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Biografía

Jorge Holguín Mallarino

Regeneración

1848–1928

19 min de lectura37 documentos
Nacimiento1848
Fallecimiento1928
RolesPresidente encargado de Colombia (1909) · Presidente encargado de Colombia (1921–1922)
Lugar principalBogotá
Período históricoRegeneración1886–1929
03

La biografía

Jorge Holguín Mallarino (Cali, 1848 — Bogotá, 1928) fue el gestor por excelencia de la hegemonía conservadora colombiana: dos veces presidente encargado —en 1909, durante la crisis de la caída de Rafael Reyes, y en 1921-1922, tras la salida de Marco Fidel Suárez—, ministro de Hacienda, diplomático, general de las guerras civiles del cambio de siglo y hermano del presidente Carlos Holguín. Su nombre atraviesa cuarenta años de política colombiana sin quedar nunca asociado a un proyecto propio. Esa función de engranaje —a la vez indispensable y subordinada— define su lugar en la historia del país y explica por qué su figura, sin el brillo doctrinario de Núñez ni la centralidad simbólica de Caro, ocupa el núcleo de la hegemonía conservadora entre 1886 y 1922.

02

Línea de vida

  1. 1848

    Nacimiento en Cali

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    Nació en Cali en el seno de la familia Holguín Mallarino, élite conservadora del suroccidente colombiano vinculada al apellido del presidente Mallarino y al entorno doctrinario del catolicismo hispánico, el centralismo y el librecambismo.

  2. 1888

    Ascenso familiar al poder ejecutivo: Carlos Holguín presidente

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    Su hermano mayor Carlos Holguín Mallarino asumió la presidencia en 1888 tras la revocación del nombramiento de Eliseo Payán. Gracias a la gestión de Núñez, el Congreso renovó su elección en 1890, completando cuatro años de gobierno (1888–1892). Jorge creció políticamente a la sombra de ese mandato, acumulando red de relaciones y capital simbólico familiar.

  3. 1899

    Participación en la Guerra de los Mil Días

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    Actuó como general del ejército gubernamental conservador en la guerra iniciada el 17 de octubre de 1899. El conflicto, que incluyó la batalla de Palonegro (11–26 de mayo de 1900, cerca de 8.000 muertos y 7.000 heridos), terminó el 21 de noviembre de 1902 y tuvo como consecuencia directa la pérdida de Panamá el 3 de noviembre de 1903.

  4. 1909

    Primera presidencia encargada: crisis del Quinquenio de Reyes

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    Como designado, asumió temporalmente el mando durante la crisis de 1909, retirando los tratados con Estados Unidos y Panamá del debate del Congreso para desactivar la protesta ciudadana. Declaró que acataría la decisión del Congreso sobre la sucesión; este eligió a Ramón González Valencia para terminar el período. Reyes abandonó Colombia embarcándose hacia Santa Marta.

  5. 1910

    Reforma Constitucional de 1910

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    La reforma que siguió a su gestión como encargado redujo el período presidencial a cuatro años, prohibió la reelección inmediata y abolió la pena de muerte, cerrando el ciclo autoritario del Quinquenio y abriendo una nueva fase de la hegemonía conservadora.

  6. 1921

    Segunda presidencia encargada: sucesor de Marco Fidel Suárez

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    Asumió la presidencia encargada en 1921 tras la salida de Marco Fidel Suárez. Durante su gobierno, su canciller Enrique Olaya Herrera gestionó la ratificación del tratado Urrutia-Thomson, por el que Estados Unidos pagaría a Colombia 25 millones de dólares como indemnización por la cuestión de Panamá, cerrando el mayor conflicto diplomático colombiano del siglo XX.

  7. 1922

    Entrega del poder a Pedro Nel Ospina

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    Concluyó su segunda presidencia encargada entregando el poder al general Pedro Nel Ospina, candidato conservador que ganó las elecciones de 1922 frente al liberal Benjamín Herrera en medio de denuncias de fraude electoral, incluyendo la presunta falsificación de más de ciento cincuenta mil votos según denuncia del doctor Alfonso Villegas Restrepo en el periódico La República.

  8. 1928

    Muerte en Bogotá

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    Falleció en Bogotá en 1928, habiendo atravesado cuarenta años de política colombiana como operador central de la hegemonía conservadora, desde la Regeneración hasta los últimos años del dominio conservador previo a la República Liberal.

La semblanza: el segundo de a bordo

Holguín no fue un ideólogo ni un caudillo. Su capital político residía en tres cualidades que la Regeneración necesitaba en dosis distintas según el momento: pertenencia inequívoca a la élite conservadora bogotana y caucana, competencia técnica en finanzas y diplomacia, y una disposición al pragmatismo que le permitía sostener el régimen sin disputar su conducción. En una época en que el conservatismo se fracturaba entre nacionalistas e históricos, y en que los liberales independientes o nuñistas quedaban excluidos del poder por su pasado, Holguín ocupaba una posición singular: aceptable para todas las facciones del partido, respetado por los adversarios que había combatido en el campo de batalla, útil para las potencias extranjeras que exigían interlocutores previsibles.

El resultado fue una carrera que combina la visibilidad extrema —dos presidencias, la firma de un tratado que cerró el mayor conflicto diplomático de Colombia en el siglo XX, mando de tropas en las dos guerras civiles del período— con una peculiar opacidad histórica. En la memoria colectiva, Holguín no es Núñez ni Caro ni Reyes: es el nombre que aparece cuando las crisis se resuelven, no cuando se libran las grandes batallas ideológicas. Esa opacidad no debe confundirse con marginalidad. En una hegemonía que duró cuarenta y cuatro años, el operador que garantiza la continuidad importa tanto como el fundador que la instaura.

