuadrón de la Muerte, Muertes a Revolucionarios y Comunistas del Nordeste, entre otros. El desdoblamiento nominal era, en sí mismo, una técnica de impunidad.

Para investigarlo, Jiménez Gómez diseñó una misión mixta: la Procuraduría en cabeza, pero con jueces de instrucción trabajando en paralelo desde distintas jurisdicciones. Esa arquitectura permitió cruzar denuncias del Magdalena Medio con expedientes de otras regiones, contrastar identidades y establecer patrones. El resultado, presentado públicamente en febrero de 1983 y registrado institucionalmente como Informe del Procurador Nacional sobre el MAS, fue devastador en su especificidad: de 163 miembros individualizados del grupo paramilitar, 69 eran integrantes activos de la Fuerza Pública. Casi cuatro de cada diez. Y no se trataba de una imputación difusa: eran nombres, rangos, adscripciones concretas.

Uno de los soportes técnicos más significativos vendría después. En agosto de 1983, el Instituto Nacional de Tránsito certificó que las desapariciones forzadas atribuidas al MAS durante 1982 y 1983 se habían realizado en vehículos asignados a la DIPEC-F2, la unidad de inteligencia de la Policía. La materialidad —las placas, los automotores oficiales— reforzaba la conclusión política del informe: no era que algunos militares se hubieran extraviado, era que la institución había prestado su infraestructura.

Jiménez Gómez no ignoraba lo que estaba haciendo. Antes de publicar los nombres, envió a sus hijas fuera del país. La precaución dice más sobre el momento colombiano que cualquier análisis retrospectivo: el procurador de la Nación anticipaba, con motivos, que denunciar a militares activos por paramilitarismo podía costarle la vida a su familia.

La reacción militar y el traslado a la justicia castrense

El informe cayó sobre un cuerpo institucional ya tensionado. El ministro de Defensa, general Fernando Landazábal Reyes —designado por Betancur en 1982 y proveniente de una tradición de mando forjada en la doctrina contrainsurgente— llevaba meses contrapunteando la política de paz del presidente. Landazábal defendía públicamente a las Fuerzas Armadas de las acusaciones por sus vínculos con grupos paramilitares como el MAS y los Tiznados en el Magdalena Medio, y protestaba, junto con los mandos operativos, por la exclusión sistemática de los militares de las decisiones del proceso. El comandante del Ejército llegó a afirmar que no le consultaban nada, que se enteraba de las medidas del gobierno como cualquier ciudadano.

Los primeros dos ministros de Defensa de Betancur —Landazábal y luego Gustavo Matamoros D'Costa, que lo reemplazó tras la renuncia de 1984— compartían el mismo perfil: generales con sólida formación en guerra de guerrillas e inteligencia. Ese fue el tipo de mando que el presidente privilegió, y esa fue, correlativamente, la escuela que se opuso con más consistencia a su política. La salida de Landazábal en 1984, motivada porque sus declaraciones públicas iban en abierta contravía con la política de paz, no detuvo la resistencia: Matamoros continuó expresando su oposición. Figuras del M-19 percibirían después que Betancur tenía profundas divergencias con los mandos —Landazábal, el general Bernardo Lema— que sencillamente no entendían la lógica de paz del presidente.

Sobre ese terreno hostil, la Procuraduría intentó llevar los hallazgos del informe a proceso. No lo logró. El Tribunal Disciplinario, órgano encargado por la Constitución de 1886 de resolver conflictos de competencia, trasladó todos los procesos penales contra militares señalados en el informe a la Jurisdicción Penal Militar. El argumento invocado —que los militares se hallaban en servicio las veinticuatro horas y, por tanto, sus actos, aun los criminales, eran competencia castrense— cerró el paso a cualquier investigación civil. Y una vez en la justicia penal militar, los casos por paramilitarismo carecían de posibilidad alguna de prosperar: los militares señalados fueron absueltos.

Aquí está el nudo del asunto. La valentía técnica del procurador y la impunidad completa de los señalados no son fenómenos separados: son las dos caras del mismo diseño institucional. La Constitución de 1886, con su fuero militar amplio y su Tribunal Disciplinario, permitía que la Procuraduría diagnosticara pero no que sancionara. El informe podía documentar, incluso podía publicarse; lo que no podía era producir consecuencias judiciales efectivas contra uniformados en servicio. Betancur había querido el informe; la arquitectura del Estado que él presidía lo neutralizó.

