Julio Arboleda
Nueva Granada
1817–1862
La biografía
Julio Arboleda Pombo (Timbiquí, 1817 – Berruecos, 1862) fue poeta, jurisconsulto, hacendado, parlamentario, diplomático y general en jefe de los ejércitos conservadores durante la guerra civil de 1860-1862. Presidente electo de la Confederación Granadina al momento de su muerte, nunca alcanzó a posesionarse: una bala disparada en el mismo desfiladero donde había caído Sucre treinta y dos años antes cerró su vida en plena campaña militar contra Tomás Cipriano de Mosquera. Encarna, como pocos, la figura del letrado-terrateniente neogranadino: heredero de una de las mayores fortunas mineras y esclavistas del Cauca, formado en Europa, autor de Gonzalo de Oyón —poema épico canónico del romanticismo colombiano—, cofundador doctrinario del Partido Conservador y, a la vez, el hombre que decretó el ajusticiamiento sin juicio de indios de Tierradentro y combatió en armas contra las políticas de manumisión. Su nombre pesa en la historia de Colombia porque en él se cruzan, sin resolverse, la alta cultura letrada y la defensa armada del orden señorial que la sostenía.
Línea de vida
- 1817
Nacimiento en Timbiquí
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Nació en Timbiquí, pueblo minero de la costa Pacífica caucana, en el seno de una de las familias más poderosas de la élite esclavista y terrateniente del Cauca, heredera de una fortuna minera construida desde finales del siglo XVII.
- 1830
Formación en Europa
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Viajó a Londres y París en la década de 1830, donde completó estudios de humanidades, derecho y letras, adquiriendo una formación literaria y jurídica que lo situó en el centro del campo intelectual neogranadino al regresar.
- 1848
Cofundación del Partido Conservador
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Junto con Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, participó en la fundación del Partido Conservador colombiano, aportando la formulación doctrinaria que combinaba librecambio económico con defensa del orden social jerárquico de tradición hispánica.
- 1848
Poema épico Gonzalo de Oyón
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Publicó y desarrolló Gonzalo de Oyón, poema épico inconcluso de tema colonial que se convirtió en pieza fundacional del romanticismo colombiano y en obra canónica de la literatura nacional del siglo XIX.
- 1851
Guerra civil conservadora
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Participó en la resistencia conservadora contra el gobierno liberal de José Hilario López, cuyas medidas —expulsión de los jesuitas, abolición de la esclavitud y desmonte del privilegio eclesiástico— afectaban directamente los intereses de la élite payanesa a la que pertenecía.
- 1860
Inicio de la guerra civil de 1860-1862
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Cuando Tomás Cipriano de Mosquera se rebeló desde el estado del Cauca contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez, Arboleda pasó del Congreso al mando de tropas, operando militarmente en el sur del Cauca: tomó Popayán y avanzó sobre Cali.
- 1861
Decreto de represalias en Tierradentro
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Tras retomar Popayán, dictó el llamado decreto de represalias, que ordenaba el ajusticiamiento sin juicio de indios de Tierradentro acusados de seguir a Mosquera; Mosquera respondió con un decreto de amnistía general, contraste que la memoria liberal fijaría durante décadas.
- 1861
Campaña en la Costa Caribe
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Derrotado en el occidente, trasladó la guerra a la Costa Caribe, donde se enfrentó al caudillo liberal Juan José Nieto; ocupó Santa Marta durante varios meses con tropas compuestas en su mayoría por individuos de color, contradicción señalada por sus adversarios.
- 1862
Elección como presidente y muerte en Berruecos
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Fue elegido presidente de la Confederación Granadina sin llegar a posesionarse; murió asesinado en el desfiladero de Berruecos en 1862, el mismo lugar donde había caído el mariscal Sucre treinta y dos años antes, en plena campaña militar contra Mosquera.
La cuna: los Arboleda y la aristocracia esclavista del Cauca
Julio Arboleda nació en Timbiquí, un pueblo minero de la costa Pacífica caucana, en 1817, en el ocaso del régimen colonial y en el centro geográfico de la fortuna familiar. Los Arboleda eran, para entonces, una de las cuatro o cinco casas que gobernaban la vida material y política de Popayán y su vasto hinterland minero. El linaje se remontaba al primer Francisco de Arboleda, quien a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII cimentó la presencia de la familia en la provincia mediante alianzas matrimoniales con propietarios de minas y cuadrillas de esclavos en Caloto y en el Chocó. Dos hijas suyas casaron con Francisco de Bonilla Delgado y con Martín Prieto de Tovar, ambos mineros; el segundo Francisco de Arboleda, José Francisco (1677-1745), mantuvo los bienes en indivisión hasta su muerte —mecanismo típico para impedir la fragmentación de la riqueza— y casó a su hija Bartolomea con Cristóbal de Mosquera, quinto de esa dinastía. La alianza Arboleda-Mosquera, sellada en la primera mitad del siglo XVIII, gobernaría el Cauca durante casi doscientos años y explica, entre muchas otras cosas, la carga íntima de la guerra que Julio Arboleda libraría contra Tomás Cipriano de Mosquera: no era solo un enfrentamiento entre partidos, sino un pleito de primos.
