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Hecho histórico · Posconflicto · 2016–presente

Animeros de Puerto Berrío y la adopción ritual de NN del Magdalena

Desde al menos los años ochenta, habitantes de Puerto Berrío (Antioquia) rescatan cuerpos anónimos arrastrados por el río Magdalena —en su mayoría víctimas de desaparición forzada del conflicto armado—, los adoptan en el cementerio Universal y les restituyen nombre, cuidado y vínculo espiritual. Entre 2016 y 2022, esta práctica de animerismo ganó visibilidad nacional e internacional como forma de justicia reparativa popular paralela al Sistema Integral para la Paz, interpelando los alcances del modelo secular de justicia transicional colombiano.

Animeros de Puerto Berrío y la adopción ritual de NN del Magdalena
Práctica consolidada desde los años ochenta del siglo XX; visibilización nacional e internacional entre 2016 y 2022
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
Práctica consolidada desde los años ochenta del siglo XX; visibilización nacional e internacional entre 2016 y 2022
Dónde
Magdalena Medio, Barrancabermeja, Puerto Boyacá, Sur de Bolívar, Puerto Berrío (Antioquia), Río Magdalena, Cimitarra (vereda Vuelta Acuña)
Protagonistas
Hugo Hernán Montoya (adoptante de NN, Puerto Berrío), Francisco Luis 'Pacho' Mesa (sepulturero y mediador del cementerio Universal), Juan Manuel Echavarría (artista y fotógrafo, archivo visual del cementerio), Blanca Fernández (antropóloga, investigación etnográfica en Puerto Berrío), Wade Davis (antropólogo canadiense, difusión internacional en 'Magdalena. Historias de Colombia', 2021), Ramón Isaza (comandante paramilitar ACMM, reconoció la práctica sistemática de desaparición forzada), Henry Pérez (comandante paramilitar, ordenó desaparecer cuerpos para no alertar autoridades), Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores (Puerto Berrío), Fiscalía General de la Nación, Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV)
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. La desaparición forzada como técnica sistemática del paramilitarismo en el Magdalena Medio: grupos como las ACMM y las ACPB, siguiendo órdenes de Henry Pérez heredadas por Ramón Isaza, arrojaban cadáveres al río Magdalena para no alertar a las autoridades, convirtiendo el río en fosa continua.
  2. La prohibición explícita de recoger cadáveres del río, impuesta por guerrillas y paramilitares como instrumento deliberado de terror: recoger un cuerpo implicaba arriesgar la propia vida, lo que dejó a los pobladores ribereños como testigos forzados de una violencia que no podían interrumpir.
  3. La escala masiva de la violencia en el Magdalena Medio —23 de las 31 masacres registradas en Colombia en 1983 ocurrieron en la región, 18 atribuidas a paramilitares— que produjo un flujo sostenido de cuerpos anónimos aguas abajo hacia Puerto Berrío.
  4. La presencia estatal débil y primordialmente militar-represiva en el Magdalena Medio, que dejó un vacío político y de atención humanitaria llenado por actores armados, y que hizo imposible una respuesta institucional oportuna ante los cuerpos depositados por el río.
  5. La destrucción paramilitar de las tradiciones comunitarias de duelo: la prohibición de velar a las personas asesinadas por los grupos armados desarticuló rituales colectivos de nueve noches de acompañamiento, generando una necesidad de restitución simbólica que la comunidad resolvió por sus propios medios.
  6. El sustrato de religiosidad popular afro-mestiza de la región, que concibe a los muertos como agentes vivos capaces de reciprocidad, y que proveyó el marco cultural para transformar la adopción de cuerpos anónimos en una relación de cuidado y retribución espiritual.
Práctica consolidada desde los años ochenta del siglo XX; visibilización nacional e internacional entre 2016 y 2022Animeros de Puerto Berrío y la adopción ritual de NN del Magdalena

Consecuencias

  1. Restitución simbólica de identidad a miles de víctimas de desaparición forzada: cada adopción revirtió la anonimización deliberada impuesta por los victimarios, inscribiendo en la lápida un nombre, una relación de cuidado y una historia mínima para cuerpos que el aparato armado quiso dejar sin rastro.
  2. Tensión estructural con la lógica forense institucional: los adoptantes ignoraron sistemáticamente los letreros de la Fiscalía y la parroquia que pedían no alterar los datos de los NN, evidenciando la incompatibilidad entre el tiempo del cuidado comunitario y el tiempo de la identificación técnica.
  3. Visibilización internacional de la práctica entre 2016 y 2022, impulsada por el archivo fotográfico de Juan Manuel Echavarría, la investigación etnográfica de Blanca Fernández y la difusión del libro de Wade Davis, que convirtió el cementerio Universal en referente global del debate sobre duelo, violencia y memoria.
  4. Interpelación al modelo secular de justicia transicional colombiano: la práctica demostró que las economías morales locales de reconocimiento a víctimas operan por fuera del Estado y lo preceden, cuestionando la suficiencia del SIVJRNR —UBPD, JEP, Comisión de la Verdad— para responder a la totalidad del daño producido por la desaparición forzada.
  5. Emergencia de un debate sobre la compatibilidad entre búsqueda humanitaria institucional y prácticas rituales comunitarias: la UBPD, creada en 2017 para buscar a más de ciento diez mil desaparecidos, debió enfrentar en Puerto Berrío la pregunta de cómo articularse con una comunidad que ya había dado respuesta propia a esa ausencia.
  6. Continuidad estructural de la producción de NN: tras la desmovilización paramilitar, grupos armados sucesores mantuvieron la práctica de desaparición forzada en la región, lo que prolongó el flujo de cuerpos anónimos al río y la vigencia del animerismo más allá del período del conflicto con las FARC.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El animerismo de Puerto Berrío es uno de los pocos casos documentados en Colombia en que una comunidad ribereña construyó, sin mandato estatal y en medio del conflicto activo, un sistema propio de restitución de identidad a víctimas de desaparición forzada, sostenido durante décadas antes de que existiera cualquier institucionalidad transicional. Su visibilización entre 2016 y 2022 reveló que la justicia transicional colombiana —con toda la arquitectura del SIVJRNR— llegó tarde a un proceso de reparación que la comunidad ya había iniciado con brochas, velas y nombres pintados a mano, y que los modelos seculares de verdad y reparación no agotan las formas en que las sociedades procesan la violencia masiva. La práctica obliga a preguntarse qué ocurre cuando el Estado intenta recuperar, para sus propios fines forenses, cuerpos que una comunidad ya ha incorporado a su economía moral y espiritual.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Animeros de Puerto Berrío y la adopción ritual de NN del Magdalena

Hugo Hernán Montoya se acerca a la bóveda con un tarro de pintura y una brocha pequeña. Repasa las letras del nombre —Gloria— sobre el muro encalado, junto a las siglas NN, y añade una flor plástica en el borde de la lápida. Un letrero pegado a pocos metros, firmado por la Fiscalía y por la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, pide que nadie pinte, borre ni altere los datos de los cuerpos sin identificar, porque cualquier intervención puede interferir con futuras identificaciones forenses. Hugo lo sabe. Sigue pintando.

