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Hecho histórico · Frente Nacional · 1958–1974

División de la ANUC en líneas Sincelejo y Armenia (1972)

En 1972, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos —la mayor organización rural de la historia colombiana— se fracturó en dos líneas antagónicas: la Sincelejo, mayoritaria y radical, y la Armenia, minoritaria y gobiernista. La escisión, detonada por el Pacto de Chicoral y la maniobra del gobierno de Pastrana, destruyó la autonomía campesina y convirtió al movimiento en campo de batalla de vanguardias externas.

División de la ANUC en líneas Sincelejo y Armenia (1972)
1972 (proceso iniciado en 1971, agudizado con el Pacto de Chicoral del 9 de enero de 1972 y prolongado hasta el Tercer Congreso Nacional de Bogotá en 1974)
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Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1972 (proceso iniciado en 1971, agudizado con el Pacto de Chicoral del 9 de enero de 1972 y prolongado hasta el Tercer Congreso Nacional de Bogotá en 1974)
Dónde
Bogotá, Sucre, Córdoba, Montes de María, Sur de Bolívar, Costa Caribe, Tolima, Sincelejo (Sucre), Armenia (Quindío), Chicoral (Tolima), Fúquene, Villa del Rosario de Cúcuta
Protagonistas
ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos), Misael Pastrana Borrero (presidente de Colombia, promotor de la división), Carlos Lleras Restrepo (fundador de la ANUC en 1967), Lauchlin Currie (ideólogo del modelo agrario capitalista adoptado en Chicoral), ANUC-Línea Sincelejo (fracción mayoritaria, radical, con influencia maoísta, trotskista e independiente), ANUC-Línea Armenia (fracción gobiernista, ligada al oficialismo y al Partido Comunista Colombiano), Partido Comunista Marxista-Leninista, PCML (tendencia maoísta dentro de la Sincelejo), Liga Socialista / Línea Morroa (tendencia trotskizante dentro de la Sincelejo), Partido Comunista Colombiano, PCC (vinculado a la Línea Armenia), MOIR, Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (izquierda maoísta legal con influencia en el movimiento), FARC, ELN, EPL (organizaciones guerrilleras que disputaron la dirección de la ANUC), Alberto Santofimio Botero (dirigente liberal del Tolima con base rural)
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Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. Firma del Pacto de Chicoral el 9 de enero de 1972, que consagró la contrarreforma agraria, cerró la vía institucional a la redistribución de la tierra y adoptó el modelo de agricultura capitalista de Lauchlin Currie, eliminando el horizonte de negociación que sostenía al sector moderado de la ANUC.
  2. Radicalización previa de la ANUC: la Plataforma Ideológica de Villa del Rosario de Cúcuta (julio de 1971) y el Mandato Campesino de Fúquene (agosto de 1971) declararon la autonomía de la organización frente al Estado y exigieron expropiación sin indemnización, rompiendo el marco tutelado con que Lleras la había creado.
  3. Maniobra gubernamental de Pastrana: suspensión del apoyo financiero estatal a la ANUC y promoción activa de la Línea Armenia como organización paralela y gobiernista, dotada de recursos oficiales y cuadros formados en programas estatales.
  4. Disputa de vanguardias marxistas y guerrilleras (PCML, Liga Socialista, PCC, FARC, ELN, EPL, MOIR) por controlar la dirección del movimiento campesino, convirtiendo a la ANUC en campo de batalla de proyectos políticos externos al campesinado.
  5. Contradicción constitutiva de origen: la ANUC nació tutelada por el Estado como instrumento de una reforma controlada, lo que dejó instalada desde el principio la tensión entre autonomía campesina y dependencia institucional que la escisión de 1972 resolvió de forma destructiva.
1972 (proceso iniciado en 1971, agudizado con el Pacto de Chicoral del 9 de enero de 1972 y prolongado hasta el Tercer Congreso Nacional de Bogotá en 1974)División de la ANUC en líneas Sincelejo y Armenia (1972)

Consecuencias

  1. Pérdida masiva de afiliados: cerca de 500.000 campesinos abandonaron las filas de la ANUC como consecuencia directa de la escisión; la Línea Sincelejo retuvo aproximadamente 300.000 afiliados y la Línea Armenia apenas 10.000.
  2. Destrucción de la ANUC como sujeto autónomo: el movimiento campesino más grande del siglo XX colombiano dejó de ser un actor unitario capaz de negociar o presionar como bloque, fragmentándose en facciones controladas por fuerzas partidarias y armadas externas.
  3. Consolidación de la contrarreforma agraria: sin una organización campesina unificada que la resistiera, el marco legal de Chicoral —incluida la Ley 6ª de 1975— quedó sin contrapeso social efectivo, perpetuando la concentración de la tierra en las zonas agrícolas centrales del país.
  4. Desplazamiento del campesinado hacia la colonización periférica, los barrios subnormales urbanos o las parcelas insuficientes de pancoger, como efecto estructural de la política agraria que Chicoral blindó al neutralizar la presión organizada.
  5. Agudización de la violencia contra líderes campesinos en los años setenta, en un contexto donde las élites propietarias veían el movimiento como punta de lanza comunista y las guerrillas disputaban su dirección, dejando a los dirigentes de base expuestos a amenazas de múltiples flancos.
  6. Precedente de cooptación y fragmentación que marcó la trayectoria de las organizaciones agrarias colombianas durante las décadas siguientes, dificultando la construcción de representación campesina autónoma frente al Estado y los actores armados.
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La clave interpretativa

