Tolima
“El Tolima es uno de los territorios donde la historia colombiana se ha escrito con mayor densidad y mayor sangre.”
Entre las dos cordilleras que parten a Colombia, el Tolima ocupa el corredor que ningún ejército, ningún ferrocarril y ningún gobierno logró jamás controlar del todo. Al oriente lo cierra el río Magdalena; al occidente, la Cordillera Central con sus volcanes nevados; al norte se abre hacia Honda y el comercio fluvial que durante tres siglos conectó a Bogotá con el mar; al sur, hacia las selvas del Huila y del Caquetá. Esa posición de bisagra —geográfica, económica, política— convirtió al departamento en algo más que un territorio: en el laboratorio donde se ensayaron, y se sedimentaron, las violencias sucesivas de la República. Aquí resistieron los pijaos casi un siglo a los conquistadores; aquí floreció el tabaco de Ambalema y luego el café de las estribaciones; aquí se libró la fase más sangrienta de La Violencia bipartidista entre 1948 y 1958; y aquí, en un rincón del sur llamado Marquetalia, se fundó el mito originario de las FARC. El Tolima no es un escenario donde ocurrió la historia colombiana: es uno de los lugares donde se hizo.
El país entre dos cordilleras
Geológicamente, el Tolima es un pasillo estrecho. El valle del Magdalena, angosto y encajonado por las cordilleras, corre de sur a norte recibiendo por su margen izquierda al río Saldaña —Netaima para los pijaos—, el primer gran tributario que el Magdalena encuentra al entrar en territorio tolimense. Al occidente se levanta el complejo volcánico Ruiz-Tolima-Santa Isabel, el macizo más estudiado de Colombia, cuya cubierta de hielo y nieve ha alimentado durante milenios el drenaje que baja hacia los valles interiores. Ese casquete glaciar, cuando la actividad eruptiva lo funde bruscamente, produce el fenómeno que ha marcado la memoria del departamento: la avalancha de lodo que desciende por los cauces cercanos y sepulta lo que encuentra.
En febrero de 1845, una mezcla repentina de hielo y nieve del Ruiz inundó el valle del río Lagunilla y la población de Armero, en el flanco tolimense. Ciento cuarenta años más tarde, en 1985, otra erupción del mismo volcán generó una avalancha que sepultó de nuevo a Armero y dejó cerca de 25.000 muertos: el peor desastre natural de la historia colombiana. La repetición no es azar: es la firma geológica de un paisaje en el que el peligro está inscrito en la relación entre el volcán, el glaciar y los valles humanos que se atreven a poblar sus faldas.
El resto del territorio presenta contrastes marcados. El valle del Magdalena al norte de Neiva es seco, semiestepario, dedicado en buena parte a la ganadería extensiva; en torno a Neiva y hacia el sur, la irrigación ha permitido cultivos de arroz. El macizo de Sumapaz, compartido con Huila y Cundinamarca, se orienta con su sector bajo hacia Neiva y con su parte alta hacia Bogotá. Las estribaciones de la Cordillera Central, húmedas y templadas, guardan el café, el plátano y el cacao. Esta división del territorio —llano ganadero al oriente, montaña cafetera al occidente, páramos al fondo— es la que va a estructurar, siglos más tarde, la geografía de la violencia y de la colonización armada.
Pijaos: la frontera que no cedió
En la era precolombina tardía, los caribes habían remontado el valle del Magdalena desplazando a los pueblos menores y reclamando el territorio. De ese impulso descendían, entre otros, los pijaos: sociedades guerreras, organizadas en múltiples caciques locales sin autoridad superior unificada, distribuidas por el sur y el centro del actual Tolima y por la vertiente oriental del Cauca. Esa descentralización política —que a los cronistas les parecía debilidad— resultó, paradójicamente, su mayor defensa. No había un rey a quien capturar, un centro que tomar, una capitulación única que firmar. Cada valle, cada estribación, había que someterla por separado.
Los pijaos destruyeron La Plata en 1557 y participaron en la rebelión general de 1556-1559, que se extendió también por el Cauca y las vertientes orientales del Magdalena. Junto a paeces y yalcones, sostuvieron durante casi un siglo una guerra fronteriza en la zona limítrofe entre el Nuevo Reino de Granada y la gobernación de Popayán. Fue una frontera interior en el sentido más literal: un espacio disputado donde el poder colonial existía de manera precaria, replegado sobre unos pocos enclaves mineros y villas amuralladas por la costumbre del combate.
La conquista del sur del Tolima no fue un episodio sino un proceso prolongado, ejecutado con matanzas puntuales, esclavizaciones y desplazamientos que redujeron progresivamente a los pueblos originarios. Al final del ciclo colonial, la antigua geografía indígena había quedado reducida a los municipios de Natagaima, Coyaima, Ortega y Purificación, donde los descendientes pijaos y sus lenguas persistieron —cada vez más frágiles— hasta el presente. La memoria de esa resistencia, sin embargo, no se extingue con la demografía: reaparece, siglos después, en la retórica que las guerrillas campesinas del sur del Tolima utilizarán para reclamar la tierra.
Oro, tabaco y hacienda: la economía colonial
Las ciudades españolas del Tolima nacieron por y para la extracción. Ibagué, fundada en 1550 por Andrés López de Galarza en el pie de la Cordillera Central, sirvió como etapa intermedia en el camino a Cartago por la selva del Quindío, a medio camino entre Timaná y Tocaima, los accesos meridionales a Popayán y Santa Fe. La Audiencia justificaba su fundación por la proximidad de las minas de oro: había que poblar la región para el sustento y seguridad de los reales de minas. Honda y Mariquita cumplieron funciones análogas hacia el norte: Honda como puerto sobre el Magdalena, Mariquita como centro minero.
El fundamento geológico del asunto era antiguo. Las rocas metamórficas de la Cordillera Central, extraordinariamente antiguas, habían sido erosionadas durante millones de años, cargando de oro los aluviones de las quebradas y ríos. Ese oro se había aprovechado ya desde el mundo prehispánico; los españoles heredaron el conocimiento del recurso y lo canalizaron hacia las arcas de la Corona. La política de fundaciones en las tierras bajas del Tolima —zonas descritas por los cronistas como pobres en indígenas y alejadas de buenas tierras agrícolas— respondió a esa lógica: el oro multiplicaba las villas donde en otro contexto no habrían tenido razón de ser.
