La Rochela
“La Rochela es un corregimiento enclavado en las estribaciones de la serranía de los Yariguíes, en el municipio de Simacota, donde la colonización campesina del Magdalena Medio santandereano construyó durante el siglo XX una sociedad de…”
En un recodo de la vereda La Laguna, en el corregimiento rural del municipio de Simacota, en el flanco occidental de Santander, hay un topónimo que la historia colombiana no logra ya pronunciar sin sombra: La Rochela. Antes de 1989 era apenas un caserío del Magdalena Medio santandereano, un punto en el mapa de la colonización campesina que subió por las estribaciones de la serranía de los Yariguíes hacia el río Opón. Después del 18 de enero de ese año —cuando allí fueron asesinados doce de los quince miembros de una comisión judicial que investigaba las desapariciones de comerciantes en la región— el nombre quedó fijado en la memoria nacional como sinónimo de un crimen específico: el del Estado colombiano contra su propia justicia, cometido por agentes suyos y por paramilitares aliados con el narcotráfico. La Rochela es, a la vez, un lugar y un caso; una geografía y una jurisprudencia. Estas páginas intentan devolverle al topónimo su espesor: el del corregimiento antes y después de la masacre, y el del territorio que hizo posible ese crimen.
El lugar antes del nombre
El corregimiento de La Rochela pertenece al municipio de Simacota, en la parte occidental de Santander, la que baja de la cordillera hacia el río Magdalena. Es una geografía de serranías y ríos: la de los Yariguíes —también conocida como serranía de Los Cobardes— y la de las Quichas descienden hacia el Magdalena Medio, drenadas por el Chucurí, el Oponsito y el Opón, que desde los cerros de Piedra Blanca o Cruz de Macana se ven correr hacia el gran río. A diferencia del oriente santandereano, dominado por la cordillera Oriental y sus páramos de más de 3.000 metros, este flanco occidental es un territorio relativamente plano, cubierto por vegetación selvática, atravesado por trochas antes que por carreteras. Hacia 1920 y 1930, cuando ya funcionaba la refinería de Barrancabermeja y avanzaba la colonización, el Magdalena Medio santandereano concentraba unos 100.000 habitantes: colonos campesinos que ocuparon el vacío dejado por el drástico despoblamiento de los indígenas Yariguíes, diezmados por quineros y cazadores en las décadas previas. De ese mundo indígena casi nada queda: el nombre del aeropuerto de Barrancabermeja y la doble denominación de la serranía, dos huellas onomásticas de un exterminio.
La Rochela nació como parte de ese avance colonizador. Sus habitantes alternaban el aserrío del abarco y la tagua con la minería aurífera y la siembra de pancoger en las laderas que descienden hacia el Magdalena. El aislamiento era estructural: la única vía relevante, la que unía Barrancabermeja con Bucaramanga pasando por San Vicente de Chucurí, era una carretera destapada, con derrumbes frecuentes y zonas pantanosas, que tomaba mínimo seis horas cuando el clima no la volvía intransitable. Barrancabermeja misma —el gran puerto petrolero, la ciudad-refinería— era descrita en la época como "un hueco al que solo venía el que venía para Barranca". El resto del Magdalena Medio, y La Rochela con él, quedaba aún más lejos de las capitales departamentales. Ese aislamiento no fue solo topográfico: fue político. Donde el Estado no llega, otros gobiernan.
Colonos, comisiones sindicales y la memoria liberal
La colonización campesina del Magdalena Medio no fue caótica. En las zonas de frontera agraria funcionaron comisiones de baldíos y comisiones sindicales que regulaban la entrada de nuevos colonos, distribuían tierras, afiliaban a los recién llegados y ejercían funciones de autoridad comunitaria en ausencia de instituciones estatales estables. Muchos de esos colonos llegaron por recomendación directa del Partido Comunista Colombiano, cuya influencia en la organización agraria de la región fue temprana y persistente. El minifundio se convirtió en el rasgo distintivo de esa estructura agraria, y con él una sociedad campesina densamente organizada, con líderes veredales, con sindicatos, con memoria política.
Esa memoria era, en buena parte, liberal y guerrillera. Los primeros pobladores de veredas como Santa Helena del Opón, La Fortunata en San Vicente de Chucurí y la región de Riofuego venían de familias liberales y comunistas, herederas de las guerrillas del período de la Violencia bipartidista, o eran hijos de dirigentes campesinos y militantes del Movimiento Revolucionario Liberal. Cuando en 1965 el Ejército de Liberación Nacional resolvió abrir su primer foco guerrillero, lo hizo precisamente sobre esa trama social: reclutó en esas veredas, aprovechó las redes guerrilleras liberales preexistentes, y encontró en la geografía —montañas, zonas vírgenes, escondrijos naturales, la cordillera— las condiciones logísticas que necesitaba. La escogencia del Magdalena Medio no fue casual: además del arraigo campesino, la posición permitía interferir en el tránsito estratégico entre Barrancabermeja y Bucaramanga, es decir, entre el petróleo y el poder político regional.
