Antonio José de Sucre
Independencia
1795–1830
La biografía
Antonio José de Sucre y Alcalá (Cumaná, 1795 – Berruecos, 4 de junio de 1830) fue el militar venezolano que llevó a término, con más disciplina y menos ruido que ningún otro, la campaña de independencia del sur del continente. Vencedor en Pichincha y en Ayacucho, fundador y primer presidente de Bolivia, mano derecha de Simón Bolívar en la construcción de la Gran Colombia, encarnó la versión más contenida del bolivarianismo: la del oficial que ganaba batallas sin volverse caudillo. Su asesinato en el páramo nariñense de Berruecos, seis meses antes de la muerte del Libertador, cerró simbólicamente el proyecto grancolombiano y dejó una figura que la historiografía colombiana ha guardado con veneración austera, retratada en las galerías de héroes por la vía del martirio antes que por la del culto ecuestre.
Línea de vida
- 1822
Victoria en Pichincha
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Al mando de una división patriota de apenas 586 hombres y 314 fusiles, Sucre derrotó al ejército realista del mariscal Melchor de Aymerich en las faldas del volcán Pichincha el 24 de mayo de 1822, decidiendo la suerte del antiguo Reino de Quito e incorporando el actual Ecuador a la República de Colombia.
- 1824
Victoria en Ayacucho
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El 8 de diciembre de 1824, en los Andes peruanos a tres mil metros de altitud, Sucre obtuvo la victoria decisiva sobre las últimas grandes unidades realistas en América, sellando la derrota definitiva de España en el continente. Bolívar, ausente del campo, dejó a su mariscal el título de la victoria más importante de la independencia hispanoamericana.
- 1825
Fundación de Bolivia y presidencia
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Tras Ayacucho, Sucre marchó con el ejército de liberación al Alto Perú, donde se fundó un Estado independiente que en agosto de 1825 recibió el nombre de Bolivia en honor a Bolívar. Sucre ejerció la presidencia de la nueva república en nombre del Libertador, intentando dar forma institucional a un Estado sin más tradición administrativa que la audiencia colonial de Charcas.
- 1828
Dimisión de la presidencia de Bolivia
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En la primavera de 1828, Perú invadió Bolivia. Sucre, herido en un motín en Chuquisaca, se vio obligado a dimitir como presidente. La invasión y la posterior ocupación del puerto de Guayaquil escalaron las tensiones hasta que Perú y Colombia se declararon la guerra.
- 1829
Victoria en Tarqui
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El 27 de febrero de 1829, Sucre derrotó a las tropas peruanas del general José de La Mar en la batalla de Tarqui. Fue su última gran victoria militar, librada ya no por la liberación del continente sino por preservar la integridad territorial de una Gran Colombia que se resquebrajaba por dentro.
- 1830
Presidencia del Congreso Admirable y asesinato en Berruecos
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Convocado al último intento de salvar la unidad grancolombiana, Sucre presidió el Congreso Admirable de 1830 con la autoridad moral del vencedor de Ayacucho. El 4 de junio de 1830 fue asesinado en el páramo de Berruecos, en el camino entre Quito y Popayán. José María Obando fue acusado de ser el autor intelectual del crimen.
El oficial que a los veintisiete años ya era veterano
Sucre pertenece a esa generación oriental venezolana —la de Cumaná, Barcelona, la costa que mira al Caribe— que proveyó a los ejércitos patriotas de una desproporción de oficiales y de nombres. Aquella región estuvo sobrerrepresentada en las filas de la insurgencia y, sobre todo, en los ascensos: la guerra abrió allí un sistema de promoción no convencional que permitió a hombres jóvenes acceder a grados que en tiempos de paz les habrían costado décadas. Por ese cauce ascendieron figuras tan disímiles como José Tadeo Monagas o José Francisco Bermúdez, futuros caudillos regionales. Por ese mismo cauce ascendió Sucre, aunque con un signo distinto: sin clientela, sin faccionalismo, con una lealtad casi monástica al proyecto continental.
