Piedad Córdoba
Transversal
1955–2024
La biografía
Piedad Esneda Córdoba Ruiz (Medellín, 25 de enero de 1955 – Medellín, 20 de enero de 2024) fue senadora liberal, defensora de derechos humanos y facilitadora del intercambio humanitario entre el Estado colombiano y las FARC durante los años más agrios del gobierno de Álvaro Uribe. Mujer negra en un país donde la política se hace mayoritariamente blanca, cristiana y masculina, hizo de la mediación con los actores armados el eje de una carrera que la volvió a la vez imprescindible y estigmatizada: el mismo Estado que en 2007 le entregó por escrito la autorización para hablar con la guerrilla la persiguió después con la sanción disciplinaria que la sacó del Congreso en 2010. Su figura condensa medio siglo de tensiones colombianas —el conflicto armado y sus salidas negociadas, la relación con la Venezuela chavista, el racismo en la representación política, el uso partidista de los órganos de control— y su reivindicación póstuma, con la llegada de Gustavo Petro al poder en 2022, tuvo algo de restitución tardía.
Línea de vida
- 1992
Ingreso al Congreso
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Elegida representante a la Cámara por el Partido Liberal de Antioquia, iniciando una carrera legislativa que la llevaría al Senado en 1994 y se prolongaría con reelecciones sucesivas hasta 2010.
- 1999
Secuestro paramilitar
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El 21 de mayo fue sacada de una clínica de Medellín donde acababa de ser operada; el cautiverio, atribuido a las AUC bajo mando de Carlos Castaño, duró dieciséis días. Presidía entonces la Comisión de Derechos Humanos del Senado y el episodio radicalizó su compromiso con la salida negociada al conflicto.
- 2007
Autorización formal como facilitadora humanitaria
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El Alto Comisionado para la Paz Luis Carlos Restrepo le otorgó autorización plena para adelantar contactos con las FARC, con respaldo explícito de la Ley 1106 de 2006 y aval de la Presidencia, cerrando otros canales para apostar por su mediación junto al presidente venezolano Hugo Chávez.
- 2008
Liberación de Clara Rojas y Consuelo González
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Con participación de delegados venezolanos y de Córdoba como facilitadora, las FARC entregaron a Clara Rojas y Consuelo González en un acuerdo humanitario que el analista Alfredo Rangel calificó como la 'dinámica fluida' que las conversaciones no habían tenido antes.
- 2010
Destitución e inhabilitación por dieciocho años
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El procurador Alejandro Ordóñez la destituyó del Senado e inhabilitó por dieciocho años, argumentando colaboración con las FARC más allá de su condición de facilitadora, con base en material atribuido a los computadores de Raúl Reyes. La sanción fue jurídicamente cuestionada y políticamente eficaz, sacándola del Congreso en el momento en que el gobierno Santos comenzaba a explorar el proceso de paz de La Habana.
La formación de una liberal antioqueña
Nació en Medellín en 1955, hija de Zulema Ruiz Lozano, una mujer chocoana que trasplantó a la capital antioqueña una identidad afrocolombiana que Piedad reivindicaría en la vida pública sin ambages. Creció en una ciudad donde la negritud era rareza en los espacios de poder, y esa desigualdad de origen —ser mujer, ser negra, ser hija del Pacífico en la Medellín paisa— marcó desde el principio su manera de entender la política como confrontación con un orden establecido.
Se hizo abogada y militó desde joven en el Partido Liberal, la vieja maquinaria bipartidista que en Antioquia disputaba palmo a palmo el terreno con el conservatismo. Su entrada al Congreso fue por la puerta liberal, no por vía de un movimiento alternativo: entendió pronto que en Colombia el ingreso al poder legislativo pasaba por las estructuras tradicionales, y desde dentro de una de ellas construyó una voz propia que terminaría desbordándola.
