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Idea transversal

Secularización

Proceso histórico y categoría analítica por el cual el Estado, la ley, la escuela, la familia y la vida pública colombianas fueron desligándose del gobierno de la Iglesia católica; en Colombia, ese proceso fue reversible, desigual y excepcionalmente tardío en comparación con el resto de América Latina.

3.832 palabras49 documentos63 fragmentos citados
Secularización

Trayectoria de una idea

  1. 1850

    Inicio de la ofensiva liberal bajo José Hilario López

  2. 1853

    Constitución de 1853 y separación Iglesia-Estado

  3. 1861

    Decreto de desamortización de bienes de manos muertas

  4. 1863

    Constitución de Rionegro y educación laica radical

  5. 1886

    Constitución de 1886: restauración confesional

  6. 1887

    Concordato con la Santa Sede

  7. 1902

    Convención de Misiones: el Estado confesional en la periferia

  8. 1930

    Retorno liberal y disputa por la escuela

  9. 1936

    Reforma constitucional: supresión del artículo 38

  10. 1991

    Constitución de 1991: fin del régimen confesional formal

03

La lectura

La secularización en Colombia no siguió la trayectoria lineal que el liberalismo decimonónico imaginó: fue un proceso de avances abortados, restauraciones duraderas y laicidades formales que convivieron con religiosidades públicas densas. La excepcionalidad colombiana reside en que, mientras el resto de América Latina avanzaba durante el siglo XIX hacia la independencia del Estado frente al poder eclesiástico, la Regeneración hizo el movimiento inverso y supeditó el poder civil a la Iglesia mediante el Concordato de 1887, el más longevo del continente. La debilidad estructural del Estado —que en 1861 valía apenas una quinta parte del patrimonio eclesiástico— explica por qué la Iglesia no fue solo una institución religiosa sino también el Estado efectivo en vastas regiones periféricas, desde la Amazonia hasta el Chocó. Las disputas por la escuela, el matrimonio, el cuerpo y la ciencia revelaron que la secularización era, ante todo, una negociación sobre quién gobernaba la vida cotidiana, y que los cambios jurídicos tardaban décadas en transformar las prácticas sociales. Solo con la Constitución de 1991 Colombia abandonó formalmente el régimen confesional, convirtiéndose en uno de los últimos países de la región en dar ese paso.

En Colombia, la secularización no fue una curva ascendente sino un pulso: avances liberales abortados, restauraciones confesionales que duraron generaciones, laicidades formales que convivieron con religiosidades públicas densas. Nombra el proceso por el cual el Estado, la ley, la escuela, la familia y la vida pública fueron desligándose del gobierno de la Iglesia católica; nombra también, en las ciencias sociales, la categoría con la que se ha intentado explicar ese desprendimiento. Aquí interesan las dos cosas: los hechos —desamortizaciones, concordatos, constituciones, misiones, matrimonios civiles, tutelas— y el concepto que llegó tarde y prestado para pensarlos. El resultado colombiano es peculiar. Ningún país de la región tuvo un Concordato tan longevo como el de 1887, ninguno hizo tan tarde el salto a la no confesionalidad —hubo que esperar a 1991—, y en pocos la religiosidad popular convive con tanta naturalidad con la laicidad constitucional. La secularización, si algo enseña la historia colombiana, no es un destino: es una negociación reversible, desigual en el espacio y en la clase, entre un Estado que durante mucho tiempo no tuvo con qué reemplazar a la Iglesia y una Iglesia que fue, en más de un sentido, el propio Estado en buena parte del territorio.

Un Estado débil frente a una Iglesia total

Cuando las repúblicas hispanoamericanas heredaron el patronato colonial —el derecho del soberano a intervenir en el gobierno de la Iglesia—, lo hicieron con una asimetría radical. El nuevo Estado era fiscalmente frágil, administrativamente escaso, y su legitimidad recién nacida. La Iglesia, en cambio, seguía siendo universal en su autoridad, extendida en su red parroquial, dueña de una porción enorme de la riqueza y árbitro cotidiano de la vida de la gente. Esa desproporción explica más cosas de lo que suele reconocerse. Una cifra basta para tomarle el pulso al problema: en 1861, los bienes de la Iglesia católica en Colombia estaban avaluados en diez millones de pesos, mientras el presupuesto nacional apenas rozaba los dos millones. La Iglesia valía cinco veces el Estado.

Roma no había facilitado la separación. En 1814, Pío VII publicó una encíclica exhortando a los hispanoamericanos a la obediencia y sumisión al gobierno español; una década después, León XII sostuvo una actitud semejante. Fue Simón Bolívar quien inició las gestiones para que la Santa Sede reconociera a la Gran Colombia como jurisdicción religiosa autónoma; León XII y Pío VIII terminaron por conceder la creación de un episcopado nacional independiente de la Corona, con las limitaciones propias del momento. El patronato republicano subsistió, y con él la pretensión estatal de nombrar obispos, controlar rentas eclesiásticas y regular las órdenes religiosas. Fue por esa vía que en 1834 el arzobispo Manuel José Mosquera fue elegido en Bogotá, y por la misma vía —después de defender los derechos de la Iglesia frente al gobierno— fue desterrado por orden de José Hilario López. Los primeros gobernantes republicanos, incluidas figuras conservadoras como Mariano Ospina Rodríguez, oscilaron entre la cercanía y el control, pero mantuvieron el andamiaje colonial casi intacto hasta mediados de siglo.

Ese es el punto de partida. Antes de que el liberalismo colombiano abrazara la separación Iglesia-Estado, la relación entre ambos poderes era un pulso entre débiles y omnipresentes, mediado por una tradición jurídica —el patronato— que pretendía someter a la Iglesia sin poder sustituirla.

