Trino Morales
Frente Nacional
La biografía
Trino Morales es el nombre que se asocia, en el suroccidente colombiano, al tránsito entre la vieja resistencia indígena de cabildo y la organización política moderna que desembocaría en el Consejo Regional Indígena del Cauca. Guambiano de origen, primer secretario de Asuntos Indígenas de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos en el Cauca y figura central en las asambleas que en 1971 dieron vida al CRIC, Morales encarna un liderazgo poco frecuente en la historia colombiana: el del articulador que traduce un agravio comunitario —el despojo del resguardo, el terraje, el arrinconamiento en las laderas frías de Silvia— a un lenguaje organizativo capaz de dialogar con el Estado, con la izquierda campesina y con otros pueblos indígenas del país. No fue un caudillo carismático a la manera de Manuel Quintín Lame ni un ideólogo de tribuna, sino el operador paciente que hizo posible que las demandas guambianas dejaran de ser reclamos aislados y se convirtieran en programa. Su biografía es también, por eso, la de un pueblo —el misak— aprendiendo a hablar en la lengua política de una república que durante décadas prefirió no escucharlo.
Línea de vida
- 1967
Ingreso a la ANUC como secretario de Asuntos Indígenas del Cauca
Leer contexto
Tras la creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos mediante el Decreto 755 del 2 de mayo de 1967 bajo el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, Morales fue nombrado primer secretario de Asuntos Indígenas de la ANUC en el departamento del Cauca, cargo desde el cual comenzó a articular las demandas de los pueblos indígenas caucanos dentro de la estructura organizativa campesina estatal.
- 1971
Participación en la fundación del CRIC en Toribío y La Susana
Leer contexto
Morales participó activamente en las dos asambleas fundacionales del Consejo Regional Indígena del Cauca: la primera celebrada en febrero de 1971 en el resguardo de Toribío, con representantes de Toribío, Tacueyó, San Francisco, Jambaló, Guambía, Totoró y Pitayó; y la segunda el 6 de septiembre de 1971 en La Susana, Tacueyó, donde se consolidó la organización. Según testimonio recogido por el CNMH, su cargo en la ANUC 'dio pie para consolidar e ir creando' el CRIC.
- 1981
Publicación de 'El movimiento indígena en Colombia' en la revista Controversia
Leer contexto
Morales publicó el artículo 'El movimiento indígena en Colombia' en la revista Controversia n.º 91-92, págs. 135-148, editada por el CINEP en Bogotá, consolidando su papel como intelectual orgánico del movimiento indígena caucano y dejando registro escrito de su interpretación del proceso organizativo.
- 1994
Elaboración del primer Plan de Vida formal del Cabildo de Guambía
Leer contexto
En el marco del proceso iniciado por el pueblo Misak desde los años 1980 para elaborar su Plan de Vida como instrumento de reorganización política y cultural propia, el primer Plan de Vida del Cabildo de Guambía fue elaborado formalmente en 1994, proceso en el que la trayectoria organizativa de Morales constituyó un antecedente fundamental.
- —
Publicación de 'A mí no me manda nadie: historia de vida de Trino Morales'
Leer contexto
Obra de autoría compartida entre Christian Gros y Trino Morales que recoge el testimonio de vida del dirigente guambiano, con al menos 184 páginas según las referencias disponibles. El título refleja la postura de autonomía e independencia que caracterizó su liderazgo frente al Estado, los partidos y las organizaciones externas.
El guambiano que aprendió a traducir
Morales nació en el resguardo de Guambía, municipio de Silvia, departamento del Cauca, en la zona andina del suroccidente colombiano. La fecha precisa de su nacimiento pertenece a esa penumbra archivística que envuelve a buena parte de los liderazgos indígenas de su generación, pero su formación coincide con las décadas más duras del siglo XX para el pueblo misak: los años treinta y cuarenta, cuando el resguardo era ya un territorio mordido por colonos, terratenientes y misioneros, y las familias guambianas se veían empujadas hacia las cotas más altas y menos cultivables de la cordillera. En esa geografía angosta se formó Morales, en un mundo donde la papa, la cebolla y los ullucos eran a la vez alimento y frontera: lo que podía sembrarse a esa altura marcaba lo que quedaba del territorio ancestral.
El despojo no era una abstracción histórica sino una experiencia cotidiana. Los guambianos venían siendo desplazados desde el siglo XIX por sucesivas oleadas de colonización, por la presión de los latifundistas del valle y por la acción concurrente de instituciones religiosas y estatales que trataban al resguardo como reserva de mano de obra antes que como territorio con derecho propio. En los años cuarenta, un episodio conmovió especialmente al resguardo: la llegada de un grupo protestante evangélico a la vereda de Puente Real, que comenzó a convertir a familias misak y provocó la reacción airada del sacerdote de Silvia y de las monjas del pueblo. El conflicto religioso, en apariencia menor, mostraba con claridad el lugar asignado al indígena en el orden regional: objeto de disputa entre agentes externos, nunca sujeto de decisión.
Morales creció dentro de esa asimetría, y de ella extrajo dos lecciones que marcarían su trayectoria. La primera, que el problema guambiano era ante todo territorial: sin tierra, la cultura, la lengua y la autoridad del cabildo eran un edificio sin cimientos. La segunda, que la comunidad tenía que aprender a moverse en los códigos ajenos —el castellano, la ley, la burocracia agraria— si quería recuperar lo perdido. Esa doble convicción explica su perfil posterior: un dirigente enraizado en la vida del resguardo pero cómodo en las mesas técnicas del Estado, capaz de hablar con un cabildante de Jambaló y con un funcionario del Incora sin traicionar a ninguno.
