José Gonzalo Sánchez
Regeneración
La biografía
En la genealogía del movimiento indígena colombiano, José Gonzalo Sánchez ocupa un lugar incómodo y central: fue el segundo nombre —a veces el tercero— en un triunvirato que, entre 1915 y 1930, sacudió los resguardos del sur del Tolima y el norte del Cauca reclamando tierras, cabildos y autogobierno; y fue, casi al mismo tiempo, uno de los pocos dirigentes indígenas que dio el salto al socialismo revolucionario y al comunismo, cuando esas siglas apenas empezaban a existir en Colombia. Su trayectoria enlaza dos historias que rara vez comparten página: la de los resguardos paeces y pijaos que se defendieron del despojo latifundista, y la del Partido Socialista Revolucionario, que en 1926 quiso darle nombre marxista al malestar campesino y obrero. Sánchez estuvo en las dos, y esa doble pertenencia —traducción política más que conversión ideológica— explica al mismo tiempo su relevancia y su borrado.
Línea de vida
- 1915
Inicio del levantamiento social indígena en Tolima y Huila
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Sánchez emerge como colíder junto a Manuel Quintín Lame en el ciclo largo de movilizaciones por la recuperación del resguardo de Ortega y Chaparral, disuelto por presión de los latifundistas del sur del Tolima.
- 1924
Fundación del Consejo Supremo Indígena
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Junto a Quintín Lame y Eutiquio Timoté, Sánchez forma el Consejo Supremo Indígena en el Tolima, funda el pueblo de San José de Indias y emprende la reconstitución de los resguardos de Natagaima, Velú, Yaguará y Coyaima. Durante el resto de la década el triunvirato logra contener el avance de los terratenientes blancos.
- 1926
Contacto con el Partido Socialista Revolucionario y ruptura con Lame
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Sánchez y Timoté entran en contacto con el PSR, fundado en noviembre de 1926, radicalizando la lucha indígena tolimense con tomas de tierras y rechazo de obligaciones fiscales en haciendas. La discordia política con Lame, que permanece conservador, pone fin a la colaboración del triunvirato.
- 1930
Incorporación al Partido Comunista
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Cuando el PSR se transforma en Partido Comunista en julio de 1930, Sánchez y Timoté se incorporan al nuevo partido. Al identificarse con el comunismo, ambos pierden su base de seguidores indígenas, pues pocos estaban dispuestos a hacerse comunistas.
- 1930
Desplazamiento al Cauca e impulso de las Ligas Campesinas
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Desde Silvia, Sánchez impulsa las Ligas Campesinas en el Cauca con sede en la vereda de Zumbico, municipio de Jambaló, llamada 'el templo de la revolución para los resguardos indígenas'. Trabaja con comunidades nasa y misak durante toda la década de los treinta.
- 1937
Delegado en la Conferencia de Yaguará y manifestación en Chaparral
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Sánchez actúa como delegado en la Conferencia de Yaguará, que culmina con la constitución de la Federación Regional Indígena del Sur del Tolima y una manifestación en Chaparral, escenario de las luchas fundacionales de veinte años atrás.
La semblanza
José Gonzalo Sánchez fue un dirigente indígena tolimense que emergió, hacia mediados de la década de 1910, como colaborador de Manuel Quintín Lame Chantre en el ciclo largo de movilizaciones por la recuperación del resguardo de Ortega y Chaparral. Con Lame y con Eutiquio Timoté —a quien algunas grafías llaman Timonte— integró en 1924 el Consejo Supremo Indígena, la instancia que intentó reconstituir varios resguardos del sur del Tolima y fundó el pueblo de San José de Indias. Cuando la coalición se rompió por la deriva política de Sánchez y Timoté hacia el comunismo, mientras Lame permanecía conservador, Sánchez desplazó su actividad al Cauca, donde en la década de 1930 impulsó las Ligas Campesinas desde Silvia con sede en la vereda de Zumbico, en el municipio de Jambaló. Volvió al Tolima como delegado de la Federación Regional Indígena del Sur del Tolima en la Conferencia de la Liga Indígena de Coyaima, celebrada en los primeros días de enero de 1937.
Lo decisivo para leer su figura es que no fue un indígena que se hiciera socialista y abandonara la causa del resguardo, ni un cuadro socialista que descubriera la cuestión indígena como táctica: fue las dos cosas simultáneamente, y esa simultaneidad —difícil de encajar en las historias oficiales del indigenismo o de la izquierda— es su verdadero legado. Junto a María Cano, Ignacio Torres Giraldo y Erasmo Valencia, aparece mencionado entre los luchadores que surgieron del movimiento campesino y obrero de los años veinte, pero su nombre nunca alcanzó la difusión de aquellos ni el peso simbólico de Lame. Es, en el sentido más literal, un dirigente puente: el que hace posible el tránsito entre dos mundos organizativos y desaparece, precisamente, porque los mundos que unió terminaron dándose la espalda.
