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Idea · Colonia

Hacienda

La hacienda fue el dispositivo agrario central de la Nueva Granada colonial, nacida entre 1590 y 1620 al amparo de las composiciones de tierras, que articuló simultáneamente la apropiación de la tierra y el control de la mano de obra indígena, mestiza y esclava, convirtiéndose en el molde institucional que la República colombiana heredó y arrastró hasta bien entrado el siglo XX.

4.110 palabras41 documentos75 fragmentos citados
Hacienda

Trayectoria de una idea

  1. 1569

    Usurpación documentada en Popayán

  2. 1600

    Origen formal del régimen de haciendas (1590–1620)

  3. 1620

    Colapso demográfico indígena y reconfiguración laboral

  4. 1650

    Consolidación del latifundio ganadero en el valle del Cauca

  5. 1690

    Recuperación demográfica y abundancia de mano de obra dependiente

  6. 1743

    Hacienda Arroyohondo: modelo del trapiche esclavista caucano

  7. 1768

    Sistema de agregados documentado en Ibagué y Bogotá

03

La lectura

La hacienda neogranadina no fue un latifundio a secas ni una plantación al modo antillano, sino una institución híbrida que resolvió en un solo armazón la apropiación de la tierra y el control de la mano de obra en un territorio donde sobraba lo primero y escaseaba lo segundo. Su peculiaridad residió en la doble función que cumplía para su propietario: producir renta y producir señor, pues el hacendado no vivía en la finca sino en la ciudad, y su condición de dueño de grandes extensiones lo distinguía socialmente de comerciantes y burócratas en un mundo donde la respetabilidad se medía en fanegadas y cabezas de ganado. Financiada mediante censos hipotecarios que convertían a la Iglesia en acreedora estructural del mundo rural, la hacienda combinó según la región cuatro regímenes laborales —concierto, peonaje, agregados y esclavitud— sin que ninguno operara en pureza, adaptándose a la oferta de fuerza de trabajo y a las exigencias del mercado local. Su legado más duradero fue la masa de campesinos desposeídos —indios, mestizos, negros libres— que se incorporó como peones y arrendatarios bajo el arreglo tierra-por-trabajo, un sistema que no surgió con el café sino que se adaptó a él y que la República colombiana heredó sin transformarlo.

La hacienda

En la larga transición que va del final de la conquista al ocaso del orden colonial, la hacienda fue el dispositivo que resolvió, en un solo armazón, dos problemas que la Corona española nunca había podido conjugar: cómo apropiarse de la tierra y cómo asegurar la mano de obra que la trabajara. Nacida entre 1590 y 1620 al amparo de las composiciones de tierras, madurada durante siglo y medio de ajustes regionales, la hacienda del Nuevo Reino de Granada terminó siendo mucho más que una finca grande. Fue una unidad económica que abastecía mercados pequeños con poco capital; fue una plataforma de estatus para familias que aspiraban a nobleza sin serlo; fue un microcosmos jurisdiccional donde el propietario ejercía autoridad sobre agregados, arrendatarios, concertados y esclavos; y fue, sobre todo, el molde institucional en el que se coló la estructura agraria que la República heredaría intacta y arrastraría hasta bien entrado el siglo XX. Entender la hacienda en su tiempo maduro —entre 1600 y 1750— es entender cómo se organizó el poder rural en Colombia antes de que hubiera Colombia.

Qué era una hacienda

Una hacienda no era un latifundio a secas ni una plantación al modo antillano. Era una unidad agraria operada por un propietario dominante y una fuerza de trabajo dependiente, montada para abastecer un mercado pequeño con escaso capital, y en la que los factores de producción servían simultáneamente para acumular riqueza y para sostener las aspiraciones de estatus del dueño. En esa doble función —económica y social— reside su peculiaridad. El trapiche o el hato producían dinero, sí, pero también producían señor: el hacendado no vivía en la hacienda sino en la ciudad, la administraba desde lejos, y su condición de propietario de grandes extensiones lo distinguía de comerciantes, mineros o burócratas en un mundo donde la respetabilidad se medía en cabezas de ganado, arrobas de azúcar y fanegadas de labranza.

Tampoco fue un objeto único. En el interior andino se diferenció en tres tipos según vocación productiva: el hato ganadero, la hacienda de trapiche y la hacienda de labranza, cada una determinada por el acceso al mercado, la disponibilidad de mano de obra y la distancia a los centros de consumo. En el valle del Cauca convivió con formas cercanas a la plantación, con esclavos y trapiches humeantes. En la Sabana de Bogotá se vertebró alrededor de agregados, arrendatarios y concertados. En la Costa Atlántica y los Llanos se estiró en hatos ganaderos con administradores residentes en pueblos vecinos y propietarios ausentes. Y sin embargo, en todas esas variantes había un rasgo común: el propietario controlaba extensiones inmensas de las cuales explotaba solo una fracción, mientras alrededor de la hacienda —en poblados cercanos— vivían campesinos parcelarios y arrendatarios que no formaban comunidad con ella, a diferencia del señorío europeo donde la aldea era parte integral del feudo.

De la encomienda a la tierra: el largo paréntesis del siglo XVI

Antes de la hacienda estuvo la encomienda, y para entender por qué la primera reemplazó a la segunda hay que precisar lo que la encomienda era y lo que no era. Formalmente, un encomendero recibía de la Corona el derecho a cobrar tributo a un grupo indígena —en trabajo, en bienes agrícolas, en mercancías— a cambio de catequizarlo y protegerlo. No recibía tierras. La distinción, impecable sobre el papel, se disolvió pronto en la práctica. Muchos títulos de encomienda del Nuevo Reino mencionaban ambiguamente las "labranzas de los indios" entre lo concedido, y no fueron pocos los encomenderos que, litigando, hicieron valer esa ambigüedad para reclamar propiedad de la tierra donde vivían sus tributarios. Otros fueron más directos: usurparon las tierras de sus propios encomendados. En Popayán, hacia 1569, hay constancia de encomenderos que sacaban indios de sus encomiendas para trabajar en estancias propias montadas sobre las tierras de esos mismos indígenas, a los que además exigían arrendamiento por vivir donde siempre habían vivido.

Junto a la encomienda operaban las mercedes de tierras, concesiones formales que la Corona hacía a través de audiencias y gobernadores. En muchos casos las mercedes no crearon derechos nuevos: sanearon títulos precarios y legalizaron ocupaciones ya consumadas. Los encomenderos, que controlaban los cabildos otorgantes y disponían de mano de obra indígena, estuvieron en posición inmejorable para acumular mercedes, aunque no monopolizaron la tierra ni fueron los únicos beneficiarios. La propiedad rural neogranadina se fue formando por capas: encomiendas ambiguas, mercedes formales, usurpaciones consumadas, todo litigado en un derecho colonial donde la "política del hecho cumplido" favorecía sistemáticamente a los blancos: mientras los indios esperaban fallos judiciales que podían tardar generaciones, los colonizadores ocupaban y trabajaban las tierras en disputa.

