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Idea transversal

Sufragio femenino

El sufragio femenino en Colombia es a la vez un derecho constitucional y un proceso histórico de más de un siglo: consagrado formalmente por el Acto Legislativo 3 del 25 de agosto de 1954, fue ejercido por primera vez el 1 de diciembre de 1957 en el plebiscito que aprobó el Frente Nacional. Su historia cruza una movilización femenina discontinua y persistente con el cálculo político de los regímenes que, en cada coyuntura, decidieron ampliar o restringir el cuerpo electoral.

4.387 palabras31 documentos40 fragmentos citados
Sufragio femenino

Trayectoria de una idea

  1. 1819

    Ciudadanía activa y ciudadanía pasiva: las mujeres excluidas desde el origen

  2. 1853

    La Constitución de 1853 y el sufragio universal masculino

  3. 1855

    Vélez: el primer sufragio femenino en Colombia, anulado

  4. 1886

    La Constitución de 1886: exclusión femenina explícita por omisión

  5. 1930

    IV Congreso Internacional Femenino en Bogotá

  6. 1936

    Acto Legislativo 1 de 1936: ciudadanía trunca para la mujer

  7. 1954

    Acto Legislativo 3 del 25 de agosto de 1954: reconocimiento pleno del sufragio femenino

  8. 1957

    1 de diciembre de 1957: las mujeres votan por primera vez

  9. 1975

    Acto Legislativo 1 de 1975: reducción de la edad mínima de ciudadanía

  10. 1991

    Constitución de 1991: ciudadanía formalmente universal

03

La lectura

El sufragio femenino en Colombia no fue una concesión lineal del Estado sino el resultado del cruce entre una movilización femenina discontinua y persistente y el cálculo político de los regímenes que, en cada coyuntura, decidieron ampliar o restringir el cuerpo electoral. La exclusión se sostuvo durante más de un siglo sobre la dicotomía público/privado y su gemela razón/sentimiento: los hombres serían portadores del interés racional apto para la política; las mujeres, custodias del afecto, confinadas a una esfera doméstica moralmente exaltada y políticamente devaluada. Un segundo argumento pragmático —el temor liberal al voto clerical femenino— postergó el reconocimiento incluso entre quienes se proclamaban defensores de la democracia. Cuando el reconocimiento llegó, en 1954, lo firmó una dictadura que buscaba legitimidad populista; y cuando el voto se ejerció por primera vez, en 1957, fue dentro de un pacto bipartidista masculino que fijaría durante dieciséis años los términos del poder. La historia del sufragio femenino colombiano es, en ese sentido, la historia de una ciudadanía conquistada a pesar del sistema y, al mismo tiempo, dentro de sus límites.

El sufragio femenino en Colombia

El sufragio femenino en Colombia es a la vez un derecho constitucional y un proceso histórico de más de un siglo. Como derecho, se consagró en el Acto Legislativo 3 del 25 de agosto de 1954, que extendió la plenitud de la ciudadanía a las mujeres colombianas y les reconoció los mismos derechos políticos que a los varones; se ejerció por primera vez el 1 de diciembre de 1957, en el plebiscito que aprobó el Frente Nacional. Como proceso, atraviesa el largo siglo republicano: desde el episodio pionero de Vélez, pasando por la exclusión explícita que fijaron las constituciones de 1858, 1863 y 1886, la reforma incompleta de 1936 y la campaña sufragista que tomó cuerpo entre los años veinte y los cincuenta, hasta la ciudadanía formalmente universal que consagró la Constitución de 1991. Su historia no es la de una concesión lineal del Estado, sino la del cruce entre una movilización femenina discontinua y persistente y el cálculo político de los regímenes que, en cada coyuntura, decidieron ampliar o restringir el cuerpo electoral. Cuando por fin llegó el reconocimiento, lo firmó una dictadura; y cuando por fin se ejerció, lo hizo dentro de un pacto bipartidista masculino que fijaría durante dieciséis años los términos del poder.

Ciudadanía activa y ciudadanía pasiva

En Colombia, como en el resto de las repúblicas fundadas sobre el molde revolucionario atlántico, la ciudadanía nació escindida. La Ley Fundamental de Angostura, sancionada en 1819, distinguió entre ciudadanos activos —quienes ejercían el sufragio y, con él, participaban en la formación de la ley— y ciudadanos pasivos —quienes estaban bajo la protección de esa ley pero no intervenían en su hechura ni en la soberanía nacional. Esa arquitectura, aparentemente técnica, encerraba una decisión política de fondo: la mayoría de la población quedaba fuera del sujeto político por razones de sexo, edad, propiedad, oficio o alfabetismo. Las mujeres cayeron, sin excepción, en la categoría pasiva.

