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Idea · Estados Unidos de Colombia

Culto bolivariano

Dispositivo simbólico y político mediante el cual la figura de Simón Bolívar fue convertida, tras su muerte en 1830, en referente fundacional de la nación colombiana; artefacto en disputa permanente entre proyectos políticos incompatibles que lo apropiaron, silenciaron o reencuadraron según sus necesidades.

4.291 palabras42 documentos54 fragmentos citados
Culto bolivariano

Trayectoria de una idea

  1. 1819

    Retrato fundacional de Espinosa: pieza maestra de la iconografía bolivariana

  2. 1830

    Muerte de Bolívar y nacimiento simultáneo del culto y el anticulto

  3. 1846

    Estatua de Tenerani en la Plaza Mayor: consagración topográfica del culto

  4. 1851

    Estatua ecuestre en Caracas: gramática monumental compartida

  5. 1863

    Constitución de Rionegro: eclipse relativo del culto bajo el radicalismo liberal

  6. 1876

    Guerra civil de 1876-1877: rearmamiento conservador y recuperación del símbolo

  7. 1886

    La Regeneración coloniza al Libertador: Bolívar como patrimonio conservador

03

La lectura

El culto bolivariano no nació de la admiración sino de la violencia simbólica: los mismos retratos que se fusilaban o apuñalaban en 1830 serían, décadas después, fundidos en bronce y erigidos en el centro de las plazas mayores. Su historia es la de un artefacto en disputa permanente: apropiado por el caudillismo militar de Mosquera, ignorado o reencuadrado por el liberalismo radical que prefería una república de abogados a una república de espadas, y finalmente colonizado por la Regeneración conservadora que lo convirtió en norma de Estado. El paralelismo con la devoción católica a los santos no fue retórico sino estructural: Bolívar ocupó en el imaginario civil el lugar del intercesor, enseñando virtudes políticas complementarias a las verdades religiosas, sin llegar a ser Dios. Entender el culto bolivariano es entender que un mismo nombre puede sostener proyectos incompatibles, y que la memoria de los fundadores es siempre, antes que historia, política.

El culto bolivariano en Colombia

El culto bolivariano es el dispositivo simbólico y político mediante el cual la figura de Simón Bolívar fue convertida, después de su muerte en diciembre de 1830, en referente fundacional de la nación. No se trata de una devoción espontánea y continua sino de un artefacto en disputa: los mismos retratos que unos apuñalaban, otros los colgaban junto a las imágenes religiosas; la misma efigie que fue fusilada en Bogotá en 1830 sería fundida en bronce por Pietro Tenerani y erigida en la Plaza Mayor en 1846. Entre esos dos gestos —el escarnio y la consagración— transcurre una historia hecha de silencios calculados y apropiaciones oportunas. Durante los Estados Unidos de Colombia (1863-1886), el radicalismo liberal ni abolió el culto ni lo alimentó: lo dejó en suspenso, lo vació de contenido autoritario y lo reencuadró bajo agendas de ciencia, laicismo y federalismo. Esa vacancia fue la condición de posibilidad para que la Regeneración, desde 1886, colonizara al Libertador y lo entregara al Partido Conservador como patrimonio exclusivo. Entender el culto bolivariano en Colombia es, por tanto, entender cómo un mismo nombre puede sostener proyectos incompatibles.

Qué es el culto bolivariano

Hay que deshacer una confusión de origen. El culto bolivariano no equivale al hero-worship espontáneo, esa identificación difusa que hace del prócer un familiar imaginario y le atribuye rasgos populares. El culto que se articula desde mediados del siglo XIX en Colombia tiene un propósito mayor: presentar a Bolívar como modelo para la nación, es decir, convertirlo en norma. Ya no se trata de admirar al caudillo por sus hazañas sino de destilar su figura hasta obtener virtudes trasladables al orden político: autoridad, sacrificio, unidad, disciplina.

De ahí el paralelismo religioso que atraviesa toda su historia. Bolívar es tratado como un santo cuyo culto corre paralelo a la fe católica, enseñando virtudes políticas complementarias a las verdades religiosas, sin alcanzar el estatus de Dios, lo que sería blasfemia. Este acomodo teológico no es retórico. En hogares de todas las clases sociales y en espacios públicos, los retratos del Libertador comparten pared con las imágenes de santos, funcionando como emblemas de libertad, de comienzos nuevos, de justicia. La devoción hispanoamericana a los santos, que el Concilio de Trento quiso encauzar hacia el ejemplo moral pero que la práctica popular volcó hacia la intercesión, ofreció el molde disponible para acoger al héroe civil sin fricción.

El paralelismo explica también dos fases distinguibles del culto. Una temprana, más espontánea y popular, en la que el retrato circula, se cuelga, se apuñala o se fusila según la temperatura política del momento. Otra más tardía, reglamentada e inspirada por el gobierno, en la que el símbolo se vuelve materia de política de Estado: estatuas encargadas, ceremonias oficiales, textos escolares, panteones. La transición entre ambas es lenta, no lineal, y está atravesada por los conflictos partidistas que definirán el siglo.

Los orígenes: 1830 y el escarnio del retrato

El culto nace, paradójicamente, en el momento del rechazo. En diciembre de 1830, Bolívar muere en la Quinta de San Pedro Alejandrino, cerca de Santa Marta, donde había recibido albergue de don Joaquín de Mier. Muere derrotado, apartado del poder, con la Gran Colombia deshaciéndose a su alrededor: Venezuela y Ecuador se separan ese mismo año, y la Nueva Granada tardará hasta 1832 en consolidarse como república independiente bajo la presidencia de Francisco de Paula Santander.

Mientras el Libertador enfermo navegaba río abajo alejándose de Bogotá, sus enemigos quemaban su efigie y maldecían su nombre en las calles. En la capital, en 1830, se fusilaron dos retratos de Bolívar como acto de repudio político. Los adeptos del Libertador, por su parte, apuñalaron un retrato de Santander. Estas violencias sobre la imagen —el fusilamiento simbólico, la puñalada al lienzo— son la evidencia más nítida de que el retrato heroico ya operaba como suplemento del cuerpo real. Hacer daño a la efigie era una forma de tocar al hombre. El culto y el anticulto nacen juntos, y comparten el mismo lenguaje material.