Cuando marchó hacia Lima en 1824 para dirigir las operaciones de las tropas colombianas en la campaña del Perú tenía veintisiete años y llevaba diez de guerra. La cifra no es retórica: significa que se había incorporado a la lucha independentista siendo casi un niño y que en el momento de asumir el mando decisivo del sur ya era, en experiencia bélica, un veterano. Esa condición explica la frase con la que Bolívar sellaría su relación con él, la más íntima que dedicó a subordinado alguno: si la providencia nos hubiese concedido el derecho de elegir a nuestros familiares, habría elegido como hijo… al general Sucre. No era retórica de campamento. Era el reconocimiento de una confianza sin fisuras en el único general que no le disputaría el poder ni le fabricaría una intriga.
Sucre pertenecía además a la lógica —enunciada por la propia élite criolla grancolombiana— de una independencia que se hacía conservando las tradiciones "civilizatorias" europeas, entre ellas las del aparato militar. Su disciplina profesional, su meticulosidad en la organización de las tropas, su manera austera de mandar, encajaban en esa herencia mucho mejor que el caudillismo llanero de un Páez o la política faccionaria de un Santander. Era el oficial que el proyecto bolivariano necesitaba y el que, precisamente por serlo, se convertiría en un estorbo para quienes preferían la política sin arbitrajes.
La campaña del sur: Pichincha, Guayaquil, Quito
El sur fue el escenario donde Sucre labró su nombre. Después de Boyacá (1819) y Carabobo (1821), el ejército patriota que Bolívar había reconstruido en los dos años posteriores a la batalla neogranadina fue el que protagonizó las victorias mayores de la guerra: Carabobo, Bomboná, Pichincha, Junín, Ayacucho. En esa serie, Sucre entró por el flanco quiteño.
La situación en la Presidencia de Quito, cuando se hizo cargo del mando, era precaria hasta lo inverosímil. La división patriota que quedaba en pie contaba con 586 hombres y 314 fusiles. Enfrente, el mariscal de campo Melchor de Aymerich comandaba al ejército realista, con el coronel Basilio García destacado en Pasto como jefe de operaciones. García había derrotado al general Manuel Valdés el 2 de febrero de 1821 en Genoy, obligando a los independentistas a repasar el río Juanambú. El sur no cedía: Pasto era un muro realista y las tropas patriotas de la región se movían al borde de la disolución.
Sucre resolvió la campaña por elevación, bordeando la fortaleza pastusa y llevando la guerra al altiplano quiteño. La batalla de Pichincha, librada el 24 de mayo de 1822 en las faldas del volcán que domina la ciudad, decidió la suerte del antiguo Reino de Quito y abrió la incorporación del actual Ecuador a la República de Colombia. Esa incorporación, conviene decirlo sin adornos, no fue fruto de una deliberación de las élites quiteñas ni resultado de un pacto federativo: fue una anexión del territorio militarmente conquistado, decidida por los generales victoriosos, con participación prácticamente nula de los grupos dirigentes locales en los círculos decisorios del gobierno nacional.
El caso de Guayaquil ilustra el mecanismo con crudeza. La ciudad-puerto había declarado por sí sola su independencia antes de Pichincha; en 1822 fue anexada a la República de Colombia por decisión de dos generales victoriosos —Bolívar y el propio Sucre— sin representación efectiva de sus élites en el proceso. La Gran Colombia se construyó, en el sur, como un Estado de generales sobre poblaciones que apenas habían tenido voz en su propia incorporación. Esta fragilidad de origen —Ecuador integrado por conquista, Guayaquil anexado por decreto militar— es una de las claves que explican por qué la unidad no sobreviviría a la primera crisis seria.
En ese mismo territorio Sucre construyó las redes personales que darían forma al Ecuador poscolombiano. Ejerció como paisano protector del coronel Juan José Flores, futuro fundador de la república ecuatoriana, a quien orientó en su ascenso político y social en el territorio quiteño. Fue uno de los referentes venezolanos que enseñaron a los oficiales de la campaña sureña el camino del establecimiento, la conversión del mando militar en autoridad política, sin que ello significara para él —a diferencia de tantos otros— fundar su propia clientela armada.
