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Ensayo · La Violencia · 1946–1957

El sufragio femenino en Colombia (1954)

Colombia reconoció la ciudadanía femenina plena en 1954 bajo la dictadura de Rojas Pinilla, no bajo el bipartidismo democrático que durante dos décadas bloqueó la demanda sufragista. La paradoja revela tanto la lógica populista del régimen como la fractura estructural del feminismo colombiano entre vertientes liberal y católica.

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El sufragio femenino en Colombia (1954)
Actualizado 03 de agosto de 2026
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Orientación para entrar

La respuesta en breve

La tesis

El sufragio femenino colombiano llegó tarde porque ningún actor institucional con capacidad de reforma —ni el liberalismo lopista de 1936, ni el conservatismo católico, ni la izquierda obrera— asumió la ciudadanía femenina como demanda propia durante dos décadas de peticiones organizadas. Rojas Pinilla lo concedió en 1954 como gesto modernizador instrumental dentro de una lógica populista de construcción de base, aprovechando una demanda madura que el bipartidismo había bloqueado. Sin embargo, al aprobarse sin elecciones populares en curso y sin movilización de base que lo arrancara, el derecho existió tres años sin urnas donde ejercerlo, lo que limitó su traducción en representación efectiva. La clave explicativa más profunda no es el monolitismo conservador ni la maniobra del régimen, sino la bifurcación genética del feminismo colombiano entre una vertiente liberal ilustrada y una católica corporativa, fractura que condicionó los términos del debate y sigue operando en los conflictos contemporáneos sobre derechos de las mujeres.

La tensión

La historiografía oscila entre tres interpretaciones en tensión. La primera, culturalista, atribuye el retraso al peso estructural de la alianza Iglesia-Partido Conservador y a una cultura política más patriarcal que la del Cono Sur o los Andes vecinos, señalando que Ecuador reconoció el voto femenino en 1929 y Argentina en 1947. La segunda, instrumentalista, sostiene que Rojas concedió el sufragio como operación cosmética de legitimación —inspirada explícitamente en el modelo peronista, con SENDAS como réplica de la Fundación Eva Perón— y que por eso el reconocimiento formal no transformó la élite política. La tercera, estructural-partidista, invierte el marco liberal-progresista habitual: el bipartidismo democrático fue más obstáculo que vehículo, pues la Reforma de 1936 extendió el sufragio masculino universal sin tocar el femenino, y el voto solo se destrabó cuando un régimen ajeno al pacto partidista cortó el nudo. Transversal a estas lecturas, el debate sobre el feminismo bifurcado cuestiona si la fractura entre sufragismo liberal (Ofelia Uribe de Acosta, Georgina Fletcher) y sufragismo católico-corporativo (Josefina Valencia de Hubach) fue una debilidad del movimiento o la condición que hizo posible el acuerdo de 1954, dado que dentro de la ANAC circularon propuestas para limitar el voto a mujeres casadas por lo católico que solo fueron derrotadas por la coalición entre ambas vertientes.

Temas
Bipartidismo colombiano y exclusión políticaPopulismo latinoamericano y derechos de géneroIglesia católica y política en ColombiaFeminismo bifurcado: vertientes liberal y católicaFrente Nacional y representación femeninaComparación andina y del Cono Sur del sufragio femenino
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Ensayo completo

La lectura

El sufragio femenino en Colombia (1930–1962): ¿por qué llegó tarde, por qué llegó así?

Si las democracias liberales amplían derechos y las dictaduras los restringen, ¿cómo explicar que la ciudadanía femenina plena llegara a Colombia el 25 de agosto de 1954, bajo un general que censuraba a El Tiempo, El Espectador y El Siglo, reprimía manifestaciones estudiantiles y proscribía al comunismo internacional, y no en 1936, cuando el liberalismo lopista modernizaba la Constitución en la llamada Revolución en Marcha? ¿Por qué las primeras senadoras aparecen apenas en 1958 y las primeras ministras de manera tímida? ¿Por qué el sufragio femenino colombiano, formalmente pleno desde 1954 e igual en el papel al de argentinas y ecuatorianas, tardó tanto en traducirse en representación efectiva? ¿Y qué habría que revisar —del bipartidismo como supuesto vehículo de derechos, del populismo latinoamericano como pura fachada, del feminismo colombiano como corriente única bloqueada por una Iglesia monolítica— para responder sin trampas?

El Acto Legislativo N° 3 fue expedido por la Asamblea Nacional Constituyente que había reelegido al general Gustavo Rojas Pinilla veintidós días antes. Las mujeres votaron por primera vez el 1° de diciembre de 1957, en el plebiscito convocado por la Junta Militar para refrendar el Frente Nacional. Entre esas dos fechas —una concesión desde arriba, un estreno pactado por las élites bipartidistas— cabe casi entera la anomalía colombiana: un derecho nacido dos décadas después de las peticiones formales, otorgado por un régimen sin elecciones populares en curso, y estrenado bajo un sistema que había cerrado el juego a cualquier fuerza nueva.