El clivaje que estalla en esos retratos venía de atrás. Desde 1826, Bolívar había promovido un proyecto basado en la Constitución boliviana que establecía un presidencialismo vitalicio con poderes casi monárquicos. La Convención de Ocaña de 1828 selló la fractura: los bolivarianos se retiraron mientras los santanderistas se declaraban sujetos a la Constitución de 1821. De ese cisma —bolivarianos contra santanderistas, autoridad contra ley, orden contra libertades— nacieron, con matices, los partidos políticos colombianos. Santander asumió la presidencia de la Nueva Granada en 1832 con un estilo sectario, sin interés en conciliar a quienes habían apoyado la dictadura de Bolívar, y esa intransigencia empujó a los conciliadores hacia coaliciones nuevas. Entre los ministeriales —partidarios del gobierno con subdivisiones internas— y los liberales civilistas del grupo de Santander y Azuero se fue armando el mapa que darían por herencia al bipartidismo.

En ese mapa, el nombre de Bolívar quedó marcado. Para el santanderismo triunfante, era la sombra del cesarismo. Para los antiguos bolivarianos —civiles como el historiador José Manuel Restrepo entre ellos—, era el fundador cuyo legado había que rescatar del vituperio. La primera batalla del culto se libra en ese terreno: no si Bolívar merece memoria, sino qué memoria merece.

La consagración material: iconografía de un padre

En las tres décadas siguientes a su muerte, el culto encuentra sus formas duraderas. Se trata, sobre todo, de un trabajo iconográfico: producir imágenes que fijen quién era Bolívar y, con ello, qué es la nación.

El retrato pintado por José María Espinosa en 1819 es la pieza inaugural de esa iconografía. Bolívar aparece de frente, con la mano derecha apoyada sobre el hombro de una figura femenina infantil sentada en una roca a manera de trono, alegoría de la República. Marta Traba lo consideró la pieza maestra del género. Lleva inscripta la fórmula Post Nubila Faebus —después de las nubes, el sol— y una nota que precisa la edad exacta del retratado: 36 años y 6 meses. Depositado en la Casa de Moneda de Bogotá, fue trasladado más tarde al Museo por disposición del Ministro del Tesoro, una circulación institucional que muestra hasta qué punto la efigie era ya patrimonio del Estado. Espinosa volvería sobre el tema en 1828, en un medallón donde Bolívar aparece con los brazos cruzados, imagen que Traba asocia con la desilusión política del hombre y el perfil de la dictadura.

Pero la operación decisiva fue tridimensional. El 20 de julio de 1846, durante la presidencia de Tomás Cipriano de Mosquera, se levantó en la Plaza Central de Bogotá la estatua del Libertador, obra del escultor italiano Pietro Tenerani. Discípulo de Canova, Tenerani es quizás el artista extranjero más influyente en Colombia en la primera mitad del siglo XIX, y dedicó una larga serie de obras a Bolívar. Su estatua bogotana convirtió la Plaza Mayor en Plaza Bolívar: la topografía urbana de la capital quedó reconfigurada por el culto. Que la iniciativa fuera de Mosquera —militar formado en las guerras bolivarianas, futuro caudillo indócil— y no de un santanderista puro es significativo. En 1846 la política colombiana ya había abandonado el purismo antibolivariano de los años treinta.

La otra vertiente monumental fue caraqueña, pero su eco cruzó los Andes. El 3 de agosto de 1851, Carlos Castelli propuso en Venezuela erigir una magnífica estatua ecuestre de bronce. Recaudó los fondos, encargó la fundición a Tenerani, y en 1852 la obra fue inaugurada. El modelo ecuestre se difundiría por América del Sur en las décadas siguientes, en un momento en que las jóvenes repúblicas necesitaban urgentemente construir imaginarios colectivos e identidades nacionales. Bolívar a caballo, en bronce, en el centro de una plaza, se volvió gramática compartida.

A ese lenguaje se sumó la iconografía funeraria de Carmelo Fernández, veterano de la batalla de El Santuario y uno de los pioneros de la cultura visual de la nación en los años 1840-1850. Sus grabados de las ceremonias de traslado de los restos de Bolívar —reproducidos en el libro del relator Simón Camacho y en el periódico El Venezolano— tomaron como modelo los grabados de los funerales de Napoleón. Existió un intercambio con casas francesas de impresión, principalmente Thierry-Frères, que produjo una edición parisina de las láminas. El culto colombiano y venezolano no se inventó a sí mismo: importó, tradujo y adaptó las formas de legitimación monumental europeas, con Napoleón como plantilla no confesada.

La escritura de una patria: los próceres en el papel

Junto al bronce y el óleo, el culto necesitó texto. La escritura de la historia nacional en Colombia se hizo, durante todo el siglo XIX, de la mano de la política, y participó en la creación de la institucionalidad estatal con énfasis obsesivo en la unidad nacional. Las primeras obras históricas colombianas usaron la noción de pasado para consagrar los orígenes de la República, dando carácter fundacional a las acciones de los héroes epónimos de la Independencia.

La Historia de la revolución de José Manuel Restrepo —aquel civil ministerial que sobrevivió al régimen— es la matriz de esa operación. Germán Colmenares la llamó, con exactitud severa, una prisión historiográfica: durante generaciones, la escritura colombiana sobre la Independencia se pensó dentro de sus rejas. Restrepo fijó la trama, los personajes principales, los villanos secundarios, la jerarquía de mártires. Bolívar salió de esa pluma como el arquitecto insustituible.

En las últimas décadas del siglo XIX, la operación textual se consolidó. Las representaciones de los próceres combinaron imagen y texto para apelar simultáneamente al intelecto y a la emotividad. Los grandes hombres eran exaltados por su valentía, su inteligencia, su elocuencia, su firmeza. Estas virtudes, según el argumento tácito, justificaban el lugar social que ocupaban y establecían una distinción moral e intelectual entre ellos y el resto de la sociedad. El culto no era solo devoción: era una teoría política de la desigualdad legítima. Bolívar como padre de la patria implicaba que la patria tenía padres, y por tanto hijos que debían obedecer.