Ayacucho y el nacimiento de Bolivia
En 1824 la guerra continental tenía un solo escenario abierto: el Perú. Sucre marchó hacia Lima para dirigir las operaciones de las tropas colombianas, seguido poco después por el propio Bolívar. La campaña se resolvió con dos batallas separadas por meses. Junín, el 6 de agosto, quebró la moral realista; Ayacucho, el 8 de diciembre, decidió el continente. Se libró en los Andes peruanos, a tres mil metros de altitud, y significó la derrota definitiva de España en América. La toma de El Callao en 1826 sería solo el epílogo administrativo de un imperio que en Ayacucho había perdido su última gran unidad de combate.
La comparación con Yorktown no es antojadiza: como la rendición británica de 1781 selló la independencia norteamericana, Ayacucho selló la de la América hispana continental. La diferencia es que allí el ejército vencedor era predominantemente colombiano —con participación peruana y altoperuana— y el general en jefe era Sucre. Bolívar, ausente del campo aquel día por decisión estratégica, dejó a su mariscal el título de la victoria y con él la investidura moral de mayor peso que un militar podía cargar en la América recién liberada.
Después de Ayacucho, Sucre marchó con el ejército de liberación al Alto Perú. Aquella provincia colonial, disputada entre las pretensiones territoriales del Perú de Lima y las de las Provincias Unidas del Río de la Plata, resolvió su suerte constituyéndose en Estado independiente. En agosto de 1825 recibió el nombre de Bolivia en honor al Libertador. Fue una creación política singular: un país nacido en la doble frontera de dos vecinos que lo reclamaban, protegido por la fuerza colombiana y bautizado con el nombre del hombre que consideraba la unidad hispanoamericana como su obra propia.
Sucre ejerció la presidencia de la nueva república en nombre de Bolívar. Su gobierno intentó dar forma institucional a un Estado sin más tradición administrativa que la audiencia colonial de Charcas, con una élite criolla que participaba tímidamente en la definición del nuevo orden y con la sombra latente de los vecinos que no aceptaban la separación. La experiencia fue breve. En la primavera de 1828, Perú invadió Bolivia. Sucre, herido en un motín en Chuquisaca, se vio obligado a dimitir. La invasión y la posterior ocupación del puerto de Guayaquil por tropas de Lima escalaron las tensiones hasta que Perú y Colombia se declararon la guerra: hacia 1828 Perú llevaba aproximadamente dos años con un gobierno hostil a Colombia y el conflicto era ya inevitable.
Ese conflicto reapareció en la biografía de Sucre en el campo de batalla de Tarqui, el 27 de febrero de 1829, donde derrotó a las tropas peruanas de José de La Mar. Fue su última gran victoria militar. Pero ya no combatía por la liberación del continente, sino por preservar la integridad territorial de una Gran Colombia que se resquebrajaba por dentro más rápido de lo que podía defenderse por fuera.
La red bolivariana y el matrimonio con Solanda
Sucre no era, pese a la austeridad de su imagen pública, un hombre desprendido de los tejidos de poder personal que constituían la política de la época. Su matrimonio con Mariana Carcelén, marquesa de Solanda, lo insertó en la aristocracia quiteña: una alianza que reforzaba su condición de venezolano establecido en el sur y que anclaba su fortuna social en Quito antes que en Cumaná o Caracas. La casa de Solanda fue, hasta el día de su muerte, su punto de referencia doméstica.
Su vínculo con Bolívar se mantuvo, hasta el final, en el registro epistolar de la lealtad. Se conservan, entre otras piezas, un informe suyo al Libertador desde Cuenca el 3 de marzo de 1829 y una carta del 17 de septiembre del mismo año, ya en plena crisis política de la Gran Colombia. Sucre escribía como quien todavía cree en el proyecto y quiere sostener al hombre que lo encarna. Bolívar, por su parte, seguía viendo en él al único general en quien podía delegar sin reservas.
