Ensayo · Seguridad Democrática · 2002–2016
Memoria histórica institucional en Colombia (GMH-CNMH, 2007-2022)
Entre 2007 y 2022, el Estado colombiano encargó por ley su propio relato del horror a través del Grupo de Memoria Histórica y el Centro Nacional de Memoria Histórica. La pregunta es si ese experimento produjo una mutación legítima del campo historiográfico o un dispositivo de cierre simbólico que disciplinó las memorias subalternas bajo marcos estatales en disputa.
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La respuesta en breve
El GMH-CNMH produjo un saber históricamente nuevo —híbrido de protocolo académico, testimonio judicial y derecho internacional humanitario— que rompió con la historiografía previa y visibilizó a las víctimas de manera inédita, cifrando en unos 220.000 los muertos del conflicto entre 1958 y 2012 y documentando 2.505 masacres con 14.660 víctimas entre 1982 y 2007. Ese logro es, sin embargo, inseparable de sus condiciones de producción: nació del mismo marco legal (Ley 975 de 2005) denunciado como amnistía encubierta, operó bajo un gobierno que negaba el conflicto armado, dependió de categorías judiciales que filtraron las experiencias no traducibles al derecho, y quedó expuesto a la captura política de cada gobierno de turno. La institución fue simultáneamente ruptura epistemológica y trampa estructural, y ambas dimensiones son constitutivas, no separables.
La primera lectura celebratoria equipara el GMH-CNMH a la mutación que representó la Nueva Historia de los años setenta: metodología participativa real, víctimas como coautoras, corpus sistemático producido contra la doctrina oficial. La segunda lectura crítica sostiene que la memoria institucional operó como suplemento simbólico de una transición negociada por arriba, donde el Estado repara con narrativa lo que no repara con justicia —apenas 92 sentencias condenatorias tras dieciséis años de Justicia y Paz— y donde el lenguaje neutralizante del 'conflicto entre actores' disuelve las asimetrías reales de la victimización. Una tercera lectura desplaza el eje hacia la tensión entre verdad histórica y verdad judicial: la sala de versionados de Justicia y Paz determinó el catálogo de eventos narrables y dejó fuera memorias no traducibles a categorías legales. El debate se agudiza con la sucesión de directores —de Gonzalo Sánchez Gómez a Rubén Darío Acevedo Carmona bajo Iván Duque—, que demostró que una institución cuya autoridad depende de la coherencia de su relato queda expuesta, por diseño, a que cada gobierno reencuadre ese relato.
Ensayo completo
La lectura
¿Qué tipo de verdad produce un Estado en guerra cuando se encarga por ley de narrar su propio horror?
Entre 2007 y 2022, el Estado colombiano encargó por ley su propio relato del horror. Primero fue el Grupo de Memoria Histórica (GMH), constituido dentro de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación por mandato de la Ley 975 de 2005; luego, desde 2011, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), creado por la Ley 1448. Bajo la dirección de Gonzalo Sánchez Gómez —violentólogo veterano que había pasado por la Comisión de Estudios sobre la Violencia de 1987— la institución produjo, en plena guerra y contra la doctrina oficial que negaba la existencia del conflicto armado, el corpus más sistemático de verdad histórica jamás elaborado sobre la violencia colombiana: informes sobre Trujillo, El Salado, Bojayá, La Rochela, Bahía Portete, San Carlos, la Comuna 13 de Medellín; una investigación transversal sobre mujeres y guerra; el balance nacional ¡Basta Ya! (2013), que cifró en unos 220.000 los muertos del conflicto entre 1958 y 2012. Ese saber —híbrido de academia, testimonio judicial y derecho internacional humanitario— no continuó la historiografía previa: la mutó. Y esa mutación es a la vez su mayor logro y su problema estructural.
La pregunta que ese ciclo obliga a formular tiene una forma engañosamente sencilla: ¿qué tipo de verdad produce un Estado que se investiga a sí mismo por ley, con víctimas como coautoras, mientras sigue en guerra? Toda comisión de la verdad enfrenta la paradoja del Estado que se examina a sí mismo, pero en Colombia esa paradoja se agudizó por tres condiciones simultáneas y sin precedente comparable. Primera: el mandato surgió de la Ley 975 de 2005 —la Ley de Justicia y Paz—, un marco denunciado desde su radicación en el Senado en agosto de 2003 por la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, y por organizaciones nacionales, como amnistía encubierta a los paramilitares que se desmovilizaban. Segunda: la institución operó bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, que había proscrito el término "conflicto armado" y sustituido "guerrilleros" por "terroristas" y "narcoterroristas", haciendo del negacionismo del conflicto una política de Estado. Tercera: la guerra no había terminado. Cuando el GMH publicó Trujillo. Una tragedia que no cesa en 2008, seguían operando en el territorio los grupos armados posdesmovilización que el propio gobierno denominaba bacrim y que las Águilas Negras, en mayo de 2009, reivindicaban como continuadores políticos del paramilitarismo.
Que en esas condiciones el Estado colombiano encargara por ley un relato oficial del horror —producido por académicos, con metodología participativa, contra la propia doctrina presidencial— constituye un experimento historiográfico e institucional cuyos alcances y trampas conviene pesar con cuidado. La cuestión no es si el GMH-CNMH aportó al conocimiento —lo hizo, y considerablemente— sino qué tipo de saber se produce cuando el mandato viene de la ley, el interlocutor es un Estado en guerra y las categorías disponibles son las de la justicia transicional. Responderla exige distinguir tres planos que suelen confundirse: la innovación epistemológica del régimen memorial, sus condiciones estatales de producción y sus efectos políticos.