Frente a este desorden, la Corona diseñó una respuesta institucional: el resguardo. Concebido como medida proteccionista, asignaba a las comunidades indígenas una propiedad colectiva sobre las tierras que ya ocupaban. En principio no alteraba la posesión física; en la práctica funcionó como un mecanismo de reducción —de concentración— que sacaba a los indios dispersos y los agrupaba en un espacio delimitado. El efecto colateral fue devastador para las comunidades y providencial para los españoles: las tierras que quedaban fuera del resguardo se convertían en "vacas", disponibles para nuevas mercedes, y la mano de obra tributaria quedaba concentrada en un punto fácil de administrar. Bajo la coartada de la protección, el resguardo terminó por facilitar la apropiación española del entorno.

El nudo de 1590-1620: composiciones, colapso demográfico, hacienda

Entre finales del siglo XVI y las primeras décadas del XVII se anudaron tres procesos que hicieron posible el paso de la encomienda a la hacienda. El primero fue jurídico: las composiciones de tierras. Mediante este mecanismo, ocupantes de tierras realengas o portadores de títulos viciados podían regularizar su propiedad pagando a la Corona. Fue, en esencia, una amnistía onerosa. La Corona necesitaba dinero; los ocupantes necesitaban títulos limpios; el resultado fue una gran operación de blanqueo que consolidó, en manos de los mismos actores que habían acumulado tierra por medios menos legales, un régimen de propiedad rural estable. Entre 1590 y 1620 quedó formalmente originado el régimen de las haciendas: propiedad sancionada por la Corona a cambio de un pago, sobre extensiones que muchas veces habían sido ocupadas por vías más directas.

El segundo proceso fue demográfico y catastrófico. La población indígena, que había sido el fundamento de la economía colonial, se derrumbó. La provincia de Tunja habría pasado de unos 215.000 indígenas en 1537 a apenas 25.000 dos siglos después: una reducción del noventa por ciento. Popayán habría perdido el noventa por ciento de su población nativa en sesenta y ocho años; Cartago, el noventa y siete por ciento en cincuenta; los Quimbaya habrían caído de cien mil a cuarenta individuos en cuatro décadas. El orden de magnitud es incontestable. El derrumbe demográfico produjo una situación paradójica: sobraba tierra y faltaba gente. La producción aurífera lo resintió con brutalidad: de dos millones de pesos plata a principios del siglo XVII, casi desapareció hacia 1700.

El tercer proceso fue institucional. Con menos indios y con propietarios que ya no eran encomenderos, la Audiencia tuvo que rediseñar la distribución de la mano de obra. Adoptó el sistema del concierto, mediante el cual los corregidores asignaban a los hacendados cuotas de indígenas por períodos de tres a seis meses a cambio de un salario. El concierto rompió el privilegio exclusivo del encomendero sobre los trabajadores y abrió la fuerza de trabajo indígena a un universo más amplio de propietarios agrarios. Al mismo tiempo, muchos indios concertados terminaron por no regresar a sus resguardos: se quedaban indefinidamente, prácticamente como siervos, integrados en la vida de la finca. A ellos se sumaba otro flujo: los "agregados", indios huidos de sus comunidades para escapar del tributo y de las levas de la mita minera, que se ofrecían a los hacendados a cambio de un pedazo de tierra donde vivir. Documentados con claridad al menos desde 1768 en la región de Ibagué y en las tierras aledañas a Bogotá, los agregados no pagaban arrendamiento en dinero; devolvían fuerza de trabajo, sobre todo en los rodeos de ganado, y quienes no participaban en las faenas pagaban dos pesos.

En este nudo se forjó la hacienda. No fue un invento deliberado ni un proyecto coherente, sino la solución práctica al problema de cómo apropiarse simultáneamente de tierra y trabajo cuando la encomienda ya no bastaba para lo segundo y las composiciones habían formalizado lo primero.

Cómo se sostenía una hacienda: capital, censos, capellanías

Montar una hacienda exigía capital líquido —para construir el trapiche, comprar el hierro de las masas, adquirir esclavos, cercar potreros, levantar hornillas de cobre— y los hacendados rara vez lo tenían. Lo obtenían gravando sus propias tierras. El instrumento fue el censo, una figura hipotecaria que operaba como préstamo con la tierra en garantía. Las propiedades menores —por debajo de doscientos patacones de valor— quedaban libres; a partir de ese umbral, los censos se acumulaban en proporciones crecientes, y las haciendas y hatos más valiosos soportaban gravámenes que comprometían una fracción sustancial de su valor.

Los prestamistas más importantes fueron las capellanías y los conventos. En una economía sin banca, la Iglesia funcionó como la principal fuente de crédito de largo plazo, y los réditos de los censos —cobrados anualmente— nutrieron el sostenimiento del clero regular. El resultado fue una hipoteca perpetua sobre buena parte de la propiedad rural neogranadina: las haciendas estaban gravadas, sus propietarios pagaban intereses eclesiásticos, y la Iglesia se convirtió, sin comprar tierras, en acreedora estructural del mundo hacendil.

La inversión más pesada en una hacienda de trapiche del valle del Cauca no eran los edificios ni las herramientas sino los esclavos: podían alcanzar hasta el sesenta por ciento del avalúo total de los bienes, como en la hacienda Arroyohondo al norte de Cali en 1743. En las minas la proporción era aún mayor, del ochenta y cinco por ciento o más. Esa asimetría explica una característica del complejo mina-hacienda caucano: la población esclavizada podía relocalizarse de un espacio productivo al otro según las circunstancias, y las haciendas absorbían el excedente de brazos que la minería no requería en determinados momentos.

Los regímenes de trabajo: agregados, arrendatarios, concertados, esclavos

La hacienda madura combinó, según la región, cuatro regímenes de trabajo que rara vez operaban en pureza. El primero fue el concierto, con sus indios asignados por corregidor. El segundo, el peonaje: jornaleros y trabajadores estacionales pagados en metálico. El tercero, el sistema de agregados y arrendatarios, articulado alrededor de un intercambio central: tierra por trabajo. El hacendado cedía un lote de "pan coger" al trabajador residente —una parcela donde levantar rancho y sembrar para el consumo familiar— como equivalente salarial, a cambio de fuerza de trabajo en las labores mayores de la finca. Al usufructo de la parcela se sumaban raciones de la producción (ganado sacrificado, panela, cereales no vendidos) y alguna pequeña cantidad de metálico para las compras de sal, sebo o vestido en los mercados locales.

