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Una historia del territorio

Montes de María

Los Montes de María son mucho más que el escenario de una guerra: son una subregión con identidad cultural propia, forjada en la gaita, el acordeón sabanero, la hamaca tejida y el tabaco cultivado en parcela familiar.

17 min de lectura40 fuentes

En el nororiente de la costa Caribe colombiana, entre las sabanas de Sucre y el brazo occidental del Canal del Dique, se extiende una subregión de colinas bajas, tierra seca y aire caliente que los mapas llaman Montes de María. La componen quince municipios repartidos en dos departamentos: El Carmen de Bolívar, San Jacinto, San Juan de Nepomuceno, El Guamo, María La Baja, Zambrano y Córdoba en Bolívar; Ovejas, Los Palmitos, Morroa, Coloso, Chalán, Toluviejo, San Onofre y San Antonio de Palmito en Sucre. Es una tierra de gaita larga y de tabaco, de campesinos organizados y de músicos de aire libre, pero también, entre 1996 y 2003, el escenario de una de las campañas paramilitares más sistemáticas del país. Aquí una densa tradición cultural y agraria fue convertida —a fuerza de masacres, listas y desplazamientos— en el laboratorio de una reconfiguración territorial que la restitución de tierras todavía intenta desandar.

La subregión: geografía, gente, oficios

Los Montes de María no son cordillera ni selva. Su relieve es poco quebrado, con lomas que en los tramos más altos no rebasan los seiscientos metros sobre el nivel del mar, y su vegetación no tiene la espesura agreste de otros refugios guerrilleros del país. Es una región seca y caliente, con agua suficiente para sostener economías campesinas de tabaco, ñame, maíz, yuca y aguacate, y para acoger, en sus valles y colinas, una ganadería extensiva que fue durante décadas el sello del poder terrateniente. La subregión hace parte del corredor que comunica el bajo Cauca antioqueño con el golfo de Morrosquillo, salida marítima estratégica desde la que, en las décadas finales del siglo XX, se embarcaron ilícitos con destino al exterior.

Esa condición de corredor —entre el interior productor y el mar embarcador— es la clave silenciosa de su historia contemporánea. Y sin embargo, lo primero que se reconoce del montemariano no es su posición en la logística del narcotráfico, sino su cultura. En San Jacinto se fabrican las gaitas machos y hembras, instrumentos de viento indígena tallados en cactus gigante que en la Sierra Nevada llaman kuizis y aquí, en el corazón sucreño de los Montes, se conocen como chuana. De sus veredas salieron los aires que Andrés Landero convirtió en acordeón sabanero, los versos que Adolfo Pacheco cinceló en el son de la Hija de mi compadre Juan o en La hamaca grande, y las melodías que Lucho Bermúdez, hijo del Carmen de Bolívar, llevó a las orquestas del país. La región canta, teje hamacas y elabora sombreros; su identidad estética antecede y desborda cualquier expediente judicial.

Sobre esa base cultural se levantó, a lo largo del siglo XX, un campesinado que aprendió a pelear por la tierra.

La tierra como pregunta abierta: la ANUC y el Pacto de Chicoral

En 1967, el gobierno de Carlos Lleras Restrepo impulsó, mediante el Decreto 755, la creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC. El Ministerio de Agricultura levantó un empadronamiento masivo y para 1970 la organización agrupaba a cerca de 845.000 usuarios inscritos en todo el país. Su epicentro no fue el interior andino sino el trío costero de Córdoba, Sucre y Bolívar, donde el movimiento contó con las vanguardias más decididas y protagonizó las jornadas de invasión y ocupación que marcaron los años setenta. Los Montes de María estuvieron en el corazón de esa insurgencia agraria: allí la ANUC no fue una sigla lejana sino una experiencia cotidiana de asamblea, marcha y ocupación.

El contexto lo explicaba todo. Entre 1960 y 1970, pese a la reforma agraria consignada en la Ley 135 de 1961, la concentración de la tierra había aumentado: las explotaciones menores de diez hectáreas disminuían en número y superficie mientras los predios superiores a cincuenta hectáreas crecían en ambos indicadores. Para 1971, más de tres cuartas partes de los conflictos de tierras del país se registraban en los latifundios de la costa atlántica, los valles interandinos y los Llanos Orientales —zonas de gran hacienda ganadera. En los Montes de María, la disputa entre campesinos sin tierra y hacendados tradicionales era el pulso cotidiano del paisaje.

Las tomas de 1971 y 1972 dejaron una huella institucional. Hacia 1973 existían en el país cerca de 850 empresas comunitarias y mixtas que ocupaban unas 207.000 hectáreas —una superficie equivalente a diez veces la ciudad de Cartagena—, y el 40% se concentraba en Bolívar, Cesar, Córdoba, Magdalena y Sucre: los cinco departamentos de la costa absorbían, ellos solos, unas 81.000 hectáreas de titulación colectiva. Los campesinos montemarianos aprendieron a titular en común, a administrar en asamblea y a articular sus demandas de tierra con reclamos por educación y salud. Fue una escuela política única en el país.

