Manuel Quintín Lame
Transversal
1880–1967
La biografía
Manuel Quintín Lame Chantre (Polindara, Cauca, 1880 – Ortega, Tolima, 1967) fue un líder, jurista autodidacta y pensador indígena nasa que dedicó medio siglo a la recuperación de los resguardos despojados en el suroccidente colombiano y que, en la soledad de un cuarto de Ortega, escribió en 1939 un tratado que solo vería la luz en 1971, cuatro años después de su muerte. Su nombre encabeza hoy el santoral político del movimiento indígena colombiano, pero esa consagración póstuma esconde una biografía de derrotas encadenadas: 108 encarcelamientos —según su propio recuento en el Tolima—, la ruptura con sus dos principales aliados, la desarticulación de sus organizaciones tras la victoria liberal de 1930 y el olvido casi completo de sus ideas al momento de su muerte. Lame no fue un precursor folclórico ni un caudillo carismático capturado por la memoria étnica: fue un intelectual jurídico-político que tomó la Ley 89 de 1890 —promulgada para "gobernar a los salvajes que se reduzcan a la vida civilizada"— y la volvió del revés, convirtiéndola en el arma más constante de la defensa del resguardo. Ese giro, sostenido a pluma y a pie durante cinco décadas, es lo que hace de él una figura decisiva.
Línea de vida
- 1916
Ocupación de Inzá y 'Gobierno chiquito de Tierradentro'
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En noviembre de 1916, durante la etapa caucana de su lucha, Lame lideró la ocupación de Inzá, donde se saqueó el comercio y se proclamó el 'Gobierno chiquito de Tierradentro'. Un enfrentamiento con una columna de indígenas antiquintinistas al mando de Pío Collo dejó seis muertos, evidenciando que la resistencia indígena no era un bloque homogéneo.
- 1917
Detención en el puente El Cofre y fin del ciclo caucano
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El 10 de mayo de 1917, Lame fue detenido en el puente El Cofre, cerca de Popayán, donde había concertado una cita con dirigentes liberales. Esta detención cerró su etapa caucana. El poeta y representante conservador Guillermo Valencia había pedido desde la Cámara su destierro de Colombia, consultando al ministro de Gobierno Miguel Abadía Méndez.
- 1922
Inicio de la reconquista del resguardo de Ortega y Chaparral en el Tolima
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En abril de 1922, según su propio testimonio, Lame inició en el departamento del Tolima la lucha por la recomposición del gran resguardo indígena de Ortega y parte de Chaparral, disuelto bajo la presión de los latifundistas del sur del departamento. Este proceso duraría dieciséis años de litigio, ocupación y reorganización cabildaria.
- 1924
Fundación del Consejo Supremo Indígena y de San José de Indias
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En 1924, junto con los indígenas tolimenses José Gonzalo Sánchez y Eutiquio Timoté, Lame conformó el Consejo Supremo Indígena —primera organización indígena moderna del país que articulaba varios resguardos bajo una dirección política común—, fundó el pueblo de San José de Indias y emprendió la reconstitución de los resguardos de Natagaima, Velú, Yaguara y Coyaima.
- 1930
Ruptura con Sánchez y Timoté; golpe al movimiento organizado
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La victoria liberal de 1930 y la incorporación de Sánchez y Timoté al Partido Comunista provocaron la ruptura de la alianza del Consejo Supremo Indígena. Lame permaneció conservador, fiel a la ecuación histórica entre resguardo y lealtad al partido de orden. El comunismo no cuajó en el Tolima: en las elecciones locales de 1937 obtuvo solo el 0,7% de los votos departamentales.
- 1939
Redacción de 'En defensa de mi raza' y asunción como gobernador del cabildo de Ortega
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El 31 de diciembre de 1938 concluyó formalmente la reconquista del resguardo de Ortega y Chaparral; en 1939 Lame asumió como gobernador del cabildo reconstituido junto a doce hombres indígenas. Ese mismo año redactó su tratado principal, concebido como un 'horizonte en medio de la oscuridad' para las generaciones indígenas venideras, combinando alegato jurídico, autobiografía y programa político.
- 1971
Publicación póstuma de 'En defensa de mi raza' y rescate de su legado
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Cuatro años después de su muerte, la Fundación La Rosca —impulsada por Orlando Fals Borda— publicó el texto redactado en 1939, con el propósito declarado de rescatar del olvido a líderes populares y dar una lección al Partido Comunista y a la izquierda colombiana. La publicación coincidió con la fundación del CRIC, que adoptó como propio el programa de Lame.
