Guillermo León Valencia
Frente Nacional
1909–1971
La biografía
Guillermo León Valencia Muñoz (Popayán, 1909 – Nueva York, 1971) fue el segundo presidente del Frente Nacional, el conservador que sucedió a Alberto Lleras Camargo en el gobierno de coalición pactado por liberales y conservadores tras la caída de Rojas Pinilla. Hijo del poeta modernista Guillermo Valencia Castillo, encarnó como pocos la continuidad del conservatismo señorial payanés en la política nacional del siglo XX. Su cuatrienio (7 de agosto de 1962 – 7 de agosto de 1966) coincidió con el momento en que el pacto bipartidista, celebrado como fórmula de pacificación, tuvo que responder a una violencia residual que no cedía: bandolerismo en el suroccidente, autodefensas campesinas comunistas en el sur del Tolima, guerrilla urbana e insurgencia católica en Santander. Su respuesta —el Plan Lazo y la Operación Marquetalia de mayo de 1964— buscó liquidar por vía militar las llamadas repúblicas independientes y terminó, en cambio, dándole a la guerrilla comunista el mito fundacional y la forma organizativa que se cristalizaron en las FARC. Presidente-poeta, orador de hexámetros y latinajos heredados de su padre, Valencia gobernó un país que ya no cabía en el lenguaje con que fue educado.
Línea de vida
- 1909
Nacimiento en Popayán
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Nació en Popayán, Cauca, en el seno de la familia del poeta modernista Guillermo Valencia Castillo, la voz más reconocible del conservatismo culto colombiano y candidato presidencial en 1918 y 1930.
- 1958
Primera candidatura presidencial frustrada
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Fue el primer nombre que el conservatismo propuso para inaugurar el Frente Nacional, pero Laureano Gómez vetó su candidatura porque sus principales apoyos eran conservadores ospinistas que habían derrocado a Gómez en 1953; el turno conservador cedió y Alberto Lleras Camargo fue elegido primer presidente del Frente Nacional el 4 de mayo de 1958.
- 1962
Elección como segundo presidente del Frente Nacional
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Tras la muerte de Gilberto Alzate Avendaño en 1960 y la derrota del laureanismo en las elecciones para cuerpos colegiados de 1962, Valencia fue el candidato bipartidista del turno conservador; obtuvo 1.636.081 votos frente a 625.630 de Alfonso López Michelsen (declarados inconstitucionales) y 308.992 de Jorge Leyva.
- 1962
Inicio del gobierno: 7 de agosto de 1962
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Asumió la presidencia el 7 de agosto de 1962, recibiendo un país con violencia residual, bandolerismo en el suroccidente, autodefensas campesinas comunistas en el sur del Tolima y un sistema político de paridad bipartidista estricta que bloqueaba la oposición estructural.
- 1964
Operación Marquetalia (mayo de 1964)
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Lanzó la Operación Marquetalia en mayo de 1964, movilizando aproximadamente 16.000 hombres para liquidar las llamadas 'repúblicas independientes'; Manuel Marulanda Vélez y sus hombres escaparon del cerco, proclamaron el Programa Agrario Guerrillero el 20 de julio de 1964 y sentaron las bases de lo que en 1966 se llamaría FARC.
- 1966
Fin del mandato y legado involuntario
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Entregó el gobierno el 7 de agosto de 1966; ese mismo año, el grupo surgido del Bloque Sur —formado tras las operaciones contra Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero— adoptó el nombre de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), convirtiendo el fracaso militar de su gobierno en el mito fundacional de la guerrilla más duradera de América Latina.
- 1971
Muerte en Nueva York
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Falleció en Nueva York en 1971.
La herencia payanesa
Valencia nació en Popayán en 1909, en la casa de la familia más prestigiosa del Cauca y probablemente la voz más reconocible del conservatismo culto colombiano. Su padre, Guillermo Valencia Castillo, había sido candidato presidencial en 1918 y 1930, poeta modernista de fama continental y patriarca de una tradición política que hacía del Cauca no solo una región sino una manera de entender la nación: latifundio, catolicismo, humanismo clásico, desdén por el comercio y confianza en la palabra bien dicha como forma de autoridad. El hijo heredó los modos, la biblioteca y la ambición presidencial que al padre se le había escapado dos veces.
Esa raíz caucana lo situó desde el principio en un lugar específico del conservatismo. No era antioqueño ni bogotano; no venía de las redes industriales del ospinismo ni de la ortodoxia doctrinaria de Laureano Gómez. Era un notable regional cuya legitimidad se sostenía en el apellido, la elocuencia y una red de fidelidades personales tejida en el suroccidente. Cuando el conservatismo se fracturó tras el gobierno de Gómez, se acomodó del lado de los sectores moderados —los llamados nacionalistas—, cuyo bastión estaba en Antioquia y sus alrededores, y que se oponían a la facción más ideológica y militante del laureanismo. Esa alineación resultaría decisiva: definiría sus aliados, sus vetos y el camino tortuoso hasta el Palacio.