Sobre esa anomalía circulan varias lecturas que conviene poner en tensión antes de pesarlas. Una atribuye el retraso a una cultura política estructuralmente más patriarcal que la del Cono Sur o los Andes vecinos: la alianza Iglesia-Partido Conservador y el peso del catolicismo produjeron una sociedad donde las mujeres eran, en la vieja frase, el "eterno femenino" alejado de la vida pública. Ecuador reconoció el voto femenino en 1929, Uruguay en 1932, Argentina en 1947. Colombia en 1954. La distancia parece hablar por sí sola.

Otra interpretación sostiene que Rojas concedió el voto como gesto modernizador instrumental —una fachada— y que por eso el reconocimiento formal no transformó la élite. El régimen necesitaba legitimidad; las mujeres eran una base política sin cooptar; la reforma constitucional costaba poco y rendía mucho. Bajo esta clave, 1954 es una operación cosmética.

Una tercera lectura invierte el marco: el bipartidismo democrático fue más obstáculo que vehículo. Durante casi dos décadas —entre las peticiones sufragistas de los años treinta y el Acto Legislativo 3— liberales y conservadores tuvieron oportunidades legislativas y las desaprovecharon. La Reforma de 1936, la más ambiciosa del siglo, extendió el sufragio masculino sin tocar el femenino. El voto femenino solo se destrabó cuando un régimen ajeno al pacto partidista cortó el nudo. Complementaria, otra lectura atribuye el rezago posterior en representación al origen no movilizatorio del sufragio: como no fue arrancado por movilización de base, sino concedido por decreto de asamblea, no produjo el capital político organizado que en Argentina hizo del peronismo femenino un actor propio. Más provocadora, una quinta hipótesis sugiere que los regímenes populistas autoritarios latinoamericanos extendieron derechos de género más rápido que los liberales reformistas porque su lógica de construcción de base los obligaba a incorporar sectores que las élites bipartidistas preferían mantener afuera. Y transversal a todas, una última insiste en que el feminismo colombiano nació bifurcado en dos vertientes —liberal ilustrada y católica corporativa— y que esa fractura, más que un supuesto monolitismo conservador, condicionó toda la trayectoria.

Ninguna de las cinco primeras se sostiene sola. La bifurcación es la que permite entender las demás.

Cuando Rojas firmó el Acto Legislativo 3 en 1954, el sufragismo colombiano tenía ya una historia larga. Georgina Fletcher y Ofelia Uribe de Acosta venían impulsando desde los años veinte las voces de más mujeres a favor de sus derechos, y para los años treinta se habían organizado en redes que combinaban prensa, radio y giras. Uribe de Acosta transmitía desde Tunja un programa llamado La Hora Feminista, que provocó a su vez la creación de La Hora Azul como réplica opositora —una escaramuza que ilustra hasta qué punto la campaña sufragista había logrado disputar el espacio público. Alrededor circulaban Lucila Rubio de Laverde, María Eastman, María Currea de Aya: figuras que sostuvieron durante veinte años una demanda coherente y públicamente formulada.

En ese contexto se produce la primera oportunidad perdida. La reforma constitucional de 1936, impulsada por Alfonso López Pumarejo en el marco de la Revolución en Marcha, era el momento óptimo. El Acto Legislativo N° 1 abolió las últimas restricciones económicas al sufragio heredadas del siglo XIX —un paso decisivo hacia el sufragio universal masculino— y suprimió el artículo que declaraba a la religión católica como religión de la nación, instaurando libertad de conciencia y cultos, aunque con la cláusula de que esas libertades no podían ser contrarias a la moral católica ni a las leyes. La reforma tocó la propiedad, el trabajo, la relación Estado-Iglesia. Sobre las mujeres, autorizó apenas el ejercicio de cargos públicos por nombramiento. El voto quedó reservado a los varones.

La decisión fue deliberada. El liberalismo lopista modernizó la ciudadanía masculina y frenó ahí. No enfrentó a la Iglesia en el terreno donde esta era más beligerante —la moral doméstica, la vida familiar, el estatuto público de la mujer— porque la reforma ya libraba batallas suficientes en propiedad, educación y cultos. La cesión fue estratégica y tuvo un costo largo: la primera juez fue nombrada apenas en 1943, siete años después de la reforma, y no hubo mujer gobernadora antes de 1955. La ciudadanía a medias produjo, previsiblemente, incorporación a medias.

El bloqueo del otro lado del espectro fue más doctrinal. La Iglesia católica, alineada ideológicamente con el Partido Conservador desde el siglo XIX y a lo largo de más de la mitad del XX, defendía una visión de nación basada en la unanimidad moral católica. Todavía en 1955, la jerarquía consideraba que el liberalismo estaba condenado por defender la escuela laica, el matrimonio civil, el divorcio vincular, la libertad de cultos y la separación Iglesia-Estado. En la campaña presidencial conservadora de 1930, la aprobación del arzobispo de Bogotá había sido determinante. La articulación entre púlpito y urna era pública: en octubre de 1921, en Bogotá, una mesa electoral separada para el clero registró 165 votos conservadores y cero liberales.