La escena ocurre en el cementerio Universal de Puerto Berrío, sobre el eje del río Magdalena en el nordeste antioqueño. Un muro de bóvedas guarda a miles de muertos sin nombre. En cada lápida se repite una fórmula: la palabra Escogido o Escogida, un nombre —Rosa, Miguel, Carmen, Gloria— y las siglas NN. Alrededor de ese muro se sostiene desde hace décadas una práctica que la región llama animerismo: habitantes del pueblo rescatan los cuerpos anónimos que el río deposita, los sepultan bajo advocación propia, los limpian, les pintan las lápidas, les rezan y les piden favores. Los cuerpos son, en su mayoría, víctimas de desaparición forzada del conflicto armado colombiano, arrastradas aguas abajo desde los focos de violencia del Magdalena Medio. La práctica es a la vez un rito funerario, una economía de reciprocidad espiritual y una forma de restitución de identidad que operó durante décadas sin interlocución con el Estado. Entre 2016 y 2022 —desde la firma del Acuerdo de Paz hasta la publicación del Informe Final de la Comisión de la Verdad— ganó visibilidad nacional e internacional como un hecho que interpela los alcances del modelo secular de justicia transicional colombiano y revela una economía moral de reconocimiento que precede al Sistema Integral para la Paz y lo desborda.

El río como fosa y el pueblo como puerto

Puerto Berrío se levanta sobre la orilla occidental del Magdalena, en el corazón de una región —el Magdalena Medio— que ha sido, desde el siglo XIX, frontera de colonización interna con presencia estatal débil y sobre todo militar. Entre 1860 y 1925, los Yariguí pasaron de quince mil habitantes a apenas dos docenas, exterminados por quineros, cazadores y compañías de colonización. Sobre ese sustrato se instaló en el siglo XX el enclave petrolero de Barrancabermeja, que convirtió al Magdalena Medio en escenario de disputa por el control de los recursos y de organización obrera, campesina y comunitaria. Tanto el Ejército de Liberación Nacional como las Autodefensas Unidas de Colombia nacieron en esta región. La Decimocuarta Brigada, con jurisdicción sobre el área, intensificó desde los años ochenta operativos contra la guerrilla en veredas como Vuelta Acuña, en el municipio de Cimitarra, situada entre Puerto Parra y Puerto Berrío.

En ese vacío político se consolidó, desde comienzos de los ochenta, una arquitectura paramilitar sostenida por ganaderos, hacendados y grandes empresarios. Se articularon en la Asociación Campesina de Ganaderos y Agricultores del Magdalena Medio, la ACDEGAM. De su órbita surgieron el Muerte a Secuestradores, las Autodefensas de Puerto Boyacá y las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio de Ramón Isaza. La escala de la violencia se lee en una sola cifra: de las treinta y una masacres registradas en Colombia en 1983, veintitrés ocurrieron en el Magdalena Medio, dieciocho de ellas atribuidas a paramilitares. La curva regional había sido vertiginosa: once masacres en 1981, diecisiete en 1982, veintitrés en 1983.

La desaparición forzada se volvió, en ese circuito, técnica sistemática. Ramón Isaza reconoció más tarde que la práctica había sido heredada de Henry Pérez, comandante paramilitar del Magdalena Medio, quien ordenó a todos los miembros del grupo desaparecer los cuerpos para no alertar a las autoridades y evitarse problemas. Desaparecer implicaba, en muchos casos, arrojar al río. El Magdalena empezó a bajar cargado. Y no solo el Magdalena: los mismos años vieron cuerpos flotando en el Cauca, el Sinú, el Atrato, el Caquetá, el Guamuez, el Táchira y el Catatumbo. En el Magdalena Medio, sin embargo, la producción de anónimos ribereños adquirió una densidad específica y una regla explícita: los muertos no podían tocarse.

Guerrillas y paramilitares dieron esa orden a los pobladores. Recoger un cuerpo era arriesgar la propia vida. La visibilidad de los cadáveres —dejados a la corriente, expuestos a la mirada de pescadores y ribereños— era el mensaje. Los pescadores de las orillas dejaron de salir porque encontraban cuerpos flotando donde antes había peces. En noviembre de 2003, paramilitares y bomberos hallaron cincuenta y ocho muertos en el río Magdalena, entre ellos una mujer a la que le habían cortado los senos. El río se había convertido en fosa continua y su fosa era pública.

Este es el mundo del que emerge el animerismo de Puerto Berrío. No una tradición pintoresca ni un residuo de folclor ribereño, sino una respuesta a una situación específica: el pueblo estaba en la ruta de flotación de un cementerio líquido cuyos cuerpos nadie más recogía.

Nomen Nescio: la fórmula, la lápida, la adopción

Las siglas NN provienen del latín nomen nescio —"no sé el nombre"— y funcionan en el sistema forense colombiano como marca provisional de todo cuerpo cuya identidad no se ha podido establecer. En el cementerio Universal, las siglas dejaron de ser un marcador técnico y se convirtieron en el punto de partida de una operación distinta. En lugar de esperar la identificación oficial —que en la enorme mayoría de los casos no llegaría—, los habitantes del pueblo empezaron a escoger a los muertos.

Un adoptante se hace cargo de una bóveda. Le atribuye un nombre —a veces por intuición, a veces por revelación en sueños— y desde ese momento el cuerpo pasa a ser "el escogido" o "la escogida" de esa persona. La fórmula queda inscrita en la lápida: Escogido Miguel NN, Escogida Rosa NN. Junto al nombre suelen añadirse mensajes de agradecimiento por favores concedidos.