El pacto de élites y la primera candidatura fallida
El Frente Nacional se gestó fuera de Colombia. El 24 de julio de 1956, en el balneario español de Benidorm, Laureano Gómez —depuesto en 1953 y desterrado— y Alberto Lleras Camargo firmaron el acuerdo que planteó por primera vez la posibilidad de un gobierno de coalición bipartidista y el regreso a la normalidad jurídica. Un año después, el 20 de julio de 1957, el Pacto de Sitges formalizó los mecanismos: alternación presidencial, paridad estricta en todos los cargos públicos, plebiscito. El 1 de diciembre de 1957, los colombianos aprobaron ese diseño en las urnas —y las colombianas votaron por primera vez en la historia del país—. En 1958, una decisión posterior amplió el pacto a dieciséis años y cuatro períodos presidenciales alternándose obligatoriamente entre liberales y conservadores.
Valencia fue el primer nombre que el conservatismo puso sobre la mesa para inaugurar el ciclo en 1958. Sus apoyos venían del ospinismo, es decir, del sector que había derrocado a Gómez cinco años antes. Gómez, exiliado pero no vencido, vetó la candidatura. El argumento explícito fue la lealtad partidista; el trasfondo, la venganza. La operación tuvo una consecuencia mayor: el conservatismo cedió el primer turno y Alberto Lleras Camargo, liberal, se convirtió en el presidente inaugural del Frente Nacional, electo el 4 de mayo de 1958 con cerca de 2.482.948 votos frente a Jorge Leyva, candidato de un sector conservador disidente.
Valencia tuvo que esperar cuatro años. Y su segunda oportunidad no llegó por consenso, sino por muerte y derrota.
El camino despejado: Alzate, los laureanistas y 1962
En 1960 murió Gilberto Alzate Avendaño, a los cincuenta años, víctima de su adicción a la comida. Alzate era el conservador de mayor proyección de su generación: orador brillante, dirigente disciplinado, con base propia y ambición presidencial explícita. Su desaparición liberó el espacio que Valencia necesitaba dentro de la facción no laureanista. En las elecciones para cuerpos colegiados de 1962, previas a las presidenciales, los sectores del ospinismo, de Jorge Leyva y del alzatismo se impusieron nuevamente sobre los laureanistas. El conservatismo llegó a la nominación presidencial con una jerarquía interna definida: la línea Gómez, tercera vez derrotada, no podía imponer candidato.
Valencia fue así el candidato del Frente Nacional para 1962 no por victoria propia sino por ausencia de rivales. Su nombre encarnó el turno conservador que la Constitución obligaba y que las facciones internas habían decantado por eliminación. La elección presidencial del 6 de mayo de 1962 le dio 1.636.081 votos. Enfrente hubo dos oposiciones significativas: Alfonso López Michelsen, hijo del expresidente López Pumarejo, se presentó como candidato liberal disidente al frente del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), con la tesis audaz —y en la práctica jurídicamente vencida— de que la norma de alternación no le era oponible. Obtuvo unos 625.630 votos, declarados inconstitucionales porque el turno correspondía a un conservador. Jorge Leyva, por el ala conservadora dura, sumó 308.992. La suma de las disidencias —cerca del 24% del total— fue la primera señal de que el pacto de élites no lograba absorber todo el mapa político del país.
Valencia asumió la presidencia el 7 de agosto de 1962.
La arquitectura del poder recibido
El país que recibió Valencia estaba diseñado antes de él y le dejaba menos margen del que su retórica sugería. El Frente Nacional imponía paridad absoluta: cada ministerio, cada asamblea departamental, cada concejo municipal, cada juzgado se repartía milimétricamente entre liberales y conservadores. Un gobierno conservador debía nombrar tantos liberales como conservadores en su gabinete. El sistema pretendía apagar la violencia bipartidista que había ensangrentado los años cuarenta y cincuenta, y en esa función parcialmente lo logró: la sangre entre los dos partidos disminuyó. Pero el precio fue político.
La vida partidista bajo el Frente Nacional se contrajo alrededor de cuatro familias: los Lleras y los López por el lado liberal, los Ospina y los Gómez por el conservador. Valencia, como caucano de raíz propia, no encajaba con nitidez en ninguna de esas dinastías, y esa relativa autonomía fue a la vez su fuerza inicial y su fragilidad cuando llegaron los conflictos. La oposición estructural quedó bloqueada: cualquier propuesta que no contara con el consenso interbipartidista era, en la práctica, impensable. López Michelsen lo diagnosticó desde el otro lado, calificando al régimen como una especie de partido único sin oposición, en el que las elecciones eran un ejercicio sin competencia real y en el que el aparato electoral, decía Camilo Torres, estaba en manos de la oligarquía.