Simacota entró en la historiografía nacional el 7 de enero de 1965, cuando el ELN presentó públicamente su naciente proyecto con la toma del pueblo. Desde entonces, todo el occidente santandereano quedó marcado como territorio guerrillero. La Rochela, corregimiento vecino, estaba dentro de ese perímetro.
Petróleo, ganado y la llegada de otro ejército
Durante los años setenta el Magdalena Medio se fue consolidando como uno de los territorios más disputados del país. Barrancabermeja era el corazón de la industria petrolera nacional y de un sindicalismo combativo; las tierras planas del valle del Magdalena se convirtieron en escenario de una ganadería extensiva en expansión; y las serranías, en refugio guerrillero. La ecuación era explosiva: capital petrolero, propiedad ganadera concentrada, colonización campesina organizada por la izquierda y presencia armada del ELN y de otras guerrillas. Faltaba un actor.
Ese actor apareció formalmente en 1981 con la creación del MAS —Muerte a Secuestradores—, que en el Magdalena Medio no fue un episodio anecdótico sino la base de un proyecto duradero. A sus miembros se les llamó "Masetos", denominación que se extendió por la región y que hacia finales de la década nombraba, ya de manera genérica, a los paramilitares del Magdalena Medio. Junto al MAS proliferaron otros grupos —Los Tiznados, las Autodefensas de Puerto Boyacá lideradas por Gonzalo Pérez y su hijo Henry de Jesús Pérez, luego reconstituidas como Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio— que compartían territorio, financiadores y, en muchos casos, hombres.
El nacimiento de este paramilitarismo no fue clandestino. Desde 1982 el Ejército acentuó tácticas contrainsurgentes en la región, con patrullajes conjuntos entre unidades militares y grupos armados civiles, y con escuelas de entrenamiento en las que oficiales y exoficiales enseñaban a los llamados "autodefensas". Puerto Boyacá se convirtió en el epicentro simbólico y logístico de ese modelo. Desde allí la avanzada paramilitar se proyectó hacia el norte: Puerto Parra en Santander, y luego el Bajo Simacota. Para 1986, esa marea había alcanzado la parte más occidental del Bajo Simacota; en el flanco oriental de la misma zona operaba un grupo local conocido como Los Sanjuaneros. La Rochela quedaba, otra vez, en la línea.
Al proyecto militar-terrateniente se le sumó, hacia finales de la década, un elemento que lo transformó por completo: el narcotráfico. Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha compraron masivamente tierras en el Magdalena Medio y se convirtieron en ganaderos y terratenientes. Cuando el costo del aparato militar superó lo que podían sostener ganaderos y hacendados tradicionales, los capitales del narcotráfico se hicieron dominantes en la financiación paramilitar. El armamento inicial —revólveres, pistolas, escopetas, insuficiente para una ofensiva de gran escala— se profesionalizó; la capacidad de mover hombres, dinero y protección política se multiplicó. El paramilitarismo del Magdalena Medio, hacia 1988 y 1989, era ya una organización armada que combinaba ganaderos, oficiales activos y en retiro, sicarios del cartel y bases campesinas cooptadas.
Los meses previos: octubre de 1988, enero de 1989
Antes de La Rochela hubo un otoño largo de sangre. El 22 de septiembre de 1988, en Campo Capote, paramilitares desaparecieron al docente y militante del FILA Jairo Antonio Rentería Ramos y a su amigo Julio Lemus González. El 10 de octubre, en Puerto Nuevo, fueron asesinadas cinco personas: la enfermera del puesto de salud Esperanza Muralla Gómez, Roquelino Mosquera Palacios, Mauricio Antonio Medina Moreno, Orlando Contreras Díaz y Ricardo Fontecha Novoa. El 20 de octubre, de nuevo en Campo Capote, mataron a Hermelinda López, dirigente del Sindicato de Trabajadores de la Policía y militante de la Unión Patriótica, frente a sus ocho hijos. El año se cerró con el asesinato, el 1 de enero de 1989 en el Ariari (Meta), de Nohra López de Sánchez —militante de la UP, esposa de un dirigente del movimiento— y de Pedro Solano, de la Central Unitaria de Trabajadores.
