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Ensayo · Transversal · —

El panteón heroico colombiano

Las figuras fundacionales de la memoria republicana colombiana —Bolívar, Santander, Sucre, Córdova, Nieto— no son registros neutrales del pasado sino artefactos narrativos fraguados en coyunturas precisas para legitimar proyectos de Estado e identidades regionales. Desmontar el panteón no es corrección erudita: es cuestionar los suelos sobre los que Colombia se piensa a sí misma.

16 min de lectura3.466 palabras37 documentos54 fragmentos
El panteón heroico colombiano
Actualizado 03 de agosto de 2026
01

Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

Los hechos originarios son reales: Bolívar y Santander rompieron formalmente en 1827, Sucre fue asesinado en Berruecos en 1830, Córdova murió en El Santuario en 1829, Nieto fue presidente del Estado Soberano de Bolívar. Lo construido no son los hechos sino su sentido: la línea que los une, el reparto de virtudes y culpas y el lugar de cada figura en la genealogía de la nación. La Regeneración de Núñez y Caro necesitó un Bolívar fundacional para legitimar la Constitución centralista de 1886; la santificación de Sucre sirvió diplomáticamente como mártir compartido de una Gran Colombia ya disuelta; la ambigüedad sobre la muerte de Córdova fue funcional porque permitió a memorias incompatibles —antioqueña, liberal, bolivariana— apropiarse del episodio sin cerrarlo; y la categoría fals-bordiana de 'antihéroe caribeño no violento' proyectó sobre el Nieto histórico —liberal urbano asimilado a la élite— una insurgencia popular caribeña que él no encarnó. El panteón es, en cada caso, sedimento de una coyuntura fechable, no espejo del pasado.

La tensión

La tensión central no es si hubo construcción narrativa —eso está documentado— sino cuánto de los conflictos originarios sobrevive bajo ella y qué trabajo político específico realizó cada operación de memoria. Sobre la díada Bolívar/Santander: la tesis de que es puro artefacto de élites para legitimar un Estado antibolivariano no se sostiene, pues el Estado regeneracionista fue profundamente bolivariano; lo construido fue la estabilidad del esquema binario como clave permanente de lectura, que ocultó raíces sociales, regionales y económicas. Sobre Sucre: la canonización suprimió la dimisión boliviana de 1828 y el mando en una guerra fratricida contra el Perú, no por conspiración deliberada sino porque esas aristas impedían su función de mártir compartido entre Venezuela, Ecuador y Colombia. Sobre Córdova: la indefinición sobre la autoría intelectual del homicidio fue sostenida por silencios convergentes —los antioqueños ganaban un mártir regional, los bolivarianos evitaban un juicio incómodo, los liberales conservaban un episodio útil—, no por diseño. Sobre Nieto: Fals Borda recuperó documentalmente una figura real que la historiografía había reducido a coartada antirracista, pero la crítica académica señala que lo caracterizó erróneamente como caudillo cuando era un político republicano y urbano, y que el envoltorio interpretativo —la identidad costeña insurgente— respondía a la agenda política del propio Fals más que al Nieto histórico. El caso de Padilla, pardo ejecutado en 1828 con el alivio explícito del historiador oficial Restrepo, muestra que el filtro racial operó antes del panteón: no todos los héroes disponibles fueron admitidos, y esa exclusión también fue construcción.

Temas
Memoria oficial y panteón heroico republicanoConstrucción narrativa de la identidad nacional colombianaBolivarianismo y Regeneración (1886)Identidad regional caribeña e historiografía costeñaRaza y exclusión en la memoria republicana
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Ensayo completo

La lectura

¿Quién fabricó el panteón heroico colombiano, y para qué?

Cuatro figuras estructuran la memoria heroica de la Colombia decimonónica: la rivalidad entre Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, el martirio de Antonio José de Sucre, el asesinato del general José María Córdova en El Santuario, y la reciente elevación de Juan José Nieto Gil al panteón caribeño. No son piezas de un mismo relato compuesto en un solo taller. Son sedimentos superpuestos, cada uno fraguado en una coyuntura distinta —la Regeneración de 1886, el centenario de 1910, la ruptura historiográfica de mediados del siglo XX, el rescate costeño de los años ochenta— por actores con intereses fechables. La pregunta no es si Sucre murió en Berruecos ni si Bolívar rompió con Santander en marzo de 1827: eso ocurrió. La pregunta es qué trabajo político realizó, en cada momento, el acto de recordarlo de una manera y no de otra.

¿Qué se juega al desmontar el panteón?

Colombia entró al siglo XX con un panteón cerrado. Los manuales escolares fijaron una jerarquía de próceres, una interpretación de sus disputas y un desenlace edificante en el que el orden republicano regeneracionista aparecía como culminación natural de la Independencia. Ese canon rigió durante casi todo el siglo XX. Su fuerza no residió en la coacción sino en la ausencia de alternativas escolares: fue norma por defecto.

Lo que se juega al desmontarlo no es una corrección erudita. Es la sospecha de que las categorías con las que Colombia se piensa a sí misma —civilismo santanderista frente a caudillismo bolivariano, mártir del sur frente a traidor antioqueño, ausencia de racismo probada por la existencia de un presidente pardo— fueron acuñadas para tramitar disputas del presente de quien las acuñó, no para describir el pasado. Si el panteón es artefacto y no espejo, la historia política colombiana que se apoya en él pierde uno de sus suelos.

Sostener que el panteón es un constructo no equivale a decir que los conflictos originarios fueron inventados. Bolívar y Santander sí rompieron; Sucre sí fue asesinado; Córdova sí murió en 1829; José Prudencio Padilla sí fue ejecutado tras un juicio dudoso. Lo construido no son los hechos: es su sentido, la línea que los une, el reparto de virtudes y culpas, el lugar de cada uno en la genealogía de la nación.