La ofensiva liberal: de 1849 a 1863

El giro se produjo con la llegada de José Hilario López a la presidencia. En 1850, su gobierno adoptó como principio de política pública una fórmula que el liberalismo colombiano tomaría del piamontés Camillo Cavour: libera Chiesa in libero Stato, "Iglesia libre en el Estado libre". La consigna anunciaba una separación de esferas; en la práctica, abrió una década larga de ofensiva estatal contra los privilegios eclesiásticos. Ese mismo 1850, López expulsó a los jesuitas del país —sería la primera de las tres expulsiones que la Compañía sufriría en Colombia— y comenzó a desmontar el patronato desde adentro, en un clima de fricción constante con la jerarquía que incluyó el destierro del arzobispo Mosquera.

La Constitución de 1853 tradujo parte de esa agenda en derecho, con disposiciones que afectaron los privilegios eclesiásticos y regularon los bienes de la Iglesia, en un ambiente de pugnas domésticas y locales que perturbaba la vida familiar: el matrimonio civil, en particular, caldeaba los ánimos de los hogares. La instauración del divorcio, la expulsión de los jesuitas y la extinción de conventos resquebrajaron una calma que era, en el fondo, la del monopolio católico sobre la conciencia privada.

El pico llegó con Tomás Cipriano de Mosquera. El 9 de septiembre de 1861, en su condición de Presidente Provisorio de los Estados Unidos de Nueva Granada, expidió el decreto de desamortización de bienes de manos muertas, que adjudicó a la nación los bienes y rentas de las corporaciones eclesiásticas. El cálculo se hizo sobre un rédito del 6 por ciento, y los bienes salieron a remate. Ese mismo año, Mosquera volvió a expulsar a los jesuitas, confiscó sus bienes y decretó la tuición de cultos: todo sacerdote debía solicitar permiso a las autoridades civiles para ejercer sus funciones religiosas. Por el mismo camino se decretó la extinción de conventos y comunidades religiosas.

Conviene entender lo que la desamortización fue y lo que no fue. Su motivación principal no era anticlerical ni redistributiva: era fiscal. La deuda pública, los costos crónicos de las guerras civiles y la desproporción entre el patrimonio eclesiástico y el presupuesto nacional empujaron la medida antes que cualquier fervor jacobino. El resultado social, en consecuencia, fue conservador en un sentido preciso: los bienes remataron en forma indivisa, y los principales beneficiarios fueron comerciantes liberales acaudalados con capacidad de comprarlos. La secularización, aquí, no democratizó la propiedad; la trasladó de la Iglesia a una capa nueva de propietarios civiles. La geografía marcó diferencias: en Antioquia, de predominio conservador, el proceso tuvo alcance y ritmo distintos que en los estados de fuerte hegemonía liberal.

La Constitución de 1863, firmada en Rionegro, profundizó el conflicto. Mantuvo las leyes de expropiación, impulsó reformas educativas orientadas a reducir la influencia religiosa y consolidó el modelo federal radical. Durante los años setenta, los liberales instituyeron la educación laica y obligatoria, y en ese terreno —la escuela— se libró la batalla que decidiría el resto. Enseñar sin curas, o enseñar contra los curas, era demasiado para una sociedad cuya identidad estaba tejida en el idioma católico. El proyecto radical entró en crisis por sus propias divisiones y por la incapacidad de un Estado federal fragmentado para sostener, con recursos, una red escolar propia. Rafael Núñez, desde 1880, capitalizó el descontento.

La Regeneración y el Concordato de 1887

Lo que vino después no fue un accidente ni una reacción pasajera: fue la respuesta a una crisis estructural. La Regeneración, encabezada por Núñez con Miguel Antonio Caro como principal artífice ideológico, reconstruyó el Estado sobre bases centralistas y devolvió a la Iglesia el lugar que las reformas liberales le habían disputado. La Constitución de 1886 selló la operación. Su artículo 38 declaró que "la Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación", y estableció que los poderes públicos la protegerían y la harían respetar como esencial elemento del orden social —aunque el mismo artículo aclaraba, con ambigüedad calculada, que la Iglesia no sería oficial y conservaría su independencia frente al Estado—. El artículo 41 dispuso que la educación pública se organizaría y dirigiría en concordancia con la religión católica.

Al año siguiente, el Concordato con la Santa Sede tradujo esos principios en un régimen operativo. Sus artículos 12 y 13 pusieron en manos eclesiásticas la organización y dirección de universidades, colegios, escuelas y demás centros de enseñanza, conforme a los dogmas y la moral católicos. El matrimonio católico obtuvo efectos civiles y la Iglesia recibió prerrogativas en la regulación del estado civil de las personas —dominio que hasta entonces disputaba al Estado—. El divorcio fue abolido. A cambio de los bienes desamortizados en las décadas anteriores, la Iglesia recibió indemnizaciones y ventajas fiscales.

El Concordato fue, en propiedad, una restauración condicionada: no revertía punto por punto las reformas radicales, pero rearmaba a la Iglesia como socio institucional del Estado en los terrenos donde este seguía siendo insuficiente. Educar era carísimo; casar y registrar nacimientos, defunciones y matrimonios exigía una red que solo la parroquia tenía. La confesionalización no era solo doctrina: era administración pública tercerizada.

Detrás, latía un clima ideológico continental. La Regeneración era afín al Syllabus Errorum de Pío IX (1864), que condenaba el liberalismo, el laicismo y la separación de las esferas; ese cuerpo doctrinal circulaba activamente entre el clero colombiano y modelaba la formación de las élites conservadoras. Mientras el resto de América Latina —México, Argentina, Uruguay, Chile en distintos ritmos— avanzaba durante el siglo XIX hacia la independencia del Estado frente al poder eclesiástico, Colombia hizo el movimiento inverso: supeditó el poder civil a la Iglesia. Fue una excepcionalidad histórica que el liberalismo intentaría revertir apenas después de 1930.