Los radicales frente al Libertador: 1863-1878

Aquí entra la anomalía que este artículo quiere iluminar. Durante los Estados Unidos de Colombia, entre 1863 y la emergencia de la Regeneración, el culto bolivariano vivió un eclipse relativo. No una abolición —eso hubiera sido imposible, dada la densidad iconográfica ya acumulada— sino un reencuadre, un desplazamiento de foco, un silencio productivo.

La Constitución de Rionegro de 1863 estableció nueve estados soberanos. Redujo drásticamente el poder del Ejecutivo nacional. Otorgó amplias libertades individuales, incluidas la religiosa, la de expresión y la de prensa. Los redactores impusieron obstáculos formidables para cualquier reforma constitucional, entre ellos la exigencia de unanimidad de todos los estados. Detrás del diseño había una desconfianza fundada: entre los seguidores del general Mosquera y los liberales independientes, la posibilidad del caudillismo era una amenaza cercana. La Constitución no mencionaba a Bolívar como demonio, pero cada uno de sus artículos era una respuesta implícita al modelo del presidencialismo fuerte que el Libertador había defendido desde 1826.

La ideología de los dirigentes radicales bebía de fuentes que nada debían a la épica libertadora. Bastiat en economía, Juan Bautista Say en teoría política, el utilitarismo de Jeremías Bentham enseñado en las escuelas de derecho: un liberalismo clásico continental que pensaba la sociedad como agregado de individuos con derechos, no como cuerpo unido bajo un padre. Manuel Murillo Toro, Aquileo Parra, Santiago Pérez, Salvador Camacho Roldán, José María Samper —los nombres del período— eran hombres de despacho y de prensa, no herederos de la espada. Sus proyectos —telégrafo, ferrocarriles, escuelas públicas laicas, secularización del registro civil, colonización de tierras baldías— pertenecían a un imaginario de progreso técnico y ciudadanía civil que no necesitaba, o incluso estorbaba, la figura ecuestre.

Esa distancia no era frivolidad ideológica. Los radicales habían vivido, muchos en carne propia, las guerras civiles de mitad de siglo, y su desconfianza hacia el caudillismo tenía raíz biográfica antes que doctrinal. Habían visto cómo un general victorioso podía suspender constituciones y organizar su propio panteón. Preferían una república gris, administrada por abogados y comerciantes, a una república épica gobernada por herederos de la espada. En esa opción tácita, Bolívar quedaba del lado equivocado.

El liberalismo radical impulsó, en efecto, un sistema educativo público laico —la Reforma Instruccionista de 1870— que le enajenó a la Iglesia y contribuyó, junto con otras causas, al estallido de la guerra civil de 1876-1877. En el conflicto, la lectura conservadora del país empezó a rearmarse, y con ella empezó a rearmarse Bolívar. Fue precisamente durante la segunda mitad del siglo XIX, bajo la acción del Liberalismo Radical y bajo la influencia positivista, cuando Colombia se incorporó al movimiento científico moderno y generó una corriente intelectual propia. Esa corriente desplazó la épica bolivariana por agendas de progreso, ciencia y laicismo: no la refutó, la volvió irrelevante para los debates del día.

Hay un indicio revelador en la escritura crítica del período. En un índice temático de la época, se agrupan como entradas consecutivas Los conatos de dictadura, Bolívar y Melo —el general que había protagonizado el golpe de 1854. La secuencia dice mucho: para la sensibilidad radical, Bolívar pertenecía al capítulo del autoritarismo, no al del panteón. Se lo pensaba junto a los golpistas, no junto a los fundadores puros. La estatua de Tenerani seguía en la Plaza, los retratos seguían en las casas, pero el discurso público del régimen tenía otras urgencias.

No fue un silencio militante. No hubo campaña iconoclasta, no hubo demolición de monumentos, no hubo purga de nombres en calles. Fue algo más eficaz: un olvido oficial que dejó el símbolo disponible. Los valores que la Constitución de 1863 y el período radical impusieron como ideología política nacional —el origen popular del poder, la igualdad de derechos, la inviolabilidad de la vida humana— no eran incompatibles con Bolívar, pero podían prescindir de él. Y prescindieron.

Núñez y Caro: la colonización regeneradora

La reactivación del culto tiene fecha simbólica: 1 de abril de 1878. Ese día, Rafael Núñez, como presidente del Senado de Plenipotenciarios, enunció el dilema fundacional del ciclo siguiente: regeneración administrativa fundamental o catástrofe. En su momento, Núñez entendía por regeneración administrativa algo más limitado que lo que vendría —una corrección de rumbo dentro de las instituciones vigentes, no la ruptura constitucional. Pero la fórmula prendió, y el término bautizó un régimen.

La Regeneración, consolidada en 1886, fue liderada por Núñez en alianza estrecha con Miguel Antonio Caro y el Partido Conservador. Núñez venía del liberalismo, pero el régimen que ayudó a fundar derivó en una hegemonía conservadora que se prolongaría hasta 1930. La Constitución de 1886 —en gran parte obra de Caro, principal pensador conservador de la época, firme defensor de la Iglesia y de la fe católica, cuyo pensamiento se leía en su periódico El Tradicionista— extinguió la forma federal, reorganizó el territorio en departamentos, amplió el período presidencial a seis años y excluyó al liberalismo radical de todo espacio institucional. El Concordato de 1887 remató el viraje: catolicismo como religión oficial, restitución de propiedades eclesiásticas confiscadas, educación pública atada a los preceptos de la Iglesia, abolición del divorcio civil.

Bolívar fue rescatado del semiolvido radical y elevado a portaestandarte de la nacionalidad. Los regeneradores sustituyeron el ultra-individualismo liberal por valores autoritarios, y la Constitución de 1886 reflejó ese viraje hacia la autoridad. Para legitimar la ruptura, necesitaban un pasado que respaldara la centralización, la unidad, la mano firme. Bolívar —el Bolívar del proyecto de 1826, el del presidencialismo fuerte, el que los radicales habían archivado junto a los golpistas— era el candidato perfecto. No hubo que inventarlo: bastó con desempolvarlo y ponerlo al frente.

