Argentina en la historia de Colombia
“El vínculo entre Argentina y Colombia no es el de vecinos ni socios permanentes, sino el de dos países que se encuentran en los momentos de mayor quiebre histórico: la independencia continental, la refundación de una industria deportiva, la…”
Argentina no es un vecino de Colombia ni un socio evidente: los separan la cordillera entera, la selva amazónica y el desierto atacameño. Y, sin embargo, la huella argentina atraviesa la historia colombiana en una serie de momentos bisagra —la independencia, el boom literario, la profesionalización del fútbol, los exilios políticos, los marcos de integración regional— donde el Río de la Plata funciona como caja de resonancia, mercado editorial, laboratorio institucional o refugio. Un país lejano cuya presencia se activa siempre en los quiebres, y que por eso mismo ha servido a Colombia, más de una vez, como espejo para medir su propia modernidad.
Semblanza de un vínculo intermitente
La relación entre Colombia y Argentina tiene una particularidad que la distingue de otros vínculos hemisféricos: no es continua, sino episódica. No hay una diplomacia sostenida ni una migración masiva en ninguna dirección; hay, en cambio, encuentros densos y espaciados que coinciden casi siempre con coyunturas de crisis o refundación. San Martín en la costa del Pacífico en 1820. Los técnicos y jugadores argentinos aterrizando en el fútbol colombiano hacia mediados del siglo XX. Cien años de soledad saliendo de una imprenta bonaerense en 1967. Los académicos colombianos huyendo hacia Buenos Aires en la primera década del siglo XXI. Cada uno de esos momentos supone una operación de traducción: algo se hace en Argentina que Colombia recoge, adapta o disputa, y algo se hace en Colombia que se amplifica desde el Río de la Plata.
Ese carácter intermitente no debe confundirse con superficialidad. Los episodios en que ambos países se tocan tienden a ser los de mayor densidad histórica —la independencia, la profesionalización de una industria, la consagración de una literatura, el destierro de una generación—, y por eso la huella argentina en Colombia se lee mejor no como corriente subterránea sino como serie de descargas: intensas, fechables, con consecuencias.
Los orígenes: San Martín, Bolívar y la campaña del sur
La primera coincidencia sustantiva de argentinos y colombianos ocurre en el campo de batalla, y no en un campo cualquiera. José de San Martín —hijo de oficial español, criado y formado militarmente en la península, regresado a Buenos Aires en 1812 para sumarse a la causa independentista— condujo en 1817 un ejército a través de los Andes para liberar Chile, y en 1820 desembarcó por mar en la costa peruana con la intención de coronar la independencia sudamericana atacando a los realistas en Lima. Esa presencia argentina en el Pacífico tuvo un efecto inmediato sobre lo que luego sería la Gran Colombia: al eliminar el temor a represalias desde el virreinato peruano, permitió que los habitantes de Guayaquil declarasen su independencia.
Sobre ese terreno preparado se movió Antonio José de Sucre. El 24 de mayo de 1822, en las faldas del Pichincha, Sucre derrotó al ejército realista en una batalla que dio libertad definitiva a lo que sería Ecuador. En esa jornada fue factor decisivo el batallón Magdalena, al mando del coronel granadino José María Córdova. El detalle importa porque introduce, desde el principio, la nota que atravesará todo este relato: en la coreografía continental de la independencia, Colombia no fue nunca solo receptora de estrategias ajenas. Puso hombres, mandos y unidades en las batallas decisivas del sur. Córdova tenía entonces veintitrés años y en Pichincha ganó el sobrenombre de "Héroe de Ayacucho" que lo perseguiría hasta su muerte prematura. Su itinerario personal —de Concepción, Antioquia, a las cumbres andinas del Ecuador— condensa la campaña continental: oficiales granadinos combatiendo a miles de kilómetros de sus lugares de origen, en geografías que no habían visto nunca antes, junto a soldados que hablaban con acentos que apenas reconocían.
El encuentro entre San Martín y Bolívar en Guayaquil, en julio de 1822, se ha discutido durante dos siglos como misterio diplomático. Lo que sí puede afirmarse es que San Martín acudió desde una posición de debilidad. No había conquistado suficiente territorio en Perú, sus fuerzas parecían perder la guerra, no podía contar con apoyo chileno y el liderazgo político de Buenos Aires le era hostil. Bolívar, en cambio, llegaba con Pichincha reciente y con la maquinaria militar grancolombiana intacta. La retirada de San Martín después de la entrevista abrió el camino a que las armas colombianas —con tropas de Nueva Granada y Venezuela unidas bajo el mando bolivariano— llegaran hasta Ayacucho, donde se dio término a la guerra en América del Sur con el triunfo definitivo de la independencia.
