Idea transversal
Resistencia civil
La resistencia civil en Colombia designa el conjunto de prácticas mediante las cuales comunidades desarmadas —campesinas, indígenas, afrodescendientes, urbanas populares, gremiales o eclesiales— confrontan al Estado, a los actores armados ilegales o a poderes económicos sin recurrir a las armas. Es una práctica de larga duración cuyos episodios estructurantes van de la Revolución de los Comuneros de 1781 a las mingas y guardias indígenas del presente.
Trayectoria de una idea
- 1781
Revolución de los Comuneros
- 1920
Movilización indígena de Manuel Quintín Lame en el Cauca
- 1957
Caída de Rojas Pinilla: resistencia civil bipartidista
- 1971
Fundación del CRIC y fase contemporánea de resistencia indígena
- 1977
Paro cívico nacional del 14 de septiembre
- 1987
Paro del Nororiente: derechos humanos en el pliego cívico
- 1990
Asesinato de líderes de la ATCC: el costo de la neutralidad activa
- 1997
Fundación de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó
- 2000
Guardia Indígena: resistencia desarmada institucionalizada
La lectura
La resistencia civil en Colombia no es una importación ideológica sino una práctica de larga duración que precede en siglos a su conceptualización académica: los comuneros del Socorro, los indígenas del Cauca y los campesinos del Carare actuaron sin armas mucho antes de que el término circulara en el debate público. Su historia es estructuralmente discontinua: cada ciclo debió reinventarse porque el anterior había sido desarticulado por la represión, el asesinato selectivo o el desplazamiento forzado de sus liderazgos. Una gramática se repite a lo largo de sus episodios: la movilización desarmada arranca concesiones formales, se retira confiada, y el poder incumple y castiga a los desmovilizados, patrón visible desde los Comuneros de 1781 hasta las comunidades de paz de los años noventa. La resistencia civil colombiana tampoco fue nunca ideológicamente pura: se apoyó en marcos partidarios de izquierda, en pactos bipartidistas de élite, en la jerarquía eclesiástica y en el derecho internacional humanitario según el momento y el actor, lo que le dio versatilidad pero también la expuso a la estigmatización. Su legado más duradero es institucional: la Guardia Indígena, el CRIC y las zonas humanitarias son formas organizativas que convirtieron la resistencia en arquitectura social permanente, no en episodio.
La resistencia civil en Colombia designa el conjunto de prácticas mediante las cuales comunidades desarmadas —campesinas, indígenas, afrodescendientes, urbanas populares, gremiales o eclesiales— confrontan al Estado, a los actores armados ilegales o a poderes económicos, sin recurrir a las armas y apelando a la protesta pública, la negociación colectiva, el uso deliberado del cuerpo en el espacio, la neutralidad activa o la desobediencia. No es una importación tardía del pensamiento de Gandhi, Thoreau o Gene Sharp, aunque los cruce; es una práctica de larga duración cuyos episodios estructurantes van de la Revolución de los Comuneros de 1781 al Mandato Ciudadano por la Paz de 1997 y a las mingas y guardias indígenas del presente. Su historia es a la vez recurrente y discontinua: cada ciclo debió reinventar sus formas porque el anterior había sido desarticulado por la represión, el desplazamiento o el asesinato selectivo. Esa vitalidad interrumpida explica que la conceptualización académica llegara tarde —desde los años ochenta— y que la propia noción de "resistencia civil" fuera nombrada, sistematizada y disputada mucho después de que las comunidades la practicaran.
Un concepto que llega después de la práctica
En Colombia, la resistencia civil ocurrió antes de tener nombre. Las categorías con que hoy se la piensa —no violencia activa, desobediencia civil, neutralidad, acción colectiva pacífica— circulan en el debate público desde finales del siglo XX, cuando la academia empezó a interpretar los paros cívicos, las comunidades de paz y las movilizaciones indígenas con instrumentos más finos que los del análisis de clase o el vanguardismo obrero dominantes en las lecturas iniciales de los años setenta. En esa primera camada interpretativa, los paros cívicos se leían casi exclusivamente como expresión sindical; solo después algunos analistas incorporaron nociones como crisis urbana y desarrollo desigual y combinado para dar cuenta de una movilización ciudadana que desbordaba los repertorios obreros.
El desfase entre práctica y concepto no es un detalle historiográfico. Es constitutivo: los comuneros del Socorro no se pensaron a sí mismos como sujetos de una tradición no violenta; Manuel Quintín Lame no invocó una filosofía pacifista para reclamar los títulos de los resguardos; la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare no leyó a Gene Sharp antes de firmar pactos de convivencia con guerrillas y paramilitares. Nombrar como "resistencia civil" ese arco de prácticas obliga a distinguir entre lo que las comunidades hicieron y lo que después se dijo que habían hecho.
Los orígenes: fiscalidad colonial y motín comunero
El episodio más temprano que puede leerse como resistencia civil colombiana es la Revolución de los Comuneros de 1781. Sus detonantes fueron fiscales: el aumento de la alcabala y de los impuestos sobre la sal, el tabaco, los textiles y el algodón, ejecutado por el Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, sumado a la arbitrariedad de los recaudadores y a un contexto de motines previos y descontento acumulado en el Virreinato de Nueva Granada. El acto que lo desencadenó fue nítidamente civil y físico: el 16 de marzo de 1781, la comerciante Manuela Beltrán arrancó en la oficina de impuestos de Socorro un bando que informaba sobre los nuevos tributos. A ese gesto se sumaron criollos, mestizos, indígenas y mulatos pobres, estos últimos particularmente expuestos al hostigamiento fiscal y resentidos con los funcionarios españoles.
Los comuneros marcharon desde El Socorro hacia Santa Fe, sumando gente de Pamplona, Vélez, Cúcuta y otras poblaciones. El arzobispo accedió a sus demandas y los persuadió de retornar a sus hogares; una vez desmovilizados, el gobierno impuso castigos ejemplares. En ese desenlace queda inscrita, muy temprano, una gramática que se repetirá: la movilización popular arranca concesiones formales, se retira confiada, y luego el poder incumple y reprime a los desarmados. José Antonio Galán, el líder plebeyo que se negó a aceptar el acuerdo y siguió en armas, fue ejecutado en 1782 y su cuerpo descuartizado y exhibido. La resistencia comunera dejó así un legado ambivalente: probó que la acción colectiva desarmada podía forzar al aparato colonial a negociar, pero también que la palabra empeñada por la Corona no valía nada frente a los desmovilizados.
Del resguardo republicano a Quintín Lame
El segundo estrato profundo de la resistencia civil colombiana es la lucha indígena por la tierra. El resguardo, creado por la Corona en la segunda mitad del siglo XVI, tuvo desde su origen una doble cara: proteger a los indígenas de los encomenderos y, a la vez, obligarlos a pagar tributos, convirtiéndolos en partidarios del rey. La República invirtió esa institución con una operación jurídica y despojatoria: declaró a los indígenas "hombres libres" para desmontar los resguardos y convertirlos en terrazgueros de los grandes propietarios.
Contra ese despojo se levantó, en los años veinte del siglo XX, la movilización que lideró Manuel Quintín Lame en el Cauca. Su objetivo central era arrancar a las autoridades el reconocimiento de la legalidad de los títulos de los resguardos, y sus luchas se extendieron por Tierradentro y Chaparral. Fue una resistencia inicialmente jurídica y política, apoyada en la memoria documental de los propios títulos coloniales. Cuando Lame y algunos líderes del Tolima entraron en contacto con el recién creado Partido Socialista Revolucionario en 1926, y luego con el Partido Comunista en 1930, la lucha se radicalizó y las tomas de tierras se multiplicaron.