La periferia como confesión: misiones, indígenas y frontera

Lo que en Bogotá se llamaba régimen de concordia entre las dos potestades, en la Amazonia, en el Chocó, en los Llanos, en el Putumayo y en el Caquetá se llamaba otra cosa: era, sin más, el Estado. La Convención de Misiones de 1902, firmada por el presidente José Manuel Marroquín y el Vaticano, extendió el modelo del Concordato hasta sus consecuencias últimas. Otorgó a las órdenes religiosas autoridad para gobernar, policiar y educar a los nativos en los territorios de misión; dispuso un subsidio oficial de setenta y cinco mil pesos anuales, y estableció que ninguna persona inaceptable para los misioneros podía ser nombrada en cargos de autoridad civil. Los intendentes quedaban, de hecho, subordinados a los vicarios apostólicos. La Ley 89 de 1890 había proporcionado el marco: el gobierno de los indígenas se organizaría bajo el criterio de "civilización", concepto que hacía a la evangelización sinónimo de administración.

En el Caquetá y la zona sur amazónica, las misiones capuchinas, franciscanas y consolatas fueron el sustituto del Estado colombiano. Regentaron la educación, controlaron el nombramiento de autoridades, dirigieron la organización social de las poblaciones, y sirvieron de vanguardia territorial para la expansión de una frontera que Bogotá no tenía manera de sostener. La evangelización se desplegó en paralelo a la fiebre del caucho, y fue, para los pueblos indígenas, una continuación del suplicio bajo otra bandera.

Las tensiones eran inevitables. En 1917, el gobernador de Nariño se quejó de que varios vicarios generales participaban activamente en política sin ser ciudadanos colombianos, en el marco de un conflicto territorial con el prefecto apostólico del Putumayo. En 1923, en Villavicencio, estalló un choque entre el intendente del Meta y el misionero montfortiano Mauricio Dieres Monplaisir, que acumulaba funciones eclesiásticas, de inspección escolar y periodísticas. Los episodios son sintomáticos: el Estado colombiano descubría, cuando quería recuperar terreno, que los agentes que lo representaban en sus fronteras no le pertenecían.

Décadas más tarde, la ecuación se complicó con la llegada de misiones protestantes. Las Nuevas Tribus, con Sofía Müller como figura destacada, y el Instituto Lingüístico de Verano —instalado en Colombia desde 1962— operaron en territorios amazónicos con métodos a veces coercitivos: arrebatar instrumentos de curación indígena, amenazar con castigos sobrenaturales. La periferia colombiana no vivió una secularización; vivió una sucesión y una superposición de confesiones administradoras.

Escuela, ciencia, cuerpo: la disputa por la vida cotidiana

Del Concordato al aula había un solo paso, y ese paso definió el siglo XX. Entre 1887 y 1930, la educación pública colombiana estuvo bajo control amplio de la Iglesia. Los planes de estudio, los textos, la selección de maestros y la vigilancia moral operaban bajo supervisión eclesiástica. Cuando el Partido Liberal recuperó el poder con Enrique Olaya Herrera en 1930, la disputa por la escuela volvió a abrirse, y con ella, las viejas heridas.

Un episodio ilumina la textura del enfrentamiento. El arzobispo de Bogotá Ismael Perdomo remitió una comunicación oficial al ministro de Educación Germán Arciniegas protestando por unas conferencias del doctor Luis López de Mesa en la Universidad Nacional, en las que este sostenía hipótesis evolucionistas "en abierta oposición con las enseñanzas católicas". Enseñar la evolución de las especies, en la Colombia de esos años, era todavía un acto político. La ciencia entraba al espacio público bajo permiso.

El control eclesiástico se extendía al cuerpo y a la calle. El obispo de Santa Rosa de Osos, Miguel Ángel Builes, lanzó pastorales contra el uso de pantalones por mujeres; en Medellín, durante la propia República Liberal, la policía detuvo a jóvenes por incurrir en ese "delito". La moral pública era territorio eclesiástico incluso cuando el gobierno era liberal, y esa asimetría —un partido en el poder, otra institución en la vida cotidiana— explica por qué las reformas jurídicas costaron tanto en llegar al terreno.

Todavía en 1955, el liberalismo colombiano era considerado por sectores del clero como portador de errores condenables: libertad absoluta de enseñanza, escuela laica, matrimonio civil y divorcio vincular, libertad de cultos, laicidad del Estado, libertad de conciencia y separación entre Iglesia y Estado. La lista es reveladora: es, punto por punto, el programa mínimo de cualquier modernidad secular occidental. Que en pleno siglo XX se lo denunciara como pecado indica hasta qué punto la disputa era, en Colombia, ideológica antes que sociológica.

La República Liberal y la reforma de 1936

El regreso liberal al poder, entre 1930 y 1946, permitió el primer intento serio de revertir la confesionalidad heredada de la Regeneración. La reforma constitucional de 1936, impulsada bajo el patrocinio del Partido Liberal en el primer gobierno de Alfonso López Pumarejo, suprimió el artículo 38 de la Constitución de 1886: la religión católica dejó formalmente de ser la religión de la Nación. La reforma consagró la libertad de conciencia y de cultos, introdujo preceptos de contenido social, facultó al Estado a intervenir en la economía en favor del trabajador, y erosionó el individualismo del texto de 1886.

Pero la reforma no eliminó la confesionalidad de facto. La libertad de conciencia y de cultos quedó condicionada a que su ejercicio no fuera contrario a la moral cristiana ni a las leyes. La fórmula era una transacción típica de la política colombiana: se suprimía el símbolo confesional, se mantenía la sustancia. El Concordato de 1887 seguía vigente, con todas sus prerrogativas educativas y matrimoniales, y la Iglesia continuó haciéndolas valer.

Los enfrentamientos entre el gobierno de López Pumarejo y la jerarquía fueron significativos, y se enmarcaban en una tensión histórica que se remontaba al Concordato. La República Liberal propuso iniciativas educativas para combatir el analfabetismo, aunque las limitaciones del erario público restringieron su alcance —otra vez, la debilidad fiscal del Estado como techo estructural—. En 1946, con la vuelta del conservatismo, y luego con La Violencia, el pulso volvió a moverse.