Ese cierre tuvo un costo específico bajo Valencia: los actores que quedaban afuera del pacto —el MRL, el naciente movimiento comunista, las autodefensas campesinas en las regiones marginales, los sindicatos independientes, ciertos sectores de la Iglesia— no tenían canal institucional para procesar sus demandas. Y las presiones se acumulaban.
Washington en el guion
El otro marco que Valencia recibió ya escrito fue la Guerra Fría. La Alianza para el Progreso, anunciada por John F. Kennedy en 1961, y el Plan Lazo, formulado entre 1962 y 1966, definieron los ejes de la relación con Estados Unidos: desarrollo económico como antídoto contra el comunismo y acción cívico-militar como fórmula para acercar los ejércitos a la población civil en las zonas de conflicto. Colombia, país piloto de la Alianza en América del Sur, aceptó el paquete completo. Las Fuerzas Armadas colombianas adoptaron —bajo influencia directa del Plan Lazo— la combinación entre desarrollismo y anticomunismo como doctrina operativa.
Valencia gobernó dentro de ese diseño. Los márgenes de su política exterior, y buena parte de los de su política de seguridad, estaban trazados antes de que jurara el cargo. La pregunta relevante no era si Colombia se alinearía con Washington —eso ya estaba resuelto— sino cómo se ejecutaría la alianza en el terreno.
Las repúblicas independientes y la Operación Marquetalia
La expresión repúblicas independientes la acuñó Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano y voz conservadora en el Congreso, para nombrar los territorios que escapaban al control efectivo del Estado y estaban dominados, según su denuncia, por el Partido Comunista. La lista se volvió canónica: Marquetalia, Riochiquito, El Pato, Guayabero. Eran enclaves campesinos en zonas de frontera agrícola, formados por sobrevivientes de la Violencia de los años cincuenta —muchos de ellos comunistas o simpatizantes— que se habían replegado a territorios inhóspitos para fundar colonias agrícolas y autodefenderse.
El diagnóstico oficial, alineado con el Plan Lazo, fue que esos enclaves constituían una amenaza estratégica al Estado y que debían ser reducidos por la fuerza combinada con acción cívico-militar. En mayo de 1964, el gobierno de Valencia lanzó la Operación Marquetalia. Las cifras que circularon —unos 16.000 hombres movilizados en el esfuerzo contrainsurgente general— dan la medida del despliegue. La operación mereció incluso críticas en la prensa norteamericana por su costo elevado.
El resultado militar fue ambiguo, y el político, contrario al buscado. Manuel Marulanda Vélez —el campesino tolimense conocido como Tirofijo— y la mayoría de sus hombres escaparon del cerco por múltiples trochas. El 20 de julio de 1964, desde las montañas de Marquetalia, se proclamó el Programa Agrario Guerrillero, primer documento programático de lo que estaba naciendo. El grupo se replegó hacia Riochiquito, donde en 1965 se reunió la Primera Conferencia del Bloque Sur, que unificó destacamentos de Riochiquito, Natagaima, El Pato, Guayabero y Marquetalia en torno a cerca de cien combatientes. A la ofensiva contra Marquetalia le siguieron las operaciones contra Riochiquito (septiembre de 1964) y contra El Pato y Guayabero (diciembre de 1965), completando el ciclo de ataques a las cuatro repúblicas independientes.
En 1966, dos años después de la formación del Bloque Sur, la organización adoptó el nombre con el que sobreviviría medio siglo: Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Las FARC ubican su nacimiento en el ataque a Marquetalia de mayo de 1964, y ese es su mito fundacional. El Partido Comunista había aprobado la combinación de todas las formas de lucha antes de 1964, y las autodefensas campesinas ya estaban armadas y organizadas antes de la operación; pero el cerco militar de Marquetalia les dio a esas autodefensas dispersas una narrativa unificada, un episodio épico y una razón para consolidarse en estructura guerrillera nacional. En eso, Valencia sí fue decisivo: sin haberlo pretendido, dio a la insurgencia comunista colombiana la forma que le permitiría durar.
Las denuncias parlamentarias de la época incluyeron señalamientos sobre civiles torturados o fusilados en el marco de las operaciones, mostrando que el discurso desarrollista de la acción cívico-militar convivía en el terreno con prácticas de guerra sucia. La combinación de retórica humanitaria y ejecución brutal sería el patrón heredado por décadas.