Sobre esos tres planos han cristalizado tres lecturas. La primera —celebratoria— sostiene que el GMH-CNMH representó una mutación legítima del campo historiográfico colombiano, comparable en su alcance al tránsito de la "historia patria" positivista a la Nueva Historia de los años setenta. Sus argumentos son fuertes. El principio metodológico adoptado desde la consolidación del grupo en 2007 —que la verdad y la memoria son construcciones sociales, y que las víctimas y sus organizaciones son partícipes, no meras informantes— rompió con la relación extractiva clásica entre historiador y fuente. Los créditos de los informes de Bojayá, La Rochela, la ATCC o la Comuna 13 incorporaron a gestores locales de memoria, representantes de organizaciones comunitarias e investigadores locales junto al equipo académico. En un país donde la memoria histórica de los años ochenta se había construido en trincheras dispersas —comités de derechos humanos, archivos parroquiales, organizaciones de víctimas— la Ley 975 encapsuló y visibilizó estatalmente ese campo previo, articulándolo con recursos, mandato y proyección pública.
La segunda lectura —crítica— señala que ese logro es inseparable de su origen jurídico. Si la Ley 975 fue redactada por el equipo del Comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo para conceder penas alternativas de entre cinco y ocho años a jefes paramilitares confesos de crímenes de lesa humanidad, y si ese marco fue denunciado internacionalmente como sanción legal de la impunidad, entonces la memoria producida a su sombra opera dentro de un dispositivo de cierre simbólico: el Estado repara con narrativa lo que no repara con justicia. La verdad histórica del GMH funcionaría, en esa lectura, como suplemento pedagógico de una transición negociada por arriba, con víctimas en posición receptora y con las asimetrías de la victimización disueltas en el lenguaje neutralizante del "conflicto entre actores".
Una tercera lectura —la más incómoda— desplaza el eje. La tensión decisiva no sería academia contra Estado, sino verdad histórica contra verdad judicial. La epistemología de Justicia y Paz —centrada en el esclarecimiento de circunstancias de modo, tiempo y lugar de crímenes individualizados, en versiones libres regladas donde el fiscal administra la palabra— determinó el catálogo de eventos que podían constituirse en narrativa histórica y dejó fuera experiencias de guerra que no se articulan con categorías legales: espiritualidades afroatrateñas que desbordan las nociones de duelo y reparación, memorias guerrilleras que permanecen ocultas en archivos clandestinos, violencias cotidianas sin víctima jurídicamente reconocible. En esa lectura, el GMH-CNMH fue simultáneamente puerta y filtro: abrió un espacio inédito y lo enmarcó.
Las tres lecturas dicen algo verdadero. La cuestión es cómo se combinan.
El logro epistemológico es concreto y no menor. Antes de 2007 no existía en Colombia un corpus sistemático sobre el conflicto producido con protocolo académico, mandato oficial y acceso a testimonios de perpetradores desmovilizados. El GMH lo construyó en cinco años. Trujillo inauguró la serie en 2008; le siguieron los informes sobre El Salado, Bojayá, La Rochela, Bahía Portete y San Carlos, la reconstrucción de la resistencia civil de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare en El orden desarmado, la investigación transversal Mujeres y guerra y, finalmente, el balance nacional ¡Basta Ya!. La cifra provisional de 2.505 masacres con 14.660 víctimas entre 1982 y 2007 —levantada con las reservas del propio equipo, que advirtió el subregistro— convirtió al conflicto colombiano, en su propia caracterización, en "una guerra de masacres" tanto como de combates. Y estableció, con los datos del Observatorio de Memoria y Conflicto, que la mayor parte de las víctimas civiles letales del conflicto fueron responsabilidad de grupos paramilitares, en su enorme mayoría por asesinato selectivo, masacre y desaparición forzada. Producir ese dato, en el país que produce ese dato, no es trivial.
La metodología participativa fue asimismo real, no decorativa. El informe sobre La Rochela —los diecinueve funcionarios judiciales asesinados en enero de 1989 por paramilitares del Magdalena Medio con complicidad militar— se produjo por mandato de la Corte Interamericana de Derechos Humanos: la Corte condenó al Estado colombiano y ordenó que el caso fuera investigado por el GMH como parte de la reparación simbólica a las víctimas sobrevivientes y a los familiares. La memoria histórica operó ahí como sanción interamericana convertida en investigación académica. En Bojayá, la reconstrucción incorporó a la comunidad afroatrateña como coproductora del relato; el informe puso en evidencia el desamparo de centenares de pequeños poblados alejados de los centros administrativos, donde la presencia del Estado solo se materializa después de la tragedia. En Bahía Portete —masacre wayúu de abril de 2004, ejecutada por bloques paramilitares apenas días después de que los mismos comandantes se concentraran en Ralito el 31 de marzo para negociar su desmovilización— la investigación incorporó a autoridades tradicionales y protocolos indígenas de duelo que ninguna categoría de Justicia y Paz contemplaba.
Al mismo tiempo, los límites son estructurales, no coyunturales. El primero es epistemológico. La sala de versionados de Justicia y Paz —donde participan abogado defensor, fiscal e investigadores, y donde el fiscal administra la palabra— produce un escenario comunicativo regulado por categorías legales de daño. Los versionados evaden preguntas, culpan a otros, guardan silencio ante interrogaciones sobre tortura o asesinato, usan un lenguaje frío que desplaza la culpa. El propio GMH documentó el contraste: las memorias de las víctimas se centran en la dignidad e inocencia de los afectados; las de los victimarios están llenas de silencios, minimizan los hechos y los presentan como episodios aislados justificados por un supuesto enemigo guerrillero. La verdad histórica y la verdad judicial, incluso cuando los operadores judiciales se esfuerzan por usar categorías de justicia transicional, no se identifican jamás plenamente. Pero la primera, en el dispositivo colombiano, se produjo con la segunda como marco.
