Caribe colombiano
“El Caribe colombiano no es simplemente la costa norte del país sino una región con lógica histórica propia: atlántica antes que andina, portuaria antes que serrana, forjada en el cruce violento entre civilizaciones indígenas de alta complejidad…”
En el mapa físico de Colombia, el Caribe es la fachada norte del país: una franja de tierras bajas, sabanas, sierras costeras y un archipiélago oceánico que se asoma a Centroamérica. En el mapa histórico, es otra cosa: la primera región tocada por Europa en el siglo XVI, la puerta esclavista del Nuevo Reino de Granada, el laboratorio de una sociedad mestiza que se hizo a sí misma entre palenques cimarrones, latifundios ganaderos, puertos en decadencia y enclaves extranjeros. Comprender el Caribe colombiano no consiste en añadirle costa a una nación andina, sino en admitir que allí operó, y sigue operando, una lógica propia —atlántica, portuaria, ganadera, negra y raizal— que la historia oficial redactada desde el altiplano tardó siglos en reconocer. Su vitalidad cultural, la que le dio al país un Nobel de Literatura y una gramática entera de músicas y fiestas, no es un consuelo pintoresco frente a la pobreza: es la huella activa de siglos de resistencia contra estructuras económicas que extrajeron valor de la región sin redistribuirlo en ella.
La región como entidad: geografía y contorno
El Caribe colombiano se compone de dos cuerpos distintos. Uno es la franja continental, que va desde el Golfo de Urabá, en la frontera con Panamá, hasta la península de La Guajira, en la frontera con Venezuela, atravesada por el bajo Magdalena, el Sinú, el San Jorge y una constelación de ciénagas. El otro es un territorio oceánico separado por cientos de kilómetros de mar abierto: el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, con apenas 44 km² de tierra emergida pero una jurisdicción marítima que, sumada a los cayos y bancos de Roncador, Serrana, Bolívar y Quitasueño, extiende el país hasta el meridiano 82 y el paralelo 16 norte. El bajo de Alicia, a 16° 10' 10" de latitud norte, marca allí el punto más septentrional del territorio colombiano. En conjunto, el área oceánica insular abarca cerca de 300.000 km² con su zona económica exclusiva, casi la mitad de la superficie continental del país.
El clima costero está gobernado por un mecanismo simple y decisivo: el desplazamiento estacional de la zona de convergencia de los vientos alisios. Cuando ese sistema baja hacia el sur, los vientos del noreste soplan con fuerza y arrastran la corriente costera en dirección suroeste; cuando sube hacia el norte, los vientos se debilitan y aparece la contracorriente Panamá-Colombia. De ese pulso dependen las lluvias, la pesca artesanal y buena parte de la vida material de los pueblos ribereños. La región no es, por tanto, una entidad puramente terrestre: es un litoral, un sistema de ríos que desembocan en él y un mar que lo comunica más rápido con Cartagena de Indias, La Habana o el istmo de Panamá que con Bogotá.
Antes de España: Taironas, Zenúes, Chimilas, Guajiros
Cuando llegaron los primeros europeos, el litoral no era un vacío. En las laderas de la Sierra Nevada de Santa Marta, la cultura Tairona había alcanzado uno de los mayores niveles de desarrollo tecnológico y cultural de la América caribeña, comparable en complejidad con el mundo Muisca del altiplano. Los taironas construyeron terrazas de cultivo, sistemas de irrigación y una red de caminos enlosados que subían y bajaban las estribaciones de la Sierra. Buritaca 200 —la Ciudad Perdida, descubierta en 1976— es una de las urbes prehispánicas más grandes del continente, y sugiere un urbanismo incipiente sostenido por agricultura intensiva de maíz, yuca, ají y algodón, y por un comercio activo de sal, pescado, oro, mantas, plumas y cuentas de concha que, a través de intermediarios, alcanzaba tierras muiscas.
La imagen usual de los Tairona como montañeses productores de maíz es probablemente parcial. Una hipótesis planteada en 1978 por el antropólogo Jaime Arocha sostiene que la federación pudo surgir, en buena medida, del intercambio entre pescadores de las tierras bajas —chimilas, guanebucanes— y agricultores de la Sierra, quizá especializados en yuca. Es decir: la civilización tairona no fue una isla en las alturas sino el nudo de una red costera. A comienzos del siglo XVI, esa red estaba tensada por sus propias contradicciones: los Tairona vivían luchas internas entre ciudades y caciques locales, con artesanos especializados en cerámica, escultura en piedra y orfebrería, aldeas aliadas bajo autoridades regionales y una intensa vida ritual. La continuidad entre aquellas oposiciones tairona y las tensiones que se observan hoy entre poblaciones kogi de la misma Sierra es una de las líneas que la arqueología ha trazado con más solidez.
Más al sur y al oeste, en la cuenca media y baja del río San Jorge y en la depresión de La Mojana, otras sociedades habían resuelto un problema opuesto: no cómo cultivar en pendiente, sino cómo cultivar donde el agua sube y baja seis meses al año. Un grupo prehispánico —zenú o chimila, según la identificación— levantó allí un colosal sistema hidráulico de canales y camellones, con centenares de kilómetros de drenaje y avenamiento. En las fotografías aéreas actuales todavía se ven, dibujadas en la llanura, las siluetas en forma de espina de pescado que permitían sembrar en la crecida y criar peces y cangrejos en la seca. La orfebrería zenú, con su temática zoomorfa, su reproducción simplificada de animales y su técnica de falsa filigrana, es el testimonio en metal de esa misma inteligencia hidráulica: una sociedad organizada, con excedentes, con especialistas. Los chimilas desaparecieron como cultura organizada hace unos seis siglos.
En La Guajira, en cambio, los Guajiros —de lengua arawak— llevaban una vida nómada con escasa agricultura, adaptada a la aridez de la península. El mosaico prehispánico del Caribe fue, entonces, todo menos homogéneo: agricultores de altura, hidráulicos de humedal, nómadas de desierto, pescadores costeros. La costumbre española de clasificar como "caribes" a cualquier grupo que ofreciera resistencia armada terminó de enturbiar el cuadro, adhiriendo a pueblos muy distintos una misma etiqueta hostil.
