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Hecho histórico · Conquista · 1499–1599

Cultura urbana colonial en Tunja: Escuela Tunjana, lengua muisca y congregación indígena (1580–1599)

Entre 1580 y 1599, Tunja fue el escenario de una convergencia excepcional: la institucionalización de la cátedra de lengua muisca por Real Cédula de Felipe II, el florecimiento de la Escuela Tunjana de pintura fundada por Alonso de Narváez, y la ejecución de la política de congregación indígena en pueblos de traza regular. Los tres proyectos, impulsados por el colapso demográfico y la crisis del sistema encomendero, produjeron una cultura colonial híbrida en la que la agencia indígena —visible en donantes como el cacique de Suta— negoció espacios propios dentro del dispositivo civilizatorio español.

Cultura urbana colonial en Tunja: Escuela Tunjana, lengua muisca y congregación indígena (1580–1599)
1580–1599
01

Ficha del acontecimiento

Síntesis

Cuándo
1580–1599
Dónde
Tunja, Nueva Granada, Boyacá, Sogamoso, Santafé de Bogotá, Duitama, Chiquinquirá, Ráquira, Suta, Fontibón
Protagonistas
Juan de Castellanos, Luis Zapata de Cárdenas, Gonzalo Suárez Rendón, Juan de Vargas, Alonso de Narváez, Bartolomé Lobo Guerrero, Antonio de Toledo, Fray Bernardo de Lugo, Miguel de Espejo, Gonzalo Bermúdez, Domingo de las Casas, Luis Henríquez
02

Lectura causal

Causas, hecho y consecuencias

Causas

  1. El colapso demográfico acelerado de la población muisca —diezmada en cerca del noventa y cinco por ciento respecto a los niveles prehispánicos por violencia, epidemias y explotación laboral— generó una emergencia institucional que obligó a reformular los mecanismos de evangelización, tributación y control territorial.
  2. La Real Cédula de Felipe II de 1580, que ordenó instaurar la cátedra de la lengua general de los indios, respondió a décadas de evangelización superficial en el altiplano cundiboyacense, donde la barrera lingüística impedía la conversión efectiva de las poblaciones muiscas.
  3. La crisis del poder encomendero, cuya base tributaria se contraía junto con la población indígena, desencadenó el ausentismo en el cabildo tunjano y aceleró la búsqueda de nuevas fuentes de legitimidad simbólica, entre ellas la decoración monumental de casas e iglesias.
  4. La política española de congregar a los indígenas en pueblos de traza regular, iniciada en las décadas de 1560 y 1570 y ejecutada en la provincia de Tunja bajo la dirección del oidor Luis Henríquez, buscaba concentrar poblaciones dispersas para facilitar la doctrina cristiana y liberar tierras para la apropiación española.
  5. La llegada de fray Luis Zapata de Cárdenas como arzobispo (1573–1590) creó el ambiente institucional propicio para un pacto mínimo entre órdenes religiosas y jerarquía secular, haciendo posible la formalización de la enseñanza lingüística y la sistematización del programa evangelizador.
1580–1599Cultura urbana colonial en Tunja: Escuela Tunjana, lengua muisca y congregación indígena (1580–1599)

Consecuencias

  1. La institucionalización de la cátedra de lengua muisca produjo una cadena de manuscritos gramaticales y catequéticos anónimos del siglo XVII —vocabularios, confesionarios, cartillas— que preservaron, involuntariamente, términos y estructuras léxicas muiscas como el vocablo anua (cal azul o azulina), testimonio de la textura cultural que sobrevivió al vaciamiento doctrinal.
  2. La Escuela Tunjana, fundada por Alonso de Narváez y sostenida por las órdenes religiosas y las élites encomenderas, generó un corpus pictórico y arquitectónico híbrido —óleo sobre lienzo europeo, motivos moriscos, emblemas heráldicos, programas iconográficos en casas civiles— que convirtió a Tunja en el principal centro de producción artística colonial del altiplano neogranadino.
  3. La congregación indígena en pueblos de traza regular transformó irreversiblemente el paisaje territorial de Cundinamarca y Boyacá: de los quinientos a setecientos poblados prehispánicos originales casi ninguno sobrevivió, mientras que los pueblos de reducción fundados en el proceso pervivieron como esqueletos administrativos y parroquiales que estructuran aún hoy la geografía municipal del altiplano.
  4. La agencia indígena tardía, visible en donantes como el cacique de Suta que financió y se hizo retratar en un Juicio Final, demostró que los caciques y capitanes instrumentalizaron el programa iconográfico cristiano para preservar y proyectar su autoridad dentro del nuevo orden colonial, produciendo formas de sincretismo que no fueron ni sumisión ni resistencia pura sino negociación fina.
  5. Cuando la población indígena se agotó como base económica, los conventos enriquecidos por donaciones y los monopolios y sueldos coloniales sustituyeron a la encomienda como principal sostén de Tunja, consolidando un modelo urbano clerical-burocrático que persistiría durante el resto del período colonial.
03