Los arrendatarios, más independientes que los agregados, pagaban en dinero, en especie o en combinación de ambos. En el vínculo de Pastrana, por ejemplo, el pago incluía un número determinado de cargas de harina. En las haciendas sabaneras, tanto los arrendatarios estables como quienes usaban los pastos ocasionalmente cancelaban en efectivo. El cuarto régimen fue la esclavitud, dominante en las haciendas de tierra caliente —los trapiches del valle del Cauca, algunos hatos de la Costa Atlántica— donde el mercado permitía costear la inversión inicial. En las tierras altas próximas a Bogotá y Tunja, en cambio, la esclavitud fue marginal: el mercado no daba para tanto, y los hacendados recurrieron a agregados, parceleros e indios desprendidos de sus resguardos.

La consecuencia estructural de este armazón fue una masa creciente de campesinos desposeídos —indios agregados fuera de resguardo, mestizos sin tierra, negros libres y mulatos— que se incorporó como peones, aparceros y arrendatarios bajo condiciones que los ataban a la hacienda sin darles derechos sobre ella. Cuando en 1690 se inició en la Nueva Granada una recuperación demográfica impulsada por la reproducción de mestizos, negros y mulatos, esa masa creció, y con ella la disponibilidad de mano de obra. La escasez del siglo XVII se transformó, en el XVIII, en una oferta abundante de trabajadores dependientes que no exigían salario en metálico porque estaban dispuestos a aceptar el arreglo tierra-por-trabajo.

Geografías de la hacienda: Cauca, Sabana, Costa, Llanos

La hacienda no fue un modelo único sino una familia de instituciones que se adaptó a las condiciones regionales. En el valle del Cauca, durante el siglo XVII, dominó el latifundio ganadero cuyos propietarios residían en Cali, Buga, Caloto y Popayán, ausentes de sus tierras y atentos al mercado urbano. Cuando en el siglo XVIII se abrió la frontera minera del Chocó y se reactivaron las minas de Caloto, Almaguer y el Patía, apareció una demanda nueva de productos agrícolas —especialmente aguardiente de caña— que reorientó las haciendas caucanas hacia la producción de azúcar, mieles y ganado. Aparecieron entonces los trapiches con esclavos: unidades productivas de gran inversión de capital que combinaban rasgos de hacienda tradicional con elementos de plantación, aunque en escala más modesta que las antillanas y orientadas a mercados regionales, no internacionales. La compra en 1726 de setenta y cuatro esclavos por diecisiete mil seiscientos veinte patacones en Cartagena, para ser llevados a Cali por el comerciante Francisco Garcés de Aguilar y un socio, da la medida de esas operaciones.

En la Sabana de Bogotá y las provincias de Tunja y Vélez, la hacienda tomó otra forma. Sin minería cercana que la traccionara, se orientó a los mercados urbanos de Santa Fe y Tunja, y a un intento —fallido a la larga— de producir trigo y harina para Cartagena. El costo del transporte y la competencia de trigos foráneos impidieron consolidar ese mercado, y las haciendas sabaneras se replegaron sobre la ganadería, la labranza y la producción para consumo local. La estructura laboral fue la del concierto, primero, y la de agregados y arrendatarios después. El caso de Jorge Lozano de Peralta es ilustrativo: en 1758 recibió en administración tierras vinculadas que, sumadas a las de su patrimonio personal, llegaron a unas veinte mil hectáreas repartidas entre la Sabana de Bogotá, Anolaima y España, explotadas en formas mixtas —rentística, agrícola, ganadera— según clima, fertilidad y ubicación. Ese tipo de propietario, con su patrimonio disperso y su gestión rentista, definió la hacienda sabanera del último siglo colonial.

En la Costa Atlántica, alrededor del San Jorge y el bajo Magdalena, la hacienda fue predominantemente ganadera y con propietarios ausentes. A mediados del siglo XVIII, los hatos contaban con administradores residentes en poblados cercanos que representaban al dueño en las diligencias del campo. En algunos casos, como los hatos de De Zabaleta en la zona del San Jorge, la mano de obra fue predominantemente esclava y el ganado engordado se remitía al mercado de Cartagena junto con cueros y sebo. En los Llanos Orientales y en el Alto Magdalena, los hatos ganaderos se establecieron desde las primeras décadas del siglo XVII, aunque la penetración en los Llanos fue más limitada después de 1660: la lejanía, la aridez estacional y la relativa autonomía de las poblaciones indígenas frenaron la expansión hacendil.

Las haciendas de las órdenes religiosas

Un caso aparte, y particularmente revelador, fue el de las haciendas de la Compañía de Jesús. Menos valiosas que sus equivalentes peruanas y mexicanas —las jesuitas neogranadinas nunca superaron los cien mil pesos de avalúo, mientras las peruanas llegaban a doscientos mil y las mexicanas a setecientos mil—, mostraron sin embargo una racionalidad económica que las distinguió del resto. La hacienda Llanogrande, del Colegio de la Compañía de Jesús de Popayán, es el ejemplo mejor documentado. En manos jesuitas desde antes de 1668, a finales del siglo XVII tenía dos mil caballos y un trapiche con treinta y seis esclavos. En 1717 sumaba sesenta y nueve esclavos, y en 1747 pasaba de cien esclavos, doce mil reses y dos mil yeguas, caballos y mulas.

Lo que hizo distinta a Llanogrande, según Germán Colmenares, no fue el tamaño sino los registros contables: la hacienda llevaba libros detallados de su actividad productiva, caso excepcional entre las haciendas de trapiche coloniales. Los ingresos monetarios venían de la venta de mieles, azúcar y ganados. Las órdenes religiosas producían además instrucciones internas de gestión que regulaban el trabajo de molederos, cargueros y muleros, y establecían responsabilidades del administrador sobre el mantenimiento de animales, potreros y equipos. Esta racionalidad —contable, jerárquica, procedimental— no se quedó en los conventos: no sería de extrañar, sugirió Colmenares, que las familias más poderosas de Popayán, como los Arboledas y los Caicedos, hubieran adoptado en menor escala esa manera de administrar sus propias haciendas.

El fenómeno tuvo, sin embargo, un límite político. El obispo de Popayán denunció al rey que la dedicación del clero a minas y haciendas absorbía toda su atención en detrimento de sus feligreses y pidió la prohibición de la propiedad clerical. En 1767, en el marco de las reformas borbónicas, la Corona ordenó la expulsión de la Compañía de Jesús. Se la consideraba peligrosa por su independencia, por sus reducciones difíciles de vigilar y por enseñar doctrinas jurídicas —el tiranicidio, la soberanía popular como fundamento del poder— vistas como subversivas en un contexto absolutista. La expulsión desmanteló las haciendas jesuíticas, cuyos bienes fueron subastados y absorbidos por hacendados criollos, algunos de los cuales heredaron con las tierras la lógica de gestión que la Compañía había ensayado.