Ese último detalle es decisivo. La adopción no es un acto unilateral de caridad simbólica: es una relación de reciprocidad. El adoptante cuida —limpia la tumba, lleva flores, enciende velas, reza— y el muerto retribuye. Concede trabajo, salud, protección, dinero para pagar deudas, el regreso de un hijo. Los muertos anónimos, despojados por sus victimarios de nombre, de duelo y de sepultura reconocida, adquieren en el cementerio de Puerto Berrío la condición de intercesores. Es la misma trama que sostiene la devoción popular a las ánimas del purgatorio en la tradición católica —almas que necesitan de los rezos de los vivos para acceder a la paz y que, en gratitud, obran favores—, aplicada aquí a víctimas concretas de una violencia concreta. Donde el aparato armado quiso producir cuerpos sin historia, la comunidad produce historia para cada cuerpo.

Nadie sabe con certeza cuándo empezó la práctica. La memoria local no la fecha; no hay acta fundacional. Se consolidó paralelamente al aumento de cuerpos en el río, desde la década de los ochenta, y a lo largo de los noventa y los dos mil se volvió parte del paisaje cotidiano del cementerio. Los adoptantes son, en su mayoría, mujeres y hombres de sectores populares del pueblo —comerciantes, trabajadores del puerto, amas de casa, pescadores—, muchos formados en un catolicismo popular con capas de sincretismo afro-mestizo. Entre las figuras más visibles están Hugo Hernán Montoya, adoptante de larga trayectoria, y Francisco Luis Mesa, conocido en el pueblo como Pacho Mesa. Pacho es el sepulturero del cementerio y el mediador entre los cuerpos que llegan y las personas que los adoptan: quien recibe al cadáver cuando lo entrega la corriente o la Fiscalía, quien asigna bóveda, quien avisa a un vecino que hay un muerto disponible. En sus manos pasa el gesto que hace posible todo lo demás.

Los adoptantes ignoraron sistemáticamente los letreros institucionales. Siguieron pintando, siguieron nombrando. Esa desobediencia menuda —una brocha, un letrero repintado— condensa la diferencia entre dos lógicas: la del registro técnico, que requiere que el NN permanezca como incógnita hasta ser resuelta, y la del cuidado, que no puede esperar.

Sustrato cultural: los muertos como agentes vivos

El animerismo de Puerto Berrío no se entiende sin el trasfondo de una religiosidad popular colombiana en la que los muertos no son solo objeto de duelo, sino sujetos activos. En las tradiciones funerarias de distintas regiones, los altares mortuorios incluyen un cuadro de la Virgen del Carmen —patrona de las ánimas—, flores, velas, y un vaso de agua o una palangana dispuesta para que el espíritu beba si tiene sed. Las rezanderas dirigen velorios que se extienden durante nueve noches, con quema de objetos personales del difunto, cantos, oraciones y acompañamiento continuo de la comunidad. En el Caribe colombiano y en las poblaciones afrodescendientes del país, esas prácticas se cruzaron con formas heredadas de religiosidades africanas —velorios nocturnos de largo aliento, velorios celebratorios para niños difuntos— y con elementos de religiosidades indígenas donde el contacto lo permitió, produciendo culturas sincréticas de amplio alcance hemisférico.

La asimilación del catolicismo por parte de las poblaciones negras colombianas no fue rechazo frontal ni sumisión pasiva, sino apropiación desde formas propias de ritualización. Fuentes misioneras de comienzos del siglo XX calificaron esas expresiones de "apatía e ignorancia", pero lo que había era otra cosa: la coexistencia de santos católicos con figuras como Changó, asociada al fuego y sincretizada popularmente con Santa Bárbara, y la explotación de la municipalización de los cementerios parroquiales para crear culturas propias de entierros nocturnos. Algunos sacerdotes costeros terminaron acomodando expresiones vernáculas como el uso de tambores durante los ritos, señal de una negociación desigual pero real entre religiosidad oficial y religiosidad popular.

En este marco, los muertos son concebidos como ancestros vivos, cuya identidad debe restaurarse no solo mediante pruebas forenses sino mediante nombramiento, cuidado, canto y oración. En Bojayá, tras la masacre del 2 de mayo de 2002 y las exhumaciones posteriores, un grupo de cantoras y cantores tradicionales desarrolló una estrategia de resistencia basada en cantos —una política de la espiritualidad— que contribuyó a situar a la comunidad afrodescendiente del Atrato en el centro del debate público sobre el proceso de paz entre 2012 y 2016. La lógica es común: los muertos son agentes en el proceso de reparación, y sin ellos no hay paz sostenible.

La adopción de NN en Puerto Berrío hereda ese sustrato y lo lleva a un extremo particular. No se trata de honrar a los propios muertos —los ancestros conocidos, la familia—, sino de asumir como propios a muertos ajenos cuya identidad se ignora por completo. El adoptante no rescata a su padre desaparecido; rescata a alguien que podría haber sido el padre desaparecido de otro. Esa transferencia es lo que le da a la práctica su fuerza política implícita: cada adopción proclama que ningún cuerpo debe permanecer sin nombre, que la anonimización deliberada del cadáver puede ser revertida por la comunidad, y que la humanidad de los muertos —y, por extensión, la de los vivos que los cuidan— se reconstruye en el acto de escoger.

El día del traslado de los restos de Gloria al osario, Hugo llevaba años cuidando su bóveda. Algunos asistentes describieron después haber visto lágrimas en la tumba y sobre los huesos. Hugo lo interpretó como una respuesta: Gloria devolvía el cuidado recibido. En su relato, el gesto no era metafórico. Era la confirmación, hecha materia, de que el vínculo había funcionado.

De práctica local a hecho nacional: 2016–2022

La visibilización del animerismo de Puerto Berrío entre 2016 y 2022 no fue el resultado de una decisión institucional ni de una campaña orquestada, sino del cruce de tres procesos. El primero fue el trabajo previo de artistas, fotógrafos e investigadores. Juan Manuel Echavarría había registrado durante años las tumbas del cementerio Universal, dejando un archivo visual que circuló en museos, exposiciones y publicaciones internacionales, y que fijó la iconografía —las lápidas con nombres pintados a mano, la palabra Escogido, las siglas NN— como una imagen reconocible de la relación entre violencia y duelo en Colombia. La antropóloga Blanca Fernández y otros investigadores habían realizado trabajo etnográfico en el pueblo. El antropólogo canadiense Wade Davis, en su libro Magdalena. Historias de Colombia, publicado en 2021, incorporó el cementerio como uno de los ejes de su recorrido por el río, dándole al fenómeno una difusión internacional amplia.

