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Idea · Independencia

Deuda externa

La deuda externa de la Gran Colombia nació en Londres entre 1819 y 1825 como dispositivo de emergencia fiscal: una acumulación de obligaciones bélicas, pagarés a comerciantes ingleses y compromisos con mercenarios que la república consolidó bajo presión de guerra y que se depreció en la Bolsa de Londres antes de que sus propios hacendistas supieran leer sus cotizaciones.

4.054 palabras23 documentos37 fragmentos citados
Deuda externa

Trayectoria de una idea

  1. 1819

    Acumulación de las primeras obligaciones externas

  2. 1820

    Consolidación de la deuda por Francisco Antonio Zea

  3. 1821

    Fracaso del impuesto sobre la renta en el Congreso de Cúcuta

  4. 1822

    Muerte de Zea y recepción en Londres

  5. 1824

    Reconocimiento diplomático británico y contratación de empréstitos

  6. 1826

    Crisis del crédito interno y empréstito forzoso

  7. 1827

    Derrumbe de los debentures colombianos en la Bolsa de Londres

03

La lectura

La deuda externa de la Gran Colombia fue, en su origen, menos un instrumento financiero que un registro de urgencias: la suma de sueldos impagos, armas fiadas, promesas incumplidas a mercenarios y obligaciones de guerra que Francisco Antonio Zea consolidó en Londres bajo la presión de una república que aún no controlaba su propio territorio. Su lógica fundacional —crédito contratado bajo presión bélica, servicio interrumpido, renegociación aplazada— se reprodujo en los empréstitos formales de 1822-1825, cuando la City londinense canalizó hacia Colombia un capital que sirvió principalmente para cubrir deudas anteriores y sostener el gasto militar, sin dejar excedente para el desarrollo. La depreciación de los debentures colombianos a menos de una cuarta parte de su valor nominal desde 1827 reveló la brecha entre las expectativas del mercado y la capacidad fiscal real de la república, brecha que los hacendistas granadinos tardaron décadas en comprender porque calculaban siempre con valores nominales. El fenómeno engendró además un sector de especuladores que compraban títulos depreciados para saldar impuestos a valor nominal, distorsionando las finanzas públicas y haciendo imposible cuadrar el presupuesto. Solo bajo la administración Ospina, con el asesoramiento de un banquero holandés, se adquirió plena conciencia del significado del valor fluctuante de los títulos y de las posibilidades reales de pago que ello ofrecía a la Nueva Granada.

La deuda externa de la Gran Colombia

La deuda externa colombiana nació en Londres entre 1819 y 1825, en el mismo movimiento con que la república se hacía reconocer como Estado ante el mundo. Fue, antes que un instrumento de desarrollo, un dispositivo de emergencia: la salida obligada de una hacienda pública que no lograba sostener con impuestos propios un ejército que pasó de siete mil hombres a más de veintitrés mil en dos años, ni pagar a los mercenarios que habían combatido en Carabobo, ni cubrir las armas compradas a comerciantes ingleses y holandeses. Contratada bajo la urgencia de la guerra y negociada por agentes que también gestionaban el reconocimiento diplomático británico, se depreció en la Bolsa de Londres antes de que la primera generación de hacendistas granadinos supiera leer sus cotizaciones, y se transformó, tras la disolución de la Gran Colombia en 1830-1831, en un problema tripartito que arrastraría a Nueva Granada, Venezuela y Ecuador por toda la década siguiente. El patrón que fundó —crédito contratado en Londres bajo presión bélica, servicio interrumpido, renegociación aplazada, pago con tierras baldías— habría de estructurar la relación fiscal del país con los mercados internacionales durante buena parte del siglo XIX.

Qué se llamaba deuda externa en 1820

En rigor, la primera deuda externa de Colombia no fue un empréstito bancario sino una acumulación de obligaciones dispersas: sueldos atrasados de oficiales extranjeros, pagarés firmados a comerciantes ingleses por armas y pertrechos, compromisos con viudas y damnificados, promesas incumplidas a los mercenarios reclutados por Luis López Méndez desde Londres. Aquellos hombres —oficiales licenciados del ejército británico tras Waterloo, alemanes de Hannover, irlandeses, escoceses— se habían embarcado a medio sueldo con la esperanza de enriquecerse en Venezuela, atraídos por promesas de un grado suplementario, del reembolso de los gastos de la expedición y de tierras arables. Una vez desembarcados, esperaron en vano lo prometido, y sus reclamos, sumados a los de proveedores y armadores, engrosaron el pasivo del joven Estado. Muchos morirían de fiebres en el bajo Orinoco antes de cobrar un chelín; otros regresarían a Europa amargados, y sus quejas, publicadas en panfletos y cartas a los periódicos de Londres, se convertirían en la primera imagen negativa que la república tuvo entre sus futuros acreedores.

A esa masa desordenada de compromisos se añadió la aventura del general Gregor McGregor, cuya expedición dejó a la Nueva Granada una obligación de 54.094 libras esterlinas que Francisco Antonio Zea, emisario en Europa, aceptó firmar. Se sumaban también los pagarés a comerciantes por 10.110 libras, las recompensas a viudas y damnificados por 1.610 libras, y el empréstito para gastos personales del propio Zea por 66.666 libras. El grueso, sin embargo, correspondía a las cuatro armadas contratadas por López Méndez y José María del Real: 469.354 libras esterlinas destinadas a equipar y transportar las expediciones que habrían de decidir la guerra en el norte.