¿Cómo se volvió teología de Estado una ruptura personal?

La Constitución de Cúcuta de 1821 estableció un régimen centralista para la Gran Colombia. En sus primeros cinco años no produjo bandos políticos definidos. La fractura llegó en 1826, cuando Bolívar promovió la adopción de la Constitución boliviana —con presidente vitalicio y poderes cuasi monárquicos— y el sector encabezado por Santander leyó en ese proyecto una monarquía sin corona. La ruptura personal quedó fechada: Bolívar le escribió a Santander el 19 de marzo de 1827 pidiéndole que se abstuviera de dirigirle correspondencia; Santander respondió el 29 de abril atribuyendo el rompimiento a chismes y calumnias. En abril y junio de 1828, la Convención de Ocaña fracasó: los bolivarianos se retiraron, los santanderistas se declararon fieles a la Constitución de 1821, y las facciones se convirtieron en identidades.

El conflicto de 1826-1828 no fue una guerra entre un civilista puro y un caudillo autoritario. Fue una disputa sobre la arquitectura del Estado en una república recién nacida, con lealtades móviles y batallas periodísticas que incluyeron asaltos a imprentas y atentados personales.

La asociación mecánica entre bandos y doctrinas resulta ya para la época demasiado limpia. Se suele leer el centralismo como conservador y el federalismo como liberal, pero los hechos del siglo XIX desmienten la ecuación. La Constituyente conservadora de 1858 promovió el federalismo. El conservador Florentino González impulsó la apertura económica librecambista. Las etiquetas no resistieron el propio siglo en que se acuñaron.

Lo decisivo vino después. La Regeneración de Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, triunfante a fines del siglo XIX y hegemónica hasta 1930, glorificó a Bolívar como portaestandarte de la nacionalidad. La Constitución de 1886 —centralista, católica, autoritaria— necesitaba una filiación fundacional, y la encontró en el Libertador. Ese gesto tuvo un correlato: no un ataque frontal a Santander, sino un desplazamiento. Santander quedó como referencia legalista útil pero secundaria; los liberales radicales que lo reclamaban como padre fueron marcados con signos negativos en la memoria oficial. El manual escolar que cohesionó la herencia hispánica con el relato republicano no repudió la Colonia: la línea de continuidad iba de la civilización española a la República ordenada, con los excesos federalistas de 1863 como paréntesis lamentable.

La oposición Bolívar-Santander como matriz binaria de la política colombiana —centralismo autoritario benéfico frente a legalismo civilista disolvente, o su inverso liberal— fue destilada desde una disputa histórica real y convertida en clave permanente de lectura. Cada generación heredó esa cuadrícula. Los conservadores encontraron en Bolívar al hombre providencial; los liberales, en Santander al hombre de las leyes. Ambos leían hacia atrás.

La tesis fuerte —que la oposición es puro artefacto de élites para legitimar un Estado antibolivariano— no se sostiene tal cual. El Estado colombiano posterior a 1886 fue, en su iconografía y en su filiación, profundamente bolivariano; el antibolivarianismo, cuando existió, fue liberal y minoritario. Lo que sí es artefacto es la estabilidad de la díada como esquema explicativo: la certeza de que todo conflicto colombiano posterior se juega entre esos dos polos. Esa certeza fue construida, y sirvió para simplificar disputas que tenían raíces sociales, regionales y económicas que la díada oculta.

¿Por qué Sucre fue santificado?

Antonio José de Sucre fue asesinado en 1830 en las montañas de Berruecos, en el sur de la Nueva Granada. La imputación se dirigió pronto contra el general José María Obando, y la causa fue reactivada judicialmente a partir de la prisión del guerrillero José Erazo. El general Juan José Flores fue también señalado por contemporáneos, a partir de una carta interceptada con una prevención misteriosa y de comentarios sobre el temor que Sucre inspiraba en ciertos individuos del sur. El coronel Whittle, contemporáneo de los hechos, escribió que Sucre fue eliminado porque ciertos individuos lo temían por su posible regreso a esa región, y que se le quitó del medio de una manera muy deshonrosa. Bolívar mismo —consumido por su propia enfermedad terminal en la Quinta de San Pedro Alejandrino, donde lo acogió Joaquín de Mier— dijo que habría dado gustoso su vida por salvar la de Sucre, y lo llamó el único hombre que pudiera haber evitado esta guerra civil.

Ese es el material sobre el crimen. La santificación posterior es otra historia.

Sucre en vida fue una figura más compleja que su leyenda. Había sido obligado a dimitir de la presidencia de Bolivia en 1828 tras la invasión peruana, un revés político mayor. Participó luego en la guerra contra el Perú. Cuando lo mataron en 1830 no era el mártir sereno de la iconografía posterior sino un militar de treinta y cinco años cuya carrera reciente había incluido derrota, dimisión forzada y regreso incierto a un país en descomposición. La Gran Colombia se disolvía; Venezuela se separaría formalmente ese mismo año; el Ecuador seguiría el camino.

La canonización aprovechó una virtud narrativa que Sucre poseía y Bolívar no: había muerto joven, sin gobernar largo tiempo, sin haber acumulado los enemigos que se acumulan gestionando una república en crisis. Sobre él podía proyectarse una pureza que los años no habían tenido tiempo de corroer. Y como su figura articulaba a los tres países que la Gran Colombia había dejado —vencedor en Pichincha por Ecuador, presidente de Bolivia, cumanés de origen y por tanto venezolano, mártir en suelo neogranadino— era el único prócer cuya memoria podía funcionar como puente entre estados que en lo demás disputaban fronteras, deudas y filiaciones.