Buena parte de su eficacia provenía justamente de esa ambigüedad. Pudo firmar decretos que otros no habrían podido firmar sin ser derribados, pudo negociar con Washington sin ser acusado de traición, pudo entregar el poder sin resistencia porque nunca lo había reclamado como suyo. Ese perfil no era casualidad sino oficio: décadas de acomodarse a los mandos ajenos sin renunciar nunca a la proximidad de las decisiones.

Los orígenes: una dinastía del conservatismo caucano

La familia Holguín Mallarino pertenecía a esa élite del suroccidente que había dado al país presidentes, generales y arzobispos desde mediados del siglo XIX. El apellido Mallarino remitía al propio presidente Mallarino, cuyo gobierno de mediados de los años cincuenta había sido la ocasión para que el conservatismo, tras la explosión política de 1854, ratificara su adhesión al librecambismo —posición que Julio Arboleda, en el discurso de posesión, había fijado como rumbo del partido en materia de política económica. El horizonte doctrinario en el que Jorge Holguín se formó ya estaba trazado desde su cuna: catolicismo hispánico, centralismo, apertura comercial, desconfianza del federalismo radical.

Esa formación fue, más que una educación en sentido estricto, una impregnación por proximidad. El joven Holguín creció en un entorno donde las conversaciones de sobremesa versaban sobre encíclicas y aranceles, donde los tíos, primos y hermanos mayores ocupaban curules, embajadas y cátedras, y donde el aprendizaje del oficio público se hacía por ósmosis con los mayores del clan. La generación anterior había vivido la ruptura entre gólgotas y draconianos, la expulsión de los jesuitas por Mosquera, la desamortización de bienes eclesiásticos: heridas frescas que el conservatismo caucano transmitió a los suyos como memoria activa. Cuando Jorge llegó a la mayoría de edad, sabía ya distinguir a los aliados de los enemigos por el apellido, y podía recitar sin esfuerzo la genealogía de las alianzas y las traiciones que habían marcado a la élite del Cauca desde la Independencia.

El vínculo con la familia Caro, cristalizado en la generación siguiente con los apellidos compuestos Holguín y Caro —Álvaro Holguín y Caro, biógrafo de Carlos Holguín; Hernando Holguín y Caro—, configuró una red dinástica que entrelazaba a los Holguín con la familia del ideólogo mayor del régimen, Miguel Antonio Caro. Cuando Jorge Holguín ejerció la presidencia, no lo hacía como advenedizo, sino como miembro de una constelación familiar que llevaba décadas administrando el país.

Su hermano mayor, Carlos Holguín Mallarino, encarnó la primera oleada del ascenso familiar al poder ejecutivo. Diplomático, parlamentario, hombre de confianza de Rafael Núñez, Carlos asumió la presidencia en 1888 tras la revocación del nombramiento de Eliseo Payán. Gracias a la gestión del propio Núñez, el Congreso renovó su elección como designado en 1890, lo que le permitió completar un mandato de cuatro años, equivalente al tiempo que le restaba a Núñez como presidente titular. Para muchos observadores, la presidencia de Carlos Holguín representó el regreso del conservatismo al poder ejecutivo tras la derrota frente a Mosquera en 1861. Desde mediados de 1888, con su asunción, el poder pasó efectivamente a manos de los conservadores con la anuencia de Núñez, aunque se mantuvo la denominación formal de "partido nacional". En esa transición se forjó también el capital político de Jorge: crecer a la sombra de un hermano presidente, pero sin quedar reducido a él.

La cercanía tuvo un doble efecto. Le abrió puertas —comisiones, delegaciones, ministerios— que ningún hombre de su generación habría podido franquear en soledad. Y le impuso, al mismo tiempo, la disciplina de no eclipsar al hermano mayor, de administrar la propia ambición en clave de servicio familiar. Cuando Carlos dejó la presidencia en 1892, Jorge no heredó el cargo pero sí la red de relaciones, la confianza de Núñez y el capital simbólico de un apellido que ya había demostrado saber gobernar sin romper el país.

La trayectoria: guerras, hacienda, diplomacia

La carrera pública de Jorge Holguín se despliega en tres frentes entrelazados: el militar, el hacendístico y el diplomático. En cada uno de ellos su función fue la misma —resolver, cerrar, estabilizar— y en cada uno operó desde una posición de segundo rango que, sin embargo, tomaba las decisiones prácticas del régimen.

La Regeneración había desatado, con su intransigencia política, un ciclo de guerras civiles que culminaría en la conflagración más larga y sangrienta de la historia colombiana. Holguín participó como general del ejército gubernamental tanto en la guerra de 1895 como en la Guerra de los Mil Días, iniciada el 17 de octubre de 1899 con el pronunciamiento liberal en Santander contra el gobierno de Manuel Antonio Sanclemente. Fue una hecatombe: en 220 combates se enfrentaron aproximadamente 75.000 soldados del gobierno conservador y otros tantos liberales. La batalla de Palonegro, entre el 11 y el 26 de mayo de 1900, duró dieciséis días y dejó cerca de 5.000 liberales y 3.000 conservadores muertos, además de casi 7.000 heridos; la más larga y mortífera de una guerra que devastó amplias zonas del país y sembró una memoria duradera de violencia. El conflicto se cerró el 21 de noviembre de 1902, pero su consecuencia más grave llegaría al año siguiente: la pérdida del departamento de Panamá el 3 de noviembre de 1903, herida geopolítica que definiría toda la diplomacia colombiana de las tres décadas siguientes —y en cuya cicatrización Holguín tendría, más tarde, un papel central.