La contrarrevolución llegó por vía legal. El Pacto de Chicoral, firmado en enero de 1972 y traducido en leyes como la Ley 6ª subsiguiente, congeló el proceso reformista: preservó las relaciones de aparcería, desactivó la redistribución y, en la práctica, desmontó el marco jurídico de la Ley 135. Los efectos fueron duraderos. La concentración quedó intacta en las zonas agrícolas del interior; los campesinos fueron empujados hacia la colonización periférica, los barrios subnormales de las ciudades o las parcelas de pancoger insuficientes. En los Montes de María, el resultado fue una geografía agraria congelada: hacendados ganaderos arriba, campesinos con títulos precarios o sin títulos abajo, y una organización —la ANUC— cuyas victorias jurídicas nunca terminaron de traducirse en propiedad real.

Esa herencia importa porque dos décadas después, cuando los paramilitares entraron a la subregión, no encontraron un territorio virgen sino un campesinado con memoria organizativa, con líderes formados y con expedientes de tierras aún pendientes. La saña con que fueron golpeados no se explica sin ese antecedente.

Guerrillas en la montaña baja

Antes de que los Montes de María fueran famosos por las masacres paramilitares, fueron corredor y refugio guerrillero. En los años ochenta hizo presencia el Partido Revolucionario de los Trabajadores, PRT, con campamento central en Pichilín y despliegue en Ovejas, Morroa, Don Gabriel, Chengue, Salitral y Chalán. La Corriente de Renovación Socialista, CRS, escisión del ELN, operó también en la zona. Ambos grupos se desmovilizaron en los primeros años de la década de los noventa, en el marco de los procesos de paz de la administración Gaviria. El ELN mantuvo focos en Ovejas, Pichilín y el oriente de la subregión.

Las FARC llegaron tarde y con fuerza. Su despliegue empezó a inicios de los noventa, tras la desmovilización de las otras guerrillas, a través de los frentes 35 y 37 adscritos al Bloque Caribe. El accionar armado se hizo drástico en 1994 y mantuvo índices elevados hasta 2003. La zona de montaña, aunque no espesa, ofrecía ventajas geoestratégicas suficientes para hostigar al Estado y para controlar tramos del corredor que unía el sur de Bolívar con la costa. Secuestros, retenes, tomas de poblados y extorsiones fueron el repertorio con que las FARC marcaron los años noventa en El Guamo, San Jacinto, Ovejas y Chalán.

La presencia guerrillera fue, en muchos sentidos, la coartada del avance paramilitar. Pero fue coartada, no causa suficiente: los paramilitares no llegaron solo a combatir insurgentes.

La llegada paramilitar: contrainsurgencia, narcotráfico y proyecto agrario

La incursión paramilitar en los Montes de María se inscribe en el ciclo expansivo de las Autodefensas Unidas de Colombia bajo la conducción de la Casa Castaño. Tras la masacre de Mapiripán, en julio de 1997, las AUC pasaron de un accionar expedicionario a un despliegue de emplazamiento y control territorial en vastas regiones del país. La subregión montemariana entró de lleno en esa estrategia.

Llegaron por dos razones que se reforzaban. La primera, contrainsurgente: enfrentar a las FARC, al ELN y a las estructuras guerrilleras que se habían asentado en la zona. La segunda, del negocio: los Montes de María eran el eslabón terrestre que conectaba las zonas cocaleras del sur de Bolívar y el bajo Cauca con el golfo de Morrosquillo, y controlar ese corredor equivalía a controlar la salida marítima de una porción del narcotráfico nacional. A esas dos lógicas se sumó una tercera, decisiva: las alianzas con terratenientes tradicionales y con clases políticas locales que veían en el paramilitarismo una herramienta útil contra el campesinado organizado.

La estructura territorial se llamó Bloque Héroes de los Montes de María y operó en Sucre y Bolívar bajo el mando de Rodrigo Antonio Mercado Peluffo, alias Cadena, responsable directo de varias masacres, de asesinatos selectivos y del control del corredor del narcotráfico hacia Morrosquillo. Junto a él operaron Uber Bánquez, alias Juancho Dique, y Edward Cobos Téllez, alias Diego Vecino, este último encargado de la arquitectura financiera del bloque. El comando general del proyecto paramilitar en la costa Caribe estaba articulado con figuras mayores como Salvatore Mancuso y Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, que operaba desde el norte.

El ciclo de las masacres

Entre 1996 y 2003 se cometieron en los Montes de María 42 masacres perpetradas por grupos paramilitares. La cifra sube a 88 masacres asociadas al accionar paramilitar en la región cuando se consideran episodios de menor visibilidad, con una concentración marcada entre 1998 y 2001 —los años de consolidación territorial del Bloque Héroes. Solo entre 1999 y 2001, las masacres dejaron 354 víctimas fatales.

Los nombres se aprendieron de memoria en el país. El Salado, en el Carmen de Bolívar, febrero de 2000: cuatro días de terror en los que los paramilitares reunieron a la población en la cancha del pueblo, mataron con sevicia, tocaron tambores robados a la casa cultural y convirtieron la plaza en escenario de una teatralidad macabra. Chengue, corregimiento de Ovejas, enero de 2001: veintisiete hombres asesinados uno por uno con piedras y objetos contundentes, en una masacre cuya crudeza redefinió lo que la palabra masacre significaba en Colombia. A esa lista se suman Macayepo, Mampuján y otros nombres que trazan la cartografía del horror sobre el mapa de la subregión.

