Fernando Landazábal Reyes
Crisis y narcotráfico
1922–1998
La biografía
Fernando Landazábal Reyes (1922-1998) fue el general colombiano que puso rostro y voz a la doctrina contrainsurgente en el momento en que un presidente civil, Belisario Betancur, intentó por primera vez desmontar la lógica de guerra que había gobernado el orden público durante dos décadas. Ministro de Defensa entre 1982 y 1984, comandante en operaciones fundacionales de la guerra interna, autor prolífico de ensayos militares y militante público de una visión del país en la que el comunismo internacional era la clave para leer cualquier conflicto social, Landazábal encarnó como pocos la figura del militar-ideólogo. Su renuncia en 1984, tras declarar que no podía haber negociaciones ni acuerdos con las guerrillas, no fue un accidente biográfico: fue el momento en que la fractura entre el poder civil y el poder militar en Colombia se hizo visible y quedó registrada. Su asesinato en 1998, catorce años después de dejar el ministerio y tres después del magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado, cerró la trayectoria de una figura que había pasado del uniforme a la tribuna pública sin abandonar nunca el mismo diagnóstico sobre el país.
Línea de vida
- 1964
Participación en la Operación Marquetalia
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Landazábal tomó parte en las operaciones del Plan Lazo contra las llamadas repúblicas independientes del sur del Tolima, hito fundacional de la guerra contrainsurgente colombiana. Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas escaparon al cerco y fundarían las FARC en 1966. Marquetalia se convirtió en la clave interpretativa permanente del conflicto en la obra escrita de Landazábal.
- 1982
Designación como primer ministro de Defensa de Betancur
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Asumió el Ministerio de Defensa al inicio del gobierno de Belisario Betancur, quien impulsó una política de paz con las guerrillas. En octubre de 1982, tras la aprobación de la Ley 35 de amnistía, Landazábal declaró: 'Esperemos que ésta sea la última amnistía', marcando desde el inicio su distancia con la política presidencial.
- 1984
Declaraciones públicas contra las negociaciones y renuncia al ministerio
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El 9 de febrero de 1984 las Fuerzas Armadas publicaron en El Espectador un comunicado negando vínculos con el paramilitarismo, mientras Landazábal difundía su modelo explicativo del proceso marxista-leninista. Ese mismo año declaró expresamente que no podía haber negociaciones ni acuerdos con las guerrillas, lo que motivó su salida del Ministerio de Defensa.
- 1984
Transición al activismo público como intelectual contrainsurgente
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Tras dejar el ministerio, Landazábal continuó como tribuno público de la doctrina contrainsurgente: escribió libros, publicó columnas y dio entrevistas en las que sostuvo su diagnóstico sobre la infiltración comunista, el deterioro judicial y el deber de las Fuerzas Armadas. Su discurso pasó del uniforme a la tribuna sin cambiar de contenido.
- 1998
Asesinato
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Landazábal fue asesinado en 1998, catorce años después de dejar el Ministerio de Defensa. Su muerte cerró la trayectoria de una figura que había transitado del mando operativo a la polémica pública sin abandonar el mismo diagnóstico sobre el conflicto colombiano.
La semblanza del militar-ideólogo
Landazábal no fue el único general colombiano que se opuso a las políticas de paz del gobierno Betancur, ni el primero en articular la doctrina del enemigo interno. Sus sucesores en el Ministerio de Defensa —los generales Miguel Vega Uribe y Matamoros— mantuvieron posiciones igualmente hostiles al proceso de negociación, y ninguno fue removido por ello. Lo que distingue a Landazábal es haber llevado esa posición al terreno público con una explicitud ideológica que la institución castrense rara vez practicaba. Escribió libros, dio entrevistas, publicó columnas, difundió modelos explicativos del proceso marxista-leninista para la toma del poder. Convirtió lo que en otros oficiales era doctrina implícita —una manera de leer el país aprendida en la Escuela de las Américas, en el Plan Lazo, en la lectura de manuales de contrainsurgencia— en un discurso público, argumentado y persistente.
Esa vocación intelectual, sumada a una carrera operativa en el corazón de las campañas militares más simbólicas del siglo XX colombiano, lo convirtió en algo poco común: un general con biblioteca y con memoria, alguien que había mandado tropa en Marquetalia y que después escribía sobre lo que había hecho. Por eso, cuando en 1984 dijo en voz alta lo que buena parte del alto mando pensaba en silencio —que negociar con la guerrilla era un error estratégico y una claudicación institucional—, su declaración no fue leída como opinión personal sino como el diagnóstico de una corporación. Betancur había desafiado la autonomía militar; Landazábal, al renunciar, hizo del desafío un episodio público.
Los orígenes: un ejército profesional en construcción
Landazábal se formó en un Ejército que apenas empezaba a pensarse como profesión. Desde la Guerra de los Mil Días hasta la Segunda Guerra Mundial, los oficiales colombianos habían recibido entrenamiento de misiones alemanas bajo doctrina prusiana, orientada por completo a la guerra convencional entre Estados. La profesionalización, impulsada por Rafael Reyes a comienzos del siglo XX, buscó reemplazar la vieja tradición de oficiales forjados en los campos de batalla civiles —los generales de las guerras del XIX— por una casta educada, jerárquica y técnica.