La semblanza de un autodidacta
Lame se enseñó a sí mismo el derecho y actuó habitualmente como su propio defensor ante los tribunales. Diego Castrillón Arboleda dejó constancia de esa costumbre: el terrajero de Polindara comparecía ante jueces, alcaldes y gobernadores citando artículos de la Ley 89, invocando títulos coloniales de resguardo, disputando en el vocabulario formal de la República las condiciones materiales en que vivían los indígenas del Cauca. La imagen contradice el estereotipo del líder indígena reducido a la oralidad y a la costumbre: Lame se movía en el terreno del enemigo con las herramientas del enemigo, y lo hacía con una obstinación que sus propios adversarios reconocieron.
Esa condición de indígena letrado en un país que suponía la ecuación inversa —indígena igual a menor de edad jurídica— es la clave de su trayectoria. Lame no pidió que se le reconociera como interlocutor: se impuso como litigante. La consecuencia fue previsible. Fue perseguido y encarcelado por reunir a indígenas en los departamentos de Nariño, Cauca, Huila y Tolima; la cifra de 108 detenciones solo en el Tolima —que él mismo dio— sugiere, aun rebajada, una vida atravesada por la cárcel como condición de trabajo. Cada proceso era, para él, una tribuna; cada expediente, un fragmento del alegato mayor que finalmente redactaría en 1939.
Los orígenes: Polindara y el peso del terraje
Lame nació en 1880 en Polindara, en la vertiente oriental del macizo caucano, en el corazón de una geografía donde los resguardos coloniales llevaban tres siglos resistiendo. La institución en la que se formó su conciencia política era ambivalente por diseño. El resguardo, creado por la Corona española en la segunda mitad del siglo XVI, respondía a un doble propósito: proteger a los indígenas del régimen esclavista de los encomenderos y, simultáneamente, obligarlos a pagar tributo al rey. Juan Friede notó la paradoja mayor de esa arquitectura: la protección hizo a los indígenas partidarios del rey, es decir, ató la defensa de la tierra a la lealtad monárquica y, más tarde, conservadora. Lame heredó esa ecuación entera.
El régimen bajo el cual creció era el del terraje: los indígenas cultivaban parcelas dentro de haciendas que se habían apropiado de antiguos resguardos y, a cambio del uso de la tierra, pagaban con trabajo. El terraje aseguraba al propietario tres cosas al mismo tiempo —poder político en la vereda, mano de obra cautiva sin necesidad de salario y traslado íntegro del riesgo agrícola al terrajero— y explicaba, mejor que cualquier ideología, la persistencia del despojo. Contra ese régimen se armó Lame; contra él escribió; contra él construyó sus programas.
La otra pieza estructural fue la Ley 89 de 1890, sancionada el 25 de noviembre por el presidente encargado Carlos Holguín y el ministro de gobierno encargado Antonio Roldán. Su título mismo revelaba la concepción del Estado sobre los indígenas: determinaba "la manera cómo deben ser gobernados los salvajes que se reduzcan a la vida civilizada". Pero la ley, escrita para tutelar, contenía una contradicción productiva: reconocía la existencia legal de resguardos y cabildos, admitía la titularidad colectiva y establecía procedimientos —aunque menores, aunque paternalistas— de gobierno indígena. Lame vio en esa grieta la puerta. Muchos resguardos del Cauca subsistieron gracias a ella, y las mismas comunidades que la ley pretendía disolver mediante la "civilización" la usarían durante todo el siglo XX como argumento jurídico frente al despojo.
Contra esa herramienta operaba, además, un mecanismo extralegal recurrente: declarar que un resguardo carecía de titulación —porque los papeles coloniales resultaban imposibles de hallar en las notarías—, reclasificar la tierra como baldío y a los indígenas como simples colonos u ocupantes. Con eso bastaba para vaciar jurídicamente lo que la ley protegía en teoría. La formación política de Lame consistió, en gran medida, en aprender a pelear en las dos escalas: hallar los títulos, invocarlos, y al mismo tiempo ocupar la tierra que los títulos amparaban.
La trayectoria: dos ciclos, dos derrotas
La vida pública de Lame se organiza en dos grandes ciclos, separados por un año bisagra: 1917.
El primero es caucano y culmina con su detención el 10 de mayo de 1917 en el puente El Cofre, cerca de Popayán, adonde había ido a una cita concertada con dirigentes liberales. Los años previos fueron los de la intensificación del conflicto entre Lame y los poderes regionales. En noviembre de 1916 se produjo la ocupación de Inzá, durante la cual se saqueó el comercio y se proclamó el llamado "Gobierno chiquito de Tierradentro"; el episodio, tras un enfrentamiento con una columna de indígenas antiquintinistas al mando de Pío Collo, dejó seis muertos. El detalle importa: no todos los indígenas de Tierradentro seguían a Lame, y algunos se enfrentaron a él con las armas. La resistencia indígena nunca fue un bloque; fue un campo con líneas internas y disputas de conducción, y Lame construyó su liderazgo peleando también hacia adentro.