Esa lista no es un preámbulo: es el mapa de la operación. Los mismos hombres, los mismos financiadores, las mismas alianzas locales trazaban una línea que iba de Campo Capote a Puerto Nuevo, del Meta al Magdalena Medio, y que apuntaba hacia el expediente de los diecinueve comerciantes desaparecidos. En ese clima concreto entró en la zona una Unidad Móvil de Investigación de la justicia colombiana, integrada por quince personas, con la tarea de esclarecer, entre otros casos, aquella desaparición forzada. La comisión iba a un territorio donde todos, salvo ella, sabían lo que estaba en juego.
18 de enero de 1989
La comisión estaba compuesta por dos jueces de Instrucción Criminal —Mariela Morales Caro y Pablo Antonio Beltrán Palacios—, funcionarios del Cuerpo Técnico de Policía Judicial y personal de apoyo, hasta sumar quince integrantes. Entre ellos viajaba Arturo Salgado Garzón, cuyo testimonio se volvería después una de las piezas centrales del proceso.
Ese 18 de enero, en un paraje del corregimiento de La Rochela, al menos cuarenta hombres del grupo paramilitar conocido como Los Masetos interceptaron y retuvieron a la comisión, con la cooperación y aquiescencia de agentes estatales que el propio Estado colombiano reconocería más tarde. La ejecución fue metódica: doce de los quince miembros fueron asesinados. Tres sobrevivieron, entre ellos Salgado Garzón.
La operación fue posible porque no fue solo paramilitar. Concurrieron en ella el narcotráfico y un sector de las Fuerzas Armadas: fue, en la expresión que después usaría el propio Estado, un "amangualamiento" de tres estructuras que en el Magdalena Medio ya operaban como una sola. La masacre no fue un exceso ni un descontrol: fue una decisión. Se eligió eliminar a los funcionarios porque investigaban precisamente esa articulación —el caso de los diecinueve comerciantes conducía directamente a los mismos hombres que ordenaron matarlos.
El mapa detrás del crimen
Los nombres que aparecen detrás de La Rochela son los mismos que definen la historia del paramilitarismo colombiano en los años ochenta. Alonso de Jesús Baquero Agudelo, alias "Vladimir", el jefe operativo de la masacre, confesó entre agosto y diciembre de 1995 su participación en más de ochocientos asesinatos políticos y detalló su vínculo con dirigentes liberales, generales de la República y narcotraficantes. En su relato, el militar más involucrado fue el general Farouk Yanine Díaz, que entre junio de 1981 y julio de 1982 había sido adjunto militar en la embajada de Colombia en Washington y para 1984 comandaba brigada. Yanine, según Vladimir, lo envió a Puerto Boyacá a comienzos de los años ochenta. En archivos posteriores de la Fiscalía, reos declararon que el general había entregado dinero a Carlos Castaño para detener investigaciones, y que Castaño respondió amenazándolo con matar a sus hijas si no cedía. El paramilitarismo, en ese punto, ya no era instrumento de nadie: era un poder autónomo capaz de chantajear a sus propios patrocinadores.
Del lado del capital criminal, Henry de Jesús Pérez comandaba las Autodefensas de Puerto Boyacá y Gonzalo Rodríguez Gacha aportaba el dinero, las armas y la logística del cartel. Del lado militar, oficiales activos participaron en el diseño y ejecución. Del lado ganadero y político, redes locales aseguraban complicidad, silencio, informantes. La Rochela fue el punto donde ese entramado se hizo visible al país porque, por primera vez, sus víctimas eran el propio Estado.
Una guerra contra la justicia
La masacre no fue un accidente en la historia judicial colombiana; fue su punto más brutal en el escenario rural. Los años que la enmarcan fueron los peores de una guerra silenciosa contra los jueces. Entre 1979 y 1991 fueron asesinadas 290 personas en cumplimiento de funciones judiciales; en 1987, uno de cada cuatro jueces del país declaraba haber recibido amenazas directas o contra sus familiares; y el promedio anual de muertes de funcionarios judiciales, calculado por la Comisión Andina de Juristas, pasó de dos a comienzos de los ochenta a más de diez hacia el final de la década. Un quintuplicamiento en menos de diez años, sostenido y silencioso, que hizo del período 1987-1992 la crisis más grave de la justicia colombiana producida por la violencia dirigida contra ella. Sobre ese trasfondo, el gobierno de Virgilio Barco Vargas estimaba que apenas el 20% de los crímenes llegaba al conocimiento de las autoridades, y que de ese porcentaje solo el 4% obtenía sentencia. La impunidad, más que una consecuencia del sistema, era su norma operativa.