Por qué importa

La escisión de 1972 es el momento en que la mayor movilización campesina de la historia colombiana se convierte en su propio sepulturero: el Estado la divide desde afuera con Chicoral y la Armenia, y las vanguardias marxistas la corroen desde adentro disputándose su dirección. Entender este quiebre explica por qué la cuestión agraria colombiana no encontró salida institucional en el siglo XX y por qué el campesinado terminó atrapado entre la contrarreforma latifundista y la cooptación guerrillera, dos fuerzas que lo usaron sin representarlo.
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Desarrollo histórico

La historia completa

División de la ANUC en líneas Sincelejo y Armenia (1972)

En 1972 la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos —la mayor organización rural que ha existido en Colombia, con cerca de un millón de afiliados en su punto más alto— se partió en dos. De un lado quedó la Línea Sincelejo, mayoritaria, radical, partidaria de continuar las tomas de tierra sin mediación estatal y apadrinada por sectores maoístas, trotskistas e independientes de izquierda; del otro, la Línea Armenia, minoritaria, gobiernista, ligada por afinidades al oficialismo conservador de Misael Pastrana Borrero y a sectores del reformismo liberal. La escisión coincidió con la firma del Pacto de Chicoral en enero de ese año, la clausura política de la reforma agraria y el retiro del apoyo financiero que el propio Estado había prestado a la ANUC desde su fundación. En pocos meses, la organización perdió cerca de medio millón de afiliados: la Sincelejo retuvo unos 300.000 y la Armenia apenas 10.000. La ruptura se prolongaría hasta el Tercer Congreso Nacional de Bogotá en 1974 y decantó a lo largo de la década. El campesinado colombiano dejó allí de ser sujeto autónomo de su propia lucha y pasó a ser terreno disputado por vanguardias externas, en el instante mismo en que el sistema político cerraba la vía institucional a la redistribución de la tierra.

El terreno del que brota la ruptura

La ANUC había sido creada en 1967 por el gobierno de Carlos Lleras Restrepo como el brazo organizativo campesino de su reforma agraria. La operación tenía una lógica precisa: el Frente Nacional necesitaba una base rural para desatascar la Ley 135 de 1961, atacada desde adentro por los sectores más influyentes de los dos partidos tradicionales, que sabotearon sistemáticamente cualquier redistribución seria. Lleras apostó por movilizar al campesinado desde arriba para presionar contra los latifundistas de su propia coalición; la ANUC fue el instrumento de esa apuesta. Nació tutelada: financiada por el Ministerio de Agricultura, con contactos institucionales, con dirigentes formados en cursillos oficiales.

Ese origen contiene ya la contradicción constitutiva del proceso. La organización creada para presionar por una reforma controlada terminó desbordando el marco previsto. Entre 1970 y 1971, con Lleras fuera del poder y Pastrana instalado en el Palacio de Nariño, la ANUC pasó a la ofensiva directa: las recuperaciones de tierras se multiplicaron en la Costa Atlántica —Sucre, Córdoba, los Montes de María, el sur del Bolívar— y en zonas del Tolima, el Valle del Cauca y el Cauca. La tutela original se rompió en la práctica antes de romperse en el papel.

En julio de 1971, en el Encuentro Nacional Campesino de Villa del Rosario de Cúcuta, la ANUC hizo pública su Plataforma Ideológica, documento de un radicalismo inequívoco: expropiación de los latifundios sin indemnización, contenido de clase explícito, articulación de la lucha reivindicativa con la solución estructural del problema agrario. Un mes después, en agosto, la Junta Directiva reunida en Fúquene aprobó el Mandato Campesino, que definió a la ANUC como una organización autónoma de campesinos asalariados, pobres y medios, comprometida con una reforma agraria integral y democrática. Autonomía frente al Estado que la había parido cuatro años antes: en pocos meses, la ANUC había dejado de ser lo que Lleras quiso que fuera. El Estado tomó nota.

El Pacto de Chicoral y el cierre de la vía institucional

El 9 de enero de 1972, en el pequeño corregimiento de Chicoral, Tolima, se firmó un acuerdo entre el gobierno de Pastrana, las bancadas parlamentarias de los partidos tradicionales y los gremios de la propiedad rural. El Pacto de Chicoral consagró un giro doctrinario: abandonar el enfoque redistributivo heredado de la Alianza para el Progreso y de la CEPAL, y adoptar en su lugar el modelo de agricultura capitalista moderna que Lauchlin Currie venía proponiendo desde su Operación Colombia. La lógica pastranista era otra: seguridad jurídica para la gran propiedad, estímulo a la agroindustria comercial, proteccionismo arancelario, y desplazamiento del campesinado sobrante hacia la colonización de baldíos periféricos o hacia los barrios subnormales de las ciudades.