En el terreno militar, la guerra fue también una lección sobre los límites del derecho de gentes. Las guerrillas liberales incurrieron en actos de perfidia —ataques silenciosos, degüellos de soldados dormidos—, aunque en pocos casos fusilaron civiles o prisioneros; tampoco se aplicaron plenamente otras normas, como la visita de médicos a heridos y enfermos. Del lado gubernamental, el argumento del no reconocimiento de la beligerancia liberal sirvió para eludir compromisos humanitarios. Terminada la guerra, la conclusión política sería más profunda que cualquier balance militar: la revolución armada y los ejércitos caudillistas quedaban erosionados como vías realistas de acceso al poder. Ese cambio de horizonte —que Rafael Reyes intentaría capitalizar con su gobierno de "concordia nacional" entre 1904 y 1909, incorporando incluso a Rafael Uribe Uribe como ministro— abriría el espacio en que Holguín pasaría del uniforme a la administración.

Cuando asumió responsabilidades hacendísticas, heredó un desorden monetario cuyos cimientos se habían fijado décadas antes. El Banco Nacional, creado en 1881 durante el primer gobierno de Rafael Núñez, había tenido como objetivo consolidar una emisión de dinero que cubriera la totalidad del país y sentar las bases económicas del proyecto centralista. Tras el triunfo del gobierno en la guerra civil de 1885, el papel moneda de curso forzoso fue implantado mediante el decreto 104 del 19 de febrero de 1886, y el privilegio exclusivo de emisión del Banco Nacional quedó consolidado por la ley 57 de 1887. La política aumentó el dinero en circulación y redujo la tasa de interés, favoreciendo actividades productivas, pero también generó desvalorización monetaria y descontento en los sectores comerciales y bancarios que perdían el monopolio del crédito. Durante la administración de Carlos Holguín se intensificó la división interna del conservatismo, alimentada precisamente por el manejo de la política monetaria y las emisiones del Banco Nacional. Los históricos, a partir de 1896, publicarían el Manifiesto de los 21 y Las bases para exigir reformas a la Constitución de 1886. Ese fue el escenario que Jorge Holguín aprendió a administrar desde adentro, como funcionario y como miembro de la familia que había firmado buena parte de las decisiones cuestionadas.

Cuando Holguín llegó a la administración financiera, Colombia era una de las economías menos productivas de América Latina y arrastraba, en vísperas de los Mil Días, un default de su deuda externa provocado por la caída del precio del café y los estragos de la guerra de 1895. Durante el conflicto, la financiación mediante emisión irresponsable de papel moneda produjo la hiperinflación más alta registrada hasta entonces en la historia del país, y ninguna banca extranjera prestaba ya sobre la firma colombiana. Su gestión concreta consistió en administrar lo insostenible: sostener la caja del Estado en guerra, negociar con acreedores que habían perdido la confianza y preparar el terreno para las reformas que vendrían después. Las del gobierno de Reyes, apoyadas en un mejor comportamiento de la balanza de pagos, permitirían cumplir los servicios de la deuda durante las primeras dos décadas del siglo XX; la indemnización por Panamá y el auge cafetero desde 1905 harían el resto. Holguín no diseñó esos pilares, pero fue el hombre que firmaba los decretos cuando cada uno de ellos entró en operación.

La primera vez que ejerció la presidencia fue en el momento más frágil de la política colombiana desde el fin de la guerra. Rafael Reyes, que había gobernado con mano fuerte desde 1904, se enfrentó en 1909 a una indignación pública que combinaba tres cargas: su intento de hacer aprobar tratados con Estados Unidos y Panamá que reconocían la independencia panameña, el rechazo creciente a su autoritarismo, y la irritación por los privilegios otorgados a allegados suyos. El Quinquenio se derrumbó con velocidad. Holguín, en su calidad de designado, asumió temporalmente el mando y tomó la decisión que definiría la salida de la crisis: retirar los tratados del debate del Congreso. Ese gesto —técnicamente administrativo, políticamente estratégico— desactivó la principal fuente de la protesta ciudadana y creó espacio para una transición ordenada. Reyes reasumió el poder brevemente antes de abandonar el país, embarcándose hacia Santa Marta.

Al recibir su renuncia definitiva, Holguín pronunció la fórmula que resumía su método: declaró que no permitiría que el general Ramón González Valencia se posesionara por vía de hecho, pero que acataría la decisión del Congreso si este lo elegía. Era la aceptación institucional pura: no obstruir la voluntad legislativa, no forzar la propia continuidad, no convertir el mando transitorio en poder. El Congreso eligió a González Valencia para terminar el período, y al año siguiente la Reforma Constitucional de 1910 redujo el período presidencial a cuatro años, prohibió la reelección inmediata y abolió la pena de muerte, cerrando el ciclo del Quinquenio.

