Privacidad y medición

¿Nos permite medir el uso del archivo?

Usamos Google Analytics para conocer, de forma agregada, qué páginas se leen y mejorar la navegación. Google Tag Manager no se carga hasta que usted lo acepte. Puede rechazarlo o cambiar su decisión después. Más información sobre privacidad y analítica.

Idea · Constitución de 1991

Autonomía indígena

La autonomía indígena en Colombia es el reconocimiento constitucional y jurídico del derecho de los pueblos indígenas a gobernarse por autoridades propias, aplicar justicia según usos y costumbres, y ejercer control sobre territorios inalienables; resultado codificado de cuatro siglos de resistencia territorial y jurídica, consagrado en la Constitución de 1991 pero sitiado desde entonces por promesas incompletas y un conflicto armado que la atraviesa como si no existiera.

3.938 palabras57 documentos75 fragmentos citados
Autonomía indígena

Trayectoria de una idea

  1. 1729

    Extinción de la última encomienda en territorio guambiano

  2. 1890

    Promulgación de la Ley 89 de 1890

  3. 1892

    El resguardo de Jegua usa títulos coloniales como defensa jurídica

  4. 1948

    Extinción del resguardo de Anganoy en Nariño

  5. 1971

    Fundación del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC)

  6. 1972

    Pacto de Chicoral frena la reforma agraria

  7. 1988

    El Movimiento Armado Quintín Lame emite su propuesta de paz

  8. 1991

    Constitución de 1991: consagración jurídica de la autonomía indígena

  9. 1991

    Colombia ratifica el Convenio 169 de la OIT mediante la Ley 21

  10. 1991

    Demandas indígenas no aprobadas en la Constituyente

  11. 2000

    La Corte Constitucional convierte la tutela en instrumento de derechos colectivos

03

La lectura

La autonomía indígena en Colombia no nació en 1991: llegó a ese año cargando cuatro siglos de pleitos coloniales, resistencias republicanas y organizaciones modernas que supieron convertir la ley del opresor en escudo propio. Su consagración constitucional fue una conquista real arrancada desde abajo por décadas de movilización, pero también, para franjas del Estado, un dique funcional frente a la izquierda armada y social, lo que explica tanto su alcance pionero como sus límites deliberados. El subsuelo quedó del lado del Estado, las Entidades Territoriales Indígenas nunca fueron plenamente reglamentadas, y la ley de coordinación jurisdiccional prevista en el artículo 246 sigue esperando su forma definitiva treinta años después. Ha sido la Corte Constitucional, más que el legislador, quien ha llenado ese vacío, transformando la tutela en instrumento de derechos colectivos y construyendo una jurisprudencia que en ciertos casos exige el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades ante la explotación de sus territorios. En el terreno, la autonomía sigue siendo un campo de disputa permanente entre el Estado que la reconoció con reservas, los pueblos que la habitan como derecho vivo y los actores armados que la atraviesan como si no existiera.

La autonomía indígena en Colombia

La autonomía indígena es, en la historia colombiana, una de esas instituciones que se leen mejor a contraluz: no como una concesión otorgada en 1991, sino como el resultado codificado de cuatro siglos de resistencia jurídica y territorial, y a la vez como una soberanía frágil, sitiada casi desde el mismo momento de su consagración por un conflicto armado que la Constitución no supo clausurar. Reconoce a los pueblos indígenas la potestad de gobernarse por autoridades propias, aplicar justicia según usos y costumbres, y ejercer control sobre territorios inalienables, imprescriptibles e inembargables. Es, en el papel, uno de los reconocimientos más avanzados de América Latina. En el terreno, es un campo de disputa permanente entre el Estado que la reconoció con reservas, los pueblos que la habitan como derecho vivo y los actores armados que la atraviesan como si no existiera.

De la ley colonial a la Ley 89 de 1890

El resguardo, célula territorial sobre la que se levantará la autonomía moderna, es una institución colonial. Nació como sistema de tenencia comunal para los indígenas concentrados por la Corona en unidades administrables, y coincidió con la racionalización del tributo y la lenta supresión del monopolio de mano de obra que ejercían los encomenderos. La lógica jurídica fue ambivalente desde el principio: funcionarios como Verdugo y Oquendo llegaron a entender que el usufructo de las tierras comunales estaba condicionado al pago del tributo a la Corona, lo que ataba el derecho al deber fiscal en un mismo nudo. Cuando la última encomienda en territorio guambiano revertió a la Corona en 1729, fueron los corregidores de indios quienes asumieron la recaudación, y sus bajos salarios los empujaron a intensificar la explotación de la población indígena bajo su tutela.

Las Leyes de Indias fueron el primer cuerpo jurídico general de convivencia entre colonizadores y nativos en América Latina, y su destino marcó el molde de lo que vendría después: los encomenderos las acataban pero no las cumplían, siguiendo la vieja fórmula que resumía el desfase entre la letra protectora de la Corona y la práctica local. Los resguardos, aun así, se sostuvieron. Y algunas comunidades aprendieron pronto a usar los propios títulos coloniales como armas jurídicas. El caso del resguardo de Jegua es elocuente: en 1892, sus indígenas recurrieron a los linderos consignados en títulos originales del siglo XVII como pruebas supletorias en un juicio de defensa territorial. La documentación colonial, concebida como instrumento de sujeción, se convirtió en escudo.

El siglo XIX republicano tensó la cuerda en la dirección contraria. La legislación liberal, imbuida del ideal individualista de la propiedad, se propuso disolver los resguardos y parcelar las tierras comunales. La tendencia fue dominante, pero no uniforme. En las provincias del sur —Popayán, Pasto, el Cauca— el aislamiento geográfico y una movilización indígena sostenida, que combinó protesta violenta, dilación jurídica y resistencia pasiva, permitió que muchos resguardos sobrevivieran a los embates. En otras regiones la parcelación avanzó, produciendo una masa de campesinos desposeídos que se incorporaron a las haciendas como peones, aparceros y arrendatarios. La enajenación de tierras indígenas fue significativa allí donde el proyecto liberal se impuso.

En ese paisaje irrumpe la Ley 89 de 1890, construida sobre concepciones abiertamente racistas —trataba a los indígenas como menores de edad que debían ser tutelados por la Iglesia y el Estado— y convertida, con el tiempo, en la herramienta jurídica más poderosa de resistencia indígena en la primera mitad del siglo XX. Su reconocimiento del cabildo y de la personería colectiva de los resguardos daba pie a defender territorios frente a la enajenación. Fue la ley con la que se pelearon los pleitos, se paró la parcelación donde se pudo parar, y se articuló, décadas después, el discurso de un continuo jurídico que llegaría hasta la Asamblea Nacional Constituyente.

La extinción de resguardos, sin embargo, se prolongó hasta bien entrado el siglo XX. En Nariño, durante las décadas de 1940 y 1950, se disolvieron unidades enteras, modificando en profundidad la estructura social y agravando el minifundio. El resguardo de Anganoy, extinguido en 1948 y parcelado entre sus miembros, terminó fragmentado en lotes de dimensiones exiguas. Otros fueron declarados extintos por la simple ausencia de titulación notarial: sus tierras se consideraron baldías y sus habitantes, ocupantes sin derecho. La autonomía, en esa fase, era menos un horizonte que una supervivencia.