El segundo proceso fue la firma del Acuerdo de Paz entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP, el 24 de noviembre de 2016 en el Teatro Colón de Bogotá, tras cuatro años de negociaciones iniciadas en La Habana en 2012. El Acuerdo creó el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, y con él la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Jurisdicción Especial para la Paz y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, esta última encargada de la búsqueda humanitaria y extrajudicial de los más de ciento diez mil desaparecidos que dejó el conflicto armado colombiano. La UBPD acompañaría a familias en la búsqueda por cementerios, laderas, ríos y fosas comunes.

El tercer proceso fue la constatación, casi inmediata, de que el aparato transicional se enfrentaba a un problema estructural que no podía resolver con sus herramientas. A nivel nacional se habían recuperado 7.128 cuerpos en fosas clandestinas y cementerios oficiales; de ellos, 3.663 habían sido entregados a sus familias y 3.465 permanecían sin identificar. En Caquetá, uno de los departamentos con mayor número de exhumaciones, 160 de los 374 cuerpos recuperados seguían sin identificar. Esas cifras eran apenas la punta de un iceberg cuya base se calculaba entonces en más de cien mil personas desaparecidas.

La información sobre desaparición forzada estaba —y sigue estando— atomizada. Múltiples entidades oficiales y organizaciones de víctimas manejan criterios metodológicos y coberturas incompatibles. No hay cifras únicas confiables. El Centro Único de Identificación Virtual de Cadáveres, iniciativa de la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y la Paz, se creó para cruzar información entre cadáveres, desaparecidos, personas vinculadas judicialmente y desmovilizados. Su propia trayectoria ilustra las dos caras del asunto: una voluntad clara de integración y, al mismo tiempo, la persistencia de la fragmentación en los vacíos de su implementación. A ello se sumó lo que las víctimas denunciaron reiteradamente: ineficiencia, indolencia y falta de preparación de los funcionarios judiciales encargados de recibir denuncias y adelantar búsquedas. Un daño adicional infligido a los familiares en el propio proceso institucional.

La brecha entre lo prometido y lo posible se manifestó en episodios concretos. En agosto de 2018, el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado solicitó a la Sala de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad de la JEP medidas cautelares para preservar dieciséis lugares con posibles cuerpos inhumados de desaparecidos, haciendo énfasis en la suspensión de un proyecto energético cuya área de influencia había sido escenario de múltiples desapariciones. Un grupo de víctimas provenientes de Guaviare, el Pacífico, La Guajira, Soacha, pueblos indígenas y comunidades afro del Cauca pidió a la Comisión de la Verdad que solicitara a la Corte Constitucional declarar un "estado de cosas inconstitucional" por la situación de la búsqueda de desaparecidos, señalando que ese fracaso venía por lo menos desde 1982. El Plan Nacional de Atención Psicosocial contemplado en el Acuerdo Final no había sido aprobado formalmente mediante decreto para 2022: el Ministerio de Salud afirmaba estar implementando su borrador de 2018. Desde la firma del Acuerdo, más de trescientos exintegrantes de las FARC-EP habían sido asesinados en cinco años. El posconflicto seguía siendo, en muchos sentidos, la continuación del conflicto por otros medios.

En ese contexto, el cementerio de Puerto Berrío empezó a leerse de otra manera. Lo que hasta entonces había sido una curiosidad regional, un asunto de crónica dominical o de antropología especializada, apareció como un caso ejemplar de algo distinto: una economía moral de reparación construida por décadas fuera del aparato estatal, que había hecho —sin protocolo, sin presupuesto, sin decreto— parte del trabajo que la UBPD apenas comenzaba a emprender. Los animeros habían nombrado a miles de anónimos, les habían dado sepultura reconocible, les habían garantizado cuidado ritual continuo. Habían, en la práctica, restituido una forma mínima de identidad —una identidad devocional, no jurídica— a cuerpos que el Estado no había siquiera contabilizado. La Comisión de la Verdad, cuyo Informe Final se entregó en 2022, incorporó en sus reflexiones sobre duelo, memoria y reparación simbólica materiales derivados de estas experiencias comunitarias.

Duelo prohibido, duelo tejido: contrastes regionales

Puerto Berrío no fue el único territorio colombiano en el que la violencia armada obligó a reinventar las formas del duelo, pero sí uno de los pocos que produjo una respuesta ritual masiva y sostenida frente a cuerpos por completo ajenos. Puesto al lado de otras regiones, el caso deja ver mejor lo que tiene de específico.

En el Caribe colombiano, particularmente en Sucre y en el municipio de San Onofre, los paramilitares impusieron una prohibición selectiva: no se podía velar a las personas que ellos mismos asesinaban, aunque los muertos por causas ajenas al conflicto sí podían ser acompañados con restricciones. Esa distinción destruyó una tradición comunitaria en la que la comunidad entera acompañaba a sus muertos durante nueve noches sin discriminar quién era el fallecido. El velorio, práctica de cohesión social, quedó jerarquizado por el poder armado.

En Buenaventura, sobre el Pacífico, los grupos armados sustituyeron los lugares ancestrales de ritos fúnebres por cementerios clandestinos y botaderos de cadáveres con signos de tortura o descuartizamiento en espacios acuáticos, desterritorializando los sitios simbólicos del duelo. La violencia armada afectó también a fondo la dinámica festiva y religiosa comunitaria: las fiestas de la Virgen del Carmen, las celebraciones de San Antonio, quedaron suspendidas o menguadas. En Bojayá, la destrucción de la iglesia de Bellavista durante la masacre del 2 de mayo de 2002 fue un daño simbólico y sociocultural profundo: el templo era el espacio sagrado de protección y recogimiento de la comunidad afrodescendiente del medio Atrato. Frente a ese daño, la respuesta —cantos rituales— fue una reconstrucción interna de la relación con los propios muertos.

En cada uno de esos casos, la comunidad afectada elabora el duelo por sus propios muertos, cuya identidad se conoce, con recursos rituales heredados que la violencia intentó bloquear. La situación del Magdalena Medio es distinta. La orden de no tocar los cuerpos que bajaban por el río impuso una forma de duelo imposible: no se podían velar los muertos porque no se podían recoger, y los muertos que llegaban no eran, además, muertos propios de la comunidad receptora, sino cuerpos anónimos producidos aguas arriba. La respuesta que se consolidó en Puerto Berrío —adoptar a los muertos ajenos, darles nombre, cuidarlos como si fueran de la familia— resuelve simultáneamente dos problemas: qué hacer con los cadáveres que el río sigue depositando, y cómo elaborar el duelo por los desaparecidos propios cuando esos desaparecidos podrían estar en cualquier otro cementerio del país como NN. Adoptar aquí es, en cierto modo, un ruego para que en otra parte alguien adopte a los propios.