La base económica de esa aristocracia era la explotación de la frontera minera del Pacífico con mano de obra esclava africana. A comienzos del siglo XVIII, Francisco de Arboleda operaba en el Chocó junto con los hermanos Mosquera, Bernardo Alfonso de Saa y otros payaneses influyentes, todos ellos dueños de esclavos y con poder político sobre la provincia. El gobierno delegado del Chocó estuvo, de hecho, en manos de ese círculo, y el fraude en la administración de las cuadrillas y del oro alcanzó proporciones escandalosas. Fue esta élite —criolla, señorial, esclavista, con alianzas matrimoniales tempranas con españoles avecindados— la que Bolívar describió con dureza como "patriarcas esclavistas" y "aristocracia sin título", oponiéndolos al "partido de la canalla" que abusaba de la libertad de prensa. En esa nómina bolivariana figuraban, con nombre y apellido, los Mosquera, los Arboleda, los Arroyo y sus parientes. Julio nació, pues, dentro del grupo humano al que el propio Libertador había mirado con desconfianza como un obstáculo republicano.
Ese mundo no era solo económico. Las redes de Mosqueras, Valencias y Arboledas fueron, en las provincias del Cauca, los representantes más nítidos de la sociedad señorial que sobrevivió a las propuestas republicanas del siglo XIX: vínculos de patronazgo con peones, esclavos, arrendatarios y clientes rurales; capacidad de movilizar tropa propia en pocas semanas; matrimonios cruzados que concentraban tierras, minas y cargos; una cultura política que se pensaba a sí misma como custodia natural del orden. En esa cuna se educó Julio Arboleda, y a esa cuna volvió, con títulos europeos bajo el brazo, para defenderla con la pluma y con el fusil.
Formación europea y el poeta romántico
Los años formativos de Arboleda se desdoblaron entre la hacienda paterna —Japio, en el norte del Cauca, uno de los grandes ingenios esclavistas del valle— y Europa. Como muchos hijos de la élite payanesa, viajó a Londres y a París en la década de 1830, y allí completó estudios de humanidades, derecho y letras. Regresó a la Nueva Granada joven, culto, plurilingüe y con una formación literaria que la América hispana no ofrecía entonces en ninguna de sus universidades. Esa educación no fue ornamental: definió su lugar en un campo intelectual muy pequeño, en el que la cultura europea era, simultáneamente, capital simbólico y credencial política.
Regresó, además, al preciso momento en que el romanticismo se instalaba en la Nueva Granada. Los escritores del romanticismo fueron los primeros a los que puede llamarse "colombianos" en sentido riguroso, y la literatura colombiana propiamente dicha comienza hacia 1830. Antes de esa fecha, el neoclasicismo importado seguía marcando el compás, con un rezago considerable respecto de Europa: cuando allá el romanticismo estaba en plenitud, aquí los neoclásicos tardíos seguían escribiendo odas a la Independencia. El romanticismo neogranadino irrumpió, entonces, con la fuerza del que llega tarde y quiere ponerse al día; produjo un aumento inusitado de la creación literaria, y la poesía fue el género donde ese impulso rindió sus mejores frutos.
Arboleda se ubicó en el centro exacto de esa generación. Su obra mayor, Gonzalo de Oyón, poema épico inconcluso de tema colonial, se convirtió pronto en pieza fundacional del canon: verso de largo aliento, materia americana tratada con solemnidad heroica, imaginación histórica capaz de fijar un modo de contar el pasado. Escribió también piezas breves —líricas familiares, sátiras políticas, epigramas— que circularon en la prensa y en las tertulias. Compartió campo con José Eusebio Caro, contemporáneo suyo y también fundador conservador, cuya vocación poética se enredaba con la militancia parlamentaria y la administración de hacienda. Aquellos poetas no eran hombres de letras encerrados: asumieron simultáneamente roles públicos —parlamentarios, militares, ideológicos, pedagógicos—, y esa condición híbrida, actor político y creador literario a la vez, definió toda una época. Escribir versos y hacer partido eran, para ellos, oficios del mismo hombre.