La suma de todas estas partidas —consolidada en un acuerdo con acreedores ingleses— arrojó una deuda de aproximadamente 547.783 libras esterlinas, cifra próxima al equivalente de los tres millones de pesos calculados antes, aunque la equivalencia no incluía ni el préstamo Mackintosh ni el empréstito personal de Zea. Sobre ese monto se comprometió el pago de un interés anual, presuntamente del 6%, y una porción no bien determinada de los ingresos públicos de la república. La república recién nacida, sin catastro ni contabilidad centralizada, se obligaba con cifras que en Bogotá pocos entendían y con acreedores cuyos nombres el ministerio de Hacienda ni siquiera conocía completos.

Zea en Europa: la consolidación de 1820-1822

Francisco Antonio Zea, botánico antioqueño formado en la expedición de Mutis, había hecho carrera política en la España liberal antes de plegarse a la causa republicana. Bolívar lo envió a Europa con un mandato doble: obtener el reconocimiento de la independencia y encontrar dinero. Entre 1820 y 1822 se movió entre París y Londres cargando manifiestos, acuerdos y borradores de empréstitos, en una diplomacia que era también gestión de crédito, y en un crédito que era también diplomacia.

En París entregó al embajador holandés Robert Fagel un documento que la posteridad describiría como un "grito del corazón" y que fue remitido a La Haya en un intento —fallido— por interesar al capital holandés en la nueva república. La firma Mees & Co. de Róterdam, que ya había suministrado armas a Colombia, negoció un empréstito estatal de entre seis y ocho millones de florines para emitirse en Holanda; el proyecto quedó en nada cuando la propia casa se echó atrás.

Londres ofrecía un panorama distinto. Allí Zea maniobró en dos frentes simultáneos. Por un lado, la consolidación de las viejas obligaciones, sellada con el acuerdo por las 547.783 libras y con el compromiso de un servicio regular de intereses. Por otro, la construcción de una imagen respetable de la república entre la elite mercantil e intelectual británica. En julio de 1822 fue centro de una recepción en Londres a la que asistieron empresarios y hombres de letras, incluidos el duque de Somerset y William Wilberforce, el gran abolicionista, que brindaron por la independencia colombiana. La escena importa: mostraba que la causa de Colombia había ganado ya un capital simbólico en la City y sus alrededores, aunque el reconocimiento diplomático formal tardaría dos años más. Entre las copas alzadas y los discursos, se cifraba una apuesta: que la nueva república entrara en el sistema de crédito británico por la puerta de los salones antes que por la de los consulados.

Zea murió en 1822, en plena misión, sin ver el desenlace de las gestiones que había iniciado. Su firma quedó estampada en las obligaciones que Colombia habría de cargar durante toda su existencia como república grancolombiana y aún después. Enfermo desde hacía meses, agotado por las gestiones en dos capitales y por la falta de instrucciones claras desde Bogotá, dejó tras de sí un legajo de compromisos que sus sucesores heredarían sin haber participado en su negociación.

La City y las nuevas repúblicas: 1822-1825

El mercado londinense estaba en condiciones excepcionales para acoger la deuda hispanoamericana. Inglaterra, salida de la crisis de 1818 y con un aparato manufacturero que necesitaba mercados nuevos, disponía de un excedente de capital inactivo que buscaba circular fuera de sus fronteras. La apertura del mundo hispanoamericano, cerrado durante tres siglos por el monopolio español, era considerada esencial para el restablecimiento de las manufacturas británicas, y el gobierno inglés adoptó una política activa para expandir el comercio hacia el sur.

En ese cruce entre excedente financiero y expansión comercial, los empréstitos a las nuevas repúblicas cumplieron una función precisa: ampliar el mercado para las manufacturas inglesas, canalizando hacia América Latina un capital que a la vez financiaría la compra de esas mismas manufacturas. Colombia contrató al menos dos empréstitos con prestamistas ingleses durante el período grancolombiano, operaciones cuya negociación sería objeto, más tarde, de críticas amargas tanto contra la administración de Francisco de Paula Santander como contra los negociadores directamente involucrados: Manuel Antonio Arrubla y Francisco Montoya en el segundo caso, Manuel José Hurtado en la representación oficial.

El destino de los fondos revela la mecánica del asunto. En Colombia, como en Perú y en el resto de las nuevas repúblicas, los préstamos externos se emplearon principalmente en dos cosas: cubrir obligaciones previas con comerciantes británicos —muchas veces los mismos que suministraban los pertrechos que sostenían la guerra— y financiar gasto militar corriente. No hubo excedente para inversión en desarrollo. El caso peruano es ilustrativo por su paralelismo: un préstamo de un millón de libras contratado en Londres en 1822, del que el gobierno peruano recibió menos de 900.000 libras efectivas; un segundo empréstito de 616.000 libras en 1825; ese mismo año la mora y la suspensión de pagos de intereses. Colombia recorrería un camino análogo con apenas un desfase de meses.