El instrumento legal más citado de esa política fue la Ley 6ª de 1975, aprobada en la estela de Chicoral, que permitía adjudicar la propiedad al aparcero o arrendatario únicamente después de diez años de trabajo continuo sobre la tierra. La disposición revertía, en la práctica, los avances tímidos que la Ley 135 de 1961 y la Ley 1ª de 1968 habían logrado en materia de titulación. Chicoral fue una contrarreforma: no derogó la reforma agraria, pero la vació de contenido y le puso candado a la expropiación como herramienta.

Este cierre institucional operó sobre la ANUC como detonante. La organización que había pasado dieciocho meses radicalizándose en la Plataforma de Villa del Rosario y el Mandato de Fúquene se encontró, en enero de 1972, sin interlocutor estatal posible. La negociación con el gobierno dejó de tener sentido para una parte del liderazgo; para otra parte, precisamente porque la puerta se estaba cerrando, había que mantenerla entreabierta a cualquier costo. Ahí se articuló la fractura.

La maniobra gubernamental y la creación de la Línea Armenia

Pastrana no se limitó a firmar Chicoral. Su gobierno operó simultáneamente sobre la ANUC con dos movimientos: cortó el apoyo financiero que el Estado venía prestándole desde 1967 y promovió la creación de una organización paralela, que se conocería como ANUC-Línea Armenia por el lugar de su congreso constitutivo en la capital del Quindío. Esta fracción reunió a los sectores del liderazgo campesino más ligados al aparato ministerial, dispuestos a mantener la mediación institucional aun al precio de aceptar el nuevo marco contrarreformista.

La Armenia se construyó desde arriba, con recursos oficiales, cuadros formados en programas estatales y respaldo mediático. Su repertorio era el de la negociación: solicitar titulaciones, presionar por adjudicación de baldíos, canalizar créditos del Incora, evitar las tomas y aceptar los procedimientos legales fijados por Chicoral. Fue, en la práctica, la ANUC que Lleras había querido inicialmente, resucitada por Pastrana en un contexto donde ya no tenía sentido reformista alguno: la Armenia negociaba una redistribución que las nuevas leyes hacían imposible.

Su capacidad instrumental de sabotaje al sector rival fue, sin embargo, notable. En al menos un episodio documentado, la Línea Armenia invocó requisitos estatutarios sobre el número mínimo de comités veredales que debía acreditar cada delegación para participar en instancias directivas, calculando con precisión que sus oponentes de la fracción radical no los cumplirían. Emitió resoluciones deslegitimando a dirigentes contrarios por supuestas actividades divisionistas y por incumplimientos formales. Esas maniobras no consolidaron a la Armenia como fuerza propia —los 10.000 afiliados que reportó tras la escisión revelan su fragilidad social—, pero sí sirvieron al propósito gubernamental de embarrar el terreno organizativo de la ANUC mayoritaria y disputarle la representación legal.

Frente a la maniobra gubernamental, el sector mayoritario respondió con un congreso propio en Sincelejo, capital del departamento de Sucre. La escogencia del lugar no fue casual: Sucre había sido la vanguardia territorial de las recuperaciones de tierra desde 1970, con una densidad organizativa y una radicalización de base que ningún otro departamento igualaba. Sincelejo era, en el mapa mental del movimiento, sinónimo de lucha campesina.

El Congreso rechazó frontalmente las políticas agrarias de Pastrana, acordó continuar promoviendo las recuperaciones de tierra como método principal, y ratificó las orientaciones de Villa del Rosario y Fúquene. En su interior se debatieron dos consignas que resumían la tensión estratégica del momento: Tierra para quien la trabaja y Tierra sin patrones. La primera aludía al reparto de la propiedad entre productores directos, dentro de un horizonte de pequeña y mediana propiedad campesina; la segunda apuntaba a un cambio estructural más profundo, la abolición de las relaciones de subordinación agraria en su conjunto. El Comité Ejecutivo concilió ambas fórmulas con una distinción políticamente cargada: Tierra sin patrones sería el objetivo a largo plazo, Tierra para quien la trabaja la meta inmediata. Esa doble consigna resume el carácter híbrido de la Sincelejo. Era, por un lado, una organización de campesinos reales que peleaban por parcelas reales; por el otro, un espacio donde varias corrientes marxistas competían por dotar a esa pelea de un horizonte revolucionario. La convivencia funcionó mientras el enemigo común —Chicoral, Pastrana, la Armenia— fue nítido. Las fisuras internas vendrían después.

Los actores partidarios en la fractura

La escisión de 1972 no fue solo una disputa entre reformismo y radicalización; fue el momento en que la ANUC se convirtió en campo de batalla de las vanguardias marxistas colombianas, entonces en pleno auge organizativo.