El siglo XVI: llegada, saqueo, fundación
Los primeros europeos que tocaron esta costa lo hicieron muy temprano. En 1499, Alonso de Ojeda —acompañado por Américo Vespucio— alcanzó el Cabo de la Vela, en la península de La Guajira, procedente de Venezuela. En 1500, Rodrigo de Bastidas recorrió el litoral que sería después Santa Marta. Al año siguiente, sus expediciones penetraron hasta la desembocadura del río Magdalena, bautizado con el nombre de la santa cuya festividad se celebraba el día del hallazgo. Ese río sería, durante cuatro siglos, la única gran carretera entre el mar y el interior andino: subir por el Magdalena hacia Bogotá fue, para generaciones enteras, una operación lenta, febril y peligrosa, y marcaría de tal modo la imaginación colombiana que aún resuena en la obra de Gabriel García Márquez.
Bastidas regresó más de veinticinco años después en calidad de gobernador y quedó asociado a la fundación de Santa Marta hacia 1525-1526, la primera ciudad española permanente del litoral según la tradición. La operación fue devastadora para la población indígena local: la empresa colonizadora mezcló elementos esclavistas y de saqueo, replicando la experiencia previa de Santo Domingo, y la mayor parte de los habitantes originarios pereció en pocas décadas. La fundación de ciudades coloniales solía responder a un plan premeditado —un fundador, una plaza, una iglesia, una municipalidad, calles y solares distribuidos—, pero en el Caribe el patrón se contaminó desde el principio con la lógica del pillaje.
La otra fundación decisiva fue Cartagena de Indias, en 1533, sobre una bahía protegida que la naturaleza había preparado como puerto ideal. Durante la Colonia se convirtió en el eje del sistema atlántico español: paso obligado por su proximidad al istmo de Panamá, principal puerto para las flotas que llevaban a Sevilla los tesoros americanos y, simultáneamente, centro de exportación de oro y de importación de esclavos para todo el Nuevo Reino de Granada. Esa doble condición —salida de metales, entrada de cuerpos— definió la sociedad costeña durante tres siglos.
Cartagena, la trata y la geografía del palenque
El colapso demográfico indígena que las expediciones esclavistas y las epidemias produjeron a lo largo del siglo XVI dejó a los colonizadores sin mano de obra. La respuesta imperial fue intensificar la trata negrera hacia Cartagena a finales del XVI y comienzos del XVII, mediante contratos comerciales autorizados por la Corona. La ciudad se volvió la gran puerta de entrada de africanos a la Nueva Granada, y con ellos entró también algo más difícil de contabilizar: lenguas, cosmologías, técnicas agrícolas, memorias musicales.
Contra la imagen del esclavo pasivo, las formas de resistencia fueron múltiples y documentadas: suicidios al ser aprehendidos en África, lanzamientos al mar durante la travesía —al punto que los barcos negreros llegaron a colgar redes en sus bordes—, infanticidios, protestas y sublevaciones. En el interior de la sociedad colonial, la fuga hacia el monte fue la modalidad más consecuente: los cimarrones fundaron palenques, poblados fortificados en zonas de difícil acceso, que la Corona nunca logró someter del todo. Entre los siglos XVI y XVIII, en la depresión momposina —el gran laberinto de ciénagas del bajo Magdalena— surgieron numerosos palenques.
El más célebre, San Basilio de Palenque, en el actual departamento de Bolívar, resistió repetidas expediciones militares hasta que sus habitantes negociaron una capitulación con la Corona a través del ilustrísimo Casiani. El pacto les permitió establecer su población en la falda de la Montaña de María, y con el tiempo la comunidad desarrolló lengua y cultura propias: el palenquero, mezcla de lenguas africanas y español, es una de las herencias vivas de esa negociación. La libertad general de los esclavos en Colombia llegó formalmente a mediados del siglo XIX, décadas antes que en Estados Unidos; pero cuando llegó, los cimarrones de San Basilio llevaban ya generaciones administrando su propia libertad, arrancada por la fuerza y sostenida por la geografía.
La cumbia, que hoy funciona como símbolo sonoro del país entero, tiene su epicentro precisamente en el área de Mompox, es decir, en el territorio donde florecieron esos palenques. Su formación instrumental —tambores africanos, gaitas y caña de millo de tradición indígena— es en sí misma un mapa de la sociedad que la produjo: una síntesis Caribe en la que ninguna herencia mandó sola.
La sociedad colonial y su costa
Cartagena no era solo puerto de metales y esclavos: era también el nudo militar del imperio en el Caribe suroccidental. Sus murallas, sus baluartes, el Castillo de San Felipe, la Boca Chica, respondían a una necesidad estructural: proteger de piratas y potencias rivales el flujo que hacía funcionar todo el sistema atlántico español. Santa Marta cumplía un papel secundario; el bajo Magdalena, con sus caños y su Canal del Dique, servía de conexión entre la costa y el interior; el Sinú y las sabanas de lo que hoy son Bolívar, Sucre y Córdoba se poblaban lentamente de haciendas ganaderas.
La institución que gobernó buena parte del ordenamiento territorial fue el latifundio. En las sabanas y en el Gran Magdalena, la escasez crónica de mano de obra —consecuencia del exterminio indígena y de la carestía del trabajo libre— encareció cualquier proyecto de agricultura comercial y empujó a los grandes propietarios hacia el modelo que mejor se acomodaba a esa escasez: la ganadería extensiva, poco intensiva en brazos y muy demandante de tierra. Concesiones de baldíos otorgadas en el siglo XIX a familias como los Pumarejo, los Socarrás o los Fernández de Castro consolidaron ese patrón en la región del Gran Magdalena. La costa se pobló, pues, de vacas antes que de arados: una estructura agraria de la que aún no se ha desprendido.
Independencia y descenso relativo
El Caribe fue uno de los primeros escenarios de ruptura con España. El 11 de noviembre de 1811, Cartagena declaró su independencia, adelantándose en meses al resto del país. El 27 de noviembre del mismo año, las provincias de Cartagena, Antioquia, Pamplona, Neiva y Tunja se unieron en las Provincias Unidas de Nueva Granada y promulgaron una Constitución. El gesto no cuajó en una soberanía nacional unificada: cada provincia, siguiendo el ejemplo de Santa Fe y de la misma Cartagena, prefirió retener las soberanías que había reasumido en 1810 tras el vacío de poder metropolitano. La primera república fue, en la práctica, un archipiélago de soberanías locales.
