Chocó
“El Chocó es, antes que cualquier otra cosa, un hecho hídrico: la región más lluviosa de Colombia y una de las más lluviosas del mundo, cuya geografía de ríos, selvas y costas determinó tanto su poblamiento prehispánico disperso como la forma en que…”
Entre el Pacífico y la cordillera Occidental, entre Panamá y el sur de Nariño, se extiende una franja de selva pluvial de unos 60.000 kilómetros cuadrados donde llueve más que en casi ningún otro lugar habitado del planeta. Sobre una llanura de sedimentos marinos y continentales que en algunos puntos alcanza doce kilómetros de espesor corren tres grandes ríos —el Atrato, el San Juan y el Baudó— que han hecho las veces de columna vertebral, de frontera interna y de carretera. Sobre esa geografía se levanta el Chocó: provincia colonial, superintendencia, gobernación, intendencia y, desde 1947, departamento. Su historia es la de un territorio central para la economía extractiva —oro y platino primero, madera y biodiversidad después— cuyos habitantes fueron simultáneamente racializados y apartados del proyecto nacional, y que produjo, a pesar de ese apartamiento o precisamente por él, una tradición política e intelectual negra e indígena que en los siglos XX y XXI logró inscribirse, con conquistas concretas, en la Constitución del país.
Un territorio de agua
Antes que provincia, el Chocó es un hecho geográfico. La llanura del Pacífico, encajada entre el piedemonte de la cordillera Occidental y la línea de costa, recibe una pluviosidad que en el alto Atrato promedió 9.068 milímetros anuales entre 1943 y 1969, con un pico de 11.103 milímetros en 1955 y ningún mes por debajo de los 500. Es un clima superhúmedo permanente, sin la estacionalidad marcada del resto del país, que produce selvas pluviales continuas a lo largo de más de 1.300 kilómetros de costa entre Panamá y Ecuador.
Ese régimen de lluvias moldea todo lo demás. La selva es exuberante y difícil; los suelos, saturados; los ríos, la única vía verdadera. El Atrato desemboca en el Caribe tras cruzar una llanura aluvial; el San Juan, más al sur, drena hacia el Pacífico; el Baudó recorre en paralelo a la costa una serranía propia. Las tres cuencas funcionan como arcifinios: fronteras naturales cuyos procesos de poblamiento y articulación al mercado fueron distintos, aunque hoy compartan un mismo ente administrativo. Hablar del Chocó como unidad, entonces, es en parte un artificio útil que homogeniza tres historias fluviales diferentes.
Al norte, la serranía del Darién —rocas volcanosedimentarias, laderas de fuerte pendiente— cierra la llanura y la separa de Panamá. La costa, entre la frontera panameña y cabo Corrientes, es escarpada, con caletas, ensenadas y puertos naturales; de cabo Corrientes hacia el sur se abre en manglares y esteros que aumentan hacia Nariño. Bajo esa superficie de agua y selva, el subsuelo guarda oro, plata y platino: los minerales que hicieron del Chocó, desde el siglo XVII, un territorio codiciado desde afuera.
Antes de la conquista
El poblamiento prehispánico del Pacífico colombiano tuvo tres rasgos que marcarían todo lo que vino después: volumen demográfico reducido, baja densidad y hábitat disperso. No hay huellas arqueológicas de grandes concentraciones humanas ni de configuraciones urbanas; tampoco de obras líticas de ingeniería —caminos, puentes, drenajes— comparables a las de los altiplanos andinos. Los grupos indígenas se establecieron a lo largo del curso bajo y medio de los ríos, entre el mar y las faldas cordilleranas, en asentamientos dispersos que la geografía y el clima favorecían.
La excepción fue la comarca de Las Tolas, en el extremo sur del Pacífico hacia la frontera con Ecuador, donde existió una sociedad precolombina de mayor volumen y desarrollo tecnológico. Pero en el Chocó propiamente dicho, cuando llegaron los europeos, no había imperio que someter ni ciudades que ocupar: había pueblos ribereños —los antepasados de los emberá, wounaan y kuna actuales— que vivían de la selva, el río y el mar, y que reaccionarían a la invasión con una combinación de retirada, guerra y alianza con enemigos de sus enemigos.
Conquista lenta, resistencia larga
La incorporación del Chocó al imperio español fue tardía y accidentada. Vasco Núñez de Balboa había cruzado el Darién en 1513 para avistar el Pacífico, pero durante más de un siglo el territorio quedó al margen de los grandes ejes coloniales de Popayán, el Cauca y Cartagena. Los jesuitas llegaron al San Juan hacia 1624 y obtuvieron algún éxito misional después de unos treinta años de trabajo. Los franciscanos, en cambio, fueron rechazados del Atrato desde la década de 1640 hasta cerca de 1670.
La resistencia indígena no fue defensiva sino ofensiva. En 1640, sublevados chocoanos no se limitaron a cerrar las minas: cruzaron la cordillera y saquearon e incendiaron los pueblos españoles de Anserma, Arma y Cartago. Fue una demostración de alcance militar que obligó a las autoridades a repensar la conquista. Simón Amigo y Luis Antonio de la Cueva emprendieron desde mediados de la década de 1660 nuevos intentos de pacificación por vía de reducciones misionales, pero chocaron con una realidad estructural: los pueblos del Chocó no tenían un sistema político centralizado que permitiera negociar en bloque, y las reducciones exigían que las comunidades sostuvieran económicamente a los frailes en una economía de subsistencia. Además, el contacto previo con piratas y contrabandistas había reducido el atractivo de la mediación española.