Los antecedentes: Quintín Lame y la memoria larga
Ninguna semblanza de Morales resulta legible sin la sombra de Manuel Quintín Lame, el líder nasa nacido en el sur del Cauca a fines del siglo XIX y muerto en 1967, cuya lucha por la recuperación de los resguardos y la defensa del cabildo constituye el precedente directo de todo lo que Morales y sus contemporáneos harían después. Lame se puso al frente, en las primeras décadas del siglo XX, de los reclamos por la recuperación del gran resguardo indígena de Ortega y Chaparral, disuelto por la presión de los latifundistas del Tolima, y fue encarcelado, según su propio testimonio, cerca de setenta veces a lo largo de su vida. Su obra principal, Los pensamientos del indio que se educó dentro de las selvas colombianas, escrita en 1939, permaneció inédita hasta 1971 —una fecha que no es casual: coincide con el año de fundación del CRIC.
El programa de Lame es reconocible en cada línea de lo que después sería el CRIC: recuperar y ampliar las tierras de los resguardos, fortalecer los cabildos, no pagar terrajes. Sus luchas se concentraron en el norte del Cauca y el sur del Tolima, en las regiones de Tierradentro y Chaparral, un corredor montañoso que la historia posterior identificaría también como cuna de las FARC. La coincidencia geográfica no es anecdótica: sobre el mismo territorio se sedimentarían, en las décadas siguientes, luchas indígenas, luchas campesinas y luchas armadas que a menudo entrarían en conflicto entre sí.
Morales pertenece a la generación que retomó ese programa cuando su autor apenas acababa de morir. No lo hizo por continuidad biográfica —Lame era nasa, del sur; Morales era guambiano, del centro— sino por continuidad política: los objetivos enunciados por Lame en sus escritos y prédicas coincidían sustancialmente con lo que la nueva organización definiría como su propio programa de lucha. Que en 1984 una guerrilla indígena tomara precisamente el nombre de Quintín Lame confirma la profundidad de esa filiación en la memoria del movimiento.
Un país cerrado: el Frente Nacional como escenario
Para entender la centralidad de Morales hay que entender la clase de país en el que operó. Entre 1958 y 1974, Colombia vivió bajo el Frente Nacional, un pacto aprobado por plebiscito en diciembre de 1957 que estableció la alternancia de la presidencia entre liberales y conservadores cada cuatro años durante dieciséis, con reparto paritario de todos los cargos públicos. Concebido como remedio a la violencia bipartidista de los años cincuenta, el Frente Nacional se convirtió en la práctica en un dispositivo de exclusión: quien no perteneciera a los dos partidos tradicionales quedaba fuera del sistema, y la representación política se cerró a un puñado de familias regionales que se turnaban el presupuesto público.
El sistema estimuló el clientelismo y el gamonalismo a niveles alarmantes. Los partidos se convirtieron en federaciones de caudillos locales que usaban los recursos del Estado como herramienta de manipulación electoral, y los espacios asociativos —sindicatos, juntas de acción comunal, cooperativas— quedaron tutelados por redes bipartidistas que delimitaban las fronteras de la inclusión política frente a cualquier oposición autónoma. Este arreglo produjo lo que después algunos analistas llamarían una democracia sin ciudadanos: un régimen formalmente electoral pero incapaz de tramitar demandas colectivas fuera de los cauces del bipartidismo.
La reforma agraria, gran promesa del período —encarnada en la Ley 135 de 1961 y en la creación del Incora—, fue sistemáticamente bloqueada. Las élites terratenientes usaron su representación en el Congreso, la captura de parte de la burocracia del instituto y el clientelismo rural para reducir su alcance redistributivo. La figura de la expropiación existía en el papel; en la práctica, la principal acción del Incora fue la colonización dirigida fuera de la frontera agrícola, en lugar de redistribuir tierras ya aptas para la producción. La concentración de la propiedad no se tocó; el problema se desplazó a la selva.
En ese cierre político, sin embargo, el propio régimen abrió una grieta. El presidente Carlos Lleras Restrepo, entre 1966 y 1970, decidió organizar a los campesinos desde arriba como base de apoyo para su reforma agraria: creó la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos mediante el Decreto 755 del 2 de mayo de 1967 y la Resolución 061 del mismo mes. La ANUC se puso en marcha operativamente en agosto de 1969 y, a mediados de ese año, contaba con cerca de 700.000 campesinos afiliados y 563.224 usuarios organizados, una cifra que ascendería a 845.000 usuarios inscritos hacia 1970. Era una criatura del Estado, pero también, y muy pronto, algo más: la primera plataforma de escala nacional donde el mundo rural colombiano podía hablar con voz propia.
Fue en esa grieta donde entró Trino Morales.
La Secretaría de Asuntos Indígenas: aprender la maquinaria
Morales fue nombrado primer secretario de Asuntos Indígenas de la ANUC en el departamento del Cauca. El cargo, en principio, era modesto: un puesto en una asociación estatal, dentro de un aparato pensado para encuadrar campesinos alrededor de la reforma agraria de Lleras. Pero en manos de Morales, y en el Cauca de finales de los sesenta, la secretaría se convirtió en otra cosa: una escuela organizativa donde los dirigentes guambianos, nasas, coconucos y totoroes aprendieron a moverse en las estructuras del Estado sin dejarse tragar por ellas.
El propio Morales lo diría después, con la sobriedad de quien no quiere inflar su papel: la secretaría dio pie para consolidar y crear el CRIC. La frase, breve, contiene una operación política sutil. La ANUC había sido creada para movilizar campesinos, categoría en la que el Estado y buena parte de la izquierda subsumían por defecto a los indígenas. Morales, desde adentro, insistió en que el reclamo indígena no era reductible al reclamo campesino: los guambianos y los nasas no pedían simplemente tierra, pedían territorio, y no reivindicaban solamente redistribución sino restitución de resguardos disueltos, autonomía de cabildos, defensa cultural. Esa distinción, que hoy parece obvia, era en 1970 una herejía tanto para el bipartidismo agrarista como para el marxismo clasista que dominaba a las corrientes campesinas más combativas.