Aquí aparece otra tensión estructural: la resistencia indígena no fue nunca "pura" ni aislada; se apoyó en marcos partidarios de izquierda que le prestaron lenguaje y radicalidad, aunque también le trajeron el costo de la estigmatización política. El sur del Tolima y el norte del Cauca concentrarían durante décadas dos litigios superpuestos —la lucha indígena por la tierra, entre paeces y pijaos, y la lucha campesina por derechos políticos—, que después serían leídos como parte del caldo del que surgieron las FARC en esas regiones.
Sobre esa herencia se fundó, el 24 de febrero de 1971, el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), organización que desde entonces se ha reconocido heredera de Quintín Lame y cuya plataforma programática ha permanecido casi invariable: sus puntos 8, 9 y 10 fueron incorporados con los años como resultado de la dinámica local. El CRIC marca el arranque de la fase contemporánea de resistencia indígena en Colombia y muestra un rasgo que la diferencia de las tradiciones anteriores: la lucha se libra en clave organizativa y territorial, con instituciones propias y con una autoridad étnica que reclama autonomía frente al Estado, no simplemente reformas legales.
Doctrina y guerra: la clausura de lo político
Un episodio menos visible pero decisivo para el destino de la resistencia civil ocurrió en la doctrina jurídica. Tras la Guerra de los Mil Días, terminada en 1903, la doctrina dominante en Colombia cerró toda posibilidad de reconocer el carácter político de la rebelión armada, criminalizando al rebelde y equiparándolo al delincuente común. Los cuarenta y tres años siguientes fueron, en términos comparativos, la fase más pacífica de la historia colombiana, aunque no puede predicarse una causalidad directa entre esa decisión doctrinal y ese período de relativa paz.
Ese cierre importa porque desplazó el conflicto hacia otros terrenos. Si la rebelión armada quedaba fuera del contrato político, las disputas debían dirimirse por vías institucionales o por vías de hecho no armadas. Cuando la Violencia de mediados de siglo estalló, esa clausura ya había producido sus efectos: no había un lenguaje reconocido para procesar la insurrección política y, a la vez, la movilización civil ganó espacio como forma legítima —o al menos tolerada— de tramitar el desacuerdo.
La caída de Rojas: resistencia civil bipartidista
El primer episodio propiamente contemporáneo de resistencia civil de escala nacional fue la caída del general Gustavo Rojas Pinilla en 1957. Rojas había llegado al poder mediante el golpe del 13 de junio de 1953, en un contexto donde el gobierno de Laureano Gómez había agudizado el sectarismo, la represión y el ensayo corporativista, generando un rechazo tan amplio que el militar contó con respaldo inicial. Cuatro años después, cuando el general Gabriel París anunció el 27 de enero de 1957 la "decisión irrevocable" de las Fuerzas Armadas de mantener a Rojas en el poder hasta 1962, ese respaldo se había evaporado.
La reacción combinó movimientos partidistas y presiones sociales. Mariano Ospina Pérez se retiró de la Asamblea Nacional Constituyente el 29 de enero de 1957 y, junto con Alberto Lleras Camargo, se pronunció contra la extensión del mandato. El 20 de marzo de 1957, un nuevo pacto bipartidista incorporó al sector ospinista y se dirigió explícitamente contra la reelección de Rojas y a favor de la restauración democrática. En abril el movimiento cívico se intensificó: la Iglesia se sumó a través del cardenal Crisanto Luque, que dirigió al presidente una carta enérgica impugnando la reelección y pidiéndole propiciar el retorno a la democracia; la banca y la industria participaron también en un paro cuyo alcance preciso en el comercio y otros sectores es difícil de reconstruir con exactitud.
La caída de Rojas fue así producto de una convergencia atípica: los dos partidos tradicionales, la jerarquía eclesiástica y sectores empresariales urbanos actuaron sin armas contra un régimen militar y lo forzaron a entregar el poder. Esa experiencia dejó un doble legado: probó la eficacia de la resistencia civil bipartidista cuando las élites confluyen, y sentó las bases del pacto que desembocaría en el Frente Nacional. La carta del cardenal Luque, revelada por la prensa pocos días después de la caída del general, quedó como pieza icónica de esa memoria.
Paros cívicos: la ciudad como sujeto
Con el Frente Nacional cerrado a la competencia política real y con la modernización acelerada de las ciudades, la resistencia civil encontró un nuevo escenario: los pobladores urbanos organizándose para exigir bienes y servicios. Las luchas cívicas se definen como acciones colectivas de pobladores que demandan servicios urbanos, derechos fundamentales y participación, presionando a autoridades municipales, departamentales y nacionales.
El punto de inflexión fue el paro cívico nacional del 14 de septiembre de 1977. El gobierno intentó impedirlo mediante decretos y no lo logró. La respuesta oficial fue el Decreto 2004, que establecía arresto inconmutable de 30 a 180 días para quienes organizaran, dirigieran o promovieran ceses de actividades, y, a diez días del paro, el Decreto 2066, que restringió la difusión del movimiento obrero. El aparato jurídico se movió con la lógica del estado de sitio, no la del reconocimiento del reclamo social.
Diez años después, el Paro del Nororiente de 1987 mostró una segunda maduración: sus demandas mezclaron mejores servicios públicos en salud y educación, el cese de los desalojos de predios ocupados y el fin de la guerra sucia. Ya no se trataba solo de servicios; el pliego incorporaba, con nombre propio, la denuncia de la violencia estatal y paramilitar. Las élites locales —ganaderos, políticos y nuevos empresarios mineros— respondieron con estigmatización: acusaron a los organizadores de ser infiltrados de la guerrilla del ELN, una operación discursiva que anticipa lo que después se llamará señalamiento sistemático de la protesta social.
En el nordeste antioqueño, el ciclo de protesta siguió otra ruta. Comenzó con éxodos campesinos —tomas de cabeceras municipales lideradas por población rural— que después se enlazaron con paros cívicos urbanos. El pliego combinó denuncias de violaciones de derechos humanos con reclamos de inversión estatal en infraestructura, salud, educación y vías. La frontera entre lo urbano y lo rural dejó de ser nítida: campesinos y pobladores urbanos compartieron pliegos, calles y represión.
El costo fue alto. En Cesar, el grupo paramilitar Los Cheperos, señalado de la masacre en la finca El Venado, debilitó al movimiento campesino con acciones que empujaron al exilio, la amenaza y el desplazamiento de dirigentes. La densidad de protesta se concentró en municipios del sur de Bolívar y del Macizo caucano, en el sur del Tolima con Chaparral, y en zonas de Cesar, Valle, Huila, Meta y Córdoba; casi punto por punto, tuvo su correlato en una densidad equivalente de violencia contra sus liderazgos.
Comunidades de paz: la neutralidad como estrategia de supervivencia
En la segunda mitad de los años ochenta y a lo largo de los noventa, la escalada del conflicto armado empujó a comunidades campesinas enteras a inventar una forma inédita de resistencia: la neutralidad activa. No se trataba de solidarizarse con un bando ni de acompañar una causa política; se trataba de exigirle a todos los actores armados —guerrillas, paramilitares y fuerza pública— que se abstuvieran de involucrar a la población civil.
El primer laboratorio fue la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC), en Santander. Surgió como reacción del campesinado a la violencia a gran escala e indiscriminada iniciada en la década de 1970, con responsabilidad de fuerzas estatales, paramilitares y guerrillas. La ATCC firmó pactos de convivencia con guerrillas y paramilitares, rechazando por igual a los grupos armados de extrema izquierda y de extrema derecha. Ese equilibrio era estructuralmente inestable, tanto para los campesinos como para los propios armados, cuyos códigos de honor no toleraban que un actor civil se pusiera al mismo nivel que ellos y les impusiera reglas.
