Josefina Valencia Muñoz
La Violencia
1913–1991
La biografía
Josefina Valencia Muñoz de Hubach (Popayán, c. 1913 — 1991) fue la política conservadora caucana que, junto a la liberal Esmeralda Arboleda, presentó ante la Asamblea Nacional Constituyente de 1954 el proyecto de Acto Legislativo sobre la Ciudadanía de las Mujeres, el instrumento con el que Colombia reconoció el sufragio femenino. Hija del poeta Guillermo Valencia y hermana del futuro presidente Guillermo León Valencia, encarnó como pocas figuras de su generación la manera en que el linaje señorial payanés, el catolicismo militante y la lealtad al Partido Conservador se combinaban para producir mujeres públicas cuyo ascenso a los ministerios y al foro constituyente ocurrió bajo un régimen militar. Su nombre queda inscrito en la historia colombiana por una paradoja que ella misma vivió sin resolver: la ciudadanía política de las mujeres se tramitó jurídicamente en 1954 dentro de una dictadura que había suspendido las elecciones y entraba en la segunda ola de La Violencia, de modo que el derecho reconocido no pudo ejercerse hasta 1958, cuando el Frente Nacional lo activó bajo otro pacto de élites.
Línea de vida
- 1913
Nacimiento en Popayán
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Nació en Popayán, Cauca, en el seno de la familia Valencia, una de las más influyentes del conservatismo caucano. Era hija del poeta y político Guillermo Valencia Castillo y hermana del futuro presidente Guillermo León Valencia, lo que le otorgó desde temprano un capital simbólico y político excepcional en la élite payanesa.
- 1954
Ponente del sufragio femenino en la ANAC
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La Asamblea Nacional Constituyente la designó, en representación del Partido Conservador, junto a Esmeralda Arboleda (Partido Liberal), para evaluar y presentar el proyecto de Acto Legislativo sobre la Ciudadanía de las Mujeres. La ponencia bipartidista culminó con el reconocimiento constitucional del sufragio femenino en Colombia, aunque el derecho no pudo ejercerse en urnas hasta 1958 dado que el régimen había suprimido los cuerpos de elección popular.
- 1954
Ministra de Educación bajo Rojas Pinilla
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Fue designada ministra de Educación por el general Gustavo Rojas Pinilla, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en ejercer un ministerio en Colombia. Su gestión se desarrolló en el marco de un sistema educativo marcado por la desigualdad estructural y la desarticulación escolar causada por La Violencia rural, y se orientó principalmente a la administración corriente, campañas de alfabetización y representación pública de la política educativa del régimen.
- 1954
Primera mujer gobernadora del Cauca
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Ejerció la gobernación del Cauca, convirtiéndose en la primera mujer en dirigir un departamento en Colombia. Su gestión buscó sostener el orden regional en un departamento tensionado por la violencia rural y articular el gobierno caucano con la burocracia central rojista, apoyándose tanto en el cargo como en la autoridad simbólica del apellido Valencia.
- 1958
Activación del sufragio femenino con el Frente Nacional
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El derecho político que Valencia había contribuido a inscribir en la Constitución en 1954 solo pudo ejercerse a partir de 1958, con el inicio del Frente Nacional, cuando fueron elegidas las primeras senadoras colombianas. La conquista jurídica de 1954 quedó así separada de su realización electoral por cuatro años de dictadura declinante y transición pactada.
- 1991
Fallecimiento
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Murió en 1991, año en que Colombia promulgó una nueva Constitución que profundizó el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres, proceso cuyo hito fundacional había sido el Acto Legislativo de 1954 en cuya elaboración ella participó decisivamente.
Popayán, el apellido y la formación de una mujer pública
Comprender a Josefina Valencia exige entrar primero en Popayán, la ciudad que le dio apellido, red y horizonte. La capital del Cauca había construido durante siglos una identidad de excepción dentro del suroccidente colombiano: capital de gobernación en el orden colonial, sede del Seminario Conciliar y de la Universidad del Cauca fundada por Santander en los albores de la República, se enorgullecía de una tradición humanista que la convertía —así se decía de sí misma— en ciudad culta y propicia para el ejercicio del espíritu. Del Seminario habían salido Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Ulloa, Joaquín Mosquera: próceres y mártires convertidos en genealogía cívica. La Universidad del Cauca era, más que una institución, la razón de ser de Popayán.
Esa cultura letrada descansaba, sin embargo, sobre una estructura social muy concreta. La élite payanesa se había configurado desde el siglo XVIII como terrateniente, minera y comerciante, con prácticas señoriales reforzadas por la cercanía a las autoridades metropolitanas. Sus alianzas matrimoniales tempranas con los españoles que se avecindaban le dieron un carácter señorial en una sociedad que buscaba asemejarse a la peninsular; la apertura de la frontera minera del Pacífico añadió a esa élite un componente esclavista que redondeó su fisonomía. Humanismo letrado sobre base señorial, capital regional del conservatismo caucano: esa configuración explica por qué en Popayán, más que en cualquier otra ciudad del país, un apellido podía convertir a una mujer en figura pública sin romper las jerarquías.