El fundador conservador y el polemista de la desigualdad
Hacia mediados de la década de 1840, Arboleda se había convertido en una de las voces centrales de la oposición al liberalismo neogranadino. Cuando en 1848 nació el Partido Conservador, estuvo entre sus padres fundadores, al lado de Mariano Ospina Rodríguez y de José Eusebio Caro, quien redactó ese año el programa ideológico de la agrupación. Los tres compartían un núcleo doctrinario que la posteridad tendería a olvidar: eran librecambistas convencidos. Defendieron con entusiasmo la apertura comercial y la soberanía del mercado, y sostenían —contra lo que un lector contemporáneo esperaría del conservatismo— que esa liberalización económica debía ser compatible con un orden social jerárquico, anclado en la tradición cultural hispánica.
Libertad de comercio arriba, jerarquía inquebrantable abajo: esa combinación generaba una dicotomía interna que se agudizaría con los años. Cuando las revoluciones europeas de 1848 alimentaron a los liberales radicales colombianos —los gólgotas— con un romanticismo político plebeyo, los conservadores se vieron obligados a precisar qué del liberalismo aceptaban y qué combatían. Aceptaban el mercado; rechazaban la democracia igualitaria. Y fue Arboleda quien dio a ese rechazo su formulación doctrinaria más lograda.
Su argumento tenía filo: la palabra "igualdad", tal como la Revolución Francesa la había acuñado, tenía sentido en Europa porque respondía a una realidad histórica concreta —los privilegios aristocráticos, el régimen feudal, las prerrogativas del clero y de la nobleza que había que abolir—. Trasplantada literalmente a la América española, donde jamás existieron ni aristocracia política ni feudalismo en sentido estricto, la palabra quedaba sin objeto y producía efectos "explosivos y disociadores". No era, en la lectura de Arboleda, una idea peligrosa por su contenido sino por su desarraigo: una consigna vaciada de su función original que, aplicada en sentido literal a una sociedad que no la necesitaba, se volvía incendiaria. El argumento era hábil porque parecía histórico y sociológico antes que reaccionario: no negaba la igualdad ante la ley, sino la retórica igualitarista importada.
Detrás del argumento había, por supuesto, un mundo concreto que se quería preservar: el de los peones sin tierra, los esclavos del Chocó, las cuadrillas mineras, los indios de Tierradentro, los vínculos señoriales del Cauca. Arboleda pertenecía a una tradición de pensamiento que su hermano Sergio Arboleda —también conservador doctrinario—, Miguel Antonio Caro, Rafael Núñez y Rafael María Carrasquilla continuarían: la investigación sistemática de la incompatibilidad entre la estructura espiritual del hispanoamericano y las instituciones del liberalismo moderno. Esa línea no fue mera importación pasajera de reacciones europeas: se conectaba con un ideario hispano-cristiano que reivindicaba el legado colonial como sustrato irrenunciable de la sociedad. Mariano Ospina Rodríguez sintetizó el temperamento conservador así: esencialmente práctico, contrario a los cambios violentos, preferidor de la evolución pausada a la ruptura brusca, y más confiado en los resultados de la experiencia que en las conclusiones especulativas de la teoría. Arboleda hizo suyo ese temperamento, aunque —como pronto se vería— la evolución pausada podía, en sus manos, incluir el pelotón de fusilamiento.
El escenario nacional: de López a Ospina
Para entender la trayectoria política de Arboleda entre 1849 y 1862 hay que sostener en la cabeza el vértigo de esos trece años. En 1849, José Hilario López fue elegido presidente de la Nueva Granada con la votación más alta pero sin mayoría absoluta; el Congreso, presionado por multitudes populares en las galerías, ratificó la elección. El gobierno liberal que siguió expulsó a los jesuitas en 1850, abolió por ley la esclavitud —con efectos entre 1851 y el 1 de enero de 1852— y desmontó el privilegio eclesiástico. Cada una de esas medidas tocaba directamente los intereses de la élite payanesa: los jesuitas eran aliados educativos y culturales; la Iglesia, proveedora de crédito y de legitimidad; la abolición, aunque compensada mediante compra estatal de esclavos a los dueños de latifundios, haciendas y minas, disolvía el fundamento material del régimen de trabajo caucano.
La resistencia conservadora estalló en la guerra civil de 1851, motivada por conflictos religiosos y político-sociales de fondo. Fue derrotada. En 1854, la propia división interna del liberalismo —entre gólgotas radicales, casi todos comerciantes, y draconianos o demócratas— desembocó en otra guerra civil que debilitó al partido y abrió una tregua. Entre 1855 y 1857 el país se lanzó a la creación de estados federales: Panamá en 1855, Antioquia en 1856 y, en 1857, Cauca, Cundinamarca, Bolívar, Magdalena y Santander. Ese mismo año asumió la presidencia Mariano Ospina Rodríguez, y en 1858 se promulgó la Constitución Política de la Confederación Granadina, que dividió la república en ocho estados federales.