Verdad forense y verdad ritual

El punto de fricción central entre la práctica de Puerto Berrío y la institucionalidad transicional está en el concepto mismo de identidad. Para el aparato forense —Fiscalía, Medicina Legal, UBPD—, identificar es un procedimiento técnico: cotejar información ante mortem aportada por las familias con evidencia post mortem del cuerpo hallado, cerrar el circuito con pruebas de ADN, fichas dentales, señales particulares. Esa identificación técnica puede fracasar incluso cuando las familias aportan información precisa: características físicas, prendas de vestir, rasgos idiosincráticos. La brecha entre lo que las familias saben de sus muertos y la capacidad del sistema para traducir ese saber en identificación es amplia, y su costo es medible en años de espera.

Los efectos del fracaso institucional son reales. El caso emblemático de la entrega equivocada de restos a una familia del Palacio de Justicia —tras la toma y retoma de noviembre de 1985—, descubierta décadas después, muestra cómo un error forense obliga a las familias a reabrir duelos ya elaborados y a rehacer, sobre nueva incertidumbre, el vínculo con el muerto. En la masacre de La Rochela, ocurrida en enero de 1989, las familias enfrentaron entregas equivocadas que obligaron al Procurador General a ordenar nuevas pruebas de identidad, y debieron afrontar la desfiguración de sus seres queridos sin claridad institucional sobre cómo proceder. En los procesos de exhumación en el marco de la Ley de Justicia y Paz —desde 2006, tras la desmovilización paramilitar—, algunos familiares experimentaron una reactivación severa del duelo contenido durante años cuando eran notificados de que se había hallado un cuerpo.

Frente a ese régimen técnico, el animerismo opera con otra lógica. Aquí identificar no es descubrir el nombre verdadero del cuerpo, es asignarle un nombre y sostener una relación con él bajo ese nombre. Rosa NN no es el nombre real de la mujer sepultada; es el nombre bajo el cual la mujer sepultada existe para su adoptante y para el pueblo. La operación no compite con la forense —Rosa podría ser identificada más tarde, y a veces lo es—; se instala en el intervalo, a veces indefinido, en que la forense no llega. Es una identidad relacional, no biográfica: define un vínculo, no reconstituye una historia previa.

Esa distinción tiene consecuencias sobre cómo se entiende la reparación. La restauración de la identidad de los muertos, en la lectura que emerge del trabajo comunitario, no se agota en la verificación científica: requiere prácticas culturales —nombrar, cuidar, cantar, rezar— que reconstituyen el vínculo entre vivos y muertos. Sin ellas, la identificación técnica devuelve un cuerpo a una familia, pero no reconstruye la trama social rota. La restitución puramente técnica, sostenida por las experiencias colombianas de dos décadas, es insuficiente.

Cuando la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos empezó, en los años ochenta y noventa, a marchar por Bogotá con fotografías y pancartas de las víctimas cuyos rostros portaba, en un periodo en que las autoridades colombianas negaban oficialmente la existencia del delito de desaparición forzada, hizo algo estructuralmente análogo a lo que hacen los animeros: pronunció públicamente unos nombres, dotando de identidad pública a personas que el Estado quería mantener en un limbo. La adopción de NN va un paso más allá: cuando el nombre real se ha perdido, se otorga uno provisional que cumple, en el mientras tanto, la función que el nombre real cumpliría.

Lo que revela y lo que exige

La coexistencia entre el animerismo de Puerto Berrío y la arquitectura del Sistema Integral para la Paz durante 2016–2022 no es una alianza. Es una fricción. La UBPD, la JEP y la Comisión de la Verdad se instalaron sobre un territorio en el que, por décadas, comunidades locales habían construido, sin nombre técnico y sin reconocimiento, formas prácticas de duelo colectivo, cuidado de anónimos y restitución simbólica. El aparato transicional heredó un déficit —más de ciento diez mil desaparecidos, información fragmentada entre entidades, funcionarios sin preparación, un Plan de Atención Psicosocial sin decreto de aprobación al cierre del periodo— que no podía procesar con sus solos recursos. Los saberes rituales comunitarios, sin haber sido pensados para eso, hacían parte del trabajo que la transición debía hacer.

Esa relación no debe idealizarse. El animerismo tiene, como toda práctica social, sus límites. No sustituye una identificación forense: Rosa NN sigue siendo, para la familia real de esa mujer, alguien perdido. No repara jurídicamente: no genera derechos de indemnización ni verdad procesal sobre el victimario. Depende de la disponibilidad emocional y económica de los adoptantes, personas mayoritariamente de recursos limitados. Puede coexistir con formas locales de olvido —de las razones de la violencia, de los responsables— cuando el vínculo devocional con el muerto se autonomiza de la pregunta política por quién lo mató y por qué. Y su carácter ritual puede oscurecer, para lectores externos, el hecho brutal que lo motiva: que hubo y hay actores armados que decidieron y siguen decidiendo desaparecer sistemáticamente a sus víctimas.

Pero también revela algo que la política pública colombiana ha tendido a subestimar. Que la reparación simbólica no es un complemento decorativo del proceso técnico de justicia transicional, sino su condición de posibilidad en un país en el que el aparato estatal —fragmentado, mal financiado, atravesado por la propia violencia— no puede procesar por sí solo la escala del daño. Que las economías rituales que operan en los márgenes —afro-mestizas, católicas populares, indígenas, campesinas— no son residuos de un pasado que la modernización debe superar, sino infraestructuras vivas de reconocimiento sin las cuales la justicia secular queda incompleta. Y que el conocimiento comunitario sobre los muertos —quiénes son, cómo se cuidan, qué se les debe— es un saber operativo, no un dato etnográfico.

El cementerio Universal de Puerto Berrío, con sus tumbas de lápidas pintadas a mano y sus miles de nombres inventados, sigue funcionando en 2022 como funcionó en los años ochenta cuando los primeros cuerpos empezaron a llegar por el río. Hugo sigue pasando la brocha sobre las letras de Gloria. Pacho Mesa sigue recibiendo los cuerpos que trae la corriente y avisando a un vecino que hay un muerto disponible. Los adoptantes siguen ignorando los letreros de la Fiscalía y la parroquia. Siguen llegando cuerpos. Bajo grupos armados sucesores de las AUC, la desaparición forzada persiste en la región como práctica de control territorial, con las mismas funciones de terror documentadas desde los ochenta: el fenómeno no cerró con la desmovilización paramilitar de 2006 ni con el Acuerdo de 2016. Los animeros continúan haciendo, por su cuenta, lo que aprendieron a hacer.