La rebelión de 1684 sacudió simultáneamente los dos distritos mineros: la cuenca del San Juan, donde operaban empresarios del Cauca, y los tributarios del Atrato, donde lo hacían los antioqueños. Solo hacia 1686 los españoles lograron un sometimiento efectivo del territorio, casi doscientos años después del primer contacto europeo. Y aun así, la frontera nunca se cerró del todo. En 1679 llegaron a las costas del Darién unos trescientos piratas bien armados; entre ellos los capitanes ingleses John Coxon y John Cooke, que remontaron el Atrato hasta Quibdó buscando oro y encontraron menos del que esperaban. En 1702, los ingleses —ya aliados con los kunas del Darién— intentaron invadir el territorio. El Chocó quedó marcado, desde entonces, como una zona porosa donde el contrabando, las alianzas indígenas con potencias extranjeras y la extracción minera se entrelazaban.
En 1713, el oidor Aramburu fue comisionado para asentar poblamiento y establecer una Caja Real. Al llegar, observó el estado lamentable de la provincia: parecía no haber sido pisada por españoles pese a llevar casi cuarenta años de explotación minera. La región fue erigida primero en superintendencia bajo control directo de la Audiencia de Santa Fe y luego en gobernación, en un esfuerzo por reducir la arbitrariedad de los mineros y controlar el contrabando de oro. El Chocó nunca se integró en torno a núcleos urbanos estables. La dispersión de la actividad minera y el fracaso de la urbanización marcarían estructuralmente su desarrollo posterior.
La república del oro y la esclavitud
La minería chocoana del siglo XVII se desarrolló a pequeña escala, con empresarios del Cauca en el San Juan y antioqueños en el Atrato, y con mano de obra predominantemente indígena. El deterioro de las condiciones de vida de la población nativa, sumado a la expansión de los yacimientos y al descubrimiento de nuevas vetas, empujó una transición hacia la mano de obra esclavizada africana. Al comenzar la tercera década del siglo XVIII ya había setecientos esclavos negros en la provincia. Hacia 1782, sobre una población total estimada en 35.000 personas, los negros —esclavizados y libres— representaban casi el 75 por ciento; los blancos, apenas el 2. El resto era indígena.
Esas cifras dibujan una sociedad singular en la Nueva Granada. Los blancos que aparecen en las minas del Chocó eran dueños o supervisores, oficiales de la Corona, curas o comerciantes; casi todos hombres solteros, casi ninguno colono. Los propietarios más ricos y poderosos —los Mosquera de Popayán, por ejemplo— no residían en la provincia. Cristóbal, Jacinto y Nicolás Mosquera Figueroa poseían títulos militares ganados en las guerras contra los chocoes, y Cristóbal era lugarteniente del gobernador en Popayán. Asociados con Francisco de Arboleda Salazar y Bernardo Alonso de Saa, controlaban cerca de doscientos esclavos, mientras los demás mineros importantes tenían sesenta, setenta o menos. El eje de mando estaba en Buga, Cartago, Cali, Anserma, Popayán y Santa Fe de Bogotá. Se creía firmemente que el clima cálido y húmedo del Chocó no era apto para blancos, y esa creencia coincidió —sin que sea posible separar del todo causa y racionalización— con un patrón de ausentismo casi absoluto de los propietarios.
Las cuadrillas mineras eran unidades productivas y sociales. Podían tener varios cientos de esclavos, aunque lo normal era entre 50 y 200. Dentro de ellas se distinguía entre la "gente útil" —los trabajadores activos— y la "chusma": niños, enfermos, ancianos. El costo anual por cabeza era de 16 a 17 patacones de oro en las minas que se autoabastecían, y 30 en las que dependían de comerciantes externos. Esa dependencia alimentó, desde finales del siglo XVII, el desarrollo de haciendas de producción mixta en el Valle del Cauca destinadas a suministrar la zona minera; el auge del Chocó y el surgimiento de la economía agraria vallecaucana quedaron así ligados por el mismo cordón.
En 1778, en toda la gobernación de Popayán, el 25,4 por ciento de los habitantes eran blancos, el 25,7 indígenas, el 30,1 libres de color y el 18,2 esclavizados. El Chocó, con 39,3 por ciento de esclavizados, doblaba la media regional. Era una provincia negra dentro de una gobernación mestiza, dentro de un virreinato blanco. La geografía racial que definiría al departamento en el siglo XX ya estaba prácticamente escrita en el XVIII.
Del oro al platino: el enclave que no se acaba
El siglo XIX heredó al Chocó un modelo económico intacto en su lógica extractiva. La independencia y la abolición de la esclavitud —completada legalmente en 1851— transformaron el estatus jurídico de la población negra pero no la estructura territorial. Los libertos permanecieron en las cuencas del Atrato y el San Juan, ocuparon tierras ribereñas y siguieron trabajando la minería aluvial, ahora en pequeñas unidades familiares. La ausencia de infraestructura, la persistencia del ausentismo de los capitales y la desconexión del Chocó respecto al proyecto de nación centralista y andina que fue tomando forma en Bogotá se combinaron para producir una marginalidad que no era natural sino fabricada por décadas de abandono selectivo.