En aquel proceso Morales no estuvo solo. Javier Calambá, otro dirigente guambiano y fundador de una organización local en Las Delicias, participó también en la ANUC y en la gestación del CRIC. Y hubo, sobre todo, agentes no indígenas cuya presencia sería decisiva: Gustavo Mejía, organizador del Frente Social Agrario, FRESAGRO, y promotor de las primeras asambleas; Edgar Londoño, técnico de fomento social del Incora que había llegado al Cauca a finales de los sesenta con la tarea de consolidar la organización campesina y que terminaría siendo cofundador e ideólogo del CRIC; Pablo Tattay, vinculado como profesor desde 1970; y el padre Pedro León Rodríguez, sacerdote que apoyó abiertamente FRESAGRO y convocó a otros clérigos del Cauca para respaldar el nuevo movimiento.
La presencia de estos aliados obliga a matizar cualquier lectura romántica del origen del CRIC como pura autogestión indígena. La organización nació en un entrelazamiento complejo entre liderazgos comunitarios como el de Morales y Calambá, funcionarios estatales heterodoxos como Londoño, activistas laicos como Mejía y clérigos progresistas influidos por la teología de la liberación como Rodríguez. Morales operó dentro de esa red, la aprovechó y, en el mismo movimiento, la desbordó: la ANUC fue el andamio, no el destino.
Toribío, 1971: el nacimiento del CRIC
En febrero de 1971, en el resguardo de Toribío, se reunió la Asamblea Indígena que fundó el Consejo Regional Indígena del Cauca. Asistieron representantes de los resguardos de Toribío, Tacueyó, San Francisco, Jambaló, Guambía, Totoró y Pitayó, junto con dirigentes campesinos de FRESAGRO. Aquella primera asamblea, sin embargo, no logró consolidar la organización: la imposibilidad de reunir el primer consejo, las intervenciones más radicales que provocaron represión y la detención del cabildo obligaron a convocar una segunda reunión.
Esa segunda asamblea se celebró el 6 de septiembre de 1971 en La Susana, corregimiento de Tacueyó, con delegados adicionales de Paniquitá y Poblazón. Allí se avanzó de manera decisiva en la consolidación organizativa. El CRIC nacía formalmente como estructura regional, con un programa que retomaba —consciente y explícitamente— la agenda de Quintín Lame: recuperar y ampliar las tierras de los resguardos, fortalecer los cabildos, no pagar terrajes, difundir las leyes sobre indígenas, defender la lengua, la historia y las costumbres, y formar profesores indígenas para las comunidades.
La posición de Morales en aquel proceso fundacional no fue la de tribuno sino la de nudo articulador. Su condición doble —guambiano de resguardo y funcionario de la Secretaría de Asuntos Indígenas de la ANUC— le permitía convocar a comunidades que se conocían poco entre sí, poner en la misma mesa a nasas del norte del Cauca y a misak del centro, y traducir las agendas locales a un lenguaje regional común. Que la fundación del CRIC coincidiera con la publicación, ese mismo año 1971, de los Pensamientos de Lame es la clase de simultaneidad que no puede leerse como casualidad: el nuevo movimiento heredaba, deliberadamente, un archivo.
El CRIC surgió, además, en un momento de particular tensión agraria. La ANUC había radicalizado su acción bajo el gobierno de Misael Pastrana Borrero: en 1971 impulsó un Mandato Campesino con demandas de reforma agraria más ambiciosas que las que el propio Frente Nacional estaba dispuesto a tolerar, y comenzó a ejecutar tomas de tierras en varios departamentos. Dentro de la asociación se agudizaron las diferencias entre una línea más autónoma y otra más cercana al gobierno, y esas tensiones se derramarían pronto sobre la relación con el CRIC.
Discrepancias: el CRIC frente a la ANUC y las izquierdas
La relación entre el CRIC y la ANUC, que había sido de gestación compartida, se volvió tensa muy pronto. La causa profunda era la distancia entre dos maneras de entender el problema rural. Para las corrientes hegemónicas de la ANUC, y para las izquierdas que las orientaban, el indígena era ante todo un campesino más, y sus demandas debían encuadrarse en la lucha de clases contra el latifundio. Para el CRIC, en cambio, el reclamo era étnico-territorial: el resguardo no era solo tierra, era jurisdicción, autoridad propia, memoria; el cabildo no era una junta de acción comunal, era gobierno.
Esa diferencia, que parecería filosófica, tenía consecuencias prácticas inmediatas. Cuando la ANUC discutía si tomarse una hacienda para redistribuirla, el CRIC discutía si recuperar un resguardo para restituirlo a un cabildo. Cuando la ANUC pensaba en cooperativas de producción, el CRIC pensaba en escuelas bilingües. Y cuando la ANUC se dividió entre una línea más autónoma y otra más cercana al gobierno tras el Pacto de Chicoral de 1972 —el acuerdo entre las élites que enterró la reforma agraria—, el CRIC había ya tomado distancia suficiente para no descomponerse con ella.
Morales operó en esa fractura sin estridencia. Su artículo El movimiento indígena en Colombia, publicado en 1981 en la revista Controversia números 91 y 92 del CINEP, entre las páginas 135 y 148, es una de las pocas piezas donde su voz analítica queda registrada. Allí, y en las conversaciones que darían lugar a la historia de vida A mí no me manda nadie, escrita con el antropólogo Christian Gros, Morales fijó la posición que había sostenido en los hechos: el movimiento indígena no era un apéndice del movimiento campesino, ni una minoría folklórica, ni una reserva étnica a proteger. Era un sujeto político con proyecto propio.