Durante los años cuarenta y cincuenta, cuando Landazábal comenzaba su carrera, la doctrina del Ejército seguía centrada en la defensa hemisférica, en la lógica de un enemigo externo. Tres experiencias reorientaron esa mentalidad. La represión a los trabajadores en Barrancabermeja y en la zona bananera durante los años veinte había dejado el precedente institucional del Ejército como instrumento contra el conflicto social interno. La represión de los motines del 9 de abril de 1948, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, consolidó ese rol. Y la participación del Batallón Colombia en la Guerra de Corea, entre 1951 y 1954 bajo mando estadounidense, incorporó al oficialato colombiano a la órbita doctrinaria de Washington en plena Guerra Fría.
Landazábal pertenecía a la generación que hizo ese tránsito. Cuando Estados Unidos empezó a exportar sistemáticamente la Doctrina de Seguridad Nacional a América Latina —una construcción articulada alrededor del anticomunismo, la visión bipolar del mundo y la idea de que el frente decisivo de la guerra era interno—, el Ejército colombiano ya estaba dispuesto a recibirla. Su producción intelectual posterior lleva la marca completa de esa formación: la categoría de enemigo interno, la sospecha estructural sobre el sindicalismo y el movimiento estudiantil, la lectura del conflicto colombiano como episodio local de una guerra global.
Fue también en ese período cuando el Ejército transformó su educación institucional. La Escuela Militar de Cadetes elevó su enseñanza al ámbito universitario, y se fundó la Cátedra de Filosofía Militar, un esfuerzo explícito por llevar a los cuadros militares la comprensión de los problemas políticos, sociales y económicos del país. La Cátedra reflejaba un giro doctrinario: los oficiales debían abandonar el apoliticismo tradicional y prepararse para combatir el comunismo no solo con armas, sino también con acción política, económica y social. Landazábal creció profesionalmente dentro de esa nueva sensibilidad, y buena parte de su obra escrita puede leerse como prolongación pública de esa cátedra.
Marquetalia y el bautismo de la contrainsurgencia
El hito que ancla su biografía militar es la participación en las operaciones contra las llamadas repúblicas independientes durante los años sesenta. Marquetalia, Riochiquito, El Pato, Guayabero: los enclaves campesinos del sur del Tolima, el Huila y el Cauca donde comunidades armadas de origen liberal y comunista, replegadas desde la Violencia, se habían dado formas propias de autogobierno. El Plan Lazo, expresión operativa de la doctrina contrainsurgente en Colombia, se propuso eliminarlas.
Marquetalia, en 1964, fue la operación fundacional. Combinó despliegue militar, acción cívico-militar y guerra psicológica bajo la lógica que los manuales estadounidenses habían popularizado como "quitarle el agua al pez": privar a la guerrilla de la base social que la sostiene. La operación no aniquiló a los alzados —Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas escaparon al cerco y fundarían las FARC dos años después, en 1966— pero quedó grabada como el momento en que el Ejército colombiano dejó de librar guerras convencionales y empezó a librar una guerra irregular que no ha terminado. Landazábal participó en esa operación y no dejó de escribir sobre ella. Marquetalia fue para él, hasta el final, la clave interpretativa del conflicto colombiano: el momento en que la subversión comunista se instaló en el territorio nacional y desde el cual todo lo que vino después —el M-19, el ELN, el EPL, la protesta social, las huelgas, las tomas de tierras— podía ser leído como derivación de aquel foco original.
Esa lectura, que congelaba la política colombiana en el molde de 1964, sería su seña distintiva como intelectual militar. En sus escritos posteriores difundió un modelo del proceso marxista-leninista para la toma del poder: fases, métodos, infiltraciones, guerra política combinada con guerra armada. El modelo, más que analizar la realidad colombiana, le imponía una plantilla. Pero la plantilla era funcional: permitía leer cualquier conflicto social como capítulo de un plan más amplio y, por tanto, tratarlo como amenaza militar.
El Estatuto de Seguridad: el ensayo general
Antes de que Landazábal llegara al ministerio, la doctrina contrainsurgente había tenido su formulación política más agresiva bajo el gobierno de Julio César Turbay Ayala. El Estatuto de Seguridad, expedido en 1978, fue la aplicación colombiana más pura de la Doctrina de Seguridad Nacional. Consistió en tres decretos: dos dirigidos contra insurgentes rurales y urbanos, y uno contra productores y traficantes de drogas. Bajo su vigencia, la protesta social y el delito político fueron trasladados a la justicia penal militar, se institucionalizó la tortura, se ampliaron las prerrogativas de los organismos de seguridad para detener sin orden judicial y se produjo un aumento notable de desapariciones forzadas.
Las cifras del período divergen: entre ocho mil y dieciséis mil personas detenidas por razones políticas, la gran mayoría juzgadas en tribunales militares. Amnistía Internacional visitó Colombia en 1980, sensibilizada por organizaciones locales de derechos humanos, y documentó las prácticas del régimen de excepción. El Estatuto fue diseñado para exterminar la subversión y produjo lo contrario: los movimientos de oposición se fortalecieron, los grupos insurgentes crecieron. Turbay levantó el estado de sitio a mediados de 1982, tras seis años ininterrumpidos, argumentando que la acción subversiva estaba controlada. Era el reconocimiento tácito del fracaso.
