San Basilio de Palenque
“San Basilio de Palenque es el resultado de cuatro siglos de resistencia sostenida: nació de la fuga colectiva de africanos esclavizados que encontraron en la espesura de la Sierra de la María un refugio inexpugnable para las expediciones coloniales.”
En la falda de la Sierra de la María, a pocas horas del puerto que durante siglos fue el mayor mercado de esclavos del Caribe hispano, se encuentra el pueblo conocido como el primer territorio libre de América. San Basilio de Palenque, corregimiento del municipio de Mahates en el departamento de Bolívar, no es un monumento ni un yacimiento arqueológico: es una comunidad viva de origen cimarrón cuya continuidad de más de cuatro siglos descansa en una lengua criolla propia, en instituciones sociales heredadas de África occidental y en un pacto de resistencia frente al orden colonial que, negociado y renegociado a lo largo del tiempo, nunca fue realmente disuelto. En 2005 la UNESCO inscribió su espacio cultural en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; en Colombia, la Ley 70 de 1993 le reconoció el derecho a la propiedad colectiva del territorio. Antes de esos reconocimientos formales, y por debajo de ellos, Palenque ya se había mantenido a sí mismo durante trescientos años.
Un pueblo antes de ser reconocido
Lo que hace de San Basilio una entidad excepcional en la historia americana no es su antigüedad ni su carácter afrodescendiente —hay otros palenques y otras comunidades negras de raíces coloniales en el continente—, sino la combinación de cuatro elementos que rara vez sobreviven juntos: una fundación cimarrona documentada a comienzos del siglo XVII, una capitulación con la Corona española que reconoció su existencia autónoma, una lengua criolla desarrollada in situ que aún se habla, y un territorio continuo habitado por los descendientes de aquellos fugitivos.
El palenque nació como negación del orden esclavista. Sus fundadores fueron africanos esclavizados —de las regiones del golfo de Guinea, del reino de Congo, de Angola— que se fugaron de las haciendas y del puerto de Cartagena para refugiarse en las estribaciones de los Montes de María. El nombre mismo lo dice: un palenque era, en el vocabulario colonial, un asentamiento fortificado de cimarrones, del término que designaba también las empalizadas defensivas. Pero San Basilio fue más que un refugio. Con el paso de las décadas se convirtió en pueblo con lengua, familia, gobierno interno, ritual y economía propios, y esa consolidación —lenta, defendida a costa de bajas y de expediciones militares repetidas— es la que explica por qué hoy hay aquí una comunidad y no una nota al pie del archivo de Indias.
La fuga y los orígenes cimarrones
El palenque se formó hacia comienzos del siglo XVII, en el momento en que la trata negrera hacia Cartagena alcanzaba su intensidad máxima. La razón de esa intensificación era demográfica: el colapso de la población indígena a fines del siglo XVI había vaciado la mano de obra de los transportes fluviales del Magdalena, de las minas, de la agricultura de las haciendas circundantes y de los servicios urbanos coloniales. Cartagena, único puerto negrero autorizado del virreinato, se llenó de africanos recién desembarcados a los que se compraba, marcaba y distribuía por todo el interior. La fuga fue la respuesta inmediata: los cimarrones huían al monte apenas se presentaba la ocasión, individualmente o en grupos, y los pantanos de Matuna, los manglares cercanos al puerto y las espesuras de la Sierra de la María se convirtieron en zonas de refugio.
En el centro de la memoria fundacional de Palenque está la figura de Benkos Biohó, líder cimarrón de origen africano cuya estatua preside hoy la plaza del pueblo. Biohó es reconocido como el más famoso de los jefes cimarrones de la región y como el fundador simbólico de la libertad palenquera. Su liderazgo inicial correspondió al palenque de Matuna —en los pantanos que se extendían al sur de Cartagena—, y San Basilio se formó después, en una segunda oleada. El matiz importa: el palenque no fue obra de un solo hombre ni de un solo momento fundacional, sino el resultado de oleadas sucesivas de fugitivos que a lo largo de varias décadas fueron congregándose en la Sierra. La estatua de Biohó consagra una fuerza colectiva bajo un nombre propio.