El título del libro con Gros —A mí no me manda nadie— condensa, con esa contundencia guambiana, lo que estaba en juego. No se trataba de rechazar la solidaridad con campesinos, obreros o estudiantes; se trataba de rechazar la tutela. Ni el bipartidismo del Frente Nacional, ni el Incora, ni las izquierdas marxistas, ni las guerrillas, ni la Iglesia, tenían mandato sobre los cabildos. Esa afirmación, aparentemente elemental, era en la Colombia de los años setenta profundamente disruptiva.
Tierra, prensa y violencia: los años del CRIC en marcha
El CRIC creció rápido y ganó legitimidad combinando tres frentes de acción que Morales había visto operar durante su paso por la ANUC: la vía institucional de la reforma agraria a través del Incora, la organización comunitaria en resguardos y cabildos, y las ocupaciones directas de haciendas —las célebres tomas nocturnas— que devolvían de hecho lo que la ley demoraba en devolver.
En 1974 la organización fundó Unidad Indígena, periódico que seguiría publicándose décadas después y que le dio al movimiento algo que hasta entonces no había tenido: voz propia impresa, capaz de circular más allá de las asambleas de resguardo. Ese mismo año, en agosto, murió en Cali, en circunstancias extrañas, el padre Pedro León Rodríguez, uno de los aliados clave del proceso fundacional. La muerte de Rodríguez inauguró una larga lista de bajas que marcaría al movimiento durante los siguientes veinte años.
El Cauca se convirtió, en las décadas siguientes, en un tablero especialmente denso de conflicto. Las FARC, cuya presencia se había consolidado en el corredor montañoso del norte del departamento, entraron en tensión creciente con el CRIC y con las comunidades: la guerrilla pretendía subordinar la organización indígena a su propia lógica militar y política, y las autoridades tradicionales resistieron ese encuadramiento con la misma firmeza con que habían resistido a los latifundistas y a la ANUC.
El estallido llegó en noviembre de 1984. El día 9, la fuerza pública desalojó violentamente a comunidades indígenas que recuperaban las tierras de López Adentro, entre los municipios de Caloto y Corinto, en el norte del Cauca. Al día siguiente, el 10 de noviembre, fue asesinado en Santander de Quilichao el sacerdote indígena nasa Álvaro Ulcué Chocué, figura central de la pastoral indígena y aliado del CRIC. Diecinueve días después, el 29 de noviembre de 1984, en el páramo de Las Moras, resguardo de Mosoco, nació el Movimiento Armado Quintín Lame, MAQL: una estructura de autodefensa indígena que se convirtió pronto en grupo guerrillero y que operó hasta 1991 como respuesta a la doble presión de terratenientes y guerrillas.
Morales no formó parte de la línea armada. Su lugar siguió siendo el de la construcción organizativa civil, la asamblea, el cabildo, la mesa de negociación. Pero la existencia del Quintín Lame confirmaba algo que él venía advirtiendo desde la Secretaría de Asuntos Indígenas de la ANUC: que la exclusión sistemática del movimiento indígena de los canales institucionales terminaría produciendo desbordamientos. El Frente Nacional había cerrado la puerta formal en 1957; veintisiete años después, en un páramo del Cauca, alguien la había roto por la ventana.
AICO, el sur y la construcción de una plataforma nacional
Mientras el CRIC crecía y se enfrentaba con las FARC, Morales y otros dirigentes guambianos abrieron un segundo frente organizativo. En 1977 surgió una organización nacional inicialmente llamada Gobernadores en Marcha, después renombrada Autoridades Indígenas del Sur Occidente, AISO, con fuerte impronta guambiana. AISO representaba una apuesta distinta a la del CRIC: no una federación regional de cabildos, sino una red de autoridades tradicionales que reivindicaba el gobierno propio como categoría política.
La organización creció durante los años ochenta al calor del hermanamiento entre los pueblos misak y pasto del Cauca y Nariño, y en 1990 —con el proceso constituyente ya en marcha— cambió su nombre a Autoridades Indígenas de Colombia, AICO, incorporando otros pueblos y proyectándose como plataforma nacional. La coexistencia entre CRIC y AICO, entre la lógica de consejo regional y la lógica de autoridades tradicionales, sería a la vez fecunda y tensa: dos maneras de hacer política indígena que compartían agenda pero disputaban formato.
Morales pertenece plenamente a esa segunda línea. Su condición de guambiano lo situaba naturalmente en la órbita de AICO, y desde allí participó en los procesos que llevarían a la elaboración del primer Plan de Vida del Cabildo de Guambía, formalizado en 1994 en el contexto abierto por la nueva Constitución. El Plan de Vida —instrumento hoy adoptado por decenas de pueblos indígenas en Colombia— nació precisamente en Guambía como forma de reorganización política y cultural propia, respuesta a la pregunta que Morales llevaba haciéndose desde los años setenta: qué significa gobernarse.
La red: contemporáneos y antagonistas
La biografía de Morales se teje con nombres que conviene fijar. Entre los suyos, los guambianos: Javier Calambá, dirigente de Las Delicias, cofundador con él del CRIC desde el ala misak; Lorenzo Muelas, autoridad de Guambía que llevaría la voz indígena a la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y que en 2000 vería a Floro Tunubalá, otro misak, convertirse en el primer gobernador indígena del Cauca. Entre los aliados nasas, Marco Aníbal Avirama, figura del CRIC desde sus primeros años, y el padre Álvaro Ulcué Chocué, cuyo asesinato en 1984 selló la memoria de una generación entera.
Entre los aliados no indígenas: Gustavo Mejía, organizador de FRESAGRO y promotor de las asambleas fundacionales; Edgar Londoño, el funcionario del Incora que se volvió ideólogo del movimiento; Pablo Tattay, profesor vinculado desde 1970; el padre Pedro León Rodríguez, muerto en circunstancias oscuras en Cali en 1974. Y en el fondo de la memoria, la figura tutelar de Manuel Quintín Lame, muerto en 1967 —el año mismo en que Lleras Restrepo creaba la ANUC— y cuya obra, publicada finalmente en 1971, coincidió con la fundación del CRIC como si ambas fechas hubieran sido puestas a hablar por la historia.