Alrededor de Sucre gravitaban también los oficiales que compondrían la generación siguiente: Juan José Flores en Ecuador, Agustín Gamarra en Perú, José María Obando y José Hilario López en Nueva Granada. Con los tres primeros mantuvo relaciones institucionales; con los dos neogranadinos, la relación derivaría en el episodio final de su vida. Su hermano Manuel Sucre y García de Urbaneja, y el resto de la familia oriental, permanecían del lado venezolano de las divisiones que empezaban a fracturar la república.
En la caracterización política del período, Sucre aparece como el líder del partido bolivariano menos comprometido en los conflictos internos. No se involucró en las intrigas de gabinete, no cultivó facción propia en Bogotá, no organizó pronunciamientos. Su fidelidad al Libertador era personal y política, pero no militante en el sentido faccionario del término. Esa distancia respecto de la política doméstica lo convertiría, paradójicamente, en la figura ideal para presidir el Congreso Admirable de 1830 —convocado como último intento de salvar la unidad— y en el blanco perfecto para quienes veían en él una carta de recambio, o una amenaza de recambio, en el tablero pos-Bolívar.
La disolución de la Gran Colombia
La República de Colombia había sido proclamada en el Congreso de Angostura en diciembre de 1819, a propuesta de Bolívar, por el congreso venezolano con la adición de algunos miembros neogranadinos. Comprendía, teóricamente, los territorios del antiguo Virreinato de la Nueva Granada, aunque su control efectivo tardó casi cuatro años en consolidarse. El nombre —homenaje al descubridor Cristóbal Colón— retomaba una idea originalmente imaginada por Francisco Miranda: unir en una sola república los territorios del noroeste de América del Sur. Bolívar la convirtió en hecho político.
La Constitución de Cúcuta de 1821 le dio forma legal como régimen centralista que incluía a Venezuela y Quito. La estructura no encontró oposición definida hasta 1826, cuando el proyecto bolivariano de un presidencialismo vitalicio inspirado en la constitución boliviana agudizó las tensiones. El sector encabezado por Santander leyó la propuesta como una deriva monárquica y organizó la resistencia. La Convención de Ocaña de 1828 fracasó: los bolivarianos se retiraron, los santanderistas se declararon sujetos a la Constitución de 1821, y la división quedó abierta. El intento de gobierno personal de Bolívar, tras Ocaña, agravó el proceso en lugar de resolverlo.
Sucre observó todo esto desde el sur. Su distancia geográfica coincidía con su distancia política respecto de los conflictos de Bogotá y Caracas. En 1828 y 1829 estaba en la guerra con Perú; en 1830 llegó a la Nueva Granada convocado al Congreso Admirable, la última asamblea grancolombiana. Presidió sus sesiones con la autoridad moral del vencedor de Ayacucho, pero la asamblea se reunía cuando la disolución ya era hecho: en abril de 1830 fueron elegidos como presidente y vicepresidente dos bolivarianos moderados, Joaquín Mosquera y Domingo Caicedo, ambos neogranadinos.
Ese nombramiento generó un malestar profundo entre los oficiales militares venezolanos, que veían erosionado su poder político y sus privilegios. A la renuncia de Bolívar en marzo se sumaban la promoción de dos neogranadinos al ejecutivo y la incorporación al gabinete del liberal Vicente Azuero, que actuó con rapidez para recortar los fueros militares. Los intentos de reconciliación, en ese clima, solo avivaban los resentimientos. Páez consumaría la separación de Venezuela mediante el Acta de Separación de Caracas, amenazando con la guerra a cualquier desafiante.
La Gran Colombia, en la práctica, se disolvió antes de la muerte de Bolívar. Cuando el Libertador murió en diciembre de 1830, la Nueva Granada ya tenía una vida política separada del resto. La república, sostenida durante una década sobre el prestigio personal de Bolívar más que sobre instituciones sólidas, se disgregó formalmente en Venezuela, Ecuador y Nueva Granada. Esta última pasó a llamarse República de Nueva Granada bajo la presidencia de Francisco de Paula Santander, quien había sido el contrapeso político central frente al proyecto bolivariano.