La Violencia bipartidista, entre finales de los años cuarenta y los cincuenta, muestra que la secularización jurídica y la secularización cultural corren por vías distintas. Comunidades protestantes sufrieron hostigamientos y ataques —a veces instigados por curas, con mayor frecuencia por civiles fanáticos— especialmente en zonas de fuerte conservatismo. Hubo quema de capillas e iconoclastia, aunque estas afectaron sobre todo templos católicos en zonas de adoctrinamiento comunista. El gobierno conservador de 1946-1950 no adoptó una política formal de persecución religiosa, pero la violencia sectaria era la marea de fondo. Bajo gobiernos liberales, más respetuosos de la libertad de conciencia, las persecuciones disminuían, y los protestantes tendían a alinearse políticamente con el liberalismo.

Y sin embargo, en medio de la iconoclastia y el anticlericalismo, los combatientes seguían portando medallas y escapularios, veneraban a la Virgen del Carmen y pedían la presencia de sacerdotes. La violencia era religiosa en su gramática. Décadas después, los sicarios que se formaron al calor del narcotráfico en Medellín subían a Sabaneta a rezarle a María Auxiliadora. Testimonios literarios y observaciones sociológicas registran esa fusión de crimen y devoción popular. La religiosidad no había desaparecido; se había desprendido de la institución sin dejar de ser religiosidad. Es un punto que las teorías clásicas de la secularización —Peter Berger, Thomas Luckmann, Karel Dobbelaere, en el arco intelectual europeo— tienden a subestimar cuando postulan una pérdida progresiva de lo religioso como consecuencia inevitable de la modernidad. En Colombia, y en América Latina en general, la modernidad no despobló los altares: los rediseñó.

1991: la Constitución de la no confesionalidad

El salto formal a la laicidad tardó más de un siglo en concretarse. La Asamblea Nacional Constituyente de 1991, convocada por el presidente César Gaviria en ejercicio de las facultades del artículo 121 de la Constitución de 1886 y del estado de sitio declarado en 1984, fue el escenario. La paradoja jurídica fue notable: una nueva constitución nacida al amparo del estado de excepción de la anterior. La ANC contó con una presidencia colegiada integrada por Horacio Serpa (Partido Liberal), Álvaro Gómez Hurtado (Movimiento de Salvación Nacional) y Antonio Navarro Wolff (AD M-19), lo que reflejaba el carácter plural del proceso y forzó la construcción de consensos amplios. La participación del M-19 reinsertado era, además, parte de la promesa: una constitución concebida también como incentivo para la integración de grupos armados a la vida civil, en un país que seguía en guerra.

La Constitución de 1991 modificó el marco religioso heredado de 1886 y de su reforma de 1936. Eliminó la confesionalidad explícita —ningún artículo declara ya una religión de la Nación—, amplió la libertad religiosa y sentó las bases para un tratamiento más simétrico de las distintas confesiones. Mantuvo, en su preámbulo, una invocación a Dios: la laicidad colombiana quedó como una laicidad abierta, no militante. En el mismo texto se introdujeron la acción de tutela y las acciones populares —instrumentos que la jurisprudencia posterior usaría para proteger la libertad religiosa de minorías—, se creó la Fiscalía General de la Nación, se reconocieron los derechos de las minorías étnicas afrocolombianas e indígenas, se consolidó la descentralización iniciada en 1986 con la elección popular de alcaldes, y se abrieron mecanismos de participación directa. El 4 de julio de 1991, día de promulgación de la Constitución, los Extraditables anunciaron su disolución como organización, un gesto simbólico que no clausuró la violencia pero que fechó, ese día, algo parecido a una refundación.

Que la ruptura con la confesionalidad haya ocurrido casi al filo del siglo XXI dice mucho sobre el ritmo colombiano. Casi cien años después de la ola secularizadora latinoamericana del siglo XIX, un siglo y cuatro años después del Concordato, y cincuenta y cinco años después de la reforma que había suprimido el artículo 38, Colombia formalizó una laicidad que en otras repúblicas se había dado por sentada en tiempos de Sarmiento y Juárez. La distancia no es solo cronológica: es constitutiva.

La secularización como categoría

Toda esta historia se contó, durante décadas, sin la palabra. La categoría secularización llegó tarde a las ciencias sociales colombianas y llegó prestada, traducida sobre todo desde los debates europeos que representan Max Weber, Peter Berger, Thomas Luckmann, Karel Dobbelaere, y más recientemente José Casanova y Charles Taylor. Investigadores nacionales como Fernán González, Ricardo Arias Trujillo, William Elvis Plata y Carlos Arboleda Mora han contribuido a asentarla en un vocabulario que distingue tres cosas que suelen confundirse. Secularización designa el proceso histórico —jurídico, político y cultural— por el que las esferas sociales se desprenden del gobierno religioso; laicidad nombra el régimen jurídico-institucional que resulta de ese desprendimiento; laicismo refiere a la actitud militante que promueve activamente la exclusión de lo religioso del espacio público. Un país puede secularizarse jurídicamente sin ser culturalmente laico, puede tener laicidad constitucional sin laicismo social, y puede tener laicismo político sin secularización efectiva. Colombia ha sido, en distintos momentos, ejemplo de cada uno de esos desfases.

Las teorías clásicas —Berger en su etapa inicial, Luckmann, Dobbelaere— postularon una pérdida progresiva de la religión como consecuencia de la modernidad. Contra ellas, la teoría de la elección racional, defendida entre otros por Rodney Stark, propuso pensar la religión como un mercado en el que la oferta plural revitaliza la demanda; donde hubo monopolio católico y luego pluralismo protestante y pentecostal, la religión no se apagó, se diversificó. Arboleda Mora, en La religión en Colombia, propone examinar ambos modelos para interpretar el caso colombiano, un caso en el que ni la tesis de la pérdida ni la del mercado dan cuenta cabal del fenómeno. La religiosidad popular persiste, el pentecostalismo crece, la Iglesia católica pierde monopolio sin desaparecer, y el Estado laico convive con símbolos, invocaciones y feriados de tradición católica sin experimentar contradicción. Casanova hablaría, para casos como este, de una desprivatización de lo religioso: no la desaparición de la religión, sino su reubicación en un espacio público plural.