La agricultura colonial se desarrolló en un marco distinto al del Valle del Cauca. El clima seco, la estrechez del valle aluvial y la lejanía de las costas obligaron a una especialización distinta: el tabaco. Junto a las haciendas ganaderas que se extendieron por las llanuras del Magdalena, las explotaciones tabacaleras fueron el segundo pilar de la economía regional, y lo siguieron siendo hasta la Colonia tardía. En el norte del Tolima, este cultivo desembocaría, en el siglo XIX, en el ciclo más brillante y efímero de la historia económica departamental.
Ambalema, sobre la margen izquierda del Magdalena, se convirtió a mediados del siglo XIX en el epicentro del auge tabacalero colombiano. La inserción del país en el comercio internacional se hizo primero a través del tabaco —producido sobre todo en Cundinamarca, Tolima y Antioquia— y solo después mediante el café. Al pueblo llegaron gente emprendedora, capitales, comerciantes extranjeros y bienes suntuarios: subieron por el Magdalena hasta Honda mármol de Carrara, muebles europeos, telas finas. La llamada Casa Inglesa, edificada en ese mármol, quedó como testimonio material del ciclo, que fue significativo hasta mediados de la década de 1870.
Detrás del brillo del comercio internacional había una estructura social que se prolongaría hasta el siglo XX: una minoría propietaria que decidía qué producir y para quién, una masa de trabajadores rurales sin acceso a la tierra, y un territorio ordenado desde afuera —desde Bogotá, desde los puertos, desde Londres— y no desde las necesidades de sus poblaciones. Esa arquitectura extractiva, montada en la Colonia y consolidada en la República, es la que va a heredar el café.
Del tabaco al café: la hacienda como forma social
Cuando el ciclo del tabaco se apagó, el Tolima —como Cundinamarca y Antioquia— se volcó al café. La transición no fue instantánea: en 1874, Santander concentraba todavía el 90% de la producción cafetera nacional, y la participación tolimense y huilense era marginal. Pero a lo largo del siglo XX esa proporción se invirtió, y hacia mediados de siglo Tolima y Huila formaban parte del corazón productivo nacional.
El café tolimense se sembró en las estribaciones de la Cordillera Central, en un piso térmico templado, y adoptó dos formas superpuestas: la pequeña parcela colona —empujada por la colonización antioqueña que descendió del sur de Antioquia atravesando el Nevado del Ruiz hacia Lérida, Ambalema y Honda— y la hacienda cafetera de mayor extensión, sobre todo en Cundinamarca y en las tierras más accesibles del Tolima. Esta hacienda no era una empresa capitalista moderna: era una unidad social organizada alrededor del arrendamiento. Su fuerza de trabajo permanente estaba constituida por arrendatarios que, a cambio de una parcela de pan coger, debían trabajar parte de su tiempo en los cafetales del propietario.
Ese arreglo generó, entre los años veinte y treinta del siglo XX, la mayor movilización agraria del país. Las haciendas cafeteras de Cundinamarca y Tolima fueron el epicentro: allí se concentraron 75 de las 153 agremiaciones campesinas con personería jurídica que existían hasta 1939. Los arrendatarios reclamaban el derecho a sembrar café en sus propias parcelas —lo que rompía el monopolio del hacendado sobre el cultivo exportable—, libre movilidad, pago de las mejoras realizadas y sustitución del trabajo obligatorio por una renta en dinero. Eran demandas concretas, no ideológicas, pero cuestionaban el corazón económico de la hacienda.
Al llano oriental que bordea el Magdalena, dominado por grandes latifundios ganaderos, se sumaba así una montaña cafetera atravesada por conflictos de tenencia. Y en las estribaciones más altas y remotas —sur del Tolima, límites con el Huila y el Cauca— quedaba un tercer paisaje: el de la colonización tardía sobre tierras marginales, hecha por campesinos sin títulos, sobre los que el Estado apenas existía. El mapa del conflicto futuro estaba, en buena medida, ya trazado.
Una república bipartidista: caudillos, herencias y odios
La política tolimense del siglo XIX y comienzos del XX quedó definida por la enemistad entre los dos partidos históricos. En un departamento donde los caudillos regionales pesaban tanto como las estructuras nacionales, la mera invocación de sus nombres en momentos de tensión bastaba para llamar a los tolimenses a las armas. Los combatientes de las guerras partidistas eran, en su enorme mayoría, hijos y nietos de quienes ya habían peleado en las contiendas anteriores: la política se heredaba como se heredaba la tierra o el apellido. Solo el gobierno de Bogotá mantenía —y con frecuencia dejaba romper— la tregua entre los dos bandos.
El Partido Conservador dominó la política departamental hasta 1930, año en que errores de cálculo a nivel nacional permitieron que el poder se les escapara de las manos y se abriera la República Liberal. Ese antecedente es decisivo para entender lo que vendría después: la reacción conservadora tras 1946 no se produjo en un territorio neutral, sino en un departamento que había sido conservador durante casi un siglo y donde el liberalismo local, tras dieciséis años en el poder, había consolidado su propia clientela.
Del Tolima salieron figuras nacionales de primer orden. Manuel Murillo Toro, dos veces presidente en el siglo XIX y arquitecto del liberalismo radical, fue tolimense. También lo fue el general José María Melo, protagonista del golpe de 1854. Alfonso López Pumarejo, dos veces presidente y líder del liberalismo reformista del siglo XX, nació en Honda el 31 de enero de 1886, aunque su hijo Alfonso López Michelsen precisaría más tarde que el nacimiento en la villa tolimense fue circunstancial: la familia era bogotana. Darío Echandía, jurista y político liberal, presidente encargado en momentos críticos, fue chaparraluno.
La memoria antimonárquica y contestataria de la región era antigua. Los tolimenses habían mostrado aversión a la autoridad imperial tanto en 1767, con la expulsión de los jesuitas, como en 1781 en la Revuelta de los Comuneros; la propia independencia había comenzado, allí como en el resto del virreinato, más como protesta contra Napoleón que contra la monarquía española. La Ley de División Territorial del 25 de junio de 1824 incluyó al Tolima entre los departamentos originales de la nueva República. Desde entonces, la vida institucional del departamento osciló entre la lealtad al bipartidismo heredado y una lenta modernización social que en el siglo XX empezaría a chocar con esa estructura política congelada.
1948: cuando la Violencia se instaló en el llano y en la montaña
El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, el 9 de abril de 1948, no fue el comienzo de la violencia tolimense sino su detonante. Las condiciones estaban dispuestas desde antes: el reflujo conservador tras 1946, el conflicto agrario acumulado, la memoria de las guerras civiles, el clientelismo bipartidista y una policía departamental cada vez más partidizada. El Bogotazo, y sobre todo la reacción posterior del gobierno de Mariano Ospina Pérez y luego de Laureano Gómez, con la creación de la policía chulavita como brazo represor conservador, extendió por el Tolima una guerra que combinaría rasgos de guerra civil, guerra agraria y guerra de venganzas familiares.