En 1992 llegó a la Cámara de Representantes y en 1994 dio el salto al Senado, donde permanecería, con reelecciones sucesivas, hasta 2010. Fueron los años del samperismo, del Proceso 8.000, de la crisis del Caguán, del ascenso paramilitar, de la elección y consolidación de Uribe: sobre ese tablero se movió una senadora que fue asumiendo con creciente peso las banderas que le darían perfil internacional —los derechos humanos, la salida negociada al conflicto, la denuncia del paramilitarismo—.
El secuestro de 1999 y el punto de inflexión
El 21 de mayo de 1999, Piedad Córdoba fue sacada de una clínica de Medellín donde acababa de ser operada. Presidía entonces la Comisión de Derechos Humanos del Senado y venía organizando audiencias en las que los militares eran obligados a escuchar directamente a la ciudadanía sobre denuncias de abusos. Esa fue, según sus propias palabras, "la copa que rebosó el vaso": las audiencias, sumadas a su defensa pública de la negociación con los grupos armados, convirtieron a la senadora en objetivo.
El cautiverio duró dieciséis días. Los responsables fueron las Autodefensas Unidas de Colombia bajo el mando de Carlos Castaño, quien años después reconocería la autoría en el libro Mi confesión y que, de acuerdo con la propia Córdoba, llegó a visitarla durante el encierro. El episodio se inscribía en un patrón: entre mayo de 1997 y abril de 1998, estructuras paramilitares vinculadas a Castaño habían asesinado a los defensores de derechos humanos Elsa Alvarado y Mario Calderón, al abogado antioqueño Jesús María Valle Jaramillo y al penalista Eduardo Umaña Mendoza. Córdoba sobrevivió, pero salió del cautiverio con la certeza de que su vida estaba marcada.
Ese secuestro fue el punto de inflexión biográfico. La radicalizó en la defensa de la salida negociada, la ató emocional y políticamente al trabajo con los familiares de secuestrados, y le enseñó de primera mano lo que significaba estar en la lista negra del paramilitarismo. Todo lo que vino después —su empeño en el intercambio humanitario, su cercanía con Caracas, su tolerancia a la exposición mediática hostil— se entiende mejor a la luz de esos dieciséis días.
La facilitadora humanitaria
En 2007, con Uribe en su segundo mandato y el conflicto atascado en la exigencia guerrillera de un despeje territorial que el presidente había jurado no conceder, el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, autorizó formalmente a Piedad Córdoba para adelantar contactos con las FARC. La autorización tenía respaldo legal explícito en la Ley 1106 de 2006 y contaba con el aval de la Presidencia. Restrepo lo dijo con todas las letras: la senadora tenía "pleno respaldo regulatorio" de la Oficina del Alto Comisionado para llevar a cabo cuanto considerara pertinente en el marco de la facilitación humanitaria. La figura del gestor humanitario, tal como Córdoba la ejerció, estaba estipulada legalmente, condición que después ratificaría el Consejo de Estado.
El dato es capital, porque contradice la narrativa posterior que la presentó como una operadora rebelde por fuera del Estado: Córdoba fue mediadora por encargo del gobierno colombiano, con papel firmado. Y fue el propio Restrepo quien, ante la falta de avances, decidió reorientar la estrategia: en una carta a la entonces directora del DAS, María del Pilar Hurtado, comunicó que el canal de comunicación con "Pablo Catatumbo" quedaba suspendido para darle prioridad a la labor facilitadora de Córdoba con el apoyo del presidente venezolano Hugo Chávez. El Estado colombiano, en suma, cerró sus otros canales para apostar por ella.