Balance de un proceso reversible

La secularización colombiana no es un relato de progreso lineal ni un fracaso completo. Es un proceso desigual, negociado y reversible, con sedimentos acumulativos. La desamortización de 1861 no destruyó a la Iglesia, pero terminó con su condición de mayor propietaria del país. El Concordato de 1887 restauró privilegios, pero no revirtió del todo lo hecho por los radicales. La reforma de 1936 suprimió el símbolo confesional sin eliminar su sustancia. La Constitución de 1991 eliminó la confesionalidad sin producir un Estado militantemente laico. Cada capa dejó residuos: la educación confesional privada sigue siendo dominante, el matrimonio católico conserva efectos civiles plenos, las misiones dejaron huellas territoriales y culturales que ninguna ley ha borrado, y en amplias regiones —Antioquia, el eje cafetero, el Cauca conservador— la vida cotidiana sigue tramada por prácticas y calendarios católicos.

Al mismo tiempo, tres cosas han cambiado de forma irreversible. Primero, la Iglesia perdió el monopolio sobre la conciencia: la libertad religiosa efectiva permite hoy la existencia pública de pentecostales, evangélicos, judíos, musulmanes, indígenas con sus religiones propias, agnósticos y ateos, y las estadísticas confesionales muestran una pluralización acelerada desde 1991. Segundo, el Estado dejó de necesitar a la Iglesia como operador administrativo: el registro civil, la educación pública, el sistema de salud, la organización de los territorios de frontera se hacen hoy con recursos propios, con toda la precariedad que se quiera pero sin el andamiaje confesional que hizo indispensable el Concordato. Tercero, la Corte Constitucional creada en 1991 ha construido, sentencia por sentencia, una jurisprudencia sobre libertad de conciencia, objeción, derechos sexuales y reproductivos, y matrimonio igualitario que ha desplazado el eje moral público desde el dogma hacia los derechos fundamentales.

Queda, sin embargo, la advertencia central de esta historia: la secularización colombiana avanzó cuando el Estado tuvo con qué avanzar y retrocedió cuando la Iglesia siguió siendo indispensable. Fue un pulso, no una marcha. Y como todo pulso, admite todavía inversiones. La religiosidad pública densa —desde las plegarias oficiales hasta el peso electoral de los pastores evangélicos, desde las procesiones populares hasta las medallas de los combatientes— recuerda que la laicidad constitucional es una forma jurídica, no una condición cultural asegurada. La historia colombiana de la secularización enseña, quizá antes que ninguna otra cosa, que las modernidades no llegan: se negocian, y a veces se pierden.

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En el archivo

5 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Tomás Cipriano de Mosquera — protagonista del momento más radical de la secularización liberal: decreto de desamortización (1861), tuición de cultos y extinción de conventos
  2. 02Concordato de 1887 — instrumento jurídico que invirtió el proceso secularizador y estableció el régimen confesional más longevo de América Latina
  3. 03Rafael Núñez — artífice político de la Regeneración que restauró la confesionalidad del Estado mediante la Constitución de 1886 y el Concordato
  4. 04José Hilario López — iniciador de la política de separación Iglesia-Estado desde 1850 y de la primera expulsión de los jesuitas
  5. 05Constitución de 1886 — marco jurídico que refundó la alianza Estado-Iglesia y sostuvo la hegemonía conservadora hasta 1930
  6. 06Desamortización — medida fiscal y secularizadora que transfirió el patrimonio eclesiástico a propietarios civiles, motivada principalmente por la crisis fiscal del Estado
  7. 07Educación laica — campo de batalla central del proceso secularizador, disputado entre liberales y la Iglesia desde los años setenta del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX
  8. 08Constitución de 1991 — hito que formalizó el fin del régimen confesional heredado de 1886, cerrando el ciclo histórico de la confesionalidad estatal
06

Documentos y fragmentos citados

49 documentos · 63 fragmentos

01Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 222, 2242 citas
[1]

Ho: Fras, que en su concepto obstaculiza- ban la prosperidad de la mación La ley de junio 15 de 1853, llamada Ley deSeparación Absoluta de la Igle- el Estado, introdujo algunas dis- posiciones sobre los bienes de las en- tidades religiosas. Por ejemplo, esta- bleció que los templos católicos, así como sus bienes y…

p. 224
[8]

democracia. im- piden que su voz ommipatente peri tre en aquel recinto, y ahogue los UE times gritos destemplados cel jesub- tismo que aceso se oyen aún sombría y misteriosamente en-é2068 diustros tenebrosos. Sancionadlo, que La doc- tina de Jesucristo no debe vivir em boscada en unos antros oscuros» Finalmente…

p. 222
02Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 85, 882 citas
[2]

poco flexibles. Es decir, los beneficios fueron mayores que los costos en el contexto de la principal motivación económica, que fue de orden fiscal. Desde el punto de vista político y religioso, la desamortiza ción, de alguna manera, pretendía también ponerle coto al origen de los ma yores conflictos en el siglo XIX,…

p. 85
[12]

la desamortización no fue una medida de persecución religiosa, sino más bien un arbitrio fiscal para aliviar las penurias económicas del fisco, agobiado por las cargas de la deuda pública y los gastos de las continuas guerras civiles (Díaz; Mendoza; Jaramillo y Meisel). Como la medida fue tomada en medio de una guerra…

p. 88
03Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1371 cita
[3]

encontraran oneroso el procedimiento. Además, cuando las condiciones económicas no eran buenas, se hacía imposible (o, al menos, inconveniente) pagar siquiera el modesto 6% que, se suponía, debían producir los activos legados. En consecuencia, tampoco es sorprendente que se hubieran pedido reformas al sistema. No…

p. 137
0430 hechos que cambiaron la historia de ColombiaRafael Pardo Rueda · 2022 · p. 941 cita
[4]

desde 1863 hasta la expedición de la Constitución de 1886. Fue elegido para el primer periodo, que terminó en abril de 1864. De acuerdo con la Constitución, la presidencia debía durar dos años. Fue elegido por cuarta vez para el periodo 1866 al 1868. Murió en su Hacienda Coconuco. Este es el texto de la ley de manos…

p. 94
05Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 94, 1092 citas
[5]

and worried about lax morality and Protestant education. The Church generally adhered to a Conservative sociopolitical agenda. The Liber- als who ascended to power at midcentury would make it a point to harass the Church, but the Church would fight back energetically. General José Hilario López ascended to the…

p. 109
[48]

they have unleashed, the traditional political parties have been essential for the construction of a shared political identity that unites and divides Colombians as they search for solutions to some of their most entrenched historical challenges. COMMUNION IN BELIEFS Catholicism emerged as a central force in building…

p. 94
06Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 133, 3192 citas
[6]