La reconquista española y la posterior guerra bolivariana devolvieron la unidad territorial pero cambiaron la posición relativa de la costa. Con el fin del sistema colonial de flotas y del comercio controlado, Cartagena perdió el monopolio que la había hecho una de las grandes ciudades del imperio. Su movimiento comercial se contrajo, sus murallas quedaron ociosas, su población decreció. A lo largo del siglo XIX otras ciudades del litoral —Santa Marta primero, Barranquilla después, con el impulso de la navegación a vapor y las bocas de Ceniza— la desplazarían del primer lugar económico. La ciudad amurallada entraría en una larga siesta de la que solo despertaría, como monumento y como puerto especializado, en el siglo XX.
En el imaginario nacional, el siglo XIX republicano no produjo un "tipo costeño" reconocido. Los letrados centralistas eran andinos y hablaban desde el altiplano; la costa era, para ellos, "tierra caliente" en oposición genérica a Bogotá, sin tipos poblacionales diferenciados comparables al santafereño o al payanés. La regionalización del Caribe como bloque cultural y político, con voz propia en la escena nacional, fue una construcción más tardía. La oposición entre Costa y mundo andino, tan cara a la conversación contemporánea, no estaba consolidada al comienzo de la República; se fue armando a lo largo del siglo y solo cristalizaría con fuerza en el XX.
La Regeneración liderada por el cartagenero Rafael Núñez, cuya Constitución de 1886 reforzó el centralismo y sancionó monopolios estatales sobre partes de la economía, es uno de los grandes momentos en que el Caribe intervino de manera decisiva en el diseño del Estado colombiano. La paradoja es notable: fue un costeño quien dio al país su orden centralista más duradero.
El enclave bananero y el 6 de diciembre
A comienzos del siglo XX, la costa se convirtió en el escenario colombiano por excelencia del enclave extranjero. La United Fruit Company —empresa estadounidense de plantaciones de banano— se instaló en la zona de Ciénaga, en el Magdalena, y consolidó un dominio territorial vertiginoso: en 1921 era dueña del 59% de la tierra productiva e improductiva de la región bananera. El control de la tierra se completaba con el control del ferrocarril y del transporte marítimo, y la vida de miles de trabajadores dependía de una cadena en la que la empresa no era solo patrona sino Estado paralelo.
Contra esa arquitectura estalló, en 1928, la mayor huelga obrera del país hasta entonces. Los trabajadores bananeros pedían el pago de salarios atrasados, mejoras en la vivienda, servicios médicos, la abolición del sistema de pago mediante vales canjeables únicamente en los comisariatos de la compañía, y la eliminación de los contratos indirectos con los que la United Fruit evadía el seguro colectivo. Sus demandas se parecían mucho a las que habían formulado los obreros del petróleo en Barrancabermeja en 1924 y 1927: todas eran hijas del mismo patrón, la firma multinacional en zona de expansión sin contrapesos. En diciembre de 1928, en Ciénaga, el Estado colombiano respondió a la huelga con fuerza militar. La represión —cuya cifra exacta de víctimas quedaría siempre disputada— entró en la historia del país como la Masacre de las Bananeras y sería después el centro de una escena célebre de Cien años de soledad.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la United Fruit fue perdiendo su monopolio en la zona de Santa Marta. Se retiró de la producción directa, vendió o arrendó sus tierras a cultivadores colombianos y, a comienzos de los años sesenta, abandonó del todo la región. La consecuencia paradójica no fue una reconquista obrera sino la fragmentación del movimiento sindical: sin un patrón único que enfrentar, los sindicatos se fraccionaron, la membresía cayó y las condiciones de vida declinaron. El enclave se disolvió, pero la estructura desigual que había dejado —tierras concentradas, trabajadores sueltos, pueblos empobrecidos— sobrevivió sin sus autores originales.
Décadas después, en el Cesar y el sur de La Guajira, el ciclo del enclave se repitió con otro producto: el carbón. La red férrea del Atlántico entre Chiriguaná y Santa Marta, operada exclusivamente por la Drummond hasta 2006 y luego administrada por la compañía junto con el Grupo Glencore-Prodeco y otros socios a través de Fenoco, articuló el nuevo corredor extractivo. El paisaje agrario heredado del latifundio —ganadería extensiva, propiedad concentrada, poca población— se prestó, otra vez, a una economía de puerto de salida.
Tierra, aparcería y las formas del trabajo
Entender el Caribe rural exige entender sus formas de trabajo. La escasez de mano de obra encareció el jornal, y los terratenientes desarrollaron mecanismos para incorporar tierra al pastoreo con costo monetario mínimo. Una modalidad recurrente fue la aparcería llamada "pasto por tierra": el colono tumbaba el monte, sembraba durante uno o dos años cultivos de pancoger que le pertenecían, y al final entregaba la parcela ya sembrada en pastos al dueño. El propietario obtenía potreros a cambio, básicamente, del uso temporal de un suelo que no estaba explotando. Orlando Fals Borda, el sociólogo que dedicó buena parte de su obra a esta región, describió un proceso relacionado que llamó la "ley de tres pasos", con etapas adicionales de venta de mejoras y consolidación territorial a favor del terrateniente.
Junto a la aparcería operaban cuadrillas de temporales a jornal, arrendamientos y contratos informales de todo tipo. El punto estructural no es la particularidad de cada modalidad, sino su resultado agregado: una costa donde la propiedad de la tierra se concentró y donde el trabajador rural quedó atrapado en formas de subordinación que no eran ya esclavitud pero tampoco eran, en ningún sentido moderno, trabajo libre. La ganadería extensiva, con su baja demanda de brazos y su necesidad enorme de hectáreas, cerró el círculo.
Islas, raizales, litigio
En medio del mar, a más de setecientos kilómetros de la costa continental colombiana pero a menos de doscientos de Nicaragua, el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina llevó una historia aparte. Sus pobladores permanentes llegaron desde el siglo XVIII, en el marco del mundo caribeño anglófono y protestante, no del ciclo hispano-católico continental. Los misioneros bautistas priorizaron la educación —fundaron escuelas antes que iglesias— y promovieron la alfabetización en inglés, lo que ató la lengua, la fe y la formación cultural en un mismo hilo.