El patrón se repite. En ocho de cada diez casos, los paramilitares llegaban con listas de personas objetivo y con guías que señalaban casa por casa a supuestos colaboradores de la guerrilla. Las muertes se producían mediante degollamientos, golpes con objetos contundentes, disparos frente a la comunidad reunida. La disposición de los cuerpos y las huellas de sevicia no eran accesorias: eran el mensaje. La masacre operaba como teatralización del terror, aleccionamiento simultáneo a la población civil sobre el costo de colaborar con la guerrilla y a las propias guerrillas sobre el tipo de guerra que los paramilitares estaban dispuestos a librar. Y detrás del mensaje militar operaba otro, menos declarado pero más eficaz: el mensaje agrario. Los que quedaban vivos se iban. La tierra quedaba libre.

El aparato económico: cooperativas, regalías y captura del Estado

La violencia paramilitar en los Montes de María no habría alcanzado su escala sin una arquitectura financiera sofisticada. Y esa arquitectura tuvo un contador principal: Edward Cobos Téllez, Diego Vecino, el hombre discreto que no manejaba fusil sino papeles, y que entendió antes que nadie que un bloque paramilitar podía financiarse desde la ventanilla de una alcaldía.

Su hallazgo fue una norma menor y olvidada. El Decreto 1482 de 1989 había creado en Colombia las Administraciones Públicas Cooperativas, una figura pensada para que los municipios más pobres mancomunaran servicios y esquivaran cuellos de botella burocráticos. Sobre el papel, era un instrumento de desarrollo local. En manos de Cobos Téllez se volvió otra cosa. Fundó y operó COOPSABANA, y por sus cuentas hizo pasar las regalías del petróleo que ingresaban a las arcas de los municipios sucreños y bolivarenses. La cooperativa recibía los recursos, firmaba contratos, ejecutaba obras en el papel; el dinero salía por la puerta de atrás, hacia la nómina, las armas y los uniformes del Bloque Héroes. Cada alcaldía capturada era, en la práctica, una sucursal de tesorería del paramilitarismo.

Una operación así necesitaba socios en la política. El principal tuvo nombre: Álvaro García Romero, el Gordo, senador y jefe político regional en Sucre, encarnó la punta visible de una alianza que trenzaba tres piezas: el aparato militar de Diego Vecino, la maquinaria electoral de García Romero y las clases emergentes locales que veían en el paramilitarismo un atajo para acceder a contratos y curules. Con esa trenza, el bloque capturó regalías departamentales y municipales, moduló elecciones y convirtió pedazos enteros de la administración pública en cauce silencioso de su propio financiamiento.

El diagnóstico de la propia parapolítica lo hizo, en su momento, el exgobernador de Sucre Salvador Arana Sus: fueron los políticos quienes buscaron a las autodefensas para asegurar victorias electorales, pero las AUC aprovecharon la alianza para controlar los presupuestos municipales, encontrando en ello mayor rentabilidad que en el tradicional apoyo de los ganaderos. En los Montes de María, la contrainsurgencia terminó siendo la fachada de un proyecto mucho más ambicioso: la captura del Estado regional. Los Montes fueron, en ese sentido, laboratorio temprano de lo que después se llamaría parapolítica.

Despojo, desplazamiento y megaproyectos

La consecuencia visible del ciclo de masacres fue el vaciamiento del campo. Comunidades enteras abandonaron veredas y corregimientos. Cerca de 460.000 familias campesinas fueron desplazadas de manera forzada en el contexto del conflicto armado y de las irregularidades en el mercado de tierras de la región. El orden de magnitud es inequívoco: los Montes de María se despoblaron.

La secuencia siguiente es la que revela el diseño. En los territorios abandonados —y también en los de La Mojana sucreña, contigua a la subregión— se registró una compra masiva de predios ligada a megaproyectos agroindustriales: palma de aceite, teca, ganadería extensiva. Inversionistas nacionales e internacionales adquirieron tierras a precios de guerra. La vocación económica de la subregión empezó a transformarse: donde antes hubo economía campesina de tabaco, maíz y ñame, se implantaron cultivos industriales orientados a mercados globales. La lógica financiera de la palma es reveladora: según la agremiación palmicultora, la expansión solo alcanza rentabilidad mínima a partir de las tres mil hectáreas, lo que favorece estructuralmente a grandes compañías y desplaza al pequeño productor hacia esquemas de alianza en los que asume durante los primeros tres años los costos de preparación y mantenimiento sin recibir ingresos del cultivo.

La continuidad histórica del despojo en el trío departamental Córdoba–Sucre–Bolívar se lee así con nitidez: entre 1900 y 1960, los agentes principales fueron las élites regionales, los hacendados ganaderos y los terratenientes tradicionales; entre 1980 y 2000 se sumaron los narcotraficantes, los grupos de seguridad privada y los paramilitares; y en la fase posterior, empresarios nacionales e internacionales completaron el cuadro. Cada capa acumuló sobre la anterior. La violencia paramilitar no inauguró el despojo: lo aceleró, lo escaló y lo articuló con la economía global.

Restitución de tierras y sus asechanzas

Con la desmovilización formal de las AUC entre 2003 y 2006, y luego con la Ley 1448 de 2011 —la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras—, el Estado colombiano abrió un proceso jurídico para revertir el despojo. Los Montes de María se convirtieron en uno de los territorios emblemáticos de esa política, presentada por el gobierno de entonces como una apuesta sin precedentes porque comenzaba a aplicarse antes de la firma de un acuerdo de paz definitivo, cuando lo habitual —el caso sudafricano suele citarse como referencia— era restituir después de sellados los acuerdos, no en medio de la guerra.