Un episodio del norte marcó el tono. Tras el 9 de abril, en Armero fue asesinado el padre Pedro María Ramírez; el obispo de Ibagué respondió declarando el entredicho sobre la población durante seis meses, suspendiendo los oficios religiosos y excomulgando a los responsables. La escala del gesto —una ciudad entera excluida de los sacramentos— revela hasta qué punto el conflicto estaba entrelazado con las lealtades primarias, incluida la religiosa.
Las cifras de lo que ocurrió después son abrumadoras. La Gobernación del Tolima estimó 16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin contar los caídos en combates con el Ejército, las masacres colectivas cuyos cadáveres nunca se contabilizaron ni las bajas de las Fuerzas Armadas. Del total de la población departamental, 321.621 personas —el 42,6%— sufrieron desplazamiento forzado, permanente o transitorio. El 42,82% del total de propiedades del Tolima, 40.176 predios pertenecientes a 32.400 propietarios, fueron abandonados; el 46% de esos abandonos se concentró entre 1955 y 1956, en pleno gobierno militar de Rojas Pinilla. Un departamento que en 1946 tenía 656.000 habitantes, con entre el 70 y el 80% de su población en zonas rurales y una tasa de crecimiento anual del 3,4%, quedó demográficamente descuartizado en menos de una década.
El desplazamiento tolimense alimentó el crecimiento de Bogotá e Ibagué, adonde llegaron los expulsados del campo para ubicarse en zonas periféricas o de invasión y emplearse como vendedores ambulantes, obreros de la construcción o servicio doméstico. La urbanización acelerada de Colombia en esos años no puede entenderse sin las cifras tolimenses.
Geográficamente, La Violencia no golpeó por igual a todo el departamento. El norte y la zona central —Rovira, por ejemplo— fueron devastados: allí se documentó una espiral de piromanía, sadismo y represalias, y allí surgieron cuadrillas guerrilleras como la de Leónidas Borja, "El Lobo", líder creado por las circunstancias más que por la ideología. En el sur —Chaparral, Rioblanco, Planadas, Gaitania—, la reacción tomó una forma distinta: se organizaron autodefensas campesinas que, con el tiempo, no se desmovilizarían.
El sur del Tolima: de las autodefensas liberales al comunismo armado
Tras el 9 de abril de 1948, en el sur del Tolima emergieron grupos armados campesinos como respuesta a la violencia de la policía chulavita. Uno de sus jefes iniciales fue Pedro Antonio Marín, un joven campesino de origen quindiano —con vínculos familiares en Génova— que operó en zonas como Rioblanco, Santiago Pérez, Planadas y Gaitania, aliado con Leopoldo García, "General Peligro", y con Efraín Valencia, el "general Arboleda". El 7 de agosto de 1950, día en que Laureano Gómez se posesionaba como presidente, Marín participó en un intento de tomar Génova.
Ese Pedro Antonio Marín adoptaría más tarde el nombre de guerra Manuel Marulanda Vélez, en homenaje a un dirigente sindical asesinado, y sería conocido por su alias combatiente: Tirofijo. Su trayectoria, como la de tantos otros combatientes tolimenses, comenzó en el liberalismo armado y se fue desplazando hacia el comunismo a medida que el Partido Comunista Colombiano organizaba, entre las autodefensas campesinas del sur del Tolima, sus propias estructuras.
El conflicto no era solo con el Ejército y la policía. Dentro del propio bando insurgente se libró una guerra entre las guerrillas de tradición liberal, encabezadas por Gerardo Loaiza, y las que se habían acercado al Partido Comunista, entre ellas la de Isauro Yosa y Jacobo Prías Alape, alias Charro Negro. El 11 de enero de 1960, tres hombres de Loaiza se presentaron en el cuartel general comunista y asesinaron a tiros a Charro Negro. La respuesta desató una guerra intestina cuyo saldo aproximado fue de 50 liberales muertos —entre ellos el propio Loaiza— y 25 comunistas. Fue una fractura decisiva: a partir de ese momento, el liderazgo armado del sur del Tolima quedó definitivamente en manos comunistas, y su horizonte político dejó de ser la reconciliación bipartidista para volverse el de una alternativa antisistémica.
En 1955, todavía bajo el gobierno militar de Rojas Pinilla, la ofensiva contra las guerrillas comunistas del oriente del Tolima —la llamada guerra de Villarrica— produjo dos efectos no previstos por sus estrategas. Primero, el reagrupamiento de los cuadros comunistas armados en el sur del Tolima, con figuras como Charro Negro, Tirofijo, Ciro Castaño e Isauro Yosa. Segundo, marchas campesinas masivas que expandieron los movimientos de autodefensa hacia territorios marginales donde ya existía organización previa desde antes de 1953. En vez de apaciguar el fenómeno, la ofensiva militar lo trasladó y lo consolidó.
De ese proceso emergieron los asentamientos que Álvaro Gómez Hurtado, senador conservador, denunciaría en el Congreso como "repúblicas independientes": Marquetalia, Riochiquito, El Pato, Guayabero. Bajo esa etiqueta, cargada de indignación patriótica, se ocultaba una realidad más matizada. Eran, en efecto, territorios donde el Estado no tenía presencia efectiva, pero no porque los guerrilleros la hubieran expulsado: en gran parte de esa geografía, el Estado nunca había llegado. Gómez Hurtado transmitía las quejas de latifundistas y miembros del clero que no habían podido acceder a esas tierras colonizadas por campesinos desplazados de la Violencia. Detrás del término repúblicas independientes había autodefensas comunistas que combinaban funciones militares con estructuras económicas y sociales autónomas: distribución de tierras, organización comunitaria, formas propias de producción sobre terrenos baldíos.
Marquetalia, 1964: cómo se funda una guerra
La denuncia de Gómez Hurtado se convirtió en política de Estado bajo el gobierno de Guillermo León Valencia (1962-1966). En mayo de 1964, en el marco del Plan Lazo —diseñado por el general Alberto Ruiz Novoa y elaborado con asesoría e instrucción norteamericana durante las fases previas de acción cívico-militar—, el Ejército lanzó la Operación Marquetalia contra el enclave del mismo nombre en el sur del Tolima. El caserío se llamaba, en realidad, hacienda Támara, y allí Pedro Antonio Marín había establecido su campamento con sus hombres; el lugar sería rebautizado posteriormente como Marquetalia en homenaje al pueblo caldense de ese nombre, y hoy se conoce como Villarrica.