Guerrillas, paramilitares y narcotraficantes atacaban a los jueces por razones distintas pero convergentes: los primeros los consideraban parte del Estado; los segundos y terceros los mataban para obstaculizar procesos y preservar la impunidad. La Rochela fue el punto de encuentro de la segunda lógica. Pero hubo algo más que la vuelve singular: fue, en gran medida, un crimen invisible. La violencia contra operadores judiciales urbanos —encarnada en el asalto al Palacio de Justicia de noviembre de 1985— produjo cobertura mediática, monumentos, controversias públicas duraderas. La violencia contra operadores judiciales rurales quedó en la penumbra. Los registros de prensa fueron insuficientes; las bases de datos son fragmentarias y en parte reservadas. La Rochela ocurrió lejos, en un corregimiento sin nombre reconocido, contra funcionarios cuya jerarquía no atraía titulares. Su emergencia como caso emblemático fue lenta, y solo tras años de litigio y memoria empezó a ocupar el lugar que el país le debía.
La causa judicial y la Corte Interamericana
El proceso interno enfrentó todas las variantes de la obstrucción. Testigos fueron asesinados. Familiares fueron amenazados. Sobrevivientes y funcionarios que insistieron en la investigación tuvieron que exiliarse. Hubo condenas —contra algunos militares y narcotraficantes— pero la investigación nunca alcanzó a desmontar todo el entramado que unía al narcotráfico con miembros corruptos de la fuerza pública. La justicia colombiana, en el caso La Rochela, tuvo que investigarse a sí misma en un contexto donde investigarse era mortal.
El caso llegó al Sistema Interamericano. El 11 de mayo de 2007, la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictó sentencia contra Colombia en el caso Masacre de La Rochela vs. Colombia. El fallo estuvo precedido por otro decisivo: el caso 19 Comerciantes vs. Colombia, de 2004, sobre las desapariciones que la comisión judicial investigaba cuando fue asesinada. Los dos expedientes son parte de la misma historia, y la Corte los trató como una unidad. En la sentencia de La Rochela, Colombia reconoció por primera vez de manera formal el "amangualamiento" entre miembros del Estado, narcotraficantes y paramilitares. Fue una confesión sin precedentes: el país aceptó, ante un tribunal internacional, que sus agentes habían participado en el asesinato deliberado de su propia justicia.
La Corte, en varias decisiones de ese período, reconoció violaciones a los derechos de víctimas de desaparición forzada, ejecuciones arbitrarias, masacres y torturas, y declaró la responsabilidad internacional del Estado colombiano por el involucramiento directo de agentes estatales y por la existencia de marcos jurídicos que facilitaron, promovieron, apoyaron y toleraron la actuación paramilitar. Donde el archivo interno había sido bloqueado por el asesinato de testigos y la connivencia oficial, la Corte fijó por escrito hechos, responsabilidades y estructuras.
El corregimiento después del crimen
¿Qué pasó con el lugar? El corregimiento siguió existiendo, con sus pocas familias, su carretera trabajosa, su relación difícil con Simacota y con San Vicente de Chucurí. Pero el nombre dejó de pertenecerle solo a él. La Rochela, como sucede con los topónimos marcados por masacres, se volvió doble: el sitio real, con sus casas y sus siembras, y el sitio simbólico, el que aparece en informes, sentencias, libros y conmemoraciones. Los años noventa y comienzos de los dos mil no trajeron pacificación: el Magdalena Medio siguió siendo territorio de disputa, y las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio se reconstituyeron como estructura estable, con proyección posterior hacia las Autodefensas Unidas de Colombia. Simacota, durante los años ochenta, había sido escenario de disputa territorial entre el MAS y las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio y de Puerto Boyacá, mientras el ELN mantenía presencia desde sus orígenes. Esa superposición no se resolvió por decreto.
Pero el estatus del nombre cambió. En 2010, el Centro Nacional de Memoria Histórica publicó un informe monográfico sobre el caso, uno de los primeros títulos de la serie sobre crímenes del conflicto armado iniciada en 2008. Ese trabajo se inscribió en un esfuerzo institucional por documentar aquello que ni la prensa ni la justicia habían alcanzado a fijar. Le dio al corregimiento un doble reconocimiento: como escenario específico de un crimen contra la justicia y como caso emblemático de una violencia sistemática cuyas víctimas habían sido durante años más invisibles que las urbanas.
Un nudo gordiano
Hay una condición singular en el caso La Rochela que lo distingue incluso dentro del catálogo brutal del conflicto colombiano: las víctimas eran agentes del Estado, y los perpetradores —o parte de ellos— también. No fue el enfrentamiento entre Estado y no-Estado, entre institución y guerrilla, entre orden y subversión, sino un pliegue del Estado sobre sí mismo. Miembros de las Fuerzas Armadas, actuando en connivencia con paramilitares financiados por el narcotráfico, asesinaron a funcionarios judiciales que investigaban al mismo grupo criminal. Esa configuración —un "nudo gordiano", en la expresión que consagraría la memoria pública del caso— no admite las explicaciones habituales sobre debilidad estatal o ausencia institucional. La Rochela no ocurrió porque el Estado no estuviera: ocurrió porque, en ese rincón del Magdalena Medio, el Estado estaba dividido contra sí mismo, y una de sus partes eligió eliminar a la otra.