N DEL MEDIO SIGLO Para 1849 los candidatos presidenciales eran, en el conservatismo gobernante, el vicepresidente Rufino Cuervo, un maestro boya- cense, civilista y antiguo secretario de Hacienda, que representaba el esp í ritu de transacci ó n con el liberalismo que ahora encarna 1 38 HISTORIA M Í NIMA DE COLOMBIA ba…

p. 133
[49]

los cat ó licos. En muchos pueblos hab í a conflictos y hostigamientos, a veces instigados por los curas y quiz á con m á s frecuencia por ci viles fan á ticos contra las peque ñ as comunidades protestantes, con casos de violencia contra sus pastores. Estas persecuciones dismi nuyeron bajo los gobiernos liberales, m á…

p. 319
07Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 261, 2702 citas
[7]

a la instituci ó n del patronato, aunque hubieran propiciado, como fue el caso de Ospina Rodr í guez, el mantenimien to pr á ctico de muy í ntimas relaciones con la Iglesia, y hubieran auspiciado medidas como el reingreso de los jesu í tas al pa í s para hacerse cargo de la direcci ó n de planteles p ú blicos y fundar…

p. 261
[26]

la Santa Sede en 1887, dar í an a la Iglesia Cat ó lica el control completo de la educaci ó n por lo menos hasta 1930, é poca en que los gobiernos liberales iniciaron una recupera ci ó n de las prerrogativas del Estado en materias educativas a. MANUAL DE HISTORIA III 279 5 ¡ 1 art í culo 41 de la Constituci ó n de…

p. 270
08¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · p. 651 cita
[9]

garantizaría a los ciudadanos la libertad religiosa y de expresión, incluyendo la de imprenta, al tiempo que se mantenía la eliminación de la pena de muerte. Prolongando el conflicto con la Iglesia, se mantendrían las leyes sancionadas en 1 861 por Mosqueta, bajo las cuales se expropiaron las tierras, las casas y los…

p. 65
09Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 192, 3372 citas
[10]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
[16]

donde cayó asesinado Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá. Fotografía de Sady González. Cromos, N° 1627, abril 21 de 1948. La furia y el dolor. Óleo de Ignacio Gómez Jaramillo, 1954. Colección Margot Villa de Gómez Jaramillo, Bogotá. Éxodo. Óleo de Pedro Nel Gómez. Fondo Documental, Biblioteca Luis- Ángel Arango. Violencia.…

p. 337
10Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 239, 2692 citas
[11]

el período colonial en Antioquia, por ejemplo, como la Iglesia “era dependiente de las diócesis de Popayán y Cartagena, a donde fluían hasta el fin del período colonial los diezmos percibidos en la Provincia se dificultó el florecimiento de los latifundios eclesiásticos”.²²⁷ Desde el momento en que los bienes…

p. 269
[13]

en la región de Santander, abogaban por la supresión del estanco del tabaco que les impedía la expansión de la producción, y secundaban también las reformas fiscales, en especial la abolición del diezmo eclesiástico que pesaba duramente sobre ellos. Los terratenientes, por el contrario, eran los partidarios del statu…

p. 239
11Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 120, 1392 citas
[14]

práctico y espíritu de trabajo”. 28 El gobierno de Ospina estaba desgarrado por las disidencias regionales y demostraba dificultad para gobernar con eficiencia a todo un país desde la remota Bogotá. La comunicación era lenta, las leyes de la capital se ignoraban, y era en las regiones lejanas donde las élites…

p. 139
[17]

los limitó a solo aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana y a las leyes (Artículo 40), y en su Artículo 38 estableció con claridad lo que será dominante durante los siguientes cincuenta años: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que…

p. 120
12Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 731 cita
[15]

acto vengativo que fue condenado hasta por su familia. Con el poder en las manos, Mosquera con- voca la famosa Convención de Rionegro, que abre sesiones en febrero de 1863. Había esco- gido tal población antioqueña porque le repre- sentaba seguridad, en vista de que estaba po- blada por gentes que lo apreciaban. A…

p. 73
13Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 891 cita
[18]

carry out the constitution and will of the people expressed in this act, concerning the form of provisional government that has been installed; and to defend our sacred Roman Catholic Apostolic Religion until the last drop of blood has been sacrificed.’” 4 Subsequent constitutions, including that of 1991, but with the…

p. 89
14Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · p. 1971 cita
[19]

organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…

p. 197
15Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1701 cita
[20]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
16Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 441 cita
[21]

util para hacer Ia lectura de Ia h istoria de Colombia hasta 1 980. El comienzo del siglo E l proyecto de construcci6n de un Estado colo m biano en el siglo x1x estuvo m a rcado por una alta i n esta b i l idad que se ex pres6, entre otras cosas, en Ia abunda ncia de constituciones politicas nuevas y reformadas 8, Ia…

p. 44
17De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[22]

papel político se man- tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991,…

p. 41
18De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · p. 411 cita
[23]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
19Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 333, 3602 citas
[24]

V que pertenecían a la derecha del par- tido de la derecha. Es decir, que esa división expresaba la antigua pugna conservadora entre históricos y nacio- nalistas, los problemas generacionales del partido y, por supuesto, las diver- gencias ideológicas. Los enfrentamientos con la Iglesia En las relaciones entre la…

p. 333
[35]

distri- bución y consumo de las riquezas, o de dar al trabajador la justa protección a que tiene derecho.» La novedad con- sistía en esto: a) en el texto expreso que facultaba para intervenir; b) en el concepto de racionalización; c) en la intervención en favor del trabajador. Ya desde antes, el Estado venía inter-…

p. 360
20La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1501 cita
[25]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
21Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 1101 cita
[27]

