Floro Tunubalá
Constitución de 1991
La biografía
Floro Alberto Tunubalá Paja es el nombre con el que la política colombiana registró, entre 1991 y 2003, el primer tramo largo de un experimento sin precedente: la traducción del multiculturalismo constitucional a un cargo de administración territorial. Comunero del pueblo Misak, senador indígena en la primera legislatura elegida bajo la Constitución de 1991 y, en 2000, primer gobernador indígena de un departamento colombiano —el Cauca, por el Bloque Social Alternativo—, Tunubalá encarnó la promesa y el límite de la Carta del 91: que un país que durante un siglo había regido a sus indígenas con una ley de 1890 pensada para "reducir salvajes a la vida civilizada" podía, sin transformar su orden territorial y fiscal, hacer de un guambiano un mandatario departamental. Su figura no se explica sin las décadas de recuperación de tierras y reconstrucción cultural del pueblo Misak y del movimiento indígena caucano, ni sin la ofensiva de las FARC-EP que, durante su gobernación, expulsó a la fuerza pública de doce municipios del Cauca. Entre esas dos fuerzas —una lo hizo posible, la otra lo desbordó— se juega la centralidad histórica de un hombre al que el país conoció de saco tradicional y sombrero misak entrando al Capitolio y, una década después, saliendo de la gobernación de Popayán como el ensayo fallido, pero fértil, de otra manera de gobernar.
Línea de vida
- 1971
Formación política en el movimiento indígena caucano
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Tunubalá se forma políticamente en el entorno del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), fundado en 1971, y del Movimiento de Autoridades Indígenas del Suroccidente, que exigía una relación con el Estado 'de autoridad a autoridad'. Ambas organizaciones articulaban la recuperación de tierras, la preservación cultural y la acción institucional como ejes simultáneos.
- 1991
Senador indígena en la primera legislatura de la Constitución de 1991
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Tras la promulgación de la Constitución de 1991, que creó dos escaños indígenas adicionales al Senado de cien miembros por circunscripción nacional, Tunubalá resultó electo senador nacional en representación de los pueblos indígenas. Llegó al Capitolio con atuendo misak y el concepto del Derecho Mayor como eje de su discurso político.
- 1994
Formalización del Plan de Vida del pueblo Misak
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El Cabildo de Guambía formalizó en 1994 su Plan de Vida, proceso iniciado en los años 80, que articulaba un programa político sobre tierra, justicia, educación, salud, lengua materna y costumbres, con un concepto de desarrollo entendido como pervivencia en armonía con la naturaleza, en ruptura con el modelo capitalista lineal. Este marco ideológico sustentó la proyección política de Tunubalá.
- 2000
Elección como primer gobernador indígena del Cauca
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En octubre de 2000, Tunubalá ganó la Gobernación del Cauca al frente del Bloque Social Alternativo, coalición entre el movimiento indígena, sectores campesinos, ambientalistas y de izquierda. Fue el primer indígena elegido gobernador de un departamento en Colombia, culminando un proceso en que las organizaciones indígenas caucanas ya ocupaban curules en la Asamblea, concejos y alcaldías.
- 2001
Gobernación bajo ofensiva de las FARC-EP
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Posesionado en enero de 2001, Tunubalá administró el Cauca mientras las FARC-EP ejecutaban una ofensiva sistemática: el Secretariado ordenó expulsar a la fuerza pública de municipios como Silvia, Toribío, Jambaló y Caldono, logrando retirar temporalmente la presencia policial en doce municipios. Mandatarios locales fueron desplazados o asesinados, y muchos alcaldes gobernaron desde Popayán o el exilio.
- 2002
Tensión con la política de seguridad democrática de Uribe
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Con la llegada de Álvaro Uribe Vélez a la Presidencia en agosto de 2002, la gobernación de Tunubalá enfrentó tensiones abiertas: mientras el gobernador defendía la resistencia civil no armada, la negociación humanitaria y el diálogo, el gobierno nacional imponía un enfoque militarista. El estigma de supuesta cercanía con la guerrilla, presente desde la campaña, se reactivó desde el más alto nivel del Estado, generando momentos muy difíciles para el movimiento social.
- 2003
Fin del mandato y legado del experimento plurinacional
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Al concluir su mandato en 2003, la gobernación de Tunubalá quedó registrada como el primer ensayo de administración territorial indígena a escala departamental en Colombia. Internacionalmente reconocido como ex gobernador del Cauca, visitó organizaciones indígenas en Boston en esa calidad. Su experiencia mostró tanto la apertura real del multiculturalismo constitucional como sus límites ante el conflicto armado y la resistencia de las élites.