El Estatuto fue el ensayo general de la doctrina en la que Landazábal creía. Su expansión del rol militar coincidió con el fracaso del Frente Nacional en construir el consenso necesario para su legitimidad: la coerción se había vuelto el mecanismo primario de control estatal, y esa coerción se ejercía desde una autonomía militar que, bajo el estado de sitio permanente, no rendía cuentas al poder civil. Cuando Landazábal llegó al ministerio en 1982, heredó esa arquitectura y creyó que había que defenderla.
El ministerio: la fractura con Betancur
Belisario Betancur asumió la presidencia en agosto de 1982 con una apuesta que rompía dos décadas de gestión del orden público: negociar con las guerrillas. El 19 de noviembre de 1982, el Congreso aprobó, por iniciativa del Ejecutivo, la Ley 35, que otorgaba amnistía a los guerrilleros alzados en armas. La Comisión de Paz presidida por Otto Morales Benítez inició contactos con varios grupos: las FARC, el M-19, el ADO. La amnistía beneficiaría también al EPL. Era un giro copernicano en la política de Estado.
Landazábal, primer ministro de Defensa de Betancur, reaccionó tan pronto como se conoció la Ley de Amnistía. En octubre de 1982 declaró, con brevedad lapidaria: "Esperemos que ésta sea la última amnistía". La frase concentraba en once palabras la totalidad de su diagnóstico: las amnistías eran claudicaciones, cada una fortalecía a la guerrilla, y la historia colombiana —con sus perdones seriales— era un catálogo de errores. Desde el arranque, el ministro de Defensa marcaba distancia con la política presidencial que estaba obligado a acompañar.
Durante 1983, la tensión se administró en el registro de la ambigüedad. Landazábal denunció públicamente la infiltración comunista en el magisterio y los establecimientos educativos, expresó preocupación por el deterioro de la estructura judicial, defendió el principio de autoridad y afirmó que las Fuerzas Armadas no cesarían en el cumplimiento de su deber para garantizar la vida, los bienes y la honra de los colombianos. Cada intervención era un recordatorio de que el ministro no compartía el optimismo del presidente sobre la posibilidad de una paz negociada.
El pulso se agravó cuando la Procuraduría, a instancias del propio Betancur, empezó a investigar los vínculos entre militares y el grupo paramilitar MAS —Muerte a Secuestradores—, creado en 1981 con financiación del narcotráfico y expandido después bajo el paraguas de propietarios rurales y sectores militares locales. A finales de 1982, el procurador Carlos Jiménez Gómez organizó una misión mixta con jueces de instrucción. Las investigaciones penales contra militares por paramilitarismo eran asumidas por la justicia penal militar, sistema en el que dichos casos no tenían posibilidad de prosperar. La impunidad era institucional. Aun así, la sola existencia del informe fue leída por el alto mando como una afrenta.
El 9 de febrero de 1984, las Fuerzas Armadas publicaron en El Espectador un comunicado que negaba el uso de organismos paramilitares en el cumplimiento de su misión. La declaración —hecha desde el ministerio que Landazábal dirigía— fijaba la posición institucional: no había vínculos, no había complicidad, no había MAS militar. Ese mismo día, otras declaraciones de Landazábal difundían el modelo explicativo del proceso marxista-leninista para la toma del poder. El ministro no se defendía en clave técnica; se defendía en clave ideológica, redoblando la doctrina.
La ruptura llegó ese mismo año. Landazábal declaró que no podía haber negociaciones ni acuerdos con las guerrillas. La declaración, hecha por un ministro en ejercicio contra la política central de su presidente, era una impugnación pública. Renunció. Si la renuncia fue voluntaria por incompatibilidad o inducida por Betancur, es un matiz que las crónicas del período no acaban de resolver, pero el resultado fue el mismo: el primer ministro de Defensa del gobierno de paz salía por la puerta de la coherencia doctrinaria, no por la del acuerdo con el proyecto que estaba obligado a servir.
Los sucesores y el límite de la fractura
La lectura fácil convertiría la renuncia de Landazábal en el momento en que el poder civil se impuso al poder militar. La lectura precisa muestra lo contrario. Sus sucesores mantuvieron posiciones idénticas. El general Matamoros, ministro inmediato después de Landazábal, se opuso también a los acuerdos de tregua. El general Miguel Vega Uribe, segundo ministro de Defensa de Betancur, ordenó un estado de alerta permanente a todas las unidades de combate y, argumentando que era imposible distinguir a quienes se habían desmovilizado de quienes seguían operando armados, emitió órdenes que en la práctica contradecían el espíritu del cese al fuego pactado con las FARC. Vega Uribe compartía con Landazábal el perfil doctrinario: general con formación sólida en guerra de guerrillas e inteligencia, cuadro típico del período.
El dato es decisivo. Si Landazábal hubiera sido un disidente aislado, su reemplazo habría bastado para reencauzar la política. No bastó. Lo que la renuncia hizo visible es que la doctrina contrainsurgente no era propiedad personal de un ministro sino patrimonio institucional de las Fuerzas Militares, y que Betancur —a pesar del respaldo constitucional y del mandato electoral— carecía de instrumentos reales para subordinarlas. La autonomía militar heredada del Frente Nacional y consolidada bajo el Estatuto de Seguridad no se desmontaba con un cambio de ministro; era una arquitectura estructural que ningún ejecutivo posterior desafiaría con la misma frontalidad hasta muchos años después.