De aquel proceso queda un rastro documental particularmente vívido: el testimonio de Francisco Angola, rendido el 18 de enero de 1634 en el Castillo de Manga, en el puerto de Cartagena de Indias, a raíz de las acciones coloniales contra el Palenque del Limón. Es una de las pocas voces cimarronas conservadas por el archivo colonial, capturada precisamente en el momento en que las autoridades intentaban desarticular a los palenques cercanos a la ciudad. En los mismos años en que Angola declaraba, San Basilio ya crecía con rapidez por la llegada constante de nuevos fugitivos, y en 1619 se había producido ya un antecedente jurídico notable: la declaración de libertad de algunos grupos de negros cimarrones en la región, a los que se facilitaron tierras para laborar. La política colonial oscilaba, desde muy temprano, entre el proyecto de exterminio y la tentación pragmática de la negociación.
La guerra colonial y la capitulación
Durante buena parte del siglo XVII, la relación entre Cartagena y los palenques de la Sierra de la María fue una guerra de baja intensidad marcada por expediciones militares repetidas. Las autoridades enviaban partidas para reducir a los cimarrones y devolverlos a la esclavitud; los palenqueros respondían defendiendo sus asentamientos y causando bajas entre los atacantes, entre los cuales —el dato es sugerente— llegaron a caer algunos de los propios amos de los que se habían fugado. A fines del siglo XVII, la frustración colonial se tradujo en órdenes de exterminio total. Ninguna de esas campañas consiguió su objetivo, y la razón principal fue geográfica.
El terreno de la Sierra de la María funcionaba como blindaje natural. Un narrador colonial de la época lo describió con una fórmula elocuente: "horrores y dificultades". Espesa vegetación de árboles y brozas que impedía ver la claridad del sol, barrancas, despeñaderos, zonas anegadizas. Toda la geografía del Caribe interior neogranadino —ciénagas, sabanas, lomeríos, serranías, manglares— conspiraba a favor de los fugitivos y contra las columnas armadas. Los palenques al sur de Mompox, formados por esclavos huidos de las minas de oro del norte de Antioquia desde el siglo XVII, sobrevivieron amparados por el mismo tipo de accidente topográfico. La montaña no era escenario: era arma.
La segunda arma fue la organización interna. Las expediciones fracasadas convencieron finalmente a la Corona de que la vía militar tenía un costo mayor que el beneficio, y a comienzos del siglo XVIII se abrió la vía del pacto. San Basilio logró capitular con las autoridades coloniales bajo ciertas condiciones, y el mediador clave del acuerdo fue el obispo Casiani, cuyo apellido —cosa notable— sigue vivo en el pueblo cuatro siglos después. La capitulación fijó el emplazamiento definitivo en la falda de la Sierra de la María y estableció un régimen singular: la única autoridad externa reconocida dentro de la comunidad era el sacerdote, que además de atender a los palenqueros administraba los sacramentos a los esclavos de las haciendas vecinas. El resto del gobierno interno quedaba en manos de la propia comunidad.
Ese acuerdo hizo de San Basilio algo que ningún otro palenque de la región llegó a ser: una comunidad negra autónoma reconocida. Los pantanos de Matuna, la Sierra de la María, el sur de Mompox siguieron albergando pequeños grupos de fugitivos que vivían de la pesca y de cultivos menores, pero sin el estatus formal que amparaba a San Basilio. El hecho de que los esclavos de las haciendas cercanas al palenque continuaran allí —y de que el mismo sacerdote los atendiera— sugiere que los palenqueros cumplieron su parte del pacto: no seguirían recibiendo nuevos fugitivos ni asaltarían las haciendas. A cambio, tenían pueblo, tierra y libertad. Fue, en toda la América esclavista, un arreglo raro.