Los balances muestran el peso del paramilitarismo en la geografía nacional del despojo. De poco más de siete mil sentencias de restitución proferidas con corte a febrero de 2021, más de la mitad —unas 3.760— señalan a los paramilitares como responsables. Las guerrillas figuran en alrededor de 1.350 fallos, y los combates cruzados entre actores armados, en otros 1.420. Dicho de otro modo: por cada sentencia que responsabiliza a la guerrilla, hay casi tres que responsabilizan al paramilitarismo. La Unidad Administrativa Especial de Gestión de Restitución de Tierras Despojadas fue creada para acompañar el proceso, pagar compensaciones cuando la restitución material no es posible y asumir las sumas ordenadas por sentencia a favor de terceros de buena fe exenta de culpa.

Pero el retorno ha sido peligroso. La desmovilización no eliminó los intereses que empujaron el despojo. Grupos posdesmovilización, entre ellos las llamadas Águilas Negras, así como estructuras armadas ligadas al narcotráfico y a bandas criminales, han amenazado y asesinado a líderes reclamantes. En la finca La Alemania, en San Onofre, la violencia contra los campesinos que intentaban recuperar sus predios se extendió durante años: en 2010 fue asesinado un líder tras reiteradas amenazas de exparamilitares del Bloque Héroes, siendo la víctima número quince de campesinos de esa finca muertos por reclamar su tierra. Rogelio Martínez integra esa lista de nombres que la subregión no ha querido olvidar. La restitución, en los Montes de María, se sigue jugando en un campo minado.

Y opera además otra capa del despojo, menos contabilizable. Para las comunidades rurales con vínculo profundo con su territorio, la usurpación de la tierra fue también la enajenación de lo íntimo y lo simbólico: los muertos enterrados, los árboles sembrados por los abuelos, los caminos, los nombres. Restituir un predio no restituye por sí solo un mundo.

La memoria como resistencia

Sobre las cenizas del terror, los Montes de María han desplegado una de las tradiciones de memoria más sostenidas del país. En septiembre de 2010, en el corregimiento de El Salado, se lanzó el disco Las voces de El Salado, que recogió las memorias construidas alrededor de los diez años de la masacre. El proyecto se articuló con la tradición oral y las expresiones artísticas de la región, contó con el acompañamiento del músico César López y la presencia del juglar Adolfo Pacheco. La comunidad orientó sus conmemoraciones hacia un desplazamiento del énfasis: menos evocación del horror, más tributo iluminado a los ausentes, con velas congregadas en el lugar de la memoria.

Esa impronta —hacer música y palabra donde hubo listas y machetes— entronca con la tradición cultural de la subregión. La gaita de San Jacinto, el porro sabanero, el son montemariano, la copla, la décima: todas esas formas fueron y siguen siendo repertorios de resistencia y dignificación. La memoria no es un archivo pasivo aquí; es una forma de habitar el territorio a pesar de lo que se hizo por vaciarlo.

Las comunidades campesinas de los Montes de María, herederas de la ANUC y de sus asambleas de los años setenta, han seguido articulando lucha por la tierra con demandas de educación y salud, aunque muchos de los líderes que dieron esas peleas terminaron sin tierras ni títulos. La articulación entre memoria cultural, memoria de las víctimas y reclamación agraria constituye hoy uno de los pulsos más vivos y expuestos del país.

Un balance sin coartadas

Los Montes de María no fueron devastados por un desbordamiento fortuito de la violencia. Su historia contemporánea es la de la confluencia deliberada de dos lógicas que se reforzaron mutuamente. Por un lado, una estructura agraria que el Pacto de Chicoral congeló en 1972 y que dejó a un campesinado organizado enfrentado a hacendados que nunca aceptaron perder tierra: cuando el paramilitarismo llegó, ese campesinado —con memoria de ANUC, con liderazgos formados, con expedientes pendientes— fue percibido por élites locales como una amenaza política que convenía extirpar. Por otro lado, un corredor geoestratégico que unía las zonas cocaleras del interior con la salida marítima del golfo de Morrosquillo, y que dotó a la violencia contra ese campesinado de financiamiento, alianzas y escala.

La geografía del narcotráfico, por sí sola, habría empujado presencia armada, pero no da cuenta de la saña ritual de las masacres ni de la selectividad contra líderes campesinos. La historia agraria pendiente habría alimentado conflictos, pero no basta para explicar la capacidad militar, financiera y política del Bloque Héroes de los Montes de María. Lo que produjo el desenlace fue la superposición: la coca desembarcando por el mismo corredor donde la ANUC había sido derrotada, la Casa Castaño instalándose como socia armada de unas élites regionales que llevaban treinta años sin resolver la pregunta por la tierra, García Romero traduciendo en votos y contratos lo que Chicoral había cerrado en 1972. A ese cruce se le sumó, en la fase posterior, una tercera capa: la implantación de la palma y la ganadería extensiva sobre las tierras vaciadas, que convirtió el desplazamiento en insumo de una nueva economía.