La operación fue elegante. Los regeneradores construyeron una narrativa histórica que glorificaba a Bolívar como referente fundacional y presentaba su propio proyecto político como continuación natural de aquel orden. La Regeneración no se planteó como novedad sino como restauración: se venía a completar lo que el Libertador había querido y la anarquía liberal había frustrado. Ese relato de continuidad —una república fundada por un padre autoritario, extraviada por hijos liberales, restaurada por herederos legítimos— fue el mito operativo del ciclo.

El acomodo entre culto bolivariano y catolicismo oficial funcionó porque el terreno ya estaba preparado. El paralelo entre santo y héroe, entre virtudes religiosas y virtudes políticas complementarias, permitió que el Libertador ocupara un lugar canónico sin desplazar a los santos católicos. La Constitución confesional y la iconografía cívica compartieron altar. Las escuelas públicas, ahora bajo preceptos católicos, enseñaban a la vez el catecismo y la vida ejemplar de Bolívar. La distinción moral e intelectual entre los grandes hombres y el resto de la sociedad, ya establecida por la historiografía decimonónica, encajaba con la jerarquía eclesiástica sin fricción.

Núñez y Caro provenían de la república de las letras, y usaron esa formación para orientar el discurso público. Intentaron controlar la prensa bajo el principio de responsabilidad de la prensa, con éxito variable. El clientelismo regeneracionista resultó más voraz y excluyente que el anterior, en parte porque aumentaron los recursos fiscales. La intransigencia de Caro en mantener políticas conservadoras y excluir a los liberales del poder contribuyó al clima que desembocaría en la Guerra de los Mil Días, entre 1899 y 1903 —una guerra cuyos vencidos serían, precisamente, los herederos de aquel radicalismo que había pretendido gobernar sin necesidad del Libertador.

La red de una idea: personas, lugares, cosas

El culto bolivariano no es una abstracción. Circula por personas concretas, se instala en lugares específicos, adopta objetos precisos. Esa materialidad es lo que le da fuerza: cuando el discurso oficial vacila, quedan los bronces, los cuadros, las placas, y son ellos los que siguen enseñando quién es el padre y quiénes los hijos.

Las manos que lo construyeron forman una cadena reconocible pero no armónica. Espinosa pinta en 1819 al Libertador todavía joven, apoyado en la República niña, y vuelve sobre él en 1828 con un medallón que ya adivina la desilusión. Tenerani, desde su taller romano, esculpe en el mismo bronce a Bogotá y a Caracas, y con ese doble encargo exporta a los Andes un neoclasicismo aprendido con Canova que sirve indistintamente a Mosquera y a Guzmán Blanco. Carmelo Fernández traduce la ceremonia funeraria en grabados que dialogan con Thierry-Frères en París, calcando el modelo napoleónico sin declararlo, y esa filiación silenciosa dice mucho sobre cómo se piensa la nación desde la copia. Restrepo escribe la matriz historiográfica que Colmenares llamará prisión, y dentro de esa prisión trabajarán durante casi un siglo quienes crean que están simplemente contando la Independencia.

Del otro lado, o al margen, se organiza el contracanto. Santander y sus herederos radicales —Murillo Toro, Parra, Pérez, Camacho Roldán, Samper— no destruyen al Libertador: lo dejan en el olvido táctico. Vargas Vila, más tarde y desde el exilio libelista, escoge la acidez pura. Y en la vereda de enfrente, Caro institucionaliza a Bolívar como referente constitucional, Núñez lo instrumentaliza como sello del régimen, Rufino José Cuervo lo escolta desde la filología conservadora. El culto no es obra de un consenso sino el saldo provisional de esas fuerzas encontradas.

Los lugares dan cuerpo a la disputa. La Plaza Mayor de Bogotá, rebautizada Plaza Bolívar en 1846, deja de ser espacio urbano cualquiera para volverse escenario en el que la nación se representa a sí misma —y donde, con cada régimen, la estatua misma cambia de sentido sin moverse un centímetro. La Quinta de San Pedro Alejandrino, escenario de la muerte, se convierte en santuario. Caracas, con su estatua ecuestre de 1852 y su Panteón Nacional, ofrece el modelo monumental que Bogotá completará a su manera. Rionegro, sede de la Constitución radical, funciona como contralugar simbólico: allí donde se piensa una república sin padre. Panamá —entonces uno de los Estados Unidos de Colombia— y las ciudades del río Magdalena participan en la circulación de imágenes y textos, tejiendo una geografía del culto que excede con mucho la capital.

Los objetos completan el sistema. La placa de plomo del ataúd original de Bolívar, entregada a la tripulación del buque Venus como homenaje por su conducta durante el traslado de los restos, fue exhibida en la Exposición Nacional de Venezuela de 1883 como reliquia integrada a una colección bolivariana. Es un gesto revelador: el culto trata al héroe como cuerpo distribuido, y cada retrato, cada estampa, cada medalla, cada fragmento de féretro funciona como pieza de ese cuerpo simbólico repartido por salones, oficinas y aulas. Los rituales cierran el círculo. El traslado de los restos de Bolívar —ordenado por Antonio Guzmán Blanco desde Venezuela y ejecutado con toda la escenografía imaginable, copiando los funerales de Napoleón, con grabados encargados a Fernández y edición parisina— fue el momento en que un cuerpo enfermo muerto en 1830 se convirtió, sesenta años después, en cadáver fundacional. El siglo XIX cerró con Bolívar recolocado en el altar mayor.

Huella: siglo XX y reactivaciones

El culto que la Regeneración entronizó sobrevivió al régimen que lo entronizó, y esa supervivencia es lo que hace del siglo XX una posdata larga y no un capítulo aparte. La hegemonía conservadora terminó en 1930, pero la imagen ideal de la nación colombiana acuñada en el siglo XIX fue compartida a lo largo del XX por académicos, grupos dirigentes y movimientos políticos —incluidos los partidos de izquierda, pese a representar proyectos incompatibles entre sí. Bolívar como padre de la patria se volvió punto de partida común, y las disputas se libraron sobre cómo interpretarlo, no sobre si conservarlo. Ese consenso sordo es la victoria póstuma más eficaz del proyecto regenerador.