El apellido Valencia era, en ese universo, el más gravitante. Guillermo Valencia Castillo, padre de Josefina, era considerado el más importante de los poetas de Popayán y una figura nacional del conservatismo: en 1929 había participado en el homenaje del cementerio de San Pedro en Medellín, donde pronunció palabras en memoria del presidente Ospina, y su prestigio literario duplicaba su capital político. La casa Valencia formó a sus hijos en esa doble tradición humanista y militante. Josefina creció con la certeza de que la palabra pública era parte del oficio familiar, y su hermano Guillermo León —quien llegaría a la Presidencia en 1962— se preparaba en el mismo ambiente.
De su formación específica —maestras, viajes, lecturas— el rastro es tenue, como suele ocurrir con las mujeres de élite de su generación, cuyo aprendizaje transcurría entre el hogar, la parroquia y las lecturas privadas antes de que la universidad se abriera plenamente a ellas. Solo durante el período liberal de los años treinta las mujeres colombianas accedieron formalmente a la universidad y se eliminaron algunas cláusulas discriminatorias de las relaciones conyugales; los estatutos jurídicos, sin embargo, siguieron discriminándolas en materia moral, sexual y familiar, y la herencia restrictiva de La Regeneración pesaba todavía sobre toda una generación. Josefina pertenecía a la primera camada que atravesó esa apertura sin poder gozar plenamente de ella, y su ingreso a la vida pública se construyó no tanto sobre credenciales académicas cuantificables como sobre la autoridad heredada del apellido, la cultura letrada de casa y el ejercicio pausado del periodismo, la cátedra y la representación cívica que Popayán consideraba propia de sus damas ilustradas.
Los años cuarenta: bipartidismo y organización femenina
Cuando Josefina Valencia entró en la treintena, Colombia se despedazaba. El retorno del conservatismo al poder en 1946 y el estallido tras el 9 de abril de 1948 abrieron la primera ola de La Violencia; la elección de Laureano Gómez para el período 1950-1954 llevó a la ruptura total entre liberales y conservadores, y crecieron guerrillas liberales en los Llanos, en el occidente de Antioquia y en la zona cafetera. Sobre ese paisaje sectario e intolerante, alimentado por ambos partidos, Josefina Valencia fue construyendo desde el conservatismo una presencia pública.
Mientras el Cauca rural y sus zonas de frontera se sumaban al mapa de la violencia, en las ciudades una generación de mujeres organizadas venía trabajando por el reconocimiento de sus derechos políticos desde los años veinte. Georgina Fletcher, Ofelia Uribe de Acosta y otras figuras habían impulsado causas liberales en torno a los derechos de las mujeres; Uribe de Acosta emitía desde Tunja el programa Hora Feminista, cuya influencia fue tal que sus opositores crearon una Hora Azul para contrarrestarla. La radio, la prensa y las giras eran las herramientas de esa campaña, y despertaban suspicacias y rechazos organizados en igual medida.
Josefina Valencia no venía de esa tradición. Ni feminista ni liberal, se movía en el campo conservador —el de mujeres como Bertha Hernández de Ospina, esposa del expresidente Mariano Ospina Pérez, o María Currea de Aya— donde la reivindicación del voto se articulaba con la defensa del orden católico y con la sospecha, cultivada en algunos círculos, de que el sufragio femenino podía servir como muro de contención contra el comunismo. Esa instrumentalización electoral coexistía con motivaciones más genuinas de igualdad y ciudadanía: había convicción, había ambición pública, había la percepción justa de que las mujeres cultas de la élite tenían tanto derecho a la palabra política como sus padres y hermanos. Pero la coincidencia entre demanda feminista y cálculo bipartidista terminaría siendo la puerta por la que Josefina Valencia entró al escenario nacional.
El golpe del 13 de junio de 1953 y la ANAC
El golpe militar del 13 de junio de 1953 no fue un acto exclusivamente castrense. Lo organizó el ospinismo cafetero y contó con el apoyo del liberalismo, exhausto de la persecución laureanista. La legitimidad inicial del régimen del general Gustavo Rojas Pinilla se apoyó en un proyecto de pacificación y reconciliación nacional que sedujo, hasta mediados de 1955, tanto al liberalismo como a la jerarquía eclesiástica. La Asamblea Nacional Constituyente —heredada del gobierno anterior— legalizó el nuevo régimen mediante el Acto Legislativo N° 1 de 1953, declarando legítimo el título de Rojas para completar el período presidencial en curso.
La ANAC se convirtió así en el instrumento constitucional del régimen. En julio de 1954 el propio presidente amplió su composición con 38 miembros adicionales de designación directa para asegurar una mayoría reeleccionista. Fue en esa asamblea —inflada, oficialista, con capa constitucional pero corazón dictatorial— donde se tramitó el reconocimiento de la ciudadanía política de las mujeres colombianas.
