Idea · Nueva Granada
Proteccionismo
El proteccionismo en Colombia fue, entre 1810 y 1900, la disputa material sobre qué tipo de país sería la Nueva Granada: artesanos, comerciantes, hacendados y funcionarios pelearon por el control de tarifas aduaneras, estancos y monopolios fiscales heredados de la Corona, decidiendo quién produciría qué y bajo qué condiciones el país se conectaría con el mercado mundial.
Trayectoria de una idea
- 1781
Revolución de los Comuneros: primer rechazo al proteccionismo colonial invertido
- 1826
Arancel de Gran Colombia: el proteccionismo fiscal republicano
- 1840
Pico arancelario santanderista: protección de hecho sin doctrina proteccionista
- 1847
Reforma arancelaria de Florentino González: ruptura librecambista
- 1849
Elección de José Hilario López: victoria electoral del proteccionismo popular
- 1854
Golpe de Melo: derrota definitiva del proteccionismo artesano-militar
- 1870
Balance del librecambio: 320.000 artesanos y la ruina progresiva
La lectura
El proteccionismo colombiano no nació como doctrina sino como herencia: la Corona española había construido un Estado rentista sostenido por estancos y alcabalas, y la República independiente no supo —ni pudo— reemplazar esa arquitectura fiscal con instrumentos modernos. Durante décadas, las tarifas altas fueron protección accidental, no programa industrialista. La ruptura de 1847 convirtió esa ambigüedad en conflicto abierto: Florentino González aplicó con rigor doctrinario la división internacional del trabajo, condenando a la Nueva Granada al papel de exportadora de materias primas y desprotegiendo a los 320.000 artesanos que representaban casi una cuarta parte de la población activa. La respuesta artesanal —organización gremial, alianza política con los draconianos, influencia electoral decisiva en 1849, respaldo al golpe de Melo en 1854— fue la forma más intensa que tomó el proteccionismo popular en el siglo XIX colombiano, y su derrota militar y política dejó el campo libre al librecambio durante casi dos décadas. El trauma de esa derrota no desapareció: reapareció en la Regeneración de Rafael Núñez y en el arancel de 1905, cada vez como respuesta a la frustración del ciclo exportador anterior, confirmando que el proteccionismo fue menos una política económica coherente que la expresión recurrente del agravio de quienes quedaban excluidos del pacto agroexportador.
El proteccionismo en Colombia
El proteccionismo en Colombia no es una doctrina económica que pueda leerse en los manuales del siglo XIX ni un capítulo cerrado de la historia arancelaria: es el nombre que llevó, durante casi un siglo, la disputa material sobre qué tipo de país sería la Nueva Granada. Entre 1810 y 1900, artesanos urbanos, comerciantes importadores, hacendados agroexportadores y funcionarios de hacienda pelearon por el control de las tarifas aduaneras, los estancos y los monopolios fiscales heredados de la Corona; en esa pelea se decidieron cosas mayores que los porcentajes ad valorem: quién produciría qué, qué renta sostendría al Estado y bajo qué condiciones el país se conectaría con el mercado mundial. El proteccionismo fue, en ese sentido, menos un programa industrialista coherente que la forma recurrente en que los sectores excluidos del pacto exportador expresaron su agravio. Su derrota emblemática de 1847-1854 no lo extinguió: lo transformó en trauma fundacional que reapareció en la Regeneración de Núñez y, más tarde, en el arancel de 1905, cada vez como respuesta a la frustración del ciclo exportador anterior.
La herencia colonial: estancos, alcabalas y la fábrica de un Estado rentista
Para entender qué se disputaba en el siglo XIX hay que empezar antes. La Corona española había construido en la Nueva Granada un Estado acostumbrado a extraer renta por dos vías: los estancos —monopolios de producción y venta sobre el tabaco y el aguardiente— y las alcabalas, gravámenes sobre las transacciones internas. Hacia 1800-1810, los estancos de tabaco y aguardiente producían cerca de 770.000 pesos anuales, aproximadamente el 32% de los 2,4 millones que ingresaban a las cajas reales. A esto se sumaba la prohibición explícita de producir en la colonia textiles que compitieran con los que llegaban de la metrópoli, y una carga tributaria que, en el pico de las reformas borbónicas, pasó del 2,9% al 10,4% del producto colonial.
Ese diseño fiscal produjo dos efectos duraderos. Generó, primero, resistencia: la Revolución de los Comuneros de 1781 estalló en la provincia del Socorro contra los nuevos gravámenes borbónicos —la baja del precio de compra del tabaco a los campesinos, el alza en la venta, la represión de las siembras "ilegales"—, y los manifestantes destruyeron los bienes de los estancos de licor y tabaco y organizaron comités revolucionarios. Moldeó, además, al Estado que heredaría la República: un aparato acostumbrado a vivir del comercio y de los monopolios, incapaz de imaginar la fiscalidad sin aduanas ni estancos.
Ese condicionamiento marcó incluso a los reformadores más radicales de la independencia. El plan que Antonio Nariño esbozó en el período preindependentista proponía suprimir los estancos y las alcabalas internas, sustituyéndolos por un impuesto directo de capitación igual para toda la población. Pero cuando la República de la Nueva Granada se organizó, mantuvo el estanco del tabaco, los diezmos agrícolas y buena parte del andamiaje colonial. En 1836, casi tres décadas después de la independencia, Francisco de Paula Santander tuvo que pedirle a la Legislatura que no suprimiera el estanco del tabaco —a diferencia de Venezuela, que lo había eliminado en 1834— con el argumento pragmático de que no era practicable sustituirlo por otras contribuciones de igual rendimiento. La modernidad fiscal se estrellaba contra la aritmética del erario.
Hubo también una economía informal que la Corona nunca controló y que preparó el terreno del debate republicano. Los barcos españoles tocaban con tal escasa frecuencia los puertos de Santa Marta y Riohacha que sus habitantes se vieron forzados a comerciar de manera ilícita con británicos, holandeses y franceses. Cuando llegó la independencia, esas redes de contrabando —protoformas del librecambio— ya tenían décadas de rodaje.