El comunero de Guambía
Tunubalá nació y se formó en el resguardo de Guambía, en el municipio de Silvia (Cauca), enclave de altura del pueblo Misak —o Wan, como los propios comuneros prefieren llamarse, reservando el término guambiano para su uso administrativo de origen colonial—. La sociedad en la que creció era, ya desde inicios del siglo XX, una comunidad en asfixia territorial. Donde en 1900 cada unidad productiva del resguardo podía contar con doce hectáreas cultivables, en 1970 disponía apenas de tres, y ello para un promedio de seis personas por unidad. El régimen de tenencia interno —el comunero adjudicatario disfruta la tierra de por vida y la transmite a sus herederos— había fragmentado las parcelas hasta configurar un minifundio agudo, mientras terratenientes vecinos, colonos, grupos religiosos e instituciones estatales seguían empujando el límite de lo indígena hacia zonas montañosas cada vez más inaccesibles.
En ese contexto, la afirmación cultural del pueblo Misak adquirió un peso singular. En un Cauca donde solo dos pueblos —los Misak y los Nasa— seguían hablando su lengua propia, únicamente los Misak sostenían además su atuendo tradicional: el anaco, la ruana azul, el sombrero. La comunidad convirtió la vestimenta y la lengua en frontera identitaria, y la escasez de tierra en motor político. De ese Guambía comprimido salieron, hacia los años setenta y ochenta, los cuadros que empezaron a ocupar puestos de liderazgo tanto dentro del resguardo como en las labranzas nuevas —Piendamó, Caldono, Caloto, Morales—, donde los guambianos expandieron su presencia adaptando su horticultura de altura a cultivos de clima cálido y, con ello, ganándose el respeto de campesinos mestizos que los buscaban como interlocutores.
Tunubalá pertenece a esa generación. Su formación política se hizo en el marco de dos organizaciones que definirían el mapa: el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), fundado en 1971 en el hervor de las luchas por la tierra que ya venía impulsando la Asociación de Usuarios Campesinos (ANUC), y el Movimiento de Autoridades Indígenas del Suroccidente, que aportó un principio político decisivo: la relación con el Estado colombiano debía darse "de autoridad a autoridad". Fue este movimiento el que, en la primera mitad de los años ochenta, logró que el presidente Belisario Betancur aceptara y promulgara ese esquema de relación, ante el asombro de la oligarquía caucana.
El movimiento que lo produjo
Para entender qué representa Tunubalá hay que aceptar una jerarquía causal: no fue la Constitución de 1991 la que produjo al líder, fue el movimiento indígena caucano —acumulado durante siete décadas— el que produjo cuadros como él, capaces de ocupar el Estado cuando la ventana constitucional se abrió.
Ese movimiento se reconocía heredero de Manuel Quintín Lame, cuyas reivindicaciones de la primera mitad del siglo XX prefiguraban buena parte del programa del CRIC. Bajo el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera, hacia 1930, se habían intentado formar en el norte del Cauca sindicatos agrarios —las Ligas Campesinas— que buscaron integrar a los indígenas y fracasaron al querer imponerles una mentalidad sindicalista ajena a la organización comunitaria del cabildo. El CRIC, fundado cuatro décadas después, comprendió esa lección: centró su acción en la recuperación de la tierra y en la preservación de la cultura, articulando tres vías simultáneas. Una institucional, por la reforma agraria y el INCORA. Otra de organización comunitaria local, liderada por víctimas del despojo. Y la tercera, la más audaz: la ocupación de hecho de haciendas, generalmente nocturna, donde nutridos grupos de indígenas se asentaban, dividían los terrenos y comenzaban a cultivarlos antes del amanecer.
La represión no se hizo esperar. En noviembre de 1984, un desalojo violento cayó sobre las recuperaciones de tierra de López Adentro, entre Caloto y Corinto; al día siguiente fue asesinado en Santander de Quilichao el sacerdote nasa Álvaro Ulcué Chocué. La reacción de una parte del movimiento fue crear, el 29 de ese mismo mes, en el páramo de Las Moras del resguardo de Mosoco, el Movimiento Armado Quintín Lame. La confluencia de una insurgencia indígena propia, un CRIC con vocación institucional y un Movimiento de Autoridades que exigía diálogo "de autoridad a autoridad" configuró, hacia finales de los años ochenta, un actor político con densidad suficiente para presentarse en la mesa constitucional.