Berruecos
Sucre había asistido al Congreso Admirable convencido, o resignado, a que su papel público ya había concluido. Salió de Bogotá camino a Quito, donde lo esperaban Mariana Carcelén y una hija pequeña. El 27 de mayo de 1830 escribió una carta al general Vicente Aguirre desde Popayán: era un hombre en tránsito, con el ejército disuelto detrás y la vida doméstica delante.
El 4 de junio de 1830, en el paraje de Berruecos, en el camino entre Popayán y Pasto —en el corazón del territorio pastuso que había sido bastión realista y era ahora tierra fracturada por facciones locales—, fue asesinado. Le dispararon desde la maleza. Tenía treinta y cinco años.
La acusación de autoría intelectual recayó sobre José María Obando, caudillo liberal del sur neogranadino, cuya sombra sobre el crimen la historiografía colombiana ha discutido durante casi dos siglos sin llegar a sentencia definitiva. Apolinar Morillo aparece señalado como ejecutor material. Detrás, los nombres y los motivos se multiplican: la posibilidad de que Sucre fuese el sucesor natural de Bolívar en el mando del ejército, el temor de facciones neogranadinas a su regreso al sur, el resentimiento de oficiales que veían en él al último obstáculo para consolidar el nuevo orden posbolivariano.
Lo que muestran las estructuras es más importante que la identificación del gatillero. Sucre fue asesinado en el punto exacto donde convergían las tensiones que estaban destruyendo la Gran Colombia: el descontento de los oficiales venezolanos ante la pérdida de poder, el recorte de fueros militares impulsado por Azuero, la fragmentación regional del sur neogranadino, la violencia política pastusa. Era el bolivariano más disciplinado, el menos faccioso, el único general que aún podía articular una respuesta al desmembramiento en curso. Precisamente por eso —porque encarnaba la posibilidad, ya casi vacía, de una continuidad del proyecto unitario— fue un blanco.
Conviene, sin embargo, no exagerar el efecto de su muerte. La Gran Colombia ya era una ficción antes de Berruecos: Ecuador se había incorporado como territorio militarmente conquistado, Guayaquil por decreto militar, Venezuela se había separado por acto de Páez, Ocaña había fracasado dos años atrás. Sucre no era el sostén del proyecto, sino su último símbolo consistente. Su asesinato no causó la disolución: la selló. Aceleró un proceso estructuralmente inevitable y le puso una fecha luctuosa que la memoria pudo fijar.
Sucre en la memoria colombiana
La figura que llegó al panteón republicano no es la de Ayacucho ni la de la presidencia boliviana: es la de Berruecos. La historiografía colombiana y la iconografía patriótica guardan a Sucre por la vía del martirio. En el Museo Nacional de Colombia, la pintura de Figueroa titulada El asesinato de Sucre forma parte de una serie de escenas de muerte y sacrificio que incluye también Policarpa Salavarrieta marcha al suplicio y Muerte del general Francisco de Paula Santander. La independencia colombiana se representó a sí misma, en buena parte, como historia de mártires; Sucre entra por esa puerta, no por la del héroe ecuestre.
La caracterización más constante —la del bolivariano menos comprometido en los conflictos políticos internos de la Gran Colombia— tiene un doble filo. Por un lado, salva a Sucre de las acusaciones de faccionalismo que empañaron a otros próceres y le permite figurar como el militar disciplinado que la República necesitaba; por otro, lo aleja de la política neogranadina posterior a la independencia, en la que apenas dejó huella. La memoria colombiana de Sucre es, en ese sentido, una memoria prestada: la de un venezolano que ganó las guerras del sur y fue asesinado en suelo colombiano, cuya casa política estaba en Quito y cuya lealtad final era al proyecto continental antes que a cualquiera de las repúblicas que lo heredaron.