Durante toda esa década Arboleda operó como parlamentario, publicista y hombre de partido. Su hermano Sergio profundizaba, entretanto, la línea doctrinaria conservadora; Julio combinaba el escaño, el bufete, la administración de Japio y la escritura literaria. Cuando en 1860 Tomás Cipriano de Mosquera se rebeló desde el estado del Cauca contra el gobierno de Ospina Rodríguez, la guerra dejó de ser abstracta: se libraba en su propia provincia, contra su propio pariente, en torno a los intereses concretos de su clase.
La guerra de 1860-1862: el general Arboleda
Iniciada la guerra, Arboleda pasó rápidamente del gabinete y del Congreso al mando de tropas. Operó militarmente en el sur del Cauca: tomó Popayán, avanzó sobre Cali y volvió luego a Popayán. Fue en ese segundo momento payanés cuando dictó el llamado "decreto de represalias", uno de los actos más oscuros de su biografía. El decreto ordenaba el ajusticiamiento sin juicio de indios de Tierradentro a quienes Arboleda acusaba de seguir a Mosquera. Aquellas comunidades del oriente caucano —sin voz en la disputa entre caudillos, movilizadas por lealtades locales que las oscilaciones de la guerra alteraban— fueron convertidas en enemigos sumarios de un decreto que suspendía las garantías más elementales de la justicia. Mosquera respondió con un decreto de amnistía general para todos los individuos que hubieran pertenecido al gobierno vencido el 18 de julio de 1861: la asimetría fue registrada por los contemporáneos y quedó fijada como uno de los contrastes que la memoria liberal usaría durante décadas.
La guerra tenía, sin embargo, sus propios códigos formales. Durante el conflicto se suscribieron el Pacto de Chinchiná, la Esponsión de Manizales y el Armisticio de Chaguaní: documentos que, en la tradición de regularización de la guerra iniciada en 1820 con Bolívar y Morillo, buscaban imponer normas humanitarias al conflicto. Que la firma de esos instrumentos coexistiera con decretos de represalia contra indios muestra la doble vara de la época: la civilidad diplomática se reservaba para los pares —caudillos, oficiales, letrados— y las poblaciones subalternas quedaban por fuera del pacto.
Derrotado en el occidente, Arboleda llevó la guerra a la Costa Caribe. Allí se topó con Juan José Nieto, caudillo liberal de primer orden en aquella región. Entró en Santa Marta y la ocupó durante varios meses, pero terminó abandonándola ante el avance de las tropas de Nieto. Fue en esa campaña donde emergió con toda su fuerza la paradoja que sus adversarios señalaron con insistencia: aunque los liberales lo acusaban de ser "el decidido amigo de la esclavitud" y "el ferviente y cruel enemigo de la raza negra", sus tropas caribeñas estaban compuestas, en su gran mayoría, por individuos de color. Muy pocos de sus soldados eran blancos. La contradicción —un jefe señalado como enemigo racial mandando batallones negros contra un ejército liberal que oficialmente defendía la emancipación— se explica menos por conversiones ideológicas que por la naturaleza del reclutamiento decimonónico: las guerras se hacían con lealtades personales, clientelares y regionales, y esas lealtades, en el Caribe conservador, seguían al jefe local antes que al programa nacional. La paradoja no absuelve a Arboleda, pero complica la lectura simple del conflicto como una guerra racial o de clase: fue, sobre todo, un pleito de caudillajes regionales en el que los mismos subalternos podían aparecer, según la geografía, en uno u otro bando.
En 1862, tras las derrotas caribeñas y con el occidente reconquistado por Mosquera, Arboleda concentró su acción de nuevo en el sur. Fue elegido presidente de la Confederación Granadina por el Congreso conservador, y marchaba hacia Popayán —o de regreso desde el Ecuador, según la versión— cuando fue asesinado en Berruecos, un desfiladero entre Pasto y el sur del país. Era el mismo lugar donde Antonio José de Sucre había sido asesinado en 1830, y la coincidencia geográfica alimentó de inmediato la interpretación mítica: dos hombres jóvenes, dos figuras centrales de sus respectivas épocas, dos balas en la misma trocha. Tenía cuarenta y cinco años. Los últimos conservadores se rendirían en la Costa Caribe a finales de 1862, poniendo fin al conflicto de tres años.