Simultáneamente, el pueblo Misak había iniciado, ya en la década de 1980, la elaboración de lo que llamaría su Plan de Vida: no un documento de planeación al estilo estatal, sino una estrategia de reemergencia pública para reconstruir pensamiento e historia y articular un programa político sobre el derecho a la tierra, la justicia, la educación, la salud, la lengua materna y las costumbres. La versión formalizada llegaría en 1994, ya en pleno vigor de la nueva Constitución, con un principio explícito: un "desarrollo" entendido como pervivencia y crecimiento en armonía con la naturaleza y el cosmos, en ruptura radical con el modelo lineal e indefinido del capitalismo. Este es el lenguaje político con el que Tunubalá llegó a Bogotá.
De la Constituyente al Senado (1990-1991)
La Constitución de 1991 no fue un regalo del régimen a los indígenas: fue el resultado paradójico de una convocatoria hecha bajo el estado de sitio del artículo 121 de la Constitución de 1886 y el Decreto 1038 de 1984, con el objetivo principal de incentivar la integración a la vida civil de grupos guerrilleros. Que en esa negociación entrara el reconocimiento del país indígena se debe menos al diseño del constituyente que a la presión organizada de un movimiento que llevaba dos décadas exigiendo mesa.
En la Asamblea Nacional Constituyente los pueblos indígenas tuvieron voz propia. Lorenzo Muelas Hurtado, líder guambiano, y Francisco Rojas Birry, embera, se convirtieron en los rostros más visibles de una presencia que produjo un verdadero redescubrimiento: una nación indígena que había permanecido invisible se hizo, de pronto, materia constitucional. La comparación con el marco legal previo mide el salto: la Ley 89 de 1890 —la norma que había regulado la vida de los indígenas por más de un siglo— los trataba como "salvajes" a los que había que enseñar cómo debían "gobernarse quienes se redujeran a la vida civilizada". La Carta del 91 los reconoció como pueblos, con territorios, autoridades y jurisdicción propia.
La nueva Constitución rediseñó también el mapa electoral: creó un Senado de cien miembros por circunscripción nacional y, sobre ese cuerpo, dos escaños indígenas adicionales. En la primera elección bajo esa arquitectura, Tunubalá resultó electo senador nacional en representación de los pueblos indígenas. Llegaba con el aval del Movimiento de Autoridades Indígenas y con una biografía comunitaria a la espalda que le daba peso propio dentro y fuera de Guambía. En su discurso, y en el de Muelas —que también hizo carrera parlamentaria—, aparecía con fuerza un concepto central: el Derecho Mayor. Los guambianos lo formulan como un derecho propio, derivado de miles de años de historia y presencia territorial, equiparable a lo que otros pueblos denominan ley natural, ley de origen o derecho ancestral. En el continente, líderes como Muelas lo articularon como base de resistencia frente a la colonización y a la intrusión externa, invocando una historia común de treinta mil años.
La senaduría fue el primer piso del ensayo: mostraba que el nuevo pacto podía llevar al Capitolio a un dirigente indígena con lengua, atuendo y programa propios. Faltaba probar si ese pacto resistía el salto a la administración territorial.
La gobernación imposible (2000-2003)
En octubre de 2000, Tunubalá ganó la Gobernación del Cauca al frente del Bloque Social Alternativo, coalición entre el movimiento indígena, sectores campesinos, ambientalistas y de izquierda. El hecho tenía dimensión histórica: por primera vez en Colombia un indígena era elegido gobernador de departamento. En el Cauca, donde las organizaciones indígenas ya ocupaban curules en la Asamblea, concejos y varias alcaldías, la elección fue leída como culminación lógica de un proceso; en el país, como acontecimiento simbólico mayor del multiculturalismo constitucional.
La campaña había cargado, sin embargo, con un lastre que anticipaba lo que vendría. En el sur del Cauca, la toma de El Bordo por las FARC —cuya fecha exacta oscila entre 1999 y el 8 de marzo de 2000— había dejado entre la población urbana del Patía una imagen negativa de la guerrilla asociada a destrucción, y con ella un estigma que caería sobre cualquier candidato del movimiento social: el de ser, por cercanía política, cercano a los violentos. Tunubalá contrarrestó la percepción con un acuerdo con una emisora local en El Bordo, que le permitió dirigirse directamente a los patianos urbanos. Ganó, pero el estigma no se disipó con la victoria: lo acompañaría durante todo el mandato.
