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Idea transversal

Mito fundacional

El mito fundacional en Colombia es el relato con el que la comunidad política se cuenta su origen, fija sus héroes y sanciona sus fechas; no es un legado inmemorial sino un artefacto construido en oleadas por sucesivos regímenes políticos desde 1873 hasta el bicentenario de 2019, con el fin de legitimar un Estado centralista, andino y católico.

4.356 palabras42 documentos45 fragmentos citados
Mito fundacional

Trayectoria de una idea

  1. 1810

    Los sucesos del 20 de julio en Santafé

  2. 1873

    Ley 60: nacionalización del 20 de julio

  3. 1886

    La Regeneración refunda el relato de origen

  4. 1910

    El centenario escenifica y codifica el mito

  5. 1941

    Primeras fisuras historiográficas al mito tradicional

  6. 2010

    El bicentenario y la revisión crítica del florero

03

La lectura

El mito fundacional colombiano es, ante todo, un producto de la política: no emergió espontáneamente de la memoria colectiva sino que fue fabricado en talleres precisos —un Congreso federalista en 1873, una Constitución conservadora en 1886, un centenario escenificado en 1910— cada uno con sus autores, sus fechas y sus objetos consagrados. Su materia prima era problemática desde el origen, pues la independencia neogranadina fue una insurrección de minorías cultas y urbanas en la que las masas rurales, indígenas y mestizas tuvieron escasa participación o incluso se alinearon con la Corona, lo que obligó a una operación sostenida de universalización retroactiva. El mito necesitó cuerpo sensible: el florero de Llorente en su vitrina, las estatuas de bronce en las plazas, los retratos de Bolívar colgados junto a las estampas religiosas, el manual de Henao y Arrubla en los pupitres, todos ellos soportes materiales que anclaron el relato en la vida cotidiana y le prestaron la apariencia de lo eterno. La disputa entre bolivarianos y santanderistas, que llegó a expresarse en la violencia simbólica de apuñalar retratos o fusilar efigies, revela que el mito nunca fue monolítico: fue siempre un campo de batalla donde distintas facciones pelearon por apropiarse del origen y proyectar desde él su visión del orden presente. Desde los años sesenta del siglo XX, la historiografía profesional comenzó a desmontar sistemáticamente ese edificio, pero la fuerza del mito —su capacidad de organizar identidades, legitimar exclusiones y dotar de sentido al Estado— sobrevivió largamente a sus críticos.

El mito fundacional en Colombia

En Colombia, el mito fundacional no es un legado que las generaciones se transmitan intacto desde 1810, sino un artefacto construido en oleadas por sucesivos regímenes políticos, cada uno con sus talleres, sus autores, sus fechas y sus objetos. Entre la Ley 60 de 1873, que decretó el 20 de julio como aniversario nacional, y el bicentenario de 2019, el país fabricó, reformó, canonizó y disputó un relato de orígenes que sirvió para legitimar un Estado centralista, andino y católico, y para naturalizar las exclusiones sobre las que ese Estado se levantó. Comprender ese proceso —qué se seleccionó, quién quedó fuera, qué objetos se elevaron a reliquia, qué próceres se elevaron a semidioses— es acercarse a la manera colombiana de habitar el pasado.

La noción y su peso

Un mito fundacional es el relato con el que una comunidad política se cuenta su origen, fija sus héroes, sanciona sus fechas y establece la continuidad entre un acto inaugural y el orden presente. No es simple leyenda: es un dispositivo con función social y jurídica que ofrece a la sociedad nacional una prueba de autenticidad y una escenografía para el poder. En las repúblicas latinoamericanas del siglo XIX, la escritura de la historia cumplió justamente ese papel: fue el recurso con el que las élites establecieron la continuidad de sociedades que apenas empezaban a existir como Estados. Colombia no fue excepción. Sus primeros historiadores utilizaron la noción de pasado para consagrar los orígenes de la República, dándole carácter fundacional al Descubrimiento, la Conquista y, sobre todo, a las acciones de los héroes de la Independencia.

Lo que distingue al caso colombiano es la nitidez con que puede rastrearse la fabricación. No hay una bruma inmemorial: hay leyes con número, concursos con jurado, monumentos con escultor y fecha de inauguración, objetos museísticos con expediente. El 20 de julio se decretó fiesta nacional por una ley; el florero de Llorente se consagró como reliquia en un museo; la Historia de Colombia de Henao y Arrubla ganó un premio en 1910 y se volvió, por decreto de facto, el manual con el que aprendieron historia varias generaciones. Esa trazabilidad permite tratar el mito no como misterio sino como proceso.

La materia prima criolla: una insurrección de minorías

El material sobre el que se trabajaría el mito venía marcado desde el origen. La revolución de independencia neogranadina no fue una guerra popular en sentido estricto. En su inicio fue una insurrección de minorías cultas y ricas, movidas en los centros urbanos, con las masas rurales alejadas de los círculos donde se movían los líderes del proceso. Muchos futuros próceres, de hecho, habían estado del lado de la Corona durante el levantamiento de los Comuneros de 1781, que sí incluyó reivindicaciones concretas para indígenas, mestizos y criollos pobres. La élite criolla no estaba del todo interesada en romper los nexos culturales con Europa: esos nexos le servían, precisamente, para distanciarse de la masa mestiza, indígena y negra sobre la que pretendía gobernar.

De ahí una particularidad del caso colombiano. A diferencia de México, donde el cura Miguel Hidalgo movilizó al pueblo indígena en un movimiento con rasgos de revolución social democrática y popular, en la Nueva Granada la posición de los indígenas frente al movimiento independentista fue frecuentemente de rechazo. En los Llanos, fue el realista José Tomás Boves quien primero movilizó a los llaneros, del lado del rey y no del de los patriotas. Esa asimetría entre la élite ilustrada y las masas rurales quedaría inscrita como huella permanente en cualquier relato posterior sobre el origen.

El mito fundacional colombiano tuvo, entonces, un problema técnico desde el comienzo: había que convertir en gesta común de la nación un acontecimiento que, en su materialidad, había sido cosa de pocos. Los sucesos del 20 de julio de 1810 en Santafé —una disputa de salón alrededor de un florero, un cabildo abierto, un acta redactada esa noche— tenían escala provincial y protagonistas urbanos. Convertirlos en momento fundacional de una nación entera exigía una operación posterior, sostenida y política.

La primera oleada: la Ley 60 de 1873

Esa operación ocurrió más de seis décadas después de los hechos. La Ley 60 de 1873, expedida por el Congreso de los Estados Unidos de Colombia en pleno auge del radicalismo liberal, declaró el 20 de julio día festivo nacional como aniversario de la independencia de 1810. Detrás del proyecto estuvo, con toda probabilidad, José María Quijano Otero, entonces secretario de la Cámara de Representantes, quien había sostenido públicamente esa tesis en las páginas de La América. La elección no era inocente: fijar el aniversario en Santafé —y no en el Socorro de los Comuneros, ni en el Cartagena que se independizó por su cuenta el 11 de noviembre de 1811, ni en Cúcuta, donde se firmó la Constitución de 1821— era ya una jerarquización política del territorio. Quien fijó la fecha antepuso su empeño de nacionalización a la exactitud histórica: la disputa sobre si el acta se firmó el 20 o en las horas siguientes fue, para efectos de la ley, irrelevante.