La ANAC designó una ponencia en clave bipartidista: Esmeralda Arboleda, del Partido Liberal, y Josefina Valencia, del Partido Conservador, fueron nombradas para evaluar y presentar el proyecto de Acto Legislativo sobre la Ciudadanía de las Mujeres. La fórmula era transparente. Nombrar a una liberal y a una conservadora reproducía la lógica de reparto que años después formalizaría el Frente Nacional; sugería que la reforma no era invento del régimen sino consenso de las dos casas históricas de la República; y transfería a las mujeres el mismo dispositivo de paridad partidista con que se administraba todo en el país. El sufragio femenino ingresó al orden jurídico colombiano por la puerta del bipartidismo pactado, no por la del movimiento autónomo de mujeres que llevaba tres décadas empujándolo.
Que la escogida por el conservatismo fuera Josefina Valencia no fue casual. Su apellido garantizaba respetabilidad a un régimen que necesitaba dotarse de ella; su catolicismo tranquilizaba a la jerarquía eclesiástica, que aún respaldaba a Rojas; su condición de mujer de élite payanesa aseguraba que el cambio no llegaría acompañado de subversión social. La ponencia sufragista quedaba blindada contra la sospecha de que introdujera al orden colombiano energías incontrolables. La demanda venía de décadas atrás; la respuesta jurídica se produjo en la ventana precisa en que un régimen dictatorial necesitó respetabilidad constitucional y una parte de la élite necesitó un canal institucional que las urnas suspendidas no ofrecían.
1954: el año del voto y la matanza
El año 1954 concentró la contradicción entera. Los días 8 y 9 de junio, fuerzas del gobierno causaron en Bogotá la muerte del estudiante Uriel Gutiérrez y de doce compañeros en el marco de manifestaciones estudiantiles. La represión desató el descontento de sectores urbanos que hasta entonces habían dado crédito a la promesa pacificadora del régimen; Rojas debió adoptar actitudes conciliatorias, y su imagen empezó a deteriorarse. A fines de ese año, el gobierno aprobó medidas anticomunistas que se materializarían en 1956 con la ilegalización del Partido Comunista.
Fue en ese mismo 1954 cuando la ANAC —ampliada en julio con los 38 miembros oficialistas— aprobó el reconocimiento de la ciudadanía política de las mujeres. Josefina Valencia y Esmeralda Arboleda cumplieron su encargo: presentaron el proyecto, defendieron su ponencia, sostuvieron el argumento ante una asamblea mayoritariamente masculina y ampliamente rojista. La reforma pasó. Colombia se incorporaba, tarde en el concierto latinoamericano, al mapa de países que reconocían el voto femenino.
El reconocimiento nació sobre una base contradictoria. El régimen había suprimido los cuerpos de elección popular a nivel departamental y municipal; la ciudadanía política recién otorgada no tenía urnas donde ejercerse. En el mismo año en que las mujeres obtuvieron el derecho al voto, los estudiantes eran asesinados en la calle, y en el Tolima los gobernadores militares reactivaban persecuciones y acorralamientos que el régimen había prometido detener. La participación política novedosa de las mujeres —ese fortalecimiento organizativo que había venido creciendo desde los años veinte y se había intensificado bajo Rojas— quedó truncada por la nueva espiral de violencia en la que el propio régimen se hundía.
Josefina Valencia se convirtió, en cuestión de meses, en emblema de una conquista jurídica sin sustrato electoral. Su prestigio se disparó dentro del conservatismo y de la naciente esfera pública femenina; pero el derecho que había ayudado a inscribir en la Constitución dormiría hasta 1958.
El Ministerio de Educación y la gobernación del Cauca
El paso de Josefina Valencia por el gobierno de Rojas Pinilla incluyó su designación como ministra de Educación —una de las primeras mujeres en ejercer un ministerio en Colombia— y una gobernación del Cauca que la convirtió en la primera mujer en dirigir un departamento del país. El régimen, que buscaba escenificar modernización y ampliación de bases sociales, encontró en la incorporación de mujeres de élite al gabinete un gesto simbólico de bajo costo político y alto rendimiento en respetabilidad. La ministra provenía del conservatismo, no amenazaba la ortodoxia católica, y su presencia certificaba ante el país que la dictadura acompañaba las palabras de reconocimiento con nombramientos concretos.