Bandolerismo, Camilo Torres y el ELN
Marquetalia no fue el único frente. Valencia heredó, junto con las repúblicas independientes, un mapa de violencias diverso y persistente. En el Valle del Cauca, en 1962, operaban al menos treinta cuadrillas de bandoleros identificadas, con efectivos que iban de cuatro a cincuenta y cinco hombres y armamento variado; el sur del Tolima, el Cauca, el Huila y el Valle concentraban la violencia residual, ejercida tanto por actores ilegales —cuadrillas, pájaros, autodefensas comunistas— como por fuerzas legales del Estado. La amnistía que había intentado Lleras Camargo al inicio del Frente Nacional había fracasado, en parte por los extremismos de los grupos armados y en parte porque los guerrilleros habían aprendido a desconfiar de pactos que el gobierno no cumplía.
Durante el cuatrienio de Valencia, el bandolerismo fue en parte aniquilado y en parte transformado. Algunas cuadrillas fueron liquidadas militarmente; otras se disolvieron; otras más se politizaron y se acercaron a la guerrilla de inspiración comunista, contribuyendo a esa mutación que las autoridades leían como triunfo parcial y que la historia leería como transición hacia un ciclo armado más largo.
Y apareció una figura nueva. Camilo Torres Restrepo, sacerdote, sociólogo y capellán de la Universidad Nacional, empezó a captar la atención de grandes multitudes con un discurso que rompía a la vez con la Iglesia tradicional y con el sistema político del Frente Nacional. Su tesis era simple y radical: la vía electoral no era solución a la injusticia social, el abstencionismo era una posición revolucionaria, las vías legales están cerradas. En 1964, durante un operativo militar, había ofrecido mediar entre campesinos y autoridades, y la prensa conservadora lo tildó de criptocomunista. Abandonó los hábitos para hacer política a través del Frente Unido, movimiento que aglutinó sindicalistas, estudiantes y católicos de izquierda influidos por las corrientes renovadoras del Concilio Vaticano II. A finales de 1965 se incorporó a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en las montañas de Santander. Murió en combate en febrero de 1966, cerca de San Vicente de Chucurí. Tenía treinta y siete años.
La muerte de Camilo Torres bajo el gobierno de Valencia fue el símbolo de una fractura que el Frente Nacional no supo procesar: sectores enteros de la juventud católica, del sindicalismo petrolero y de la Iglesia posconciliar concluían que el pacto de élites era incompatible con la reforma social, y que si el sistema no dejaba entrar la disidencia, la disidencia entraría por la vía armada. El ELN, con presencia entonces sobre todo en Santander y con más cercanía a sindicatos petroleros y sectores eclesiales que a la base campesina, quedó como legado de esa conclusión.
El presidente y el poeta
Sobre este trasfondo áspero, Valencia siguió siendo, en la retórica pública, el hijo del gran poeta del modernismo colombiano. Sus discursos —solemnes, latinizantes, dados al gesto épico y a la cita erudita— apelaban a un país que ya no existía, o que existía solo en las casonas de Popayán, en los claustros y en las tertulias literarias de la vieja Bogotá. El contraste con las decisiones concretas de su gobierno —enviar dieciséis mil hombres al monte, aliarse con Washington para una guerra contrainsurgente, dejar hacer a los militares en las zonas de operaciones— fue la marca más visible de su presidencia.
Ese contraste no era hipocresía: era la ecuación insoluble del conservatismo payanés en el siglo XX. La misma tradición que producía versos alejandrinos y ministros de gabinete elegantes producía también un orden social latifundista que no podía reformarse desde adentro. Cuando el Frente Nacional le entregó a Valencia la paridad burocrática, las élites terratenientes usaron esa distribución para capturar funcionarios, jueces y burócratas, bloquear la redistribución de tierras y reducir el alcance de la reforma agraria que Lleras Camargo había intentado impulsar con la Ley 135 de 1961. Valencia no revirtió ese bloqueo; en la práctica, lo dejó operar.
Su gobierno enfrentó también los primeros signos del desgaste institucional del sistema. El Congreso, atrapado entre la paridad y la falta de oposición real, empezaba a ceder facultades al Ejecutivo, tendencia que se aceleraría desde 1968 pero cuyo patrón se instaló en su cuatrienio. El diseño del Frente Nacional estaba, como lo diría más tarde López Michelsen, maniatado por el veto efectivo del socio de gobierno, incapaz de responder a las presiones populares que se acumulaban por fuera del pacto.