De aquellos oficiales argentinos y colombianos de las guerras de independencia queda una imagen coincidente: aristócratas, desprendidos, marcados por el largo alejamiento de la patria y por una vida militar prolongada. Es una caracterización generalizadora, pero apunta a algo real: la generación fundacional de las dos repúblicas se reconocía en un tipo humano común, forjado en la campaña y en la trashumancia bélica. De ese reconocimiento —y de esa tensión de mandos— nació el primer contacto sustantivo entre Buenos Aires y Bogotá.
La república imaginada: modelos institucionales y sufragio
Consumada la independencia, el intercambio dejó de ser militar y se volvió intelectual. Colombia, a lo largo del siglo XIX, miró recurrentemente hacia Argentina como uno de sus referentes republicanos, aunque no el único ni el principal. Cuando los constitucionalistas colombianos discutían el sufragio, la organización de las provincias o la relación entre poder central y regiones, tenían a la vista la experiencia argentina, y consultaban obras sobre las intendencias y provincias rioplatenses.
La Argentina que sirvió de referente no era, sin embargo, un modelo estable. Era un país que se rehacía demográficamente a un ritmo vertiginoso: entre 1857 y 1930 recibió una inmigración neta de aproximadamente tres millones y medio de personas, cifra que transformó su estructura social hasta volverla irreconocible. Ya en 1914, en la mayor parte de la pampa los extranjeros superaban a los argentinos en proporción de dos a uno, y tres cuartas partes de la población adulta de Buenos Aires había nacido fuera del país. Esa composición demográfica producía una política electoral —y una discusión sobre la ciudadanía— que no tenía equivalente en Colombia, donde la inmigración fue siempre marginal.
La comparación, entonces, se hacía sobre un desfase. Colombia estudiaba en Argentina soluciones institucionales pensadas para problemas que la propia Colombia no tenía en la misma escala: cómo integrar millones de recién llegados, cómo diseñar un sufragio en una sociedad de aluvión, cómo balancear las provincias frente al peso de Buenos Aires. Que los juristas colombianos consultasen esa bibliografía no significa que la copiasen; significa que Argentina funcionaba, ya desde el siglo XIX, como banco de pruebas de una modernidad que Colombia observaba desde una distancia estructural. La Ley Sáenz Peña de 1912, que instauró en Argentina el sufragio universal, secreto y obligatorio para varones, se produjo en un país donde el electorado era mayoritariamente inmigrante o hijo de inmigrantes. En Colombia, donde la reforma del sufragio siguió una lógica distinta y la extensión del voto femenino tardaría hasta 1954, la referencia argentina operaba como horizonte a la vez próximo y difícilmente aplicable.
El Dorado del fútbol: Di Stéfano, Pedernera y el año fundacional
El episodio más popularmente conocido del vínculo argentino-colombiano ocurrió a mediados del siglo XX y transformó una práctica social entera. Antes de la organización profesional, el fútbol en Colombia se jugaba bajo la fórmula llamada "marrón": un profesionalismo disfrazado de amateurismo, en el que los clubes pagaban a sus jugadores por debajo de la mesa. La ficción era insostenible, y a fines de los años cuarenta cedió: se organizó un primer torneo profesional que se disputó en seis ciudades, con el apoyo logístico de la aviación comercial nacional para el traslado de los equipos, y con la incorporación de jugadores y técnicos extranjeros —entre ellos, decisivamente, argentinos—.
Millonarios de Bogotá encabezó la operación. Contrató a un técnico argentino identificado como Carlos "Cacho" Aldabe y armó un plantel que atrajo a figuras del balompié rioplatense. Alfredo Di Stéfano —el mismo que años después haría del Real Madrid una potencia europea— aparece registrado en el plantel de Millonarios en 1950. Aquella escuadra bogotana, apodada más tarde el "Ballet Azul", se convirtió en leyenda continental y arrastró tras de sí un imaginario duradero: el de Colombia como destino inesperado del talento sudamericano, como plaza donde el gran fútbol se dejaba ver antes de emigrar a Europa.
El fenómeno se explica por una convergencia de factores. La construcción de escenarios modernos, el papel amplificador de la radio y la prensa deportivas, la nueva capacidad organizativa de los clubes y —clave— la llegada de figuras argentinas que traían con ellas una manera de entender el juego hicieron del fútbol colombiano de mediados de siglo un espacio de modernización acelerada. Los técnicos aportaron sistematización táctica; los jugadores, oficio y jerarquía. El resultado fue un salto cualitativo que Colombia por sí sola habría tardado décadas en producir.