La posesión, en enero de 2001, coincidió con el peor momento del conflicto armado en el Cauca. El gobierno de Andrés Pastrana Arango vivía las últimas convulsiones del proceso de paz del Caguán, y las FARC-EP, en lugar de replegarse, ejecutaban una ofensiva sistemática sobre el territorio caucano. El Secretariado había ordenado a la Columna Móvil Jacobo Arenas, al Frente 6 y al Bloque Móvil expulsar a la fuerza pública de los municipios de Silvia —el propio municipio de Guambía—, Suárez, Santander de Quilichao, Toribío, Jambaló y Caldono. En este último, el 8 y 9 de junio, la orden se concretó en tomas simultáneas de la cabecera municipal y del corregimiento de Siberia, con cilindros bomba que destruyeron una escuela, una casa religiosa y varias viviendas. En el balance del período, las FARC-EP consiguieron retirar temporalmente la presencia policial en doce municipios del Cauca.
La guerrilla no solo atacó a la fuerza pública. Durante la administración de Tunubalá, mandatarios locales e integrantes de concejos municipales fueron desplazados o asesinados; muchos alcaldes se vieron forzados a gobernar desde Popayán o directamente desde el exilio. El gobernador indígena administraba un departamento donde el Estado, en sentido material, se estaba retirando bajo presión armada.
En ese cuadro, la coalición que había llevado a Tunubalá al poder desplegó una estrategia doble. Por un lado, la administración departamental intentó gestionar con recursos escasos —el Cauca es y era uno de los departamentos más pobres del país— programas de desarrollo alternativo, ambiental y de fortalecimiento territorial de los pueblos indígenas. Por otro, las comunidades organizadas desplegaron un ciclo de resistencia civil no armada que ya venía articulándose desde 1999, cuando manifestantes en Piendamó, el 28 de mayo de ese año, habían expulsado a una columna de las FARC. Durante la gobernación, las movilizaciones se multiplicaron en Caldono, Puracé, Coconuco, Silvia e Inzá, con el propósito de impedir tomas guerrilleras. Se trataba de un experimento inédito: una autoridad departamental indígena y una base comunitaria que resistían simultáneamente, y a menudo con éxito local, a los actores armados.
El instrumento propio de esa resistencia fue la Guardia Indígena, concebida no como estructura policial sino como organismo ancestral: mecanismo humanitario y de resistencia civil que enfrenta a los actores armados sin armas, mediante la persuasión y el diálogo, con bastones de mando como único símbolo de autoridad. Su eficacia le valdría después el Premio Nacional de Paz, y la experiencia zonal de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) llegaría a solicitar ante Naciones Unidas su reconocimiento como cuerpo internacional de paz.
Pero el margen del gobernador era estrecho. Tunubalá encontró frente a sí, además de la ofensiva guerrillera, la respuesta del Estado central. Con la llegada de Álvaro Uribe Vélez a la Presidencia en agosto de 2002, la política de seguridad democrática impuso al Cauca un enfoque militarista con el que la gobernación mantenía tensiones evidentes: el gobernador defendía la resistencia civil, la negociación humanitaria y el diálogo con actores armados donde el nuevo gobierno pedía combate. El mandato enfrentó una respuesta adversa que generó momentos muy difíciles para el movimiento social. El estigma de campaña —cercanía sospechosa con la guerrilla— se reactivó ahora desde el más alto nivel del Estado.
Ese es el corazón del experimento fallido-pero-fértil. La Constitución de 1991 había abierto los canales de representación política a los indígenas, pero no había blindado el ejercicio del cargo: el gobernador del Cauca dependía, como cualquier otro, de transferencias de la Nación, del apoyo de la fuerza pública para gobernar territorio, del respaldo del Ejecutivo central para negociar. Cuando el gobierno de Uribe replanteó el país en clave de seguridad democrática, y cuando las FARC-EP eligieron el Cauca como escenario de una ofensiva sostenida, el margen de la gobernación indígena se comprimió al mínimo. Tunubalá terminó su período en enero de 2004 sin la posibilidad institucional de reelegirse —era la norma vigente— y con un balance que solo podía leerse en dos claves opuestas: para sus contradictores, un mandato desbordado por la violencia; para el movimiento indígena, la demostración de que se puede gobernar de otra manera, incluso en condiciones extremas.
La red: personas, lugares, ideas
La figura de Tunubalá no se sostiene sola. Se entrelaza con una red densa que conviene nombrar.