Sucre fue santificado porque servía diplomáticamente: era el mártir compartido de una unidad que ya no existía, y su culto permitía a los tres estados invocar una fraternidad grancolombiana sin las asperezas de la real. La supresión de sus contradicciones —la dimisión boliviana, el mando militar en una guerra fratricida contra el Perú— no fue conspiración deliberada sino consecuencia funcional: para que sirviera como símbolo de unidad, había que recortar lo que en su biografía apuntaba a la disgregación. El Sucre del monumento sigue siendo el santo, no el general dimitido.

¿Por qué Córdova queda abierto?

El material disponible sobre José María Córdova, muerto en El Santuario en 1829, es más delgado que el de las otras figuras, y esa delgadez misma es reveladora. Córdova ha sido, en la memoria antioqueña, el héroe joven de Ayacucho traicionado en su propia tierra; en la memoria bolivariana, el rebelde precipitado castigado por la fuerza legítima; en la memoria republicana temprana, el símbolo ambiguo de una disidencia que no cabía en las categorías del momento. La identidad del ejecutor material, el irlandés Rupert Hand al servicio de las fuerzas gubernamentales, nunca fue el problema: lo disputado fue la autoría intelectual, el grado de responsabilidad de Bolívar y de sus edecanes, la legitimidad del acto.

Esa indefinición fue funcional. Un héroe cuya muerte queda abierta —¿mártir de la libertad regional?, ¿rebelde justamente reducido?, ¿víctima de la deriva autoritaria del bolivarianismo tardío?— es un significante disponible. Antioquia lo incorporó como emblema del honor herido; los liberales del siglo XIX lo leyeron como prueba de la degeneración cesarista de los últimos años de Bolívar; los bolivarianos regeneracionistas prefirieron pasar de largo, dejando el episodio en penumbra antes que forzar una condena de su prócer mayor.

No hubo un pacto deliberado para dejar el caso abierto. Hubo una constelación de intereses concurrentes en no cerrarlo: los antioqueños ganaban un mártir regional; los bolivarianos evitaban un juicio incómodo sobre el Libertador; los liberales conservaban un episodio útil para denunciar el autoritarismo de la última etapa. La ambigüedad se sostuvo por silencios convergentes, no por diseño. Y en esa omisión, la figura de Córdova pudo servir simultáneamente a memorias incompatibles.

¿Qué se inventó al elevar a Nieto?

Juan José Nieto Gil fue elegido presidente del Estado Soberano de Bolívar en el punto culminante de su carrera política. Era un pardo claro —un mulato— de orígenes modestos, comerciante y escritor autodidacta, que ganó el rango de general en la guerra civil de los Supremos entre 1839 y 1842 y ejerció como gobernador de la provincia de Cartagena bajo la presidencia de José Hilario López. Escribió una novela histórica, Ingermina, variación caribeña sobre el Ivanhoe de Walter Scott, con un romance entre Alonso de Heredia y una princesa calamarí. Su ascenso fue el de un hombre pardo que se asimiló progresivamente a la élite liberal costeña.

Durante casi un siglo, Nieto ocupó un lugar secundario en el panteón. Cuando se le mencionaba, era para ilustrar la ausencia de racismo en la nación colombiana: si un pardo había llegado a la presidencia de un estado soberano, ¿cómo podía hablarse de exclusión racial? La instrumentalización era clara: Nieto probaba la inocencia racial del país por su sola existencia, sin que hubiera que examinar las condiciones de su ascenso ni los mecanismos de asimilación que lo hicieron posible.

En 1981, Orlando Fals Borda publicó El Presidente Nieto como segundo tomo de la Historia doble de la Costa. Fals declaró que en cada tomo destacaba el valor de antihéroes caribeños no violentos como Nieto, revalorizando su papel histórico. El movimiento era doble: rescatar a una figura relegada por la historiografía centralista y andina, y hacerlo mediante una categoría —el antihéroe caribeño no violento— que fundara una identidad regional alterna, con genealogía propia y virtudes distintas a las del panteón cachaco.

Se ha objetado que Fals caracterizó a Nieto como caudillo cuando en realidad era un político profundamente republicano y urbano. La Historia doble recibió también críticas por presunta falta de rigor en el uso de fuentes, exceso de imaginación, simplismo temático y compromiso político explícito del autor. Fals no falseó a Nieto: lo redimensionó. Convirtió a un liberal urbano, letrado y asimilado a la élite en emblema de una insurgencia caribeña popular que el propio Nieto no encarnó. Fals perseguía una identidad costeña frente a la hegemonía interior, y necesitaba fundarla en figuras que la sostuvieran.

Con un matiz: Fals no inventó a Nieto. Recuperó documentalmente una figura que la historiografía nacional había reducido a coartada antirracista. Ese rescate fue un aporte real; sus hallazgos testimoniales, documentales y fotográficos no tenían precedentes. Lo performativo es el envoltorio interpretativo: la categoría antihéroe, la lectura del Caribe como reservorio de una insurgencia alterna, la proyección hacia el presente de un modelo político que el Nieto histórico —hombre de instituciones, gobernador, presidente electo, novelista de salón— no representaba.

El contrapunto de Padilla: el filtro racial antes del panteón

Un contrapunto necesario ilumina lo que las cuatro figuras anteriores comparten. José Prudencio Padilla, marino y héroe naval, pardo, fue ejecutado en 1828 tras un juicio en el que confluyeron su enemistad con el general Mariano Montilla —hombre de orígenes aristocráticos, con actitudes racistas explícitas hacia negros y mulatos, partidario de un ideal de gobierno aristocrático— y el miedo racial de las élites republicanas.