Lengua, kuagro y lumbalú: la comunidad hacia adentro
El pacto con la Corona garantizó el marco jurídico externo. Lo que sostuvo la vida palenquera hacia adentro fue otra cosa: un tejido de instituciones propias que se consolidó en el largo aislamiento de la Sierra y que hizo de la comunidad una entidad culturalmente autorreproducible.
La primera de esas instituciones es la lengua. En la convivencia prolongada de africanos de orígenes diversos —bantúes de Congo y Angola, gentes del golfo de Guinea— se forjó una lengua criolla propia, el palenquero, sobre base léxica española pero con estructura gramatical y fonética marcada por sustratos africanos. Es la única lengua criolla de base española en América y sigue hablándose. Su existencia no es un residuo: es evidencia de que el palenque tuvo suficiente tiempo, suficiente cohesión y suficiente aislamiento para que las lenguas africanas de los distintos fugitivos se fundieran en un código común. Nada de eso hubiera ocurrido si las expediciones coloniales hubieran conseguido su propósito, ni si el pueblo hubiera quedado disuelto en el mestizaje regional. La lengua es el sedimento de la duración.
La segunda institución es el kuagro, forma de organización social por grupos de edad que estructura la vida de cada palenquero desde la niñez hasta la muerte. Cada individuo pertenece a un kuagro con el que comparte trabajo, celebración, ayuda mutua, defensa y rituales; el conjunto de esos grupos —los ma-kuagro— constituye el esqueleto social de la comunidad. Es un modelo de organización de raíz africana adaptado a las condiciones del monte caribeño, y funcionó durante siglos como sustituto y complemento de las instituciones estatales de las que el palenque estuvo, de hecho, siempre al margen.
La tercera es el lumbalú, ritual funerario que ha sobrevivido intacto hasta hoy y que constituye uno de los rasgos más distintivos del espacio cultural palenquero. Cantos, danzas y acciones ceremoniales acompañan al muerto durante nueve noches; la mujer cumple en él un papel sagrado —cantoras, danzarinas, oficiantes de gestos rituales precisos—, mientras el hombre participa también, aunque con funciones diferentes. Es notable que el lumbalú palenquero conserve la estructura ritual funeraria africana sin recurrir al elemento de la máscara, que en el Caribe insular y en Brasil se mantuvo dentro del culto africano a través de sociedades secretas. En Colombia, a diferencia de Haití o Cuba o Bahía, no cristalizó un sincretismo religioso al modo del vudú, la santería o la macumba: la máscara y la danza ritual africanas prácticamente desaparecieron de la cultura negra del país. San Basilio conservó el ritual sin el objeto ritual: lumbalú sin máscara.
El papel de la mujer palenquera excede el ritual funerario. Diariamente las mujeres salen del pueblo a vender productos del monte —ñame, arroz, yuca— y cuidan del ganado; su actividad económica fuera del hogar ha sido a veces malinterpretada desde fuera con la fórmula peyorativa de que "sostienen al marido", lectura que desconoce por completo la estructura de la familia palenquera y la distribución interna del trabajo. En la práctica, esa presencia económica femenina en el espacio público, sumada a su centralidad ritual, hace de la mujer un pilar sostenido de la reproducción de la comunidad. En los primeros palenques americanos el desequilibrio numérico entre hombres y mujeres se resolvía mediante normas que asignaban turnos nocturnos de cada mujer a cada palenquero: un dato que apunta al carácter fundacionalmente colectivo de los arreglos de género en estos asentamientos.