Anatomía del paramilitarismo que Jiménez Gómez nombró

Lo que la Procuraduría documentó en 1983 no era una desviación individual sino la primera manifestación pública de una alianza estructural que se estaba consolidando en el Magdalena Medio. Tres actores confluían en ella. Primero, las élites económicas locales que buscaban defender su patrimonio de la extorsión guerrillera, articuladas alrededor de ACDEGAM en Puerto Boyacá. Segundo, los narcotraficantes —con Gonzalo Rodríguez Gacha como figura decisiva— que necesitaban proteger laboratorios y propiedades del cobro de vacunas por parte de las FARC y el ELN, y que muy pronto descubrieron la utilidad estratégica de la violencia paramilitar más allá de la simple defensa. Tercero, sectores de la Fuerza Pública que encontraron en esa estructura una forma más efectiva de combatir a la insurgencia sin comprometer la imagen institucional: los narcotraficantes ponían la infraestructura y el dinero, los militares aportaban inteligencia, cobertura territorial y —cuando hacía falta— vehículos oficiales.

Un comunicado del Frente XII de las FARC, a comienzos de 1984, describía con precisión el patrón territorial: el MAS se había desplazado hacia el Magdalena Medio "asesinando a su paso a familias enteras" en Cimitarra, Vuelta Acuña y Puerto Berrío. No era un grupo urbano de escuadrones de la muerte al servicio del cartel: era ya una fuerza contrainsurgente con presencia rural y proyecto de territorio.

Que la Procuraduría hubiera nombrado esta simbiosis en 1983 —con la evidencia forense de los vehículos de la DIPEC-F2, con la lista de 69 uniformados, con la metodología mixta de jueces e investigadores— significa que el Estado colombiano supo, oficialmente, lo que estaba ocurriendo, desde el momento mismo en que estaba ocurriendo. La imposibilidad posterior de actuar sobre ese conocimiento no puede atribuirse, entonces, a ignorancia. En sucesivos gobiernos, las relaciones de la Fuerza Pública con el paramilitarismo serían oficialmente negadas y minimizadas; pero la negación operó siempre sobre un archivo primario que ya existía, y que llevaba la firma de Carlos Jiménez Gómez.

El derecho de las pobres gentes

Mientras la Procuraduría investigaba y denunciaba, Jiménez Gómez desarrollaba en paralelo una elaboración doctrinaria que resultaría más duradera que sus efectos judiciales inmediatos. Frente a los excesos de la fuerza pública —más graves cuanto más lejos del centro del país y más abajo de la jerarquía castrense—, propuso reivindicar el "estatuto jurídico propio del estado de guerra" y aplicar el derecho humanitario a los conflictos internos colombianos. Lo formulaba con una imagen que resume su sensibilidad: "el derecho de gentes, el de las pobres gentes".

Se adelantaba con eso casi década y media al debate nacional. Cuando en la segunda mitad de los años noventa Colombia empezó a discutir en serio el carácter del conflicto armado y la aplicación del Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra, muchas de las categorías que se pusieron sobre la mesa habían sido anticipadas —al menos en sus fundamentos— por el procurador de 1983. El principio humanitario de distinción entre combatientes y población civil, opuesto al principio contrainsurgente de "quitarle el agua al pez", empezó a formularse desde la Procuraduría y el Poder Judicial en aquellos años; y aunque la maduración doctrinaria posterior sería obra colectiva, la anticipación intelectual de Jiménez Gómez es un dato del expediente.

Esa elaboración jurídica tuvo un costo. Sectores militares y paramilitares reencuadraron muy pronto la defensa de los derechos humanos como "guerra jurídica": concibieron el trabajo de los defensores —y por extensión, el de funcionarios como Jiménez Gómez— como una actividad bélica en favor de la guerrilla, orientada a neutralizar combatientes del Ejército mediante procesos judiciales. La descalificación se anticipaba a los argumentos: no había que refutar el informe del MAS, bastaba con recodificar al procurador como enemigo. Una carta de la Corporación Cívica de Seguridad de Bogotá dirigida al ministro de Defensa tildó los hallazgos de imprudentes y pidió que la Procuraduría investigara más bien a los grupos insurgentes; no aportaba ningún elemento para desmentir la evidencia, pero desplazaba la controversia hacia el terreno de la lealtad institucional.