José Manuel Restrepo, el historiador oficial del período, identificó a Padilla como negro en sus escritos y expresó alivio de que no se hubiera puesto al frente de los pardos. Los contemporáneos usaban indistintamente los términos guerra de clases y guerra de colores para referirse al conflicto racial. Las experiencias de la revolución haitiana, los levantamientos de pardos en Venezuela y la revuelta de negros y mulatos en Cartagena entre 1811 y 1815 pesaban en el imaginario de las élites, incluido el de Bolívar, cuyas cartas a Pedro Briceño Méndez y a Daniel O'Leary de marzo y abril de 1828 son fuentes centrales para reconstruir esa preocupación.

Padilla no está en el panteón. Fue borrado por vía de exclusión racial antes de que ninguna maniobra memorial pudiera incorporarlo. El filtro racial actuó por delante de cualquier construcción narrativa retrospectiva: no fue la Regeneración la que lo excluyó, ni el manual escolar; fue la propia jerarquía de valores de las élites republicanas tempranas la que lo eliminó del reparto. Los conservadores continuaron usando acusaciones de guerra racial para desacreditar a los liberales al menos hasta la década de 1870.

Padilla y Nieto están en polos opuestos del mismo mecanismo. Uno excluido por su color y su base social. El otro admitido tardíamente porque su asimilación a la élite lo hacía tolerable, y luego instrumentalizado como coartada. La raza operó estructuralmente, no solo retóricamente.

Entonces, ¿quién fabricó el panteón, y para qué?

El panteón republicano neogranadino no es un registro neutral del pasado. Es una serie de intervenciones sucesivas, fechadas y firmables, que fijaron el sentido de conflictos reales para tramitar disputas presentes en cada uno de los momentos de fijación. La Regeneración de 1886 canonizó a Bolívar y estabilizó la díada Bolívar-Santander como matriz explicativa. El manual escolar del centenario propagó esa matriz como sentido común durante casi un siglo. La disolución grancolombiana convirtió a Sucre en santo compartido de tres estados que necesitaban una fraternidad simbólica. La indefinición sobre la autoría intelectual de la muerte de Córdova fue mantenida por conveniencia concurrente de varias tradiciones. Fals Borda, en 1981, rescató a Nieto y lo redimensionó como antihéroe caribeño para fundar una identidad regional alterna.

Y sin embargo los conflictos que estas intervenciones tramitan fueron reales. Bolívar y Santander sí rompieron, y la ruptura organizó batallas periodísticas, facciones electorales y una convención fracasada en Ocaña antes de que nadie las estabilizara en memoria oficial. Sucre sí fue asesinado, y contemporáneos como Whittle y el propio Bolívar leyeron su muerte como pérdida política mayor sin necesidad de un culto posterior. Padilla sí fue ejecutado bajo un juicio en el que operó el miedo racial explícito de figuras como Restrepo. Nieto sí fue presidente del Estado Soberano de Bolívar, y su ascenso implicó un tipo de asimilación cuyas condiciones raciales estructurales no dependen de la lectura que se hiciera de él ciento cincuenta años después.

La narrativa no crea de la nada: recodifica. Toma un conflicto vivido y lo convierte en genealogía utilizable; toma una muerte y la reparte entre memorias incompatibles; toma una biografía y la moldea para que funde una identidad. Se fabrica la línea que conecta los hechos, el reparto de virtudes y culpas, la posición de cada figura en el mapa del presente.

Sospechar del panteón no autoriza a disolver la historia en pura retórica. La agencia de Padilla, el sufrimiento de Sucre, la disputa entre Bolívar y Santander, la decisión de Nieto de escribir Ingermina fueron reales y dejaron huellas verificables. Lo que exige sospecha es la naturalidad con la que estas figuras ocupan las posiciones que ocupan en el relato heredado, y la fluidez con la que ese relato sigue estructurando el modo colombiano de discutir la nación.

¿Qué queda sin cerrar?

Tres flancos permanecen abiertos, y cada uno afecta de manera distinta el edificio.

El primero es el peso relativo de la Academia Colombiana de Historia y de los manuales escolares en la consolidación efectiva del canon. Se sabe que alinearon con el proyecto regeneracionista y que fijaron una jerarquía. Se sabe menos con qué instrumentos concretos operaron: cuánto de su hegemonía se debió a imposición activa —selección de textos, control de programas, veto a interpretaciones alternativas— y cuánto a la simple ausencia de competencia pedagógica en un país con red escolar débil y editoriales concentradas. La distinción no es menor. Un canon impuesto se combate exhibiendo la coacción; un canon por defecto se combate produciendo alternativas. Uno pide denuncia; el otro, trabajo. Que la Academia haya tenido el monopolio de la interpretación autorizada durante décadas es descripción; cómo se ejerció ese monopolio en la práctica cotidiana del aula, y en qué momentos fue disputado desde dentro de las propias instituciones, es aún terreno de investigación desigual. Sin ese mapa fino, la crítica al canon corre el riesgo de imaginar una maquinaria más coherente de la que hubo.