Los orígenes tolimenses y la irrupción de 1915
La biografía temprana de Sánchez es un contorno más que un retrato. Era indígena tolimense y hacia 1915 ya actuaba junto a Quintín Lame en el levantamiento social indígena de Tolima y Huila. Ese año inaugura el ciclo largo de resistencia que se prolongaría hasta las primeras décadas del siglo. Su surgimiento coincide con la última fase de la Regeneración conservadora y con una coyuntura agraria específica: la expansión cafetera del primer tercio del siglo XX, que trajo consigo una intensa colonización de las tierras del sur del Tolima, incluidas las aledañas a los resguardos.
El resguardo grande de Ortega y Chaparral había sido disuelto por presión de los latifundistas del sur del departamento, y su recuperación se volvió la bandera del movimiento. Lame, autodidacta erudito y con conocimientos elementales de derecho, combinaba dos frentes: el litigio jurídico —peticiones, memoriales, invocación de la Ley 89 de 1890, aprobada por los conservadores y que había frenado parcialmente la disolución de la propiedad colectiva indígena— y las acciones de hecho para recuperar tierras despojadas. Sánchez lo acompañaba en esa doble estrategia, aunque las lecturas tolimenses tienden a subrayar la figura de Lame y a dejar la de Sánchez en un segundo plano. La huella escrita de Lame es abundante; la de Sánchez, casi nula. Esa desproporción de papel viene de lejos y pesa sobre cada intento posterior de reconstruir su itinerario.
El escenario mayor de Lame en esos años fue el Cauca. Allí, las movilizaciones alcanzaron su punto más alto con la ocupación de Inzá en noviembre de 1916, donde se produjo el saqueo del comercio y fue proclamado el llamado Gobierno chiquito de Tierradentro, tras un enfrentamiento con indígenas antiquintinistas al mando de Pío Collo en el que murieron seis personas. La etapa terminó con la captura de Lame cerca de Popayán el 10 de mayo de 1917. Es en esos años cauchanos —entre Tierradentro, Belalcázar e Inzá— cuando se forjó su prestigio como caudillo indígena; y es probable que Sánchez conociera de cerca aquel repertorio de proclamas, ocupaciones y resistencias antes de reconstruir la red al otro lado de la Cordillera Central.
La reivindicación que unía ambos flancos era estructural: la lucha por los resguardos paeces y pijaos, y la lucha campesina por derechos políticos. Sobre esa doble demanda —territorio colectivo y ciudadanía plena— Sánchez y Lame trabajaron durante más de una década sin llegar todavía al vocabulario del socialismo. El horizonte era el resguardo, no el partido.
El Consejo Supremo Indígena de 1924
1924 marca la primera cristalización organizativa de esa red. Ese año, Quintín Lame, José Gonzalo Sánchez y Eutiquio Timoté formaron el Consejo Supremo Indígena, un órgano de coordinación regional cuyo objetivo era reconstituir jurídica y territorialmente los resguardos disueltos del sur del Tolima. A través de él fundaron el pueblo de San José de Indias y emprendieron la reconstitución de los resguardos de Natagaima, Velú, Yaguará y Coyaima.
La empresa fue notable por varias razones. Supuso un salto de escala, al pasar de la resistencia localizada de una comunidad concreta a una instancia supracomunal que articulaba varios resguardos bajo una misma dirección. Combinó el litigio y la fundación, pues no solo se disputaban tierras concretas: se creaba un pueblo —San José de Indias— como acto político, una manera de inscribir en el mapa una soberanía indígena reactivada. Y durante el resto de la década de 1920 el triunvirato logró mantener a raya a los terratenientes blancos del sur del Tolima. No es una victoria menor: en un territorio en plena expansión cafetera y colonizadora, contener el avance del latifundio durante cinco o seis años implicó una capacidad organizativa considerable.
Es en este momento cuando Sánchez deja de ser un colaborador entre otros y se vuelve una de las tres cabezas visibles de la lucha indígena tolimense. Una cronología sitúa las peleas de Lame en Tierradentro y Chaparral entre 1922 y 1945; otra remonta el inicio del levantamiento hasta 1915. Las dos indicaciones no son incompatibles: se refieren a fases distintas de una misma lucha prolongada, y el Consejo de 1924 es su bisagra organizativa. Entre esas dos referencias temporales cabe toda una vida militante: la de un hombre que a los treinta años ya estaba en las movilizaciones y que veinte años después seguía en ellas, con siglas y aliados distintos pero con la misma agenda territorial.