La clave interpretativa

Por qué importa

El período 1580–1599 en Tunja es el momento en que la colonia española en el altiplano neogranadino pasó de la conquista militar a la construcción de un dispositivo civilizatorio integral: lengua, imagen y ciudad actuaron simultáneamente como instrumentos de conversión y control. La convergencia de esos tres proyectos en un contexto de colapso demográfico revela que la cultura colonial híbrida no fue el resultado de una convivencia armónica sino de una tensión estructural entre la urgencia española por salvar al sujeto indígena para seguir explotándolo y la agencia de ese mismo sujeto para negociar su lugar dentro del nuevo orden. El legado es doble y contradictorio: la retícula urbana ganó en el plano cartográfico y perdió en la práctica social, la lengua muisca fue institucionalizada para ser vaciada y sobrevivió en los márgenes de su propia gramática.
04

Desarrollo histórico

La historia completa

Cultura urbana colonial en Tunja: cuando la lengua, la imagen y la ciudad se pintaron a la vez

En una iglesia de pueblo en Suta, sobre el arco toral, un Juicio Final del siglo XVI conserva un detalle que suele pasar inadvertido para el viajero apurado: entre las almas piadosas que se salvan del fuego eterno aparece pintado un hombre con ropa indígena, y una cartela pequeña dice su nombre y su cargo. Es un cacique. Pagó la obra. Y decidió que su rostro quedara ahí, junto a los bienaventurados, con la ropa de su gente y el título de su autoridad. No fue evangelizado a la fuerza: contrató al pintor.

Esa escena, minúscula en el mapa de una iglesia rural boyacense, es la mejor puerta de entrada a las dos décadas más raras y más decisivas de la historia colonial temprana del altiplano: los años que van de 1580 a 1599 en la ciudad de Tunja. En ese tramo corto, tres proyectos coloniales que solemos estudiar por separado —la enseñanza formal de la lengua muisca, la pintura de la llamada Escuela Tunjana y la congregación de indígenas en pueblos de traza cuadriculada— se cruzaron en un mismo territorio, se sostuvieron mutuamente y produjeron una cultura urbana cuya hibridez no fue nunca armónica. Fue tensión pura. Y de esa tensión, todavía hoy, comen los muros pintados de las casas tunjanas y los planos regulares de decenas de municipios del altiplano.

La ciudad que se levantó sobre Hunza

Tunja fue fundada en 1539 por Gonzalo Suárez Rendón sobre el sitio de Hunza, la antigua capital de los zaques muiscas. Cuarenta y un años después, cuando arranca el período que nos ocupa, era ya una ciudad encomendero-señorial de manual: damero perfecto, manzanas cuadradas, calles en ángulo recto, una plaza mayor donde se apretaban las sedes del poder civil y eclesiástico. Un plano de hacia 1612 la muestra plenamente asentada. Todo eso lo había levantado el trabajo indígena mediante el sistema de mita urbana.

Los encomenderos vivían en casas grandes. Y esa amplitud no era vanidad: era logística. Había que recibir las recuas cargadas con los tributos —mantas, papa, maíz, trigo, cueros—, había que almacenar. Juan de Castellanos, primer cura y cronista de la ciudad, dejó dicho que aquellos vecinos labraron casas costosas y sembraron sus portadas de escudos de armas para eternizar su fama. La frase es exacta.

Y, sin embargo, ciento cincuenta años después de fundada, Tunja no contaba con más de quinientos vecinos españoles. Una arquitectura señorial de proporciones vastas para una población escasa, sostenida sobre una base indígena que se desmoronaba a ojos vistas. Ese es el rompecabezas.

Porque hacia 1580 el altiplano ya vive el desplome. La población total de la Nueva Granada, probablemente superior a los tres millones antes de la conquista, caería hasta poco más de 150.000 indígenas en el primer censo confiable, el de 1778-1780. En Tunja, Santafé, Vélez, Pamplona —las zonas de poblaciones sedentarias que precisamente por su cohesión habían sido las más fáciles de sujetar al régimen de la encomienda— los grupos indígenas fueron diezmados en cerca del noventa y cinco por ciento. La violencia militar, las enfermedades importadas, la explotación laboral y una epidemia particularmente devastadora traída de Guinea, que se extendió por todo el Nuevo Reino hasta Chile y Caracas y arrasó con más de la tercera parte de la gente entre naturales y españoles, componen el fondo demográfico del período.

La sustancia con que Tunja se alimentaba se estaba acabando. Fue en esa emergencia, y no en la calma, donde arrancó todo lo demás.

1580: la lengua entra a la escuela

Ese año Felipe II firma una Real Cédula que ordena instaurar la cátedra de la lengua general de los indios. En el Nuevo Reino de Granada, esa lengua es la muisca o chibcha, la que se hablaba en las capitanías del altiplano cundiboyacense sobre las cuales se había armado toda la geografía encomendera.

La medida no cae en el vacío. La evangelización en la región venía siendo lenta desde los años 1550, cuando dominicos y franciscanos empezaron a concentrar esfuerzos en las altiplanicies orientales sin obtener grandes resultados. Chocaban contra el obstáculo más elemental: no se entendían con la gente. La llegada de fray Luis Zapata de Cárdenas como arzobispo en 1573, y sus diecisiete años en el cargo hasta 1590, creó por fin un ambiente propicio para un pacto mínimo entre las órdenes religiosas y la jerarquía secular. Un informe de 1575 menciona una junta celebrada el año anterior, cuyos detalles se han perdido pero cuya existencia marca el momento en que el problema lingüístico entra formalmente en la agenda eclesiástica.