Desde el Ministerio, Valencia enfrentó un sistema educativo cuyo acceso femenino seguía siendo un campo de lucha ardua. La herencia de La Regeneración condicionaba todavía el mapa; los avances liberales de los años treinta habían abierto la universidad, pero la estructura escolar seguía siendo profundamente desigual, y La Violencia rural desarticulaba escuelas enteras en los departamentos más golpeados. Su gestión no dejó reformas estructurales duraderas: se movió en el terreno de la administración corriente, la orientación de campañas de alfabetización y la representación pública de la política educativa del régimen ante maestros, obispos y notables regionales. En la gobernación del Cauca, su tarea fue igualmente de sostenimiento más que de transformación: mantener el orden en un departamento tensionado por la violencia rural, articular el gobierno regional con la burocracia central rojista y ejercer una representación pública en la que su condición de mujer de la casa Valencia pesaba tanto como el cargo mismo. La figura de una ministra —una gobernadora, una ponente constituyente— empezó a modificar el imaginario público sobre lo que las mujeres podían ejercer, aunque los contenidos concretos de su gestión no rompieron con el molde del régimen.
Su presencia en el gabinete y en la gobernación operó dentro de las contradicciones del régimen. Mientras ella cumplía funciones de Estado, el gobierno clausuraba en agosto de 1955 los periódicos El Tiempo, El Espectador y El Siglo como respuesta a la campaña que estos habían emprendido contra la dictadura; se tornaba progresivamente coercitivo; perdía el respaldo del liberalismo y luego el de la jerarquía eclesiástica. Josefina Valencia sirvió al régimen en el período en que este todavía se presentaba —al menos ante una parte de sí mismo— como proyecto de reconciliación. Cuando el régimen se transformó en máquina de censura y reelección, el vínculo entre las mujeres de élite y el gobierno se hizo más incómodo, aunque no por eso menos funcional.
La caída de Rojas y el reordenamiento
El desmoronamiento fue rápido una vez que las élites que lo habían llevado al poder decidieron desengancharse. El 24 de julio de 1956 Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez suscribieron en España el Acuerdo de Benidorm, en el que propusieron el regreso a la normalidad jurídica; sería recordado como antecedente del Frente Nacional. El 20 de marzo de 1957 un nuevo pacto bipartidista incorporó al sector conservador orientado por Ospina Pérez, dirigido explícitamente contra la reelección de Rojas y a favor de la restauración democrática. Para comienzos de ese año, gremios empresariales, periodistas, intelectuales y los jefes de ambos partidos habían abandonado casi por completo al régimen. El sector ospinista se retiró formalmente de la ANAC el 29 de enero de 1957.
La Iglesia también se distanció. El cardenal Luque dirigió al presidente Rojas una carta respetuosa pero enérgica en la que impugnaba su reelección y le pedía propiciar el retorno a la democracia; la misiva fue conocida por la prensa solo días después de la caída del régimen. En mayo de 1957, un paro cívico nacional impulsado por empresarios, sindicatos, dirigentes de partidos y estudiantes precipitó la dimisión: Rojas transfirió el poder a una Junta Militar y el país entró en la transición hacia el Frente Nacional.
En ese reordenamiento, la posición de Josefina Valencia era delicada. Había ejercido cargos de primer nivel bajo el régimen depuesto, pero pertenecía a una familia conservadora del sector ospinista, precisamente el ala del conservatismo que había liderado la ruptura con Rojas y firmado los pactos de restauración. Su hermano Guillermo León Valencia se perfilaba como uno de los referentes conservadores para el nuevo esquema pactado. El apellido, que la había protegido durante el ascenso, la protegió también en la caída: nunca fue asimilada al núcleo duro del rojismo residual, del que después crecería el movimiento populista de María Eugenia Rojas, hija del general y luego candidata presidencial conocida como la Capitana del pueblo.
El Frente Nacional y el voto que empezó a ejercerse
En 1958 el sufragio femenino reconocido cuatro años antes tuvo, por fin, urnas. Con el inicio del Frente Nacional fueron elegidas las primeras senadoras: Esmeralda Arboleda de Uribe —copartícipe de Valencia en la ponencia de 1954—, Margarita Córdoba de Solórzano, Carmenza Rocha y otras.
El reportaje de la revista Cromos aparecido ese año bajo el título entre el Congreso y el hogar deja ver, mejor que cualquier estadística, el contrato tácito que la República ofrecía a las nuevas ciudadanas. Cada congresista recibía una página; las tres casadas —Arboleda entre ellas— abrían con fotografías domésticas: la senadora en la cocina, la senadora junto a los hijos, la senadora vigilando el orden de la casa. Carmenza Rocha, la única soltera, recibía un tratamiento distinto, casi de excepción a explicar. El mensaje visual era inequívoco: se podía llegar al Capitolio siempre que el hogar quedara ileso, siempre que el traje de legisladora se pusiera encima del delantal y no en su lugar. La reforma que Valencia había firmado cuatro años antes se estrenaba así en la iconografía de una modernidad negociada, decente, católica, que celebraba a las electas sin permitirles renunciar a la escenografía doméstica.