Por eso el caso resiste tanto la lectura estructural pura —"el vacío de Estado permitió la masacre"— como la lectura moral individualizada —"unos hombres criminales cometieron un crimen"—. Ambas son verdaderas y ambas son insuficientes. Sin el aislamiento geográfico, sin la colonización sin Estado, sin las serranías cerradas y los caminos malos, no hubo Magdalena Medio disponible para el paramilitarismo. Pero sin la decisión activa de generales, coroneles, capitanes y sus contrapartes en el narcotráfico y la ganadería, no hubo masacre. La geografía crea la condición de posibilidad; la agencia criminal ejecuta el hecho. El corregimiento fue la escena; los actores estaban en Bogotá, en Puerto Boyacá, en Washington, en las brigadas de Barrancabermeja.
La huella del topónimo
Hoy, cuando se dice La Rochela en Colombia, se dicen varias cosas a la vez. Se dice un corregimiento pequeño de Simacota que casi nadie ubica en el mapa. Se dice la masacre del 18 de enero de 1989, una fecha que las asociaciones de funcionarios judiciales y las organizaciones de derechos humanos conmemoran cada año. Se dice el caso de la Corte Interamericana, con su sentencia de 2007 y su reconocimiento del "amangualamiento" estatal. Se dice el trabajo de memoria histórica que abrió camino a las políticas de reparación. Se dice, sobre todo, una lección incómoda: que en un tramo bien identificable de la geografía colombiana —entre los Yariguíes, el Opón y el Magdalena— el país entero se replegó en un pacto criminal, y la justicia que fue a averiguarlo pagó con doce vidas la osadía de haberse acercado.
El corregimiento sigue allí, con la carretera destapada bajando desde San Vicente, los cerros al fondo, los ríos entrando al Magdalena. La palabra Rochela viene, en el uso rural colombiano, del sitio bullicioso, del jolgorio, del punto donde la gente se reúne. La ironía onomástica hace más pesado el silencio actual. Lo que ocurrió el 18 de enero de 1989 en la vereda La Laguna no fue jolgorio ni encuentro: fue la ejecución minuciosa de una comisión judicial por parte de un pedazo del Estado que había decidido no ser gobernado por sus jueces. La Rochela, al fijar ese hecho en su nombre, se volvió una de las coordenadas ineludibles con las que Colombia intenta —todavía— pensar qué clase de Estado ha sido, es y podría dejar de ser.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
36 documentos · 45 fragmentos01Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 cita
[1]aguas en la búsqueda de sus seres queridos. A medida que la guerra ha desescalado, las tamboras han vuelto a sonar, otra vez hay fiestas patronales y regresaron los festivales, los bailes cantados y los cantos bailados, reconstruyendo los vínculos entre las gentes. En las montañas santandereanas, en medio de la…
p. 38
02Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 1981 cita
[2]las copas entretejidas de un continuo bosque, de cuyo seno, dos leguas más allá, surge a 2. 530 metros de elevación la ponderosa mole de los cerros llamados Piedra Blanca o Cruz de Macana. Cuando se llega a esta cumbre, mirando al poniente y al norte, no hay términos para la vista, que largo rato divaga por el ámbito…
p. 198
03En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 241 cita
[3]motivo de la fiebre de la quina o cascarilla. El despoblamiento de nativos hecho por quineros y cazado- res fue, según Rodríguez Plata, (citado en Jacque April-Gniset, 1997, p. 11) alarmante: "De 15.000 en 1860 a 10.000 en 1880, a 5.000 en 1900, a 1.000 en 1910, a 500 en 1920, y dos docenas en 1925". Todavía en 1924,…
p. 24
04Café y ferrocarriles en Colombia: los trenes santandereanos (1869-1990)Juan Santiago Correa Restrepo · 2012 · p. 231 cita
[4]cuenta con un importante nú- mero de ríos como el Sogamoso, el Suárez, el Opón y el Chicamo- cha, entre otros, con fuertes flujos hídricos estacionales, profundos cañones y altas pendientes, lo que impide que sean navegables en toda su extensión. La parte occidental del departamento hace parte del valle na- tural que…
p. 23
05Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 2021 cita
[5]chalupas para el trasporte fluvial de pasajeros. La comunicación de Barrancabermeja con Bucaramanga tomaba mínimo seis horas por San Vicente de Chucurí, con una carretera destapada y con frecuentes derrumbes y zonas pantanosas. De la zona de Puerto Berrío a Medellín no existía carretera directa, sino solamente la vía…
p. 202
06Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1441 cita
[6]La Miel, Cimitarra y Opón, Lebrija, Nare, Carare y Sogamoso, además de una serie de pequeños afluentes. Cuando llega a Puerto Berrío, a más o menos doscientos kilómetros en línea recta desde Honda, es más del doble de ancho —casi quinientos cincuenta metros—. Al acercarse a los humedales y la ciénaga de Simití, otros…