La narrativa oficial —la del gobierno y la del propio general Ruiz Novoa— presentó la operación como una intervención quirúrgica exitosa: un despliegue militar concluido "sin que salieran los campesinos". Evaluaciones alternativas contaron otra historia: las principales fuerzas comunistas habían quedado intactas, y la campaña estaba lejos de terminar. Marulanda y la mayoría de sus hombres rompieron el cerco militar y se replegaron. Poco después, el 20 de julio de 1964, proclamaron su Programa Agrario y constituyeron el Bloque Sur. En 1966, en la II Conferencia Guerrillera celebrada en El Pato (Meta), esa organización adoptó el nombre con el que se haría conocida: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.
Dos observaciones son necesarias sobre esa fundación. La primera: el mito originario de las FARC es un ataque del Ejército, no una insurrección guerrillera. La fecha simbólica que la organización adoptó —el 27 de mayo, día de la ofensiva estatal— consagra la lógica según la cual fue el Estado quien produjo, con su intervención militar, aquello que decía combatir. La política de arrasar las "repúblicas independientes" convirtió a autodefensas campesinas de raíz comunista en una guerrilla móvil de vocación revolucionaria, exactamente el proceso que el Partido Comunista Colombiano venía intentando promover desde años antes y que las autodefensas, hasta ese momento, habían resistido con su vocación defensiva y colonizadora. La segunda: el origen tolimense de las FARC no es un detalle biográfico, es una clave estructural. La organización nació en la intersección exacta entre los dos litigios históricos del sur del Tolima y el norte del Cauca: la lucha por la tierra de los indígenas —paeces y pijaos— y la lucha campesina por derechos políticos. Todo lo que vendrá después —cinco décadas de guerra, un proceso de paz en 2016— tiene ese punto de partida geográfico y social.
Colonizaciones y mestizajes: el tejido demográfico
La sociedad tolimense del siglo XX se formó por capas superpuestas de colonización. Los mestizos locales —los "tolimenses puros", herederos de la mezcla colonial entre pijaos, españoles y africanos— habitaban preferentemente las zonas calientes y templadas del valle y las estribaciones bajas. La colonización antioqueña, que descendió del sur de Antioquia atravesando el Nevado del Ruiz en busca del Magdalena y del comercio con Lérida, Ambalema y Honda, se asentó sobre todo en las partes frías del norte del departamento. Cundinamarqueses y boyacenses ocuparon las tierras más altas y los páramos.
Ese tejido diferenciado explica muchas cosas: la fragmentación política del departamento, la diversidad de sus cultivos —café en las estribaciones antioqueñas y locales, ganado en el llano del Magdalena, papa y trigo en los pisos altos—, la coexistencia de acentos y tradiciones. También explica algunas de las líneas por las que se propagó la Violencia: los pueblos de colonización antioqueña, mayoritariamente conservadores, chocaron a menudo con enclaves liberales de tradición local, y esas fricciones se convirtieron entre 1948 y 1958 en frentes de guerra.
Sobre ese fondo social, el siglo XIX construyó una tipología literaria del tolimense que las descripciones de la época repitieron con variantes. José María Vergara y Vergara, en 1867, retrató al tolimense como un tipo de agricultor formal mezclado con un tipo guerrero, poco apto —decía— para las ciencias intelectuales y las artes a causa del clima recio. Otras descripciones lo pintaban como agricultor de carácter manejable, "maleado" por la vena guerrera que le habían dejado siglos de conflicto. Se trata de retratos deudores del determinismo climático de la época, útiles menos como descripción antropológica que como muestra de cómo Bogotá miraba a las tierras calientes: con una mezcla de admiración por su vitalidad y de desconfianza por su capacidad de rebelión.
Culturalmente, el Tolima aportó a la nación un repertorio musical central. El bambuco, aire de mayor dispersión en la zona andina colombiana, es común a trece departamentos, entre ellos Tolima y Huila, y conjuga melodías de tradición indígena con ritmos varios. El sanjuanero y el bunde tolimense —tonadas mestizas de la zona cordillerana— se convirtieron en marcas identitarias del departamento y del vecino Huila. En Ibagué, el Conservatorio del Tolima constituyó un centro de formación musical de larga trayectoria, con un conjunto orquestal adscrito. El dueto Emeterio y Felipe Los Tolimenses fijó en el imaginario nacional una versión popular de la identidad regional, entre el humor campesino y la nostalgia rural.
La huella y las cuentas pendientes
Del Tolima salieron dos productos históricos aparentemente contradictorios: la República liberal moderna, con figuras como Murillo Toro, López Pumarejo y Echandía, y la guerrilla más antigua de América Latina. Esa doble filiación —el estadista bogotano nacido circunstancialmente en Honda y el campesino de Génova convertido en Marulanda— no es un accidente: expresa la tensión estructural del departamento entre una élite terrateniente conectada con Bogotá y una masa rural con acceso precario a la tierra, entre la modernización parcial de sus ciudades y el abandono estatal de sus periferias.
La lectura habitual sobre la violencia colombiana suele oscilar entre dos explicaciones incompletas. La primera atribuye todo a las estructuras: al latifundio, a la hacienda cafetera, al bipartidismo excluyente. La segunda lo atribuye a los individuos y a los accidentes: al asesinato de Gaitán, a las decisiones tácticas de Marulanda, al arrebato de una escaramuza. El Tolima no permite quedarse en ninguno de los dos extremos. Sin la estructura agraria colonial persistente —el llano latifundista, la hacienda cafetera con sus arrendatarios, la economía extractiva que había ordenado el territorio desde el siglo XVI— la violencia no habría encontrado su combustible. Pero sin decisiones contingentes —la creación de la policía chulavita, la ofensiva de Villarrica en 1955, el asesinato de Charro Negro en 1960, la Operación Marquetalia en 1964— esa potencialidad estructural no se habría convertido en el conflicto armado más duradero del continente.
Hay otra manera de mirarlo. Las cifras del abandono de predios y del desplazamiento durante La Violencia sugieren que el motor real de la guerra no fue el odio entre partidos, sino la disputa por la tierra: el conflicto que ya se había expresado abiertamente en las movilizaciones de arrendatarios cafeteros de los años veinte y treinta encontró, después de 1948, el lenguaje disponible del enfrentamiento bipartidista para librarse a plena escala. El liberalismo y el conservadurismo no fueron las causas de la Violencia, sino los idiomas en los que se libró una guerra agraria más profunda. Es una hipótesis interpretativa, pero se sostiene sobre el hecho contundente de que el 42,82% de las propiedades del departamento cambió —transitoria o permanentemente— de manos en una década.