Los gobiernos liberales del Frente Nacional designaron a las primeras ministras, primero tímidamente y luego en mayor número. Josefina Valencia siguió activa en la política conservadora, aunque su figura no volvió a alcanzar el protagonismo público que había tenido bajo Rojas. La alternancia entre liberales y conservadores durante veinte años cerraba la posibilidad de que un tercer partido compitiera en igualdad de condiciones, y ese pacto masculino dominante fijaba un techo bajo para las mujeres: podían votar, podían ser electas, pero las posiciones de decisión —los ministerios pesados, las jefaturas partidarias, las cabezas económicas— seguían pasando de padre a hijo, de cuñado a compadre. Las curvas de participación femenina en altos cargos, medidas desde 1950, dibujan ese confinamiento: crecen despacio, se estancan largamente entre finales de los setenta y finales de los ochenta y solo vuelven a moverse en la antesala constitucional de los noventa.
En 1962, su hermano Guillermo León Valencia asumió la Presidencia de la República. Su gobierno se alió estrechamente con Estados Unidos en materia militar y desplegó más de dieciséis mil hombres en un operativo contra una guerrilla liberal que no logró liquidar. La familia Valencia alcanzaba así el vértice del poder ejecutivo colombiano; Josefina se movía en el círculo íntimo del oficialismo conservador durante ese cuatrienio, aunque sin cargos ministeriales.
En algún momento del Frente Nacional representó a Colombia ante la UNESCO en París, una asignación diplomática coherente con su perfil de mujer culta, ministra de Educación en su día y encarnación del conservatismo internacionalista.
Su red: familia, partido, Iglesia, el otro conservatismo femenino
La red de Josefina Valencia se tejía en varios círculos que conviene distinguir porque explican cómo se sostuvo y cómo transitó los cambios de régimen. El nudo familiar era doble: el poeta Guillermo Valencia Castillo, que le legó la respetabilidad literaria y el peso simbólico del apellido, y su hermano Guillermo León Valencia, con quien compartió no solo casa sino operación política; cuando él llegó a la Presidencia en 1962, ella ya había ocupado ministerio, gobernación y ponencia constituyente, y le aportaba al hermano un capital de trayectoria pública que pocas familias conservadoras podían exhibir del lado femenino. Esa reciprocidad —el apellido la había hecho posible; ella prolongaba y actualizaba el apellido— fue el sostén más profundo de su vida pública.
En el conservatismo femenino, la interlocutora clave era Bertha Hernández de Ospina, esposa del expresidente Mariano Ospina Pérez. Ospina encabezaba el sector cafetero que había organizado el golpe de 1953 y que luego rompió con Rojas para pactar con los liberales; Hernández de Ospina, mujer de intensa actividad pública, articulaba desde la casa presidencial retirada una red de damas conservadoras vinculadas al sufragismo católico. La afinidad de Valencia con ese sector, más que con el laureanismo o con el rojismo puro, explica su tránsito sin daños desde el gabinete rojista hasta la vida pública del Frente Nacional: cuando el ospinismo se retiró de la ANAC en enero de 1957, la Valencia que había servido al régimen quedaba, por vínculo familiar y de sector, del lado del pacto restaurador.
Con Esmeralda Arboleda, la coponente liberal de 1954, mantuvo una relación de colaboración institucional más que de afinidad ideológica; ambas se cruzaron después en distintas plataformas de reconocimiento a las pioneras, y su pareja quedó fijada en la memoria pública como el emblema del sufragismo bipartidista. Con las feministas de tradición liberal —Ofelia Uribe de Acosta, Georgina Fletcher, las voces de la Hora Feminista— la distancia era obvia: pertenecían a mundos ideológicos incompatibles. Pero la reforma de 1954 no habría sido posible sin la acumulación autónoma de esas activistas, y Valencia lo sabía; su ponencia recogió una demanda que otras habían construido durante tres décadas, y esa deuda desigual —ella firmó lo que otras habían empujado— marca la ambigüedad de su lugar en la genealogía feminista colombiana.
Con la Iglesia católica la relación fue de identificación plena. El catolicismo militante era condición del conservatismo caucano, y la respetabilidad eclesiástica —que hasta mediados de 1955 respaldaba a Rojas— fue uno de los soportes de su carrera pública. Con la sociedad payanesa, con las redes de mujeres piadosas y letradas de las capitales regionales, con el círculo restringido de damas conservadoras que se movían entre Popayán y Bogotá, Valencia era referente cotidiano. Por la vía materna, el parentesco con Laurentino Muñoz —médico, higienista e intelectual conservador de la primera mitad del siglo— la inscribía además en un tejido más amplio que el estrictamente literario de la casa Valencia: la sociabilidad de los profesionales cultos del conservatismo, con obra publicada y presencia en las academias, que prolongaba hacia otras disciplinas la misma matriz de humanismo católico y prestigio regional en la que ella se movía.
La paradoja que la define
Josefina Valencia es figura central de un momento paradójico de la historia colombiana. El reconocimiento de la ciudadanía política de las mujeres —conquista real, irreversible, celebrable— se tramitó bajo una dictadura que había inflado la asamblea encargada de aprobarlo, había suspendido las urnas donde ese voto podría ejercerse, mataba estudiantes en Bogotá y reactivaba operaciones militares en el Tolima, y un año después clausuraría los grandes periódicos del país. La reforma prosperó por una convergencia insólita: la demanda que las sufragistas venían construyendo desde los años veinte, la urgencia del régimen por vestirse de respetabilidad constitucional y el cálculo del bipartidismo, que prefería administrar el cambio en clave de reparto antes que dejar que lo empujara un movimiento autónomo.
