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Idea · Conquista

Colapso demográfico

El colapso demográfico indígena en el actual territorio colombiano fue la catástrofe poblacional desencadenada por la Conquista española: entre 1500 y mediados del siglo XVII, la población nativa se redujo de aproximadamente cinco millones a unos 500.000 habitantes, y para el censo de 1778-1780 apenas superaba los 150.000 individuos.

3.638 palabras30 documentos44 fragmentos citados
Colapso demográfico

Trayectoria de una idea

  1. 1499

    Inicio del contacto europeo y primeras presiones sobre la población nativa

  2. 1537

    Entrada al altiplano muisca y comienzo documentado del descenso en Tunja

  3. 1562

    Visita de Angulo de Castejón: primera radiografía cuantitativa del colapso

  4. 1600

    Colapso de los quimbayas y devastación del valle del Cauca medio

  5. 1620

    Recesión económica del Nuevo Reino: el colapso demográfico derrumba la minería

  6. 1650

    Fondo del colapso: medio millón de sobrevivientes

  7. 1780

    Primer censo confiable: 150.000 indígenas

03

La lectura

El colapso demográfico indígena no fue un efecto colateral de la Conquista sino uno de sus mecanismos constitutivos: la combinación de epidemias sin defensa inmunitaria, guerra de sometimiento y trabajo forzado operó como un sistema integrado de destrucción poblacional. Su ritmo fue sostenido y no se concentró únicamente en el choque inicial del contacto: las series de visitas de Tunja muestran tasas de decrecimiento anual de entre -0,02 y -0,03 durante toda la primera mitad del siglo XVII, décadas después de la entrada española. La geografía del colapso siguió la geografía del poder colonial: las poblaciones sedentarias con mayor organización política —muiscas, quimbayas, comunidades del valle del Cauca— fueron las más fácilmente encomendables y, por eso mismo, las más rápidamente diezmadas. El vacío humano resultante reconfiguró la economía del Nuevo Reino: derrumbó la minería aurífera, creó una paradoja de tierras abundantes y brazos escasos, e impulsó la importación masiva de esclavos africanos. Colombia no recuperaría en términos brutos la población perdida hasta comienzos del siglo XX, lo que convierte al colapso demográfico en el hecho fundacional más duradero de la historia del país.

El colapso demográfico indígena en la Conquista

Entre 1499 —cuando Rodrigo de Bastidas costeó por primera vez el litoral que hoy llamamos colombiano— y mediados del siglo XVII, la población nativa del actual territorio colombiano se derrumbó de una manera que no admite comparación con ningún otro episodio de la historia del país. Las cifras para el momento del contacto se sitúan entre menos de un millón y más de ocho, con un punto medio razonable en torno a cinco millones; hacia 1650, cuando la Conquista propiamente dicha ya había cedido su lugar al régimen colonial maduro, apenas medio millón de indígenas sobrevivía en el mismo territorio. La eliminación acelerada, en poco más de un siglo, del ochenta o noventa por ciento de una población: eso es el colapso demográfico. La Conquista no lo produjo como efecto lateral: lo tuvo como método. Epidemias sin defensa inmunitaria, guerra de sometimiento y régimen de trabajo forzado se articularon en una catástrofe cuya geografía, ritmo y consecuencias reconfiguraron para siempre el poblamiento de lo que sería Colombia.

La magnitud del vacío

La cifra exacta de habitantes indígenas en 1500 permanece en disputa. Las crónicas españolas del siglo XVI —Juan de Castellanos, Gonzalo Fernández de Oviedo y quienes siguieron su estela— tienden a inflar los números: sus autores tenían interés en engrandecer la hazaña de someter multitudes con puñados de hombres, y el género mismo del relato de conquista premiaba la exageración. Frente a la posición minimalista, que sitúa la población total por debajo del millón, y la maximalista, que la calcula en más de ocho millones, el punto medio de cinco millones sirve como orden de magnitud útil.

La distribución hipotética de esa población concentraba las mayores densidades en tres franjas: la región Andina occidental (aproximadamente el 40 %), la costa Caribe (31 %) y la región Andina oriental (30 %). Dentro de ese reparto, el altiplano central —territorio muisca por excelencia, entre Cundinamarca y Boyacá— aparece con cerca de 1.500.000 habitantes, y el valle del Cauca con 1.250.000. Los muiscas constituían el grupo sociopolíticamente más avanzado del territorio: cacicazgos densamente poblados sostenidos por una agricultura de altiplano, aunque sin la centralización imperial de aztecas o incas. Para el territorio antioqueño las cifras se han disputado con virulencia, oscilando en torno a 850.000 habitantes. La región del Sinú pudo mantener cerca de un millón de habitantes antes del contacto, sostenida por una economía agrícola de notable envergadura.