La historiografía académica tradicional, encarnada en la Academia Colombiana de Historia, mantuvo una posición dominante durante décadas. Desde los años treinta, sin embargo, empezaron a emerger nuevos fundamentos epistemológicos y grupos con proyectos políticos distintos que cuestionaron o revisaron las narrativas establecidas. Divulgadores liberales como Germán Arciniegas introdujeron al pueblo o la plebe como elemento constitutivo de la nación, matizando el esquema decimonónico centrado en figuras heroicas sin romper del todo con los principios interpretativos de la Academia. Bolívar seguía ahí, pero rodeado ahora de multitudes anónimas. Se trata de una revisión importante, pero cuidadosa: cambia el marco del retrato, no el retrato.

La reactivación más audaz del culto en el siglo XX vino de un lugar inesperado, y su ironía histórica merece atención. Desde comienzos de los años noventa, las FARC —guerrilla de inspiración marxista— desarrollaron un imaginario patriótico saturado de referencias bolivarianas. La bandera colombiana apareció en su escudo, en la indumentaria y en actos públicos como las negociaciones del Caguán; las milicias urbanas se llamaron Bolivarianas; cada Frente fue bautizado no solo con un número sino también con el nombre de un héroe de la gesta libertadora, de modo que la estructura orgánica misma quedó tejida con el santoral de la Independencia. El himno y los cantos de la organización incluyeron referencias a Simón Bolívar, y dentro del secretariado se cultivó una línea de reflexión bolivariana que remontaba a Jacobo Arenas y encontró en Pablo Catatumbo a uno de sus voceros más constantes. Que la retórica que la Regeneración conservadora había convertido en religión de Estado un siglo antes reapareciera adaptada a una insurgencia comunista dice más sobre el símbolo que sobre las FARC: prueba, otra vez, la plasticidad de un nombre que sirve para todo porque no exige, en realidad, un contenido político definido.

El contraste venezolano acompañó todo el siglo XX y desembocó, ya en el XXI, en el bolivarianismo chavista de Hugo Chávez Frías —fenómeno cuyo impacto sobre la política colombiana pertenece a otra historia, pero cuya existencia terminó de confirmar que el Libertador, un siglo y medio después de su muerte, seguía siendo la moneda de curso más elástica del imaginario político andino. Del otro lado de la frontera, Colombia recibió una versión hipertrofiada del culto que había sido invento compartido en el siglo XIX, y esa hipertrofia funcionó como espejo incómodo: mostraba, en gran escala, lo que la iconografía interna había hecho en pequeño.

Un símbolo sin dueño estable

Mirado desde la larga duración, el culto bolivariano en Colombia enseña una lección incómoda sobre los símbolos políticos: no tienen propietario permanente. La misma figura que fue fusilada en efigie en 1830 fue esculpida en 1846, ignorada en 1863, reactivada en 1886, disputada en el siglo XX y adoptada por una guerrilla de izquierda en los años noventa. Cada régimen y cada movimiento le encontró una utilidad distinta —o le encontró la utilidad de no usarla.

El período radical de los Estados Unidos de Colombia no fue una anomalía olvidable en esa historia. Fue el momento en que se probó que una república podía intentar pensarse sin necesidad del Libertador —con Bastiat, Bentham, ferrocarriles y escuelas laicas—, y el experimento fracasado tuvo la consecuencia paradójica de dejar el símbolo disponible para que otros lo tomaran con más fuerza. La Regeneración no inventó a Bolívar como padre de la patria: culminó un proceso que venía desde 1846 y desde las primeras historias nacionales. Pero al fusionarlo con el catolicismo, el centralismo y la autoridad ejecutiva, lo convirtió en propiedad de un solo campo político durante casi medio siglo.

Ese secuestro terminó con el fin de la hegemonía conservadora en 1930, pero la operación simbólica dejó huellas profundas. La sensación —persistente en el siglo XX y aún hoy— de que hablar de Bolívar en Colombia es hablar desde una posición ideológica, y no desde un consenso neutro, se explica por esa historia. El culto bolivariano nunca fue una devoción nacional espontánea. Fue el nombre que tomó, en cada momento, la disputa por definir quién manda, cómo se gobierna y qué patria se hereda. Y lo será todavía mañana, porque un símbolo sin dueño estable es también un símbolo que nunca termina de decidirse: cada generación llega a la Plaza y encuentra la misma estatua esperando que alguien le diga, otra vez, de qué lado está.

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En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

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Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Simón Bolívar: figura histórica cuya imagen, muerte y legado constituyen la materia prima sobre la que se construye, disputa y transforma el culto a lo largo del siglo XIX
  2. 02Pietro Tenerani: escultor italiano, discípulo de Canova, autor de la estatua de la Plaza Bolívar en Bogotá (1846) y de la estatua ecuestre de Caracas (1852), artífice material de la consagración monumental del culto
  3. 03José María Espinosa: pintor colombiano cuyo retrato de Bolívar de 1819 es considerado la pieza maestra de la iconografía bolivariana y primer hito de la consagración visual del culto
  4. 04Tomás Cipriano de Mosquera: presidente bajo cuyo mandato se erigió la estatua de Tenerani en Bogotá en 1846, encarnando la apropiación del culto por el caudillismo militar bolivariano
  5. 05Francisco de Paula Santander: figura antagónica cuyo santanderismo triunfante marcó a Bolívar como sombra del cesarismo, generando el anticulto que paradójicamente alimentó la necesidad de consagración posterior
  6. 06Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro: artífices de la Regeneración (1880-1886) que colonizaron la figura bolivariana y la convirtieron en patrimonio conservador, cerrando el ciclo de apropiaciones del siglo XIX
  7. 07Constitución de Rionegro (1863): marco institucional del período radical que representó el eclipse relativo del culto bolivariano al reencuadrar el imaginario nacional hacia el federalismo, la ciencia y el laicismo
  8. 08Plaza Bolívar, Bogotá: espacio urbano reconfigurado por el culto a partir de 1846, símbolo de la consagración topográfica de Bolívar como padre de la patria en el corazón de la capital
06