Los debentures colombianos —los títulos de 100 y 500 libras en que se materializaba la deuda— se cotizaban en la Bolsa de Londres a valores que fluctuaban con la percepción del riesgo. Desde 1827 esa cotización se derrumbó a menos de una cuarta parte del valor nominal, señal inequívoca de que el mercado había perdido la fe en la capacidad de la república para servir sus obligaciones. Un título nominal de 100 libras podía adquirirse en el parqué londinense por veinte o veinticinco, y a veces por menos; el fenómeno, tan visible para cualquier corredor de la City, tardó años en ser cabalmente comprendido por los ministros de Hacienda en Bogotá.

Una hacienda que no daba

Explicar por qué Colombia debió endeudarse en Londres exige mirar hacia adentro. El presupuesto oficial del Ejército pasó, entre 1818 y 1823, de varios millares a millones de pesos. Los efectivos militares, siete mil hombres a comienzos de 1819, superaron los veintitrés mil en 1821. Ese crecimiento extraordinario, indispensable para las campañas de Carabobo, Pichincha y Junín, se produjo sobre una base fiscal incapaz de sostenerlo.

El Congreso de Cúcuta, en 1821, intentó establecer un impuesto sobre la renta —el primero de la vida republicana— pero el experimento naufragó desde el principio: no había estadísticas confiables sobre contribuyentes, los funcionarios de recaudación eran pocos y mal preparados, y las provincias resistían. En 1826 el impuesto fue formalmente abandonado. Las contribuciones forzosas aplicadas regionalmente para financiar tropas en campaña arrojaron resultados desiguales, exitosos en algunas provincias y fracasos en otras. El mercado financiero interno era un desierto organizado: los empréstitos internos eran frecuentemente forzados o tenían características de tales, las tasas de interés subieron a niveles antes desconocidos, y la autorización constitucional de 1821 para crear un banco nacional apenas fue aprovechada.

El resultado de esta hacienda deficitaria fue doble. Hacia adentro, la incapacidad para pagar salarios y sostener las tropas en campaña engendró depredación sobre la población civil desde 1822-1823, deteriorando el prestigio del ejército republicano en las mismas regiones que había liberado. Hacia afuera, la única vía disponible para financiar la guerra y consolidar la nueva estatalidad era el crédito de la City. Los superávits contables de algunos años de la primera república eran espejismos: ocultaban la postergación de pagos de deuda pública y gastos irrisorios en desarrollo económico. Los gastos públicos por habitante oscilaban en torno a un peso en los años treinta y tenderían a disminuir en la década siguiente.

El comercio exterior y los aranceles aduaneros constituían, en la práctica, la única fuente robusta de ingresos fiscales. La tarifa de 1826 fijó derechos de importación entre el 7,5% y el 36%: era, sobre todo, un arancel fiscal, concebido menos para proteger la producción nacional que para recaudar. Y era precisamente por las aduanas por donde habrían de fugarse, más adelante, las posibilidades de servir la deuda, cuando los especuladores comenzaran a pagar impuestos con bonos depreciados a valor nominal.

Reconocimiento y crédito: la coincidencia de 1824

La política exterior de la república, organizada por Pedro Gual siguiendo el reglamento que Santander había expedido en 1822, incluyó el envío de misiones a los principales países de América y Europa y a la Santa Sede. Zea primero y José Rafael Revenga después habían sido nombrados agentes ante Gran Bretaña, con la misión sostenida desde 1820 de arrancar al Foreign Office el reconocimiento de la independencia.

El proceso no fue rápido ni lineal. En 1823 el gobierno británico designó a los coroneles John Potter Hamilton y Patrick Campbell como agentes confidenciales ante el gobierno de Colombia. Llegaron a Bogotá en marzo de 1824 y presentaron credenciales al vicepresidente Santander, en un gesto todavía ambiguo: enviar agentes confidenciales no equivalía a reconocer al Estado. Fue George Canning, secretario de Relaciones Exteriores, quien empujó la decisión hasta su desenlace. En diciembre de 1824 obtuvo del gabinete británico la determinación de reconocer a Colombia, después de haber nombrado ya, desde octubre de 1822, cónsules en los nuevos estados hispanoamericanos.

La coincidencia con la gran contratación de empréstitos no es un accidente cronológico. El reconocimiento británico, aunque no fue formalmente una condición del crédito, se movió en la misma ventana temporal y con la misma lógica: mostraba a los mercados londinenses que Colombia era un interlocutor confiable, y a la república le abría el acceso a los recursos que su hacienda no podía generar por sí misma. Inglaterra y Francia fueron los primeros países en reconocer la independencia colombiana y en enviar sus agentes diplomáticos, y de ambos se obtuvieron algunos empréstitos durante los años iniciales.

Bolívar, que en esos años dominaba la política continental desde el sur, admiraba profundamente a Gran Bretaña por sus credenciales liberales y por el poder ascendente que había desplegado desde las guerras napoleónicas. Dudaba, sin decirlo demasiado, de la capacidad de los pueblos sudamericanos para defenderse y democratizarse sin un tutor externo, y en Inglaterra veía un apoyo indispensable. La relación con Londres —diplomática, comercial, financiera— tenía para él una densidad estratégica que iba más allá del crédito puntual.