El sufragio femenino en Colombia designa entonces la conquista formal de la ciudadanía activa por parte de las mujeres: el paso de ser objeto de la ley a ser también sujeto de su formación. Pero la conquista formal no clausura el proceso. Entre el decreto y la práctica se abre una brecha que las propias sufragistas y las juristas posteriores no dejarían de nombrar: la distancia entre el voto reconocido y la ciudadanía efectivamente ejercida, entre la papeleta y la representación real, entre el derecho a votar y el derecho a decidir sin tutela.

Esa brecha, además, no era una imperfección lateral del sistema. Fue el sistema mismo. La república criolla se construyó sobre una definición del sujeto político que hacía coincidir ciudadanía con virilidad, propiedad y palabra pública. El hogar quedaba fuera del pacto político, no por descuido, sino por diseño: era el reverso doméstico de la vida civil, su condición de posibilidad silenciosa. Devolverle a la mujer la ciudadanía plena obligaba, por tanto, a repensar la topografía entera de lo público y lo privado que había sostenido a la república durante más de un siglo.

Los orígenes: Vélez, 1853, y el susto de los letrados

El primer antecedente colombiano del sufragio femenino no vino de una gran capital ni de un congreso letrado, sino de una provincia santandereana. La Constitución de la Nueva Granada de 1853 había roto con la tradición censitaria del siglo XIX: abolió los requisitos de alfabetismo y riqueza para el sufragio masculino y estableció, por primera vez, el voto universal de los varones sin restricciones económicas. En ese marco de radical apertura, la provincia de Vélez extendió en 1855 el derecho al voto a las mujeres. Fue un gesto brevísimo —la medida fue anulada con el argumento de que un estado no podía otorgar más derechos políticos que la nación en su conjunto—, pero abrió una grieta simbólica que ya no se cerraría del todo.

El episodio alertó de inmediato a los letrados criollos. El intelectual antioqueño Emiro Kastos publicó por esos años un artículo titulado Algo sobre las mujeres, respuesta directa a la Constitución de Vélez. Allí formulaba con nitidez lo que sería el argumento de contención durante casi un siglo: la vida pública no era el sitio de las mujeres, cuya naturaleza pertenecía al hogar, al sentimiento, a la esfera privada. La dicotomía público/privado y su gemela razón/sentimiento se convirtieron en el andamiaje ideológico de la exclusión. Los hombres serían portadores del interés racional apto para la política; las mujeres, custodias del afecto, confinadas a una esfera doméstica moralmente exaltada y políticamente devaluada.

La Constitución federal de 1858 mantuvo el sufragio universal masculino. La de 1863 —la Carta de Rionegro, que instituyó los Estados Unidos de Colombia— dio un giro decisivo: dejó a cada estado la facultad de fijar los requisitos de ciudadanía, garantizando únicamente los principios generales de gobierno representativo y electivo. El resultado fue un mapa heterogéneo. El Cauca se convirtió en el estado más inclusivo: reconoció como ciudadanos activos a los varones casados a cualquier edad o mayores de dieciocho años, umbral que superaba incluso lo dispuesto en 1853. Magdalena otorgó ciudadanía a todos los hombres mayores de dieciocho. Santander y Tolima la extendieron a hombres casados o mayores de esa edad, pero con restricciones adicionales. Ninguno de esos experimentos alcanzó, sin embargo, a las mujeres: el sufragio femenino de Vélez había sido una excepción anulada, no un precedente vivo.

La Constitución de 1886, columna de la Regeneración, cerró el ciclo federal y restableció requisitos al sufragio: la ciudadanía quedó reservada a los varones colombianos mayores de veintiún años que tuvieran profesión, arte u oficio o fuente legítima y conocida de subsistencia. La exclusión femenina, esta vez, era explícita por omisión: al definir al ciudadano en masculino y en función de un oficio remunerado, la Carta dejó a la mujer fuera del cuerpo político por doble vía —de sexo y de trabajo asalariado— durante los siguientes cincuenta años.