Sobre las mujeres, esa alianza operaba en dos planos. En el ideológico, un articulista conservador publicó textos que atacaban el sufragio femenino calificando la campaña de izquierdista e inútil, apelando a argumentos pseudocientíficos sobre inferioridad y a la defensa de la familia como valor amenazado. En el plano de la vida cotidiana, la jerarquía llegaba a condenar mediante pastoral —monseñor Miguel Ángel Builes— el uso de pantalones femeninos, y las autoridades civiles detenían mujeres por "el delito de vestir pantalones". Laureano Gómez condicionaba cualquier reforma educativa a que se guiara por principios morales católicos. El conservatismo respaldaba activamente los privilegios legales y económicos de la Iglesia, incluido el control del currículo público, como uno de los pocos ejes doctrinales que lo distinguían del liberalismo.

En los círculos obreros y de izquierda, donde en teoría podía haber una tercera vía, la cuestión de género quedó relegada frente a la construcción de organizaciones de clase y las alianzas antifascistas. María Cano, la más visible tribuna femenina del período, terminó marginada del Partido Comunista y reducida a labores de apoyo desde el hogar. La izquierda organizada no ofreció refugio al sufragismo.

De ahí la primera constatación firme: entre 1930 y 1953, ningún actor institucional con capacidad de reforma —ni el liberalismo lopista, ni el conservatismo católico, ni la izquierda obrera— asumió la ciudadanía femenina como demanda propia. El sufragismo existió, se organizó, publicó, transmitió por radio, hizo giras. Pero no encontró vehículo partidista. Es en esa ausencia estructural, y no en una supuesta pasividad femenina, donde hay que ubicar el rezago colombiano.

Cuando Rojas Pinilla tomó el poder el 13 de junio de 1953, la campaña sufragista llevaba dos décadas madurando. El régimen la capitalizó rápido. La comisión de Estudios Constitucionales fue instalada el 10 de diciembre de 1953, y en la Asamblea Nacional Constituyente de 1954 se nombró a Esmeralda Arboleda, del Partido Liberal, y a Josefina Valencia de Hubach, del Partido Conservador, para evaluar y presentar el proyecto de Acto Legislativo sobre la Ciudadanía de las Mujeres. El 25 de agosto de 1954, el Acto Legislativo N° 3 extendió la plenitud de los derechos ciudadanos a la mujer.

Lo que rodeó ese acto lo explica. Tres semanas antes, el 30 de julio, mediante el Acto Legislativo N° 1, la misma ANAC había autorizado a Rojas a aumentar en cuarenta miembros su composición —treinta y ocho elegidos por él y dos por la Iglesia, que se abstuvo de nombrar sus delegados— con el objetivo declarado de permitirle conformar mayoría para su reelección. El 3 de agosto, la asamblea así ampliada reeligió a Rojas para el período 1954-1958. El 7 de septiembre, mediante el Acto Legislativo N° 6, la misma corporación prohibió las actividades políticas del comunismo internacional, norma que fue utilizada para perseguir dirigentes y simpatizantes. En junio, la represión de manifestaciones estudiantiles el 8 y el 9 había dejado muertos en Bogotá. La prensa —El Tiempo, El Espectador, El Siglo— estaba bajo censura.

El sufragio femenino se aprobó, entonces, dentro de una secuencia: asamblea ampliada por decreto, reelección presidencial, ciudadanía femenina, prohibición del comunismo. La misma corporación entregó derechos y cerró espacios en gestos contiguos. Y produjo una paradoja que define el caso colombiano: reconoció el voto femenino en agosto pero, al haber sustituido las asambleas y concejos de elección popular por consejos administrativos nombrados por el presidente, dejó a las mujeres sin urnas donde ejercerlo. El derecho existió tres años sin elección alguna.

La lectura del gesto como modernización instrumental es correcta pero incompleta. Rojas se inspiró explícitamente en Juan Domingo Perón: buscaba construir una coalición del pueblo, el gobierno y las fuerzas armadas más allá de las élites partidistas. Puso a su hija María Eugenia al frente de SENDAS —una agencia nacional de asistencia social comparable a la Fundación Eva Perón—, formó su propia federación laboral para competir con las que dirigían la Iglesia y el liberalismo, y empleó un vocabulario populista que entregaba mercados y derechos como cara visible del régimen. El sufragio femenino encajaba en esa arquitectura. Ampliaba el electorado potencial hacia un sector cuya lealtad ninguna maquinaria partidista había cultivado; ofrecía legitimidad internacional a un régimen bajo escrutinio; y no costaba nada, porque no había elecciones a la vista.

Pero atribuir el resultado solo a la maniobra oscurece el otro lado. La ANAC no inventó el sufragismo: lo recibió como demanda madura. Esmeralda Arboleda y Josefina Valencia no fueron figurantes: eran representantes bipartidistas de una campaña que había fortalecido su organización durante la dictadura misma, aprovechando que el sistema partidista tradicional estaba en pausa. El régimen necesitó a las sufragistas para dar contenido a la reforma; ellas necesitaron al régimen para saltar el bloqueo que veinte años de bipartidismo les habían impuesto. Fue un cálculo cruzado, no una imposición unilateral.