Entre los antagonistas, la nómina es igualmente reveladora. Los presidentes del Frente Nacional bajo cuyos gobiernos transcurrió su formación política: Guillermo León Valencia, Carlos Lleras Restrepo, Misael Pastrana Borrero. Las élites terratenientes del valle de Popayán, que habían empujado a los guambianos hacia las montañas durante generaciones. Las FARC, que pretendieron subordinar al movimiento indígena a su estrategia militar en el corredor Tierradentro-Chaparral, la misma región donde Lame había peleado medio siglo antes. Y las corrientes de la ANUC que quisieron encuadrar al CRIC como apéndice campesino, negando la especificidad del reclamo étnico-territorial.
La huella: 1991 y después
Cuando en 1991 se reunió la Asamblea Nacional Constituyente que reescribiría la Constitución de Colombia, el movimiento indígena llegó con representación propia por primera vez en la historia de la república. Las demandas que confluyeron en esa mesa eran las mismas que Morales y el CRIC venían formulando desde 1971: recuperar y ampliar tierras de resguardo, fortalecer la autonomía de los cabildos, defender prácticas culturales, educar en lenguas indígenas, obtener representación en el Congreso Nacional. La confluencia se aceleró porque varias guerrillas —el propio Quintín Lame, el PRT y el EPL— se desmovilizaron en 1991, motivadas por la perspectiva de participar en la Constituyente.
La Constitución de 1991 reconoció por primera vez el carácter pluriétnico y multicultural de la nación. Ese reconocimiento, con todas sus limitaciones, materializó buena parte del programa que venía de Quintín Lame, pasaba por Morales y desembocaba en Lorenzo Muelas: los resguardos fueron reconocidos como entidades territoriales, los cabildos como autoridades públicas, la educación intercultural bilingüe como derecho. La Ley 60 de 1993 abrió la transferencia de recursos a los resguardos, y el primer Plan de Vida del Cabildo de Guambía, elaborado en 1994, fue el ensayo pionero de lo que la nueva arquitectura constitucional permitía imaginar.
La experiencia del CRIC, además, se replicó fuera del Cauca. Inspiró la creación del Consejo Regional Indígena de Caldas, CRIDEC, y del Consejo Regional Indígena de Risaralda, ambos surgidos también en fricción con la ANUC. En el año 2000, Floro Tunubalá se convirtió en el primer gobernador indígena del Cauca, cerrando simbólicamente un ciclo que Morales había abierto tres décadas antes: el pueblo misak, empujado a las laderas altas en los años cuarenta, gobernaba ahora el departamento entero desde Popayán.
Sería, sin embargo, un error convertir esta trayectoria en marcha triunfal. Sectores con poder decisivo —la guerrilla de las FARC, sobre todo— quedaron fuera del pacto constituyente, muchos artículos tardaron en reglamentarse y la falta de voluntad política impidió que la Constitución representara plenamente el sentir de todos los colombianos. La violencia sobre los pueblos indígenas del Cauca, lejos de terminar en 1991, se intensificó en las décadas siguientes con la expansión del paramilitarismo, el conflicto FARC-Estado y la disputa por territorios ricos en minerales y cultivos ilícitos.
El operador y su lugar
Trino Morales no fue un caudillo. Ese hecho, que podría leerse como limitación biográfica, es en realidad la clave de su relevancia histórica. En un país donde el liderazgo político se ha entendido tradicionalmente como carisma personal —el gamonal, el jefe único, el hombre providencial—, Morales encarnó una figura distinta: la del operador que construye estructura, la del articulador que teje red, la del traductor que hace posible el diálogo entre mundos incomunicados.
Su relación con el Frente Nacional ilustra bien esa singularidad. Morales no fue un enemigo declarado del régimen, ni un rebelde exterior a él, ni un revolucionario armado. Fue algo más complejo y, en muchos sentidos, más incómodo: un hombre que entró por la puerta que el propio Frente Nacional había dejado entreabierta —la ANUC, la Secretaría de Asuntos Indígenas— y que desde allí construyó un movimiento que el sistema no había previsto ni podía absorber. Aprovechó los intersticios del orden para armar una plataforma que desbordó ese orden. Usó los instrumentos del Estado para restituir lo que el Estado había dejado despojar.
Esa manera de operar lo volvió incómodo simultáneamente para el bipartidismo, que lo veía escapar de la lógica clientelar; para las izquierdas clasistas, que lo veían negarse a subsumir lo indígena en lo campesino; y para las guerrillas, que lo veían resistir el encuadramiento militar. La contundencia guambiana del título A mí no me manda nadie no era eslogan: era la descripción precisa de una posición política construida a pulso, en las asambleas de Toribío y de La Susana, en las oficinas de la ANUC en Popayán, en las páginas de Unidad Indígena y de Controversia.