Quintín Lame y la larga marcha del cabildo

Manuel Quintín Lame condensó en su figura la transición del pleito colonial al programa moderno. Nacido en el Cauca, encarcelado cerca de setenta veces según su propio testimonio, articuló en escritos y prédicas un núcleo doctrinal que las organizaciones posteriores adoptarían casi punto por punto: recuperar las tierras de los resguardos, ampliarlos, fortalecer los cabildos, negarse a pagar terrajes. Su lucha fue simultáneamente jurídica y territorial, y descansaba sobre la convicción de que la ley existente —incluida la Ley 89, con todo su paternalismo— podía volverse contra quienes la habían escrito.

De ese linaje surge, medio siglo después, el Consejo Regional Indígena del Cauca. El CRIC se fundó en 1971, en el contexto de las luchas por la tierra que agitaban al campo colombiano y en el que operaba también la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos. La diferencia con la ANUC no era menor: donde ésta pensaba la tierra como medio de producción a redistribuir, el CRIC comenzó a articular una idea de territorio como fundamento de identidad y gobierno propio. La distinción parecía sutil; sería decisiva. El Pacto de Chicoral, firmado el 9 de enero de 1972 entre el presidente Misael Pastrana Borrero y los latifundistas, frenó la reforma agraria impulsada bajo Lleras Camargo y terminó por precipitar diferencias internas en la ANUC, mientras el CRIC consolidaba una identidad propia.

El CRIC se centró sobre todo en la recuperación de tierras de resguardo y ejerció un papel político y directivo, ocupándose en menor medida —pero de manera explícita— de la preservación cultural. Su modelo probó ser contagioso: la experiencia caucana inspiró la fundación del Consejo Regional Indígena de Caldas y del de Risaralda, en zonas donde las tensiones entre miembros de resguardos y líderes de la ANUC sobre qué significaba la tierra empujaron a las comunidades a organizarse por su cuenta. Para finales de los años setenta, el movimiento indígena colombiano se había convertido en uno de los actores organizados más sólidos del país, superando en cohesión a los movimientos campesino, obrero y estudiantil que enfrentaban simultáneamente el desgaste de la represión y las divisiones sectarias.

Quintín Lame en armas

La radicalización de una franja del movimiento produjo, entre 1984 y 1991, el Movimiento Armado Quintín Lame. Su nacimiento no fue endógeno: hubo contactos previos entre dirigentes indígenas del Cauca y el M-19, incluyendo una escuela conjunta de formación político-militar, y algunas armas provenientes del asalto al Cantón Norte llegaron a manos de los futuros combatientes indígenas. El MAQL surgió también como respuesta al asesinato sistemático de dirigentes indígenas por el Frente 6 de las FARC en el norte del Cauca durante la primera mitad de los años ochenta, un dato incómodo que rara vez ocupa el lugar que merece en el relato del conflicto: las guerrillas, que se decían aliadas naturales de los oprimidos, mataron a los líderes que no aceptaban su tutela.

En julio de 1988 el MAQL emitió su propuesta de paz, articulada en tres demandas de alcance regional: desmilitarización de las zonas indígenas y campesinas, un acuerdo político con participación de todas las fuerzas sociales, y un proyecto de desarrollo regional que atendiera los intereses de toda la población del Cauca. Era, en sustancia, un programa territorial y no clasista: la autonomía indígena traducida al lenguaje de las conversaciones de paz. El MAQL se desmovilizó en 1991, junto con el M-19, el EPL y el PRT. Las FARC y el ELN, que rechazaron el desarme exigido por el gobierno, quedaron por fuera. Ese cisma marcaría la vida de la autonomía indígena en las dos décadas siguientes.

El pacto del 91

La Asamblea Nacional Constituyente fue convocada bajo el gobierno de César Gaviria, aunque la propuesta de reforma constitucional había sido articulada desde el gobierno de Virgilio Barco. Se instaló el 4 de febrero de 1991 y proclamó la nueva Constitución el 4 de julio del mismo año. La presidieron tres copresidentes que resumían un pacto improbable: Álvaro Gómez Hurtado por la derecha conservadora, Antonio Navarro Wolff como exguerrillero del M-19, y Horacio Serpa Uribe desde la tradición liberal. Los grupos desmovilizados —incluido el Quintín Lame— participaron en el proceso.

Dos delegados indígenas ocuparon un lugar propio en la Asamblea: Lorenzo Muelas, guambiano del Cauca, y Francisco Rojas Birry, emberá del Chocó. Su presencia no era ornamental. Llegaron con un programa ambicioso: que Colombia se declarara plurinacional, que la circunscripción especial indígena contara con cuatro senadores y ocho representantes, y que el subsuelo en territorios indígenas perteneciera a las comunidades. Ninguna de esas tres demandas prosperó en su formulación máxima. La nación se reconoció diversa, pero no plurinacional. La circunscripción especial obtuvo dos escaños en el Senado —de un total de cien— y ninguno permanente en la Cámara. Y el subsuelo, decisivo en un país minero y petrolero, quedó del lado del Estado.

Lo que sí se consagró fue un conjunto jurídico sin precedentes en la región. La Constitución reconoció la diversidad étnica y cultural de la nación y protegió a los pueblos indígenas en varios de sus artículos, entre ellos el 7, el 10, el 58, el 63, el 243, el 246 y el 330. El artículo 246 estableció los cuatro elementos centrales de la jurisdicción especial indígena: autoridades judiciales propias, potestad de dictar normas y procedimientos, sujeción a la Constitución y la ley, y una futura ley de coordinación con el sistema judicial nacional que aún, décadas después, sigue esperando su forma definitiva. Las tierras de resguardo fueron declaradas inalienables, imprescriptibles e inembargables. Se crearon las Entidades Territoriales Indígenas, concebidas como unidades con autonomía territorial y presupuestal según prácticas culturales propias. Y en 1991, mediante la Ley 21, Colombia ratificó el Convenio 169 de la OIT sobre derechos de los pueblos indígenas y tribales, incorporando al bloque de constitucionalidad uno de los instrumentos internacionales más robustos en la materia.

El fortalecimiento del movimiento indígena que hizo posible ese resultado no obedeció a una sola causa. La lucha interna de dos décadas fue la base, pero coincidió con un ambiente internacional favorable —el auge del multiculturalismo, la crisis ambiental global, el creciente interés por la protección de los pueblos aborígenes— y con dinámicas internas del Estado colombiano que merecen leerse con lucidez. Algunos actores estatales, notablemente la División de Asuntos Indígenas, toleraron e incluso alentaron las movilizaciones de base étnica como parte de un esfuerzo por contrarrestar movilizaciones de clase y la expansión guerrillera en territorios indígenas. Que la autonomía haya sido una conquista real arrancada desde abajo no excluye que también haya sido, para franjas del Estado, un dique útil frente a la izquierda armada y social. Ese doble origen —presión desde abajo y funcionalidad desde arriba— explica tanto su alcance pionero como sus límites deliberados.