El intercambio, medio siglo después, se invirtió. James Rodríguez, nacido en Cúcuta, debutó profesionalmente con Envigado a los catorce años. A los dieciséis ingresó al club argentino Banfield y se convirtió en el jugador extranjero más joven en jugar en la primera división argentina y en anotar un gol en esa categoría. A los dieciocho hizo historia con un récord de juventud en el balompié rioplatense. La trayectoria que lo llevaría a ser el máximo goleador de la Selección Colombia en la historia de los Mundiales —y una celebridad internacional junto a Radamel Falcao— empezó en un club del conurbano bonaerense. La operación de mediados de siglo, en la que Argentina exportaba talento a Colombia, encontró décadas después su reverso: un colombiano que se formaba en Argentina antes de proyectarse al mundo.
Buenos Aires como capital editorial: Cortázar, García Márquez y el boom
En junio de 1967, la Editorial Sudamericana publicó en Buenos Aires Cien años de soledad. La novela, escrita por un colombiano que había pasado por Cartagena, Barranquilla, Bogotá, París, Nueva York y México, salió a circular desde una ciudad que ni el autor había pisado con frecuencia ni protagonizaba la trama. La recepción del libro fue un fenómeno sin precedentes en el continente: en sus primeras semanas agotó ediciones, disparó reseñas y convirtió a García Márquez de escritor conocido en fenómeno internacional. Álvaro Mutis había emigrado a México antes, y fue en ese entorno mexicano donde García Márquez pudo por fin dedicarse a la escritura literaria a tiempo completo; pero la consagración editorial y de mercado ocurrió en el Río de la Plata.
La industria del libro en español, hacia mediados del siglo XX, tenía su capital en Buenos Aires, y la circulación de la literatura latinoamericana pasaba obligatoriamente por editoriales, imprentas y críticos porteños. Un autor colombiano solo se volvía continental cuando Buenos Aires lo publicaba y lo reseñaba. Esta asimetría —Colombia producía obras, Argentina las canonizaba— es una de las claves para entender el peso del vínculo en el siglo XX.
Pero el intercambio era bidireccional. La revista Mito, dirigida por Jorge Gaitán Durán, circuló en Colombia entre 1955 y 1962 con cuarenta y dos números, y publicó a Julio Cortázar junto a Octavio Paz, Carlos Fuentes y Alejo Carpentier. Mito abrió el panorama cultural colombiano a la vanguardia literaria continental, y lo hizo con criterio de selección: no importaba nombres, importaba obras. Cortázar entró a Colombia por esa puerta bogotana antes de que su prestigio se consolidase globalmente, y la revista de Gaitán Durán participó así en la formación del canon latinoamericano que después el boom convertiría en producto internacional.
Hay una escena que ilustra la asimetría del encuentro. Un periodista colombiano intentó entrevistar a Cortázar en París, donde el argentino trabajaba como traductor en la Unesco. Al llamar por teléfono, el propio Cortázar respondió; el periodista quedó, según su propio relato, aterrado. No pudo articular la entrevista prevista, se disculpó torpemente y colgó con la sensación de haber malgastado su única oportunidad. El escritor argentino era ya figura mítica antes incluso del contacto, y el colombiano —periodista profesional, no principiante— se encontraba frente a un aura que le imponía silencio. Esa aura también estaba siendo construida en parte desde Colombia, por revistas como Mito, pero en la superficie del encuentro pesaba la jerarquía cultural que Buenos Aires proyectaba sobre el resto del subcontinente. El periodista bogotano llamó a un traductor de la Unesco y respondió Cortázar; era como llamar a una oficina y que atendiera un mito. En ese cortocircuito telefónico se cifra toda la operación del vínculo: Colombia había alimentado el mito, y aun así se enmudecía frente a él cuando lo tenía al otro lado de la línea.
Cumbias que van y vuelven: la circulación popular
Si la alta cultura latinoamericana tuvo en Buenos Aires uno de sus centros, la cultura popular hizo un recorrido inverso. La cumbia, ritmo colombiano de origen caribe, se trasplantó a Argentina y allí se transformó, se hibridó y produjo variantes locales. Coexisten hoy estilos diferenciables entre sí —la cumbia santafesina, la cumbia colombiana— y una descendencia posterior, la cumbia villera, cuya invención se atribuye a Pablo Lescano.
Lescano cuenta que su pasión por la cumbia colombiana se remonta a su primera visita, a los diez años, al local Tropitango, conocido como la "Catedral de la cumbia" en el conurbano bonaerense. En su formación musical convergen el chamamé —música litoraleña argentina— y esa cumbia colombiana descubierta en la infancia. Antes de inventar la cumbia villera pasó por el grupo Amar Azul. La trayectoria dibuja una operación cultural fina: un ritmo llegado desde el Caribe colombiano se mezcla con el chamamé del noreste argentino y produce, en los barrios populares de Buenos Aires de los años noventa, un género propio con identidad reconocible.