Contra esa magnitud inicial, el punto de llegada resulta devastador. Sesenta años después del primer contacto europeo sobrevivían aproximadamente 1.500.000 indígenas en el territorio; hacia mediados del siglo XVII la cifra había caído a unos 500.000, y para el primer censo confiable, el de 1778-1780, la población indígena de Colombia apenas superaba los 150.000 individuos. Colombia no volvería a alcanzar el nivel demográfico previo al desplome del siglo XVII hasta comienzos del siglo XX, hacia 1905. Cuatrocientos años tardó el territorio en recuperar, en términos brutos, la vida humana que la Conquista suprimió.

Los primeros golpes: viruela, acero y perro de guerra

El colapso comenzó en el litoral. Rodrigo de Bastidas fundó Santa Marta en 1525 y Pedro de Heredia estableció Cartagena de Indias en 1533, y desde esos dos puntos —además de los ríos que penetraban hacia el interior— se organizaron las expediciones que en pocas décadas atravesarían el territorio. Gonzalo Jiménez de Quesada remontó el Magdalena en 1536-1537 hasta alcanzar el altiplano muisca, donde en 1538 fundó Santa Fe; Nikolaus Federmann llegó al mismo altiplano por el oriente desde Coro, y Sebastián de Belalcázar por el sur desde Quito. La convergencia de las tres huestes en la sabana en 1539 marca simbólicamente la clausura de la fase inicial de la Conquista sobre el corazón del actual territorio colombiano, aunque muchas regiones —el sur andino, el bajo Cauca, la Sierra Nevada, los Llanos, el Pacífico— tardarían décadas más en ser sometidas o quedarían para siempre fuera del control efectivo español.

Sobre esa geografía se desplegó, casi de inmediato, la primera devastación epidémica. Las enfermedades del Viejo Mundo —viruela ante todo, pero también gripa, sarampión y, más tarde, tifus— encontraron una población sin defensas inmunitarias acumuladas. El impacto podía ser instantáneo y total: cuando el contagio se encendía en un pueblo americano podía acarrearle "casi la desolación y ruina", y la fórmula describía sin metáfora lo que ocurría. Contra la viruela, la medicina disponible se reducía a tisanas, purgantes, apertura de pústulas y, como única medida verdaderamente eficaz, el aislamiento. En pueblos indígenas sin memoria clínica de la enfermedad, la mortalidad podía superar el cincuenta por ciento en una sola oleada.

A las epidemias se sumó la violencia militar. La Conquista del territorio colombiano fue una empresa cruenta: poblaciones enteras arrasadas, jefaturas decapitadas, valores culturales destruidos. La tortura de Sagipa —sobrino y sucesor de Tisquesusa como zipa muisca— para arrancarle la localización del tesoro imaginario del zipa muerto marca el temple del período: los propios conquistadores no dudaban de su derecho a aplicar toda la violencia sobre un cacique con ese fin, una confianza que cronistas posteriores como fray Pedro Simón o Lucas Fernández de Piedrahita ya no compartirían con igual serenidad. Donde había estructura política centralizada —los muiscas, los pastos—, la Conquista fue más rápida y las bajas en combate más concentradas. Donde el paisaje humano estaba fragmentado en cacicazgos rivales —el valle del Cauca medio, con quimbayas, carrapas, pícaras y pozos—, los invasores aprendieron a explotar las rivalidades locales: el caso de Jorge Robledo aliándose con los carrapas para atacar a sus vecinos es sólo el más citado de una práctica generalizada. Esa fragmentación política, sin la fuerza aglutinante de un estado como el inca, entregó el valle del Cauca casi sin resistencia coordinada.

La visita como radiografía: los datos de Tunja

De todas las regiones del Nuevo Reino de Granada, la provincia de Tunja —corazón chibcha oriental, sometida hacia 1560 junto con Bogotá, Vélez y Pamplona— es la que permite reconstruir con mayor precisión el ritmo del colapso, gracias a las sucesivas visitas administrativas que la Corona ordenó para calcular tributos. La curva es inequívoca: de cerca de 215.000 habitantes en 1537 —momento en que las huestes de Jiménez de Quesada entran en el altiplano—, la población había caído a apenas 25.000 en 1757. Una reducción del 90 % en dos siglos, con aproximadamente un 25 % perdido sólo en los primeros veinticinco años tras el contacto.