Que Arboleda fuera liberal y Valencia conservadora no es un detalle protocolario. Es la marca genética del feminismo colombiano. Desde los años veinte, la campaña sufragista tuvo dos vertientes que compartían objetivo pero divergían en fundamento. Una era liberal ilustrada: Ofelia Uribe de Acosta, Georgina Fletcher, Lucila Rubio de Laverde, herederas del feminismo internacional que ligaba ciudadanía femenina con laicidad, educación pública y autonomía civil. La otra era católica corporativa: mujeres conservadoras que reivindicaban derechos políticos como extensión de la vocación familiar, argumentando que la mujer votante llevaba al Estado la voz del hogar cristiano. Josefina Valencia de Hubach representaba esa segunda vertiente; su presencia en la comisión de 1954 muestra que la vía católica al sufragio no era una contradicción sino una tradición propia.

La bifurcación tiene traducciones muy concretas en el debate. Dentro de la ANAC circularon propuestas para otorgar el voto solo a mujeres casadas por lo católico —limitado a concejos municipales, e incluso computando como doble el voto de las parejas casadas legítimamente. La idea de un sufragio femenino escalonado, moralmente calificado, tenía plausibilidad conservadora precisamente porque asumía a la mujer como sujeto político derivado de la familia, no como individuo autónomo. Que esa versión no prosperara —y que se aprobara en cambio la plenitud de derechos— no borra el hecho de que una parte sustancial del debate se libró dentro del universo católico, entre quienes querían ciudadanía femenina universal y quienes la querían filtrada por el sacramento.

Desde el periódico Verdad, algunas voces impulsoras del sufragio criticaban a los dos partidos tradicionales por haber convertido sus banderas en "estandartes de odio" y proclamaban la urgencia de que la mujer entrara en la vida nacional "como representante del hogar". Esa fórmula —hogar como credencial— pertenece a la vertiente corporativa y muestra que ni siquiera las sufragistas más críticas del bipartidismo se articulaban necesariamente sobre premisas liberales.

Esta bifurcación explica dos cosas simultáneas. Explica por qué el sufragismo colombiano tuvo densidad y persistencia: sumaba tradiciones, no dependía de una sola. Y explica por qué chocó tan duro con el bipartidismo: cada partido veía en la mujer votante a un sujeto distinto, y cualquier reforma exigía negociar qué mujer entraría al padrón. La rivalidad ideológica sobre el modelo de ciudadana deseable —laica autónoma frente a madre corporativa— paralizó la reforma más que un supuesto acuerdo tácito de exclusión masculina. Cuando Rojas cortó el nudo, lo cortó incluyendo a las dos vertientes en la comisión y aprobando la fórmula amplia. La bifurcación no desapareció: pasó a operar dentro del voto ya concedido.

La comparación con el Cono Sur suele hacerse en términos de retraso. Uruguay 1932, Argentina 1947, Chile plenamente en 1949. Colombia 1954, ejercicio en 1957. Pero la diferencia importante no es cuánto tardó Colombia sino qué tipo de sufragio produjo cada trayecto. En Argentina, Eva Perón desempeñó desde 1946 un papel central en la política laboral peronista y organizó el ala femenina del partido. El sufragio femenino de 1947 se acompañó de una estructura de encuadramiento —el Partido Peronista Femenino— que convirtió el voto en militancia organizada. Rojas quiso replicar el modelo estructural: SENDAS bajo María Eugenia Rojas, federación laboral propia, retórica de coalición pueblo-gobierno-fuerzas armadas. Pero le faltó tiempo y le faltó una Eva. El régimen cayó en 1957 sin haber alcanzado a construir la maquinaria política femenina que el peronismo consolidó. Las mujeres colombianas recibieron el derecho sin recibir la organización.

El paralelo peronista sugiere algo más profundo. Los regímenes populistas autoritarios de mediados del siglo XX en Sudamérica extendieron derechos políticos a las mujeres antes o con más ambición que las democracias liberales de la misma región, porque su lógica de legitimación exigía ampliar bases más allá de las élites tradicionales. No fue casualidad ni contradicción: fue la forma en que los sistemas partidistas cerrados —los "regímenes de notables"— se veían desbordados por outsiders que instrumentalizaban la incorporación de nuevos sectores para justificar su ruptura con las reglas. En ese sentido, Colombia no es una anomalía: es un caso tardío del mismo patrón.

Lo que sí es propio colombiano es la debilidad del vehículo populista. Rojas no logró consolidar su federación laboral frente a la Iglesia y el liberalismo. SENDAS existió pero no alcanzó el peso de la Fundación Eva Perón. Y sobre todo: cayó a los cuatro años, cuando el bipartidismo pactó su regreso mediante el Frente Nacional. En Argentina, el peronismo, aun proscrito, quedó como identidad política duradera; en Colombia, el rojismo dejó como principal legado electoral la ANAPO, en la que María Eugenia Rojas sería candidata varias veces con cierta popularidad. Pero fue una herencia menor comparada con la peronista.