Las promesas incompletas

El texto constitucional se leyó, y se sigue leyendo, en dos registros. El del reconocimiento simbólico y jurídico, celebrado con razón: por primera vez desde la Colonia, un Estado latinoamericano reconocía a los pueblos indígenas como sujetos colectivos de derecho con territorio, justicia y representación propios. Y el de las promesas incompletas, que se hicieron visibles casi de inmediato.

Las Entidades Territoriales Indígenas, previstas como el mecanismo institucional para dar cuerpo a la autonomía, nunca fueron reglamentadas de manera plena. Treinta años después de la Constitución, la ley orgánica que debía ordenar su funcionamiento sigue sin materializarse en la forma que le daría eficacia. El subsuelo, excluido de la soberanía indígena, se convirtió en el terreno donde el Estado siguió disponiendo de los recursos —hidrocarburos, minerales— con un margen de consulta que las comunidades han denunciado como insuficiente. La jurisprudencia posterior, sobre todo la de la Corte Constitucional, ha intentado corregir esa asimetría: en materia de planes de desarrollo, inversión y explotación de recursos naturales en territorios indígenas, la Corte ha construido una línea que en ciertos casos exige el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades, más allá de la mera consulta.

La misma Corte Constitucional ha sido, en el vacío dejado por la reglamentación, uno de los mayores garantes prácticos de la autonomía. Transformó la acción de tutela —concebida para proteger derechos individuales— en un instrumento de defensa de derechos colectivos. En el caso conocido como Cristiania, detuvo la construcción de una carretera al considerar que la preservación de la integridad de la comunidad indígena constituía un interés constitucional protegido aun cuando no se hubiera vulnerado un derecho fundamental individual. Y a lo largo de dos décadas, la Corte ha reconocido que los pueblos indígenas se encontraban particularmente indefensos frente al conflicto armado, adoptando una perspectiva específica por pueblo para analizar los factores de su desplazamiento, eliminación y desintegración.

La distinción conceptual entre resguardo y territorio, elaborada con especial claridad por el pueblo Awá y por líderes de cabildos, capta el fondo del problema. El resguardo es el terreno adjudicado formalmente por el INCORA, con linderos precisos, superficie mensurable y personería jurídica. El territorio, en la concepción indígena, es una totalidad viva: bosque, ríos, quebradas, personas, subsuelo y espacio superior en interconexión, sin límites fijos. El Estado colombiano reconoce autonomía sobre la superficie del resguardo. La disputa por todo lo demás —lo que hay debajo, lo que hay alrededor, lo que hay en el aire— sigue abierta. Y el mismo argumento aparece en la boca de líderes guambianos que fundan sus derechos en un derecho mayor, una ley de origen, un derecho ancestral que reclama miles de años de historia y que no encaja del todo en la caja constitucional.

Al momento del censo de 2005 había en Colombia 710 resguardos titulados, distribuidos en 27 departamentos y 228 municipios, sumando 34 millones de hectáreas: cerca del 29,8% del territorio nacional. La cifra impresiona hasta que uno recuerda que buena parte de esas tierras coincide con las zonas más disputadas del conflicto armado, con las de mayor riqueza mineral y petrolera, y con corredores estratégicos que ninguno de los actores armados estaba dispuesto a ceder.

Fuego en los mismos territorios

La Asamblea Constituyente coincidió con el rechazo de las FARC y el ELN a los acuerdos de paz. Mientras el MAQL entregaba armas y participaba en la construcción del nuevo orden, las dos guerrillas más antiguas del país profundizaban su presencia territorial. En los años siguientes, y con particular intensidad entre finales de los noventa y mediados de los 2000, el conflicto armado escaló precisamente en los mismos territorios que la Constitución había reconocido como espacios de autonomía indígena.

Los datos del norte del Cauca son inequívocos. Entre 1965 y 2013, los municipios con mayor número de incursiones guerrilleras fueron Toribío, con 32 acciones; Caldono, con 30; Argelia, con 25; y El Tambo, con 20. Todos, sin excepción, con presencia indígena significativa. Toribío, corazón nasa, se convirtió en el municipio más golpeado del país por tomas guerrilleras. Caldono registró 9 tomas y 21 ataques, y los testimonios locales sugieren que las cifras oficiales se quedan cortas. Las FARC recurrieron a cilindros bomba y explosivos improvisados con consecuencias devastadoras para poblaciones civiles asentadas en cascos urbanos y veredas. Reclutaron forzadamente a jóvenes indígenas, incluso en contra de su voluntad, y —como denunció la Declaración de Jambaló— llegaron a usar nombres de caciques y mártires indígenas para bautizar sus estructuras, apropiándose simbólicamente de la memoria que combatían en la práctica.

Los paramilitares perpetraron una violencia distinta, más silenciosa en algunos aspectos y más específicamente dirigida contra el liderazgo. Persiguieron sistemáticamente a los pueblos indígenas mediante el asesinato de líderes tradicionales, homicidios selectivos, desaparición forzada, bloqueos de alimentos y medicinas, restricciones a la movilidad entre resguardos y desplazamiento forzado. La masacre de Bahía Portete, ocurrida entre el 18 y el 20 de abril de 2004, fue el episodio más brutal contra un pueblo indígena en el escalamiento del conflicto: las AUC, a través del Bloque Norte y el Frente Contrainsurgencia Wayúu, asesinaron a seis personas de la comunidad Wayúu —cuatro de ellas mujeres— en un territorio donde no había presencia guerrillera. El mensaje era claro: ni siquiera la ausencia del enemigo pretextado protegía a las comunidades del avance paramilitar.

La lógica común de todos los actores armados fue la misma: los pueblos indígenas fueron señalados como colaboradores del bando contrario. Guerrilleros para el ejército y los paramilitares, informantes del ejército para las guerrillas, o cómplices del narcotráfico para todos. Ese señalamiento cruzado, más que las balas específicas, fue la fuente estructural de la vulnerabilidad indígena en el conflicto. La Corte Constitucional lo reconoció con nitidez cuando declaró que los grupos indígenas colombianos se encontraban particularmente indefensos y expuestos al conflicto armado y sus consecuencias, y adoptó una perspectiva diferenciada por pueblo para leer los factores de su posible eliminación, desplazamiento y desintegración.

Una soberanía sin armas

Frente a ese escalamiento, y en el vacío que dejaba el Estado como garante de la autonomía reconocida en papel, las comunidades del Cauca construyeron una respuesta que no tiene equivalente reciente en Colombia. Desde finales de los noventa desarrollaron un ciclo de resistencia civil no armada que se intensificó entre 2000 y 2002. El punto de partida más citado es la expulsión de una columna de las FARC en Piendamó el 28 de mayo de 1999, seguida por acciones en Caldono, Coconuco, Puracé, Silvia e Inzá. Era una nueva etapa del movimiento indígena: ya no solo la lucha por la tierra o el reconocimiento jurídico, sino la disputa por el monopolio de la violencia en el propio territorio, ejercida sin armas.

