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Una historia del territorio

Magdalena Medio

El Magdalena Medio no es una región que el Estado colombiano haya construido, sino una que la historia fue imponiendo a pesar de él: una franja de baldíos, selvas y ciénagas donde la soberanía siempre fue disputada y nunca resuelta.

17 min de lectura55 fuentes

En el centro geográfico de Colombia, donde las cordilleras Oriental y Central se abren para dejar pasar al río Magdalena en su tramo medio, se extiende una región que ningún atlas del siglo XIX habría reconocido como tal. El Magdalena Medio no es un accidente natural ni una división administrativa: es una construcción histórica, un mosaico de municipios repartidos entre siete departamentos —Antioquia, Bolívar, Boyacá, Caldas, Cesar, Magdalena y Santander— que la violencia, el petróleo y la ganadería fueron cosiendo en una unidad reconocible. A lo largo de unos 386 kilómetros del río, entre serranías que bajan hasta el agua —el Perijá al norte, San Lucas al occidente, los Yariguíes y las Quichas al oriente—, se ha jugado buena parte de la historia colombiana del siglo XX: allí nacieron el sindicalismo petrolero y el ELN, allí se ensayó el paramilitarismo moderno, allí murieron los últimos Yariguíes y allí, más tarde, la sociedad civil inventó el primer Programa de Desarrollo y Paz del país. Todo ocurrió en un mismo territorio de frontera, donde el Estado colombiano aprendió temprano a delegar su soberanía en quien pudiera imponerla por la fuerza.

La región y su río

La geografía manda en el Magdalena Medio. El río, que nace en el páramo de las Papas a 3.600 metros sobre el nivel del mar y recorre 1.550 kilómetros hasta desembocar en el Caribe, pierde casi toda su energía en este tramo: entre El Hato y Nare, a lo largo de 640 kilómetros, el declive general es apenas del 0,60%. Esa lentitud es el rasgo definitorio. El río se ensancha, se ramifica en caños y ciénagas, deposita sedimentos, forma vegas fértiles y humedales. Alrededor se despliegan las tierras bajas, calientes y húmedas, cerradas por la selva tropical que Lucas Fernández de Piedrahita describió como obstáculo mayor para los primeros europeos que la cruzaron.

Los cuatro ejes de la vida regional han sido siempre los puertos: Puerto Berrío en Antioquia, La Dorada en Caldas, Puerto Boyacá en Boyacá y, sobre todos, Barrancabermeja en Santander. En torno a ellos se organiza la red de circulación: la Troncal del Magdalena Medio, la Troncal de la Paz que enlaza el nororiente antioqueño con el sur de Bolívar, la vía que baja de Medellín por Puerto Berrío, Cimitarra, Landázuri y Vélez hasta Tunja, y una red férrea que durante décadas fue columna vertebral del país. A ese potencial de conexión, tantas veces enunciado, se suma el proyecto recurrente de recuperar la navegabilidad del río hasta el mar, promesa que atraviesa el siglo XX sin cumplirse del todo.

La combinación de río lento, tierras fértiles, selvas cerradas y corredor entre el interior andino y la costa hizo del Magdalena Medio una frontera interna. No una frontera lejana en un confín del país, sino una franja de baldíos, selvas y ciénagas atravesada por el río más importante de Colombia, a pocas horas de las capitales andinas y, sin embargo, durante siglos ajena a su orden institucional.

Los primeros habitantes y su extinción

Cuando Gonzalo Jiménez de Quesada llegó en 1536 al poblado de Latora —el sitio de la actual Barrancabermeja—, encontró un territorio habitado por pueblos que los cronistas llamarían Yariguíes, Carares y Opones. La expedición inauguró de inmediato lo que la memoria regional ha recogido durante generaciones: hechos de guerra. Los Carares y Opones respondieron con las armas a la agresión sobre sus territorios y sementeras. Los españoles, incapaces de someterlos, los englobaron en la categoría genérica de "caribes", nombre que aplicaban a cualquier grupo que resistiera con arcos y flechas envenenadas.

La selva y el clima protegieron a estos pueblos durante buena parte del período colonial. La resistencia de los Yariguíes se hizo leyenda, y esa leyenda —la del indio invicto de las tierras calientes— alimentó después la autopercepción de los pobladores de la región. Pero la protección se acabó en el siglo XIX, cuando la economía exportadora empujó a quineros y cazadores a internarse en las vertientes en busca de cascarilla. Las cifras son de una brutalidad sin matices: la población Yariguí, calculada en unos 15.000 individuos hacia 1860, había quedado reducida a apenas dos docenas en 1925. Sesenta y cinco años bastaron para el exterminio.

El proceso fue diverso pero convergente: quineros que ocupaban territorios ancestrales, cazadores que perseguían indígenas como si fueran fauna, compañías de colonización que arrasaban con lo que encontraban, colonos campesinos que avanzaban por su cuenta. En 1924, cuando ya no quedaban casi indios que matar, El Tiempo reseñó una masacre en el Opón perpetrada por una compañía de colonización: aún al final, cuando la extinción era prácticamente un hecho, la violencia siguió operando. De los Yariguíes, hoy, sobreviven sobre todo los nombres: el aeropuerto de Barrancabermeja, la serranía llamada indistintamente de Los Cobardes o de los Yariguíes. Un pueblo entero reducido a toponimia.