Documentos y fragmentos citados

42 documentos · 54 fragmentos

01El Dorado: estampas de viaje y cultura de la Colombia suramericanaErnst Röthlisberger · 2017 · p. 4291 cita
[1]

dio a sus difamadores ocasión para nuevas sospechas. Pero por mucho que todo pareciera desafiarle a un último combate, por mucho que le hostigara su misma patria, Ve- nezuela, declarándole fuera de la ley y pidiendo su expul- sión de Colombia, por mucho, también, que se le instaba desde Bogotá para que regresase,…

p. 429
02Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 3741 cita
[2]

el Brazo de Loba, cerca de Magangué. Todas las campanas de todas las iglesias de Mompox anunciaron su llegada. Pero la cálida bienvenida era, sobre todo, una indicación del aislamiento de la ciudad; Mompox poco sabía de las intrigas políticas y de las retorcidas traiciones que habían determinado el destino del…

p. 374
03Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 82, 1012 citas
[3]

adeptos de Bolívar apuñalaron un retra - to de Santander. A su vez, en 1830 se fusilaron dos retratos de Bolívar en Bogotá. Estas tensiones continuaron después de la muerte de los repre - sentados” (Robledo Páez, 2018, p. 89). Lo anterior ayuda a comprender la dimensión funcional de las imágenes de héroes nacionales…

p. 101
[16]

que los retratos de Bolívar muestran un rostro visible y construido del héroe; son unos nuevos medios portadores que funcionan como suplemento del cuerpo real y que fueron elaborados con determinados papeles en las interacciones entre el artista y el modelo. 82 Editored rsiacordérmfirs9cred oa fi9d 7firiad as…

p. 82
04Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 299, 3452 citas
[4]

Peru Founding of P á cora in new colonization zone, Antioquia Painter José Mar í a Espinosa creates portrait of Simón Bol í var 1829 Military uprising against Bol í var’s dictatorship Shipyard project, to build steamships Juan Garc í a del R í o writes Meditaciones Colombianas 1830 —Constitutional assembly…

p. 299
[53]

University of Leuven, 231 Cauca, Department of, 29, 39, 46, 46, 50–51, 115, 128, 262 Cauca River, 8, 12, 92–93, 113, 172, 175, 177, 180 Cauca Valley. See Valle del Cauca, Department of caudillo (strongman), 48, 53–54, 68, 73–74, 77, 93 Cayos expedition, 27 CELAM (Latin American Episcopal Conference), 233 Centenary…

p. 345
05Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 4081 cita
[5]

c i ó n d e lnuevo P r e s i d e n t e,al ac u a l no s esometió B o l í v a rpor haber renuncia do d e f i n i t ivamente ae s a i n v e s t i d u r a. Los amigos de B o l í v a rpostularonentoncesaEusebio María Canabal,quien debía e n f r e n t a r s econ Joaquín Mosquera, apoyado,asuv e z,por l o sdenominados l i b…

p. 408
06Guns, Drugs, and Development in ColombiaJennifer S. Holmes, Sheila Amin Gutiérrez de Piñeres, Kevin M. Curtin · 2008 · p. 331 cita
[6]

Terri- torial Division Law” of June 25, 1824 (Ireland 1938). There were nine origi- nal departments (then called sovereign states) in what is today the north of Colombia and Panama (Antioquia, Bolívar, Cauca, Cundinamarca, Magda- lena, Panama, Santander, and Tolima; see Figure 2.4). When Simón Bolívar died, in 1830,…

p. 33
07Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1421 cita
[7]

bolivarianos La Constitución de Cúcuta, de 1821, que incluía a Venezuela y Quito, instauró un régimen centra- Camilo Torres, líder fede- ralista. Centralismo y fe- deralismo fueron el origen de los partidos políticos. lista que, sin embargo, no encontró mayor oposición ni generó bandos definidos hasta 1826, cuando el…

p. 142
08Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 127, 1432 citas
[8]

rita de los pol í ticos, incluso para romper las reglas acordadas por los representantes del “ pueblo ”. En 1811, Antonio Nari ñ o dio el primer golpe de Estado, al derribar, a nombre del bien com ú n, con el apoyo de los militares, el gobierno de Jorge Tadeo Lozano. Entre 1811 y 1815 los dirigentes criollos,…

p. 127
[28]

el fraude para garantizar ese voto era grande, tanto para los poderes locales como para el gobierno de la federaci ó n. Las divisio nes del Partido Liberal se convert í an en incentivos para golpes y re voluciones y, como dos estados fueron dominados por los conserva dores (Antioquia y Tolima), la disputa por los…

p. 143
09Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 1201 cita
[9]

muchos escultores extranjeros que trabajaron en nuestra patria. A la derecha, estatua del Libertador en la plaza Bolivar de Bogota, obra original del escultor italiano Pietro Tenerani, el artista extranjero que mas influyé en Colombia en la primera mitad del siglo XIX. Tepresentan a las republicas por él liberadas,…

p. 120
10Bogotá un museo a cielo abierto. Guía de esculturas y monumentos conmemorativos en el espacio públicop. 111 cita
[10]

que en la medida en que avancemos en la valoración de la totalidad de las obras que por cierto se instalan a diario en parques y avenidas encontraremos probablemente otras tantas obras tan valiosas como las que presentamos a continuación. Monumento a Tomás Cipriano de Mosquera, ca 1928. Tarjeta Postal 13 Sector Centro…

p. 11
11Breve historia de BogotáMarco Forero · 2016 · p. 941 cita
[11]

ordenado por el presidente Tomás Cipriano de Mosquera, a partir de 1848, y que tuvo la participación del arquitecto europeo Thomas Reed. Durante ese mismo periodo presidencial, se levantó el 20 de julio de 1846 la estatua del Libertador Simón Bolívar en la plaza Central. Uno de los historiadores más importantes del…

p. 94
12The Struggle for Power in Post-Independence Colombia and VenezuelaMatthew Brown · 2012 · p. 1711 cita
[12]

on August 3, 1851, and Castelli proposed “a magnificent bronze equestrian statue of the type that very few cities in Old Europe can claim, a statue which the people would claim as their own.” 14 His fundraising was Figure 9.1 Statue of Bolívar in Central Caracas Source: Photo by author (2011). T H E EN D O F B O L I…

p. 171
13Manual de arte del siglo XIX en ColombiaBeatriz González Aranda · 2017 · p. 92, 2702 citas
[13]