En Popayán, dos figuras del establecimiento caucano operaron contra él ante los jueces: el doctor Miguel Arroyo Díez y el poeta y dirigente conservador Guillermo Valencia. Este último, en su carácter de representante en la Cámara Baja, llegó a pedir su destierro de Colombia; el presidente de la corporación ordenó consultar al ministro de Gobierno, doctor Miguel Abadía Méndez, antes de proceder. Que un poeta laureado del Cauca pidiera desde el Congreso el destierro de un terrajero de Polindara indica, mejor que muchas estadísticas, la magnitud política que había alcanzado el problema.
El segundo ciclo es tolimense y se abre con el traslado de Lame al departamento del Tolima, donde se puso al frente de la reclamación por el gran resguardo de Ortega y Chaparral, disuelto bajo la presión de los latifundistas del sur del departamento. La reconquista comenzó en abril de 1922 y culminó el 31 de diciembre de 1938, con su entrada oficial como gobernador del cabildo en 1939. Dieciséis años de litigio, ocupación, cárcel y reorganización cabildaria.
En medio, un momento fundacional: en 1924, junto con los indígenas tolimenses José Gonzalo Sánchez y Eutiquio Timoté, Lame conformó el Consejo Supremo Indígena, fundó el pueblo de San José de Indias y emprendió la reconstitución de los resguardos de Natagaima, Velú, Yaguara y Coyaima. El Consejo fue la primera organización indígena moderna del país que articulaba varios resguardos bajo una dirección política común. Su vida, sin embargo, fue breve.
La ruptura llegó por vía ideológica. En 1926 se fundó el Partido Socialista Revolucionario y en 1930 el Partido Comunista, y bajo la influencia de esas organizaciones parte del liderazgo indígena tolimense se radicalizó y multiplicó las tomas de tierra. Sánchez y Timoté se incorporaron al movimiento comunista. Lame no: permaneció conservador, fiel a esa vieja ecuación entre resguardo y monarquía —transmutada ahora en lealtad a un partido— que Friede había identificado como herencia colonial. La discordia política liquidó la colaboración. Y aquí una ironía difícil de sortear: Sánchez y Timoté, al hacerse comunistas, quedaron como líderes sin seguidores. El comunismo no cuajaba en el Tolima: en las elecciones locales de 1937, el Partido Comunista obtuvo el 0,7% de los votos a nivel departamental. Sánchez llegó a ser reconocido, junto con María Cano, Torres Giraldo y Erasmo Valencia, como uno de los grandes luchadores del movimiento campesino de comienzos de los años treinta, pero su base indígena se había disuelto en el trayecto.
El golpe final vino por otro flanco. La victoria liberal de 1930 —el fin de la hegemonía conservadora que había gobernado sin interrupción desde 1886— desarticuló el movimiento de Lame en el Tolima. La lealtad conservadora, que en la lógica lamista significaba protección política a cambio de defensa del resguardo, dejó de ofrecer amparo cuando el conservatismo salió del poder. Los años treinta fueron, para Lame, de repliegue: siguió litigando, siguió escribiendo, siguió siendo encarcelado, pero la organización que había construido no sobrevivió intacta.
En 1939, oficialmente gobernador del cabildo reconstituido de Ortega, Lame se sentó a escribir.
La obra: un tratado escrito en 1939, publicado en 1971
El texto principal de Lame fue compuesto en 1939 y permaneció inédito durante treinta y dos años. Se conoce hoy como En defensa de mi raza —título que le dio la edición de la Fundación La Rosca en 1971— y es un documento sin equivalente en la producción intelectual colombiana del siglo XX: un tratado escrito por un indígena nasa autodidacta que combina alegato jurídico, autobiografía, teología popular y programa político.
Lame concibió la obra, en sus propias palabras, como un "horizonte en medio de la oscuridad" para las generaciones indígenas venideras. La fórmula es exacta: escribía sabiendo que su tiempo se acababa y que la transmisión oral no bastaba para preservar el arsenal conceptual y jurídico que había acumulado. Escribe en voz profética, con orgullo declarado por haber aprendido a pensar por sí mismo como indígena autodidacta, y denuncia por su nombre a los poderes coaligados contra los suyos: casos concretos de abogados que traicionaban a sus defendidos indígenas para servir a la parte contraria, jueces influidos por notables regionales, representantes que pedían destierros desde el Congreso.
