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Ensayo · Transversal · —

Regímenes de trabajo coercitivo en la Nueva Granada

Entre 1538 y 1810, encomienda, mita, concierto y esclavitud africana se superpusieron en el agro neogranadino configurando una estructura laboral rural singular, distinta a la novohispana y a la peruana, cuyas huellas llegaron hasta el problema agrario del siglo XX colombiano.

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Regímenes de trabajo coercitivo en la Nueva Granada
Actualizado 03 de agosto de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

La singularidad neogranadina no fue una versión menor de los modelos novohispano o peruano, sino una configuración distinta forjada por el colapso demográfico sobre una población muisca ya reducida, la temprana entrada del esclavo africano en las tierras cálidas mineras y la incapacidad administrativa de la Corona para imponer un régimen laboral único. Las relaciones hacendarias que estallaron en el siglo XX —arrendamiento, aparcería, agregado— derivan menos de la encomienda del XVI que del concierto y de la figura del agregado consolidados en el XVIII, y la disolución de los resguardos entre 1775 y 1780 fue el momento que fabricó la masa campesina desposeída que llenaría las haciendas republicanas.

La tensión

La historiografía se bifurca en cuatro tensiones principales. Primera: si la persistencia del resguardo y el concertaje bloqueó estructuralmente la formación de una hacienda peonal integrada al estilo del Bajío novohispano, o si esa persistencia fue consecuencia —no causa— de la debilidad demográfica y del receso económico del XVII. Segunda: si la dualidad entre servidumbre indígena en el altiplano y esclavitud africana en tierras cálidas se decidió en el reparto fundacional de 1538-1539 o fue un ajuste tardío forzado por el colapso demográfico, evidenciado en Popayán cuando en 1668 el oidor Inclán Valdez redujo el reparto de indígenas para minas del 20% al 10% porque los mineros ya preferían esclavos. Tercera: si las relaciones hacendarias del siglo XX son herencia directa de la encomienda —tesis más antigua con eco ensayístico— o del concierto y la agregación gestados en el XVIII, lo que reordena la genealogía del problema agrario. Cuarta: si la mita neogranadina debe leerse como versión menor de la potosina o si, sobre una población muisca ya diezmada, fue proporcionalmente más letal, con formas específicas como la mita de boga en la región de Loba que aceleraron el colapso local por encima de la media americana.

Temas
Encomienda y tributo indígena en la Nueva GranadaSistema de conciertos y peonaje colonialResguardos indígenas y su disolución borbónicaEsclavitud africana en las zonas mineras neogranadinasMita neogranadina y colapso demográfico muiscaHacienda colonial y problema agrario colombianoReformas borbónicas y transformación agraria del siglo XVIII
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Ensayo completo

La lectura

¿De dónde vienen realmente las relaciones agrarias que estallaron en el siglo XX colombiano?

Entre 1538 y 1810, el agro del Nuevo Reino de Granada se construyó sobre cuatro instituciones que se superpusieron, se sustituyeron y se contaminaron entre sí: la encomienda, la mita, el concierto y la esclavitud africana. Ninguna operó sola, ninguna clausuró a la anterior, y de su combinación desigual salió una estructura laboral rural que se parece poco a la novohispana y menos a la peruana. El caso neogranadino no fue una versión menor de esos modelos: fue una configuración distinta, forjada por un colapso demográfico particularmente destructivo sobre una población indígena ya reducida, por la temprana entrada del esclavo africano en las tierras cálidas mineras y por una intervención administrativa de la Corona que nunca logró imponer un régimen único. De ese mosaico —resguardo y concertaje en el altiplano frío, esclavitud en Chocó, Antioquia y Barbacoas, agregación mestiza en las haciendas del siglo XVIII— provienen, más que de la encomienda original, las relaciones de arrendamiento, aparcería y agregado que definieron el problema agrario colombiano hasta bien entrado el siglo XX.

Preguntar por esos regímenes no es un ejercicio de arqueología institucional. Está en juego el origen mismo de las relaciones laborales que estallaron en los años veinte y treinta del siglo XX en las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima, cuando arrendatarios sin derecho a sembrar café en su propia parcela empezaron a cuestionar la legitimidad del orden hacendario. Está en juego, también, por qué la reforma agraria en Colombia tuvo siempre como blanco no al latifundio esclavista sino al latifundio de servidumbre extraeconómica; y por qué el país no siguió la trayectoria mexicana hacia una hacienda peonal integrada ni la peruana hacia un sistema minero de mita masiva, sino que produjo una geografía agraria dual y fragmentada cuyas costuras nunca terminaron de cerrarse.