Extradición, Palacio de Justicia, argentinización

El informe del MAS no fue el único frente en que Jiménez Gómez ejerció la Procuraduría con perfil alto. El tratado de extradición entre Colombia y Estados Unidos, firmado en 1979 y en vigencia desde marzo de 1982, había convertido a la Procuraduría en actor obligado del procedimiento: se requería un concepto previo no vinculante del órgano de control antes de que el Ejecutivo tomara la decisión final. En un momento en que la extradición se consolidaba como la principal preocupación estratégica de los capos del narcotráfico, esa función colocaba al procurador en el centro del juego.

Pero fue el Palacio de Justicia lo que llevó la trayectoria de Jiménez Gómez a su punto más alto de confrontación institucional. Tras la toma y retoma del Palacio en noviembre de 1985, la Procuraduría abrió su propia investigación. El 13 de junio de 1986, Jiménez Gómez entregó al presidente Betancur un informe en el que señalaba responsabilidades del propio primer mandatario y de su ministro de Defensa, el general Miguel Vega Uribe. Nueve días después, el 22 de junio de 1986, formalizó el paso siguiente: presentó una demanda ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

La respuesta institucional fue una operación de contención en dos tiempos. El Consejo de Ministros rechazó el informe, acusando al procurador de querer una "Procuraduría de opinión"; los medios no lo recogieron con la fuerza que el asunto ameritaba, y el eco público fue menor del que Jiménez Gómez esperaba. La Comisión de Acusaciones, por su parte, declaró que legalmente no podía cuestionar el acto del gobierno Betancur durante los hechos del Palacio de Justicia, calificándolo de "acto típico de Gobierno" ejecutado por las personas autorizadas para actuar. La fórmula, técnicamente impecable, cerró el caso.

Fue el segundo choque frontal de Jiménez Gómez con el diseño institucional, y su patrón se repitió: la Procuraduría diagnosticaba —con nombres, fechas y responsabilidades—, y el sistema, apelando a competencias, fueros o categorías jurídicas específicas, blindaba a los señalados. Con los militares del MAS había sido el fuero militar; con Betancur y Vega Uribe fue la doctrina del acto de gobierno.

Un tercer informe, menos conocido pero significativo, redondea el perfil doctrinario del procurador: el que dedicó al "proceso de argentinización" como "antesala de la centroamericanización", donde describía la persecución sistemática a activistas políticos de la oposición, en particular de la Unión Patriótica. Nombrar en aquellos años lo que le estaba pasando a la UP —y hacerlo con una analogía tan explícita a las dictaduras del Cono Sur— era otro acto de nombrar antes de tiempo.

Después de la Procuraduría

La salida de la Procuraduría a mediados de 1986, coincidente con el cierre del gobierno Betancur, no terminó la vida pública de Jiménez Gómez. Volvería al Estado por otras puertas: fue fiscal general, ministro de Justicia, embajador en Austria, precandidato presidencial. Publicó libros de derecho penal —incluido Derecho Penal: hacia la globalización en 2000— y mantuvo su columna en El Tiempo, desde donde continuó opinando sobre política criminal, derechos humanos y salidas negociadas al conflicto armado.

En 1989 su nombre volvió a los titulares por una razón particular: fue designado procurador general para reemplazar a Horacio Serpa, quien había renunciado al cargo para incorporarse a la campaña presidencial de Ernesto Samper. Volvía, así, al mismo cargo desde el cual había producido el informe del MAS seis años antes, en un país que para entonces vivía la fase más aguda del narcoterrorismo. Sus memorias, publicadas en 1999, y sus recopilaciones documentales de 1987 se convertirían en fuentes primarias insustituibles para reconstruir el período. Falleció en 2013.

Un legado a dos velocidades

El legado de Jiménez Gómez opera en dos ritmos que conviene no confundir. En el corto plazo —el de los procesos, las sanciones, los resultados judiciales— el balance es nulo: ni un solo militar fue condenado por su pertenencia al MAS a raíz del informe de 1983; ni Betancur ni Vega Uribe fueron acusados por el Palacio de Justicia; los procesos por paramilitarismo, trasladados a la justicia castrense, se resolvieron en absoluciones. La impunidad no fue un accidente: fue el resultado esperable de un sistema constitucional diseñado para blindar a los uniformados frente al escrutinio civil.