Mientras tanto, en el terreno, la desconfianza militar frente al proceso de paz se traducía en una alianza táctica con propietarios rurales locales y con los grupos más hostiles a la guerrilla. Los grupos paramilitares aprovecharon el contexto para fortalecerse. La ausencia de mecanismos efectivos de verificación del cese al fuego, la excarcelación de guerrilleros que no entregaban armas y la sensación militar de estar peleando una guerra que sus superiores civiles habían decidido perder empujaron la lógica del paramilitarismo hacia una expansión que marcaría la década siguiente.
La red: doctrina, escritura, política
Landazábal no vivió su carrera en soledad. Se movió en una red densa de oficiales, políticos, empresarios e intelectuales que compartían el diagnóstico contrainsurgente. Pablo Emilio Guarín, dirigente político del Magdalena Medio, impartía charlas político-ideológicas a integrantes de grupos paramilitares en las que señalaba a las FARC como una amenaza de golpe de Estado y sostenía que la guerrilla debía combatirse no solo con armas sino con política. Los propietarios rurales que financiaban al MAS y a sus derivaciones ofrecían la base económica. Los mandos locales militares aportaban logística, información y, en muchos casos, tolerancia operativa. Landazábal aportaba la voz pública y el marco doctrinario.
Su producción escrita se inscribe en una posición de justificación explícita de la guerra contrainsurgente: intelectuales, militares y políticos que construyeron argumentos para demostrar que sus afirmaciones sobre cuestiones constitucionales y de justicia eran razonables, y que las acciones bélicas congruentes con ellas eran correctas. En esa categoría, Landazábal fue uno de los articuladores más constantes. Sus libros funcionaban simultáneamente como manuales militares, memorias personales y programas políticos. Defendía la guerra contrainsurgente como necesidad histórica y como derecho institucional.
El marco jurídico en el que operaba tenía raíces largas. Desde 1903, la doctrina dominante en Colombia había cerrado toda posibilidad al reconocimiento político de la rebelión armada, criminalizando al rebelde. Ese giro moderno del derecho colombiano —que trataba al alzado en armas como delincuente común y no como adversario político con estatuto propio— proporcionaba a la doctrina contrainsurgente un cimiento jurídico. Landazábal se movía dentro de ese marco sin cuestionarlo, y contra la Ley de Amnistía precisamente porque suspendía, aunque fuera parcialmente, esa criminalización.
Su relación con el poder político posterior a 1984 fue la de un civil influyente. Salido del uniforme, pasó al debate público como columnista, conferencista y figura de opinión de la derecha colombiana. Sus intervenciones seguían la misma línea: el peligro del comunismo, la crítica a las negociaciones, la defensa del principio de autoridad, la denuncia de la infiltración subversiva en instituciones civiles. Fue una voz constante en un ecosistema de derecha que reunía a militares retirados, dirigentes del Movimiento de Salvación Nacional de Álvaro Gómez Hurtado, sectores empresariales y una parte del periodismo conservador.
Con Álvaro Gómez Hurtado, la coincidencia doctrinaria era casi natural. Gómez había sido el gran opositor conservador a la política de paz de Betancur; había sobrevivido al secuestro del M-19 en mayo de 1988 —secuestro que, paradójicamente, revivió su vigencia política y abrió una ventana de diálogo nacional— y había terminado presidiendo la Asamblea Constituyente de 1991 junto a Antonio Navarro, el M-19 desmovilizado, en una de las alianzas más inesperadas de la transición constitucional colombiana. Landazábal orbitó en el mismo campo político, aunque desde la retaguardia intelectual del militar retirado que interpretaba el país en clave de guerra revolucionaria.
Los años noventa: la doctrina persiste
La década de los noventa encontró a Landazábal fuera del uniforme pero dentro del debate. La Directiva 200-05/91, expedida por el Ministerio de Defensa, autorizó la creación de redes de inteligencia encubiertas integradas por militares en retiro o civiles, con fachadas, historias ficticias y comunicaciones secretas. Analistas y organizaciones de derechos humanos han señalado que las características de esas redes facilitaron vínculos entre agentes de las Fuerzas Armadas y grupos paramilitares. La institución que Landazábal había dirigido no había roto con la lógica que él encarnaba; la había reconfigurado bajo nuevas formas.
Durante el gobierno de Ernesto Samper, entre 1994 y 1998, la fractura entre poder civil y poder militar volvió a hacerse visible, y esa fractura contribuía al fortalecimiento del paramilitarismo, cuyo agravamiento se relacionaba también con la ausencia de negociaciones de paz. Landazábal, como referente intelectual de la derecha militar, era parte de ese paisaje: no ministro, no comandante, pero sí voz. La doctrina que había defendido en 1982-1984 seguía viva, y quienes la profesaban ocupaban ahora posiciones más difusas pero no menos influyentes.