La red: parentescos, alianzas, adversarios
Comprender a Arboleda exige un mapa de sus vínculos, porque en su caso la biografía individual y la red familiar son inseparables. Fue hijo de una familia payanesa central; hermano de Sergio Arboleda, uno de los cuatro escritores conservadores del siglo XIX que investigaron sistemáticamente la incompatibilidad entre la tradición hispanoamericana y el liberalismo moderno, y por tanto continuador doctrinario del programa que Julio había impulsado con la espada. Estaba emparentado —por la vieja alianza del siglo XVIII entre Bartolomea Arboleda y Cristóbal de Mosquera— con la casa Mosquera, incluido el hombre contra cuyo mando militar terminaría luchando: Tomás Cipriano.
Con Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro compartió la fundación del conservatismo en 1848 y la elaboración doctrinaria librecambista y jerárquica. Con Bartolomé Calvo y Leonardo Canal —figuras del alto conservatismo de la Confederación— compartió el trabajo político de la administración de Ospina. Se enfrentó al liberalismo en sus dos vertientes: los gólgotas radicales, contra cuya doctrina desplegó su crítica de la igualdad importada, y los draconianos, cuya guerra de 1854 marcó una tregua breve. En el terreno militar sus adversarios mayores fueron Mosquera en el sur y Juan José Nieto en el Caribe; en el terreno doctrinal, todo el liberalismo que se preparaba, tras su muerte, para consagrar la Constitución de Rionegro de 1863. Esa carta incorporaría a la ideología política nacional, con aceptación de amplios grupos y no solo de una élite educada, conceptos que Arboleda había combatido: el origen popular del poder político y la igualdad de derechos de los ciudadanos, independiente de su situación económica, social y étnica.
Sus lugares fueron también su red. Timbiquí, cuna minera; Popayán, capital del linaje y escenario recurrente de sus campañas; Japio, la hacienda familiar del norte del Cauca donde el trabajo esclavo cimentaba la posición señorial; Bogotá, sede de sus escaños, de la fundación conservadora y de la posteridad literaria; Pasto y Berruecos, geografía de la muerte. Y, en la formación temprana, Londres y París: la Europa que le dio la cultura letrada y las categorías doctrinarias que luego devolvería, en versión payanesa, a la Nueva Granada.
La huella: mártir conservador, poeta canónico, señor recordado
La muerte violenta en Berruecos operó como un dispositivo de clausura interpretativa. Al caer asesinado antes de posesionarse como presidente, y en el mismo desfiladero de Sucre, Arboleda quedó fijado en la memoria conservadora como mártir —figura interrumpida, promesa truncada, víctima de la violencia liberal—, y esa condición permitió a la historiografía conservadora separar al poeta del esclavista, al doctrinario del militar del decreto de represalias. Fue una operación de decantación que la vida entera no le hubiera permitido: si Arboleda hubiera gobernado la Confederación, sus años de mando habrían mostrado, con nitidez incómoda, las tensiones que la muerte suspendió.
Esa operación se cristalizó con el tiempo. En Bogotá, el 28 de septiembre de 1902, se fundó la Sociedad Julio Arboleda, agrupación literaria que se mantuvo activa hasta finales de 1917. Su órgano impreso, la revista Letras, apareció el 20 de julio de 1911. Entre sus miembros figuraron Antonio Álvarez Lleras, los hermanos Daniel, Jorge y Nicolás Bayona Posada, Raimundo Rivas y Jorge Wills Pradilla. La sociedad no reivindicaba al general del decreto de represalias sino al poeta de Gonzalo de Oyón: canonizaba una figura depurada, en la que la obra literaria era la sustancia y la biografía política una anécdota heroica sin aristas. Que el nombre de Arboleda encabezara, en 1902, una tertulia literaria activa durante quince años muestra hasta qué punto esa depuración había cuajado, y hasta qué punto la memoria conservadora —consolidada tras la Regeneración liderada por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, herederos doctrinarios de la línea Arboleda-Ospina Rodríguez-Caro— disponía ya de instituciones para preservarla.
Del otro lado, la memoria liberal nunca soltó la imagen contraria. La guerra de palabras persistió durante décadas después del silencio de las armas en 1862, centrada en el recuerdo de las depredaciones de guerra y en narrativas partidistas contrapuestas. José Manuel Groot y otros historiadores conservadores del siglo XIX escribían desde una crisis de la que eran parte, defendiendo el legado colonial español y las instituciones tradicionales; sus contrarios liberales fijaban, entretanto, a Arboleda como el hombre del decreto contra los indios de Tierradentro, el "decidido amigo de la esclavitud", el "ferviente y cruel enemigo de la raza negra", el terrateniente que combatió con las armas la abolición y las reformas de mediados de siglo. Esa imagen, aunque parcial, tampoco puede desecharse: se apoya en actos documentados —el decreto, el mando militar, la defensa doctrinaria del orden jerárquico— y no en meras acusaciones panfletarias.