La trayectoria: de la ciudadanía trunca de 1936 al plebiscito de 1957

El siglo XX colombiano heredó el molde de 1886 y tardó en romperlo. La primera fractura importante llegó con la República Liberal y, dentro de ella, con el Acto Legislativo 1 del 5 de agosto de 1936, promovido bajo el gobierno de Alfonso López Pumarejo. La reforma abolió las últimas limitaciones de carácter económico al sufragio: desde entonces todos los varones mayores de veintiún años, sin requisitos de propiedad ni renta, serían ciudadanos plenos. En materia femenina, sin embargo, el avance fue calculadamente parcial. La reforma autorizó a las mujeres colombianas a ejercer cargos públicos por nombramiento, pero les negó el voto, que siguió siendo prerrogativa masculina.

Aquella ciudadanía trunca —capacidad de ser designada, incapacidad de elegir y de ser elegida— configuró una figura jurídica peculiar y reveladora: la mujer podía servir al Estado, pero no constituirlo. La brecha entre la habilitación legal y su cumplimiento fue, además, considerable. La primera jueza colombiana fue nombrada apenas en 1943, siete años después de la reforma, y en ese período no hubo ninguna mujer gobernadora. La reforma educativa del mismo gobierno lopista se propuso garantizar la igualdad de acceso de hombres y mujeres a todos los niveles de enseñanza, incluida la universidad. La apertura fue lenta y sesgada: las primeras universitarias fueron canalizadas hacia carreras consideradas femeninas, ligadas al cuidado, la enfermería o las artes decorativas, aunque hacia 1950 la mayoría ya cursaba Medicina, Derecho, Arquitectura u Odontología. Ese acceso a los títulos profesionales sería una condición material —no la única— para que las mujeres pudieran, con el tiempo, ocupar los cargos públicos que la reforma de 1936 les había abierto en el papel.

La conquista del voto propiamente dicho tardaría casi dos décadas más y llegaría por la vía menos épica: la de un régimen militar en busca de legitimidad. El 13 de junio de 1953, el general Gustavo Rojas Pinilla había tomado el poder. La Asamblea Nacional Constituyente convocada bajo su gobierno legalizó al régimen mediante el Acto Legislativo 1 de 1953, que declaró legítimo el título del general como presidente. El 10 de diciembre quedó instalada la Comisión de Estudios Constitucionales. En su seno se nombró a dos mujeres —Esmeralda Arboleda, del Partido Liberal, y Josefina Valencia de Hubach, del Partido Conservador— para evaluar y presentar el proyecto de Acto Legislativo sobre la Ciudadanía de las Mujeres. El resultado fue el Acto Legislativo 3 del 25 de agosto de 1954, que reconoció la plenitud de los derechos ciudadanos a la mujer colombiana. Nueve días antes, el 3 de agosto, la misma Asamblea había ratificado a Rojas Pinilla en la presidencia para el período 1954-1958.

La secuencia importa. El reconocimiento del sufragio femenino formó parte de un discurso populista con el que la dictadura buscó apuntalarse: ampliaba el cuerpo electoral en un gesto de modernización aparente, sin arriesgar el control sobre los mecanismos de la política. Sería injusto, sin embargo, reducir 1954 a pura dádiva. Detrás del Acto Legislativo había una acumulación de décadas de agencia femenina que ninguna dictadura habría podido inventar de la nada.

Las mujeres colombianas votaron por primera vez el 1 de diciembre de 1957, en el plebiscito que refrendó el Frente Nacional. El pacto, diseñado para durar dieciséis años a partir de 1958, había sido preparado en el acuerdo de Benidorm de julio de 1956 y afinado en el de Sitges del 20 de julio de 1957, ambos firmados en España por Laureano Gómez y Alberto Lleras Camargo. Siete de los catorce artículos del plebiscito trataban sobre la paridad entre los dos partidos. Ese fue el marco en que las mujeres estrenaron su ciudadanía activa: un pacto pensado para cerrar la dictadura de Rojas y la pugna partidista que había desangrado al país, pero también para restringir por vía constitucional la competencia política a dos fuerzas ya establecidas.