En 1873, un Congreso federalista y anticlerical se dio a la tarea de dotar a una república todavía frágil de un aniversario común. Fue un gesto de ingeniería simbólica: convertir un episodio provinciano en el momento inaugural de todos los colombianos, sin importar que buena parte del país no hubiera participado en él ni se sintiera aludido. La eficacia de esa fabricación sería puesta a prueba muy pronto por un giro político de sentido contrario.

La refundación conservadora: la Regeneración y 1886

Doce años después de la Ley 60, la Regeneración liderada por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro cambió el signo del Estado. Núñez, presidente en varias ocasiones desde 1880, articuló en alianza con el Partido Conservador un programa de retorno a la autoridad y de fortalecimiento del gobierno central como respuesta al desorden que atribuía al federalismo radical. Caro, principal pensador conservador y firme defensor de la Iglesia Católica, redactó en gran medida la Constitución de 1886, que sustituyó el edificio federal por un régimen centralista, restringió libertades individuales, condicionó el sufragio a la alfabetización y la propiedad, convirtió en indirectas muchas elecciones directas y autorizó al gobierno, mediante un artículo transitorio, a regular la prensa: cláusula que se prolongó por años y que resultó odiosa a los disidentes.

La Regeneración no se contentó con cambiar la Constitución: reescribió el relato de origen. Los regeneradores glorificaron a Bolívar como portaestandarte de la nacionalidad, adoptaron su idea de que el pueblo era ingobernable y reforzaron la convicción de que solo un ejecutivo muy fuerte, apoyado en la religión, podía mantener el orden. El Partido Conservador adoptó la fe católica como uno de sus principios, y la Iglesia fue reconocida como parte esencial del orden nacional. Los conservadores nacionalistas encontraron su sustento intelectual en el pensamiento católico e hispano, revalorizaron el período colonial y contrapusieron la paz de la Colonia al desorden republicano.

La operación historiográfica que acompañó esta refundación fue elaborada. Encabezada por José Manuel Groot, una corriente reformuló la historia nacional como contraste entre la relativa quietud de los tres siglos coloniales y la agitación republicana, cuestionando incluso la preparación con que la Nueva Granada había llegado a la Independencia. Se trataba, en el fondo, de desactivar el relato liberal de la emancipación como progreso y sustituirlo por otro en el que la religión, la lengua y la herencia hispánica eran los fundamentos verdaderos de la nación. El clientelismo del régimen fue más voraz y excluyente que el del período liberal, porque los recursos fiscales del nuevo Estado centralista habían aumentado. El triunfo de la Regeneración perfeccionó un modelo de exclusión y dominación espiritual que sentó las bases de la catástrofe política colombiana del siglo XX.

La escenificación: el centenario de 1910

Si 1873 fijó la fecha y 1886 refundó el marco, 1910 escenificó el mito. El primer centenario de la Independencia se hizo coincidir con el 20 de julio de ese año y se celebró en Bogotá y en otras regiones del país, marcando el punto en que la historia de la Independencia dejó de estar ligada solo a algunas provincias y pasó a presentarse como historia común de todas. Fue un despliegue formidable: se inauguraron monumentos y estatuas, se abrió el acueducto de Chapinero, se creó el Parque de la Independencia con pabellones de exposiciones industriales, artísticas, agrícolas, ganaderas y artesanales, y se convocó a representantes de todas las tendencias políticas bajo una orientación de optimismo, conciliación e integración que se llamó centenarista.

El centenario proclamaba un Estado centralista y triunfante nacido de la Constitución de 1886, y presentaba a los próceres de la Independencia como padres fundadores de ese Estado. La coherencia del gesto era completa: no se celebraba solamente el 20 de julio de 1810, se celebraba sobre todo el orden andino y católico que había cristalizado en 1886, proyectado retroactivamente sobre los sucesos de la emancipación como si estos hubieran conducido lógicamente a él. Un pequeño grupo, la llamada generación del centenario, fue el arquitecto cultural de esa puesta en escena.

En el concurso de historia del centenario, Jesús María Henao y Gerardo Arrubla obtuvieron el premio con su Historia de Colombia. La consecuencia fue duradera: los colombianos aprenderían historia por ese libro durante los siguientes tres cuartos de siglo. El mito no solo se escenificaba en las plazas; se codificaba en los pupitres.

La geografía festiva de Bogotá en 1910 dejó ver, sin embargo, la costura del asunto. La celebración tuvo dos polos: el Bosque de la Independencia, donde los cachacos concurrían de día a admirar las realizaciones del progreso, y el barrio de Las Cruces, adonde ese mismo público se desplazaba en busca de diversiones populares menos confesables. Un mismo cuerpo social pasaba de la exposición industrial al bailadero, del pabellón agrícola a la cantina, sin experimentar contradicción alguna. El centenarismo era también un ejercicio de decoro urbano, con su cara oficial y su reverso: la nación se representaba a sí misma en el Bosque y se divertía a sus anchas en Las Cruces, y ambas escenas formaban parte del mismo libreto. Esa doble vida geográfica prefiguraba, en pequeño, el desdoblamiento entre la Colombia oficial y la real que atravesaría el siglo XX.

Los soportes materiales: objetos, monumentos, retratos

Un mito fundacional necesita cuerpo. Necesita objetos que lo condensen, estatuas que lo hagan visible en las plazas, retratos que lo lleven al hogar. Colombia armó ese repertorio con paciencia y con conflicto, y el trabajo material fue tan decisivo como el trabajo narrativo: sin florero, sin estatua ecuestre, sin retrato colgado junto a la estampa religiosa, el relato habría carecido de anclaje sensible en la vida cotidiana.

El caso del florero de Llorente es ejemplar. Consagrado en el museo como objeto emblemático del 20 de julio de 1810, se volvió el signo que resumía en una vitrina el acontecimiento fundacional. La consagración fue gradual y posterior a la construcción del relato: primero se escribió el episodio en la historia oficial y luego se elevó el objeto a reliquia, no al revés. Investigaciones realizadas con motivo del bicentenario, en 2010, establecieron mediante análisis de materialidad y técnica que la pieza fue muy probablemente elaborada en la segunda mitad del siglo XVIII en la Fábrica del Buen Retiro, en Madrid. El detalle importa: el objeto que condensa la ruptura con España había sido fabricado en España. La ironía es también parte de la historia del mito.

Junto al florero, otros objetos —el banquillo de purificación, banderas de campañas— fueron adquiriendo carácter emblemático en el museo, articulando una representación histórica del proceso de Independencia por acumulación de reliquias. La elaboración narrativa siempre fue previa a la consagración material: primero el relato, luego el objeto que lo prueba.