Hacienda, parentesco, poder señorial

Una hacienda producía dinero, pero producía sobre todo poder. La élite colonial neogranadina no se definía únicamente por la riqueza: el elemento decisivo era el parentesco. Se pertenecía a los grupos dominantes por familia, no por enriquecimiento súbito, y el acceso a esos grupos requería demostración de respetabilidad estamental —limpieza de sangre, matrimonios apropiados, cargos honoríficos— que ningún comerciante recién llegado podía improvisar. Las élites combinaban ingresos de propiedades urbanas, haciendas, minas, obrajes, actividades comerciales y cargos administrativos, todo articulado a través de redes familiares. En el siglo XVIII, con la crisis del sector encomendero y la irrupción de los intereses borbónicos, esas redes fueron el instrumento clave para preservar la posición de los grupos de poder regional.

La hacienda proveía a esas redes de dos recursos fundamentales. Uno era el estatus: ser propietario de tierras extensas, aunque se explotaran en mínima parte, distinguía a una familia y le abría las puertas de los cabildos, las cofradías y los cargos eclesiásticos. El otro era la clientela política. Los peones, agregados y arrendatarios podían ser movilizados por el propietario en las contiendas locales, en los pleitos, en las urnas cuando las hubo, y en las guerras civiles cuando llegaron. Esa base humana convirtió al hacendado en gamonal: en cabeza de una red local que articulaba sus intereses con letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, conformando poderes regionales con los que el Estado central se vio obligado a negociar. La República heredaría ese esquema sin poder desmontarlo.

Ya en la segunda mitad del siglo XVI, la Corona había advertido el problema. Tanto el monarca como el Consejo de Indias tomaron conciencia de un proceso que llamaron "feudalización de América": la formación de una capa de propietarios criollos que, aunque nominalmente súbditos del rey, ejercían de hecho autoridad autónoma sobre extensiones que escapaban al control regio. La abdicación de Carlos I en 1556 coincidió con ese diagnóstico. Pero la Corona nunca dispuso de los medios ni de la voluntad política sostenida para revertirlo. La hacienda siguió creciendo, y con ella el poder señorial que la Corona quería contener.

Aun así, sería un error asimilar la hacienda neogranadina a un feudo europeo. Faltaban rasgos esenciales del feudalismo clásico: la unidad política del imperio español permitió, dentro de sus dominios, un intercambio interno de mercancías entre zonas mineras y agrícolas —y, a fines del siglo XVIII, entre virreinatos distintos— que ningún feudo europeo habría tolerado. La hacienda operaba en un mercado, aunque fuera pequeño y cautivo. Su lógica era simultáneamente señorial y mercantil, y esa hibridez la hizo más resistente que el feudalismo: pudo adaptarse a economías más monetizadas sin perder su núcleo de dominación personal.

La crisis borbónica y el estallido comunero

En la segunda mitad del siglo XVIII, las reformas borbónicas quebraron el equilibrio colonial. La Corona, apretada por sus guerras europeas, decidió apretar el tributo americano. La carga fiscal sobre la Nueva Granada pasó de un 2,9% del PIB antes de las reformas a un 10,4% en el período siguiente, aunque hacia 1810 se había suavizado a un 8,4%. Los ingresos de la Corona en la última década colonial promediaron 2,4 millones de pesos anuales, de los cuales cerca de 770.000 —el treinta y dos por ciento— provenían de los estancos de tabaco y aguardiente. La manipulación de esos estancos —precios bajos a los productores campesinos, precios altos al consumidor final, represión de las siembras "ilegales"— tocó directamente a los sectores populares y detonó, en 1781, la revolución de los comuneros, que casi tomó Santafé de Bogotá antes de ser desmantelada por la represión.

Los comuneros no atacaron a la hacienda como institución, pero su levantamiento reveló hasta qué punto el orden colonial estaba tensionado. Los hacendados criollos, incómodos con la presión fiscal borbónica, no defendieron a la Corona con entusiasmo. Cuando tres décadas después llegó la crisis definitiva —la invasión napoleónica a España, la Junta Suprema de Sevilla, las Juntas americanas de 1810—, esos mismos hacendados estuvieron entre quienes empujaron la independencia. Lo hicieron sin proponerse alterar el régimen agrario que los sostenía.

Herencia republicana

La Independencia trajo constitución, banderas y ejércitos, pero no reforma agraria. La República conservó el régimen colonial de propiedad de la tierra. Los baldíos se usaron para pagar bonos de deuda pública, para compensar servicios militares, para atraer colonización empresarial y financiar la construcción de vías. La disolución de la propiedad comunal indígena, en cambio, se aplazó: apenas se ordenó en 1832, y solo con las reformas liberales de José Hilario López en 1850 los indios pudieron poseer y enajenar libremente las tierras de resguardo. La consecuencia era previsible: la descomposición de los resguardos liberó una masa nueva de campesinos desposeídos que se incorporó como peones, aparceros y arrendatarios a las mismas haciendas coloniales, ahora bajo bandera republicana.

En el Cauca, la crisis fue especialmente aguda. El descenso de la producción minera, la manumisión de los esclavos en 1851 —el sesenta por ciento de los dieciséis mil quinientos manumitidos estaba en las haciendas caucanas— y los conflictos civiles corroieron la economía señorial. Pero la hacienda no desapareció: se reconvirtió absorbiendo trabajo libre en condiciones apenas mejores que las de la esclavitud. En la Costa, la hacienda Berástegui, con títulos coloniales heredados a fines del siglo XVIII, fue considerablemente ampliada entre 1870 y 1880 por la nueva generación de los Burgos. En la Sabana, los mayorazgos coloniales se fragmentaron pero no se democratizaron: pasaron a otras manos criollas.

El sistema de arrendamiento precapitalista —tierra por trabajo— no murió con la Colonia. Se adaptó. Cuando en el último tercio del siglo XIX se expandió el café por las montañas de Cundinamarca, Santander y Antioquia, la hacienda cafetera reutilizó el arreglo colonial: el arrendatario recibía una parcela de pan coger a cambio de trabajo en el cafetal del patrón. Solo entrado el siglo XX, con la movilización agraria de los años veinte y treinta, ese arreglo entró en crisis abierta. Para entonces la hacienda ya llevaba tres siglos y medio siendo la institución central del campo colombiano.