Al terminar el siglo XX y entrar en el XXI, el Tolima seguía siendo un departamento marcado por sus fracturas. Sus ciudades intermedias —Ibagué como capital, Espinal, Honda, Chaparral, Líbano— se modernizaron con desigualdad. Sus zonas rurales alternaron años de expansión cafetera y arrocera con episodios recurrentes de conflicto armado y desplazamiento. Armero, sepultado dos veces por el mismo volcán, quedó como el recordatorio material de una relación no resuelta con la geografía. El proceso de paz de 2016 con las FARC —organización nacida en Marquetalia— cerró el ciclo abierto en 1964, pero dejó en pie la pregunta que subyace a todo el recorrido: si el Estado, que llegó al sur del Tolima primero como conquista y luego como operativo militar, aprendería alguna vez a llegar también como institución.
El Tolima, en la historia de Colombia, no es un capítulo. Es la costilla donde muchos capítulos se articulan: la resistencia indígena que definió una frontera interior, la economía extractiva que ordenó el territorio, el bipartidismo que heredó los odios, la Violencia que expulsó a medio departamento, la guerra contemporánea que allí encontró su cuna. Un país que quiera entenderse a sí mismo tiene que pasar, tarde o temprano, por este corredor entre las dos cordilleras.
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Documentos y fragmentos citados
58 documentos · 75 fragmentos01Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 220, 2212 citas
[1]Cesar, la tierra de Francisco el Hom- bre. La cordillera Central muere. Termina el valle del Magdalena. Comienza el Magdalena bajo y, con este, la llanura. El rio del Tolima En el Tolima el Magdalena recibe su primer gran tributa- tio: el Netaima, asi llamado por los soberbios y belicosos pijaos, y bautizado Saldana…
p. 221
[26]su actitud es de burla a los contempladores. Ahi estan, sencillamente, majestuosos, hieraticos, desde- fiosos, misteriosos, burlones. Estos brochazos del Tolima y el Huila tienen que ser dis- persos y truncos. Aqui no caben ni el proceso colonizador, con la fundacién de ciudades y pueblos; ni narraciones acerca de…
p. 220
02Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 541 cita
[2]general, los volcanes de la cordillera Central han sido constituidos por lavas félsicas y los de la Occidental por lavas maficas. Volcanes de Colombia Se han descubierto cerca de 45 volcanes en las cor- dilleras Central y Occidental, pero sélo unos pocos son activos. La mayoria de estos volcanes son de origen reciente…
p. 54
03La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 181 cita
[3]el hierro de la fragua, que parecían estrellas erráticas; daban algunas sobre ellos, y sobre sus caballos, que no los inquietaban poco... Una segunda lluvia de cenizas "del oriente" cayó sobre Cartago y el Chocó el 14 de marzo de 1805, cubriendo las plantas con una ceniza negra en Anserma.6 La inundación de lodo de…
p. 18
04Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 542 citas
[4]a las poblaciones cercanas, destacándose las ciudades de Túque- rres, Ipiales y Pasto, además de numerosas pobla- ciones menores. En el Cauca y Huila se hallan activos los volcanes Puracé y Huila. Las áreas de influencia y de amenaza son similares a las de Nariño; sin embargo, en el Nevado del Huila, el hecho de…
p. 54
[5]a las poblaciones cercanas, destacándose las ciudades de Túque- rres, Ipiales y Pasto, además de numerosas pobla- ciones menores. En el Cauca y Huila se hallan activos los volcanes Puracé y Huila. Las áreas de influencia y de amenaza son similares a las de Nariño; sin embargo, en el Nevado del Huila, el hecho de…
p. 54
05Colombia bizarraPirry · 2022 · p. 1301 cita
[6]los comandos satélites, que pocos sabían dónde estaban. Las autoridades encontraron suficiente evidencia para que la Corte pudiera condenar a la política. Lo que pasó después con Merlano, su fuga y recaptura en Venezuela, es un novelón que merece capítulo aparte. L EL BUSCADOR DE LOS NIÑOS PERDIDOS DE ARMERO a…
p. 130
06Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 2221 cita
[7]that Guajira won the crown in compensation for the theft of coal, salt, and natural gas taken from the peninsula by foreign companies. The 1985 pageant ended clouded by the smoke from the ruins of the Palacio de Justicia, with no public disorder and no reinas crying following the pageant judgments.66 Continuous earth…
p. 222
07Colombia: bosquejo de su geografía tropical vol. IIErnesto Guhl · 2018 · p. 3071 cita
[8]de Neiva. El valle del Magdalena al norte de Neiva (472 msnm), es seco y semiestepario, y se dedica en buena parte a la ganadería extensiva. Las cordilleras —especialmente la Oriental— mues- tran una intensa erosión en este trayecto. En los alrededores de Neiva y al sur de la misma cambia el ambiente, y aparecen…
p. 307
08Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 411 cita
[9]los basaltos, con sus agudas aristas en las que silba el viento de las alturas. Primero aparece el cono aislado del Tolima, luego el Quindío, con su punta roma, el Santa Isabel y el Cisne, de nieves intermitentes y, por último, el imponente nevado del Ruiz, con sus 5.400 metros de altura. Más al norte, el macizo…
p. 41
09When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · p. 26, 302 citas
[10]true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best effort at…
p. 26
[70]the cry heard often in Tolima during the Revolt of the Comuneros. 14 As major landmarks in the political life of late-eighteenth-century Tolima, the Jesuit expulsion and the Comunero revolt were most significant for the reaction they failed to evoke. Those events did not trigger any popular outcry against the king,…
p. 30
10When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 39, 786 citas
[11]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…
p. 39
[12]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…
p. 39
[13]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…
p. 39
[34]of political issues in early-twentieth-century Tolima. Ghosts of the old caudillos walked the land, and the mere invoking of their names in moments of stress was all that was required to send tolimenses to arms. Combatants were, in most cases, the sons and grandsons of men whose heroics in times past were cherished…
p. 78
[35]of political issues in early-twentieth-century Tolima. Ghosts of the old caudillos walked the land, and the mere invoking of their names in moments of stress was all that was required to send tolimenses to arms. Combatants were, in most cases, the sons and grandsons of men whose heroics in times past were cherished…
p. 78
[36]of political issues in early-twentieth-century Tolima. Ghosts of the old caudillos walked the land, and the mere invoking of their names in moments of stress was all that was required to send tolimenses to arms. Combatants were, in most cases, the sons and grandsons of men whose heroics in times past were cherished…
p. 78
11Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 771 cita