La apuesta rindió. Chávez y Córdoba lograron en 2008 la liberación por vía humanitaria de Clara Rojas y Consuelo González, entregadas con participación de delegados venezolanos, y abrieron un ciclo de gestos que el analista Alfredo Rangel —difícilmente sospechoso de simpatía con la izquierda— reconoció en su momento como una "dinámica fluida" que las conversaciones no habían tenido antes. Las FARC llevaban años acumulando secuestrados de la fuerza pública y políticos con la intención declarada de forzar un intercambio: en los años noventa habían llegado a mantener más de quinientos soldados y cuarenta y dos políticos en cautiverio, saldo de las tomas de bases militares en Patascoy, Mitú, Miraflores, La Uribe, Pavarandó, Puerto Rico y otras poblaciones entre 1997 y 2000. Ese arsenal humano les daba capacidad de presión, y la exigencia de despejar dos municipios como precondición del acuerdo se mantuvo prácticamente hasta mediados de 2008, cuando la Operación Jaque —el rescate militar de Ingrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses y otros once secuestrados— dejó a la guerrilla sin sus rehenes "canjeables".
La operación Jaque tuvo un efecto ambivalente sobre la figura de Córdoba: mostró que la vía militar podía obtener lo que la negociación no había conseguido, y desactivó buena parte del capital político que la senadora había acumulado como mediadora. Uribe, que había ganado la presidencia en 2002 oponiéndose al proceso del Caguán y prometiendo no despejar "ni un centímetro" del territorio nacional, tenía todo el interés en que fuera el ejército, y no la senadora liberal opositora, quien resolviera el problema de los secuestrados. La mediación humanitaria, que en 2007 le había resultado útil al gobierno, comenzó a estorbar.
El eje Caracas y sus costos
La relación con Hugo Chávez fue el otro gran capítulo de esos años y también el más ambiguo. Chávez fue el eslabón sin el cual las liberaciones de 2008 no habrían ocurrido, y su interlocución con la comandancia de las FARC —Manuel Marulanda hasta su muerte ese mismo año, Raúl Reyes hasta el bombardeo colombiano en Ecuador en marzo de 2008, luego Alfonso Cano e Iván Márquez— le dio a Córdoba un acceso que ningún colombiano tenía. Pero esa alianza le impuso costos que se harían visibles con el tiempo.
Las relaciones colombo-venezolanas entre Uribe y Chávez atravesaron años de tensión estructural marcada por dos hechos: la ambigüedad venezolana frente a la presencia guerrillera en su territorio y la "diplomacia del micrófono", que sustituyó los canales institucionales por declaraciones cruzadas ante cámaras. En julio de 2010, en el tramo final de su mandato, Uribe presentó ante la OEA evidencias de que Venezuela albergaba campamentos de las FARC y el ELN, llevando las relaciones bilaterales a su punto más bajo. La llegada de Juan Manuel Santos a la presidencia en agosto de ese año permitió el restablecimiento inmediato de las relaciones y una etapa de cooperación en seguridad y crimen transfronterizo.
Córdoba quedó vinculada, para bien y para mal, a ese eje. Su cercanía con Chávez la convirtió en interlocutora reconocida por las FARC y en figura de proyección internacional; pero también en objeto de sospecha permanente para el uribismo, que la acusaba de ser algo más que mediadora. La cuestión de si la senadora había cruzado la línea entre facilitar y colaborar sería el nudo del proceso que terminaría con su carrera formal.
La destitución de 2010
En septiembre de 2010, el procurador general Alejandro Ordóñez destituyó e inhabilitó a Piedad Córdoba por dieciocho años, argumentando que había promovido y colaborado con las FARC más allá de los límites de su condición de facilitadora. La sanción se apoyaba en el material atribuido a los computadores de Raúl Reyes, incautados en el bombardeo de marzo de 2008 al campamento del guerrillero en territorio ecuatoriano, donde figuraban comunicaciones que la Procuraduría interpretó como pruebas de una relación orgánica, no meramente humanitaria, con la organización armada.
La decisión fue jurídicamente frágil y políticamente eficaz. Frágil, porque una destitución disciplinaria por conductas de esa naturaleza, adoptada por un órgano administrativo contra una congresista de elección popular, planteaba problemas de competencia y de garantías que años después la propia Corte Interamericana señalaría en otros casos colombianos, entre ellos el de Gustavo Petro cuando fue alcalde de Bogotá. Eficaz, porque sacó a Córdoba del Senado, la privó del fuero parlamentario y desactivó su capacidad de intermediación pública justo cuando el gobierno Santos comenzaba a explorar en secreto los contactos que llevarían al proceso de paz de La Habana.