La historiografía se bifurca en el momento de identificar el eslabón crítico de esa cadena. Un énfasis pone el peso en la mita y en el nacimiento temprano de un proletariado minero desarraigado. Otro insiste en la encomienda como matriz señorial que se prolongó con distintos disfraces. Un tercero rastrea en el concierto y en el corregidor de partido la maquinaria fina de la coacción cotidiana. Un cuarto desplaza el foco hacia la hacienda del XVII y XVIII como espacio donde se recompuso la fuerza laboral tras el colapso. Un quinto subraya la disolución de resguardos entre 1775 y 1780 como el momento que fabricó, casi de golpe, la masa campesina desposeída que llenaría después las haciendas republicanas. Cada punto de énfasis reordena la genealogía del problema agrario y, con ello, la forma en que puede pensarse su solución.

La primera tensión historiográfica opone a quienes ven en la persistencia del resguardo y el concertaje un obstáculo estructural a la formación de una hacienda peonal unificada, y a quienes leen esa misma persistencia como consecuencia —no causa— de la debilidad demográfica y del receso económico del siglo XVII. Para los primeros, la política imperial de agrupar a los indígenas en resguardos comunales, sostenida entre 1595 y 1642 sobre todo en la antigua área chibcha, mantuvo un enclave de trabajo tributario semiindependiente que impidió la absorción directa de la fuerza laboral por parte del hacendado, como sí ocurrió en el Bajío novohispano. Para los segundos, el resguardo fue menos una barrera que un dispositivo de conservación fiscal: la Corona reunió a los sobrevivientes para no perder el tributo, y esa reunión, más que proteger a la comunidad, la volvió una reserva laboral administrada.

Una segunda tensión discute cuándo se fijó la dualidad entre servidumbre indígena y esclavitud africana. Una lectura la sitúa en el reparto fundacional de 1538-1539, cuando Jiménez de Quesada, Belalcázar y Federmán distribuyeron encomiendas de indios en el altiplano muisca mientras las gobernaciones costeñas ya operaban con esclavos africanos importados por Cartagena. Otra desplaza la escena un siglo hacia adelante: la sustitución del trabajo indígena por esclavos africanos en las zonas mineras no fue una decisión fundacional sino un ajuste tardío, forzado por el colapso demográfico del siglo XVII. En Popayán, todavía en 1637 se mantenía al 20-25% de los tributarios en las minas, y solo en 1668 se redujo ese porcentaje al 10%, en reconocimiento explícito de que los mineros preferían el trabajo esclavo. Si la sustitución fue un ajuste tardío, la geografía dual del trabajo neogranadino no es un destino ecológico sino una respuesta institucional al derrumbe demográfico.

La tercera tensión, la más consecuente para el siglo XX, discute si las relaciones hacendarias republicanas derivan de la encomienda del XVI o del régimen de concierto y agregación consolidado en el XVIII. La primera tesis, más antigua y con eco en la tradición ensayística, ve en el arrendamiento precapitalista de las haciendas cafeteras la sombra alargada de la encomienda. La segunda, más precisa, muestra que la encomienda estaba en decadencia desde el siglo XVII, y que fueron el concierto —la asignación administrativa de indígenas a colonos con mercedes de tierra— y la figura del agregado —el mestizo o indio huido que vivía en la hacienda a cambio de trabajo— los que fraguaron las formas de dependencia extraeconómica que llegarían al siglo XX.

Una cuarta tensión cuestiona la centralidad del caso peruano en la historiografía del trabajo coercitivo americano. La mita de Potosí ha ocupado tanto espacio interpretativo que la mita neogranadina —la del valle de Sibundoy, la de boga en la región de Loba, la de las cuadrillas rotativas que iban a las minas de Popayán— se ha leído como versión menor. Pero menor en escala no significa menor en efecto: sobre una población muisca ya diezmada por epidemias, guerras de conquista y abusos de encomenderos, la mita rotativa fue proporcionalmente devastadora, y en la región costeña la mita de boga en canoas y champanes actuó como un factor destructor específico que aceleró el colapso local por encima de la media americana.

Conviene ver el andamiaje pieza por pieza. La encomienda, tal como se implantó tras la fundación de Santafé en 1538 y en las gobernaciones de Tunja, Vélez, Pamplona y Popayán en los años siguientes, no fue una adjudicación de tierras sino una cesión de tributos: el rey transfería al encomendero el derecho a cobrar la carga fiscal debida por los indios, representada en trabajo, bienes agrícolas o mercancías elaboradas. Sobre esa base fiscal se montaron las pensiones particulares del encomendero, el quinto real, el estipendio del cura doctrinero y el sueldo del corregidor. La ficción jurídica del beneficio mutuo —el encomendero ayudaba en la expansión de la Corona y en la catequización— se desmoronó rápido: el señor tenía todos los derechos, el indio todos los deberes, y el poder coactivo para percibir el tributo convirtió la institución en una forma de servidumbre y, en muchos casos, de esclavitud de hecho. El repartimiento de indios que la acompañaba entregó al conquistador una fuerza laboral que, en la práctica, usó casi sin límites.