La ruptura y el giro al socialismo
Lo que rompió el triunvirato no fue la represión estatal ni la ofensiva latifundista, aunque ambas seguían activas: fue la política partidaria. Hacia mediados o finales de los años veinte, Sánchez y Timoté entraron en contacto con el Partido Socialista Revolucionario —fundado en noviembre de 1926 en el Tercer Congreso Obrero reunido en Bogotá— y, luego, con el Partido Comunista, en el que aquel se transformó en julio de 1930 siguiendo los dictados de la Komintern de bolchevizar la organización. Lame, en cambio, permaneció conservador.
La discordia política puso fin a la colaboración. Y es preciso subrayar lo que estaba en juego. No se trataba, para Sánchez y Timoté, de abandonar la causa del resguardo, sino de traducirla a un lenguaje nuevo, el del internacionalismo obrero-campesino que el PSR y luego el PC ofrecían como marco. Bajo esa influencia, la lucha indígena del Tolima se radicalizó: se multiplicaron las tomas de tierras y se rechazaron con mayor vehemencia las obligaciones fiscales en las haciendas. El repertorio se ampliaba, y Sánchez y Timoté eran los agentes de esa ampliación.
Pero el costo fue estructural. Al identificarse con el comunismo, ambos perdieron su base de seguidores indígenas, pocos dispuestos a hacerse comunistas. Sánchez y Timoté quedaron como líderes sin comunidad, o al menos con una comunidad estrechada. La ecuación no era favorable: ganaban un aparato nacional y una teoría, pero perdían la trama densa de lealtades locales sobre la que Lame se sostenía. Y Lame, por su parte, se quedaba con las comunidades pero sin el impulso modernizador que el vínculo con el PSR había traído. Esa doble amputación fue la manera concreta en que el movimiento tolimense pagó su fractura: cada facción retuvo la mitad que la otra necesitaba.
La ruptura ilustra un hecho decisivo de la historia agraria colombiana en el tramo final de la Hegemonía Conservadora: la línea divisoria más eficaz dentro del movimiento indígena tolimense no fue étnica ni territorial, sino partidaria. Conservadurismo católico frente a comunismo internacionalista: dos maneras incompatibles de imaginar el porvenir del resguardo, y una fractura que desarticuló la coalición más eficaz que los pueblos del sur del Tolima habían logrado construir. La victoria liberal de 1930 —que asestó un golpe final al movimiento de Lame— y la conversión simultánea del PSR en Partido Comunista terminaron de sellar el desenlace. Hay algo doblemente paradójico en esa cronología: el mismo año en que un partido nuevo ofrecía a Sánchez un vehículo nacional, el desplazamiento del poder conservador al liberal desmontaba el marco jurídico dentro del cual Lame había litigado durante quince años. Los dos socios de 1924 quedaron simultáneamente huérfanos, cada uno a su modo.
Sánchez en el Cauca: las Ligas Campesinas de los años treinta
Tras la ruptura, y aunque su base indígena tolimense se hubiera adelgazado, Sánchez no abandonó el trabajo territorial. Lo desplazó al Cauca, donde las comunidades nasa y misak seguían disputando el sentido de sus resguardos frente a la expansión de las haciendas y la ganadería. Desde Silvia, junto con otros compañeros, impulsó las Ligas Campesinas, apoyado por el naciente partido socialista —el Partido Comunista, en la nueva denominación posterior a 1930—.
La sede se estableció en la vereda de Zumbico, en el municipio de Jambaló, un lugar que llegó a ser llamado el templo de la revolución para los resguardos indígenas. La expresión no es retórica menor: nombra una geografía política concreta, una vereda que se volvió centro simbólico de una articulación regional. Zumbico era el punto donde convergían la organización indígena y la maquinaria del socialismo emergente; era, en pequeño y en el altiplano cauchano, el equivalente cualitativo de lo que San José de Indias había sido en 1924 en el sur del Tolima: un lugar hecho política.
La conjunción se prolongó durante toda la década de los treinta. Participaron tanto las comunidades nasa como las guambianas o misak —también llamadas en la época antiguos wampis—, con actitudes diferenciadas. Los nasa asumieron una posición frontal contra las políticas oficiales, al punto de causar y recibir bajas en enfrentamientos con la policía. Los misak, por su parte, aportaron un apoyo de naturaleza más discreta pero sostenido en el tiempo, que sirvió de sustento a la acción impulsada por Sánchez y sus compañeros. Eutiquio Timoté siguió actuando en esa red, con trabajo de educación y organización en las comunidades. La distribución de roles reproduce, con otros nombres y otro paisaje, la lógica bicéfala del Tolima: Sánchez en la articulación política, Timoté en la formación de base.