Las sufragistas: Fletcher, Uribe de Acosta, Arboleda, Valencia

La campaña por el voto femenino no se improvisó en 1954. Sus raíces se remontan por lo menos a los años veinte, cuando Georgina Fletcher y Ofelia Uribe de Acosta impulsaron en Colombia la defensa pública de los derechos políticos de las mujeres, en sintonía con las corrientes sufragistas que atravesaban entonces el continente. En diciembre de 1930 se celebró en el Teatro Colón de Bogotá el IV Congreso Internacional Femenino, en un momento de auge de revistas dirigidas a mujeres y de emergencia visible del feminismo en el país. En torno a ese congreso circularon publicaciones femeninas de peso; María Cano —la misma dirigente socialista que había recorrido el país como Flor del Trabajo pocos años antes— fundó la revista Cyrano, considerada quizá la más importante entre ellas.

La militancia se organizó con más fuerza durante la propia dictadura de Rojas Pinilla, entre 1953 y 1957. Un Primer Congreso Nacional de Mujeres, convocado bajo el liderazgo de Mercedes Abadía, Lucila Rubio de Laverde y Matilde Espinosa, reunió a obreras, sindicalistas, estudiantes, campesinas e indígenas: una asamblea de clase heterogénea que rompía con la imagen del feminismo colombiano como asunto exclusivamente letrado y capitalino. Las activistas publicaron el periódico Verdad, desde el cual proclamaron la urgencia de que la mujer entrara a la vida nacional como representante del hogar —fórmula estratégica que negociaba con la ideología dominante sin renunciar a la exigencia de derechos políticos— y criticaron las banderas partidistas liberal y conservadora como estandartes de odio, en una época marcada por la Violencia bipartidista. Esa novedosa participación política quedó truncada, sin embargo, por la nueva espiral de violencia en la que el propio gobierno de Rojas se introdujo.

En la Asamblea Nacional Constituyente que aprobaría el sufragio femenino, la representación de esa larga movilización recayó en dos mujeres de trayectoria pública sólida: Esmeralda Arboleda por el liberalismo y Josefina Valencia de Hubach por el conservatismo. La composición era políticamente significativa: mostraba que la reivindicación del voto había atravesado las trincheras partidistas y que ninguno de los dos grandes partidos podía seguir presentándose como su enemigo. La historia posterior sumaría otros nombres —Bertha Hernández de Ospina, esposa del expresidente Mariano Ospina Pérez, entre las voces conservadoras influyentes; María Currea de Aya en el activismo temprano—, pero la firma jurídica del sufragio quedó asociada a Arboleda y Valencia.

Los debates: exclusión razonada y ciudadanía negociada

Detrás de un siglo de exclusión operó un argumento repetido con inflexiones variables. El ideario decimonónico colombiano, deudor del liberalismo europeo y del catolicismo hispánico, sostuvo que la mujer no era apta para el sufragio porque su naturaleza —afectiva, doméstica, moralmente elevada pero políticamente inmadura— la destinaba al hogar. Kastos lo escribió en la década de 1850; sus herederos lo repitieron durante decenios. Separar lo público de lo privado como si fuera un hecho natural, y no una decisión histórica, fue la coartada más eficaz para diferir el reconocimiento.

Un segundo argumento, menos filosófico y más pragmático, atravesó la política colombiana desde la segunda mitad del siglo XIX: el temor al voto clerical. Los liberales, que habían introducido el sufragio universal masculino, se mantuvieron en minoría política persistente durante buena parte del período posterior a 1853, y sus dirigentes atribuían ese estancamiento a la influencia del clero sobre las masas. Bajo esa premisa, extender el voto a las mujeres —a quienes se percibía como más próximas a la Iglesia— equivalía a entregarle al conservatismo un bloque electoral decisivo. El cálculo se filtra en el largo aplazamiento del sufragio femenino incluso bajo gobiernos liberales.

La reforma de 1936 concretó ese cálculo en una forma extraña: dio a las mujeres el derecho a servir al Estado por designación —esfera donde la selección quedaba en manos de las élites, mayoritariamente masculinas y controlables— y les negó el derecho a votar, donde la decisión habría escapado a esos filtros. Fue una ciudadanía incompleta que la propia República Liberal se resistió a completar. Habría que esperar a que un régimen autoritario, urgido de legitimidad y menos preocupado por la aritmética electoral inmediata —Rojas gobernaba sin urna—, tomara la decisión que las democracias bipartidistas habían aplazado.