En 1995 fue asesinado Álvaro Gómez Hurtado. El magnicidio, ocurrido en Bogotá el 2 de noviembre, marcó un antes y un después en la crisis política del gobierno Samper y quedó rodeado de sospechas cruzadas —narcotráfico, sectores del propio Estado, retaliaciones múltiples— que todavía hoy no se han despejado del todo. Ese contexto de violencia política de altísimo nivel, en el que caían dirigentes de todas las orillas, era el mismo en el que Landazábal seguía interviniendo públicamente. En mayo de 1998, él mismo fue asesinado en Bogotá. Su muerte, como la de Gómez, se produjo en el marco de una crisis nacional en la que el conflicto armado había desbordado los cauces institucionales y en la que las autorías materiales e intelectuales seguían siendo, en muchos casos, terreno de disputa antes que de esclarecimiento.
La huella: doctrina, autonomía y las cuentas pendientes
La huella de Landazábal se mide en tres registros que conviene no confundir.
El primero es doctrinario. Landazábal fue el articulador público más constante de la lectura del conflicto colombiano como guerra revolucionaria irreductible a la negociación política. Esa lectura —que reducía la protesta social, el sindicalismo, el movimiento estudiantil y la izquierda electoral a expresiones tácticas de un mismo plan comunista— dio marco a la práctica represiva del Estado colombiano durante décadas. Bajo su lógica, la categoría de enemigo interno se extendió mucho más allá de la guerrilla, y las huelgas, manifestaciones y campañas electorales de ciertas condiciones fueron tratadas como focos de conflicto. Las consecuencias fueron documentadas: detenciones indiscriminadas, allanamientos, torturas, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales. Landazábal no fue el autor personal de cada una de esas prácticas, pero fue uno de los intelectuales que sostuvieron el marco que las hacía posibles.
El segundo es institucional. Su renuncia de 1984 se conserva como el episodio-síntoma de la autonomía militar colombiana. Reveló que las Fuerzas Armadas del país habían desarrollado, bajo el estado de sitio permanente, una capacidad de veto sobre las políticas de paz de los gobiernos civiles, y que ningún ejecutivo tenía instrumentos suficientes para revertirla sin ruptura. La lección de 1984 pesó sobre los gobiernos siguientes: Virgilio Barco, César Gaviria, Ernesto Samper, cada uno enfrentó la misma tensión estructural, y ninguno la resolvió del todo. La subordinación efectiva del poder militar al poder civil, principio elemental de una democracia constitucional, siguió siendo en Colombia una cuestión abierta.
El tercero es historiográfico. Landazábal, precisamente porque escribió tanto, dejó documentada su versión del país. Sus libros permiten leer con nitidez cómo pensaba una parte importante del alto mando colombiano, qué categorías usaba, qué genealogías reclamaba, qué enemigos identificaba. Esa transparencia ideológica es hoy un recurso invaluable para quienes buscan reconstruir la historia del conflicto armado no solo desde las víctimas y los alzados en armas, sino también desde los actores estatales que lo condujeron. En ese sentido, Landazábal —a pesar de sí mismo, o quizás por su propia insistencia doctrinaria— es un archivo abierto.
Queda una tensión que su figura no permite eludir. La biografía de Landazábal se cuenta a menudo como la de un militar excepcional: el intelectual entre los pragmáticos, el ideólogo entre los operadores. Esa lectura, aunque tiene fundamento, corre el riesgo de personalizar lo que fue estructural. La doctrina que él defendió no era suya: la había recibido de la Escuela de las Américas, del Plan Lazo, de la Cátedra de Filosofía Militar, de la larga tradición represiva del Ejército colombiano desde los años veinte. Y no murió con él: sobrevivió en sus sucesores, en las directivas de inteligencia de los noventa, en las alianzas locales con el paramilitarismo, en la propia cultura institucional de un ejército que nunca terminó de subordinarse plenamente al poder civil.
Contar a Landazábal como caso individual es útil, porque las biografías dan textura a lo que la historia estructural aplana. Pero la lección de su trayectoria no está en su singularidad, sino en su representatividad. Fue, ante todo, la voz articulada de una posición institucional. Que esa posición haya tenido en él a su ideólogo más público es lo que lo vuelve indispensable para entender el conflicto armado colombiano. Que la posición lo haya sobrevivido es lo que impide cerrar el expediente con su muerte.