La Guardia Indígena es el instrumento más visible de esa estrategia. No porta armas. Enfrenta a los actores armados —guerrilleros, paramilitares, ejército— mediante la persuasión y el diálogo, y ejerce vigilancia y control territorial permanente. Tiene raíces históricas anteriores a su formalización contemporánea, vinculadas a figuras como el cacique Juan Tama y a las funciones de guardia que se ejercían en congresos y en las recuperaciones de tierras desde los años setenta. Existía, pero no estaba visibilizada; en algún momento, ante el escalamiento del conflicto, se decidió estructurarla formalmente. Ha recibido el Premio Nacional de Paz, y la experiencia zonal de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca solicitó a Naciones Unidas su reconocimiento como cuerpo internacional de paz.

En julio de 2012, en el marco de la Minga de Resistencia por la autonomía, la armonía territorial y el cese de la guerra, indígenas nasa expulsaron al ejército colombiano del campamento militar que ocupaba el Cerro Berlín, en Toribío, un cerro sagrado. En el mismo ciclo juzgaron a milicianos de la guerrilla encontrados con explosivos. La secuencia era coherente: rechazar la presencia armada de todos, sin excepción, en un concepto que las propias comunidades resumieron como el rechazo a una guerra ajena. La escena fue leída en el país con incomodidad: revelaba que la autonomía, cuando el Estado no la garantiza, se ejerce de facto contra el Estado mismo.

La movilización caucana ha sostenido esa dinámica colectiva por más de tres décadas. Ha traducido su fuerza organizativa en presencia institucional: escaños en asambleas departamentales, concejos municipales, alcaldías. En el año 2000, Floro Tunubalá se convirtió en el primer gobernador indígena del Cauca, un umbral político impensable veinte años antes.

Ser indígena después del 91

El reconocimiento constitucional produjo, con el paso del tiempo, un efecto que sus impulsores no habían previsto del todo: transformó las coordenadas de la identidad étnica misma. Durante décadas, la estrategia dominante de inserción social de los descendientes de pueblos indígenas había sido el blanqueamiento: diluir la marca étnica para acceder a la ciudadanía plena. Después de 1991 la dirección se invirtió. La reindigenización —el retorno a la afirmación pública de la pertenencia indígena— se convirtió en una estrategia de inserción, no de repliegue. En Bosa, en el sur de Bogotá, las familias herederas del antiguo resguardo Muisca conformaron el Cabildo Indígena Muisca como mecanismo de defensa frente a la presión inmobiliaria y las decisiones de la Administración Distrital: la identidad, reactivada, se volvió herramienta de derecho colectivo.

Este proceso trajo su propia tensión conceptual. Las políticas multiculturales colombianas construyeron una relación estrecha entre etnicidad indígena y lugar, apoyándose en nociones tendencialmente estáticas del territorio tradicional para determinar quién accede a los derechos étnicos. Esa lógica funciona bien para comunidades asentadas en resguardos ancestrales, pero genera dificultades para reconocer a indígenas urbanos, desplazados o en trayectorias migratorias que no encajan en el mapa fijo del resguardo. La indigeneidad, además, adquirió con la globalización conexiones que trascienden lo local: circulan referentes internacionales, redes de solidaridad, marcos jurídicos supranacionales. Ser indígena en la Colombia posterior a 1991 dejó de ser una condición hereditaria en sentido estricto para volverse también una relación política activa con un aparato jurídico complejo.

Otro efecto de larga duración fue la consolidación de un liderazgo indígena capaz de ocupar la escena pública nacional. Álvaro Ulcué Chocué, sacerdote nasa asesinado antes del proceso constituyente, había sido una de las primeras voces con proyección más allá del Cauca. Lorenzo Muelas y Francisco Rojas Birry pusieron la impronta indígena en el texto del 91. Después vinieron Feliciano Valencia, Aída Quilcué, Trino Morales, Juan Chaves y otros que sostuvieron la interlocución del movimiento con el Estado en las condiciones más difíciles: la de negociar autonomía en medio de un conflicto que no cesaba, con presidentes cambiantes, con estigmatizaciones cruzadas, con líderes asesinados regularmente.

La autonomía como continuo

La autonomía indígena colombiana se lee mal si se la reduce al hito de 1991. Lo que la Constitución hizo, más que crearla, fue codificarla en un momento particular de la historia del país y con las asimetrías propias de ese momento. La supervivencia de resguardos en el sur desde el siglo XIX, el uso estratégico de títulos coloniales como el de Jegua en 1892, la continuidad organizativa que va de Quintín Lame al CRIC, la Guardia Indígena expulsando ejércitos del Cerro Berlín en 2012: todo indica que la autonomía es, ante todo, un continuo de resistencia jurídica y territorial que se codifica cuando encuentra una ventana y se defiende de facto cuando esa ventana no basta.

El proceso constituyente fue una ventana amplia. Reconoció más de lo que el movimiento indígena había obtenido nunca antes en América Latina. Pero también fue una ventana negociada, con exclusiones deliberadas —el subsuelo, la plurinacionalidad, los cuatro senadores— y con silencios estructurales que la reglamentación posterior no ha llenado. En paralelo, el conflicto armado escalado por las guerrillas que no firmaron y los paramilitares que emergieron reventó el marco de garantías por dentro: hizo que la autonomía sobre el papel conviviera con masacres, desplazamientos y reclutamientos forzados en los mismos territorios.

Lo que las comunidades han construido, en respuesta, es una autonomía práctica que desborda y a veces contradice el marco jurídico formal: gobiernos propios que funcionan, guardias no armadas que patrullan territorios donde el Estado no llega o no debe llegar, mingas que movilizan cuerpos por miles, jurisdicciones especiales que juzgan a sus propios miembros y también, cuando pueden, a quienes entran a hacer la guerra en su casa. Esa autonomía de facto es la que sostiene, en última instancia, la letra de 1991. Y la que recuerda, cada vez que se la mira de cerca, que el reconocimiento de un derecho colectivo en Colombia rara vez es un punto de llegada: casi siempre es una posición conquistada que hay que volver a defender al día siguiente.