Simultáneamente, los estatutos jurídicos siguieron discriminando a la mujer en materia moral, sexual y familiar mucho después de que se hablara ya de emancipación. En América Latina persistieron durante décadas cláusulas que impedían a la mujer casada viajar al extranjero o abrir cuentas bancarias sin autorización del marido, y el hombre que mataba a su mujer adúltera quedaba exento de pena o recibía escasos meses de prisión. En ese entorno legal, la ciudadanía política era una pieza suelta dentro de un sistema mayor de subordinación que las reformas constitucionales no tocaron.

Su red: partidos, Iglesia, prensa, universidad

El sufragio femenino colombiano se tejió en un entramado institucional del que forma parte inseparable. Los dos partidos tradicionales fueron actores ambivalentes, e introdujeron ampliaciones y retrocesos según su conveniencia. El liberalismo abrió el sufragio masculino en 1853 y volvió a ampliarlo en 1936, pero no se decidió a incorporar a las mujeres al cuerpo electoral en ninguno de los dos momentos. El conservatismo, dominante bajo la Regeneración, fijó en 1886 la definición masculina de la ciudadanía que rigió durante medio siglo. Sin embargo, cuando llegó el momento del reconocimiento, la designación de Valencia de Hubach mostró que sectores conservadores ya no defendían la exclusión: al contrario, veían en el voto femenino un potencial electoral propio, fundado en la lealtad religiosa que atribuían a las mujeres del país. El cálculo se cumpliría solo a medias. Las mujeres colombianas terminaron votando de manera más plural de lo que ambos partidos supusieron, aunque los cuadros dirigentes siguieran siendo masculinos y las cuotas de poder se repartieran entre hombres.

La Iglesia católica fue el interlocutor implícito de cada disputa. Su influjo sobre la vida cotidiana y sobre los hogares colombianos era tan denso como la política misma, y la sospecha liberal de que el clero movilizaría el voto femenino era simétrica a la expectativa conservadora de que así fuera. Ambos cálculos suponían a las mujeres sin autonomía política propia. El error se haría evidente con el tiempo, aunque el peso del catolicismo en las orientaciones electorales de amplias franjas de mujeres colombianas fuera real durante mucho tiempo. La Iglesia colombiana, por lo demás, nunca fue un bloque monolítico. En ella convivió un conservadurismo mariano que exaltaba a la mujer madre y la mantenía fuera de la política —con figuras como el arzobispo Ismael Perdomo, opositor abierto a las reformas lopistas de los años treinta— con una pastoral más receptiva a la educación y a la organización femenina, encarnada en congregaciones dedicadas a la enseñanza y a la caridad organizada, que preparó, sin proponérselo del todo, a varias de las generaciones que después irían a las urnas. La red de colegios religiosos formó, en efecto, a buena parte de las primeras profesionales y de las primeras congresistas. Sobre el sufragio, la jerarquía se movió con prudencia: no encabezó su reivindicación, pero tampoco lo bloqueó cuando llegó en 1954, quizá porque el cálculo conservador coincidía en ese punto con el suyo. Esa neutralidad práctica, después leída como respaldo tácito, terminó siendo funcional al reconocimiento: sin oposición eclesiástica frontal, la reforma pudo tramitarse sin el añadido de una batalla cultural en los púlpitos.

La prensa jugó un papel decisivo en la construcción cultural del problema. De Cyrano al periódico Verdad, las publicaciones dirigidas por mujeres o hechas por ellas fueron plataformas de la reivindicación, escuelas de escritura pública y espacios donde se ensayó una voz política todavía sin curules. En sentido inverso, las revistas de gran circulación siguieron administrando la imagen dominante de la feminidad. En 1958, ya con el sufragio conquistado, una revista de circulación nacional publicó un reportaje titulado entre el Congreso y el hogar sobre las primeras congresistas colombianas; mostraba cómo esas mujeres cocinaban, cuidaban a sus hijos y mantenían el hogar pese a sus compromisos públicos. La operación ideológica era transparente: se admitía la novedad de la política femenina a condición de asegurar que no alteraba el orden doméstico. La ciudadanía política podía sumarse a la vida de las mujeres siempre y cuando no restara del hogar. Esa duplicidad —figuras públicas por el día, amas de casa por la tarde— fue la forma editorial que asumió la transición y también su límite: reconocía el hecho consumado sin conceder la reorganización simbólica que exigía.

