Idea transversal
Estigmatización
La estigmatización fue el mecanismo central mediante el cual personas y comunidades fueron marcadas como enemigas —comunistas, guerrilleras, auxiliadoras— quedando expuestas a la violencia sistemática en el conflicto armado colombiano. La Comisión de la Verdad lo identificó como base de la persecución y el exterminio físico, social y político, y como clave de la persistencia del conflicto.
Trayectoria de una idea
- 1920
Antecedentes represivos: trabajadores y masacre de las bananeras
- 1985
Codificación doctrinal: manual 'Conozcamos a nuestro enemigo'
- 1985
Inicio del exterminio de la Unión Patriótica
- 1987
Formalización doctrinal del 'enemigo interno' en manuales militares
- 2000
Balance del exterminio de la UP: al menos 4.153 víctimas
- 2003
Inconstitucionalidad de la Ley de Seguridad Nacional y el Estatuto Antiterrorista
- 2012
Reconocimiento judicial del genocidio político contra la UP
- 2016
Reconocimiento estatal del exterminio de la UP por el presidente Santos
- 2022
La Comisión de la Verdad identifica la estigmatización como hallazgo central
La lectura
La estigmatización no fue en Colombia un fenómeno difuso de la opinión pública sino un dispositivo codificado en manuales militares, amplificado por declaraciones oficiales y ejecutado sobre cuerpos concretos en veredas, sindicatos y plazas. Operó en tres tiempos: producía al enemigo mediante el discurso, habilitaba la acción violenta al hacer de la marca una prueba suficiente, y sobrevivía al hecho violento silenciando a víctimas y sobrevivientes durante décadas. Su expresión más devastadora fue el exterminio de la Unión Patriótica, donde el carné de un partido legal bastó como sentencia de muerte para más de cuatro mil personas. El mecanismo se extendió a comunidades campesinas enteras, cuyos rasgos corporales del trabajo —callos, ampollas, cicatrices— fueron leídos por paramilitares en retenes como pruebas de pertenencia guerrillera. Reconocida tardíamente como base del genocidio político por la justicia y por el Estado, la estigmatización sigue siendo, según la Comisión de la Verdad, una de las claves sin resolver de la persistencia del conflicto colombiano.
En Colombia, la palabra estigmatización dejó hace décadas de ser un término prestado de la sociología para convertirse en categoría política y, más recientemente, en categoría jurídica. Nombra el mecanismo por el cual una persona o una comunidad es marcada públicamente como enemiga —comunista, guerrillera, auxiliadora, subversiva, terrorista— y, por esa marca, queda expuesta a la violencia. No es un fenómeno difuso de la opinión pública ni un residuo del prejuicio: fue un dispositivo codificado en manuales militares, amplificado por declaraciones oficiales, apropiado por paramilitares y guerrillas, y ejecutado sobre cuerpos concretos en veredas, sindicatos, juzgados y plazas. La Comisión de la Verdad, al cerrar su mandato en 2022, lo identificó como uno de sus hallazgos centrales: la construcción del enemigo interno mediante el estigma fue base de la persecución y del exterminio físico, social y político, y una de las claves de la persistencia del conflicto armado colombiano. Este artículo reconstruye ese dispositivo: cómo se produjo, cómo circuló, sobre quiénes cayó y con qué consecuencias jurídicas y morales lo enfrenta el país.
Qué se nombra cuando se dice estigmatización
En su acepción sociológica clásica, un estigma es una marca moral negativa que devalúa a quien la porta y lo expone al rechazo. Trasladada al conflicto colombiano, la categoría adquiere un peso distinto: la marca no solo aísla, sino que habilita el daño físico. Etiquetar a alguien como "comunista", "guerrillero" o "auxiliador" no describe una filiación política: designa un objetivo. La estigmatización política funcionó en Colombia como mecanismo justificador de la violencia, del ostracismo social y de la marginación política de quienes fueron señalados, y contribuyó de manera directa al exilio de líderes sociales y políticos perseguidos.
El estigma opera en tres tiempos. Primero produce el enemigo mediante un discurso —oficial, militar, mediático, comunitario— que reencuadra actividades ordinarias como pruebas de enemistad: pertenecer a un sindicato, vivir en cierta vereda, portar un carné partidario, defender presos políticos, tener callos en las manos. Después habilita la acción: quien ha sido marcado puede ser detenido, torturado, desaparecido o asesinado sin que el hecho requiera mayor justificación pública, porque la marca hace las veces de prueba. Y, por último, sobrevive al hecho violento: acompaña a las víctimas, a sus familias y a sus sobrevivientes durante décadas, silencia el exilio, culpa a quien huyó y hace que hablar del daño sea, en sí mismo, riesgoso.
Este dispositivo no fue accesorio a la guerra colombiana: fue su condición de posibilidad discursiva. Sin él, resulta difícil explicar por qué un país eliminó a un partido político entero, asesinó a más de tres mil sindicalistas en quince años y trató a comunidades campesinas enteras como territorio enemigo.
Los orígenes: doctrina y tradición represiva
La estigmatización sistemática en Colombia tiene raíces largas y una formalización doctrinal precisa. Antes de que la Doctrina de Seguridad Nacional llegara a los ejércitos latinoamericanos en el marco de la Guerra Fría, existía ya en el país una mentalidad castrense que asociaba la protesta social con la subversión: la represión de trabajadores en la década de 1920, culminada en episodios como la masacre de las bananeras, había sentado el precedente de tratar la reivindicación laboral como amenaza al orden. La participación colombiana en la guerra de Corea, la única de un país latinoamericano bajo bandera de Naciones Unidas, reforzó en la oficialidad una lectura anticomunista del mundo que luego encontraría suelo fértil en las tesis de seguridad hemisférica.
La Doctrina de Seguridad Nacional, difundida en la región a través de canales como la Escuela de las Américas —con sede primero en Panamá— y otras instancias de formación militar, aportó el marco teórico. Su desplazamiento decisivo fue extender el concepto de enemigo más allá del combatiente armado: pasaba a incluir al sindicalista, al campesino organizado, al militante de izquierda, al estudiante movilizado. Todos ellos, bajo el prisma contrainsurgente, eran parte del conflicto.
Esa doctrina se tradujo en manuales del Ejército colombiano. El Reglamento de combate de contraguerrilla de 1987 y otros manuales de 1979 fijaron doctrinalmente una tesis central: los grupos subversivos, en su fase civil, organizaban y dirigían movimientos sindicales, estudiantiles y campesinos como parte de la "guerra de insurgencia". El concepto clave era el de población civil insurgente. Los textos lo describían como una masa heterogénea unificada mediante actividad psicológica, en la que se englobaban las organizaciones sociales como componentes de la subversión. Dos años antes, en 1985, un manual titulado Conozcamos a nuestro enemigo había circulado en la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdoba. Allí se señalaba a los sindicatos como fachadas de la subversión y estructuras de dependencia directa del Partido Comunista Colombiano.