Esa continuidad es la que le da a la práctica su peso histórico. En el largo arco del conflicto colombiano, mientras el Estado producía guerra, negociaba paz, firmaba acuerdos y construía instituciones, en un tramo del río Magdalena un pueblo se ocupó, cuerpo por cuerpo, de que ninguno de los muertos que le llegaran quedara sin nombre. El reconocimiento a las víctimas de desaparición forzada tiene formas que no caben en el registro judicial, y esas formas son parte del inventario nacional de recursos morales con los que Colombia intenta, todavía, salir de su guerra. En la modestia inmensa de sepultar a un desconocido y llamarlo por un nombre inventado hay una respuesta política a la anonimización sistemática del enemigo. Es la respuesta que el país no diseñó, pero que necesita.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

40 documentos · 48 fragmentos
01Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 257, 2642 citas
[1]Estiben, Juan de Dios, Milagros. Otras contenían un mensaje: “Gracias por los favores recibidos”. Muchas decían “Escogido”, seguido de un nombre y las iniciales nn. Estas dos letras cuentan la misma historia en tres idiomas diferentes. En latín, Nomen Nescio; en inglés, No Name; en español, “No Nombrado”. El muro de…p. 257
[2]triviales, solo lo que necesitaba para vivir bien. Cuando por fin llegó el momento de trasladar los restos de Gloria de la tumba al osario, el gran deseo de todos los muertos anónimos, encontraron que su joven cuerpo había sido mutilado, despedazado en el momento de la muerte. Entre los asistentes al servicio, algunos…p. 264
02Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 351 cita
[3]la existencia del otro. Sin embargo, el mayor dolor de cabeza es el que constantemente denuncian las autoridades, que es más una súplica a los habitantes: no alteren las tumbas. Tanto así que, en un costado del pabellón, se lee un enorme letrero firmado por la Fiscalía y la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores…p. 35
03El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 832 citas
[4]cuenta del número creciente de masacres. En el año 1983 hubo 31 masacres en todo el país, 23 de ellas en el Magdalena Medio, es decir, casi el doble de las que se registraron en 1982, año en el que hubo 17 masacres, y el triple de 1981 en el que hubo 11. 18 de las 23 masacres del año 1983 en la región fueron…p. 83
[5]cuenta del número creciente de masacres. En el año 1983 hubo 31 masacres en todo el país, 23 de ellas en el Magdalena Medio, es decir, casi el doble de las que se registraron en 1982, año en el que hubo 17 masacres, y el triple de 1981 en el que hubo 11. 18 de las 23 masacres del año 1983 en la región fueron…p. 83
04Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 22, 242 citas
[6]Rione - gro, Matanza, Suratá y El Playón, mediante el Frente Ramón Gil - berto Barbosa Zambrano (Vicepresidencia de la República, 2001b, páginas 5-8). Este Frente como tal actuó hasta 1991, cuando se suscribió el pacto de paz entre el EPL y el Gobierno nacional, pero quedó activa en esa región una fracción disidente…p. 24
[7]y se consolidaron como grupo guerrillero predominante. Durante los años ochenta aparecieron varios grupos armados que fueron la base del paramilitarismo, entre ellos MAS (Muerte a Secuestradores), Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boya - cá, quienes luego se reconformarían como ACMM (Autodefensas Campesinas…p. 22
05No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 471 cita
[8]una presencia pre- dominante, sobre todo en las zonas más alejadas. Es así como en los años ochenta la disputa por el control territorial en el Magdalena Medio –región donde se encuentra ubicado Simacota– tuvo como actor principal a los grupos paramilitares, en parti- cular el Muerte a Secuestradores (MAS), que se…p. 47
06Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 4292 citas
[9]sea alto el número de casos “sin información” sobre la motivación, lo cual es buen indicador de la sistematicidad, la indiscriminación y lo injustificado de estos crímenes. Gráfico 43. Motivaciones de desaparición forzada para las ACMM y las ACPB, según sentencias de Justicia y Paz Fuente: Tribunal Superior de Bogotá,…p. 429
[10]sea alto el número de casos “sin información” sobre la motivación, lo cual es buen indicador de la sistematicidad, la indiscriminación y lo injustificado de estos crímenes. Gráfico 43. Motivaciones de desaparición forzada para las ACMM y las ACPB, según sentencias de Justicia y Paz Fuente: Tribunal Superior de Bogotá,…p. 429
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1401 cita
[11]los paramilitares el 21 de noviembre de 2003 junto a los bomberos: «en el río Magdalena encontramos 58 muertos y una mujer a que le cortaron los senos» 442. En medio de la guerra entre guerrillas, fuerza pública y paramilitares, muchos cadá- veres bajaban y quedaban atascados en los meandros de los ríos. Las personas…p. 140
08Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 4261 cita
[12]en medio de las disputas entre las bandas, la desapa- rición continuó teniendo la misma función ya verificada en su uti- lización en los diferentes periodos identificados: buscaba sembrar el terror y enviar mensajes aleccionadores a la población. 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 0 1 2 3 4 5 6 2 6 1 3 2 1 0 1…p. 426
09Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 5061 cita
[13]y la expansión de la ganadería extensiva. Históricamente, el Magdalena Medio ha sido una frontera de colonización interna y se ha mantenido como una región periférica, con débil y precaria presencia del Estado, tanto física como en términos de servicios sociales y públicos (Rudqvist y Van Sluys, 2005: 15). La…p. 506
10Lucho Arango, el defensor de la pesca artesanalMelba Patricia Quijano Triana, Ledis Bohórquez Farfán, Clemencia Rodríguez · 2014 · p. 511 cita
[14]el magdalena medio Grupo Regional de Memoria Histórica Universidad Pontificia Bolivariana – Seccional Bucaramanga© Atarraya en El Llanito que amenazan su existencia, procede a organizarse para movi - lizarse y defenderse, con justo derecho, porque es el derecho a reclamar su forma de vida. (Entrevista con Amparo…p. 51
11Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · p. 21, 2952 citas
[15]pique” (en Buenaventura), el “chalet de la muerte” (en Palmira, Valle) o “el matadero” (los hornos crematorios en Juan Frío, en Norte de Santander). Otros lugares conservaron sus nombres, pero una vez asociados al horror fueron abandonados y se convirtieron en rui- nas. El corregimiento de Puerto Torres (en Caquetá),…p. 21