Frente a los Andes, la comparación cambia. Ecuador reconoció el voto femenino en 1929, adelantándose incluso a España. Pero lo hizo con calificaciones —alfabetismo, propiedad— que reducían drásticamente el padrón real. El sufragio femenino andino temprano fue formalmente amplio y prácticamente restringido; el colombiano tardío fue formalmente universal y prácticamente inejercido durante tres años. Los mecanismos de exclusión operaron en distintos momentos: antes de la urna en un caso, después del reconocimiento en el otro.

El plebiscito del 1° de diciembre de 1957, convocado por decreto de estado de sitio de la Junta Militar —el 0247 de 1957—, refrendó el Frente Nacional. Fue el primer acto electoral con participación femenina en Colombia. Siete de sus catorce artículos trataban sobre la paridad bipartidista. La constitucionalidad del decreto fue demandada por Pedro Nel Rueda Uribe; la Corte Suprema se inhibió y el plebiscito quedó en pie.

Las mujeres estrenaron el voto para ratificar un pacto que cerraba el sistema. La Declaración de Benidorm de julio de 1956, firmada por Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo, y el Pacto de Sitges de 1957 establecieron que —independientemente de los resultados electorales— el poder se compartiría en partes iguales entre liberales y conservadores, alternando la presidencia cada cuatro años durante cuatro períodos. Paridad estricta en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Alternación en el mando. El Frente Nacional restableció libertades públicas y sindicales, y bajo Lleras Camargo la función legislativa volvió al Congreso tras haber sido usurpada por el Ejecutivo desde 1949. Pero el sistema era, por diseño, cerrado a fuerzas externas.

En ese diseño, las mujeres entraron. En 1958 fueron elegidas las primeras senadoras. La revista Cromos dedicó ese año un reportaje a cuatro congresistas —Anacarsis Cardona, Margarita Córdoba de Solórzano, Esmeralda Arboleda de Uribe y Carmenza Rocha— bajo el marco "entre el Congreso y el hogar". Tres eran casadas; la excepción era Rocha. Cada casada abría su página con una imagen que sugería el rol doméstico. La condición para hacerlas visibles públicamente era mostrarlas conciliando: la ciudadana, sí, pero después de la esposa. Los gobiernos liberales del Frente Nacional designaron las primeras ministras, inicialmente de forma tímida y luego en mayor número.

La representación se quedó anémica por dos razones combinadas. Una es el diseño frentenacionalista: la paridad bipartidista rígida cerró el sistema a cualquier fuerza nueva —incluidas las mujeres como actor colectivo— con independencia de cómo hubiera llegado el voto femenino. Un sistema que reparte por mitades entre dos partidos deja poco margen a la emergencia de una tercera representación. Varias mujeres descontentas engrosaron las filas de la ANAPO, el MRL y el sindicalismo, ocupando lugares protagónicos en la disidencia; pero fueron, precisamente, la disidencia.

La otra es el origen no movilizatorio del sufragio. Como el voto no fue arrancado por movilización de base sino concedido en una asamblea subordinada a un régimen, no dejó tras de sí una organización política femenina propia, comparable al peronismo femenino argentino. El activismo de Ofelia Uribe de Acosta, Georgina Fletcher y sus contemporáneas tenía densidad discursiva pero no había construido una maquinaria electoral: no tenía por qué haberla construido, dado que hasta 1954 no había electores femeninos que movilizar. Y para 1957, cuando por fin hubo urnas, el sistema ya estaba capturado por el pacto bipartidista. El acceso femenino al campo político quedó, entonces, condicionado por la aprobación de la élite masculina que controlaba ese campo, favoreciendo a quienes cumplían los criterios establecidos por los varones en el poder. La ganancia del voto convivió con formas de subordinación como el voto dirigido por el hombre dentro del hogar. Participar en política no era lo mismo que participar de lo político.

Al pesar las lecturas, la que mejor se sostiene combina la tesis del bipartidismo como obstáculo con la del feminismo bifurcado. El sufragio femenino colombiano no llegó tarde por una supuesta subordinación cultural más profunda que la del Cono Sur —el activismo sufragista fue robusto, organizado y persistente desde los años veinte—, sino porque la fractura liberal-católica paralizó a los dos partidos con capacidad de reforma. El liberalismo lopista prefirió no gastar capital político con la Iglesia en 1936 y frenó en el sufragio masculino. El conservatismo defendió activamente un modelo de mujer que hacía incompatible la ciudadanía plena con la moral católica dominante. La izquierda relegó la cuestión. Cuando Rojas intervino, lo hizo aprovechando dos décadas de demanda madura y ofreciendo a un régimen sin base propia una vía de legitimación que las élites bipartidistas no habían querido tomar.

El sufragio fue, en efecto, una concesión desde arriba: nació de una asamblea reelectoral, dentro de un régimen que suprimía elecciones populares mientras reconocía el derecho a votar en ellas. Pero fue también la cristalización de un activismo bipartidista que encontró en la fractura del sistema partidista tradicional su única ventana. Ambas cosas son ciertas y ambas explican el rezago posterior: el origen no movilizatorio dejó a las nuevas ciudadanas sin organización política propia; el diseño frentenacionalista, con su paridad rígida entre liberales y conservadores, cerró el sistema a la emergencia de una representación femenina autónoma. La combinación produjo lo que las cifras muestran: primeras senadoras en 1958, ministras tímidamente en los años siguientes, participación anémica durante décadas.