El segundo límite es de resultados judiciales. Tras dieciséis años de aplicación, la Ley 975 había producido apenas 92 sentencias condenatorias y, en el mismo marco, se hallaron poco más de seis mil fosas entre 2005 y julio de 2021. La lentitud fue tal que en 2012 hubo que reformar la ley con la Ley 1592. Los testimonios de víctimas expresan frustración explícita: el proceso no entregó la verdad prometida ni resolvió los casos de desaparición forzada. Las encuestas de percepción muestran que las medidas fácticas —colaboración en localización de desaparecidos, cumplimiento de penas, revelación de la verdad— reciben más respaldo que los actos simbólicos como homenajes o solicitudes públicas de perdón. La ciudadanía victimizada distingue entre reparación real y ritual estatal, y confía menos en el segundo.
El tercer límite es político y de captura institucional. La CNRR-GMH nació bajo Uribe, en tensión con la doctrina oficial que negaba el conflicto y proscribía las categorías con las que el propio GMH trabajaba. El CNMH nació bajo Juan Manuel Santos en 2011, cuando el mismo gobierno preparaba las negociaciones que se abrirían formalmente con las FARC en 2012, y su producción se alineó con la construcción de un horizonte transicional. Bajo Iván Duque, la dirección pasó a Rubén Darío Acevedo Carmona, historiador cuya designación fue leída por sectores del campo como una operación de reencuadre negacionista del conflicto: la institución que había producido ¡Basta Ya! podía ahora administrar, desde su cúpula, una lectura hostil al propio corpus acumulado. La misma línea de créditos institucionales lista a Sánchez Gómez y a Acevedo Carmona como directores sucesivos de la misma entidad. Una institución cuya autoridad depende de la coherencia de su relato queda expuesta, por diseño, a que cada gobierno reescriba ese relato.
El cuarto límite es de financiación y encuadre internacional. El balance Regiones y conflicto armado (2018) fue publicado con apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Que el mismo país cuya "guerra contra el terror" fue invocada por Uribe para eludir preocupaciones internacionales de derechos humanos y continuar el flujo de ayuda militar financie parte de la producción memorial no invalida los informes, pero inscribe el proyecto en una geopolítica del saber transicional que difícilmente puede ignorarse.
El quinto límite es curatorial. El equipo del GMH incluyó a Sánchez Gómez, Eduardo Pizarro Leongómez, María Emma Wills, Absalón Machado, Pilar Riaño Alcalá, Álvaro Camacho Guizado, Iván Orozco Abad. Es una nómina de primera línea académica. También es una nómina bogotana, universitaria y en su mayoría de tradición violentológica: la misma tradición que tendió a fusionar pasado y presente violento en una cronología de guerra permanente que dificultaba distinguir ciclos históricos. Cuando esa tradición se encontró en posición de curar las memorias del país, produjo un régimen de visibilidad que privilegió el caso emblemático narrable, la masacre con víctimas identificables, el territorio susceptible de estudio de campo. Lo que no cabía en ese formato —memorias de la diáspora en España, Ecuador o Venezuela; espiritualidades no traducibles a categorías de reparación; complicidades cotidianas del vecindario— quedó en los márgenes de un archivo que se presentó, sin embargo, como nacional.
Volvamos entonces a la pregunta. El GMH-CNMH fue simultáneamente una ruptura y una trampa, y ambas dimensiones son constitutivas, no separables.
Fue una ruptura porque produjo, contra la doctrina oficial que gobernaba el país cuando la institución nació, un corpus de conocimiento que ninguna otra instancia —ni la universidad por sí sola, ni las organizaciones de víctimas por sí solas, ni la fiscalía por sí sola— habría podido producir. Ese corpus es de un tipo nuevo: mezcla protocolo académico, testimonio de víctimas y victimarios recogido bajo mandato legal, y categorías del derecho internacional de los derechos humanos. No es historia académica clásica —depende del dispositivo judicial— ni comisión de la verdad al estilo argentino, peruano o sudafricano —opera sin cierre del conflicto y sin poderes de amnistía o citación—. Es una figura híbrida que engendró un intelectual público también híbrido: académico, litigante indirecto y formulador de política pública, con Gonzalo Sánchez Gómez como caso emblemático de esa figura sostenida entre 2007 y 2018.
Fue una trampa porque su génesis en Justicia y Paz —una ley denunciada por Naciones Unidas y por el movimiento de derechos humanos como impunidad regulada— inscribió en el saber producido las categorías legales del propio dispositivo que se cuestionaba. La memoria oficial transformó el régimen de visibilidad de las víctimas —nunca antes en Colombia una víctima campesina de Trujillo, de Bahía Portete, de El Salado había tenido acceso a un aparato estatal dedicado a inscribir su experiencia en un archivo público— pero también la disciplinó, traduciendo la experiencia local a categorías estatales de daño susceptibles de reparación administrativa. En el proceso, algunas memorias fueron ganando espesor institucional; otras —las guerrilleras, las de zonas de frontera, las de la diáspora, las que involucraban espiritualidades no legibles— quedaron en un limbo.
La comparación con Perú, Sudáfrica y Argentina permite precisar la singularidad. La Comisión de la Verdad y Reconciliación peruana también incorporó testimonio comunitario y trabajo antropológico de terreno; la sudafricana tuvo poderes de amnistía condicionada; la argentina se apoyó en organismos de derechos humanos preexistentes con capital moral acumulado. El rasgo verdaderamente singular del caso colombiano no fue la metodología participativa —compartida en variantes con Perú— sino que la institución operó sin cierre del conflicto. Eso tiene una consecuencia epistemológica profunda: cada informe regional del GMH-CNMH fue un acto político con consecuencias inmediatas para comunidades aún en riesgo. Publicar sobre Bahía Portete cuando los perpetradores estaban vivos y sus estructuras operativas mutaban en grupos posdesmovilización no es el mismo acto que publicar sobre la ESMA veinte años después de la dictadura. La memoria se produjo bajo la presión de la guerra en curso, y esa presión no es un accidente que se pueda descontar del análisis: es la condición estructural del régimen memorial colombiano.