Del arancel bolivariano a la prudencia santanderista
La República no rompió con el mercantilismo colonial: lo administró. El arancel de 1826, promulgado bajo la Gran Colombia, impuso derechos entre el 7,5% y el 36% sobre la mayoría de las importaciones. Era, ante todo, un arancel fiscal: buscaba renta, no proteger manufacturas. Y no podía ser de otro modo. Ese mismo año, el Congreso de Cúcuta abandonó el experimento de establecer un impuesto sobre la renta, derrotado por la falta de estadísticas confiables y las deficiencias de los funcionarios de hacienda. Sin catastro, sin registros, sin capacidad administrativa para gravar la propiedad o los ingresos, el comercio exterior quedó condenado a soportar la carga fiscal del Estado republicano.
Sobre esa restricción estructural se construyó lo que suele leerse, con anacronismo, como una política proteccionista. Santander y José Ignacio de Márquez mantuvieron durante los años treinta y comienzos de los cuarenta tarifas altas —aunque menores que las coloniales— por razones ante todo fiscales. El arancel ad valorem promedio fue del 22% durante la década de 1830 y subió al 27% en la primera mitad de la de 1840. Algunos bienes agrícolas clave llegaban a niveles asombrosos: el azúcar era de importación prohibida hasta 1847, el arroz pagaba el 173% sobre su precio en puerto, la harina el 63% y la manteca de cerdo el 70%. Que esos gravámenes protegieran de hecho a productores nacionales es probable; que hayan sido diseñados con esa intención es otra cosa. Nadie los concibió como instrumento proteccionista deliberado: eran, ante todo, necesidad recaudadora.
En esa neblina entre fisco y protección se movía el país cuando emergió, dentro del propio círculo santanderista, una corriente teórica que sí quería romper con el modelo. La reducción brusca de las tarifas había sido propuesta casi exclusivamente por los ideólogos más doctrinarios del grupo, aunque el propio Santander no la compartía. Uno de esos ideólogos —Florentino González— tendría, veinte años después, la ocasión de aplicar la doctrina.
1847: la reforma de Florentino González y la ruptura librecambista
La fecha canónica del giro es 1847, cuando Tomás Cipriano de Mosquera, presidente de la Nueva Granada, nombró a Florentino González secretario de Hacienda. González —abogado, antiguo santanderista, uno de los pocos colombianos del período con formación económica sistemática— llegó al ministerio con una convicción articulada que no dejaba lugar a matices. Defendía un librecambio absoluto fundado en la división internacional del trabajo: unas naciones estaban destinadas a ser agrícolas y exportadoras de materias primas, otras a ser manufactureras e industriales. La Nueva Granada, sostenía, pertenecía sin ambigüedad al primer grupo.
La reforma arancelaria de 1847 tradujo esa doctrina en cifras. Los derechos sobre telas ordinarias —el principal producto que competía con la artesanía neogranadina— cayeron a la mitad o menos de sus niveles anteriores; los de telas finas se redujeron entre un 20% y un 30%. Como contrapartida, se gravaron por primera vez las importaciones de herramientas: un gesto congruente con la doctrina, pues el país agrícola requería mano de obra y no maquinaria manufacturera.
El cambio fue tan abrupto que sorprendió incluso a quienes conocían el ideario de González. Los gobiernos anteriores habían mantenido tarifas altas por prudencia fiscal; Mosquera y su ministro decidieron confiar en que el naciente boom exportador —encabezado por el tabaco, cuyo monopolio se modificaría pronto— compensaría la caída de la renta aduanera. Detrás del cálculo económico había un cambio civilizatorio más profundo: la Nueva Granada estaba dejando atrás la órbita española y entrando decididamente en la influencia inglesa, con su gramática del laissez-faire, sus casas comerciales en los puertos y su navegación a vapor por el Magdalena.
Hay algo que la historiografía maniquea suele borrar: el librecambio no era doctrina de un partido. Los principios del laissez-faire estaban ampliamente aceptados entre los dirigentes de ambos bandos. Conservadores como Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro los defendieron con tanto entusiasmo como los liberales más doctrinarios. La diferencia entre los partidos no residía en la conveniencia del libre comercio, sino en si esos principios debían aplicarse también al ámbito religioso, educativo y de las órdenes civiles. Por eso el debate proteccionista real no se dio entre partidos formales sino en un plano transversal: quienes vivían del comercio importador y de la agroexportación —de cualquier color— contra quienes producían para el mercado interno.
Los artesanos: la base material del proteccionismo popular
Ese sector productor era numéricamente enorme y políticamente subestimado. Hacia 1870, cuando se pudo hacer un cálculo agregado, había en Colombia unos 320.000 artesanos, fabricantes y artistas: aproximadamente el 23% de una población activa de 1,5 millones sobre un total nacional de 2,89 millones de habitantes. Casi una de cada cuatro personas ocupadas producía manufacturas por métodos artesanales.
Pero la cifra oculta la fragilidad. El 71% de esos artesanos eran mujeres que trabajaban en el hogar, no en talleres separados con división del trabajo. La artesanía colombiana era, en su forma predominante, una actividad doméstica de baja especialización: hilado, tejido, costura, elaboración de alimentos y jabones ejecutada por mujeres en la casa, muchas veces como complemento al trabajo agrícola. No era, salvo en núcleos urbanos como Bogotá o Socorro, un protoproletariado manufacturero en tránsito hacia el capitalismo industrial. Esa constatación es incómoda para la lectura épica del proteccionismo popular, porque sugiere que la estructura productiva artesanal difícilmente habría resistido la industrialización con o sin libre comercio.