Las visitas intermedias precisan la cronología. En 1562, Angulo de Castejón registró 53.465 tributarios; hacia 1585-1590 quedaban 38.495; en 1602, apenas 18.572. A mediados del siglo XVII la sangría se aceleraba en vez de detenerse: en 1635 se contaban 8.610, y entre 1637 y 1641 la cifra había caído a 5.472. Las tasas de decrecimiento anual —del orden del -0,02 al -0,03 sostenido durante décadas— no admiten paralelo en la historia demográfica del país. Y lo decisivo es que el descenso no se concentra en el impacto inicial del contacto: continúa, a ritmo casi constante, durante toda la primera mitad del siglo XVII, cuando en teoría las poblaciones deberían haber comenzado a estabilizarse frente a las enfermedades ya introducidas. La visita como género administrativo, pensada para calcular ingresos, terminó siendo el instrumento más frío y elocuente para medir la desaparición.

Otras regiones muestran caídas todavía más severas. En Popayán la población indígena disminuyó un 90 % en 68 años; en Cartago, un 97 % en apenas 50 años. Los quimbayas, uno de los grupos culturalmente más notables del valle del Cauca medio —los orfebres cuya producción llenaría después los museos—, pasaron de aproximadamente 100.000 individuos a solo 40 en el lapso de cuarenta años. Pamplona, región minera, registró tasas de decrecimiento superiores a las de Tunja y Vélez: la intensidad de la extracción laboral en las minas aceleró el colapso más allá del promedio regional. Hacia finales del siglo XVI, la población nativa había caído a aproximadamente una décima parte de su volumen inicial: un orden de magnitud comparable al del México central del siglo XVI, cuya catástrofe demográfica es referencia mundial del fenómeno.

La encomienda: el vector que hizo del daño una estructura

Si las epidemias abrieron la brecha, fue la organización del trabajo la que impidió cerrarla. La encomienda —institución que otorgaba a un español, el encomendero, el control sobre un grupo de indígenas obligados a tributar en trabajo, bienes agrícolas o mercancías— fue el mecanismo central mediante el cual la Corona repartió la fuerza laboral nativa entre los conquistadores. En teoría, el encomendero debía a cambio catequizar a sus tributarios y garantizar su protección; en la práctica, la relación fue radicalmente asimétrica: el encomendero acumulaba todos los derechos, el indígena todos los deberes, sin prestación recíproca real. Muchos contemporáneos no dudaron en llamar a esa relación por su nombre: una forma de servidumbre y, en no pocos casos, de esclavitud.

El repartimiento de indios operaba como base logística: el conquistador recibía de la Corona una determinada cantidad de fuerza laboral indígena y podía utilizarla casi sin límites en la explotación económica que eligiera. Sobre ese soporte se montó luego la mita, sistema de trabajo rotatorio por turnos —heredado del vocabulario inca pero reconfigurado por la administración española— que permitía movilizar contingentes de indígenas hacia las minas, las haciendas o las obras públicas por períodos determinados. En el papel, el mitayo regresaba a su comunidad tras cumplir su turno. En la práctica, muy pocos volvían: gran número regresaba enfermo e incapacitado, otros preferían quedarse como asalariados en el sitio de destino al término de la mita, y muchos simplemente morían en el camino o en el socavón.

El efecto sobre la vida comunitaria fue devastador. Al reducirse el número de miembros de una comunidad, los sobrevivientes debían asumir cargas tributarias que la Corona no ajustaba con la misma velocidad con que la mortalidad las volvía imposibles. Esto obligaba a más indígenas a trabajar por salario fuera del resguardo para cubrir las obligaciones colectivas, lo que a su vez desintegraba el tejido productivo y ritual local. Este proceso —la mita disolviendo comunidades y arrojando a sus miembros a un mercado laboral incipiente— ha sido leído como el germen del proletariado moderno americano, urbano y rural: una masa de trabajadores desligada de la tierra que la sostenía, disponible para el jornal.

La geografía de la encomienda también determinó la geografía del colapso. Las poblaciones sedentarias con alta cohesión y organización tribal —las de Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona, Cartago, Pasto y Popayán— fueron las más fácilmente encomendables, y por eso mismo las más rápidamente diezmadas. En cambio, los grupos con rasgos semisedentarios o bandales, que a menudo convivían con los sedentarios pero mantenían mayor movilidad y menor centralización, opusieron resistencia efectiva y raramente pudieron ser sometidos al régimen de trabajo forzado. La correlación es reveladora: donde había estado organizado había tributarios y había colapso; donde había dispersión y guerra móvil había resistencia y supervivencia relativa. Los pijaos, paeces y yalcones lograron disputar a los españoles el territorio aledaño a Popayán durante casi un siglo, prolongando las guerras de conquista hasta bien entrado el siglo XVII. Esa resistencia sostenida no impidió que la élite payanesa acumulara considerable poder y riqueza dentro del virreinato, pero sí obligó al régimen colonial a convivir durante generaciones con territorios donde su autoridad era nominal.