En lo personal y político, Lorenzo Muelas Hurtado es su antecesor inmediato: constituyente guambiano, articulador del Derecho Mayor en discursos que llegaron a proyectarse hacia foros indígenas continentales. Con Juan Bautista Muelas Trochez, Tunubalá firmó en 2009 un texto de Plan de Vida Misak que sistematizó la política de pervivencia y crecimiento en armonía con la naturaleza, articulando la propuesta de desarrollo autónomo del pueblo Misak como programa escrito. Después de Tunubalá, el liderazgo indígena caucano tuvo otras figuras nacionales —Aída Quilcué, Feliciano Valencia—, cada una con su propia biografía, pero todas trabajando sobre el terreno que el mandato Tunubalá había abierto y también sobre las cicatrices que había dejado.
En lo territorial, Guambía es la matriz. Silvia, la cabecera municipal, es su capital administrativa. Popayán, la ciudad blanca de la aristocracia caucana, fue la sede de una gobernación en la que un misak, con atuendo propio, se sentó a despachar. El resguardo de La María, en Piendamó, aporta otra pieza clave: espacio pluriétnico compartido por Misak, Nasa y campesinos, se convirtió durante estos años en laboratorio de estrategias de resistencia basadas en el respeto a la diversidad, la concertación entre instancias de autoridad del cabildo y la autogestión —una demostración práctica, en pequeño, de lo que un país plurinacional podría parecerse.
En lo conceptual, tres ideas atraviesan la biografía política de Tunubalá. La primera es el Plan de Vida, que reformula la palabra desarrollo desde el pensamiento indígena y opone al crecimiento lineal capitalista una noción de pervivencia. La segunda es el Derecho Mayor, que reclama para los pueblos una legitimidad anterior a la del Estado colombiano, fundada en la historia larga del territorio. La tercera es la relación de autoridad a autoridad, principio del Movimiento de Autoridades Indígenas que exige al Estado tratar a las autoridades tradicionales no como súbditos a integrar sino como pares con jurisdicción propia. Estas tres ideas se filtran, con distintos grados de éxito, tanto en su labor parlamentaria como en su gestión departamental.
Fuera de Colombia, Tunubalá funcionó también como referente. Una visita a Boston, en calidad de exgobernador, buscó establecer contacto con una organización indígena de Nueva Inglaterra, y el episodio dejó registro de las tensiones internas del mundo indígena continental: la directora criticó con dureza a otra tribu tachándola de "indios falsos", y Tunubalá, según el testimonio de quien traducía, quedó seriamente desconcertado. La anécdota es reveladora: el líder guambiano, formado en el principio de hermandad continental de los pueblos, se topaba con que el reconocimiento entre naciones nativas tampoco estaba exento de disputa. El discurso de la solidaridad indígena continental —enunciado por Muelas y compartido por Tunubalá— hablaba de una historia común de treinta mil años y de un derecho ancestral compartido entre Guambianos, U'was, Arhuacos, Koguis y los pueblos del continente, pero la práctica del encuentro entre naciones exhibía sus propias fisuras.
La huella: qué dejó, cómo se lo disputa
Medir a Tunubalá exige separar dos planos.
En el plano de la administración departamental, su gobernación fue, en buena medida, desbordada. El Cauca de 2001-2003 era un territorio en guerra abierta, con la fuerza pública replegada en doce municipios, la clase política local desplazada o exiliada, cilindros bomba cayendo sobre escuelas y casas religiosas, y un gobierno central que primero agonizaba en el Caguán y después giró hacia una seguridad democrática con la que el gobernador nunca fue interlocutor natural. Los indicadores tradicionales de gestión —obra, inversión, seguridad— rinden mal en esas condiciones para cualquiera. Rindieron mal también para Tunubalá.
En el plano histórico-simbólico, la huella es de otra magnitud. La gobernación demostró que la promesa multicultural del 91 podía llegar hasta la administración territorial: que un indígena podía ser elegido gobernador y ejercer el cargo con lengua, cultura y programa propios. Al mismo tiempo, y esto es lo fértil del fracaso, dejó al descubierto la asimetría estructural del pacto: el reconocimiento formal no venía acompañado ni de una redistribución fiscal que le diera capacidad de gobierno al mandatario indígena, ni de un rediseño territorial que blindara su ejercicio frente al conflicto armado, ni de una arquitectura política nacional que le reconociera interlocución de igual a igual con el Ejecutivo central. La Constitución había abierto la puerta; no había construido la casa.