En 1907, Manuel Saturio Valencia, un intelectual negro chocoano acusado de un incendio en Quibdó, fue el último hombre ejecutado en Colombia bajo la pena de muerte. Su caso condensa el lugar simbólico del negro chocoano en la república conservadora: alfabetizado, culto, sospechoso.
El siglo XX trajo un nuevo capítulo del enclave. El platino, extraído junto con el oro desde la colonia, había sido descartado durante siglos como material de desecho por los mineros locales. Solo a finales del siglo XIX el gobierno colombiano reconoció su valor y otorgó concesiones a empresas extranjeras. La Compañía Minera Chocó Pacífico —conocida por sus inversores norteamericanos como South American Gold and Platinum, SAGAP— se instaló en la región del San Juan y operó allí durante casi cien años, desde la década de 1880 hasta 1974. Entre 1916 y 1930 fue la principal beneficiaria del auge internacional del platino y no pagó ningún impuesto al gobierno colombiano. Sus dragas producían la enorme mayoría del oro y del platino de la región, y depositaban en las orillas de los ríos los estériles que hoy siguen visibles como colinas artificiales de piedra estéril, cuerpos de agua muertos y suelos arruinados.
En 1959, la Ley 2 declaró Zona de Reserva Forestal al Pacífico entero, un mecanismo que en la práctica prolongó el modelo extractivo hacia la madera. Aserríos y compañías forestales se instalaron sobre el San Juan y el Baudó. Ya no era oro, era árbol; la lógica del enclave se mantuvo idéntica: capitales externos, extracción intensiva, escasa transferencia al territorio. En 2011, la producción de platino del Chocó fue de 1.225 kilos y la de oro de 27.915, con el oro representando el 77,3 por ciento del total de minerales metalíferos del departamento. La región seguía siendo, dos siglos después de la primera Caja Real, un enclave.
De intendencia a departamento
El Chocó fue durante buena parte del siglo XX una intendencia: un territorio nacional gobernado directamente desde Bogotá, sin la autonomía administrativa que sí tenían los departamentos. En 1933, Diego Luis Córdoba, abogado y político liberal nacido en Chocó, se convirtió en la primera persona negra en llegar al Congreso de la República como representante a la Cámara. Su presencia en el legislativo abrió una vía nueva: la posibilidad de una representación negra que no se agotara en la reivindicación cultural sino que actuara sobre las estructuras del Estado.
Durante la República Liberal (1930-1946), la elevación del Chocó a departamento se convirtió en una bandera regional y en una promesa recurrente del gobierno central. En 1938, el presidente Eduardo Santos visitó Quibdó y declaró "indispensable que el país atienda a la redención del Chocó". Una vez en el poder, sin embargo, mostró escaso interés sostenido: solo mencionó los territorios nacionales en sus mensajes al Congreso en 1942. La elevación efectiva llegó al final del ciclo liberal, en 1947, y fue considerada uno de los logros más tangibles de la era liberal en materia de gobierno territorial. No era un asunto menor. Convertirse en departamento significaba, para una región de mayoría afrodescendiente, adquirir un lugar propio en el mapa oficial de la nación: senadores, gobernador, presupuesto, presencia simbólica en el escudo republicano de las divisiones administrativas.
Ese reconocimiento fue, sin embargo, ambiguo. Llegó desde una posición marginal y no alteró las condiciones estructurales de extracción y abandono. Pero permitió a la población afrodescendiente reivindicar, ante el resto del país, su existencia y su participación en la vida nacional. La aparición de la "Señorita Chocó" en los certámenes de belleza nacionales resume la paradoja: incluida como parte de la nación, apartada del ideal nacional por la racialización de la piel, que anulaba los efectos universalizantes del discurso del mestizaje.
Palabra chocoana
El Chocó no solo produjo oro y platino: produjo pensamiento. Rogerio Velásquez, nacido en Sipí en 1908, fue etnógrafo, historiador y folclorista, autor de estudios pioneros sobre la cultura negra del Pacífico en un momento en que la academia colombiana apenas si registraba la existencia de esa cultura. Miguel A. Caicedo Mena, también chocoano, recogió y fijó por escrito buena parte de la poesía popular y las tradiciones orales de la región. Jorge Artel —aunque cartagenero de nacimiento— formó parte de la constelación afrocaribe-pacífica que en los años treinta y cuarenta puso la voz negra en la literatura colombiana. El maestro Adolfo Mejía, con raíces en el Caribe, fue parte del circuito musical en el que la marimba, el bunde y el currulao chocoanos empezaron a encontrar auditorio nacional.
Diego Luis Córdoba, además de político, fue teórico. Su liberalismo no era el de las élites bogotanas: era un liberalismo con demanda racial, que exigía al Estado colombiano cumplir con los negros la promesa de ciudadanía plena que había hecho al abolir la esclavitud. Décadas después, Piedad Córdoba —de la misma tradición política, aunque antioqueña— llevaría al Senado una versión más radical de esa demanda, con costos personales considerables.
Este linaje intelectual y político desmiente la lectura del Chocó como territorio pasivo. La agencia negra e indígena chocoana no fue solo reacción a la violencia: fue producción de marcos, de lenguajes y de política.
1991 y la Ley 70
La Constitución Política de 1991 reconoció formalmente a los afrocolombianos y a los indígenas como sujetos colectivos con derecho a la titularidad de sus territorios y a la autonomía cultural. Ese reconocimiento no cayó del cielo. A mediados de los años ochenta, en el Chocó, habían surgido organizaciones campesinas negras que plantearon un viraje decisivo: pasar del reclamo de inclusión ciudadana —la vieja demanda liberal— a la reivindicación de la diferencia étnica. Esa transformación política se articuló con procesos indígenas de larga data y encontró en la Asamblea Constituyente una ventana estrecha pero real.