Cuando la encomienda declinó, su reemplazo funcional fue el concierto, que ya no operaba por privilegio del conquistador sino por asignación administrativa: a petición de un propietario, la Audiencia ordenaba al corregidor de partido asignar un porcentaje de indígenas de un resguardo a las labores del solicitante, normalmente por períodos de tres a seis meses, con salario pagado al cacique o capitán y no al trabajador individual. Ese salario colectivo servía, en el fondo, para cubrir los tributos del pueblo. Los propietarios mestizos estaban excluidos, lo que preservaba un privilegio étnico en el acceso a la mano de obra; el control estatal era nominal, porque los corregidores, escasos y capturados por los terratenientes locales, aplicaban las ordenanzas con enorme laxitud; y el concierto coexistía con el peonaje libre de mestizos, mulatos e indios sin resguardo —los gañanes y jornaleros—, contratados por jornal y ración según la oferta del mercado.

El resguardo fue la contraparte territorial del concierto. Establecido especialmente entre 1595 y 1642, funcionó como sistema de concentración de grupos indígenas dispersos —reducción, en el vocabulario de la época— para preservar la mano de obra sobreviviente y garantizar el tributo, que con la sustitución del encomendero por el corregidor de indios pasó a recaudarse para la Corona. En los resguardos, una cuarta parte de los indios útiles era alquilada a estancieros, mineros y comerciantes; los indígenas debían salir a vender su fuerza de trabajo para obtener el dinero con que cubrir el tributo, y así la economía monetaria penetró en núcleos que hasta entonces habían sido de economía natural. El resguardo no protegió del despojo: desde el inicio, los indígenas no se resignaron a la pérdida de sus tierras originarias, y la voracidad latifundista de los terratenientes vecinos, sumada a la presión de mestizos y colonos pobres y al criterio fiscalista de la Corona, empujó hacia una segunda desposesión masiva que culminaría a fines del XVIII y a lo largo del XIX.

La mita neogranadina operó en dos frentes distintos. En el altiplano y en las regiones mineras andinas funcionó como trabajo rotativo asignado por ordenanzas. En el valle de Sibundoy se ordenó formar cuadrillas rotativas de 200 indios que debían alternar cada cuatro meses entre el valle y las minas —entre noviembre y junio, y solo en tajo abierto—, de modo que cada tributario quedaba exento de trabajo minero durante períodos de aproximadamente tres años; cada trabajador recibía un cuartillo de maíz y media libra de carne para enfrentar una jornada de once horas. En Popayán, las ordenanzas de 1637 mantuvieron al 20-25% de los tributarios en las minas pese a que la población indígena ya se había reducido a menos de la mitad en los treinta años previos; las de 1668 bajaron el porcentaje al 10%, no por humanitarismo sino porque los mineros ya preferían esclavos. Ese fue el germen de un proletariado moderno: muy pocos mitayos volvían al resguardo al terminar el turno, muchos regresaban enfermos o incapacitados, y otros permanecían como asalariados en minas, campos y ciudades. La disminución del número de miembros de la comunidad obligaba a los que quedaban a trabajar más fuera del resguardo para cumplir un tributo colectivo que no se reducía en proporción.

En el frente costeño la mita adoptó una forma específica y particularmente destructiva: la boga en canoas y champanes por el río Magdalena. En la región de Loba, hacia 1579, la población no llegaba ya al diez por ciento de la que había sido pocos años antes, y entre las causas de ese derrumbe la mita de boga aparece como un factor añadido a los comunes al resto de América —enfermedades, guerras, abusos, mestizaje, suicidio colectivo, fuga—.

El colapso demográfico indígena marca la línea divisoria del sistema. A lo largo del siglo XVII la producción aurífera del Nuevo Reino cayó desde unos dos millones de pesos plata a principios de siglo hasta niveles muy bajos hacia 1700, y esa caída se asocia sobre todo al descenso de la población tributaria. La escasez extrema de mano de obra reconfiguró el mapa laboral: en las tierras bajas del occidente —Chocó, Antioquia, Barbacoas— los esclavos africanos importados y sus descendientes fueron ocupando el lugar de la disminuida población indígena, mientras que en Popayán la sustitución fue solo parcial. La recuperación demográfica comenzó apenas hacia 1690, y lo hizo por la rápida reproducción de mestizos, negros y mulatos, no por la recuperación de la población indígena original. Ese dato es crucial: cuando la economía neogranadina volvió a expandirse en el siglo XVIII, lo hizo con una demografía étnicamente distinta a la que había fundado el sistema.