Esa herencia produjo, con el tiempo, una identidad propia: afrocaribeña, anglófona, bautista, con vínculos vivos con Costa Rica, Nicaragua, Honduras y Panamá —los pescadores raizales navegaban hasta la costa centroamericana como quien recorre territorio ancestral—. La llegada masiva de migrantes del continente colombiano desde la década de 1950 alteró la demografía de la isla principal y aceleró la conciencia diferencial de los isleños. En los años noventa, la comunidad adoptó formalmente el término raizal —derivado de la palabra española "raíz"— como estrategia de reivindicación étnica frente a los recién llegados. Fue una operación política sofisticada: en un país que había definido las categorías de negritud a partir del Pacífico y de los palenques del Caribe continental, los raizales reclamaron para sí una identidad afrocaribeña anglófona sin ascendencia indígena precolombina, distinta también de la costeña continental. La relación con Bogotá estuvo marcada, desde siempre, por una distancia geográfica y cultural especialmente pronunciada.
Ese archipiélago pequeño —44 km² de tierra, 300.000 km² de jurisdicción marina— ha sido, además, uno de los grandes escenarios de la geopolítica colombiana reciente por el litigio marítimo con Nicaragua. En el mapa, los raizales viven entre dos condiciones simultáneas: son colombianos por soberanía y caribeños por historia. Su caso muestra, más que cualquier otro, hasta qué punto la costa es una región de lógica propia dentro del país.
Una cultura que rebasa la región
Pocos rincones de Colombia han producido, en el siglo XX, tantas figuras culturales de proyección global como el Caribe. Gabriel García Márquez, nacido en Aracataca en 1927 y Nobel de Literatura en 1982, condensó en Macondo una geografía imaginaria que era, punto por punto, la del enclave bananero, el río Magdalena y los pueblos de las sabanas. Álvaro Cepeda Samudio, desde Barranquilla, renovó la narrativa colombiana con una prosa nerviosa y urbana. Consuelo Araújonoguera, "la Cacica", vallenata de nacimiento y de vocación, hizo del Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar la gran plataforma de institucionalización de una música rural. Shakira, también barranquillera, llevó a la escena pop global una síntesis rítmica de raíces caribes y árabes. Germán Arciniegas, ya en 1945, había elevado el Caribe entero al rango del ensayo histórico y antropológico en su Biografía del Caribe, escrita a la manera con que Emil Ludwig había pensado el Mediterráneo.
Esta densidad cultural no es un accidente. La costa es la región donde han confluido más herencias vivas: indígenas —Zenú, Tairona, Chimila, Wayuu—, africanas —yoruba, bantú, palenquera—, europeas —española sobre todo, pero también inglesa en el archipiélago—, e inmigraciones más recientes, en particular la árabe, cuya huella marcó ciudades como Barranquilla, Maicao y Lorica. Las corralejas de las sabanas, el sombrero vueltiao zenú, la cumbia y sus variantes, el vallenato, la champeta, los mitos de la mojana: todo eso vive en una relación densa con los territorios concretos que lo produjeron.
Orlando Fals Borda, en su Historia doble de la Costa —publicada en cuatro volúmenes entre finales de los setenta y los ochenta—, hizo el mayor esfuerzo por rescatar esa cultura rural desde adentro, incorporando a los Zenú, a los Chimila y a élites regionales como Juan José Nieto, todos ellos marginados por una historiografía centrada en las grandes ciudades portuarias. Fue una obra polémica —narrada a dos columnas, mezclando registro académico y voz literaria— y sobre todo una operación política: devolverle a la costa una memoria propia.
La violencia y su geografía
El conflicto armado colombiano se dejó sentir en el Caribe con una intensidad desproporcionada. Con el 22,75% de la población nacional, la región concentra el 28,38% del total de víctimas registradas en el Registro Único de Víctimas: 2.782.295 personas de un universo de 12.203.205. La marginación económica histórica se tradujo, en las últimas décadas, en vulnerabilidad diferencial ante la guerra.
Las FARC llegaron a los Montes de María a inicios de los años noventa e intensificaron su presencia entre 1994 y 2003, con los frentes 35 y 37 integrados al Bloque Caribe. La contraofensiva paramilitar fue especialmente feroz en esa misma zona y en la Sierra Nevada de Santa Marta. El Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia, comandado por alias Jorge 40, se enfrentó desde 2002 a las Autodefensas Campesinas del Magdalena y La Guajira de Hernán Giraldo, terminó por cooptarlas y las reorganizó en el Bloque Resistencia Tayrona y el Frente Contrainsurgencia Wayuu. El control de la Sierra Nevada no era solo militar: implicaba dominar la producción, el procesamiento y la exportación de drogas ilícitas a través de un litoral por definición poroso.
Tras la desmovilización de las AUC a mediados de los años 2000, la violencia no desapareció: se reconfiguró. El Bloque Contrainsurgencia Wayuu no desmovilizado, liderado por alias Pablo, siguió operando en parte de la media y alta Guajira, con alto costo de desplazamiento para las comunidades indígenas. Los Urabeños —surgidos del propio universo posdesmovilización— consolidaron presencia en el Alto San Jorge, en el bajo Cauca y en el corredor de la Troncal del Caribe hacia el Magdalena. La geografía del negocio se desplazó, pero el patrón de fondo se mantuvo: una región periférica, con Estado débil, tierras concentradas y salidas al mar, es escenario ideal para economías ilegales de larga cadena.
Un balance de la lógica atlántica
La historia del Caribe colombiano se puede leer como la sucesión de cuatro enclaves. El primero fue el esclavista, articulado en Cartagena entre los siglos XVI y XVIII, que integró la región al Atlántico global como puerto de metales y de trata. El segundo fue el ganadero-latifundista, consolidado desde la Colonia y ampliado en el siglo XIX con las grandes concesiones de baldíos, que definió la estructura agraria hasta hoy. El tercero fue el bananero, en la primera mitad del siglo XX, con la United Fruit Company y su desenlace violento en Ciénaga. El cuarto es el carbonífero-portuario contemporáneo, articulado alrededor de la red férrea del Atlántico y de los puertos de exportación. En todos, la operación es la misma: producir valor exportable con mínima integración interna, dejando a la región con la huella —minas abandonadas, tierras erosionadas, pueblos empobrecidos, memorias de masacre— pero sin la riqueza.