La crisis del oro y el desierto laboral

Hacia 1620 el Nuevo Reino de Granada entró en una recesión económica prolongada cuyas dos causas principales eran, en rigor, la misma causa vista desde dos ángulos: el decrecimiento vertiginoso de la población indígena y el receso de la producción aurífera. La minería del oro, base fiscal del imperio en esta región, había alcanzado su apogeo en los dos decenios de 1590 a 1610, apoyada en la mano de obra indígena forzada movilizada por encomienda y mita. Cuando esa base humana se derrumbó, la producción minera se derrumbó con ella: de unos dos millones de pesos plata anuales a comienzos del siglo XVII, cayó a cifras mínimas hacia 1700, y el nivel del apogeo de 1590-1610 no volvería a alcanzarse hasta el último decenio del siglo XVIII.

La correspondencia entre las curvas es precisa. Entre 1550 y 1650 —el siglo crítico del colapso— el descenso de la población nativa, la disminución en la extracción de metales y el crecimiento de las solicitudes de mano de obra esclava africana avanzan en paralelo. El colapso demográfico creó una situación paradójica en el Nuevo Reino: abundancia extrema de tierras y escasez extrema de mano de obra. Las empresas agrarias que se habían expandido en el siglo XVI aprovechando los brazos indígenas resultaron gravemente afectadas por la crisis del XVII. La Dehesa de Bogotá —constituida como mayorazgo en 1610 por la familia Vergara— es el caso emblemático: sus propietarios, incapaces de explotar directamente la tierra por falta de trabajadores, optaron después de 1615 por el ausentismo y el arrendamiento, sacando de hecho las tierras del mercado productivo. La constitución de mayorazgos, aunque nunca fue práctica generalizada en la Nueva Granada como sí lo fue en Castilla o en Nueva España, expresa esa lógica defensiva de una élite económica atrapada entre tierras que no podía trabajar y una fuerza laboral que se le moría entre las manos.

Los pocos trabajadores indígenas sobrevivientes disfrutaron, paradójicamente, de condiciones relativas mejores: dueños de minas y haciendas competían por su trabajo, y esa competencia —aunque intervenida por la asignación administrativa de la Corona, que reservaba una cuarta parte de los indios útiles como fuerza alquilada a estancieros, mineros y comerciantes— elevó su valor efectivo. Pero se trataba de una mejora sobre un piso hundido: mejores condiciones para una minoría cada vez más pequeña.

La respuesta de la Corona: resguardos y Leyes Nuevas

Frente a la evidencia acumulada del desastre, la Corona española reaccionó desde temprano, aunque con un pie siempre en la protección declarada y otro en la conservación pragmática de la fuente tributaria. Las Leyes Nuevas de 1542, promulgadas por Carlos V en un contexto donde el clamor de figuras como fray Bartolomé de las Casas —el dominico que había convertido la defensa de los indios en programa moral— alcanzaba su punto más alto, ofrecieron a los indígenas americanos protección judicial y eclesiástica formal, prohibieron nuevas esclavizaciones y limitaron la transmisión hereditaria de las encomiendas. La resistencia de los encomenderos en varias regiones —en Perú llegó a la guerra abierta— obligó a la Corona a modular la aplicación, pero el principio jurídico quedó establecido: el indígena era vasallo libre del rey, no propiedad del conquistador.

El instrumento espacial de esa política fue el resguardo. Concebido como medida proteccionista, agrupaba a comunidades indígenas dispersas en pueblos con tierras comunales inalienables y magistrados locales propios —los cabildos de indios—, bajo control último de la Corona. En principio, no alteraba la posesión física de tierras ocupadas por sedentarios, aunque impuso limitaciones severas a pueblos de tradición nómada. En la práctica, el sistema tenía una doble cara. Protegía, sí, un mínimo de vida colectiva y de acceso a la tierra; pero también funcionaba como mecanismo de concentración que liberaba tierras aledañas para mercedes españolas, y sobre todo aseguraba la conservación de la mano de obra tributaria y de los ingresos fiscales del rey. La tensión entre el propósito proteccionista declarado y los efectos reales sobre las comunidades fue una constante del sistema.

