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Biografía

Pedro Claver

Colonia

1580–1654

16 min de lectura27 documentos
Nacimiento1580, Verdú, Cataluña
Fallecimiento1654, Cartagena de Indias
RolesSacerdote jesuita · Misionero y evangelizador de africanos esclavizados
Lugar principalColombia
Período históricoColonia1600–1780
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La biografía

En el puerto de Cartagena de Indias, entre 1610 y 1654, un jesuita catalán llamado Pedro Claver Corberó subió a los barcos negreros apenas atracaban, bajó a las bodegas donde se hacinaban los cautivos africanos y les lavó las heridas, les llevó agua, les acercó comida y —a través de un equipo de intérpretes esclavizados o antes esclavizados— los catequizó y los bautizó por decenas de miles. Nunca denunció la esclavitud. Firmaba sus votos como aethiopum semper servus, esclavo de los negros para siempre. Doscientos treinta y cuatro años después de su muerte fue canonizado, y en el siglo XX Colombia lo adoptó como patrono. Su figura, la más incómoda del santoral colombiano, condensa una tensión que atraviesa todo el orden colonial americano: la de una Iglesia que administró consuelo dentro de un sistema que también sostenía, y la de un hombre que, sin tocar la arquitectura jurídica y económica de la esclavitud, sí perturbó su etiqueta cotidiana con gestos que a sus contemporáneos españoles les resultaron escandalosos.

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Línea de vida

  1. 1580

    Nacimiento en Verdú, Cataluña

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    Nació en Verdú, comarca del Urgell, Cataluña. Se formó en Barcelona, Tarragona y en el colegio de Montesión de Palma de Mallorca, donde fue discípulo del hermano coadjutor Alonso Rodríguez, quien le orientó hacia la vocación misionera en las Indias.

  2. 1610

    Llegada a Cartagena de Indias

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    Llegó a Cartagena de Indias, el principal puerto de entrada de esclavos africanos a la América española, donde comenzó su ministerio bajo la guía intelectual y práctica del jesuita Alonso de Sandoval, autor del primer gran tratado hispanoamericano sobre la evangelización de los africanos esclavizados.

  3. 1616

    Ordenación sacerdotal en Cartagena

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    Fue ordenado sacerdote en Cartagena de Indias, ciudad donde desarrollaría toda su vida ministerial durante cuarenta y cuatro años consecutivos.

  4. 1622

    Votos solemnes: 'aethiopum semper servus'

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    Pronunció sus votos solemnes con la fórmula 'aethiopum semper servus' —esclavo de los negros para siempre—, consagrando formalmente su misión de atención y evangelización de los africanos esclavizados que llegaban al puerto de Cartagena.

  5. 1654

    Muerte en Cartagena de Indias

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    Murió en Cartagena de Indias tras cuatro décadas de ministerio ininterrumpido. Se calcula que a lo largo de su vida bautizó a decenas de miles de africanos esclavizados, cifra que las hagiografías elevan a más de trescientos mil sin verificación documental precisa.

  6. 1888

    Canonización por León XIII

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    Fue canonizado por el papa León XIII el mismo día que su maestro Alonso Rodríguez, doscientos treinta y cuatro años después de su muerte. Su figura fue consolidada por la Compañía de Jesús, que tras su restauración en 1883 reconstruyó el santuario que alberga sus restos en Cartagena de Indias.

  7. 1888

    Designación como patrono de Colombia

    Leer contexto

    Fue designado patrono de Colombia, vinculándose su figura a debates sobre identidad nacional colombiana en el contexto de finales del siglo XIX, período en que la Compañía de Jesús consolidó su imagen como el santo 'esclavo de los esclavos'.

Un santo dentro del sistema

Claver no es un abolicionista antes de tiempo. Tampoco es simplemente un engranaje del aparato colonial que se limitó a bautizar mercancía para ampliar el rebaño. Es algo más difícil de nombrar: un hombre que operó en los límites de lo que su universo institucional permitía, que rozó esos límites en gestos concretos —sentaba a sus intérpretes negros en lugares prominentes, les hacía regalos, tocaba con sus manos cuerpos que la ciudad consideraba impuros— y que jamás se propuso ir más allá. La institución de la esclavitud no aparece como problema en los testimonios que se conservaron de él, ni en los suyos ni en los de quienes lo conocieron. Aparece como paisaje.