La consecuencia doctrinal era grave: si el sindicato es fachada de la subversión, el sindicalista es combatiente encubierto; si el movimiento campesino es una modalidad de la estrategia guerrillera, el campesino organizado es enemigo. La militancia legal quedaba reencuadrada como acción bélica clandestina. Sobre ese suelo doctrinal se edificaron las décadas siguientes.
A esa lógica se sumaría, con los años, la noción de guerra jurídica: la idea de que los defensores de derechos humanos que investigaban y denunciaban a militares por violaciones estaban librando una batalla no armada favorable a la guerrilla, mediante la neutralización de combatientes del Ejército por vía de procesos judiciales. La guerra política —así llamada por los propios manuales— y la guerra jurídica completaban el cuadro: la insurgencia no solo estaba en el monte, sino en el sindicato, en la corte, en la universidad, en el barrio.
La trayectoria: cómo el estigma se volvió sentencia
El exterminio de la Unión Patriótica
Ningún caso muestra con mayor crudeza el paso del estigma a la aniquilación que el de la Unión Patriótica. El movimiento surgió el 28 de enero de 1985 como fruto de acuerdos de paz con las FARC, aspirando a canalizar la transición de la lucha armada a la disputa política legal. La persecución, sin embargo, no esperó su fundación: hay registros de asesinatos de militantes desde 1984. Para noviembre de 1985, cuando la UP celebró su primer congreso, ya habían sido asesinados setenta militantes. En septiembre de 1986, la cifra ascendía a trescientas víctimas en todo el país.
El estigma funcionó como argumento estructural del exterminio. El origen del partido en los acuerdos con las FARC y la presencia de militantes provenientes de la guerrilla fueron invocados una y otra vez —por funcionarios del Estado y por actores armados— para señalar a todos sus integrantes como objetivos legítimos. Que la mayoría fueran civiles sin vínculo alguno con las armas resultaba irrelevante: el carné de la UP, un libro del Partido Comunista, cualquier material asociado a la izquierda bastaba como prueba en manos de paramilitares y militares para detener, amenazar o asesinar a un campesino, equiparándolo automáticamente con un guerrillero.
Las declaraciones públicas de altos funcionarios contribuyeron a crear el clima de hostilidad institucional. En el período en que fue asesinado el candidato presidencial Bernardo Jaramillo Ossa, el ministro de Gobierno realizaba declaraciones señalando vínculos entre la UP y las FARC. Los líderes paramilitares de Córdoba percibían tanto a Jaramillo como al candidato del M-19 Carlos Pizarro como amenazas para Colombia, en parte por los vínculos que atribuían a la UP con la guerrilla. La estigmatización oficial no ordenaba directamente el asesinato: proporcionaba el marco en el que el asesinato aparecía como acto de defensa del orden.
La ejecución fue sistemática. Existieron planes de exterminio con nombres propios: el Baile Rojo a nivel nacional y el Plan Esmeralda en los Llanos Orientales y el Caquetá, denunciados por el congresista Henry Millán. Las estructuras paramilitares se articularon con secciones de inteligencia del Ejército —el B-2 y el S-2— para recabar información, coordinar acciones y ejecutar asesinatos selectivos. Entre 1984 y 2000, la campaña dejó al menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas.
Las víctimas lucharon veinticinco años para que el crimen fuera nombrado por su nombre. En diciembre de 2012, en el proceso de Justicia y Paz contra Éver Veloza alias HH, los jueces reconocieron que el exterminio de la UP constituye un genocidio político. En septiembre de 2016, en la Casa de Nariño, el presidente Juan Manuel Santos admitió públicamente que el exterminio jamás debió haber ocurrido y que el Estado no tomó medidas suficientes para impedirlo. El Centro Nacional de Memoria Histórica adoptó la caracterización de genocidio político en el título mismo de su informe. La categoría jurídica, tardía, reconoció lo que las viudas y los sobrevivientes habían dicho desde el primer entierro: que no fue una serie de asesinatos aislados, sino una exterminación política deliberada.
Sindicatos y movilización social
El paralelismo entre la doctrina de 1985 —los sindicatos como fachadas de la subversión— y el destino del movimiento sindical colombiano es imposible de ignorar. Entre 1990 y 2005 fueron asesinados más de tres mil quinientos sindicalistas. El porcentaje de trabajadores sindicalizados cayó del doce por ciento en 1988 al cuatro por ciento en 2009. La violencia antisindical, combinada con mecanismos legales restrictivos, produjo una desmovilización estructural del mundo del trabajo organizado.
Las AUC, y específicamente el Bloque Norte, convirtieron a los sindicatos en objetivos militares y justificaron su persecución en supuestas relaciones con las guerrillas. Homicidios, amenazas, desapariciones forzadas y tortura formaron el repertorio de una guerra que, discursivamente, no era guerra: era defensa del orden productivo contra la infiltración subversiva. En el eje bananero y el sur de Córdoba, las ACCU emprendieron un proceso de exterminio dirigido a eliminar de la esfera política a los movimientos sociales, incluyendo sindicatos y asociaciones campesinas con bases sociales amplias.
La protesta pública también fue reencuadrada como acto subversivo. En una marcha por servicios públicos, un Capitán Londoño detuvo a los manifestantes que encabezaban la marcha con megáfono, los amenazó con llevarlos a Puerto Berrío y desaparecerlos, y les ordenó no continuar porque "eso era subversivo". Reclamar servicios públicos era, para el oficial en el sitio, un acto de guerra.
En el plano legal, la concepción del enemigo interno se tradujo en dos intentos de codificación explícita: la Ley de Seguridad Nacional de 2001 y el Estatuto Antiterrorista de 2003, ambos criminalizadores de la protesta social y ambos declarados inconstitucionales por la Corte Constitucional. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en su jurisprudencia sobre casos colombianos, evidenció que las Fuerzas Armadas creían sistemáticamente que el movimiento social formaba parte de la estrategia de la insurgencia.
Aun en pleno siglo XXI, el estigma sobre la protesta persistió con reencuadres nuevos. En 2013, en medio de un paro agrario, el entonces ministro del Interior Fernando Carrillo afirmó que detrás del paro había intereses de la derecha y la izquierda extrema, no del pequeño cultivador. La fórmula —la protesta legítima infiltrada por intereses ilegítimos— es una variante contemporánea de la vieja doctrina.
Comunidades territoriales
Sobre las comunidades rurales, la estigmatización operó a escala geográfica. La sola ubicación en una zona de presencia guerrillera fue tratada como criterio suficiente para imputar a los pobladores la condición de guerrilleros o colaboradores, sin necesidad de prueba individual alguna. La circulación y permanencia de un grupo armado en un territorio convirtió a la población civil en cómplice colectiva.