En el espacio público, las estatuas hicieron el trabajo complementario. Bogotá se pobló de próceres en piedra y bronce, y cada monumento fijaba una jerarquía y una biografía canónica: Bolívar de Pietro Tenerani en la Plaza Bolívar, Santander de Pietro Costa en su plazoleta, Policarpa Salavarrieta de Dionisio Cortés en la carrera tercera. Cuando la figura cae en la intransigencia del mito, todo análisis crítico parece superfluo, y esa era justamente la función del bronce: cerrar el debate.

El retrato de Bolívar pintado por José María Espinosa en 1819 ilustra otra faceta del proceso: su consagración como pieza maestra de la iconografía bolivariana fue tardía, impulsada sobre todo por la difusión que hizo Marta Traba en la segunda mitad del siglo XX. Un cuadro puede pasar un siglo largo sin ser icono y volverse icono después. Las imágenes de los héroes, especialmente las de Bolívar, se exhibían en hogares de todas las clases sociales junto a las estampas religiosas: el culto cívico se acopló al culto devocional y tomó prestada su liturgia doméstica.

Que las imágenes cargaban poder simbólico real lo demuestra la violencia ejercida sobre ellas. Adeptos de Bolívar apuñalaron un retrato de Santander; en 1830 se fusilaron en Bogotá dos retratos de Bolívar. Se atacaba la imagen porque golpear la imagen equivalía a golpear al hombre y a lo que él encarnaba. El culto tenía costo político.

El taller de próceres: Bolívar, Santander y la disputa por el fundador

Esa violencia contra los retratos no era anecdótica: cifraba la disputa que estructuró la memoria republicana durante casi dos siglos. Bolívar y Santander se convirtieron en emblemas de proyectos políticos rivales, y la comparación entre ambos organizó la manera en que Colombia se contó a sí misma. La Regeneración consagró a Bolívar como portaestandarte, incorporó su desconfianza hacia el pueblo y lo hizo compatible con la exaltación del ejecutivo fuerte y de la religión. Los liberales, por contraste, tendieron a levantar a Santander como emblema del legalismo, la instrucción pública y el civismo republicano.

La disputa fue tan intensa que produjo su propia bibliografía polémica. En 1966, Laureano Gómez publicó en segunda edición El Mito de Santander, título que dice todo sobre el modo en que el debate se planteaba: cada bando denunciaba la construcción mítica del héroe del otro sin advertir siempre la propia. El culto a Bolívar se sostuvo con soportes materiales muy sólidos: la repatriación de sus restos a Caracas, la publicación de sus documentos, la multiplicación de estatuas, la casa museo de la Quinta de Bolívar en Bogotá.

Encarnar en un individuo las cualidades geniales de toda una época —el gesto retórico que hace del hombre el sinónimo del acontecimiento— constituye una verdad incompleta: impone la semidivinidad de unos pocos a expensas del reconocimiento de la obra colectiva. Y en el caso colombiano, ese tropo tuvo consecuencias precisas. Al elevar a Bolívar y a un puñado de generales a la categoría de padres fundadores, se relegó al margen a los Comuneros de 1781 —cuya gesta permaneció en la sombra historiográfica durante más de un siglo, hasta que el primer texto importante al respecto apareció en 1880—, a los pardos que combatieron en las campañas de independencia, a las mujeres que actuaron en la trastienda de las conspiraciones, y a las masas indígenas y afrodescendientes de las provincias periféricas.

Las exclusiones estructurales

Esas ausencias no fueron accidentes de la memoria: fueron su cimiento. A comienzos de los años ochenta, un análisis de los textos escolares de historia mostraba con claridad lo que ya venía de lejos: los relatos consagraban una patria del criollo, y era pertinente preguntarse qué podía significar esa narrativa para otros grupos igualmente nacionales, indios y negros, y si no constituía una visión estrecha de la nación.

La exclusión racial tuvo su capítulo más duro en la Gran Colombia. Bolívar escribió cartas ofensivas sobre negros y mulatos, y su ideal de gobierno era el régimen aristocrático inglés. No se trata de anacronismos suavizables: el temor a una guerra racial inspirada en el ejemplo haitiano —llamado guerra de clases o guerra de colores— condicionó de manera directa las políticas hacia afrodescendientes y pardos. En el proceso que llevó al fusilamiento del almirante José Prudencio Padilla, hombre pardo y héroe naval de la independencia, ese temor pesó de manera decisiva. La correspondencia de las élites lo muestra: se temía que Padilla encabezara a los pardos, y el juicio militar hizo el resto. Un héroe naval de la independencia terminó fusilado por el color de su piel y por el pánico de clase de quienes lo habían combatido junto a él.

Los indígenas, por su parte, entraron al relato de manera intermitente y ambigua. La élite criolla no exaltó las cualidades indígenas porque hacerlo habría contradicho su estrategia de mantener nexos culturales con Europa como marca de distinción social. En la historiografía revisionista de fines del XIX y comienzos del XX —construida en función de preocupaciones por la integración nacional—, lo negro no existe como tal: fue registrado de forma contrastada y fragmentaria, y las primeras reflexiones académicas al respecto vinieron sobre todo de investigadores extranjeros.

El resultado fue un mito con centro andino, criollo y masculino, en el que Policarpa Salavarrieta cumplía el papel de excepción heroica que confirmaba la regla, y en el que las provincias caribeñas, pacíficas, orientales y amazónicas quedaban en la periferia narrativa aunque hubieran sido decisivas en el proceso material de la Independencia.

La impugnación desde adentro: historiografía crítica del siglo XX

El mito no se sostuvo sin resistencias. Luis Eduardo Nieto Arteta abrió la primera grieta en 1941, con un libro pionero de historia económica que aplicaba de forma incipiente el método marxista al pasado colombiano. La obra tuvo poca resonancia inmediata; sus lectores llegaron una generación después. En los años sesenta, los primeros historiadores profesionales del país la rescataron del olvido y la pusieron a dialogar con la de Luis Ospina Vásquez, de 1955, sobre industria y protección.

En ese mismo movimiento entró Indalecio Liévano Aguirre. Sus Grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia no aparecieron primero en libros de biblioteca sino por entregas en las revistas Semana y Nueva Prensa, donde los leyeron estudiantes universitarios que empezaban a hacerle preguntas incómodas al manual escolar. La interpretación de Liévano desplazó el foco del prócer individual hacia los conflictos estructurales entre clases, regiones y proyectos económicos, y esa lectura caló. Poco después, Mario Arrubla publicó en la revista Estrategia una serie de artículos sobre la caracterización y evolución de la economía colombiana, luego recogidos en libro. Junto con Darío Mesa y otros, esa cohorte formó el primer núcleo de historiadores profesionales del país, y le hizo al Henao y Arrubla del centenario lo que ningún debate parlamentario había logrado: sacarlo del pupitre.

El efecto fue lento pero profundo. La Historia de Colombia de Henao y Arrubla dejó de ser el manual único; el pupitre se abrió a otras lecturas; el mito centenarista perdió la exclusividad. En las décadas siguientes, los estudios coloniales de Germán Colmenares y de una nueva generación universitaria completaron el desplazamiento: la historia dejó de ser el catálogo de las virtudes de los próceres para volverse el análisis de estructuras, procesos, mentalidades y actores anónimos.