Ese paisaje fue el más pesado del Caribe hispánico. Cartagena de Indias fue el principal puerto de entrada de esclavos africanos a la América española: por sus muelles entraron, bajo registro, cerca de 196.000 personas —más que por cualquier otro puerto del Caribe o de Brasil en las décadas de mayor tráfico hacia dominios españoles—. Solo entre 1580 y 1640, período de mayor esplendor cartagenero, se registraron no menos de 110.000. De los seiscientos mil esclavos que ingresaron por puertos americanos en el arco considerado, casi un tercio pisó tierra por primera vez en Cartagena. Al Nuevo Reino de Granada le tocó cerca del 22% de la porción española de ese tráfico; los cálculos oscilan entre el cuarto de millón y los trescientos cincuenta mil individuos a lo largo del período. La ciudad era, a la vez, punto final para unos y punto de redistribución hacia el Perú, hacia las islas del Caribe y hasta Buenos Aires. En ese muelle se desembarcaba, se clasificaba y se tasaba: los negros llamados de Ley, procedentes de los ríos de Guinea, se vendían a doscientos pesos de plata; los ardás o araraes a ciento sesenta ducados; los angolas y congos a ciento cincuenta.

Ese fue el escenario diario de Pedro Claver durante cuarenta y cuatro años.

Verdú, Barcelona, Palma: la formación de un jesuita

Nació en 1580 en Verdú, un pueblo de la comarca del Urgell, en Cataluña. Su formación siguió el itinerario habitual de los jesuitas de la Corona de Aragón: estudios en Barcelona, en Tarragona y, más tarde, en el colegio de Montesión de Palma de Mallorca, donde fue discípulo del portero de la casa, el hermano coadjutor Alonso Rodríguez —a quien la Iglesia canonizaría en 1888, el mismo día que a Claver—. Rodríguez, viejo místico de vida oscura y consejos precisos, le indicó, según la tradición jesuita, la vocación de las Indias.

Para entender lo que Claver hará después conviene detenerse en lo que la Compañía era en 1600. Fundada en 1540, con menos de un siglo de existencia, la orden se había convertido en el brazo intelectual y misionero más disciplinado de la Iglesia postridentina. Sus colegios formaban élites; sus misiones se extendían del Japón al Paraguay. En el Nuevo Reino de Granada, los jesuitas llegaron tarde respecto a dominicos, franciscanos y agustinos —las órdenes ya asentadas desde el siglo XVI en torno a los centros de poder económico y político—, pero desplegaron rápidamente un modelo propio: colegios urbanos en Cartagena, Santa Fe de Bogotá y Tunja, misiones en los Llanos Orientales, y haciendas rurales cuyo rendimiento financiaba la operación educativa y misionera. Esas haciendas, dedicadas sobre todo a la ganadería y a producciones diversificadas, nunca alcanzaron el valor de las peruanas o mexicanas —las más caras en la Nueva Granada no pasaban de cien mil pesos, frente a los doscientos mil peruanos o los quinientos a setecientos mil de la Nueva España—, pero funcionaban con mano de obra esclava y eran indispensables para el sostenimiento de la orden.

Claver ingresa, entonces, a una Compañía que ella misma poseía esclavos. La contradicción que se le suele imputar como fracaso individual era, en rigor, la contradicción constitutiva de la institución que lo formó.

La escuela de Sandoval

Claver llegó a Cartagena en 1610. Fue ordenado sacerdote en 1616, en la misma ciudad, y en 1622 pronunció los votos solemnes con la fórmula que se haría célebre: aethiopum semper servus. Para entonces ya trabajaba bajo la guía intelectual y práctica de Alonso de Sandoval, otro jesuita, autor de De instauranda Aethiopum salute —el primer gran tratado hispanoamericano sobre la evangelización de los africanos esclavizados, publicado en Sevilla en 1627—. Sandoval había hecho el trabajo previo: había estudiado las procedencias, las lenguas, los ritos; había descrito las condiciones del transporte transatlántico; había definido una teología pastoral para el trato con los cautivos. Claver hereda de él el método y lo lleva al extremo del contacto directo.

Ese contacto era físico, cotidiano y ostentosamente humilde. Cuando llegaba un barco negrero, Claver se hacía avisar y bajaba al puerto con un séquito de intérpretes —negros y mulatos, algunos esclavizados, otros libres— y con provisiones: pan, tabaco, aguardiente, frutas, agua. En las bodegas del barco, o en los patios donde se descargaba a los cautivos antes de la venta, atendía primero a los enfermos y a los moribundos. Les limpiaba la cara —cubierta de suciedad y de vómito— con pañuelos, no con su manto; un gesto que puede parecer menor y que en el protocolo de la santidad barroca era casi el contrario del esperado: el santo se ensucia el manto con las llagas del pobre; Claver se protegía el hábito para poder seguir trabajando. La escala del trabajo lo exigía.