El período cauchano de Sánchez es, en varios sentidos, la prolongación fiel de la lógica del Consejo Supremo Indígena de 1924. Cambian las siglas y el vocabulario —ahora se habla de Ligas Campesinas, de partido, de clase—, pero la práctica organizativa es la misma: anclar la lucha en veredas y resguardos concretos, articular varios pueblos bajo una instancia común, combinar reivindicación territorial con presencia política. Que esa práctica se ejerciera bajo bandera socialista no la volvía menos indígena: la volvía traducible a un lenguaje nacional. Sánchez había surgido del movimiento indígena y se había convertido en figura del movimiento campesino nacional sin dejar por eso de ser lo primero.
Hay, sin embargo, una diferencia cualitativa respecto de los años tolimenses. Si en 1924 el Consejo Supremo Indígena hablaba desde el resguardo y hacia el Estado, en Zumbico las Ligas hablaban desde el resguardo y hacia una red partidaria nacional que a su vez se insertaba en un discurso internacionalista. La comunidad seguía siendo el punto de partida, pero el horizonte se había ensanchado hasta contener el vocabulario de la Komintern. Ese ensanchamiento fue a la vez productivo y costoso. Productivo porque dotó a la lucha de un marco nacional y de aliados urbanos; costoso porque desplazó el centro de gravedad simbólico hacia fuera de la comunidad. Sánchez cargó con las dos caras de esa ecuación durante el resto de su militancia.
Delegado en Yaguará y Coyaima (1936-1937)
A mediados de los años treinta, Sánchez volvió al Tolima —o mantuvo con él una conexión activa— como delegado del proceso organizativo cauchano trasladado al sur tolimense. La Conferencia de Yaguará derivó en la constitución de la Federación Regional Indígena del Sur del Tolima, y culminó con una manifestación en Chaparral: la vieja tierra del resguardo disuelto de Ortega y Chaparral, escenario de las luchas fundacionales de veinte años atrás. Fermín López Giraldo, ex Inspector General de la UNIR —la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria fundada por Jorge Eliécer Gaitán—, participó como delegado de las organizaciones campesinas del norte del Tolima; entre los asistentes figuró también Guillermo H. Sarmiento, Procurador de indígenas del departamento.
Pocos meses después, en los primeros días de enero de 1937, se celebró la Conferencia de la Liga Indígena de Coyaima. Contó con delegaciones fraternales de Yaguará, Natagaima y una comisión de arrendatarios de la hacienda El Carmen en Jabalcón, municipio de Purificación. Sánchez asistió como delegado de la ya constituida Federación Regional Indígena del Sur del Tolima. En su intervención insistió en que se imponía una organización más fuerte todavía, ahora que los atropellos de los colonos —la frase que las actas conservan queda truncada allí, pero su sentido es claro: la presión de la colonización cafetera y ganadera sobre los resguardos no había cesado y exigía una escalada organizativa.
Es un momento revelador. Trece años después del Consejo Supremo Indígena, con Lame apartado y el escenario político nacional profundamente transformado por la República Liberal, Sánchez seguía haciendo lo mismo que en 1924: sumar resguardos, articular delegaciones, construir federaciones. La continuidad de la práctica, por debajo de los cambios de sigla, es lo más consistente de su biografía. Vale la pena notar además la topografía política de aquellas dos conferencias: Yaguará y Coyaima señalan los extremos de una geografía indígena que Sánchez conocía palmo a palmo desde los años diez, y la manifestación final en Chaparral fue, más que un mitin, una manera de recordar que la disputa por Ortega y Chaparral seguía abierta veinte años después. El gesto tenía además un destinatario doble: hacia dentro, ratificaba la continuidad del reclamo; hacia fuera, recordaba al nuevo poder liberal que la deuda territorial no había prescrito con el cambio de gobierno.
La red: Lame, Timoté y el PSR
La trayectoria de Sánchez se entiende como el vértice de una red de tres cuerpos: los otros dirigentes indígenas con los que actuó, el partido revolucionario que lo acogió y las comunidades que fueron su base y su límite.