En el largo plazo, sin embargo, la Procuraduría de Jiménez Gómez marcó un umbral irreversible. Después de 1983, ningún gobierno colombiano pudo alegar ignorancia sobre la simbiosis narco-militar-paramilitar en el Magdalena Medio: el archivo estaba abierto, los nombres estaban impresos, la metodología estaba disponible. Cuando en años posteriores investigaciones oficiales, comisiones de verdad y sentencias judiciales fueron estableciendo la responsabilidad directa del Estado en la creación de los grupos de autodefensa de los años ochenta y noventa —mostrando que la relación del Ejército con esos grupos no se limitó a la entrega de armas sino que incluyó su creación y fortalecimiento—, todos esos hallazgos estaban precedidos por el informe de 1983. El punto de partida quedó fijado allí.

Su elaboración jurídica sobre el derecho humanitario aplicable al conflicto interno, sobre la distinción combatiente/civil, sobre el "derecho de las pobres gentes", encontró tardíamente su carta de ciudadanía en el debate nacional. La Procuraduría, como institución, prolongó y afinó la línea de trabajo en materia de derechos humanos, y la creación posterior de la Fiscalía General y la Defensoría del Pueblo con la Constitución de 1991 pueden leerse, en parte, como respuestas de arquitectura institucional a los límites que la Procuraduría de los años ochenta encontró en la Constitución de 1886.

La lectura definitiva de la figura no es hagiográfica ni fiscal. Jiménez Gómez fue un jurista que en un momento histórico preciso, y con el respaldo de un presidente que quería la información, produjo el diagnóstico más claro y verificable que la institucionalidad civil colombiana había hecho hasta entonces sobre el paramilitarismo. Ese diagnóstico se estrelló contra un sistema estatal que permitía nombrar pero no sancionar, ver pero no actuar. La valentía técnica del procurador y los límites del proyecto Betancur son inseparables: sin la primera no habría existido el archivo; sin los segundos, el archivo habría tenido consecuencias. Colombia se quedó con el archivo. Ese, y no la sanción que nunca llegó, es el legado histórico de Carlos Jiménez Gómez.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

32 documentos · 42 fragmentos
011989María Elvira Samper · 2019 · Página 1581 cita
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de izquierda, armada, ilegítima...”. Liberal hasta la médula y defensor de la solución negociada del conflicto armado, tiene especialización en derecho constitucional de la Universidad de París y en derecho penal de la Universidad de Bonn. Ha sido profesor universitario, representante a la Cámara, procurador general,…

p. 158
02Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · Páginas 194, 1952 citas
[2]

se ventilaban, que abría amplias avenidas al exceso de policías y militares. Esos excesos —la guerra sucia— eran más graves mientras más lejos del centro del país y más abajo de las jerarquías castrenses se iba. Si una parte importante de la fuerza física, de la violencia, que se desplegaba en el territorio nacional…

p. 195
[3]

se ventilaban, que abría amplias avenidas al exceso de policías y militares. Esos excesos —la guerra sucia— eran más graves mientras más lejos del centro del país y más abajo de las jerarquías castrenses se iba. Si una parte importante de la fuerza física, de la violencia, que se desplegaba en el territorio nacional…

p. 194
03Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 1811 cita
[4]

revista Semana. Bogotá: Planeta, 2012, p. 100. 104 Alfonso López Michelsen, Escritos políticos. Tomo III. Mincultura. Bogotá: Universidad del Rosario, 2014, p. 53 y ss. 105 Antonio Caballero, “En paños menores”. Diners. Bogotá, mayo de 2001, p. 18. 106 Antonio Caballero y Juan Carlos Iragorri, Patadas de ahorcado.…

p. 181
04Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Páginas 178, 2042 citas
[5]

que se encontraba en ese entonces la institución. Esta impotencia era particularmente clara cuando se trataba de investigaciones contra los militares, que eran asumidas pronto por la justicia penal militar, un sistema en el que los casos por paramilitarismo no tenían ninguna posibilidad de prosperar (Jiménez Gómez,…

p. 178
[42]