En Sucre y Córdoba, particularmente en la región de Tomala, coexistían dentro de la ANUC-Sincelejo al menos tres tendencias definidas. El Partido Comunista Marxista-Leninista, de orientación maoísta y vinculado al proyecto guerrillero del Ejército Popular de Liberación, pugnaba por convertir a los usuarios campesinos en base de un proceso de guerra popular prolongada. La Liga Socialista, conocida en la región como Línea Morroa por su implantación en el municipio sucreño de ese nombre, aportaba una lectura trotskizante que privilegiaba la autonomía obrero-campesina y la construcción de poder popular desde abajo. Estaban también los independientes, dirigentes con espíritu de izquierda pero dispuestos a negociar con el Estado, herederos de las prácticas del liberalismo popular y del gaitanismo tardío. Las tres corrientes compartían la oposición al gobierno y a la Línea Armenia, pero no compartían proyecto: cada una veía en la ANUC el vehículo de una estrategia diferente.

A esas tendencias internas se sumaba la presión de fuerzas mayores que también aspiraban a controlar el movimiento campesino. El Partido Comunista Colombiano, formalmente adscrito a la Armenia por su tradición de mediación institucional pero con presencia militante en distintos frentes, tenía sus propios cuadros dentro y fuera de la ANUC; entre 1972 y 1976 conquistó 179 concejales y 12 diputados aprovechando su implantación rural, prueba de que la disputa por el campo no era solo asunto de guerrillas. Las FARC, entonces todavía enfocadas en la consolidación de sus zonas históricas del sur, veían la movilización campesina como caldo de cultivo para una insurrección popular en la que debían asumir la dirección; el ELN, replegado tras el desastre de Anorí, mantenía redes rurales en el nororiente; y el MOIR, brazo maoísta legal cercano al PCML pero con perfil propio, disputaba el terreno de la izquierda no armada. El intento simultáneo de todas estas fuerzas por apoderarse de la ANUC es una de las razones que exdirigentes campesinos identificaron después para explicar la división y el debilitamiento posterior.

El resultado fue paradójico. La Línea Sincelejo, presentada externamente como el bastión de la autonomía campesina frente a la cooptación gubernamental, era internamente el escenario de una cooptación distinta pero igualmente intensa: la de las vanguardias marxistas que pretendían dirigir al campesinado hacia horizontes definidos por fuera de él. En el bando opuesto, la Línea Armenia articulaba a los dirigentes campesinos ligados al Partido Liberal —figuras como Alberto Santofimio Botero en el Tolima llevaban años trabajando la base rural liberal— con los cuadros comunistas dispuestos a la mediación institucional y con los sectores del pastranismo interesados en desactivar la movilización.

Ninguna de las dos fracciones era, en rigor, expresión pura del campesinado. Ambas eran arenas donde fuerzas partidarias y armadas mayores libraban su propia guerra por la dirección política del país.

Cronología del quiebre

El proceso de división se despliega en un arco de aproximadamente dos años, entre finales de 1971 y comienzos de 1974, con hitos precisos.

Las tensiones internas eran ya visibles en el segundo semestre de 1971, entre el Encuentro de Villa del Rosario en julio y la Junta Directiva de Fúquene en agosto. Los sectores más moderados del liderazgo —los que después conformarían la Armenia— consideraron el radicalismo de la Plataforma un exceso que rompería el diálogo con el gobierno; los sectores radicales lo vieron como el paso necesario para dotar al movimiento de un horizonte propio.

El 9 de enero de 1972, la firma del Pacto de Chicoral cerró la vía institucional y volvió urgente la definición de estrategia. Durante los meses siguientes, la fractura se hizo pública. El gobierno de Pastrana suspendió el apoyo financiero a la ANUC y comenzó a promover la organización paralela. Se convocaron entonces los dos congresos rivales: la Armenia constituyó su fracción en la capital del Quindío, y la Sincelejo respondió con su propio cónclave en la capital sucreña, donde ratificó las orientaciones de Villa del Rosario y Fúquene.

Entre 1972 y 1974, ambas fracciones operaron por separado, cada una reclamando la representación legítima de los usuarios campesinos. El Tercer Congreso Nacional realizado en Bogotá en 1974 llevó las tensiones a su punto más agudo, aunque la ruptura práctica ya estaba consumada desde dos años antes. Después de 1974, cada línea siguió su curso: la Sincelejo, con sus contradicciones internas cada vez más visibles entre PCML, Liga Socialista e independientes; la Armenia, agonizando como aparato residual sin base real.

El saldo cuantitativo fue nítido: cerca de 500.000 campesinos abandonaron las filas de la ANUC como consecuencia directa de la escisión. La Sincelejo retuvo unos 300.000 afiliados; la Armenia contabilizó 10.000. El movimiento que había llegado a movilizar a un millón de familias rurales quedó reducido, sumadas ambas fracciones, a una tercera parte.