04

En el archivo

4 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Constitución de 19911991–20021
  1. 1997Floro TunubaláFicha
02Transversal2
  1. 1499La GuajiraFicha
  2. 1995ToribíoFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Manuel Quintín Lame: líder indígena caucano cuyas reivindicaciones —recuperar tierras de resguardos, ampliarlos, fortalecer cabildos, no pagar terrajes— prefiguraron el programa del CRIC y el núcleo doctrinal de la autonomía indígena moderna; encarcelado cerca de setenta veces según su propio testimonio.
  2. 02Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC): organización fundada en 1971, heredera de las luchas de Quintín Lame, que institucionalizó el movimiento indígena en el Cauca y articuló la idea de territorio como fundamento de identidad y gobierno propio, siendo el actor colectivo central en la construcción de la autonomía indígena.
  3. 03Lorenzo Muelas: delegado guambiano del Cauca en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, quien junto a Francisco Rojas Birry representó las demandas indígenas de plurinacionalidad, mayor representación parlamentaria y soberanía sobre el subsuelo.
  4. 04Francisco Rojas Birry: delegado emberá del Chocó en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, cofirmante del programa indígena que buscó ampliar los alcances del reconocimiento constitucional.
  5. 05Resguardo: célula territorial colonial y republicana sobre la que se levanta la autonomía moderna; sus tierras fueron declaradas inalienables, imprescriptibles e inembargables por la Constitución de 1991, aunque la tensión entre resguardo como superficie formal y territorio como totalidad vital persiste como conflicto estructural.
  6. 06Consulta previa: derecho derivado del Convenio 169 de la OIT (Ley 21 de 1991) y desarrollado por la Corte Constitucional, que obliga al Estado a consultar —y en ciertos casos obtener el consentimiento de— las comunidades indígenas ante decisiones que afecten sus territorios, constituyendo el principal mecanismo de ejercicio práctico de la autonomía frente a proyectos extractivos.
  7. 07Cauca: departamento donde se concentró históricamente la resistencia indígena más organizada, cuna del CRIC, del Movimiento Armado Quintín Lame y de los principales líderes que llegaron a la Constituyente de 1991.
  8. 08Constitución de 1991: instrumento jurídico que consagró la autonomía indígena en Colombia mediante los artículos 7, 10, 58, 63, 243, 246 y 330, entre otros, reconociendo la diversidad étnica y cultural de la nación y estableciendo la jurisdicción especial indígena.
06

Documentos y fragmentos citados

57 documentos · 75 fragmentos

01La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · p. 77, 832 citas
[1]

H i s t o r i a: d e s d e l a C o n q u i s t a h a s t a 1 9 7 1 emitidos en 1701 y 1720 determinaron que las encomiendas debían revertir a la Corona a la muerte de su titular (Haring 1947: 67). Bajo esta regulación la encomienda en el territorio guambiano en poder de Manuel de Belalcázar regresó a poder de la…

p. 77
[9]

El titulo estableció los límites, pero esto fue después de que los blancos ya habían usurpado parte de su territorio. La oposición de la Legislatura del Cauca a la política nacional de la división de los resguardos continuó hasta 1886, cuando se aprobó una nueva Constitución. Esta Constitución, con modificaciones,…

p. 83
02Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2282 citas
[2]

normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…

p. 228
[3]

normas que databan del siglo anterior pero 216 Minas de Montuosa ya que escapaban a Baja, en Santander. Los todas las normas de pueblos de minas no fundaciones urbanas eran núcleos formales dictadas en la época. ANOAAREn A que no habían sido puestas en práctica por los en- comenderos —fieles al principio de «se acata…

p. 228
03Historia Económica y Social de Colombia I 1537-1719Germán Colmenares · 1997 · p. 2741 cita
[4]

de la estructura institucionalizada de una sociedad dualista. 147 Ibid. Resg. Boy., t. 4. f. 1 r. ss. Especialmente f. 71 v. ss., f. 123 v. f. 186 r. y f. 228 r. ss. 148 Ibid. Cae. e ind., t. 3 f. 383 r. ss. f. 390 r. ss. 149 Ibid. Vis. Boy., 1.16 f. 744 r. ss. 150 Ibid. f. 791 r. ss. 151 Ibid. f. 800 r. „ TIERRA 2 5…

p. 274
04Aproximaciones a la historia del Derecho en ColombiaLuis Freddyur Tovar, Beatriz Eugenia Salamanca Charria, Carlos Andrés Delvasto Perdomo, Carlos Andrés Echeverry Restrepo, Francesco Zappalá Sastoque, Iván Alberto Díaz Gutiérrez · 2014 · p. 251 cita
[5]

HISTORIA DEL DERECHO EN COLOMBIA directrices y control de los reyes españoles, lo que equivale a afirmar que los gobiernos territoriales de ultramar no tuvieron ni liberad ni autonomía. Ahora bien, la Corona fue pródiga en la expedición de man - datos (leyes) para la buena marcha de sus colonias y, en esa regulación…

p. 25
05Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1901 cita
[6]

de la Ley 90 de 1889. No hemos encontrado el Decreto del 30 de enero de 1863 aquí citado. Puede verse Adolfo Triana Antorveza (comp.), Le- gislación indígena nacional: leyes, decretos, resoluciones, jurisprudencia y doctrina, Bogotá: Librería y Editorial América Latina, 1980; y Fabián Díaz Aristizábal, El resguardo…

p. 190
06Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 52 citas
[7]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
[8]

provincias sureñas de Popayán y Pasto, de alta concentración poblacional indígena, donde el aislamiento brindado por las formidables barreras cordilleranas, elevados cañones y caudalosos ríos, permitió que los resguardos tuvieran una tregua. Los principales pueblos indígenas del alto Cauca estrecharon lazos de unión…

p. 5
07Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 211 cita
[10]

y se remataron tierras. El despojo se inició cuando se concentraron varios resguardos en uno solo, generalmente distantes de los centros poblados y en tierras de menor calidad (Liévano Aguirre, 2002)3. Con la descomposición de los resguardos se fue formando el trabajo a sa lariado al que se incorpora el indio y una…

p. 21
08Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 2571 cita
[11]

declaraban que el resguardo de indígenas dejaba de existir por carecer de titulación necesaria, es decir, por ser imposible encontrarla en las notarías; por lo mismo, las tierras se consideraban como baldías y los indígenas como simples ocupantes o colonos a quienes se les podía reconocer lo que tuviesen cultivado y…

p. 257
09Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 170, 3522 citas
[12]

Asamblea Nacional Constituyente. Puede afirmarse, entonces, que hay un continuo de resistencia jurídica en las luchas indígenas, ya que resulta válida la afirmación de que los programas jurídicos de las organizaciones constituyen una forma más de sus procesos de reivindicación histórica. Con la Asamblea Nacional…

p. 352
[38]

libre determinación. En virtud de ese derecho determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural» 294. La Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas también así lo define e instituye el derecho a la autonomía y al autogobierno de los pueblos.…

p. 170
10El indio en la lucha por la tierra: historia de los resguardos del macizo central colombianoJuan Friede · 2017 · p. 2141 cita
[13]

la ley: «En esta virtud y considerando este Juzgado que el Supremo Gobierno, movido de piedad, ha puesto la consideración en pro- teger a estas familias infelices para su mejor alivio: por todo lo que y sin ánimo de infringir le ley, he venido en mandar suspender las diligencias que se están evacuando y que se les dé…

p. 214
11Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1041 cita
[14]