La huella

La hacienda del Nuevo Reino de Granada no fue un accidente ni un proyecto: fue una construcción histórica que respondió, paso a paso, a los problemas que la conquista había dejado sin resolver. Nació del cruce entre las composiciones jurídicas de la Corona, el colapso demográfico indígena y la crisis de la encomienda. Se consolidó combinando concierto, agregación, arrendamiento y esclavitud según lo permitía cada región. Se sostuvo con censos eclesiásticos, con redes de parentesco criollo y con la clientela de sus propios trabajadores dependientes. Sobrevivió a la Independencia porque la República decidió no tocarla, y sobrevivió a las reformas liberales porque su lógica —controlar tierra y controlar gente en un solo dispositivo— era estructural, no coyuntural.

Su huella se lee todavía en el mapa de propiedad rural colombiano: en la concentración de la tierra que ninguna reforma ha logrado deshacer, en el poder político de los propietarios agrarios sobre sus regiones, en la larga sombra del gamonalismo, en la persistencia de formas de trabajo agrario que combinan salario, arrendamiento y dependencia personal. La hacienda no fue el pasado de Colombia: fue el molde en el que el país tomó forma, y del que no ha terminado de salir.

04

En el archivo

3 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Encomienda: institución precedente cuya decadencia y ambigüedad jurídica sobre tierras facilitó el surgimiento de la hacienda
  2. 02Resguardo: institución colonial de propiedad colectiva indígena cuya descomposición alimentó la masa de campesinos desposeídos incorporados como peones y arrendatarios en las haciendas
  3. 03Germán Colmenares: historiador colombiano cuya obra es referencia central para la interpretación de la hacienda colonial neogranadina
  4. 04Gonzalo Jiménez de Quesada: conquistador cuya expedición inauguró el ciclo de encomiendas y mercedes de tierras en la Sabana de Bogotá que antecedió a la formación hacendil
  5. 05Sabana de Bogotá: región donde se consolidó la hacienda de labranza con agregados, arrendatarios y concertados como régimen laboral dominante
  6. 06Valle del Cauca: región donde la hacienda adoptó la forma del latifundio ganadero y el trapiche esclavista, articulada con la minería del Chocó
  7. 07Aparcería: forma de relación laboral tierra-por-trabajo que la hacienda colonial prefiguró y que persistió en la estructura agraria republicana
  8. 08Latifundio: expresión territorial de la hacienda, caracterizada por el monopolio de extensiones inmensas explotadas solo en mínima parte
  9. 09Baldíos: tierras realengas cuya composición y adjudicación formal entre 1590 y 1620 originó jurídicamente el régimen de haciendas
06

Documentos y fragmentos citados

41 documentos · 75 fragmentos

01Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1211 cita
[1]

el proceso de la conquista siguiera un ritmo diferente y sea por lo tanto difícil de escoger una fecha como indicativa de una transformación básica en la nueva sociedad, puede acogerse la fecha tradicional de 1550 como punto final de esa época, momento de transición entre la sociedad de conquista, basada en el saqueo…

p. 121
02La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 211 cita
[2]

nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…

p. 21
03Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 13, 162 citas
[3]

y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…

p. 13
[72]

entre las colonias y la metrópoli, desarrollar nuevas técnicas para la producción y el control del exce- dente exportado y, al mismo tiempo, fortalecer el Estado. Sin embargo, España prohibía la producción de textiles que podían competir con sus mercancías y continuó ejerciendo control sobre la producción y sobre los…

p. 16
04Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 21, 30, 423 citas
[4]

y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…

p. 42
[11]

fijar núcleos de población (Mayorga 2002). El proceso de adjudicación o venta en pública subasta lo describe Ots Capdequi así: el interesado en un baldío hacía un pedimento donde señalaba el lugar y la superficie deseada haciendo una primera postura u ofrecimiento de lo que estaba dispuesto a pagar. Luego se ordenaba…

p. 30
[28]

y se remataron tierras. El despojo se inició cuando se concentraron varios resguardos en uno solo, generalmente distantes de los centros poblados y en tierras de menor calidad (Liévano Aguirre, 2002)3. Con la descomposición de los resguardos se fue formando el trabajo a sa lariado al que se incorpora el indio y una…

p. 21
05Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 218, 224, 2473 citas
[5]

Hernán Pérez de Quesada. chas de las atribuciones de tierras que contienen los títulos de encomienda de la Nueva Granada pueden tener este origen. Posteriormente a los trabajos del historiador mexicano Silvio Zavala, se suele hacer una cuidadosa distinción entre los orígenes de la propiedad territorial y el sistema de…

p. 218
[8]

que pertenecían a Diego Delgado, Francisco Mosquera, Pedro de Velazco y Bartolomé Godoy. En todas ellas los indios habían sido sacados de su encomienda para servir en la estancia. Para justificar este empleo abusivo de la mano de obra enco mendada, los «propietarios» pretendían que los indios recibían un favor al…

p. 224
[32]

las propiedades no podían alcanzar los, valores que tenían en Popayán merced a úna explotación, así fuera incipiente, de la tierra. Es explicable, entonces, que loS mayores valores de la tierra se hayan concentrado en Popayán, en donde se sabe que la explotación agrícola era más intensiva aunque la disponibilidad de…

p. 247
06Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 248, 251, 2543 citas
[6]

que su patr ó n de poblamiento disperso quedaba abolido, muchas tierras se desembarazaron y fueron objeto de mercedes nuevas. Por debajo del aspecto jur í dico-formal de la apropiaci ó n sub yace el problema m á s complejo de la evoluci ó n econ ó mica que llev ó a la efectiva ocupaci ó n de la tierra por parte de los…

p. 248
[21]

que pudieran ser accesibles simult á nea- ’ mente a varios estancieros espa ñ oles. Es obvio que, dada la densidad de la poblaci ó n total, las estan cias de los espa ñ oles no pod í an aprovecharse con algo que se pare ciera a una explotaci ó n intensiva. La acumulaci ó n de tierras serv í a en todo caso para…

p. 251
[31]

sido muy semejantes a los del valle del Magdalena. En el curso del siglo xvii domin ó en el valle del Cauca el latifundio 266 LA ECONOM Í A Y LA SOCIEDAD COLONIALES, 1550-1800 ganadero con propietarios que resid í an en las ciudades de; Cali, Buga, Caloto y Popay á n. El surgimiento de una nueva frontera mi nera en el…

p. 254
07Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 125, 127, 1293 citas
[7]

veces gar- banzos, habas, fríjoles, caña y lino). Fuera de esto, debían dar indios de servicios (un 3 o 4% de los varones adultos) para los aposentos del encomendero, los cuales eran casi siempre tie- rras ocupadas de hecho en las inmediaciones del asentamiento indígena. Además, la obliga- ción del tributo en especie…

p. 125
[20]

actuaciones administrativas de los oido- res, sino de la disminución de los indios, que ya era alarmante a comienzos del siglo XVII. De otro lado, la presencia de propietarios no encomenderos forzó a adoptar un régimen de distribución de mano de obra para las estancias con el control directo de la Audiencia. A peti-…

p. 127
[55]

estos dos problemas. En cuanto a la forma, las explotaciones agrícolas del valle del Cauca en el siglo XVIII no correspondían exactamente al modelo de la hacienda o de la plantación. Estos dos modelos suelen describirse tanto por las relaciones de producción que generan como por su radio de acción con respecto a un…

p. 129
08Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 29, 392 citas
[9]