Baldíos, colonos y el sistema del despojo

El vacío dejado por la desaparición indígena se llenó rápido. Hacia 1920–1930, el Magdalena Medio santandereano tenía unos 100.000 habitantes. La corriente colonizadora avanzó por las tierras liberadas del enemigo original y se estrelló casi de inmediato contra una segunda frontera: la de los baldíos.

En teoría, las tierras públicas debían adjudicarse a quien las trabajara. En la práctica, el sistema de baldíos operó en el Magdalena Medio como una maquinaria de concentración. El caso más flagrante ocurrió en el Carare: una adjudicación original de 435 fanegadas, hecha en 1937, fue convertida mediante escrituras falsas en 150.000 fanegadas. Parte de esa superficie fantasma —trescientas cincuenta veces mayor que la adjudicación real— fue vendida después a la compañía petrolera británica Lobitos Oilfields Limited, en una operación en la que aparecieron involucrados la firma Pedro A. López y Compañía y el propio presidente Alfonso López Pumarejo. El fraude no era anomalía: era el mecanismo. En Colombia, buena parte de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 provenía probablemente de usurpaciones ilegales de tierras públicas, y el Magdalena Medio fue uno de los escenarios donde ese patrón se ejecutó con menos disimulo.

La consecuencia estructural fue una distribución agraria polarizada: unos pocos grandes propietarios controlaban la mayor parte de la tierra, mientras la mayoría de los colonos se establecía en pequeñas parcelas siempre amenazadas. En torno a La Dorada y Puerto Boyacá, la ganadería extensiva se instaló como la forma dominante de organización económica, sumada a la inversión privada y a la explotación minera. El latifundio ganadero del Magdalena Medio no fue solo una forma de producción: fue una forma de gobierno del territorio.

La movilización social que surgió contra ese orden tuvo un rasgo peculiar. Se desplegó, en su mayor parte, al margen del bipartidismo —salvo en La Dorada y Puerto Salgar—, porque las estructuras liberales y conservadoras nunca terminaron de asentarse allí. En ese vacío político, cuando el conflicto entre terratenientes y campesinos escalaba, no había policía civil que mediara: había ejército. La presencia estatal, cuando se hacía sentir, era militar y represiva. El resto del tiempo era simple ausencia. Ese doble régimen —ausencia rutinaria, represión episódica— dejó abierto el espacio que después ocuparían las organizaciones armadas irregulares, primero para resolver disputas de tierra por su cuenta y luego para reemplazar al Estado en funciones más amplias.

El enclave petrolero

Sobre este territorio de colonos y baldíos disputados cayó, en 1905, el petróleo. El 28 de noviembre de ese año, el ministro de Obras Públicas Modesto Garcés otorgó a Roberto de Mares la concesión para explotar hidrocarburos en la región de Infantas, en la confluencia de los ríos Colorado y Oponcito, provincia de Zapatoca, cerca de Barrancabermeja. El contrato se formalizó el 7 de marzo de 1906 por un plazo de treinta años. En junio de 1916 hubo un inicio simbólico de la explotación; poco después, en el contexto de las negociaciones con Estados Unidos sobre el canal de Panamá, De Mares gestionó el traspaso de la concesión y el presidente José Vicente Concha lo autorizó. El nuevo titular fue la Tropical Oil Company, subsidiaria de la Standard Oil.

Con la Tropical Oil llegó al Magdalena Medio el modelo del enclave: una empresa extranjera con soberanía interna sobre un fragmento del territorio nacional, con sus propios campamentos, sus almacenes, sus vales, sus jerarquías y sus reglas. Las condiciones eran, literalmente, mortales. En 1923, el 40,81% de los trabajadores se enfermó y el 1,51% murió en los campos de Barrancabermeja. La brecha salarial estaba codificada: un obrero colombiano ganaba 1,50 pesos diarios sin comida ni alojamiento; un obrero extranjero en el mismo puesto ganaba 3,50 pesos con vivienda y alimentación. El salario no era una función del trabajo sino del pasaporte.

Contra ese sistema se organizó, casi de inmediato, uno de los movimientos obreros más consistentes de la historia colombiana. En 1922 se fundó la Unión Sindical Obrera (USO), con la participación central de Raúl Eduardo Mahecha, activista socialista. El 8 de octubre de 1924, más de cincuenta obreros de la Tropical Oil se declararon en huelga; dos días después, la huelga era total. Mahecha, vinculado a la Sociedad Obrera de Barrancabermeja, la había organizado. En 1927 vino otra huelga. Los pliegos exigían cosas concretas y no revolucionarias: pago de salarios atrasados, mejoras de vivienda, servicios médicos, abolición de los vales redimibles únicamente en los almacenes de la compañía. Muchas de esas demandas apuntaban simplemente al cumplimiento de la legislación laboral existente. Pero los huelguistas sabían que el Estado colombiano apoyaba casi invariablemente a las empresas extranjeras. La huelga, en Barrancabermeja, no era solo una acción contra un patrón: era una acción contra un doble poder.

La segunda mitad de los años veinte trajo un crecimiento notable de la producción petrolera colombiana, y con ella la consolidación de Barrancabermeja como el nudo obrero de la región. Sobre la ciudad se fueron sedimentando capas de identidad: la del puerto, la del enclave, la de la USO. Décadas más tarde, cuando el ELN buscara redes urbanas de apoyo, encontraría en el sindicato petrolero —con figuras como Juan de Dios Aguilera— uno de sus puntos de anclaje natural.