Con el debilitamiento del poder de los antiguos conquistadores hacia finales del siglo XVI, la encomienda y la mita fueron cediendo su lugar a las reducciones y resguardos, donde los indígenas tributaban directamente al rey y no al encomendero. Esta transformación institucional, sumada al mero hecho de que las poblaciones supervivientes habían pasado el filtro epidémico inicial, contribuyó a la estabilización demográfica de algunos grupos y, con el tiempo, a signos de crecimiento. Pero se trataba de una estabilización sobre una fracción minúscula del universo original: los resguardos de finales del siglo XVII agrupaban a los descendientes del 5 o el 10 % de la población de 1500.

Los africanos: la sustitución forzada

El vacío laboral que dejó el colapso indígena fue llenado por otra tragedia. La importación de esclavos africanos, iniciada tímidamente en el siglo XVI y expandida a escala industrial en el XVII, respondió directamente al agotamiento de la mano de obra nativa. El propio Bartolomé de las Casas, buscando aliviar los sufrimientos indígenas, propuso en algún momento la sustitución por esclavos africanos en las minas. La Corona, en la misma lógica de racionalizar la explotación colonial y evitar la extinción total de la mano de obra indígena, prohibió esclavizar indios y autorizó la introducción de esclavos negros a América.

Cartagena de Indias se convirtió en el principal puerto negrero del imperio español en Sudamérica. Entre 1618 y 1624 fueron introducidos por Cartagena 29.574 esclavos africanos —casi cinco mil por año en promedio—, cifra que da la medida de la escala. Se los empleó en la minería del oro y el platino, sobre todo en el Chocó y en Antioquia, pero también en la boga del río Magdalena —el sistema circulatorio de la Nueva Granada colonial— y en la construcción de iglesias, murallas y obras públicas. El Chocó, desde temprano percibido como despensa aurífera, ejemplifica el relevo: primero explotado con mano de obra indígena forzada, luego, ante el deterioro rápido de esa población en un ambiente de tierras cálidas al que muchos indígenas de altiplano no estaban aclimatados, sustituida en gran medida por africanos en condiciones de esclavitud.

La geografía de la trata dibujó un país paralelo. Las cuadrillas mineras del Chocó y del Pacífico, las haciendas cañeras del valle del Cauca, los astilleros y fortificaciones de Cartagena, las bogas del Magdalena y las plantaciones costeras concentraron una población africana y afrodescendiente que hacia mediados del siglo XVII ya era el sujeto laboral dominante en amplias franjas del territorio. La esclavitud en la Nueva Granada no fue una institución periférica sino el motor de sus principales sectores exportadores, sostén de las remesas fiscales a la metrópoli y condición material del comercio atlántico que atravesaba Cartagena. Sobre esa base se levantaron también las primeras comunidades cimarronas, palenques como el de San Basilio, que fugadas del sistema construyeron territorios propios en los intersticios del control colonial.

La correlación temporal es estrecha: entre 1550 y 1650, mientras la población indígena caía en picada, la solicitud y llegada de esclavos africanos crecía sostenidamente. Que la trata negrera colombiana no derivara —como la mano de obra indígena— en su propio colapso demográfico se debió a la reposición continua de cuerpos importados de África y, más tarde, a una tasa de reproducción interna que la Corona logró alcanzar mediante regulaciones específicas. Pero la mortalidad africana en las minas del Pacífico, en las bogas del Magdalena o en las obras portuarias de Cartagena fue altísima, y el sostenimiento numérico del sistema dependió durante décadas de la importación permanente, no de la reproducción biológica de los cautivos ya presentes.

El resultado, hacia finales del siglo XVII, fue una recomposición completa del sujeto demográfico americano: la recuperación poblacional del Nuevo Reino a partir de 1690 no fue una recuperación indígena, sino el fruto de la rápida reproducción de mestizos, negros libres, mulatos y esclavos. Cuando la Nueva Granada volvió a crecer, ya era otra.

Herencia y sombra

El colapso demográfico indígena de la Conquista no es sólo un episodio del pasado remoto: es una de las condiciones estructurales sobre las que se construyó Colombia. La geografía humana del país —el vacío del oriente, la concentración andina, la costa mestiza, la Amazonia y el Pacífico como frontera— refleja, en su distribución básica, la forma que tomó el desastre. Las regiones donde el colapso fue casi total —el valle del Cauca medio, Cartago, el bajo Magdalena— se repoblaron sobre matrices étnicas nuevas, principalmente mestizas y afrodescendientes. Las regiones donde grupos indígenas resistieron o sobrevivieron en cuantía suficiente —los altiplanos cundiboyacense y nariñense, la Sierra Nevada, la Guajira, ciertas zonas del Cauca y del Amazonas— conservaron continuidad demográfica indígena hasta el presente, aunque siempre bajo presión.