Contra esa estructura, sin embargo, la agencia popular ha sido persistente. Los cimarrones de San Basilio arrancaron su libertad y la administraron por siglos. Los trabajadores bananeros formularon en 1928 un pliego de demandas moderno, articulado, en plena expansión del capital extranjero. Los raizales de San Andrés inventaron en los años noventa una categoría identitaria para resistir la asimilación al continente. Las comunidades indígenas de la Sierra Nevada —Kogi, Arhuaco, Wiwa, Kankuamo— sostienen todavía una vida ritual que se remonta, sin ruptura, al mundo tairona. El Festival de la Leyenda Vallenata institucionalizó una música que la industria cultural habría dispersado en variantes anónimas.
La vitalidad cultural del Caribe colombiano —esa cosa que se siente en Cartagena en enero, en Valledupar en abril, en Barranquilla en carnaval, y que le dio al país García Márquez y Shakira— no es un consuelo pintoresco por la pobreza estructural. Es la huella acumulada de esa resistencia. Y explica por qué la región, siempre descrita desde Bogotá como una periferia caliente y colorida, no ha aceptado nunca esa descripción del todo: porque su historia no empieza en el altiplano, no depende de él y, mirada desde el mar, tiene un centro propio.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
60 documentos · 67 fragmentos01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 132, 1354 citas
[1]distintas condiciones climáticas y formas de vegetación. Arriba, vista del valle del Patía 120 La diversidad regional olombia es uno de los paí- ses del mundo con mayor diversidad regional, debi- do a lo complejo de su es- tructura geomorfológica, a su posi- ción intertropical matizada por los climas de alta montaña,…
p. 132
[3]distintas condiciones climáticas y formas de vegetación. Arriba, vista del valle del Patía 120 La diversidad regional olombia es uno de los paí- ses del mundo con mayor diversidad regional, debi- do a lo complejo de su es- tructura geomorfológica, a su posi- ción intertropical matizada por los climas de alta montaña,…
p. 132
[4]separado de ella por el banco de Pedro, se encuentran los bancos de Serranilia, el bajo Nuevo y el bajo de Alicia. Este último es el más septentrional de todo este conjunto oceánico y también el punto más al norte del territorio co- lombiano, a los 16” 10'10” de latitud norte. Hay un área en la delimitación con…
p. 135
[5]separado de ella por el banco de Pedro, se encuentran los bancos de Serranilia, el bajo Nuevo y el bajo de Alicia. Este último es el más septentrional de todo este conjunto oceánico y también el punto más al norte del territorio co- lombiano, a los 16” 10'10” de latitud norte. Hay un área en la delimitación con…
p. 135
02Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 34, 3552 citas
[2]que contribuyen a controlar y securitizar los territorios. Región Archipiélago El archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina comprende una extensión de 44 km2 de territorio emergido, incluyendo los bancos y cayos de Roncador, Serrana, Bolívar y Quitasueño, rodeados por una gran extensión marina que…
p. 355
[42]Ni siquiera a partir de Cartagena emergieron tipos poblacionales reconocidos, como sí ocurrió con los santafereños y los payaneses. Presento aquí la cuestión de la imagen regional de la Costa porque, a pesar de su unidad en ciertos niveles y perspectivas, durante el siglo XIX no fue representado de forma significativa…
p. 34
03Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1241 cita
[6]de las poblaciones de animales y plan- tas de la Sierra Nevada de Santa Marta y de la serrania de la Macuira, aisladas de las poblaciones de los Andes por las tierras bajas del Caribe, se formaron muchos endemismos, es decir, especies y subespecies cuya dis- tribucién se restringe a algunas areas muy limitadas. Las…
p. 124
04Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 35, 832 citas
[7]y penetrar por los valles del Magdalena y el Cauca. Poco sabemos sobre las fechas de esta migración, ni sobre las rutas precisas utilizadas; incluso son muy fuertes las dudas existentes acerca del carácter caribe o no de muchos de los pueblos encontrados por los españoles. Para muchas de las regiones donde hay algunos…
p. 35
[26]población aborigen. Pero pese a su disminución, los indígenas de los alrededores mantuvieron, mucho mas allá de 1550 —año en el que se presentó una violenta rebelión de los indios de Buritaca— una actitud belicosa que hizo de Santa Marta una de las localidades del Nuevo Reino de Granada, más expuestas a ataque de los…
p. 83
05Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 501 cita
[8]complejo. Contactos culturales Las investigaciones arqueológicas aún no permiten reconstruir los orígenes de la Cultura Tairona, y sólo se pueden hacer breves sugeren- cias acerca de algunas fases de su desarrollo. La fase protohistórica a histórica la conocemos a través de varios sitios de contacto, es decir, de…
p. 50
06Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 911 cita
[9]n de este orden, es decir, el ciclo de los solsticios, y equinoccios, junto con la formulaci ó n de un calendario agr í cola y ceremonial, quedaba a cargo de los sacerdotes, que constru í an sus templos y centros ceremoniales en funci ó n de estos fen ó menos astron ó micos y meteorol ó gicos. El Sol y la Luna eran…
p. 91
07Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1321 cita
[10]activa vida ritual y mágico-reli- giosa. Poseían un dinámico mercado entre los dis- tintos poblados de la sierra —para lo que utiliza- ban una extensa red de caminos de piedra-, basado en productos agrícolas, la sal, el pescado y las manufacturas artesanales, como objetos de oro, mantas de algodón, adornos de plumas y…
p. 132
08Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 1701 cita
[11]y grados de desarro - llo. Los Guajiros, de lengua Arawak, nómadas y por ello con escasa agricultura. Más abajo se encontraban los Indios del Valle de Uupar que desaparecieron definitivamente y de cuya cultura se carece de datos. El grupo de los Indios Taironas, Melo los describe como el pueblo de más alto desarrollo…
p. 170
09Historia de Colombia - La Colombia más Antigua IIRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), Juan Salvat, Roberto García Rojas (dirs.) · 1988 · p. 741 cita
[12]Tras la fundación de Santa Marta, en el año 1525, se empezaron a descubrir en sus alrededores y en las estribaciones del inmenso ma- cizo montañoso de Sierra Nevada, gran cantidad de enterramientos indígenas que contenían ricas ofrendas funerarias en objetos de oro, piedras finas, conchas, hueso y cerámica. Algunos…
p. 74
10Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 2521 cita
[13]La Sierra Nevada de Santa Marta ha sido habita- da, desde épocas precolombinas, por grupos étnicos que han alcanzado grados diversos de complejidad cultural. Poco antes de la Ilegada de los espanoles habia civilizaciones muy desarrolladas. En 1976 los arquedlogos descubrieron Buritaca 200 (Ciudad Per- dida), una de…