El Artículo Transitorio 55 de la Constitución obligó al Congreso a expedir, en un plazo definido, una ley que reconociera a las comunidades negras de la cuenca del Pacífico su derecho a la propiedad colectiva sobre las tierras que venían ocupando. El resultado fue la Ley 70 de 1993: ocho capítulos, 68 artículos. Los primeros cinco regulan la delimitación, constitución y manejo de los territorios colectivos en el Pacífico; los restantes abordan derechos, identidad cultural y desarrollo económico y social de las comunidades negras en términos más amplios. El Decreto 1745 de 1995 reglamentó los procedimientos: para acceder a la titulación colectiva, cada comunidad debe constituir un consejo comunitario que actúa como autoridad administrativa del territorio.
El marco resultante es notable. La propiedad colectiva en territorios de comunidades negras e indígenas es inalienable, inembargable e imprescriptible: no se puede vender, gravar, expropiar ni someter a limitaciones de dominio. En la región del Pacífico colombiano, los territorios colectivos de comunidades negras y los resguardos indígenas cubren hoy el 63 por ciento del área total —7.071.488 hectáreas—: 5.476.338 en 166 territorios colectivos de comunidades negras y 1.595.150 en 172 resguardos indígenas. En el corredor Atrato-San Juan-Baudó operan 128 consejos comunitarios y más de 169 resguardos de los pueblos wounaan, embera dobidá, chamí, katío, eyabida y eperara siapidara.
Sobre el papel, es una de las conquistas territoriales más ambiciosas de la América Latina reciente. En la práctica, la Ley 70 ha operado en un terreno lleno de tensiones. La multiplicación de instancias de participación oficial —consejos, mesas, comisiones consultivas— absorbió parte de la energía organizativa del movimiento negro y la canalizó hacia espacios institucionales, dispersando la iniciativa política nacional. Simultáneamente, el ejercicio efectivo de los derechos territoriales chocó con dos realidades: el conflicto armado y la lógica histórica del Estado central, absentista para los servicios básicos e intervencionista cuando entran en juego los recursos.
Bojayá y el conflicto
El 2 de mayo de 2002, en el municipio de Bojayá, sobre el bajo Atrato, un cilindro-bomba lanzado por las FARC contra un puesto paramilitar impactó la iglesia de Bellavista, donde la población civil se había refugiado del fuego cruzado. Murieron 79 personas —muchas de ellas niños— y varias decenas quedaron heridas. Bojayá se convirtió en el símbolo más doloroso del conflicto en el Chocó y en una de las masacres más citadas del conflicto colombiano.
Pero Bojayá no fue una anomalía: fue el punto más visible de un proceso más largo. Desde los años noventa, la concentración de intereses económicos nacionales e internacionales sobre el Chocó —minería, madera, cultivos de coca, palma aceitera, proyectos de infraestructura interoceánica— coincidió con el incremento de la presencia paramilitar, el desplazamiento forzado y la violencia sistemática contra los pobladores. Los territorios colectivos recién titulados se vieron sometidos a presiones que la Ley 70, por sí sola, no podía neutralizar. La titularidad del papel se enfrentó al despojo de hecho.
El caso Bojayá también puso a prueba las categorías con que se lee al Chocó. El municipio, mayoritariamente afrodescendiente y con presencia embera importante, ni siquiera aparecía con nitidez en el mapa mental de la nación antes de la masacre. Después, la memoria de las víctimas —los cantos de alabao, las estatuas de los santos mutilados guardadas hoy en el nuevo Bellavista— quedó como uno de los repositorios más potentes de la resistencia cultural chocoana frente a la guerra.
El Chocó en el imaginario nacional
Según datos del DANE, el 79,7 por ciento de la población del Chocó tiene necesidades básicas insatisfechas. Es uno de los departamentos más pobres del país. La guía Lonely Planet no lo incluye en su índice. En Bogotá, no forma parte del imaginario público. Los migrantes chocoanos que llegan a Cali son percibidos como provenientes de una sociedad "negra" lejana y apartada, y arriban con capitales económicos, sociales y educativos menores que los de migrantes afrocolombianos de regiones con mayor mestizaje e integración.
Esta invisibilidad no es un accidente. Al menos desde la Comisión Corográfica de Agustín Codazzi, en 1853, la representación letrada del Chocó incluyó descripciones racializadas que atribuían a la "raza africana" características intrínsecas, y explicaban por biología lo que era producto de condiciones estructurales. Esa lógica interpretativa, con transformaciones, sobrevivió al siglo XX. La creación del departamento en 1947 abrió una fisura en ese régimen de representación, y la Constitución de 1991 abrió otra más profunda al reconocer sujetos colectivos donde antes había individuos marcados por el color. Pero el Estado central mantuvo con el territorio, de manera predominante, una lógica que combina abandono cotidiano —carencia de vías, hospitales, educación, servicios— con intervención selectiva cuando están en juego los recursos.
Esa combinación es la clave. La marginalidad chocoana no contradice la centralidad extractiva: es su condición de posibilidad. Un territorio con infraestructura, ciudadanía plena y presencia estatal robusta habría dificultado el modelo del enclave. La geografía —lluvias, ríos, distancia— aportó las condiciones materiales; la racialización aportó la justificación cultural; el diseño institucional hizo lo suyo.