La lectura peronista aporta la escala regional. Colombia no fue una excepción cultural sino un caso tardío y débil del mismo patrón: los regímenes populistas autoritarios latinoamericanos extendieron derechos de género antes o con más ambición que las democracias liberales, precisamente porque necesitaban desbordar élites cerradas. Lo específicamente colombiano fue la brevedad del vehículo —Rojas cayó a los cuatro años— y la fuerza del pacto bipartidista que lo sucedió, que reabsorbió el sistema sin dejar espacio para que la incorporación femenina construyera identidad política propia.

Queda entonces una pregunta más incómoda que cualquier balance: si el bipartidismo liberal-conservador no hubiera bloqueado el sufragio durante veinte años, ¿habría llegado antes por otra vía? Los contrafácticos no se pueden responder. Sí se puede afirmar, en cambio, algo seco: entre 1930 y 1953, la democracia colombiana existió; el voto femenino no. En 1954 hubo dictadura; y hubo voto. Ofelia Uribe de Acosta, Georgina Fletcher, Esmeralda Arboleda, Josefina Valencia de Hubach y las demás no ganaron su derecho contra un régimen autoritario: lo ganaron dentro de uno, después de haber golpeado durante veinte años las puertas cerradas de una democracia bipartidista que prefirió no abrirlas. Esa secuencia, incómoda como es, es el punto de partida obligado para cualquier historia honesta del sufragio femenino en Colombia.

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Archivo documental

Documentos usados en esta lectura

34 documentos · 41 fragmentos de referencia
01Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 2971 fragmento
[1]

stica o Arte y Decorado, as í como carreras auxiliares de las profesiones “ masculinas ”, como Laboratorio Cl í nico, Enfermer í a o Dibujo Arquitect ó nico. Pero la presi ó n real de las mujeres hizo que esta transici ó n no durara: para 1950 la mayor í a segu í an carreras profesionales como Medicina, Derecho,…

p. 297
02Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 226, 2842 fragmentos
[2]

propietarios, los varones, los letra dos. La sucesiva remoción de impedi- mentos legales por razón de sexú, creencias. políticas o religiosas, raza, edad, condición cultural, social o 200 nómica, hariniversalizado contempo- rineamente él derecho de sufragio, de tal manera que comesponde hoy auna extensión Je la…

p. 284
[39]

matrimonio civil eliminandose la fórmula-de la ab- jumción y descartándoseLa excomi= nión para los contrayentes; el estables cimiento de una comisión para impul- Peso Y carl Comcintanie nt de eerieros. Palrcar de Sar retos, Bogahl,! la y religión ESOS iso o Ses Ezapuíel Morews y Dz, ie de Comsemaro (18318031 y ng…

p. 226
03Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1891 fragmento
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1931). Era un proyecto que “desafiaba la tenue base con que se había consolida do gran parte de la propiedad privada y señalaba el camino hacia una reforma radical de las estructuras agrarias colombianas. De acuerdo con un observa dor de la época, si el proyecto de 1933 hubiese sido convertido en Ley, más de las tres…

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04El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 492 fragmentos
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pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…

p. 49
[5]

pretendió renovar las estructuras de un Estado anquilosado, con rezagos colonialistas, excluyente y violento. Quiso intentar su “New deal”. Pragmático y dogmático, ningún otro presidente en la historia colombiana ha sido tan controvertido. Llamando a su gobierno la “Revolución en Marcha”, buscó la armonía social…

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05Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2041 fragmento
[6]

López Pumarejo ante el presidente del Congreso, Laureano Gó- mez. Desde ese momento, López dejó claro su pro- pósito de adelantar la Revolución en Marcha. Senado de la República y sancionada por el presi- dente el día 30 del mismo mes y año, y aparecer en el Diario Oficial del 21 de enero de 1937, sólo empezó a regir…

p. 204
06Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 3921 fragmento
[7]

trabajadora, y las presiones por legislación en su favor, desaparece la preocupación por los problemas de género como tal. No se encuentran, por ejemplo, secciones o columnas en los periódicos obreros dedicadas a ese tema, e incluso no hay muchas mujeres escribiendo artículos. Por la urgencia de la construcción de…

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07Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 1201 fragmento
[8]

los limitó a solo aquellos que no fueran contrarios a la moral cristiana y a las leyes (Artículo 40), y en su Artículo 38 estableció con claridad lo que será dominante durante los siguientes cincuenta años: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que…

p. 120
08Historia del sindicalismo en Colombia, 1850-2013Miguel Urrutia Montoya · 2016 · p. 1101 fragmento
[9]

y el Estado siguieron colaborando estrechamente. Esta relación fue ilustrada en forma inmejorable por la campaña presidencial de 1930, cuando la candidatura del Partido Conservador dependió de la aprobación del arzobispo de Bogotá. La unidad entre la Iglesia católica y el Partido Conservador siem- pre se hizo pública…