Este retrato es obra del artista Espinosa. Al pie del retrato se lee: « Post Nubila Faebus. Simón Bolí- var, Libertador y padre de la Patria». A la izquierda, y en letra más pequeña: «hecho en 1819, edad 36 años 6 meses». Este retrato estaba en la Casa de Moneda, de donde se trajo al Museo por disposición del señor…

p. 92
[15]

el siglo xix, para quienes el dibujo del artista era una obra efímera que pasaba a mano de dibujantes y grabadores. Hasta el nombre del autor del original desa- parecía la mayor parte de las veces y era reemplazado por el de aquel que adaptaba el diseño a las necesidades de la casa impresora. Los grabados de Fernández…

p. 270
14Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · p. 841 cita
[14]

de las relaciones de clase sostenidas durante la Colonia; quien previene, sin embargo, acerca de los males que ocurrirán con la ceguera de las clases dirigentes, una vez que tomen el poder; quien en 1828, ya profundamente desilusionado acerca de la aceptación de sus teorías políticas y abocado a la desmembración de la…

p. 84
15Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 3281 cita
[17]

time asserting his manhood as a glorious lover. There were many Bolívars here, with any of whom people could identify. Venezuelan nationalist, American hero, macho male, Bolívar conformed to the roles. But hero-worship was not the same as the cult. This had a greater purpose. Bolívar was a model for the nation. A…

p. 328
16Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 321 cita
[18]

que al Nuevo Testamento, hizo que el pueblo tomara a los santos más que como sus verdaderos custodios. Así, se llegó a considerar a los santos casi que como deidades paralelas, o al menos auténticos intercesores ante Dios, antes que ser percibidos como modelos de vida, este último aspectos era, a fin de cuentas, el…

p. 32
17Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 1, 354 citas
[19]

27 Capítulo I Instaurar una tradición: las porfías de la historia nacional En el siglo aparecieron las primeras obras que utilizaron la noción de pasado para consagrar los XIX orígenes de la República. Las condiciones posteriores a la Independencia permitieron que los hombres de letras que elaboraron ejercicios de…

p. 1
[36]

44 Capítulo II Institucionalizar el pasado nacional Las pretensiones de los escritos históricos del siglo eran obvias: construir un espacio de XIX comprensión homogéneo que instaurara los elementos donde podrían insertarse las redes de pertenencia y legitimidad que cubrieran por igual a todas las regiones geográficas…

p. 1
[43]

79 Capítulo III Los revisionismos históricos: el momento de los años treinta Un autor no especializado se dirige a un público no especializado, con la intención de divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente. Eduardo Galeano en (1971) Las venas abiertas de…

p. 1
[44]

con las valoraciones que hacen muchos de los historiadores profesionales, y muchos otros intelectuales, sobre los legados de sus contrapartes “tradicionales”. Al respecto es ejemplar, para citar un caso reciente, Jorge Núñez Sánchez, “La historiografía ecuatoriana contemporánea”, en (Sevilla), vol. 53, n.º 1, 1996,…

p. 35
18Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 691 cita
[20]

el mundo antiguo, los contemporáneos y el porvenir entonan un coro para celebrar su gloria. Así, las representaciones en torno al que se fue consolidando en las últimas décadas del XIX como el padre de la patria se volvieron más intrincadas en cuanto combinaron la imagen y los textos apelando de diferentes maneras al…

p. 69
19Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 1971 cita
[21]

y ganados. Así, la política se alimentó de formas múltiples de so- cialización, que se expresaron desde los inicios del siglo xix mediante sociedades masónicas, populares, religiosas, democráticas y de artesanos; algunas de ellas sirvieron de apoyo a dirigentes liberales, dentro de una visión más po- pulista del…

p. 197
20Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 38, 412 citas
[22]

lución colombiana con la de otros paí- ses latinoamericanos, o si se advierte que la inestabilidad política no fue in- ferior bajo el imperio de constitucio- nes centralistas y autoritarias, el re- sultado no fue tan negativo, y bajo la vigencia de estas constituciones se fue- ron consolidando mecanismos de po- der…

p. 38
[26]

algunos tenían fortunas independientes, más bien modestas, y cuidaban alguna ha- cienda o un negocio comercial, la ma- yoría de los dirigentes radicales se ha- bía dedicado ante todo al mundo de la política y de la ideología. Cuando no ocupaban un cargo público, un minis- terio o la presidencia, la enseñanza y el…

p. 41
21¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 651 cita
[23]

garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

p. 65
22Colombia: A Country StudyRex A. Hudson (editor) · 2010 · p. 1221 cita
[24]

Liberals changed the name of the country from Granadine Confederation (as in the 1858 constitution) to United States of New Granada (Estados Unidos de Nueva Granada, 1861-63). This action was followed by the adop- tion, in 1863, of another constitution that restored the name Colombia (more specifically Estados Unidos…

p. 122
23Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 107, 1142 citas
[25]

texto: «[estas] se unen y confederan a perpetui- dad consultando su seguridad exterior y recíproco auxilio y forman una Nación libre, soberana e independiente, bajo el nombre de Estados Unidos de Colombia». En los poco más de cincuenta años que transcurrieron entre la conformación de la junta de Gobierno de 1810 y la…

p. 107
[34]

central de intervenir en la política de cada estado soberano en la década de los setenta, y la de unos estados intentando mani- pular la de los vecinos, trajo consigo un resquebrajamiento no sólo de la unidad política sino también del mercado interior, porque las rivalidades llevaron a implantar adua- nas que frenaban…

p. 114
24Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 3201 cita
[27]

so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

p. 320
25Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 1151 cita
[29]

hacer rato que yo tenía diez años! 117 § Una ojeada sobre Colombia El país — Su configuración — Ríos y montañas — Clima — División política — Plano intelectual — El Cauca — Porvenir de Colombia — Organización política — La capital — La Constitución — Libertades absolutas — La prensa — La palabra — En el Senado — El…

p. 115
26Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 401 cita
[30]