Entre esa presidencia efímera y la que asumiría doce años más tarde, Holguín ocupó el espacio que mejor definía su oficio: el de hombre disponible. Fue designado en más de una ocasión, cumplió misiones diplomáticas en Europa, integró comisiones económicas, mantuvo su presencia parlamentaria y siguió siendo, en cada gabinete que se armaba, un nombre al que se recurría sin dramatismo. Los gobiernos de González Valencia, Restrepo, Concha y Suárez lo tuvieron a la vista, unas veces como ministro, otras como enviado, siempre como reserva. En esos años consolidó también la fisonomía pública que llegaría intacta a 1921: un hombre mayor, canoso, de palabra breve, de trato afable con adversarios, cuya sola aceptación de un cargo bastaba para que las bolsas y las cancillerías consideraran que la situación estaba bajo control.

La red: familia, régimen, potencia

Ningún político colombiano del período operaba solo. La red que sostenía a Holguín tenía tres círculos concéntricos, cada uno con su propia lógica y sus propios costos.

El primero era el familiar. Los Holguín Mallarino se entrelazaban con los Caro por vía matrimonial en la generación siguiente, produciendo esos apellidos compuestos —Holguín y Caro— que reaparecen en la bibliografía canónica de la Regeneración. Esa fusión no era decoración genealógica: era la infraestructura social sobre la que se ejercía el poder. Décadas más tarde, la propia familia se ocuparía de fijar su memoria: Julio Holguín Arboleda publicaría en Bogotá, en 1959, Mucho en serio y algo en broma, mezcla de recuerdos y anécdotas del clan; Álvaro Holguín y Caro daría a la imprenta en 1981 su estudio sobre Carlos Holguín; Hernando Holguín y Caro dejaría sus propios trabajos; y Sylvia Mallarino de Rueda coordinaría en el siglo XX la Historia de Colombia de Salvat. Que los Holguín escribieran sobre los Holguín era, más que un gesto endogámico, la prolongación natural de una lógica dinástica: la élite conservadora bogotana producía su propia historia con la misma naturalidad con que había producido presidentes.

El segundo círculo era el del régimen. Holguín se movía en el eje Núñez-Caro-Reyes-Suárez, adaptándose a cada figura sin quedar identificado exclusivamente con ninguna. Con Núñez compartió la lógica de la estabilización pragmática. Con Caro, la pertenencia a la élite ideológica del conservatismo hispánico. Con Reyes, la disposición a operar dentro de gobiernos que combinaban autoritarismo y modernización. Con Suárez, la orientación diplomática hacia Estados Unidos. Fue miembro de todas las coaliciones sin fundar ninguna: una posición que le permitió sobrevivir a las divisiones entre nacionalistas e históricos, a la caída de Reyes y al colapso de Suárez.

El tercero era el externo. La normalización de relaciones con Washington, obsesión de la política exterior colombiana desde 1903, era también una prueba de fuego para cualquier gobernante: la sola mención de acercarse al coloso del norte había sido suficiente para forzar la caída de al menos dos presidentes colombianos, percibidos como traidores a los intereses nacionales por sus adversarios. Que Holguín lograra ratificar el Urrutia-Thomson sin ser derribado por ese cargo constituye una de las claves de su longevidad política.

Esa arquitectura de tres círculos —familia, régimen, potencia— explicaría también, cuando llegara el momento, la naturalidad con que Holguín volvería a la Casa de Nariño en 1921. No como recién llegado ni como salvador, sino como el hombre cuya red podía sostener lo que la caída de Suárez estaba a punto de dejar en el aire.

La segunda presidencia: Urrutia-Thomson y la danza de los millones

En 1921, tras la renuncia de Marco Fidel Suárez, Holguín asumió por segunda vez la presidencia como designado, para completar el período hasta 1922. Suárez había impulsado la doctrina Réspice polum —"mirar hacia el norte"—, orientación pro-estadounidense que le había granjeado tantos enemigos como aliados. La misión que Holguín recibió era doble: cerrar el capítulo de Panamá mediante la ratificación del tratado Urrutia-Thomson, y sostener el régimen conservador en un momento en que su legitimidad se erosionaba.

El tratado establecía que Estados Unidos pagaría a Colombia una indemnización de 25 millones de dólares para zanjar las diferencias surgidas por la cuestión de Panamá. La negociación, iniciada años antes, había tropezado con la oposición del Senado estadounidense a la cláusula que expresaba "sincero pesar" por la separación de Panamá —percibida como una humillación por sectores del Congreso norteamericano. Frank Polk, secretario de Estado en funciones, había eliminado esa cláusula y modificado el artículo 3 para que Estados Unidos pagara 5 millones de dólares dentro de los seis meses de ratificación y 5 millones anuales durante los cuatro años siguientes. Colombia aceptó ese borrador Polk el 27 de febrero de 1919.

La gestión final de la ratificación coincidió con la presidencia de Holguín. Su ministro de Relaciones Exteriores era Enrique Olaya Herrera, quien colaboró decisivamente en el esfuerzo diplomático. La combinación funcionó por complementariedad: un presidente conservador de trayectoria intachable, con ascendencia sobre las facciones del partido, y un canciller liberal de prestigio creciente y capacidad de interlocución en Washington. Terminado su papel como canciller, Olaya viajaría a Washington como jefe de la misión colombiana ante ese gobierno, cargo que ocupaba cuando fue propuesto como candidato presidencial liberal para 1930.