El taller de los intérpretes

La catequesis era imposible sin traductores. Los cautivos hablaban decenas de lenguas: kikongo, kimbundu, ewe, mandinga, wolof, criollos portugueses de los ríos de Guinea, y muchas otras. Claver organizó a su alrededor un equipo estable de intérpretes que hablaban dos, tres, a veces cuatro lenguas africanas, además del español. El más citado en el proceso de beatificación es Andrés Sacabuche, hombre negro de Angola que tenía cerca de cuarenta y cinco años cuando declaró como testigo. Su nombre aparece una y otra vez en los expedientes, junto al de Ignacio Angola y otros. Los testimonios que dieron esos intérpretes son la voz más directa que ha llegado de lo que Claver hacía, y son documentos anómalos: registros oficiales de la Iglesia que hacen hablar, en primera persona y con detalle, a hombres negros africanos sobre su trabajo evangelizador junto a un santo blanco.

El método de la catequesis estaba minuciosamente pautado. Claver empezaba enseñando a hacer la señal de la cruz con el pulgar y el índice de la mano derecha; dedicaba cerca de una hora a ese solo gesto y examinaba a cada catecúmeno individualmente. Podía haber grupos de más de trescientas, incluso cuatrocientas personas en una sola sesión. Después venían las verdades básicas —Dios, Cristo, la Virgen, el cielo y el infierno, el bautismo— transmitidas mediante láminas pintadas, gestos, repetición coral y el trabajo paciente de los intérpretes que traducían al kimbundu o al ewe lo que Claver decía en castellano. Al final, el agua sobre la cabeza, el nombre cristiano, el registro. Se calcula que a lo largo de su ministerio bautizó a más de trescientos mil africanos, cifra que las hagiografías repiten sin verificación posible pero que da el orden de magnitud: decenas de miles con seguridad.

Es en ese taller, y no en el gesto individual del santo, donde ocurre algo históricamente decisivo. Los intérpretes no eran meros conductos: eran los que efectivamente hacían inteligible el mensaje, los que elegían las palabras, los que ajustaban las imágenes. La asimilación del catolicismo entre las poblaciones negras esclavizadas en Nueva Granada no fue una imposición plena, sino un proceso de traducción y de mestizaje simbólico: ritos y santos católicos articulados con elementos del universo africano y, con el tiempo, con influencias indígenas. Claver fue el canal institucional que hizo posible ese espacio de traducción, pero la creatividad religiosa —la que convirtió santos en orichas, cofradías en refugios, procesiones en códigos— perteneció a quienes él evangelizaba.

Los pañuelos y el escándalo

Lo que irritaba a los españoles de Cartagena no era la catequesis. Era el trato. Claver sentaba a sus intérpretes negros en lugares prominentes, les prodigaba regalos, comía con ellos, los abrazaba. Los colonos objetaron. Esa objeción, registrada en el proceso de beatificación, es la huella más nítida de que su práctica sí transgredía algo. Transgredía el orden racial cotidiano: el conjunto de reglas no escritas que asignaban a cada cuerpo un lugar físico en la habitación, una distancia respecto al blanco, una jerarquía en la mesa y en el banco de la iglesia.

Cartagena era, hacia el siglo XVIII, una sociedad donde los libres de color constituían ya el grupo demográfico más numeroso, seguidos por los blancos —incluyendo al clero, alrededor del 27%—, luego los esclavos (cerca del 5,7%) y una pequeña minoría indígena. Los pardos ejercían oficios artesanales —zapateros, sastres, albañiles, plateros—, algunos vivían en casas de dos pisos y podían incluso poseer esclavos. Los registros de bautismo distinguían formalmente entre "pardos y morenos" y "blancos". La ciudad era, en el vocabulario de la época, una república de castas, y la reorganización militar borbónica de la segunda mitad del siglo XVIII terminaría extendiendo el fuero militar a los pardos por pura necesidad demográfica. Ese orden segmentado se sostenía en mil pequeñas convenciones sobre el cuerpo, y era ese vocabulario cotidiano el que Claver alteraba cuando hacía sentar a Sacabuche donde debía sentarse un español.

Alterar la etiqueta no es alterar la ley. Pero conviene no minimizar lo primero. En una sociedad donde el orden racial se performaba a diario en el sitial de la iglesia, en la calle y en la mesa, transgredirlo era una forma de decir, sin decirlo, que aquellos hombres eran hombres. Claver nunca formuló esa proposición en términos jurídicos; la actuó en la escena doméstica. Y a la vez —aquí la sombra— esa actuación no cuestionó nunca los asientos, las licencias, el precio en pesos de plata ni la Corona que autorizaba todo.

El marco: patronato, orden colonial, silencio

Para juzgar el silencio de Claver sobre la institución esclavista hay que entender el aparato dentro del cual predicaba. La Iglesia americana operaba bajo el patronato regio: un conjunto de prerrogativas que las bulas pontificias, entre fines del siglo XV y comienzos del XVI, habían confiado a la Corona de Castilla. La monarquía autorizaba la construcción de templos, presentaba candidatos a los beneficios eclesiásticos, controlaba las rentas del culto. Los altos dignatarios eclesiásticos —casi todos españoles— dependían del rey de Madrid más que del papa de Roma. Virreyes, presidentes de audiencia y gobernadores actuaban como vicepatronos en América. La evangelización de los naturales, y por extensión de los africanos, era formalmente una política de Estado: la conquista espiritual iba entrelazada con la material y era parte de la justificación jurídica del dominio castellano sobre las Indias.