Argentina absorbió cumbia colombiana, pero no solo eso. La cumbia argentina también incorporó ritmos andinos traídos por inmigrantes peruanos, bolivianos y del norte argentino a Buenos Aires. La influencia colombiana fue una fuente, no la única. Y una vez trasplantada al Río de la Plata, la cumbia siguió expandiéndose: cruzó a Uruguay y allí dialogó con la versión villera argentina, en un movimiento que muestra cómo el ritmo colombiano viajó al sur, se hizo rioplatense, y desde allí se irradió a un espacio cultural que Colombia por sí sola no habría alcanzado.
Las dictaduras del sur y su eco en Colombia
Colombia no vivió una dictadura de Seguridad Nacional en el ciclo que se abrió con el golpe brasileño de abril de 1964 y se cerró con el fin del régimen chileno en 1991. Argentina entró a ese ciclo el 24 de marzo de 1976, con una junta militar respaldada por Washington; Chile y Uruguay ya lo habían hecho en 1973, y Paraguay lo atravesaba desde antes. Todos esos regímenes aplicaron una doctrina represiva cuya lógica desbordó ampliamente a los militantes armados y alcanzó a simpatizantes, presuntos simpatizantes, familiares y personas indiferentes. Colombia, entretanto, mantuvo un régimen formalmente democrático, con elecciones y alternancia bipartidista bajo el Frente Nacional primero y bajo su heredero constitucional después.
La ausencia de junta militar no significó, sin embargo, ausencia de la gramática represiva del sur. La Doctrina de Seguridad Nacional, con su categorización del enemigo interno y su lógica de guerra irregular, circulaba también en las fuerzas armadas colombianas, y los oficiales del país se formaban en la Escuela de las Américas en la misma década que sus pares argentinos y chilenos. El Estatuto de Seguridad de Julio César Turbay Ayala —decreto 1923 de 1978— amplió las facultades militares para el juzgamiento de civiles y estableció un marco de excepción que rigió durante todo el cuatrienio. Y el genocidio de la Unión Patriótica, partido nacido de los diálogos de paz con las FARC en 1985, dejó entre finales de los ochenta y los noventa miles de militantes, dirigentes, alcaldes y dos candidatos presidenciales asesinados. Lo que en Argentina y Chile ejecutó el aparato de Estado bajo mando militar directo, en Colombia se implementó de manera fragmentada, con delegación en actores paraestatales y sin ruptura institucional. Los resultados de largo alcance fueron los mismos: desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, destierros.
Las comisiones de verdad de la región documentaron que el exilio funcionó como política de Estado para eliminar al adversario político. Esa práctica argentina y chilena tuvo su equivalente colombiano en oleadas sucesivas de desplazamiento forzado y salida al exterior. La diferencia estuvo en la forma jurídica; la continuidad, en la lógica represiva. Un discurso de tono antiimperialista del período denunció la responsabilidad estadounidense en las muertes ocurridas bajo dictaduras latinoamericanas —Chile, Argentina, El Salvador, Guatemala— y las enmarcó en una política regional vinculada a la Administración Reagan. Colombia no aparecía en ese mapa como caso paradigmático, pero compartía con él más de lo que su estabilidad formal sugería.
Los exiliados colombianos y la Argentina como refugio
La operación se invirtió en las décadas siguientes. Argentina, que había sido en los setenta un país expulsor de exiliados, se convirtió a partir de los noventa y en los años 2000 en destino de exiliados colombianos. El caso mejor documentado es el de una pareja de académicos, integrantes de un colectivo de exiliados en Argentina, cuya historia recorre las tres décadas siguientes. A mediados de los años noventa fueron víctimas de amenazas e intimidaciones en el marco de la persecución al movimiento estudiantil colombiano. Participaron después en los diálogos de paz de El Caguán —el proceso emprendido por el gobierno de Andrés Pastrana con las FARC entre 1998 y 2002— y fueron objeto de montajes judiciales que los imputaban como parte de la guerrilla. Su compromiso con la paz se convirtió, así, en factor de estigmatización.
En 1998 salieron desplazados a Pereira, donde se vincularon a espacios académicos e investigaron el desplazamiento forzado y la protección de tierras, incluso creando cátedras universitarias sobre el tema. Diez años después, en 2008, una serie de detenciones arbitrarias de colegas —imputados por concierto para delinquir, apología al terrorismo y fabricación y porte ilegal de armas— empujó el exilio hacia el sur. Argentina se ofreció como espacio universitario y político donde reconstruir una vida académica bajo protección.
El caso ilustra una operación notable: los mismos instrumentos judiciales que en Argentina, en los setenta, servían al terrorismo de Estado, treinta años después funcionaban en el país sureño como escudos institucionales para colombianos perseguidos por vías judiciales en su propio país. La democracia argentina posdictatorial, con sus universidades públicas y sus redes de solidaridad tejidas por décadas de exilio propio, devolvió al hemisferio parte de lo que había recibido. Colombia enviaba al sur a académicos que investigaban desplazamiento forzado; Argentina los recibía con la memoria fresca de su propia experiencia represiva.