Comisión Internacional de Juristas, Comisión Andina de Juristas Seccional Colombiana (1992). 2 Como lo sugiere, en un contexto muy diferente, Philippe Garraud (2002). 3 Las memorias de Jiménez Gómez (1999), cruzadas con los artículos de prensa de la época, permiten reconstruir esta situación. El exprocurador general…

p. 204
05Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · Página 1131 cita
[6]

los grupos de autodefensas en el Magdalena Medio con la presencia del presidente Betancur. El informe solicitado por el presidente Betancur al procurador general de la nación sobre el grupo paramilitar MAS 43 se elaboró en respuesta a las denuncias que llegaban desde el Magdalena Medio so- bre el accionar criminal de…

p. 113
06El Palacio de Justicia: una tragedia colombianaAna Carrigan · 2009 · Páginas 19, 492 citas
[7]

entre los generales y coroneles de línea dura. Muchos de ellos consideraban u los magistrados como obs táculos entrometidos en una guerra ineludible, dirigida contra todos aquellos que, por su filiación, los militares consideraban traidores potenciales de las modalidades culturales y sociales de la restrin gida…

p. 49
[23]

después de que el procurador ge neral Carlos Jiménez Gómez presentara la respectiva demanda ante esta célula el 22 de junio de 1986. La Comisión declaró que legalmente no podía cuestionar un acto típico de Gobierno que había sido ejecutado únicamente por las personas autorizadas para actuar. En el afán por restaurar…

p. 19
07Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Páginas 51, 592 citas
[8]

paramilitares contra los miembros de las Fuerzas Ar- madas y la Policía Nacional señalados en el Informe de la Procura- duría General de la Nación. Poco después, todos los procesos con- tra los uniformados pasarían a la Jurisdicción Penal Militar, por decisión del Tribunal Disciplinario, el órgano judicial encargado…

p. 59
[28]

de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…

p. 51
08El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 1492 citas
[9]

“informantes”, colaboradores y auxiliares en general 3 Javier Giraldo Moreno: “El Paramilitarismo: una criminal política de Estado que devora el país”. Comisión Intercongresacional de Justicia y Paz. Bo- gotá, abril-junio de 1995. 4 “El Camino de la Niebla”. Liga Internacional por los Derechos y la Libera- ción de los…

p. 149
[10]

“informantes”, colaboradores y auxiliares en general 3 Javier Giraldo Moreno: “El Paramilitarismo: una criminal política de Estado que devora el país”. Comisión Intercongresacional de Justicia y Paz. Bo- gotá, abril-junio de 1995. 4 “El Camino de la Niebla”. Liga Internacional por los Derechos y la Libera- ción de los…

p. 149
09Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · Página 1591 cita
[11]

abusos con- tra la población civil y numerosos crímenes como desapariciones y asesinatos. La reproducción de la estigmatización, incrementó la vulnerabilidad de campesinos por el solo hecho de residir en zonas de presencia de guerrilla. También puede verse otro rasgo característico de las desapari- ciones forzadas en…

p. 159
10Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Páginas 77, 932 citas
[12]

subversión hecha por medios oficiales y privados de comunicación masiva; l. Las Fuerzas Armadas están alarmadas ante el deterioro de la estructura judicial del país; m. Existe en las Fuerzas Armadas una profunda preocupación por la infiltración comunista en el magisterio y en los establecimientos educativos en todos…

p. 93
[32]

reformistas. Para comprender a cabalidad esta disociación, es necesario estudiar, así sea someramente, el comportamiento de los principales actores que tuvieron un rol preponderante durante este gobierno en el terreno de la paz y en la reforma política. C o m i s i ó n d e P a z Para im pulsar su propuesta de paz,…

p. 77
11Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in ColombiaSteven Dudley · 2004 · Página 421 cita
[13]

politicians, academics, and military analysts badmouthed the armed forces, blaming them for not winning the war. Landazábal was the first to counter these critics with whatever tools he had. It wasn’t an easy job. The general was a solid military tactician but had a mediocre fighting force, limited resources, and…

p. 42
12Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · Página 2231 cita
[14]

sea la última amnistía”. 43 The high rotativity of Ministers of Defense illustrates the tensions across the civil- military boundary that characterized this period. It is also noteworthy that the two first Ministers of Defense in the Betancur’s administration (1982–1986), Landazábal Reyes and Vega Uribe, had a very…

p. 223
13Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 882 citas
[15]