[24]años, creyendo que era su madre María Isabel Ferrer, correspondía a Cristina Guarín, también víctima de los hechos del Palacio de Jus- ticia en 1985. Esto sucedió en el marco de la revisión de los proce- dimientos de identi fi cación y entrega de cadáveres de víctimas. Al respecto, Sofía señaló: Los restos que nos…p. 295
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 1111 cita
[16]su vereda: «Había helicópteros por encima y cuando menos pensó empezó fue una balacera y ese olor tan horrible a carne. Al momentico nosotros no supimos cómo bajamos a donde la tía mía, que vivía como a 10 minutos, y cuando le preguntamos a la tía “oiga, ¿y qué son?, ¿helicópteros?” y dijo: “No, lo que pasa ahora es…p. 111
13Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 1341 cita
[17]su conjunto quedaba en silencio. Por otro lado, se logró documentar que los paramilitares die- ron un tratamiento diferenciado a los familiares de los muertos. Los familiares de personas fallecidas por causas ajenas al conflic- to armado podían realizar velorios con las restricciones arriba anotadas, mientras que las…p. 134
14Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 3101 cita
[18]totalmente la dinámica, ya las salidas que nosotros salíamos a bailar que las 2 o 3 de la madrugada, ahí ya vienen mu- chachas, que el hostigamiento, que con las masacres, uno queda 310 Buenaventura: un puerto sin comunidad con la zozobra de las masacres. Por eso le digo que se rompe toda la dinámica que había, sigue…p. 310
15Caquetá: una autopsia sobre la desaparición forzadaHelka Quevedo Hidalgo · 2018 · p. 451 cita
[19]Memoria Histórica (2014), Textos corporales de la crueldad. Memoria Histórica y Antropología Forense, Bogotá, CNMH, página 32. 46 Caquetá: una autopsia sobre la desaparición forzada cementerios y de las que aún falta establecer su ubicación exacta. Ante esta dolorosa situación es necesario generar, de manera…p. 45
16Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 2831 cita
[20]actualidad, Colombia cuenta con algunas fuentes y regis- tros de víctimas de desaparición presuntamente forzada, que se encuentra fragmentada y atomizada en entidades o fi ciales y orga- 285 Balance de fuentes oficiales y no oficiales sobre desaparición forzada y análisis cuantitativos a partir de los datos…p. 283
17Desaparición forzada. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoElsa Blair · 2018 · p. 129, 1482 citas
[21]sentido como en el otro. Es decir, para limpiar las cifras de DFP pero, al mismo tiempo, para proporcionar un número exacto de personas ejecutadas por esta vía y tratar de lograr su reconocimiento como delito grave del Estado y su tipificación, con su respectivo juzgamiento y castigo. Hay problemas también, y sobre…p. 129
[23]quienes accedieron a contar algunas de sus actuaciones (CNMH, 2014, página 42) para lograr un resultado valioso que concluyó con la entrega de los restos a algunas de las familias. Este trabajo es útil y demuestra la necesidad de empren- der uno similar, en muchos otros casos de desaparición y de identificación de las…p. 148
18Balance de la acción del Estado colombiano frente a la desaparición forzada de personas. Tomo IVCentro Nacional de Memoria Histórica; Luz Marina Monzón Cifuentes (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 751 cita
[22]con datos como sexo, número de acta, fecha, lugar de la diligencia, señales particulares y prendas de vestir, caracte- rísticas, y tomar las impresiones dactilares de las necrodactilias y de las tarjetas decadactilares de los desaparecidos. El grupo cruza información con las personas vinculadas judicialmente y desmo-…p. 75
19Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 1011 cita
[25]que lo tuviera lastimado, lo que pasa es que por la discapacidad que él tenía, cuando él iba a caminar lo doblaba, lo montaba encima del dedo siguiente. —Ah, ya veo… Bueno, ahora voy a leerle la ropa con la que se encontró él: Una chaqueta de cuero talla 44, una camiseta azul, un pantalón a cuadros naranja, ropa…p. 101
20Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 3971 cita
[26]cuadro de la Virgen del Carmen, patrona de las ánimas, o las diosas del fuego (Changó o Santa Bárbara) al lado de un arreglo de flores naturales o artificiales, velas, un vaso de agua y una palangana para que el espíritu beba si tiene sed. La úl- tima noche va más gente y se queda en la casa toda la noche velando al…p. 397
21The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 1641 cita
[27]63 In the mid-1870s, a half-dozen parishes refused to remit tithes to the dio- cese of Cartagena, and despite their bishop’s plea of poverty, they instead retained the funds for the upkeep of local institutions. Many of these pa- rishioners willingly took the communion wafer but refused to pay for what they considered…p. 164
22Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 2961 cita
[28]negros han de ir a buscar al Padre para que los catequice y les confiera los sacramentos es pensar en lo irrealizable... " los misioneros tienen que enfrentarse Ha la apatía y la ignorancia de los negros" (Merizalde, 1921: 208). Si bien es cierto que no hubo un rechazo frontal, la asimilación de la religión católica…p. 296
23Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4851 cita
[29]experts that restoring the identity of the dead is not solely about probing DNA samples or den - tal cards, nor the result of a scientific assessment of the various facts and sources that provide evidence of whose bones are those. It is also about naming, caring, singing, and praying to them to restore their…p. 485
24La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2001 cita
[30]poder proteger sus vidas. El Acuerdo de Paz más reciente fue negociado en La Habana, Cuba, en 2012, y firmado finalmente en el Teatro Colón en Bogotá, en noviembre de 2016, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos (dos periodos, 2010-2018), y constituye el marco de transición política más…p. 200
25Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 2881 cita
[31]exiliada retornada de la Unión Patriótica y Juan Carlos Villamizar exiliado retornado, quienes viajaron como tercera y cuarta delegación, respectivamente. Véase PNUD (2014, 01 de noviembre). 363 El Acnur y el Gobierno de Colombia acordaron “avanzar en un marco de coope- ración que incluye la facilitación para la…p. 288
26Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 211 cita
[32]última década, que por sí solas no cambiaron el rumbo del conflicto, pero que indudablemente sentaron las bases para afrontarlo con mayores posibilidades de éxito. Si la Constitución del 91 fue una apertura institucional para la insurgencia, la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras fue una incursión, incipiente…p. 21
27Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 16, 222 citas