Sobre la eficacia pedagógica —la promesa transicional de que la verdad histórica transformaría el sentido común nacional— la evidencia es más modesta que el discurso institucional que la acompañó. La violencia colombiana tiene alto impacto local y regional y baja resonancia nacional; genera habituación y movilización limitada. ¡Basta Ya! vendió, circuló, se enseñó en algunas universidades. Pero la sociedad que en 2016 rechazó el plebiscito por los acuerdos con las FARC no era, evidentemente, una sociedad transformada por el corpus del GMH. Los informes operaron —al menos en parte— más como rituales de cierre simbólico estatal, dirigidos a un lector internacional, académico y de organizaciones de víctimas, que como dispositivos pedagógicos efectivos sobre el sentido común de la ciudadanía media.
Queda, así, una respuesta con tres tiempos: el GMH-CNMH produjo un tipo de saber histórico nuevo y valioso; ese saber está estructuralmente marcado por su origen en Justicia y Paz y por la guerra activa en la que se produjo; su legado pedagógico, curatorial y político es un problema abierto que la sociedad colombiana apenas empieza a discutir con distancia.
Hay al menos cinco flancos que la propia trayectoria de la institución deja pendientes. El primero es el estatuto de las memorias que el dispositivo no pudo procesar. La memoria de las guerrillas colombianas permanece parcialmente en archivos privados, legales o clandestinos, contradiciendo el deber de verdad propio de las transiciones. Las espiritualidades afroatrateñas del Medio Atrato desbordan las nociones de reparación, reconciliación y duelo del léxico transicional. Las memorias de la diáspora colombiana en España, Ecuador y Venezuela obligan a desnacionalizar la historia patria: si el sujeto victimizado está fuera del territorio, el dispositivo memoria-nación-territorio empieza a agrietarse. Ninguno de esos frentes fue cerrado por el CNMH; algunos apenas fueron abiertos.
El segundo son los efectos no deseados sobre las familias de los victimarios: el estigma heredado por hijos, viudas y hermanos de combatientes desmovilizados que aparecen nombrados o descritos en los informes. Es un problema tratado con parquedad en el debate regional latinoamericano y que la institución colombiana, por su alcance y detalle documental, produce con especial intensidad. Cómo compatibilizar el deber de verdad con la protección de esas familias es una pregunta abierta.
El tercero es el destino del Museo de la Memoria, cuya administración corresponde al CNMH por mandato legal y cuya ejecución bajo Duque fue objeto de disputas públicas. Un museo nacional de la memoria de un conflicto no terminado, dirigido por directores designados según la mayoría política del momento, es un artefacto institucional cuya viabilidad está por demostrarse.
El cuarto es la relación con la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Jurisdicción Especial para la Paz y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, creadas tras los acuerdos de La Habana. La CEV cerró en 2022 con su Informe Final. El CNMH, que había sido la institución pionera del ecosistema memorial colombiano, quedó redefinido —y en cierta medida disminuido— por esa nueva arquitectura. Cómo se articulan y qué división del trabajo se consolida entre las cuatro instancias es una pregunta institucional aún abierta.
El quinto es la posibilidad misma de una memoria histórica no estatal capaz de sostenerse en el largo plazo. El campo de memoria que actuó en Colombia desde los años ochenta —comités de derechos humanos, organizaciones de víctimas, la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz, iniciativas territoriales— existía antes del GMH y sobrevive al CNMH. Que ese campo subalterno haya cedido protagonismo público al dispositivo estatal durante quince años fue un efecto de la Ley 975; que lo recupere, en formas nuevas, después de un ciclo institucional en el que el saber memorial demostró ser tan poderoso como capturable, es probablemente la tarea del período que se abre.
Si algo enseña el ciclo 2005-2022 es que la pregunta inicial no admite respuesta pacífica. Colombia produjo, en plena guerra, un archivo que va a sobrevivir a la institución que lo generó; ensayó un método —la memoria como construcción social con participación comunitaria y protocolo académico— que constituye una contribución latinoamericana genuina al saber transicional; y aprendió, quizá a su pesar, que ningún relato del horror producido por el Estado —incluso cuando lo escriben los mejores investigadores del país, incluso cuando incorpora a las víctimas como coautoras, incluso cuando contradice la doctrina oficial del gobierno de turno— puede evadir las condiciones estatales de su producción. Reconocer esa contradicción sin colapsarla ni en la celebración institucional ni en el desmontaje cínico es, probablemente, la única forma seria de heredar el trabajo del GMH-CNMH.