Los mitos alternativos: guerrillas, memoria, violencia

Mientras la historiografía profesional erosionaba el mito oficial desde las aulas, otros actores lo impugnaban desde la calle y la selva, no para reemplazarlo con verdad histórica sino para construir mitos alternativos igualmente eficaces. La Colombia de la segunda mitad del siglo XX es, en buena medida, un país donde varios relatos fundacionales compiten, y esa competencia se libra con los mismos materiales simbólicos —próceres, fechas, objetos— que había forjado el Estado en el siglo XIX.

Las FARC construyeron el suyo con precisión. Según su versión, no surgieron por iniciativa propia sino como respuesta defensiva al cerco militar del Estado contra Marquetalia: fue el Estado quien declaró la guerra, no la organización guerrillera. La estructura narrativa era clásica —agresión externa, resistencia justa, comunidad que se arma para no perecer— y resultó lo bastante sólida como para sobrevivir a los propios cambios de la organización. Cuando en la VII Conferencia de 1982 se añadió al nombre la sigla EP, Ejército del Pueblo, marcando el paso de una estrategia defensiva a una ofensiva total hacia la toma del poder, el mito de la resistencia inicial se mantuvo intacto; hasta el nombre del órgano de expresión de la organización —Resistencia— conservaba el núcleo defensivo del relato de origen. La distancia entre el relato fundacional y la práctica presente no debilitó el primero: lo blindó.

El M-19 eligió otra vía, quirúrgica y publicitaria. Su primera acción pública fue el robo de la espada de Bolívar, precedido de avisos en los principales periódicos como parte de una estrategia mediática calculada. La gramática de la operación era transparente: apropiarse del objeto del prócer para legitimar un proyecto revolucionario contemporáneo. En lugar de rechazar el mito bolivariano, el M-19 lo reciclaba a su favor, y mostraba con ello algo que las élites tardarían en asimilar: la materia simbólica del Estado podía ser expropiada por sus adversarios con la misma facilidad con que se apropia un bien mueble.

Estas construcciones no ocurrieron en un vacío. Colombia fue caracterizada, con motivo, como una nación signada por la violencia desde su nacimiento republicano: una sucesión de guerras civiles del siglo XIX que decantaron entre modelos centralistas y federalistas de Estado, y luego el largo período de La Violencia entre liberales y conservadores del que emergieron algunas de las condiciones que dieron lugar a las guerrillas. La relación entre violencia bipartidista y violencia insurgente es materia de debate, pero la continuidad estructural del conflicto armado ofreció el trasfondo sobre el cual los mitos alternativos encontraron audiencia.

El bicentenario y la política de la memoria

El segundo centenario, en 2010, ocurrió en un país muy distinto al de 1910. La Ley de Justicia y Paz 975 de 2005 había convertido la memoria histórica en una cuestión pública enunciada con fuerza en la esfera política. A diferencia de otros países latinoamericanos donde las luchas por la memoria comenzaron tras el fin de dictaduras o conflictos armados, en Colombia los agentes de memoria iniciaron su lucha en medio de un conflicto todavía en curso, y esa simultaneidad marcó el tono de la conmemoración: no era posible celebrar la Independencia sin nombrar la guerra que aún se libraba, ni levantar un monumento sin que otro monumento —el de las víctimas recientes— reclamara su lugar al lado.

El tratamiento del florero de Llorente ese año condensa el giro. En vez de restaurarlo con solemnidad o exhibirlo con más luz, se lo sometió a análisis técnicos que lo despojaban del aura y lo devolvían a su condición de pieza cerámica del siglo XVIII, fabricada probablemente en Madrid. El objeto seguía en la vitrina, pero rodeado ahora de la información que erosionaba su función de reliquia. Ese mismo espíritu recorrió el trabajo de historiadores y académicos que impugnaron la narrativa oficial mientras cuestionaban las fuerzas de jerarquía, elitismo y estratificación social que la sostenían. El mito no fue derribado; fue puesto en cuarentena.

En 2019, en el marco del bicentenario prolongado —doscientos años de la Campaña Libertadora y de la Batalla de Boyacá del 7 de agosto de 1819—, se produjeron documentales y materiales que revisaban el período fundacional. En el mismo tiempo se construyeron contramonumentos y museos de memoria que impugnaban la normalización de la violencia inscrita en los monumentos tradicionales. Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria, en Bogotá, se levantó con armas fundidas de las FARC-EP entregadas tras el acuerdo de paz de 2016. El gesto era simbólicamente el inverso del que había hecho el M-19: en lugar de robar la espada del prócer, se derretían los fusiles de la guerra para hacer con ellos un piso sobre el cual caminar. La pieza no se colgaba en la pared para ser admirada; se pisaba. El monumento tradicional exige alzar la mirada; el contramonumento exige bajarla. Doscientos años después del acta de Santafé, el país había cambiado incluso la dirección física del culto.

Un artefacto siempre incompleto

Hay una imagen que resume mejor que cualquier síntesis la historia del mito fundacional colombiano: la del piso de Fragmentos fabricado con los fusiles fundidos de una guerrilla que había robado la espada de Bolívar cuarenta y cinco años antes. En esos metros cuadrados de metal aplanado convergen todas las capas del artefacto: el prócer del bronce republicano, el objeto sustraído por sus impugnadores, el arma de la guerra que hizo posible impugnarlo, la ceremonia de paz que la fundió, el suelo pisable donde el visitante deja de mirar hacia arriba. El mito no fue derrotado por ninguna de esas operaciones; fue absorbido, reciclado, contradicho y vuelto a poner en circulación en un nivel distinto.

Esa es la naturaleza del artefacto. Cada régimen seleccionó sus próceres, canonizó sus fechas, elevó sus objetos y silenció a los actores populares y territoriales que no cabían en el marco; cada régimen fabricó, sobre esa selección, una liturgia cívica que naturalizaba el orden andino-centralista nacido de 1886 sobre las otras Colombias posibles. Y sin embargo, la operación nunca fue completa. Las disputas entre bolivarianos y santanderistas mostraron que el prócer principal era terreno movedizo. Los apuñalamientos y fusilamientos de retratos mostraron que las representaciones podían ser atacadas con la misma pasión con que eran veneradas. La historia profesional del siglo XX desmontó el manual escolar. La memoria negra e indígena empezó a exigir su lugar. Los actores armados construyeron sus propios mitos con la misma materia simbólica de la Independencia. Los contramonumentos del bicentenario reescribieron el espacio público con fragmentos de la guerra.

En un país fundado sobre exclusiones que se pretendieron condición del orden, el mito no cierra: se rehace, y cada rehacer deja a la vista las costuras del anterior. La próxima oleada vendrá —seguramente ya está en marcha en algún archivo, en algún taller, en alguna asamblea de comunidades cuyas historias todavía no se han escrito— y su interés no estará tanto en lo que consagre como en lo que se vea obligada a incluir. Un mito fundacional se mide, al final, no por la firmeza de su centro sino por la elasticidad de sus bordes; y los bordes del mito colombiano llevan doscientos años ensanchándose a la fuerza.