p. 144
07Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 681 cita
[7]pú- blicas. Gobernadores, miembros de consejos locales, alcaldes y hasta senadores se han visto sometidos a la justicia guerrillera, la cual puede llegar al asesinato (ejecución revolucionaria) de la persona implicada. La citación a empleados públicos por corrupción de parte de los mucha- chos, como se llama…
p. 68
08Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 761 cita
[8]y del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), que motivados por la Revolución Cubana se insertaron en las ten- siones del mundo rural. Así, instauraron un foco revolucionario en Magdalena Medio como lugar estratégico 45, a partir de las re- des guerrilleras liberales que tenían contacto con una población campesina…
p. 76
09Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 2501 cita
[9]incipientes estructuras urbanas de la organización que más tarde se conocería como ELN. Los primeros núcleos se organizaron como redes logísticas en Bucaramanga, donde mantenían contactos con la Asociación Universitaria de Santander (AUDESA), con jóvenes de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y con miembros…
p. 250
10Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 2481 cita
[10]listos para regresar al país con el propósito de dar vida a un singular movimiento guerrillero. Entre ellos había impor- tantes líderes estudiantiles y campesinos como Víctor Medina Morón, Fabio Vásquez Castaño, Heriberto Espitia, Ricardo Lara Parada, Luis Rovira, Mario Hernández y José Merchán. El primer foco…
p. 248
11No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 471 cita
[11]una presencia pre- dominante, sobre todo en las zonas más alejadas. Es así como en los años ochenta la disputa por el control territorial en el Magdalena Medio –región donde se encuentra ubicado Simacota– tuvo como actor principal a los grupos paramilitares, en parti- cular el Muerte a Secuestradores (MAS), que se…
p. 47
12Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 561 cita
[12]de baldíos, conformada por delegados de cada una de las veredas para regular la colonización, establecer linderos y dirimir conflictos, lo que permitió una equitativa distribución de las tie- rras entre los colonos y convirtió el minifundio en un rasgo distin- tivo en la estructura agraria de la región. Las comisiones…
p. 56
13Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1211 cita
[13]GRUPOS PARAMILITARES, 1978-2016 EL ORIGEN DEL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA El paramilitarismo va a surgir, al igual que la guerrilla, en enclaves bajo una importante ausencia del Estado, si bien, a diferencia de la naturaleza guerrillera, en Colombia solo se puede interpretar el paramilitarismo, no como un hecho…
p. 121
14Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 631 cita
[14]y de control de población de los grupos paramilitares se daría simultáneamente con una intensi fi cación de las operaciones militares del Ejército en el Magdalena Medio. El Grupo de Me- moria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Recon- ciliación (CNRR) constataría que, en el Magdalena Medio, A partir de…
p. 63
15Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 221 cita
[15]y se consolidaron como grupo guerrillero predominante. Durante los años ochenta aparecieron varios grupos armados que fueron la base del paramilitarismo, entre ellos MAS (Muerte a Secuestradores), Los Tiznados y las Autodefensas de Puerto Boya - cá, quienes luego se reconformarían como ACMM (Autodefensas Campesinas…
p. 22
16Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 641 cita
[16]de Puerto Boyacá, así como con figuras de la historia del paramilitarismo como Henry Pérez y Gon- zalo Rodríguez Gacha (CNMH, 2019), que con el grupo identificado por la sigla MAS o Muerte a Secuestradores, creado en 1981 por miembros de las mafias del narcotráfico. 16 La contribución realizada por un exintegrante del…
p. 64
17El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 1592 citas
[17]litar Alonso de Jesús Baquero Agudelo, “Vladimir”, entre el 5 de agosto y el 4 de diciembre de 1995. La confesión necesitó de tanto tiempo porque narró su “participación en más de 800 asesinatos políticos, al lado de dirigentes liberales, generales de la República y narcotraficantes”. 20 Entre los políticos que…
p. 159
[18]litar Alonso de Jesús Baquero Agudelo, “Vladimir”, entre el 5 de agosto y el 4 de diciembre de 1995. La confesión necesitó de tanto tiempo porque narró su “participación en más de 800 asesinatos políticos, al lado de dirigentes liberales, generales de la República y narcotraficantes”. 20 Entre los políticos que…
p. 159
18El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 218, 2214 citas