Que en medio de todo ello la subregión haya seguido tocando gaita, haciendo tributo a sus muertos con velas encendidas, litigando predios y volviendo al terruño, no cancela la magnitud del daño. Lo redefine. Los Montes de María entran al siglo XXI como una entidad doblemente pesada: la del campesinado organizado que Colombia no supo proteger, y la del territorio cultural que se negó a desaparecer con sus muertos. La herida y la resistencia se disputan hoy el destino de la subregión —en las sentencias que apenas empiezan a firmarse, en las mesas de reclamación, en las hectáreas que se replantan de palma o de ñame según quién las herede, en los versos que Adolfo Pacheco alcanzó a legar y en las gaitas que siguen tallándose en San Jacinto bajo el mismo cielo caliente que vio pasar a la ANUC, a las FARC, a Cadena y a los tractores del agronegocio. En ese pulso, la subregión sigue estando, como siempre lo estuvo, mucho más viva que el expediente que la nombra.

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1605Benkos BiohóEntidad1650Excavación del Canal del Dique (1650–1660)Hecho1650PalenqueEntidad1685Domingo CriolloEntidad1691Los palenques cimarrones y el primer autogobierno en la Nueva GranadaEnsayo1700CimarronajeEntidad1713Pacto del obispo Cassiani con los palenques de los Montes de MaríaHecho1713San Basilio de PalenqueEntidad1750Rochelas del Caribe interior neogranadino (1750–1780)Hecho1774Campañas de poblamiento forzado de Antonio de la Torre y Miranda (1774–1780)Hecho1776Antonio de la Torre y MirandaEntidad1776SincelejoEntidad1805La larga duración colonial en ColombiaEnsayo1821BaldíosEntidad1850DespojoEntidad1902Historia oficialEntidad1928Presencia diferenciada del Estado en las periferias colombianasEnsayo1936Función social de la propiedadEntidad1950Río SinúEntidad1960Concentración de la tierraEntidad1960Frontera agrariaEntidad1960LatifundioEntidad1961Las reformas agrarias en Colombia (1936–2016)Ensayo1961Reforma agraria en ColombiaEntidad1964Geografía del conflictoEntidad1966SucreEntidad1970Acumulación por desposesiónEntidad1972Contrarreforma agrariaEntidad1972División de la ANUC en líneas Sincelejo y Armenia (1972)Hecho1975Urbanización colombiana del siglo XXEnsayo1980MonteríaEntidad1985La cuestión agraria como sustrato del conflicto colombianoEnsayo1985La periferia urbana colombiana como geografía del despojoEnsayo1990El movimiento campesino colombiano y la política agrariaEnsayo1990Impunidad estructuralEntidad1990Violencia sexualEntidad1991El multiculturalismo de la Constitución de 1991Ensayo1991La Constitución de 1991 y la paradoja del Estado constitucional sin EstadoEnsayo1994ConvivirEntidad1994El viraje del paramilitarismo colombianoEnsayo1995Apertura económica de 1990-91 y auge cocaleroEnsayo1995Fundación y expansión de las AUC (1995–2000)Hecho1996Asimetría mediática: hipervisibilidad de las FARC e invisibilización paramilitar (1996–2002)Hecho1997AutodefensasEntidad1997Desplazamiento forzadoEntidad1997El despojo narco-paramilitar y la contrarreforma agraria en Colombia (1980-2006)Ensayo1997Paramilitarismo en ColombiaEntidad1997Urbanización forzadaEntidad1998El despojo agrario en Colombia, 1985-2010Ensayo1998La Iglesia católica en las zonas de conflicto colombiano, 1980-2016Ensayo1998La paradoja del 91: Constitución garantista y expansión paramilitar en ColombiaEnsayo2000El SaladoEntidad2001Palma aceitera y despojo paramilitar en Colombia (1996–2013)Ensayo2002Control territorialEntidad2002Cooperación internacional en ColombiaEntidad2002Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005)Hecho2002Política de Seguridad DemocráticaHecho2003Cultura popular y narco-violencia en ColombiaEnsayo2003Falsificación de cifras y ocultamiento de menores en la desmovilización paramilitar (2003–2006)Hecho2003Feminismo colombiano post-1991: territorialización, ONGización y violencia contra lideresasEnsayo2003Negociación de Santa Fe de Ralito y desmovilización paramilitar (2003–2006)Hecho2004Estado de cosas inconstitucionalEntidad2004Sentencia T-025 de 2004 y el estado de cosas inconstitucional del desplazamiento forzadoHecho2005Continuidad paramilitarEntidad2005La Ley 975 de 2005 (Justicia y Paz)Ensayo2005Verdad judicialEntidad2006Agroindustria en ColombiaEntidad2006Álvaro García RomeroEntidad2006Jesús Abad ColoradoEntidad2007Andrés Felipe Arias LeivaEntidad2008Auto 092 de 2008: reconocimiento judicial del impacto desproporcionado del desplazamiento sobre las mujeresHecho2008El pacifismo colombiano entre el Mandato de 1997 y el plebiscito de 2016Ensayo2008Violencia sexual en el conflicto armado colombianoEnsayo2009Memoria subalternaEntidad2010El archivo transicional del paramilitarismo colombianoEnsayo2011Arte y ritual de memoria en el conflicto colombiano (1998-2024)Ensayo2011Auge del campo de la memoria histórica en Colombia (2011–2016)Hecho2011Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)Entidad2011Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (Ley 1448 de 2011)Hecho2011Reparación integralEntidad2011Reparación simbólicaEntidad2011Restitución de tierrasEntidad2011Ricardo Sabogal UrregoEntidad2013Memoria histórica institucional en Colombia (GMH-CNMH, 2007-2022)Ensayo2013Soberanía alimentariaEntidad2013TestimonioEntidad2014Paula Gaviria BetancurEntidad2016Disputa por la memoria histórica y el Centro Nacional de Memoria Histórica (2016–2022)Hecho2016Garantías de no repeticiónEntidad2016Historia oralEntidad2016Justicia restaurativaEntidad2016Paz territorialEntidad2016PosconflictoEntidad2016Reforma Rural IntegralEntidad2016Reparación colectivaEntidad2016Victoria SandinoEntidad2017Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR)Hecho2019Sujetos colectivos de reparación en ColombiaEnsayo2020Violencia selectiva contra el liderazgo social rural en Colombia (1970–2024)Ensayo2021Encuentro de reconocimiento entre las madres de Toluviejo y el coronel Rincón Amado (2021)Hecho2022Verdad históricaEntidad
Relacionadaspor co-ocurrencia
Fuentes