El programa político que enuncia es preciso. Recuperar las tierras de los resguardos despojados. Ampliar los resguardos existentes. Fortalecer los cabildos como estructura de gobierno propio. No pagar terraje. Dar a conocer las leyes que amparaban a los indígenas —especialmente la Ley 89—, sacándolas del monopolio de los abogados y los notarios. En los años posteriores se sumaron, en la elaboración escrita y oral, la defensa de las prácticas culturales, la educación en lenguas propias y la representación indígena en las instancias del Estado. Ese pentálogo, escrito en 1939 en Ortega, sería, con muy pocas variaciones, el programa del CRIC en 1971 y de las organizaciones indígenas colombianas durante el medio siglo siguiente.
Que un texto de tal densidad quedara inédito hasta 1971 no es una anécdota editorial: es parte de la historia política del país. La cultura letrada colombiana no tenía —no tuvo durante mucho tiempo— dónde alojar la escritura de un indígena que no fuera objeto etnográfico sino sujeto teórico. La publicación llegó cuando la Fundación La Rosca, en el clima intelectual de la investigación-acción participativa impulsada por Orlando Fals Borda, decidió rescatar del olvido a líderes populares. Fals Borda dejó constancia de que la operación editorial buscaba, además, "dar una lección al Partido Comunista y a la izquierda colombiana": recordar que existía una tradición popular anterior y externa al marxismo criollo, con vocabulario, cronología y agenda propios. La publicación de Lame fue, así, un acto de doble filo: rescate genuino y arma en una polémica interna de la izquierda.
Su red: aliados, rivales, contemporáneos
La trayectoria de Lame se dibuja en un mapa de personas y de fuerzas.
Sus dos aliados centrales fueron José Gonzalo Sánchez y Eutiquio Timoté, ambos indígenas tolimenses, cofundadores en 1924 del Consejo Supremo Indígena. Con ellos levantó San José de Indias y emprendió la reconstitución de cuatro resguardos. Con ellos rompió antes del final de la década, cuando el comunismo los ganó a los dos y él se mantuvo en la orilla conservadora. La escisión es más que una anécdota biográfica: es la evidencia de que la lucha por los resguardos no tenía una ideología natural. Fue un campo en disputa entre tres tradiciones —autonomismo indígena, conservadurismo clientelar y marxismo campesino— y la hegemonía posterior del legado lamista sobre las otras dos se decidió menos por superioridad intrínseca que por la derrota electoral del comunismo tolimense y por la edición de 1971.
Sus adversarios fueron los notables del Cauca —Arroyo Díez, Valencia— y los latifundistas del sur del Tolima que habían disuelto el resguardo de Ortega. Detrás de esos nombres operaba una coalición estable: propietarios que ampliaban haciendas sobre tierras de resguardo, abogados que producían la ingeniería jurídica del despojo, funcionarios locales que ejecutaban los desalojos y jueces que sancionaban los resultados. Lame denunció esa alianza con nombre propio y en los escenarios donde ella se articulaba: los estrados, las notarías, las cámaras legislativas. Que actuara como su propio defensor no era pintoresquismo; era la constatación de que no había abogado indígena a quien acudir y de que los abogados disponibles, según él mismo documentó, con frecuencia trabajaban contra sus supuestos defendidos.
En el horizonte más lejano quedaban las figuras liberales con las que buscó ocasionalmente interlocución —el encuentro fallido del 10 de mayo de 1917 en el puente El Cofre era, precisamente, una cita concertada con dirigentes liberales de Popayán— y los intelectuales y políticos que dominaban el escenario nacional durante su vida activa: Rafael Uribe Uribe hasta 1914, Jorge Eliécer Gaitán en los años treinta y cuarenta, Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez en la posguerra. Ninguno de ellos incorporó lo indígena a su agenda; la cuestión de los resguardos quedó por fuera de las grandes disputas nacionales del siglo, y esa exterioridad —esa condición de asunto que no entraba al debate central— es tanto una causa como un efecto de la marginalización de Lame.
Las geografías que atravesó componen otro mapa: Polindara y Popayán en el Cauca; Inzá y Tierradentro como escenarios de la ocupación de 1916; Silvia y Belalcázar en el mundo caucano ampliado; Ortega, Chaparral, Llano Grande y San José de Indias en el ciclo tolimense. Cauca, Tolima, Huila y Nariño como los cuatro departamentos donde fue reiteradamente perseguido y encarcelado por reunir a indígenas. Ese cuadrilátero geográfico —el suroccidente andino donde los resguardos coloniales habían sobrevivido con más fuerza— es también el mapa donde, cuarenta años después de su muerte, se desplegaría el movimiento indígena colombiano contemporáneo.