La evidencia arancelaria confirma la sospecha. Los derechos sobre textiles importados en barcos extranjeros habían oscilado entre el 17% en 1831 y el 20% en 1840; incluso con esa protección, los artesanos no podían competir con las manufacturas europeas. Cuando en 1847 los derechos se redujeron a la mitad, la competencia se volvió abrumadora, pero el problema estructural no era solo arancelario. La navegación a vapor por el Magdalena —introducida en las décadas centrales del siglo— transformó los costos de transporte. Aunque las tarifas de flete de los vapores no eran mucho más bajas que las de los champanes, la mayor velocidad y seguridad redujeron sustancialmente los costos totales, haciendo llegar las telas de Manchester a Bogotá y Popayán a precios contra los que ninguna hiladora doméstica podía sostenerse. Los artesanos enfrentaban un cambio tecnológico global que no podían controlar y una política arancelaria que los abandonaba en el peor momento.
Sociedades Democráticas, draconianos y gólgotas
La reforma de 1847 despertó rápidamente lo que había estado latente. En octubre de ese año, escasamente cuatro meses después de aprobada, los artesanos de Bogotá empezaron a organizarse en defensa de sus ocupaciones. La Sociedad de Artesanos de Bogotá contaba en 1847 con 300 miembros; a finales de 1849 tenía 1.500. En algún momento cambió su nombre a Sociedad Democrática, y con el cambio de nombre viró también su naturaleza: dejó de ser un gremio en busca de protección aduanera para convertirse en un actor político con agenda propia.
Ese giro tuvo consecuencias electorales inmediatas. En la elección presidencial del 7 de marzo de 1849 —resuelta por el Congreso al no haber vencedor en las urnas— los artesanos organizados y las Sociedades Democráticas fueron decisivos para inclinar la balanza a favor de José Hilario López. Florentino González, autor de la reforma que había desatado la protesta, obtuvo tan pocos votos en las elecciones cantonales que ni siquiera figuró en la terna que el Congreso debía dirimir. La derrota simbólica del arquitecto del librecambio a manos de sus víctimas fue el primer indicio de que la política colombiana tendría, en adelante, un componente popular que no podía ignorarse.
Dentro del Partido Liberal, el conflicto cristalizó en dos facciones. Los gólgotas —jóvenes doctrinarios inspirados en el liberalismo europeo de 1848— representaban los intereses de los comerciantes importadores y defendían el librecambio como principio no negociable. Los draconianos —más viejos, más pragmáticos, más cercanos a los sectores populares urbanos— representaban a manufactureros y artesanos y defendían el proteccionismo. Los conservadores oscilaban en función de sus alianzas regionales y sus negocios particulares, pero rara vez articularon una posición proteccionista sistemática: sus élites vivían de la exportación agrícola tanto como las liberales.
La tensión se cocinó lentamente. Bajo el gobierno de José María Obando, en 1853, una nueva reducción de tarifas volvió a echar leña al fuego. En Bogotá estallaron tumultos callejeros: en uno de ellos murió un joven llamado Antonio París a manos de Nepomuceno Palacios, que fue ejecutado. La violencia dejó de ser retórica.
Melo, 1854: la insurrección artesano-militar y su derrota
El 17 de abril de 1854, el general José María Melo —comandante de la guarnición de Bogotá, próximo a los círculos draconianos y a las Sociedades Democráticas— dio un golpe militar. Su gobierno duró pocos meses. Contó con el apoyo de las Sociedades Democráticas y de artesanos armados, pero enfrentó desde el primer momento una coalición insólita: generales conservadores y liberales, enemigos entre sí, se unieron para derrocarlo y recuperar el poder. El establecimiento político tradicional cerró filas contra la alianza artesano-militar y la aplastó.
La derrota tuvo un peso que trascendió lo inmediato. No solo cayó Melo: cayó la posibilidad de que los artesanos organizados fueran un factor autónomo en la política nacional. Los draconianos quedaron desprestigiados por su vínculo con el golpe; las Sociedades Democráticas se dispersaron; el liderazgo artesanal perdió su capacidad de convocatoria. La doctrina librecambista quedó implantada casi sin oposición organizada en el terreno de la política práctica, aunque su hegemonía ideológica sería más limitada de lo que su triunfo militar sugería.
Los artesanos y sectores draconianos habían acusado a los librecambistas de defender una doctrina egoísta y perjudicial para la manufactura nacional, identificándola con la escuela de Jean-Baptiste Say —la vertiente más doctrinaria del liberalismo económico francés—. Pero perdieron la batalla intelectual junto con la militar: las teorías proteccionistas de Friedrich List, que en Alemania y Estados Unidos daban sustento a proyectos industrialistas contemporáneos, no parecen haber tenido influencia directa sobre los proteccionistas colombianos antes de 1930. No hay huella de List en los textos del período. El proteccionismo neogranadino era demanda social sin doctrina sólida que la respaldara, y por eso su derrota fue tan completa.
La Era Radical: hegemonía librecambista y auge exportador efímero
Entre 1850 y 1878, con Manuel Murillo Toro, Salvador Camacho Roldán y los radicales como figuras centrales, Colombia vivió el ciclo más consistentemente librecambista de su historia decimonónica. El sistema tributario surgido de las leyes de 1850 y 1851 continuó vigente hasta la década de 1880 y constituyó la base fiscal de la organización política federal consagrada en la Constitución de Rionegro de 1863.
Bajo la administración de José Hilario López, con Murillo Toro como secretario de Hacienda, se ejecutó una de las decisiones más consecuentes del período: la modificación primero, y la supresión después, del monopolio estatal del tabaco. La liberación del cultivo impulsó un boom exportador que transformó el paisaje del Magdalena Medio, dinamizó la navegación a vapor y produjo, por primera vez desde la independencia, una vinculación efectiva de Colombia con el mercado mundial. A ese ciclo se sumaron sucesivamente la quina, el añil, el algodón y el café. De todos, solo el café sobrevivió.