Otro caso, de naturaleza muy distinta, muestra la cara opuesta del mismo mecanismo. Victoria Eugenia Henao, viuda de Pablo Escobar, enfrentó en Argentina un proceso judicial que —según su propio relato— avanzaba muy lentamente y de forma accidentada, con intervención de fiscales sucesivos. Argentina se había convertido, en los años 2000, en refugio tanto de perseguidos políticos colombianos como de figuras vinculadas al narcotráfico que buscaban distancia del ojo público de Medellín o Bogotá. El país sureño operaba como zona de repliegue, con las ambigüedades que eso trae.
Los marcos institucionales: integración, capitales y comercio
En paralelo a los flujos de personas, Colombia y Argentina construyeron una arquitectura de tratados que forma la infraestructura menos visible del vínculo: el Fondo Andino de Reservas firmado en Caracas en noviembre de 1976, el Sistema Económico Latinoamericano surgido en Panamá en 1975 y el Convenio marco entre el Grupo Andino y la República Argentina firmado en Caracas en julio de 1981. Mencionados hoy solo por especialistas, esos instrumentos articularon durante décadas los flujos comerciales, financieros y técnicos entre ambos países en un marco de integración regional que ninguno podía protagonizar por sí solo.
La aparición posterior de la Unasur y la Alianza del Pacífico introdujo divergencias. La Alianza, de la que Colombia es miembro fundador, promueve una orientación proneoliberal y prioriza la integración comercial y de mercados sobre la política. No impulsa una identidad delimitante, lo que permite a Colombia sostener sus relaciones con Estados Unidos, agente fundamental para su política exterior, y le ha servido además como plataforma para insertarse en Asia-Pacífico. Argentina, en la otra vereda, se movía en el Mercosur y participaba en la Unasur, mecanismos con vocación política y con cierta capacidad de coordinarse al margen de Estados Unidos y la OEA. Los dos países, socios en los tratados fundacionales de los setenta, terminaron alineados en arquitecturas regionales que rara vez se hablaban.
En el terreno económico bruto, la asimetría se ve con nitidez. Durante los ochenta, tres economías —Argentina, Brasil y México— acaparaban más de siete de cada diez dólares de inversión extranjera que llegaban a América Latina, y la concentración se profundizó en el segundo lustro. Argentina figuraba en el podio; Colombia, aun siendo el país más favorecido del Pacto Andino, recogía apenas migajas de ese festín, con participaciones que cayeron de un dígito alto a uno más bajo entre 1985 y 1990. Hacia mediados de la primera década del siglo XXI el mapa se había redibujado: México pasó a encabezar la recepción con más de una cuarta parte del total continental, y Colombia había trepado a un catorce por ciento respetable. En producción industrial bruta, sin embargo, el orden apenas se movió: Colombia sigue ocupando el quinto lugar del subcontinente, detrás de Brasil, México, Argentina y Venezuela. Las cifras no describen dos economías equivalentes, sino un vecino grande al que Colombia miró siempre desde una escala menor.
Hay un dato que matiza el cuadro. Los inmigrantes tuvieron un peso considerable en la conformación de la burguesía colombiana a nivel nacional —abrumador en Barranquilla, descollante en Bogotá, mucho menor en Antioquia y las ciudades medias—. La gran mayoría de quienes conformaron la burguesía bogotana llegó después de 1933, sin capital, y en un lapso corto amasó fortuna. No fueron empleados de empresas extranjeras: fueron comerciantes que empezaron, muchos, como buhoneros que vendían a crédito en barrios populares. Argentina no fue el origen mayoritario de esa migración —los europeos del sur y del centro pesaron más—, pero la comparación con la Argentina de aluvión sirve para dimensionar: mientras el país austral se rehacía demográficamente con millones de europeos, Colombia recibía una inmigración modesta que, aun así, marcó de manera decisiva la formación de sus élites empresariales urbanas.
La huella: espejo y catalizador
Lo que emerge de este recorrido no es exactamente una influencia ni exactamente una dependencia. Es algo más específico: un patrón por el que Argentina funciona, en momentos precisos de la historia colombiana, como amplificador de procesos que Colombia gestaba o protagonizaba, y como espejo donde el país se mide y a veces se reconoce en su propio rezago. El batallón Magdalena decide en Pichincha, pero la campaña continental depende de que San Martín haya abierto el Pacífico. Di Stéfano juega en Millonarios, pero es la profesionalización —empujada por técnicos argentinos— la que crea el escenario. Cien años de soledad la escribe un colombiano, pero es Buenos Aires la que la lanza al mundo. James Rodríguez es colombiano hasta el hueso, pero fue Banfield el club que lo puso en la ruta europea. Los exiliados colombianos construyen sus propias cátedras y sus propias redes, pero es la universidad argentina la que los recibe y protege.