La verdad histórica de Julio Arboleda no está en escoger entre las dos memorias sino en sostenerlas a la vez. Fue un poeta romántico de primer orden, con formación europea sólida y obra que resistió la prueba del canon. Fue un doctrinario conservador de argumentación fina, que formuló la crítica al igualitarismo importado en términos que Sergio Arboleda, Miguel Antonio Caro, Núñez y Carrasquilla desarrollarían durante medio siglo. Fue, también, el heredero de una fortuna esclavista secular, el general del decreto de represalias, el jefe militar que combatió con tropas de color en defensa del orden que las oprimía. Ni el intelectual explica al terrateniente ni el terrateniente disuelve al intelectual: los dos vivieron en el mismo hombre y actuaron con la misma mano.
Esa fusión —no contradicción resuelta, sino identidad plena de letrado y señor— es lo que hace de Arboleda una figura tan reveladora de su época. La élite payanesa a la que perteneció logró, durante casi dos siglos, articular el capital cultural más refinado del virreinato con la base material más brutal: minas esclavistas del Chocó, haciendas del valle, cuadrillas de trabajo forzado. Julio Arboleda fue el punto culminante de esa síntesis y, quizás, su despedida: la Constitución de 1863, promulgada apenas un año después de su muerte, incorporó al ideario nacional los principios que él había combatido, y aunque el orden señorial caucano sobrevivió en muchas de sus formas —los Mosqueras, Valencias y Arboledas siguieron siendo, hasta bien entrado el siglo XX, los patriarcas de esas provincias—, ya no encontraría un hombre que pudiera reunir, en un solo cuerpo, el verso épico, el mando militar y la candidatura presidencial. La bala de Berruecos cerró, junto con la vida de un hombre, un modo de ser central en la Nueva Granada. Lo que vino después —Regeneración, república conservadora, hegemonía— sería otra cosa: heredera suya, sin duda, pero ya sin el poeta hacendado que había sabido encarnar, en un solo cuerpo, la doctrina y la espada.
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Documentos y fragmentos citados
30 documentos · 35 fragmentos01Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · Páginas 148, 1522 citas
[1]mejoró «... teniendo como tengo satisfacción de haberse aplicado en este ejercicio». El segundo Francisco de Arboleda manejó los bienes familiares que se mantuvieron en indivisión hasta su muerte, en 1745. Pero no sólo este me- canismo de concentración de riqueza daba poder a la familia. También un sistema de alianzas…
p. 152
[2]Tadó. Permaneció dos o tres años y regresó a Popayán, pero lo su- cedió su hermano Jacinto. Éste trasladó la cuadrilla al río Iro y vivió allí quince años (hasta c. 1706)5. En adelante, hasta la muerte de estos dos per- sonajes -ocurrida después de 1730-, sus minas fueron administradas por diferentes mineros: Mateo…
p. 148
02Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · Página 3561 cita
[3]las riquezas aluviales de la provincia, aunque ya se había comenzado su explotación. A comienzos del siglo XVin se encuen tran allí algunos personajes muy conocidos en Popayán. Entre ellos, los hermanos Mosquera, Francisco de Arboleda, Bernardo Alfonso de Saa, Miguel Gómez de la Asperilla y Agustín de Valencia,…
p. 356
03Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · Página 1061 cita
[4]La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…
p. 106
04Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Páginas 181, 1892 citas
[5]como una élite terrateniente, minera 181 Capítulo 7. El localismo de las élites caucanas en el siglo xix y comerciante, que se consolidaría hacia el siglo xviii, tal y como lo expusiera Colmenares (1975). La situación de las élites de Popayán fue diferente. Al contar con un importante número de comunidades indígenas,…
p. 181
[8]extranjeros y la libertad de pren - sa (Restrepo, 1963). Se trataba entonces del sector de la élite que avi - zoraba realmente la instalación de las políticas que dejarían atrás el viejo régimen que predominaba camuflado en el orden republicano. Nos encontramos así en un proceso que enfrentaba la necesidad de disolver…
p. 189
05Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 982 citas
[6]los patriarcas esclavistas, la aristocracia sin título de 'los Mosquera, Arboleda, Arroyo y sus parientes", opuestos al "partido de la canalla" que "abu- san de la libertad de prensa" colocando amigos en influencias en el gobierno. Las citas son de la correspondencia de Bolívar. (Halperín Donghi, op. cit., p. 64 a…
p. 98
[7]los patriarcas esclavistas, la aristocracia sin título de 'los Mosquera, Arboleda, Arroyo y sus parientes", opuestos al "partido de la canalla" que "abu- san de la libertad de prensa" colocando amigos en influencias en el gobierno. Las citas son de la correspondencia de Bolívar. (Halperín Donghi, op. cit., p. 64 a…
p. 98
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1771 cita