Cinco años más tarde, la Real Cédula da el paso decisivo: la lengua muisca deja de ser una barrera que cada doctrinero resolvía a su manera y se convierte en materia de enseñanza institucional.

De ese impulso derivan los manuscritos gramaticales y catequéticos anónimos del siglo XVII: vocabularios, reglas gramaticales, confesionarios, cartillas. Piezas técnicas, hechas para que el doctrinero pudiera interrogar al indio en su propia lengua sobre los mandamientos, los pecados y los sacramentos. Ahí sobreviven, casi por accidente, términos como anua —cal azul o azulina—, testimonio menor de la textura léxica que se cruzó con el aparato conceptual del catolicismo tridentino. Miguel de Espejo, Gonzalo Bermúdez, Domingo de las Casas y, ya en el siglo XVII, fray Bernardo de Lugo —cuya gramática sería la primera impresa— forman la cadena de doctrineros y gramáticos que operaron en ese frente.

La lógica de la cátedra tenía dos filos. Respondía a la urgencia demográfica: si el sujeto de la conversión se estaba extinguiendo, había que acelerar la evangelización en su idioma. Y se acoplaba al programa civilizatorio general: aprender la lengua para desarmarla, vaciarla de sus contenidos ancestrales y rellenarla con contenidos católicos. El vaciamiento no fue completo. La cal azul sobrevivió en la gramática, y esa supervivencia mínima es la señal de otras mayores.

Los muros pintados

Mientras la lengua se estudiaba en las doctrinas, la imagen se pintaba en los muros. La llamada Escuela Tunjana tiene por fundador a Alonso —o Alfonso— de Narváez (1500-1583), el primer pintor conocido de la Nueva Granada. Su obra mayor, la Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, fue encargada por el dominico fray Andrés de Jadraque junto con el español Antonio de Santana; la imagen se convertiría, con el correr de las décadas, en objeto de veneración masiva y punto de anclaje devocional para toda la región. Narváez muere en 1583, tres años después de la Real Cédula, justo en el arranque del período que aquí interesa, y su magisterio se prolonga en talladores y pintores locales que las comunidades religiosas asentadas en Tunja desde 1539 convocaban una y otra vez para decorar iglesias y conventos.

La técnica dominante era el óleo sobre lienzo, aporte europeo puro. En la región no hubo tradición precolombina de pintura escolarizada ni de trabajos individuales comparables. Pero lo distintivo de Tunja no es la técnica: es el destino de esos lienzos y de las pinturas murales que los acompañaban. Aquí la producción pictórica no se quedó dentro de las iglesias. Se derramó hacia el espacio civil y doméstico.

Las casas de los encomenderos —la del fundador Suárez Rendón, la de Juan de Vargas, la de Antonio de Toledo— se decoraron con programas iconográficos en techos y muros que mezclaban motivos mitológicos clásicos, emblemas heráldicos, sentencias moralizantes y figuras religiosas. El aporte morisco, plenamente asimilado, se manifestó en el alfiz, el arco peraltado, la columna ochavada y el artesonado. El Renacimiento italiano imprimió su marca en la simetría y la proporción. La experiencia castellana previa —Chinchón, Riaza— se filtró en el uso del patio como espacio de enlace entre el campo y la casa urbana, aunque el patio tunjano no fuese el patio andaluz de dimensiones reducidas, sino uno ampliado, apto para recibir recuas y almacenar las cosechas tributarias.

En esa producción se cruzaban dos comitentes. Por un lado, las órdenes religiosas: dominicos en Santo Domingo, agustinos en San Agustín, clarisas en el convento fundado en 1574, concepcionistas en el que abriría en 1599. Necesitaban dotar sus templos y claustros de programas visuales para la instrucción y la devoción. Por otro, las élites encomenderas, que labraban sus casas como escenografía de una hidalguía recién adquirida y buscaban, en las portadas con escudos de armas y en los muros pintados, la eternización de su fama de la que hablaba Castellanos. Ambos competían por prestigio simbólico y por capitales: las órdenes prestaban a censo con réditos anuales cercanos al cinco por ciento, alimentando así su capacidad de encargar obra; los encomenderos cargaban las suyas al ingreso tributario que aún les llegaba de unas encomiendas en contracción acelerada.

El cacique de Suta

Pero el momento más revelador del programa iconográfico no está en Tunja intramuros. Está en su hinterland doctrinero.

Volvamos a la iglesia de Suta. Sobre el arco toral, ese Juicio Final incorpora entre las almas piadosas la figura de un donante cuya cartela le atribuye la comisión de la obra: un cacique o capitán indígena. La escena repite un patrón que aparece en otros virreinatos americanos: donantes indígenas masculinos junto a vírgenes o en escenas de las postrimerías, vestidos con prendas indígenas confeccionadas con telas importadas de Asia o Europa, flanqueados por símbolos foráneos.

El cacique de Suta se ubica estratégicamente entre las almas piadosas. Usa la iconografía cristiana para dejar testimonio de su obra piadosa, para alinearse con la iglesia católica, y lo hace con nombre y cargo consignados en cartela. La pintura, ahí, es un vehículo de agencia. El donante indígena instrumentaliza el programa iconográfico civilizatorio para preservar y proyectar su propia autoridad dentro del nuevo orden. No es sumisión: es negociación fina.