[14]el Nuevo Reino. Estas familias un í an la heren cia de la Conquista y la riqueza con el entronque con funcionarios reales y creaban redes muy amplias de consanguinidad, que perdu raron como una de las formas principales de poder en el siglo xix. As í, los criollos se blanqueaban al unirse con espa ñ oles sin sospecha…
p. 77
12Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 301 cita
[15]argumento de que no era necesario tener tantos “miramientos” con Sagipa, como con un cristiano. Lo que es claro es que los participantes no dudaban del derecho a aplicar toda la violencia al cacique para obligarlo a entregar sus tesoros. Esta confianza ya no aparece, por ejemplo, en Pedro Simón, que escribía casi 100…
p. 30
13Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 931 cita
[16]anónimo, eran producto del trabajo indígena sometido. Sin embargo, Balboa dejó, como caso excepcional, que los indígenas convivieran en la ciudad con los es- pañoles. Así era más difícil que grupos rebeldes ata- caran Santa María la Antigua, por temor a matar a coterráneos suyos. Los éxitos militares de Balboa, a…
p. 93
14Tres culturas, tres familias y otros ensayosEstanislao Zuleta · p. 391 cita
[17]de la dominación seño- rial de una población aborigen, ya desarrollada desde el punto de vista agrícola y previamente organizada en tor- no de sus jefes. Para que una tribu pueda ser derrotada se necesita, antes que todo, que esté unida y que tenga jefes. Los pijaos, por ejemplo, no podían ser derrotados porque sus…
p. 39
15Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2311 cita
[18]jueces de comisi ó n, cuyas actuaciones eran casi siempre rechazadas por los vecinos del lugar. Aun dentro del Nuevo Reino, Tunja y Santa Fe rivalizaron durante todo el siglo xvi como centros de poder, y s ó lo visitas sucesivas de los oidores (o visitas de la tierra) lograron coartar a la postre una actitud muy…
p. 231
16Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1181 cita
[19]más allá del núcleo inicial del Nuevo Reino se ejercía mediante jueces de comisión, cuyas actuaciones eran casi siempre rechazadas por los vecinos del lugar. Aun dentro del Nuevo Reino, Tunja y Santa Fe rivalizaron durante todo el siglo xvi como centros de poder, y sólo visitas sucesivas de los oidores (o visitas de…
p. 118
17Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1061 cita
[20]La evolución de esta enorme y poderosa región hasta finales del siglo XIX estuvo determinada por los ciclos de la producción minera en sus zonas de influencia y por el desa- rrollo de las haciendas, basado en el trabajo de la mano de obra esclava. El poder y la riqueza que alcanzó a acumular hicieron de Popayán y de…
p. 106
18Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 351 cita
[21]ubicada a medio camino entre Timaná y Tocaima, los accesos a Popayán y Santa Fe. Ibagué sirve de etapa intermedia en el recién descubierto cami no a Cartago, a través de la selva del Quindío (v. Mapa 2). En el caso de Ibagué existía un interés suplementario para su fundación. Según la Au diencia, la región estaba...…
p. 35
19Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 cita
[22]se configu- raron los rasgos de las principales conflictividades y tensiones sobre el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra que estuvieron en las raíces del conflicto armado interno. Las fundaciones coloniales provocaron una ruptura violenta en el ordenamiento territorial existente. No respondían a…
p. 44
20Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 1822 citas
[23]que afecta el centro del sistema. Los conquistadores europeos encontraron en este sistema grupos indígenas numerosos y difíciles de someter y en su extremo sur se han hallado esculturas prehispánicas de gran interés, todo lo cual puede indicar que en ese entonces los servicios ambientales eran suficientes para…
p. 182
[24]sistema. Los conquistadores europeos encontraron en este sistema grupos indígenas numerosos y difíciles de someter y en su extremo sur se han hallado esculturas prehispánicas de gran interés, todo lo cual puede indicar que en ese entonces los servicios ambientales eran suficientes para sostener la vida humana. La…
p. 182
21Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1701 cita
[25]por Cundinamarca, Boyacá, Santander y Tolima, este último integrado comercialmente con los demás. En Cun- dinamarca y Boyacá predominaron las haciendas agríco- las y ganaderas, que emplearon una considerable pobla- ción indígena bajo relaciones principalmente serviles; Tolima sobresalió por sus haciendas ganaderas y…
p. 170
22La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3421 cita
[27]manera de acceder a la propiedad, aunque significara una confrontación con los grandes propietarios y con el Estado. Pero fue a través de la fabricación de productos de exportación como se llevó a cabo la inserción de la economía al comercio internacional y a la modernización, primero, con la producción de tabaco y,…
p. 342
23Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 2811 cita
[28]ahora, el expendio de café era algo prácticamente desconocido en el país hacia 1850, donde el té y el chocolate eran bebidas más comunes. Los primeros cálculos de la producción cafetera colombiana da- tan de 1874. Para ese año, la cosecha total fue de unos 114 mil sacos, de los cuales el 90% provino de Santander. El…
p. 281
24Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 2391 cita
[29]de los conflictos (sobre lo cual existe, por lo demás, una amplia al campesino cafetero como un héroe nacional. El proceso de renovación, basado en los cultivos de caturra, se iniciaría en los años sesenta, tomando un gran impulso en la década del se- tenta. Cambios en la estructura de la producción Las haciendas…
p. 239
25Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 4101 cita
[30]a comienzos de los años treinta y, ante todo, lograron articularse con los nuevos movimientos políticos, lo que amplificó considerablemente el impacto de sus luchas. El epicentro de los conflictos fue la zona cafetera de Cundinamarca y Tolima. En efecto, si se mide tomando como punto de referencia los sindicatos…
p. 410
26La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 60, 1202 citas
[31]de los Llanos; la occidental por Caldas, Valle, el norte del Cauca; y la nor-occidental, por Antioquia, Chocó, el sur de Córdoba y parte de Bolívar. Zona Central La zona central, una de las más azotadas por la violencia, se caracterizó especialmente por la piromanía y el sadismo. El Tolima presenta grandes latifundios…
p. 120
[33]Ninguna zona del sector central del Tolima tan devastada como la de Rovira. ¿Causas? La exacerbación política como mística de masas y centro máximo de convergencia de las inquietudes de la comunidad. El resultado inmediato fue la organización de cuadrillas de exaltados pro-gobiernistas y, como reacción contra sus…
p. 60
27¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 701 cita
[32]de la Gobernación del Tolima, La Violencia en el Tolima (Ibagué: Gobernación del Tolima, 1959). humano” que dejó La Violencia. En primer lugar, estimaron “16.219 muertos entre 1949 y 1957, sin incluir los muertos habidos con fuer- zas regulares del Ejército, ni en masacres colectivas, que generalmente eran abandonados…