El resto fueron booms efímeros. La quina cayó cuando los cultivos asiáticos —de mejor calidad y menor costo— desplazaron al producto silvestre colombiano. El añil sucumbió a los tintes sintéticos alemanes. El algodón nunca alcanzó escala competitiva. Cada auge se hundió por una combinación de escasez de capitales, técnicas rudimentarias y altos costos de transporte: los productos colombianos llegaban a los puertos europeos encarecidos por el trayecto interno y con calidades irregulares que la libra comercial castigaba sin piedad. A fines de la década de 1870, según observaba desde La Habana el ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros en 1880, el comercio exterior de Colombia habitualmente se ubicaba por debajo del séptimo u octavo lugar entre los países latinoamericanos.
El auge exportador tuvo, con todo, un efecto fiscal favorable. El aumento del volumen comerciado incrementó los ingresos aduaneros del gobierno central, que hacia la década de 1860 había recuperado los niveles de recaudación de la de 1840 pese a la reducción nominal de tarifas. Los radicales pudieron sostener, con esa evidencia en la mano, que el librecambio no arruinaba las finanzas públicas. Persistía, sin embargo, la conciencia interna de que las aduanas seguían siendo una necesidad fiscal transitoria que impedía la plena aplicación del ideal liberal: incluso en el corazón del librecambismo, nadie se atrevió a proponer la abolición de las tarifas.
Las reformas liberales tuvieron otro costado, menos discutido en los debates arancelarios pero decisivo en la estructura social. La disolución de los resguardos indígenas y otras medidas de 1850-1851 facilitaron que particulares accedieran a grandes extensiones de tierra y beneficiaron a una élite agraria. El librecambio no fue solo una política comercial: fue el correlato de una reorganización de la propiedad que produjo, en el largo plazo, la gran hacienda cafetera. Los artesanos habían sido derrotados en 1854; los indígenas comuneros, en la mesa notarial durante los quince años siguientes.
Miguel Samper y la crítica desde adentro
No todo el librecambismo fue triunfalismo. Hacia el final del ciclo radical, Miguel Samper —hermano del historiador y político José María Samper, con quien compartía las mismas fuentes intelectuales, incluyendo a Tocqueville— produjo la crítica más lúcida desde el propio campo liberal. Se distinguía de su hermano por un mayor realismo y por la ausencia del elemento romántico en sus análisis. Junto con Rafael Núñez y Manuel Ancízar, representó el esfuerzo por conciliar el liberalismo de ascendencia francesa —doctrinario, abstracto, revolucionario— con un liberalismo de orientación inglesa, más pragmático, atento a las instituciones y a las condiciones materiales.
Ese neoliberalismo criollo fue el laboratorio intelectual del que salió, transformada por la coyuntura, la Regeneración. Cuando hacia 1880 quedó claro que los booms exportadores habían sido flor de un día, que Colombia no lograba vincularse establemente al mercado mundial y que las reformas liberales mostraban signos claros de fracaso económico, Núñez y su círculo dispusieron de una crítica ya elaborada para ofrecer una alternativa.
La Regeneración: proteccionismo como retórica y proyecto cafetero
En 1878 Rafael Núñez llegó a la presidencia y abrió el ciclo que él mismo llamaría "Regeneración", culminado políticamente en la Constitución de 1886. En su primer gobierno (1880-1882) impulsó un giro económico que la historiografía suele leer como retorno del proteccionismo. La lectura tiene fondo de verdad, pero el detalle la complica.
Se estableció un recargo arancelario para artículos cuya producción interna se quería fomentar —ropa, muebles, cerillas—, se rebajaron gravámenes para materias primas y herramientas, y se otorgaron subvenciones a algunas industrias. Se creó el Banco Nacional con poder exclusivo de emisión de billetes circulantes, medida que enfrentó la oposición cerrada de comerciantes y banqueros del liberalismo radical. Los pobres urbanos y los artesanos —agraviados desde 1847, aplastados desde 1854, marginados durante toda la Era Radical— confluyeron con el proyecto regenerador, aportando la base social que la Regeneración necesitaba para consolidarse.
Pero llamar a esto proteccionismo industrial es exagerar. La Regeneración mantuvo total apertura al capital extranjero y otorgó concesiones especiales a inversiones en ferrocarriles, minería y agricultura de exportación. Su grado de intervención económica fue moderado en comparación con proyectos contemporáneos como el porfiriato mexicano o el ciclo de José Manuel Balmaceda en Chile, debido tanto a la debilidad estructural del Estado colombiano como a la inestabilidad crónica de los productos de exportación.
El proyecto económico real de los regeneradores fue menos manufacturero que agrario: desarrollar la gran hacienda cafetera, no proteger la artesanía. El proteccionismo arancelario buscaba controlar la balanza de pagos —evitar la hemorragia de divisas que las importaciones producían en un país con exportaciones frágiles— más que resguardar manufacturas domésticas. Y la propia política monetaria expansiva, basada en emisiones del Banco Nacional, generó tensiones internas: los grandes cafeteros y comerciantes, que realizaban sus transacciones con el exterior en moneda-oro y vivían endeudados, adoptaron una posición antirregeneracionista a ultranza, pues los beneficios inflacionarios del papel moneda quedaban anulados por su estructura financiera.
La Regeneración fue, entonces, un proteccionismo moderado, sin doctrina industrialista clara, capaz de recoger el agravio artesanal como legitimación política pero incapaz de convertirlo en programa manufacturero sostenido. Ambos regímenes, el liberal radical y el conservador regenerador, mantuvieron el vínculo con el mercado mundial bajo la modalidad agroexportadora como principio de supervivencia. Los ideólogos regeneradores también postularon la necesidad de vincularse al comercio mundial; lo que discutían con los radicales era el ritmo, la modalidad y el reparto de la renta, no el modelo.
La huella: el arancel de 1905 y la industrialización antioqueña
El ciclo que este artículo cubre —los antecedentes coloniales, el arancel bolivariano, la reforma de 1847, la insurrección de 1854, la Era Radical, la Regeneración— se cierra formalmente en 1900, pero su huella se prolonga con claridad hasta las primeras décadas del siglo XX.