El contexto de la ratificación incorporaba también intereses económicos concretos. La situación del petróleo y el conflicto que generaba con empresarios ingleses fue un argumento importante para que Colombia lograra la aprobación del tratado, en momentos en que varias empresas norteamericanas aspiraban a concesiones petroleras ya en proceso de formalización. La normalización de relaciones abrió la puerta a créditos, inversión y presencia comercial estadounidense. Los 25 millones, junto con esos capitales asociados, representarían durante los años veinte una entrada masiva de recursos que transformaría la economía colombiana.

La política económica de los gobiernos conservadores del período —incluido el de Holguín— se caracterizó por el endeudamiento externo y por la concentración de la inversión en obras públicas visibles, con descuido de aspectos sociales como salud, educación y distribución del ingreso. Esa orientación, coherente con la doctrina Réspice polum, sería objeto de crítica posterior, pero funcionó en el corto plazo como el motor de modernización material que sostuvo la hegemonía conservadora hasta su último tramo.

La sucesión, sin embargo, mostró las grietas del régimen. Las elecciones presidenciales de 1922 enfrentaron al candidato liberal Benjamín Herrera con el general Pedro Nel Ospina, y se produjeron en medio de un fraude electoral abierto. Alfonso Villegas Restrepo denunció en el periódico La República que los registros habían sido falsificados, aumentando fraudulentamente en más de ciento cincuenta mil votos los que favorecieron a Ospina. Holguín entregó el poder al conservador vencedor. La transición fue formalmente pacífica, pero el prestigio del sistema electoral quedó comprometido. La hegemonía conservadora sobreviviría ocho años más, hasta 1930, pero ya sin la legitimidad de origen que había tenido en el ciclo Núñez-Caro.

La imagen: caricaturas, tumbas y esqueletos

La representación pública de Holguín en la cultura política de su tiempo revela un ángulo que su carrera institucional oculta. En El Mago, publicación satírica que circuló entre 1891 y 1892, el caricaturista Alfredo Greñas convirtió a Holguín y a Rafael Núñez en figuras centrales de la crítica gráfica al régimen. Una de las viñetas más famosas los representó como esqueletos conversando en un cementerio, entre ocho tumbas de liberales muertos durante la guerra —presumiblemente los caídos en el conflicto de 1885.

La imagen era brutal en su economía. Los dos hombres del poder reducidos a huesos, dialogando entre las tumbas de sus víctimas, sin más carne que la del cargo público. El cementerio no era un decorado: era el paisaje moral del régimen, tal como lo veía la oposición. Y la presencia de Holguín en cuclillas junto al presidente titular decía algo que la historia institucional se ha resistido a asumir: para los adversarios del régimen no había jerarquía moral entre el fundador y el operador. Ambos eran responsables, ambos eran cadáveres anticipados de su propia obra. Que la caricatura los emparejara —cuando después se tendería a distinguir cuidadosamente al ideólogo del gestor— sugiere que el poder de Holguín era, en su tiempo, perfectamente visible para quienes lo padecían. La discreción con que hoy se lo lee es un efecto retrospectivo, no una descripción de época.

La prensa satírica pagó caro esa crítica. El Zancudo fue clausurado por seis meses en agosto de 1890 y cerrado definitivamente el 4 de octubre de 1891. El Mago circuló como publicación de transición hasta 1892, cuando apareció El Barbero. La represión sistemática de la caricatura política formaba parte del arsenal restrictivo de un régimen que, bajo la Constitución de 1886, había limitado libertades individuales y de prensa en nombre del orden.

El juicio contemporáneo sobre el conjunto de la Regeneración fue duro y explícito. Miguel Samper, descrito por sus contemporáneos como hombre prestigioso y mesurado, coincidía con observadores externos en que, aunque la forma de gobierno era republicana, en el fondo concentraba el poder de manera incompatible con esa denominación. Un análisis posterior evaluaría la Constitución de 1886 como inadecuada a la realidad nacional en su forma original, señalando que mientras no fue modificada alejó las posibilidades de convivencia pacífica —fracaso evidenciado por la guerra de los Mil Días y la separación de Panamá.

La huella: engranaje y hegemonía

Lo que Holguín deja al morir en 1928 no es una doctrina ni una obra ideológica. Es una manera de ejercer el poder que definió medio siglo de política colombiana: la administración pragmática de un régimen ideológicamente conservador, la disposición a negociar con las potencias externas sin fracturar el partido interno, la capacidad de asumir la presidencia como recurso de estabilización sin convertirla en trampolín personal.

Del lado de las luces: la conducción diplomática que cerró la herida abierta de Panamá y permitió a Colombia entrar en los años veinte con recursos externos, credibilidad crediticia y una relación estable con Estados Unidos; la gestión de la crisis de 1909 que evitó una salida violenta del Quinquenio; la continuidad institucional en momentos en que la ruptura era una posibilidad real. Del lado de las sombras: la participación en un régimen que restringió libertades, concentró el poder, alimentó la exclusión de los liberales del sistema político y produjo, por su intransigencia, la mayor conflagración civil del país; la pertenencia a una élite dinástica que confundía la administración del Estado con la gestión de un patrimonio familiar; la aceptación de un modelo económico que privilegiaba la deuda externa y las obras públicas visibles sobre la inversión social.

Holguín fue simultáneamente engranaje y beneficiario. Su utilidad como gestor de crisis era insustituible dentro de la lógica del régimen, pero esa función no lo situaba fuera del poder sino en su núcleo. La red familiar, la visibilidad pública que le concedía la caricatura opositora, el control de decisiones diplomáticas y financieras que definieron el destino del país durante décadas: todo ello demuestra que la figura del "segundo de a bordo" era también una forma de hegemonía, ejercida no desde la sombra sino desde ese punto exacto del organigrama donde las decisiones se toman sin necesidad de exhibirlas.