La huella: del olvido al programa
Lame murió en Ortega en 1967, a los 87 años. Al momento de su muerte, sus ideas y experiencias organizativas estaban prácticamente olvidadas. La afirmación no es retórica: la propia plataforma del CRIC, redactada años después, reconoce que cuando esa organización surgió en 1971 casi nada quedaba a nivel organizativo de lo que Lame había construido. La transmisión no fue directa. No hubo una línea continua entre el Consejo Supremo Indígena de 1924 y el Consejo Regional Indígena del Cauca de 1971.
Y sin embargo, la coincidencia programática entre uno y otro es casi textual. El CRIC, fundado el 24 de febrero de 1971 en Toribío, adoptó como plataforma de lucha los mismos puntos que Lame había enunciado en 1939: recuperación y ampliación de resguardos, fortalecimiento de cabildos, no pago del terraje, defensa cultural, educación en lengua propia, representación política indígena. En sus primeros diez años, el CRIC logró la recuperación de aproximadamente 30.000 hectáreas pertenecientes a antiguos resguardos y la reconstitución de cabildos en varios municipios del Cauca. La plataforma se mantuvo casi invariable en los 43 años siguientes; solo se incorporaron los puntos 8, 9 y 10 por dinámica local.
¿Cómo ocurrió el reencuentro? Por dos vías paralelas y no del todo intencionales. Por un lado, el CRIC surgió en el seno de las luchas por la tierra en el Cauca a comienzos de los años setenta, en el contexto de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, y en su conformación intervinieron dirigentes guambianos vinculados a la ANUC como Trino Morales y Javier Calambá. La organización tenía, entonces, un origen propio en las dinámicas agrarias del momento, no en una filiación consciente con Lame. Por otro lado, y de manera simultánea, la Fundación La Rosca publicaba en 1971 los escritos de 1939. Los dos hechos —fundación del CRIC y publicación de Lame— coincidieron en el año, y la coincidencia produjo la síntesis: el CRIC encontró en el texto recién publicado a un ancestro que expresaba, con anticipación de treinta y dos años, lo que las nuevas comunidades estaban planteando. Lame fue adoptado retrospectivamente como matriz. La grandeza intelectual del texto y la fragilidad de su transmisión son dos caras del mismo proceso: sin la edición tardía, probablemente el nombre de Lame habría quedado en la erudición local; sin las luchas del Cauca de los setenta, la edición habría sido un rescate arqueológico sin destinatario.
La segunda apropiación fue armada. El 29 de noviembre de 1984, en el páramo de Las Moras, en el resguardo de Mosoco, un grupo de dirigentes indígenas fundó el Movimiento Armado Quintín Lame. Los detonantes fueron dos hechos de noviembre: el desalojo violento de las comunidades en la recuperación de tierras de López Adentro, entre Caloto y Corinto, el 9 de noviembre, y el asesinato del sacerdote indígena nasa Álvaro Ulcué Chocué en Santander de Quilichao el 10 de noviembre. El MAQL tomó el nombre de Lame como referente de identidad y autonomía indígenas frente a las guerrillas nacionales que operaban en el Cauca, particularmente las FARC-EP, cuya relación con las comunidades indígenas fue conflictiva y contribuyó a la creación de aparatos de autodefensa.
El MAQL fue, en su naturaleza, distinto de las otras guerrillas colombianas. Permaneció básicamente a la defensiva, con la fuerza concentrada en el Cauca, y estructuró su organización en cuatro modalidades escalonadas: grupos de apoyo sin armas, autodefensa circunscrita al territorio, comando móvil de uso ocasional y movimiento armado permanente e interétnico. Su preocupación central durante las negociaciones no fueron los grandes objetivos político-militares nacionales, sino la presencia paramilitar y las garantías para la población indígena. Se desmovilizó en 1991, en el marco del proceso constituyente, y sus antiguos militantes se integraron a la vida civil sin quedar reducidos —a diferencia de otras guerrillas desmovilizadas— a la condición de excombatientes sin proyecto. El proyecto seguía siendo el mismo: tierra, cabildo, cultura, educación.
El eco definitivo llegó ese mismo año. La Constitución de 1991 recogió, con más o menos fidelidad, las reivindicaciones históricas del movimiento indígena colombiano: reconocimiento de la diversidad étnica y cultural, jurisdicción indígena, resguardos como propiedad colectiva inalienable, circunscripción especial en el Senado. Colombia ratificó, en la Ley 21 de 1991, el Convenio 169 de la OIT sobre derechos de pueblos indígenas y tribales, adoptado en 1989. El programa de Ortega de 1939 había llegado, después de un siglo, al articulado constitucional.