Derechos Humanos y DIH, 2010). Esta primera incursión va a cambiar las estrategias de autodefensa impulsadas inicialmente por el de ataque y contraataque a posiciones militares guerrilleras, y retaliaciones y masacres so- bre la población civil. En este periodo se aprecia cómo se dan secuestros de con- gresistas y la…

p. 88
[17]

Derechos Humanos y DIH, 2010). Esta primera incursión va a cambiar las estrategias de autodefensa impulsadas inicialmente por el de ataque y contraataque a posiciones militares guerrilleras, y retaliaciones y masacres so- bre la población civil. En este periodo se aprecia cómo se dan secuestros de con- gresistas y la…

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14Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 381 cita
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MIR Patria Libre, el Frente Ricardo Franco y el Comando Quintín Lame 64. 60 La última charla con John Agudelo Ríos, presidencia de la República, Oficina del Alto Comisionado para la Paz, Bogotá, 2005, página16. 61 Ídem, página19. 62 Ídem, página 23. 63 Ídem, página 26. 64 Villamizar, Darío, Un Adiós a la Guerra,…

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15La Tragedia del Palacio de JusticiaEnrique Parejo González · 2010 · Página 1601 cita
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la Verdad, página 37, párrafo número 104. Enrique Parejo González 166 como comandante del Ejército, le fue consultado nada y que cada día se sorprendía, como cualquier ciudadano, con las diferentes decisiones del Gobierno. Añadió que “pretender hacer a espaldas del estamento militar, de los combatientes, de los que…

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169 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · Página 1541 cita
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Pero eso era allá, porque aquí ya habíamos tenido fracasos muy complicados, como las incursiones que tuvimos en Choco y Nariño… Pero volviendo a la conferencia, la paradoja es que nos tocó enfrentar una situación política muy fuerte porque con Belisario empezamos a perder la iniciativa política que nos había…

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17La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · Página 2621 cita
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el gobierno cen- tral, también estuvieron determinados por la creciente importan- cia atribuida al respeto y a la defensa de los derechos humanos. En efecto, dentro del marco de la revolución humanitaria mundial que apenas despuntaba en el horizonte de la vida nacional, algu- nos aparatos del Estado central como la…

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18El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 772 citas
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totalidad de las lógicas de “guerra política”, construida desde la implementa- ción de la Doctrina de Seguridad Nacional. Pero a este concepto, según el cual los grupos guerrilleros no actuaban contra el Estado únicamente mediante las armas, sino por medio de la contienda política y social, se le añadió uno nuevo en…

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totalidad de las lógicas de “guerra política”, construida desde la implementa- ción de la Doctrina de Seguridad Nacional. Pero a este concepto, según el cual los grupos guerrilleros no actuaban contra el Estado únicamente mediante las armas, sino por medio de la contienda política y social, se le añadió uno nuevo en…

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19Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Páginas 487, 5752 citas
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informe del procurador general de la Nación, Carlos Jiménez Gómez, referido esta vez al “proceso de argentinización” como “antesala de nuestra centroamericanización”, que describía la persecución a activistas políticos de la oposición, en particular de la UP. El mismo Procurador hizo público el informe sobre lo…

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que habían sido condenados, o estaban en proceso de serlo, por los delitos de rebelión, sedición y asonada; el 90% fue excarcelado, según informó a la prensa el general Vega Uribe: “FARC, 31; M-19, 256; ELN, 35; EPL, 6; PLA, 30; ORP, 0; ADO, 6 para un total de 375 favorecidos” 527. Días antes, para celebrar la…

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20Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Página 2431 cita
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opinión y dijo que se proponía ser elegido al Concejo de Bogotá. Su carrera política llegó a su fin en septiembre, cuando fue solicitado en extradición por el gobierno de Estados Unidos y optó por pasar a la clandestinidad. Unas semanas después anunciaba la disolución del MLN. 9 Los hechos recogidos a continuación han…

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21Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Página 12 citas
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16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…