Si hoy Colombia tiene una arquitectura constitucional que reconoce a los pueblos indígenas como sujetos de derecho —con todos los déficits de implementación que se quieran señalar—, esa arquitectura descansa sobre el trabajo silencioso de figuras como Trino Morales. No sobre discursos épicos ni sobre gestas armadas, sino sobre el paciente aprendizaje de cómo se traduce un agravio en programa, un cabildo en institución, un resguardo en territorio con voz. Esa es la clase de historia que este país ha aprendido tarde a reconocer: la de quienes cambiaron las cosas sin necesidad de subir al balcón.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
40 documentos · 49 fragmentos01Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 1John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · Página 951 cita
[1]está vivo su fundador –era un indígena guambiano−, Javier Calambá se llama él. Él vive en Las Delicias, con él trabajamos, él fue de la ANUC también. Con él trabajamos la parte de la ANUC y él tuvo que ver con la con- formación más adelante del CRIC, y Trino Morales, que también era guambiano, también tuvo que ver…
p. 95
02Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · Páginas 326, 3392 citas
[2]ción de la mujer en Guambía en relación a algunos aspectos de la producción y la cosmología, Popayán: i Congreso Nacional de Antropología. (bnsf). López Méndez, Harold, 1976? Guambía, Bogotá: Publicaciones Especiales de Colcultura, Editorial Andes, 120 págs. (bjar). Morales, Trino, 1981, «El movimiento indígena en…
p. 339
[8]en los municipios de Piendamó, Cal- dono, Caloto y Morales. 327 Hfiífinfiídi nfic erstrí a cr rórfdónr La pujanza de estas nuevas labranzas guambianas rati- fica la convicción de que esta cultura es una de las más maleables de América. Además de las innovaciones que los guambianos han aceptado en su atuendo, en su…
p. 326
03Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 328, 3462 citas
[3]respecta a la Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (Opiac), fue constituida en el Congreso de Pueblos Indígenas de 1995, en Mitú, con la participación de representantes de los 64 pueblos indígenas amazónicos. Esta organización se creó para promover la defensa y el reconocimiento de las…
p. 328
[41]cabil- dos y las comunidades indígenas habían incrementado. En 1984, sucedieron dos hechos que impulsaron el surgimiento del Movimiento Armado Quintín Lame como estructura armada organizada. Por un lado, ocurrió un desalojo violento de miembros de comunidades indígenas en las recuperaciones de tierra de López Adentro,…
p. 346
04La gente de GuambíaRonald A. Schwarz · 2018 · Páginas 19, 922 citas
[4]había sido ejercida por los blancos. En el capítulo IX se discuten esos eventos y en particular el proyecto de carreteras. Otros eventos de importancia durante las últimas décadas han sido: la apertura la Caja Agraria en Silvia y su uso por los indígenas para préstamos y ahorro, la organización de varias cooperativas,…
p. 92
[6]la lectura comprensible de sus páginas, seguir el paso a paso de una etnografía clásica donde se resaltan las estrategias teórico metodológicas que permitieron, al autor, aproximarse lo más cerca a las dinámicas socioculturales de los misak o guambianos asentados en la zona andina del departamento del Cauca en el…
p. 19
05La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · Página 2601 cita
[5]es - tado presente incluso antes del conflicto, desde la conquista española, los indígenas han sufrido el despojo de sus tierras. Ante los crímenes perpetrados contra las poblaciones indígenas, el país ha cerrado los ojos y nadie quiere reconocer la irresponsabilidad del Estado y de la sociedad que ha propiciado el…
p. 260
06Sus armas no lograrán extinguir nuestra palabra. Informe de riesgos de extinción en 6 Pueblos Indígenas de ColombiaObservatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (Observatorio ADPI); José Aristizabal G.; Lina María González Correa · 2014 · Páginas 142, 1532 citas
[7]común que pertenece en colectivo al pueblo Misak. NARCOTRÁFICO Y AGRO-NEGOCIO: LA NUEVA CARA DEL DESPOJO La historia de Colombia, que se ha caracterizado por ser una lucha constante por el control de la tierra y sus recursos, muestra cómo se ha golpeado al pueblo Misak de diversas formas. En primer lugar, en cuanto a…
p. 153
[9]años 80 cuando se inició la elaboración del Plan de Vida para reaparecer, partiendo de una organización propia, en la escena pública de lucha. Es así como han ido reconstruyendo el pensamiento y la historia y elaborando un pensamiento político sobre el derecho a la tierra, a la justicia, a la educación, a la salud, a…
p. 142
07Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Páginas 107, 1102 citas
[10]la usurpacién de las tierras de los resguardos, lo que le valié ser perseguido im- placablemente por sus enemigos. Eso le llevé a di- tigirse al Tolima, donde se puso al frente de los re- clamos por la recuperacién del gran resguardo in- digena de Ortega y Chaparra, que habia sido di- suelto por la presién de los…
p. 107
[20]se aisl6 practicamente de los sec- tores campesinos al crear la Organizacién Revolu- cionaria del Pueblo (ORP), un grupo mas del es- pectro politico de la Nueva Izquierda. A partir de aqui, el movimiento campesino se atomiza y la mo- vilizaci6n popular més importante de este siglo se desmorona, victima de sus propias…
p. 110
08The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · Página 3001 cita
[11]“little republic” of Indians, counterposed to the “big republic” of the whites. A few years after his death, indigenous activists founded the Consejo Regional Indígena del Cauca (Regional Indigenous Council of Cauca), and later, an indigenous armed guerrilla movement took Quintín Lame’s name. Both groups took up his…
p. 300
09A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · Página 112 citas
[12]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
[13]Una de las preguntas más inquietantes es por qué el sur del Tolima y el norte del Cauca fueron la cuna de las Farc y por qué son regiones que aún están envueltas en el conflicto. La respuesta está vinculada a dos grandes litigios históricos vigentes en esos territorios: la lucha por la tierra de los indígenas — paeces…
p. 11
10En defensa de mi raza y otros textosManuel Quintín Lame Chantre · 2017 · Página 1611 cita