Conviene, sin embargo, no exagerar el peso de esa relación. La presencia extranjera en la región grancolombiana era comparativamente pequeña, y Londres —salvo en los momentos de firma de empréstitos y de mora— fue generalmente indiferente y notablemente distante de los acontecimientos en Bogotá. La situación era cualitativamente diferente a la de Argentina o Brasil, donde entre 1870 y 1940 la penetración británica sería mucho más intensa. En el caso colombiano, el concepto de "imperio informal" británico, tan útil para otros escenarios, tiene un alcance restringido en tiempo y lugar.

La comisión y la mora: 1820-1827

El Congreso colombiano, consciente del desorden en que se hallaban las obligaciones acumuladas desde 1819, nombró una comisión de tres personas encargada de acopiar información sobre las deudas de la república. El decreto de Angostura de 1820, sobre liquidación y reconocimiento de la deuda nacional, fue una primera pieza de ese esfuerzo por poner en orden un pasivo cuya magnitud exacta ni el propio gobierno conocía.

Ese esfuerzo no bastó para evitar la crisis. Los intereses de la deuda externa exigían un servicio regular en libras esterlinas, transferible a Londres a través de los flujos del comercio exterior, y la hacienda republicana no lograba producir esos flujos con suficiencia. El 22 de mayo de 1826 la Legislatura decretó un empréstito interno para auxiliar el crédito público y sostener el pago de los intereses de la deuda externa, obligando a los padres de familia a anticipar el pago de la contribución directa. Fue una medida desesperada, y su resistencia en algunas regiones anunciaba ya la crisis política que estallaría poco después.

Desde 1827 los debentures colombianos se derrumbaron en la Bolsa de Londres a menos de una cuarta parte de su valor nominal. Ese hundimiento reflejaba las dificultades acumuladas en el servicio de la deuda y anticipaba una moratoria de hecho que se prolongaría durante años. Los hacendistas granadinos, sin embargo, no supieron leer el fenómeno. Calculaban siempre con el valor nominal de la deuda, sin comprender que en el mercado londinense esos títulos se compraban y vendían a una fracción de ese valor, y que precisamente esa brecha ofrecía —a un gobierno con audacia técnica— posibilidades reales de recompra y amortización a costos muy inferiores. Solo bajo la administración de Mariano Ospina Rodríguez, décadas después, y con el consejo de un banquero holandés, se adquirió plena conciencia del significado del valor fluctuante de los debentures y de las opciones que abría a la Nueva Granada.

Los especuladores y el juego con los bonos

La brecha entre valor nominal y valor de mercado, abierta a partir del derrumbe de 1827, generó un sector de especuladores que habría de pesar sobre las finanzas públicas durante mucho tiempo. El mecanismo era sencillo y devastador: comprar bonos depreciados por una fracción de su valor nominal y luego usarlos para pagar impuestos —especialmente aduaneros— por ese valor nominal, obteniendo ganancias considerables. El Estado, que calculaba sus ingresos en pesos y libras nominales, se encontraba con que buena parte de los derechos aduaneros —su principal fuente— ingresaba en bonos que valían mucho menos en el mercado, y no podía cuadrar su presupuesto.

Ese negocio, iniciado en los años treinta, se prolongó durante todo el siglo. En su forma más madura —la que se desplegó a partir de mediados de siglo, cuando la política de baldíos abrió una segunda vía para redimir bonos con activos públicos— consolidó un pequeño grupo de comerciantes bogotanos que combinaban con destreza el negocio de importación, el arbitraje de deuda y la adquisición de tierras. Diez de ellos, siete de los cuales figuraban entre los cuarenta propietarios de finca raíz más ricos de la capital, se moverían con particular habilidad en ese terreno. Entre 1865 y 1899 —cuando el país llevaba ya cuatro décadas repartiendo el pasivo grancolombiano y el mecanismo de pago con baldíos había alcanzado su forma definitiva— adquirirían, por vías diversas que incluían la deuda pública, alrededor de doscientas mil hectáreas en Pandi, los llanos de San Martín y el Tolima Grande. La cifra, tan lejana en el tiempo del empréstito original, es la prueba de cuán largo fue el eco financiero de las decisiones tomadas en Londres cuarenta años antes.

Tierras baldías: pagar con el suelo lo que no se podía pagar con dinero

Ante la penuria crónica de las arcas y el abultado endeudamiento de posindependencia, la política de tierras baldías se impregnó desde muy temprano de una concepción fiscalista. Si el Estado no tenía cómo redimir sus bonos con dinero, entregaría suelo público a los acreedores. La Ley del 13 de octubre de 1821, primera norma republicana sobre enajenación de baldíos, fue el referente básico de esta política; otra ley del período dispuso la apropiación de hasta dos millones de fanegadas de baldíos para el pago de intereses vencidos o la amortización de parte del capital de la deuda exterior.