Sobre ese suelo se formó la hacienda neogranadina. Surgió en el siglo XVII como consecuencia del nuevo flujo de mano de obra, el debilitamiento de la encomienda y la titulación de tierras a los antiguos encomenderos, y combinó desde el principio categorías laborales heterogéneas: esclavos en las zonas de vertiente, indígenas asignados por concierto que permanecían por tiempo indefinido como siervos de facto, mestizos sin acceso a resguardos atraídos como agregados o parceleros a cambio de un lote de pancoger, y trabajadores que recibían salario en dinero y un terreno para establecerse. En tierras aledañas a Bogotá se consolidó el sistema de agregados: personas que vivían en tierras de la hacienda sin pagar arrendamiento, obligadas a hacer rodeos y otras faenas. La Dehesa de Bogotá, constituida en mayorazgo en 1610 por Francisco Maldonado de Mendoza y Jerónima de Orrego, ejemplifica un patrón de ausentismo propietario y de inclinación a arrendar tierras después de 1615, en un contexto de recesión que hizo atractivo sacar tierras del mercado. Las haciendas jesuitas del Nuevo Reino, cuyas más valiosas no excedían los 100.000 pesos, quedaron muy por debajo de las peruanas —hasta 200.000 pesos— y de las mexicanas —entre 500.000 y 700.000—, lo que da la medida de la escala relativa del sistema.

El punto de inflexión llegó entre 1775 y 1780. En la antigua área chibcha se disolvieron y remataron la mayoría de los resguardos: para esa fecha, el 80-90% de la población de los antiguos pueblos de indios era ya mestiza, y los pocos indígenas restantes arrendaban las tierras comunales a esa masa. El remate operó de dos formas complementarias: concentrando varios resguardos en uno solo, ubicado en tierras de menor calidad y lejos de los centros poblados, o reduciendo la extensión para vender la porción sobrante. Una parte de esas tierras acrecentó el latifundio hacendario; otra fue adjudicada a pobladores mestizos y dio origen a economías campesinas de minifundio. Ese doble movimiento —consolidación latifundista y proliferación minifundista— es el eslabón decisivo entre la Colonia y el problema agrario de los siglos XIX y XX.

De ahí que la configuración laboral rural del Nuevo Reino no divergiera del modelo novohispano o del peruano por una decisión fundacional ni por una lógica ecológica preestablecida, sino por una retroalimentación entre contingencia demográfica y respuesta institucional que operó sobre todo entre 1600 y 1780. El colapso indígena —agravado por una mita que actuó sobre una población ya frágil, y en la costa por la mita de boga— creó una escasez estructural de mano de obra que hizo inviable replicar la hacienda peonal unificada del Bajío mexicano, donde una población indígena más numerosa y una minería de plata masiva permitieron consolidar sistemas peonales integrados con dispositivos como la tienda de raya. En Nueva Granada, la intervención administrativa de la Corona —ordenanzas de oidores, corregidores de partido, sistema de conciertos, política de resguardos— cristalizó la escasez en una estructura dual geográficamente segregada: servidumbre indígena tributaria en el altiplano frío, esclavitud africana en las tierras cálidas mineras, agregación mestiza en el intersticio de las haciendas.

Esa dualidad no se decidió en 1538. Todavía en 1668 los oidores discutían qué porcentaje de tributarios asignar a las minas de Popayán, y la sustitución por esclavos fue una respuesta ajustada al derrumbe poblacional, no un diseño previo. La contingencia importa: si la población muisca hubiera resistido demográficamente como la mexica o la andina, el Nuevo Reino habría podido sostener un sistema más parecido a los otros dos virreinatos. No lo hizo, y las instituciones se adaptaron a esa pérdida. La mita neogranadina, además, fue proporcionalmente más letal que la de Potosí, no por operar a mayor escala sino por hacerlo sobre una base demográfica ya colapsada, y por incluir en la costa la variante específica de la boga, identificada desde 1579 como factor destructor añadido. La centralidad del caso peruano en la historiografía americanista ha oscurecido este punto: el volumen de mitayos en Potosí no equivale a la intensidad del daño en las comunidades emisoras, y en el Nuevo Reino esa intensidad fue devastadora.

Las relaciones hacendarias del siglo XX derivan, entonces, mucho más directamente del concierto y la agregación del XVIII que de la encomienda del XVI. Cuando en las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima se consolidó, en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, el arrendamiento precapitalista con sus obligaciones subsidiarias —trabajo en caminos, obligaciones de policía rural, multas, restricción del comercio del café, prohibición de sembrarlo en el propio fundo—, lo hizo sobre una masa campesina cuya génesis inmediata era la disolución de resguardos ocurrida sesenta o setenta años antes y la subsecuente formación de minifundio mestizo. En Antioquia, donde el contrato de agregados predominó por encima del arrendamiento, la filiación es igual de directa: el agregado del cafetal antioqueño reproduce, con variantes, la figura del agregado hacendario cundiboyacense del XVIII. El peonaje por deudas, tan importante en México con su tienda de raya, fue relativamente marginal en el café colombiano: la política dominante de los hacendados fue no conceder anticipos. Lo que ató al arrendatario a la hacienda no fue la deuda sino la falta de acceso a la tierra —herencia del despojo de resguardos y baldíos— y la coerción extraeconómica del contrato.