La entrada de las armas

La transición de la lucha sindical a la lucha armada tiene, en el Magdalena Medio, geografías precisas. Una de ellas es San Vicente de Chucurí, en la vertiente santandereana, donde ya había memoria de guerrilla —la de Rafael Rangel, con figuras como La Mona Mariela— y donde en 1964–1965 hicieron sus primeras apariciones los hombres que fundarían el Ejército de Liberación Nacional. Una de las primeras acciones conocidas del ELN fue la toma de Simacota. La región elegida no era casual: reunía tradición de movilización armada, vecindad con el enclave petrolero de Barrancabermeja, población campesina golpeada por el sistema de baldíos, y una geografía de serranías y selvas propicia para la guerrilla móvil.

El ELN se definió ideológicamente como un movimiento de liberación nacional inspirado en la Revolución cubana, con un híbrido peculiar entre marxismo-leninismo y teología de la liberación —el rasgo que después encarnaría con más fuerza el sacerdote español Manuel Pérez Martínez, el cura Pérez—. Su base social se tejió mediante redes urbanas logísticas: en Bucaramanga, vinculadas a la Asociación Universitaria de Santander y a la UIS; en Barrancabermeja, a través de la USO; en Bogotá, entre líderes estudiantiles de la Universidad Nacional. Antes de ser una guerrilla rural consolidada, el ELN fue una arquitectura urbana de apoyo.

En paralelo, otras guerrillas se instalaron en la región. Cuando llegaron los años ochenta, los grupos insurgentes eran ya los actores predominantes en amplias franjas del Magdalena Medio. Esa fue la primera respuesta al vacío estatal: no la del Estado que llega tarde, sino la de organizaciones armadas que asumen sus funciones —regulación de tierras, mediación de conflictos, cobro de tributos— con lógicas propias.

Puerto Boyacá y la invención del paramilitarismo moderno

La segunda respuesta al vacío llegó desde otro extremo del espectro. Su epicentro fue Puerto Boyacá y su fecha de nacimiento, en la memoria más difundida, 1982, con antecedentes desde finales de los años setenta. Ganaderos, comerciantes y sectores del Ejército confluyeron en la construcción de grupos de autodefensa contra las guerrillas que gravaban sus predios. En 1981, el MAS —Muerte a Secuestradores— había sido creado por miembros de las mafias del narcotráfico como respuesta a los secuestros guerrilleros; su presencia en el Magdalena Medio desde ese año dio nombre genérico a lo que vendría después. En la región, y también en los Llanos, "masetos" se volvió sinónimo de paramilitares.

El punto de inflexión llegó en diciembre de 1984, cerca de Puerto Boyacá. Fuerzas paramilitares bajo el mando de Henry Pérez interceptaron un cargamento de cocaína de Gonzalo Rodríguez Gacha. Del incidente surgió un acercamiento cuyos términos exactos quedaron en la penumbra pero cuyas consecuencias fueron enormes: Rodríguez Gacha trasladó sus instalaciones de producción al Magdalena Medio y expandió allí su operación. El pacto de 1984 fusionó tres cosas que hasta entonces habían operado con cierta autonomía: la contrainsurgencia ganadera, el narcotráfico y una parte de la fuerza pública. El Magdalena Medio se convirtió en el laboratorio del paramilitarismo colombiano.

Los grupos de la región no eran homogéneos. Ramón Isaza había armado su propio grupo en 1977, en la vertiente caldense, y fue cooptado por Henry Pérez a partir de 1983. Tras sucesivas transformaciones, en 1998 se constituyó como Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio (ACMM), con presencia expandida al oriente antioqueño, al oriente de Caldas, al norte del Tolima y al occidente de Cundinamarca. La desmovilización llegaría en 2006. Junto a Isaza operaron los Tiznados, las Autodefensas de Puerto Boyacá y varias otras formaciones que fueron reconfigurándose bajo mandos distintos.

El proyecto no fue solamente militar. Los paramilitares del Magdalena Medio nacieron para prestar servicios de protección a ganaderos, comerciantes y narcotraficantes, y esa función matriz condicionó todo lo demás. Desde finales de los años ochenta, mandos militares, dirigentes políticos del bipartidismo, líderes paramilitares, narcotraficantes y grandes empresas nacionales y extranjeras se apoderaron de tierras fértiles mediante estrategias de tierra arrasada. La lógica no era solo matar campesinos acusados de guerrilleros: era arrebatarles la propiedad. El despojo agrario fue, tanto o más que la contrainsurgencia, la razón estructural del paramilitarismo regional.

Desde el Magdalena Medio, el modelo se exportó. Durante los años ochenta, grupos paramilitares de la región se expandieron hacia Antioquia, Caldas, Tolima, Cundinamarca y Santander. Puerto Boyacá se volvió un referente para el paramilitarismo colombiano en su fase de consolidación.

Barrancabermeja urbana

Hasta finales de los años noventa, la disputa armada del Magdalena Medio había sido predominantemente rural. Barrancabermeja seguía siendo territorio de las milicias urbanas del ELN y las FARC, con una base social sindical y cívica que las guerrillas leían como propia. En mayo de 1998 —la fecha se fija entre el 16 y el 25 de ese mes— un comando paramilitar de unos cincuenta hombres incursionó en las comunas nororiental y suroriental de la ciudad. Asesinó entre siete y once personas y se llevó a otras veinticinco, acusadas de ser simpatizantes de la guerrilla. Los desaparecidos no volvieron. El testimonio de Yolanda Becerra Vega fijó las cifras en once asesinados y veinticinco secuestrados.