Pueblos dibujados con regla

El tercer vértice del dispositivo es la ciudad misma extendida hacia el territorio indígena bajo la forma del pueblo de traza regular. La política de congregar a los indios en pueblos ordenados según la retícula española arrancó en la década de 1560 y se sistematizaría plenamente a partir de 1602. Pero fue en las décadas de 1560 y 1570 cuando las autoridades del Nuevo Reino asumieron la tarea de aglutinar las capitanías dispersas en grandes comunidades, y hacia la última década del siglo XVI la operación puede darse por ejecutada.

En la provincia de Tunja la planificación física recayó en el licenciado Luis Henríquez, oidor de la Audiencia. Visitó personalmente —o a través de su escribano Rodrigo Zapata— cada lugar, expidió instrucciones para la traza, ordenó la quema de los antiguos asentamientos y fijó en cada punto la ubicación de la plaza y de la iglesia. Las normas eran precisas: plaza mayor de ciento ochenta varas en cuadro, calles rectas de catorce varas de ancho, manzanas cuadradas de ochenta varas de lado, iglesia central, casa del cacique más grande que las demás, hospital, tamaño ideal de trescientos vecinos. El pueblo de indios era, en su concepción, una ciudad en miniatura. Una réplica moral del damero tunjano, donde la retícula misma se suponía formadora de costumbres cristianas.

La motivación era doble. Religiosa: agrupar a los indígenas para facilitar la instrucción y la conversión, llevar al doctrinero un auditorio concentrado en lugar de dispersarlo por cerros y quebradas. Y económica: al remover a los indios de sus lotes de cultivo dispersos, quedaba tierra libre para la apropiación española. Debajo de las dos corría una tercera motivación: contener el desplome demográfico mediante la concentración, dar densidad a poblaciones que se disolvían. La política nació, paradójicamente, como respuesta a la disminución alarmante, no a la abundancia.

La operación chocó con la geografía social muisca. El poblamiento indígena tenía una tensión estructural: tendía a la nucleización en torno a los cercados de los caciques, pero también se organizaba en partes o capitanías vinculadas a la posesión de tierras de labranza. Al aglutinar capitanías, la política española no reconstruía una unidad preexistente: imponía una unidad artificial que rompía el lazo entre grupo y tierra cultivada. Las ordenanzas de Tunja de 1575 ya denunciaban que, después de ser poblados en pueblos de traza, los indios se ausentaban de sus casas. La retícula estaba levantada, la iglesia dispuesta en la plaza, la casa del cacique más grande que las demás. Pero los indios no vivían allí de manera efectiva. Iban y venían, se dispersaban por el campo, mantenían sus prácticas en lugares que la traza no controlaba.

De los quinientos a setecientos poblados indígenas que existían antes de la conquista en la región de Cundinamarca y Boyacá, casi ninguno de los pueblos fundados en el proceso de reducción había desaparecido cuando se hizo balance del proceso: los pueblos nuevos quedaron como esqueletos administrativos y parroquiales. Los asentamientos originales, en cambio, fueron eliminados, y con ellos la memoria precisa de su ubicación. La retícula ganó en el plano cartográfico. Perdió en la práctica social.

Por qué justo esos veinte años

Tres presiones convergen sobre Tunja entre 1580 y 1599, y esa convergencia es lo que hace del período algo más que un tramo cronológico.

La primera es la aceleración del colapso demográfico, que hacia 1580 pasa de fenómeno reconocido a emergencia institucional. Si el sujeto indígena se extingue, todo el edificio colonial se derrumba: la encomienda pierde tributarios, las doctrinas pierden feligreses, las ciudades pierden abastecimiento, los conventos pierden donantes potenciales. La respuesta colonial es intentar salvar al indígena para poder seguir explotándolo y convertirlo. Y esa respuesta se traduce a la vez en cátedra de lengua, en programa iconográfico y en congregación.

La segunda presión es el declive del poder encomendero. La pérdida acelerada del sustento tributario desencadena la caída de la influencia de los encomenderos en el cabildo, con ausentismo y abandono de puestos. La ciudad, sin embargo, no colapsa. Los conventos, enriquecidos por donaciones llegadas de todas partes, y los monopolios y sueldos coloniales, sustituyen a la encomienda como principal sostén económico. Ese relevo explica por qué la producción pictórica religiosa florece justo cuando el mundo encomendero se contrae: las órdenes religiosas absorben el excedente simbólico y económico que antes gestionaban directamente los vecinos.

La tercera presión es la política eclesiástica. Zapata de Cárdenas gobierna hasta 1590 con un programa activo de evangelización. Le sucede una jerarquía que llevará a Bartolomé Lobo Guerrero, ya en 1606, a declarar que los jeques muiscas eran más perjudiciales que los hechiceros del Perú y a convocar el Sínodo de Santafé para codificar las respuestas al problema. Entre 1580 y 1599 se preparan los materiales —gramaticales, iconográficos, urbanísticos— con los que Lobo Guerrero pretenderá librar su batalla frontal.

Las tres presiones se refuerzan entre sí. La demografía urge la evangelización, la evangelización necesita imagen y lengua, la lengua y la imagen requieren la ciudad como espacio de aplicación, la ciudad se sostiene económicamente en los conventos que producen la imagen.

La grieta desde adentro

Y sin embargo, en el mismo momento en que se articula, el dispositivo es socavado desde adentro.