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Documentos usados en esta lectura
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[5]diplomática para convencer a la Comunidad Internacional, de lo bien fundado de su «Seguridad Democrática» y del proceso de paz con los narco-para-militares. Pero sin nombrar los puntos más polémicos de ese proceso de paz y causa de una de las mas grandes preocupaciones del pueblo colombiano, a saber: A) Estatuto…
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[14]975. The GMH’s reports tried to adhere to what its team had cautioned since consolidating in 2007: Truth and memory are socially con - structed. Consequently, truly participatory mechanisms were vital to its work to guarantee that victims and their organizations be “part of the construction” of truth and memory…
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[50]que es quien usualmente habla. Es difícil imaginar la cantidad de crímenes co- metidos por algunos de ellos. En una ocasión había uno “no ma- yor de treinta años” que era acusado de haber asesinado a más de cincuenta personas con sus propias manos: a bala, descuartizados a machete, a golpes; en otros casos, los…
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12La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2, 252 fragmentos
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14La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 11 fragmento
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15Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 11 fragmento
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17La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 11 fragmento
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[21]Regiones y conflicto armado Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico Regiones y conflicto armado Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico Centro Nacional de Memoria Histórica Regiones y conflicto armado Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico…
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p. 152
19Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 11 fragmento
[22]Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico Centro Nacional de Memoria Histórica Tierras Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico Alejandro Reyes Posada Relator CENTRO NACIONAL DE MEMORIA…
p. 1
20Análisis cuantitativo del paramilitarismo en Colombia. Hallazgos del Mecanismo no Judicial de Contribución a la VerdadÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Bruce David Ochoa Ochoa, Gustavo Adolfo Narváez Rodríguez, Jonathan Peter Stucky Rodríguez, Anascas del Río Moncada · 2019 · p. 11 fragmento
[23]ANÁLISIS CUANTITATIVO DEL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA Hallazgos del Mecanismo no Judicial de Contribución a la Verdad ANÁLISIS CUANTITATIVO DEL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA Hallazgos del Mecanismo no Judicial de Contribución a la Verdad Centro Nacional de Memoria Histórica ANÁLISIS CUANTITATIVO DEL PARAMILITARISMO EN…
p. 1
21Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 32, 2172 fragmentos
[25]una orientación a valorar el estado de fragilidad, en el trato que se da a la vida de los otros. Los informes del CNRR-GMH comenzaron documentando, a partir de procesos de reconstrucción de la memoria, casos em- blemáticos. En 2008-2010 se publicaron las investigaciones sobre los hechos ocurridos en los municipios de…
p. 32
[29]invisible de la guerra. Desplazamiento forzado en la Comuna 13, Bogotá, CNRR-GMH. (2010b), La Rochela: memorias de un crimen contra la justicia, Bogotá, CNRR-GMH. (2010a), La masacre de Bahía Portete: mujeres wayúu en la mira, Bogo- tá, CNRR-GMH. (2010), Bojayá. La guerra sin límites, Bogotá, CNRR-GMH. (2009a),…
p. 217
22Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 21 fragmento
[26]NUESTRA VIDA HA SIDO NUESTRA LUCHA RESISTENCIA Y MEMORIA EN EL CAUCA INDÍGENA Coordinador de la investigación Daniel Ricardo Peñaranda Supelano Autores Graciela Bolaños Víctor Daniel Bonilla Jorge Caballero Fula Myriam Amparo Espinoza Vianney Judith García Jorge Hernández Lara Daniel Ricardo Peñaranda Pablo Tattay…
p. 2
23Memorias plurales: experiencias y lecciones aprendidas para el desarrollo de los enfoques diferenciales en el Centro Nacional de Memoria Histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoCentro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 991 fragmento
[27]administrar un Museo de Memoria, destinado a lograr el fortalecimiento de la memoria colectiva acerca de los hechos desarrollados en la historia reciente de la violencia en Colombia”. 99 2 Enfoque diferencial étnico conocimientos que posibilitan la reconfiguración permanente de los dispositivos culturales. En el…
p. 99
24Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 392, 4752 fragmentos
[28](from the National Center for Historical Memory), including Grupo de Memoria Histórica, Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, “Recordar y narrar el con fl icto: Herramientas para reconstruir memoria histórica” pamphlet (2009), 19 (“a unifying”); Sánchez G., “Prólogo,” in ¡Basta ya!, 16 (“Far”). 57. Ley…
p. 475
[70]historical record. Sources that had originally described “ violencia ” were now made to refer to “la Violencia.” 46 This helped to construct a chronology that emphasized violence over peace. Sánchez would take the analysis further in subsequent works, arguing to Colombian and U.S. audiences that “Colombia has been a…
p. 392
25La masacre de Bahía Portete: Mujeres Wayuu en la miraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Pilar Riaño A. (Relatora), Jesús Abad Colorado L., María Luisa Moreno R., María Emma Wills O. · 2010 · p. 1, 252 fragmentos
[30]La masacre de Bahía Portete Mujeres Wayuu en la mira Informe del grupo de memoria histórica de la comisión nacional de reparación y reconciliación La masacre de Bahía Portete FUNDACIóN 9 789587 580235 ISBN: 978-958-758-023-5 Las mujeres no se tocan. No van a la guerra, no se violan, no se les expulsa de la tierra. Eso…
p. 1
[58]y capacidad de corrupción. El objetivo de esta variante paramilitar, como bien se ha dicho, no era ganarse políticamente la po- blación, sino “controlar la población como parte del dominio territorial”. 16 Lo anterior es el contexto, llamémoslo político-criminal, en el que se produce la masacre objeto de este informe.…