El procurador que firmó la sanción tenía perfil propio. Alejandro Ordóñez, conservador de convicciones ultramontanas, había sido reelegido para el cargo con el respaldo de una operación que años más tarde el Consejo de Estado juzgaría irregular: la Procuraduría había nombrado a parientes de magistrados de la Corte Suprema que participaban en la definición de su continuidad. Ordóñez terminó destituido por nepotismo y se postuló luego como precandidato presidencial por el conservatismo. Que el mismo funcionario que había expulsado a Córdoba del Congreso fuera después echado del suyo por conductas propias no le devolvió a ella la curul, pero sí puso en evidencia la asimetría con que operaron los órganos de control durante el ciclo uribista.
Y ese ciclo tuvo un patrón. En 2009, un año antes de la destitución de Córdoba, los medios revelaron que el DAS —el organismo de inteligencia adscrito a la Presidencia— había realizado interceptaciones ilegales contra magistrados, periodistas y opositores del gobierno, incluidos el magistrado auxiliar Iván Velásquez, que lideraba la investigación de la parapolítica, y presuntamente figuras del sistema interamericano. La primera reacción del gobierno fue minimizar el escándalo como acción de "manzanas podridas"; después del impacto de los audios interceptados a Velásquez, Uribe anunció la liquidación de la agencia, que fue efectivamente sustituida a comienzos de 2012 bajo el gobierno Santos. La crisis del DAS y el escándalo de la parapolítica que estalló en 2006 —con decenas de congresistas, en su mayoría de la coalición uribista, procesados por vínculos con jefes paramilitares como Salvatore Mancuso— dibujaron el trasfondo de una época en la que el Estado y sus organismos de fuerza operaron, en no pocos casos, al servicio de intereses mafiosos. Córdoba había denunciado ese entramado durante años; la destitución llegó, entre otras cosas, contra la voz que más lo había señalado.
Ser negra y mujer en el Senado
La biografía de Piedad Córdoba no puede leerse sin la doble marca de la raza y el género. El sufragio femenino en Colombia había sido reconocido apenas en 1954, durante la Asamblea Nacional Constituyente convocada bajo la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, con la elaboración del acto legislativo encomendada a Esmeralda Arboleda y Josefina Valencia. Las primeras senadoras fueron elegidas a partir de 1958, con el inicio del Frente Nacional, y la representación femenina creció con lentitud durante la segunda mitad del siglo XX, con figuras como María Eugenia Rojas —candidata presidencial por la Anapo— o mujeres del MRL y el sindicalismo. Cuando Córdoba llegó al Senado en 1994, ser mujer seguía siendo rareza; ser mujer negra, casi una excentricidad institucional.
En el marco político colombiano, la lucha contra el racismo había sido asociada mayoritariamente a proyectos de movilidad social de una élite afrodescendiente que accedía a espacios de poder apoyando tratados de libre comercio y participando acríticamente en gobiernos neoliberales. Esa era la negritud aceptable: la que equiparaba empoderamiento con crecimiento de clase media y política. Córdoba hizo lo contrario. Levantó banderas afrodescendientes, feministas y de izquierda a la vez, y cuestionó el modelo económico y de seguridad que el país había asumido como consenso.
El precio fue una hostilidad diferenciada. Los ataques contra ella arrastraban con frecuencia una carga racial que no aparecía en la crítica a otros congresistas: se la señalaba por el color de su piel, por el turbante que llevaba, por la manera de hablar. Otros parlamentarios podían ser cuestionados por sus posiciones o sus alianzas sin que su cuerpo entrara en la conversación; en ella, el cuerpo estaba siempre en escena. Esa violencia simbólica, tolerada durante décadas en el debate público colombiano, fue parte del ambiente en el que la Procuraduría la destituyó y en el que buena parte de la opinión aplaudió la sanción sin examinar sus fundamentos.