Ese diagnóstico, extraído de la experiencia Tunubalá, alimentó al menos tres cosas. Primero, la insistencia del movimiento indígena caucano en desarrollar sus propias instituciones —Guardia Indígena, cabildos ampliados, resguardos pluriétnicos como La María— sin esperar que el Estado las supliera. Segundo, la comprensión, por parte del propio movimiento, de que su institucionalización tenía un costo: al pasar de enfrentar al Estado a representarlo, sus voceros quedaban atrapados entre la base organizativa que los legitimaba y las políticas centrales —seguridad, antinarcóticos— que no podían controlar. Tercero, el aprendizaje electoral que llevaría a nuevas candidaturas, alianzas y experimentos regionales en las dos décadas siguientes.
La disputa sobre Tunubalá tiene versiones encontradas. La derecha caucana y sus prolongaciones nacionales, especialmente durante los gobiernos de Uribe (2002-2010) y las primeras fases del de Juan Manuel Santos, lo leyeron como el mandatario que no supo enfrentar a la guerrilla y que, con su tolerancia hacia la resistencia civil y su desconfianza del militarismo, facilitó la penetración armada del departamento. El movimiento indígena lo lee, por el contrario, como el gobernador que, en condiciones imposibles, sostuvo el principio de que hay maneras no armadas de defender el territorio, y que llevó al despacho departamental una manera de ejercer autoridad —colegiada, comunitaria, respetuosa de las jurisdicciones propias— que hasta entonces se conocía solo dentro del cabildo. Entre ambas lecturas hay margen para una tercera: la que reconoce el desborde real de su gestión sin absolver de responsabilidad ni al gobierno central que le negó recursos y respaldo, ni a las FARC-EP que eligieron su departamento como escenario de ofensiva, ni a un diseño constitucional que abrió puertas sin construir pisos.
Lo que ninguna de las tres puede desconocer es que Tunubalá desplazó, para siempre, el umbral de lo pensable. Después de 2003, la posibilidad de que un indígena gobernara un departamento colombiano dejó de ser hipótesis: era antecedente. La categoría misma de primer gobernador indígena dejó de tener el peso de un límite y pasó a ser el nombre de una etapa. En 2019, en las mismas coordenadas caucanas, la gobernación volvería a poner sobre la mesa el ensayo pluriétnico, con la elección de Elías Larrahondo y una alianza que retomaba parte del espíritu del Bloque Social Alternativo. La memoria de Tunubalá funcionaba, entonces, como piso.
En el mundo del pensamiento indígena, su figura sigue asociada al Plan de Vida y al Derecho Mayor. El texto que firmó con Juan Bautista Muelas Trochez en 2009 se lee hoy como una de las formulaciones más acabadas del proyecto Misak de un desarrollo alternativo: no un discurso de resistencia frente al progreso, sino una propuesta afirmativa de otra manera de habitar el territorio, articulada por alguien que había pasado por el Capitolio y por la gobernación de Popayán, y que sabía, mejor que casi nadie, cómo se ve el proyecto plurinacional desde adentro del Estado colombiano.
Es esa doble condición —comunero y gobernador, misak y mandatario departamental, dirigente comunitario e interlocutor internacional— la que hace de Floro Tunubalá una figura pivotal del multiculturalismo colombiano. Sin él, la Carta del 91 es letra: reconocimiento sin prueba práctica. Con él, se convirtió en experimento verificable, con sus alcances y sus grietas. El país aprendió, gracias a su gobernación, dos cosas simultáneas y difíciles: que un indígena puede ser gobernador de un departamento colombiano, y que, para que ese hecho signifique lo que promete, hay que transformar mucho más que la Constitución.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
24 documentos · 29 fragmentos01La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · Página 2601 cita
[1]es - tado presente incluso antes del conflicto, desde la conquista española, los indígenas han sufrido el despojo de sus tierras. Ante los crímenes perpetrados contra las poblaciones indígenas, el país ha cerrado los ojos y nadie quiere reconocer la irresponsabilidad del Estado y de la sociedad que ha propiciado el…
p. 260
02La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · Página 311 cita
[2]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 32 L a g e n t e d e G u a m b i a en el Cauca, solamente los misak (guambiano) y nasa (páez) continúan hablando su lengua indígena y solo los misak usan su atuendo propio. 2 Este libro trata sobre la cultura y la organización social de la sociedad misak y…
p. 31
03Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · Páginas 315, 3262 citas
[3]adjudicación puede estar seguro de disfrutarla de por vida y de transmitir el derecho a sus herederos, aun en casos en que el comunero no haya residido dentro del resguardo. Esta modalidad de tenencia, añadida a la imposibilidad de expandir el resguardo, ha convertido a Guambía en tierra de minifun- distas. Allí la…
p. 315
[7]en los municipios de Piendamó, Cal- dono, Caloto y Morales. 327 Hfiífinfiídi nfic erstrí a cr rórfdónr La pujanza de estas nuevas labranzas guambianas rati- fica la convicción de que esta cultura es una de las más maleables de América. Además de las innovaciones que los guambianos han aceptado en su atuendo, en su…