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09Counting the Dead: The Culture and Politics of Human Rights Activism in ColombiaWinifred Tate · 2007 · p. 551 fragmento
[10]

generation to the next. Strong clientalist relationships led to intense rural and lower-class identi- fication with parties, as the vertically linked networks of privilege and patronage were the only channel connecting remote rural regions to national politics. One of the few significant differences between the two…

p. 55
10Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 118, 1702 fragmentos
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educación y la participación política, e incluso censuró y controló su forma d e vestir, entre muchos otros aspectos: «Si por aquella época monseñor Builes lanzó una pastoral contra la moda, condenando el uso de pantalones para la mujer [...], también es cierto que, en plena República Liberal, en Medellín, las…

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[17]

legitimados para intervenir por el reconocimiento de su ciudadanía [...]. Desde su periódico Verdad, planteaba n: que las banderas partidistas azul (conservadores) y roja (liberales) « se han enarbolado últimamente como estandartes de odio y empapadas en lágrimas y sangre », hay necesidad de « algo nuevo que nos…

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11La Religión en ColombiaCarlos Arboleda Mora · 2010 · p. 1501 fragmento
[12]

y catolicismo integral en Colombia. La reforma religiosa de López Pumarejo” en Historia crítica. N. 19, enero-junio 2000. pp- 68-106. http://www.lablaa.org/blaa- virtual/letra-r/rhcritica/arias2.htm#_ftn14 235 Conferencias Episcopales de Colombia, t. I (1908-1953), Bogotá, Secretariado Permanente del Epis- copado,…

p. 150
12Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 161, 1752 fragmentos
[13]

la Iglesia católica, a la que le entregó las labores de cuidado de la población e impidió al - gún atisbo de reconocimiento de las mujeres como sujetos políticos. 161 Capítulo 6. Representación política de las mujeres en Colombia Es para los años veinte del siglo xx que causas más liberales cues - tionan los derechos…

p. 161
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de ese campo. Así, quienes tienen el control de este por ser los actores ortodoxos —para nuestro caso la élite política— son quie - nes dan su bendición o no frente al rol de otros miembros que entran a jugar por la apropiación del capital político. En otras palabras, allí acceden con mayor facilidad las mujeres que…

p. 175
13Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 52, 552 fragmentos
[14]

inicial en la transforma- ción funesta de nuestras costumbres y de la pugna entre los sexos». Califi- caba en sus escritos a la campaña por los derechos políticos como inútil: «del sufragismo no se ha dejado con- tagiar en Colombia sino una ínfima minoría. El sarampión sufragista pa- sará pronto. Ojalá sin dejar…

p. 52
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con el objeto de dar al Estado colombiano una organización política de corte cor- porativista, presentó en febrero de 1953 su proyecto. En la Comisión se analizó el papel de la mujer y. en la perspectiva de ser sostén de las tradi- ciones cristianas, se consideró que las mujeres casadas por lo católico pudie- ran…

p. 55
14La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · p. 411 fragmento
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relaciones con los demás. El Estado es una cuestión religiosa. Garantizar la unanimidad moral a través de la edu- cación es, en uno y otro caso, indispensable. Tal como Laureano Gómez, ese ingeniero conservador y banderizo en su proyecto de Constitución de 1953 con respecto a la libertad de cultos, Restrepo recurre a…

p. 41
15Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 641 fragmento
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de la Segunda Guerra Mundial al considerar que con éste podrían contrarrestar las aspiraciones electorales de los comunistas. De estas oposiciones, estereotipos y hasta instrumentalización, se opusieron las mujeres quienes, para conseguir la sensibilización sobre sus derechos políticos, recurrieron a la radio, a la…

p. 64
16Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · p. 1071 fragmento
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de traidor a la patria para quien en el exterior criticara al go- bierno, se fortalecía el principio del habeos corpus, se mantenía la respon- sabilidad presidencial, se volvía al su- fragio universal y se ampliaban aún más las prerrogativas de la Iglesia. Como en el caso del anterior gobier- no, este proyecto tampoco…

p. 107
17Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 652 fragmentos
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despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…

p. 65
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despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…

p. 65
18Of Beasts and Beauty: Gender, Race, and Identity in ColombiaMichael Edward Stanfield · 2013 · p. 1291 fragmento
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housing, health, education, and infrastructure, from railroads, high- ways, and airports. He formed his own labor federation to compete with fed- erations directed by the Catholic Church and the Liberal party in order to build political support for his government. Influenced by the successful pro- gram of Juan Perón…

p. 129
19Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1761 fragmento
[23]

la ANC, que, por mayoría de votos, aprobó en su sesión de clausura el Acto Legislativo Nº 6 del 7 de septiembre de 1954: “Queda prohibida la actividad política del comunismo internacional. La ley reglamentarála manera de hacer efectiva esta prohibición” 187. El decreto reglamentario señaló penas de entre uno y cinco…

p. 176
20Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1981 fragmento
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político, como se suponía que debía ser en un país de arraigadas tradiciones gamonales. UN PASO ADELANTE… MUCHOS PASOS ATRÁS Numerosos hechos iban en contravía de la anhelada pacificación nacional. Algunos eran imputables al propio gobierno o a sus agentes, otros hacían parte de las estrategias partidistas de…