Este mecanismo tiene antecedentes explícitos. El congresista Álvaro Gómez Hurtado denominó "Repúblicas Independientes" a zonas como Sumapaz, Planadas y Riochiquito, pidiendo al gobierno dar vía libre al Ejército. Esa fórmula inauguró una estigmatización que se extendió a otras comunidades colonas de frontera agrícola y que perdura hasta el presente. La lógica se repitió con las Zonas de Reserva Campesina, descalificadas públicamente como "santuarios de la guerrilla" y "nuevos caguanes", lo que convirtió a sus liderazgos en objetivos de persecución, señalamiento y encarcelamiento.
El estigma territorial produjo consecuencias directas en cuerpos concretos. Miembros del Ejército Nacional amenazaron, amarraron y torturaron a campesinos de veredas como El Topacio exigiéndoles señalar la ubicación de la guerrilla, tratándolos como colaboradores por el solo hecho de residir en zonas de presencia insurgente. En retenes paramilitares, marcas físicas del trabajo campesino —callos en las manos, ampollas, marcas en los hombros por cargar maletines o equipos de fumigación, cicatrices— fueron leídas como señales de pertenencia guerrillera y utilizadas para seleccionar víctimas. El cuerpo del trabajador se convertía en evidencia de enemistad.
La masacre de El Salado, en los Montes de María, estuvo precedida por la estigmatización de toda la comunidad como subversiva, asociada a la presencia de las FARC en la zona y a la ubicación geoestratégica del territorio en la disputa entre guerrilla y paramilitarismo. El estigma funcionó como antesala directa de la masacre: la marca colectiva justificaba el castigo colectivo. En el Magdalena Medio, campesinos que residían en zonas de influencia guerrillera fueron víctimas de desapariciones forzadas y asesinatos, catalogados como auxiliadores por el solo hecho de habitar allí.
La estigmatización territorial se articuló también con dinámicas de acumulación. Actores armados legales e ilegales la usaron como recurso de poder para disponer del territorio e imponer nuevos órdenes sociales, económicos y políticos. Vaciar una zona requería primero marcarla; después, obligar a sus habitantes a abandonarla o a someterse a los ordenamientos impuestos. En regiones de expansión de la ganadería extensiva, de proyectos agroindustriales o de economías extractivas, el desplazamiento producido por el estigma dejó tierras disponibles cuya redistribución benefició a terceros ajenos al conflicto declarado. La marca "guerrillero" o "auxiliador" sobre una vereda podía convertirse, en cuestión de meses, en cambio de propietario.
La operación tuvo un componente jurídico y administrativo adicional. Comunidades desplazadas encontraron, al intentar retornar o reclamar sus predios, que su condición previa de "zona roja" o "territorio en disputa" era esgrimida por funcionarios y por adquirentes de buena fe como argumento para desconocer sus derechos. El estigma territorial, en ese punto, se transformaba en obstáculo probatorio: quien había sido tratado como enemigo cuando habitaba la tierra debía después demostrar, ante instancias oficiales, que no lo era, para acceder a la restitución. La carga de la desestigmatización recaía sobre la víctima.
Defensores de derechos humanos y operadores de justicia
La noción de guerra jurídica reencuadró el trabajo de los defensores de derechos humanos como actividad bélica orientada a favorecer a la guerrilla. El caso del sociólogo Alfredo Correa de Andreis lo ejemplifica: la Fiscalía descubrió que los guerrilleros que testificaron contra él lo habían hecho bajo falsas identidades, y que el agente del DAS Valle Anaya había facilitado que esos testigos pudieran verlo en lugares de reclusión del organismo. Tras ser liberado, Correa de Andreis fue asesinado. Los actos de Valle Anaya fueron calificados como de extrema imprudencia; la investigación interna abierta en su contra fue archivada rápidamente. El estigma judicial —el falso proceso, la falsa acusación de vínculos con la guerrilla— fue antesala directa del asesinato.
Los operadores de justicia pagaron igualmente el precio. Entre 1979 y 1991, doscientas noventa personas en cumplimiento de funciones judiciales fueron asesinadas en Colombia. Una encuesta realizada en 1987 encontró que el 25,4 por ciento de los jueces y juezas colombianos habían sido objeto de amenazas directas o contra sus familiares en razón del ejercicio de sus funciones. La masacre de La Rochela, perpetrada el 18 de enero de 1989, fue dirigida contra una comisión de funcionarios judiciales que investigaba, entre otros hechos, la desaparición forzada de 19 comerciantes. Investigar a paramilitares o a militares comprometidos con estructuras criminales acarreaba el mismo estigma que militar en la izquierda: colaboración con la subversión por vía procesal.
El estigma diferenciado
La estigmatización no cayó de manera uniforme. Se articuló con formas previas de exclusión —raciales, sexuales, de género, de clase— y las amplificó dentro del conflicto. Habitantes de calle, personas con orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas, consumidores de sustancias psicoactivas y trabajadoras sexuales fueron cotidianamente violentadas por actores armados en el conflicto urbano, tachadas de "indeseables" dentro de los territorios bajo control armado. La categoría de enemigo se combinó con la de residuo social.
Comunidades afrodescendientes fueron objeto de imaginarios estigmatizantes preexistentes que actores armados y fuerza pública exacerbaron y reapropiaron. En el sur del Guaviare, comunidades negras fueron perseguidas tanto por el Bloque Centauros de las AUC como por el Ejército Nacional, en acciones identificadas como complementarias; personas afrodescendientes fueron comparadas con guerrilleros por su sola condición racial. En el Catatumbo, afrocolombianos, raizales y palenqueros fueron estigmatizados en el marco del conflicto, en parte porque un porcentaje significativo de integrantes de estructuras paramilitares provenientes del Urabá y la costa Caribe eran afrodescendientes, lo que generó señalamientos indiscriminados hacia esa población.
Las mujeres campesinas fueron estigmatizadas como guerrilleras o colaboradoras por el solo hecho de portar objetos cotidianos o vivir en zonas de conflicto, y sufrieron maltrato y acusaciones arbitrarias por parte de la fuerza pública en el Cauca y Sumapaz. Los hijos e hijas nacidos de violencias sexuales cometidas por actores armados fueron estigmatizados por su propia comunidad con apelativos como "paraquitos" o "niños de las personas verdes", acumulando sobre ellos y sus madres una doble victimización: la violencia sexual original y el estigma social posterior, que en este caso no descendía del Estado ni del actor armado, sino del vecindario.
La red: cómo circula la marca
La eficacia destructiva del estigma dependió menos del discurso oficial descendente que de su capacidad para articular niveles heterogéneos: entre la doctrina impresa en un manual militar y el señalamiento del vecino que denuncia había un circuito operativo específico. Ese circuito puede reconstruirse.
En el extremo institucional, el marco doctrinal fijaba las categorías —población civil insurgente, guerra política, guerra jurídica— y las declaraciones oficiales las movilizaban ante la opinión pública. Ese nivel producía enemigos genéricos: el sindicalista, el defensor, el militante de la UP, la comunidad de tal vereda. En el extremo operativo, las listas de objetivos traducían el enemigo genérico en nombres individuales. Desmovilizados del Bloque Héroes de Granada relataron que las listas llegaron a contener hasta mil nombres y funcionaron como mecanismo central de selección letal. En municipios como San Carlos, cuatro fuentes alimentaban esas listas: señalamientos de informantes —antiguos militantes guerrilleros cooptados por los paramilitares—, información obtenida bajo tortura, labores de inteligencia y rumores comunitarios. Desde finales de los años noventa, las listas eran portadas físicamente en los operativos: se mataba "con lista en mano".