[14]y villanamente a mis antepasados, padres de donde desciendo yo, los que habían nacido y habitado en esta tierra guananí, antes del 12 de octubre, ya citado; ese jardín que me ha mostrado la naturaleza humana hasta hoy, me ordena que no debo temer decir la verdad a ninguno de los hombres por más blanco que sea,…
p. 161
11Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · Página 291 cita
[15]que se tradujo en la institucionaliza- ción del movimiento campesino bajo el lema “la tierra pa’l que la trabaja” (Archila, 2005, página 97). Con base en el Decreto 755 de 1967, el Ministerio de Agricultura realizó un “empadronamiento masivo de usuarios reales y potenciales de servicios agropecuarios estatales”…
p. 29
129 de marzo de 1990Rafael Pardo Rueda · 2020 · Página 591 cita
[16]su Congreso de 1988, donde un sector trató de liderar una posición más abierta a una negociación basada en parte en el fracaso del paro de octubre de 1987. Ese sector, años después, se separaría y se estructuraría como Corriente de Renovación Socialista y firmaría en 1994 un acuerdo de paz con el Gobierno. 27 — Para…
p. 59
13Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 7251 cita
[17]con su hijo y hermano, el 5 de agosto de 1989 2476. Más adelante hubo allanamientos, amenazas y el desplazamiento forzado de la tesorera departamental de Anmucic-Atlántico; amenazas, hostigamien- tos, desplazamiento forzado y secuestro de una de la lideresa indígena de Anmucic-La Guajira en 2003; y amenazas,…
p. 725
14Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 691 cita
[18]pequeño paso para la organización campesina, pero un gran salto para reformar con equidad la estructura agraria del país. La dureza del discurso del presidente Lleras no era nueva. Tampoco gratuita. En 1968, durante la entrega de títulos de propiedad a antiguos terrajeros y aparceros del bajo Sinú, dejaba un vehemente…
p. 69
15Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · Página 801 cita
[19](CNMH, CV, entrevista hombre Zenú, 2017, 30 de octubre). La vio- lencia terrateniente de años anteriores y la negación de la existencia de un pue- blo originario, tuvo, además, impactos en términos del autorreconocimiento: Y, entonces, a través de ir, llevarle y dialogar, decirle que era para un bien de los indígenas,…
p. 80
16Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · Página 401 cita
[21]la ANUC. En ellos la Asociación rechazaba la colonización como substituto de la reforma agraria, exigía la extinción del domi- nio de tierras privadas incultas y la expropiación del latifundio, ade- más de los apoyos estatales para elevar el nivel de vida campesino. El Mandato Campesino de la ANUC, aprobado por la…
p. 40
17No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1231 cita
[22]de julio de 1970, a un mes de que se terminara el gobierno de Lleras, se creó la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC). Para entonces, había casi un millón de hombres y mujeres afiliados a las asociaciones campesinas, y un empoderamiento que se reflejaba en las palabras del líder agrario sucreño Francisco…
p. 123
18Nuestra vida ha sido nuestra lucha. Resistencia y Memoria en el Cauca indígenaDaniel Ricardo Peñaranda Supelano (coordinador), Graciela Bolaños, Víctor Daniel Bonilla, Jorge Caballero Fula, Myriam Amparo Espinoza, Vianney Judith García, Jorge Hernández Lara, Pablo Tattay, Libia Tattay Bolaños · 2012 · Página 111 cita
[23]Regional Indígena del Cauca (CRIC) fue cons- tituido el "# de febrero de $%&$ durante la Asamblea Indígena celebrada en el Resguardo de Toribío, a la cual asistieron repre- sentantes de los resguardos de Toribío, Tacueyó, San Francisco, Jambaló, Guambía, Totoró y Pitayó, así como dirigentes campesi- nos agrupados en…
p. 11
19Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · Páginas 148, 1522 citas
[24]mentales, logrando la desmo viliza ción de estas cuadrillas. En 1966, como párroco de Corinto, encabezó un movimiento en favor de los habitantes sin techo de esa localidad, se solidarizó con las ocupaciones de tierra en la hacienda Santa Elena y encabezó el Movimiento Unidad Popular que obtuvo, a partir de 1970, una…
p. 148
[25]ochenta para consoli dar el Quintín Lame. Edgar Londoño había nacido en Rionegro, Antio quia. Se formó como educador y llegó al Cauca a finales de los años sesenta como técnico de fomento social del Incora, entidad en la que se le asignó la tarea de contribuir a consolidar la naciente organización campesina. Londoño…
p. 152
20Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · Página 5651 cita
[26]grupos étnicos del Cauca, pero se sostiene principalmente en los nasas. Fue fundado en 1971, institucionalizando el movimiento indígena en la región y un largo pasado de resistencia indígena en el Cauca a la ocupa- ción de sus territorios y dominación de sus culturas. Brota en el seno de las luchas por la tierra en la…
p. 565
21Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · Página 5641 cita
[27]del Alto Patía, asopatía. Al incluir dos regiones, se decidió para este labo - ratorio de paz que su dirección se sostuviera también en dos organizaciones El Laboratorio de Paz del Cauca y Nariño 563 regionales 19. En esta estructura, el cric tiene esencialmente un rol político y directivo. Las competencias…
p. 564
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · Página 661 cita
[28]para seguir defendiendo nuestro territorio ancestral». 146 Informe 262-CI-00390. Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec) y Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), «El genocidio silencioso del puebo Embera Chamí de Caldas». de las guerrillas liberales a la efervescencia social (1958-1977)…
p. 66
23Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 321 cita
[29]bipartidista ue some- proba copular mediante plebiscito de 1 de die 1957, En adelante, v hasta elañ las curules en las corporaciones pabli- serian repartidas por mitades propa bete ministerial, las diferentes Instan- das de gobierno, la administración publica y lamina judicial. Este sis 3 v fue aplicado Be o la dos…
p. 32
24Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1191 cita
[30]entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…
p. 119
25El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 852 citas
[31]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
[32]uno de los dos autores intelectuales del Frente Nacional, le correspondió al liberal Alberto Lleras Camargo ser el primer presidente de ese acuerdo bipartidista, entre 1958 y 1962. Como se ha visto, quizás este fue el latinoamericano más dedicado al servicio de la política estratégica de Estados Unidos en el hemis-…