Las causas: estructurales y coyunturales

La escisión no obedeció a un solo factor. Se superpusieron la contradicción de origen, una serie de detonantes coyunturales y una fragmentación interna previa. Una organización nacida por decreto estatal para presionar una reforma controlada terminó desbordando su tutela cuando la reforma que le daba sentido fue saboteada desde el propio gobierno. La ANUC no tenía cómo resolver ese dilema sin romperse: o volvía a la tutela original, aceptando el marco cada vez más estrecho que le fijaban Pastrana y Chicoral, o rompía con el Estado que la había creado, exponiéndose a perder el respaldo institucional que había sostenido su expansión inicial. La escisión fue la traducción organizativa del dilema irresoluble: una fracción escogió cada uno de sus cuernos.

Sobre esa contradicción operaron, en cadena, tres detonantes coyunturales. Primero, la radicalización programática de 1971, con la Plataforma de Villa del Rosario y el Mandato de Fúquene, que hicieron políticamente insostenible la mediación gubernamental para los sectores moderados. Segundo, el Pacto de Chicoral en enero de 1972, que cerró definitivamente el horizonte institucional de la reforma. Tercero, la maniobra gubernamental deliberada: retiro del financiamiento, apoyo a la fracción paralela, hostigamiento judicial y policial a los dirigentes radicales. Cada uno de estos detonantes habría podido, por sí solo, generar tensiones; su superposición en un lapso de seis meses hizo la ruptura inevitable.

Por debajo —y este es el matiz que las narrativas heroicas suelen minimizar—, la ANUC ya estaba fragmentada por dentro antes de que Chicoral y Pastrana operaran sobre ella. La disputa entre las corrientes marxistas y los sectores liberales por el control de la organización precedía a la escisión formal y explica por qué la maniobra gubernamental encontró terreno fértil. Un movimiento internamente cohesionado habría podido resistir la operación externa; una organización que era ya, en 1971, un campo de batalla de vanguardias rivales, no.

La causalidad de 1972 funcionó como una pinza. La contrarreforma agraria y la maniobra gubernamental proporcionaron el detonante externo y los recursos organizativos para la ruptura, pero esa ruptura solo pudo consumarse porque la ANUC ya era internamente un espacio de disputa entre proyectos irreconciliables. Ni la iniciativa del Estado por sí sola, ni las pugnas internas por sí solas, explican la escisión. La explicación está en el punto donde ambas fuerzas se encuentran.

Represión y sostén internacional

La escisión no operó en el vacío. Bajo el gobierno de Pastrana, y especialmente desde finales de 1971 y comienzos de 1972, la represión estatal se concentró en las áreas más afectadas por las recuperaciones de tierra: la Costa Atlántica, particularmente Sucre y Córdoba, y algunas zonas del Tolima y el Valle. Miembros del movimiento fueron perseguidos y encarcelados, la desposesión de minifundistas y colonos se reanudó bajo formas administrativas, y los terratenientes locales recurrieron a pandillas privadas para desalojar invasores. Esta represión no era una novedad en la larga duración de las luchas agrarias colombianas —los años cincuenta habían enseñado hasta el extremo lo que podían hacer las armas privadas contra el campesinado organizado—, pero adquirió en 1972 un carácter específicamente dirigido a contener la Sincelejo.

En este contexto de asfixia institucional y hostigamiento, la Línea Sincelejo encontró un sostén externo que resultó decisivo para su supervivencia organizativa: la solidaridad internacional articulada a través de las redes que Orlando Fals Borda había construido desde los años sesenta. El sociólogo, entonces vinculado a la Fundación Rosca de Investigación y Acción Social, transfirió fondos de sus propios proyectos a la ANUC y facilitó contactos europeos que se convertirían en un flujo continuo de financiamiento. Fundaciones caritativas, organizaciones religiosas progresistas y sindicatos agrarios de Europa occidental empezaron a canalizar recursos hacia el movimiento campesino colombiano. En Holanda, un grupo de intelectuales colombianos y holandeses creó la organización Aktie Colombia, que publicaba anuncios en medios locales, recaudaba donaciones privadas para la ANUC y alentaba al público europeo a enviar cartas de protesta al gobierno colombiano por la represión. Este apoyo externo no compensó del todo el retiro del financiamiento estatal, pero permitió a la Sincelejo mantener una infraestructura organizativa mínima en los años más duros de la contrarreforma.

Aquí aparece una segunda paradoja del proceso. La Sincelejo, que se presentaba como el sector autónomo del campesinado colombiano frente a la cooptación estatal, dependía simultáneamente del respaldo económico de fundaciones europeas y de las orientaciones políticas de vanguardias marxistas con referentes internacionales soviéticos, cubanos y chinos. La autonomía real del campesinado seguía siendo, en 1972 como en 1967, más aspiración programática que realidad organizativa. Cambiaban los tutores; la condición tutelada persistía.

Dimensiones regionales de la fractura

La escisión se expresó de manera distinta en cada región, revelando que la ANUC nunca había sido una organización homogénea sino una federación de procesos locales con dinámicas propias.