[33]fuerza pública. Volvieron otras veces. Siempre desde distintos lugares, de diversas organiza- ciones. Siempre buscando. El último grupo venía de Guaviare y del Pacífico, de La Guajira y Soacha, de pueblos indígenas y comunidades afro del Cauca y de todas las fronteras; y esa tarde pidieron que la Comisión solicitara a…p. 22
[35]desapariciones y los secuestros se contaban por centenas; los desplazamientos, por cientos de miles, y todas las camas del Hospital Militar estaban copadas por heridos de guerra. Lo ganado con el Acuerdo de Paz de noviembre de 2016 es una realidad. Si bien no se dio la transformación participativa regional que se…p. 16
28Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6461 cita
[34]se propuso en el Acuerdo Final de Paz y cuyo borrador aún no ha sido aprobado por el Gobierno nacional. El año pasado este plan estaba en una nueva revisión por parte de la Dirección Jurídica del Ministerio de Salud, y, a la fecha, el Decreto que debe acoger el Plan no se ha publicado. Sin embargo, el Ministerio ha…p. 646
29El Bloque Mineros de las AUC. Violencia contrainsurgente, economías criminales y depredación sexualJuan Esteban Jaramillo Giraldo, José Manuel Hernández, Dairo Correa Gutiérrez · 2022 · p. 3141 cita
[36]para establecer la observancia o no de los derechos de las víctimas. El trámite ante la JEP (Jurisdicción Especial para la Paz) En agosto de 2018, el Movice (Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado) le solicitó a la SRVR (Sección de Ausencia de Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad) de la JEP que…p. 314
30¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 2951 cita
[37]Procuraduría, allí gritábamos consignas unos minutos y continuábamos. A esa hora mucha gente salía de las oficinas a buscar almuerzo y se detenía a mirar la marcha, pues llevábamos las fotografías de los desaparecidos en tamaño grande, en forma de pancartas. Algunas veces repartíamos hojas volantes con la denuncia.…p. 295
31Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 2211 cita
[38]y se mostraba como una mujer fuerte. Con autoridad hablaba. Entonces no hubo tiempo para la tristeza, y apenas le dijeron que iban a desenterrar a sus muertos, le llegó la tristeza. Cuando salió Justicia y Paz, las mujeres de Valle Encantado fueron las primeras en denunciar los hechos. En el 2006, fueron de las…p. 221
32Entre la incertidumbre y el dolor: Impactos psicosociales de la desaparición forzada. Tomo IIICentro Nacional de Memoria Histórica; Liz Arévalo Naranjo (relatora); Carlos Miguel Ortiz (coordinador) · 2014 · p. 1201 cita
[39]han visto la Galería con sus rostros, sus nombres y han estructurado una y mil veces cada una de nuestras historias de dolor, pero también de lucha, resistencia y persistencia contra el olvido, contra la impuni- dad y por el derecho a saber qué pasó con nuestros seres queridos detenidos-desaparecidos, ¿por qué se los…p. 120
33Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 162 citas
[40]y reconciliación en el país. La diferencia, legalmente establecida, entre víctimas y “víctimas en el exterior”, presenta hoy un trato desigual o discriminatorio en el reconocimiento y reparaci ón integral de los miles de personas que iniciaron un éxodo internacional contra su voluntad. En el texto de Alejandro…p. 16
[41]y reconciliación en el país. La diferencia, legalmente establecida, entre víctimas y “víctimas en el exterior”, presenta hoy un trato desigual o discriminatorio en el reconocimiento y reparaci ón integral de los miles de personas que iniciaron un éxodo internacional contra su voluntad. En el texto de Alejandro…p. 16
34La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2091 cita
[42]O. Hernández (29 años) Pablo E. Beltrán (40 años) Mariela Morales (36 años) Virgilio Hernández (59 años) Samuel Vargas (51 años) Cesar A. Morales (28 años) Arnulfo Mejía (27 años). iv. El trabajo del duelo y las luchas por la justicia 211 podían comprender aún que éste era un crimen contra la nación, y que la…p. 209
35Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 991 cita
[43]atentado contra la comunidad, contra los inocentes y contra la Diócesis, que tiene una larga trayectoria como acompañante de las comunidades afro-descendientes en la región, 120 mereciendo el aprecio y el respeto de la comunidad. ¡No hubo respeto… la profanaron [la iglesia], no hubo respeto! (Testimo- nio, taller de…p. 99
36Afrodescendant Resistance to Deracination in Colombia: Massacre at Bellavista-Bojayá-ChocóAurora Vergara-Figueroa · 2018 · p. 941 cita
[44]Chap. 4, I present one strategy they use to resist amid deracination. n otes 1. For further inquiry see http://www.semana.com/nacion/articulo/farc- piden-perdon-en-bojaya-por-la-masacre-de-2002/452601-3; http://www. semana.com/buscador?query = masacre%20de%20bojaya%2012; http://…p. 94
37Seminario los procesos de paz en Colombia: experiencias y propuestas desde las ciudades regiones. Propuestas en siete ciudades-regiones de Colombia: Barrancabermeja (Magdalena Medio), Cali (Valle del Cauca), Medellín (Antioquia), Pasto (Nariño), Sincelejo (Montes de María), Tibú (Catatumbo) y Bogotá DCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1201 cita
[45]silícea, la explotación de la minería y, recientemente, el descubrimiento de yacimientos de carbón, gas y esmeraldas. A lo cual hay que agregar: ü La variedad de actividades comerciales y turísticas que se entrecruzan y pasan necesariamente por la región hasta el centro del país, a puertos y puntos estratégicos del…p. 120
38En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 241 cita
[46]motivo de la fiebre de la quina o cascarilla. El despoblamiento de nativos hecho por quineros y cazado- res fue, según Rodríguez Plata, (citado en Jacque April-Gniset, 1997, p. 11) alarmante: "De 15.000 en 1860 a 10.000 en 1880, a 5.000 en 1900, a 1.000 en 1910, a 500 en 1920, y dos docenas en 1925". Todavía en 1924,…p. 24
39Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 931 cita
[47]146) I. ANTECEDENTES Y CONTEXTO: DISPUTAS HISTÓRICAS EN EL TERRITORIO 93 Además, siendo enclave económico de la región del Magdalena Medio, Ba- rrancabermeja se constituye no solo en el escenario de confrontación política y social, sino también en el centro de la disputa por el control de los recursos que sostienen a…p. 93
40Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 2851 cita
[48]del sur de Bolívar y la parte del Magdalena Medio. (CNMH, CV, participante taller Barrancaber- meja, 2019) Este nuevo modelo se caracterizó por la regulación de la demanda y oferta de empleo, las filtraciones al oleoducto, la captación de rentas a manos de pri- vados y la corrupción en Ecopetrol; estos elementos…p. 285