04

En el archivo

193 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Prehispánicoantes de 14999
  1. -2000Género y arqueología prehispánica en ColombiaPregunta
  2. -500Geografía sagradaFicha
  3. 900Calendario muiscaFicha
  4. 1000Cosmovisión muiscaFicha
  5. 1000El DoradoFicha
  6. 1200Confederación MuiscaFicha
  7. 1493Primeros contactos hispano-indígenas en el Caribe (1493–1499)Hecho
  8. 1500NemequeneFicha
  9. 1537TisquesusaFicha
02Conquista1499–159920
  1. 1500Rodrigo de BastidasFicha
  2. 1513Vasco Núñez de BalboaFicha
  3. 1533Pedro de HerediaFicha
  4. 1535NutibaraFicha
  5. 1536Conquista del altiplano muisca y encuentro de las tres huestes (1536–1539)Hecho
  6. 1537La contradicción del conquistador-evangelizadorPregunta
  7. 1537Sebastián de BelalcázarFicha
  8. 1538Gonzalo Jiménez de QuesadaFicha
  9. 1538La conquista de la Nueva Granada como empresa mercantilPregunta
  10. 1539El policentrismo fundacional de la Nueva GranadaPregunta
  11. 1539Nicolás de FedermánFicha
  12. 1540Hernán Pérez de QuesadaFicha
  13. 1540La GaitanaFicha
  14. 1541Expedición de Hernán Pérez de Quesada a El Dorado por los Llanos (1541-1543)Hecho
  15. 1541Jorge RobledoFicha
  16. 1543Pedro Cieza de LeónFicha
  17. 1550EvangelizaciónFicha
  18. 1570Cronistas y construcción del pasado prehispánico (1570–1599)Hecho
  19. 1578Gaspar de RodasFicha
  20. 1580CalarcáFicha
03Colonia1600–17808
  1. 1636Juan Rodríguez FreyleFicha
  2. 1650PalenqueFicha
  3. 1675Gregorio Vásquez de Arce y CeballosFicha
  4. 1688Lucas Fernández de PiedrahitaFicha
  5. 1700Juan Tama de la EstrellaFicha
  6. 1713Pacto del obispo Cassiani con los palenques de los Montes de MaríaHecho
  7. 1741Blas de LezoFicha
  8. 1776Antonio de la Torre y MirandaFicha
04Pre-independencia1780–180917
  1. 1781Colonialismo internoFicha
  2. 1781ComunerosFicha
  3. 1781José Antonio GalánFicha
  4. 1781La Revolución de los Comuneros y las Capitulaciones de ZipaquiráHecho
  5. 1781La traición a Galán y las Capitulaciones de ZipaquiráPregunta
  6. 1781Los Comuneros de 1781Pregunta
  7. 1781Manuela BeltránFicha
  8. 1781SocorroFicha
  9. 1790Manuela Sanz de SantamaríaFicha
  10. 1793Antonio NariñoFicha
  11. 1793Derechos del HombreFicha
  12. 1793La traducción de los Derechos del Hombre y el proceso a Nariño (1793–1795)Hecho
  13. 1794Productividad política inversa de la coerción borbónica en la Nueva GranadaPregunta
  14. 1808Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808–1810)Hecho
  15. 1808Soberanía indígenaFicha
  16. 1810Antonio Amar y BorbónFicha
  17. 1810Cabildo abiertoFicha
05Independencia1810–183159
  1. 1808Crisis juntista y 20 de julio de 1810Hecho
  2. 1810Antonio VillavicencioFicha
  3. 1810Francisco José de CaldasFicha
  4. 1810Independencia (1810–1831)Época
  5. 1810José Acevedo y GómezFicha
  6. 1810José María CarbonellFicha
  7. 1810Patria Boba: federalismo, centralismo y primeras repúblicas (1810–1816)Hecho
  8. 1810Soberanía popularFicha
  9. 1810Uti possidetis iurisFicha
  10. 1811José María García de ToledoFicha
  11. 1811La Primera República de Cartagena (1811–1815)Hecho
  12. 1811Manuel Rodríguez ToricesFicha
  13. 1811Pedro RomeroFicha
  14. 1812Antonio BarayaFicha
  15. 1812La Patria BobaPregunta
  16. 1812Patria BobaFicha
  17. 1813Economía de guerra republicana: préstamos forzosos, papel moneda y expropiación (1813-1819)Hecho
  18. 1813El vuelco llanero: de Boves realista a Páez republicanoHecho
  19. 1813Guerra a MuerteFicha
  20. 1814Ley de Libertad de Vientres (1821)Hecho
  21. 1815Infraestructura femenina en la guerra de independencia (1815–1819)Hecho
  22. 1815Pardos, Haití y la dimensión afro de la independencia (1815–1821)Hecho
  23. 1815Realismo popularFicha
  24. 1816José Fernández MadridFicha
  25. 1816La Campaña Libertadora de 1819Hecho
  26. 1816La ReconquistaFicha
  27. 1817Agustín AgualongoFicha
  28. 1817Ejecuciones de Piar (1817) y Padilla (1828): el techo racial de la repúblicaHecho
  29. 1817Policarpa SalavarrietaFicha
  30. 1818Juan SámanoFicha
  31. 1819Arte e iconografía de la Independencia colombianaPregunta
  32. 1819Campaña Libertadora y Batalla de Boyacá (1819)Hecho
  33. 1819Constitución de Cúcuta y fundación de la Gran ColombiaHecho
  34. 1819La Legión Británica y los oficiales europeos en la independencia de ColombiaPregunta
  35. 1819Patronato republicanoFicha
  36. 1819Simón BolívarFicha
  37. 1820Continuidad colonialFicha
  38. 1820José Antonio PáezFicha
  39. 1820La prensa y la Gran ColombiaPregunta
  40. 1821El racismo republicano en la Gran ColombiaPregunta
  41. 1821Francisco de Paula SantanderFicha
  42. 1821Gran ColombiaFicha
  43. 1821José Félix de RestrepoFicha
  44. 1821Ley de Haberes Militares de 1821Hecho
  45. 1821Pedro GualFicha
  46. 1822Campañas del Sur: Pasto, Quito y Ayacucho (1822–1824)Hecho
  47. 1822Manuela SáenzFicha
  48. 1822Reconocimiento internacional de la Gran Colombia (1822–1825)Hecho
  49. 1825Antonio José de SucreFicha
  50. 1825Las reformas santanderistas y el benthamismo (1825–1828)Hecho
  51. 1825Reconocimiento diplomáticoFicha
  52. 1825Vicente AzueroFicha
  53. 1826El fracaso del proyecto bolivariano: Gran Colombia y Congreso de PanamáPregunta
  54. 1826La Cosiata, la Convención de Ocaña y la crisis de la Gran Colombia (1826–1828)Hecho