El segundo flanco es el alcance real del culto bolivariano en la vida política colombiana del siglo XX. Que la Regeneración lo instaló como portaestandarte de la nacionalidad es claro. Que la iconografía —el uniforme de gala, el héroe triunfante, no el guerrero en batalla ni el civil— fue relativamente estable durante la primera mitad del XIX, también. Menos claro es cómo se comportó ese culto en momentos de disputa. Qué Bolívar circuló durante el centenario de 1930, cuando el liberalismo volvió al poder tras casi medio siglo de hegemonía conservadora. Qué versión del Libertador operó durante la Violencia, en boca de unos y otros, y si hubo intentos serios de disputarle a los conservadores el monopolio interpretativo. Qué lugar ocupó en el Frente Nacional, régimen que necesitó una épica común y encontró en la iconografía bolivariana un recurso disponible. Y, más adelante, cómo se apropiaron del nombre proyectos guerrilleros que se autodenominaron bolivarianos, o cómo lo recogió el bolivarianismo venezolano de fines del siglo XX en un movimiento que rebotó sobre Colombia. Un Bolívar puede filiar a Núñez y a Caro; ha filiado también a proyectos muy alejados de la Regeneración. Rastrear esas mutaciones no es curiosidad erudita: es reconstruir la maleabilidad efectiva del principal significante político de la nación.

El tercer flanco toca el sustrato documental. Bolívar ordenó antes de morir que se quemaran los diez baúles de su archivo personal; los baúles fueron depositados en Kingston en diciembre de 1830. Daniel O'Leary trabajó desde Kingston entre 1831 y 1833 en correspondencia activa con Carlos Soublette, y publicó luego sus Memorias en treinta y dos tomos entre 1879 y 1888, declarándose compilador y autor. La cronología abre preguntas incómodas. Qué se quemó efectivamente y qué sobrevivió; con qué criterio se seleccionó lo publicable; qué correspondencia comprometedora —sobre Padilla, sobre Córdova, sobre los últimos meses del régimen— pasó por el filtro editorial de un edecán que había servido al Libertador y tenía interés propio en la forma final del legado. Las Memorias de O'Leary han sido durante más de un siglo la fuente principal para el bolivarianismo académico. Si esa fuente fue armada con criterios que hoy llamaríamos de gestión reputacional, buena parte del edificio interpretativo descansa sobre un archivo que fue objeto de intervención deliberada desde su origen. La cuestión no es acusar a O'Leary de falsificación —no hay evidencia de eso— sino reconocer que la selección, en un archivo como ese, es ya interpretación, y que dos siglos de historiografía se apoyaron en un corpus curado por un actor con intereses.

Estos flancos no debilitan la respuesta: la precisan. El panteón republicano es artefacto, sí, pero artefacto de muchos talleres y muchos momentos, con piezas que aún no han sido inventariadas del todo. Su desmontaje no es tarea de una generación: es trabajo lento sobre un edificio que sigue en pie porque sigue siendo útil.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

37 documentos · 54 fragmentos de referencia
01Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 137, 1422 fragmentos
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bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…

p. 142
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Juanambú, el 30 de agosto. En Pasto ofreció un indulto a los que depusieran las armas y proclamó el decreto de supresión de los conventos. Sin embargo, las guerrillas que operaban entre Popayán y Pasto se sumaron a la revuelta. La pri- sión de uno de los jefes guerrilleros, José Erazo, sirvió para reactivar el caso…

p. 137
02Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 991 fragmento
[2]

de integracion politica de la Gran Colombia, con la unién de Venezuela, Nueva Granada y Quito. Los centralistas defendieron la integracion en una republica unitaria e indivisible, con un gobierno fuerte, adaptable a la realidad americana, de carac- ter discolo y anarquico, y con una administracion centralista para el…

p. 99
03Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1151 fragmento
[3]

blame to Vice President San- tander, a man who had dropped out of law study to fight for indepen- dence but as chief executive surrounded himself with ardent young lawyers as helpers and advisers. What the country needed, in Boli- var's view, was a stronger executive, a less assertive legislature, and a partial…

p. 115
04Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 57, 912 fragmentos
[4]

se apresuré a despachar con caracter urgente a su edecan Daniel Florencio O'Leary con instrucciones precisas, a fin de que calmara al general Paez mientras él mismo se dirigia a Caracas. Cabe senalar en este punto que el general José Antonio Paez ya habia propuesto al Libertador que imitara a Napoleon y estableciera…

p. 57
[24]

en un formidable obstaculo para la progresién de los republicanos. Estos, ante su de- bilidad naval en el Pacifico, se vieron precisados a enfrentarse con los espanoles en una obstinada guerra de guerrillas que retard6 la libertad del Ecua- dor. Comandaba el ejército realista en Quito el ma- tiscal de campo Melchor de…

p. 91
05Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 2121 fragmento
[5]

que las anuló. Su oposición a la política que —como con- secuencia secundaria— causó el cambio de rumbo en lo fiscal tenía poco que ver con lo que toca estrictamente a este aspecto; ni siquiera lo mienta en sus Memorias sobre el origen de las desavenencias con Bolívar 227. Pero en forma general sí se puede afirmar de…

p. 212
06Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 521 fragmento
[6]

en la cual la con- ducta legalista del segundo no fue bien aceptada por el Libertador. O como el rechazo que San- tander hizo de la rebeldía de Páez en 1826, al desconocer la autoridad granadina, conducta que no fue condenada por Bolívar, lo que desa- gradó profundamente al mandatario cucuteño. O como la simpatía que…

p. 52
07La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 4081 fragmento
[7]

sea perpetua, es el sistema que reclama la opinión nacional, a pesar que ciertamente carecemos de algunos pocos elementos para igualarnos a otros pueblos. […] Dejo consignados en estas pocas líneas mis principios como ciudadano, y mis deseos como Elector. Mis comitentes serán instruidos oportunamente de la manera con…

p. 408
08Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 1271 fragmento
[8]