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Documentos y fragmentos citados
40 documentos · 47 fragmentos01Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · Página 2231 cita
[1]sea la última amnistía”. 43 The high rotativity of Ministers of Defense illustrates the tensions across the civil- military boundary that characterized this period. It is also noteworthy that the two first Ministers of Defense in the Betancur’s administration (1982–1986), Landazábal Reyes and Vega Uribe, had a very…
p. 223
02Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2601 cita
[2]guerrilla que se presentaba como generosa y abierta y, despu é s de levantar el estado de sitio, logr ó la aprobaci ó n de una ley de am nist í a que permiti ó a unos 1 500 guerrilleros salir de las c á rceles sin que sus grupos entregaran las armas y sin que los beneficiarios tuvieran que renunciar a la guerra. As í,…
p. 260
03Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 381 cita
[3]MIR Patria Libre, el Frente Ricardo Franco y el Comando Quintín Lame 64. 60 La última charla con John Agudelo Ríos, presidencia de la República, Oficina del Alto Comisionado para la Paz, Bogotá, 2005, página16. 61 Ídem, página19. 62 Ídem, página 23. 63 Ídem, página 26. 64 Villamizar, Darío, Un Adiós a la Guerra,…
p. 38
04Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 1421 cita
[4]en un momento en el que comenzaban a crecer sus recursos por su apoyo a la siembra de coca. De cierto modo, en 1983 ni los militares ni la guerrilla tomaron positivamente el proceso de negociaciones: para ambos era una molestia promovida por los inevitables asociados civiles, en el gobierno o el partido. Mientras la…
p. 142
05"Falsos positivos" en Colombia y el papel de la asistencia militar de Estados Unidos, 2000-2010Movimiento de Reconciliación (FOR), Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos (CCEEU) · 2014 · Página 231 cita
[5]en Colombia a. e jecuciones como expresión de “L a v io L encia ” y L a d octrina de s eguridad n aciona L, 1946-1988 El año de 1946 ha sido definido por parte de los historiadores modernos como el año en que se origina en Colombia un conflicto violento ininterrumpido hasta el día de hoy, en el que la violencia contra…
p. 23
06Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · Página 571 cita
[6]o en contra de la nación, nunca neutrales, dada la visión que se hacía a través del prisma de la lucha contrainsurgente. En ese sentido, las huelgas, la manifestación social y las campañas electorales de ciertas condiciones eran consideradas como focos de con fl ictos y, por ende, sujetos de control estatal 64. La in…
p. 57
07Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · Página 322 citas
[7]Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…
p. 32
[8]Estatuto) facilitó “el deslinde entre las acciones militares legítimas y las violatorias de los derechos humanos” (Leal, 2002,p. 27), acorde con los principios doctrinarios clásicos, sobreviniendo en el país las estra- tegias contrainsurgentes que fueron descritas por Daniel Feirstein (2009) como características en…
p. 32
08Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · Página 641 cita
[9]defender exclusivamente las fronteras nacionales para empezar a enfrentar a los armados en el país, lo que exigía el abandono del apoliticismo y la neutralidad de la institución castrense. En tanto que se planteaba combatir el comunismo no solo desde una clara estrategia militar, sino también que su freno debía…
p. 64
09Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · Página 641 cita
[10]la Escuela Militar de Cadetes a fin de elevar la enseñanza en el ámbito universitario y se fundó la Cátedra de Filosofía Militar, con el fin de explicar el sentido y la misión de las Fuerzas Armadas y dar a conocer el papel de esta institución. También se hizo un esfuerzo por llevar a los cuadros de las Fuerzas…
p. 64
10Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · Página 2041 cita
[11]las posteriores políticas gubernamentales de negociación con las guerrillas, generaron el reacomodamiento institucional militar para seguir dando vida a la doctrina y a la estrategia contrainsurgente. La aplicación nacional fracasó a finales del gobierno Turbay, pero su implementación posterior se realizó en el…
p. 204
11Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 3851 cita
[12]los estados de excepción y los territorios, especialmente rurales; cuarto, el modelo de inteligencia y su impacto en violaciones de los derechos humanos; quinto, la limitada independencia de la justicia en el conflicto armado; sexto, la aceptación de la injerencia de Estados Unidos; y séptimo, el uso de civiles en las…
p. 385
12Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 931 cita
[13]subversión hecha por medios oficiales y privados de comunicación masiva; l. Las Fuerzas Armadas están alarmadas ante el deterioro de la estructura judicial del país; m. Existe en las Fuerzas Armadas una profunda preocupación por la infiltración comunista en el magisterio y en los establecimientos educativos en todos…
p. 93
13Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · Página 1841 cita
[14]in- ternacional, mucho menos cuando las guerrillas comunistas aún continúan en guerra en Colombia y no se avizoraban perspectivas de paz en el corto plazo. La esencia de la doctrina de seguridad era combatir al enemigo interno para contener la expansión del comunismo internacional, sin que se cuestionara necesariamen-…
p. 184
14Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 511 cita
[15]durante más de una década. EL GOBIERNO DE JULIO CÉSAR TURBAY AYALA, 1978-1982 Antes de finalizar este primer capítulo, y aunque ya se han apuntado algunas de las cuestiones en torno a los diferentes gobiernos presidenciales que tienen lugar en Colombia desde los años ochenta, resulta necesario recoger de un modo algo…
p. 51
15Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 861 cita
[16]Leyva y el General Abraham Barón Valencia que era el ministro de guerra de la época, el ministro de Defensa del gobierno López, pidieron endurecer las medidas. […] Un mes después de posesionado, el doctor Julio César Turbay aprobó el Estatuto de Seguridad que es uno de los hechos más vergonzosos de la historia…
p. 86
16Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · Página 3081 cita