La universidad, por último, fue el semillero material del cambio. Sin la apertura de la educación superior a las mujeres durante la República Liberal, la habilitación de 1936 para ocupar cargos públicos habría quedado sin cuerpos calificados que la ejercieran. Las primeras profesionales colombianas —abogadas, médicas, arquitectas— fueron también, en muchos casos, las primeras funcionarias, las primeras candidatas y las primeras columnistas. Para 1980, el número de mujeres que ingresaban a la universidad era ya igual al de los hombres, aunque la selección de carreras seguía teniendo sesgos culturales y familiares. Ese cambio demográfico y educativo daría a la ciudadanía política femenina, con el paso de las décadas, la base social que en 1957 apenas se insinuaba.

Su huella: del Frente Nacional a la Constitución de 1991

El primer ejercicio del voto femenino ocurrió el 1 de diciembre de 1957. El primer presidente elegido bajo el nuevo régimen fue el liberal Alberto Lleras Camargo, escogido el 4 de mayo de 1958 con 2.482.948 votos. A partir de ese año fueron elegidas las primeras senadoras colombianas —entre ellas la propia Esmeralda Arboleda de Uribe, Margarita Córdoba de Solórzano y Carmenza Rocha—, y los gobiernos liberales del Frente Nacional designaron las primeras ministras, primero tímidamente y luego en mayor número. La estrategia inicial de los partidos fue postular en lugares elegibles a mujeres cuyo capital político derivaba, en buena medida, de un apellido masculino: hijas, esposas o hermanas de dirigentes reconocidos. Esa mediación familiar abrió las puertas del Congreso, pero también fijó un techo: se admitía a la mujer política a condición de que llegara emparentada.

La estructura del Frente Nacional marcó los límites de ese voto recién estrenado. Todos los cargos electos y designados se dividirían en partes iguales entre liberales y conservadores; la presidencia se alternaría cada cuatro años durante dieciséis años. El pacto, diseñado para cerrar la dictadura y la Violencia, congeló también la representación política dentro de dos partidos cuyas cúpulas eran masculinas y cuyas cuotas se distribuían por lógicas ajenas a la ampliación del sujeto político. Bajo esa camisa de fuerza, la primera década del voto femenino produjo cifras modestas y, sobre todo, una presencia decorativa. Las mujeres ocupaban escaños, pero no comisiones estratégicas; firmaban ministerios, casi siempre los de Educación o los ramos sociales, pero no las carteras económicas ni las de guerra. El techo se movió poco entre 1958 y 1974: durante los cuatro gobiernos del Frente Nacional, la proporción de mujeres en el Congreso se mantuvo por debajo del cinco por ciento, y en la Corte Suprema y en el gabinete económico fue prácticamente nula.

Varias mujeres descontentas con el bipartidismo engrosaron entonces las filas de movimientos disidentes: la ANAPO —la Alianza Nacional Popular fundada por el propio Rojas Pinilla después de su caída—, el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) y el sindicalismo. Algunas ocuparon lugares protagónicos. María Eugenia Rojas, hija del general, fue candidata en varias ocasiones a la Presidencia y se ganó el apodo de la Capitana del pueblo. En paralelo, la organización femenina se movió también fuera de los partidos: comités barriales en las ciudades que crecían por oleadas migratorias durante la Violencia, ligas de amas de casa, asociaciones profesionales de maestras, enfermeras y trabajadoras sociales. La ciudadanía política adquirida en 1954 empezó a irrigar, con lentitud, una vida asociativa que hasta entonces se movía en los márgenes del reconocimiento estatal.

El desmonte gradual del Frente Nacional, pactado a partir de 1968 y consumado en las elecciones de 1974, no produjo un salto inmediato en la representación femenina, pero abrió el sistema a competencias que antes estaban bloqueadas. En 1975 se reformó la Constitución para reducir la edad ciudadana a los dieciocho años, umbral que la Constitución de 1991 mantuvo. La reforma amplió mecánicamente el cuerpo electoral y sumó a él a una generación de mujeres jóvenes formadas ya en universidades mixtas, con expectativas laborales propias y con una experiencia asociativa —estudiantil, barrial, sindical— que las generaciones anteriores no habían tenido a la misma edad. Durante los años setenta y ochenta, además, las primeras alcaldías ocupadas por mujeres, los primeros liderazgos regionales visibles y la aparición sostenida de columnistas femeninas en la gran prensa cambiaron poco a poco el rostro del debate público.