Entre ambos extremos, un tejido difuso hacía el trabajo de traducción cotidiana. El Estado colombiano proyectó, en su momento, una red de un millón de informantes; con ella extendió la sospecha generalizada y abrió la puerta a denuncias motivadas por beneficio personal, rencilla vecinal o disputa privada. Guerrillas y paramilitares mantuvieron sus propias redes con la misma lógica. La consecuencia, más allá de la información recabada, fue una desconfianza estructural: cualquiera podía ser el que señalara. A ese nivel se sumaron los guías encapuchados que acompañaban a los actores armados para identificar víctimas ante las comunidades, introduciendo el estigma dentro del tejido social mismo y volviendo peligrosas actividades cotidianas como el trabajo comunitario, la enseñanza o la organización vecinal.
El circuito se cerraba, en el terreno, con una operación que ya no requería palabras: la lectura del cuerpo. Los cuerpos campesinos —marcados por el trabajo, la carga, el sol, el sudor— fueron leídos por los paramilitares en retenes como si fueran documentos de identidad enemiga. La estigmatización, en ese punto, alcanzó su forma más pura: prescindió del discurso y se apoyó en la evidencia de la piel.
La responsabilidad del dispositivo no puede, por tanto, atribuirse a un solo actor. El Estado proporcionó el marco doctrinal y legitimador; los paramilitares, las guerrillas y las redes informales lo apropiaron y ejecutaron. Sin el marco, la violencia habría carecido de justificación pública; sin la apropiación, el discurso habría sido inerte.
La huella: exilio, silencio y justicia
El estigma no termina con el hecho violento. Acompaña a las víctimas durante décadas, atraviesa fronteras y se transmite entre generaciones. Muchas víctimas colombianas en el exilio llevan una marca moral negativa que las persigue. La pregunta "¿qué hiciste para tener que salir de tu país?" resume el mecanismo: la sospecha se desplaza del perpetrador a la víctima. Quien huye debe explicar por qué; quien persiguió, no.
La estrategia de supervivencia más frecuente en el exilio es el silencio: no hablar de la persecución, no identificarse como persona exiliada, no contar la historia, ni siquiera al regresar. Sobre quienes se fueron pesa una especie de castigo público o culpa social —la sospecha de que "algo habrán hecho"— que refuerza ese silencio. La marca cruza el océano con la víctima y se instala también en el país de acogida, donde las comunidades del exilio reproducen a menudo, entre sí, las divisiones y desconfianzas heredadas del conflicto.
Los hijos e hijas de personas perseguidas o combatientes crecieron aprendiendo estrategias de ocultamiento: mentiras, cambios de rutina, versiones alternativas de la identidad familiar. En el exilio, los niños y jóvenes vivieron el silencio sobre lo que no se podía hablar como parte de su experiencia cotidiana. Aprendieron pronto qué preguntas no se hacen, qué apellidos no se pronuncian, qué fotografías no se muestran. Ese silencio constituye un daño específico a su desarrollo y a su memoria, distinto y adicional al daño original que causó el exilio. Es también un daño transmisible: la generación siguiente hereda la cautela, la sospecha ante las instituciones, el reflejo de mirar por encima del hombro antes de hablar.
En las comunidades que permanecieron en el territorio, el estigma produjo daños colectivos duraderos. Contribuyó a la disolución de organizaciones comunitarias como ASOPEMA, provocó la huida o el silenciamiento de líderes y generó sentimientos colectivos de abandono, impotencia y desconcierto. Promovió el señalamiento interno dentro de las comunidades, el quiebre de relaciones vecinales, la sospecha mutua. Vecinos que habían compartido durante años dejaron de saludarse; familias que habían sido amigas evitaron ser vistas juntas; asambleas y juntas de acción comunal se disolvieron sin acuerdo formal, por pura evaporación de la confianza.
Tras algunas masacres, como la de Portete, los sobrevivientes que huían encontraron rechazo en comunidades vecinas que temían ser asociadas con ellos y sufrir la misma violencia. El estigma se contagiaba: acoger a una víctima podía convertir al anfitrión en el próximo objetivo. Esa lógica de contagio explica por qué muchos desplazamientos no encontraron refugio en las poblaciones cercanas y debieron continuar hacia centros urbanos distantes, donde el anonimato era la única forma de protección.
En el mundo cultural, el estigma de "subversivo" o "artista guerrillero" fue utilizado por grupos paramilitares para amenazar y expulsar a personas del ámbito artístico y político, como ocurrió con miembros de la Corporación Colombiana de Teatro en los años ochenta. Escenarios, publicaciones y espacios de creación desaparecieron o se replegaron; carreras enteras se interrumpieron por señalamientos que las autoridades no desmintieron.
La justicia transicional colombiana enfrentó todo ese entramado tardíamente y en condiciones excepcionales. Los agentes de memoria en Colombia iniciaron su lucha en medio de un conflicto armado en curso, a diferencia de otros países latinoamericanos que emprendieron procesos de memoria histórica tras el fin de dictaduras o la firma de acuerdos de paz. La adopción de la Ley de Justicia y Paz fue el momento en que la memoria histórica se enunció con fuerza en la esfera pública, dando lugar a coaliciones de víctimas y abriendo espacio para políticas públicas de memoria.
Los reconocimientos jurídicos han llegado en cuentagotas. El de 2012 sobre el genocidio de la UP. El de 2016 por parte del presidente Santos. La Comisión de la Verdad documentó que soldados y comandantes reconocieron públicamente el crimen de los falsos positivos y pidieron perdón a las familias y a la nación, y señaló además que el daño causado por ese crimen a la ética pública de la nación es inconmensurable y tiene un efecto devastador en los niños y jóvenes de Colombia. La Corte Constitucional, al declarar inconstitucionales la Ley de Seguridad Nacional y el Estatuto Antiterrorista, invalidó las tentativas de codificar legalmente la doctrina del enemigo interno.
El hallazgo central de la Comisión de la Verdad —la estigmatización como mecanismo de construcción del enemigo, base del exterminio físico, social y político— constituye la primera formulación oficial que trata al estigma no como consecuencia colateral de la guerra sino como uno de sus dispositivos constitutivos. Esa formulación tiene una implicación jurídica todavía abierta: si la estigmatización sistemática es paso previo tipificable a la violencia masiva, quienes elaboraron manuales, hicieron declaraciones estigmatizantes desde cargos públicos y construyeron discursos que legitimaron el exterminio cargan con una responsabilidad que trasciende el amparo de la libertad de expresión.