El 26 de febrero de 1990, los principales líderes de la ATCC y la periodista Silvia Duzán, que documentaba la experiencia, fueron asesinados por paramilitares en una operación coordinada por alias "El Mojao". Un panfleto presuntamente elaborado en el batallón Rafael Reyes y el seguimiento por parte de un suboficial apuntan a la complicidad de sectores militares. El mensaje del asesinato fue explícito: la sola existencia de una organización campesina que desafiara la hegemonía armada regional era intolerable.
Siete años después, en marzo de 1997, se fundó la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, con aproximadamente 1.400 miembros en el Urabá antioqueño. Su declaración fue más radical que la de la ATCC: ningún actor armado —ni las FARC ni el ejército— podía ingresar a la zona, y nadie podía portar armas. La neutralidad pasó a operar como régimen territorial. La Comunidad de Paz enfrentó la hostilidad simultánea de la guerrilla, los paramilitares y el propio Estado; el entonces gobernador de Antioquia y luego presidente Álvaro Uribe Vélez mantuvo con ella una relación abiertamente adversarial.
El contraste con la ATCC es diciente. Los miembros del Carare tuvieron un lugar protagónico en la narrativa mediática; los de San José de Apartadó, aunque construyeron una visibilidad internacional que fue parte de su estrategia de supervivencia, vieron su relato subordinado en las grandes estructuras comunicativas nacionales. Sobrevivieron pese a amenazas, homicidios y desplazamientos, en un contexto de presencia simultánea de paramilitares y guerrilla.
Estas experiencias se multiplicaron en el Magdalena Medio con el Programa de Desarrollo y Paz, la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra y El Paraíso. Canalizaron inconformidades sociales y políticas a través de mecanismos institucionales, elevaron reclamos a instancias gubernamentales y ganaron reconocimiento académico nacional e internacional. La creación de comunidades de paz es, ante todo, un acto político de autodeterminación: sus habitantes se reconocen como sujetos sociales y políticos dispuestos a sustraerse de las dinámicas bélicas y a no apoyar a ningún actor armado, incluido el ejército nacional. Reivindicaron el derecho a la participación y a la autodeterminación, y usaron sus zonas humanitarias como mecanismo para exigirle al Estado el cumplimiento de sus obligaciones en materia de derechos humanos.
Mujeres, pacifismo y antimilitarismo
Un vector distintivo de la resistencia civil colombiana de los años noventa fue el ingreso masivo de organizaciones de mujeres al campo de la paz. La Red Nacional de Mujeres surgió en 1991, en el marco del proceso de la Asamblea Nacional Constituyente, como parte de la consolidación del movimiento nacional de mujeres. La Red de Mujeres del Caribe emergió a mediados de esa década, como convergencia regional de iniciativas dispersas. Y en 1996, en un encuentro en Mutatá, Urabá, nació la Ruta Pacífica de Mujeres, con una consigna fundacional que se volvería icónica: No parimos hijos e hijas para la guerra. La Ruta articuló tres principios que en Colombia rara vez habían caminado juntos: feminismo, pacifismo y antimilitarismo. Su posición no era neutral: denunciaba el estado autoritario, la pérdida de derechos y abogaba por la desmilitarización, la recuperación de la vida civil y una solución negociada al conflicto armado.
En Barrancabermeja, la Organización Femenina Popular (OFP) ejerció una resistencia especialmente expuesta. Fue asediada por el paramilitarismo, sufrió la destrucción de una sede comunitaria y aun así sus integrantes continuaron siendo la única voz pública que confrontaba directamente a los grupos armados a través de medios de comunicación, además de apoyar a familias amenazadas a salir de la ciudad. Las represalias fueron sistemáticas: el 21 de marzo de 2006, Yamile Agudelo Peñalosa fue asesinada; su cuerpo presentaba señales de tortura y violencia sexual. Otras integrantes y colaboradoras sufrieron secuestro, tortura y violación.
La resistencia de las mujeres no se limitó a la protesta pública. Sus organizaciones funcionaron también como mecanismo de apoyo psicosocial para víctimas del conflicto, ofreciendo acompañamiento y espacios colectivos de escucha que contribuyeron al afrontamiento del trauma, fortaleciendo tanto a las víctimas como a las propias organizaciones en la reconstrucción de sus vidas. Aquí la resistencia civil adquirió una dimensión reparadora que las categorías clásicas —protesta, desobediencia, no violencia— no capturan del todo.
1997: la papeleta verde
El 27 de octubre de 1997, en el marco de las elecciones locales, se realizó el Mandato Ciudadano por la Paz, la Vida y la Libertad. Los ciudadanos depositaron una papeleta verde adicional exigiendo una solución pacífica al conflicto armado. El resultado —aproximadamente diez millones de votos, con un registro de 9.965.245— convirtió al Mandato en la mayor movilización electoral por la paz en la historia del país.
La iniciativa fue impulsada por Redepaz, fundada en 1993 como coalición de organizaciones de todo el país con respaldo de la Iglesia Católica, y por un tejido amplio de organizaciones ciudadanas. El Mandato no era vinculante en sentido jurídico estricto, pero su magnitud política fue innegable: puso la negociación en la agenda nacional en el momento previo al proceso del Caguán con las FARC y creó un piso ciudadano que los gobiernos ya no podían ignorar sin costo.
Casi de inmediato, el Mandato inspiró réplicas municipales. Mogotes, Santander, tras la toma del ELN, organizó una Asamblea Constituyente Municipal y trabajó por la liberación del exalcalde secuestrado durante la toma; recibió el Premio Nacional de Paz en noviembre de 1999. En Aguachica, Cesar, el alcalde Rincón impulsó una consulta ciudadana por la paz que inspiró iniciativas similares en Villanueva, La Guajira, y en Montecristo, sur de Bolívar, donde el alcalde mandó pintar de blanco todos los muros con consignas de los grupos armados: un gesto pequeño y físico, pero elocuente, de reapropiación del espacio público. En el oriente antioqueño surgieron también asambleas constituyentes municipales, en un contexto donde las tensiones y acciones armadas continuaban.
Guardia Indígena, mingas y peregrinaciones
La primera década del siglo XXI trajo una consolidación distintiva: la resistencia civil dejó de ser solo protesta o denuncia y se organizó como institucionalidad territorial. La Guardia Indígena del Cauca es su expresión más nítida. Opera sin armas, usando únicamente bastones, persuasión y diálogo, para vigilar el territorio y enfrentar a actores armados. Sus raíces son antiguas, aunque no siempre fue visible como institución formal. Recibió el Premio Nacional de Paz, y la experiencia zonal de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) solicitó a Naciones Unidas su reconocimiento como cuerpo internacional de paz.
Esa consolidación se dio contra un fondo violento. Ante la ola de agresiones de terratenientes y el asesinato de dirigentes indígenas del Cauca durante los años ochenta, numerosos líderes coincidieron en la necesidad de construir mecanismos de autodefensa y de buscar alianzas con organizaciones de izquierda y grupos insurgentes de la zona. La opción por la resistencia desarmada institucionalizada convivió, entonces, con esa otra tentación; la Guardia Indígena y la práctica de la minga terminaron imponiéndose como respuesta pacífica en un ecosistema donde la elección no era obvia.
La minga —forma antigua de trabajo colectivo comunitario— fue reapropiada como repertorio político. Sectores campesinos y afrodescendientes del Cauca y de Nariño se sumaron a movilizaciones convocadas bajo esa figura, siguiendo la dinámica del movimiento indígena, lo que sugiere una influencia efectiva de las formas de movilización indígenas sobre otros sectores sociales.