Cabe también una lectura menos hagiográfica de su trayectoria. Sucre fue producto del oriente venezolano donde las promociones militares no convencionales abrieron largas carreras políticas para hombres jóvenes. Su lealtad a Bolívar, contemplada desde ese ángulo, no fue solo virtud personal sino también estrategia de ascenso dentro de un sistema donde el patronazgo del Libertador era la moneda más valiosa. La disciplina, la mesura, la ausencia de facción propia: rasgos éticos, sí, pero también posiciones eficaces en el juego de una época donde el caudillismo dispersaba las lealtades y solo la fidelidad concentrada en Bolívar garantizaba mando continental. Sucre fue, quizá, la variante más sofisticada del bolivarianismo militar, no su excepción moral.
Su huella institucional es doble. Bolivia lo recuerda como fundador y dio a su capital constitucional su apellido: la ciudad de Sucre, antigua Chuquisaca. En Colombia, un departamento del Caribe lleva también su nombre —creado en el siglo XX—, y Ayacucho es una referencia constante en el vocabulario cívico. Pero en la vida política colombiana propiamente dicha, Sucre no dejó descendencia: ni escuela militar, ni facción, ni clientela. Su lugar es simbólico antes que estructural, lo que explica que sea al mismo tiempo omnipresente en el panteón y ausente de las disputas historiográficas más ásperas sobre el siglo XIX colombiano, que giran alrededor de Bolívar, de Santander, de Nariño, y no de él.
Queda, finalmente, la figura del hombre. Un venezolano de Cumaná que a los veintisiete años cargaba diez de guerra, que ganó las dos batallas que decidieron la independencia del sur del continente, que fundó una república y presidió otra, que se casó con una marquesa quiteña, que escribió cartas medidas al hombre que lo llamaba hijo, y que murió a los treinta y cinco años en un paraje del sur neogranadino, disparado desde la maleza. La Gran Colombia lo enterró seis meses antes de enterrar a Bolívar. Con ellos dos se cerraba, en un semestre exacto de 1830, el ciclo del proyecto continental que Miranda había imaginado y que Bolívar había hecho realidad política; y con ellos empezaba la larga historia, tan distinta, de las repúblicas separadas que iban a heredar sus tierras y a discutir, cada una a su modo, qué hacer con sus nombres.
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17 documentos · 29 fragmentos01Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · Páginas 609, 7422 citas
[1]de 1824, f. 7. 154 José Domingo Espinar, “Carta del general José Domingo Espinar al general Flores. Otavalo, 31 de octubre de 1829” (en Archivo Jijón y Caamaño, tomo 180), 137. 568 Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831 consideraría “en campaña y en país enemigo”, pues “Pasto y todo pueblo…
p. 609
[19]Memorias del general O’Leary, tomo VIII, 2 edición facsimilar. Caracas: Ministerio de Defensa, 1981. Soublette, Carlos. “Carta del general Carlos Soublette al Libertador presidente desde Caracas, 21 de enero de 1829”. En Florencio O’Leary (compilador), Memorias del general O’Leary, tomo VIII, 2 edición facismilar.…
p. 742
02Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · Página 3671 cita
[2]A los veintisiete años, ya era un veterano de diez años de guerra. Bolívar confiaba en él completamente. “Si la providencia nos hubiese concedido el derecho de elegir a nuestros familiares”, escribió más tarde, “habría elegido como hijo … al general Sucre”. Habiendo reestructurado su Ejército en Trujillo, en la costa…
p. 367
03Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Páginas 308, 370, 4033 citas
[3]de ellos la causa patriota, explican los abundantes ascensos. Grosso modo, es todo el Oriente de Venezuela (el 50%), 78 el que está representado en exceso, y el que más ganó en términos de las promociones 306 no convencionales de sus soldados. Para muchos originarios de las regiones de Barcelona y Cumaná, el acceso a…
p. 308
[8]oficiales de infantería manda la fuerza con valentía, método y competencia. El momento irregular de la guerra de Independencia parece ya lejano. Los dos años posteriores a Boyacá, gracias a un dominio ordenado del territorio granadino y al esfuerzo constante de sus habitantes, ven nacer aquel ejército que fascinará…
p. 370