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

33 documentos · 40 fragmentos
01
Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 382, 406
2 citas
[1]

acciones fueron parte de una estrategia para sacar a las comunidades, despo- jarlas de sus tierras e imponer nuevos proyectos agroindustriales y usos del territorio, por ejemplo, almacenar droga 872. Esta estrategia de terror se basó también en una fuerte estigmatización de la población campesina y afrocolombiana por…

p. 382
[21]

vida construir relaciones solidarias en el barrio a través del fútbol y la danza de los matachines 947. En el Caribe Colombiano, y en particular en la subregión de los Montes de María, y en el departamento del Magdalena, entre 1999 y 2001 se repite el patrón de actua- ción de los grupos paramilitares contra la…

p. 406
02
Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 62
1 cita
[2]

que comunica con el bajo Cauca antioqueño. Se- gún enseña La tierra en disputa, durante quince años las guerrillas ejercieron un régimen de extorsión sobre ganaderos y comercian- tes, reforzado por la comisión de 633 secuestros entre 1996 y 2004 (GMH, 2010, página 100). En los Montes de María ejerció domi- nio el…

p. 62
03
La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 33, 102
2 citas
[3]

el corazón de los Montes de María, ade- más de permitir el acceso y la disposición de agua en una región seca y caliente. Sin embargo, es importante aclarar que no se trata de una geografía como la que habitualmente se asocia con una 62 Ibíd. Grupo de Memoria Histórica 102 zona de retaguardia estratégica desde el…

p. 102
[39]

y que en cada parada venía acompañada con un tributo a los ausentes y una exaltación a su humanidad y su legado. Las memorias de los actos de conmemoración de los 10 años de la masacre y las iniciativas de memoria construidas alrededor de la tradición oral y las expresiones artísticas fueron recogidas en el disco “Las…

p. 33
04
Mujeres y guerra. Víctimas y resistentes en el Caribe colombianoGrupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación · 2011 · p. 75
1 cita
[4]

Análisis Político, No. 2, Sept-Dic., p. 44. 33 Grupo de Memoria Histórica (2010), La tierra..., op. cit. 34 Ibid. 35 Barrera, op. cit. Capítulo II 75 Cauca al golfo de Morrosquillo, lugar donde los ilícitos eran embar- cados fuera del país. Por su parte, la guerrilla se valió de las ventajas geoestratégicas que…

p. 75
05
Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 417
1 cita
[5]

húmeda y pluvial. Dptos. Córdoba Antioquia Bajo Cauca San Jorge X X X X X X X X Tipo de clima temporalmente bochornoso con precipitación de 2.500 a 3.000 mm y más. Vigorosa selva pluvial y suelos aluviales. Dptos. Córdoba Bolívar Monte Caribe X X X X X X X Montañas que llegan a los 600 msnm media muy cerca de la…

p. 417
06
Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 29
1 cita
[6]

que se tradujo en la institucionaliza- ción del movimiento campesino bajo el lema “la tierra pa’l que la trabaja” (Archila, 2005, página 97). Con base en el Decreto 755 de 1967, el Ministerio de Agricultura realizó un “empadronamiento masivo de usuarios reales y potenciales de servicios agropecuarios estatales”…

p. 29
07
Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 250
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[7]

la rutina teórica que ha surgido de los estudios generales de la Violencia y se adelanta en la comprensión de sus factores y condiciones reales. Puede ser que continúe esta saludable tenden- cia de regionalizar el estudio de tan importante proceso. Cf. Russell W. Ramsey, "Critical bibliography on La Violencia in…

p. 250
08
Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 31
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[8]

Aproximadan1ente 76,9% de los conflictos de tierras en 1971 ocu- rrieron en los latifundios de la costa atlántica, en los valles interandinos y en los Llanos Orientales, donde se desarrollaban los grandes latifun- dios ganaderos y el capitalisrno agrario 49. Los restantes conflictos terri- 62 Sistemas de guerra…

p. 31
09
Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 249
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[9]

puertas de crédito para la producción agraria, viéndose obligadas a acelerar los flujos migratorios campo-ciudad y a intensificar la ocupación de nuevos territorios. Machado indica que el grado de concentración de la propiedad aumentó entre 1960 y 1970 a pesar de la prolija legislación agraria promulgada alrededor de…

p. 249
10
Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 29
2 citas
[10]