  55. 1826Prohibición bolivariana de Bentham y guerra cultural sobre el currículo (1828)Hecho
  56. 1828Conspiración Septembrina de 1828Hecho
  57. 1829Disolución de la Gran ColombiaHecho
  58. 1830La Gran ColombiaPregunta
  59. 1830Rafael UrdanetaFicha
06Nueva Granada1831–18629
  1. 1831Fundación de la República de la Nueva Granada y administración Santander (1832–1837)Hecho
  2. 1839Guerra de los SupremosHecho
  3. 1845Historiografía y ciencia nacional en Nueva Granada (1845–1862)Hecho
  4. 1848Costumbrismo y república letrada del medio siglo (1848–1862)Hecho
  5. 1848Joaquín AcostaFicha
  6. 1848Josefa Acevedo de GómezFicha
  7. 1848Ramón Torres MéndezFicha
  8. 1855CostumbrismoFicha
  9. 1869José Manuel GrootFicha
07Estados Unidos de Colombia1863–18857
  1. 1863Constitución de Rionegro y fundación de los Estados Unidos de ColombiaHecho
  2. 1863Soberanía estatalFicha
  3. 1867Canonización nacional de María de Jorge Isaacs (1867–1880)Hecho
  4. 1870Civilización-barbarieFicha
  5. 1870La colonización antioqueña y la fábrica del pionero (1870–1880)Hecho
  6. 1873Memoria fundacionalFicha
  7. 1875Culto bolivarianoFicha
08Regeneración1886–19297
  1. 1886HispanismoFicha
  2. 1886Imaginario nacionalFicha
  3. 1903Separación de Panamá (1903)Hecho
  4. 1910Manual de Historia de Colombia de Henao y Arrubla como canon pedagógico oficialHecho
  5. 1913Expedición de Konrad Theodor Preuss a San Agustín (1913-1914)Hecho
  6. 1928La masacre de las bananeras (1928)Pregunta
  7. 1928La masacre de las bananeras: mito literario y vacío judicialPregunta
09República Liberal1930–19463
  1. 1936Institucionalización de la antropología y la arqueología nacionales (1936–1942)Hecho
  2. 1938Arqueología nacionalFicha
  3. 1940Jorge ArtelFicha
10La Violencia1946–19573
  1. 1948El asesinato de Gaitán y el BogotazoHecho
  2. 1948El BogotazoFicha
  3. 1948Eliseo Velásquez RodríguezFicha
11Frente Nacional1958–19745
  1. 1961Repúblicas independientesFicha
  2. 1964Alberto Ruiz NovoaFicha
  3. 1964Guillermo León ValenciaFicha
  4. 1964MarquetaliaFicha
  5. 1964Operación Marquetalia y el nacimiento de las guerrillas (FARC, ELN, EPL)Hecho
12Crisis y narcotráfico1974–19903
  1. 1979Álvaro FayadFicha
  2. 1984Decreto 1002 de 1984 y fin de la Historia Patria escolarHecho
  3. 1986Henry PérezFicha
13Posconflicto2016–presente1
  1. 1902Historia oficialFicha
14Transversal41
  1. 600TierradentroFicha
  2. 1537La invención cronística de los muiscasPregunta
  3. 1537PopayánFicha
  4. 1538BogotáFicha
  5. 1538Nueva GranadaFicha
  6. 1538SantaféFicha
  7. 1539Plaza de BolívarFicha
  8. 1541AntioquiaFicha
  9. 1549PamplonaFicha
  10. 1550IbaguéFicha
  11. 1563QuitoFicha
  12. 1691Los palenques cimarrones y el primer autogobierno en la Nueva GranadaPregunta
  13. 1700MestizajeFicha
  14. 1713San Basilio de PalenqueFicha
  15. 1810La discontinuidad entre 1781 y 1810Pregunta
  16. 1810SoberaníaFicha
  17. 1819BoyacáFicha
  18. 1820CaracasFicha
  19. 1823Doctrina MonroeFicha
  20. 1827José Manuel RestrepoFicha
  21. 1830BolivarianismoFicha
  22. 1850Colonización antioqueñaFicha
  23. 1850Los cuatro relatos del siglo XIX colombianoPregunta
  24. 1850ParísFicha
  25. 1863PereiraFicha
  26. 1872Rufino José CuervoFicha
  27. 1880La colonización antioqueña democráticaPregunta
  28. 1880La colonización antioqueña y el mito de la democracia ruralPregunta
  29. 1886ColombiaFicha
  30. 1886El panteón heroico colombianoPregunta
  31. 1886Identidad nacionalFicha
  32. 1889ArmeniaFicha
  33. 1900BarranquillaFicha
  34. 1900ManizalesFicha
  35. 1910Santiago de CaliFicha
  36. 1950TolimaFicha
  37. 1964Jacobo ArenasFicha
  38. 1965SimacotaFicha
  39. 1967Gabriel García MárquezFicha
  40. 1975Nueva HistoriaFicha
  41. 1991Asamblea ConstituyenteFicha
05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Simón Bolívar: figura central del mito fundacional colombiano, glorificado por los regeneradores como portaestandarte de la nacionalidad; su retrato pintado por Espinosa en 1819 se convirtió en icono de la iconografía bolivariana y sus imágenes eran exhibidas en hogares de todas las clases junto a estampas religiosas.
  2. 02Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro: arquitectos de la Regeneración y la Constitución de 1886, refundaron el mito fundacional en clave conservadora e hispanista, reorientando el relato de origen hacia la exaltación del orden, la religión y el centralismo.
  3. 03Henao y Arrubla: autores de la Historia de Colombia premiada en el centenario de 1910, su obra codificó el mito fundacional oficial en los pupitres escolares durante tres cuartos de siglo.
  4. 04Florero de Llorente: objeto consagrado en el museo como reliquia emblemática del 20 de julio de 1810; su elevación a símbolo fue un proceso gradual y posterior a la construcción del relato, ilustrando la lógica material del mito.
  5. 0520 de julio de 1810 (Santafé): fecha canonizada por la Ley 60 de 1873 como momento inaugural de la nación colombiana, elegida sobre otras fechas y lugares de la independencia mediante una operación de jerarquización política del territorio.
  6. 06Nueva historia y historiografía crítica: corriente que desde los años sesenta del siglo XX cuestionó el mito fundacional tradicional, reinterpretando la independencia como revolución truncada por las élites y desafiando la historia oficial construida desde 1873.
06