La estigmatización, en Colombia, tuvo nombres propios, fechas y consecuencias contables: 4.153 víctimas de la UP, 3.500 sindicalistas asesinados, 290 operadores de justicia asesinados en doce años, comunidades enteras arrasadas por marcas colectivas. Su huella más profunda es, sin embargo, la que no se cuenta: el silencio de los exiliados, la lengua rota de los hijos, las organizaciones disueltas, los liderazgos que no fueron, la desconfianza vecinal que sobrevivió a los paramilitares. Nombrarla como dispositivo, y no como accidente, es la operación que la Comisión de la Verdad dejó inscrita en el archivo público; lo que resta por establecer es hasta qué punto el país tratará ese nombre como categoría jurídica plena o lo dejará descansar en la literatura de los informes.
En el archivo
38 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
01Regeneración1886–19291
02República Liberal1930–19461
03La Violencia1946–19572
04Frente Nacional1958–19741
05Crisis y narcotráfico1974–19905
06Constitución de 19911991–20026
- 1995Limpieza social y orden moral paramilitar en ciudades colombianas (1995–2002)Hecho
- 1996Asimetría mediática: hipervisibilidad de las FARC e invisibilización paramilitar (1996–2002)Hecho
- 1996Las marchas cocaleras y la frontera agraria (1996–2000)Hecho
- 1996Yolanda Becerra VegaFicha
- 1999Asesinato de Jaime GarzónHecho
- 1999Jaime GarzónFicha
07Seguridad Democrática2002–20166
08Posconflicto2016–presente6
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Doctrina de Seguridad Nacional — marco teórico que extendió el concepto de enemigo al movimiento social y fundamentó la estigmatización sistemática
- 02Unión Patriótica — partido político exterminado mediante la estigmatización como proyección política de las FARC, con al menos 4.153 víctimas entre 1984 y 2000
- 03Sindicalismo — sector señalado en manuales militares como fachada de la subversión, con más de 3.500 sindicalistas asesinados entre 1990 y 2005
- 04Paramilitarismo — actor que apropió y ejecutó la estigmatización como criterio operativo para seleccionar víctimas, articulado con secciones de inteligencia militar
- 05Comisión de la Verdad — institución que reconoció la estigmatización como mecanismo central del conflicto y base del exterminio político
- 06Bernardo Jaramillo Ossa — candidato presidencial de la UP asesinado en el período en que funcionarios del Estado realizaban declaraciones estigmatizando al movimiento
- 07Masacre de El Salado — caso paradigmático en que la estigmatización colectiva de una comunidad como subversiva funcionó como antesala directa de la masacre
- 08Anticomunismo — tradición ideológica que alimentó la estigmatización desde la represión de trabajadores en los años 20 hasta la Guerra Fría y el conflicto contemporáneo
Personas
Lugares
Ideas
- Paramilitarismo21 piezas compartidas
- Enemigo interno19 piezas compartidas
- Desaparición forzada16 piezas compartidas
- Desplazamiento forzado13 piezas compartidas
- Genocidio político10 piezas compartidas
- Seguridad Democrática10 piezas compartidas
- Sindicalismo10 piezas compartidas
- Anticomunismo9 piezas compartidas
Documentos y fragmentos citados
48 documentos · 62 fragmentos
01Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 394, 5632 citas
[1]La desprotección del exilio se mani - fiesta en niños que salieron de comunidades campesinas, hijos de funcionarios o juezas que huyeron para proteger sus vidas y que vivieron sus primeros años sufriendo el miedo, hijos e hijas de familiares de desaparecidos que han vivido durante años con el silencio de lo que no se…
p. 563
[8]esa categoría de la narcoguerrilla la acuñó un embajador de Estados Unidos. Más ade - lante, y en un contexto de agudización del conflicto armado, en el año 2000 y en los siguientes estas concepciones estuvieron en la base de intentos de reformas para validar la persecución con atribuciones de orden público para las…
p. 394
02El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC)Gonzalo Sánchez Gómez, Mario Aguilera Peña · 2011 · p. 491 cita
[2]partido conservador. Colombia Nunca Más. Cimitarra. www.dere- chos.org/nizkor/colombia. 178 Voz. Marzo 16 de 1978. 179 Vanguardia Liberal Agosto 28 de 1981. 96 Capítulo 2 97 El orden desarmado La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare (ATCC) tuvo efectos bastante negativos para la…
p. 49
03Normas y dimensiones de la desaparición forzada en Colombia. Tomo ICentro Nacional de Memoria Histórica; Germán Lozano Villegas; Luz Janeth Forero M. · 2014 · p. 571 cita
[3]o en contra de la nación, nunca neutrales, dada la visión que se hacía a través del prisma de la lucha contrainsurgente. En ese sentido, las huelgas, la manifestación social y las campañas electorales de ciertas condiciones eran consideradas como focos de con fl ictos y, por ende, sujetos de control estatal 64. La in…
p. 57
04Huellas y rostros de la desaparición forzada (1970-2010)Federico Andreu-Guzmán (relator); Carlos Miguel Ortiz (coordinador); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2014 · p. 1391 cita
[4]en dos componentes: “población civil insurgente y grupo armado” 244. El mismo manual de fi ne la “población civil insurgente” como “la masa heterogénea conformada por elementos provenientes de diferentes sectores y uni fi cada a través de un proceso de actividad sicológica” 245. Este manual aseveraba igualmente que la…
p. 139
05No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2111 cita
[5]1990. Aguilera Peña y Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación (Colombia), El orden desarmado, 385. 621 Los principales dirigentes de la ATCC fueron asesinados en 1990 en Cimitarra, Santander, junto a la periodista Silvia Duzán. Año 50 40 30 20 1980 1981 1982 1983 1984 1985 1986 1987 1988 1989 1990 Paros…
p. 211
06El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · p. 16, 774 citas
[6]totalidad de las lógicas de “guerra política”, construida desde la implementa- ción de la Doctrina de Seguridad Nacional. Pero a este concepto, según el cual los grupos guerrilleros no actuaban contra el Estado únicamente mediante las armas, sino por medio de la contienda política y social, se le añadió uno nuevo en…
p. 77
[7]totalidad de las lógicas de “guerra política”, construida desde la implementa- ción de la Doctrina de Seguridad Nacional. Pero a este concepto, según el cual los grupos guerrilleros no actuaban contra el Estado únicamente mediante las armas, sino por medio de la contienda política y social, se le añadió uno nuevo en…
p. 77
[46]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…
p. 16
[47]la violencia y sus actores. Según los estimativos del gobierno de Virgilio Barco Vargas, solo el 20 por ciento de los crímenes llegaban al co- nocimiento de las autoridades, y de estos solo el 4 por ciento obtenía una sentencia (Tirado, 1989, páginas 66 - 67). Se trata- ba, además, de un sistema asediado él mismo por…
p. 16
07Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 411 cita
[9]D E U N C O N F L IC T O A R M A D O IN C O N C L U S O 47 1903). La mentalidad castrense se coció a fuego lento en la represión a los trabajadores petroleros de Barrancabermeja y de la zona bananera de Santa Marta en la década de 1920; en la represión de los masivos motines del 9 de abril de 1948, achacados nacional…