Música, memoria y presencia afro en el Caribe
San Basilio no fue una isla cultural en el Caribe neogranadino: fue uno de los nodos de una red más amplia de presencia afrodescendiente que dejó su impronta en toda la región. Entre los siglos XVI y XVIII surgieron numerosos palenques en la zona de Mompox, señalada como una de las áreas de origen de la cumbia. La coincidencia geográfica es reveladora. Los conjuntos musicales costeros —cañamilleros, gaiteros— se estructuran en torno a la tambora, batería de tambores de raíz africana, a la que se añaden instrumentos de viento como la caña de millo y las gaitas de herencia indígena. La cumbia, cuando incorpora canto, lo hace muchas veces en forma de llamada y respuesta, esquema vocal característico de la música africana subsahariana; con la pérdida progresiva del coro original de cantadoras femeninas, la respuesta ha pasado a ser ejecutada por los propios músicos del conjunto. En las danzas del Pacífico colombiano —otro brazo de la diáspora— la conservación de melodías, ritmos e instrumental de origen africano es aún más directa.
Palenque participó y sigue participando de esa geografía sonora, pero con inflexiones propias. Los cantos y danzas del lumbalú, únicos en el país, son su contribución más específica. Y del propio pueblo salió, en el siglo XX, la figura que llevó el nombre de Palenque a las páginas deportivas del mundo: Antonio Cervantes, Kid Pambelé, campeón mundial de boxeo y hasta hoy el vecino más célebre de San Basilio. Su nombre condensa una cierta manera palenquera de estar en la modernidad colombiana: desde los márgenes, con una identidad marcada, capaz de convertirse en referencia nacional sin dejar de ser del pueblo.
Constitución del 91, Ley 70 y titulación colectiva
Durante buena parte de la República, la existencia jurídica de las comunidades negras colombianas quedó absorbida en la ciudadanía genérica del liberalismo del siglo XIX, sin reconocimiento específico de sus territorios ni de sus formas de organización. Palenque siguió funcionando por su propio derecho consuetudinario, al amparo del aislamiento y del pacto colonial nunca formalmente derogado, pero sin un instrumento legal republicano que lo protegiera. Esa laguna se cerró recién a fines del siglo XX.
La Constitución Política de 1991 marcó el punto de inflexión. Su Artículo Transitorio 55 ordenó al Congreso expedir, dentro de los dos años siguientes a su entrada en vigencia, una ley que reconociera a las comunidades negras que ocupaban tierras baldías en las zonas rurales ribereñas de los ríos de la Cuenca del Pacífico el derecho a la propiedad colectiva sobre las áreas que la propia ley delimitaría. En 1993 se promulgó la Ley 70. Aunque el foco literal del artículo transitorio era el Pacífico, la ley se abrió en un arco más amplio: reconoció, en general, a las comunidades negras colombianas, sus territorios y sus formas organizativas.
De ahí nacieron los consejos comunitarios, instancia de organización de los pobladores dentro de un área territorial delimitada, ocupada según sus prácticas culturales y sus formas de producción. Los consejos son la interfaz reconocida entre las comunidades y el Estado, y a través de ellos actúan las organizaciones sociales en la protección y utilización sustentable de los recursos naturales del territorio. Para San Basilio, la Ley 70 significó dos cosas concretas: la posibilidad de titular colectivamente la tierra que ocupaba y una forma jurídica moderna para un gobierno interno que llevaba siglos operando por otras vías.
El reconocimiento internacional siguió al nacional. En 2005 la UNESCO inscribió el Espacio Cultural de Palenque de San Basilio en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, distinguiendo el conjunto de lengua, música, ritual, medicina tradicional y organización social como bien intangible de valor universal. Colombia ya contaba con antecedentes análogos —el Carnaval de Barranquilla había sido declarado Patrimonio Inmaterial por la UNESCO el 7 de noviembre de 2003 y ratificado como obra maestra en 2008—, pero la inscripción de Palenque tenía otro peso: no reconocía un evento festivo, sino un modo entero de vida comunitaria sostenido durante cuatro siglos.