El mecanismo se refinaría décadas después. La Ley del 30 de marzo de 1843, adicionada por la del 20 de mayo de 1847, reglamentó la venta de baldíos disponiendo que se pagaran en dinero o con vales de deuda exterior o interior, fijando los equivalentes a que se recibirían los distintos papeles. En la práctica, quien tuviera bonos depreciados de la Independencia podía convertirlos en tierras a un precio ventajoso. Emiliano Restrepo, gran concesionario en los Llanos, dejó testimonio de las cotizaciones: los bonos territoriales se cotizaban a 30 centavos por hectárea, y los vales de la Independencia tendían a la baja; en Londres se movían entre 12 y 14 peniques. Fue este canje sostenido —bonos por hectáreas, papel depreciado por suelo público— el que permitió la concentración documentada más tarde en el Tolima Grande y en los llanos de San Martín.

Lo notable es quiénes terminaron beneficiándose. Ni los generales de la Independencia ni los tenedores originarios de los bonos territoriales se convirtieron en grandes concesionarios de baldíos. Casi todos los militares vendieron sus títulos, en transacciones individuales o por intermedio del Montepío Militar, a comerciantes que sí tuvieron capacidad para acumularlos y usarlos. Los "bonos ingleses" quedaron, con el paso de los años, en manos de comerciantes colombianos que los habían adquirido a precios de saldo en el mercado internacional. La deuda externa, así, terminó redistribuyendo la propiedad rural del país hacia una elite mercantil interna que supo leer el juego financiero mejor que las autoridades. Comparado con las poco menos de 305.000 fanegadas que sumaron todas las colonias de poblamiento en el siglo, las 200.000 hectáreas acumuladas por diez comerciantes bogotanos hablan por sí solas del peso de esta concentración.

La disolución y el reparto: 1830-1836

La Gran Colombia comenzó a desarmarse a finales de la década de 1820. Venezuela y Quito se separaron en 1829-1830, y Bolívar renunció a la presidencia en 1830 y murió el 17 de diciembre de ese mismo año en Santa Marta. Rafael Urdaneta, general bolivariano, asumió el control dictatorial del gobierno en Bogotá tras la renuncia, en un intento fallido por sostener la unión.

La Convención Constituyente de la Nueva Granada sesionó del 20 de octubre de 1831 al 29 de febrero de 1832, y aprobó la Constitución que dio nacimiento a la República de la Nueva Granada. Un decreto de esa Convención proclamó la formación del nuevo Estado a partir de las provincias del centro de Colombia, y expresó en sus considerandos el compromiso de actuar de buena fe respecto a los acreedores nacionales y extranjeros de la extinta Colombia. Santander, que había ganado las elecciones presidenciales estando en el exilio y había enviado su aceptación al cargo desde Nueva York, regresó al país a posesionarse.

Pero la deuda no se disolvió con la unión. Al contrario: se convirtió en un problema tripartito que exigía negociación entre los tres estados sucesores. Los tenedores de obligaciones —los acreedores ingleses que habían comprado los debentures en la Bolsa de Londres— no aceptaban que la desaparición del deudor original extinguiera sus créditos. Debía hallarse una fórmula para distribuir el pasivo grancolombiano entre Nueva Granada, Venezuela y Ecuador.

Conforme al censo colombiano de 1825, la división propuesta fue de 50 unidades para Nueva Granada, 28,5 para Venezuela y 21,5 para Ecuador. La división exacta por número de habitantes habría sido 51,60 / 27,72 / 20,68: la fórmula censal resultaba, así, ligeramente favorable a Nueva Granada. El problema, sin embargo, no era solo aritmético. Ninguno de los tres estados tenía prisa por asumir su parte, cada uno alegaba dificultades fiscales propias, y las negociaciones con los tenedores de obligaciones extranjeras se arrastraron durante toda la década de 1830.

En Bogotá, el Congreso de la Nueva Granada resolvió por ley del 27 de mayo de 1836 aplicar algunos fondos al crédito público interior y exterior, y autorizar al Ejecutivo para arreglar el pago gradual de los réditos de una tercera parte de cada obligación de la deuda exterior, sin perjuicio de reconocer lo que finalmente correspondiera a la Nueva Granada en un arreglo definitivo. La fórmula, cauta hasta la timidez, revelaba lo evidente: el país reconocía el problema, pero pagaría a cuenta, sin comprometerse a cifras exactas, y confiando en que futuras negociaciones —con Caracas, con Quito, con los acreedores londinenses— reordenaran definitivamente el cuadro.

Herencia

La deuda externa contratada entre 1819 y 1825 dejó a Colombia un legado que iba mucho más allá de las cifras adeudadas. Estableció, primero, un patrón de financiamiento en el que el país recurría al crédito de Londres —y luego de Nueva York— en cada momento de tensión fiscal, y se veía después forzado a renegociar cuando la capacidad de servicio se agotaba. Fundó, segundo, una economía política interna en la que las élites mercantiles aprendieron a operar sobre los diferenciales entre valor nominal y valor de mercado de la deuda pública, y a convertir esos diferenciales en propiedad territorial. Ató, tercero, la política de tierras baldías —que habría podido servir para poblar y desarrollar el territorio— a la lógica de amortización de la deuda, con consecuencias duraderas sobre la estructura agraria del país.