p. 41
08Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 201 cita
[10]el Estado y el establecimiento, era la enorme corrupcion que se percibía en las capas gobernantes de la región, predominantemente liberales. El 28 de enero de 1985, como fruto de los mismos acuerdos de paz, se dio vida jurídica y política a la UNION PATRIOTICA. Su primer congreso finalizó el 16 do noviembre 1985 con…
p. 20
09Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 201 cita
[11]el Estado y el establecimiento, era la enorme corrupcion que se percibía en las capas gobernantes de la región, predominantemente liberales. El 28 de enero de 1985, como fruto de los mismos acuerdos de paz, se dio vida jurídica y política a la UNION PATRIOTICA. Su primer congreso finalizó el 16 do noviembre 1985 con…
p. 20
10Todo pasó frente a nuestros ojos. El genocidio de la Unión Patriótica 1984-2002Vladimir Melo Moreno (Relator); Andrés Fernando Suárez, Carmen Andrea Becerra (Correlatores); Centro Nacional de Memoria Histórica · 2018 · p. 18, 2702 citas
[12]sin detenerse, dirigidos en específico contra sus militantes debido a su identidad política. Fue genera- lizada porque se presentó en gran magnitud en todo el territorio nacional, con énfasis donde la dinámica de participación política de la UP fue más exitosa y en un extenso periodo de tiempo com- prendido entre 1984…
p. 18
[14]en la entrevista, lo reafirmó fren- te a las cámaras de todos los noticieros de televisión. Según él, una prueba contundente de los vínculos entre la Unión Patriótica y las Farc era el hecho de que Braulio Herrera, elegido en 1986 representante a la Cámara por la UP, supuesta- mente después de haber dejado la lucha…
p. 270
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Eje CafeteroComisión de la Verdad · 2022 · p. 841 cita
[13]esos hechos, le argumentaban a los miembros de la guerrilla que, pues, no tenían cómo pagar, pues ellos no generaban, pues, unas acciones en contra [específicamente] de esas familias. Al parecer, les hacían como un estudio socioeconómico a dichas familias y otras sí se iban desplazadas» 228. El exterminio de la Unión…
p. 84
12Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1301 cita
[15]estos por Cundinamarca; en convergencia, fueron elegidos otros seis, entre estos, Julio Enrique Ortiz Cuenca por el Huila (Movimiento de Convergencia Liberal y UP) y Alfonso Gómez Méndez por el Tolima (Movimiento Político Tolima Libre, Liberal Oficial-U, Nuevo Liberalismo, Movimiento Amplio y Democrático-Rescatemos el…
p. 130
13Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1111 cita
[16]del Estado como su patrimonio natural» 373. El llamado «Baile Rojo» 374 y el «Plan Esmeralda» –este último desarrollado en la región–, tuvieron «la finalidad de perseguir y dar muerte a los miembros de la UP en los llanos orientales y Caquetá» 375, como lo denunció el asesinado congresista Henry Millán. La lucha…
p. 111
14Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · p. 1461 cita
[17](quien pronto sería elegido a la Cámara de Representantes como suplente de Gilberto Vieira, el secretario del PC) hablaron a nombre de la UP, y la presentaron como la proyección política de las FARC, quienes conservaban sus armas. Los grupos paramilitares de todo el país no estaban dispuestos a permitirlo, así que…
p. 146
15Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 2512 citas
[18]Escobar. Escobar sostuvo que el verdadero problema de la UP no era tanto Rodríguez Gacha, como Fidel Castaño. Agregó que era poco lo que podía hacer para influir sobre el líder paramilitar, a quien Escobar llamaba Dos Mil, por el número de miembros de la UP que estimaba había matado Castaño. 48 A pesar de la…
p. 251
[19]Escobar. Escobar sostuvo que el verdadero problema de la UP no era tanto Rodríguez Gacha, como Fidel Castaño. Agregó que era poco lo que podía hacer para influir sobre el líder paramilitar, a quien Escobar llamaba Dos Mil, por el número de miembros de la UP que estimaba había matado Castaño. 48 A pesar de la…
p. 251
16Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo IILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · p. 2501 cita
[20]que nos dieron como movimiento político que nosotros defendemos”, [les dije yo]. Porque ya había habido pues, esa amplitud de la Unión Patriótica cuando la década de Belisario Betancourt que se dio ese… esa amplitud para esa política. “No, es que vea, este carné es una cuestión que es amplia porque el señor presidente…
p. 250
17El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1952 citas
[21]la UP. Enumeran una serie de hechos para sustentar la delicada situación de orden público, derivada, según argumentan, de la intención de las FARC por ejercer dominio en la población, para lo cual se sustentarían en el avance político de la UP. La carta es enviada como documento secreto y de manera anónima por “un…
p. 195
[22]la UP. Enumeran una serie de hechos para sustentar la delicada situación de orden público, derivada, según argumentan, de la intención de las FARC por ejercer dominio en la población, para lo cual se sustentarían en el avance político de la UP. La carta es enviada como documento secreto y de manera anónima por “un…
p. 195
181989María Elvira Samper · 2019 · p. 48, 522 citas
[23]y desmoralizar a comunidades enteras. Entre 1984 y 2000, la campaña exterminio adelantada por narcoparamilitares con la complicidad de agentes del Estado, deja por lo menos 4.153 personas asesinadas o desaparecidas, sin contar a las víctimas de tipos de violencia no letal. En diciembre de 2012, dentro del proceso de…
p. 48
[25]de un hecho inicuo que tiene que conmover a toda la sociedad colombiana y llamar a la solidaridad en momentos de crisis”. El ministro de Gobierno, Raúl Orejuela Bueno, sostiene que se trata de un “complot contra la democracia y el proceso de paz del Gobierno”, y el PC protesta por lo que considera la pasividad del…
p. 52
19Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7081 cita
[24]y el encarcelamiento judicial de los 2423 Prensa Cajar, «Masacre de Caño Sibao». 2424 Corporación para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (Reiniciar), «Base de datos, Víctimas identificadas UP 1984-2006». 2425 Testimonio de Carlos Alfonso Velázquez, coronel (r) del Ejército y catedrático universitario…
p. 708
20¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 267, 2692 citas
[26]objetivo militar. Entonces el rollo es que quiero que quede claro que el vínculo no era de quien necesariamente tenía que estar ahí, sino por el hecho de usted vivir en una vereda digamos declarada guerrillera entre comillas entonces eso ameritaba que usted era guerrillero o lo sindicaban de guerrillero y si usted…
p. 269
[32]lo que sucedió. La estigmatización en los testimonios de pobladores y víctimas se reconoce como un proceso mediante el cual aspectos como: marcas sobre la apariencia, conducta, señales físicas o lugar de residencia se transforman en señales de pertenencia a las filas del enemigo y en mecanismos de culpabilización y…