De Lame, la figura mayor del indigenismo colombiano de la primera mitad del siglo, hay que subrayar dos cosas para leer bien a Sánchez. La primera es que Lame no era un iletrado, sino un autodidacta erudito que había convertido el estudio del derecho en arma política. Sus movilizaciones combinaban peticiones jurídicas con acciones directas, y sus escritos —compuestos en 1939, publicados por primera vez en 1971— constituirían más tarde una fuente doctrinal para el movimiento indígena. La segunda es que Lame era conservador, en sentido partidario. Esa filiación, en el Tolima de los años veinte, no era anecdótica: significaba alineamiento con el partido en el poder durante la Hegemonía Conservadora, y por tanto una forma de protección política que Sánchez y Timoté rechazaron al girar al comunismo.
De Timoté —Eutiquio Timoté, o Timonte en algunas grafías— sabemos menos, pero lo bastante para reconocer que fue el compañero más constante de Sánchez. Los dos hicieron juntos el paso al socialismo, los dos perdieron juntos base indígena por esa decisión, y los dos aparecen luego trabajando en las comunidades del Cauca. Su emparejamiento es tan sistemático que puede leerse como una unidad política de dos cabezas. Donde aparece uno suele aparecer el otro; donde uno organiza, el otro forma; donde uno negocia con el partido, el otro sostiene la relación con la vereda.
Del PSR y luego del Partido Comunista importa recordar que no fueron aparatos externos que se apoderaran de la lucha indígena. El marxismo colombiano tenía raíces previas a la Revolución Rusa de 1917 y a la llegada de agentes externos directos; fueron organizadores colombianos quienes establecieron sus bases en los años diez y veinte. El PSR se fundó en Bogotá en noviembre de 1926 y logró vincularse a trabajadores de los sectores económicos más importantes —petroleros, bananeros, ferroviarios, braceros del Magdalena— y abrirse un espacio en el campesinado, convirtiéndose en un factor político nacional. Su idea original no era crear una minoría de cuadros al estilo leninista sino un partido amplio. Fue en ese partido amplio donde encajaron Sánchez y Timoté; y fue cuando ese partido, presionado por la Komintern, se transformó en Partido Comunista en julio de 1930 —con expulsiones y ataques públicos a dirigentes como Raúl Mahecha y Erasmo Valencia— cuando la relación entre indigenismo y socialismo se volvió más frágil.
Alrededor del PSR y del PC gravitaban las figuras mayores del socialismo colombiano de los veinte: María Cano, Ignacio Torres Giraldo, Tomás Uribe Márquez, Erasmo Valencia. Sánchez aparece nombrado junto a ellos como uno de los grandes luchadores del período, aunque su lugar en esa nómina siempre fue más subalterno. La Ley Heroica de octubre de 1928 —estatuto represivo que prohibía la formación de organizaciones populares y sindicales de oposición— cerró el cerco sobre esa generación entera en las postrimerías del gobierno de Miguel Abadía Méndez; la masacre de las bananeras de diciembre del mismo año selló el clima. En ese ambiente de represión sistemática transcurrieron los últimos años de la militancia socialista tolimense y cauchana de Sánchez antes de la victoria liberal de 1930.
La huella: del olvido al CRIC
Sánchez murió, o cesó su actividad pública, sin que su nombre alcanzara el estatuto simbólico de Lame. Cuando en 1971 se fundó en el Cauca el Consejo Regional Indígena del Cauca —el CRIC—, institucionalizando un largo pasado de resistencia, la propia plataforma de la organización reconoció que casi nada quedaba, al menos a nivel organizativo, de las ideas que Lame había sembrado décadas antes. Sus escritos de 1939 se publicaron por primera vez ese mismo año 1971, y a partir de los setenta los dirigentes indígenas los retomaron.
En esa recuperación, el nombre de Lame se volvió emblema —al punto de dar título a un grupo armado indígena posterior, el Movimiento Armado Quintín Lame, que asumió reivindicaciones históricas como la recuperación de resguardos, la autonomía de cabildos y la defensa cultural, todas ellas incorporadas después a la Constitución de 1991—. El nombre de Sánchez, en cambio, quedó desplazado hacia los márgenes. Su figura se menciona de paso: para unos es sobre todo el compañero comunista de Lame que perdió base indígena; para otros, el dirigente indígena que hizo trabajo local pero nunca escaló al comité central.
Esa invisibilización tiene una causa estructural más que biográfica. La memoria del PSR y del PC lo registra al pasar, porque su trabajo era territorial y no doctrinal; la memoria del movimiento indígena lo subordina a Lame, porque Lame dejó escritos y él no. El resultado es que un dirigente que sostuvo durante más de dos décadas la articulación entre resguardo y socialismo —de 1915 a mediados de los años treinta, como mínimo— aparece siempre como figura secundaria en historias que él mismo hizo posibles.