Sin la crisis fiscal estructural de la república grancolombiana —el impuesto de renta fracasado, el mercado financiero interno desorganizado, un ejército que crecía más rápido que la base tributaria— no habría habido demanda de crédito externo. Pero, una vez activado, el mecanismo del endeudamiento en Londres subordinó las finanzas públicas colombianas a una lógica que las élites políticas no supieron leer sino décadas después, y benefició antes a los especuladores locales y a un puñado de comerciantes bogotanos que a los acreedores originales o al propio Estado. La aritmética resultó cruel: el capital británico prestó a valores nominales, cobró en los primeros años a valores nominales, y cuando los títulos se derrumbaron los recogieron a precio de saldo los mismos comerciantes que después los presentarían en las aduanas y en las oficinas de baldíos como si valieran lo que decía el papel.

La moratoria de fines de la década de 1820 y el reparto inacabado de la deuda tras la disolución de la Gran Colombia no fueron accidentes de mala administración. Fueron el desenlace lógico de un endeudamiento contratado en condiciones de urgencia bélica con una hacienda pública que nunca alcanzó la capacidad para honrarlo. Y establecieron, para el siglo XIX colombiano, la forma característica en que el país habría de relacionarse con los mercados internacionales de capital: crédito bajo presión, servicio interrumpido, renegociación aplazada, y, cuando el dinero faltaba, el pago con lo único que el Estado tenía en abundancia y no sabía cómo administrar: la tierra.

04

En el archivo

3 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Francisco Antonio Zea: emisario de Colombia en Europa que consolidó en 1820 la deuda dispersa en una obligación única de 547 783 libras esterlinas con acreedores ingleses y murió en 1822 sin ver el desenlace de sus gestiones
  2. 02Luis López Méndez: agente en Londres cuyo reclutamiento de mercenarios y contratación de cuatro armadas generó el grueso de la deuda original (469 354 libras)
  3. 03Simón Bolívar: conductor político que envió a Zea a Europa con mandato doble de reconocimiento diplomático y financiamiento, y cuyas campañas militares —que llevaron el ejército de 7 000 a más de 23 000 hombres entre 1819 y 1821— crearon la presión fiscal que hizo inevitable el endeudamiento externo
  4. 04Francisco de Paula Santander: vicepresidente cuya administración fue objeto de críticas por la negociación de los empréstitos grancolombinos y bajo cuyo gobierno se contrató al menos uno de los dos préstamos principales con la City londinense
  5. 05Londres: plaza financiera donde se emitieron, cotizaron y depreciaron los debentures colombianos, y escenario de la consolidación de Zea y de las recepciones diplomáticas que construyeron la imagen crediticia de la república
  6. 06Hacienda pública: sistema fiscal estructuralmente deficitario —sin impuesto sobre la renta operativo, dependiente de aranceles aduaneros— que hizo del crédito externo la única vía para financiar la guerra y la nueva estatalidad
  7. 07Reconocimiento diplomático: proceso paralelo a la contratación de deuda; el reconocimiento británico de 1824 operó como señal de confianza hacia los mercados londinenses y coincidió con la ventana de los grandes empréstitos grancolombinos
06

Documentos y fragmentos citados

23 documentos · 37 fragmentos

01Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 311, 353, 3573 citas
[1]

y es el alma de la masonería en la región, de creer a los espías del rey. 91 78 En Londres, su papel es hacer de cámara de resonancia de todas las fantasías y sueños europeos sobre la oscura guerra. Señuelo sin duda, porque a todos los que convence en forma inmediata les promete un grado suplementario y, sobre todo,…

p. 311
[13]

por la que aquellos han sacrificado todo y de la que se creen valerosa encarnación. Esta política de resentimiento y de venganza no era viable a largo plazo, en la medida en que desorganizaba la producción de los grandes dominios. Los patriotas agotan las fuentes en las que beben sin orden ni medida. 135 La…

p. 357
[15]

contribución forzosa y se estabilizaría con el tiempo. Según David Bushnell, su intento fracasó, 106 pero existen ejemplos en los archivos de que la contribución fue exigida. En Antioquia, en 1820, el alcalde, el jefe del cantón o, en su defecto, un habitante honorable están encargados de fijar la base del impuesto de…

p. 353
02Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 311, 353, 3573 citas
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y es el alma de la masonería en la región, de creer a los espías del rey. 91 78 En Londres, su papel es hacer de cámara de resonancia de todas las fantasías y sueños europeos sobre la oscura guerra. Señuelo sin duda, porque a todos los que convence en forma inmediata les promete un grado suplementario y, sobre todo,…

p. 311
[14]

por la que aquellos han sacrificado todo y de la que se creen valerosa encarnación. Esta política de resentimiento y de venganza no era viable a largo plazo, en la medida en que desorganizaba la producción de los grandes dominios. Los patriotas agotan las fuentes en las que beben sin orden ni medida. 135 La…

p. 357
[16]

contribución forzosa y se estabilizaría con el tiempo. Según David Bushnell, su intento fracasó, 106 pero existen ejemplos en los archivos de que la contribución fue exigida. En Antioquia, en 1820, el alcalde, el jefe del cantón o, en su defecto, un habitante honorable están encargados de fijar la base del impuesto de…