Jegua sobre se les libre despacho para que no se les inquiete... en las sabanas del Algarrobo, San Benito Abad, 18 de septiembre de 1761, fol. 865. En este documen- to aparecen los linderos generales como constaban en los títulos origi- nales "perdidos por el comején", como allí se señala. Los detallados en el canal…

p. 104
12Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 37, 5652 citas
[15]

grupos étnicos del Cauca, pero se sostiene principalmente en los nasas. Fue fundado en 1971, institucionalizando el movimiento indígena en la región y un largo pasado de resistencia indígena en el Cauca a la ocupa- ción de sus territorios y dominación de sus culturas. Brota en el seno de las luchas por la tierra en la…

p. 565
[30]

fenómeno de larga duración, variable intensi- dad y gran heterogeneidad en la violencia. En esta contienda se han enfren- tado, durante la mayor parte del tiempo, tres polos: las guerrillas, las fuerzas de seguridad del Estado y los grupos paramilitares. La interacción de estos grupos con otras formas de actividad…

p. 37
13Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1071 cita
[16]

la usurpacién de las tierras de los resguardos, lo que le valié ser perseguido im- placablemente por sus enemigos. Eso le llevé a di- tigirse al Tolima, donde se puso al frente de los re- clamos por la recuperacién del gran resguardo in- digena de Ortega y Chaparra, que habia sido di- suelto por la presién de los…

p. 107
14Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 2061 cita
[17]

los pueblos indígenas por sus dere- chos y territorios comenzaron a tener efectos en el ámbito legal desde el siglo XVIII. Sin embargo, solamente hacia los años se- tenta, con la aparición de la primera organización indígena (el CRIC-Consejo Regional Indígena del Cauca-1971), los pueblos indígenas comenzaron a tener…

p. 206
15Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 5641 cita
[18]

del Alto Patía, asopatía. Al incluir dos regiones, se decidió para este labo - ratorio de paz que su dirección se sostuviera también en dos organizaciones El Laboratorio de Paz del Cauca y Nariño 563 regionales 19. En esta estructura, el cric tiene esencialmente un rol político y directivo. Las competencias…

p. 564
16Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 991 cita
[19]

a las veredas, a los municipios a diferentes partes. Aquí, por ejemplo, algunos eran estudiantes de antropología me parece… ah, no contaduría y él estuvo colaborando con los muchachos… cuando estaba estudian- do y era un caminador bueno, se tiraba a las vías: Silvia, Jambaló, a toda esa parte a ayudarnos en la parte…

p. 99
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 661 cita
[20]

para seguir defendiendo nuestro territorio ancestral». 146 Informe 262-CI-00390. Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec) y Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), «El genocidio silencioso del puebo Embera Chamí de Caldas». de las guerrillas liberales a la efervescencia social (1958-1977)…

p. 66
18El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 1142 citas
[21]

con los campesinos, al sur del país los indígenas empe- zaron a reorganizarse, creando el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) en 1971, desarrollando actividades para recobrar sus tierras ancestrales usurpadas. Ante ese camino emancipador del grueso de campesinos e indígenas llegó la violencia oficial apoyada…

p. 114
[22]

con los campesinos, al sur del país los indígenas empe- zaron a reorganizarse, creando el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) en 1971, desarrollando actividades para recobrar sus tierras ancestrales usurpadas. Ante ese camino emancipador del grueso de campesinos e indígenas llegó la violencia oficial apoyada…

p. 114
199 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · p. 591 cita
[23]

su Congreso de 1988, donde un sector trató de liderar una posición más abierta a una negociación basada en parte en el fracaso del paro de octubre de 1987. Ese sector, años después, se separaría y se estructuraría como Corriente de Renovación Socialista y firmaría en 1994 un acuerdo de paz con el Gobierno. 27 — Para…

p. 59
20Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · p. 236, 3212 citas
[24]

first articulated in the late 1980s by then- president Vir - gilio Barco. The state’s generic construction of lo indígena was reconfigured to portray the pueblos as stewards of the environment, a gaze just as essential - izing and homogenizing as what preceded it, and one that refers mainly to Sierra Nevada and…

p. 236
[75]

27, 46, 215– 16; of multiculturalism, 14– 15, 25– 26, 54, 215– 16; rights- related, 128– 29, 146, 150– 51, 165– 66 Convenio Colombo- Holandés de Salud, 108– 21 Cooper, Frederick, 11 Correa, Belarmino, 36, 125 Counter- modernity, 151, 211 Cowan, Jane, 128, 151, 154, 156, 176 CRIC. See Consejo Regional Indígena del…

p. 321
21El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1121 cita
[25]

idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…

p. 112
22Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2711 cita
[26]

a c ó mo ofrecer a los grupos pol í ticos surgidos de la guerrilla condiciones favorables para el ejercicio democr á tico. La negociaci ó n llev ó, a comienzos de 1990, a la fir ma de la paz con el m -19 y otros grupos guerrilleros (el epl, el prt, el ind í gena Movimiento Armado Quint í n Lame), convencidos ya de la…

p. 271
23Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2831 cita
[27]

elegir a 70 miembros. El 4 de febrero de 1991, se instaló en el salón Elíptico del Congreso, la Asamblea. Tres constituyentes fueron elegidos como copresidentes: Alvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolf y Horacio Serpa Uribe. El 4 de julio fue proclamada la nueva Constitución, que acentuó temáticamente los derechos…

p. 283
24Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 851 cita
[28]

Era esperanzador ver a los tres copresidentes de la Asamblea, tan distintos, dándose la mano y liderando el proceso con convicción y convivencia. Nada menos que Álvaro Gómez, hijo del gran caudillo conservador Laureano Gómez, sentado al lado de Antonio Navarro, exguerrillero del M-19, la misma organización armada que…

p. 85
25Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 361 cita
[29]

cacia de ciertas normas y por lo tanto quitardes validez, ya que ello ongina- ría all caes y la arbitrariedad. En la segunda parte. el salvamento de voto indica que la realización de una convocatoria electoral no templacia en La lay viola la Constita e loreferenteal régimen electo ral. En cuanto ala convocitoria para…

p. 36
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 38, 922 citas
[31]

pluricultural: «El Estado reconoce y protege la diversidad étnica de la nación colom- biana» 219. También dispuso la creación de los departamentos, distritos y municipios, estos últimos definidos como la «entidad fundamental de la división político-admi- nistrativa del Estado» 220. Respecto de los territorios…

p. 92
[52]

53 lenguas originarias, pertene- cientes a dieciséis familias lingüísticas, y en las prácticas culturales que perviven en buena parte de las comunidades, donde los miembros desempeñan papeles específicos y fundamentales para la supervivencia de sus pueblos: cazadores, maloqueros, madres de comida, taitas, médicos…

p. 38
27Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · p. 157, 1612 citas
[32]

se considera- ran nacionalidades distintas y por tanto se declarara al Estado co- lombiano como plurinacional, (() que la propiedad del subsuelo en los territorios indígenas perteneciera a las comunidades asen- tadas en ellos, (') que se concediera nacionalidad colombiana por nacimiento a todos los miembros de pueblos…

p. 157
[56]

del Cauca, Por la autonomía de los pueblos indígenas frente a los con fl ictos que atentan contra nuestro proyecto de vida (“Declaración de Jambaló”), policopiado, marzo #(de "%%%. hambre, la carencia de educación, salud y sana recreación, vías de comunicación, etc., como consecuencia de políticas inter- nas y…

p. 161
28Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 3361 cita
[33]

política, creó una circunscripción nacional para elegir un senado de numerus clausus: 100 miembros, más dos indígenas. Antes de esbozar las grandes líneas de la constitución de 1991, conviene subrayar el silencio en relación con el estatuto de los mi- litares y de la policía y sus relaciones con el poder civil. Las…

p. 336
29Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 161 cita
[34]