En 1905, bajo la administración de Rafael Reyes —abierta tras el desastre de la Guerra de los Mil Días y la pérdida de Panamá—, se promulgó un arancel que, por primera vez en la historia colombiana, tuvo una estructura industrialista deliberada. La lógica era precisa: elevados derechos de aduana para bienes finales y muy bajos para materias primas semielaboradas o elaboradas. Con pocas operaciones de transformación, un empresario podía aprovechar la protección al producto final y compensar la escasez crónica de capitales y técnica que había frustrado los proyectos anteriores. Reyes acompañó ese arancel con un ambicioso plan de obras públicas y con la entrada de deuda externa, y la combinación alteró la atmósfera económica del país: montar una fábrica dejó de ser un salto al vacío para convertirse en un cálculo razonable. El estímulo perduró en sus rasgos básicos hasta la década de 1920.
Fue en ese marco donde Medellín y su entorno construyeron el embrión de la industrialización colombiana, con la Escuela Nacional de Minas como núcleo formador de ingenieros y administradores capaces de traducir la protección arancelaria en fábricas efectivas. Empresarios como Jorge Echavarría, fundador con sus hermanos de las hilanderías que darían origen a Coltejer, entendieron el momento y actuaron. Cuando llegó la crisis mundial de 1929, la industria nacional colombiana había alcanzado un grado de solidez que le permitió convertir los efectos de la depresión —el colapso de las importaciones, sobre todo— en fuerzas positivas para avanzar en su desarrollo.
La aparente paradoja —que el proteccionismo industrial exitoso llegara con Reyes, no con Núñez, y bajo hegemonía conservadora, no bajo bandera popular— dice algo decisivo sobre todo el ciclo del siglo XIX. El proteccionismo neogranadino de 1847-1854 no fracasó solo porque los draconianos perdieran ante los gólgotas o Melo cayera ante la coalición bipartidista: fracasó porque no había, todavía, una base productiva capaz de convertir la protección en industria. El 71% de artesanos mujeres trabajando en el hogar no era el proletariado manufacturero que la protección arancelaria podía transformar en obreros fabriles. Hicieron falta cincuenta años más, una guerra civil devastadora, el trauma nacional de la pérdida de Panamá y una nueva élite regional —la antioqueña, con capital acumulado en la minería y el comercio, con formación técnica propia y con una ética empresarial distinta a la del hacendado del altiplano— para que la protección se articulara con capital, técnica y una idea explícita de industrialización.
Luis Ospina Vásquez, hijo de una de las familias que encarnaron ese tránsito, lo comprendió y lo escribió a mediados del siglo XX en Industria y protección en Colombia, un libro que sigue siendo la referencia obligada sobre la cuestión. Su tesis central —que Medellín contribuyó de manera decisiva a la industrialización nacional— fue después ampliada por otros investigadores para incluir el papel formador de la Escuela Nacional de Minas y el peso de las redes empresariales antioqueñas en la expansión del capitalismo colombiano. Lo que Ospina Vásquez fijó, mirando hacia atrás desde el corazón mismo del país industrial, fue una tesis dura: el proteccionismo colombiano tuvo dos vidas. Una decimonónica, retórica y derrotada, hecha de agravios artesanales y respuestas fiscales, incapaz de convertirse en programa manufacturero por falta de base material y de doctrina. Y otra que empezó en 1905, encontró en Antioquia su territorio de aplicación y produjo, esta vez sí, un tejido industrial real que resistiría la crisis del 29 y sostendría el crecimiento colombiano durante buena parte del siglo XX.
El ciclo largo se resuelve en esa asimetría. El proteccionismo del siglo XIX fue campo de batalla social sin proyecto industrial coherente; el del siglo XX fue proyecto industrial sin base popular movilizada. En medio quedaron los artesanos de Bogotá que en 1849 llenaron las Sociedades Democráticas, los soldados de Melo que en 1854 defendieron una república que no llegó a existir, y las mujeres que en el hogar hilaban y tejían para un mercado interno que la navegación a vapor y las telas de Manchester estaban desmantelando. La historia recuerda a Florentino González y a Rafael Núñez; olvida más fácilmente a Ambrosio López, a Anselmo Pineda y a los miles de artesanos cuya derrota fue la condición de posibilidad —silenciosa, incómoda, decisiva— del país que después se hizo cafetero.