Vaticano Primero, del Concilio Plenario de Obispos 1.a tinoa- mericanos, y las enseñanzas del Syl/alms, rechazaban los conceptos básicos de libera li smo, naturalismo, socialismo y racionalismo. En julio de 1902 se emitió otro juramento para los li berales que qui- sieran renegar; el arrepentido condenaba < < sin…

p. 110
22La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 101, 1502 citas
[28]

y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…

p. 150
[58]

de la religión de chequear los modelos teóricos: la teoría de la secularización (Berger, Luckmann, Dobbelaere...) 126 que aducen una pérdida total de la religión y cambios 123 RIIS, Ole; TARNOWSKI, Marek y otros. La religione degli europei II. Un dibattito su religione e modernità nell Europa di fine secolo. Torino:…

p. 101
23Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 671 cita
[29]

fun- cionar más que como complemento. El Estado estimula, protege y ayuda, pero ahí debe concluir el campo de su intervención. Ahora, más allá del complejo tejido interno de las justificaciones ideoló- gicas en que este precepto se apoya, hay que decir que su realización sig- nificó en el plano práctico la renuncia…

p. 67
24Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 3201 cita
[30]

so that state coffers could expand along with public instruction. Radical Liberals understood how the precarious place of the public education network in each state reflected their own tenu- ous hold on political power through client networks. In the wake of the Civil War of 1876 to 1877, political rivalries and…

p. 320
25Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 71 cita
[31]

Thousand Days, but soon after the fighting ceased, President José Manuel Marroquín and the Vatican signed the Convention on Missions of 1902. This agreement granted to the religious orders absolute authority to govern, police, and educate the natives in their mission territories. It also gave them control over the…

p. 7
26Colombia: Territorial Rule and the Llanos FrontierJane M. Rausch · 1999 · p. 19, 5722 citas
[32]

14; transportation in, 88, 112, 199200; violence increased in, 212; water system in, 199 Casanare River, 88, 143, 191 Casare railroad, 190 Casas, Gen. José Joaquín, 190 Casement, Roger, 19 Castellanos, Carlos, 145, 15051 Castellanos, Manuel, 176, 182, 184, 185, 186 Castillo Mariño, Rafael, 18 Castro, Cipriano, 88…

p. 572
[56]

1917, for example, when the apostolic prefect of Putumayo blocked efforts by the governor of Nari ñ o to annex some territory, the governor complained that most of the vicarios generales (vicars general) were actively participating in politics without being Colombian citizens. 53 Another incident took place on April…

p. 19
27La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · p. 49, 662 citas
[33]

pago de la deuda externa”. 90 A pesar de lo anterior y teniendo en cuenta las limitaciones del erario públi - co, el Gobierno propuso algunas alternativas para luchar contra el analfabetismo, lo cual estaba directamente vinculado con los aspectos culturales de la nación. La 88 Latorre Rueda, “1930-1934. Olaya Herrera:…

p. 49
[36]

anterior, crea dentro de su normativa la Campaña de Cultura Aldeana y Rural. Ley 12 de 1934, Diario Oficial No. 22765 del 20 de diciembre de 1934. 24 Tirado Mejía, “López Pumarejo: la Revolución en Marcha”, p. 305. 56 La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947 Olaya Herrera se…

p. 66
28Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 661 cita
[34]

un ciclo de conferencias en la Universidad Nacional. En la pri- mera conferencia se refirió al crosop- terigio, pez de aletas franjeadas, pro- bable transición entre los vertebrados marinos y los terrestres. Dos días des- pués, el ministro de Educación, Ger- mán Arciniegas, recibía una comuni- cación firmada por…

p. 66
29Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 1151 cita
[37]

institucionalidad se pretendió dar respuesta. En efecto, Colombia padecía desde hacía varios lustros de una larvada guerra civil que en los años ochenta y noventa tomó inusitado vigor. Diversos procesos de pacificación han logrado que algunos de los grupos armados se integren al sistema. No obstante, la guerra civil…

p. 115
30Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1181 cita
[38]

educación y la participación política, e incluso censuró y controló su forma d e vestir, entre muchos otros aspectos: «Si por aquella época monseñor Builes lanzó una pastoral contra la moda, condenando el uso de pantalones para la mujer [...], también es cierto que, en plena República Liberal, en Medellín, las…

p. 118
31Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 1931 cita
[39]

el país. A pesar de lo corto del tiempo, su coordinador, Ricardo Santamaría, sostiene que hubo mucho interés, el cual se vio reflejado, por ejemplo, en el Una de las mayores paradojas de la Constitución de 1991 fue que esta nació con base en la controvertida figura del “estado de sitio”. En efecto, el presidente…

p. 193
32Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · p. 851 cita
[40]

Era esperanzador ver a los tres copresidentes de la Asamblea, tan distintos, dándose la mano y liderando el proceso con convicción y convivencia. Nada menos que Álvaro Gómez, hijo del gran caudillo conservador Laureano Gómez, sentado al lado de Antonio Navarro, exguerrillero del M-19, la misma organización armada que…

p. 85
33El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · p. 1121 cita
[41]

idea de que solamente así se podría construir un sistema político moderno y le gítimo.96 Fue entonces cuando se acabaron por fin todas las restric ciones institucionales a la competencia política establecidas durante el Frente Nacional (paradójicamente, este era el momento más alto de votación para los partidos…

p. 112
34¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1541 cita
[42]

través del cual se pretendía controlar la desviación que ellos mismos y sus cómplices representaban. 57. Según Mauricio Rubio, en 1999, en juicio sin sumario, la probabilidad de que un 218 INFORME GENERAL Centro Nacional de Memoria Histórica La Constitución de 1991, sin embargo, de cuyo nacimiento hablaremos a…