Colombianos y Colombianas por la Paz
Sacada del Senado, Córdoba no se retiró. En los años inmediatamente posteriores a la destitución articuló la plataforma Colombianos y Colombianas por la Paz, una red de activistas y personalidades que mantuvo abiertos canales con la guerrilla y con familiares de secuestrados. La organización tuvo un papel discreto en la fase inicial de los diálogos exploratorios que el gobierno Santos adelantó con las FARC y que se harían públicos a finales de 2012 con el anuncio del proceso de paz de La Habana.
En La Habana, sin embargo, Córdoba no ocupó un lugar formal. El proceso lo condujeron negociadores designados por Santos —Humberto de la Calle, Sergio Jaramillo, Frank Pearl, entre otros— y el diseño excluyó a los mediadores que habían acompañado las liberaciones humanitarias del ciclo anterior. Álvaro Leyva, otro veterano de las mediaciones, tampoco entró al equipo oficial. Que la mesa de La Habana prescindiera de quienes habían mantenido vivos los contactos en los años más duros dice algo sobre la incomodidad que su figura seguía generando incluso en un gobierno que se proponía negociar. La paz se hizo, pero se hizo sin ella en el papel principal.
Durante esos años, Córdoba mantuvo residencia y actividad frecuente en Caracas y en La Habana, sostuvo su cercanía con Nicolás Maduro tras la muerte de Chávez en 2013, y se convirtió en una voz que la opinión colombiana, mayoritariamente hostil al chavismo, escuchaba con desconfianza. La firma del Acuerdo Final entre el gobierno y las FARC en noviembre de 2016 y su refrendación tras el estrecho triunfo del No en el plebiscito de octubre de ese año la encontraron en la periferia del proceso que ella misma había ayudado a hacer posible.
El regreso y el último acto
En 2020, el Consejo de Estado anuló la sanción disciplinaria que la Procuraduría le había impuesto en 2010, en línea con la jurisprudencia interamericana que había cuestionado la facultad de un órgano administrativo para inhabilitar a funcionarios de elección popular. La decisión llegó tarde para restituir los años perdidos, pero le devolvió el derecho a participar en política. Córdoba se sumó al Pacto Histórico, la coalición de izquierda que Gustavo Petro había venido armando desde los restos del Polo Democrático y otras fuerzas.
El Polo, que en la primera década del siglo había representado la esperanza de una izquierda democrática con capacidad de gobierno tras la llegada de Lucho Garzón a la Alcaldía de Bogotá en 2004, se había fragmentado hacia 2009 entre pugnas internas y rupturas por la izquierda y por el centro. La reconfiguración del espacio progresista tomó una década larga y desembocó en el Pacto Histórico que llevó a Petro a la Presidencia.
En la primera vuelta del 29 de mayo de 2022, Gustavo Petro obtuvo 8.541.617 votos —el 40,34% del total— y en la segunda vuelta se convirtió en el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia. Córdoba fue elegida senadora por el Pacto Histórico en esa misma elección, doce años después de haber sido expulsada del Congreso. Regresó a un Senado transformado, en un país donde la agenda de paz, la política antidrogas y la relación con Venezuela —que Petro se apresuró a restablecer plenamente— ocupaban el centro del debate en términos que le eran, por fin, favorables.
Ese retorno fue breve. Piedad Córdoba murió en Medellín, la ciudad donde había nacido y donde la habían secuestrado, el 20 de enero de 2024, cinco días antes de cumplir sesenta y nueve años. Su muerte encontró al país en pleno gobierno Petro, con el proceso de "paz total" en curso, con la negociación abierta con el ELN y con disidencias de las FARC, con Colombia y Venezuela otra vez cooperando en la frontera. Buena parte del terreno político sobre el que se movía tenía nombres y rostros que ella había conocido desde antes que fueran gobierno.