            - This page intentionally left blank             In  Colombia adopted a new democratic and pluralistic constitution that recognizes the ethnic and cultural diversity of the coun- try, protects minorities, and acknowledges the existence of Indians in the nation by…

p. 16
30Estado crítico de la propiedad en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 7, 194 citas
[35]

como resultado de la propia lucha adelantada por el movimiento indígena desde décadas atrás, pero también de una coyuntura internacional que, por razones que van desde el auge del multiculturalismo hasta la crisis ambiental, se inclina hacia la protección de los pueblos aborígenes y de su entorno. Un contexto tal, que…

p. 7
[36]

como resultado de la propia lucha adelantada por el movimiento indígena desde décadas atrás, pero también de una coyuntura internacional que, por razones que van desde el auge del multiculturalismo hasta la crisis ambiental, se inclina hacia la protección de los pueblos aborígenes y de su entorno. Un contexto tal, que…

p. 7
[43]

de la Corte Constitucional, que determinan que más que una consulta, en materia de planes de desarrollo de inversión y de explotación de recursos naturales, debe obtenerse el consentimiento libre, informado y previo de las comunidades indígenas según sus usos, costumbres y tradiciones. A las comunidades indígenas,…

p. 19
[44]

de la Corte Constitucional, que determinan que más que una consulta, en materia de planes de desarrollo de inversión y de explotación de recursos naturales, debe obtenerse el consentimiento libre, informado y previo de las comunidades indígenas según sus usos, costumbres y tradiciones. A las comunidades indígenas,…

p. 19
31Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 335, 3622 citas
[37]

democracia, terrenos en los que estamos avanzando muy lentamente 459. b) Los avances del movimiento indígena Contra toda previsión, como lo hemos reiterado, el movi miento indígena colombiano resultó ser uno de los más forta le cidos en las últimas décadas 460. En efecto, pese a sus dife ren cias, los pueblos…

p. 335
[69]

(2003). Conflits armés, décompositions et recompositions identitaires en Amérique latine. En Hassener, Pierre et Marchal, Roland (Directeurs). Guerres et sociétés. Etats et violence après la guerre froide. Paris: Karthala. 362 Guerra propia, guerra ajena Entre el año 2000 y 2002, casi un centenar de acciones es-…

p. 362
32Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesMartha Nussbaum, Sara Victoria Alvarado (ed.), Eduardo A. Rueda Barrera (ed.), Pablo Gentili (ed.) · 2016 · p. 701 cita
[39]

Respecto al litigio incluyente, porque para lograr la eficacia de tales derechos y ante la ausencia de un Estado de bienestar que ad- ministrativamente los aplique, las personas tienen que hacer uso de acciones constitucionales como la tutela, acciones populares, recursos de petición, de grupo, entre muchas más que…

p. 70
33Paz en Colombia: perspectivas, desafíos, opcionesSara Victoria Alvarado, Eduardo A. Rueda Barrera, Pablo Gentili (editores) · 2016 · p. 701 cita
[40]

Respecto al litigio incluyente, porque para lograr la eficacia de tales derechos y ante la ausencia de un Estado de bienestar que ad- ministrativamente los aplique, las personas tienen que hacer uso de acciones constitucionales como la tutela, acciones populares, recursos de petición, de grupo, entre muchas más que…

p. 70
34Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1271 cita
[41]

dicción indígena: El análisis de esta norma muestra los cuatro elementos centrales de la ju- risdicción indígena en nuestro ordenamiento constitucional: la posibilidad de que existan autoridades judiciales propias de los pueblos indígenas, la potestad de estos de establecer normas y procedimientos propios, la sujeción…

p. 127
35Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 1051 cita
[42]

viewpoint, the Court has rejected tutelas in re- lations in which there was not an inequality of bargaining power (a singer against a record company), or no economic dependency (a father against his self-sufficient wife and children). In addition, even if there is a power inequality, tutela cannot be used when no…

p. 105
36Representaciones y epistemes locales sobre la naturaleza en el Pacífico sur de ColombiaCarlos Enrique Osorio Garcés · 2018 · p. 681 cita
[45]

parque naturales, las tierras comunales de grupos étnicos, las tierras de resguardo, el patrimonio arqueológico de la nación y los demás bienes que determine la ley, son inalienables, imprescriptibles e inembargables. Artículo 70. El estado tiene el deber de promover y fomentar el acceso a la cultura de todos los…

p. 68
37Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · p. 23, 2592 citas
[46]

más que todo los límites. La tierra es lo palpable, lo que se puede ver, coger, sembrar, donde hacemos casa, echamos semilla, eso es la tierra. El territorio es un todo, el conjunto de tierra que incluye bosque, río, quebrada, personas, todo” (Actualización Plan de Salvaguarda étnica del pueblo Awá: 60). En ese orden…

p. 23
[65]

leyes del estatuto rural, concebido como una ley que favorecería el despojo; el cumplimiento de los acuerdos firmados por el gobierno nacional y de los tratados internacionales, así como anexión a la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de Naciones Unidas; y la creación de mecanismos de soberanía. En julio…

p. 259
38A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 1162 citas
[47]

El cabildo-gobernador opina que han ganado la paz sin gastar plata, pero que ahora la cuestión es de comida y para poder comer hay que ampliar el resguardo, porque la comunidad crece. “Resguardo — nos aclara- es un lugar de donde uno ya no se puede salir más, ya no puede seguir rodando. Pero después hablamos de…

p. 116
[48]

El cabildo-gobernador opina que han ganado la paz sin gastar plata, pero que ahora la cuestión es de comida y para poder comer hay que ampliar el resguardo, porque la comunidad crece. “Resguardo — nos aclara- es un lugar de donde uno ya no se puede salir más, ya no puede seguir rodando. Pero después hablamos de…

p. 116
39Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · p. 481 cita
[49]

de Páez. La misma Beatriz asegu ra que a partir de allí “la vara es la que manda”. Con esa expresión indica que los indígenas que viven en este territorio obedecen las leyes de sus gobernadores, máximas autoridades de sus resguardos, quienes cargan un bastón de madera como símbolo de su poder. Las tierras habitadas…

p. 48
40The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 6111 cita
[50]

will try to misrepresent why we have come: sometimes we are accused of being guerrillas or communists be- cause we oppose the progress which they impose, which is why I want to warn you about the consequences. I come here in recognition of our brotherhood. We Indian peoples across the entire continent have developed…

p. 611
41Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 371 cita
[51]

del territorio, en 1979 los indígenas conformaron Asocbarí dirigida por las autoridades tradicionales, el consejo autónomo de los caciques, los cabildos de las veinti- trés comunidades y los representantes de las cinco asociaciones en los municipios en que tienen presencia (Asocbariteo en Teo- rama, Asocbarielcar en…

p. 37
42Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 2641 cita
[53]

defensa de los pr ensa de los pr ensa de los pr ensa de los pr ensa de los predios y la conf edios y la conf edios y la conf edios y la conf edios y la confor or or or or mación del Ca mación del Ca mación del Ca mación del Ca mación del Cabildo bildo bildo bildo bildo Indígena Muisca Indígena Muisca Indígena Muisca…