Documentos y fragmentos citados

42 documentos · 45 fragmentos

01Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 3121 cita
[1]

de julio el carácter de aniversario de la independencia. Pese a su prestigio como historiador, don José María Quijano sostuvo en las páginas de La América que el 20 de julio era el aniversario de la independencia nacional, anteponiendo a la verdad histórica su empeño de nacionalización de la fecha del 20 de julio. Fue…

p. 312
02Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1001 cita
[2]

nation. Something similar happened with historiography. The construction of the state and its consolidation required the writing of its history from its origins, inheritances, and great patriotic deeds. This task had already been clearly realized when the celebration of the first centennial of independence took place.…

p. 100
03Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1641 cita
[3]

República (como la piedra litográfica donde se imprimían los patentes de navegación, el sello del museo y la matriz del mapa de la Nueva Granada en 1847). Con base en tales piezas, la representación de la Independencia que se constituía articulaba los diferentes periodos de dicho proceso, empezando por la creación de…

p. 164
04Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografíasOlga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta, Juanita Solano Roa · p. 2821 cita
[4]

Investigaciones realizadas con motivo del bicentenario de la Independencia en el 2010 permitieron hacer, además de análisis formales e iconográficos, un minucioso estudio de la materialidad de este objeto, a través del cual se estableció su técnica de elaboración y sus materiales constitutivos. Esta nueva información…

p. 282
05Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 6051 cita
[5]

de Alzaga, son actos cívicos tan importantes —política- mente, mucho más— que la formación de una Junta el 25 de mayo del año x». Ya en una vieja y muy conocida obra de Esteban Echeverría, el Dogma socialista, se pueden leer las siguientes frases: «La fórmula única, definitiva, 606 Línd Eiíceir Nnstr Aetstc…

p. 605
06Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 3, 253 citas
[6]

27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

p. 1
[7]

impresión de la ausencia de lazos con una tradición de escritura anterior. Estos trabajos expresan un movimiento de regeneración intelectual, tal como se puede desprender de una obra como la de José Manuel Restrepo. La historia tradicional tenía ante sí las dificultades de representar unos contenidos culturales,…

p. 3
[22]

historia, sacando a los pueblos de las tinieblas, fundando naciones y abriendo el camino hacia la libertad. Así estos héroes son vistos no solo como fundadores, sino también como a los que hay volver permanentemente para reencontrar el de la patria arquetipos camino recto y la norma de conducta. 64 A partir de estas…

p. 25
07Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 631 cita
[8]

a los superiores, a los padres, a los bien nacidos, a los cultos, se abandonaba. La idea de Bolívar de que el pueblo era ingobernable entró a hacer parte de esta visión de la comunidad, y por eso se fortaleció la convicción de que solo mediante un ejecutivo muy fuerte se podía mantener el orden, con ayuda de la…

p. 63
08Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 2301 cita
[9]

1983). Capítulo 8 215 De Carlos E. Restrepo a Marco Fidel Suárez. Republicanismo y gobiernos conservadores Jorge Orlando Melo Se inauguraron monumentos y esta- tuas, así como el acueducto de Cha- pinero y el Parque de la Independen- cia, con varios pabellones en los que se hicieron exposiciones industriales,…

p. 230
09Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 161 cita
[10]

Normal Superior comenzó a manifestarse una reacción contra la interpretación tradicional de la historia. En 1941 apareció el libro pionero de Luis Eduardo Nieto Arteta,⁶ cuyos aspectos novedosos se relacionaban con la temática de la historia económica, con las fuentes, especialmente las memorias de los secretarios de…

p. 16
10Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 1001 cita
[11]

historia del país y de su economía. Faltaba pre- paración y había que adquirirla sobre la marcha. Darío Mesa había publicado en Mito (1957) Treinta años de historia de Colombia 1925-1955. Este ensayo he- cho con la óptica del marxismo seguía paso a paso el proceso económico y las contradicciones políticas del país.…

p. 100
11Colombia complejaJulio Carrizosa Umaña · 2014 · p. 322 citas
[12]

país tomará nuevos rumbos (Posa- da, E. citado por Esquivel, F. en Rincón et al. 2010: 274), en un momento en el que Colombia ha querido, al celebrar la primera centuria de vida independiente, dar una muestra de cultura y progreso” (Marroquín, J. M. citado por Gómez, L. en Rincón et al. 2010: 322). El primer…

p. 32
[13]

que el país tomará nuevos rumbos (Posa- da, E. citado por Esquivel, F. en Rincón et al. 2010: 274), en un momento en el que Colombia ha querido, al celebrar la primera centuria de vida independiente, dar una muestra de cultura y progreso” (Marroquín, J. M. citado por Gómez, L. en Rincón et al. 2010: 322). El primer…

p. 32
12Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 3201 cita
[14]

cómo los festejos tuvieron en rea- lidad dos polos: uno distinguido y elegante que fue el mencionado Bosque de la Independencia, donde los ca- chacos concurrían de día a admirar las realizaciones del progreso; el otro era el sórdido barrio de Las Cruces, hacia donde se desplazaba más tarde en procura de diversión y…

p. 320
13Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 561 cita
[15]

as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…

p. 56
14Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 4861 cita
[16]

colombianos. Vol. 2 of Comunismo, socialismo, liberalismo. Bogotá: Tipografía “Colón,” 1942. Gómez, Laureano. “Bodas de Plata.” In Recuerdo de las bodas de plata del Colegio Nacional de San Bartolomé. Bogotá: Imprenta Eléctrica, 1910, 59–63. ———. Comentarios a un régimen. 3d ed. Bogotá: Editorial Minerva, 1934. ———.…

p. 486
15Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 1011 cita
[17]

adeptos de Bolívar apuñalaron un retra - to de Santander. A su vez, en 1830 se fusilaron dos retratos de Bolívar en Bogotá. Estas tensiones continuaron después de la muerte de los repre - sentados” (Robledo Páez, 2018, p. 89). Lo anterior ayuda a comprender la dimensión funcional de las imágenes de héroes nacionales…

p. 101
16Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 921 cita
[18]

Este retrato es obra del artista Espinosa. Al pie del retrato se lee: « Post Nubila Faebus. Simón Bolí- var, Libertador y padre de la Patria». A la izquierda, y en letra más pequeña: «hecho en 1819, edad 36 años 6 meses». Este retrato estaba en la Casa de Moneda, de donde se trajo al Museo por disposición del señor…

p. 92
17The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 2591 cita
[19]

15–19, 171–5 Ayacucho, battle of, 31–3, 37, 71 Ayala, José María, 135 Ayton, Joseph, 104, 107–11 Azuero, Vicente, 43, 80, 91, 101 Balls, 45, 49, 52 Banco Colonial Británico, Venezuela, 139–40, 148, 175 Banco Nacional, Venezuela, 140, 148 Banditry, 78, 162 Barbosa, 85, 87, 131 Barrot, Adolph, 95, 110–13 Bentham,…

p. 259
18Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · p. 1521 cita
[20]

elocuen- cia, Napoleón el genio militar, Goethe el genio literario, puede ser, repetimos, un elocuente tropo retórico, pero es una verdad incompleta y una generalización inacepta- ble. El encarnar en un individuo cualidades geniales que muchos otros comparten es ocasionado, por inevitable extensión, a suscitar el…

p. 152
19Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 1011 cita
[21]

la Independencia fue otro factor que quizá no permitió un campo más fértil para que la élite criolla exaltara las ‘cuali- dades’ de la raza indígena. Además, la ‘defensa’ de América de las calumnias de Buffon y otros ilustrados se dejaba de un lado, porque la nueva élite no estaba del todo interesada en romper los…

p. 101
20Historia de Colombia. La Gran Colombia II. Tomo 10Juan Salvat, Roberto García Rojas (directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico) · p. 171 cita
[23]

desde el mismo ins- 1100 1102 Retrato de José Tomas Boves que se conserva en el Museo Nacional de Bogota. Este jefe realista fue el que primero moviliz6 a los llaneros, que en un principio pelearon a favor de Esparia. tante en que Crist6bal Colon desembarco en las costas del Nuevo Mundo. Por lo que se puede ver, al…