Red y linaje
En el linaje, la sombra del padre no lo abandonó nunca. Guillermo Valencia Castillo —dos veces candidato presidencial, poeta canónico, patriarca del Cauca— fue a la vez el peldaño y el techo: le dio al hijo la biblioteca, el apellido y las relaciones que necesitaba, y le fijó también el registro del que Valencia no supo salir. Los enemigos internos venían del otro conservatismo: Laureano Gómez desde el exilio, Álvaro Gómez Hurtado desde el Congreso, ambos doctrinarios, urbanos, cundiboyacenses, hostiles al humanismo lánguido del Cauca. Los aliados eran los ospinistas, los alzatistas huérfanos tras la muerte de Alzate, Jorge Leyva cuando convenía: la coalición negativa de los conservadores no laureanistas.
Del lado liberal, negoció con Alberto Lleras Camargo el traspaso del mando en 1962 y le entregó la presidencia a Carlos Lleras Restrepo el 7 de agosto de 1966, en la tercera estación del Frente Nacional. Con Alfonso López Michelsen tuvo la relación característica de un presidente conservador con el líder de la oposición liberal disidente: adversaria, sí, pero contenida por definición dentro del régimen. Misael Pastrana Borrero, futuro presidente conservador (1970-1974), era de la casa. Y en el plano internacional, la figura tutelar fue John F. Kennedy y, tras su asesinato en noviembre de 1963, la continuidad de la Alianza para el Progreso bajo Lyndon B. Johnson: la política exterior de Valencia se limitó, en lo esencial, a ejecutar sin sobresaltos la agenda de la Guerra Fría hemisférica.
Y del otro lado, sin encontrarse nunca cara a cara pero definiéndose mutuamente, quedaron Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas, Camilo Torres. Fueron, para bien y para mal, los personajes que su gobierno ayudó a fabricar como figuras nacionales.
Después del Palacio
Valencia entregó el poder en 1966, cumplido su cuatrienio, y se retiró de la primera línea política. Como ocurría con los expresidentes del Frente Nacional, conservó peso en las deliberaciones partidistas y en el Senado, pero no volvió a disputar la presidencia. Murió en Nueva York en 1971, a los sesenta y un años, cinco años después de dejar el cargo y tres antes del fin formal del Frente Nacional.
Su memoria pública ha sido menos frecuentada que la de sus contemporáneos. Alberto Lleras Camargo quedó como el arquitecto del pacto y la voz del liberalismo modernizador; Carlos Lleras Restrepo, como el reformador desarrollista; López Michelsen, como el disidente que se convirtió en presidente. Valencia quedó en un lugar más incómodo: el conservador que ejecutó la fase militar del Frente Nacional, el presidente-poeta cuya retórica no logró tapar las decisiones duras, el hombre bajo cuyo gobierno nacieron simultáneamente las FARC y el mito de Camilo Torres.
Huella
Juzgar a Valencia exige distinguir lo que le tocó de lo que hizo. Le tocó un país con violencia residual persistente, un pacto de élites que bloqueaba la reforma estructural, una Guerra Fría que definía los márgenes de su política y un conservatismo dividido que lo llevó al poder por eliminación de rivales. Sobre eso, cualquier presidente del ciclo habría enfrentado dilemas similares.
Lo que hizo, y por lo que es recordado, fue apostar por la solución militar frente al problema agrario-comunista. El Plan Lazo y la Operación Marquetalia no fueron improvisaciones suyas: eran doctrina heredada, presión estadounidense, denuncia parlamentaria de Álvaro Gómez, consenso de las Fuerzas Armadas. Pero fue bajo su firma que se ejecutaron, y ese es el punto donde termina la lista de atenuantes y empieza la responsabilidad personal. Las FARC no las causó Valencia —las causó una historia más larga, que arrancaba en la Violencia de los cuarenta y cincuenta y en la exclusión estructural del campesinado—, pero la conversión de autodefensas campesinas dispersas en guerrilla nacional con programa, mando y mito ocurrió en su cuatrienio y con su firma al pie de las órdenes. Esa es la sentencia que la historia le impone, y no admite matices piadosos: el conservatismo caucano quiso liquidar a las repúblicas independientes y les fabricó, en cambio, un acta de nacimiento.
Y hay algo más difícil de medir: la clausura simbólica de un ciclo. Valencia fue, quizás, el último presidente colombiano en el que la tradición humanista payanesa —el latín, el hexámetro, la política como continuación de la poesía— funcionó como fuente de autoridad pública. Después de él, ni el conservatismo ni el país volvieron a hablar en ese registro. Carlos Lleras Restrepo modernizó el vocabulario del Estado; el desarrollismo, la tecnocracia y, más tarde, el pragmatismo empresarial ocuparon el lugar que la elocuencia clásica había tenido. La presidencia de Valencia fue también un tránsito: el conservatismo señorial cediendo, aunque no supiera nombrarlo, ante formas nuevas de ejercer el poder que ya no cabían en la biblioteca de su padre. Que ese tránsito lo protagonizara un hombre educado para gobernar un país que ya no existía —terrateniente en un tiempo de reforma agraria bloqueada, humanista en un país que hablaba de contrainsurgencia, católico señorial ante una Iglesia que empezaba a levantar fusiles— explica buena parte de su desconcierto y de su fracaso. Gobernó con la voz de su padre en un momento que exigía otra lengua.