El contraste con el mapa demográfico del país afila esa singularidad. En el censo de 2018, cerca del 14% de los habitantes de Colombia se identifica como étnicamente distinto de la población mestiza o blanca, mientras el 78% se identifica como mestizo o blanco. La categorización étnica en el país es, tras cinco siglos de mezcla, en buena parte subjetiva. Palenque, en cambio, sostiene una identidad afrodescendiente inequívoca, con lengua propia y linaje reconstruible hasta los cimarrones del siglo XVII.
La violencia del último medio siglo
El territorio de los Montes de María, del cual San Basilio forma parte, se convirtió a fines del siglo XX en uno de los escenarios más sangrientos del conflicto armado colombiano. El cambio de modelo económico neoclásico implementado a inicios de los años noventa golpeó duramente a los agentes económicos locales de agricultura, ganadería y silvicultura, empobreciéndolos y contribuyendo —junto con otros factores estructurales y políticos— a crear las condiciones para el auge del conflicto y del desplazamiento forzado en la región.
En la zona operó el Bloque Héroes de los Montes de María de las Autodefensas Unidas de Colombia, con jurisdicción en los departamentos de Sucre y Bolívar. Sus principales comandantes fueron Edwar Cobos Téllez, alias "Diego Vecino"; Huber Enrique Bánquez Martínez, alias "Juancho Dique"; Rodrigo Antonio Mercado Peluffo, alias "Rodrigo Cadena"; y Marco Tulio Pérez, alias "El Oso". Su actuación produjo masacres, decapitaciones y desplazamientos masivos que afectaron a comunidades campesinas y afrodescendientes de toda la subregión.
Palenque no quedó al margen. En el año 2000 se produjo el desplazamiento de Mampuján, y poco después el de La Bonga, corregimiento vecino habitado por palenqueros. Trabajadores palenqueros que se encontraban en la zona presenciaron las decapitaciones de Las Brisas y regresaron a La Bonga alertando sobre el peligro; el testimonio provocó alarma y desencadenó el desplazamiento. Familias enteras de origen palenquero se dispersaron por Cartagena, Barranquilla y otras ciudades. Fue el primer momento en cuatro siglos en que la Sierra de la María dejó de funcionar como refugio y se convirtió, ella misma, en zona de riesgo. La geografía que había salvado a los cimarrones del siglo XVII no bastó frente a los grupos armados del siglo XXI.
La comunidad respondió con las herramientas que había construido: el tejido de kuagros, la organización comunitaria formalizada en el consejo, la memoria compartida. El retorno parcial y la reconstrucción de los lazos comunitarios en los años posteriores forman parte del capítulo más reciente de la resistencia palenquera, todavía en curso.
San Basilio en el mapa de los palenques
Situar a San Basilio en el contexto comparado de los palenques del Caribe colombiano ilumina por contraste lo que hizo su singularidad. En la propia región neogranadina existieron varios refugios cimarrones contemporáneos suyos: los pantanos de Matuna albergaron los primeros asentamientos asociados a Benkos Biohó; el Palenque del Limón fue objeto de la ofensiva colonial que produjo el testimonio de Francisco Angola en 1634; en la Sierra de la María y en los manglares próximos a Cartagena sobrevivieron pequeños grupos de fugitivos dedicados a la pesca y a cultivos menores; al sur de Mompox se mantuvieron palenques formados por esclavos huidos de las minas del norte de Antioquia. Más lejos, en el valle del Patía, surgieron dos palenques como núcleos de concentración afrodescendiente paralelos al avance de la minería y de la hacienda ganadera del Pacífico sur.
De todos esos asentamientos, únicamente San Basilio alcanzó el estatus de comunidad negra autónoma reconocida por la Corona. Los otros sobrevivieron —o no— sin ese amparo jurídico, disueltos progresivamente en los procesos regionales de mestizaje y de acomodo a la vida rural colonial. La relación entre haciendas y palenques fue en general violenta; sólo en casos excepcionales, como los de Amaime y El Bolo en el Valle del Cauca, se establecieron relaciones armónicas. Cerca de Cartagena, esas relaciones oscilaron entre la guerra abierta y momentos de solidaridad y entendimiento, con episodios como el de 1619 en que grupos de cimarrones fueron declarados libres y recibieron tierras.