El sentido de una figura
La lectura hagiográfica de Lame —el precursor luminoso, el profeta indígena, el fundador— tiende a suavizar dos hechos incómodos que el propio material impone. El primero es que su trayectoria política, medida en sus términos, es una historia de derrotas: el ciclo caucano se cerró con su detención en 1917, el ciclo tolimense se cerró con la victoria liberal de 1930 que desarmó su base política, y su obra permaneció inédita durante toda su vida. El segundo es que la transmisión de su legado no fue orgánica sino mediada, tardía y en parte instrumental: la edición de La Rosca tenía agenda propia, el CRIC surgió por sus propios cauces y encontró a Lame casi por coincidencia editorial, y las organizaciones que lo reivindicaron lo hicieron seleccionando de su obra lo que servía —el programa jurídico-político— y dejando en la sombra lo que no —el conservadurismo, la religiosidad, la voz profética—.
Aceptar esos dos hechos no reduce la estatura de Lame; la precisa. Lo que hace de él una figura mayor no es una supuesta continuidad triunfal entre su lucha y el presente indígena colombiano, sino la construcción, en la más profunda soledad institucional, de un pensamiento jurídico-político indígena que llegó por escrito a las generaciones capaces de leerlo. Lame no ganó las batallas que peleó en vida. Ganó la batalla mayor, que era la de dejar constancia escrita de que un indígena colombiano podía pensar el derecho, la tierra y el gobierno con categorías propias y con la formalidad exigida por la República. Esa constancia, guardada durante treinta y dos años y publicada cuando por fin había lectores, es lo que convierte a un terrajero de Polindara nacido en 1880 en el fundamento intelectual del movimiento indígena colombiano contemporáneo.
La Ley 89 de 1890, escrita para gobernar a los salvajes, sigue vigente. La usó Lame en cada juicio; la usan hoy los cabildos del Cauca, del Tolima y de todo el país. Ese pequeño hecho jurídico —una ley racista convertida en escudo por el pueblo al que pretendía someter— es la síntesis exacta de lo que hizo Manuel Quintín Lame Chantre con su vida.
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Documentos y fragmentos citados
28 documentos · 34 fragmentos01En defensa de mi raza y otros textosManuel Quintín Lame Chantre · 2017 · Páginas 25, 2162 citas
[1]encarcelara como a un ladrón facineroso porque reunía a los míos en los departamentos Nariño, Cauca, capital Po- payán; Huila, capital Neiva; Tolima, capital Ibagué, y el doctor Guillermo Valencia en su carácter de representante en la Cámara Baja, pidió se me desterrara de Colombia; pero el señor presidente de la…
p. 25
[2]carbón y que la pluma debía ser dicha aguja en la hoja de un árbol. Debo mostrar con franqueza al pueblo indígena co- lombiano que hoy están sus deberes y derechos, como tam- bién sus dominios, mordidos y engangrenada la mordedura por la serpiente de la ignorancia y la ineptitud o analfa- betismo; pero el indígena que…
p. 216
02The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Páginas 300, 3032 citas
[3]won!” says the Indian. The I Energetically Protest 289 secretary answers: “That man is really swindling you. Find yourself a good, honest lawyer, who at least shows up at the office!” But by this time the In- dian’s money has run out, he sinks in misery, and the lawsuit is won by the other side. The lawyer of the poor…
p. 303
[17]“little republic” of Indians, counterposed to the “big republic” of the whites. A few years after his death, indigenous activists founded the Consejo Regional Indígena del Cauca (Regional Indigenous Council of Cauca), and later, an indigenous armed guerrilla movement took Quintín Lame’s name. Both groups took up his…
p. 300
03When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · Página 3082 citas
[4]La Chispa) 1972). 6. Diego Castrill6n Arboleda) El indio Quintin Lame (Bogota: Tercer Mundo) 1973)) p. 216. 7. Tolima) Secretarial Infonne, 1924, pp. 3-4. By his own count) Quintin was jailed 108 times in Tolima alone. He had studied law and always served as his own counsel in court. Manuel Quintin Lame) Las luchas…
p. 308
[5]La Chispa) 1972). 6. Diego Castrill6n Arboleda) El indio Quintin Lame (Bogota: Tercer Mundo) 1973)) p. 216. 7. Tolima) Secretarial Infonne, 1924, pp. 3-4. By his own count) Quintin was jailed 108 times in Tolima alone. He had studied law and always served as his own counsel in court. Manuel Quintin Lame) Las luchas…
p. 308
04Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · Páginas 119, 1232 citas
[6]dos ene- migos del movimiento. Estas movilizaciones alcanzaron su punto más alto con la ocupación de Inzá, en noviembre de 1916, duran- 182 Testimonio de Estanislao Lame, en Tello, Piedad (1982). Vida y obra de Manuel Quintín Lame. Tesis Universidad de los Andes, Bogotá, p. 47. 119 Tradiciones de resistencia y…
p. 119
[18]En defensa de mi raza fue editado por la Fundación La Rosca “(...) en un intento - como lo recordaba Orlando Fals Borda - de rescatar del olvido a una serie de líderes popula res y de dar una lección al Partido Comunista y a toda la iz quierda colombiana” 188. Sus ideas, que serían retomadas con fuerza por los…
p. 123