Los especialistas religiosos muiscas —jeques, chuques, mohanes— fueron actores centrales de la resistencia ideológica. Aguado registra que los intentos de revuelta de los caciques de Bogotá y Tunja contra los españoles fueron inducidos por mohanes y jeques: la casta sacerdotal muisca no solo mantenía su función ritual, ejercía una influencia política capaz de mover a la máxima autoridad cacical hacia la insurrección. En 1594 los chuques recibían una mochila de coca y un poporo como símbolo de autoridad, privilegio que también tenían los caciques. El estatus político-religioso muisca no desapareció: se replegó y siguió operando con sus insignias propias.

La resistencia se manifiesta también en la práctica clandestina. A finales del siglo XVI, en Fontibón y sus alrededores, tras una campaña de predicación, se recogieron y quemaron más de tres mil imágenes de antiguos dioses que los indígenas mantenían escondidas en sus casas. La cifra dice todo lo que hay que decir. Décadas de evangelización, doctrineros con gramáticas, iglesias con imágenes, congregaciones con plazas, y aun así tres mil objetos rituales sobrevivían en el interior doméstico de una sola zona. La orfebrería muisca, con sus adornos corporales reservados a la élite política y sus tunjos votivos accesibles a un rango más amplio, se extendió hasta bien entrada la Colonia pese a las campañas de extirpación y al tributo en oro.

La resistencia se manifiesta en la desobediencia práctica al ordenamiento espacial: los indios congregados abandonaban los pueblos de traza para vivir dispersos por el campo, retomando los patrones vinculados a la propiedad de tierras de labranza que la política española había querido borrar. La retícula estaba, pero la ocupación era intermitente.

Y se manifiesta, sobre todo, en la apropiación estratégica de las formas coloniales por parte de la élite indígena. El cacique de Suta pintado como donante en el Juicio Final no es sumisión pura. El cacique acepta la iconografía cristiana, se ubica entre las almas piadosas, financia la obra y hace consignar su nombre en la cartela. En ese acto, la agencia indígena que sobrevivió al colapso demográfico y a la evangelización más agresiva se hace visible dentro del propio dispositivo civilizatorio, usándolo como plataforma de proyección personal. No es sincretismo pasivo, es cálculo. El cacique no fue evangelizado: fue convertido en cliente sofisticado del programa.

Lo que quedó

Lo que Tunja produce entre 1580 y 1599 no es una síntesis cerrada. Es un modelo operativo que se proyecta hacia adelante.

La escuela pictórica local, articulada a partir del magisterio de Narváez, sostiene una producción que llenará iglesias, conventos y casas del altiplano en el siglo XVII, mucho antes de que Santafé de Bogotá consolide su propia escuela. La ciudad que en 1574 abrió Santa Clara —el primer convento femenino del Nuevo Reino— y que en 1599 sumó La Concepción precede a la capital en materia de vida conventual femenina: Santafé no tendría su Concepción hasta 1595. Ese liderazgo temprano se explica por la densidad encomendera y por la coincidencia con el ciclo evangelizador de Zapata de Cárdenas, y deja huella permanente en el mapa religioso del reino.

Los materiales lingüísticos que decantan a partir de la Real Cédula de 1580 tienen una vida larga. Las gramáticas y catecismos anónimos que se publicarán tres siglos después son, en su mayor parte, refinamiento y transmisión de lo trabajado en las doctrinas del altiplano en las décadas finales del siglo XVI. La gramática impresa de fray Bernardo de Lugo, ya en el siglo XVII, remata el proceso. Y sin embargo, la lengua muisca como lengua viva desaparece con el hablante mismo. El instrumento sobrevivió al que lo hablaba.

Los pueblos de indios trazados por Luis Henríquez perduran como estructura administrativa y parroquial. Sus plazas, sus iglesias frente a las plazas, sus manzanas cuadradas, componen todavía la fisonomía de decenas de municipios boyacenses y cundinamarqueses. Bajo esa fisonomía, la memoria de los asentamientos originales se perdió, y con ella una parte sustantiva del pasado precolombino de la región.

Vuelvo al arco toral de Suta. El cacique pintado sigue ahí, entre las almas piadosas, con la ropa de su gente y el nombre en la cartela. En esa figura —negociando su lugar en el nuevo orden mediante el uso instrumental de la iconografía dominante— cabe entero el saldo del período. No sincretismo armónico ni resistencia frontal: una tercera vía, opaca y eficaz.

La cal azul —anua— que sobrevive en las gramáticas anónimas, la figura del donante indígena en el Juicio Final de Suta, los muros pintados de la Casa del Fundador y de la Casa de Juan de Vargas, los pueblos de traza cuya retícula todavía se reconoce en el mapa de Boyacá: piezas materiales de un proyecto que quiso ser completo y quedó, para siempre, incompleto.