La red y la huella
Piedad Córdoba se entretejió con nombres muy distintos. En el liberalismo, con César Gaviria y Ernesto Samper, los dos expresidentes que marcaron el partido en su tiempo. En la mediación humanitaria, con Álvaro Leyva, otro veterano del oficio, y con las comandancias sucesivas de las FARC, desde Marulanda hasta Iván Márquez. En Caracas, con Hugo Chávez primero y con Nicolás Maduro después. En la contraparte que la persiguió, con Álvaro Uribe como adversario político y con Alejandro Ordóñez como firmante de su destitución. En la nueva etapa, con Gustavo Petro y el Pacto Histórico. Y siempre, en los márgenes, con los familiares de secuestrados, con las organizaciones afrocolombianas del Chocó y el Pacífico, con los defensores de derechos humanos que compartían con ella la lista de amenazados por el paramilitarismo.
Su huella es disputada, como corresponde. Para una parte del país fue la mediadora indispensable que hizo posibles las liberaciones humanitarias más importantes del ciclo Uribe y que mantuvo abierta la puerta de una salida negociada cuando el discurso dominante clamaba por la solución militar. Para otra parte fue una figura demasiado cercana a la guerrilla y al chavismo, cuya destitución en 2010 estaba justificada. Ambas lecturas conviven y probablemente seguirán conviviendo, porque encarnan las dos maneras en que Colombia se contó a sí misma durante veinte años.
Hay, sin embargo, hechos que el tiempo ha decantado. Que la mediación de Córdoba fue autorizada por el Estado colombiano, no adelantada por su cuenta, es un dato documentado. Que la sanción de la Procuraduría en 2010 fue anulada en 2020 por el Consejo de Estado, también. Que las liberaciones humanitarias de 2008 no habrían ocurrido sin ella y sin Chávez, tampoco se discute con seriedad. Que su cercanía con Caracas la ató a un régimen que se deterioraba y que esa atadura tuvo costos políticos y morales, es igualmente cierto. La biografía cabal de Piedad Córdoba no elige entre esas afirmaciones: las sostiene juntas.
Su lugar en la historia de Colombia queda fijado en una intersección. Practicó la mediación humanitaria como oficio riesgoso y necesario. Encarnó un antirracismo político que no se conformaba con la movilidad de una élite. Llevó al Senado un feminismo que llegaba desde el liberalismo y terminaba desbordándolo. Y sostuvo una izquierda que aprendió a hablar con los actores armados sin volverse su portavoz, o que al menos lo intentó. Que muriera cuando el país por fin gobernaba desde una coalición que reivindicaba buena parte de esas causas tiene algo de justicia circular, aunque haya llegado tarde.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
21 documentos · 25 fragmentos01Fighting Monsters in the Abyss: The Second Administration of Colombian President Álvaro Uribe Vélez, 2006–2010Harvey F. Kline · 2015 · Página 1082 citas
[1]com- missioner for peace Luis Carlos Restrepo said that the senator “has full au- thorization to further contacts with the FARC, if she needs to. She has the full support of the government and she has full legal backing under Law 1106 of 2006. She has the full regulatory backing of the Office of the Com- missioner for…
p. 108
[2]com- missioner for peace Luis Carlos Restrepo said that the senator “has full au- thorization to further contacts with the FARC, if she needs to. She has the full support of the government and she has full legal backing under Law 1106 of 2006. She has the full regulatory backing of the Office of the Com- missioner for…
p. 108
02La Colombia fuera de Colombia. Las verdades del exilioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1731 cita
[3]en Canadá desde 2001. la colombia fuera de colombia 174 guerrilleros; entretanto, crecía el temor de los familiares por un rescate a sangre y fuego. Era un contexto que se interpretaba como de «debilidad» del Estado y un momento muy difícil para el país, pues se estaba configurando todo el proceso del derecho…
p. 173
03Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · Página 3571 cita
[4]avanzar en este camino en coordinación con el Alto Comisionado para la Paz, Atentamente, Luis Carlos Restrepo, Alto Comisionado para la Paz Sin embargo, los avances no fluían y el Gobierno, ante esta situación, tomó la decisión de cambiar de estrategia asignándole la función de intermediación al presidente de…