Aquella incursión inauguró la urbanización de la disputa. Entre 1998 y 2002, Barrancabermeja fue una de las ciudades más violentas de Colombia. Hacia finales del 2000, los paramilitares intensificaron la ofensiva sobre los barrios controlados por las milicias, y en el transcurso de dos años reconfiguraron el mapa social de la ciudad. Las organizaciones cívicas, sindicales y de derechos humanos que habían sido el tejido de Barrancabermeja quedaron duramente golpeadas. Las masacres de 1998 y 1999 restaron capacidad de oposición y lucha a la sociedad organizada; muchos dirigentes salieron y no volvieron.

El río, entretanto, se transformó en escenario de terror. Los cuerpos de las víctimas eran arrojados al Magdalena, y ese hecho —repetido, sistemático— destruyó las prácticas ribereñas: la pesca artesanal, la recreación, la vida comunitaria en las orillas. Familias enteras dejaron de bajar al agua. El río que había definido a la región durante siglos se volvió, durante años, un cementerio flotante.

El mapa del desplazamiento

La violencia de los años ochenta y noventa produjo un vaciamiento masivo del campo. Los municipios del Magdalena Medio y sus alrededores encabezaron durante años las listas nacionales de expulsión: San Vicente de Chucurí con 1.026 personas desplazadas, El Carmen de Chucurí con 904, Cimitarra con 818, Barrancabermeja con 489, Yacopí con 473, Puerto Boyacá con 395. Detrás de cada cifra había veredas enteras despobladas.

En el borde antioqueño, Ituango vivió en 1997 un pico de desplazamiento con 4.972 víctimas documentadas. Al comenzar el nuevo milenio, la zona quedó sometida a ejecuciones extrajudiciales y operativos combinados: paramilitares del Bloque Cacique Nutibara entre 2000 y 2002, y unidades de la Cuarta Brigada del Ejército —Batallón Granaderos, Batallón de Artillería n.º 4— en acciones descritas como intentos de "limpiar" el territorio. Sobre esas tierras vaciadas se construiría más tarde la hidroeléctrica Ituango. La coincidencia entre despojo violento y proyectos de infraestructura de gran escala es una constante que atraviesa la historia regional: la riqueza del territorio ha sido, generación tras generación, el factor asociado a la presencia de los grupos armados que lo disputan.

El patrón se repite si se lo mira desde otro ángulo. Al Magdalena Medio de la primera década del siglo XX entraron las compañías petroleras y los quineros, con el despoblamiento indígena como telón de fondo. Al Magdalena Medio de los años ochenta y noventa entraron los paramilitares y los narcos, con el despoblamiento campesino como consecuencia. Los actores cambiaron; la lógica extractiva sobre los cuerpos y las tierras de los de abajo se mantuvo. Esa continuidad estructural —de la conquista al siglo XXI— es lo que permite pensar la región como una unidad histórica más que geográfica.

La otra región: sindicatos, campesinos y desarrollo con paz

La misma ausencia estatal que permitió el enclave, el latifundio armado y el despojo produjo también, en paradoja no menor, una de las tradiciones de organización social más densas de Colombia. Desde la fundación de la USO en 1922 y las huelgas de 1924 y 1927, la industria petrolera fue el sustrato de una organización proletaria continuada. Alrededor de ese núcleo se articularon luchas campesinas por la tierra, movilizaciones cívicas por servicios públicos y una cultura de protesta que atravesó todo el siglo XX. El Magdalena Medio produjo violencia, pero produjo también sindicalismo, catolicismo social, ligas agrarias y comités cívicos.

De esa tradición nació en 1995 el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, el primer Programa de Desarrollo y Paz del país. Surgió de una pregunta sencilla y desconcertante: por qué una región tan rica tenía tanta pobreza y tanta violencia. La respuesta la construyeron el CINEP, la Diócesis de Barrancabermeja —encabezada por Francisco de Roux, jesuita— y actores de la sociedad civil regional. El PDPMM se propuso trabajar sobre las causas estructurales del conflicto y avanzar hacia un desarrollo centrado en la dignidad humana. Fue el modelo que después se replicaría en otras regiones del país.

Que esta iniciativa naciera precisamente allí, en el Magdalena Medio de finales de los noventa —en plena ofensiva paramilitar sobre Barrancabermeja, en pleno vaciamiento rural—, dice mucho sobre la naturaleza de la región. No se trataba de un territorio sin voluntad propia sobre el que actuaban fuerzas externas; era un territorio con actores sociales capaces de imaginar formas de gobierno alternativas, de disputar el sentido de lo público, de proponer una salida cuando ni el Estado ni los ejércitos irregulares la ofrecían. El PDPMM no cerró la guerra ni la deshizo, pero instaló en la política colombiana la idea de que la paz podía construirse desde abajo y desde las regiones, no solo desde La Habana o el palacio presidencial.

Un balance en clave larga

Si se mira el Magdalena Medio en la escala de los siglos, aparece una figura recurrente: la de un territorio donde el Estado colombiano ha preferido delegar antes que gobernar. Delegó en compañías de colonización cuando había que ocupar los baldíos, y las compañías arrasaron con los indígenas. Delegó en la Tropical Oil cuando había que extraer el petróleo, y la Tropical Oil impuso su propio régimen laboral. Delegó en ganaderos y narcos cuando había que combatir a las guerrillas, y los ganaderos y narcos armaron ejércitos privados. Cada delegación produjo, al mismo tiempo, riqueza para unos pocos y violencia sobre muchos.