p. 25
26Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 11 fragmento
[31]w Mujeres y guerra Víctimas y resistentes en el Caribe colombiano informe del grupo de memoria histórica de la comisión nacional de reparación y reconciliación Mujeres y guerra Para entender la guerra también es necesario mirar más allá del campo de batalla. Las festividades, las celebraciones religiosas o las…
p. 1
27Mujeres que hacen historia. Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 11 fragmento
[32]Mujeres que hacen historia Tierra, cuerpo y política en el Caribe colombiano informe del grupo de memoria histórica de la comisión nacional de reparación y reconciliación Mujeres que hacen historia Estos cuatro relatos de mujeres valientes de la Costa Caribe son el reverso de la guerra. Sus historias ayudan a entender…
p. 1
28Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 2, 192 fragmentos
[33]2 Gonzalo Sánchez G. Coordinador del Grupo de Memoria Histórica Martha Nubia Bello Albarracín Relatora de la investigación sobre el Caso Emblemático de Bojayá Pilar Riaño Alcalá Correlatora Belky Mary Pulido Camila Orjuela Villanueva Ricardo Chaparro Pacheco Asistentes de investigación Diana Marcela Gil Asistente…
p. 2
[77]que ella también sufre los estragos de la guerra en la región. “ Esta tragedia se pudo evitar pero el Estado sólo entra a un pueblo cuando han matado a un poco de gente” 3, describe con crudeza y también con resignación un habitante de Bojayá. Y es que la reclamada presencia del Estado sólo se materializa después de…
p. 19
29Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 11 fragmento
[34]La huella invisible de la guerra Desplazamiento forzado en la Comuna 13 Informe del grupo de memoria histórica de la comisión nacional de reparación y reconciliación Desplazamiento forza D o en la comuna 13: la huella invisible D e la guerra. Relatores de la investigación Luz Amparo Sánchez Marta Inés Villa Pilar…
p. 1
30La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 21 fragmento
[35]Gonzalo Sánchez G. Coordinador del Grupo de Memoria Histórica Absalón Machado y Donny Meertens Relatores de la Investigación sobre Tierras y Conflicto Jeannette L. Castro Hernández Pablo Andrés Nieto Ortiz Eliana Pinto Velásquez John Jairo Rincón García Javier Soto Equipo de investigación Alejandrina Pacheco José…
p. 2
31La masacre de El Tigre. Un silencio que encontró su vozGonzalo Sánchez G., Martha Nubia Bello Albarracín, Andrés Cancimance López · 2011 · p. 11 fragmento
[36]LA MASACRE DE EL TIGRE UN SILENCIO QUE ENCONTRÓ SU VOZ Informe del Centro Nacional de Memoria Histórica La masacre de El Tigre, Putumayo Un silencio que encontró su voz Miembros del Grupo de Memoria Histórica Gonzalo Sánchez G. Coordinador del Grupo de Memoria Histórica Andrés Fernando Suárez Relator de la…
p. 1
32El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 11 fragmento
[37]EL ORDEN DESARMADO La Resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC) Informe del grupo de memoria histórica EL ORDEN DESARMADO LA RESISTENCIA DE LA ASOCIACIÒN DE TRABAJADORES CAMPESENINOS DEL CARARE (ATCC) Gonzalo Sánchez Gómez Coordinador del Grupo de Memoria Histórica Mario Aguilera Peña…
p. 1
33Hasta encontrarlos. El drama de la desaparición forzada en ColombiaMartha Nubia Bello Albarracín, Andrés Fernando Suárez, Mónica Márquez Ramírez · 2016 · p. 4171 fragmento
[38]en Colom- bia. Un estudio de casos del conflicto armado colombiano 1985 – 2015, Bogotá. Gallón Gustavo; Rodríguez Rincón Harvey y Abonía Vergara Die- go Fernando, (2013), Desa fi ando la intransigencia, Comisión Co- lombiana de Juristas. Gallón, Gustavo, (1983), La República de las armas, CINEP, Bogotá. Grupo de…
p. 417
34Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 6051 fragmento
[39]de Reparación y Reconciliación – Grupo de Memo- ria Histórica. (2010). La Rochela: memorias de un crímen contra la justicia. CNRR - GMH. (2011). Mujeres y guerra: Víctimas y resistentes en el Caribe Colombiano. CNRR - GMH. (2011). El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabaja- dores Campesinos del…
p. 605
35Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 3511 fragmento
[40]Medellín, Colombia. Centro de Memoria Histórica – CNRR, (2009), Recordar y narrar el con fl icto: Herramientas para reconstruir su memoria histórica, Bogotá, CNRR. Grupo de Memoria Histórica, (2013), ¡Basta Ya! Colombia: Memo- ria de Guerra y Dignidad, Bogotá, Pro-Off Set. Centro Nacional de Memoria Histórica, (2014),…
p. 351
36¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 2, 672 fragmentos
[41]31 Si no se habla, si no se escribe y no se cuenta, se olvida y poco a poco se va tapando bajo el miedo. La gente que vio el muerto se va olvidando y tiene miedo de hablar, así que llevamos un oscurantismo de años en el que nadie habla de eso [...] Como nadie habla de lo que pasó, nada ha pasado. Entonces bien, si…
p. 2
[75]acelerada urbanización que no pudo ver o que quizás optó por ver solo lo que le era próximo y más llamativo. En este sentido, la nuestra es una violencia con mucho impacto en lo local y lo regional, pero con muy poca resonancia en lo nacional. A eso quizás se deban la sensación generalizada de habituación al conflicto…
p. 67
37La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 2691 fragmento
[43]grandes masacres, perpetradas con métodos crueles, que dejaron un alto número de víctimas. El 75 % de las masacres documentadas por el Grupo de memoria Histórica con un número reducido lograron ser sacadas a la luz. A continuación, me permito describir una de las primeras masacres do - cumentadas por el Centro de…
p. 269
38Memorias de una masacre olvidada. Los mineros de El Topacio, San Rafael (Antioquia), 1988Ana María Jaramillo, Juan Alberto Gómez · 2016 · p. 11 fragmento
[45]Memorias de una masacre olvidada Los mineros de El Topacio, San R afael (Antioquia), 1988 INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA Memorias de una masacre olvidada Los mineros de El Topacio, San Rafael (Antioquia), 1988 Centro Nacional de Memoria Histórica Memorias de una masacre olvidada Los mineros de El…
p. 1
39Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 1091 fragmento