En el archivo
2 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Nueva Granada1831–18621
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Florentino González — arquitecto de la reforma arancelaria librecambista de 1847 y principal adversario doctrinario del proteccionismo
- 02Francisco de Paula Santander — mantuvo tarifas altas por razones fiscales y defendió el estanco del tabaco en 1836, encarnando el proteccionismo fiscal pragmático prerreformista
- 03José Hilario López — beneficiario electoral del movimiento artesanal proteccionista en 1849
- 04Tomás Cipriano de Mosquera — presidente bajo cuyo gobierno se ejecutó la ruptura librecambista de 1847
- 05Sociedad de Artesanos de Bogotá — organización que canalizó la resistencia proteccionista popular, creciendo de 300 a 1.500 miembros entre 1847 y 1849
- 06Revolución de los Comuneros — antecedente colonial de la resistencia contra la fiscalidad extractiva, precursora del debate proteccionista republicano
- 07Regeneración — contexto en que el proteccionismo reapareció como respuesta a la frustración del ciclo exportador liberal
- 08Nueva Granada — territorio donde se desarrolló el debate proteccionista entre la herencia colonial y la inserción en el mercado mundial
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
37 documentos · 54 fragmentos
01Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 161 cita
[1]entre las colonias y la metrópoli, desarrollar nuevas técnicas para la producción y el control del exce- dente exportado y, al mismo tiempo, fortalecer el Estado. Sin embargo, España prohibía la producción de textiles que podían competir con sus mercancías y continuó ejerciendo control sobre la producción y sobre los…
p. 16
02Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 66, 1292 citas
[2]los datos del cuadro 1 se observa que las exportaciones netas de las colonias ($9,3 millones) compensan casi exactamente el monto de las transferencias ($8,4 millones). Estas cifras confirman, para las colonias como un todo, los comentarios que se han venido haciendo sobre Colombia. No obstante, para el Virreinato de…
p. 66
[26]por una reducción más pausada de las tarifas; además, consideraban al arancel una fuen- te de ingresos estatales y no una herramienta de protección. Por otra parte, los conservadores, quienes comenzaron a actuar como partido solo hacia 1848, se oponían en general a un sistema de tarifas elevadas. El problema del…
p. 129
03Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 65, 992 citas
[3]0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…
p. 65
[37]por habitante es menor que el de 1800 calculado por nosotros en 27. 5 pesos. Para el mismo 1846 el cálculo nuestro es de 25 pesos plata por habitante. El crecimiento económico nos arroja el 1, 2 % anual, infe- rior al de población que fuera de 1, 6 % anual. Fue una fase en la cual cayeron sustancialmente los impuestos…
p. 99
04Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1081 cita
[4]naval base at Cartagena among other things, and the result was tax increases in New Granada along with irritating new controls to make sure the taxes were paid. Farmers and artisans in the province of Socorro demonstrated their defiance of these measures by destroying the liquor and tobacco belonging to state…
p. 108
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 3671 cita
[5]os é M ar í a V ergara y V ergara, Bogot á, 1945. 52 P edro F erm í n de V argas, Pensamientos pol í ticos y memoria sobre la poblaci ó n en el Nuevo Reino de Granada, Bogot á. 1944. El plan de Nari ñ o, que es el m á s expl í cito y el que posee m á s car á cter administrativo, podr í a sintetizarse as í: a) Supresi…
p. 367
06Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 4121 cita
[6]tendría utilidad alguna, pues llevar este producto de una provincia a otra, o al extranjero, solo produciría pérdidas a quien se dedicara a esta especulación. 196 Adicionalmente, las rentas de este género proveían al sostenimiento de las escuelas parroquiales y a otros fondos comuna - les. La Legislatura venezolana de…
p. 412
07Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1181 cita
[7]puerto en barcos españoles. O tra cuestión conflictiva fue desarrollar exportaciones neogranadinas d is tintas del oro, es decir, de p roductos agrícolas y forestales. Ya desde la década de los años 1760 los virreyes de la N ueva G ranada habían com enzado a hacer énfasis en este tem a. El virrey Pedro M essia de la Z…
p. 118
08Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 1821 cita
[8]million was contracted in London in 1822, from which the Peruvian government would receive less than £900,000. 66 A further loan for £616,000 was contracted in 1825, but the government fell into arrears in the same year and suspended interest payments. These loans were simply used for meeting previous obligations to…
p. 182
09Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 191, 2592 citas
[9]redujeron a la mitad o menos de los niveles anteriores. En el caso de las telas finas, la disminución fue algo menor (20% al 30%). Curiosamente, la reforma gravó las importaciones de herramientas, que hasta entonces habían permanecido libres de todo derecho. La magnitud de los derechos arancelarios existentes hasta la…
p. 191
[32]1895 son de presupuestos aprobados; en los demás casos se trata de ingresos reales. FUENTE: Memorias de Hacienda, 1871-74; Pérez, op. cit.; DANE, Boletín Mensual de Estadística, Nos. 257-58, Bogotá, diciembre 1972 y enero 1973. La era de los radicales En general el sistema tributario surgido de las leyes de 1850 y…
p. 259
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 130, 1362 citas
[10]í a llevado al poder, pero pon í an el acento en el cambio y' el progreso m á s que en el mantenimiento del orden y la tradici ó n. El cambio m á s brusco de este gobierno fue la adopci ó n ines perada del liberalismo econ ó mico internacional. Aunque é ste hab í a sido un deseo de casi todos los dirigentes, rebajar…
p. 130
[27]Sin embargo, las po l í ticas liberales no cambiaron y las tarifas siguieron siendo bajas durante el resto de siglo, al menos hasta la d é cada de los ochenta. En muchos momentos los grupos artesanales, sobre todo urbanos — pues los tejedores rurales, en gran parte mujeres que trabaja LA NUEVA GRANADA Y LA APARICI Ó N…
p. 136
11Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 18, 202 citas
[11]importación, la agitación a favor de mayores tarifas de aduana haya coincidido con el establecimiento de la navegación de vapores por el Magdalena. Aunque las tarifas de carga de los v~pores no eran mucho más bajas que las de los champanes, la veloctdad y seguridad del nuevo método reducía sustancialmente los costos.…
p. 20
[13]dudar cuál es, al ver la pro- fusión con que la Providencia ha dotado esta tierra de ricos productos nacionales. Debemos ofrecer a la Europa las primeras materias y abrir la puerta a sus manufacturas, para facilitar los cambios y el lucro que traen consigo, y para proporcionar al consumidor, a precio cómodo, los…