Pero esa delegación no encontró un territorio pasivo. Los Yariguíes pelearon durante siglos antes de ser exterminados. Los obreros petroleros hicieron huelga contra la primera empresa transnacional del país. Los campesinos organizaron ligas y comités, y algunos de ellos, en 1964, fundaron el ELN en Simacota. Los ciudadanos de Barrancabermeja resistieron la incursión paramilitar y sostuvieron redes de derechos humanos aun en los peores años. La Diócesis, el CINEP y decenas de organizaciones inventaron un programa de paz cuando el país entero estaba en guerra. La sociedad del Magdalena Medio no fue solo víctima del vacío institucional: fue una productora persistente de formas de organización propia.

Ninguna de esas dos historias —la de la delegación de la soberanía a poderes privados y la de la resistencia organizada— cancela a la otra. Se cruzan, se alimentan, se contradicen. El resultado, un siglo después del pozo Infantas y medio siglo después de Simacota, es una región que sigue siendo, al mismo tiempo, uno de los corredores estratégicos más importantes del país y una de sus fronteras internas menos resueltas. En sus municipios se sedimentan capas de violencia y de organización que ninguna categoría estatal ha logrado integrar del todo: enclaves petroleros, ciudades sindicales, latifundios ganaderos, veredas retornadas, ríos con memoria de muertos. Pensar Colombia sin el Magdalena Medio es imposible; entenderlo es entender por qué el país ha sido lo que ha sido.

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Relacionadaspor co-ocurrencia
Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

49 documentos · 55 fragmentos
01
Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 111
1 cita
[1]

Caldesa S.A. Puerto Nare ha sido uno de los municipios de mayor explotación de mármoles y calizas en el distrito minero que com- prende también los municipios de Puerto Berrío, Maceo y Puerto Triunfo. El Magdalena Medio es una región geográ fi ca que se encuentra ubicada en el centro de Colombia, entre las cordilleras…

p. 111
02
El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 16
1 cita
[2]

latifundio ganadero, la alta inversión pri- vada y la explotación minera. En esta subregión, cuyos centros económicos más importantes son La Dorada y Puerto Boyacá, predominan las migraciones de la región andina. También se 9 Conferencia Episcopal Colombiana. http://www.cec.org.co/img_upload/8403bf…

p. 16
03
Seminario los procesos de paz en Colombia: experiencias y propuestas desde las ciudades regiones. Propuestas en siete ciudades-regiones de Colombia: Barrancabermeja (Magdalena Medio), Cali (Valle del Cauca), Medellín (Antioquia), Pasto (Nariño), Sincelejo (Montes de María), Tibú (Catatumbo) y Bogotá DCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 120
1 cita
[3]

silícea, la explotación de la minería y, recientemente, el descubrimiento de yacimientos de carbón, gas y esmeraldas. A lo cual hay que agregar: ü La variedad de actividades comerciales y turísticas que se entrecruzan y pasan necesariamente por la región hasta el centro del país, a puertos y puntos estratégicos del…

p. 120
04
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 38
1 cita
[4]

aguas en la búsqueda de sus seres queridos. A medida que la guerra ha desescalado, las tamboras han vuelto a sonar, otra vez hay fiestas patronales y regresaron los festivales, los bailes cantados y los cantos bailados, reconstruyendo los vínculos entre las gentes. En las montañas santandereanas, en medio de la…

p. 38
05
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 177
1 cita
[5]

su cuenca se desarrollaron acontecimientos históricos de tal magnitud, que decidieron la suerte del país. Fue, y es, «el río de la Pa- tria». Aunque en el pasado sólo dio lugar para el asiento humano en su curso medio superior y especialmente en el alto curso, el cauce inferior sólo sirvió como vía de co- municación.…

p. 177
06
El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 287
1 cita
[6]

para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…

p. 287
07
El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 287
1 cita
[7]

para referirse al dominio de carácter político y a la imposición de modelos de desarrollo que resultan favorables a unos sectores en perjuicio de otros, aún cuando estos últimos puedan aparentemente verse inicialmente favorecidos. D ESARRAIGOS E IMAGINARIOS RELIGIOSOS EN LA... 287 En 1536 arribó la invasión española…

p. 287
08
Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 108
1 cita
[8]

en la cuenca del río Magdalena se encuentran gran número de ecosistemas diferentes 291. Entre estos ecosistemas se encuentran las selvas tropicales ubicadas en las pendientes húmedas desde cerca del nivel del mar hasta 1000 metros de altitud. Estas por lo general se ubicaban en las cercanías de las orillas del río.…

p. 108
09
En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 24
1 cita
[9]

motivo de la fiebre de la quina o cascarilla. El despoblamiento de nativos hecho por quineros y cazado- res fue, según Rodríguez Plata, (citado en Jacque April-Gniset, 1997, p. 11) alarmante: "De 15.000 en 1860 a 10.000 en 1880, a 5.000 en 1900, a 1.000 en 1910, a 500 en 1920, y dos docenas en 1925". Todavía en 1924,…

p. 24
10
Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 35
1 cita
[10]

y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…

p. 35
11
Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 130
1 cita
[11]

con los baldíos. Aprile Gniset menciona estafadores que convirtieron una adjudicación original de 435 fanegadas en Carare, hecha en 1937, en 150.000 fanegadas (escrituras falsas) de las cuales vendieron una parte a una compañía petrolera británica, la Lobitos Oilfields Limited (se conoce como el Título falso del…

p. 130
12
Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 89
1 cita
[12]