p. 198
21Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 2111 fragmento
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dos de Perón. Trató de sustituir el reformismo radical de un proletariado con conciencia de clase por la lealtad mística a la persona dellider (111). 111. Las citas de este párrafo y del anterior provienen de El Trabajador de la Carne, marzo de 1950, pp. 2 Y 5, septiembre de 1949, p. 9, marzo de 1950, p. 5, enero de…

p. 211
22A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 2761 fragmento
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any change to the dom - inant male political status quo was out of the question. Electoral competition, economic crisis, political violence, and more educated women were the key elements in the second stage. A new political constitution consecrating equality of rights but a persistent low economic capacity were the…

p. 276
23Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 471 fragmento
[27]

n.p.n.; J. A. Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escovar,  –  (Medellín, ),  – . immoral and dangerous... [the Jesuits] always leave tears, discord and anarchy behind wherever their ill-fated destiny takes them’. 4 When the Jesuits were again expelled in , El Espía,…

p. 47
24Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 471 fragmento
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n.p.n.; J. A. Restrepo, Retrato de un patriarca antioqueño. Pedro Antonio Restrepo Escovar,  –  (Medellín, ),  – . immoral and dangerous... [the Jesuits] always leave tears, discord and anarchy behind wherever their ill-fated destiny takes them’. 4 When the Jesuits were again expelled in , El Espía,…

p. 47
25Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 671 fragmento
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erradicado, y dado que este discurso imponía algunos deberes, como el del sufragio universal, hubo un largo forcejeo entre quienes querían impulsar la educación moderna y la lectura libre para formar electores conscientes y abiertos a nuevas ideas, y quienes sabían que los libros y la educación echarían a perder las…

p. 67
26Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 781 fragmento
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ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…

p. 78
27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Región CentroComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 601 fragmento
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acuerdo político fue la reorganización del país luego del período presidencial del general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo mandato se había convertido en un tercer partido capaz de desplazar a los dos tradicionales. Este hecho, unido al deseo de terminar con el periodo conflictivo de la Violencia, generada por la…

p. 60
28Memorias dispersasHumberto De La Calle Lombana · 2021 · p. 2831 fragmento
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ese año. E L PRONUNCIAMIENTO DE LA JUSTICIA Dentro de este esfuerzo de indagar sobre la validez constitucional del Plebiscito de 1957, es pertinente ahora examinar el pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia sobre la demanda contra el decreto que ordenó la convocatoria popular. En efecto, el ciudadano Pedro Nel…

p. 283
29Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 4181 fragmento
[33]

noticieros,” January 24, 1958, 2, AGN.SIC.3.4(1/4).133, for quote. For additional examples, consult radioperiódico transcripts in AGN.PR.SIC.3.4(1/4), AGN.PR.SIC.5.6. 78. This point about the Civil Front’s evolution is suggested by Ronderos, Rebelión y amnistía, 116. 79. Speech by Major General Gabriel París, October…

p. 418
30Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1391 fragmento
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al descubierto que amplios sectores de la población femenina se apar- taban cada vez más de los patrones en los que había sido encasillada la mujer colombiana. En la política, numerosas mujeres desplegaron una destacada actividad pública: a partir de 1958, con el Frente Nacional, fueron elegidas las primeras…

p. 139
31Blancos, no blancos, casi blancos. Cuerpo, color y belleza en Colombia, segunda mitad del siglo XXPietro Pisano · 2019 · p. 1741 fragmento
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Córdoba de Solorzano, Esmeralda Arboleda de Uribe y Carmenza Rocha. Con la excepción de Carmenza Rocha, todas eran mujeres casadas. De hecho, objetivo del reportaje era investigar su posición, sugerida desde el título, “entre el Congreso y el hogar”, mostrando su capacidad de desempeñarse en su rol público sin…

p. 174
32Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 4102 fragmentos
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de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…

p. 410
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de aquélla a despecho de la modificación "temporal" a la Constitución), con alternación en el mando y una estricta paridad en el gabinete, las asambleas departamentales y los concejos. Paralelamente se restablecieron las libertades públicas y las sindicales —aunque sin restaurar la unidad del sindicalismo —y se…

p. 410
33Homofobia y agresiones verbales: La sanción por transgredir la masculinidad hegemónica. Colombia 1936-1980Walter Alonso Bustamante Tejada · 2008 · p. 581 fragmento
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sign ificativos en cuanto a l logro de Ia tra nsformaci6n de su entorno y el ejercicio de sus derechos. A las m ujeres las ha bfa n desti nado a ser las " reinas del ha ga r ", a estar ocupadas en ta reas que las m a ntuviera n alejadas de Ia vida p u b l ica y por lo tanto las h icieran menos pel igrosas y mas uti…

p. 58
34Los López en la historia de ColombiaÓscar Alarcón Núñez · 2022 · p. 661 fragmento
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docentes públicos y privados, en orden a procurar el cumplimiento de los fines sociales de la cultura y la mejor formación intelectual, moral y física de los educandos” (art. 14). Las anteriores disposiciones, que tenían que ver con la Iglesia Católica, se desarrollaron luego con la firma del Concordato que negoció en…

p. 66