La singularidad de San Basilio no es haber sido el único palenque del Caribe: es haber sido el que logró convertir la resistencia en institución, la fuga en pueblo y el pacto colonial en fundamento duradero de una comunidad reconocida. Ninguno de los otros combinó las cuatro cosas: fundación cimarrona documentada, capitulación jurídica, lengua criolla propia y continuidad territorial hasta el presente.
La huella y la disputa
San Basilio de Palenque es hoy una comunidad de algunos miles de habitantes, corregimiento del municipio de Mahates, a hora y media por carretera desde Cartagena. Sus casas se alinean junto al arroyo Palenque; su plaza está presidida por la estatua de Benkos Biohó; el lumbalú se celebra cuando muere un miembro de la comunidad; los kuagros siguen estructurando la vida social; la lengua palenquera se enseña en la escuela y se habla en la casa, aunque cede terreno frente al español como toda lengua minoritaria del mundo contemporáneo.
Sobre esta base concreta se libran las disputas del presente. Están las tensiones internas propias de una comunidad que se moderniza sin querer perderse: los jóvenes que emigran a Cartagena o a Barranquilla, la escolarización estatal frente al saber tradicional, el turismo cultural que trae recursos pero también convierte el ritual en espectáculo. Están las tensiones externas: la titulación colectiva del territorio bajo la Ley 70, aún incompleta en varios frentes; la reparación por los desplazamientos del inicio de siglo, todavía en curso; la protección efectiva frente a nuevas oleadas de violencia en los Montes de María.
Y está, sobre todo, el reto de fondo: que Palenque siga siendo Palenque. La respuesta a esa pregunta no está en la Constitución de 1991 ni en la declaratoria de la UNESCO, aunque ambas ayuden. Está donde ha estado siempre: en la lengua que los niños aprenden de sus abuelas, en el kuagro que los recibe cuando cumplen los cinco años, en el canto que despide a los muertos durante nueve noches en la casa del velorio. Cuatro siglos después de la fuga de Benkos Biohó, esa arquitectura invisible sigue en pie. Es la que hace del pueblo, todavía, el primer territorio libre de América.
El territorio en el archivo
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
21 documentos · 29 fragmentos01The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 2721 cita
[1]descendants of cimarrones, people who won their freedom by escape. They express pride in that past, especially through the heroic symbol of Benkos Biohó, the most famous leader of the communi- ties that later coalesced to become known as Palenke, where there is now a statue in his honor. Colombia’s palenques have…
p. 272
02Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 991 cita
[2]así: Bioho, el Rey del Arcabuco Una vez con los malibúes y otras tribus exterminadas, subyugadas o acomodadas ante el poder del conquistador español, las tierras más accesibles a los ríos y caños empezaron a ocuparse por blancos y vecinos libres, esto es, personas que no eran esclavas ni estaban sujetas a servidumbre.…
p. 99
03Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 42, 2832 citas
[3]viento y marea; Park, Rafael Núñez. Notes to Pages – . Lemaître, Historia general de Cartagena, :–, and Juan José Nieto; Fals, El Presidente Nieto. . Pérez, El negro Robles. Although written in , this biography, the first book-length study on Robles, was only published in as part of a special…
p. 283
[9]authority in the community was the priest, who administered to parishioners as well as slaves from adjacent haciendas. 25 The fact that slaves could be kept on haciendas in the direct vicinity of San Basilio suggests that, until , the palenqueros complied with the agreement reached earlier in the century.…
p. 42
04Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 42, 2832 citas
[4]viento y marea; Park, Rafael Núñez. Notes to Pages – . Lemaître, Historia general de Cartagena, :–, and Juan José Nieto; Fals, El Presidente Nieto. . Pérez, El negro Robles. Although written in , this biography, the first book-length study on Robles, was only published in as part of a special…
p. 283