En cada uno de estos episodios opera una tensión productiva. La agencia colombiana es constitutiva —no hay hito sin protagonistas locales que lo protagonicen—, pero el marco material o simbólico que permite que ese hito trascienda se activa en Argentina. No es la típica relación de irradiación cultural desde un centro hacia una periferia; es un diálogo entre dos periferias latinoamericanas en el que cada una funciona, en momentos alternos, como plataforma de la otra.
Queda una constatación que este archivo obliga a plantear. Todos los grandes momentos del vínculo coinciden con crisis: crisis del amateurismo futbolístico, crisis del régimen editorial hispanoamericano bajo Franco, crisis del proceso de paz colombiano, crisis de las dictaduras del Cono Sur. Argentina y Colombia se necesitan sobre todo en los quiebres, y en los tiempos normales sus sociedades se ignoran cordialmente, separadas por la geografía y por prioridades divergentes. La huella argentina en Colombia es, por eso, discontinua pero profunda: episódica en su cronología, decisiva en sus consecuencias. Cuando aparece, cambia algo. Y cuando se retira, deja siempre un antes y un después que se puede fechar con precisión.
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Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
27 documentos · 31 fragmentos01Gran Bretaña y la Independencia de Venezuela y ColombiaD. A. G. Waddell · 1983 · p. 2471 cita
[1]casi paralela a la de otro libertador, José de San Martín, que combatió en las pro vincias ubicadas al sur de Sud América. San Martín fue el hijo de un oficial español; había vivido la mayor parte de su existencia en España, donde alcanzó un alto rango en el ejér cito; pero en 1812 volvió a Argentina a luchar contra…
p. 247
02Historia de Colombia. La Gran Colombia I. Tomo 9Salvat Editores (Dirección: Juan Salvat, Roberto García Rojas; Director científico: Gonzalo Hernández de Alba) · 1988 · p. 971 cita
[2]el 2 de mayo La Tacunga, apareciendo el 16 si- guiente en el valle de Chillo, a cuatro leguas de la capital, para situarse después en el pueblo de Chi- llogallo. Aymerich, que logré entrar anticipada- mente en Quito, no pudo en cambio oponerse a las combinaciones tacticas que durante tres dias eje- cuté el colombiano,…
p. 97
03Simón Bolívar: A LifeJohn Lynch · 2007 · p. 1921 cita
[3]his unemployed army and the financial burden which it imposed. And the viceregal forces remained intact. How could San Martín escape from this stalemate? How could he solve his political problems and end the military impasse? Leaving his ally Torre Tagle in executive command, he went to Guayaquil to confer with the…
p. 192
04Notas de viaje sobre Venezuela y ColombiaMiguel Cané · 2016 · p. 2271 cita
[4]ligeras y corazones calientes como fueron todos esos oficiales de la guerra de la Inde- pendencia, aristocráticos hasta la médula, desprendidos, generosos, con el sentimiento más que con la razón de la causa por que jugaban la vida, enardecidos por la lucha y siguiendo la bandera de su jefe con la ciega obstinación de…
p. 227
05Historia de Colombia. La Independencia II. Tomo 8Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico); Ricardo Martín (dir. de la obra); German Arciniegas y otros colaboradores · 1988 · p. 801 cita
[5]toda Venezuela. Al final del afo se repitié el viaje de Bolivar a Nueva Granada, como se repiti el gesto de Camilo Antonio Ricaurte en un retrato que se conserva en el Museo 20 de Julio, en Bogota. En la batalla de San Mateo, cuando todo parecia perdido, al volar Ricaurte el polvorin, con el sacrificio de su vida, dio…
p. 80
06Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 3601 cita
[6]los equipos que hasta entonces se limitaban a par- tidos amistosos entre sí y con algunos cuadros argentinos, peruanos y costa- rricenses, habían propiciado el llama- do fútbol «marrón», es decir, un pro- fesionalismo disfrazado de amateuris- mo. Los jugadores se pagaban por de- bajo de la mesa. El impulso del primer…
p. 360
07Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 2451 cita
[7]Laura Montoya (1874-1949). Así mismo, ha habido santos que, sin ser colombianos, han sido cercanos al país, como es el caso de san Pedro Claver, jesuita español que vivió entre 1580 y 1654 y pasó gran parte de su vida asistiendo a los esclavos que llegaban al puerto de Cartagena. Claver acogió a los esclavos y los…
p. 245
08Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1311 cita
[8]de siglo. La televisión llegó al país en 1954, durante el Gobierno Militar, y desde un comienzo privilegió una programación popular, por lo general de muy baja calidad, centrada en las telenovelas, en los concursos y en espacios humorísticos. Sin embargo, el espectáculo más apasionante para la mayor parte de los…