36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…

p. 29
[11]

36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…

p. 29
11
El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 296
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[12]

acaba de otorgar el Incora durante más de 14 años de existencia. Muchas de estas invasiones culminaron en la conformación de empresas comunitarias, que venían conformándose desde 1968, especialmente en los distritos de aparceros y arrendatarios y en los de adecuación de tierras, cuando el Incora cambia su política de…

p. 296
12
Un bosque de memoria viva, desde la Alta Montaña de El Carmen de BolívarCentro Nacional de Memoria Histórica, Carmen Andrea Becerra Becerra · 2018 · p. 110
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[13]

se fue- ron perdiendo las tierras “(….) ninguno [de los líderes] que se me- tieron en las tierras quedaron con nada, y los que sí la obtuvieron tienen actualmente “problemas graves porque no tienen título, [a pesar de] tener una familia y papás luchadores, por eso hoy una de las necesidades más grandes es la…

p. 110
13
La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 190, 252
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[14]

están dispuestos a comprar las tierras y cuando el campesino se quedo sin tierra, es un campesino que está condenado a la ruina. (Grupo focal/campesinos desplazados/despojo de tierras/masacres/Ma- ría La Baja, Bolívar/octubre de 2009). En la siguiente Tabla se representan por períodos de tiempo, las permanencias y…

p. 190
[16]

253 […]fue el mismo Nelson Martelo el que regaló el predio para que se hiciera el batallón […] pero vea lo interesante, el batallón está mirando es hacia los Montes de María… la pelea era por lo que estaba pasando allá. […] pero cuando llega el batallón nosotros como organización campesina peleamos y nos resistimos.…

p. 252
14
Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 617, 620
2 citas
[15]

de Infantería de Marina. La guerrilla tuvo presencia con el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y la Corriente de Renovación Socialista (CRS), desmovilizados en los primeros años de la década de los noventa; con el ELN y con las FARC-EP, que ingresaron a la región con los frentes 35 y 37 integrados al…

p. 617
[33]

Rebollo, fuera el nuevo alcalde del municipio. Se buscaba seguir asegurando el control del gobierno local 2001. Salvador Arana Sus, exgobernador de Sucre condenado por sus vínculos con el paramilitarismo 2002, sostuvo que fueron los mismos políticos los que comenzaron a buscar a las autodefensas para comenzar a hacer…

p. 620
15
La economía de los paramilitares: Redes de corrupción, negocios y políticaMauricio Romero Vidal (coordinador y editor), Ariel Fernando Ávila Martínez, Vilma Liliana Franco R., Ángela Olaya, Hernán Pedraza Saravia, Bernardo Pérez Salazar, Juan Diego Restrepo E., Diana Torres · 2011 · p. 122
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[17]

electorales" nunca se aliaron con éL Cuando "40" llega a Barranquilla no encuentra aceptación de las elites y los hechos así lo demuestran. Estructura financiera del bloque Montes de María o la captura de las rentas departamentales y municipales basadas en las regalías del petróleo a través de COOPSABANA Las…

p. 122
16
Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 318
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[18]

de la región, dentro de una estrategia de copamiento territorial y poblacional. Así, sur- gió el “Bloque Héroes de los Montes de María” de las AUC. El área de in fl uencia de este grupo paramilitar estuvo demarcada por los Montes de María, ubicados entre los Departamentos de Sucre y Bolívar 532. No obstante, varias…

p. 318
17
Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 132
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[19]

le reconozco que en muchos casos murieron inocentes, pero el contexto de la guerra nos llevaba a entrar a veces con miedo propio a los poblados. El combatiente de turno iba con una lista de un miliciano o un infiltrado. Y ya sabe usted. Entrábamos en la casa, y buscábamos un nombre. Ese nombre tiene familia. Mujer,…

p. 132
18
Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 126
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[20]

a mediados de los noventa por decisión del gobierno Samper, y Pastrana la había mantenido. Como se mencionó, secuestros y masacres incrementaban el desplazamiento forzado, que a principios del nuevo siglo ya se había convertido en la mayor crisis humanitaria en zonas como el sur de Córdoba, los Montes de María y los…

p. 126
19
No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 379
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[22]

por parte de Salvatore Mancuso estuvo motivada por una disputa política no con la insurgencia, sino con el líder liberal más importante de la región. Los paramilitares no mataron solo a quienes consideraban de izquierda, sino a los rivales de sus aliados políticos. Las masacres fueron el modus operandi en la región.…

p. 379
20
Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 188, 257
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[23]