Queda, finalmente, la paradoja que define su lugar. Valencia gobernó bajo un pacto que prometía pacificación y aplicó la fórmula militar que su tiempo le entregó. Al hacerlo, contribuyó a estabilizar el bipartidismo y a institucionalizar la insurgencia que lo desafiaría después. Su cuatrienio cerró la primera etapa del Frente Nacional dejando, como saldo, un país donde la violencia bipartidista se había atenuado y la revolucionaria acababa de nacer con nombre propio. No es un balance neutro ni ambiguo: es un fracaso estratégico envuelto en versos.
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Documentos y fragmentos citados
35 documentos · 40 fragmentos01Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Página 4011 cita
[1]next planned and executed Rojas’s overthrow. It also settled on Guillermo León Valencia as the Conservative who would stand for election as the first coalition president. In the days immediately following Rojas Pinilla’s fall most Colombians, politicians and nonpoliticians alike, assumed that Valencia would indeed be-…
p. 401
02Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · Página 1401 cita
[2]el conservatismo los sectores del ospinismo, de Jorge Leyva y de Alzate Avendaño, le ganaron al laureanismo. En esas condiciones estos tres sectores reclamaron el derecho a tener candidato. Todo hacía indicar que el escogido debería ser Alzate Avendaño, pero su adicción a la comida lo condujo a una muerte prematura,…
p. 140
03Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Páginas 215, 2552 citas
[3]mé tod o aceptado para fijar la base de dicha renta. Bien recibida por la opi- nión pública, para los empresarios era el mal menor frente a la agi- 255 256 Mar co Palacios tación social a lr ed edor de la reform a agraria. Y log rar on desmon- tarla en la legislatura de 1979. La mecánica política del FN Bajo el FN la…
p. 255
[8]viejo caudillo estaría dispuesto al acuerdo. Con el man- dato de la Convención Liberal, Lleras Ca margo fue a buscarlo hasta su exilio alicantino de Benidorm. El24 julio de 1956los dos jefes, ambos ausentes de la reunión del palacio presidencial la noche del IJogotazo, firmaron un comunicado conjunto que planteaba la…
p. 215
04Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · Página 781 cita
[4]ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…
p. 78
05Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1811 cita
[5]decisión de Rojas de conformar y consolidar una alternativa a los partidos tradicionales lo acompañaría hasta la tumba. A tres años de iniciado su gobierno, el divorcio con las jerarquías liberal y conservadora era total. C AÍDA DE R OJAS, F RENTE N ACIONAL, VIOLENCIA Y BANDOLERISMO Al frente de la oposición al…
p. 181
06Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 601 cita
[6]acuerdo político fue la reorganización del país luego del período presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo mandato se había convertido en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales. Este hecho, unido al deseo de terminar con el periodo conflictivo de la Violencia, generada por la…
p. 60
07Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · Páginas 227, 2512 citas
[7]con el exiliado dirigente conservador Laureano Gómez. Con él firma, el 24 de julio de 1956, aniversario del natalicio del Libertador, el Pacto de Benidorm que ase- guró la unión de los dos partidos en contra de la administración militar imperante, que sería el primer paso que cristalizaría la no muy larga lucha al…
p. 227
[14]López Michelsen, liberal, quien contaba con los votos de su parti- cular movimiento y una parte minoritaria del partido al que pertenecía. Sin embargo, en relación con el último de los nombrados, conviene precisar que su elec- ción hubiera sido inconstitucional en virtud de que la Carta preveía la presencia de una…
p. 251
08Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · Página 2001 cita
[9]representative and democratic” systems, countries such as Colombia.18 The National Front, 1958–1960 Colombia’s democratic revival coincided with the remaking of U.S. policy toward Latin America. During the early 1950s, former president Alfonso López proposed a bipartisan power-sharing arrangement as a solution to the…
p. 200
09Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · Página 2711 cita
[10]popular. [Los miembros de La Junta] no pueden estar ejerciendo el gobierno de acuerdo a la Carta, con las leyes preexistentes, con los estatutos anteriores, ni menos aún con la dictadura… Ningún mito entraba su misión, que es la de interpretar la opinión de los colombianos y satisfacerla en una exigencia que respalda…
p. 271
10Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1191 cita
[11]entre sus seguidores. Por eso, desde antes de derrocar al “dictador”, ya habían hallado una fórmula para poner fin a las arraigadas luchas bipartidistas: conservadores y liberales se repartirían milimétricamente el poder. Por una parte, alternarían la Presidencia durante dieciséis años, de manera que cada partido…
p. 119
11Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 1391 cita
[12](1957). Citado por Álvaro Delgado, “Anotaciones a la Política del Partido Comunista” Controversia, n.° 190 (2008). 94 En una decisión posterior, en 1958, se añadió la norma que obligaba a que los presidentes fueran alternativamente liberales y conservadores, y se amplió la duración del Frente Nacional con su…