Mutis, Alexander Von Humboldt, Agustín Codazzi y muchos otros más, que recorrieron nuestras tierras anotando todo lo que sus ojos maravillados descubrían. A través de ellos llegaron a estas partes las ideas de la Ilustración. Y es conocida la influencia de estas ideas, tanto en las gestas de nuestra independencia…

p. 40
27Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · p. 101 cita
[31]

el Senado de Plenipotenciarios, tom6 posesion de la jefatura del gobierno de la Union Colombiana el general Ju- lian Trujillo, el presidente de la corporacién, doctor Rafael Nunez, inaguro el periodo de la denominada «regeneracién», implicita en este enunciado suyo: hemos llegado a un punto en que estamos con-…

p. 10
28Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[32]

util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…

p. 44
29Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 26, 1082 citas
[33]

Constitución de 1886 El liberalismo radical fue exciirido del gobrerao y duramente per ido, Proviamento a la elaboración de Ea Constitación.el Consejo Nacional de Delegatariós expidió un “acuendo so- bre reforma constitucional”, quese sometió a La aprobación de Los conve jos municipales, cuyos miembros provedean —…

p. 26
[46]

ninguna de las dos posiciones es satistactoria; ademas, independientemente de las exciavo- nes internas, es factible identificar a lo largo de la historia dos tendencias o talantes que conviven, precipitando o demorando el curse de los aconteci mientos ORIGEN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS COLOMBIANOS Absolutismo e…

p. 108
30Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 561 cita
[35]

as libe rt ades individuales y e nton ces decayó el núm ero y vitalidad iconoclasta de periódicos y publicaciones. Los pasquines y perió- dicos irresponsables que florecieron durante el federali smo fue- r on sustituidos por pub li caciones o btu sas y tan sectarias. N úñ cz y Ca ro, d os hombr es provenient es de la…

p. 56
31De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[37]

sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe católica, publicó un…

p. 44
[39]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
32De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 41, 442 citas
[38]

civil [...] y la sociedad religiosas". El documen- to también señala cómo la Iglesia Católica es «[una] parte esencial del orden nacio- MICHAEL J. LAROSA La Constitución de J 886 fue, en gran medida, obra de Miguel Antonio Caro. el principal pensador conservador de la época. Firme defensor de la Iglesia y la fe…

p. 44
[40]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
33Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2751 cita
[41]

de fuerte autoridad, sería elegido por un período de seis años. Núñez no quiso firmar la constitución, considerando que defraudaba justas aspiraciones nacionales y que en sus folios quedaban envueltas futuras guerras civiles. Según Miguel Samper “así concluía una época tormentosa que había comprendido la estabilidad…

p. 275
34Coffee and Conflict in Colombia, 1886-1910Charles W. Bergquist · 1986 · p. 631 cita
[42]

power, with the blessing of the state, "to impose onerous conditions on their debtors." Caro believed that behind the demand for free stipulation lay the desire to dismantle the entire re- gime of paper money that the Regeneration had constructed. Oppo- nents of paper money proceeded from the false assumption that…

p. 63
35Pensar el siglo XIX. Cultura, biopolítica y modernidad en ColombiaSantiago Castro-Gómez (ed.) · 2004 · p. 2461 cita
[45]

es de todas nuestras cosas lo único que encierra verdaderamente el alma y aire de la patria. El granadino que oiga hablar español en Esmirna o Jerusalén sentirá un vivo placer, pero se dirá ¿esa voz es granadina, americana o española? Mas si oyese preludiar un bambuco, gritara, corriendo hacia el músico: ¡es mi…

p. 246
36El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 1021 cita
[47]

í var era unificar a todo Am é rica del Sur en una rep ú blica federal cuyo dictador quer í a ser é l mismo mientras daba as í amplio vuelo a sus sue ñ os de ligar medio mundo a su nombre, el 105 poder efectivo se le escurr í a r á pidamente de las manos 80. 80 K. Marx, “ Bol í var ” en Marx y Engels, Materiales...…

p. 102
37La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 4121 cita
[48]

en las asambleas electorales; y como lo ha mostrado Patrice Gueniffey para el caso francés, este escrutinio confiere una creciente importancia a los arreglos puramente locales. 49 En la votación por el primer diputado, Caicedo obtuvo cuatro votos; en la del segundo diputado, diez; por el tercero, cuatro, igual en la…

p. 412
38Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 651 cita
[49]

the acts of repression inflicted on him and his followers by Bolívar's dictator- Page 23 ship, and his political style was clearly what came to be known in Colombia as "sectarian," or highly partisan behavior. Faithful to his own legalistic bent, Santander was careful not to violate directly the political rights of…

p. 65
39Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de ColombiaRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); con colaboración de Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Fernán González, Margarita González, Alfredo Iriarte, entre otros · 1988 · p. 1041 cita
[50]

general Santander imprimieron una identidad de «grupo politico» a sus seguidores, quienes partici- paban en las elecciones como grupos coherentes. Esto nos revela que en los citados anos treinta del siglo xix, y principalmente en el ultimo lustro, ya existian partidos politicos, a los cuales se llam6 mi- nisteriales…

p. 104
40Economía y cultura en la historia de ColombiaLuis Eduardo Nieto Arteta · 2016 · p. 691 cita
[51]

También ha interpretado equivocadamente el señor Samper la actitud política de Antonio Nariño. Oigámoslo: «Es incuestionable que cuando Nariño publicaba los Dere- chos del Hombre, a fines del siglo pasado, y conspiraba con otros criollos neogranadinos, por el anhelo de ver emancipada a su patria, pensaba y obraba como…

p. 69
41Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 2241 cita
[52]

se bau- tizara cada Frente no solo con un número, sino también con el nombre de un héroe de la “gesta libertadora”. Desde comienzos de los noventa, el imaginario patriótico se de- sarrolla de manera relevante: por un lado, se aprecia la utilización profusa de la bandera colombiana en el escudo de las farc, en la…

p. 224
42La Gran Colombia y la Gran Holanda, 1815-1830. Una relación entre sueño y realidadSytze van der Veen · 2018 · p. 3101 cita
[54]

país; se radicó en Nueva York, donde redactó sus memorias y falleció en 1873. 13 Panteón La catedral de Caracas no fue la última morada de Bolívar, ya que un cuar- to de siglo después lo volvieron a enterrar. Por orden de Antonio Guzmán 12 anpb / rree 1288 y 1294, Van Lansberge al entonces ministro de Relaciones…

p. 310