Gonzalo Jiménez de Quesada sentó su real en la Sabana de Bogotá, mandó construir doce bohíos en memoria de las doce tribus de Israel en su estación de Elim... Esta puede ser la clave de la persistencia del trazado en damero y de la regularidad creciente de la manzana cuadrada en las ciudades americanas... El modelo de…

p. 29
[16]

acciones de la comunidad eran regidas y supervisadas por el Cabildo, pero sus contrapartes, la Real Audiencia y sus oidores, se reservaron la legislación sobre temáticas centrales y primordiales para el funcionamiento económico de la ciudad: Tasación de los tributos indígenas.. Legislación sobre encomienda..…

p. 39
09The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 291 cita
[10]

produced surpluses for the limited regional markets as part of their traditional pattern of cattle raising and agricultural production. In Colombia, as in most Latin American countries, the formation of the haciendas and the peasantry was a long process that can be traced back to the evolution of the colonial agrarian…

p. 29
10Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 171 cita
[12]

CNMH, 2016, página 47), pues ya se apreciaba entre 1590 y 1620, como resul- tado de la política de composiciones de tierras al mejor postor, que la Corona española empleó para titular las tierras llamadas realengas, o del rey de España, y que originó el régimen de las haciendas, concebidas como un sistema social,…

p. 17
11La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 771 cita
[13]

H i s t o r i a: d e s d e l a C o n q u i s t a h a s t a 1 9 7 1 emitidos en 1701 y 1720 determinaron que las encomiendas debían revertir a la Corona a la muerte de su titular (Haring 1947: 67). Bajo esta regulación la encomienda en el territorio guambiano en poder de Manuel de Belalcázar regresó a poder de la…

p. 77
12Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 32 citas
[14]

existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…

p. 3
[15]

existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…

p. 3
13Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 1902 citas
[17]

de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
[18]

de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
14Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 50, 652 citas
[19]

determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…

p. 50
[71]

0,72 1,21 2,74 2,5 Impuesto/pib 2,9 % 4,7 % 10,4 % 8,4 % Fuentes: para los promedios de los quinquenios entre 1761 y 1800 en Meisel (2004); para 1810, Jaramillo, (1987) —cuenta fiscal que está posiblemente incompleta—. Los ingresos de la Corona en la última década de su dominación alcanzaron en promedio la suma de 2,…

p. 65
15Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 97, 103, 109, 1204 citas
[22]

sabana cun- diboyacense y de otras regiones del país se sirvieron de la fuerza de trabajo indígena a través del sistema de concierto. Los indígenas repartidos en concierto a los distintos hacen- dados de la localidad trabajaban periodos de entre tres y seis meses, a cambio de un salario. El creciente mestizaje y las…

p. 103
[49]

mayor rendimiento. En una de estas instrucciones, se ordenaba que los molen- deros «no maltraten las mulas, teniendo siempre buenos tiros y cojines… y que el trapiche esté siempre bien aseado», que los cargueros «tengan buenos aliños para que no las- timen las mulas, las que han de entregar bien lavadas en la noche, y…

p. 109
[52]

novios. Las capillas, si bien podían ser austeras en su diseño, en su decorado revelaban la gratitud espiritual de sus propietarios; esculturas de santos y vírgenes, pinturas, copones, candelabros, floreros, estolas e incensarios no faltaban en las ceremonias. Cabe agregar que las hacien- das de las órdenes religiosas…

p. 97
[66]

vivían de algunos cultivos, la caza, la pesca y de algún trato con la hacienda. El desafío de estos palenques a la pretensión de las autoridades de transformarlos en poblados era un reto tácito al influjo 70 Colmenares, Germán, 1979, Popayán: Una sociedad esclavista, 1680-1800, Medellín: La Carreta, págs. 215-227. 121…

p. 120
16Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 92, 1072 citas
[23]

evolucionó hacia el orden señorial pues: había indígenas que, luego de ser asigna- dos a una hacienda, permanecían en ella, prácticamente en calidad de 9 Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, 1810-1930, cit., p. 14. lO Relaciones de mando, cit., p. 8. CO'\;TI'\;UDADES E'\; LA POL!TICA SOCIAL AGRARIA,…

p. 92
[75]

general del problema de- be tener en cuenta el hecho de que las primeras disposiciones legales afectaron muy poco la estructura de la tenencia de la tierra. En efecto, la verdadera disolución de la propiedad comunal y su distribución entre los indios tributarios fue demorada hasta 1832; aun entonces, se les prohibió a…

p. 107
17Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 581 cita
[24]

las vertientes de la cordillera, que usaban algunos esclavos. En las tierras altas, los hacendados, con mercados m á s compe tidos que no permit í an pagar esclavos, lograron que algunos traba jadores se quedaran viviendo en sus tierras: agregados o parceleros que trabajaban a cambio de un lote de pancoger, indios que…

p. 58
18Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 60, 702 citas
[25]

vaya aumentando la importancia de su aporte al con- sumo de mano de obra de la hacienda. También se emplea, pero no en cantidades muy grandes, mano de obra esclava 38. Esta era importante en las tierras calientes, o en algunas partes de ellas. En la región del suroeste la evolución fue probablemente más desfavorable…

p. 70
[59]

comúnmente órdenes religiosas. No parece que el latifundio se estuviera extendiendo en forma muy notoria. En ciertas regiones de las tierras calientes ocupaba una porción importante de las tierras. Se trataba principalmente de haciendas ganaderas, más raramente, de haciendas de caña y de cacao. * El latifundio era de…

p. 60
19Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 42, 46, 50, 878 citas
[26]

pan coger, raciones de la misma producción de la hacienda y algún metálico para compras en los mercados locales (fundamentalmente sal, vestido y sebo)— del trabajo sobrante. 63 Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, Ediciones Efe, Mede- llín, 1956, p. 18. 50 ECONOMÍA Y NACIÓN En la Nueva Granada las…

p. 46
[27]

pan coger, raciones de la misma producción de la hacienda y algún metálico para compras en los mercados locales (fundamentalmente sal, vestido y sebo)— del trabajo sobrante. 63 Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, Ediciones Efe, Mede- llín, 1956, p. 18. 50 ECONOMÍA Y NACIÓN En la Nueva Granada las…