p. 18
12Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 2991 cita
[12]Peru Founding of P á cora in new colonization zone, Antioquia Painter José Mar í a Espinosa creates portrait of Simón Bol í var 1829 Military uprising against Bol í var’s dictatorship Shipyard project, to build steamships Juan Garc í a del R í o writes Meditaciones Colombianas 1830 —Constitutional assembly…
p. 299
13Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2851 cita
[14]memoria con la relación de sus diversos errores con que disipó bienes que hubieran sido bastantes al sostén de su familia, con los más que al verificar su casamiento le e n t r e g u é ". Ya en la década de 1840, la República de la Nueva Granada daba un vuelco definitivo en su economía y cultura para alejarse del…
p. 285
14Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 274, 2802 citas
[15]pereza pretenden conseguir con una protección onerosa para la sociedad entera». En Florentino González la afirmación teórica del libre- cambio absoluto va unida a una determinada teoría en torno a la índole natural que debe presentar, en determi- nado sentido, la economía neogranadina. En otras palabras, 275 Eíndnice…
p. 274
[23]pugna de comerciantes y manufactureros se expresó en las luchas de gólgotas y draconianos. Los pri- meros eran una manifestación política de los intereses económicos de los comerciantes, y los segundos expresaban la defensa igualmente política de los intereses económicos de los manufactureros y artesanos. Por eso, los…
p. 280
15Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 390, 8102 citas
[16]esto pocas veces ha sucedido—y siempre que el costo económico y/o social de la transformación requerida al dejarlas perecer fuera muy grande. Pero así consideradas las cosas, y dadas en el país pobre las condiciones correspondientes —necesidad de prescindir de la industria— habría que reconocer que el argumento…
p. 810
[33]todas las otras existentes, se denomina única 445 ». La supresión de las aduanas era una de las ventajas que veían al impuesto único. También se pensó en su supre- sión como medida independiente del establecimiento de ese impuesto; era una medida evidentemente muy arries- gada 446. Pero era tan tenaz el sentimiento…
p. 390
16A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 68, 712 citas
[17]view reflects the emer - gence of an alignment among interest groups that led to a cultural change and the confrontation between liberal and anti-liberal positions, the former taking inspiration from England and the United States and the latter from France and Prussia. However, the story is not that simple. This…
p. 68
[49]letter, you addressed to this news - paper an article that appeared in number 225 on November 26, and in which you make an effort to accredit the selfish and disastrous doctrine advocated by Juan Bautista Say and his entire school, which includes the simple formula of let do; or what is the same: let them steal, let…
p. 71
17The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 861 cita
[18]to the production of luxury consumer goods. And Bogotá's consumer-goods craftsmen (cobblers, tailors, furni- ture and cabinetmakers, etc.) faced the depressing prospect of increasing importations of fine ready-made clothes and fixtures from England and France. The drastic lowering of the tariff on finished goods in…
p. 86
18Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4671 cita
[19]hijos reposan en el mismo cementerio de Montparnasse, a tiro de piedra de Cortázar y Dunlop, sintetizó en una frase el sentimiento que cayó sobre los amigos y lectores del escritor argentino al conocer la noticia imposible: «Cuando Julio murió, una parte de nuestro espejo se quebró y todos vimos la noche boca arriba».…
p. 467
19Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 139, 1472 citas
[20]en 1854. Inclusive las mujeres integraron una Sociedad del Niño Jesús. Hasta el presidente López simpatizaba secretamente con la Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá y asistió a una de sus sesiones. Presidencias de López y Obando Sin embargo, fue en la elección del 7 de marzo de 1849, en la cual el Congreso…
p. 139
[38]] general José Hilario López (1798-1869) fue elegido presidente de la Nueva Gra- nada, tras una tormentosa sesión del Congreso el 7 de marzo de 1849, para el período 1848- 1853. Durante su mandato, y bajo la coordinación del secretario de Hacienda, Manuel Murillo Toro (1816-1880), se concretaron bue- na parte de las…
p. 147
20La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1141 cita
[21]su autoridad algunos jefes y personeros notables. Principalmente, el impacto de la ideología liberal se re - gistra en la organización social a través de dos asociaciones de tipo secundario, la Sociedad Democrática y la Escuela Republicana, que se convierten en activos disórganos. Las Sociedades Democráticas, en…
p. 114
21Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 17, 2162 citas
[22]es que mucha gente consider ó que la interven ci ó n de las artesanos armados fue ú til para el partido liberal. A partir de ese momento la Sociedad se volvi ó cada d í a m á s un club pol í tico, y hasta cambi ó su nombre de Sociedad de Artesanos por el de Sociedad Democr á tica. Aunque esto la desvi ó de su pri…
p. 216
[50]a pocas operaciones, las ú ltimas, se obviaba en buena medida el obst á culo que presentaba la escasez de capitales y de t é cnica ” 2. Por un corto tiempo, pero el suficiente para adquirir un dina mismo propio, la industria pudo desarrollarse ampliamente en casi todas las regiones del pa í s al amparo de este tipo de…
p. 17
22Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 171 cita
[24]si ninguno la conseguía, el Congreso perfeccionaba la elección entre los tres candidatos que hubieren obtenido la mayoría. Ninguno de los candidatos la logró en las elecciones cantonales. En ellas, José Hilario López llegó a 735 votos; José Joaquín Gori, 384 y Rufino Cuervo, 304, y 279 quedaron repartidos entre…
p. 17
23Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 541 cita
[25]Album de la Comisién Corografica que representa a un arriero y una tejedora de Vélez. En 1853, las clases populares, junto con los artesanos, se enfrentaron a la élite dirigente, enfrentamiento que desembocaria en el golpe militar del general Melo. A la derecha, tejedor de ruanas, segun una acuarela del Album de la…
p. 54
24El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · p. 121, 240, 2833 citas
[28]social, cuya sociología histórica aún no se ha hecho. Sobre su situación 284 Jíndi Jícídneer Ucnsi políticas, y sobre todo el encono con que combatían a los por el año de 1839, escribía José Eusebio Caro: «Todo en la socie- dad comenzaba a tomar una marcha más arreglada y un aspecto más democrático y uniforme: los…
p. 283