En ese marco, el clero regular y secular no era una instancia externa capaz de impugnar el orden esclavista; era una de sus vigas maestras. Los jesuitas cartageneros vivían del sostenimiento de la Corona, dependían de sus haciendas —trabajadas por esclavos— para financiar sus colegios, y desarrollaban su misión bajo licencia real. El Tribunal del Santo Oficio, instalado en Cartagena, perseguía principalmente a luteranos, calvinistas y hugonotes —los luteranos fueron el grupo más procesado, con ochenta y dos causas por reformismo— en una ciudad cuya naturaleza portuaria hacía llegar constantemente extranjeros y herejías. La preocupación central de la Iglesia colonial era la ortodoxia sacramental, no la crítica al sistema.

Exigirle a Claver una impugnación estructural de la esclavitud es, en ese contexto, pedirle que trascendiera los límites cognitivos e institucionales de toda su orden y de toda la Iglesia de su tiempo. Ni Sandoval, cuyo tratado condena la crueldad del transporte pero no la institución, ni ningún otro eclesiástico de peso del siglo XVII neogranadino lo hizo. La impugnación teológica de la esclavitud como tal tardaría todavía dos siglos en volverse audible, y aun entonces vino desde afuera de la América hispánica.

Ahora bien —y esto es lo que impide zanjar la cuestión con la coartada del contexto—, esos mismos gestos individuales de humanidad que Claver desplegó a diario, y que le costaron el escándalo de los colonos, cumplieron una función precisa en la duración del sistema: le dieron un rostro tolerable. Cada bautizo, cada enfermo atendido, cada moribundo consolado sumaba una prueba de que la esclavitud podía ser cristiana. La santidad y la complicidad no son, en el caso de Claver, polos opuestos; son las dos caras de una misma función histórica.

Muerte, olvido, expediente

Claver murió en Cartagena en 1654, después de años de enfermedad —probablemente parkinsoniana o similar— que lo dejaron postrado en su celda del colegio jesuita. En los últimos tiempos, según los testimonios, un esclavo llamado Manuel lo cuidó con negligencia y crueldad; el detalle, recogido en los expedientes, se ha leído como último acto de humillación asumida por el santo o como reflejo de una vejez marginal dentro de su propia orden. Fue enterrado con veneración popular inmediata: los negros de la ciudad, cuentan las crónicas, se lanzaron sobre su cadáver para arrancar reliquias.

El proceso de canonización se abrió pronto pero se movió lento. Los testimonios de Sacabuche, de Ignacio Angola y de otros intérpretes se recogieron en el siglo XVII y constituyen el corazón documental del expediente. Fue beatificado por Pío IX en 1851 y canonizado por León XIII el 15 de enero de 1888, en la misma ceremonia que consagró a su antiguo consejero mallorquín, Alonso Rodríguez. Casi dos siglos y medio habían pasado desde su muerte.

La demora no es casual. Coincide con dos procesos convergentes que hicieron útil, por fin, la figura de Claver: la restauración de la Compañía de Jesús —suprimida en 1773 por Clemente XIV y restablecida en 1814— y su regreso a Colombia a partir de 1883, y la consolidación en el país del proyecto conservador y católico de la Regeneración liderado por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro. El decreto borbónico de expulsión de 1767 había prohibido expresamente que ningún jesuita volviera a los reinos españoles, ni en cuerpo de comunidad ni individualmente, bajo pena de ser tratado como perturbador del sosiego público. Ese destierro clausuró más de un siglo la presencia institucional de la Compañía en la Nueva Granada, incluidas sus misiones de los Llanos y sus haciendas del Casanare —las de Caribabare, Cravo y Tocaría, cuyos linderos indefinidos habían permitido a los jesuitas mover el ganado entre ellas sin control administrativo—. Cuando la orden regresó, en la segunda mitad del siglo XIX, necesitaba una figura fundacional que la reanclara en la memoria colombiana, y el santo esclavo de los esclavos era, para ese propósito, insuperable.

El patrono nacional

Colombia lo adoptó como patrono. La operación fue lógica dentro del ideario de la Regeneración: una nación católica, unida en la fe, reconciliada con la Iglesia después de los conflictos liberales del siglo XIX, necesitaba símbolos de cohesión. Claver los ofrecía en tres registros simultáneos. Era europeo pero se había hecho americano; era blanco pero se había servido de los negros como iguales; era santo pero también humanitario, es decir, traducible al vocabulario liberal moderno de la filantropía. Su figura permitía celebrar la unidad católica del país sin exigir una lectura crítica de la esclavitud que hubiera resultado incómoda para una república cuya economía costera había vivido de ella hasta 1851.