Que la ponente conservadora fuera Josefina Valencia —hija del poeta nacional, hermana del futuro presidente, católica de élite payanesa— no fue accidente. Su perfil hacía simultáneamente creíble la reforma y controlada su radicalidad. El sufragio femenino ingresó al orden jurídico colombiano por manos que garantizaban que no vendría acompañado de amenaza social alguna al orden señorial, católico y bipartidista.
La lectura hagiográfica la presenta como precursora heroica del feminismo colombiano; la lectura acusatoria la reduce a instrumento de una dictadura. Ninguna hace justicia. Fue una mujer de su clase y su tiempo que aprovechó una ventana histórica para inscribir en la Constitución una demanda que otras mujeres, de otras trayectorias ideológicas, habían venido construyendo desde los años veinte. Sirvió a un régimen que se descomponía; ejerció ministerio, gobernación y ponencia; se benefició de un apellido que también le impuso límites; y transitó con destreza el reordenamiento del Frente Nacional.
Su muerte en 1991 coincidió con la promulgación de la Constitución del mismo año, texto que consagró la igualdad de derechos como característica definitoria de un nuevo tiempo político colombiano. Entre la ciudadanía otorgada en 1954, bajo una dictadura, y la igualdad constitucional de 1991, en una Asamblea Constituyente democrática y pluralista, se extendía la vida pública de Josefina Valencia y también los límites de lo que su generación de mujeres conservadoras había podido y querido hacer. Fue mucho, dentro de esos límites; y también fue —como ella misma habría podido reconocer en privado— apenas una parte del camino.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
27 documentos · 35 fragmentos01Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · Páginas 161, 1812 citas
[1]la Iglesia católica, a la que le entregó las labores de cuidado de la población e impidió al - gún atisbo de reconocimiento de las mujeres como sujetos políticos. 161 Capítulo 6. Representación política de las mujeres en Colombia Es para los años veinte del siglo xx que causas más liberales cues - tionan los derechos…
p. 161
[27]como una élite terrateniente, minera 181 Capítulo 7. El localismo de las élites caucanas en el siglo xix y comerciante, que se consolidaría hacia el siglo xviii, tal y como lo expusiera Colmenares (1975). La situación de las élites de Popayán fue diferente. Al contar con un importante número de comunidades indígenas,…
p. 181
02Blancos, no blancos, casi blancos. Cuerpo, color y belleza en Colombia, segunda mitad del siglo XXPietro Pisano · 2019 · Página 1741 cita
[2]Córdoba de Solorzano, Esmeralda Arboleda de Uribe y Carmenza Rocha. Con la excepción de Carmenza Rocha, todas eran mujeres casadas. De hecho, objetivo del reportaje era investigar su posición, sugerida desde el título, “entre el Congreso y el hogar”, mostrando su capacidad de desempeñarse en su rol público sin…
p. 174
03Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1701 cita
[3]legitimados para intervenir por el reconocimiento de su ciudadanía [...]. Desde su periódico Verdad, planteaba n: que las banderas partidistas azul (conservadores) y roja (liberales) « se han enarbolado últimamente como estandartes de odio y empapadas en lágrimas y sangre », hay necesidad de « algo nuevo que nos…
p. 170
04Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 3962 citas
[4]dominantes. En verdad, el golpe militar de junio de 1953 fue organizado por el ospinis- mo cafetero y apoyado por el liberalismo. La autonomía del ré- gimen militar fue relativa en sus comienzos, cuando las decisio- nes económicas y sociales estuvieron en manos de los políticos y ejecutivos de la burguesía…
p. 396
[5]dominantes. En verdad, el golpe militar de junio de 1953 fue organizado por el ospinis- mo cafetero y apoyado por el liberalismo. La autonomía del ré- gimen militar fue relativa en sus comienzos, cuando las decisio- nes económicas y sociales estuvieron en manos de los políticos y ejecutivos de la burguesía…
p. 396
05La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · Página 4881 cita
[6]acierto y de paz: "No más depredaciones, no más sangre", fueron palabras que esperanzaron a los colombianos. Veinticuatro horas más tarde la Asamblea Nacional Constituyente legalizó el nuevo régimen mediante el Acto Legislativo N° 1 de 1953: "Es legítimo el título del actual presidente de la república, teniente…
p. 488
06Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 2111 cita
[7]de •9SJ atacó la corr up ción del poder judicial, qu e toda- v ía en mu chos dis tritos seguía en manos de abogados y tint erillos laureanist as. Par a com batir la impunidad est ab leció la composición paritaria de la Cor te Suprema de Justicia y satisfizo a los liberales al ll evar a dicha co rp o ración a sus más e…
p. 211
07Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Páginas 224, 2302 citas
[8]ú n partido pol í tico [...] Paz, derecho, libertad, justicia para todos [...] y de manera especial para las clases menos favorecidas de la fortuna, para los obreros y menes terosos. La patria no puede vivir tranquila mientras tenga hijos con hambre o desnudos ”. En este momento la ret ó rica de la paz llegaba a los…