En el Pacífico, la resistencia civil tomó formas propias, marcadas por el peso del confinamiento. Durante aproximadamente dos años, grupos armados restringieron la movilidad de comunidades afrocolombianas, impidiéndoles salir de las casas, pescar libremente o abastecerse sin autorización previa: la permanencia en el territorio y la vulneración de derechos ocurrieron a la vez.
Contra ese cerco surgieron dos gestos de reapropiación. En noviembre de 2003, la peregrinación Atratiando recorrió el río Atrato desde Quibdó hasta Turbo, en una acción intercomunitaria en defensa de la vida y la paz en el Chocó. Entre el 28 de abril y el 2 de mayo de 2005, una minga interétnica reunió a comunidades afrodescendientes e indígenas en defensa del territorio.
Estas prácticas ampliaron su articulación desde lo barrial hasta lo regional y potenciaron procesos colectivos como el Comité Interorganizacional, la Minga por la Memoria y el Comité del Paro Cívico de Buenaventura de 2017. Las organizaciones afrocolombianas denunciaron, al mismo tiempo, haber quedado por fuera de los acuerdos parciales de paz y de las negociaciones con grupos armados, pese a haber formulado propuestas permanentes para sus territorios. En Buenaventura, los procesos de autonomía y control territorial se toparon con dinámicas económicas adversas, intereses regionales, la cooptación de líderes y los repertorios de violencia de los armados, que frenaron el avance organizativo.
La contracara: represalia y criminalización
Ningún relato honesto de la resistencia civil colombiana puede prescindir de su reverso. El asesinato selectivo de líderes comunitarios y actores políticos fue una estrategia deliberada de los actores armados para instalar el miedo y sustraer al sujeto político de la esfera pública. La persecución, el desplazamiento y el asesinato produjeron un daño colectivo que se manifestó en la desestructuración de la capacidad organizativa de las comunidades.
La escala se aprecia en el movimiento ¡A Luchar!: al menos 367 personas asesinadas, ejecutadas extrajudicialmente o desaparecidas de manera forzada, y otras 146 víctimas de dos o más violaciones de derechos humanos por su labor política. En febrero de 1986, el grupo paramilitar MAS amenazó mediante panfletos a dirigentes sindicales y cívicos de Ocaña, entre ellos Alfredo Angarita Quintero.
Arauca ofrece un retrato regional del mismo patrón. Entre 2004 y 2010 fueron asesinados allí 31 líderes sociales y comunitarios, sobre todo miembros de juntas de acción comunal. Entre 2000 y 2011 cayeron asesinados 45 sindicalistas, algunos a manos de miembros de la fuerza pública. En El Castillo, Meta, la violencia contra la Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano borró numerosos liderazgos comunitarios mediante asesinatos selectivos, desplazamiento forzado y desaparición, ejecutados por grupos armados ilegales, agentes del Estado y actores económicos y políticos con el propósito explícito de desarticular la capacidad organizativa.
El impacto de esta violencia excede a las víctimas directas. Los testimonios de sobrevivientes muestran que estas muertes provocaron miedo, confinamiento y desplazamiento en las comunidades, y desmotivación entre integrantes de otras organizaciones. La Fiscalía reportó haber esclarecido el 58,61% de los casos investigados de asesinato de líderes sociales: una cifra que combina reconocimiento del problema con evidencia persistente de impunidad. Que la violencia se repitiera y se encubriera erosionó desde dentro a las comunidades: sembró desconfianza entre vecinos y fue deshaciendo, hilo a hilo, el tejido organizativo.
Esa constante represiva explica el rasgo estructural más importante de la resistencia civil colombiana: su discontinuidad. Cada ciclo —el comunero desmovilizado en 1781, el indígena de los años veinte cooptado por los partidos o reprimido, el cívico de los setenta estigmatizado, el humanitario de los noventa asesinado— tuvo que empezar casi desde cero, porque el anterior había sido interrumpido. Esa es la razón profunda por la que la conceptualización académica llegó tarde: no había un archivo continuo sobre el cual teorizar, había fragmentos que la propia violencia se había encargado de dispersar.
Su huella
La resistencia civil dejó su huella en tres registros que se entreveran.
En el plano institucional, el Frente Nacional, la Constitución de 1991, los acuerdos de paz sucesivos y la propia figura de las comunidades de paz como categoría jurídica y política son en parte productos de movilizaciones desarmadas que forzaron negociación donde el Estado prefería represión. La papeleta verde de 1997 hizo entrar el mandato ciudadano de paz en el vocabulario político nacional; las asambleas constituyentes municipales de Mogotes, Aguachica y el oriente antioqueño mostraron que la Constitución de 1991 podía leerse desde abajo, como habilitación de soberanías locales y no solo como marco de gobernabilidad nacional. Cada uno de esos hitos institucionales tuvo, detrás, comunidades concretas que lo empujaron.
Ese sedimento institucional descansa, sin embargo, sobre un tejido más frágil y más vivo. El CRIC, la Guardia Indígena, la Ruta Pacífica, Redepaz, la ATCC, San José de Apartadó, la OFP, las organizaciones del Chocó y de Buenaventura conforman un entramado asediado que sigue en pie. De ese tejido salieron los repertorios que después migraron a otros movimientos regionales y latinoamericanos: la minga, la papeleta ciudadana, la asamblea constituyente municipal. La circulación de esas formas —del Cauca al Pacífico, del Magdalena Medio al Nororiente, de lo indígena a lo campesino y afrodescendiente— constituye una pedagogía política subterránea que rara vez aparece en los relatos oficiales, aunque sea allí donde se aprendió a organizarse sin armas bajo fuego.
Y hay, por debajo de todo eso, una transformación narrativa quizá más honda que las otras dos: la resistencia civil obligó a la sociedad colombiana a nombrar como víctimas a quienes antes eran presentados como sospechosos, y a reconocer como interlocutores políticos a comunidades que el Estado y las élites habían tratado históricamente como objeto de administración. El campesino del Carare, la mujer de Barrancabermeja, el comunero de San José de Apartadó, el guardia indígena del norte del Cauca, el pescador del Atrato: figuras que la doctrina jurídica y la retórica oficial habían mantenido en los márgenes del sujeto político, ingresaron por la puerta de la resistencia civil al vocabulario público como titulares de derechos y como productores de propuesta.
Buena parte de las comunidades que optaron por la resistencia civil no lo hicieron por convicción normativa sobre la no violencia, sino porque en su territorio confluían simultáneamente guerrillas, paramilitares y fuerza pública, y la neutralidad era la única posición que ofrecía alguna posibilidad de supervivencia. Esa dimensión pragmática convive con otra, deliberada, que ve en las mismas prácticas la construcción de una alternativa civil al monopolio armado. Ambas caben en el mismo material y las dos son necesarias: reconocer la primera evita mitificar; sostener la segunda evita reducir a los sujetos a meras víctimas adaptativas. La resistencia civil en Colombia fue, y sigue siendo, las dos cosas a la vez, y su vitalidad recurrente, pese a todos los intentos por extinguirla, sugiere que la apuesta terminó echando raíces donde la mera supervivencia parecía el único horizonte.