p. 326
04Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · Páginas 142, 1622 citas
[4]años 80 cuando se inició la elaboración del Plan de Vida para reaparecer, partiendo de una organización propia, en la escena pública de lucha. Es así como han ido reconstruyendo el pensamiento y la historia y elaborando un pensamiento político sobre el derecho a la tierra, a la justicia, a la educación, a la salud, a…
p. 142
[6]la María también muestra diversas estrategias que el pueblo Misak ha venido desarrollando a lo largo de los años y que indudablemente se pueden catalogar como formas de resistencia. Entre ellas encontramos las siguientes: 163 • El respeto a la diversidad, pues el resguardo está conformado por tres grupos étnicos:…
p. 162
05Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · Página 3351 cita
[5]the state and international cooperation, and the control of radio initia - tives via legal regulations. These problems have also encouraged indig - enous people to develop novel responses to overcome external limitations. As the Evangelical intervention among the Misak shows, sometimes indig - enous people employ the…
p. 335
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1421 cita
[8]Valle del Cauca; esto es: tanto en la región Andina, como en los litorales Atlántico y Pacífico, y en la Amazonia. En total, suman casi 42.000 indígenas y es el tercer grupo más importante del país; por lo general cul- tivan de manera itinerante las vegas de los ríos, por grupos de parientes, reconocidos tanto por…
p. 142
07Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 3361 cita
[9]política, creó una circunscripción nacional para elegir un senado de numerus clausus: 100 miembros, más dos indígenas. Antes de esbozar las grandes líneas de la constitución de 1991, conviene subrayar el silencio en relación con el estatuto de los mi- litares y de la policía y sus relaciones con el poder civil. Las…
p. 336
08Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · Página 821 cita
[10]pude. No me percaté de que alguien dentro del público filmaba la escena. Por ese tiempo, había ocurrido el estallido de una bomba en Bogotá. El noticiero dedicó 29 minutos a desmenuzar esa noticia. En el minuto final, la presentadora dijo: “Mientras los bogotanos sufrían las consecuencias de las bombas, el candidato…
p. 82
09The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 6111 cita
[11]will try to misrepresent why we have come: sometimes we are accused of being guerrillas or communists be- cause we oppose the progress which they impose, which is why I want to warn you about the consequences. I come here in recognition of our brotherhood. We Indian peoples across the entire continent have developed…
p. 611
10Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 1931 cita
[12]el país. A pesar de lo corto del tiempo, su coordinador, Ricardo Santamaría, sostiene que hubo mucho interés, el cual se vio reflejado, por ejemplo, en el Una de las mayores paradojas de la Constitución de 1991 fue que esta nació con base en la controvertida figura del “estado de sitio”. En efecto, el presidente…
p. 193
11Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 761 cita
[13]Drug cartels also gained increasing political power, having won seats in Congress and influence among businesspeople, politicians, and government officials. The economic crisis of the 1980s and innumerable other problems forced a reconsideration of the Colombian state model. Changes came swiftly; in less than a year a…
p. 76
12Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · Página 2871 cita
[14]descentralizador (ordenó la elección popular de gobernadores) que se había iniciado con la de alcaldes. Le dio autonomía y funciones a la junta directiva del Banco de la República, lo cual ha tenido importancia en el manejo de la economía nacional. Con la eliminación de la posibilidad de extraditar colombianos por…
p. 287
13Una vida, muchas vidasGustavo Petro Urrego · 2021 · Página 1801 cita
[15]medias, jóvenes y algunos asala- riados. Mejor dicho, la modernidad colombiana. No salió, ·en cambio, el electorado rural, el de provincia, el popular; Y ese hecho marcó la historia de Colombia, porque lo que debió haber sido un tratado de paz, como el jurista italiano Norberto Bobbio lla.111aba a las constituciones,…
p. 180
14Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Páginas 321, 3232 citas
[16]En este caso, las acciones de vigilancia, control de la circulación, denuncia de irregularidades ante las autoridades comunales y llamados de alarma ante la presencia de grupos armados han sido asumidas por núcleos voluntarios dependientes de los cabildos. 12 Entre una y otra etapa median cambios importantes que…
p. 323
[22]de redes del narcotráfico en la región. Ante el incremento de la acción de los actores armados desde finales de los años noventa, las organizaciones comunitarias respondieron con la movilización. Con ello se ha configurado un nuevo ciclo de resistencia, esta vez de carácter civil y no armada, que corresponde a una…
p. 321
15Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 192, 3462 citas