La construcción del santo nacional operó por sustracción. La tensión entre su humanitarismo y su silencio se resolvió eliminando el silencio: se contó su vida como una batalla contra el sufrimiento de los esclavizados, no como un ministerio dentro de la institución que producía ese sufrimiento. Se subrayó lo que hacía —bautizar, consolar, curar— y se dejó en la penumbra lo que no hacía —cuestionar, denunciar, liberar—. En esa penumbra desapareció también la agencia de sus intérpretes: los Sacabuche, los Ignacio Angola, quedaron reducidos a instrumentos del santo, cuando habían sido en realidad los mediadores efectivos de la evangelización.

El santuario que alberga sus restos en Cartagena —la iglesia jesuita más importante de la costa colombiana, contigua al colegio de la Compañía, en el corazón del casco amurallado— fue reconstruido y consolidado como espacio de peregrinación tras la vuelta de los jesuitas. Sus huesos reposan en una caja de vidrio, sobre el altar, a la vista de todos. Es una arquitectura de la evidencia: el santo se muestra, se ve, se toca visualmente. Ya en la década de 1920 las procesiones con reliquias suyas eran actos públicos regulares en la ciudad. El calendario festivo colombiano, con sus doce días litúrgicos oficiales, confirmaba la persistencia de una identidad católica nacional en la que el patronazgo de Claver encajaba sin fricción.

La incomodidad contemporánea

En 1985, Juan Pablo II visitó Cartagena y se detuvo en el santuario. La visita reactivó la memoria del santo en clave social: se lo presentó como precursor de una teología de la dignidad humana, como defensor anticipado de los derechos de los pueblos afrodescendientes. La operación pastoral era comprensible; la operación histórica es más discutible. Claver no defendió derechos —una categoría que no existía en su vocabulario— sino que administró sacramentos y cuidados corporales. Convertirlo en precursor del antirracismo moderno repite, con signo actualizado, el mismo procedimiento que la Regeneración usó para hacerlo patrono: se subraya lo compatible con el presente y se seda lo intolerable.

En las últimas décadas, historiadores y comunidades afrocolombianas han sometido su figura a un examen más severo. La pregunta ya no es si fue un santo, sino qué tipo de trabajo hizo el santo dentro del sistema: si su humanitarismo micropolítico —el que le costó los pañuelos, los regalos a los intérpretes, el escándalo de los colonos— fue una forma de resistencia posible en su tiempo o una lubricación pastoral del engranaje esclavista. La respuesta honesta, la que el material soporta, es que fue las dos cosas a la vez, y que precisamente por eso su figura sigue siendo productiva y molesta.

Cartagena, hoy principal polo turístico del Caribe colombiano, exhibe sus murallas, sus balcones, sus plazas y su santuario a millones de visitantes. En la Plaza de San Pedro Claver, junto a la iglesia, hay una escultura contemporánea del santo con un esclavo. El grupo dice, en su composición, algo que la piedra no puede resolver: quién sostiene a quién, quién habla por quién. Es una pregunta abierta, y hace bien en seguirlo estando.

Lo que queda

Claver fue un hombre extraordinario y limitado, como todos los santos históricos. Trabajó cuarenta y cuatro años, sin descanso, en el punto más doloroso de la maquinaria colonial americana, y lo hizo con una intensidad física y organizativa que ni sus enemigos discutieron. Construyó, con sus intérpretes, un dispositivo de traducción que permitió a decenas de miles de personas cautivas insertar un fragmento de sentido en la desintegración de sus vidas —un nombre, un rito, una imagen— aunque ese fragmento viniera del catecismo de sus captores. No cuestionó jamás el sistema y sostuvo, con su ministerio, la ficción de que ese sistema podía ser cristiano.

En Colombia lo hemos hecho patrono, y esa elección no es inocente: elegimos a un hombre que hizo el bien sin discutir el orden, en un país que ha oscilado siempre entre la caridad y la reforma sin acabar de resolver la relación entre ambas. Preguntarse por Claver, con seriedad y sin devociones prefabricadas, es preguntarse por esa oscilación. Y por lo que todavía debemos, en la memoria y en el presente, a los Sacabuche que hicieron posible su santidad y que aún no tienen la suya.