En el archivo
96 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Conquista1499–15995
02Colonia1600–17803
03Pre-independencia1780–18098
- 1781ComunerosFicha
- 1781Conspiración esclava de Antioquia de 1781 y el rumor de la cédula real ocultaHecho
- 1781José Antonio GalánFicha
- 1781Juan Francisco BerbeoFicha
- 1781La Revolución de los Comuneros y las Capitulaciones de ZipaquiráHecho
- 1781Manuela BeltránFicha
- 1785Comuna de Ayapel de 1785Hecho
- 1804Sedición de Jegua de 1804Hecho
04Independencia1810–18314
05Nueva Granada1831–18623
06Regeneración1886–19292
07La Violencia1946–19574
08Frente Nacional1958–19741
09Crisis y narcotráfico1974–19906
10Constitución de 19911991–200216
- 1991Autonomía indígenaFicha
- 1991Lorenzo MuelasFicha
- 1991Pentecostalización rural en zonas de conflicto (1991–2002)Hecho
- 1993Carlos RoseroFicha
- 1993Resistencia embera-katío contra Urrá y desaparición de Kimy Pernía DomicóHecho
- 1995Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM)Hecho
- 1996Yolanda Becerra VegaFicha
- 1997Floro TunubaláFicha
- 1997Javier Giraldo MorenoFicha
- 1999Jaime GarzónFicha
- 2000CurvaradóFicha
- 2000El SaladoFicha
- 2002BojayáFicha
- 2002Comuna 13Ficha
- 2002Ruptura del Caguán, masacre de Bojayá y elección de Uribe (2002)Hecho
- 2003Feminismo colombiano post-1991: territorialización, ONGización y violencia contra lideresasPregunta
11Seguridad Democrática2002–20166
- 2002Guardia Indígena Nasa y Comunidades de Paz como soberanías civiles desarmadas (2002–2015)Hecho
- 2006Jesús Abad ColoradoFicha
- 2008El pacifismo colombiano entre el Mandato de 1997 y el plebiscito de 2016Pregunta
- 2008La Minga Social y Comunitaria de 2008Hecho
- 2009Memoria subalternaFicha
- 2010Casas de pique y violencia urbana afrocolombiana en Buenaventura (2010–2015)Hecho
12Posconflicto2016–presente17
- 1980Animeros de Puerto Berrío y la adopción ritual de NN del MagdalenaHecho
- 2011Arte y ritual de memoria en el conflicto colombiano (1998-2024)Pregunta
- 2011Reparación simbólicaFicha
- 2016Fragmentos, Espacio de Arte y MemoriaHecho
- 2016Historia oralFicha
- 2016Paz territorialFicha
- 2017Paro Cívico de Buenaventura de 2017Hecho
- 2019Confinamientos masivos como modalidad de control territorial en el posacuerdo (2019–2022)Hecho
- 2019Cristina Bautista TaquinásFicha
- 2019Leyner Palacios AsprillaFicha
- 2019Paro nacional del 21 de noviembre de 2019 (21N)Hecho
- 2020Líderes socialesFicha
- 2021El Estallido Social de 2021Hecho
- 2021El paro nacional de 2021Pregunta
- 2021Estallido socialFicha
- 2022Francia MárquezFicha
- 2022Francisco de RouxFicha
13Transversal—20
- 600TierradentroFicha
- 1500Macizo ColombianoFicha
- 1510DariénFicha
- 1691Los palenques cimarrones y el primer autogobierno en la Nueva GranadaPregunta
- 1700CaucaFicha
- 1700CimarronajeFicha
- 1713San Basilio de PalenqueFicha
- 1781ZipaquiráFicha
- 1970Magdalena MedioFicha
- 1976SaravenaFicha
- 1980ApartadóFicha
- 1980TibúFicha
- 1985Ciudad BolívarFicha
- 1985San CarlosFicha
- 1994ConvivirFicha
- 1995Sur de BolívarFicha
- 1995ToribíoFicha
- 1996Gloria Cuartas MontoyaFicha
- 1997San José de ApartadóFicha
- 1998La Iglesia católica en las zonas de conflicto colombiano, 1980-2016Pregunta
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Manuel Quintín Lame — líder indígena del Cauca cuya movilización por los resguardos en los años veinte prefigura la resistencia civil indígena contemporánea y es reconocida como antecedente directo del CRIC
- 02Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) — organización fundada el 24 de febrero de 1971 que institucionaliza la resistencia civil indígena en Colombia y hereda el programa de Quintín Lame
- 03Manuela Beltrán — comerciante del Socorro cuyo acto de arrancar el bando fiscal el 16 de marzo de 1781 detonó la Revolución de los Comuneros, primer episodio estructurante de la resistencia civil colombiana
- 04Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC) — organización campesina de Santander que desarrolló la neutralidad activa como estrategia de supervivencia frente a todos los actores armados del conflicto
- 05Comunidad de Paz de San José de Apartadó — comunidad fundada en marzo de 1997 que radicalizó la neutralidad activa excluyendo a todos los actores armados de su territorio como forma de resistencia civil no violenta
- 06Desobediencia civil — concepto emparentado con el que se cruza la resistencia civil colombiana, aunque esta última emergió como práctica autónoma antes de que las teorías de Thoreau, Gandhi o Gene Sharp circularan en el país
- 07Paro cívico nacional de 1977 — hito de la resistencia civil urbana que consolidó a los pobladores como sujeto colectivo y provocó una respuesta represiva del Estado mediante decretos de arresto inconmutable
- 08Guardia Indígena — institución desarmada del movimiento indígena caucano que opera con bastones y diálogo, reconocida con el Premio Nacional de Paz y propuesta ante Naciones Unidas como cuerpo internacional de paz
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
64 documentos · 71 fragmentos
01Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 531 cita
[1]las relaciones comerciales de sus colonias. La población nativa de Colombia probablemente nunca había gozado de mejores condiciones que las existentes al finalizar la prime- ra mitad del periodo borbónico, pues su población iba en aumento y todos los viajeros de la época dan cuenta de su nivel de vida modesto pero…
p. 53
02El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 3981 cita
[2]llevaban y llevan los españoles en la propia sangre. Con esta exposición de lo que fue un sistema feu- dal teocrático-absolutista culpamos menos a un determi- nado pueblo civilizador que a la totalidad de una época. Diversos levantamientos de mayor o menor magni- tud, como el de los Comuneros del año 1781 en Colombia,…
p. 398
03Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2351 cita
[3]deseo de participación política. En 1752, en 1764 y en 1767 se realizaron motines contra la corona; y en 1779 una sublevación de 1.000 indígenas. Se incrementaron o crearon impuestos para alimentar la guerra de España contra Inglaterra. Al Regente Visitador Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, le correspondió ejecutar…
p. 235
04Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1511 cita
[4]los otros grupos, invadieron en esta forma el resguardo de J e g u a, que para entonces ya se consideraba como baldío nacional. Los negros volvieron a encontrarse entonces con los indios, como cuando inventaron juntos las técnicas de los viajes, cuido y embalse del ganado en las condiciones tropicales del San J o r g…
p. 151
05Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1261 cita
[5]Pero esta reacción antiespañola iba m ás allá de la m era defensa de los intereses de los criollos de clase alta. En los distritos com uneros, incluso m ulatos pobres q u e no eran can d id ato s potenciales para la burocracia colonial expresaron su resentim iento contra los funcionarios españoles, a quienes tilda ban…
p. 126
06A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 112 citas
[6]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
[7]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
07Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 321 cita
[8]a sus luchas. Desde finales del siglo xix, los indígenas de la región amazónica eran objeto de una terrible explotación por parte de los grandes comerciantes de caucho; en diferentes zonas del país, otras comuni- dades veían peligrar sus resguardos. En los años veinte, la resistencia indígena se hizo más fuerte, en…
p. 32
08Colombia, así en la guerra como en la pazJorge Giraldo Ramírez · 2018 · p. 151 cita
[9]enemigos internos. Cuando la última guerra del siglo X I X terminó —la Guerra de los Mil Días, en 1903—, la doctrina dominante cerró toda posibilidad al reconocimiento del carácter político de la rebelión armada y envió a los rebeldes a las tinieblas del mundo ilegal, junto con los criminales y con los exaltados que…
p. 15
09Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 3581 cita
[10]terminaron siendo arrastradas hacia el conflicto por los bandos en pugna y en la práctica forzadas a tomar partido, con lo cual las viejas reivindicaciones autonómicas de las comunidades terminaron involucradas en la guerra entre revolucionarios y contrarrevolucionarios 491. En el caso colombia- no esta superposición…