[17]a líderes y miembros del pueblo Nasa 354. A comienzos del siglo XXI, las FARC-EP lograron temporalmente retirar la pre- sencia de la policía en doce municipios del Cauca. Estas acciones coincidieron con la 353 Informe 1304-CI-01472, CIDH, Caso 12.843. 354 Ibíd., 179. parte iii: violencias, daños y resistencias de los…
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[27]cabil- dos y las comunidades indígenas habían incrementado. En 1984, sucedieron dos hechos que impulsaron el surgimiento del Movimiento Armado Quintín Lame como estructura armada organizada. Por un lado, ocurrió un desalojo violento de miembros de comunidades indígenas en las recuperaciones de tierra de López Adentro,…
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16Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 2John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · Páginas 159, 1672 citas
[18]o momentos de mantenerse en la mitad, ¿ya? Y eso los enemigos de los procesos sociales lo tienen muy cla- ro y lo trabajan. Lo trabajan los politiqueros, lo tienen muy bien trabajado quienes siempre han querido detentar el poder y lo han detentado, ellos lo saben manejar. 258 CNMH-CIMA, entrevista 0119, maciceño…
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[20]listo hablemos, hablemos y hacemos un acuerdo programático y llegamos a algún acuerdo; y efectiva- mente, entonces lo que logré fue ganarnos la emisora. - Por la emisora yo podía hablar porque afuera, en El Bordo no me conocían tanto como arriba y la votación del casco urbano era significativa, pero sobre todo era…
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17Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · Página 2251 cita
[19]many questions remain. For example, what to do about indigenous communities that do not accept other communities’ assertions and perfor - mances? During a visit to Boston the Guambiano Floro Tunubalá, a former gov - ernor of Cauca, wanted to visit an indigenous organization, and I accompanied him to one that…
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18Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 8331 cita
[21]Secretariado de las FARC-EP le ordenó a la Columna Móvil Jacobo Arenas, al Frente 6 y al Bloque Móvil sacar a la fuerza pública de los municipios de Silvia, Suárez, Santander de Quilichao, Toribío, Jambaló y Caldono, en Cauca 2929. En Caldono, esta orden se concretó en las tomas de la cabecera municipal del mismo…
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19Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · Página 751 cita
[23]señor de Belalcázar. Territorio insu fi ciente para su población y rodeado de resguardos nasas, que les ha impedido agrandarlo al derredor, obligándolos, una vez recuperado, a buscar tierras en sitios lejanos. La segunda, proseguir solicitando al Estado el reconocimiento de “los derechos” a lo cual se dedicó bastante…
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20Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · Página 501 cita
[24]afronta a los actores armados sin armas, sólo con la persuasión y el diálogo; brinda la seguridad a visitantes destacados durante su visita a los territorios indígenas, como cuando los visitó el juez español Baltasar Garzón, o el presidente Belisario Betancur; y en forma permanente vigila el territorio. La “guardia…
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21¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 2871 cita
[25]una for- ma de resistencia directa frente a los actores armados y para la defensa de las comunidades. Su sentido está descrito en un documento colectivo del Consejo Regional Indígena del Cauca – CRIC –: 162. Entrevista a miembro fundador. GMH, El orden desarmado, 369. 163. Entrevista a campesino. GMH, El orden…
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22Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · Página 5651 cita
[26]grupos étnicos del Cauca, pero se sostiene principalmente en los nasas. Fue fundado en 1971, institucionalizando el movimiento indígena en la región y un largo pasado de resistencia indígena en el Cauca a la ocupa- ción de sus territorios y dominación de sus culturas. Brota en el seno de las luchas por la tierra en la…
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23El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · Página 3031 cita
[28]Varios años duró la resistencia de los indígenas y los campesinos, hasta cuando en 1964, ya bajo el gobierno del Frente Nacional, desapareció el último reducto de la resistencia organizada, la República Independiente de Riochiquito, después de un intenso bombardeo por las fuerzas armadas nacionales. Lograda la…
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24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 631 cita
[29]fortalecimiento de las autoridades tradicio- nales y la restauración de valiosos rasgos culturales, como la lengua, las creencias, las costumbres y la historia 98. La lucha indígena por la tierra tuvo tres componentes: primero, uno institucional, bajo el cual se buscó la reforma agraria a través de los marcos…
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