p. 252
11Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 3591 cita
[14]cultivo del maíz y este, así como otros cultígenos y frutales, se sembra- ban en campos y terrazas irrigadas. En las tierras planas, cerca de la actual ciudad de Santa Marta, los españoles que- daron admirados con el perfecto sistema de irrigación que 170 Llama la atención que la oposición que existía entre ciertas…
p. 359
12Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 691 cita
[15]vaciones sobre el crecimiento de la yuca y a experimentos para lograr un máximo éxito después de cada siembra. Las cadenas de relaciones sobre las cuales hemos venido hablando no son excepcionales. En una publica- ción de 1978, Arocha demostró que la interacción entre 70 Jfiínd Aicerfi s Nítfi S. ad Fiídadnfitt…
p. 69
13Manual introductorio. Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales de ColombiaGermán Patiño Ossa, Antonio Montaña, Lácydes Moreno Blanco · p. 271 cita
[16]sequías. Seis meses al año el habitante de La Mojana vive en seco, y seis sobre el agua. En los mismos suelos es pescador en épocas de inundación y ganadero y agricultor en la baja de aguas. La suya es una cultura anfibia. Hace muchos años, también en esa zona, un grupo, el chimila, antes de la con- quista española,…
p. 27
14Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 611 cita
[17]tiempo que los indios de la parte norte del Panzenú no disponían entierro solemne para un jefe. Desde cuando se fue- ron hundiendo poco a poco las inmensas obras de rectos canales para criar pescado y altos camellones para sembrar yuca y fruta- les —que construyeron los geniales ingenieros zenúes en la cuenca media y…
p. 61
15La invención de El Dorado. Museos arqueológicos, imágenes cartográficas y redes de conocimiento en Colombia (1935-1955)Daniel García Roldán · 2022 · p. 1731 cita
[18]bianos, casi siempre limitados por la denominación histórica de las cultu - ras y el croquis del mapa nacional. Independiente de la vigencia posterior de esta propuesta, resulta valiosa por el hecho de ser el testimonio de una mirada crítica, que era capaz de incluir a la Sierra Nevada como parte de la zona andina 49…
p. 173
16El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 2821 cita
[19]Castilla (1451-1504), y Fernando ii de Aragón (1542-1516), los «Reyes Católicos» de la España unificada. 144 Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano (1485-1547), con- quistador extremeño y capitán general de México que se llamó en esos años la Nueva España. 145 Francisco Pizarro González (1478-1541), el conquistador…
p. 282
17Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2181 cita
[20]Urabá; lle- ga a la isla de Codego, ubicada en la bahía de Cartagena. Fundación de Santa María de Antigua del Darién a cargo de Martín Fernández de Enciso y Vasco Núñez de Balboa. Nace en Granada Gonzalo Jiménez de Quesada.; 1510 Juan de la Cosa muere en Turbaco a manos de los indígenas. Balboa descrubre el río…
p. 218
18Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 951 cita
[21]presencia del Estado español. Ellos daban cuenta de la realidad urbana a gobernadores, audiencia y virreyes, que eran sus superiores en la escala burocrática. El ilustre historiador Haring, que ha investigado mucho sobre la naturaleza de las ciudades hispa- noamericanas y su evolución colonial, dice que aquéllas…
p. 95
19Invading Colombia: Spanish Accounts of the Gonzalo Jiménez de Quesada Expedition of ConquestJ. Michael Francis · 2007 · p. 601 cita
[22]Spaniards reached Sompallón, they did not venture ahead, in spite of the fact that their Indian guides and translators always spoke of the great riches, large provinces, and the lords who ruled them, that would be found much farther upriver. However, in spite of these rumors, on the occasions that the Span- iards made…
p. 60
20Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 cita
[23]se configu- raron los rasgos de las principales conflictividades y tensiones sobre el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra que estuvieron en las raíces del conflicto armado interno. Las fundaciones coloniales provocaron una ruptura violenta en el ordenamiento territorial existente. No respondían a…
p. 44
21Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 361 cita
[24]Am é rica la religi ó n mantuvo su predomi nio durante toda la Colonia y fue la base esencial del orden social y la raz ó n para la obediencia de las leyes y de las normas morales y de convivencia social. Aunque Espa ñ a incorpor ó muchos de los avances t é cnicos de la é poca, su cultura no estimul ó la actitud cient…
p. 36
22Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 241 cita
[25]civiliza ciones extrañas, el europeo sentía la necesidad de agruparse para subordi narlas y al mismo tiempo para preservar su «ser europeo». La afirmación de ciertos valores culturales sólo podía darse en ese contexto urbano, pues vivir en «república» equivalía a «... llevar una vida urbana bien arreglada y…
p. 24
23Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 1311 cita
[27]llegó a ser en bre- ve una de las plazas principales del poderío español en América; pero, sobre todo, la primera del Nuevo Reino de Granada. Poblada por gentes ricas y por los empleados del Go- bierno español, desplegó desde un principio el genio alegre y hospitalario, altivo y dominador, algún tanto aristocrático en…
p. 131
24Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 271 cita
[28]d u ra n te la Colonia. G racias a su puerto fortificado y a su proxim idad al istm o de Panam á, d o n d e ag u ard ab a la plata peruana, C artagena llegó a ser paso obligado para las flotas españolas que transportaban los tesoros am ericanos. La ciu d ad abastecía de alim entos y vituallas a las naves peninsulares…
p. 27
25Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 991 cita
[29]así: Bioho, el Rey del Arcabuco Una vez con los malibúes y otras tribus exterminadas, subyugadas o acomodadas ante el poder del conquistador español, las tierras más accesibles a los ríos y caños empezaron a ocuparse por blancos y vecinos libres, esto es, personas que no eran esclavas ni estaban sujetas a servidumbre.…
p. 99
26La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 431 cita
[30]su provincia. Una mirada a los siglos XVII y XVIII, Bogotá, El Áncora Editores, 2005, ver capítulo 2.2- 2.4, pp. 442-497. Y más recientemente, Aiza Moreno-Goldschmidt, Conversos de origen judío en la Cartagena colonial. Vida social, cultural y economía durante el siglo XVII, Bogotá, Universidad Javeriana, 2018. 41…
p. 43
27Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 1081 cita