En la Costa Atlántica —Sucre, Córdoba, sur del Bolívar, particularmente los Montes de María— la Sincelejo fue casi hegemónica. Ovejas, Corozal, San Onofre, Los Palmitos, Tolú, San Pedro y la propia Sincelejo funcionaron como núcleos de una densidad organizativa sin equivalente en el resto del país. En el municipio atlanticense de Piojó, el proceso organizativo tuvo raíces directas en el trabajo previo hecho en Ovejas, revelando la red subregional que unía a los municipios sucreños con sus vecinos del Atlántico. Fue en esta región donde las tres tendencias internas de la Sincelejo se disputaron más intensamente la dirección.

En el Valle del Cauca la división generó dos aparatos paralelos que operaron cada uno por su lado, principalmente en zonas de vertiente, con un trabajo ideológico intenso pero movilización de base más limitada que en la Costa. Tras el Tercer Congreso de 1974, el punto álgido se expresó en episodios como la toma de la Alcaldía de Riofrío en 1974 y la del hospital de Tuluá en 1975, cuando unos 300 campesinos y obreros vinculados a la fracción radical ocuparon el edificio. Fanal, sindicato católico de trabajadores agrícolas que en años anteriores había participado en ocupaciones junto a la ANUC, se distanció de la Sincelejo vallecaucana a raíz de sus posiciones cada vez más marxistas, ilustrando cómo la radicalización programática fragmentó incluso a los aliados originales. En el Cauca la política de la Línea Sincelejo estructuró buena parte del trabajo organizativo, y la crisis nacional se vivió allí con retraso, hacia finales de los setenta o comienzos de los ochenta. En el Tolima, en cambio, la presencia del liberalismo popular representado por dirigentes como Santofimio Botero mantuvo cierto peso, disputándole al PCML y al PCC la representación de las bases campesinas, en una región donde la larga memoria de la Violencia hacía pesar los alineamientos partidarios tradicionales más que en la Costa.

Hablar de la división de 1972 en singular es, en parte, una simplificación. Hubo muchas divisiones, con actores locales, tiempos y motivos específicos, articuladas por un mismo eje nacional pero traducidas de manera distinta en cada geografía.

Consecuencias y lección

La escisión marcó el comienzo del declive de la ANUC como sujeto político nacional. El movimiento no desapareció de inmediato —las tomas del Valle en 1974 y 1975, las movilizaciones costeñas de la segunda mitad de la década, la persistencia de núcleos en el Cauca lo prueban—, pero perdió su capacidad de operar como interlocutor nacional único del campesinado colombiano. Las políticas agrarias contrarreformistas se consolidaron a lo largo de los setenta y ochenta sin que ninguna organización campesina tuviera fuerza para revertirlas; la cuestión agraria, sin desaparecer de la agenda, dejó de ser la prioridad que había sido entre 1967 y 1971.

Las guerrillas ocuparon, en distintas regiones y momentos, el vacío organizativo que dejó la ANUC. Los Montes de María, donde en 1972 se había concentrado la vanguardia de la Sincelejo, se convirtieron en las décadas siguientes en escenario del conflicto armado más intenso del país, con presencia sucesiva de EPL, ELN, FARC y paramilitares. Dos vectores confluyeron en la violencia posterior contra líderes campesinos: la visión conspirativa de las élites propietarias que veían en el movimiento la punta de lanza de la revolución comunista, y la visión de las guerrillas que buscaban dirigir esa movilización como parte de un proceso de insurrección popular. La escisión de 1972 no causó directamente esta violencia, pero al debilitar al campesinado como sujeto autónomo lo dejó más expuesto a ser tratado, desde ambos lados, como pieza de una guerra que no había convocado.

Los intentos de reunificación en los años ochenta —cuando la crisis nacional de la ANUC se hizo evidente incluso para sus fracciones sobrevivientes— llegaron demasiado tarde y en un contexto ya dominado por la escalada del conflicto armado. La organización sobrevivió como marca y como red de dirigentes históricos, pero nunca recuperó la centralidad de sus años dorados.

La lección incómoda de 1972 es doble. Por un lado, muestra que un Estado dispuesto a cerrar la vía institucional a la redistribución de la tierra dispone de herramientas eficaces para desarticular la organización campesina: basta con firmar un pacto contrarreformista, retirar el financiamiento y bendecir a una fracción paralela. Por el otro, muestra que un campesinado convertido en escenario de disputa entre proyectos revolucionarios rivales carece de la cohesión necesaria para resistir esa desarticulación. La Sincelejo era mayoritariamente popular pero internamente fragmentada; la Armenia era orgánicamente débil pero institucionalmente favorecida. Ninguna de las dos pudo defender lo que la ANUC había prometido en Villa del Rosario y Fúquene: una organización autónoma de campesinos que peleara por una reforma agraria integral.