p. 17
21La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 1721 cita
[24]

de tan altos méritos guerreros e infinita capacidad para el sacrificio, de tan vasta ilustración y talento para la escritura, podía, con la misma pasión que lo hacía todo, escribir cartas ofensivas sobre negros y mulatos, y organizar el sacrificio de Padilla en la forma como lo hizo, habría que acudir, tal vez, y esto…

p. 172
22Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 1891 cita
[25]

desenlace de tales sucesos no puede haber sido mds feliz, y nos ha evitado que Padilla se pusiera al frente de los pardos porque 6l es un negro (Jos6 Manuel Re. strepo, Diarto polittco y militar, r: 375); Sim6n Bolivar to General Pedro Bricefro M6ndez, Sativi, Mar. 24, rBzB, in O'Leary, Munortas, z9: rB9. rrz. Sim6n…

p. 189
23Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4051 cita
[26]

su nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes. Declarada por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y aplicados al real fisco; asolada su casa y sem- brada de sal, para que de esta manera se dé olvido a su infame nombre y acabe con tan vil persona, tan detesta- ble memoria, sin que quede otra que…

p. 405
24Panorámica afrocolombiana. Estudios sociales en el PacíficoMauricio Pardo Rojas, Claudia Mosquera, María Clemencia Ramírez · 2004 · p. 301 cita
[27]

esta operación, lo negro no existe como tal. Al periodo de transición, que se puede situar entre finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, lo representan historiado- res revisionistas que, entre otros temas, se preocuparon por la integración nacional y la 4. Sobre este tipo de discusiones y enfoques en torno a…

p. 30
25De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[28]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
26De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 441 cita
[29]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
27Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 351 cita
[30]

for disturbance of the social order and public peace. A transitory clause that became especially odious to political dissidents in subsequent years authorized the government to regulate the press and punish abuses until Congress enacted a press law. The right to possess and traffic in arms was abolished. Suffrage in…

p. 35
28El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 1301 cita
[31]

fino político liberal, escéptico, positivista, hombre de mundo para los hábitos pacatos de la sociedad colombiana, y Miguel Antonio Caro, católico ultramontano, hispanófilo tradicionalista, arrogante y huraño fuera de su círculo de íntimos, y de quien se dijo que, como cuestión de principio, no solía viajar más allá…

p. 130
29Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 1141 cita
[32]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
30Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 431 cita
[33]

se construyó un país desde mediados del siglo XIX, y allí se destruyó un país a mediados del siglo XX. Hay que saberlo para entender lo que ocurrió en Colombia en los últimos setenta años, y el modo como se fue gestando la catástrofe. Porque si el triunfo de la Regeneración y de la república conservadora había…

p. 43
31Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 1141 cita
[34]

anterior cuadro de Roberto Pizano titulado «Misa en el pueblo». El sentir religioso era muy fuerte entre el pueblo colombiano, y haciéndose eco del mismo el partido conservador basé uno de sus principios en la defensa de la moral cristiana y en la lucha contra el ateismo. A la derecha, el notable estadista Rafael…

p. 114
32Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicop. 111 cita
[35]

que en la medida en que avancemos en la valoración de la totalidad de las obras que por cierto se instalan a diario en parques y avenidas encontraremos probablemente otras tantas obras tan valiosas como las que presentamos a continuación. Monumento a Tomás Cipriano de Mosquera, ca 1928. Tarjeta Postal 13 Sector Centro…

p. 11
33Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 551 cita
[36]

Virgen en un espacio naturalista europeo, parece buscar atenuantes y disculpar un elementarismo que debía pre- sentarse, orgullosamente, como un frente de oposición a la primera dominación cultural del continente. Cuando una figura nacional cae en la intransigencia del mito, cuando los poetas le aseguran en sus odas…

p. 55
34Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 2971 cita
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creado centros de memoria, museos, monumentos y contramonumentos que impugnan la normaliza ción de la violencia de los monumentos tradicionales. Así sucede en Fragmentos, e spacio de a rte y m emoria 894, un contramonumento en el que una artista, con la participación de mujeres víctimas de la violencia sexual durante…

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35Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1031 cita
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historiadores y analistas del fenómeno guerrillero en Colombia. Lo cierto es que, más allá de si el nacimiento de las FARC estaba o no inscrito en la lógica del desarrollo histórico. El PCC y el cerco militar contra Marquetalia le sirvió a la incipiente organización guerrillera para crear un poderoso mito fundacional.…

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36Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4271 cita
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1980s related to the armed conflict and its victims. However, unlike other Latin American countries that undertook memory struggles and campaigns once dictator - ships had already ended or when negotiated solutions to armed conflict had been reached, memory agents in Colombia began their struggle in the midst of an…

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37Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 2661 cita
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of theater, and scholars from diverse disciplines have been animated by “the crisis” (an example of which is represented by the critically acclaimed 1999 gallery show at the Museo de Arte Moderno de Bogotá, “Arte y Violencia en Colombia Desde 1948”), 2 and at the same time, they have worked to challenge the official,…

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38Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3411 cita
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fracaso, la catástrofe o la división. Nuestras interpretaciones y nuestros énfasis no son necesariamente “correctos”, y es probable que en el futuro los académicos contradigan lo que aquí hemos dicho. Así es el terreno de nuestra profesión, se mueve y cambia a medida que nuevas interpretaciones se desarrollan, se…

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39¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 541 cita
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de ]airo Gutiérrez R am os y Mitos de armonía racial (2013) de Marixa Lasso. Hay numerosas producciones audiovisuales sobre el periodo disponibles en la aplicación RTVCPlay, de las cuales se destacan las series de televisión Las heroínas (Promec, 1982) y Crónicas de una generación trágica (Audiovisuales, 1993), además…

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40Siembra vientos y recogerás tempestades. La historia del M-19, sus protagonistas y sus destinosPatricia Lara S. · 2002 · p. 1121 cita
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está nutriendo de él porque el pue blo comprende, habla y comparte su lenguaje. Ese, el de haber creado el Movimiento 19 de Abril, M-19, ha sido, indudablemente, hasta esta hora de la vida, nuestro mayor acierto... Alvaro Fayad alias E l T urco “M -19... ¿Falta de memoria? ¿Falta de energía? Espere, ya viene...” Así…

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41La batalla por la pazJuan Manuel Santos · 2019 · p. 321 cita
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el Tolima, operaban guerrillas liberales, varias de ellas convertidas en simples grupos de bandoleros, comandadas por hombres recios y crueles cuyos alias —Sangrenegra, Chispas, Desquite, Tarzán— formaban parte de la leyenda popular. Así supe, desde cuando tuve conciencia, que no vivía en un país normal. Que la guerra…

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42Movimientos sociales, Estado y democracia en ColombiaMauricio Archila, Mauricio Pardo (Editores) · 2001 · p. 4191 cita
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la mudez al pensamiento critico? Creo que dan para algo más que una crónica roja o un evento en la página judicial en los perió- dicos. Incidir sobre las relaciones entre la historia y lo imaginario, a la manera de Lucien Febvre, en el "problema de la increduli- dad en el siglo XVI", a propósito de Gargantúay…

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