Entre las cuatro tesis en pugna, la que sostiene que resguardo y concertaje bloquearon la formación de una hacienda peonal unificada es correcta pero incompleta: el bloqueo existió, pero no lo produjo el resguardo activo, sino su disolución tardía combinada con la escasez demográfica previa. La que sitúa la dualidad en 1538-1539 se equivoca en la cronología, aunque acierta en identificar la dualidad como rasgo estructural: se decidió más tarde, entre 1600 y 1700, no en la fundación. La que rastrea la herencia hacendaria en el concierto y la agregación, más que en la encomienda, es la que ordena mejor la evidencia archivística disponible. Y la que insiste en la letalidad proporcional de la mita neogranadina reordena bien la jerarquía comparativa: obliga a mirar no solo el volumen del sistema sino su efecto sobre la comunidad emisora.

Quedan zonas abiertas. El peso relativo del concierto frente a otras formas de coacción en la formación del campesinado colonial sigue siendo cuantitativamente esquivo: los indígenas huían de sus comunidades para escapar al tributo y a la mita, y aparecían en las haciendas como agregados, pero la reconstrucción de ese flujo —cuántos indios agregados, en qué haciendas, en qué décadas— es fragmentaria. La cadena de transmisión entre las obligaciones subsidiarias del arrendatario cafetero y las obligaciones del concierto colonial presenta una continuidad evidente en la lógica de coerción extraeconómica, pero las instituciones intermedias del siglo XIX que heredaron y transmitieron esas formas faltan por reconstruir. Y el papel de Santander y de otras regiones descritas como relativamente ajenas al feudalismo colonial —tesis que circula desde José Ingenieros— espera una evidencia sistemática sobre la ausencia o debilidad de la encomienda y la esclavitud en zonas específicas.

Queda abierta también la cuestión más amplia: si el mercado interno neogranadino habría sostenido, en cualquier caso, una hacienda peonal al estilo novohispano. La menor escala de las haciendas jesuitas —tope de 100.000 pesos frente a los 500.000 a 700.000 mexicanos— sugiere una debilidad estructural del mercado que trasciende la cuestión laboral: sin minería de plata masiva, sin ciudades como México o Lima, la hacienda neogranadina no tenía dónde colocar la producción a la escala que habría requerido un régimen peonal integrado. La dualidad laboral podría ser, en ese sentido, síntoma de una debilidad de mercado más profunda, y no solo respuesta al colapso demográfico. Las relaciones agrarias que Colombia arrastró al siglo XX, y que estallaron en los conflictos cafeteros de los años veinte y treinta, no son la sombra alargada de Jiménez de Quesada repartiendo indios muiscas en 1538: son la herencia mucho más próxima, y por eso más difícil de disolver, del concertaje, la agregación y el despojo de resguardos del último tercio del siglo XVIII.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

33 documentos · 51 fragmentos de referencia
01La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 211 fragmento
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nera, la encomienda es la piedra de toque para ex plicar él origen del neofeudalismo americano en el cual el señor prácticamente no tiene deberes y sí to dos los derechos y el indio carece de derechos y es tá abrumado con todos los deberes; entre el español encomendero y el indio encomendado, no existió mutua…

p. 21
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 131 fragmento
[2]

y los resguardos, para organizar la producción agrícola de autoabaste- cimiento, así como la mita, para la extracción del oro y otros metales preciosos. La encomienda La encomienda fue una institución que se caracterizó por el poder otorgado por la Corona a un hidal- go, quien ejercía el control, cuida- do y…

p. 13
03Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 21, 42, 483 fragmentos
[3]

y o s p a r a l a h is t o r ia d e l a p o l ít ic a d e t ie r r a s e n C o l o m b ia tó una serie de medidas para protegerlos, disfrazadas con ropajes religiosos o humanistas. Los tributos obligaban a dar al encomendero las pensiones particulares, el quinto para el Rey, el estipendio para el cura doctrinero y el…

p. 42
[18]

indígenas acudían a vender su fuerza de trabajo para cubrir los tributos con el salario obtenido; la economía monetaria empezó a introducirse en estos núcleos de economía natural y las ventas de tierra por la Corona a partir del siglo XVIII y el robo descarado de ellas por los terratenientes vecinos fueron reduciendo…

p. 48
[40]

y se remataron tierras. El despojo se inició cuando se concentraron varios resguardos en uno solo, generalmente distantes de los centros poblados y en tierras de menor calidad (Liévano Aguirre, 2002)3. Con la descomposición de los resguardos se fue formando el trabajo a sa lariado al que se incorpora el indio y una…

p. 21
04The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 291 fragmento
[4]

produced surpluses for the limited regional markets as part of their traditional pattern of cattle raising and agricultural production. In Colombia, as in most Latin American countries, the formation of the haciendas and the peasantry was a long process that can be traced back to the evolution of the colonial agrarian…

p. 29
05Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 75, 792 fragmentos
[5]