[10]authority in the community was the priest, who administered to parishioners as well as slaves from adjacent haciendas. 25 The fact that slaves could be kept on haciendas in the direct vicinity of San Basilio suggests that, until , the palenqueros complied with the agreement reached earlier in the century.…
p. 42
05Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 51, 562 citas
[5]while common places of origin and the hardships of the slave ship may have had initial bonding effects on some slaves in the Americas, the day- to- day experiences people lived and shared, the family and kinship bonds they developed over time, and the strategies they used to create meaning for their lives all…
p. 56
[20]Palenquero); Raizal are the people who have inhabited the islands of San Andrés and Providencia in the Caribbean. These statistics show how individuals who answered the census self- identified, not what a government official perceived while taking down information. We therefore have close to 14 percent of Colombians…
p. 51
06Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 359, 5842 citas
[6]paz» o entente cordiale 1526. Un habitante de la comunidad de Tabaco, en la Guajira, relata cómo su comu- nidad, junto con las de Roche, Manantial, Patilla y Chancleta, fueron producto de largas caminatas liberadoras y de la reconstrucción de tejidos comunitarios de negros cimarrones y palenques fundados en la época…
p. 584
[18]elaboración propia con base en datos del RUV. Para entender dónde, cómo y por qué se presentan los ataques contra la integri- dad territorial de estas comunidades es importante abordar dos aspectos. Primero, el proceso de poblamiento de los territorios del pueblo afrocolombiano y el camino recorrido en su defensa y…
p. 359
07Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3931 cita
[7]constancia vencí los muchos horrores y dificultades que se encontraron así por parte de los negros del palenque de San Basilio, como por la suma espresura de árboles y brozas que con dificultad se descubría la claridad del sol; a que se agregaban las muchas barrancas, despeñaderos y anegadizos; y aprovechándome del…
p. 393
08Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 3271 cita
[8]COLOMBIA Principales Palenques • ✓ Zona de Palenques 342 LA ESCLAVITUD Y LA SOCIEDAD ESCLAVISTA '. • v ci ó n y destrucci ó n de esta comunidad, pero los palenqueros resis tieron los ataques y en no pocas ocasiones pusieron en serio peligro la seguridad del puerto. Las relaciones con este palenque y algunos- otros…
p. 327
09Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1302 citas
[11]y la complejidad relativa de ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los…
p. 130
[12]ecosistemas y sociedades. Capítulo V l os sistemas ambientales territoriales 131 C olombia C ompleja 1. e l C aribe rural Entre la ciudad de Cartagena, el golfo de Urabá y las estribaciones de la cordillera se extienden las ciénagas, sabanas y lomeríos del Caribe, surcadas ellas por los ríos Cauca, San Jorge, Sinú y…
p. 130
10Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 51, 562 citas
[13][54] Las mujeres negras en la historia de Colombia cimarrona, y formó palenque con otros grupos de ne- gros esclavos fugitivos 78. Mujer y familia en los palenques Esclavas o libres, las mujeres negras ingresaron activa- mente en los palenques, el fenómeno de resistencia a la esclavitud que duró tantos años como la…
p. 51
[14]ñame, arroz, yuca y cuidando ganados, las mujeres salen del poblado a diario para vender los pro- ductos del monte. Un hecho, que sin ser comprendido por la sociedad externa, ha servido para interpretar peyorati- vamente el desempeño de los hombres en la familia palenquera y para hacer burla de la mujer por "sostener…
p. 56
11Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · p. 411 cita
[15]of cumbia, the Mompox area. Between the sixteenth and eighteenth centuries, many palenques, vil- lages formed by fugitive slaves (cimarrones) during the colonial period, sprang up in this area.8 In fact, from the organological point of view, the line- up of coastal conjuntos consists of drums that make up the tambora,…
p. 41
12Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 3101 cita