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Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 42 fragmentos
01La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · Páginas 23, 272 citas
[1]

puertos americanos ingresaron en esos años alrededor de 600 000 esclavos, de los cuales el mayor número, 196 000, lo hizo por Cartagena. Según el historiador Germán Peralta, en el período de poco más de medio siglo que va de 1580 a 1640, en el que Cartagena tuvo su mayor esplendor y crecimiento, entraron por este…

p. 27
[34]

“Our Rome”: “La primera ciudad de nuestro mar”, “nuestra Roma”. 19 Los sabios Juan y De Ulloa lo contaron: con el arribo de la Flota, Cartagena se convertía, como buen puerto del Caribe, en un lugar de jolgorios, en el que se abrían muchas tabernas y en el que el ambiente marinero se hacía sentir. La cosa llegaba al…

p. 23
02Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Páginas 297, 3082 citas
[2]

de “ tres por dos ” 5 muleques de. “ tres por dos ”, 3 muleques ‘ ‘ dos por uno ”, 42 negros y negras “ piezas de india ” y. 35 negros “ piezas ” 2 a. ¡ ^ É lgraii c omer c io de es c lavos en Cartagena y otros puertos neogranadi- rSos - c omo Santa Marta y Rio h a ch a pone de mani f iesto la de c isiva parti c i pa…

p. 297
[6]

Ley que tiene diferentes nom- bres... y su com ú n precio es a 200 pesos de plata ensayada de contado. La segunda suerte es la de los ard á s o araraes, destos son los menos que se traen y se venden a 160 ducados de a 11 reales, com ú nmente de contado. La tercera e í nfima es de los angolas y congos de que hay…

p. 308
03Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · Páginas 150, 1542 citas
[3]

también se destacaron los funciona- nos, las comunidades religiosas y los artesanos. Durante el asiento de la Compañía de Cacheu, de los 425 compradores 31 adquirieron 10 o más esclavos y solamente uno compró más de 100. Esto hace evidente cierta amplitud de la trata, si bien esos 31 compradores adquirieron el 55.5%…

p. 150
[7]

de las diferentes castas, naciones o países a los distin- tos grupos de esclavos. Lamentablemente, no se han adelantado trabajos sistemáticos en este sentido y las refe- rencias al origen tribal del elemento negro im- portado a la Nueva Granada son muy generales y vagas, sin que hasta el momento se haya con- frontado,…

p. 154
04Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · Página 1932 citas
[4]

cien- to, los Estados Unidos con un 6 por ciento. Una al- tísima proporción, 34 por ciento, correspondió a las colonias antillanas británicas y francesas (la po- blación indígena del Caribe fue exterminada du- rante los primeros años de la Conquista y reem- plazada por población de origen africano) y el resto, el 6…

p. 193
[5]

cien- to, los Estados Unidos con un 6 por ciento. Una al- tísima proporción, 34 por ciento, correspondió a las colonias antillanas británicas y francesas (la po- blación indígena del Caribe fue exterminada du- rante los primeros años de la Conquista y reem- plazada por población de origen africano) y el resto, el 6…

p. 193
05Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 542 citas
[8]

no lo habían he- cho ya, a dar rozas de subsistencia a los esclavos para descargar- se por lo menos de los gastos monetarios de su sostenimiento. Las variaciones de la demanda realzan la gran ineficacia del esclavismo en las condiciones hispanoamericanas, caracterizadas por una oferta rígida no solo cuando caía la…

p. 54
[9]

no lo habían he- cho ya, a dar rozas de subsistencia a los esclavos para descargar- se por lo menos de los gastos monetarios de su sostenimiento. Las variaciones de la demanda realzan la gran ineficacia del esclavismo en las condiciones hispanoamericanas, caracterizadas por una oferta rígida no solo cuando caía la…

p. 54
06The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Páginas 112, 1212 citas
[10]

of his cloak. Instead, he would use the handkerchiefs to clean the faces of the sick that were often so full of dirt they seemed to be made of pure mud.... Witness Andrés Sacabuche, black man from Angola, interpreter of the Venerable Servant of God, forty-five years old. The way Father Peter Claver would catechize…

p. 121
[11]

Bogotá (an encomienda was a grant made by the crown, in which a Spaniard received the right to collect tribute, paid in labor and in goods, from a specific group of Indians). Yet priests received goods and labor from Indians too, and also meted out punishments, meaning that when a voice from the pulpit called for…

p. 112
07Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · Páginas 450, 4662 citas
[12]

proceso cerámico, sorteando las dificultades que implicó el uso de materiales y técnicas de fabricación propias de una tradición europea implantada en territorio americano, entonces con una mano de obra africana. De esto resultó la consolidación de una tradición (aunque adoptada por la sociedad criolla) que logró…

p. 450
[26]

una identidad nacional volcada hacia la unidad católica. El santo representaba los valores de la evangelización, es decir, la misión universalista del catolicismo, como agente “unificador” del país. Bibliografía complementaria Aristizábal, Tulio. El templo de San Pedro Claver en Cartagena. Bogotá: Editorial Kimpes,…

p. 466
08Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 1391 cita
[13]

más prósperas en el renglón de la manufactura durante el siglo xviii y que poblaciones como Morocote se hicieran famosas por los lienzos que distribuían en los mercados de la Nueva Granada. Las haciendas De gran importancia fueron también las haciendas de los jesuitas, por su valor económico y por las técnicas de…

p. 139
09El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · Página 1211 cita
[14]

aquella.<i partes se extienden el ganado y bestia.<i cuanto quieren, porque son del Rey nuestro señor y las poseyeron los extrañados sin más título que su voluntad"". A pesar de ]a.<; imprecisiones en sus lfmires, las principales hacienda.<i jesuitas de Caribabare, Cravo y Tocaría eran contiguas y el ganado de las…

p. 121
1030 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 891 cita
[15]