pueblos de indios o en sus cercanías. En la isla de Mompox y fuera de ella, las autoridades concedieron así 39 encomiendas, a otros tantos encomenderos. Fue el comienzo formal de lo que se ha llamado el " r é g i m e n señorial" implantado en tierras ameri- canas. [C] Según los documentos, Loba era tan poblada…

p. 75
[23]

quedaban sino 10 indios capaces de pagar tributo, esto es, aproximada- m e n t e 60 personas entre chicos y grandes. Las 41 encomiendas costeñas habían bajado a 35, todas disminuidas de tributos y tributarios. A los malibúes de Tamalameque tampoco les había ido bien: una Relación geográfica escrita en 1579 sostenía…

p. 79
06Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 31, 42, 466 fragmentos
[6]

importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…

p. 31
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importaciones de esclavos y, aun así, su nivel de pro- ducción se mantendría estancado o se reduciría. La Corona bus- caba concentrar los indígenas en sitios adecuados, revivir la agricultura indígena y asignar una parte de la mano de obra dis- ponible a la agricultura, la minería, los obrajes y el transporte. En los…

p. 31
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entregó al cultivo itinerante del maíz y el plátano. La quema continuó siendo el único medio de contra- rrestar la voracidad de las malezas en las tierras húmedas. El régimen de trabajo en las haciendas se vio relajado por las prácticas extensivas de cultivo y pastoreo, tan sólo intensivas en las huertas de los…

p. 42
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entregó al cultivo itinerante del maíz y el plátano. La quema continuó siendo el único medio de contra- rrestar la voracidad de las malezas en las tierras húmedas. El régimen de trabajo en las haciendas se vio relajado por las prácticas extensivas de cultivo y pastoreo, tan sólo intensivas en las huertas de los…

p. 42
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pan coger, raciones de la misma producción de la hacienda y algún metálico para compras en los mercados locales (fundamentalmente sal, vestido y sebo)— del trabajo sobrante. 63 Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, Ediciones Efe, Mede- llín, 1956, p. 18. 50 ECONOMÍA Y NACIÓN En la Nueva Granada las…

p. 46
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pan coger, raciones de la misma producción de la hacienda y algún metálico para compras en los mercados locales (fundamentalmente sal, vestido y sebo)— del trabajo sobrante. 63 Luis Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, Ediciones Efe, Mede- llín, 1956, p. 18. 50 ECONOMÍA Y NACIÓN En la Nueva Granada las…

p. 46
07Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 53, 722 fragmentos
[8]

única mano de obra disponible. El régimen del trabajo evolucionó de una coerción absoluta, que resultaba de transformar en servicios personales la obligación de pagar un tributo, hacia un sistema de conciertos. Como se ha visto, la distribución de la mano de obra disponible se realizaba en los conciertos mediante…

p. 72
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historia posterior de los resguardos y poblamientos muestra cómo los propósitos iniciales fueron deformados por los hechos históricos. Probablemente en ningún otro país de América hispana se llevó a cabo un proceso de mestización tan integral como en la Nueva Granada. En la segunda mitad del siglo xvII1, los…

p. 53
08Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1271 fragmento
[9]

actuaciones administrativas de los oido- res, sino de la disminución de los indios, que ya era alarmante a comienzos del siglo XVII. De otro lado, la presencia de propietarios no encomenderos forzó a adoptar un régimen de distribución de mano de obra para las estancias con el control directo de la Audiencia. A peti-…

p. 127
09Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2511 fragmento
[10]

que pudieran ser accesibles simult á nea- ’ mente a varios estancieros espa ñ oles. Es obvio que, dada la densidad de la poblaci ó n total, las estan cias de los espa ñ oles no pod í an aprovecharse con algo que se pare ciera a una explotaci ó n intensiva. La acumulaci ó n de tierras serv í a en todo caso para…

p. 251
10Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1031 fragmento
[11]

sabana cun- diboyacense y de otras regiones del país se sirvieron de la fuerza de trabajo indígena a través del sistema de concierto. Los indígenas repartidos en concierto a los distintos hacen- dados de la localidad trabajaban periodos de entre tres y seis meses, a cambio de un salario. El creciente mestizaje y las…

p. 103
11Historia económica y social de Colombia IIGermán Colmenares · 1999 · p. 2111 fragmento
[12]

el empleo de un 20% de. los tributarios en las minas y aun el 25% cuando el encomendero no tenía haciendas. En 1637, con las ordenanzas de 13 V. G. Colmenares, Historia económica, op. cit., p. 187 ss. 1 l J LAS HACIENDAS 187 Rodríguez de San Isidro, esta situación no se modificó, pese a que los indí- genas tributarios…

p. 211
12Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 32 fragmentos
[13]

existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…

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[14]

existían franjas de terreno de pastos para la cría del ganado menor. En América, el resguardo se implantó como una medida proteccionista que, en principio, no varió la posesión del área física ocupada por los aborígenes, pero sí estableció una limitación para muchos de estos pueblos de tradición nómada.…

p. 3
13Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2282 fragmentos
[15]

normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…

p. 228
[16]

normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…

p. 228
14Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 89, 92, 1033 fragmentos
[17]

que hacían innecesario laborar por un salario miserable. La oligarquía percibió rápidamente que debía establecer "un cinturón de seguridad" alrededor de la población trabajadora para aislarla de las tierras libres. En consecuencia, las políticas agraria y laboral fueron desarrolladas con el propósito de controlar el…

p. 89
[30]

evolucionó hacia el orden señorial pues: había indígenas que, luego de ser asigna- dos a una hacienda, permanecían en ella, prácticamente en calidad de 9 Ospina Vásquez, Industria y protección en Colombia, 1810-1930, cit., p. 14. lO Relaciones de mando, cit., p. 8. CO'\;TI'\;UDADES E'\; LA POL!TICA SOCIAL AGRARIA,…

p. 92
[41]

limitado la producción agrícola, los vagabundos (y también los trabaja- dores indígenas) se habrían dedicado a una agricultura de subsistencia que no habría generado un excedente que pudieran explotar los criollos. Es difícil aceptar la afirmación de Friede de que a fines del siglo XVIII la presión demográfica estaba…

p. 103
15Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1041 fragmento
[20]

for less than a quarter of New Granada's total of roughly 1.4 million inhabitants. This change naturally reflected both the expansion of other demographic groups and the drastic fall in Amerindian num- bers as a result of European diseases, mistreatment, and the wide- spread disruption of traditional lifestyles. In…

p. 104
16Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 87, 1392 fragmentos
[21]

otros muchos preferían continuar como asalariados, a la terminación de la mita. En suma, muy pocos regresaban y de ellos gran número volvían enfermos e incapacitados. Como el tributo de la encomienda era constante sobre el grupo, al disminuir por causa de la mita el número de sus componentes, el indígena se veía…

p. 87
[37]

más prósperas en el renglón de la manufactura durante el siglo xviii y que poblaciones como Morocote se hicieran famosas por los lienzos que distribuían en los mercados de la Nueva Granada. Las haciendas De gran importancia fueron también las haciendas de los jesuitas, por su valor económico y por las técnicas de…

p. 139
17Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 2591 fragmento
[22]

50 % en el número de tributa - rios justificó una serie de modificaciones introducidas por 260 Jfiínd Aicerfi s Nítfi S. ad Fiídadnfitt el oidor Valverde para la administración del tributo real y del trabajo indígena. Ordenó que los indios no paga- ran su tributo a la Corona en metálico sino en trabajo. El encomendero…

p. 259
18El Orinoco ilustradoJoseph Gumilla · 2016 · p. 375, 7292 fragmentos
[24]

que aquel es un remo intole- rable? Tres reales de plata ganan cada día de jornal, que es muy suficiente, atendido su corto gasto, para mantenerse y ahorrar algo cada día 263. Y en la Nueva España ganan al día cuatro reales, y los indios que entienden de barra y saben seguir la veta del metal, a más de los cuatro…

p. 729
[38]

de puertas adentro. Esto es cierto, hablando así del Perú como de Tierra Firme y del Nuevo Reino, pero fijando la atención en sólo este, ni ha necesitado, ni ha menester Dorados, cuando todo está no sólo dorado —que es un mero relumbrón superfi- cial—, sino lleno y recargado por todas partes de oro, plata, esmeraldas…

p. 375
19Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 501 fragmento
[25]

determinado entonces por un mar- cado descenso de la población tributaria que creó una situación de abundancia de tierras y escasez extrema de mano de obra. La producción de oro colapsó, lo que llevó a que en 1700 casi desapareciera por completo, de un nivel de 2 millones de pesos plata a principios del siglo. Sola-…

p. 50
20Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 3641 fragmento
[26]

en otras partes (véase gráficos 6, 9, 10). En tanto que en Santa Fe, en Cartago y en Popayán la producción logra man tenerse en ocasiones como consecuencia de presiones renovadas sobre el trabajo indígena, la caída en las regiones en donde se empleaban esclavos no se atenúa en ningún momento. La villa de Santa Fe de…

p. 364
21Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 461 fragmento
[27]

vida ha sido nuestra lucha Resistencia y Memoria en el Cauca indígena Las haciendas surgieron en el siglo XVII a causa del nuevo fl ujo de la mano de obra, el debilitamiento de la encomienda y la titulación de la tierra a los encomenderos. Parte de esta estructura se ha heredado hasta el día de hoy. Para Fals Borda,…

p. 46
22Assembling Flowers and Cultivating Homes: Labor and Gender in ColombiaGreta Friedemann-Sánchez · 2006 · p. 371 fragmento
[31]

since the seventeenth century. The definition of hacienda that best encompasses most of its characteristic elements comes from Eric Wolf and Sidney Mintz (1957a): “An agricultural estate, operated by a dominant landowner and a dependent labor force, organized to supply a small market by means of scarce capital, in…

p. 37
23Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 58, 642 fragmentos
[34]