p. 357
04Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1011 cita
[5]sus posiciones respecto a la necesidad de negociar la desmovilización y el desarme de los grupos armados, así como sus postur as políticas. Presidía la Comisión de Derechos Humanos del Senado [...] y abrí una serie de audiencias en las que obligué a militares a escuchar a la gente, esa fue la copa que rebosó el vaso…
p. 101
05El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 2502 citas
[6]de cabecera Carlos Castaño [...]” Ahí se sostiene que una serie de asesinatos a destacados defen- sores de derechos humanos, realizados entre 1998 y 1999, fueron ordenados por estos jefes militares. Que sus sicarios dieron muerte, en su apartamento de Bogotá, a los investigadores del Cinep Elsa Alvarado y Mario…
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[7]de cabecera Carlos Castaño [...]” Ahí se sostiene que una serie de asesinatos a destacados defen- sores de derechos humanos, realizados entre 1998 y 1999, fueron ordenados por estos jefes militares. Que sus sicarios dieron muerte, en su apartamento de Bogotá, a los investigadores del Cinep Elsa Alvarado y Mario…
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06No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 5181 cita
[8]en los magistrados que investigaban la parapolítica. Ante este escenario, la primera reacción del Gobierno fue minimizar la gravedad de las denuncias e intentar presentarlas como acciones aisladas de «manzanas podridas» o como «exdetectives de esa entidad que que- rían hacerle daño al DAS». Cuando se divulgaron…
p. 518
07Colombia: Background and U.S. RelationsJune S. Beittel · 2018 · Página 101 cita
[9]“parapolitics” scandal in 2006 that exposed links between illegal paramilitaries and politicians, especially prominent members of the national legislature. Subsequent scandals that came to light during Uribe’s tenure included the “false positive” murders allegedly carried out by the military (primarily the Colombian…
p. 10
08Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · Página 1041 cita
[10]figures who question the status quo are, as Ana asserts, often treated brutally, with racial under (and over) tones, referring to the unjust attacks that a political figure like Piedad Córdoba has constantly been subjected to. Ana points out: “Other congresspeople, regardless of the difficulties they find themselves…
p. 104
09Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Página 1391 cita
[11]al descubierto que amplios sectores de la población femenina se apar- taban cada vez más de los patrones en los que había sido encasillada la mujer colombiana. En la política, numerosas mujeres desplegaron una destacada actividad pública: a partir de 1958, con el Frente Nacional, fueron elegidas las primeras…
p. 139
10Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Página 1611 cita
[12]la Iglesia católica, a la que le entregó las labores de cuidado de la población e impidió al - gún atisbo de reconocimiento de las mujeres como sujetos políticos. 161 Capítulo 6. Representación política de las mujeres en Colombia Es para los años veinte del siglo xx que causas más liberales cues - tionan los derechos…
p. 161
11Colombia: Background, U.S. Relations, and Congressional InterestJune S. Beittel · 2013 · Página 331 cita
[13]that permitted U.S. troops to use seven military facilities in Colombia further inflamed President Chávez. He claimed that the placement of U.S. troops in Colombia was a threat and described the now stalled base agreement as “fanning the winds of war” across the region. In its last month in office, in July 2010, the…
p. 33
12Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · Página 841 cita
[14]2004 hizo el gobierno venezolano, en contravía de los acuerdos internacionales sobre refugio. Por otra parte, las denuncias sobre la ambigüedad del gobierno venezolano con relación a la guerrilla no pudieron ser esclarecidas por la parálisis de los mecanismos de vecindad, que fueron sustituidos por la “diplomacia del…
p. 84
13Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · Página 1272 citas
[15]penitenciarios. El ofreci - miento consistió en concederles libertad o alivio de la pena, con apoyo en la figura de la “desmovilización individual”, y a cambio de colaborar con la fuerza pública y con los organismos de in - vestigación, en aras de propiciar su renuncia a la militancia y su colaboración en acciones…