05When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames David Henderson · 1985 · Página 751 cita
[7]that the resguardos uhave no reason to exist} given the fact that their inhabi- tants... are all civilized." 1 In 1924 Quintin Lame} acting in concert with two tolimense Indians named Jose Gonzalo Sanchez and Euti- quio Timonte} formed the Supreme Indian Council. Through it} they founded a town named San Jose de…
p. 75
06No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 391 cita
[8]la Verdad ha encontrado que dicha ironía encarna un patrón de comportamiento histórico respecto al despojo de tierras, especialmente de los pueblos étnicos 22. En Tolima y Huila había un levantamiento social liderado desde 1915 por Manuel Quintín Lame y José Gonzalo Sánchez. Era una lucha por la recuperación de los…
p. 39
07Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 1071 cita
[9]la usurpacién de las tierras de los resguardos, lo que le valié ser perseguido im- placablemente por sus enemigos. Eso le llevé a di- tigirse al Tolima, donde se puso al frente de los re- clamos por la recuperacién del gran resguardo in- digena de Ortega y Chaparra, que habia sido di- suelto por la presién de los…
p. 107
08Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Nariño y sur de CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 561 cita
[10]pagaba normalmente en especie. El terraje aseguraba a los propietarios de la tierra gran poder político, así como tener una fuerza de choque con comunidades vecinas teniendo terrajeros en los límites de sus terrenos. Económicamente, minimizaban los costos de producción al evitar el pago de salarios, aseguraban mano de…
p. 56
09A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · Página 112 citas
[11]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
[12]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
10Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 321 cita
[13]a sus luchas. Desde finales del siglo xix, los indígenas de la región amazónica eran objeto de una terrible explotación por parte de los grandes comerciantes de caucho; en diferentes zonas del país, otras comuni- dades veían peligrar sus resguardos. En los años veinte, la resistencia indígena se hizo más fuerte, en…
p. 32
11Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · Página 1281 cita
[14]se escribió en la novela de Alirio Vélez Machado Sargento Matacho 80 Meertens también argumenta que las pocas mujeres que estuvieron en la vida de militancia debían tener un marido líder o combatiente, pero al entrar en la maternidad, quedaban por fuera de este derecho, es decir, la maternidad representaba un punto de…
p. 128
12La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · Página 841 cita
[15]los arrendatarios y jornaleros de las grandes fincas de la región. Al comenzar la década del treinta el'movimiento campesino había adquirido una gran importancia po lítica; de su seno habían surgido un gran número de revolucionarios y todos los grandes luchadores de la época.tuvieron alguna relación con él movimeinto…
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13De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · Página 3481 cita
[16]Por eso, no debe extrañar el arraigo de este partido durante las décadas siguientes en municipios con alta presencia indígena: 118- Para información sobre las luchas agrarias entorno a las haciendas cafeteras en Cundinamarca y Tolima, consultar a González, Gerardo, En Busca del Horizonte, 1996, Bogotá. 349 CAPÍTULO 4.…
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14Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · Página 471 cita
[19]criollos finos, incluido el ardiente general Bolívar, que sabían ver bien al enemigo español pero no sabían comprender la honda herida del indio americano. Bien había dicho Simón Rodríguez, maestro de Bolívar, que aquí, más importante que entender a un autor latino, era entender a un indio. Ya había transcurrido un…
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15Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · Página 2051 cita
[20]vez refrendado por el Senado, el proyecto se convirtió en la ley 89 de 1890, sancionada el 25 de noviembre por el presidente encargado, Carlos Holguín y el ministro de gobierno encargado, Antonio Roldan. Esta ley, REITERACIÓN: LOS RÍANOS SE REPLIEGAN 117 vigente aún, permitió que muchos resguardos —especialmente los…
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16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 451 cita
[21]entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…
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17Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 346, 3522 citas
[22]Asamblea Nacional Constituyente. Puede afirmarse, entonces, que hay un continuo de resistencia jurídica en las luchas indígenas, ya que resulta válida la afirmación de que los programas jurídicos de las organizaciones constituyen una forma más de sus procesos de reivindicación histórica. Con la Asamblea Nacional…