rita de los pol í ticos, incluso para romper las reglas acordadas por los representantes del “ pueblo ”. En 1811, Antonio Nari ñ o dio el primer golpe de Estado, al derribar, a nombre del bien com ú n, con el apoyo de los militares, el gobierno de Jorge Tadeo Lozano. Entre 1811 y 1815 los dirigentes criollos,…

p. 127
09Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 651 fragmento
[9]

the acts of repression inflicted on him and his followers by Bolívar's dictator- Page 23 ship, and his political style was clearly what came to be known in Colombia as "sectarian," or highly partisan behavior. Faithful to his own legalistic bent, Santander was careful not to violate directly the political rights of…

p. 65
10Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 211 fragmento
[10]

así como, por muchos años, se consideró que el centralismo era conservador y el federalismo era liberal, pero no hay que olvidar que fue una Constituyente de estirpe conservadora, en 1858, la que promovió por primera vez el federalismo en Colombia. Y, tratándose del tema económico, la apertura, tan condenada hoy día…

p. 21
11Historia del Periodismo ColombianoAntonio Cacua Prada · 1983 · p. 421 fragmento
[11]

de Teseo, que la irritaban cuantos remedios se le ponían. Esta Haga cubre.a toda la república." 37 La promulgación de la Constitución Boliviana, ardorosamente defendida por unos y acervamente criticada por otros, dió origen a una intensa y generalizada batalla perio dística, donde predominaron la injuria y el insulto.…

p. 42
12El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4291 fragmento
[12]

dio a sus difamadores ocasión para nuevas sospechas. Pero por mucho que todo pareciera desafiarle a un último combate, por mucho que le hostigara su misma patria, Ve- nezuela, declarándole fuera de la ley y pidiendo su expul- sión de Colombia, por mucho, también, que se le instaba desde Bogotá para que regresase,…

p. 429
13The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 221, 252, 2593 fragmentos
[13]

15–19, 171–5 Ayacucho, battle of, 31–3, 37, 71 Ayala, José María, 135 Ayton, Joseph, 104, 107–11 Azuero, Vicente, 43, 80, 91, 101 Balls, 45, 49, 52 Banco Colonial Británico, Venezuela, 139–40, 148, 175 Banco Nacional, Venezuela, 140, 148 Banditry, 78, 162 Barbosa, 85, 87, 131 Barrot, Adolph, 95, 110–13 Bentham,…

p. 259
[14]

8. This was O’Leary’s claim in the Prologue to O’Leary, Narración, Vol. 1, 3. 9. O’Leary, Memorias del General O’Leary. 10. O’Leary to Soublette, April 30, 1831, Cartagena, in O’Leary, Narración, Vol. 1, 2. 11. On the “double insertion” of the Irish in the Hispanic world I draw on O’Phelan Godoy, “Una doble…

p. 221
[21]

Garnica, Armando and Daniel Gútierrez Ardila, Quién es quién en 1810? Guía de forasteros del Virreinato de Santa Fe (Bogotá: Universidad Industrial de Santandar, 2010). McGann, Thomas, “The Assassination of Sucre and Its Significance in Colombian History, 1828–48,” HAHR, 30:3 (1950), 269–289 McNerney, Robert, “Daniel…

p. 252
14Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 971 fragmento
[15]

Libertador. El uniforme es de gala y destinado a la representación, no es un uniforme funcional de guerra y fue parte de una iconografía constante de la primera mitad del siglo xix que los pintores de la na - ciente república resaltaron y, con esto, hicieron imposible que pudiera pensarse en el héroe de otro modo. El…

p. 97
15Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 841 fragmento
[16]

de las relaciones de clase sostenidas durante la Colonia; quien previene, sin embargo, acerca de los males que ocurrirán con la ceguera de las clases dirigentes, una vez que tomen el poder; quien en 1828, ya profundamente desilusionado acerca de la aceptación de sus teorías políticas y abocado a la desmembración de la…

p. 84
16La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 260, 2952 fragmentos
[17]

un fuerte de fantasía de madera para lanzar fuegos artificiales. En los cuatro costados habían pegado groseras caricaturas del Libertador y sátiras igualmente groseras. Manuela Sáenz no pasó por alto el agravio y acometió a galope contra los calumniadores de su amado. Intentó prender fuego a la escandalosa estructura,…

p. 295
[23]

poco después del atentado a Bolívar, se produjo una revuelta en el sudeste. Lideraba el movimiento el coronel 267 Sytze van der Veen José María Obando, que estaba en comunicación con los santanderistas en Bogotá. Hacia finales de año, Bolívar partió rumbo a la zona rebelde para imponer el orden. No solo Obando…

p. 260
17Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicop. 991 fragmento
[18]

atrio del templo de Nuestra Señora del Carmen. 2 Su construcción contó con la contribución de ex alumnos y cooperadores salesianos. A la ceremonia inaugural asistieron el Ministro de Educación, el Gobernador de Cundinamarca, el Nuncio Apostólico y el Ministro de Italia, entre otros. 3 El 7 de septiembre del año de…

p. 99
18Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 181 fragmento
[19]

se manifestó en la empresa construc- xl tora de la nacionalidad, que fue su fruto inmediato; se hizo patente en la lucha por defender nuestras fronteras y conservar la integridad del territorio; se mostró en los enfrentamientos partidistas y en la sangría de las guerras civiles; se tradujo en más de una inestabilidad…

p. 18
19Historia de la primera República de Colombia, 1819-1831. "Decid Colombia sea, y Colombia será"Armando Martínez Garnica · 2019 · p. 559, 7492 fragmentos
[20]