p. 358
10Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 1271 cita
[11]Defensa de la Familia. 16 La ACIN agrupa a los cabildos del Norte del Cauca, todos pertenecientes al pueblo Nasa. A su vez, la ACIN hace parte del CRIC, por lo cual comparte su plataforma de lucha. 02. CONTEXTO REGIONAL DEL CAUCA INDÍGENA Estos puntos representan el proceso de lucha, de resistencia y de pervivencia de…
p. 127
11Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 5651 cita
[12]grupos étnicos del Cauca, pero se sostiene principalmente en los nasas. Fue fundado en 1971, institucionalizando el movimiento indígena en la región y un largo pasado de resistencia indígena en el Cauca a la ocupa- ción de sus territorios y dominación de sus culturas. Brota en el seno de las luchas por la tierra en la…
p. 565
12Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 3191 cita
[13]menos abiertos, tal como ha ocurrido en varios momentos a lo largo de las últimas décadas en el departamento del Cauca. No por casualidad el corazón de la resistencia indígena, bajo la modalidad de movilizaciones directas de la población para contener la acción de los grupos armados, está localizado en esta región,…
p. 319
13El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 3031 cita
[14]Varios años duró la resistencia de los indígenas y los campesinos, hasta cuando en 1964, ya bajo el gobierno del Frente Nacional, desapareció el último reducto de la resistencia organizada, la República Independiente de Riochiquito, después de un intenso bombardeo por las fuerzas armadas nacionales. Lograda la…
p. 303
14Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 8, 862 citas
[15]este caso la Resistencia sino, además, como mecanismo para tratar de acercarnos al que po- siblemente constituye el principal eje de todo el proceso: el paso de una “identidad negativa” a una “identidad positiva” -, de la cual son portadores hoy los indígenas del Cauca y que ha logrado ex- tenderse al grueso de la…
p. 8
[16]autoridades nacionales, pretendieron contrarres- tar la ola de movilizaciones mediante la puesta en marcha de un organismo gremial de carácter regional: el Consejo Regional de Agricultura del Cauca (CRAC). Por otra parte, el asesinato del dirigente Gustavo Mejía, en marzo de "#$%, dio rienda suelta a la acción de los…
p. 86
15Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 501 cita
[17]afronta a los actores armados sin armas, sólo con la persuasión y el diálogo; brinda la seguridad a visitantes destacados durante su visita a los territorios indígenas, como cuando los visitó el juez español Baltasar Garzón, o el presidente Belisario Betancur; y en forma permanente vigila el territorio. La “guardia…
p. 50
16Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 5681 cita
[18]Constituyen formas indígenas de planificación del desarrollo a largo plazo construidas de una forma comunitaria. Aparecen por la primera vez en 1987, como una iniciati - va desarrollada por el pueblo guambiano, siendo posteriormente adoptados por otras comunidades. “Un plan de vida ofrece una estrategia a largo plazo…
p. 568
17Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 5621 cita
[19]expresado otras comunidades de la Costa Caribe, Santander del Norte, Risaralda y Tolima, todos las cuales realizaron marchas en sus regiones como parte de la m inga. Estas movilizaciones han ampliado e intensificado sus articulaciones con otros procesos como el ya mencionado de la Asociación Nacional de Zonas de…
p. 562
18Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 2John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 3801 cita
[20]vuelva a ser protagonista en el Macizo Colombiano y en el país 508. - Es así que desde ese tiempo de la Minga ya en el 2008 en- tonces, se comienza a plantear un congreso itinerante, los indios se ponen a la cabeza del movimiento social acá. Paralelo a esto los de Pupsoc 509 y Fensuagro 510 se movilizan también… Se…
p. 380
19Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 25, 872 citas
[21]ACIUR, Bogotá, marzo del 2000. Luchas y movimientos cívicos en Colombia [89 ] PUNTOS DE PARTIDA PARA EL ANÁLISIS Antes de entrar en materia, aclaremos el tema central de nues- tro trabajo: Definimos las luchas cívicas como acciones colectivas prota- gonizadas por pobladores urbanos, con la intención de expre- sar en…
p. 87
[24]posturas se enriquecía el estudio de la acción social colectiva, pues ella no se limitaba a la mera explota- ción económica por las burguesías locales, sino que atendía a fe- nómenos más complejos de opresión política en la arena mun- dial 22. En términos de los conflictos sociales, importaba tanto la esfera de la…
p. 25
20Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3041 cita
[22]cinco de las principales em- presas de Medellín, movimiento que fue precedido por la presentación si- multánea de pliegos de peticiones. A su vez, los trabajadores del Estado efectuaron veinte paros nacionales y ciento siete regionales, que requirie- ron de acuerdos intersindicales y de la solidaridad gremial. Uno de…
p. 304
21Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 1591 cita
[23]el ánimo de pro- testa y resistiéndose a negociar, expidió el Decreto 2004 de 1977, el cual estableció en su artículo 1. 0: "Mientras subsista el actual estado de sitio, quienes organicen, dirijan, promuevan, fomenten o estimulen, lS Garzón {2013), p. 43. 1<1 Archila Neira (2005), p.l46. 20 Voz Proletaria, 1977. 21…
p. 159
22Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo I. Bloque Central Bolívar: origen y consolidaciónCentro Nacional de Memoria Histórica, Alberto Santos Peñuela · 2021 · p. 701 cita
[25]modo, por ser epicentro de las movilizaciones sociales, los centros poblados albergaron el proceso de cualificación de la organización social que, partiendo de los acumulados políticos de las machas campesinas y los paros de los trabajadores petroleros, dio inicio a una etapa de consolida- ción mediante la creación de…
p. 70
23La maldita tierra. Guerrilla, paramilitares, mineras y conflicto armado en el departamento de CesarCésar Molinares Dueñas, Nathan Jaccard · 2016 · p. 761 cita
[26]con la movi- lización social”, asegura. Otra cosa piensa Eliécer 23, exmiembro de A Luchar, quien coin- cide con Sanguino en que el ELN se mezcló en la protesta. “Los organizadores del paro les decían a los campesinos que debían guardar comida y organizar juntas. Al tiempo aparecían los gue- rrilleros. También se…
p. 76
24La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 741 cita
[27]La Jagua de Ibirico, Becerril, Agustín Codazzi, San Diego, El Paso y Chiriguaná. Un punto de inflexión en la lucha por la tierra y la vida digna en el departa- mento fue el año 1987, con la realización del Paro Cívico del Nororiente, que logró movilizar miles de campesinos. Esto despertó reacciones negativas por parte…
p. 74
25Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 1751 cita
[28]Sí, había un nivel de politización y de conciencia en las organi- zaciones, en las que se ahondaba más allá de que si aquí ocurrió la masacre, no si ocurrió algo allá pues todo el nordeste paraba, se cerraba la carretera, de Medellín no iban carros, buses y ése era el tema de los paros cívicos, donde en cada pueblo…
p. 175
2625 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1631 cita
[29]ocuparon los primeros lugares en el conjunto de munici- pios del país. En Bollvar. fueron los municipios del sur. colindanres con el río Magdalena. los que presentaron una alta participación. San Pablo registró el segundo lugar en las prorestas. En Cesar, los municipios de Valledupar y El Copey, y en el Tolima el sur.…
p. 163
27Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 661 cita
[30]a la pre- sidencia de la Asamblea. 1957. Enero 27. El general Gabriel Paris da a conocer a la naci6n la «decisi6n irrevocable» de las Fuerzas Armadas de que Rojas siga en el poder hasta el afio 1962. Enero 29. Ospina Pérez se retira de la ANAC y junto con Alberto Lleras se pronuncia contra la de- claraci6n del general…
p. 66
28Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 3041 cita