p. 70
28Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1271 cita
[37]conflicto, salvo poner dos entradas a los lados de cada iglesia, una puerta roja para los liberales y una azul para los conservadores. Algunas partes del país, incluyendo la Costa Caribe y ciertas ciudades del interior, como Honda, lograron mantenerse al margen del conflicto, pero en las regiones más azotadas por la…
p. 127
29Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 661 cita
[38]de Ibagué castigó a la po- blación declarándola en entredicho por seis meses. Nadie podía ingresar al Capítulo 3 69 templo, y fueron suspendidos los ofi- cios religiosos. También promulgó la excomunión para los autores materia- les, intelectuales y cómplices del ase- sinato. El mismo viernes en la tarde fue in- vadida…
p. 66
30A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 11, 164 citas
[39]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
[40]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
[42]candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…
p. 16
[43]candidato a la Alcaldía de Rioblanco—y estaban aliados con otros dos jefes liberales: Leopoldo García, alias Peligro, y Efraín Valencia, alias general Arboleda. Marín incursionó con sus hombres — varios paisas como Mundoviejo y Llave- seca—por las cuencas de los ríos Ata y Cambrín, y organizó a sus hombres en la…
p. 16
31Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 4031 cita
[41]some peasants from among those driven out of the municipios of Chaparral, El Líbano, and Rovira, in central and northern Tolima (to mention only three localities for which there is data). Military fortification began in these regions before 1953, and political organization solidified between 1953 and 1955, the year in…
p. 403
32Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 411 cita
[44]contra el Secretariado de las farc en Casa Verde y de agresión militarista contra el movimiento popular en todo el país” 32. Resulta necesario preguntarse entonces, ¿a qué guerras se están refiriendo las farc, con antelación a su momento de creación? Las “cuatro guerras” que han marcado los orígenes de las farc se…
p. 41
33Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1822 citas
[45]independientes” comunistas, comenzando por la más antigua y numerosa: 10 Robert H. Dix, Colombia: The Political Dimensions of Change (New Haven: Yale University Press, 1967), 279-280; Eduardo Pizarro Leongómez, “Revolutionary Guerrilla Groups in Co- lombia”, en Charles Bergquist, ed., Violence in Colombia: The…
p. 182
[46]independientes” comunistas, comenzando por la más antigua y numerosa: 10 Robert H. Dix, Colombia: The Political Dimensions of Change (New Haven: Yale University Press, 1967), 279-280; Eduardo Pizarro Leongómez, “Revolutionary Guerrilla Groups in Co- lombia”, en Charles Bergquist, ed., Violence in Colombia: The…
p. 182
34La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 84, 852 citas
[47]cafetero, donde la siembra del plátano se hacía para que durara diez, quince o treinta años. Tierra de plátanos. La yuca muy buena, lo mismo el frijol, el café, la caña. Tierras buenas... Los tíos en cambio poseían fincas de cien, cien- to cincuenta, doscientas hectáreas, cafeteras; cultivadas en pasto, caña”. Pedro…
p. 85
[48]hacía para que durara diez, quince o treinta años. Tierra de plátanos. La yuca muy buena, lo mismo el frijol, el café, la caña. Tierras buenas... Los tíos en cambio poseían fincas de cien, cien- to cincuenta, doscientas hectáreas, cafeteras; cultivadas en pasto, caña”. Pedro Antonio Marín razonaba, según Alape: “Por…
p. 84
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 631 cita
[49]un grupo armado para comenzar a hacerle frente a esa violencia. Muy pronto corrió el rumor de en qué estábamos nosotros y comenzaron a llegar muchachos dispuestos a la pelea. Fue en poco tiempo que pudimos conformar un núcleo de cincuenta hombres, pero hombres desarmados. Y ese era el próximo paso, conseguirnos las…
p. 63
36Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 921 cita
[50]tenía “el respaldo del Partido Comunista”. Añade que “según informaciones de Jorge Arboleda al hacenda- do Tomás Ramos quien confidencialmente las suministró a la Seccional”, el asalto del Charro se prepara en una finca de Neiva. 30 ¿Por qué se enredó el acuerdo? A pesar de las intenciones políticas del liderazgo…
p. 92
37Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 4231 cita
[51]the redistribution of weapons taken in battle, returned home with a rifle he had liberated. Months later a communist patrol happened on the man, whose nom de guerre was El Diablo, and, acting on Charro Negro’s instruction, confiscated the rifle. That infuri- ated Gerardo Loayza, who vowed to avenge the crime against…
p. 423
38Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1001 cita
[52]destacamentos embrionarios y los grupos guerrilleros liberales, comandados por Gerardo Loaiza; se creó el Comando del Davis en lo alto del cañón del Cambrín, y se conformó un estado mayor unificado. Entre 1949 y 1964, el PCC, en consonancia con los cambios de la situación política nacional, va a desarrollar una…
p. 100
39La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 361 cita
[53]Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano Gómez, como “repúblicas independientes” en las que el Estado no ejercía ningún control. Y se convirtieron en un objetivo militar. En mayo de 1964, bajo el gobierno del también conservador Guillermo León Valencia, el Ejército lanzó una operación para acabar con el reducto…
p. 36
40El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 992 citas
[54]como su padre Laureano, durante un discurso en el Senado habló de la existencia de unas regiones conocidas como Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero, situadas en la vertiente de la cordillera Central, al sur del departamento del Tolima. Las trataba de “repúblicas independientes”, al asegurar que quienes…
p. 99
[55]como su padre Laureano, durante un discurso en el Senado habló de la existencia de unas regiones conocidas como Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero, situadas en la vertiente de la cordillera Central, al sur del departamento del Tolima. Las trataba de “repúblicas independientes”, al asegurar que quienes…
p. 99
41Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · p. 2241 cita
[56]Chiquita, El Pato and Guayabero. As a governmental plan for controlling them, the Lazo Plan was put into action. The development of this plan includes several tactical steps. The first is the psychological war which embraces the “civic-military action” consisting of programs of aid to the peasants through army…
p. 224
4230 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 2191 cita