rebatir todo lo contrario. El general Urdaneta es preso en Popayán por una prevención misteriosa de Flores con respecto a Sucre, la que fue encontrada en una carta intersectada. Pobre Sucre. Yo hubiera perdido gustosamente mi vida para salvar la suya. Él fue el único hombre que pudiera haber evitado esta guerra civil,…

p. 559
[52]

de documentos digitales]. Dispo - nible en http://www.archivodellibertador.gob.ve/escritos/inicio.php Gabaldón Márquez, Edgar (compilador). Bolívar en la Cancillería Mexicana (documentos). Mé - xico: Secretaría de Relaciones Exteriores, UNAM, 1983 (Archivo Histórico Diplomático Mexicano, 4ª época, no. 16). O’Leary,…

p. 749
20Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · p. 21, 3332 fragmentos
[25]

figures, the most well known and the one Colom- bians generally mention to illustrate absence of racism in the nation, is the light pardo (mulatto) Juan José Nieto (–), a merchant, self-taught writer, and politician of modest origins who remained faithful to the Liberal ideals of liberty and federalism until his…

p. 21
[33]

San Juan del César, each claiming loyalty to Santander (Los Riohacheros defensores,  April ). . Bell, Política, políticos, . . On the growth of Barranquilla, see Nichols, Tres puertos, –, –, and Posada-Carbó, Colombian Caribbean, –. . Lynch, Caudillos, –, –. . Walker, Smoldering…

p. 333
21Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · p. 21, 3332 fragmentos
[26]

figures, the most well known and the one Colom- bians generally mention to illustrate absence of racism in the nation, is the light pardo (mulatto) Juan José Nieto (–), a merchant, self-taught writer, and politician of modest origins who remained faithful to the Liberal ideals of liberty and federalism until his…

p. 21
[34]

San Juan del César, each claiming loyalty to Santander (Los Riohacheros defensores,  April ). . Bell, Política, políticos, . . On the growth of Barranquilla, see Nichols, Tres puertos, –, –, and Posada-Carbó, Colombian Caribbean, –. . Lynch, Caudillos, –, –. . Walker, Smoldering…

p. 333
22Historia doble de la Costa. Tomo 2: El Presidente NietoOrlando Fals Borda · 2002 · p. 3, 142 fragmentos
[27]

S e r i e M a e s t r o s d e la S e d e U N I V E R S I D A D N A C I O N A L D E C O L O M B I A SEDE B O G O T Á Historia doble de la Costa EL P R E S I D E N T E N I E T O O R L A N D O FALS BORDA Historia doble de la Costa 2 EL PRESIDENTE NIETO U N I V E R S I D A D N A C I O N A L DE C O L O M B I A B A N C O DE…

p. 3
[32]

samarlos, cartageneros y XIV P R E S E N T A C I Ó N barranquilleros. No es tampoco la Costa del Carnaval de Barran- quilla, los Lanceros de Getsemaní o el fútbol de Pescadito. Es una Costa más rural, menos conocida y más olvidada, en todos los sentidos. Es la Costa de María Barilla, la valentía de los Chimilas, los…

p. 14
23El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 991 fragmento
[28]

los 56 ríos de la Sierra Nevada de Santa Marta, hasta casi saturar con el terror nuestra ancestral cultura del humor y del dejar hacer. Insistí entonces, con colegas de los Andes, en el análisis del trágico fenómeno de la violencia política. Aquel libro de 1962 causó mucho ruido, pero los culpables lograron…

p. 99
24Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 3, 132 fragmentos
[29]

Serie Maestros de la Sede U N I V E R S I D A D N A C I O N A L DE C O L O M B I A S E D E B O G O T Á Historia doble de la Costa R E T O R N O A LA T I E R R A J*f& • Pivijay VALLEDUPAR MAR CARIBE María la Baja,,San Juan Nepomuceno San Onofre» „ V\ • San Jacinto j L Plato.El Carmen Zambrano I Colosó» «Ovejas Tolú •…

p. 3
[31]

Algunos lo encuentran exageradamente académico; otros se quejan de una supuesta falta de rigor, especialmente en el uso de las fuentes; no son pocos los que han controvertido el papel que Fals le asignó a la imaginación en la elaboración de su obra; varios historiadores se han referido al excesivo simplismo del libro…

p. 13
25Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 151 fragmento
[30]

contemporánea. Finalmente, toda la obra está signada por la búsqueda de una identidad costeña, para la cual los aportes tes- timoniales, documentales y fotográficos que se hacen no tienen precedentes. Muchas de las críticas que ha recibido la Historia doble de la Costa tienen que ver con el canal B. Algunos lo…

p. 15
26Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 741 fragmento
[35]

Nieto conociera la novela Ivanhoe (1819), del escocés Walter Scott, de la cual hizo una variación sobre el mismo tema. Si Ivanhoe narra una historia de amor en tiempos medievales, cuando los normandos franceses conquistaron a los sajones de Inglaterra en 1194, Ingermina na- rra un romance entre el hermano del fundador…

p. 74
27Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 13, 23, 255 fragmentos
[36]

27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

p. 1
[39]

hija, á nuestra patria. 35 Los relatos escolares mantuvieron un criterio de linealidad allí donde los héroes eran la parte fundamental de la trama histórica y establecieron una diacronía cuyos cortes temporales se mantuvieron durante todo el siglo. XX 36 Las características de los manuales de historia patria y los…

p. 13
[40]