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[38]

dada el área tan inmensa monopolizada por la hacienda y explo- tada en mínima parte. Si bien existieron los ejidos de las ciuda- des, no parece haberse dado un equivalente en la Nueva Granada de aquellos poblados europeos cuyos habitantes eran arrendata- rios de las haciendas. Es más frecuente ver cómo los poblados…

p. 87
[39]

dada el área tan inmensa monopolizada por la hacienda y explo- tada en mínima parte. Si bien existieron los ejidos de las ciuda- des, no parece haberse dado un equivalente en la Nueva Granada de aquellos poblados europeos cuyos habitantes eran arrendata- rios de las haciendas. Es más frecuente ver cómo los poblados…

p. 87
[40]

entregó al cultivo itinerante del maíz y el plátano. La quema continuó siendo el único medio de contra- rrestar la voracidad de las malezas en las tierras húmedas. El régimen de trabajo en las haciendas se vio relajado por las prácticas extensivas de cultivo y pastoreo, tan sólo intensivas en las huertas de los…

p. 42
[41]

entregó al cultivo itinerante del maíz y el plátano. La quema continuó siendo el único medio de contra- rrestar la voracidad de las malezas en las tierras húmedas. El régimen de trabajo en las haciendas se vio relajado por las prácticas extensivas de cultivo y pastoreo, tan sólo intensivas en las huertas de los…

p. 42
[42]

agrícola que salía al mercado, especial- mente panela, aguardiente y tabaco. Pero la presión del mercado sobre la producción de la hacien- da no era lo suficientemente fuerte como para exigir una mayor especialización, por lo que el uso de parte de la tierra monopoli- zada en lotes de pan coger, como equivalente…

p. 50
[43]

agrícola que salía al mercado, especial- mente panela, aguardiente y tabaco. Pero la presión del mercado sobre la producción de la hacien- da no era lo suficientemente fuerte como para exigir una mayor especialización, por lo que el uso de parte de la tierra monopoli- zada en lotes de pan coger, como equivalente…

p. 50
20Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 461 cita
[29]

vida ha sido nuestra lucha Resistencia y Memoria en el Cauca indígena Las haciendas surgieron en el siglo XVII a causa del nuevo fl ujo de la mano de obra, el debilitamiento de la encomienda y la titulación de la tierra a los encomenderos. Parte de esta estructura se ha heredado hasta el día de hoy. Para Fals Borda,…

p. 46
21Assembling Flowers and Cultivating Homes: Labor and Gender in ColombiaGreta Friedemann-Sánchez · 2006 · p. 371 cita
[30]

since the seventeenth century. The definition of hacienda that best encompasses most of its characteristic elements comes from Eric Wolf and Sidney Mintz (1957a): “An agricultural estate, operated by a dominant landowner and a dependent labor force, organized to supply a small market by means of scarce capital, in…

p. 37
22Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 691 cita
[33]

mención de los momentos y procesos más P a t í a, d e l a t i e r r a d e n a d i e a l a s g r a n d e s h a c i e n d a s 70 relevantes. En ese orden de ideas, con base en la consulta realizada sobre la hacienda colonial en el valle, podría decirse que sus inicios datan del siglo XVIII. Su nacimiento fue posible…

p. 69
23Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 200, 205, 2313 citas
[34]

propiedades más pequeñas o de escaso valor no tenían ningún gravamen. Sólo a partir de los 200 patacones los censos iban gra- vando las propiedades en proporciones cada vez mayores. Este fenómeno se explica por cuanto la creación de una unidad produc- tiva, hacienda, trapiche o hato, exigía un capital líquido que casi…

p. 200
[35]

lo más rudimentario: una simple «... rama angular, con una reja o plancha afilada en la punta». Este arado carecía de vertederas u orejeras, a las cuales se atribuye la ventaja de ahorrar mano de obra pero que hieren más profundamente la tierra 4 • La dotación más completa era, naturalmente, la de los trapiches.…

p. 205
[48]

de extrañar que las familias más poderosas de la provincia (Arboledas y Caicedos, por 39 V. Juan Manuel Pacheco, SJ, Los jesuitas en Colombia. Bogotá (sin fecha de impresión), t. II, p. 174 y 178. 40 V. por ejemplo G. Colmenares, Cali, op. cit. passim. LA.5 HACIENDAS 207 ejemplo) hubieran optado -en menor escala-por…

p. 231
24Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 144, 379, 3823 citas
[36]

a n a, fundado en t i e r r a sde Bosa por uno de s u s a n t e c e s o r e s a f i n e s d e l s i g l o x v i i; y e lmayorazgo de Tarazona, en España, fundado por su a b u e l o, e loidor J o r g e Lozano, a mediados d e ls i g l o xvm. En s u conj unto, l a st i e r r a svinculadas que r e c i b i…

p. 379
[45]

al a renta de la tierra, é s t aprocedía d e larrendamiento p a r c i a lde l aha c i e n d a.E s t ar e n t ad e ls u e l otambién r e v e s t í ados formas: en l ofundamental s et r a t a b a de r e n t aen d i n e r o,pero en algunosc a s o ss epagabaen e s p e c i eo combinada l a sformas d i n e r o - e s p e c i…

p. 382
[62]

de Berástegui la que originalmente motivó mi in terés en cuestionar la interpretación dominante sobre la ganadería costeña19. Es cierto que la hacienda tuvo sus orígenes en la época colonial, y sus títulos los heredó a fines 1 7 R i p o l l (1997 y 1999); M e i s e l R o c a y V i l o r i a d e l a H o z (1999) y O c…

p. 144
25Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 143, 1472 citas
[37]

a mediados del siglo XVIII. Caamaño compró a los descen- dientes de Juan de Cárdenas, por 50 pesos, cuatro caballerías de tierra en la sabana de Padilla hasta dar a la ceja del Guaru- mal siguiendo el arroyo de Doradas, inmensa hacienda que fue el fundamento del poder político y económico que ejercieron en la zona la…

p. 143
[60]