p. 267
21La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 181 cita
[27]duradera con las comunidades. Lejos de ello, esta presencia de actores armados insurgentes, en el caso de El Salado, dio lugar en la etapa reciente del conflicto a la estigmatización de toda la población como subversiva, lo que su- mado a su ubicación geoestratégica en la competencia armada de las Farc y el…
p. 18
22De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe No. 1Centro Nacional de Memoria Histórica, Álvaro Villarraga Sarmiento, Anascas Del Río Moncada, Mauricio Barón Villa, Andrea García Hernández, José Alirio Duque Orrego, Edith Garzón Quintero · 2017 · p. 4501 cita
[28]ASO- PEMA se salieron (…) La gente no esperaba a que la amena- zaran (…) como se ve por otras partes tanto asesinato, que llegaban y barrían con todo, mucha gente se imaginó que aquí iba a ser lo mismo. Entonces la gente, la mayoría de los líderes se van, los que quedan, quedan quietos y la asociación prác- ticamente…
p. 450
23Memoria de la infamia. Desaparición forzada en el Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Liz Yasmit Arévalo Naranjo, Andrés Prieto Ruiz · 2017 · p. 159, 1622 citas
[29]abusos con- tra la población civil y numerosos crímenes como desapariciones y asesinatos. La reproducción de la estigmatización, incrementó la vulnerabilidad de campesinos por el solo hecho de residir en zonas de presencia de guerrilla. También puede verse otro rasgo característico de las desapari- ciones forzadas en…
p. 159
[43]lo cual llevó a “lim- piezas sociales” y políticas de expresiones contrarias a las propias y que interfirieran en sus procesos de control territorial como la participación en organizaciones sin- dicales, cívicas o comunitarias. Por eso para estos autores “el destierro, la muerte y la desaparición forzada son los…
p. 162
24Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 361 cita
[30]que, al tiempo que impone cambios abruptos frente a “disidencias peligrosas”, moviliza intereses económicos y políticos. La estigmatización constituye en sí una forma de violencia, una expresión de la dominación y la coerción, de las relaciones de po- der económico y político (Fernández, 2005). En el conflicto arma-…
p. 36
25Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1451 cita
[31]figura de las Zonas de Reserva Campesina como una alternativa para la protección de sus territorios y modos de vida: «Estos territorios fueron señalados como “santuarios de la guerrilla”, “nuevas zonas de d espeje” y “caguanaes” con lo cual se descalificaba públicamente la posibilidad de desarrollo y sus liderazgos…
p. 145
26Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 721 cita
[33]la soberanía del Estado, y agregó: «Hay la República Independiente de Sumapaz. Hay la República Independiente de Planadas, la de Riochiquito, la de este bandolero que se llama Richard». Gómez, además, le pidió al Gobierno que se diera vía libre al Ejército para que operara «a plenitud»; de no hacerlo, «está fomentando…
p. 72
27Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 cita
[34]Yo era la única mujer. Le dije “¿Cómo? Si a mí me gusta la artesanía y yo llevo esos c artuchos es para ver si hago algo con ellos”. “¿Y qué va a hacer con eso?”, me preguntaron, “nada, usted es la que les distribuía eso allá a la guerrilla”, me dijeron, y me maltrataron como les dio la gana, o sea, me dijeron de…
p. 60
28Desaparición forzada. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoElsa Blair · 2018 · p. 1121 cita
[35]La estigmatización que los actores armados ha hecho de las vícti- mas como enemigos, contrarios u obstáculos para sus fines e inte- reses, así como la puesta en marcha de rumores, el uso de listas y los guías que señalan a las víctimas, exponiendo con ello, frente 146 Es preferible esta clasificación entre lo…
p. 112
29Con licencia para desplazar. Masacres y reconfiguración territorial en Tibú, CatatumboYamile Salinas Abdala, María Fernanda Pérez Trujillo, Juan Pablo Luque, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1451 cita
[36]en las vulneraciones que han padecido. Recientemente la Unidad de Restitución, con el apoyo de la ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia), está realizando el diagnóstico para identificar los daños y afectaciones de los despla- zamientos y confinamientos, así como de la ocupación arbitraria de sus territorios…
p. 145
30Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 125, 2032 citas
[37]en el que había pocos hombres en la zona? Luego de ocultarse, las y los sobrevivientes abandonaron sus viviendas y emprendie - ron largos caminos hacia algunos centros poblados y se encontraron con la prevención de otras comunidades a su llegada: recordando la afirmación de uno de los documentos, “Váyanse, váyanse…
p. 203
[60]- riencias cercanas. Actividades Los estudiantes leerán en grupos el texto Marchando entre prejuicios, de Karen Sánchez y Luz Rojas. marchando entre prejuicios Falso estigma Alejandro Zabala es un joven universitario estudiante de periodismo. En las marchas, sale como periodista freelance y usa su cámara para captar…
p. 125
31Memorias de una masacre olvidada. Los mineros de El Topacio, San Rafael (Antioquia), 1988Ana María Jaramillo, Juan Alberto Gómez · 2016 · p. 1751 cita
[38]mayor que fue reteni - do e intimidado con amenazas de muerte durante varias horas para que mostrara dónde estaba la guerrilla. Pero por ahí a los tres, cuatro meses, me cayó una comisión a mí ahí a la casa. Eran sesenta y dos soldados ahí, me cayeron como a las 12 del día un jueves. Me requisaron la casa y me…
p. 175
32Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 1061 cita
[39]Colombian labour force and 86 Paramilitarism and Neoliberalism ensuring a pool of precarious workers willing to work at any price in order to survive. The result has been a drop in the percentage of unionized workers from 12 per cent in 1988 to a mere 4 per cent in 2009 and over 3,500 30 unionists dead between 1990…
p. 106
33Silenciar la democracia. Las masacres de Remedios y Segovia 1982-1997Centro Nacional de Memoria Histórica; Ronald Edward Villamil Carvajal, Vladimir Melo Moreno (relatores); Tatiana Rincón Covelli, Andrés Fernando Suárez (correlatores) · 2014 · p. 2381 cita
[40]de los sindi- catos y la proscripción de la movilización social. Los sobrevivientes de la estigmatización por parte de miembros de la fuerza pública lo recuerdan del siguiente modo: En una marcha estábamos protestando por los servicios pú- blicos que llegaron muy altos. Bueno, entonces, cuando decidi- mos marchar por…
p. 238
34La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 2491 cita
[41]el que se afianzan las alianzas con las élites políticas y económicas, el Bloque Norte logra infiltrarse en la administración de instituciones públicas tales como hospitales, entidades prestadoras de servicios públicos y universidades. Esta cooptación, que tuvo su mayor expresión a partir del año 2001 en el depar-…
p. 249
35Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 4221 cita