[12]ejércitos colombianos. Se precipitan por ella y su periplo los llevará a librar batalla contra las tropas peruanas y alto peruanas, con la ayuda de los ejércitos de San Martín y de O’Higgins. Las victorias de Junín y de Ayacucho, en 1824, destruyen las últimas grandes unidades realistas en América. En 1826, la toma de…
p. 403
04Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · Páginas 308, 370, 4033 citas
[4]de ellos la causa patriota, explican los abundantes ascensos. Grosso modo, es todo el Oriente de Venezuela (el 50%), 78 el que está representado en exceso, y el que más ganó en términos de las promociones 306 no convencionales de sus soldados. Para muchos originarios de las regiones de Barcelona y Cumaná, el acceso a…
p. 308
[9]oficiales de infantería manda la fuerza con valentía, método y competencia. El momento irregular de la guerra de Independencia parece ya lejano. Los dos años posteriores a Boyacá, gracias a un dominio ordenado del territorio granadino y al esfuerzo constante de sus habitantes, ven nacer aquel ejército que fascinará…
p. 370
[13]ejércitos colombianos. Se precipitan por ella y su periplo los llevará a librar batalla contra las tropas peruanas y alto peruanas, con la ayuda de los ejércitos de San Martín y de O’Higgins. Las victorias de Junín y de Ayacucho, en 1824, destruyen las últimas grandes unidades realistas en América. En 1826, la toma de…
p. 403
05Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 191 cita
[5]tenido adecuada representa- ción enel comgreso constituyente, La incorporación del Ecuador sé efectuó come una simple anexión del terdóro militarmente conquistado y el ejército patriota, luego de la talla de Pichincha, en 1822 Guaya- quil ciudad que tabla declarado imi- viduaimente su independencia, fue amexada a la…
p. 19
06Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · Páginas 1, 91, 100, 1104 citas
[6]en un formidable obstaculo para la progresién de los republicanos. Estos, ante su de- bilidad naval en el Pacifico, se vieron precisados a enfrentarse con los espanoles en una obstinada guerra de guerrillas que retard6 la libertad del Ecua- dor. Comandaba el ejército realista en Quito el ma- tiscal de campo Melchor de…
p. 91
[7]vol. VI, pags. 229 y 235-237; Lima, 1971. 1055 aniquilados, pero su bravura fue reconocida hasta por el gallardo comandante espanol, en cuyas filas también hubo considerables bajas. La dificil circunstancia en que Bolivar se encon- traba después de este sangriento combate de Bom- bona, sobre todo por la tardanza en…
p. 100
[10]SAnchez los invitaba a vengar la traicién con que fue atacado en Corpaguayco. Todos los cuerpos, en fin, han llenado su deber cuanto podia desearse. Con satisfaccién cumplo el agradable deber de re- comendar a la consideracién del Libertador, a la gra- titud del Peru, y al respeto de todos los valientes de la tierra,…
p. 110
[29]Paquopp wpe] = WIGWOTOD 2p PLiO}sI Histori a de OLOMBIA Historia de COLOMBIA La Gran Colombia I Tomo 9 SALVAT Directores: Juan Salvat Roberto Garcia Rojas Director de la obra: Ricardo Martin Director cientifico: Gonzalo Hernandez de Alba Secretario de redaccién: Amancio Fernandez Coordinacién general: Sylvia Mallarino…
p. 1
07La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · Páginas 152, 2602 citas
[11]sur y el este del Perú seguían firmemente en manos españolas, mientras que el norte estaba más o menos controlado por los insurgentes. El congre - so republicano celebrado en Lima otorgó poderes militares a Bolívar para liberar el resto del país. La guerra culminó el 8 de diciembre de 1824 en la batalla de Ayacucho,…
p. 152
[15]poco después del atentado a Bolívar, se produjo una revuelta en el sudeste. Lideraba el movimiento el coronel 267 Sytze van der Veen José María Obando, que estaba en comunicación con los santanderistas en Bogotá. Hacia finales de año, Bolívar partió rumbo a la zona rebelde para imponer el orden. No solo Obando…
p. 260
08Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · Páginas 357, 3712 citas
[14]power 238–40 war to the death 73–4, 79–80, 100, 115, 282 Bolívar, Simón de (arrived from Spain 1589) 2 Bolívar Aguirre, José 2 Bolívar y Ponte, Juan Vicente 2, 7–8, 10 Bolivia Constitution 201–4, 211, 231, 246, 250–1 creation 198–9 creole elite 199–200, 205, 206–7 modernization 208 Bomboná 169, 170, 282 Bonpland, Aimé…