De Zabaleta varias decenas de esclavos negros casi exclusivamente, que las arriaban ya gordas al mercado de Cartagena. Estos esclavos vivían en un caserío con capilla propia en el sitio llamado Santa Ana del Paraíso que más tarde encubrió el cementerio de Guayabal. Cuando De Zabaleta murió en 1706, ordenó que algunos…

p. 147
26El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2221 cita
[44]

que se pagaba a los jornaleros temporales llamados peones voluntarios. En los primeros años el lenguaje fue menos opaco y a estos trabajadores permanen- tes no se les llamó arrendatarios, sino peones de asiento o peones de obligación o simple- mente obligacioneros 5. Las haciendas intentaron establecer un sistema de…

p. 222
27Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 100, 1392 citas
[46]

más prósperas en el renglón de la manufactura durante el siglo xviii y que poblaciones como Morocote se hicieran famosas por los lienzos que distribuían en los mercados de la Nueva Granada. Las haciendas De gran importancia fueron también las haciendas de los jesuitas, por su valor económico y por las técnicas de…

p. 139
[56]

el fin del siglo xviii. Según un censo de minas y esclavos hecho en el año de 1759, había en el Chocó 63 minas y otros tantos propietarios que poseían 4.216 esclavos. En el año de 1788 había 18.496 esclavos en el Chocó, Antioquia y Popayán, de acuerdo con la relación de mando del arzobispo virrey, Caballero y Góngora,…

p. 100
28Caña de azúcar en el "espléndido" valle del río Cauca, Colombia: Historia ambiental, conflictos ambientales y acción colectivaHernando Uribe Castro · 2021 · p. 881 cita
[47]

desde antemano, y muy rudimentariamente, para la especialización en la caña de azúcar en este territorio. Arboleda (1956) considera que “el número de trapiches existentes en el territorio comprendido entre los ríos Bolo y Tuluá era de 126” (pp. 78-79). También se sabe, por los estudios realizados por Vásquez (1995, p.…

p. 88
29Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 101 cita
[50]

Las XVIII reformas borbónicas, buscando obtener un clero completamente dócil y controlable por la Corona, concibieron a las órdenes religiosas como entidades díscolas, debido a la gran independencia mostrada durante la época de los Habsburgo (siglos y) y a que eran dirigidas por autoridades XVI XVII internacionales,…

p. 10
3030 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 891 cita
[51]

Misericordia, y otros fines piadosos, oídos los Ordinarios Eclesiásticos en lo que sea necesario y conveniente: reservo tomar separadamente providencias, sin que en nada se desfraude la verdadera piedad, ni perjudique la causa pública, ó derecho de tercero. 9. Prohíbo por Ley y regla general, que jamás pueda volver á…

p. 89
31Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 2291 cita
[53]

it “absorbed all their attention.” While this “worldly application robbed most of their time,” their parishioners “suffered the miserable consequences of this failure.” 123 The bishop wrote to the King, calling for the prohibition of clerical ownership of mines and haciendas, 120 “El obispo de Popayan, informa a V.M.…

p. 229
32Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 861 cita
[54]

e establecim iento de ciudades españolas y hatos ganaderos en el A lto M agdalena desde las prim eras décadas del siglo xvii y la m ás lim itada penetración en los Llanos O rientales d espués de 1660, se extendió bastante el área bajo control español. E l o c c i d e n t e En el lapso transcurrido entre fines del…

p. 86
33Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 39, 482 citas
[57]

haciendas del Valle del Cauca se encontraba el 60% de los 16.500 esclavos manumitidos en 1851. La ventaja estructural de la sociedad esclavista caucana frente a la cartagenera radicó en la existencia del complejo mina-hacien- da que, aparte de lo ya señalado sobre su funcionamiento, permitía la relocalización de la…

p. 48
[64]

como el complejo plantación-ingenio de las Antillas o el de la plantación y la casa señorial del sur de los Estados Unidos y el nordeste brasilero, con sus correspondientes sistemas clasificatorios sociorraciales de estas experiencias; pero que resultaban inaplicables a las condiciones de la minería de aluvión…

p. 39
34Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 66, 1002 citas
[58]

hacienda, era primordialmente ganadera y agrícola. Algunas de sus haciendas llegaron a especializarse en ganado, y cuando eran mixtas, producían generalmente caña de azúcar, destinada a la producción de mieles para la fabricación de aguardiente. Junto a la caña se producía maíz, yuca, plátano y otros productos…

p. 100
[63]

consecuencia de la ocupación del trono español por uno de los Borbones, el asiento pasó por unos años a los franceses, nuevos aliados dinásticos. La subsiguiente guerra de sucesión, que duró hasta 1713, no solo arrebató a España sus posesiones europeas, en Italia y los Países Bajos, sino que, por el tratado de…

p. 66
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 401 cita
[61]

lo salvaje, donde «coincidía la irracionalidad nativa con la oscuridad de la mentalidad española» 43. Así, desde el periodo de la Colonia se fueron instaurando dos ejes de desarrollo económico y poder político en torno a Bogotá. El primero, en el altiplano cundibo- yacense, entre Bogotá y Tunja, por concentrar la…

p. 40
36The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 4701 cita
[65]

also married to a criolla from a noble family, purchased 20 slaves in Carta- gena during the first period of the asiento. 2 In 1726 (on June 26), this time together with merchant Francisco Garcés de Aguilar, he returned to acquire 74 slaves, old and young, for 17,620 patacones. The piezas were brought to Cali by the…

p. 470
37El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 311 cita
[67]

en general valorizó la tierra 22 • Kalmanovitz también resalta la importancia de la tierra en relación con el poder político: siguiendo a L6pez, dice que los peones de las haciendas sirvieron como "carne de las urnas en las contiendas electorales, o carne de cañón en las guerras civiles, invistiendo a los…

p. 31
38Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 61, 652 citas
[68]

forzado de la población indígena, la mano de obra esclavizada —importada de África— se convirtió en fuerza de trabajo cada vez más numerosa, conviviendo con formas de trabajo asalariado 20. La combinación de ingresos procedentes de pro - piedades urbanas, propiedades agrarias, minas, obrajes, la incursión en…

p. 65
[69]

nuevos títulos y bienes. Según Lope de Vega, los indianos son derrochadores por naturaleza, pues “tienen dineros y los dan en toda ocasión”, además de vivir presumiendo no solo las fatigas y trabajos vividos en el pasado, sino también los títulos que gracias a ello han alcanzado (Martínez-Tolentino, 2001, pp. 83 -…

p. 61
39Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 491 cita
[70]

gamonal regional, que articulaba «sus intereses con los de letrados, comerciantes y burócratas pueblerinos, y conformaron poderes locales con los que el Estado [central] se vio obligado a negociar» 71. De esta manera, el control del poder político y del Estado territorial se originaba en estas redes de base hacendil,…

p. 49
40Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1151 cita
[73]

más importante durante la Colonia y la primera parte de la República, marcó el curso de los pueblos indígenas. Es- tos debieron soportar en buena medida el peso del hundimiento 172 Cieza de León, Pedro. Crónica del Perú, Primera parte, p. 173. 173 González, Margarita (1979). El resguardo en el Nuevo Reino de Granada.…

p. 115
41El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 711 cita
[74]

muy deficientes. Los conquistadores, como verdaderos aventureros, no tenían ningún apego a la tie- rra y se desprendían de ella a la primera oportunidad. Lo 72 Jínd Ficere corrobora la circunstancia de que ya en 1715, a la llega- da del visitador don Pedro Fernández de Navia, no había ni una sola propiedad en manos de…

p. 71