En la provincia de Tunja hacia 1600, tres generaciones después del arribo de Jiménez de Quesada, quedaba menos de la décima parte de los muiscas que habían recibido a los españoles. Poblaciones enteras del valle del Cauca —quimbayas, carrapas— habían dejado de existir como grupos culturales identificables. La cultura del Zenú, del bajo Sinú, cuya organización hidráulica había sostenido hasta cerca de un millón de habitantes, quedó reducida a una fracción marginal. Los archivos coloniales están llenos de referencias secas al despoblamiento: territorios que en los primeros años del siglo XVII los invasores españoles hallaban "despoblados por la violencia y las enfermedades".

El régimen laboral que sobrevivió al colapso —la hacienda con su mano de obra ligada por deuda, la mita minera transformada en concertaje, la esclavitud africana— definió las relaciones sociales de la Colonia y muchas de las de la República. La dificultad crónica del Estado colombiano para gravar y regular sus territorios más despoblados, la debilidad del mercado interno en regiones que nunca recuperaron su base humana, la persistencia de fronteras internas donde el control estatal es nominal: todo esto viene, en parte, del vacío que la Conquista abrió y que ninguna política colonial o republicana logró llenar del todo hasta bien entrado el siglo XX.

Detrás de cada porcentaje —80 %, 90 %, 97 %— hubo pueblos que desaparecieron, lenguas que dejaron de hablarse, técnicas agrícolas y orfebres perdidos para siempre, familias rotas por la mita y muertas por la viruela. La cifra es exacta; lo que nombra es la eliminación acumulada de millones de vidas concretas, cada una con nombre, comunidad y horizonte propios. En el altiplano muisca, en el valle del Cauca, en el Sinú, en el Chocó, en la Sierra Nevada, la Conquista dejó un territorio menos poblado del que había encontrado, y otro país, distinto en su composición humana, comenzó a levantarse sobre esa ausencia.

04

En el archivo

4 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Encomienda y mita: instituciones de trabajo forzado que estructuraron y perpetuaron el colapso al impedir la recuperación demográfica de las comunidades nativas
  2. 02Epidemias de contacto (viruela, gripa, tifus): principal vector biológico del colapso, actuando sobre poblaciones sin inmunidad acumulada y sin recursos médicos eficaces más allá del aislamiento
  3. 03Muiscas de Cundinamarca y Boyacá: grupo más densamente poblado y sociopolíticamente avanzado del territorio, cuya provincia de Tunja ofrece la serie estadística más completa del descenso
  4. 04Quimbayas del valle del Cauca: caso extremo del colapso, con reducción de 100.000 a 40 individuos en cuarenta años
  5. 05Leyes Nuevas de 1542 y sistema de resguardos: medidas protectoras de la Corona que contribuyeron parcialmente a la estabilización demográfica de algunos grupos supervivientes
  6. 06Hermes Tovar y Juan Friede: historiadores que construyeron las series cuantitativas fundamentales para medir el colapso en el Nuevo Reino de Granada
06

Documentos y fragmentos citados

30 documentos · 44 fragmentos

01Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 501 cita
[1]

cifras representan 20 cálculos imprecisos y exagerados, que reflejan el deseo de los españoles de exaltar su valor al someter con pocos efectivos numerosas poblaciones. Además, se han señalado que las investigaciones arqueológicas no han demostrado la presencia de restos y ruinas de tal magnitud que permitan suponer…

p. 50
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 187, 1904 citas
[2]

Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…

p. 187
[3]

Tovar, quienes hablan de más de 8 millones. Bajo cualquiera de esas hipótesis, estaríamos ante una distribución espacial aproximadamente así: un 31 por ciento correspondería a la región Caribe; otro 30 por ciento a la región Andina oriental; casi un 40 por ciento a la región Andina occidental, y el resto a la región…

p. 187
[7]

de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
[8]

de Córdoba, al referirse a Cuba, ex- clamaba: «los cristianos han destruido y desterra- do de estas pobres gentes la natural generación». Cifras de la catástrofe Los datos que permiten evaluar la caída de pobla- ción indígena son escasos y fragmentarios, pero no menos impresionantes: Juan Friede calcula que la…

p. 190
03La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 29, 312 citas
[4]

conservadora de Rosenblatt, de 850.000, ha sido consi- derada excesiva al menos por un investigador, 1 impresionado por la falta de extensos y permanentes lugares poblados. Con todo, la evi- dencia abrumadora de las crónicas primitivas, el número increíble de guacas o sepulturas indígenas, y los extensos campos…