Huella
El Chocó pesa en la historia de Colombia por varias razones que no siempre se enumeran juntas. Fue una de las principales zonas de producción de oro del imperio español y luego de la república. Fue el primer laboratorio, junto con el Pacífico Sur, de una sociedad de mayoría afrodescendiente en el país. Fue el escenario donde la resistencia indígena logró retrasar la conquista casi dos siglos. Produjo la primera representación negra en el Congreso colombiano —Diego Luis Córdoba en 1933— y aportó la presión organizativa que condujo, seis décadas después, al Artículo Transitorio 55 y a la Ley 70. Fue, también, el territorio donde la guerra colombiana adquirió una de sus caras más crudas en Bojayá, y donde la memoria de las víctimas encontró formas propias de expresión.
El Chocó de hoy es un departamento con territorios colectivos titulados que enfrentan minería ilegal a cielo abierto, deforestación acelerada, presencia de grupos armados y un aparato estatal departamental débil. Es también un territorio con universidad propia, con producción cultural sostenida, con liderazgos comunitarios reconocidos internacionalmente, con una diáspora que ha llevado a Quibdó, Istmina, Condoto, Tadó, Nóvita, Bahía Solano y Nuquí al mapa mental de otras ciudades colombianas.
La lección que deja este territorio bisagra entre dos océanos y dos matrices raciales no es que el Chocó sea la periferia olvidada de la nación: es que fue construido como periferia precisamente porque su centralidad extractiva exigía una población marcada por el color y una geografía tratada como despensa. Entender el Chocó es entender que la marginalidad y la centralidad, en la historia colombiana, no son opuestas. Son las dos caras del mismo patrón.
El territorio en el archivo
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
40 documentos · 52 fragmentos01Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 432 citas
[1]serranía del Darién en el Chocó. Esta serranía, que presenta laderas estructurales de fuerte pendiente y formada por rocas volcano- sedimentarias, se extiende hasta la línea de costa Los suelos de la llanura del Pacífico en el depar- tamento del Chocó, avenados por los ríos Atrato y San Juan, sustentan la selva húmeda…
p. 43
[2]serranía del Darién en el Chocó. Esta serranía, que presenta laderas estructurales de fuerte pendiente y formada por rocas volcano- sedimentarias, se extiende hasta la línea de costa Los suelos de la llanura del Pacífico en el depar- tamento del Chocó, avenados por los ríos Atrato y San Juan, sustentan la selva húmeda…
p. 43
02Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · p. 661 cita
[3]Golfo de Urabá y de la Serranía del Darién. Allí el paisaje es de pla- nicies aluviales pantanosas y de manglares interrumpidos a trechos por oscuros riscos y bahías pedregosas. Las tierras bajas de la costa Pacífica presentan un cuadro totalmente diferente de la costa Caribe. Tupidas y enmarañadas selvas pluviales se…
p. 66
03Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IErnesto Guhl · 2016 · p. 2031 cita
[4]de las lomas del Cuchillo y de La Boba para la formación del lago con una longi- tud de 220 km y cerca de unos 6. 000 km 2 de superficie. En la parte alta del río Atrato (es su afluente el río Andá- gueda, de igual volumen que el Atrato) el promedio de lluvias anuales (desde el año de 1943 al año de 1969) es de 9. 068…
p. 203
04Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 1351 cita
[5]depositaron sedimentos de origen marino y continental, hasta que la rellenaron por completo y for- maron el valle que recorren los rios Atrato y San Juan. En algunos lugares de este valle hay hasta doce kilémetros de sedimentos sobre la superficie de la roca que consti- tuye la corteza terrestre. Al tiempo que ocurria…
p. 135
05Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 72, 2682 citas
[6]representaciones culturales como un sistema autónomo [Restrepo, 1996]. La década de 1990 resultó, pues, fundamental porque la explosión de los estudios sobre lo negro en Colombia influyó en Antioquia y Chocó; los investigadores de las discipli- 75 Aproximaciones al análisis histórico del negro en Colombia nas sociales…
p. 72
[9]y se establecieron a lo largo del curso bajo y medio de todos los ríos de la región. 1.3. Las huellas indican un reducido volumen demográfico, una baja densidad territorial y un predominio del poblamiento disperso. 1.4. En ciertos lugares se hallan vestigios de pequeñas agrupaciones residenciales en asentamientos…
p. 268
06Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 256, 2632 citas
[7]el dique se encuentran la casa de habitación (el colono es nariñense), el establo del ganado y los demás cultivos. Obsérvese el jardín de cebollas en una batea sobre estacas. La parte occidental está ocupada por las últimas estri- baciones de la cordillera del Baudó, mientras que la oriental 257 Cínídice: iírstaóí oa…
p. 256
[36]parte de la Cordillera Occidental arriba del istmo de San Pablo parece igualmente rica en otros minerales. El istmo está atravesado por una carretera de 67 km que comunica los dos grandes ríos. 264 Eíndice Grst (a) (b) Figura 50 (a). Las grandes dragas de las empresas mineras —Compañía Minera Chocó- Pacífico— producen…
p. 263
07Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 23, 74, 2473 citas
[8]includes some 253,000 square kilometers of Colombian territory and stretches on into Venezuela for another 300,000 square kilometers. South of the Guaviare River is the second region, Amazonia. Its 420,875 square kilometers of tropical rain forest extend to the borders of Peru, Ecuador, and Brazil. Third, stretching…
p. 23