p. 85
26Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2341 cita
[33]ir í a de 1958 a 1974. De este modo la alianza se volvi ó de hierro y el Frente Nacional se convirti ó, como lo se ñ al ó el liberal Alfonso L ó pez Michelsen, en una especie de r é gimen de partido ú nico, sin oposici ó n, que volv í a impensable cualquier pro puesta que no contara con el consenso general. REFORMISMO…
p. 234
27Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 4971 cita
[34]los partidos por su capacidad para administrar el clientelismo, fenómeno permanente de la política que tomó ribetes dramáticos en Colombia durante el periodo frentenacionalista. El gamonalismo y el clientelismo obnubilaron por completo la contienda programática y la lucha ideológica, los partidos fueron asimilándose y…
p. 497
28Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 5011 cita
[35]élites terrate - nientes bloquearon la redistribución de tierras, usando la representación directa que tenían en la legislatura, además de la captura de una parte de los funcionarios elegidos, jueces o burócratas, que respondían a la distribución paritaria entre los partidos, y al uso del clientelismo para socavar el…
p. 501
29¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 811 cita
[36]bipartidismo y de los canales institucionales diseñados para ello, poniendo incluso en riesgo la fórmula de alternación en el poder en la reñida competencia electoral por la Presidencia de la República entre el candidato oficialista y el de la Alianza Nacional Popular, ANAPO, en 1970. Por su parte, la ampliación…
p. 81
30Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · Página 3291 cita
[37]colectiva. Esas redes han respondido más a demandas in- dividuales, moldeando lo que se ha denominado una "democra- cia sin ciudadanos", la cual no ha creado una idea de ciudadanía común que haga las veces de barrera en contra de discriminacio- nes y en defensa de la aplicación de derechos mínimos o, para el caso, que…
p. 329
31Managing Multiculturalism: Indigeneity and the Struggle for Rights in ColombiaJean E. Jackson · 2019 · Página 601 cita
[38]not good, and that in order to progress we had to copy what came from the exterior.” 62 In 1974 CRIC began the newspaper Uni - dad Indígena, which as of 2018 is still being published. Later on CRIC became nationally known for its efforts to support regional- level negotiations with both state security forces and…
p. 60
32Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 631 cita
[39]fortalecimiento de las autoridades tradicio- nales y la restauración de valiosos rasgos culturales, como la lengua, las creencias, las costumbres y la historia 98. La lucha indígena por la tierra tuvo tres componentes: primero, uno institucional, bajo el cual se buscó la reforma agraria a través de los marcos…
p. 63
33Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · Página 1611 cita
[40]el Partido Comunista y el Secretariado de las farc. Ese conflicto contribuyó a que el depar- tamento se volviera un destacado escenario de la confrontación: se crearon aparatos de autodefensa de las comunidades y el Mo- vimiento Armado Quintín Lame, que operó entre 1984 y 1991; asimismo, otras guerrillas intentaron…
p. 161
34Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 5261 cita
[42]formativo cuatro momentos y modalidades: grupos de apoyo (sin uniformes ni armas), autodefensa circunscrita al territorio, comando móvil (con uniformes y armas, de uso ocasional) y movimiento armado (estructura permanente de naturaleza más amplia e interétnica, con presencia extraterritorial y porte de armas y uso de…
p. 526
35Tomas y ataques guerrilleros (1965-2013)Mario Aguilera Peña (coordinador); Alba Lucía Vargas Alfonso, Luisa Marulanda Gómez, Luis Fernando Sánchez (coautores) · 2016 · Página 3021 cita
[43]reposan los restos mortales del sacerdote Álva- ro Ulcué Chocué, asesinado en Santander de Quilichao (Cauca) el 10 de noviembre de 1984, episodio que se considera motivó la conversión de un grupo de autodefensa indígena en movimiento guerrillero (El Tiempo, 13 de marzo de 1991, “Diálogos sí, pero sin violar la ley:…
p. 302
36Las ideas en la guerra. Justificación y crítica en la Colombia contemporáneaJorge Giraldo Ramírez · 2015 · Páginas 132, 1332 citas
[44]que, entre otras cosas, dio lugar al surgimiento del grupo de autodefensa Movimiento Armado Quintín Lame 186. La recurrencia de las guerrillas colombianas —especialmente las farc— a tecnologías de violencia rechazadas por la moral comunista consuetudinaria y por el derecho humanitario, como el asesinato de civiles, el…
p. 133
[45]que, entre otras cosas, dio lugar al surgimiento del grupo de autodefensa Movimiento Armado Quintín Lame 186. La recurrencia de las guerrillas colombianas —especialmente las farc— a tecnologías de violencia rechazadas por la moral comunista consuetudinaria y por el derecho humanitario, como el asesinato de civiles, el…
p. 132
37Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 941 cita
[46]crea una nueva institucionalidad: para profun- dizar la democracia, se crean mecanismos para hacer valer los derechos, una Corte y una Defensoría para velar por ellos; y para ampliar los procesos de descentralización administrativa y generar mecanismos de control y fiscalización política» 267. Precisamente la…
p. 94
38Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · Página 1421 cita
[47]Valle del Cauca; esto es: tanto en la región Andina, como en los litorales Atlántico y Pacífico, y en la Amazonia. En total, suman casi 42.000 indígenas y es el tercer grupo más importante del país; por lo general cul- tivan de manera itinerante las vegas de los ríos, por grupos de parientes, reconocidos tanto por…
p. 142
39Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Página 3231 cita
[48]En este caso, las acciones de vigilancia, control de la circulación, denuncia de irregularidades ante las autoridades comunales y llamados de alarma ante la presencia de grupos armados han sido asumidas por núcleos voluntarios dependientes de los cabildos. 12 Entre una y otra etapa median cambios importantes que…
p. 323
40Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2641 cita
[49]y judiciales tales como la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo y el Consejo Superior de la Judicatura. Además, se puso en marcha la acción de tutela, mecanismo de protección de los derechos funda- mentales. Gobiernos posteriores al Frente Nacional EN Proclamación de la Constitución de 1991. En Pese…
p. 264