05

La época alrededor

Este hecho no ocurrió solo

07

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

27 documentos · 45 fragmentos
01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 67, 70, 823 citas
[1]éste. Entre tanto, en cumplimiento de las órdenes recibidas de Quesada, Martín Galeano procedió a efectuar la fundación de Vélez, en 1539. Por su parte, el 6 de agosto de 1539, en el sitio que ocu- para la antigua capital de los zaques, Hunza, Gon- zalo Suárez Rendón fundó la ciudad de Tunja. Mientras los españoles…p. 67
[4]bién el núcleo administrativo, reli- gioso, y el lugar donde se aprendían nuevas formas de vida. Por otra parte, las ciudades simbolizaban el poder, y la ubicación de los edifi- cios importantes en ciertos lugares estaba destinada a impresionar a sus pobladores y visitantes. nh Normas para el establecimiento En parte,…p. 70
[17]contingente de misioneros, bajo la dirección de fray Tomás de Ortiz, con el título de protector de los indios, per- tenecientes a la comunidad de los dominicos, cu- 326 Arzobispos de Santa Fe antafé fue elevada a la categoría de S arquidiócesis en 1563. Los arzobispos fueron fray Juan de los Barrios (1563-1569), Luis…p. 82
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 196, 221, 2256 citas
[2]días del mes de junio, año na y felice constelación». del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de Una vez que el sitio elegido era considerado mil y quinientos e setenta e dos años, y habiendo conveniente, se efectuaba la toma de posesión, salido de la ciudad de Tunja los muy magníficos en nombre de Dios y del…p. 221
[3]días del mes de junio, año na y felice constelación». del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de Una vez que el sitio elegido era considerado mil y quinientos e setenta e dos años, y habiendo conveniente, se efectuaba la toma de posesión, salido de la ciudad de Tunja los muy magníficos en nombre de Dios y del…p. 221
[28]las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…p. 196
[29]las autoridades dispusieron que los indios vivieran en pueblos con arreglo a normas fijas: una plaza mayor de 180 varas en cuadro, con una iglesia «lo mejor que pudieren», con calles rectas de 14 varas de ancho y manzanas cuadradas igual- mente de 80 varas de lado, con una casa para el cacique que «sea mayor y mejor…p. 196
[36]década de 1530, época de gran actividad fundacional. A este período pertenecen las funda- ciones de los núcleos que alcanzarán una catego- ría importante como centros administrativos, en su respectiva región, debido a la privilegiada situación de sus asentamientos, tales como Santafé de Bogotá, Tunja, Popayán y…p. 225
[37]década de 1530, época de gran actividad fundacional. A este período pertenecen las funda- ciones de los núcleos que alcanzarán una catego- ría importante como centros administrativos, en su respectiva región, debido a la privilegiada situación de sus asentamientos, tales como Santafé de Bogotá, Tunja, Popayán y…p. 225
03Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 155, 4992 citas
[5]de tomar posesión del territorio por parte de los españoles. Se fundaron ciudades-puerto, ciudades-centros adminis- trativos, ciudades mineras, ciudades de frontera y ciudades de abrigo y sustento en los largos valles. El tipo de ciudad que dominó el primer siglo colonial fue la ciudad enco- mendera, no sólo porque…p. 155
[43]siglo xvii y tres al pe- riodo final del virreinato. El cuadro siguiente suministra en orden cronológico las fechas de fundación de las insti- tuciones con el objeto de facilitar una mayor comprensión de lo que fue el fenómeno global de la clausura femenina. Tipo de ciudad y fundación Fundación del primer convento…p. 499
04Historia de Colombia. El Establecimiento de la Dominación EspañolaJorge Orlando Melo · 1977 · p. 1581 cita
[6]los demás empleos municipales. Como se ha visto los gobernadores recibían su nombramiento de España, y era difícil influir sobre su selección desde una región de las Indias, sobre todo después de que ésta comenzaba a estabilizarse. Pero los cargos de regidores, alcaldes y demás empleos urbanos se proveían localmente.…p. 158
05Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 52, 212, 2173 citas
[7]ciudadana y rural. ¿Cuál es la causa de sus dimensiones generosas? Muy simple: la mayoría de sus propietarios fue- ron encomenderos y por lo regular ocuparon también puestos prominentes en el gobierno de la ciudad como regidores o alcaldes. De un lado percibían las cosechas de sus tierras, los tributos de los…p. 212
[27]al variar su distribución general, y dar origen a problemas que hoy conocemos como minifundio, paralelo al latifundio. Puede anotarse que casi ninguna de las poblaciones 226 Nueva Historia de Colombia, Vol. I fundadas en ese momento han desaparecido, en tanto de 500 a 700 poblados que existieron por la época de la…p. 217
[31]en el siglo XVI algunos territorios marginales o casi independientes, cuya sumisión al Zipa o al Zaque no estaba del todo clara. El status de estos territorios en el momento de la Conquista debe evaluarse, en parte por lo me- nos, en términos de un proceso histórico. En primer lugar, los dos "Estados" incipientes eran…p. 52
06Peregrinación de AlphaManuel Ancízar · 2016 · p. 3751 cita
[8]se avecindaron en Tunja, labrando casas cos - tosas, cuyas portadas sembraron de escudos de armas «para eternizar su fama en la posteridad», según cándidamente lo afirmaba Juan de Castellanos, primer cura y cronista de la encopetada ciudad, la cual, no obstante todo aquello, progresó tan poco, que ciento cincuenta…p. 375
07Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 391 cita
[9]acciones de la comunidad eran regidas y supervisadas por el Cabildo, pero sus contrapartes, la Real Audiencia y sus oidores, se reservaron la legislación sobre temáticas centrales y primordiales para el funcionamiento económico de la ciudad: Tasación de los tributos indígenas.. Legislación sobre encomienda..…p. 39
08Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 13, 632 citas
[10]rior, función que fue disputada por Tunja y Santa- fé de Bogotá; pero en un corto plazo de tiempo se dirimió la decisión a favor de la segunda, gracias a su situación de cruce de caminos y a que gozaba de una localización más estratégica en términos de defensa de la ciudad, debido a la barrera de montañas que servían…p. 63
[11]las comunidades religiosas que se establecieron en la ciudad de Tunja desde el momento mismo de su fundación (1539). Al Letra capital de un libro de coro iluminada con las armas del arzobispo Lobo Guerrero. 739 mismo tiempo acudieron tallado- res y artistas de la región, convoca- dos por dichas comunidades para la…p. 13
09Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 1521 cita
[12]ha hecho un énfasis especial en la figura de la mujer con la manta indígena que se representa en el arco toral¹⁸ (figura 31), lo cierto es que es una figura más bien periférica en la composición y ciertamente en la cartela, que da crédito al hombre retratado como uno de los responsables de la comisión de esta obra.…p. 152
10Gramática de la lengua chibchaEzequiel Uricoechea · 2016 · p. 121 cita
[13]en pocos días saldría para Alejandría, Beirut y Damasco a per- feccionar sus conocimientos de árabe. Pensaba regresar a Bruselas en febrero, pero el 28 de julio de 1880 murió en Beirut por causa de una apoplejía. Muchos de los trabajos de Uricoechea no se alcanzaron a publicar y dejó truncos varios proyectos…p. 12
11Mercados, poblamiento e integración étnica entre los Muiscas, Siglo XVICarl Henrik Langebaek · 1987 · p. 16, 30, 1103 citas
[14]sugiere que el término anua o auna que Piedrahita (/1666/, 1973, I: 65) describió como un "género de masa que embriaga los sentidos" y que se tomaba junto a la coca, pudo ser equivalente al preparado a base de tabaco y harinas que los indígenas kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta denominan ambira. En este punto,…p. 110
[21]aunque resulta probable que también jugaran un rol político más directo, comparable al de los caciques y capitanes. Según Aguado (Ibid.), los intentos de revuelta que fraguaron los caciques de Bogotá y Tunja contra los españoles "fueron inducidos por los mohanes y jeques". Además, todavía en 1606 el Arzobispo Lobo…p. 30
[33]trueque y tributo. De otro lado, se ha procurado que la descripción sobre la circulación de cada producto vaya acompañada de referencias acerca de quién los hacía, el uso que se les daba, la técnica de producción, así como la ubicación de centros productores, distribuidores y consumidores involucrados en el…p. 16
12Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 69, 712 citas
[15]d id o s en el siglo xvi fueron débi les y dem o rad o s en la costa atlántica y en el d istrito de P opayán en el occidente, así com o en regiones inestables com o los valles del Alto M agdalena y las zonas m ineras del Cauca. Los clérigos q u e llegaban a la costa atlántica p o r lo general no perm anecían allí m…p. 69
[25]Más aún, las p au tas culturales españolas chocaban con el poblam iento difuso de los indígenas. En España, los cam pesinos vivían en aldeas rurales y los funcionarios de la C orona pensaron que los indígenas debían hacer lo m ism o. En pos d e estos principios, en las d écadas de los años 1560 y 1570 las a u to rid a…p. 71
13Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Enrique Salcedo Martínez, Jose Joaquin Pinto Bernal, Katherinne Giselle Mora Pacheco · 2022 · p. 1, 62 citas
[16]43 LA EVANGELIZACIÓN DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS DEL NUEVO REINO DE GRANADA DURANTE EL SIGLO XVI Leonardo Fabián García Rincón Introducción Lo que hoy denominamos “evangelización” se ha entendido como el proyecto religioso de expandir el catolicismo en América, una vez esta fue incorporada a la imagen de mundo que…p. 1
[18]los sínodos de Popayán, Cartagena y Santafé de los años de 1555, 1556 y 1558. EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:22:45 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 49 Lucas Fernández de Piedrahíta. Historia General de las Conquistas del. Nuevo…p. 6
14La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 701 cita
[19]1492 por realizar una obra evangelizadora. Con diverso grado y éxito se realizó esa evangelización. Al principio la evangelización fue super- ficial. Muestra de esto es la persistencia de la religión indígena en la clandestinidad. El arzobispo de Lima debió iniciar una campaña sistemática de extirpación de la…p. 70
15Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 441 cita
[20]que era idéntico al que seguían los especialistas religiosos más importantes. En 1594 se menciona que los chuques recibían una mochila de coca y un poporo como símbolo de su autoridad, pero es claro que los caciques también tenían ese privilegio (AGI Santa Fe, 17). Por otra parte, el escenario político en el que se…p. 44
16Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo García Rincón · 2022 · p. 1, 162 citas
[22]57 LAS ÓRDENES RELIGIOSAS Y LA SOCIEDAD NEOGRANADINA, SIGLOS XVI-XIX William Elvis Plata Introducción Las órdenes religiosas no solo fueron las grandes protagonistas del proceso de cristianización de la Nueva Granada en los siglos a, sino que, además, por lo mismo, adquirieron tal grado de XVI XVIII poder y de…p. 1