p. 139
12Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 2341 cita
[13]ir í a de 1958 a 1974. De este modo la alianza se volvi ó de hierro y el Frente Nacional se convirti ó, como lo se ñ al ó el liberal Alfonso L ó pez Michelsen, en una especie de r é gimen de partido ú nico, sin oposici ó n, que volv í a impensable cualquier pro puesta que no contara con el consenso general. REFORMISMO…
p. 234
13Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · Página 681 cita
[15]rodeó el regreso de Rojas Pinilla al país y su juicio en el Congreso, los dirigentes del Frente Nacio- nal (FN) podían estar optimistas porque, en lo fundamental, el reparto biparti- dista estaba funcionando bien. La izquierda liberal era una minoría creciente y respetable. En 1962 la candidatura presidencial de López…
p. 68
14Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 291 cita
[16]para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…
p. 29
15Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 291 cita
[17]para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…
p. 29
16Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · Página 2801 cita
[18]virulentamente anticomunista del presidente Laureano Gómez, un político de ultraderecha conocido por sus detractores como “el Monstruo”. Gómez, que saldría del Gobierno en 1953 por un golpe militar, una rareza en la Colombia del siglo XX, 77 esperaba recibir asistencia militar de los Estados Unidos como pago por los…
p. 280
17Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Dinámicas urbanas de la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 611 cita
[19]GINI para Bogotá y la Región», 11-12. 118 Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas, 337. 119 Misas Arango, Regímenes de acumulación y modos de regulación: Colombia 1910-2010, 62. 120 Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas, 90. 121 Helg, La educación en Colombia: 1918-1957. Una historia social, económica y…
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18La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · Página 361 cita
[20]Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano Gómez, como “repúblicas independientes” en las que el Estado no ejercía ningún control. Y se convirtieron en un objetivo militar. En mayo de 1964, bajo el gobierno del también conservador Guillermo León Valencia, el Ejército lanzó una operación para acabar con el reducto…
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19Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · Página 2241 cita
[21]Chiquita, El Pato and Guayabero. As a governmental plan for controlling them, the Lazo Plan was put into action. The development of this plan includes several tactical steps. The first is the psychological war which embraces the “civic-military action” consisting of programs of aid to the peasants through army…
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2030 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · Página 2191 cita
[22]de fundación fueron: ELN, 1962; Farc, 1964; EPL, 1967; M- 19, 1970. El M-19 se desmovilizó en 1990, el EPL en 1991 y las Farc-Ep en 2016. Todos fueron producto de la revolución cubana. Y, con alguna excepción, a partir de los años ochenta encontraron en el narcotráfico su fuente de financiamiento y expansión,…
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21Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · Página 641 cita
[23]la Escuela Militar de Cadetes a fin de elevar la enseñanza en el ámbito universitario y se fundó la Cátedra de Filosofía Militar, con el fin de explicar el sentido y la misión de las Fuerzas Armadas y dar a conocer el papel de esta institución. También se hizo un esfuerzo por llevar a los cuadros de las Fuerzas…
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22Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · Página 641 cita
[24]defender exclusivamente las fronteras nacionales para empezar a enfrentar a los armados en el país, lo que exigía el abandono del apoliticismo y la neutralidad de la institución castrense. En tanto que se planteaba combatir el comunismo no solo desde una clara estrategia militar, sino también que su freno debía…
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23Post-conflict Colombia and the Global Circulation of Military ExpertiseManuela Trindade Viana · 2022 · Página 2061 cita
[25]former liberal guerrilleros, such as “Peligro”. We entered Marquetalia without the peasants having to be evac- uated. In December 1965, the last operation in El Pato and Guayabero was undertaken 22 (Ruiz N. 1992 Apud Leal B. 2002: 44) 21 In the original: “Como se ha mostrado cierta extrañeza porque el Ministro de…
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24Más que plata o plomo. El poder político del narcotráfico en Colombia y MéxicoGustavo Duncan · 2014 · Página 2441 cita
[26]el propósito de convertir las autodefensas campesinas en la guerrilla del partido dentro de la estrategia de combinación de todas las formas de lucha (Pizarro, 1991). Uno de estos asentamientos campesinos, Marquetalia, se constituyó en la esencia del mito fundacional de las FARC. Se trataba de una comunidad campesina…