Misericordia, y otros fines piadosos, oídos los Ordinarios Eclesiásticos en lo que sea necesario y conveniente: reservo tomar separadamente providencias, sin que en nada se desfraude la verdadera piedad, ni perjudique la causa pública, ó derecho de tercero. 9. Prohíbo por Ley y regla general, que jamás pueda volver á…

p. 89
11Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 1901 cita
[16]

organización social que, por más que trataban de ser controladas, terminaban por escaparse 2. Las misiones indígenas durante el siglo XIX en Colombia Cuando se hace referencia a las misiones indígenas en Colombia, generalmente se piensa en la época colonial y se asocian principalmente con la obra de los jesuitas en…

p. 190
12Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · Página 1921 cita
[17]

Part II: Religion in Place spent continuing to toil for the benefit of their own freedoms, whether for future legal freedoms or even the temporary cultural freedoms of improv - ing their quotidian existence, followed by an evening of celebrations and festivities, allowed a space for black joy. 7 While for the mine…

p. 192
13Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · Página 2961 cita
[18]

negros han de ir a buscar al Padre para que los catequice y les confiera los sacramentos es pensar en lo irrealizable... " los misioneros tienen que enfrentarse Ha la apatía y la ignorancia de los negros" (Merizalde, 1921: 208). Si bien es cierto que no hubo un rechazo frontal, la asimilación de la religión católica…

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14Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · Páginas 29, 322 citas
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de catolicismo que se implantó y que iba a seguir el del modelo europeo, donde los poderes civil y eclesiástico interactuaban simbióticamente. El advenimiento de la época de la Colonia, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, resulta en el establecimiento de las instituciones españolas en América y la fundación de…

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que al Nuevo Testamento, hizo que el pueblo tomara a los santos más que como sus verdaderos custodios. Así, se llegó a considerar a los santos casi que como deidades paralelas, o al menos auténticos intercesores ante Dios, antes que ser percibidos como modelos de vida, este último aspectos era, a fin de cuentas, el…

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15Historia de la religión en Colombia, 1510-2021Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco, Juan David Cascavita Mora, Juan Carlos Jurado Jurado, José Eduardo Rueda Enciso, Fabio Hernán Carballo, Fernanda Muñoz, Darío Arturo Zuleta Gómez, Carlos Arboleda Mora, Rafael Tamayo Franco, Juan Felipe Córdoba-Restrepo, Jeiman David López Amaya, María del Rosario Vázquez Piñeros, Andrés Felipe Manosalva Correa, Gabriel Cabrera Becerra, Gina Marcela Reyes Sánchez · 2022 · Páginas 1, 62 citas
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edificar ni erigir iglesias grandes en dichas islas y tierras adquiridas o que en adelante se adquirieren; y concedemos el derecho de Patronato, y de presentar personas idóneas para cualesquiera iglesias catedrales, monasterios, dignidades, colegiatas y otros cualesquiera beneficios eclesiásticos y lugares píos. 14…

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26 EL PATRONATO REGIO EN LA AMÉRICA HISPANA Juana M. Marín Leoz Introducción El presente artículo hace un recorrido por la creación peninsular del patronato regio, su definición al compás de la expansión de la conquista y colonización material y espiritual del Nuevo Mundo, así como su transformación y consolidación de…

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16Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 2241 cita
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reprinted in Carlos Martínez Silva, Escritos Varios (Bogotá: Ministerio de Educación Nacional / Ediciones de la Revista Bolívar, 1954), 173. 27. The patronato refers to the special power conceded by the pope to the Spanish Crown. The Spanish Crown had the jurisdiction to orient Chris- tian evangelization. Religion was…

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17Historia de la religión en Colombia, 1510-2021José David Cortés Guerrero · 2022 · Páginas 1, 62 citas
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a un judaizante; el segundo, de aquellas que podrían delatar a un mahometano; el tercero se refería a los luteranos; el cuarto, a los alumbrados, secta mística desarrollada en España en el siglo; el quinto, a otras herejías, como blasfemias, brujerías y XVI satanismo; el sexto, a delitos sexuales, como la prostitución…