p. 131
09Grandes momentos de ColombiaGustavo Castro Caycedo · 2016 · p. 2041 cita
[9]Madrid, lo han convertido en un ídolo internacional. Tres mujeres son la vida de del mediocampista que ya es leyenda: su mamá, Pilar Rubio, su pequeña hija Salomé y su esposa Daniela, hermana del portero de la Selección Colombia de fútbol y compañero suyo, David Ospina. Se casó con ella el 24 de diciembre de 2010 en…
p. 204
10The Colombia Reader: History, Culture, PoliticsAnn Farnsworth-Alvear, Marco Palacios, Ana María Gómez López · 2017 · p. 991 cita
[10]crests), and the patronage of industrialists promoting brand names. During the 1950s the military government of Rojas Pinilla even used La Vuelta a Colombia to promote the “Government of the Armed Forces” (1953–58) as a brand, mounting its own team. The rules of professional football prevented the Colombian military…
p. 99
11Cumbia! Scenes of a Migrant Latin American Music GenreHéctor Fernández L'Hoeste, Pablo Vila (eds.) · 2013 · p. 361 cita
[11]and Andean rhythms brought by Peruvian, Bolivian, and northern Argentine immigrants to Buenos Aires. Lescano tells Alarcón the origin of his passion for Colombian cumbia: at the age of ten, he went to the “Cathedral of cumbia,” Tropitango, for the first time. He also discusses with Alarcón how chamamé was an important…
p. 36
12Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 1381 cita
[12]a escribirlos. Álvaro Mutis había viajado a México, a donde lo persiguió la intolerancia de unas empresas que consideraban siempre aceptable gastar dinero en campañas electorales y en relaciones públicas pero que veían escandaloso que se hicieran esos mismos gastos en relaciones culturales y en estímulos a los…
p. 138
13Con nombre propioDaniel Samper Pizano · 2017 · p. 4611 cita
[13]películas de la Nueva Ola y los libros de diversos autores. Rincón por rincón, calle por calle, puente por puente, casa por casa, repasé cada página de la novela-acertijo ya casi descuadernada que me fascinó desde cuando la leí en Bogotá. Un tiempo antes había soñado con estudiar cine en París, pero la realidad me…
p. 461
14Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 2211 cita
[14]da, conforman dos lecturas esenciales y de creciente influencia en la poesía hispanoa- mericana de este siglo. LALA YI E E Evolución de la literatura colombiana Fernando Charry Lara, poeta y crítico literario, activo miembro y colabo- rador de la revista Mito, con Sus ensayos y artícu- los dio a conocer en Co- lombia…
p. 221
15Exilio colombiano. Huellas del conflicto armado más allá de las fronterasCentro Nacional de Memoria Histórica, Juan Manuel Zarama Santacruz, Randolf Laverde Tamayo, Juan Pablo Luque · 2018 · p. 851 cita
[15]y las llamadas DSN (Dictaduras de Seguridad Nacional), cuyas políticas represivas, violatorias de derechos humanos, civiles y políticos dieron origen a desapariciones, encarcelamientos, asesinatos y destierros masi- vos de activistas políticos, sociales, gremiales e intelectuales cuyo espectro polí- tico-ideológico…
p. 85
16El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 1192 citas
[16]resistiendo. Las riendas del poder las asume el general Augusto Pinochet, dándose inicio a la sangrienta dictadura. Ya en Uruguay, con el visto bueno de Washington, los militares habían dado golpe de Estado, el 27 de junio. El 24 de marzo de 1976, son las Fuerzas Armadas argentinas las que derrocan a la presi- denta…
p. 119
[17]resistiendo. Las riendas del poder las asume el general Augusto Pinochet, dándose inicio a la sangrienta dictadura. Ya en Uruguay, con el visto bueno de Washington, los militares habían dado golpe de Estado, el 27 de junio. El 24 de marzo de 1976, son las Fuerzas Armadas argentinas las que derrocan a la presi- denta…
p. 119
17La paz en ColombiaFidel Castro Ruz · 2008 · p. 154, 1552 citas
[18]pueden alcanzar sus territorios en cuestión de minutos [...]”. “Los científicos y los médicos más prestigiosos y experi- mentados aseguran que el hombre no podría sobrevivir a un conflicto nuclear global. La potencia destructora de las armas de este tipo acumuladas supera un millón de veces las rústicas bombas que en…
p. 155
[19]minutos [...]”. “Los científicos y los médicos más prestigiosos y experi- mentados aseguran que el hombre no podría sobrevivir a un conflicto nuclear global. La potencia destructora de las armas de este tipo acumuladas supera un millón de veces las rústicas bombas que en cuestión de segundos aniquilaron las ciudades…
p. 154
18La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1551 cita