[30]a canal to rival that running through Panama proved to be wishful thinking, and beyond expanding the local bureaucracy to provide more jobs for the growing educated black community, little progress was made in creating economic opportunities for the people or improving their material well-being. 57 Nevertheless, with…
p. 247
[31]and Pasto. When Santos arrived in Quibd ó on June 23, local dignitaries and the charismatic black Liberal Diego Luis C ó rdoba gave him a warm welcome. The president elect visited the city's new hospital, described as the best in the intendancy, and the Escuela Carrasquilla, then under construction. Pledging to…
p. 74
08Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 901 cita
[10]volverían en décadas. En 1640, los indígenas rebeldes no solo cerraron las m inas chocoanas sino que cruzaron la cordillera y saquearon e incendiaron los pueblos españoles de A nserm a, A rm a y Cartago. Los jesuítas, q u ienes llegaron al San Juan hacia 1624, tuvieron algún éxito en convertir a los indios de la…
p. 90
09Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 347, 3522 citas
[11]«pacificado», hubo tam- bién de reconocerse el fracaso de la cristianización. Pero la disputa de los españoles por el dominio total del Chocó no había terminado. Era el año 1679 y la época próspera de bucaneros y otros piratas en el Caribe. Unos trescientos piratas bien armados y con provisiones arri- maron sus barcos…
p. 352
[17]contaba con 600 esclavos importa - dos y en 1782 los negros ya representaban casi el 75 % de la población en el Chocó, de un total aproximado de 35. 000, mientras los blancos constituían apenas el 2 %, y el resto los indígenas. Los blancos eran dueños o supervisores de las minas, oficiales de la Corona, curas o…
p. 347
10Black Catholic Worlds: Religious Geographies of Eighteenth-Century Afro-ColombiaBethan Fisk · 2025 · p. 70, 1062 citas
[12]century, there were significant differences between the Atrato, San Juan, and Baudó Rivers. Water was central to how the Chocó and the Pacific were understood and traversed. Jiménez notes that during the colonial period, the region was divided by natural borders and characterised by cultural politics; saw renewed…
p. 106
[27]of the Caribbean. In no jurisdiction 17 Helg, Liberty & Equality, 273; Tovar Pinzón, Tovar Mora, and Tovar Mora, Convoca - toria, 533. 18 McFarlane, Colombia before Independence, 47–48. 19 Helg, Liberty & Equality, 19. 20 Helg, Liberty & Equality, 19–20. 21 Tovar Pinzón, Tovar Mora, and Tovar Mora, Convocatoria,…
p. 70
11Afrodescendant Resistance to Deracination in Colombia: Massacre at Bellavista-Bojayá-ChocóAurora Vergara-Figueroa · 2018 · p. 651 cita
[13]gave and contracted smallpox and were particularly susceptible to many tropical fevers. Because seventeenth-and- eighteenth century accounts describe the Chocó simply as fever-ridden (…). (4) This suggests three dimensions that seem central to my reading of the significance of this description. First, the way in which…
p. 65
12Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2341 cita
[14]contactos permanentes con contra bandistas franceses, ingleses y holandeses. Desde otro punto de vista, el Chor ó caracteriza'muy bien, los esfuerzos de la administraci ó n espa ñ ola por integrar fiscalmente estas regiones fronterizas. Desde 1713 el oidor Aramburu hab í a sido comisionado para asentar un poblamiento…
p. 234
13Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 3341 cita
[15]indios de la provincia de Noanama. Aun más, había desplazado el pueblo indígena de Tadó hacia sus minas del río Iró154. Este monopolio derivaba,de la influencia política de la familia, al mismo tiempo que de la importancia de sus explotaciones. Cristóbal, Jacinto y Nico lás Mosquera Figueroa poseían títulos militares…
p. 334
14La guerra vino de afuera. El Bloque Pacífico en el sur del Chocó: una herida que aún no cierraCentro Nacional de Memoria Histórica, Laura Bibiana Escobar García, Laura Catalina Tovar Bohórquez, Esteban de Jesús Caviedes Alfonso · 2022 · p. 391 cita
[16]HÉROES DEL CHOCÓ 39 Las condiciones geográficas y climáticas se articulan con dinámicas pro- ductivas que han configurado las formas de poblamiento del Chocó. Desde el periodo colonial, se ha percibido al departamento como una despensa de recursos extractivos como el platino y el oro. Desde esta visión, se han ex-…
p. 39
15Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 811 cita
[18]128 consejos comunitarios de comunidades negras y más de 169 resguardos de los pueblos indígenas Wounaan, Embera Dobidá, Chamí, Katío y Eyabida, y Eperara Siapidara 112. Geográficamente, el corredor está conformado por selva, serranías, montañas, planicies, cañones y ríos, y su conexión con el océano Pacífico lo ha…
p. 81
16Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 921 cita
[19]Producción de oro Durante el siglo xviii el oro fue el principal producto de exportación de la Nueva Granada y durante el siglo xix esta situación no varió mucho. Fue sólo a finales de ese siglo, ante la aparición de nuevos productos de exportación como el tabaco, la quina y el café, que el oro fue relegado a un…
p. 92
17Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 591 cita
[20]productividad per cápita, sino más bien del hallazgo de nuevos yacimientos con una gran riqueza superficial y del aumento constante de la mano de obra. En ambos casos la tendencia al agotamiento producía una curva muy regular en todos los distritos mineros. El hallazgo inicial incitaba a la compra de esclavos, por lo…
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18Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 781 cita