Y sin embargo, si se mira lo que el CRIC hizo en sus primeros diez años —la recuperación de 30.000 hectáreas de antiguos resguardos y la reconstitución de cabildos en varios municipios del Cauca—, se ve con claridad que las reivindicaciones que ese movimiento retomó no eran solo las de Lame. Eran también, y quizá sobre todo en su dimensión práctica, las que Sánchez había ensayado desde Zumbico y desde Silvia en los años treinta: anclar la lucha por la tierra en una red de veredas concretas, con una organización estable y un vínculo —tenso pero real— con el movimiento político nacional. La forma en que el CRIC combinó reivindicación étnica y organización campesina se parece más a la práctica de Sánchez que a la doctrina de Lame. La paradoja es que el CRIC hereda de un hombre cuyo nombre no reivindica una manera de hacer política, mientras hereda de otro cuyo nombre sí reivindica una manera de decirla. Del primero se retoma el gesto; del segundo, la palabra escrita que lo respalda.
Coordenadas de una figura puente
La figura de José Gonzalo Sánchez ilumina un momento singular de la historia política colombiana: aquel en que el largo ciclo de resistencia indígena tolimense y cauchana —herido por la disolución de resguardos, tensionado por la expansión cafetera, protegido a medias por la Ley 89 de 1890— encontró un lenguaje partidario para dialogar con el resto del país. Ese lenguaje fue el del socialismo revolucionario y luego el del comunismo, y Sánchez fue uno de los pocos que lo hablaron desde dentro del movimiento indígena, no como misionero externo.
Su itinerario deja abierta una pregunta que los archivos aún no cierran del todo: cómo se sostiene en la práctica —no ya en la teoría— la doble lealtad entre resguardo y partido cuando ambos horizontes se disputan al mismo militante. Sánchez la resolvió del único modo posible: seguir organizando en el terreno mientras las siglas cambiaban por encima de él. Ese pragmatismo territorial, difícil de canonizar y aún más difícil de documentar, es el rasgo que lo distingue tanto del Lame doctrinal como de los cuadros bogotanos del PSR. Sánchez no dejó libro. Dejó federaciones, ligas y conferencias: una huella hecha de reuniones, actas mínimas y comunidades organizadas, que se cuenta peor que un tratado pero pesa igual sobre el terreno.
Su lugar en la historia del país —en ese tramo final de la Regeneración conservadora y en el umbral de la República Liberal— no es el de un caudillo ni el de un mártir. Es el de un articulador: alguien que hizo posible, con paciencia territorial y con lucidez política, que dos historias hoy contadas por separado hubieran estado, en su vida y en su práctica, siempre juntas.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
30 documentos · 38 fragmentos01No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 391 cita
[1]la Verdad ha encontrado que dicha ironía encarna un patrón de comportamiento histórico respecto al despojo de tierras, especialmente de los pueblos étnicos 22. En Tolima y Huila había un levantamiento social liderado desde 1915 por Manuel Quintín Lame y José Gonzalo Sánchez. Era una lucha por la recuperación de los…
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02A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · Página 112 citas
[2]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
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[3]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
03Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 1071 cita
[4]la usurpacién de las tierras de los resguardos, lo que le valié ser perseguido im- placablemente por sus enemigos. Eso le llevé a di- tigirse al Tolima, donde se puso al frente de los re- clamos por la recuperacién del gran resguardo in- digena de Ortega y Chaparra, que habia sido di- suelto por la presién de los…
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04Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · Página 321 cita
[5]fue Chaparral, experimentó una transformación por la economía cafetera con participación de colonos indígenas, fenómeno que se acentuó durante la expansión cafetera del primer tercio del siglo XX. Las tierras del sur del Tolima, tanto las aledañas a las haciendas como a los resguardos indígenas, vivieron un intenso…
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05Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 321 cita
[6]a sus luchas. Desde finales del siglo xix, los indígenas de la región amazónica eran objeto de una terrible explotación por parte de los grandes comerciantes de caucho; en diferentes zonas del país, otras comuni- dades veían peligrar sus resguardos. En los años veinte, la resistencia indígena se hizo más fuerte, en…
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06When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Páginas 26, 752 citas
[7]that the resguardos uhave no reason to exist} given the fact that their inhabi- tants... are all civilized." 1 In 1924 Quintin Lame} acting in concert with two tolimense Indians named Jose Gonzalo Sanchez and Euti- quio Timonte} formed the Supreme Indian Council. Through it} they founded a town named San Jose de…
p. 75
[10]true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best effort at…
p. 26
07¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 791 cita
[8]una jornada laboral que era de doce horas o más, el acceso a servicios de seguridad social -atención en salud y pensión en 155 ¿Otra historia de Colombia? caso de retiro o incapacidad-, el derecho a organizar sindicatos y sociedades de ayuda mutua, más el aumento de los salarios. Los movimientos campesinos también…