[20]parte de la guerrilla; contra ellos se hicieron varios montajes judiciales, instrumen- talizando a la justicia, que incluyeron la apertura de procesos y cargos en su contra. Tal es el caso de una pareja de académicos de un colectivo de exiliados/as en Argentina, que a mediados de los años noventa –en el marco de la…
p. 155
19Mi vida y mi cárcel con Pablo EscobarVictoria Eugenia Henao · 2018 · p. 3761 cita
[21]celdas con todo y barrotes, lavar las cortinas y en ocasiones hasta hacer la comida de los guardias. Por las noches, cuando terminaban de hacer las rondas para verificar que los detenidos estuviesen completos, invitaba a comer al comisario y al subcomisario. A las guardias mujeres las ayudaba con el maquillaje cuando…
p. 376
20Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2601 cita
[22]1970. Convento que establece la Orga- mización Latinoamericana de Ener- sia. Lima, noviembre 2de 1973, apro- de por la ley 6 de 1576y en vigor para Colombia desde marzo 6 de 1976. — Convenio constitutivo del Sis tema Económico Latincamericano. Panamá, octubre 17 de 1975, apro- bado por la ley 15 de 1979 y en vigor…
p. 260
21Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 1092 citas
[23]diferencia de estos, Colombia y los países de la ap compar - ten y favorecen una versión proneoliberal 10 que se ha replicado en el tipo de regionalismo que promulgan. A diferencia de las propuestas de países como Venezuela o Bolivia, en las que prima la integración política sobre la comer - cial, los países de la ap…
p. 109
[24]diferencia de estos, Colombia y los países de la ap compar - ten y favorecen una versión proneoliberal 10 que se ha replicado en el tipo de regionalismo que promulgan. A diferencia de las propuestas de países como Venezuela o Bolivia, en las que prima la integración política sobre la comer - cial, los países de la ap…
p. 109
22Desafíos de la gobernabilidad democrática. Reformas político-institucionales y movimientos sociales en la región andinaMartín Tanaka, Francine Jácome · 2010 · p. 4041 cita
[25]inmediato de la violencia. El caso de Bolivia ejemplifica con claridad uno de los límites centrales a la acción por parte de la OEA: la siempre presente (y en algunos casos crecien- te) sospecha acerca de los verdaderos intereses y la agenda escondida de los Estados Unidos, y la posibilidad de que la OEA sirva…
p. 404
23Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 611 cita
[26]la produc- cién, lo que permitié que las empresas empezaran a interesarse en los campos pequefios. En América Latina, entre 1981 y 1985 los mayo- Tes receptores de capitales fueron Argentina, Brasil y México, que concentraron el 71,7 por ciento de los recursos desembolsados. Entre 1986 y 1990, reci- bieron el 78,5 por…
p. 61
24Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 351 cita
[27]8,43% en 2004. En términos practicos, esto significa que con una poblacion que, por su volumen, crece mas rapido en términos absolutos comparada con la de muchos otros paises, y con un ingreso bajo que crece poco (dentro del mediocre promedio latinoamericano), Colombia dificilmente podra alcanzar los niveles de…
p. 35
25Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 3182 citas
[28]Bogotá, eran inmigrantes de la primera o segunda generación. La muestra de Gilbert dio los re- sultados consignados en el cuadro 5.8. Esto significa que el peso relativo de los inmigrantes en la conformación de la burguesía local es o ha sido considerable en el país, abrumador en Barranquilla y descollante en Bogotá,…
p. 318
[29]Bogotá, eran inmigrantes de la primera o segunda generación. La muestra de Gilbert dio los re- sultados consignados en el cuadro 5.8. Esto significa que el peso relativo de los inmigrantes en la conformación de la burguesía local es o ha sido considerable en el país, abrumador en Barranquilla y descollante en Bogotá,…
p. 318
26La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 4921 cita
[30]en la Argentina del siglo xix. Armas, votos y voces. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2003. Salmon, Pierre y Wolfelsperger, Alain. “De l’équilibre au chaos et retour: bilan méthodologique des recherches sur la règle de majorité”. Revue française de science politique, vol. 51, n.° 3 (2001), pp. 331-369. San…
p. 492
27Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 1171 cita
[31]la producción ce realera en la pampa y el desarrollo de las nacientes economías urbanas de la costa, la corriente de inmigrantes se convirtió en una inundación. Entre 1857 y 1930 Argentina recibió una inmigración neta de quizá tres y medio millones de personas. Antes de la Primera Guerra Mundial más de la mitad eran…
p. 117