p. 264
43Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 82, 1492 citas
[54]

población por parte de los grupos armados. Es así que las tensiones, tanto con la fuerza pública como con grupos armados como las 154 Entrevista 230-VI-00027. Víctima, campesino, Pradera. 155 «Elenos» era una denominación habitual empleada para referirse a los miembros del ELN. 156 Entrevista 112-VI-00029. Hombre,…

p. 82
[68]

la violencia, en la región se vivió un floreci- miento de la organización y la resistencia. Con el trasfondo de las negociaciones de paz, la segunda mitad de los noventa se caracterizó por una intensa ola de movilización social en contra de la violencia y el modelo económico y la creación de nuevas organizaciones con…

p. 149
44Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 161, 3092 citas
[55]

el Partido Comunista y el Secretariado de las farc. Ese conflicto contribuyó a que el depar- tamento se volviera un destacado escenario de la confrontación: se crearon aparatos de autodefensa de las comunidades y el Mo- vimiento Armado Quintín Lame, que operó entre 1984 y 1991; asimismo, otras guerrillas intentaron…

p. 161
[57]

debate alrede- dor de este punto se centra en que los indígenas le recriminan a la guerrilla no respetar su autonomía pese a que la reconozcan en teoría en los más variadas textos o declaraciones. Entienden esta autonomía como no contar con ningún tipo de tutelaje, la de go- zar de su propias instituciones políticas y…

p. 309
45No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3761 cita
[58]

del narcotráfico por el Pacífico. También obedecían a intereses de élites económicas y políticas que buscaban frenar las demandas por la tierra y autonomía política de los pueblos indígenas y afrodes- cendientes. De acuerdo con el CNMH, entre 1965 y 2013 las FARC-EP concentraron sus acciones en los departamentos de…

p. 376
46Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · p. 3021 cita
[59]

reposan los restos mortales del sacerdote Álva- ro Ulcué Chocué, asesinado en Santander de Quilichao (Cauca) el 10 de noviembre de 1984, episodio que se considera motivó la conversión de un grupo de autodefensa indígena en movimiento guerrillero (El Tiempo, 13 de marzo de 1991, “Diálogos sí, pero sin violar la ley:…

p. 302
47Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 4111 cita
[60]

para la guerra por su localización o por su alto potencial económico asociado a la producción agropecuaria. Además, los pueblos indígenas fueron altamente perseguidos por los paramilitares, incluyéndose dentro de su accionar prácti- cas como asesinato a sus líderes tradicionales; homicidios selectivos; desapa- 13 8 1…

p. 411
48Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 5821 cita
[61]

sexual. Entr.: ¿Cómo afectaba al resguardo, a la población indígena como tal? ¿Los paramilitares también tenían amedrentados a la población indígena?, ¿ha- bía discriminación?, ¿cómo era ese tema? Edo.: Bueno, en ese tema sí había muchísima afectación. ¿Por qué? Porque ya un niño indígena no podía salir ni siquiera…

p. 582
49Regiones y conflicto armado. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoClara Inés García · 2018 · p. 1581 cita
[62]

la intervención de megaproyectos en su territorio. Conflictos entre familias wayúu por el control del puerto natural. Foco Masacre perpetrada por las AUC entre los días 18 y 20 de abril del año 2004 (6 víctimas fatales, 4 de ellas mujeres). Una masacre que ilustra la confluen- cia entre violencia contra las mujeres,…

p. 158
50Más allá del desplazamiento: políticas, derechos y superación del desplazamiento forzado en ColombiaCésar Rodríguez Garavito (coord.), Juan Carlos Guataquí, Ana María Ibáñez Londoño, María Mercedes Maldonado Copello, Luis Eduardo Pérez Murcia, Esteban Restrepo Saldarriaga, Héctor Riveros Serrato, Diana Rodríguez Franco, Yamile Salinas Abdala · 2010 · p. 3441 cita
[63]

los anuncios, han acaecido los crímenes o los desplazamientos que se temen, ante la franca indiferencia, la pasividad o la impotencia de las autoridades competentes. Los grupos indígenas colombianos están particularmente indefensos y expues- tos al conflicto armado y sus consecuencias, particularmente el…

p. 344
51Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 321, 3232 citas
[64]

de redes del narcotráfico en la región. Ante el incremento de la acción de los actores armados desde finales de los años noventa, las organizaciones comunitarias respondieron con la movilización. Con ello se ha configurado un nuevo ciclo de resistencia, esta vez de carácter civil y no armada, que corresponde a una…

p. 321
[71]

En este caso, las acciones de vigilancia, control de la circulación, denuncia de irregularidades ante las autoridades comunales y llamados de alarma ante la presencia de grupos armados han sido asumidas por núcleos voluntarios dependientes de los cabildos. 12 Entre una y otra etapa median cambios importantes que…

p. 323
52Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1041 cita
[66]

pública: «Voy a hacerles recordar y voy a contar cómo pasaron nosotros en el 86, antes del 86. Compañeros, cuando llegan, cuando organizan las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que se llaman FARC en Urabá. Venían por Uradá, Jiguamiandó, por Pavarandó. La palabra de ellos era limpieza. Pa poder entrar tenían que limpiar…

p. 104
53Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 501 cita
[67]

afronta a los actores armados sin armas, sólo con la persuasión y el diálogo; brinda la seguridad a visitantes destacados durante su visita a los territorios indígenas, como cuando los visitó el juez español Baltasar Garzón, o el presidente Belisario Betancur; y en forma permanente vigila el territorio. La “guardia…

p. 50
54CRIC - posicionamiento territorial, cultural y político.htmlp. 11 cita
[70]

la autonomía y a nuestra madre tierra. La esencia de la guardia indígena es la palabra de origen, basado en lo cultural, lo comunitario y territorial, de esta manera seguimos apostándole a la vida con justicia social. El compromiso es el conservar y fortalecer la autonomía de acuerdo a las orientaciones de los…

p. 1
55Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 5211 cita
[72]

otra escuela conjunta de formación político-militar entre esta organización y los indígenas que ya internamente se llamaban Quintín Lame. Previendo la represión que se podía desatar por la llamada Operación Colombia, algunos dirigentes del M-19 como Fayad, Pabón y Navarro participaban en la actividad, mientras pasaba…

p. 521
56Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 1891 cita
[73]

Parque ie Naciones Unidas en Medellín. E l Q u i n t í n L a m e y e l C o n s e j o M u n d i a l d e P u e b l o s I n d íg e n a s Según Ricardo Peñaranda, el itinerario que condujo al maql a la nrma del acuerdo de paz en 1991 había comenzado tres años antes, en julio de 1988, con un comunicado en el cual este…

p. 189
57Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 2481 cita
[74]

de entidades públicas que se toman la tarea de juzgar quiénes pueden o no acceder a las políticas étnicas. En esta sección deseo analizar la manera en que se ha creado una estrecha relación entre etnicidad y lugar, como una de las características que comúnmente se utilizan para dictaminar sobre la pertenencia de un…

p. 248