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08Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 2691 cita
[9]comu- nidades desarrollaron el trabajo de educación y organización dirigentes indígenas socialistas como José Gon- zalo Sánchez y Eutiquio Timoté. Tomás Uribe Márquez (1886-1936), secretario general del partido socialista revolucionario fundado en 1926. "El fue el primero en concebir en Colombia la modalidad de un…
p. 269
09When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Página 393 citas
[11]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…
p. 39
[12]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…
p. 39
[13]assumption was true. Tolimense gueITillas learned the politically sophisticated theories} but rejected them} thereby fatally weakening the communist movement in Tolima. 71 An important final assumption is that the subject of this study is too important to waste the reader's time with anything but the author's best…
p. 39
10Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · Página 681 cita
[14]lucha indígena del Cauca, pasando a los guambianos y de éstos al CRIC!#. Claro salto en la evolución política de ambos pueblos, apo- yada por el naciente partido socialista, que ofrecía cambiar la socie- dad colombiana, y que transformó en los años treinta la vereda de Zumbico (en Jambaló) en “ el templo de la…
p. 68
11La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · Página 841 cita
[15]los arrendatarios y jornaleros de las grandes fincas de la región. Al comenzar la década del treinta el'movimiento campesino había adquirido una gran importancia po lítica; de su seno habían surgido un gran número de revolucionarios y todos los grandes luchadores de la época.tuvieron alguna relación con él movimeinto…
p. 84
12Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 2501 cita
[16]Sánchez; el ex Inspector General de la Unir, Fermín López Giraldo, como delegado de las organizaciones campesinas del norte del Tolima; y el Procurador de indígenas del departamento del Tolima, Guillermo H. Sarmiento. El resultado más importante de la conferencia, que culminó con una manifestación en Chaparral, fue la…
p. 250
13Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · Página 501 cita
[17]Estos nicleos compuestos por obre- ros, artesanose intelectuales se lanzan a la tarea de organizar el naciente movimiento laboral a través de congresos obreros. En el segundo de estos con- gresos, en julio de 1925, surgié la Confederacién Obrera Nacional, con un marcado tinte anarcosin- dicalista. Un afio més tarde,…
p. 50
14Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · Página 41 cita
[18]earlier, as left-wing workers’ collectives began to mobilize around Marxist ideals during the 1910s (Osterling, 1989: 184–5). 9 Interestingly, Colombians were rallying behind Marxism well before the Russian Revolution of 1917 or the landing of any external communist (Decker and Duran, 1982: 80–1; Urru- tia, 1969: 55,…
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15Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 2441 cita
[19]proyecto anarcosindicalista fue rápidamente criticado por distintos sectores obreros e intelectuales que se habían adherido inicialmente a la CON. En ese ambiente comienza a surgir nuevamente la idea de la cons- trucción de un partido independiente de la clase obrera. Al calor de resonantes éxitos huel- guísticos como…
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16Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 621 cita
[20]contrario, decidió que el avance intelectual y doctrinario no radicaba más en el liberalismo y optó por pasar al socialismo, aunque años después regresó a las toldas liberales. Los socialistas, por su lado, continuaban concretando ideas. Hacia 1924, en un nuevo congreso, orientaron su perfil hacia un compromiso más…
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17Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 2811 cita
[21]de clases", decían unos obreros de Manizales por esos días, "no podemos seguir en la comedia sirviendo de marionetas a los señores feudales" (28). Antes de considerar esta importante parte de la historia del país, y tal vez para entenderla mejor, conviene mirar la crisis de la izquierda y de los proyectos políticos…
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18Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1271 cita
[22]se enfrentó a los ataques y calificativos definidos por la IC, reconoció errores, defendió a sus compañeros y criticó duramente su injerencia y el sometimiento del partido a esta; incluso, fue electa suplente en el Comité Central Ejecutivo, y ella pidió que se retirara su nombre. Otros dirigentes como Raúl Mahecha y…
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19El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 392 citas
[23]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…
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[24]en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…
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20Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · Páginas 397, 4122 citas
[25]de periodistas liberales de Mede lIín,Marla Cano se preocupó muy pronto por los sufrimientos de los po bres. Para fines de los años veintes se había convertido en símbolo de los obreros rebeldes y en una oradora capaz de electrizar a las multitudes de trabajadores que acudían a escuchar su apasionada retórica y las…