Cuando la hegemonía conservadora cayó en 1930 —dos años después de su muerte— y llegó al poder Enrique Olaya Herrera, su antiguo canciller, se cerró un ciclo que había durado cuarenta y cuatro años. Olaya adoptaría, ya como presidente, la misma doctrina Réspice polum que había servido para orientar la política exterior bajo Suárez y Holguín, mostrando una marcada inclinación hacia Estados Unidos y estrechando vínculos con esa potencia como condición para acceder a financiamiento y desarrollo comercial. La continuidad diplomática por encima del cambio partidario era la mejor prueba de que el modelo que Holguín había ayudado a construir sobrevivía a la caída de sus constructores.

No fue el ideólogo ni el caudillo, sino el hombre cuya utilidad al régimen fue tan profunda que sus decisiones —la firma de un tratado, el retiro de otros, la aceptación institucional de una sucesión— siguieron operando después de que él y su régimen habían desaparecido de la escena. Jorge Holguín fue el operador de la hegemonía conservadora, y las oficinas donde firmó sus decretos siguieron dictando el rumbo del país mucho después de que las llaves cambiaran de mano.

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Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

37 documentos · 46 fragmentos
01Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 3961 cita
[1]

en la lucha electoral que terminó con el 7 de marzo, el grupo de Cuervo —conservador— había insi- nuado algunas concesiones al proteccionismo 455. Más tarde, ciertos elementos, en su mayoría conservadores, quisieron fundar un «Partido Nacional». En su programa figuraba «En lo social… la protección a la industria…

p. 396
02Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Páginas 29, 542 citas
[2]

Santander. Bogotá: Planeta, 1989, p. 41. 2 Hugo Latorre Cabal, Mi novela. Bogotá: Ediciones Mito, 1961, p. 63. 3 Hugo Latorre Cabal, op. cit., p. 35. 4 José María Cordovez Moure, Reminiscencias de Santafé y Bogotá. Bogotá: Gerardo Rivas Moreno Editor, 1997, p. 414. 5 José María Samper, Los partidos en Colombia.…

p. 29
[25]

lo obligó a quitarse la careta atropellándolo todo. Se cerró el telégrafo por tres días; y, bajo la dirección personal de los respectivos jefes, se falsificaron los registros electorales, aumentando fraudulentamente en más de ciento cincuenta mil votos los que favorecieron al general Ospina. El doctor Alfonso Villegas…

p. 54
03Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · Páginas 71, 802 citas
[3]

fueron a pique y, en su forma original, resultó tan inadecuada a la realidad nacional (a pesar de reconocer mejor que la Cons- titución del 63 algunos aspectos bási- cos de esta realidad) como las anterio- res. Mientras no fue modificada, lo que ocurrió a consecuencia del gran fracaso representado por la guerra de los…

p. 80
[6]

y todavía más definidamente conserva- dor era el ejército. Desde mediados de 1888, pues, el poder pasó a manos de los conserva- dores, con la anuencia de Núñez. Don Miguel Antonio Caro mantuvo su pre- tensión de que se trataba de un nuevo partido, el «partido nacional», y el nombre se siguió usando. Pero los in-…

p. 71
04Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · Página 11 cita
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Historia de COLOMBIA Descubrimiento y Conquista I Tomo 3 SALVAT Directores: Juan Salvat Roberto Garcia Rojas Director de la obra: Ricardo Martin Director cientifico: Gonzalo Hernández de Alba Secretario de redacción: Amancio Fernández Coordinación genera!: Sylvia Mallarino de Rueda Equipo editorial: Miguel Barrachina,…

p. 1
05Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Páginas 161, 1642 citas
[5]

de la paz y la concor- dia, y, en suma, una seria perturbación". Así resumió el telón de fondo la comisión que estudió el proyecto respectivo para alejar a Payán definitivamente de cualquier opción de poder dentro del régimen establecido. Ese propósito se materializó en la Ley 40 del 4 de mayo de 1888. Su artículo…

p. 161
[9]

Núñez, quien es el encargado de obtener que el Congreso re- pitiera la elección en 1890, lo que le permite a Holguín llevar a término un mandato de cuatro años, los mismos que le faltaron al gobernante cartagenero como titular. Para algunos observadores de aquéllos años, la presencia de Holguín, conservador, en el pa-…

p. 164
06Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Páginas 28, 2752 citas
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de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…

p. 275
[11]

cuyo balance fue aterrador: en 220 combates se enfrentaron 75.000 soldados del Gobierno conservador y otro tanto de liberales, la mayoría constituidos en guerrillas. Estos sufrieron varias derrotas, pero la mayor e irreversible, fue la de la batalla de Palonegro, la más larga y mortífera, que duró 16 días (entre el 11…

p. 28
07Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Páginas 241, 2432 citas
[8]

de la Academia Nacional de Música por Jorge Price. 1883 Fundación del Banco de Crédito Hipotecario en Bogotá. Muere el pintor José María Espinosa en Bogo- tá. Similia similibus, de Teresa Tanco de Herrera, zarzuela colombiana. -1884 Rafael Núñez, presidente de la República. Ezequiel Hurtado, pri- mer designado, ejerce…

p. 241
[18]