[31]sitio, bajo el cual se restringía una gran cantidad de liber tades civiles, se mantuvo desde 1949 y luego durante toda la presidencia de Laureano Gómez, elegido ante la ausencia liberal en las elecciones. Con la 3 0 2 P o l ít ic a a g r a r ia y c o n f l ic t o s d u r a n t e l a V io l e n c ia posesión de…
p. 304
29Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2411 cita
[32]y Sa- lamanca. Se doctoró en derecho y desempeñó las cátedras de mercantil y economía política. Desde muy joven comenzó la actividad parti- dista conservadora. Fue concejal, diputado y congresista en varios períodos. También actuó como embajador en Perú y Argentina, ministro de Relaciones Exteriores, Guerra y…
p. 241
30El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 153, 1682 citas
[33]memoria regional. En tér- minos generales, dicha narrativa plantea que el surgimiento de la Asociación es una reacción del campesinado del Carare a un proceso de violencia a gran escala e indiscriminada que comenzó en la década de 1970. En el ejercicio de dicha violencia tuvieron responsabilidad todos los grupos…
p. 153
[45]es crucial hacer énfasis en que éstos develan cómo el proceso de resistencia se inscribe en la contraposición del proyecto social del campesinado del Carare a los proyectos sociales y políticos de los que son portadores cada uno de los grupos armados. 5.2.2. Los mecanismos: de la sobrevivencia a la resistencia Con los…
p. 168
31En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · p. 411 cita
[34]a todos los grupos armados, fueran 43 ALFREDO MoLANo BRAvo de extrema izquierda o de extrema derecha, y firmó pactos de convivencia tanto con las guerrillas como con los paramilitares. Ese equilibrio era dificil de mantener no sólo por los campe- sinos, sino también por los grupos armados. En 1989, varios de los…
p. 41
32Violent Democratization: Social Movements, Elites, and Politics in Colombia's Rural War Zones, 1984-2008Leah Anne Carroll · 2011 · p. 1271 cita
[35]José down to Apartadó was taken over by paramilitary groups, but the FARC continued to be present in the hills. The settlers were truly be- tween a rock and a hard place. Inspired by Monseñor Isaías Duarte (later killed), a major force behind the Cuartas “Consenso” experiment, the San José de Apartadó Peace Community…
p. 127
33Peacebuilding in Colombia: From the Lens of Community and PolicyJoan C. Lopez, Beth Fisher-Yoshida · 2024 · p. 1601 cita
[36]army is involved. Communities are in vulnerable and inescapable positions in the mid - dle of the armed groups, therefore, declaring a position of active neutrality, i.e., claiming that they do not support any of the armed groups including the Colom - bian army, renders their work as an act of peacebuilding.…
p. 160
34El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 642 citas
[37]de recursos naturales” (Bouley y Rueda, s.f.). 65 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) desmilitarizar sus territorios, también se organizaron en zonas humanitarias (Comisión Colombiana de Juristas, 2006).…
p. 64
[38]de recursos naturales” (Bouley y Rueda, s.f.). 65 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) desmilitarizar sus territorios, también se organizaron en zonas humanitarias (Comisión Colombiana de Juristas, 2006).…
p. 64
35Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 3111 cita
[39]gente luchadora, trabajadora; verraca para defender al territorio en todos sus aspectos, porque ha sido un corregimiento que ha tenido mucha resistencia y se ha sabido mantener en su territorio a pesar de las 312 ESTRATEGIAS DE GUERRA Y TRASFONDOS DEL PARAMILITARISMO EN EL URABÁ ANTIOQUEÑO, SUR DE CÓRDOBA, BAJO ATRATO…
p. 311
36Sujetos victimizados y daños causados: Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoLina Rondón Daza, Liliana Cortés Gamba · 2018 · p. 1701 cita
[40]producir a las comunidades, y el crecimiento de las oportunidades de organización social podían poner en riesgo la economía y las intenciones de apropiación de tierras en lo local. La violencia buscó prohibir las luchas campesinas y desmejorar las relaciones afectivas que las sustentaban. Para el Carare y los Montes…
p. 170
37Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 5332 citas
[41]de que ese era el odio contra el hombre; y para nosotros, para la comunidad, pues una tristeza, fue una tristeza. (CNMH, CV, hombre afrodescendiente víctima, Cimita- rra, 2017, 27 de marzo) El asesinato de los líderes de la ATCC pretendió destruir una organización que desafiaba la imposición de un orden social afín al…
p. 533
[42]de que ese era el odio contra el hombre; y para nosotros, para la comunidad, pues una tristeza, fue una tristeza. (CNMH, CV, hombre afrodescendiente víctima, Cimita- rra, 2017, 27 de marzo) El asesinato de los líderes de la ATCC pretendió destruir una organización que desafiaba la imposición de un orden social afín al…
p. 533
38El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 2312 citas
[43]hallazgo de armas en el río Carare, presuntamente propiedad de paramilitares, además de ello, la periodista había tenido una entrevista con alias El Mojao con la cara descubierta, en la cual aceptaba que el paramilitarismo tenía recono- cimiento y apoyo en la región, éste mismo fue quien coordinó el atentado contra la…
p. 231
[44]hallazgo de armas en el río Carare, presuntamente propiedad de paramilitares, además de ello, la periodista había tenido una entrevista con alias El Mojao con la cara descubierta, en la cual aceptaba que el paramilitarismo tenía recono- cimiento y apoyo en la región, éste mismo fue quien coordinó el atentado contra la…
p. 231
39Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 2981 cita
[46]continuamente por víctimas de los territorios del sur de Bolívar en los talleres desarrollados por el CNMH. También resulta necesario aclarar que en los territorios en cuestión existie- ron y siguen existiendo experiencias de resistencia no violenta, tal es el caso del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio,…
p. 298
40Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1141 cita
[47]Después de ir en 1995 a Beijing e insertarse en las redes de mujeres a nivel nacional e internacional, participan en las marchas cocaleras de 1996. Ade- más, estas mujeres con la Asociación de Mujeres de Puerto Cai- cedo (ASMUN), van a un encuentro en Mutatá (Urabá) donde se crea La Ruta Pacífica de Mujeres, en…
p. 114
41Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 3321 cita
[48]Hoyos, op. cit. 35 Ibid. 332 Mujeres y guerra - Víctimas y resistentes en el Caribe colombiano La experiencia de las redes de mujeres en la región Caribe se remonta a mediados de los años noventa, cuando surge la Red de Mujeres del Caribe como espacio de convergencia de distin- tas iniciativas en la región, en la…
p. 332
42Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 1891 cita
[49]de sus principales consignas que hasta hoy las acompaña: “No parimos hi jos e hijas para la guerra”. Esa frase ha sonado durante los 10 años que llevan moviéndose por las trochas, montañas y carreteras colom bianas. El ejercicio de emprender camino y acompañar a otras mujeres en desgracia fue tomando fuerza y en…
p. 189
43Women's Writing in Colombia: An Alternative HistoryCherilyn Elston · 2016 · p. 1981 cita
[50]social democrático de derechos. (“Ruta Pacífica”, rutapacifica.org) In the context of an authoritarian state, the worsening of the armed conflict and the loss of rights and guarantees, the Women’s Path to Peace presents itself as a proactive movement, pacifist against war and violence, SEXUAL DIFFERENCE IN TIMES OF…
p. 198
44Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1731 cita
[51]- 00528. ANUC y CITpax, «Resistencia y persistencia», 26. 496 En 1984, «se estableció por primera vez una política explícita en relación con la incorporación de la mujer en el desar rollo rural, entre otras cosas, la cual reconocía el papel de la mujer en el sector agropecuario». Deere y León, La mujer rural, 9. 497…
p. 173
45Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 3301 cita
[52]a esa comunidad en un camión grande, cortaron la luz y como era una casa de tabla, la arrasaron y cogieron todo y solo dejaron el piso descubierto, sin nada. En general nos hicieron muchas cosas. La consigna de ellos era que la OFP callara, pero las mujeres somos muy tercas y en ese entonces también organizadas.…