p. 371
[18]Memorias histórico-políticas, I, 310–11. 44. O’Leary, ‘ Detached Recollections ’, 16–17. On the letter to Campbell and the monarchy idea, see the discussion in Urbaneja, El Alcalde de San Mateo, 103–9, who concludes that Bolívar was ‘consistently antimonarchical’. 45. José Gil Fortoul, Historia constitucional de…
p. 357
09The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · Página 1041 cita
[16]April 1830 two moderate Bolivarians, Joaquin Mosquera and Domingo Caicedo, were elected as president and vice president. Some military officers, many of them Venezuelan, were unhappy when they saw that their political power and their privileges were being progressively shorn away, first with Bolívar’s resignation in…
p. 104
10¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 571 cita
[17]Antonio José de Sucre, el líder del partido bolivariano menos compro metido en los conflictos. Cuando Bolívar murió, en diciembre de 1 830, la Nueva Granada, que incluía al actual territorio colombiano más Pa namá, ya tenía una vida separada. El país resultante llegaba a una nueva era afectado _por la pobreza de la…
p. 57
11Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Página 921 cita
[20]Policarpa Salavarrieta marcha al suplicio, el óleo de García Hevia Muerte del general Francisco de Paula Santande r o incluso El asesinato de Sucre de Figueroa, pinturas que actualmente hacen parte del acervo del Museo Nacional de Colombia. 92 Editored rsiacordérmfirs9cred oa fi9d 7firiad as Cefie85r9 los civiles,…
p. 92
12Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · Página 1121 cita
[21]the rest of New Granada except the Caribbean coast and far southwest. Bolivar organized a provisional patriot government at Bogota, naming Santander to head it. Then, in December 1819, he was in Angostura (present-day Ciu- dad Bolivar), temporary capital of patriot Venezuela, where at his behest the Venezuelan…
p. 112
13Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · Página 661 cita
[22]the civil war fought between 1830 and 1831. The territory that Gran Colombia called Cundinamarca be- came the Republic of New Granada. Following Simón Bolívar’s resignation of the presidency in May 1830 and his death in December of that year, Rafael Urdaneta assumed leadership of New Granada’s national military and…
p. 66
14Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · Página 172 citas
[23]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
[24]popular cada cuatro años. Su denominación como República de Co- lombia fue propuesta por el general Simón Bolí- var durante el congreso de Angostura en 1819, como homenaje al descubridor Cristóbal Colón. Desde esa fecha hasta 1831 la República de Co- lombia comprendía todo el territorio que abarca- ba el antiguo…
p. 17
15Uniting States: Voluntary Union in World PoliticsJoseph M. Parent · 2011 · Páginas 4, 62 citas
[25]was available to send forces to the New World, but not in the desired numbers over a number of years. While Britain did not interdict Spanish reinforcements, it did not nancially support Spain’s eort, and that had an equally arresting eect. 8 The 1819 Congress of Angostura brought to life many of Bolívar’s ideas,…
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[27]happen, and he tried the same tired remedies, expecting better outcomes. Four years before, he was the adored liberator of South America—now Bolívar’s charisma was spent; everything he touched turned hostile or futile. Another of his former ocers, José María Córdova, took up arms against him; Bolívar earned not a…
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16Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1421 cita
[26]bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…
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17Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · Página 801 cita
[28]toda Venezuela. Al final del afo se repitié el viaje de Bolivar a Nueva Granada, como se repiti el gesto de Camilo Antonio Ricaurte en un retrato que se conserva en el Museo 20 de Julio, en Bogota. En la batalla de San Mateo, cuando todo parecia perdido, al volar Ricaurte el polvorin, con el sacrificio de su vida, dio…
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