Chicoral y la escisión de 1972 clausuraron, en la práctica, el ciclo reformista de la cuestión agraria colombiana. La expansión guerrillera en zonas de frontera, el desplazamiento forzado, el paramilitarismo agrario, la concentración creciente de la tierra: todo lo que vino después se desplegó sobre el terreno que ese año dejó despejado, bajo la sombra larga de una derrota que nunca terminó de procesarse.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

22 documentos · 29 fragmentos
01¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 81, 832 citas
[1]y 1975; la mayoría de ellas entre 1970 y 1973, cuando el movimiento 130 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica el representante a la cámara Israel Santamaría, el senador Carlos Toledo Plata y un grupo de guerrilleros urbanos encabezados por Jaime Bateman Cayón, escindidos de las FARC, en 1974 conformaron…p. 83
[22]bipartidismo y de los canales institucionales diseñados para ello, poniendo incluso en riesgo la fórmula de alternación en el poder en la reñida competencia electoral por la Presidencia de la República entre el candidato oficialista y el de la Alianza Nacional Popular, ANAPO, en 1970. Por su parte, la ampliación…p. 81
02Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 538, 5422 citas
[2]rechazo a las políticas agrarias del gobierno de Pastrana Borrero, acorda- ron seguir promoviendo la recuperación de tierras y debatieron cuál de las siguientes consignas era más adecuada para el movimiento campesino: “Tierra para quien la trabaja” o “Tierra sin patrones”. Finalmente, el Comité Ejecutivo de la ANUC…p. 542
[11]los programas de colonización del INCORA (como sustituto de la reforma agraria redistributiva) y pidieron la reducción del plazo exigido para que la tierra inculta en manos privadas volviera al dominio del Estado para su entrega a los cam- pesinos sin tierra. Adicionalmente, aprobaron estas peticiones: que los…p. 538
03Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 661 cita
[3]para seguir defendiendo nuestro territorio ancestral». 146 Informe 262-CI-00390. Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec) y Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), «El genocidio silencioso del puebo Embera Chamí de Caldas». de las guerrillas liberales a la efervescencia social (1958-1977)…p. 66
04Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 6511 cita
[4]que fue un pañito de agua que se dio con el gobierno de Carlos Lleras. Y ya con el gobierno de Misael Pastrana hubo un reversazo, porque [...] se dio el acuerdo de Chicoral, y en el acuerdo de Chicoral se reversó toda la política de equidad en el campo, de reforma agraria» 2123. Estos antecedentes son clave para…p. 651
05Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 292 citas
[5]36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…p. 29
[6]36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…p. 29
06Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 3571 cita
[7]departamentos de Tolima, Antioquia, Huila, Cauca, Valle y Cundinamarca. Muy poco tiempo después, el gobierno de Pastrana iniciaría la contrarreforma agraria con la Declaración de Chicoral, un pacto bipartidista sobre el proyecto de modificación de la Ley de Reforma Agraria que fomentó la división del movimiento…p. 357
07Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 541 cita
[8]El argumento principal de este capítulo es que la firma del pacto de Chicoral en 1972 y el establecimiento for- mal de las FARC (1964-1966) y del ELN (1965) no fueron coinciden- cias. El pacto de Chicoral y los movimientos guerrilleros representan dos respuestas diametrahnente opuestas a la misma crisis institucional…p. 54
08Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 40, 442 citas
[9]la ANUC. En ellos la Asociación rechazaba la colonización como substituto de la reforma agraria, exigía la extinción del domi- nio de tierras privadas incultas y la expropiación del latifundio, ade- más de los apoyos estatales para elevar el nivel de vida campesino. El Mandato Campesino de la ANUC, aprobado por la…p. 40
[19]corte maoísta, la Liga Socialista o por muchos conocidos como la «Línea Morroa», y los llamados «independientes» con un espíritu de izquierda pero con claras intenciones de nego- ciación con el Estado. La violencia padecida por líderes campesinos en los seten- ta tuvo dos factores contribuyentes, según la…p. 44
09La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 1521 cita
[10]de usar y abusar dé ella en un recurso escaso está superado, es un concepto obsoleto, si nosotros queremos salvar vir tudes y valores esenciales de la vida de la comunidad, si queremos salvar el concepto de la libertad, el de la familia, si queremos salvar el status de lo que es fun damental para el hombre y…p. 152
10"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · p. 1761 cita
[12]por jornaleros asalariados y minifundistas, que afectaron fi ncas de la zona plana. En la ocupación de tierras también participaron campesinos a fi lia- dos a Fanal, organización que años más tarde se distanció de los planteamientos radicales de la ANUC, línea Sincelejo. 176 “Patrones” y campesinos: tierra, poder y…p. 176
11Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 250, 2552 citas
[13]el Corrinche, el Collao, el Bolaeburro y el Chinéculeco, los mismos que han encontrado pedazos de cerámica roja puyada que debieron ser de los antiguos zenúes. Con estos niños y otros, todos hijos de luchadores por) la tierra. El pase de lista es heroico y constituye un reflejo de la condición agitacional…p. 255