p. 224
[11]n. La anac, en la que hab í a una minor í a opositora fuerte, se reu ni ó en marzo de 1957 y busc ó dar todo el poder al rojismo. Para ello decret ó su disoluci ó n y su reemplazo por una nueva Asamblea Constituyente, de 90 miembros, la tercera parte de ellos nombrados por el presidente y los otros 60 por juntas…
p. 230
08Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · Página 1731 cita
[9]Rojas invoked Catholic religious and social doctrine to inspire unity. Honoring the legacy of Simón Bolívar, the military government also extolled the ideas of “loyalty, honesty, modesty, strength, and moderation.”31 Together, these virtues would help Colombia move beyond la Violencia, toward some higher, albeit…
p. 173
09Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 1071 cita
[10]de traidor a la patria para quien en el exterior criticara al go- bierno, se fortalecía el principio del habeos corpus, se mantenía la respon- sabilidad presidencial, se volvía al su- fragio universal y se ampliaban aún más las prerrogativas de la Iglesia. Como en el caso del anterior gobier- no, este proyecto tampoco…
p. 107
10Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 2441 cita
[12]y 9 de junio de 1954 se cumplieron una serie de manifestaciones estudiantiles en contra del régimen —las primeras protestas urbanas que se presentaban desde el 9 de abril-, cuyo resultado fue la muerte del estu- diante Uriel Gutiérrez y doce compañeros más, lo que desató el descontento de ciertos sectores de la…
p. 244
11Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · Página 2091 cita
[13]Pinilla Hijo de una familia de clase media, nació en Tunja, el 12 de marzo de 1900. A los veinte años salió de la Es- cuela de Cadetes de Bogotá con el grado de subteniente; alcanzó luego galones de teniente, pidió permiso de A E IT Biografías retiro y en Estados Unidos se graduó como ingeniero civil en 1927. Cuando…
p. 209
12Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Páginas 167, 1812 citas
[14]decisión de Rojas de conformar y consolidar una alternativa a los partidos tradicionales lo acompañaría hasta la tumba. A tres años de iniciado su gobierno, el divorcio con las jerarquías liberal y conservadora era total. C AÍDA DE R OJAS, F RENTE N ACIONAL, VIOLENCIA Y BANDOLERISMO Al frente de la oposición al…
p. 181
[22]de transformaciones sociales y políticas, preocuparon a las élites, en particular a la DNL, que a toda costa buscaba impedir que sus hombres en armas encaminaran sus luchas más allá del cambio de gobierno conservador y la restitución de su partido en el poder. El inicio de la década de los años cincuenta dejó en…
p. 167
13Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · Páginas 53, 662 citas
[15]a la pre- sidencia de la Asamblea. 1957. Enero 27. El general Gabriel Paris da a conocer a la naci6n la «decisi6n irrevocable» de las Fuerzas Armadas de que Rojas siga en el poder hasta el afio 1962. Enero 29. Ospina Pérez se retira de la ANAC y junto con Alberto Lleras se pronuncia contra la de- claraci6n del general…
p. 66
[18]los campesinos a vender a bajos pre- cios o a abandonar sus tierras y enseres. Surgié en- tonces la siniestra figura conocida como «el ma- yordomo» o el «administrador» de tierras ajenas. Era una ley implacable: quien no accedia a com- partir los beneficios de la explotacién de Ja finca era hombre muerto. 1728 En el…
p. 53
14No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Páginas 56, 722 citas
[16]Quindío, Antioquia, entre otros lugares. La Violencia tuvo dos olas: de 1946 a 1953, durante el gobierno y la dictadura conservadora, y de 1953 a 1957, durante la dictadura militar. En ambas hubo episo- dios de crueldad como masacres, descuartizamientos, quema de pueblos, que dejaron sed de venganza, agravios y…
p. 56
[20]el libro La Violencia en Colombia 149 se establece que entre 1948 y 1958 murieron 134.820 personas, entre civiles y armados, a causa de este conflicto (la mayoría en el Tolima, Valle, Antioquia y Caldas) y eleva la cifra a 200.000 a partir de una estimación de personas heridas que luego murieron, o que fueron…
p. 72
15Colombia: las razones de la guerraJorge Orlando Melo González · 2021 · Página 971 cita
[17]o para impedir a las autoridades que les quitaran las cédulas. La dictadura conservadora (1950-1953) La elección de Laureano Gómez para el periodo 1950-1954 llevó a la ruptura total entre los dos partidos. Las guerrillas liberales crecieron en varias regiones del país, como los Llanos Orientales, el occidente de…
p. 97
16Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · Página 1731 cita
[19]vereda, establecían estrictas líneas de demarcación política cuya transgresión tenía consecuencias fatales. Una corbata, una camisa o una puerta roja eran una invitación a la muerte; como también cargar una cédula de identidad que llevara el registro de determinadas elecciones. Y formas atroces de mutilación, de…
p. 173
17Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · Páginas 64, 1472 citas
[21]otras manos y sin ninguna garantía recibida pese a lo prometido por el gobierno (Uribe 1990 p. 62). Ante este descontento con los pactos incumplidos la delincuencia se vuelve a apoderar de los campos o zonas rurales y la crueldad reaparece. Los grupos armados vuelven a organizarse. Ante lo anterior el gobierno militar…
p. 147
[23]de la Segunda Guerra Mundial al considerar que con éste podrían contrarrestar las aspiraciones electorales de los comunistas. De estas oposiciones, estereotipos y hasta instrumentalización, se opusieron las mujeres quienes, para conseguir la sensibilización sobre sus derechos políticos, recurrieron a la radio, a la…
p. 64
18Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · Páginas 75, 1392 citas
[24]al descubierto que amplios sectores de la población femenina se apar- taban cada vez más de los patrones en los que había sido encasillada la mujer colombiana. En la política, numerosas mujeres desplegaron una destacada actividad pública: a partir de 1958, con el Frente Nacional, fueron elegidas las primeras…
p. 139
[30]ejemplo, de quienes se identificaban con el “feminismo”. Si, por una parte, la emancipa- ción de las mujeres se vio recompensada con el derecho que se les otorgó para ingresar a la universidad, así como con la eliminación de algunas cláusulas discriminatorias en las relaciones conyugales, los estatutos jurídicos…
p. 75
19A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · Página 2761 cita
[25]any change to the dom - inant male political status quo was out of the question. Electoral competition, economic crisis, political violence, and more educated women were the key elements in the second stage. A new political constitution consecrating equality of rights but a persistent low economic capacity were the…
p. 276
20Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · Página 1011 cita
[26]Popayan, infinita como puede sentirse en un desierto o en el huerto de un claustro» La tradicion humanista de Popayan se asegurd primero ‘omo el Seminario Conciliar, 0 ener. inde- pendencia. De alli salieron hombres de ja de Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Francisco Antonio Ulloa, Joaquin Mosquera, que fue…
p. 101
21Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · Página 761 cita
[28]En cierta manera, Popayán y su comarca, en la que predomina el elemento indígena, quedaban dentro de sus linderos. Pero la orientación política y económica de la ciu- dad, su función y su constitución social peculiares, llevan a darle cabida —a ella y a su umland indígena— en otra división, en el grupo caucano. La…
p. 76
22Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · Página 2551 cita
[29]the earth. 14. In this context it is important to mention that women in Colombia were only granted the right to vote in 1956. The 1930s had gradually opened spaces for women in universities, and in the field of art, it was only in that decade that artists such as Hena Rodríguez, Josefina Albarracín, Carolina Cárdenas…
p. 255
23Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 1041 cita
[31]las personal femenino. Todavía en 1935 su sucesora, la Escuela Normal Superior, sólo contaba con 14 mujeres entre 127 alumnos. En 1936 el Minis- terio de Educación quiso introducir el servicio voluntario escolar para las mujeres que hubieran cursado la es- cuela primaria que no fueran maestras profesionales y…
p. 104
24Narradoras en ColombiaCarmiña Navia Velasco · 2021 · Página 571 cita
[32]mantuvo en alerta frente a la discriminación luchando por conseguir siempre ser escuchadas y ser reconocidas en pie de igualdad con los varones. Uno de los campos en los que la lucha fue más ardua fue en todo lo relacionado con la educación. La herencia del período de La Regeneración; herencia que, como vemos en el…
p. 57
25Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 291 cita
[33]para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…
p. 29
26Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · Página 291 cita
[34]para el partido liberal y así sucesivamente, durante veinte años, cerrando a la vez la compuerta, a una posible opción de un tercer partido político que pudiera entrar a competir por el poder en igualdad de condiciones. El primer presidente elegido dentro de ese acuerdo frente- nacionalista, fue el liberal Alberto…
p. 29
27Historia de Colombia. La República de Colombia IRicardo Martín (dir.), Gonzalo Hernández de Alba (dir. científico), y colaboradores: Arturo Alape, Óscar Alarcón Núñez, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Antonio Caballero, Antonio Cacua Prada, Germán Cavelier, entre otros · 1988 · Página 1191 cita
[35]Su entierro fue una verda- dera apoteosis. Dos anos después, el 28 de abril de 1929, el pais le tribut6 un homenaje nacional y en el mausoleo del cementerio de San Pedro, en la capital antio- quena, le recordaron con palabras emocionadas Guillermo Valencia y el poeta bumangués Aurelio Martinez Mutis, quien recit6 su…
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