[42]para generar una imagen favorable, obtener la aprobación, el respaldo, la soli- daridad y la afiliación por parte de la sociedad civil al proyecto de seguridad del grupo armado, y de paso configurar una base social que lo respaldara” (CNMH, 2017d, p. 428). 63 Ver capítulo de trayectorias y los análisis del accionar…
p. 422
36Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 502 citas
[44]los grupos armados. Esta pér - dida de autonomía como organizaciones de la sociedad civil lleva con frecuencia a que sus reclamos de justicia social terminen, sin quererlo, en bloqueos de vías y disturbios, lo cual contribuye a incrementar en el país la ya larga espiral de violencia. Así lo percibió el entonces…
p. 50
[45]los grupos armados. Esta pér - dida de autonomía como organizaciones de la sociedad civil lleva con frecuencia a que sus reclamos de justicia social terminen, sin quererlo, en bloqueos de vías y disturbios, lo cual contribuye a incrementar en el país la ya larga espiral de violencia. Así lo percibió el entonces…
p. 50
37Gobernar en medio de la violencia. Estado y paramilitarismo en ColombiaJacobo Grajales · 2017 · p. 1141 cita
[48]un mes después de su captura, la Fiscalía revocó la medida de aseguramiento en contra del sociólogo. Los fi scales no solo encontraron incoherencias en el expediente, sino que también descubrieron que los guerrilleros que habían dado testimonio contra Correa de Andreis lo habían hecho bajo falsas identidades y que…
p. 114
38La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 87, 1212 citas
[49]huida de líderes sociales y políticos, destacados miembros del sector académico, exguerrilleros y sus familias, sindicalistas y también operadores de justicia que llevaban procesos relacionados con los vínculos entre sectores económicos y militares, así como del paramilitarismo y narcotráfico. 115 El hecho devela…
p. 87
[57]lideresa de Medellín que mostró su malestar por una pregunta que le hicieron al llegar y que se repitió muchas veces: «Y ¿qué hiciste para tener que salir de tu país?» 186. El estigma supone una marca moral negativa que acompaña a muchas colombianas y colombianos en el exilio y la verdad puede desestigmatizar al poner…
p. 121
39San Carlos: Memorias del éxodo en la guerraMartha Nubia Bello Albarracín, Marta Inés Villa · 2011 · p. 1731 cita
[50]social. Los desmovilizados del Bloque Héroes de Granada, Parmenio García, Luberney Marín y Jhony Arias 29 relatan cómo en algunos momentos estas listas lle- garon a contener hasta 1.000 nombres, y señalan por lo menos cuatro mecanismos para su elaboración: 1. Los señalamientos de informantes: antiguos militantes de la…
p. 173
40Granada: Memorias de guerra, resistencia y reconstrucciónMarta Inés Villa Martínez, Laura Cartagena Benítez, Fernando Valencia Rivera · 2016 · p. 1631 cita
[51]de las que se consideraban conductas ina- propiadas o desviadas sino a eliminar cualquier señal de re- sistencia o traición. En términos de la dinámica del con fl icto armado, esto se corresponde con el aumento de la competen- cia por el control entre guerrillas, paramilitares y Ejército. El tema de la información es,…
p. 163
41La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia. Tomo IRuta Pacífica de las Mujeres · 2013 · p. 1041 cita
[52]obligado y vos estés compartiendo una gaseosa, y te dicen siéntese aquí y tómese la gaseosa conmigo, entonces cuando vos vas a salir, vos ya… Vereda el Manco, Huila, 2005, P.874. Por ejemplo, la estrategia del Estado colombiano de generar una red de informantes de un millón de personas por todo el país, extendió la…
p. 104
42Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 3121 cita
[53]representan estas ideas políticas, como lo fue el caso de la UP o incluso de sectores alternativos de partidos políticos tradicionales como el Nuevo Liberalismo. En medio de las dinámicas del conflicto armado se han construido estigmas, pero también se han reapropiado, transformado y exacerbado imaginarios…
p. 312
43Resistir no es aguantar. Violencias y daños contra los pueblos étnicos de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 4451 cita
[54]miedo porque cuando eso mataban mucho en Miraflores. Yo pensé: “¿Será, señor mío, que nos van a matar?”. Porque sacarnos a nosotros dos… Y el señor me estaba comparando con un guerrillero de esos» 1117. Con la llegada de las ACCU en 1997 a San José del Guaviare, y con posterio- ridad la del Bloque Centauros de las…
p. 445
44Crecer como un río. Jornaliando cuesta arriba por vida digna, integración regional y desarrollo propio del Macizo Colombiano, Cauca, Nariño y Colombia. Volumen 2John Jairo Rincón García, Camilo López Pérez, Nancy Celia Navarro Rojas, Wilder Jamith Meneses Bolaños, Víctor Hugo Buesaquillo, Camilo Ernesto Muñoz Meneses, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2017 · p. 2541 cita
[55]es para mí. Yo le decía que 373 CNMH-CIMA, conversatorio local de memoria, Santa Rosa, Cauca, 2015. 374 CNMH-CIMA, conversatorio local de memoria, Santa Rosa, Cauca, 2015. 255 6 Caminos y siembras en épocas de crisis y miedo me guste estar en la Panamericana exigiendo los derechos para la gente, eso también me gusta,…
p. 254
45No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 82, 1002 citas
[56]de victimización y discriminación. También implica que se les adjudiquen roles y tareas debido a su origen. Por ejemplo, al hijo de Rosa y a los de las demás mujeres víctimas de violencia sexual en La Balsa les decían: «Ustedes van a ser paracos como sus papás». Fue así como estas mujeres no solo tuvieron que lidiar…
p. 100
[58]% 19,23 % 17,31 % 11,54 % 10,58 % 9,62 % 8,65 % 8,65 % ausencias y orfandades en la vida de las niñas, niños y adolescentes víctimas del conflicto armado 83 Juana Valentina creció viendo cómo los amigos de su madre y de su padre y las per- sonas que compartían sus ideas eran asesinados. Así fue como se materializó el…
p. 82
46Cuando los pájaros no cantaban: historias del conflicto armado en ColombiaAlejandro Castillejo-Cuéllar · 2022 · p. 931 cita
[59]más lo volvimos a ver. Un líder estudiantil. Fue el primer desaparecido que yo viví. Todavía lo lloro. Luego de ahí ya me fui, tuve a mi hija –no me pregunte cómo– por obra y gracia de un militante periodista. Mi hija nació en el 86. Yo me fui en el 87, más o menos, a trabajar a la Corporación Colombiana de Teatro, en…
p. 93
47Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 4271 cita
[61]1980s related to the armed conflict and its victims. However, unlike other Latin American countries that undertook memory struggles and campaigns once dictator - ships had already ended or when negotiated solutions to armed conflict had been reached, memory agents in Colombia began their struggle in the midst of an…
p. 427
48Convocatoria a la paz grande. Declaración de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No RepeticiónComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 251 cita
[62]la verdad 25 dieron lugar a la investigación emprendida en el segundo semestre del 2008, que resul- taría en la expulsión de los militares. ¿Por qué no lo hicieron antes, cuando eran tantas las denuncias? De haberlo hecho, se habrían evitado cantidades de asesinatos. Más de mil familias de los asesinados a lo largo…
p. 25