p. 353
03Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 371, 375, 388, 3914 citas
[3]

libertadora. En ese momento fue consti - tuida una comisión de tres personas, nombradas por el Congreso, para que acopiara toda 153 “Decreto para la enajenación de tierras de la República, y para facilitar un empréstito” (Correo del Orinoco, 31, 15 de mayo de 1819), 123. 154 Zea solamente aceptó firmar una obligación…

p. 371
[5]

acreedores ingleses, ascendieron a 547 783 libras esterlinas, distribuidas de la siguiente manera: 469 354 libras correspondientes a las cuatro armadas contratadas por López Méndez y José María del Real, 1610 libras por recompensas graciosas concedidas por Zea a viudas o damnificados europeos por la guerra de…

p. 375
[10]

y 500 libras) cuyo valor real en la Bolsa de Londres se redujo a menos de la cuarta parte desde 1827. Los hacendistas granadinos no comprendieron este fenómeno y menos los críticos (tanto de la Administración Santander como de los negociadores de los dos empréstitos), que siempre hicieron sus cuentas con los valores…

p. 388
[20]

dinero en efectivo. En cuanto a la deuda interior de la nación, se destinarían para el pago de sus intereses: las rentas de las fincas y bienes confiscados, la renta de los bienes de mayorazgos y de los bienes de temporalidades, el producido por remates de bienes de obras pías o manos muertas, el producto líquido de…

p. 391
04Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 2511 cita
[4]

de Zea de llegar a un acuerdo con España. Podría decirse que Zea debió haber sabido que Bolívar nunca habría aceptado un proyecto de federación que limitase la libertad de Colombia de tener relaciones interna cionales independientes y que España no reconocería la inde pendencia mientras existiese la posibilidad de…

p. 251
05La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 76, 1162 citas
[6]

armas eran enviadas por barco a Colombia desde Estados Unidos, o bien desde Holanda a través de Estados Unidos. El último de los cuatro transportes de armas partió de Ámsterdam directamente con destino a Angostura. De acuerdo con las sospechas de Wiselius, para ello se aplicó sin duda el método probado del…

p. 76
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Colombia y la Gran Holanda 1815-1830 120 al mundo. Si bien ninguna potencia se dignó a reaccionar, en círculos gu- bernamentales el grito del corazón de Zea sí que fue advertido. El enviado colombiano entregó un ejemplar a Robert Fagel, el embajador holandés en París, que a su vez envió el «singular» documento a La…

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06The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · p. 1071 cita
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from time to time in the 1830s and 1840s and had some impact on at least a few young New Granadans. 30 Some other creole savants who escaped execution were diverted into political leadership and permanently lost to science. Francisco Antonio Zea, at one time director of the Botanical Gardens of Madrid (1805-1808),…

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07Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 216, 2312 citas
[9]

para explorar las posibilidades mineras en casi todos los países de América Latina.¹⁸⁴ Inglaterra, el más avanzado país capitalista de la época, tenía un excedente de capital inactivo para poner a circular fuera de sus fronteras, y las manufacturas inglesas, producidas con la técnica más avanzada del momento,…

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fiscales, al tomarlas el acreedor preferentemente, el Gobierno se encontraba sin fondos para desarrollar sus actividades. Con el negocio de la deuda tanto externa como interna, se fue creando un influyente sector de especuladores, que adquiría los depreciados bonos de la deuda pública por una parte infeliz de su valor…

p. 231
08Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 182, 2432 citas
[11]

million was contracted in London in 1822, from which the Peruvian government would receive less than £900,000. 66 A further loan for £616,000 was contracted in 1825, but the government fell into arrears in the same year and suspended interest payments. These loans were simply used for meeting previous obligations to…

p. 182
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and Nicaragua, which were not in his gift – in exchange for aid. 76 Basically he doubted the capacity of the people of South America to defend themselves and to democratize their societies; they needed a tutor and protector. He was impressed by the liberal credentials of Britain, a constitutional model for those who…

p. 243
09The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 311 cita
[12]

masters (return post from Bogotá to London was anywhere upward of five months in 1829). 30 Relatively few resources were assigned to the region compared to elsewhere. The existence of any British informal empire was, therefore, sharply limited in scope, in time, and in place. 31 Those passing moments of effective…

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10Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 1981 cita
[17]

en nuevo capital, en un permanente círculo vicioso. Es importante anotar que, pese a que la contabilidad mostró superávit en algunos años, este no era más que un espejismo, que ocultaba la postergación de los pagos de la deuda pública y los gastos irrisorios en nuevos proyectos de desarrollo económico. Teniendo en…

p. 198
11Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 262, 2852 citas
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rentas nacionales al principio del periodo pasaban poco, si acaso, de los dos millones, pero iban en aumento pausado, y no había déficit sino, normalmente, superávit. Es difícil fijar su cuantía; y aún es posible que el superá- vit fuera sólo aparente 317. La guerra de 1840 cambió esto. Las rentas se restablecieron…

p. 285
[19]

no se lo permitieron sino en forma muy limitada 283. Los empréstitos contraídos en el país eran en veces francamente forzados, y en otras tenían más de tales que de operaciones financieras completamente normales 284 La inelasticidad del sistema monetario era un factor en la desorganización económica 285, e influyó…