p. 29
[21]

pozos, carrapas, ansermas, pícaras y paucuras y los enigmá- ticos quimbayas y quindíos. 9 Habiendo carecido por completo del 9. Juan Friede, Los quimbayas bajo la dominación española (Bogotá, 1963), estudio basado en numerosos documentos del Archivo de Indias en Sevilla, España. Ver, igualmente, Ernesto Restrepo…

p. 31
04Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · p. 322 citas
[5]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
[6]

to four million people. Some were warlike hunters and fishers, includ ing the Caribs and Arawaks, but many had developed agriculture, as well as gold work that attracted the Span- ish conquerors. They were also divided by geography, includ ing the Calima (Valle de Cauca), the San Agustín (Huila), the Tumaco (Nariño),…

p. 32
05Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 105, 1102 citas
[9]

214 r. ss. Cae. e ind., t. 46 f. 166 r. ss., t. 32 f. 640 r. ss. Las dfras que sirvieron para la retasa de Angulo de Castejón en AHNB. Cae. e ind., t. 5 f. 574 r. ss. Reproducido por Jaime Jaramillo Uribe en su ensayo «La población indígena en Colombia en el momento de la conquista y sus transformaciones posteriores»,…

p. 110
[10]

569 r. Tasas de Tabuya y Supinga. Friede menciona (Los quimbayas, dt. p. 117) la cifra de seis m il tributarios en Anserma en el momento de la visita de Angulo. LA SOCIEDAD INDÍGENA Y SU EVOLUCIÓN POSTERIOR 8 7 fjUBVO REINO DE GRANADA. DENSIDAD DE LA POBLACIÓN INDÍGENA Cifras de López de Velazco (1670) 88 H is t o r…

p. 105
06Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 481 cita
[11]

a generally accepted figure. By some estimates, sixty years after contact only 1.5 million indigenous people remained in Colombia— paradoxically, in the areas where most of the Spaniards lived. They also lived in the dense jungles, where no contact with Europeans had occurred. By the middle of the seventeenth century,…

p. 48
07Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 153, 1582 citas
[12]

valles fértiles y tierras ribere- has, y las tribus se internaron en las partes altas de las cordilleras y en el interior de las selvas. El contacto con los espatioles caus6 un impacto de- vastador sobre la poblacion nativa, tanto por las pér- didas en las acciones militares, como por las muertes causadas por grandes…

p. 158
[14]

denominador y principal movil de la conquista del territorio colombiano fue la busqueda del oro. La leyenda de El Dorado fue creada desde aquella época, parece que por los propios indige- nas, para despistar a los espanoles. La conquista fue una empresa cruenta. Muchas poblaciones nativas fueron arrasadas y los…

p. 153
08Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 281 cita
[13]

colombianos. En cierta medida, las tres clases de problemas definen un conjunto de igual número de periodos de la historia económica del país e indican la organización general de la obra. A. Supervivencias coloniales El área que se conoce hoy como Colombia fue ocupada por los españoles en la tercera década del siglo…

p. 28
09¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 31, 342 citas
[15]

esta cifra aún más en las epidemias de tifus que llegaron en el siglo XVII. Solo hasta 1905 el país volvería a registrar un número de habitantes parecido. A pesar de la catástrofe que significó la Conquista para el diverso mundo cultural indígena, este no fue un proceso rápido ni pleno, pues las guerras se prolongaron…

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de la tierra, se ha solido enseñar, se expresó mediante diferentes instituciones: una fue la encomienda, donde un grupo indígena era obligado a trabajar para un español -el encomendero- que lo recibía en recompensa por su participación en la Conquista, a cambio de no separarlo y garantizar su conversión al…

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10Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 41, 973 citas
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mulatos; diez años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se…

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años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se reprodujera ese…

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importación masiva de esclavos africanos que reemplazaran con su fortaleza la debilidad indígena. Con los africanos llegó otra estética desconocida para los “naturales” y despreciada por los europeos; colores y sonidos, visiones y ritmos, historias, recuerdos y sentimientos encontraron en el trópico nuevo el J ulio C…

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11Crónicas de BogotáPedro María Ibáñez · 2014 · p. 571 cita
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que venía de remota antigüedad, pues desde tiempos muy lejanos era usado en la China y en la India. A más del aisla- miento, única medida verdaderamente científica, los galenos de la época aplicaban la siguiente terapéutica empírica, que se publicó, y que consistía en cortar el pelo, tisanas nitradas, abrigo, media…