[31]desde hace varios años, que tiene con ella varios hijos y que la “Losada manda las cuadrillas y maltrata a los esclavos”. Mosquera y Figueroa, por su lado, acusó en el proceso a los testigos, inclusive al cura de Nóvita, de vivir amancebados con las negras esclavas.¹ ⁰ ³ Ante formas tan extremas de explotación y…
p. 108
28Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 3931 cita
[32]constancia vencí los muchos horrores y dificultades que se encontraron así por parte de los negros del palenque de San Basilio, como por la suma espresura de árboles y brozas que con dificultad se descubría la claridad del sol; a que se agregaban las muchas barrancas, despeñaderos y anegadizos; y aprovechándome del…
p. 393
29Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 561 cita
[33]while common places of origin and the hardships of the slave ship may have had initial bonding effects on some slaves in the Americas, the day- to- day experiences people lived and shared, the family and kinship bonds they developed over time, and the strategies they used to create meaning for their lives all…
p. 56
30¿Por qué fracasa Colombia?Enrique Serrano López · 2016 · p. 491 cita
[34]por la cual se les dejó libres. Esa condición de esclavos libres, de cimarrones al azar buscando horizonte, les permitió establecerse en este territorio inmenso donde hallaron un entorno suficientemente parecido al de su África nativa, es decir, una zona tropical húmeda con gran pluviosidad, que aunque no era de mucha…
p. 49
31Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · p. 411 cita
[35]of cumbia, the Mompox area. Between the sixteenth and eighteenth centuries, many palenques, vil- lages formed by fugitive slaves (cimarrones) during the colonial period, sprang up in this area.8 In fact, from the organological point of view, the line- up of coastal conjuntos consists of drums that make up the tambora,…
p. 41
32Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 1141 cita
[36]of new migrants from mainland Colom - bia to San Andrés Island in the 1950s. This dramatic demographic shift prompted islanders to draw sharper distinctions with the new island resi - dents and continually adopted terminology to define themselves. By the 1990s, San Andrés, Providencia, and Santa Catalina islanders had…
p. 114
33The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 771 cita
[37]are included as ethnic identities within the umbrella category of “black communities.” A palenquera would be a woman from one of the Colombian communities that traces its history to those enslaved Africans who escaped to create new lives on the outskirts of colonial-era towns. A mujer raizal would be a woman descended…
p. 77
34Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 4221 cita
[38]Constitución de Cundinamarca. 40 14 de junio: Antonio Nariño lanza su periódico La Bagatela. 41 19 de septiembre: Lozano es depuesto. Nariño asume la presidencia de Cundinamarca. 42 Octubre: Reunión de un nuevo Congreso de las Provincias Unidas de Nueva Granada. 43 11 de noviembre: Cartagena declara su independencia…
p. 422
35Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 4221 cita
[39]Constitución de Cundinamarca. 40 14 de junio: Antonio Nariño lanza su periódico La Bagatela. 41 19 de septiembre: Lozano es depuesto. Nariño asume la presidencia de Cundinamarca. 42 Octubre: Reunión de un nuevo Congreso de las Provincias Unidas de Nueva Granada. 43 11 de noviembre: Cartagena declara su independencia…
p. 422
36Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 1291 cita
[40]a favor del Congreso del Reino fracasó, porque no se pudo negociar un consenso para resolver el problema de la representación nacional en este cuerpo, y así las provincias, siguiendo el ejemplo de Santa Fe y Cartagena, prefirieron retener en sí mismas las soberanías que habían reasu - mido en 1810. La afirmación de…
p. 129
37Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 51 cita
[41]these percentages had changed little: of a total of EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 7:55:30 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. Page 7 Map 1. Colombia: intendancies and comisar í as, 1931 – 1946 Source: Vila, Nueva Geograf í a de…
p. 5
38The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 1821 cita
[43]much of the Caribbean coast remained morally and politically suspect and outside official control, which encouraged Catholic missions to its hinterlands. The largely Jesuit project to stamp out concubinage and Liberalism reinforced the divide between city and countryside, in the process overlaying new exclusions with…
p. 182
39Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 1551 cita
[44]Entre las zonas pobladas del extenso territorio colombiano, los departamentos de la costa sobresalían por contar con la más baja densidad dem o gráfica. Las restricciones en la oferta de trabajo podrían explicar el temprano surgi miento de una mano de obra asalariada en la región, com o lo ha expuesto Fais Borda. Tal…
p. 155
40Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 141 cita
[45]samarlos, cartageneros y XIV P R E S E N T A C I Ó N barranquilleros. No es tampoco la Costa del Carnaval de Barran- quilla, los Lanceros de Getsemaní o el fútbol de Pescadito. Es una Costa más rural, menos conocida y más olvidada, en todos los sentidos. Es la Costa de María Barilla, la valentía de los Chimilas, los…
p. 14
41Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 461 cita
[46]políticos representan «esa rancia cúspide regional acos- tumbrada a manejar haciendas, predios, casas comerciales y oficinas públicas, con los mismos criterios especulativos y endogámicos» 60. Es un sistema que las nuevas élites políticas han replicado con cierto éxito 61. Cabe señalar también, como lo recuerda Fals…
p. 46
42Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 211 cita
[47]3. Infraestructura para la exportación de carbón 23 1 Tenencia de la tierra, reforma agraria y desarrollo carbonífero en el gran magdalena les por donde se transportaba el mineral, salvo el producido por Drummond, la primera y única concesionaria del corredor férreo La Loma - Santa Marta hasta 2006 9. Ese año, esa…
p. 21
43Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1612 citas
[48]las relaciones de trabajo de la Costa es una aparcería especial, en la cual se da "pasto por tie- rra". El campesino se compromete a tumbar cierta porción de "montaña" (terreno enmontado) y la usufructúa durante unos dos años, para después entregarla sembrada en pastos al terra- teniente, cuyos gastos no pasan de…
p. 161
[49]las relaciones de trabajo de la Costa es una aparcería especial, en la cual se da "pasto por tie- rra". El campesino se compromete a tumbar cierta porción de "montaña" (terreno enmontado) y la usufructúa durante unos dos años, para después entregarla sembrada en pastos al terra- teniente, cuyos gastos no pasan de…
p. 161
44El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1141 cita