p. 127
[16]penitenciarios. El ofreci - miento consistió en concederles libertad o alivio de la pena, con apoyo en la figura de la “desmovilización individual”, y a cambio de colaborar con la fuerza pública y con los organismos de in - vestigación, en aras de propiciar su renuncia a la militancia y su colaboración en acciones…
p. 127
14Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1331 cita
[17]a las comunidades y abusos 483. La guerrilla de las FARC-EP abrigaba intenciones económicas cuando realizaba los secuestros, pero también buscaba el intercambio de prisioneros 484. La estrategia de las FARC consistía en aumentar el número de secuestros de militares y políticos. En la década del noventa llegaron a…
p. 133
15El derecho a la justicia como garantía de no repetición. Volumen 1. Graves violaciones de derechos humanos: luchas sociales y cambios normativos e institucionales 1985-2012Centro Nacional de Memoria Histórica · 2015 · Página 682 citas
[18]ejemplo, tomó fuerza a partir de la intensi fi cación 36 Para un recuento detallado de este proceso, ver CNMH, 2014 a. 69 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) de las acciones guerrilleras como las tomas de…
p. 68
[19]ejemplo, tomó fuerza a partir de la intensi fi cación 36 Para un recuento detallado de este proceso, ver CNMH, 2014 a. 69 La renovación constitucional, la lucha por la justicia y los mecanismos para la búsqueda de la satisfacción del derecho a la justicia (1991-2004) de las acciones guerrilleras como las tomas de…
p. 68
16Una conversación pendienteJuan Manuel Santos, Ingrid Betancourt, Juan Carlos Torres · 2021 · Página 2481 cita
[20]se tiene en cuenta que Uribe había ganado la presidencia por oponerse al proceso del Caguán y había prometido que jamás despejaría ni un centímetro del territorio nacional. Las Farc continuaron defendiendo su propuesta de despejar los dos municipios, y en eso se mantuvieron prácticamente hasta mediados de 2008, cuando…
p. 248
17Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · Página 601 cita
[21]bandos tenía intención de paz. Ambos utilizan la zona de despeje para conocerse mejor, organizarse y preparar la guerra (EP 2, agosto de 2015). Esta situación de negociación, además, debía avanzar de acuerdo a dos cuestiones más. De un lado, el imperativo de combatir un paramilitarismo creciente que surgía como el…
p. 60
18Elecciones presidenciales y legislativas en Colombia en 2022Juan Carlos Escobar, Bibiana Ortega, Laura Wills-Otero · 2023 · Página 111 cita
[22]se caracterizó por su bajo costo y por prio- rizar el uso de redes sociales, en particular Facebook, TikTok y WhatsApp. Con muy pocos recursos materiales y organizativos, Hernández derrotó a candidatos que contaban con estructuras organizativas y recursos económicos para desarro- llar actos de campaña masivos. Tabla…
p. 11
19Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · Página 1481 cita
[23]se caracterizó por no asumir una izquierda radical sino, al contrario, por tener la capacidad de desplazarse hacia el centro cuando fuera necesario, y de hecho les dio continuidad a varias de las políti- cas de sus antecesores en temas financieros y de movilidad urbana. Garzón salió de la alcaldía registrando los más…
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20Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · Página 141 cita
[24]mantenga vigente sin importar la naturaleza de sus comportamientos. La renuncia a sus cargos y a sus aspiraciones solo ocurre cuando la justicia actúa, y a veces ni eso. El exprocurador Alejandro Ordóñez, por ejemplo, fue destituido 9 por nombrar en la Procuraduría a parientes de magistrados de la Corte Suprema,…
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21Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · Página 3541 cita
[25]como procurador, de una orientación política conservadora. En estos tres casos existiría afinidad po- lítica (personas), aunque no es posible afirmar lo mismo de las decisiones políticamente relevantes que han tomado. 15 El gráfico 2 muestra la ubicación de las instituciones ana- lizadas en tres círculos localizados…
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