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[34]Gilhodes, Las luchas agrarias en Colombia, Bogotá, 1974, Gloria Gaitán, Colombia: La lucha por la tierra en la década del trein ta, Bogotá, 1976, Dario Fajardo, Violencia y desarroUo, Bogotá, 1979, Y Gonzalo Sánchez G., Las ligas campesmas en Colombia, BOgotá, 1977; el capitulo "Land Use and Land Reformin Colombia" en…
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21El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · Páginas 133, 1542 citas
[26]con base territorial y composici ó n social popular ” 3. 3 Ignacio Torres Giraldo, Los Inconformes, Tomo 4, Bogot á 1974, p. 7/8 Aqu í aparece como soluci ó n de emergencia precisamente aquello en que descansaban la fuerza y la capacidad movilizadora del nuevo partido: su í ntima relaci ó n con las agrupaciones…
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[33]hay cosas dedicadas al cambio, y por lo tanto hay capitales... Luego Colombia no s ó lo es un pa í s que tiene capitalismo sino que se desarrolla econ ó micamente bajo el r é gimen capitalista, en el sentido estricto y cient í fico de la palabra. Es un pa í s de r é gimen capitalista ya que el capital no es un simple…
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22Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 1201 cita
[27]lo s políticos que lo s costos marginales de cada voto en esas circunscripciones eran demasiado elevados en comparación con las ciudades y distritos rurales tr adicionales. Los principales focos de descont e nto pueden seguir se en la actividad de tres fogosos agitadores y organizadores revoluciol\a- rio s: Raúl…
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23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 421 cita
[28]sucesivas olas migratorias de personas buscando ocupación en oficios varios y abrir oportunidades comerciales. Mientras que los rendimientos de las empresas se multiplicaban y sus empleados extranjeros gozaban de comodidades y beneficios, los obreros y sus familias vivían en condiciones muy difíciles. Fue en esta…
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24Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · Página 501 cita
[29]1810, the system became, if anything, more repressive: legislation and judicial rulings autho - rizing the sale of resguardo lands legitimized their expropriation by outsiders, often achieved through violence. 5 A great deal of land was lost in this way. The dominant ideology of the era, enacted into law, facilitated…
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25Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · Páginas 119, 1232 citas
[30]dos ene- migos del movimiento. Estas movilizaciones alcanzaron su punto más alto con la ocupación de Inzá, en noviembre de 1916, duran- 182 Testimonio de Estanislao Lame, en Tello, Piedad (1982). Vida y obra de Manuel Quintín Lame. Tesis Universidad de los Andes, Bogotá, p. 47. 119 Tradiciones de resistencia y…
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[35]En defensa de mi raza fue editado por la Fundación La Rosca “(...) en un intento - como lo recordaba Orlando Fals Borda - de rescatar del olvido a una serie de líderes popula res y de dar una lección al Partido Comunista y a toda la iz quierda colombiana” 188. Sus ideas, que serían retomadas con fuerza por los…
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26Nueva Geopolítica de ColombiaJulio Londoño Londoño · 1965 · Página 921 cita
[31]de las comunidades indígenas, de con- formidad con las definiciones y sitios que les f i j ó la ley 89 de 1900. Se calculó su número en 350.000 repartidos así: en los te- rritorios nacionales (el Chocó está incluido en este dato por no haber sido organizado como departamento en el instante de ha- — 9 1 — cer los…
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27Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · Página 1621 cita
[32]how the democratic promise of their struggle was distorted, transformed, and subsequently ignored can be an important first step toward its realization in the future. Page 73 PART II THE VIOLENCE Page 75 5 The Violence: An Interpretative Synthesis Gonzalo Sánchez Gonzalo Sánchez was born and raised in El Líbano,…
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28The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 3001 cita
[36]“little republic” of Indians, counterposed to the “big republic” of the whites. A few years after his death, indigenous activists founded the Consejo Regional Indígena del Cauca (Regional Indigenous Council of Cauca), and later, an indigenous armed guerrilla movement took Quintín Lame’s name. Both groups took up his…
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29Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · Página 5651 cita
[37]grupos étnicos del Cauca, pero se sostiene principalmente en los nasas. Fue fundado en 1971, institucionalizando el movimiento indígena en la región y un largo pasado de resistencia indígena en el Cauca a la ocupa- ción de sus territorios y dominación de sus culturas. Brota en el seno de las luchas por la tierra en la…
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30Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · Página 3321 cita
[38]ha sido la búsqueda y el ofrecimiento de apoyo a otros organismos populares, incluyendo los campesinos, los sindicales, los de intelectuales y los estudiantiles. Desde sus inicios se propuso integrar a todos los indígenas del 333 Hfiífinfiídi nfic erstrí a cr rórfdónr país alrededor de algún tipo de entidad que les…
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