[46]hacen en la dignidad de las víctimas y la cobardía de los victimarios (CNMH, 2010b, página 88), otros en la inocencia de las víctimas (CNMH, 2010b, página 90). Contrario sensu, las memorias de los victimarios se centran más en interpretaciones que en hechos, están llenas de silencios y ha- cen énfasis en situaciones…
p. 109
40Género y memoria histórica. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina María Céspedes-Báez · 2018 · p. 11, 392 fragmentos
[47]relativa, contextual y limitada legal y fácticamente. Así mismo, en el contexto de violación de derechos es un dere- cho del cual es titular la víctima y sus familiares, y que se pro- yecta en el deber del Estado de esclarecer los “hechos violatorios y las responsabilidades correspondientes” (CIDH, Corte Intera-…
p. 39
[72]Tierras. En abier- to contraste con las regulaciones anteriores del conflicto, esta nor- ma pretendió ofrecer mecanismos e instituciones para identificar 12 Género y memoria histórica Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento histórico y reparar todos los daños derivados de los “hechos ocurridos a partir…
p. 11
41Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4331 fragmento
[48]el origen y funcionamiento de los grupos paramilitares. Pero estas coordenadas no solo eran geográficas. Localizaban la fosa, con dos personas, en un punto en una historia. El versionado, en actitud algo confusa, guarda un silencio profundo. Se hace a un lado, intervienen los técnicos. Se le interroga sobre lo…
p. 433
42Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 169, 1863 fragmentos
[49]habladas (aunque dieran pistas sobre fenó - menos concretos) no necesariamente se articularían con la “historia del grupo armado” que se pondría en juego en una audiencia pública, posterior, cuando esta información estuviera organizada y catalogada. Para eso se recurre, como se ha dicho, al experto, para sugerir las…
p. 186
[67]normalizaciones de la vida cotidiana— plantea continuidades y mutaciones que pondrían en tela de juicio precisamente la ruptura entre “pasa - do” y “presente”. Una deconstrucción de dicha teleología requiere del análisis no solo de esta serie de dispositivos y ámbitos que operan integradamente (en últimas, incluso…
p. 169
[68]normalizaciones de la vida cotidiana— plantea continuidades y mutaciones que pondrían en tela de juicio precisamente la ruptura entre “pasa - do” y “presente”. Una deconstrucción de dicha teleología requiere del análisis no solo de esta serie de dispositivos y ámbitos que operan integradamente (en últimas, incluso…
p. 169
43Encuesta Nacional ¿Qué piensan los colombianos después de siete años de Justicia y Paz?Gonzalo Sánchez Gómez, Iván Orozco Abad, Álvaro Villarraga Sarmiento, Luis Carlos Sánchez Díaz, Patricia Linares Prieto, María Consuelo Ramírez Giraldo, Angelika Rettberg Beil, Laura Otálora Cuenca, Irina Mago Cordido, Paola Ximena Silva Cortés · 2012 · p. 821 fragmento
[51]7% 9% 3% 7% 10% 5% 6% 6% 5% 3% 13% 11% 20% 20% 20% 19% 18% 18% 14% 30% 26% 7% 9% 26% 20% 13% 3% 20% 4% 4% 8% 4% 6% 20% 20% 18% 11% 19% Total Población General Afectados (Víctimas) No Afectados Víctimas Organizadas Expertos Muestra aleatoria y representativa Muestra exploratoria 9% 10% 17% 2% 5% 1% 11% 2% 16% Base:…
p. 82
44Los retos de la justicia transicional en Colombia. Percepciones, opiniones y experiencias 2008. Panorama cualitativo y cuantitativo nacional, con énfasis en cuatro regionesIris Marín Ortiz · 2009 · p. 401 fragmento
[52]39% 16% 1o% 4o% 5o% 1o% 34% 56% 9% 23% 68% 9% 23% 68% 7% 33% 61% 6% 36% 59% 6% 32% 63% 61% 32% 7% Con algunas variaciones en los porcen- tajes, estos resultados son similares en Va- lle, en Antioquia y Montes de María. En Meta, se considera que lo que más dis- minuirá será la inseguridad, la corrupción y la injusticia…
p. 40
45El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 332 fragmentos
[53]y mapas, así como la colaboración con el proceso de edición. Al igual que con todos los informes de esta serie, a la Dirección Técnica de la DAV le correspondió la dirección general en términos de orientación, acompañamiento y revisión detallada del conjunto del texto y de su proceso de consolidación y edición. Álvaro…
p. 33
[54]y mapas, así como la colaboración con el proceso de edición. Al igual que con todos los informes de esta serie, a la Dirección Técnica de la DAV le correspondió la dirección general en términos de orientación, acompañamiento y revisión detallada del conjunto del texto y de su proceso de consolidación y edición. Álvaro…
p. 33
46Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2731 fragmento
[55]Reconocimiento de Verdad y Responsabilidad. «Ordena medidas en el trámite de oficio de MC de protección de comparecientes forzosos ante la JEP». Expediente 2020340161400008E. 26 de febrero de 2021. 274 fiflffffflhalz g osrlescmflrnlcsz información disponible en la base de datos del Observatorio de Memoria y Conflicto…
p. 273
47Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 211 fragmento
[56]lógica militar y política, los abusos de las FARC en la zona de despeje y la arremetida paramilitar, harían incierta la agenda de negociación, y bloquearían de manera persistente el desarrollo de las negociaciones. Este fracaso explica la llegada de Álvaro Uribe (2002-2010) al poder, etapa que González denomina como…
p. 21
48Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 311 fragmento
[57]hasta entonces empiezan a coordinarse alrededor del Clan Castaño en el sur de Córdoba, norte de Urabá y nordeste antioqueño, con intención de expandir el fenómeno a nivel nacional. Así, pasar del control mi - litar al control político, social y económico, intentan - do configurarse como un tercer actor 55 armado del…
p. 31
49Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 881 fragmento
[59]en escenarios urbanos. Es decir, la violencia derivaría de una lógica de disputa por el con- 89 1 El fenómeno paramilitar y la actual etapa de los GAPD. Una aproximación cualitativa fl icto armado (fuerza pública-guerrilla y paramilitares-guerrilla) a la violencia librada por las disputas históricas entre las…
p. 88
50Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 1861 fragmento
[60]y sociales; iniciativas legislativas sobre reformas asociadas a los procesos de paz o a sus instrumentos; el desarrollo de programas de inversión social en zonas de conflicto; el reconocimiento de la grave problemática humanitaria y la urgente aplicación del DIH y el recurso a formas de facilitación e intermediación…