[57]de fundación fueron: ELN, 1962; Farc, 1964; EPL, 1967; M- 19, 1970. El M-19 se desmovilizó en 1990, el EPL en 1991 y las Farc-Ep en 2016. Todos fueron producto de la revolución cubana. Y, con alguna excepción, a partir de los años ochenta encontraron en el narcotráfico su fuente de financiamiento y expansión,…
p. 219
43Una guerra sin edad. Informe nacional de reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado colombianoCentro Nacional de Memoria Histórica; Katherine López Rojas (coord.); Andrés Felipe Aponte; Carolina Lozano Rodríguez; Linda Lorena Sánchez Avendaño · 2017 · p. 671 cita
[58]joven de 15 años. (…) me dice: Este muchacho y yo hemos decidido que él se va con ustedes, (…). Recordé en seguida (…) que era hermano de un guerrillero muerto (…), -¿Por qué causa te vas con nosotros? –le pregunté–. La explicación, (…): Quiero ser hombre respetado y querido por todos como mi her- mano. Él sabía…
p. 67
44Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 311 cita
[59]de Abril (M-19), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) o la guerrilla indigenista Quintín Lame (QL). APARICIÓN E HISTORIA DE LAS FARC, 1964-1998 Como se explicaba, las FARC toman el ataque sobre la República de Marquetalia del 27 de mayo de 1964 como su mito fundacional, si bien esta denominación no aparece…
p. 31
45Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · p. 2441 cita
[60]el propósito de convertir las autodefensas campesinas en la guerrilla del partido dentro de la estrategia de combinación de todas las formas de lucha (Pizarro, 1991). Uno de estos asentamientos campesinos, Marquetalia, se constituyó en la esencia del mito fundacional de las FARC. Se trataba de una comunidad campesina…
p. 244
46Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 101 cita
[61]All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. AN OVERVIEW OF THE FARC-EP 11 social structures independent of centralized state powers (Simons, 2004: 42; Ramírez Tobón, 1981; Gilhodés, 1970; Guzmán Campos, Fals Borda, Umaña Luna, 1964; 1962). At the beginning of the 1950s, increased migrations of peasants and…
p. 10
47No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 671 cita
[62]la colonia agraria comunista, con estrategias de guerra como los bombardeos, desencadenó grandes desplazamientos forzados en regiones como el Sumapaz. El siguiente mapa da cuenta de esos desplazamientos, las distancias entre los lugares de salida y llegada, y estrategias de comunicación y resistencia como la llamada…
p. 67
48Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · p. 2061 cita
[63]former liberal guerrilleros, such as “Peligro”. We entered Marquetalia without the peasants having to be evac- uated. In December 1965, the last operation in El Pato and Guayabero was undertaken 22 (Ruiz N. 1992 Apud Leal B. 2002: 44) 21 In the original: “Como se ha mostrado cierta extrañeza porque el Ministro de…
p. 206
49Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 2831 cita
[64]después, en una ceremonia cargada de simbolismo y triunfalismo, en presencia de ministros del despacho, del comandante de las Fuerzas Militares, general Gabriel Rebeiz Pizarro, y de altos mandos militares se cantó el Himno Nacional y se izó la bandera de Colombia como muestra del ejercicio de soberanía sobre todo el…
p. 283
50Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 281 cita
[65]neivano era descrito como un tipo fruto de la diversidad productiva, las descripciones sobre los habitantes del Estado y del departamento del Tolima se concentraron en señalar un tipo dedicado a la agricultura y a la ganadería. La cría de ganados y caballos y el cultivo de cacao, de tabaco y, más adelante en forma…
p. 28
51Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1511 cita
[66]de la zona andina Las tonadas y cantos mestizos de la zona andina o cordillerana son on- ce: bambuco, torbellino, guabina, rajaleña, sanjuanero, guaneña, bun- de tolimense, caña y cañabrava, vueltas antioqueñas y fandanguillo criollo, pasillo y danza criolla. El de mayor dispersión es el bam- buco, que cubre trece…
p. 151
52Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 2971 cita
[67]Matza, y actualmente por el joven santandereano Sergio Acevedo, con estudios en Bogotá y Viena. Adscrito al Conservatorio del Tolima ha funcionado un conjunto or- questal hasta el presente. En Barran- quilla, el maestro italiano Pedro Biava —ya citado— mantuvo durante años una meritoria orquesta. En Bogotá han surgido…
p. 297
53Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2631 cita
[68]El Totumo, volcán de, 37, 107 El Valle, 110, 610 Elhuyar, Luciano d', 330, 365 Eliot, Thomas Stearns, 721, 726 Embera, etnia indígena, 199, 639, 641, 642, 643, 644, 896, 897, 907 Embera, lengua, 643 Embera-Chami, etnia indígena, 639, 640, 643 Embera-Epera, etnia indígena, 632, 640, 643 Embera (Epera)-Awa, área…
p. 263
54Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 331 cita
[69]Terri- torial Division Law” of June 25, 1824 (Ireland 1938). There were nine origi- nal departments (then called sovereign states) in what is today the north of Colombia and Panama (Antioquia, Bolívar, Cauca, Cundinamarca, Magda- lena, Panama, Santander, and Tolima; see Figure 2.4). When Simón Bolívar died, in 1830,…
p. 33
55Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2131 cita
[71]desempeñarse en los más altos cargos. "La leyenda que él mismo contribuyó a difundir, Alfonso López Pumarejo Alfonso López Pumarejo 233 F ue un accidente el que hubiera nacido en Honda. Mi abuelo, Pedro A. López, era bogotano raizal. Los restos de su padre, Ambro- sio López, el organizador de las Ligas Demo- cráticas…
p. 213
56La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 1281 cita
[72]ciudad, desconociendo inicialmente la Cédula Real de los Aranzazu. El mencionado camino, en realidad, estaba marcando la ruta más importante que habían seguido los coloni- zadores en su formidable gesta, puesto que era la vía de penetración que venía desde el sur de Antioquia, hacia lo que hoy son los departamentos de…
p. 128
57Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 21, 262 citas
[73]su la Colección del periódico “ El Cronista ”, también, aunque de manera más escasa, se pueden apreciar ciertos sucesos de mujeres que están relacionadas con hechos sobre la Violencia y que resultan ser también importantes para este trabajo. Por último y, marginalmente, se cita la prensa periódica, en la que se…
p. 21
[74]que llegó bastante población desplazada y amnistiada por políticas gubernamentales. Muchos de ellos llegaban a donde familiares, pero al poco tiempo, se ubican en zonas periféricas o sitios de invasión para trabajar como vendedores ambulantes, en construcción, servicio doméstico u otros oficios ocasionales. 1.3…
p. 26
58Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1281 cita
[75]la ex- presion de la crisis que aquejaba originalmente al este y al sur del pais y que a mediados del siglo se generaliza con intensidad variable en todo el terri- torio andino nacional. Esta anemia demografica contrastaba con el empuje de las tierras célidas. En efecto, las llanuras de la Costa Atlantica, los Llanos…
p. 128