Consecuentemente, estos eran los rasgos propios de la Colombia de esa época: fronteras altamente esparcidas, una economía exportadora que se desa- rrollaba en las vertientes de las montañas y en las tierras bajas, y una política de tierras que estimulaba tanto la inversión capitalista como la colonización campesina en…

p. 89
13
Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 506
1 cita
[13]

y la expansión de la ganadería extensiva. Históricamente, el Magdalena Medio ha sido una frontera de colonización interna y se ha mantenido como una región periférica, con débil y precaria presencia del Estado, tanto física como en términos de servicios sociales y públicos (Rudqvist y Van Sluys, 2005: 15). La…

p. 506
14
La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 258
1 cita
[14]

Bolívar (San Pablo, Morales y Simití) y Cesar (Gamarra y San Alberto). La Rochela: memorias de un crimen contra la justicia 260 en la segunda estos provinieron principalmente del Bajo Magdale- na, Bolívar y las sabanas de Sucre y Córdoba. 3 Es imprescindible señalar que el Magdalena Medio adquirió su identidad por la…

p. 258
15
Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 53
1 cita
[15]

fifty years. Control of this concession passed first to the Colombian Petroleum Company formed in 1918 by Barco and representatives of the Carib Syn- dicate Carl McFadden, W.E. Griffiths, and George DuBois, who then transferred it to South American Gulf Oil. 34 On November 28, 1905, Minister of Public Works Modesto…

p. 53
16
Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 248
2 citas
[16]

con Estados Unidos una serie de reparaciones pecuniarias, así que el gobierno de Vicente Concha negoció con la casa Pearson, de Inglaterra, algunas concesiones petrolíferas, pero las empresas norteamericanas, en particular la Standard Oil, debían esperar y presionar, a su manera, para que se solucionara de alguna…

p. 248
[17]

con Estados Unidos una serie de reparaciones pecuniarias, así que el gobierno de Vicente Concha negoció con la casa Pearson, de Inglaterra, algunas concesiones petrolíferas, pero las empresas norteamericanas, en particular la Standard Oil, debían esperar y presionar, a su manera, para que se solucionara de alguna…

p. 248
17
Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 51
1 cita
[18]

bajo la dirección del coronel Efraín Rojas Acevedo. Las concesiones petroleras Aunque las concesiones petroleras De Mares, en Barrancabermeja, y Barco, en el Catatumbo, habían sido declaradas caducas por las autoridades por razones de política internacional –entre las cuales estaba lograr la firma del Tratado con…

p. 51
18
Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 359
1 cita
[19]

comerciales que Colombia tenía con Europa se vieron súbitamente interrumpidos. Nuestros productos no encontraban fácil mercado, las di- visas bajaban y, para colmo de males, muchas de las in- dustrias europeas se transformaban en factorías de gue- rra, desatendiendo el consumo de nuestra elite. Mientras Colombia…

p. 359
19
Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 60
1 cita
[20]

fue la culminación de un largo proceso de frustración e injusticia. En abril de 1922, los trabajadores de los campos de la Tropical ya se estaban quejando de sus condiciones de trabajo. Había pocos hos~itales en la región petrolera, a pesar de las condiciones en, ext:emo.ms~lubres~ y mientras los colombianos ganaban…

p. 60
20
Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 222
1 cita
[21]

entre el trabajo y el capital pueden M ü m ó nicas. -Si ¿ 30 EL DESARROLLO DEL MOVIMIENTO SINDICAL La primer gran huelga se hizo contra la Tropical Oil Com Las condiciones de trabajo en el Magdalena medio eran desastroS En 1923, 40.81 % de los trabajadores empleados se enfermaron,-s,y! 1.51% muri ó. En ese medio…

p. 222
21
María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 165
1 cita
[22]

lucha, sino también de criticar la manera como Mahecha trabajaba. Tila Uribe confirma esta apreciación al referirse al trato que le dio Ignacio a Mahecha en su libro Los inconformes: […] Para nadie resultó sorpresa el tratamiento que le dio a Mahecha en el siguiente capítulo, donde lo ataca sin ningún miramento y le…

p. 165
22
Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 36
1 cita
[23]

petróleo en Barrancabermeja (1924 y 1927) y en la zona bananera del Magdalena (1928) permiten hacerse una idea acerca de la situación del proleta- riado, de sus reivindicaciones, del papel desempeñado por los intelec- tuales y de la actitud de las élites. Esas grandes manifestaciones obreras, mucho más ambiciosas que…

p. 36
23
El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 146
1 cita
[24]

ú nica ciudad en el curso medio del Magdalena, Barrancabermeja. Tal como los trabaja dores y peque ñ os campesinos de la zona bananera, estaban sometidos a condiciones extremadamente duras de explotaci ó n y enfrentados adem á s a sociedades extranjeras que en forma casi invariable contaron con el apoyo incondicional…

p. 146
24
El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 154
2 citas
[25]

y su posición anticomunista. El padre veía a la guerrilla y le decía a la gente: “¡Ojo, que son ateos! Un comunista es un aliado del diablo, del mismo Satanás”. 13 Así, durante los años ochenta, tras la estela de muerte que dejaba la cruzada anticomunista, mandos militares, dirigentes polí- ticos del bipartidismo,…

p. 154
[26]

y su posición anticomunista. El padre veía a la guerrilla y le decía a la gente: “¡Ojo, que son ateos! Un comunista es un aliado del diablo, del mismo Satanás”. 13 Así, durante los años ochenta, tras la estela de muerte que dejaba la cruzada anticomunista, mandos militares, dirigentes polí- ticos del bipartidismo,…