[15]la rutina teórica que ha surgido de los estudios generales de la Violencia y se adelanta en la comprensión de sus factores y condiciones reales. Puede ser que continúe esta saludable tenden- cia de regionalizar el estudio de tan importante proceso. Cf. Russell W. Ramsey, "Critical bibliography on La Violencia in…p. 250
12Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 951 cita
[14]pacifying existing militant peasant and guerrilla groups (Rudqvist 1983). The same law also created the Colombian Institute for Agrarian Reform (Instituto Colombiano para la Reforma Agraria, or INCORA). Mostly in the early 1970s, INCORA bought up farms totalling 472,470 hectares and distributed land to 30,000 families…p. 95
13La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 220, 2352 citas
[16]ciones con el Estado, se adhieren a la línea oficial, entonces incidió para acabar de aplastar a la organización. (Hombre/aAdulto/dirigente campesino/ Los Palmitos/ Sucre/septiembre de 2009). 139 Ibídem Grupo de Memoria Histórica de la cnrr 222 Otra de las razones de la división fue la búsqueda de coopta- ción de la…p. 220
[18]presupuesto que sus oponentes no tenían estructurados comités veredales, lo cual les impediría participar en el mismo: «No puede organizarse una asociación municipal si tiene me- nos de los comités veredales establecidos por el reglamento, no puede organizarse una asociación departamental si tiene menos de los comités…p. 235
149 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 591 cita
[17]su Congreso de 1988, donde un sector trató de liderar una posición más abierta a una negociación basada en parte en el fracaso del paro de octubre de 1987. Ese sector, años después, se separaría y se estructuraría como Corriente de Renovación Socialista y firmaría en 1994 un acuerdo de paz con el Gobierno. 27 — Para…p. 59
15Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3581 cita
[20]de Ubaté, en torno a la laguna de Fúque- ne. Una de las características de estas ocupaciones, con las que también tu- vieron lugar en febrero y octubre de 1971, fue afectar propiedades de per- sonalidades muy conocidas: políticos, obispos y hasta una del propio ministro de Agricultura. Varios intereses se con- jugaban…p. 358
16Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 931 cita
[21]Revolucionario (MOIR), hasta las guerrillas, que emergieron en ese contexto de democracia restringida. Las FARC, el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) tuvieron influencia en ese amplio y plural campo de la izquierda. Eran tiempos revolucionarios en los cuales la lucha…p. 93
17Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2371 cita
[23]Partido Comunista no pudo evitar que muchos de sus militantes formaran grupos disidentes. Este desangre de la militancia hizo que muchos de sus dirigentes se resignaran a acoger la lucha guerrillera bajo sus banderas. La reticencia era sin embargo evidente, y los disidentes acusaron al pc, entre 1963 y 1972, de “…p. 237
18The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 122, 1252 citas
[24]a moment and again later in this book. The second component of Pastrana's policy of restraint of the peasant movement was increasing repression, which, since late 1971 and early 1972, was directed especially to the areas that had been most affected by the land invasions. Repression, of course, was nothing new. There…p. 122
[29]La Rosca, was coordinating a number of community projects at the grass-roots level in Cordoba and other areas. 4 Fals Borda unreservedly helped the usuarios, transferring funds from his own projects and offering his contacts with European sources. 5 Starting with these contacts, ANUC developed solid links with many…p. 125
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 881 cita
[25][...] Era un movimiento de mucha fuerza en el suroeste, [de Antioquia] entoes había un ejercicio de solidaridad para recuperar esas tierras. Yo recuerdo que siendo muy niño yo iba y me trasnochaba en todo ese asunto porque nos metíamos a una finca en la noche, ¿cierto?; en una noche todo lo teníamos ya muy planeado,…p. 88
20Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 1251 cita
[26]se desarrolló trabajo bajo la política de la lí- nea Sincelejo, aunque eso no significó que desapareciera la llama- da ANUC oficial o gobiernista. Claro, eso pasó por la crisis de la ANUC que se dio desde los años setenta, aunque aquí eso se vivió más tarde. Eso entra en una crisis por ahí tipo, yo creo que, por ahí…p. 125
21La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 1021 cita
[27]el corazón de los Montes de María, ade- más de permitir el acceso y la disposición de agua en una región seca y caliente. Sin embargo, es importante aclarar que no se trata de una geografía como la que habitualmente se asocia con una 62 Ibíd. Grupo de Memoria Histórica 102 zona de retaguardia estratégica desde el…p. 102
22Campesinos de tierra y agua: memorias sobre sujeto colectivo, trayectoria organizativa, daño y expectativas de reparación colectiva en la región Caribe 1960-2015. Campesinado en el departamento del AtlánticoCarmen Andrea Becerra Becerra, John Jairo Rincón García · 2017 · p. 231 cita
[28]fin de en- frentar los problemas que ya se venían venir con respecto a los servicios que se prestan y a las dificultades que habían, más que todo para vender la producción que se sacaba, la asistencia técnica, todo lo que en ese momento se estaba convirtiendo en problema (…) cuando arrancó la ANUC aquí a nivel de…p. 23