p. 186
51La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 2161 fragmento
[61]llevó a la inclusión de esta guerrilla en la lista de terroristas de la Unión Europea, impulsada por el mismo gobierno que había negociado con ellas por tres años, el término terrorista se hizo más usual para denominar a los guerrilleros. Era una especie de guerra semántica, en la que se descalifica al oponente a…
p. 216
52«¡Déjennos en paz!» La población civil, víctima del conflicto armado interno de ColombiaAmnistía Internacional · 2008 · p. 151 fragmento
[62]A pesar de ello, nunca negaron la existencia de un conflicto armado per se, a diferencia del actual presidente. Además, el gobierno del presidente Uribe es el primero en utilizar el concepto de «guerra contra el terror». Esta formulación y la de la «guerra contra el narcotráfico» han sido utilizadas por algunos…
p. 15
53Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1071 fragmento
[63]hasta sobrepasar los 20 batallones en tiempos de la política de Seguridad Democrática del presidente Álvaro Uribe (2002-2010). El copamiento territorial de las fuerzas militares en el Caribe colombiano es relati- vamente reciente. En 1934 se fundó en Barranquilla la Segunda Brigada del Ejército 227 y en Cartagena la…
p. 107
54El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 3492 fragmentos
[64]la policía el presidente Uribe Vélez sostuvo: “por no tener el valor de denunciar a Amnistía Internacional, hemos permitido que legitimen al terrorismo internacionalmente [...]” Al día siguiente AI contestó públicamente, entre otros: “En vez de responder ante las legítimas preocupaciones internacionales sobre sus…
p. 349
[65]la policía el presidente Uribe Vélez sostuvo: “por no tener el valor de denunciar a Amnistía Internacional, hemos permitido que legitimen al terrorismo internacionalmente [...]” Al día siguiente AI contestó públicamente, entre otros: “En vez de responder ante las legítimas preocupaciones internacionales sobre sus…
p. 349
55Violencia Sexual, Conflicto Armado y Justicia en ColombiaClaudia Cecilia Ramírez Cardona (coord.); Andrea González Rojas; Constanza Clavijo Velasco; Carmen Alicia Mestizo Castillo; Belén Pérez González · 2007 · p. 531 fragmento
[66]trate de una comisión de la verdad propiamente dicha básicamente porque ha sido creada en medio del conflicto armado interno, y adicionalmente, su composición mayoritaria por representantes de entidades del Estado le resta autonomía e independencia. Por lo pronto, se cuenta con una serie de documentaciones contenidas…
p. 53
56Vivir sabroso. Luchas y movimientos afroatrateños en Bojayá, Chocó, ColombiaNatalia Quiceno Toro · p. 2641 fragmento
[69]en la historia para la gente afroatrateña. "MIBCMBSEFMBTNFNPSJBTBGSPBUSBUFÒBT QJFOTPFOBMHPRVFiBUFOUBDPOUSBMB QB[NFOUBMu 3JWFSB$VTJDBORVJ &TEFDJS VOBNFNPSJBRVFOPTIBDFQFOTBS que activa potencias emancipadoras y no se reduce a una aparente interioridad que emerge cuando es abordada desde el universo narrativo y…
p. 264
57Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 241 fragmento
[71]la memoria histórica de las guerrillas en Colombia que se encuentra dispersa en varios cientos de textos, testimonios, narraciones, informes, biografías, documentos fílmicos y fotográficos, que cuentan y analizan los casi setenta años de este conflicto político armado contemporáneo, aún en proceso de resolución. Hay…
p. 24
58Guerras, paces y vidas entrelazadas: coexistencia y relaciones locales entre víctimas, excombatientes y comunidades en ColombiaJuan Diego Prieto Sanabria · 2012 · p. 291 fragmento
[73]despojo de bienes), la gran mayoría de las víctimas son de escasos recursos y tienen niveles de escolaridad bajos (Fun- dación Social 2009; Rettberg 2008). En la mayoría de los casos, la victimiza- ción ha empeorado seriamente y de manera sostenida su situación económica (Ibáñez 2008). Por otra parte, la situación de…
p. 29
59Desaparición forzada. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoElsa Blair · 2018 · p. 151 fragmento
[74]en el futuro inmediato, por medio de acciones, programas y proyectos que den respuesta a las demandas inaplazables de las víctimas. Solo así se logrará dar cumplimiento a algunas de las tareas pendientes del Esta- do, si de verdad quiere contribuir a resarcirlas y a la búsqueda de la paz en el país; en cuanto a la…
p. 15
60La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 11 fragmento
[76]La maldita tierra Guerrilla, paramilitares, miner as y conflicto armado en el departamento de Cesar INFORME DEL CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA La maldita tierra Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de Cesar Centro Nacional de Memoria Histórica CENTRO NACIONAL DE MEMORIA…
p. 1
61Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 131 fragmento
[78]apoyo a este proyecto el 14 Cruzando la frontera: memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río Arauca Secretariado Diocesano de la Pastoral Social -Cáritas Arauca y Cá- ritas de Venezuela-, el Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) en Co- lombia y Venezuela, y el Consejo Noruego para Refugiados (NRC, por sus…
p. 13
62Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 141 fragmento
[79]Venezuela. Sin su consen- timiento, acogida y activa participación este informe no hubiese sido posible. A la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Vícti- mas, cuyo apoyo y acompañamiento fue fundamental para el escla- recimiento de las lógicas del desplazamiento forzado a través de la información…
p. 14
63Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 1881 fragmento
[80]le toca aguantar y mucha resistencia, le toca a uno porque, como les decía antes, yo soy muy pegado a mis hijos y a mi familia, a mi espo- sa, y me daba esa nostalgia de pronto uno fallecer y que queden mis hijos todos jóvenes y sin quién los enseñe a buscar la vida cotidia- namente (CNMH, entrevista con hombre…
p. 188
64Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 151 fragmento
[81]cum- plimiento que se le ha dado a la autonomía académica y operativa, conferida para el desarrollo de su mandato. El CNMH hace un reconocimiento especial a Luisa Benilda Jai- mes, fundadora de La Gabarra, homenajeada por la Unidad de Víctimas en el VII Festival de la Memoria de La Gabarra, fallecida en 2013, después…
p. 15