[19](Noche y Niebla, 2005, página 34) El 16 de diciembre de 1989 paramilitares del MRN, algunos con uniformes azules, llegaron al corregimiento Puerto Valdivia en el municipio de Valdi- via, Antioquia, entraron a la heladería Tairona y les ordenaron a las personas que se encontraban en la tienda alejarse de las mesas y…
p. 218
[20](Noche y Niebla, 2005, página 34) El 16 de diciembre de 1989 paramilitares del MRN, algunos con uniformes azules, llegaron al corregimiento Puerto Valdivia en el municipio de Valdi- via, Antioquia, entraron a la heladería Tairona y les ordenaron a las personas que se encontraban en la tienda alejarse de las mesas y…
p. 218
[43]Hernández Ospina y Gloria Hernández Ospina, en la vía de Puerto Parra a Puerto Triunfo. (Nizkor por Colombia Nunca Más, 2008; Vidas silenciadas, 613, s.f.) El 10 de octubre de 1988 los paramilitares asesinaron en Puerto Nuevo a Esperanza Muralla Gómez, Roquelino Mosquera Palacios, Mauricio Antonio Medina Moreno,…
p. 221
[44]Hernández Ospina y Gloria Hernández Ospina, en la vía de Puerto Parra a Puerto Triunfo. (Nizkor por Colombia Nunca Más, 2008; Vidas silenciadas, 613, s.f.) El 10 de octubre de 1988 los paramilitares asesinaron en Puerto Nuevo a Esperanza Muralla Gómez, Roquelino Mosquera Palacios, Mauricio Antonio Medina Moreno,…
p. 221
19Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1641 cita
[21]armas, uniformes y alimentos), y las inversiones para consolidar una base social (droguerías, clínicas, escuelas y brigadas de salud). Los aportes de los ganaderos y las armas proveídas por el Ejército no bastaban para cubrir este esfuerzo de expansión. Poniéndolo en términos simples, había más necesidades que dinero.…
p. 164
20El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 3111 cita
[22]temprano como en la célula inicial del Magdalena Medio. Pero solo se convirtió en un factor dominante a finales de la década de 1980, cuando los eos tos de mantener el aparato militar subieron de manera prohibitiva, Una economía tan ineficiente como la ganadería extensiva no podía ya sostener el esfuerzo. El…
p. 311
21Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1551 cita
[23]región del Magdalena Medio fueron: San Vicente de Chucurí (1.026 personas), El Carmen de Chucurí (904 personas), Cimitarra (818 personas), Barrancabermeja (489 personas), Yacopí (473 personas), y Puerto Boyacá (395 personas). 155 Éxodo rentista: disputas por la tierra y el territorio Así también lo reconoció el propio…
p. 155
22Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 1711 cita
[24]decir que no, pero ante un magistrado ustedes no van a salir con cuentos raros, no se los va a creer nadie”. Yo les digo así en la versión, esto no se lo cree nadie, que usted sea comandante y no… es su problema, el proceso es suyo”. 340 Capítulo 2 341 JUSTICIA Y PAZ: ¿Verdad judicial o verdad histórica? crimen…
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23La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 9, 292 citas
[25]el Fallo de la Corte IDH..................................... 253 v. El modelo paramilitar en el Magdalena Medio............ 259 Puerto Boyacá desde 1982 hasta 1985: entre la subversión y el modelo paramilitar....................... 264 Auge y contracción de las farc y el eln en el Magdalena…
p. 9
[33]violencia contra los operadores ru- rales de la rama de la justicia, que respecto de los urbanos, y que la ejercida durante las últimas tres décadas contra los operadores judiciales ha permanecido más bien oculta e invisible. En efecto, la historia del impacto del conflicto armado y de la violencia organizada y…
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24El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 16, 1254 citas
[26]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…
p. 16
[27]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…
p. 16
[38]obtenían del Estado colom- biano. Todo ello en el plano de la lucha por la satisfacción del derecho a la justicia. Así, durante este periodo, el Sistema Interamericano de De- rechos Humanos pro fi rió varias decisiones (particularmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos), en las que se re- conoció la…
p. 125
[39]obtenían del Estado colom- biano. Todo ello en el plano de la lucha por la satisfacción del derecho a la justicia. Así, durante este periodo, el Sistema Interamericano de De- rechos Humanos pro fi rió varias decisiones (particularmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos), en las que se re- conoció la…
p. 125
25Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 1022 citas
[28]Regional de Diálogo”, cuyo objetivo era “procurar una salida política al conflicto armado, y para ello se propiciaron encuentros, foros y debates en diferentes re- giones”. Por estos hecho Colombia será condenada años después (CIDH, 1994). En este mismo año se presentará la masacre denominada de La rochela, la cual…