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[28]cabil- dos y las comunidades indígenas habían incrementado. En 1984, sucedieron dos hechos que impulsaron el surgimiento del Movimiento Armado Quintín Lame como estructura armada organizada. Por un lado, ocurrió un desalojo violento de miembros de comunidades indígenas en las recuperaciones de tierra de López Adentro,…
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18Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 2571 cita
[23]declaraban que el resguardo de indígenas dejaba de existir por carecer de titulación necesaria, es decir, por ser imposible encontrarla en las notarías; por lo mismo, las tierras se consideraban como baldías y los indígenas como simples ocupantes o colonos a quienes se les podía reconocer lo que tuviesen cultivado y…
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19Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · Página 5651 cita
[24]grupos étnicos del Cauca, pero se sostiene principalmente en los nasas. Fue fundado en 1971, institucionalizando el movimiento indígena en la región y un largo pasado de resistencia indígena en el Cauca a la ocupa- ción de sus territorios y dominación de sus culturas. Brota en el seno de las luchas por la tierra en la…
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20Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · Página 1271 cita
[25]Defensa de la Familia. 16 La ACIN agrupa a los cabildos del Norte del Cauca, todos pertenecientes al pueblo Nasa. A su vez, la ACIN hace parte del CRIC, por lo cual comparte su plataforma de lucha. 02. CONTEXTO REGIONAL DEL CAUCA INDÍGENA Estos puntos representan el proceso de lucha, de resistencia y de pervivencia de…
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21Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · Página 3321 cita
[26]ha sido la búsqueda y el ofrecimiento de apoyo a otros organismos populares, incluyendo los campesinos, los sindicales, los de intelectuales y los estudiantiles. Desde sus inicios se propuso integrar a todos los indígenas del 333 Hfiífinfiídi nfic erstrí a cr rórfdónr país alrededor de algún tipo de entidad que les…
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22Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · Página 951 cita
[27]está vivo su fundador –era un indígena guambiano−, Javier Calambá se llama él. Él vive en Las Delicias, con él trabajamos, él fue de la ANUC también. Con él trabajamos la parte de la ANUC y él tuvo que ver con la con- formación más adelante del CRIC, y Trino Morales, que también era guambiano, también tuvo que ver…
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23Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · Página 1611 cita
[29]el Partido Comunista y el Secretariado de las farc. Ese conflicto contribuyó a que el depar- tamento se volviera un destacado escenario de la confrontación: se crearon aparatos de autodefensa de las comunidades y el Mo- vimiento Armado Quintín Lame, que operó entre 1984 y 1991; asimismo, otras guerrillas intentaron…
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24Los procesos de paz en Colombia, 1982-2014 (documento resumen)Álvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 901 cita
[30]Rafael González, Ernesto Falla e Iván Suárez. César Gaviria 1990-1994 91 en su diseño cuatro fases: iniciación, transición, consolidación y evaluación global. A partir de la política de normalización se destinaron recursos para desarrollar planes regionales en zonas de conflicto de influencia del PRT con el fin de…
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25Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 5261 cita
[31]formativo cuatro momentos y modalidades: grupos de apoyo (sin uniformes ni armas), autodefensa circunscrita al territorio, comando móvil (con uniformes y armas, de uso ocasional) y movimiento armado (estructura permanente de naturaleza más amplia e interétnica, con presencia extraterritorial y porte de armas y uso de…
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26El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · Página 3611 cita
[32]“tierra para quien la trabaja” y otros, de mantener a toda costa sus propiedades. Los indígenas como protagonistas históricos, propieta- rios ancestrales de esos territorios de resguardos, han expresaron su descontento por las formas caducas y absurdas de esas relaciones de producción (peonía) y fue así como en un…
p. 361
27El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · Página 3611 cita
[33]“tierra para quien la trabaja” y otros, de mantener a toda costa sus propiedades. Los indígenas como protagonistas históricos, propieta- rios ancestrales de esos territorios de resguardos, han expresaron su descontento por las formas caducas y absurdas de esas relaciones de producción (peonía) y fue así como en un…
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28Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · Página 861 cita
[34]autoridades nacionales, pretendieron contrarres- tar la ola de movilizaciones mediante la puesta en marcha de un organismo gremial de carácter regional: el Consejo Regional de Agricultura del Cauca (CRAC). Por otra parte, el asesinato del dirigente Gustavo Mejía, en marzo de "#$%, dio rienda suelta a la acción de los…
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