[47]y radical de ascendencia francesa, con un neoliberalismo de origen inglés, tarea que constituyó el esfuerzo de pensamiento y acción de Rafael Núñez, de Miguel Samper y de Manuel Ancízar, o con las del libera- lismo constitucionalista, tal como las sostenían Benjamin Constant, Rover Collard y otros escritores franceses…
p. 240
[48]participaba de las mismas ideas básicas tanto en el planteamiento de los problemas como en las soluciones propuestas, porque tenían fuentes comunes de formación. Ambos eran fervorosos liberales en política y economía, y por lo tanto, inclinados a considerar que la iniciativa indi- vidual y las soluciones de la ley…
p. 121
25Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 118, 1303 citas
[29]de 320.000 artesanos, fa- bricantes y artistas, cifra que corresponde, sobre un cálculo muy primitivo de la población activa de la época (ver cuadro 2.2), a un 23°/o de ella. 58 E. P. Thompson, The Making of the English Working Class. Penguin Books, Har- mondsworth, Inglaterra, 1968, pp. 259 y ss. 122 ECONOMÍA Y…
p. 118
[30]de 320.000 artesanos, fa- bricantes y artistas, cifra que corresponde, sobre un cálculo muy primitivo de la población activa de la época (ver cuadro 2.2), a un 23°/o de ella. 58 E. P. Thompson, The Making of the English Working Class. Penguin Books, Har- mondsworth, Inglaterra, 1968, pp. 259 y ss. 122 ECONOMÍA Y…
p. 118
[45]las manufacturas del país, más con el ánimo de controlar la balanza de pagos de otorgar garan- tías efectivas a la artesanía, para no hablar de la industria fabril, pues el proyecto de los Regeneradores consistió más bien en de- sarrollar la gran hacienda cafetera. 67 Ibid., p. 48. 134 ECONOMÍA Y NACIÓN Uno podría…
p. 130
26Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 47, 872 citas
[31]cultural y organizativa como clase dependió del contacto con los artesanos. Estos últimos tampoco deben verse como productos típicos de modernas urbes. En las aldeas medievales o coloniales, ellos cumplían funciones complementarias a las economías agropecuarias circundantes. Es necesario romper la dicotomía entre…
p. 87
[34]de Independencia, influida por la ideología utilitarista, presionaba un ambicioso programa de reformas tendiente a vincular la economía colombiana al mercado mundial. Entre las reformas propuestas descollaban la supresión de algunos monopolios estatales --siendo el del tabaco el más importante--, la adopción formal…
p. 47
27¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 591 cita
[35]modernización del sistema productivo. La 115 ¿Otra historia de Colombia? extracción de oro fue importante hasta 1 860, y luego fue desplazada por el tabaco, que venía en auge desde la adopción del librecambio y que tuvo a la población de Ambalema como su epicentro. Incluso productos de extracción silvestre como la…
p. 59
28Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 3181 cita
[36]mercados del mundo”. Francisco Javier Cisneros, Memoria sobre la construcción de un ferrocarril de Puerto Berrío a Barbosa (Estado de Antioquia) (Nueva York, Imprenta y Librería de N. Ponce de León, 1880), p. 41. 282 Ver sobre esto último Luis Eduardo Nieto Arteta, El café en la sociedad colombiana (Breviarios de…
p. 318
29Notas de viaje: Colombia y Estados Unidos de AméricaSalvador Camacho Roldán · 2017 · p. 2251 cita
[39]de 200 toneladas y podían llevar de 800 a 1. 000 cargas en cada viaje. La Compañía de Cartagena necesitaba invertir una parte de su capital en trabajos para mejorar el canal del Dique, y probablemente por esta causa, sólo hasta 1859 introdujo a las aguas de este el pequeño vapor Calamar, cuya capacidad no excedía de…
p. 225
30Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 59, 612 citas
[40]e el manifiesto proteccionismo de N úñe z y la c re ación del Ba nco Nac ional y del papel mone da plantaron la se- milla de la industrialización co mo un p royec to de d esarrollo na - cional autónomo. El grad o de inter vención eco n ómica de la Re ge n erac i ón fue moderado en compara ci ón co n otros modelo s co…
p. 59
[44]- sacciones con el extra njer o en moneda -o ro y vivían e nd eudados: l as exportaciones de un año pa g aban las importa c ion es del año anterior. Así hubi e ra res ultado que se beneficiaron de la inflación 61 62 M arco Palacios causada por las emisiones de papel moneda, tales benefici os de- bieron quedar anulados…
p. 61
31El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1261 cita
[41]perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…
p. 126
32Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 571 cita
[42]many of the Conservatives backing Nunez must have felt they were entitled to take any steps necessary to secure their continued exclu- sive enjoyment of the honors and perquisites of public office. Moreover, many leading Nationalists sincerely believed theirs was a sacred mission to rescue Colombia from the dangers…
p. 57
33Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 28, 3322 citas
[43]la baja oferta agraria, los precios tendían a subir. Para la época se aducían como causas del atraso de la agricultura las siguientes: la concen- tración de la propiedad del suelo en pocas manos, el ausentismo, la inse- guridad en la vida campestre (por las guerras civiles, las expropiaciones y confiscaciones de…
p. 28
[53]entonces confiar en ese grupo calificado de empresarios y ejecutivos, a pesar de que el sistema bancario, recientemente reformado por Ospina, no se especializaba aún en operaciones industriales o de que las deformaciones de los mercados obli- gaban a las empresas a tener excesivos inventarios y a asumir la…
p. 332
34El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 821 cita
[46]Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…
p. 82
35De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 731 cita
[51]01' Mines, 1887- 1930», Hispanic American Historical Review (febrero de 1994, pp. 63-82), en el que insiste en la importancia que tuvo Medellín en asuntos comerciales y gubernamentales. Murray alude a la reforma constitucional de 1910, que garantizó representación al partido minorita- rio en el gobierno por medio de…
p. 73
36De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 731 cita
[52]Hispanic American Historical Review (febrero de 1994, pp. 63-82), en el que insiste en la importancia que tuvo Medellín en asuntos comerciales y gubernamentales. Murray alude a la reforma constitucional de 1910, que garantizó representación al partido minorita- rio en el gobierno por medio de la creación del…
p. 73
37Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 11 cita
[54]ONE Colombia in 1914 In 1914 the republic of Colombia, located in the northwest corner of the South American continent with an area of 461,606 square miles and a population of 5,476, 604, seemed poised to embrace the twentieth century with a period of rapid development. 1 Having put aside the unstable poli- tics and…
p. 1