p. 102
[29]Regional de Diálogo”, cuyo objetivo era “procurar una salida política al conflicto armado, y para ello se propiciaron encuentros, foros y debates en diferentes re- giones”. Por estos hecho Colombia será condenada años después (CIDH, 1994). En este mismo año se presentará la masacre denominada de La rochela, la cual…
p. 102
26No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2261 cita
[30]los datos de la Comisión Andina de Juristas, mientras que para el periodo 1979-1982 se presentaban en promedio anual dos muertes de funcionarios judiciales, entre 1985 y 1988 este subió a 10,5 665. La Asociación Nacional de Funcionarios y Empleados de la Rama Judicial (Asonal) calculó, por su parte, 110 asesinatos…
p. 226
27Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 1051 cita
[31]que el actor del conflicto decide victimizar al funcionario judicial: las guerrillas lo hacen prin- cipalmente porque son parte del Estado que ellos combaten, mientras que los paramilitares o narcotraficantes los victimi- zan, en gran medida, para obstaculizar procesos judiciales y preservar la impunidad. Respecto de…
p. 105
28Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 941 cita
[32]“operadores judiciales”, un número pequeño pero significativo. El asunto es que cuando se asumió el caso se lo hizo en una coyuntura compleja para la justicia colombiana, y se tocó un “nudo gordiano” de la justicia y sobre todo también en la tensión entre el ejecutivo y la rama judicial. Este caso además es…
p. 94
29¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1501 cita
[34]Lisandro Martínez Z. 211 Guerra y justicia en la sociedad colombiana 3.2. Los reacomodos de la justicia y el nacimiento de la Constitución de 1991 (1987-1992) Este periodo tiene la particularidad de contar, por un lado, con la más grave crisis de la justicia producida por la violencia ejercida selectiva- mente contra…
p. 150
30Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 431 cita
[35]El general Yanine le dió una platica 34 a Castaño para que parara todo ese asunto. Carlos Castaño le manda decir que si no quiere ceder por las buenas. le va tocar ceder por las malas y no olvide que tiene dos hijas, usted no querrá que en un caso dado muera una de sus hijas». (Ambas declaraciones de los reos aparecen…
p. 43
31Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 431 cita
[36]El general Yanine le dió una platica 34 a Castaño para que parara todo ese asunto. Carlos Castaño le manda decir que si no quiere ceder por las buenas. le va tocar ceder por las malas y no olvide que tiene dos hijas, usted no querrá que en un caso dado muera una de sus hijas». (Ambas declaraciones de los reos aparecen…
p. 43
32Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4611 cita
[37]de Derechos Humanos, Caso de la Masacre de La Rochela vs. Colombia, 11 de mayo de 2007. 462 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz se vio entorpecida por incontables obstáculos. Se dieron asesinatos de testigos, exilios y nuevos ciclos de amenazas que se extendieron hasta familiares y acompañantes de las víctimas. Al…
p. 461
33La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2261 cita
[40]vs. Colombia; Sentencia caso Isaza Uribe vs. Colombia; Sentencia caso Gutiérrez Soler vs. Colombia; Sentencia caso 19 comerciantes vs. Colombia; Sentencia caso Bedoya Lima vs. Colombia. En trámite: caso Integrantes y Militantes de la Unión Patriótica vs. Colombia y caso Miembros de La Corporación Colectivo de Abogados…
p. 226
34Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 4471 cita
[41]que se determinó el fin de la ruta de la justicia penal ordinaria sin llegar a una resolución efectiva en casos de extrema gravedad. El mensaje que reciben las víctimas es que la administración de justicia es inoperante frente a sus derechos. Otros hechos fueron puestos en conocimiento de las autorida- des nacionales…
p. 447
35La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 11 cita
[42]esbozo de una memoria institucional la política de reforma agraria y tierras en colombia Centro Nacional De Memoria Histórica Director General Gonzalo Sánchez G. Coordinador de la investigación Absalón Machado C. Foto de portada © Jhon Jairo Rincón García. Campesinos recordando su vida en el territorio. Departamento…
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361989María Elvira Samper · 2019 · p. 351 cita
[45]palpitando en el pecho y el interrogante sobre cuál otro acto terrorista, cuál otro muerto, nos esperaban al día siguiente. Una realidad que las nuevas generaciones desconocen y apenas alcanzan a imaginar. _____ ENERO 1 y 11 MAL COMIENZO DE UN MAL AÑO El primer día del año es asesinada en el Meta, Nohra López de…
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