las vertientes de la cordillera, que usaban algunos esclavos. En las tierras altas, los hacendados, con mercados m á s compe tidos que no permit í an pagar esclavos, lograron que algunos traba jadores se quedaran viviendo en sus tierras: agregados o parceleros que trabajaban a cambio de un lote de pancoger, indios que…

p. 58
[36]

entre 1510 y 1550 cu los mejores a ñ os el oro lleg ó a 300000 pesos, entre 1570 y 1 620 el Nuevo Reino se convirti ó en el principal productor de oro de Am é rica y hubo a ñ os en los que la producci ó n lleg ó a 2 millo nes de pesos. Desde el punto de vista del imperio, el oro era apenas 68 HISTORIA M Í NIMA DE…

p. 64
24Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 3721 fragmento
[35]

economía neograna- dina un carácter recesivo. La explicación de este decaimiento se suele centrar en dos razones principales: el decrecimiento vertiginoso de la población indígena iniciado en el siglo anterior y que cubrirá la totalidad del x v i i, y el receso de la producción aurífera hacia 162o2 1. Estos hechos…

p. 372
25Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 5941 fragmento
[39]

para enterrarlos en sus obscuros socavones, a legiones de siervos indígenas; por lo mismo, viéronse inmunes, o pronta- mente curadas así, de esa auri sacra fames, engendradora de corrupciones, como del feudalismo colonial allá pertur- bado en desmedidos repartimientos. Pudieron, entonces, con su clima salubre, que…

p. 594
26El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 203, 3492 fragmentos
[42]

de la región (en este caso apropiándose de baldíos) mientras que paulatina- mente se poblaba con indígenas expulsados del Cauca. En estas regiones, se anotó arriba, la tremenda disparidad cultural y étnica entre los propietarios («blancos») y los jornaleros y peones («indios») reforzó actitudes e ideologías racistas…

p. 203
[43]

social que Martínez Alier ha denomina- do «seudoservidumbre andina» y parece que la descripción presentada avala el término. Seguramente que análisis más detallados y profundos de las dimensiones políticas e ideoló- gicas asociadas con el mundo de las haciendas de café podrían descubrir la trama y estructu- ra de…

p. 349
27Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 34, 372 fragmentos
[44]

ó n 7. Adicionalmente a su trabajo en las labores del caf é, los trabajadores estaban sometidos a otras obligaciones, como las de trabajo personal subsidiario para la construcci ó n y man tenimiento de caminos, las de polic í a rural y toda una serie de multas por violar las estrictas disposiciones del hacendado. De…

p. 37
[49]

logr ó igualar las cifras de kil ó metros en uso, de equipo rodante y de inversi ó n, con las de los ferrocarriles de las zonas cafeteras desarrollados durante m á s de seis d é cadas. Con el auge de las inversiones p ú blicas en v í as de comunicaci ó n se resolvi ó, pues, una de las limitaciones para el…

p. 34
28Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3831 fragmento
[45]

a veces una tercera parte de la cosecha. En ciertos lugares eran obligados, además, a trabajar un determinado número de dias en las tierras de la hacienda, con el salario vigente en la región. En otras localidades se les exigia compartir con el propietario una porción, casi siempre una cuarta parte, de los cultivos…

p. 383
29El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 3361 fragmento
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11 11 11 r i\ 11 11 11 " 0 lil.la.!llillllillllllillilillllil!ililll.Ul!íllllilllliJllil!il~llillfililttlmllillfilllllilllillilill.illilillllilllliillr.lll.lli.!tt!lillilill~OillillJllillll11lltfillilil.ll.¡j¡liiiiQi¡¡: 1886 1887 1888 1889 1890 1891 1892 1893 1894 1895 1896 1897 1898 1899 1900 1 90 1 190 2 Por otra…

p. 336
30Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 681 fragmento
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que, como Cundinamarca y Tolima, habían sido beneficiadas por los ferrocarriles. A ello se sumó la valorización de la co- secha cafetera gracias al aumento de los precios internacionales del grano, lo que pondría la cuestión de la utili- zación económica del suelo en el cen- tro de las discusiones sobre el proble- ma…

p. 68
31El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1141 fragmento
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se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…

p. 114
32La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 411 fragmento
[50]

infectada de esta enfermedad, trayéndola de Guinea, sin haber advertido en ella las Justicias para no dejarla entrar, se infestó todo el Nuevo Reino y corrió por la parte de la banda del Perú hasta Chile y a la parte del Norte hasta Caracas, que destruyó. así naturales como españoles, más de la tercera parte de la…

p. 41
33Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 861 fragmento
[51]

e establecim iento de ciudades españolas y hatos ganaderos en el A lto M agdalena desde las prim eras décadas del siglo xvii y la m ás lim itada penetración en los Llanos O rientales d espués de 1660, se extendió bastante el área bajo control español. E l o c c i d e n t e En el lapso transcurrido entre fines del…

p. 86