44 Capítulo II Institucionalizar el pasado nacional Las pretensiones de los escritos históricos del siglo eran obvias: construir un espacio de XIX comprensión homogéneo que instaurara los elementos donde podrían insertarse las redes de pertenencia y legitimidad que cubrieran por igual a todas las regiones geográficas…

p. 1
[42]

de Luis Eduardo Nieto Arteta. Además de atender a la historia, Nieto Arteta escribió literatura y se interesó por la filosofía. Desde 1938, dándole bastante importancia a la difusión, comenzó la publicación de una serie de estudios históricos sobre el siglo colombiano en el periódico. Estos trabajos después los XIX El…

p. 23
[44]

rápidamente en el principal foco de renovación de la escritura de la historia en Colombia. Sus análisis querían demostrar la autonomía de las condiciones históricas y sociales nacionales; es decir, quiso poner en evidencia el desconocimiento de la particularidad de los procesos históricos nacionales, tanto por los…

p. 25
28Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 1001 fragmento
[37]

nation. Something similar happened with historiography. The construction of the state and its consolidation required the writing of its history from its origins, inheritances, and great patriotic deeds. This task had already been clearly realized when the celebration of the first centennial of independence took place.…

p. 100
29Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 201, 2412 fragmentos
[38]

progreso, tal como lo exigía el modelo liberal burgués que se quería hacer fructificar. He aquí cómo la época li- beral se forjaba críticamente su propio pasado, que servía a su vez de legiti- mación a sus proyectos revoluciona- rios del presente. La historiografía conservadora apa- rece en el ambiente de crisis y de…

p. 201
[41]

económica y social con- temporánea, Economía y cultura en la historia de Colombia (1941) y Café en la sociedad colombiana (redactado en 1948 y publicado diez años después), abordó la evolución de la cultura na- cional —el derecho, la política, la or- ganización del Estado y las ideolo- gías—, a partir de la historia…

p. 241
30Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 1001 fragmento
[43]

historia del país y de su economía. Faltaba pre- paración y había que adquirirla sobre la marcha. Darío Mesa había publicado en Mito (1957) Treinta años de historia de Colombia 1925-1955. Este ensayo he- cho con la óptica del marxismo seguía paso a paso el proceso económico y las contradicciones políticas del país.…

p. 100
31La independencia de Colombia: olvidos y ficcionesAlfonso Múnera · 2021 · p. 148, 1722 fragmentos
[45]

dio precisamente cuando Montilla, su peor enemigo, residía a muchos kilómetros de distancia de Cartagena y nada tendría, en apariencia, que ver con su escritura. Salvo que se podría interpretar también como una respuesta a tantos desaires y persecuciones de este último. Nada grave vuelve a suceder entre los dos,…

p. 148
[46]

de tan altos méritos guerreros e infinita capacidad para el sacrificio, de tan vasta ilustración y talento para la escritura, podía, con la misma pasión que lo hacía todo, escribir cartas ofensivas sobre negros y mulatos, y organizar el sacrificio de Padilla en la forma como lo hizo, habría que acudir, tal vez, y esto…

p. 172
32Myths of Harmony: Race and Republicanism during the Age of Revolution, Colombia, 1795–1831Marixa Lasso · 2007 · p. 189, 1922 fragmentos
[47]

desenlace de tales sucesos no puede haber sido mds feliz, y nos ha evitado que Padilla se pusiera al frente de los pardos porque 6l es un negro (Jos6 Manuel Re. strepo, Diarto polittco y militar, r: 375); Sim6n Bolivar to General Pedro Bricefro M6ndez, Sativi, Mar. 24, rBzB, in O'Leary, Munortas, z9: rB9. rrz. Sim6n…

p. 189
[49]

power of the white elite. 68. Conservatives conrinued ro use accusations of race war to tarnish liberals at least until the r B7os. See Sanders, Contentious Rcpublicans, 164 Notes to Pages r4r-r48 | r8r 69. Jos6 Manuel Restrepo, Diario politico St militar, z:294; AHNC, Repriblica, Ministerio de Interior, r, fol.…

p. 192
33The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 3421 fragmento
[48]

narratives of, 41; Reclus on, 50; José María Samper on, 112–13; Obeso on, 121, 122, 130; and civil marriage, 150; Jiménez López on, 222 Race war: and civil war of 1859–62, 64–68 Racial difference: and citizenship, 2, 9; and national unity, 3; and posteman- cipation civil equality, 9–10, 36–37; historicizing race,…

p. 342
34Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 561 fragmento
[50]

as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…

p. 56
35Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4281 fragmento
[51]

e r t a d o r,tuvo e lv a l o r de desobedecer su orden de a n t e s de morir de quemar l o s d i e z baúles que contenían e la r c h i v opersonal de B o l í v a r,cuando é s t o sfueron depositadosen su c a s a de Kingston, en diciembre de 183 o9 6. Antes de f i n a l i z a r,conviene c e r r a rtambién e lc i c l…

p. 428
36Repúblicas en armas. Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 4411 fragmento
[53]

République de Colombia en 1823, Paris, A. Bertrand, 1824, 2 vols. MONAGAS, José Tadeo, «Relación que hace el general Monagas de las batallas y acciones en que se ha encontrado desde 1810 hasta 1821», en BANH, t. VI, 1923, pp. 1040-1049. MORILLO. Pablo, Mémoires relatifs aux principaux événements de ses campagnes en…

p. 441
37Repúblicas en armas: Los ejércitos bolivarianos en la guerra de Independencia en Colombia y VenezuelaClément Thibaud · 2003 · p. 4411 fragmento
[54]

République de Colombia en 1823, Paris, A. Bertrand, 1824, 2 vols. MONAGAS, José Tadeo, «Relación que hace el general Monagas de las batallas y acciones en que se ha encontrado desde 1810 hasta 1821», en BANH, t. VI, 1923, pp. 1040-1049. MORILLO. Pablo, Mémoires relatifs aux principaux événements de ses campagnes en…

p. 441