[17]such bilateral cooperation. “The contaminating wave of social decomposition and immorality that knocks on the doors of the majority of countries,” new president Julio Cesar Turbay Ayala (1978–82) announced in his inaugural speech, “forced all nations to take care of the important problem of restoring ethical values,…
p. 308
17En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · Página 371 cita
[18]del modelo de sustitución de importaciones, y del otro, la crisis agraria. El resultado fue una ola de protestas y ma- nifestaciones en el nivel nacional que desembocaron en el Paro Cívico del 77, que costó la vida a 18 ciudadanos y la privación de libertad a 3.000. Los militares trataron de imponer el llamado…
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18Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · Página 531 cita
[19]eight thou- sand Colombians were detained for “political reasons,” with the vast major- ity tried in military courts. During this same period a noticeable increase of forced disappearances and allegations of torture at the hands of military offi- cials was documented by human rights organizations (Gallon 1991, 13–15).…
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19El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 322 citas
[20]los derechos humanos y para las garantías constitucionales, fueron muy importantes las primeras visitas que Colombia recibió de organizaciones interna- cionales de defensa de derechos humanos, así como de mecanis- mos de protección de derechos humanos del sistema regional y del sistema universal de derechos humanos.…
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[21]los derechos humanos y para las garantías constitucionales, fueron muy importantes las primeras visitas que Colombia recibió de organizaciones interna- cionales de defensa de derechos humanos, así como de mecanis- mos de protección de derechos humanos del sistema regional y del sistema universal de derechos humanos.…
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20El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 1432 citas
[22]represión Al final del gobierno de Turbay Ayala la situación económica se agravaba: la tasa de crecimiento decaía de 8,9% en 1978, a 2% en 1982. La corrupción danzaba entre las instituciones del Estado, a pesar de que Turbay Ayala había ofrecido, en una de sus antológicas frases: “La reduciré a sus justas…
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[23]represión Al final del gobierno de Turbay Ayala la situación económica se agravaba: la tasa de crecimiento decaía de 8,9% en 1978, a 2% en 1982. La corrupción danzaba entre las instituciones del Estado, a pesar de que Turbay Ayala había ofrecido, en una de sus antológicas frases: “La reduciré a sus justas…
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21Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · Páginas 179, 1802 citas
[24]DE LA CRÍTICA DE LA VIOLENCIA Respecto a la guerra que las guerrillas le declararon al Estado colombiano durante los años sesenta, a su posterior escalada y a la emergencia de grupos paramilitares y narcotraficantes que hicieron más cruenta y compleja la contienda bélica, es posible identificar al menos cuatro…
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[25]DE LA CRÍTICA DE LA VIOLENCIA Respecto a la guerra que las guerrillas le declararon al Estado colombiano durante los años sesenta, a su posterior escalada y a la emergencia de grupos paramilitares y narcotraficantes que hicieron más cruenta y compleja la contienda bélica, es posible identificar al menos cuatro…
p. 179
22Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · Página 151 cita
[26]enemigos internos. Cuando la última guerra del siglo X I X terminó —la Guerra de los Mil Días, en 1903—, la doctrina dominante cerró toda posibilidad al reconocimiento del carácter político de la rebelión armada y envió a los rebeldes a las tinieblas del mundo ilegal, junto con los criminales y con los exaltados que…
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23Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 411 cita
[27]D E U N C O N F L IC T O A R M A D O IN C O N C L U S O 47 1903). La mentalidad castrense se coció a fuego lento en la represión a los trabajadores petroleros de Barrancabermeja y de la zona bananera de Santa Marta en la década de 1920; en la represión de los masivos motines del 9 de abril de 1948, achacados nacional…
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24Desterrados: Crónicas del desarraigoAlfredo Molano · 2001 · Página 81 cita
[28]Fue una pelea desigual que, debo reconocer, fue posible dar gracias a que el gobierno nunca me impidio opinar libremente, inclusive contra muchas de sus tesis. POI' su parte, El Espectador no suprimio de III, IH II I':,Il I' I': II II i\ II II N mis columnas ni siquiera una coma; antes bien, me enseii6 a ponerlas. En…
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25Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · Página 1781 cita
[29]que se encontraba en ese entonces la institución. Esta impotencia era particularmente clara cuando se trataba de investigaciones contra los militares, que eran asumidas pronto por la justicia penal militar, un sistema en el que los casos por paramilitarismo no tenían ninguna posibilidad de prosperar (Jiménez Gómez,…
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26Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · Página 831 cita
[30]En ella se faculta al Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea para establecer redes de inteligencia que suministren información y reciban órdenes del Estado Mayor conjunto, correspondiendo la tarea de supervisar la organización de estas al Comando General de las Fuerzas Militares. En esta directiva se autorizó…
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27El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · Página 1632 citas
[31](Verdad Abierta, 2008, 25 de agosto) Uno de los desmovilizados recuerda que las charlas políticas de Guarín ha- cían parte de su instrucción dentro de los paramilitares. Pablo Emilio Guarín nos decía que las FARC querían darle un golpe de estado al gobierno, y que nosotros teníamos que defender esa parte, ayu- dar a…
p. 163
[32](Verdad Abierta, 2008, 25 de agosto) Uno de los desmovilizados recuerda que las charlas políticas de Guarín ha- cían parte de su instrucción dentro de los paramilitares. Pablo Emilio Guarín nos decía que las FARC querían darle un golpe de estado al gobierno, y que nosotros teníamos que defender esa parte, ayu- dar a…
p. 163
28Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · Página 851 cita
[33]están lu- chando contra nuestros enemigos, no tenemos ningún interés en comba- tirlos»25. Está visión se oye dentro de los círculos más altos de los mandos militares 26. De esta manera, las relaciones entre el Estado y los grupos son de colaboración en las zonas es en el terreno, mientras el tar. Este análisis se LOS…
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29Testigos olvidados. Periodismo y paz en ColombiaAndrés Felipe De Pablos, Luisa Fernanda Gómez · 2017 · Página 22 citas
[34]cercano al, y la Unión PCML EPL EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:27:22 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 50 Patriótica. El Frente Popular logró dos alcaldes, 30 concejales y dos diputados. La consiguió 20 alcaldías y 70 puestos en…
p. 2
[35]cercano al, y la Unión PCML EPL EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:27:22 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 50 Patriótica. El Frente Popular logró dos alcaldes, 30 concejales y dos diputados. La consiguió 20 alcaldías y 70 puestos en…
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309 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · Página 401 cita
[36]que restableció un nuevo aire para un proyecto de paz con un renovado interés, pero también le dio a la paz, por el momento, un cierto sesgo de oposición. Para algunos, el secuestro había tenido el doble efecto de reavivar la vigencia de Álvaro Gómez, muy venido a menos desde el punto de vista político por la derrota…
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31¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 1011 cita
[37]UP, luego de queJaime Pardo Leal también fuera asesinado; y Carlos Pizarro, excomandante de un M-19 que recogía un respetable apoyo popular tras su conversión en partido político. Al tiempo, el narcotráfico, en alianza con grupos políticos y paramilitares, venía de asesinar a los periodistas Guillermo Cano y Jorge…
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32La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 871 cita
[38]huida de líderes sociales y políticos, destacados miembros del sector académico, exguerrilleros y sus familias, sindicalistas y también operadores de justicia que llevaban procesos relacionados con los vínculos entre sectores económicos y militares, así como del paramilitarismo y narcotráfico. 115 El hecho devela…
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33Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 331 cita
[39]la institución castrense. Ya desde la Constitución de 1886 se había establecido que Colombia contaría con un ejército único no deliberante, pero las guerras de 1895 y de los EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:21:44 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to…
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34Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · Página 431 cita
[40]facilitated subsequent interventions. The United States initiated its military interventions in Colombia in the 1850s, in support of the U.S. owners and users of the Panama Railroad, lo - cated in what was then still part of Colombia. After the United States “took Panama” from Colombia, in the words of Theodore Roo se…
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35Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · Página 3221 cita
[41]157–58, 159–60, 190–92; and internal security, 171, 187–88, 191–92, 195–98, 199 Military Attachés. See Attachés, Brazilian Mili- tary; Attachés, Colombian Military; Atta- chés, U.S. Military Military Equipment, U.S., 28–31, 37, 60–62; con- troversies over the distribution of, 60–62, 157–62. See also Lend-Lease Program…
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36Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · Página 511 cita
[42]de salud. 53 1MKYIPäRKIP(¿E^]*EYWXMRS0ºTI^)PTEVEQMPMXEVMWQSIREGGMºR Un segundo paso sería dado el 19 de noviembre de 1982, con la expedición de la Ley No. 35 de 1982, que otorgaba una amnistía por delitos políticos 82 y fue aprobada por el Congreso a iniciati- va del Poder Ejecutivo. Con ello, como lo señaló Alfredo…
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37¡Adiós a las FARC! ¿Y ahora qué? Construir ciudadanía, Estado y mercado para unir las tres ColombiasClaudia López Hernández · 2016 · Página 1671 cita
[43]se beneficiaron gue- rrilleros de las FARC, M -19, ELN, EPL, del PLA (Comando Pedro León Arboleda), de la ORP (Organización Revolucionaria del Pueblo) y de la ADO (Autodefensa Obrera), que fueron excarcelados. El número de beneficiarios varía dependiendo de la fuente, sin embargo, en la mitad de su gobierno, Betancur,…
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38La Tragedia del Palacio de JusticiaEnrique Parejo González · 2010 · Página 101 cita
[44]Belisario Betancur presentó, entre sus propuestas, la de buscar la paz con la guerrilla. Una vez elegido, hizo contacto con las distintas organizaciones subversivas y se reunió, en México y en España, con dirigentes del M-19, con el cual trazó los planes para alcanzar el objetivo indicado. En los años setenta, el M-19…
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39Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 5021 cita
[45]Betancur. Durante su administración se propone una nueva conducta en el manejo de los pro- blemas nacionales. Una nueva mentalidad que reclama cambios y reformas políticas y sociales, que reconoce la necesidad de dialogar y negociar para poner punto final al conflicto armado, se abre paso en la opinión pública. Para…
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40Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · Página 1952 citas
[46]la mayor parte de los miembros del M-19 tomaron de nuevo las armas. La respuesta del comandante del M-19, Jaime Bateman, fue decepcionante. Tres días después de que el presidente firmara la ley de amnistía, Bateman la rechazó, diciendo que debería haber estado acompañada de una completa re- forma política y social.…
p. 195
[47]la mayor parte de los miembros del M-19 tomaron de nuevo las armas. La respuesta del comandante del M-19, Jaime Bateman, fue decepcionante. Tres días después de que el presidente firmara la ley de amnistía, Bateman la rechazó, diciendo que debería haber estado acompañada de una completa re- forma política y social.…
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