p. 154
35Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 491 cita
[43]

a los ciudadanos. La Constitución de 1991 consolidó el proceso de descentrali- zación política y administrativa que comenzó en el año de 1986 con la refor- ma que permitió la elección popular de alcaldes. Al igual, creó mecanismos de participación directa, como la iniciativa popular, y de comunicación directa con la…

p. 49
36No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2481 cita
[44]

en Envigado: La Catedral. La esperanza de Gaviria era que una vez en la prisión se podrían endurecer las condiciones de reclusión de Escobar 728. Hasta ese momento, en teoría el Ejército no estaba en guerra contra las drogas, que era un asunto controlado por la DEA y la Policía. De hecho, Escobar escribió en un…

p. 248
37The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 170, 6462 citas
[45]

and, 324, 343, 347, 356, 358, 360–62. See also armed conflict; democratic institutions; electoral system; Liberal Party; National Front constitutionalism: criticism of, 339; as limited, 527; paramilitary discourse about, 398. See also Constitution of 1991 Constitution of 1991: Afro-Colombian com - munities and, 13,…

p. 646
[52]

he shoots himself. 156 Fernando Vallejo For that reason, Alexis, I didn’t pick up the revolver that you dropped as you were getting undressed, as you took off your pants. If I pick it up, I will point it at my heart and pull the trigger. And I’m not going to extinguish the spark of hope you’ve lit in me. Let’s offer…

p. 170
38Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 611 cita
[46]

curate to suspect the orthodoxy of the protagonist Father Casafús, an intellectually curious man who tried not to get involved in the preparations for the war. On the eve of the departure of the local volunteers to join the Conservative army Father Casafús had not preached against the Liberals. In the reigning milieu…

p. 61
39Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 251 cita
[47]

monjas, tareas de alfabetización en barrios pobres, o de construcción de viviendas populares en largas jornadas de pico y pala. O la fundación del primer bachillerato nocturno, en mi propio colegio católico, al servicio de personas sin recursos. Mi alejamiento de la jerarquía religiosa vino después. Otra fuente de…

p. 25
40La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 2731 cita
[50]

neo- presbítero. Jaime Castillo, destrozado en San Juan de Urabá el 30 de julio de 1950; y al anciano padre Teodoro Sánchez en la Tolda, municipio de Roncesvalles, Tolima. En algunos sitios esas mismas gentes salvaron las imágenes, pero en otros, profanaron templos y capillas y aun cometieron sacrilegios como el de…

p. 273
41The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 1671 cita
[51]

renounced church marriage, a practice that did not resume in San Roque until Santa Marta’s bishop offered to grant them the status of legitimate parish in 1881. 86 The Rise and Fall of Popular Politics 151 The issue of legitimate civil status appeared to matter most in the local marriage debate. Coastal states moved…

p. 167
42Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 451 cita
[53]

entre 1932 y 1933. Al final de la guerra la Casa Arana se retiró al Perú. Sin embargo, la retirada de la Casa Arana –e incluso de otras caucheras que años más tarde cesarían actividades debido al auge del caucho producido en el Sudeste Asiático–, no significó el fin del suplicio para los pueblos indígenas, pues ya se…

p. 45
43La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 141 cita
[54]

la memoria de los habitantes de la región y es fundamental para entender sus identidades y la fortaleza de sus organizaciones sociales. En la zona sur se dieron, por su parte, procesos de colonización eclesiástica llevados a cabo por misiones capuchinas, franciscanas y consolatas, a las que se les delegó la…

p. 14
44Putumayo: la vorágine de las caucherías. Memoria y testimonio. Primera parteAugusto Javier Gómez López (relator y compilador); Centro Nacional de Memoria Histórica · p. 2421 cita
[55]

de Sibundoy durante la mayor parte de los siglos coloniales”. Asimismo, dan cuenta de la “misión de un padre jesuita en Mocoa entre los años de 1650 y 1661”; en cuanto a los Mercedarios manifiestan que “saliendo desde el Tejar, Quito, organizaron los pueblos de Ramón Nonato y Nuestra Señora de la Asunción y…

p. 242
45Herederos del jaguar y la anacondaNina S. de Friedemann, Jaime Arocha · 2016 · p. 991 cita
[57]

nacional en su volumen de 1980. Por su parte, el indigenismo evangélico extranjero ha sido ejercido primordialmente por misiones de las Nuevas Tribus y por las del Instituto Lingüístico de Verano. En las Nuevas Tribus, Sophia Müller ha desarrollado tácticas vio- lentas para «salvar» almas, hasta el punto de…

p. 99
46Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 381 cita
[59]

y patronato estatal sobre la Iglesia lo que generó los primeros conflictos entre ambas potestades. El Estado pretendió seguir controlando a una institución eclesiástica cuya organización, peso social, político y económico, eran enormes, en comparación con la pobreza de sus arcas fiscales. En este escenario, el Estado…

p. 38
47Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 3421 cita
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nuevos estados carecían de una legitimidad plenamente aceptada, sus rentas fiscales eran exiguas, sus deudas externas grandes y su aparato administrativo bastante precario. En cambio, la Iglesia disfrutaba de una sólida situación financiera, de gran aceptación social especialmente entre las masas populares y de clero…

p. 342
48Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2652 citas
[61]

par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…

p. 265
[62]

par- ticipara en el movimiento de emancipación. Sin embargo, en Roma el papa Pío VII publicó una encíclica (1814) exhortando a los hispanoameri- canos a la obediencia y sumisión al gobierno espa- ñol; diez años más tarde, el papa León XII tuvo una actitud semejante. De todas maneras, estos documentos fueron poco…

p. 265
49Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 441 cita
[63]

jesuitas, comuni- dad militante de la Iglesia Catdlica perseguida por los anticlericales de todo el mundo. La crisis religiosa se difundié en Nueva Granada a través de periddicos, hojas volantes, avisos, pan- fletos y otros medios de comunicacién social. Por su parte, los prelados utilizaron las pastorales para dar a…

p. 44