p. 262
12Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 61, 652 citas
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en regiones que iniciaban su desarrollo (LeGrand, 1984: 25). 5 9 E n s a y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia el país y explotar sus recursos. Al final de este periodo se abrió la coloniza ción interna ante el fracaso de la inmigración extranjera, debido al…

p. 61
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las cantidades que se debían dar en pago de los intereses de deuda exterior, para la cual se dispone la apropiación hasta dos millones de fanegadas de baldíos para el pago de los intereses vencidos o para la amorti zación de parte del capital. Ley del 12 de mayo de 1842. Asigna gastos para agrimensura y reparto de…

p. 65
13El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2761 cita
[24]

colombianos. Para dar un ejemplo: diez co- merciantes bogotanos, de los cuales siete figuran en la lista de los 40 propietarios de finca raíz más ricos de la capital, adquirieron entre 1865 y 1899 unas 200.000 mil hectáreas de baldíos en Pandi, los llanos de San Martín y el Tolima Grande. Baste recordar que, según…

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14El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 2291 cita
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emigrar. A la postre ni los generales de la Independencia ni los tenedores ori- ginarios de los bonos territoriales se convirtieron en concesionarios. Casi todos los militares vendieron sus títulos en transacciones individuales o por intermedio del Montepío Militar y los "bonos ingleses" quedaron en manos de…

p. 229
15Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 43, 662 citas
[26]

the civil war fought between 1830 and 1831. The territory that Gran Colombia called Cundinamarca be- came the Republic of New Granada. Following Simón Bolívar’s resignation of the presidency in May 1830 and his death in December of that year, Rafael Urdaneta assumed leadership of New Granada’s national military and…

p. 66
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to create the conditions for the civil war that brought to a close the Second Republic in 1830. Bolívar’s dictatorship, the conspiracies against him, the war with Peru, the numerous rebellions against the Colombia regime, the open rebellion of Venezuela against the national government in Bogotá, the efforts by the…

p. 43
16Uniting States: Voluntary Union in World PoliticsJoseph M. Parent · 2011 · p. 61 cita
[27]

happen, and he tried the same tired remedies, expecting better outcomes. Four years before, he was the adored liberator of South America—now Bolívar’s charisma was spent; everything he touched turned hostile or futile. Another of his former ocers, José María Córdova, took up arms against him; Bolívar earned not a…

p. 6
17Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 471 cita
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í var’s return to the capital city in January 1830, Congress had already met once more to approve a new constitution, and the Venezuelans had voted in favor of separation from Cun- dinamarca; the Ecuadorians were similarly inclined. Colombia had simply ceased to exist. This is how Bol í var understood the succession…

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18¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 571 cita
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Antonio José de Sucre, el líder del partido bolivariano menos compro metido en los conflictos. Cuando Bolívar murió, en diciembre de 1 830, la Nueva Granada, que incluía al actual territorio colombiano más Pa namá, ya tenía una vida separada. El país resultante llegaba a una nueva era afectado _por la pobreza de la…

p. 57
19Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 861 cita
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tanto la ausencia de dichos distritos, que pronto se convertirían en repúblicas, como la renuncia a la presidencia que Simón Bolívar presentó a la Convención causaron que esta nueva carta política naciera muerta. La secesión y la guerra civil que ella produjo permitieron que en las provincias de la Nueva Granada…

p. 86
20Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 9, 292 citas
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por si solas todos los recursos, poder y fuerza necesarios para existir como un Es- tado independiente y para hacer que se respeten sus derechos; Considerando: que sin embargo hay varios in- tereses, relaciones y deberes que, siendo comunes a ambos pueblos, deben arreglarse por reciprocos convenios, y que ademas es…

p. 9
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argumentos, que de acuerdo con el censo de Co- lombia, efectuado en 1825, la division de la deuda en cincuenta unidades para Nueva Granada, veintiocho y media para Venezuela y veintiuna y media para el Ecua- dor, era para nosotros favorable, porque la divisién exacta, conforme al numero de habitantes debia ser de…

p. 29
21Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 511 cita
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«América para los ame- ticanos». Esta filosofia rechazaba toda intervencién politica y militar de los regimenes europeos en los asuntos de este continente y tuvo una acogida en- tusiasta en los altos circulos del gobierno colom- biano. Asi, por ejemplo, en la Gaceta de Colombia, de febrero de 1824, se publicaron los…

p. 51
22La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 931 cita
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se tiene en cuenta que era con algunos países europeos, especialmente con Inglaterra y Francia, lo mismo que con los Estados Unidos de Norteamérica, que los dirigentes republicanos tuvieron contacto durante los años de la Independencia y algunas décadas posteriores. De los mencionados países recibieron nuestros…

p. 93
23Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 331 cita
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fundamental del Congreso, el antiguo virreinato de Nueva Granada y la antigua Capitania General de Venezuela se unian para formar un solo Estado. fruto de su madura inteligencia, don Pedro Gual tra- duce a la realidad las ideas inspiradoras de Bolivar y en primer lugar organiza la propia Secretaria de Relaciones…

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