[21]conocimientos especialmente valo- rados por los amos eran los de los carpinteros, las parteras y los curanderos de picaduras de víboras. Las cuadrillas mineras llegaron a estar conformadas hasta por varios cientos de esclavos, aunque lo normal era que el tamaño de una cuadrilla oscilara entre los 50 y los 200…
p. 78
19Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 752 citas
[22]costos monetarios, no tanto las horas de trabajo de que disponía por ser dueño y señor de los esclavos. La dificultad mayor en el Chocó residía en el transporte tan costoso y en márgenes de intermediación muy altos para los comerciantes, por el alto riesgo de los viajes, antes de los cuales, como lo anota Colmenares,…
p. 75
[23]costos monetarios, no tanto las horas de trabajo de que disponía por ser dueño y señor de los esclavos. La dificultad mayor en el Chocó residía en el transporte tan costoso y en márgenes de intermediación muy altos para los comerciantes, por el alto riesgo de los viajes, antes de los cuales, como lo anota Colmenares,…
p. 75
20Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 1891 cita
[24]de la región caucana durante el siglo xix pueden consultarse en Valencia (1993). 2 Cfr. O cam p o (1984), p. 61. Alonso Valencia Llano mineras de la región antes de que entraran en la depresión de finales del siglo xvm. Germán Colmenares resume esta estrategia de inversión en los siguientes aspectos: 1. La inversión…
p. 189
21Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 691 cita
[25]mención de los momentos y procesos más P a t í a, d e l a t i e r r a d e n a d i e a l a s g r a n d e s h a c i e n d a s 70 relevantes. En ese orden de ideas, con base en la consulta realizada sobre la hacienda colonial en el valle, podría decirse que sus inicios datan del siglo XVIII. Su nacimiento fue posible…
p. 69
22Colombia and World War I: The Experience of a Neutral Latin American Nation during the Great War and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 281 cita
[26]bananas on the railroad to Santa Marta. The presence of this multination- al enterprise which operated its own transportation system and market- ing networks quickly transformed the town of Ciénaga in Magdalena into a flourishing economic center. 45 Production grew by leaps and bounds. In 1902, 314,006 bunches were…
p. 28
23Etnización de la negridad: La invención de las 'comunidades negras' como grupo étnico en ColombiaEduardo Restrepo · 2013 · p. 2001 cita
[28]al agua y al sol” (Codazzi [1853-1855] 2002: 87). En contraste, estos climas, lluvias y vapores producen un efecto benéfico para la ‘raza africana’: “Nacida esta raza [la africana] y criada en medio de este baño de vapores y estando desnudos siempre, no sufren de las impresiones del sol ni de la lluvia, nutriéndose…
p. 200
24Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1831 cita
[29]and were closer in skin color, facial features, and hair tex- ture to the emerging mestizo mix. Many blacks left slave status early in Colombian history, becom- ing part of the free population. Their owners awarded freedom to some, others purchased their liberty, but probably the greatest num- ber achieved freedom by…
p. 183
25Gente negra en Colombia. Dinámicas sociopolíticas en Cali y el PacíficoOlivier Barbary, Fernando Urrea · 2004 · p. 273, 3662 citas
[32]partido liberal. Durante sus intervenciones en el Congreso los representantes norte- (por ejemplo, las de la zona cafetera del Viejo Caldas), invirtiendo capital escolar en sus descendien- tes. De otra parte, hay una fuerte asociación entre educación no confesional e ideario del partido liberal. Es interesante que la…
p. 366
[51]trata de una clase media negra mestizada con sus descendientes nacidos en Cali, compuesta por profesionales y empresarios bien integrados, a nivel residencial, cultural y social, que ha podido interactuar con clases medias blancas y mestizas mediante alianzas económicas y matrimoniales. Por el contrario, el…
p. 273
26Blancos, no blancos, casi blancos. Cuerpo, color y belleza en Colombia, segunda mitad del siglo XXPietro Pisano · 2019 · p. 2121 cita
[33]una reintroducción del componente africano de la identidad colombiana, ampliándolo más allá de sus “preferencias hispánicas”. Seguramente, fue una señal de la creciente visibilidad que la población afrodescendiente estaba ganando en esos años, gracias a la difusión de los estudios etnológicos y antropológicos, así…
p. 212
27Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · p. 141 cita
[34]He also gained control of the Santa Marta Railway which connected his newly acquired property with the port. Unlike the situation in Guatemala and Costa Rica, in Co- lombia United Fruit, in addition to operating its own plantations, bought a significant amount of fruit grown by local planters, and shipped the bananas…
p. 14
28The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 5081 cita
[35]in northwestern Colombia for nearly a hundred years, from the 1880s to 1974. Two texts extracted below take readers into the world of South American Gold and Platinum (sagap), the name used by North American investors for the Chocó Pací- fico operation. Together they allow a glimpse of some of the key issues…
p. 508
29Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 1371 cita
[37]incremento anual de 23,8%; el oro representó un 77,3% del total de minerales metalíferos y avanzó un 13,8%; la plata participó con 19,3% y creció 91,9%. El platino lo hizo con 3,4%, mejorando en 23,6% (ICER, 2012, páginas 31-32). La producción de oro fue de 24.529 kilos en 2010, 27.915 en 2011 y 24.438 en 2012. La de…
p. 137