[9]mismo sentido, quienes la protagonizan, encarnan en sí mismos los ideales del héroe romántico. Quizás por es- ta razón y por las características ex- huberantes de nuestra geografía, el romanticismo se instaló de manera contundente en la Nueva Granada, generando un inusitado aumento en la producción literaria. Los…
p. 177
07Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · Páginas 21, 1062 citas
[10]aquellos anos, entre la accién y la meditaci6n, ofrecieron sus vidas y su pluma a la nacién que nacia, asumiendo cargos publicos, ocupando la tribuna parlamentaria, alistandose en las filas de los ejércitos o en las de las finanzas y siendo idedlogos de los partidos politicos o sus eje- cutores, jurisconsultos 0…
p. 106
[26]tidos conservador y liberal, y unos afos de agitadas controversias politicas, econdémicas y religiosas, pues se consideraba necesario luchar con denuedo para acabar de manera definitiva con el orden co- lonial. Pero también favorecié la cultura, con la or- ganizacion de la Comisién Corografica, dirigida por el coronel…
p. 21
08Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Página 1111 cita
[11]a la conciencia en el extremo del crimen, para fulminar el rayo de los cielos. 65 Bien podríamos decir que su reportaje es materia prima para una narra- ción digna de Conan Doyle. 63 Luis Capella Toledo, Leyendas históricas. Imprenta Gerardo A. Nuñez, Bogotá, 1879. Se reeditó en el siglo xx (Editorial Minerva, Bogotá,…
p. 111
09Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · Página 5581 cita
[12]en todas las literaturas de Europa y soplan ya por todas partes los nuevos vientos rom á nticos ’ ’ Este movimiento neocl á sico llega tambi é n tard í amente a Am é rica y aqu í ju influjo se prolonga durante el per í odo de la Independencia y hasta la tercera d é cada del siglo xix, cuando ya en Europa estaba m su…
p. 558
10El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · Página 821 cita
[13]Julio Arboleda, Mariano Ospina Rodrí- guez y José Eusebio Caro, habían defendido con entusiasmo el librecambio 4. Esta dicotomía entre librecambio y democracia se acentuó más profundamente en el pensamiento de la élite conservadora con el advenimiento del romanticismo político radi- cal y plebeyo producto de las…
p. 82
11Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · Página 1291 cita
[14]authors of Santander’s plan, reconsid- ered the benevolence of Bentham’s doctrine in the following terms: An examination of the philosophy of educational reform brings me to the conclusion that the origin of the wrong behavior lies in the politi- cal science taught to students by professors without enough judgment to…
p. 129
12El pensamiento colombiano en el siglo XIXJaime Jaramillo Uribe · 2017 · Páginas 405, 4382 citas
[15]no sólo pecaba contra la estructura del universo tal como salió de manos del Creador, sino que carecía de justifica- ción histórica y de arraigo en la realidad social de los países americanos, en los cuales, por lo tanto, tenía que produ- cir resultados explosivos y disociadores. A este propósito, Arboleda decía: «En…
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[32]tica o por sus actividades teóricas y especulativas tenían 406 Jíndi Jícídneer Ucnsi un papel dirigente en la sociedad. De otro lado, la histo- ria política de España y la concepción española de la vida política y del gobierno, tan originales y propias ambas, parecían indicar que España y las sociedades americanas…
p. 405
13Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1121 cita
[16]de Bonald, Politicamente el conservatisme es pos- terior a la ideología liberal. surgió ra contradecitla. La execración de a revolución francesa, violadora del comen natural al cual debe retornarse, contiene una reacción antiliberal, El conservatismo ex canela ante el progresismo y el reformismo, lo emeperan los…
p. 112
14Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 1391 cita
[17]práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…
p. 139
15Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 941 cita
[18]el trato respetuoso que se debía dar a los prisioneros de guerra, asistencia a los heridos y enfermos y respeto a la población civil. El 26 de noviembre de 1820 se suscribió entre Simón Bolívar, como presidente de la recién creada República de la Gran Colombia, y Pablo Morillo, comandante español del Ejército de…
p. 94
16El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 4491 cita
[19]conservador. Esta ley transfería a los poderes nacionales, retirándosela a los estados la in- tervención en los escrutinios de las elecciones para miem- bros del Congreso y para la Presidencia de la República. Contra esta y parecidas medidas elevó violenta protesta el Partido Liberal, amenazado en su propia…
p. 449
17Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · Página 731 cita