p. 154
25
Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 155
1 cita
[27]

región del Magdalena Medio fueron: San Vicente de Chucurí (1.026 personas), El Carmen de Chucurí (904 personas), Cimitarra (818 personas), Barrancabermeja (489 personas), Yacopí (473 personas), y Puerto Boyacá (395 personas). 155 Éxodo rentista: disputas por la tierra y el territorio Así también lo reconoció el propio…

p. 155
26
Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 233
1 cita
[28]

de crear una tradición legal sobre ellas, etc. El hecho de que probablemente la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se originaban en usurpaciones ilegales explica por qué los propietarios consideraron imposible y “diabólico” mostrar en sus títulos el acto original por el cual la tierra había salido…

p. 233
27
El modelo paramilitar de San Juan Bosco de La Verde y ChucuríÁlvaro Villarraga Sarmiento, Camilo Ernesto Villamizar Hernández · 2019 · p. 32
2 citas
[29]

de San Vicente–, y fue exterminada por las Fuerzas Militares a comienzos de los años sesenta. Desprendido de la segunda, está el grupo de bandoleros comandado por Polo Millán y que operó como grupo de asaltantes o “matarifes a sueldo”, y que fue exterminado por el Ejército con la muerte de su jefe a fines de los años…

p. 32
[30]

de San Vicente–, y fue exterminada por las Fuerzas Militares a comienzos de los años sesenta. Desprendido de la segunda, está el grupo de bandoleros comandado por Polo Millán y que operó como grupo de asaltantes o “matarifes a sueldo”, y que fue exterminado por el Ejército con la muerte de su jefe a fines de los años…

p. 32
28
Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 68
1 cita
[31]

pú- blicas. Gobernadores, miembros de consejos locales, alcaldes y hasta senadores se han visto sometidos a la justicia guerrillera, la cual puede llegar al asesinato (ejecución revolucionaria) de la persona implicada. La citación a empleados públicos por corrupción de parte de los mucha- chos, como se llama…

p. 68
29
Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 250
1 cita
[32]

incipientes estructuras urbanas de la organización que más tarde se conocería como ELN. Los primeros núcleos se organizaron como redes logísticas en Bucaramanga, donde mantenían contactos con la Asociación Universitaria de Santander (AUDESA), con jóvenes de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y con miembros…

p. 250
30
Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 507
1 cita
[33]

Medio es muy alta comparada con otras regiones de Colombia y con el promedio nacional (opi, 2006: 19). El proceso de desmovilización de los paramilitares no ha disminuido conside - rablemente tampoco la violencia en la región. El control paramilitar ha per - manecido en varias áreas y una nueva generación de grupos,…

p. 507
31
No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 47
1 cita
[34]

una presencia pre- dominante, sobre todo en las zonas más alejadas. Es así como en los años ochenta la disputa por el control territorial en el Magdalena Medio –región donde se encuentra ubicado Simacota– tuvo como actor principal a los grupos paramilitares, en parti- cular el Muerte a Secuestradores (MAS), que se…

p. 47
32
Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 22
1 cita
[35]

y se consolidaron como grupo guerrillero predominante. Durante los años ochenta aparecieron varios grupos armados que fueron la base del paramilitarismo, entre ellos MAS (Muerte a Secuestradores), Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boya - cá, quienes luego se reconformarían como ACMM (Autodefensas Campesinas…

p. 22
33
Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 121
1 cita
[36]

GRUPOS PARAMILITARES, 1978-2016 EL ORIGEN DEL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA El paramilitarismo va a surgir, al igual que la guerrilla, en enclaves bajo una importante ausencia del Estado, si bien, a diferencia de la naturaleza guerrillera, en Colombia solo se puede interpretar el paramilitarismo, no como un hecho…

p. 121
34
El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 33
2 citas
[37]

y mapas, así como la colaboración con el proceso de edición. Al igual que con todos los informes de esta serie, a la Dirección Técnica de la DAV le correspondió la dirección general en términos de orientación, acompañamiento y revisión detallada del conjunto del texto y de su proceso de consolidación y edición. Álvaro…

p. 33
[38]

y mapas, así como la colaboración con el proceso de edición. Al igual que con todos los informes de esta serie, a la Dirección Técnica de la DAV le correspondió la dirección general en términos de orientación, acompañamiento y revisión detallada del conjunto del texto y de su proceso de consolidación y edición. Álvaro…

p. 33
35
Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 144
2 citas
[39]

Carranza y Molina quienes lo presentaron al grupo de traficantes de Medellín. Para mediados de los años ochenta, Rodríguez Gacha actuaba como una espe- cie de intermediario entre el cartel de Medellín y la mafia de las esmeraldas. 77 Esto resultó importante para Rodríguez Gacha cuando sus instalaciones de producción…

p. 144
[40]