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12Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 551 cita
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a ñ os o d é cadas despu é s a un sitio ya visitado, ten í an descripciones de las costumbres de los indios, de sus formas de hacer la guerra, de los alimentos y re cursos existentes. Mientras tanto, los ind í genas eran centenares de comunidades independientes que no pod í an ponerse de acuerdo o coordinar sus…

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13Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 301 cita
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argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…

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14Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 cita
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y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…

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15La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 21, 262 citas
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nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…

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Siglo XVI. Mientras el erudito Gines de Sepúlveda predicaba la guerra “justa” y hacía lo posible para dar una buena conciencia religiosa a la conducta de los encomenderos, el padre de Las Casas encabezaba un movimientó en defensa de los indios, cuyo contenido histórico se expresa en la consigna: “que termine la…

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16Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 421 cita
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y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…

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17Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 87, 952 citas
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otros muchos preferían continuar como asalariados, a la terminación de la mita. En suma, muy pocos regresaban y de ellos gran número volvían enfermos e incapacitados. Como el tributo de la encomienda era constante sobre el grupo, al disminuir por causa de la mita el número de sus componentes, el indígena se veía…

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conquistados. En desarrollo de esa política fueron introducidos en América los primeros esclavos africanos. El cambio en la concepción y valoración del indígena tuvo sus raíces materiales muy concretas. Con la dominación colonialista en las Antillas y la intensísima tasa de explotación, la población autóctona estaba…

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18Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1461 cita
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de que tanto precisaba Europa, ya en la prehistoria del capitalismo, para dilatar los canales de su circulación mercantil. Durante casi todo el período colonial la economía de la Nueva Granada fue esencial- mente una economía minera y la explotación intensiva de los yacimientos de oro, plata y es- meraldas se realizó…

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19Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 441 cita
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sentido cultural—, o para fines de utilidad general: mitas para el transporte de leña, para obras públicas; y —lo que en un tiempo fue particularmente opresivo— para el transporte de perso- nas y mercancías a hombros, para la boga en el Magdalena 5, y para el trabajo de las minas de plata de propiedad fiscal de Las…

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20Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 3721 cita
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economía neograna- dina un carácter recesivo. La explicación de este decaimiento se suele centrar en dos razones principales: el decrecimiento vertiginoso de la población indígena iniciado en el siglo anterior y que cubrirá la totalidad del x v i i, y el receso de la producción aurífera hacia 162o2 1. Estos hechos…

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21Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2271 cita
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en los dos decenios de 1590-1610. En adelante la producci ó n tiende a contraerse hasta entrar en una crisis que abarca una buena parte del siglo xvii. Hacia 1680 se observa un repunte (para el dis trito de Popay á n; posiblemente tambi é n para Antioquia) que se va afirmando en los primeros decenios del siglo xvm.…

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22Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 501 cita
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determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…

p. 50
23Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 312 citas
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importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…

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importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…

p. 31
24Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 32 citas
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existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…

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existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…

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25Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1041 cita
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for less than a quarter of New Granada's total of roughly 1.4 million inhabitants. This change naturally reflected both the expansion of other demographic groups and the drastic fall in Amerindian num- bers as a result of European diseases, mistreatment, and the wide- spread disruption of traditional lifestyles. In…

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26Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 2541 cita
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pueblos de indios que les permitieron a los españoles usurparles a los habitantes del valle su oro, sus cosechas y su trabajo. La explotación desmedida colocó a los sibun- doyes en el umbral del aniquilamiento. Para proteger a la población, la Corona española introdujo resguardos y cabildos de indios. Combinadas con…

p. 254
27La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 391 cita
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HÉROES DEL CHOCÓ 39 Las condiciones geográficas y climáticas se articulan con dinámicas pro- ductivas que han configurado las formas de poblamiento del Chocó. Desde el periodo colonial, se ha percibido al departamento como una despensa de recursos extractivos como el platino y el oro. Desde esta visión, se han ex-…

p. 39
28Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 411 cita
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muy elevadas y que, por lo tanto, las importaciones debieron ser cuantiosas comparadas con la población esclava supérstite. 7 V. E. Vila, op. cit. Tabla IV de la pág. 205. Según Jorge Palacios Preciado, en Cartagena de Indias, gran factoría de mano de obra esclava (Lecturas de Historia No. 4. Tunja, 1975), entre 1618…

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29Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 271 cita
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quedaban fueron diezmados en un 95%. La evolución demográfica de otras regiones, tales como las de Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona, Cartago, Pasto y Popayán, es mejor conocida. En dichas zonas existían poblaciones sedentarias que habían alcanzado niveles altos de cohesión y organización tribal, lo cual permitió una…

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30Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1061 cita
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La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…

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