[50]se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…
p. 114
45Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 691 cita
[51](aunque con un solo aparato) y se entregaron cinco proyectos de ley sobre aspectos varios, incluido uno para hacer más efectivo el servicio militar obligatorio. Ciénaga y Líbano Los dos hechos históricos que sintetizan la fuerte y constante movilización obrera, popular y campesina y la respuesta militar del Estado en…
p. 69
46Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1221 cita
[52]de estos delitos. En el Magdalena funcionaba la United Fruit Company, un enclave agrícola que ocupaba extensos terrenos entre las poblaciones de Ciénaga y Fundación para el negocio del cultivo y la exportación del banano. En 1928, la Yunai obtenía una ganancia de 100% por cada racimo que vendía, contaba con unos…
p. 122
47Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 361 cita
[53]petróleo en Barrancabermeja (1924 y 1927) y en la zona bananera del Magdalena (1928) permiten hacerse una idea acerca de la situación del proleta- riado, de sus reivindicaciones, del papel desempeñado por los intelec- tuales y de la actitud de las élites. Esas grandes manifestaciones obreras, mucho más ambiciosas que…
p. 36
48Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 2191 cita
[54]condiciones impuestas por la guerra obligaron a la compañía a suspender totalmente las exportaciones de ba- nano desde Colombia, por cinco años. Después de la segunda guerra mun- dial, la United Fruit Company perdió su monopolio en la región de Santa Marta y se retiró de la producción, vendiendo o alquilando muchos de…
p. 219
49Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 2491 cita
[55]era de circulación cultural: si poéticamente el ascenso por el río Magdalena hasta el altiplano de Bogotá marcó la imaginación de García Márquez, en realidad atrasó y volvió muy lento el contacto cultural entre la capital y la costa. Una región y otra por momentos parecían universos opuestos. El ensayista Germán…
p. 249
50Biografía del CaribeGermán Arciniegas · 2016 · p. 11 cita
[56]GERMÁN ARCINIEGAS b I o GRA fí A d E l CARI b E historia GERMÁN ARCINIEGAS b I o GRA fí A d E l CARI b E historia Arciniegas, Germán, 1900-1999, autor Biografía del Caribe [recurso electrónico] / Germán Arciniegas; presentación, Gustavo Bell Lemus. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colom- bia,…
p. 1
51Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 151 cita
[57]aplausos y vítores de un público embriagado de sangre y sangría es bárbaro, tal vez usted nunca haya ido a una corraleja. Gran parte de ese abanico cultural, que hace que en otros países tengamos el alivio de que muchas veces nos reconozcan no por el endiosado narcotraficante y terrorista Pablo Escobar, ni por nuestra…
p. 15
52Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · p. 311 cita
[58]desco- nocida para mí, gracias en parte a la cantidad de culturas presentes, a la inmigración de árabes y europeos que se habían mezclado con lo indígena y con lo afro. Esa exuberancia me con- quistó enseguida. Aprendí a bailar, a reladonarme con mucha- chas muy francas, a enamorarme. Toda mi formación académica, 35…
p. 31
53Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 751 cita
[59]Análisis Político, No. 2, Sept-Dic., p. 44. 33 Grupo de Memoria Histórica (2010), La tierra..., op. cit. 34 Ibid. 35 Barrera, op. cit. Capítulo II 75 Cauca al golfo de Morrosquillo, lugar donde los ilícitos eran embar- cados fuera del país. Por su parte, la guerrilla se valió de las ventajas geoestratégicas que…
p. 75
54La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 2361 cita
[60]cambió sino que se escaló a niveles nunca antes vistos en la región durante los años 2002 y 2003: el aparato militar no resintió la masacre, lo que sería a pri- mera vista contradictorio para quienes estigmatizaron a El Salado como un pueblo guerrillero. Los hechos posteriores pusieron en evidencia una vez más que el…
p. 236
55Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6171 cita
[61]de Infantería de Marina. La guerrilla tuvo presencia con el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y la Corriente de Renovación Socialista (CRS), desmovilizados en los primeros años de la década de los noventa; con el ELN y con las FARC-EP, que ingresaron a la región con los frentes 35 y 37 integrados al…
p. 617
56Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 271 cita
[62]Córdoba), Villanueva (Valencia, Córdoba) entre otros. En su avance el Bloque Norte se topó con estructuras paramili - tares locales tradicionales de la región que no compaginaron con su propio proyecto paramilitar y con las cuales se vio enfrentado. Es el caso del enfrentamiento entre las Autodefensas Campesinas de…
p. 27
57Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 3132 citas
[63]estableciendo alianzas con los grupos locales y propiciando un cruento enfren - tamiento entre 2008 y 2009, en disputa por control de territorios y negocios ilícitos (CNRR, 2010). En años posteriores consolidaron poder Los Urabeños lide - rados por alias Don Mario, con dominio sobre la Troncal del Caribe hacia…
p. 313
[64]estableciendo alianzas con los grupos locales y propiciando un cruento enfren - tamiento entre 2008 y 2009, en disputa por control de territorios y negocios ilícitos (CNRR, 2010). En años posteriores consolidaron poder Los Urabeños lide - rados por alias Don Mario, con dominio sobre la Troncal del Caribe hacia…
p. 313
58Grupos Armados Posdesmovilización (2006 - 2015). Trayectorias, rupturas y continuidadesTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera Ramírez, Carlos Andrés Hoyos, Javier Benavides Torres, Jefferson Corredor Uyaban, Mateo Morales · 2016 · p. 1831 cita
[65]intensidad en los Montes de María. En el corredor de convergencia entre el Caribe y la región Andina, las amenazas de los GAPD se mantuvieron en el sur de Córdoba, el eje bananero de Urabá. Y, a diferencia del periodo anterior, disminuyeron en el Bajo y Medio Atrato, pero se extendieron hacia las regiones de los ríos…
p. 183
59Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 2741 cita
[66]la población era bautista. El credo bautista destacaba al individuo y sus emocio- nes; partía de una visión romántica del porvenir "según la cual la inocencia que el hombre perdió con la caída se re- cuperaría a través de la redención a la cual se llega creyen- do en el Cristo muerto y resucitado". Desde un comienzo,…
p. 274
60Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 3641 cita
[67]iba a la zona costera y, si quería comer caracol, simplemente caminaba diez minutos y recogía la cantidad que necesitaba. Con las langostas pasaba igual. La gente no se preocupaba por comer carne refrigerada, sacaba todo fresco. Pero se rompió esa tradición de los raizales, y ahora tienen que esperar a que lleguen…
p. 364