p. 330
46La guerra inscrita en el cuerpo. Informe nacional de violencia sexual en el conflicto armadoCentro Nacional de Memoria Histórica, Rocío Martínez Montoya · 2017 · p. 861 cita
[53]de algunas de ellas por parte de los paramilitares. Así, el 21 de marzo de 2006 fue asesinada Yamile Agudelo Peñalosa, quien pertenecía a la Or- ganización Femenina Popular. Su cuerpo sin vida fue encontrado con señales de tortura y de violencia sexual (Organización Mun- dial Contra la Tortura, 2006, abril 5,…
p. 86
47La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia. Tomo IRuta Pacífica de las Mujeres · 2013 · p. 4251 cita
[54]pero gracias por todo porque le ayuda mucho a uno, porque uno hay cosas que las tiene por dentro y no encuentra con quien desahogarlas, no encuentra uno a quien contárselas porque uno sabe con quién hablar, no sabe si le está hablando al que no le debe hablar… dar muchas gracias a ella porque le cogí confianza.…
p. 425
48Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 801 cita
[55]datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil, 2014. Durante estas mismas elecciones, en octubre de 1997, se depo- sitaron aproximadamente 10 millones de votos en favor de una salida negociada del con fl icto armado por convocatoria hecha por el Mandato Ciudadano por la Paz. El tema de la negociación del con fl…
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49Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 7011 cita
[56]contactos con los grupos alzados en armas para definir si podría o no celebrarse una primera negociación de paz. En las elecciones del domingo 27 de octubre de 1997 —convocadas inicialmente para elegir alcaldes, gobernadores, diputados departamentales y concejales—, distintas organizaciones de la sociedad civil se…
p. 701
50Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 871 cita
[57]U.N. missions that were being slowly phased out of Central America following the culmination of peace treaties in El Salvador and Guatemala; for several years Colombia was rumored to possibly be the next large-scale mission should peace talks succeed. 43 Despite an important attempt to build alliances within the human…
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51Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 3571 cita
[58]como el Mandato Ciudadano por la Paz que, como se dijo, consiguió diez millones de votos en 1997. Recuerda Álvaro Jiménez que otros pueblos empezaron a imitar a Aguachica, y en Villanueva (La Guajira) se convocó a otra consulta. «En Montecristo, al sur de Bolívar, las FARC habían pintado todas las paredes del pueblo…
p. 357
52Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 2381 cita
[59]tras la presentación por parte del gobierno de la iniciativa, a tono con lo convenido en las meses de negociación con las guerrillas. Sin embargo, hay quienes, antes que percibir esta legítima e importante discusión de opciones como un aporte valioso al proceso de paz, leen con prevención y descalificación la…
p. 238
53Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 2781 cita
[60]acceso todos los vecindarios contiguos a puestos de policía debido a que las gue- rrillas no renunciaron al ataque sorpresivo en sus incursiones sobre poblados. Más aparte, los posibles avisos preventivos no siempre fueron reales debido a que en ocasiones operaron como mecanismos distractores frente a los miembros de…
p. 278
54La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 2081 cita
[61]NO CIERRA Pacífico, donde llegaban a altas horas de la noche con motores de altos ca- ballos y era fuerte la intimidación que sentía uno. No podíamos dormir, no podía uno salir de las casas; yo tenía que salir restringidamente y con los niños, no soltar los niños en ningún momento. Ni siquiera les podía dar un recreo.…
p. 208
55Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 2781 cita
[62]que otros no fuera más masivos y definitivos. 417 Testimonio, taller de Memoria Histórica. Quibdó, 2009 418 Al respecto ver Wouters, Mieke, Op. Cit. vii. Memorias de la vida: Los trabajos de duelo, la organización social y los procesos de resistencia 279 Foto 15. Letrero de la Bodega Comunitaria que existió en…
p. 278
56Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 3821 cita
[63]territorio como espacio vital, visualizándolo y ubicándolo como una extensión, de carácter simbólico, del espacio rural (Espinoza, Adriana, 2011). 382 Buenaventura: un puerto sin comunidad No obstante, si bien se avanzó en el ejercicio de pensar la terri- torialidad desde lo urbano, los procesos de autonomía y de…
p. 382
57Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6031 cita
[64]prácticas cotidianas han ampliado su articulación desde el nivel barrial hasta el regional, y han potencializado el alcance de procesos colectivos deliberados de movilización y acción colectiva, como la confor- mación de la plataforma del Comité Interorganizacional, la Minga por la Memoria y el Comité del Paro Cívico…
p. 603
58Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 1971 cita
[65]de líderes y lideresas La persecución, el desplazamiento y el asesinato de líderes po- líticos y comunitarios generaron un daño colectivo que se expresa en la desestructuración de las apuestas políticas, pero también de la capacidad organizativa de la comunidad. En la medida en que el terror se convirtió en el medio…
p. 197
59Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 1961 cita
[66]se ha degra- dado tanto que entre los mismos hermanos se tienen desconfian- za, porque nosotros no sabemos quién es quién y qué viene hacer cada uno, o sea, acabaron con esa armonía de sociedad (CNMH, taller de construcción de memoria con hombre adulto, Villavicen- cio, 2012). 196 Pueblos arrasados La larga tradición…
p. 196
60San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · p. 1421 cita
[67]ese recorderis es muy duro, si uno sabe quién fue la comunidad con que trabajó, la gente con que luchó para que realmente se recono- cieran los derechos, saber uno que murieron en esas circunstancias es muy duro. (Entrevista a hombre adulto, Medellín, 2010) El significado de la muerte de estos líderes lo ilustra muy…
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61Desplazamiento forzado en la Comuna 13: La huella invisible de la guerraLuz Amparo Sánchez, Marta Inés Villa, Pilar Riaño · 2011 · p. 2011 cita
[68]organizativo, en un contexto de pobreza y exclusión como éste, tiene un impacto colectivo de singular significación porque los líderes y lideresas han sido partícipes directos de la construcción de sus barrios y facilitadores del mejoramiento de las condiciones de vida de la comunidad. Así lo expresó José Luis…
p. 201
62Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 891 cita
[69]sicarios que ni siquiera saben quién los contrató y el 30% son disidencias de las FARC, ELN, Clan del Golfo, etcétera.” La Vanguardia, «¿Quién está detrás de los asesinatos de líderes sociales?». 148 En ese periodo la Fiscalía abrió procesos investigativos a 302 casos de asesinato de liderazgos sociales. De ellos,…
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63Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7121 cita
[70]por su militancia o simpatía política con A Luchar. De estas, 146 sufrieron dos o más violaciones de derechos humanos por su labor política. Por lo menos 367 personas del movimiento fueron asesinadas, ejecutadas extrajudicialmente o desapa- recidas de manera forzada 2434. Entre la creación de ¡A Luchar!, en marzo de…
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64Cruzando la frontera: Memorias del éxodo hacia Venezuela. El caso del río AraucaCentro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 2411 cita
[71]unidades de la Fuerza Pública a cu- yos miembros se les pagaban sobornos para ello, y que por otra parte, aquella que otorgaban políticos de la región a cambio de apoyo para sus campañas (TSJ de Bogotá, párr. 79). Como resultado de las estrategias empleadas por los actores armados para cooptar el poder político en el…
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