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25La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · Páginas 89, 902 citas
[27]“‘De Marquetalia se puede salir por varias trochas. Se sale para el Huila, se sale para el Cauca, se sale para Caldas. Nosotros teníamos muchas vías de escape. Y nadie lo sabía. Entonces nosotros escapamos por to- das esas trochas. Claro que había una trocha que se lla- maba la trocha central, quizá, es la trocha que…
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[28]a veces las pala- bras de Marulanda: “‘De Marquetalia se puede salir por varias trochas. Se sale para el Huila, se sale para el Cauca, se sale para Caldas. Nosotros teníamos muchas vías de escape. Y nadie lo sabía. Entonces nosotros escapamos por to- das esas trochas. Claro que había una trocha que se lla- maba la…
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26¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · Página 771 cita
[29]34 31. Véanse: Pizarro Leongómez, Las F ARC (1949-1966), 188-189; y Pizarro Leongómez, Una democracia asediada, 168. 32. Manuel Bonnet Locarno, “Operación Marquetalia. Surgen las FARC ”, en Hablan los generales. Las grandes batallas del conflicto colombiano contadas por sus protagonistas, comp. Glenda Martínez…
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27Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · Página 491 cita
[30]Luna; y el sacerdote Camilo Torres, que ofreció una mediación entre los campesinos y las autoridades, por lo que fue tildado por la prensa conservadora como “crip- tocomunista”. El episodio desencadenó protestas por parte del Movimiento Revolucionario Liberal (mrl) y del Partido Comu- nista, y debates en la Cámara de…
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28Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Página 761 cita
[31]por el papado progresista de Juan XXiIll y la convocato- tia del Concilio Vaticano Il, y particularmente en América Latina por la reunién de la Conferen- cia Episcopal Latinoamericana de Medellin, en 1965. Camilo Torres, socidlogo y capellan de la Universidad Nacional, colgé los habitos para hacer politica…
p. 76
29No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 771 cita
[32]de matrices ideológicas que abogaban por cambios radicales y violentos del sistema. El inicio del Frente Nacional estuvo marcado por la violencia que se sostuvo durante finales de los años cincuenta en el sur del Tolima, Cauca, Huila y Valle, y que provenían tanto de actores ilegales (cuadrillas de «bandoleros»,…
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30Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 531 cita
[33]guerras de «limpios», como se conocía a los liberales, y «comunes», como se denominaba a los comunistas. La vio- lencia se atenuó 95 tras el pacto bipartidista que dio origen al Frente Nacional. Algunos autores señalan una tercera ola desde principios de los años sesenta, con la persecución al campesinado comunista…
p. 53
31"Patrones" y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012)Absalón Machado Cartagena, John Jairo Rincón García · 2014 · Página 2021 cita
[34]cobren mayor importancia en virtud de la indeterminación de la dirigencia liberal, como de la persecución política o fi cial. 202 “Patrones” y campesinos: tierra, poder y violencia en el Valle del Cauca (1960 – 2012) Tabla 22. Cuadrillas de bandoleros que operaron en este departamento durante el año de 1962 Nº de…
p. 202
32Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Páginas 247, 2502 citas
[35]doso, el de la paridad entre los dos partidos, y buscó afianzar el poder civil, restringiendo el que tenían las fuerzas militares. Contó con la oposición de sectores disidentes de ambos parti- dos: el Unionismo de Ospina Pérez y Alzate Avendaño y el Movimiento Revolucionario Li- beral (MRL) de Alfonso López Michelsen.…
p. 247
[36]de dife- rentes tendencias de la izquierda y la política tra- dicional, y sobre todo captó la atención de gran- des multitudes y las convenció de que la vía electoral no era una solución a la injusticia social y que el abstencionismo era una posición revolu- cionaria, de enfrentamiento y de lucha toda vez que «el…
p. 250
33En medio del Magdalena MedioAlfredo Molano Bravo · 2009 · Página 331 cita
[37]la toma de la población de Simacota en 1964. Dos años después de algunas acciones más espectaculares que militares, como el ataque a un tren, relatado por la revista Sucesos de México, se unió a sus fi- las el cura Camilo Torres Restrepo, que traía tras de sí una larga cola de sindicalistas, estudiantes y católicos de…
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34Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 4102 citas
[38]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…
p. 410
[39]de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…
p. 410
35Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 5011 cita
[40]élites terrate - nientes bloquearon la redistribución de tierras, usando la representación directa que tenían en la legislatura, además de la captura de una parte de los funcionarios elegidos, jueces o burócratas, que respondían a la distribución paritaria entre los partidos, y al uso del clientelismo para socavar el…
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