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89 LA INQUISICIÓN EN LA NUEVA GRANADA Alberto José Campillo Pardo Introducción El devenir de las religiones es un aparte fascinante de la disciplina histórica, pues su estudio comprende no solo la cosmovisión y las creencias de una sociedad determinada, sino también una serie de instituciones y prácticas políticas y…

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18Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Páginas 241, 2452 citas
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Laura Montoya (1874-1949). Así mismo, ha habido santos que, sin ser colombianos, han sido cercanos al país, como es el caso de san Pedro Claver, jesuita español que vivió entre 1580 y 1654 y pasó gran parte de su vida asistiendo a los esclavos que llegaban al puerto de Cartagena. Claver acogió a los esclavos y los…

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cotidiana en Colombia varía notoriamente, pues el modo en que las personas se distraen depende de la clase social, la región, la identidad religiosa, y de si residen en zonas urbanas o rurales del país. Este capítulo explora las fuerzas culturales que mueven a Colombia y a los colombianos; por ejemplo, las fiestas…

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19The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Página 3321 cita
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70; and indi- vidual economic activities, 80; active citizenship, 99, 162; and education, 102, 105, 107, 112, 117; passive citizen- ship, 117, 164–73; and taxation, 143; and Thousand Days’ War, 196, 218; local and global influences on, 226 Civil ideals: and manumission ceremo- nies, 30, 32–33 Civil war (1859–62): and…

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20Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 3561 cita
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Juan y de otros san- Propaganda de la Kola Champaña, primer producto de la fábrica de gaseosas Posada Tobón, de Medellín, a comienzos de siglo. 356 Capítulo 15 357 Procesión con las reliquias de San Pedro Claver, en Cartagena, según una tarjeta postal de los años 20. tos, con nutridas procesiones. Tam- bién los…

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21Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · Página 591 cita
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un 20% con respecto a 1991 y el area en pastos ha aumentado en un 7%, Ha habido progresos en la reduccion del analfabetismo, pero la pobreza ha aumentado, y se observa un muy lento mejoramiento en los indica- dores de condiciones de vida y desarrollo humano en general. Las tasas de crecimiento demografico.…

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22Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · Páginas 297, 3032 citas
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of its inhabitants were white; . percent, free people of color; . percent, slaves; . percent, ecclesiastics; and . percent, In- dians (Meisel and Aguilera, ‘‘Cartagena de Indias,’’ ). . Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’  n; Bossa, Cartagena independiente, . . Padrón del barrio de Sto. Thoribio, año…

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Cartegena remite a esta superioridad testimonio íntegro de los autos obrados contra una negra bozal nombrada María Gervasia Guillén por haberle aprendido varios géneros de ilícita introducción, in Colombia, AHNC, CO, NE, tomo , , fols. -v. . Colombia, APC, Libro de bautismos de pardos y morenos, –;…

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23Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · Páginas 297, 3032 citas
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of its inhabitants were white; . percent, free people of color; . percent, slaves; . percent, ecclesiastics; and . percent, In- dians (Meisel and Aguilera, ‘‘Cartagena de Indias,’’ ). . Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’  n; Bossa, Cartagena independiente, . . Padrón del barrio de Sto. Thoribio, año…

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Cartegena remite a esta superioridad testimonio íntegro de los autos obrados contra una negra bozal nombrada María Gervasia Guillén por haberle aprendido varios géneros de ilícita introducción, in Colombia, AHNC, CO, NE, tomo , , fols. -v. . Colombia, APC, Libro de bautismos de pardos y morenos, –;…

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24Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · Página 291 cita
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slaves r5.7 per' cent; whites, including clergy, 27.o percentl and Indians o. 5 percent. Pardo artisans included shoemakers, tailors, masons, and silversmiths. Some of them became relatively wealthy and could afford to live in two-story houses and own slaves.6 The pardos'demographic weight also made them crucial to…

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25Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · Páginas 1, 62 citas
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43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…

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los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé de los años de 1555, 1556 y 1558. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:22:45 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 49 Lucas Fernández de Piedrahíta. Historia General de las Conquistas del. Nuevo…

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26Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Página 301 cita
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las parro- quias; la dotacién de los templos, monasterios y hospitales; la revisi6n de las sentencias de los tri- bunales eclesiésticos; la autorizacién para la circu- laci6én y aplicacién de todas las disposiciones pa- pales y el recibo de los diezmos que la Iglesia re- caudaba para sus atenciones. Por su parte, la…

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27Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · Páginas 1, 142 citas
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57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…

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algunas regiones, como las actuales Antioquia y Santander, la influencia de las órdenes religiosas fue mucho más reducida, al punto de no existir sino muy pocos conventos y casas religiosas durante los siglos y. XVI, XVII XVIII Tan estrecho fue el vínculo de las órdenes con los poderes civiles, que su establecimiento…

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