Verdad Abier- ta de los Montes de María”). La incursión paramilitar en alianzas con terratenientes y po- líticos de la región, siguiendo el modelo del Urabá, llevó a un re- 230 Ramiro Vanoy, alias Cuco Vanoy, comandante del Bloque paramilitar Mineros ejercía el control territorial del Golfo de Morrosquillo a través…

p. 188
[31]

que en algunas de estas regiones se hayan creado estímulos e incenti- vos para implantar proyectos agroindustriales de gran escala (pal- ma, teca, etc.) y otros productos de tardío rendimiento, incluso a partir de recursos del Plan Colombia, como se ha documentado en los casos de los territorios de los Consejos…

p. 257
21
Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 85
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[24]

reclama gestionar acuerdos de paz con los Frentes Libardo Mora Toro y Ramón Gilberto Barbosa Zambrano, disidentes del proceso de paz con el EPL, en 1991 67. 67 Ver: Bluradio.com, 2015, Iniciar diálogos con disidencia del EPL, piden personeros del Catatumbo y Verdad Abierta.com, 2014, En Catatumbo reclaman mesa con…

p. 85
22
Arrasamiento y control paramilitar en el sur de Bolívar y Santander. Tomo II. Bloque Central Bolívar: violencia pública y resistencias no violentasAlberto Santos Peñuela (coordinador del informe y correlator), Luis Miguel Buitrago Roa, Juan Guillermo Jaramillo Acuña, Nicolás Otero González, Rodrigo Torrejano Jiménez · 2021 · p. 74
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[25]

población fue usada como dispositivo aleccionador; al respecto el CNMH (2013) describe: En su función de teatralización de la violencia (la masacre), lleva —desde la perspectiva del perpetrador— un mensaje aleccionador para la población. Con la disposición espacial de los cuerpos de las víctimas y las huellas de…

p. 74
23
Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 185
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[26]

grupos armados, en especial los paramilitares, construyeron sobre los motivos y fines de sus ac- ciones, como en el caso de la masacre de El Salado. En el informe sobre esa masacre, sus autores contribuyen a desmontar el estigma con el cual la Casa Castaño justificó semejante horror 99. Según el CNRR-GMH, la masacre…

p. 185
24
Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 526
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[27]

- praron predios de forma irregular (Eltiempo.com, 2010 noviem - bre 21, “La toma ‘para’ al Instituto Colombiano de Desarrollo Rural, INCODER”). Un Grupo Élite de la Superintendencia de Notariado y Registro se tomó la Oficina de Registro de Instru - mentos Públicos de Carmen de Bolívar, una vez destituida su di -…

p. 526
[28]

- praron predios de forma irregular (Eltiempo.com, 2010 noviem - bre 21, “La toma ‘para’ al Instituto Colombiano de Desarrollo Rural, INCODER”). Un Grupo Élite de la Superintendencia de Notariado y Registro se tomó la Oficina de Registro de Instru - mentos Públicos de Carmen de Bolívar, una vez destituida su di -…

p. 526
25
Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 518
1 cita
[29]

Convivir. 1033 Ver el tomo Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivas, del Informe Final de la Comisión de la Verdad. 1034 Ibíd, 368. hacia la paz territorial 519 Forjando Futuros, de 7.098 sentencias de…

p. 518
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Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 54
1 cita
[30]

dinero ante la falta de oportunidades en las localidades. El tema de la restitución de tierras a la población campesina desplazada es de alta importancia en Sucre. Sin embargo, en los Montes de María y en La Mojana 58 durante los últimos años se registra la compra masiva de predios ligada a inversión en mega -…

p. 54
27
Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 149
1 cita
[32]

of the other families continued to work on the farm risking their lives. On 24 December 2008 in the town of San Onofre, Martínez was approached by one of the demobilized combatants from the Bloque de los Heroes de los Montes de María who accused him of creating too much trouble for the paramilitary with his talk about…

p. 149
28
Carne es guerra. Veganismo y conflicto armado en ColombiaColectiva Dostristestigres, La Calderita Vegana · 2021 · p. 14
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[34]

palma africana es un cultivo de rendimiento tardío porque, a pesar de que es permanente, sólo empieza a ge - nerar frutos a partir del tercer o cuarto año. La extrac - ción del aceite debe realizarse máximo en las primeras 12 horas después de que el fruto ha sido recolectado, lo que exige la ubicación de una planta de…

p. 14
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Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · p. 150
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[35]

La política de restitución de tierras, que a mi entender es la pieza de mejor implementación en cuanto toca con las políticas agrarias que ha tenido el país hasta el momento, busca fundamentalmente facilitar la recuperación de las tierras de quienes han sido despojados a sangre y fuego en las últimas décadas o por la…

p. 150
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La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 129
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[36]

o de formalización de predios abandonados en nombre de los titulares de la acción, en los casos previstos en esta ley. 6. Pagar en nombre del Estado las sumas ordenadas en las senten- cias de los procesos de restitución a favor de los terceros de buena fe exenta de culpa. 7. Pagar a los despojados y desplazados las…

p. 129
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"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 418
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[37]

procesos muy delicados que están rela- cionados con restituciones de zonas de injerencia de narcotra fi - cantes, de bandas criminales y de las Farc (…) El tema es muy complejo tanto para nosotros como a las víctimas. En otros depar- tamentos han sido asesinados líderes de restitución, aquí gracias a Dios no ha pasado…

p. 418
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Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · p. 262
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[38]

de María, located in the coastal department of Sucre (toward the south of the former territory of Bolívar), the instrument is known by the name chuana. For the Kogi Indians, today situated in the Sierra Nevada of Santa Marta (on the other side of the Magdalena River, in a neighboring east- ern province), it is called…

p. 262
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¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 293
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[40]

mediante su reconstrucción, el reconocimiento de la estigmatización a la que fueron sometidos y la impunidad en las que quedan muchos de los crímenes que sufrieron. Es precisamente la lucha contra la impunidad y las labores de dignificación de la memoria de las víctimas y sus comu- nidades las que informan las…

p. 293