[20]Julio Arboleda en el sur del Cauca. Payan es de- 1270 rrotado en Honda y Arboleda, después de la accion de Los Arboles, toma Popayan, va a Cali y torna a Popayan, donde dicta el «decreto de represalias», que implica que sin juicio sean ajusticiados indios de Tierradentro, a quienes acusa de seguidores del «tirano T.…
p. 73
18Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · Página 2931 cita
[21]u e r t o ' ', me dije- ron algunos. TEORÍA DEL CAUDILLISMO 150B Que Nieto llegó a set un auténtico caudillo y no un caudillejo provincial ni un simple gamonal o cacique, a pesar de su someti- miento a los procedimientos legales y al ' 'veredicto popular'', lo demuestran sus campañas militares, y el control que tuvo…
p. 293
19The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · Página 851 cita
[22]indeed, Liberals turned their shock into new attacks on his racism. “An incredible thing!” wrote a Liberal veteran soon after the Ca- ribbean campaign. “The decided friend of slavery, the fervent and cruel enemy of the black race, counted few, very few individuals in his ranks who were not of color.” Within months of…
p. 85
20Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1331 cita
[23]N DEL MEDIO SIGLO Para 1849 los candidatos presidenciales eran, en el conservatismo gobernante, el vicepresidente Rufino Cuervo, un maestro boya- cense, civilista y antiguo secretario de Hacienda, que representaba el esp í ritu de transacci ó n con el liberalismo que ahora encarna 1 38 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA ba…
p. 133
21Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1391 cita
[24]en 1854. Inclusive las mujeres integraron una Sociedad del Niño Jesús. Hasta el presidente López simpatizaba secretamente con la Sociedad Democrática de Artesanos de Bogotá y asistió a una de sus sesiones. Presidencias de López y Obando Sin embargo, fue en la elección del 7 de marzo de 1849, en la cual el Congreso…
p. 139
22Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 1091 cita
[25]and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…
p. 109
23Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2381 cita
[27]Codazzi: Geografía física y política de la o o con ra en C: a Nueva Granada. José Jerónimo Triana: Flora co- a liderada nuel Ibáñez y Are -——lombiana. El Congre- da y ontra la 1as li- so crea por ley el es- tado de Antioquia. + 1857 Se crean los esta- dos de Cauca, Cun- dinamarca, Bogotá, Bolívar, Magdalena y -…
p. 238
24Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Página 381 cita
[28]lución colombiana con la de otros paí- ses latinoamericanos, o si se advierte que la inestabilidad política no fue in- ferior bajo el imperio de constitucio- nes centralistas y autoritarias, el re- sultado no fue tan negativo, y bajo la vigencia de estas constituciones se fue- ron consolidando mecanismos de po- der…
p. 38
25Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 1041 cita
[29]for generations. The political excesses and conflict of the fifty-year period from about 1830 to 1880—marked by confusion, Conservative rule, a Liberal politi- cal reaction, the emergence of Mosquera as regional ruler, civil wars, and revolts—all happened within the framework of a written, acknowledged constitution…
p. 104
26Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 951 cita
[30]la Union y constituirse en republi- cas independientes o anexarse a otro pais, como lo intentaron Antioquia y Panama. Pero por algo la Constitucién de 1858 les prohibié usar bandera o escudo de otra nacién. Aquella conducta no era nueva, pues recordemos cémo en 1831 algunas provincias proclamaron su anexi6n a…
p. 95
27Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 601 cita
[31]las cadenas que arrastro, el silencio turban De esta soledad eterna Donde ni el viento se escucha... 106. Velásquez, "La esclavitud en la María de Jorge Isaacs" (1957), pág. 98. 107. Mina, op. cit., pág. 145. 108. Palacios, op. cit., pág. 50. [63] NINA S. DE FRIEDEMANN Y MÓNICA ESPINOSA ARANGO Muero sin ver tus…
p. 60
28Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · Página 2351 cita
[33]de la riqueza pública, de la felicidad de los ciudadanos, por el planteamiento de instituciones libres, por el desarrollo de ios principios generosos, por los intereses más elevados, no tienen derecho a ganar un óbolo. No es ésto una desigualdad chocante, incomprensible, monstruosa? Los periodistas en Colombia son una…
p. 235
29Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 2011 cita
[34]progreso, tal como lo exigía el modelo liberal burgués que se quería hacer fructificar. He aquí cómo la época li- beral se forjaba críticamente su propio pasado, que servía a su vez de legiti- mación a sus proyectos revoluciona- rios del presente. La historiografía conservadora apa- rece en el ambiente de crisis y de…
p. 201
30Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 11 cita
[35]27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…
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