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16 I. El gobierno de la paz y los enemigos agazapados (1982-1986) Durante la campaña presidencial para el período 1982-1986 la paz fue tema clave de discusión. Lo fue, sobre todo, por las denuncias de violaciones a los derechos humanos, el abuso y poder desmedido de las Fuerzas Armadas, las desapariciones y demás…

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22Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 1351 cita
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poco tiempo aduciendo cuestiones de salud; lo sucedió el connotado político liberal Otto Morales Benítez. El presidente se dedicó a sacar en el Congreso una ley de amnistía" amplia, in condicional y automática para todos los presos políticos y para quienes de pusieran las armas. Una vez aprobada, (Ley 35 de 1982),…

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23Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2601 cita
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guerrilla que se presentaba como generosa y abierta y, despu é s de levantar el estado de sitio, logr ó la aprobaci ó n de una ley de am nist í a que permiti ó a unos 1 500 guerrilleros salir de las c á rceles sin que sus grupos entregaran las armas y sin que los beneficiarios tuvieran que renunciar a la guerra. As í,…

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24En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · Página 501 cita
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convertiría en el principal acu- sador del general F aruk Yanine Díaz, absuelto en su momento por la Justicia Penal Militar y llamado, en junio de 2008, a inda- gatoria al reabrir la Fiscalía el caso. Hay que anotar dos hechos 52 EN MEDIO DEL MAGDALENA MEDIO significativos en esta historia. El primero es el nombre…

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25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1101 cita
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estas desapariciones recae sobre el MAS y miembros del F2. La mayoría de las desapariciones incluso se hicieron en vehículos asignados a la DIPEC-F2, como certificó el Instituto Nacional de Tránsito en agosto de 1983 337. 330 Ronderos, Guerras recicladas, 41-42. 331 Salazar, La parábola de Pablo: Auge y caída de un…

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26El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · Página 751 cita
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la guerrilla, lo que provocó el gradual desalojo de la región por las FARC, cesando así los secues- tros y extorsiones”. 294 S i bien, la sigla de MAS fue la más corriente, el propio Viáfara señaló que se usaron otros 15 apelativos para reivindicar los actos criminales y hacer desviar las investigaciones, entre ellos…

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27Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · Página 221 cita
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y se consolidaron como grupo guerrillero predominante. Durante los años ochenta aparecieron varios grupos armados que fueron la base del paramilitarismo, entre ellos MAS (Muerte a Secuestradores), Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boya - cá, quienes luego se reconformarían como ACMM (Autodefensas Campesinas…

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28Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · Página 4151 cita
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MAS, por supuesto, importantes sectores de la Fuerza Pública descubrieron que era posible realizar un trabajo sucio mu- cho más efectivo contra el movimiento guerrillero, sin comprometer la imagen de sus instituciones. Los narcos facilitaron la infraestructura y el dinero aun- que, en forma temprana, algunos de ellos,…

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29¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 951 cita
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crecimiento del conflicto armado dalena medio, el 18 de enero de 1989. 94 Ante esta masacre, el Gobierno impartió una orden al DAS para que investigara la estructura criminal de los grupos paramilitares en esa región. Igualmente, derogó la Ley 48 de 1968, a través de los decretos 813 y 814 de 1989, que penalizaban la…

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30Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 3011 cita
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autodefensas y la empresa Drummond. 469 Sin embargo, estas investigaciones han presentado considerables demoras y, por lo tanto, no se han logrado desarticular las complicidades que se dieron frente a las AUC 470, lo cual ha suscitado frustración e incredulidad en las víctimas, así como un cuestionamiento sobre la…

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31Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · Página 4111 cita
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14, 338-381. Pérez, Bernardo (2007), Los grupos paramilitares en Cundinamarca y Bo- gotá, 1997-2006. En: La parapolítica. La ruta de expansión paramilitar y los acuerdos políticos, Bogotá, Corporación Nuevo Arcoiris. Pizarro, Eduardo (1989), Los orígenes del movimiento armado comunista en Colombia (1949-1966),…

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32Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 8921 cita
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través de una carta de la Corporación Cívica de Seguridad de Bogotá al ministro de Defensa, tildaron los hallazgos de la Procuraduría de imprudentes e hicieron un llamado para que este ente de control se enfocara en investigar el accionar de los grupos armados insurgentes. Sin embargo, en ningún momento aportaron…

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