Carranza y Molina quienes lo presentaron al grupo de traficantes de Medellín. Para mediados de los años ochenta, Rodríguez Gacha actuaba como una espe- cie de intermediario entre el cartel de Medellín y la mafia de las esmeraldas. 77 Esto resultó importante para Rodríguez Gacha cuando sus instalaciones de producción…

p. 144
36
Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 56
1 cita
[41]

de las explicaciones, la idea de la no exis- tencia la sugiere el informe El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare [ATCC] (2011). Para sus autores el modelo proyectado desde Puerto Boyacá se fraguó exclusivamente desde algunos batallones militares: Las Autodefensas de…

p. 56
37
Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 171
1 cita
[42]

decir que no, pero ante un magistrado ustedes no van a salir con cuentos raros, no se los va a creer nadie”. Yo les digo así en la versión, esto no se lo cree nadie, que usted sea comandante y no… es su problema, el proceso es suyo”. 340 Capítulo 2 341 JUSTICIA Y PAZ: ¿Verdad judicial o verdad histórica? crimen…

p. 171
38
Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 53
1 cita
[43]

secuestrarlo en Córdoba, en donde había comprado varias fincas y había usurpado otras, de nuevo en complicidad con los militares conformó un grupo armado que por una década fue el principal del país. Castaño dijo alguna vez que había aportado a la causa de Pérez, pidiendo contribuciones, pero en realidad, hacia final…

p. 53
39
Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 11
1 cita
[44]

de San Juan. La tercera parte Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio da cuenta de los orígenes del grupo paramilitar de Ramón María Isaza Arango desde 1977, su cooptación por Henry Pérez a partir de 1983, su particular guerra con Pablo Escobar desde 1991 y su recomposición a partir…

p. 11
40
Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 12
2 citas
[45]

hasta 2000 con el nombre Autodefensas de Puerto Boyacá. Se revisa cómo desde entonces operó con la denomina- ción de BPB-ACMM (Bloque Puerto Boyacá-Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio) bajo el mando de Arnubio Triana Mahecha. Y se examina su desmovilización ocurrida en 2006 con la etiqueta de ACPB…

p. 12
[46]

hasta 2000 con el nombre Autodefensas de Puerto Boyacá. Se revisa cómo desde entonces operó con la denomina- ción de BPB-ACMM (Bloque Puerto Boyacá-Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio) bajo el mando de Arnubio Triana Mahecha. Y se examina su desmovilización ocurrida en 2006 con la etiqueta de ACPB…

p. 12
41
¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 116
1 cita
[47]

AUC hacia el Meta estuvo acompañado por una ofensiva sobre la zona norte del Magdalena medio: el 25 de mayo de 1998, un comando de los paramilitares incursionó en varios barrios de las comu- nas nororiental y suroriental de Barrancabermeja, donde asesinó a siete pobladores y se llevó vivos a otros 25. Esta acción…

p. 116
42
Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 172
1 cita
[48]

década de 1990 y que intensificaron en 1998. Yolanda Becerra Vega Una Colombia que nos queda 174 “La masacre del 16 de mayo de 1998 fue el aviso de llegada de los paramilitares, después de haberse tomado poco a poco todo el Magda lena Medio. Ese día, un grupo de 50 paramilitares ingresó al sector noroccidental de la…

p. 172
43
Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 64
1 cita
[49]

de Puerto Boyacá, así como con figuras de la historia del paramilitarismo como Henry Pérez y Gon- zalo Rodríguez Gacha (CNMH, 2019), que con el grupo identificado por la sigla MAS o Muerte a Secuestradores, creado en 1981 por miembros de las mafias del narcotráfico. 16 La contribución realizada por un exintegrante del…

p. 64
44
Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 47
1 cita
[50]

fases se pueden identificar con claridad en Barrancabermeja. Una primera relacionada con la persecución a líderes y sin- dicalistas, de la que es acusada como responsable la Red 07 de Inteligencia de la Armada Nacional; otra que involucra dos aspectos: la migración de per- sonas provenientes de regiones controladas…

p. 47
45
Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 683
1 cita
[51]

en Santander, el desplazamiento estuvo precedido por masacres en el municipio de Ituango, Antioquia. En 1997, ocurrió el pico de desplazamiento en Ituango, con 4.972 víctimas documentadas 2314. Al comienzo del nuevo milenio, el vaciamiento del territorio estuvo marcado por ejecuciones extrajudiciales 2315 y operati-…

p. 683
46
Lucho Arango, el defensor de la pesca artesanalMelba Patricia Quijano Triana, Ledis Bohórquez Farfán, Clemencia Rodríguez · 2014 · p. 51
1 cita
[52]

el magdalena medio Grupo Regional de Memoria Histórica Universidad Pontificia Bolivariana – Seccional Bucaramanga© Atarraya en El Llanito que amenazan su existencia, procede a organizarse para movi - lizarse y defenderse, con justo derecho, porque es el derecho a reclamar su forma de vida. (Entrevista con Amparo…

p. 51
47
Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 138
1 cita
[53]

el río era el espacio donde uno se juntaba con sus hijos. Porque mientras la mamá lavaba, el papá llevaba la pelota. Jugaban fútbol. Hacían el arroz y compartían con el vecino, montaban la olla juntos. O sea, era como un espacio de articulación comunitaria. Era como cuando usted coge con su vecino y se va para la…

p. 138
48
Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 237
1 cita
[54]

iniciativas bajo los parámetros del humanismo decente, sino por iniciativas disfrazadas con piel de ovejas, con intenciones ocultas. Esa es una realidad que teníamos que afrontar y allí venían las reacciones. Estas tenían que ver con el forcejeo para ver quién controlaba las propuestas. El hecho de que del Consorcio…

p. 237
49
Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 348
1 cita
[55]

ocasiones, también, han sido actor es que ha n hecho frente a la violencia y ha n liderado acciones que han aportado a la construcción de paz. Como le dijo a la Comisión un empresario del Valle del Cauca: «Este es el país que nos tocó vivir. Aquí nacimos, nos educamos y formamos nuestra familia… Queremos vivir en un…

p. 348