el designado Jorge Holguín retira los tratados del debate del Congreso y Reyes reasume el mando. Reyes se embarca hacia Santa Marta y abandona el país. El Congreso elige a Ramón González Valencia para terminar el sexenio, y restablece la división del país en departamentos. 1910 Reforma Constitucional: abolición de la…

p. 243
08Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · Página 3641 cita
[10]

de agosto de 1890 El Zancudo fue clausurado por seis meses. Cuando reapareció, el 22 de febrero de 1891, publicó un saludo y un texto irónico: «Y resucitó entre los muertos», relativo a la Regenera- ción. Fue cerrado definitivamente por el Gobierno el 4 de octubre de 1891. 290 Ibidem, pág. 126. 291 Ibidem, pág. 100.…

p. 364
09Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 3861 cita
[12]

una Colombia enfrentada con siniestra regula- I ridad. Una Colombia que, en lugar de ir mitigando sus pa- siones con el paso de los años, va refinando con ellos el • ejercicio de la violencia, con el apoyo del avance técnico y / científico del armamento y con un hombre colombiano s cada vez más amañado con la aventura…

p. 386
10Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3061 cita
[13]

Palonegro, del grupo de "Zapadores" conformado en Pamplona por el capitán Teodoro Ramírez, en un campamento en la Concesión Barco, en las selvas del Catatumbo. fraccionó en cuerpos virtualmente au- tónomos, por cuanto una dirección centralizada se hacía imposible, sin co- municaciones distintas a la red tele- gráfica…

p. 306
11Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1081 cita
[14]

en ruinas. Quizá lograron una paz perfecta entre ellos, y por eso, la siguiente confrontación se aplazó por cerca de treinta años, pero el país no gozó de paz social, no se lograron desterrar los odios, ni los conflictos, ni las venganzas. Como señaló Fernán González, gran conocedor del tema, “La memoria de los…

p. 108
12When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Página 511 cita
[15]

his farm) locked his wife and children in their thatched-roof hut) and then burned it to the ground. \Vhen he learned what had happened) Reyes joined the guerrilla force of uEI Negro Marin" and said simply uI've come to kill godos." And that is what he did) earning fame throughout Tolima for the maniacal way he…

p. 51
13Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 191 cita
[16]

de su indumentaria, cualquier indicación de cómo pensaron y cómo sintieron. Y hay que releer todas las memorias, y leer los nuevos fondos que recientemente han sido donados al Archivo General de la Nación, como las treinta mil hojas de vida con las que los veteranos de la guerra, liberales y conservadores, apoyaban…

p. 19
14Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 701 cita
[17]

nivel social de los combatientes y la fuerza de su identificación con su propio bando. Incluso durante la guerra de 1899, cuando se formaron guerrillas liberales más o menos independientes del mando general, estas cometieron actos de “perfidia”, como atacar en silencio y degollar a los soldados dormidos, pero en pocos…

p. 70
15Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 174, 1772 citas
[19]

modificaci ó n del sistema electoral, ordenando que en toda elecci ó n donde hubiera tres o m á s curules (las de concejos y Congreso) el partido minoritario deb í a obtener parte de é stas. El presidente, admirador del mexicano Porfirio D í az, promovi ó el desarrollo econ ó mico, impulsando obras para el comercio…

p. 174
[24]

esta elecci ó n (un candidato disidente tuvo unos pocos votos), aun que muchos, como los liberales Benjam í n Herrera y Alfonso L ó pez l ’ umarejo y los republicanos Eduardo Santos y Luis Eduardo Nieto t Caballero, apoyaron a un conservador disidente, el poeta Guillermo Valencia. Al terminar la Primera Guerra…

p. 177
16Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 1151 cita
[20]

en la resistencia por casi todos los gobernadores. En esos d í as finales de julio se apres- 122 LA VIDA EOL Í TICA DESPU É S DE PANAMA taban tambi é n a respaldar a su candidato los partidarios cundina-1 marqueses, santandereanos y boyacenses del general Gonz á lez. Era, f otra vez, el clima de la guerra civil. Los…

p. 115
17Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 51 cita
[21]

had tried to put down the Panama revolt without success, was able to gain the presidency in 1904 by calling for a program of na- tional restoration. Once installed, he quickly adopted authoritarian meas- ures to create a dictatorship known as the Quinquenio that endured until 1909. 10 Historians find the Quinquenio a…

p. 5
18Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1301 cita
[22]

to guarantee the opposition a reasonable number of seats in Congress, department assemblies, and municipal councils. To do so, in 1905 he arbitrarily dissolved the overwhelmingly Con- servative Congress and convoked in its place a national assembly, which voted to extend his presidential term from six years to 10.…

p. 130
19Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Páginas 15, 182 citas
[23]

Suárez». Tanto en sus actitudes personales, como en las cir- cunstancias que existían en el momen- to de llegar a la presidencia y en sus antecedentes, sobresalían su inclina- ción hacia los Estados Unidos y su creencia en la idea de que, solamente con una relación con los Estados Uni- dos semejante a la planteada por…

p. 18
[30]

entre 1918 y 1922, buscó la normalización en las relaciones con Washington y la consi- guiente apertura de créditos y de in- versión norteamericana para Colom- bia. La eventual explotación de petró- leos se encontraba en un momento de- cisorio a la cual aspiraban varias em- presas norteamericanas e inglesas, teniendo…

p. 15
20Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · Página 1141 cita
[26]