[16]en la segunda mitad del siglo XVI, en una situación de ex- pansión colonial y bajo el imperio del sistema esclavista, no les fuera posible a los africanos venidos a América con- servar sus creencias y tradiciones de una manera integral. Máscara y danza ritual desaparecen casi por completo de la cultura negra…
p. 310
13Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 3481 cita
[17]formado por cerros bajos, bosques y llanuras húmedas. Su diversidad biológica alberga varias especies animales en peligro de extinción, así como numerosas plantas endémicas. (UNESCO/BPI). Está ubicado en el corredor natural que une Suramérica y Centro América y representa un escenario excepcional para el intercambio…
p. 348
14La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 571 cita
[19]de organizaciones sociales a través de los consejos comunitarios, para la protección y utilización sustentable de los recursos naturales (Grueso, 2000). Estos consejos comunitarios son las instancias de organización de los pobladores dentro de un área delimitada del terri- torio que han ocupado de acuerdo a sus…
p. 57
15Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 1671 cita
[21]que estaban conectadas a ese cable, estaban enseguida de nuestra casa. El que lo hubiera prendido, pues hubiera estallado con ellas. Al final hubo como tanta cosa que no sé ni cómo quedamos vivos. El fotógrafo del pueblo salió y documentó muchas cosas de la toma que yo no he sido capaz de ver todavía. Ese sentimiento…
p. 167
16Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 3181 cita
[22]de la región, dentro de una estrategia de copamiento territorial y poblacional. Así, sur- gió el “Bloque Héroes de los Montes de María” de las AUC. El área de in fl uencia de este grupo paramilitar estuvo demarcada por los Montes de María, ubicados entre los Departamentos de Sucre y Bolívar 532. No obstante, varias…
p. 318
17Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1881 cita
[23]Verdad Abier- ta de los Montes de María”). La incursión paramilitar en alianzas con terratenientes y po- líticos de la región, siguiendo el modelo del Urabá, llevó a un re- 230 Ramiro Vanoy, alias Cuco Vanoy, comandante del Bloque paramilitar Mineros ejercía el control territorial del Golfo de Morrosquillo a través…
p. 188
18El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 220, 2242 citas
[24]descreimiento de la comunidad en las acciones de sus gobernantes. No sobra precisar como más de 15 alcaldes en ejercicio en los Montes de María han sido suspendidos o sancionados desde 1990, por la vio- lación de la normatividad vigente. El cambio de modelo económico implementado al inicio de los 90 coincide en el…
p. 224
[26]lo político, lo económico y social) aunado al aplazamiento permanente de las élites gobernantes en dar respuestas a los problemas estructurales de la Nación ya reseñados, sientan las bases para la generación del actual conflicto armado y la consecuente tercera fase de desplazamiento en el país, la cual se ubica desde…
p. 220
19El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 220, 2242 citas
[25]descreimiento de la comunidad en las acciones de sus gobernantes. No sobra precisar como más de 15 alcaldes en ejercicio en los Montes de María han sido suspendidos o sancionados desde 1990, por la vio- lación de la normatividad vigente. El cambio de modelo económico implementado al inicio de los 90 coincide en el…
p. 224
[27]lo político, lo económico y social) aunado al aplazamiento permanente de las élites gobernantes en dar respuestas a los problemas estructurales de la Nación ya reseñados, sientan las bases para la generación del actual conflicto armado y la consecuente tercera fase de desplazamiento en el país, la cual se ubica desde…
p. 220
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 cita
[28]libre» 48. En este contexto, en el valle del Patía, paralelo al avance de la minería y la consolidación de la hacienda ganadera, se dio la apropiación de predios vacíos entre las haciendas ganaderas por familias afrodescendientes alrededor de los platanares, que eran «pequeñas parcelas o unidades económicas domésticas…
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21Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1201 cita
[29]vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…
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