30Bojayá: La guerra sin límitesGrupo de Memoria Histórica, Martha Nubia Bello Albarracín, Pilar Riaño Alcalá, Gonzalo Sánchez G. · 2010 · p. 138, 1542 citas
[38]Camilo. (Ed.) 1994 La política social en los 90: análisis desde la universidad. Bogotá D.C.: Universidad Nacional de Colombia, Departamento de Trabajo Social; Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz - Indepaz -, p. 92. iii. Memorias de la exclusión: Lógicas en tensión en chocó y el medio atrato 139 El Estado…
p. 138
[39]2009. Sobre el despojo de tierras, ver: Machado, Absalón, et al. 2009. El Despojo de Tierras y Territorios: aproximación conceptual. Bogotá D.C.: Línea de Investigación Tierra y Conflicto, Área de Memoria Histórica, Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación - CNRR -. Instituto de Estudios Políticos y Relaciones…
p. 154
31Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 243, 2572 citas
[40]nuevos actores políticos, entre los que han sido no- torios los movimientos locales por servicios o atención estatal, movimientos por los derechos humanos, movimientos por la res- tauración democrática, movimientos de mujeres, movimientos barriales de solidaridad en la crisis, movimientos cristianos de base,…
p. 243
[42]se habían apartado del intento de crear una coordinación nacional del movimiento ne- gro, reticentes a ceder autonomía a grupos de activistas de sede urbana pero carentes de representatividad en el seno de las or- ganizaciones de base. En torno al movimiento negro en Colombia i 337 ] La Ley 70 contiene 8 capítulos y…
p. 257
32Raza y derechos humanos en Colombia: Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombianaCésar Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve · 2009 · p. 1161 cita
[41]55 de la Constitución Política de 1991 y, posterior- mente, fue desarrollado en la Ley 70 de 1993. Esta última fue reglamentada por el Decreto 1745 de 1995, en lo relativo a los requisitos y procedimientos para la titulación colectiva de los territorios ancestrales en la cuenca del Pacífico y en otras regiones del…
p. 116
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 381 cita
[43]% del total nacional) y 859.716 descendientes de hombres y mujeres traídos de África esclavizados (19,93% del total nacional) viven en cuarenta y cuatro municipios del Pacífico 34. Estos habitan organizados en territorios colectivos y resguardos indíge- nas que abarcan el 63% de toda la región (7.071.488 hectáreas),…
p. 38
34Beyond Bogotá: Diary of a Drug War Journalist in ColombiaGarry Leech · 2009 · p. 121, 1342 citas
[44]into an armed group. After more than an hour on the Opogodó, we pulled over to the shore for lunch. We all climbed out of the canoe, and Liria dished up plates of cold fish, rice, and beans that she’d prepared in Bellavista. Soon we were back on the river, feeling increasingly remote from the rest of the inhabited…
p. 134
[45]the Opogodó, we pulled over to the shore for lunch. We all climbed out of the canoe, and Liria dished up plates of cold fish, rice, and beans that she’d prepared in Bellavista. Soon we were back on the river, feeling increasingly remote from the rest of the inhabited world. Five and a half hours after leaving…
p. 121
35A Gringa in Bogotá: Living Colombia's Invisible WarJune Carolyn Erlick · 2010 · p. 941 cita
[46]Atlantic coast, a lawyer who had done her studies in Bogotá 54 | A GRINGA IN BOGOTÁ and stayed. At handicrafts stores, public festivals, and even music stores, I was reminded of other far-flung places in the jungles and plains of Colombia. Chocó was not seen or heard of, or as they say in literature classes back at…
p. 94
36De quebradores y cumplidores: Sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en ColombiaMara Viveros Vigoya · 2002 · p. 1301 cita
[47]capital del departamento del Chocó, uno de los de- partamentos menos conocidos para la mayoría de los colombianos debido a su débil integración socioeconómica con el resto del país, a su aislamiento geográfico, sus particularidades ecológicas (ser una de las regiones más lluviosas de la Tierra), los estereotipos…
p. 130
37Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · p. 731 cita
[48]es casual, diríamos en su lugar que es causal. Cuando se ven todos los intereses nacionales e in- ternacionales que se ciernen y proyectan sobre el Chocó, se entiende como por esos mismos intereses se viene asesinando y desplazando a los pobladores; se entiende y comprende cómo cuando empiezan a concentrarse las…
p. 73
38Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · p. 501 cita
[49]2011:16). Regiones que se constituyen en fronteras internas y presentan una baja gobernabilidad y presencia del estado central. El Pacífico sur es un ejemplo claro de estos fenómenos, separado del resto de la antigua gobernación de Popayán y hoy del sector andino del departamento del Cauca por la codillera occidental,…
p. 50
39Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 4181 cita
[50]adoro la libertad, dice el poeta que seguidamente se esfuerza por librarse de su sentimiento de culpa añadiendo /n o basta a mi conciencia no ser yo quien te niega ese tesoro. En los escritos de la Comisión Corográfica lo que quedó inscrito (Restrepo, 1984) fue una visión de la situación social del negro poco después…
p. 418
40Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 931 cita
[52]sus mayores depreciaciones y los campesinos del Chocó se comenzaron a cansar de oír promesas oficiales. El abandono se hace por tierra y por mar. Esta segunda vía es cubierta incontroladamente en pequeñas embarcaciones, a través de aguas picadas y peligrosas. Por tierra los caminos son múltiples, pero resulta más…
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