y en los embates recurrentes contra «la perversión de lo moderno». Los retratistas de la burguesía trabajan bajo la égida del centenarismo. En 1900 el Partido Nacional pierde el poder en Colombia y comienza a gobernar el conservatismo, definiéndose como el «triunfo de las oli- garquías y del individualismo», mientras…

p. 114
21María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · Página 1971 cita
[27]

y la necesidad de purificar el sufragio mediante reformas electorales 128. Para ese año de 1928, era evidente que la política económica de los últimos gobiernos conservadores había prácticamente empeñado al país y había agudizado los problemas sociales, tanto en el campo como en las ciudades. Las cifras dadas por…

p. 197
22Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · Página 331 cita
[28]

ademas de los beneficios de mercado. En el plano de las consideraciones la cuestién parecia presentarse como una especie de alternativa entre la negativa a la negociacion o la aceptacién de ésta con el riesgo de caer en la politica de protectorado. Pero frente a estas alternativas se crefa posible llegar a un acuerdo…

p. 33
23Arrogant Diplomacy: U.S. Policy Toward Colombia, 1903-1922Richard L. Lael · 1987 · Página 2671 cita
[29]

by 1915 had become a personal as well as a political enemy of Wilson, became chairman of the Foreign Relations Committee, which controlled the fate of the Thomson-Urrutia document. 58 In the absence of both Secretary Lansing and President Wilson, who had sailed for France on 4 December, Acting Secretary of State Page…

p. 267
24Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 2151 cita
[31]

was written and signed by both parties. Philippe Buneau-Varilla, the French promoter of the Panama Canal project, was credentialed as the official minister in Panama, and the Panama- U.S. Canal Treaty was ratified in early 1904. Work on the project ensued immediately thereafter, and the canal was opened to traffic in…

p. 215
25Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Páginas 20, 262 citas
[32]

Su pasado. Su presente. Su Porvenir: Deseaba evitar toda participación de soberanía en la zona del canal […] Esa partici- pación era la debilidad del Tratado Herrán-Hay. Hice entonces una innovación en el derecho internacional. Decidí conceder a los Estados Unidos, en el interior de la zona, todos los derechos,…

p. 26
[45]

requisitos para ser elector, permitió una alianza fugaz entre históricos conser- vadores y liberales. Cuando en noviembre de 1898 fracasó el intento de hacer aprobar una reforma electoral en el Congreso, los guerreristas liberales desple- garon sus velas y se hicieron a la mar. Entre tanto, en el conservatismo la…

p. 20
26Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · Página 2421 cita
[33]

though technologically com- plex, was already 40 percent completed thanks to the prior efforts of Lesseps. The Hay- Herr á n Treaty was ratified in early 1903 by the United States Sen- ate but was rejected by the Colombian Senate. Colombians worried about the loss of sovereignty over Panama, as their nation was…

p. 242
27Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1701 cita
[34]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
28Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · Página 281 cita
[35]

la baja oferta agraria, los precios tendían a subir. Para la época se aducían como causas del atraso de la agricultura las siguientes: la concen- tración de la propiedad del suelo en pocas manos, el ausentismo, la inse- guridad en la vida campestre (por las guerras civiles, las expropiaciones y confiscaciones de…

p. 28
29Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 591 cita
[36]

tional scene was the ongoing poverty of the central government. That was in turn rooted in the undeveloped character of the economy. The rise of coffee notwithstanding, Colombia’s economy was one of Latin America’s least pro- ductive in 1899. In per capita exports and foreign investment, to cite but two indicators,…

p. 59
30Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · Página 2131 cita
[37]

Perú (1993), México (1993), Costa Rica (1995), Bolivia (1995), Uruguay (1995) y Paraguay (1995). La única excepción ha sido Brasil (Carstens y Jácome 2005: 43). 213 La independencia del Banco de la República y la reelección presidencial emisión, y el gobierno tenía la facultad de ejercer inspección y vigilancia sobre…

p. 213
31Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · Página 2921 cita
[38]

nivel de endeudamiento externo del país era de los más bajos de la región en 1909, tal como se muestra en la Gráfica 65, lo que revela su enorme aislamiento internacional. Gráfica 65 Deuda externa de América Latina en 1909. (Libras esterlinas). Fuente: Junguito (1995). El inicio del siglo también se vio marcado por la…

p. 292
32El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Páginas 126, 1302 citas
[39]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
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fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…

p. 130
33Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 2701 cita
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el inicio de una guerra civil, en 1899. La “regeneración” política de Colombia inauguró un periodo de hegemonía conservadora durante la presidencia de Rafael Núñez y de Miguel Antonio Caro, quien como vicepresidente estuvo al mando durante las ausencias frecuentes de Núñez, y hubo de reemplazarlo cuando enfermó, en…

p. 270
34Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · Página 441 cita
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util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…

p. 44
35La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · Página 11 cita
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b i b l i o t e c a a b i e r t a c o l e c c i ó n g e n e r a l e s t u d i o s i n t e r d i s c i p l a n a r i o s La hegemonía conservadora La hegemonía conservadora Rubén Sierra Mejía editor 2018 catalogación en la publicación universidad nacional de colombia La hegemonía conservadora / Rubén Sierra Mejía,…

p. 1
36Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 561 cita
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as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…

p. 56
37El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · Página 5431 cita
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a quedar tan anémico, que la servidumbre se acepta entre las masas con abúlica indife- rencia — aguantando —. Se soporta, se calla de continuo, para de repente volver a vociferar. Más característica es la resistencia que los principios de gobierno de Núñez han encontrado entre los conservadores, buenos católicos y…

p. 543