[44]o convento escogido nombraba a un “capellán” (de ahí el nombre) que se encargaba de hacer las celebraciones. Asunción Lavrin, “Cofradías novohispanas: economías material y espiritual”, en Cofradías, capellanías y obras, ed. María del Pilar Martínez (Ciudad de México: UNAM, Instituto de pías en la América colonial…p. 16
17Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2091 cita
[23]o ser anguicliócesis en 1563. Misiones evangelizadoras Las misioneros que iniciaron la evan. gelización en las tierras colombianas fueron franciscanos llegados con el arribo de sa labor debie- at hamtrr las costumbres onsideraron paganas y de vida Ticenciesa de los indica, comoda codi cio y repacidad de los…p. 209
18Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 621 cita
[24]Paradójicamente, estas concentraciones se originaron a raíz de la alarmante disminución de la población indígena. La política de los poblamientos, iniciada en el siglo XVI y sistematizada a partir de 1602, era un intento para procurár cierta densidad de los asenta mientos indígenas, que evitara su desmoronamiento. No…p. 62
19Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 1331 cita
[26]las cercanías de Bogotá y Tunja se pueden ver pequeñas planadas artificiales, y sobre ellas, algunas piedras puestas en círculo. Estos si- tios dan la impresión de ser restos de casas senci- llas, cerca de los cultivos». Las aldeas nucleadas o concentradas y las vi- viendas dispersas no fueron necesariamente habi-…p. 133
20Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1291 cita
[30]en los que se adoraba al dios Chiminigagua y a las divi- nidades Bachué (la luna), Bochica (el sol), Chib- chacum (dios protector) y otras menores dedica- das a las diversas actividades socioeconómicas. Además de los caciques, capitanes y jeques, eran importantes los guechas o guerreros reclutados, cuya función era…p. 129
21Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 431 cita
[32]que cumpliera adecuadamente las funciones que se le atribuyen, como patrón de medida del valor, medio de intercambio o alma- cén de valor. Sin embargo, existieron ciertas mercancías que se intercambiaron con mayor frecuencia y que pudieron servir como patrón para medir valores. Esta característica se le ha atribuido…p. 43
22Economías prehispánicas de ColombiaAlberto Gómez Gutiérrez, Ignacio Briceño Balcázar, Jaime Eduardo Bernal Villegas, Carlos Eduardo López Castaño, Martha Cecilia Cano Echeverri, Francisco Javier Aceituno Bocanegra, Nicolás Loaiza Díaz, Andrea M. Cuéllar, María Alicia Uribe Villegas, Marcos Martinón-Torres, Santiago Giraldo, Daniela Castellanos Montes, Marianne Cardale de Schrimpff, Carl Henrik Langebaek, María Antonieta Corcione Nieto, Catalina Zorro, Luisa Mendoza, Marcela Bernal, Lucero Aristizábal, Leonor Herrera · p. 1822 citas
[34]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
[35]larga secuencia de ocupaciones humanas en el altiplano, iniciada hace unos 12.000 años, y sus evidencias se encuentran sin interrupción desde el 900 d. C. aproximadamente hasta la conquista española en el siglo XVI y aún varios siglos después, durante el período colonial, en algunas regiones (Langebaek, 1995). M APA…p. 182
23Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 412 citas
[38]años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se reprodujera ese…p. 41
[39]mulatos; diez años después se calcula una población de 750.000 indígenas, 10.000 mestizos y blancos y 15.000 negros. En el primer censo confiable (1778-1780) solo aparecen un poco más de 150.000 indios cuando el total de la población probablemente había sido superior a tres millones (Martínez 2010). Si hoy se…p. 41
24Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 271 cita
[40]quedaban fueron diezmados en un 95%. La evolución demográfica de otras regiones, tales como las de Santa Fe, Tunja, Vélez, Pamplona, Cartago, Pasto y Popayán, es mejor conocida. En dichas zonas existían poblaciones sedentarias que habían alcanzado niveles altos de cohesión y organización tribal, lo cual permitió una…p. 27
25La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 411 cita
[41]infectada de esta enfermedad, trayéndola de Guinea, sin haber advertido en ella las Justicias para no dejarla entrar, se infestó todo el Nuevo Reino y corrió por la parte de la banda del Perú hasta Chile y a la parte del Norte hasta Caracas, que destruyó. así naturales como españoles, más de la tercera parte de la…p. 41
26Historia de la religión en ColombiaJosé David Cortés Guerrero, Juana María Marín Leoz, Leonardo Fabián García Rincón, William Elvis Plata, Diana Paola Hernández Fernández, Alberto José Campillo Pardo, Aliza Moreno-Goldschmidt, Odette Yidi David, Jorge Salcedo Martínez · 2022 · p. 11 cita
[42]74 VIDA RELIGIOSA FEMENINA EN EL NUEVO REINO DE GRANADA, SIGLOS XVII Y XVIII Diana Paola Hernández Fernández Introducción El estudio de la vida religiosa femenina en Colombia se ha desarrollado desde múltiples perspectivas que buscan dar cuenta del papel de la mujer en la Colonia y la manera como la Iglesia católica…p. 1
27Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 4061 cita
[45]Es indudable que a su conformaci ó n contribuyeron en cierto grado los nuevos aires est é ticos que llegaban de Italia originados en el Renacimiento, cuyo é nfasis formal lleva a destacar la sime tr í a y las experiencias ya habidas en otras regiones espa ñ olas como se puede comprobar, v. gr., al examinar la arq ú…p. 406