En 1984, Colombia fue el primer país de América Latina en aprobar una política específica para la mujer campesina e indígena —el Documento CONPES DNP 2109—, que incluía impulsar su participación en la vida política. El feminismo latinoamericano, entre tanto, había desplazado ya el eje de la discusión. El Primer Congreso Feminista Latinoamericano, celebrado en Bogotá en 1981, partió del reconocimiento de que se habían logrado cambios normativos en materia de derechos educativos, de voto y de herencia, y desplazó su énfasis hacia lo que llamó la colonización patriarcal de los cuerpos, la sexualidad y la reproducción, con las políticas de control poblacional en el centro del debate. La ciudadanía política, ganada formalmente, era ya insuficiente como horizonte. La agenda se ensanchaba hacia el aborto, la violencia doméstica, la doble jornada laboral, la representación cultural: territorios donde la papeleta, por sí sola, poco podía hacer.

La Constitución de 1991 recogió esa acumulación. No definió positivamente la ciudadanía, sino que solo determinó cuándo se pierde o suspende, e incorporó una extensa consideración sobre derechos y deberes del colombiano. La ciudadanía formal se universalizó allí para hombres y mujeres, incluidos indígenas y afrocolombianos. El artículo 40 estableció que las autoridades garantizarán la adecuada y efectiva participación de la mujer en los niveles decisorios de la Administración Pública. El artículo 43 consagró que la mujer y el hombre tienen iguales derechos y oportunidades y que la mujer no podrá ser sometida a ninguna clase de discriminación. Sobre esa base se construyó una década más tarde la Ley 581 de 2000, invocada, por ejemplo, en el debate sobre la designación del Defensor del Pueblo cuando se argumentó que el presidente vulneraba la norma al no incluir a una mujer en la terna.

La brecha entre el derecho y su ejercicio no se cerró con el plebiscito ni con la nueva Carta. Hay testimonios anecdóticos, pero reveladores, de mujeres que, tras obtener la cédula, fueron forzadas a votar según la decisión de un hombre de la casa. El acceso formal al sufragio no garantiza su ejercicio autónomo. Y el acceso a los espacios de decisión política sigue condicionado por el control que ejercen los actores ortodoxos masculinos de las élites políticas, quienes determinan, en la práctica, cuáles mujeres pueden entrar en el campo. La participación femenina en el Congreso desde 1958 ha mostrado variaciones a lo largo del tiempo, con períodos de aumento y otros de estancamiento: una presencia mayor, pero irregular, en el poder legislativo. La Ley de Cuotas de 2000 obligó a incluir un porcentaje mínimo de mujeres en los cargos directivos del Estado, pero su cumplimiento ha sido desigual y su impacto sobre la conformación real de las listas electorales, todavía más modesto. Las cifras oscilaron según la coyuntura, pero el patrón se mantuvo: cada avance normativo abrió una ventana que la práctica política tardó en llenar, y cuando la llenó lo hizo por goteo, con mujeres cuyo margen de maniobra dependía todavía de coaliciones y jefaturas ajenas.

La historia del sufragio femenino colombiano ilumina una tensión que la república nunca ha resuelto del todo. La ciudadanía formal se ganó por escalones —1853, 1936, 1954, 1957, 1975, 1991— y cada escalón fue resultado de una negociación entre movilización desde abajo y cálculo desde arriba. Ninguno de esos escalones se subió por la sola inercia del progreso: cada uno tuvo su coyuntura, sus firmantes concretos y sus perdedores previsibles. La ciudadanía sustantiva —la que exige que quien vota decida sin tutela, que quien es elegible tenga acceso real a los espacios de decisión, que la política no se reparta previamente en cuotas cerradas— sigue siendo una promesa abierta. Entre el voto de Vélez anulado en 1855 y la papeleta depositada por millones de colombianas el 1 de diciembre de 1957 median cien años exactos. De aquella papeleta a una ciudadanía plena falta todavía trecho, y ese trecho no se mide en decretos sino en costumbres.

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En el archivo

36 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

01Independencia1810–18311
  1. 1815Infraestructura femenina en la guerra de independencia (1815–1819)Hecho
02Nueva Granada1831–18623
  1. 1849José Hilario LópezFicha
  2. 1850Sociedades DemocráticasFicha
  3. 1853Voto femenino en la provincia de Vélez y su clausura (1853–1863)Hecho
03Estados Unidos de Colombia1863–18851
  1. 1870Educación femeninaFicha
04Regeneración1886–19294
  1. 1920Betsabé EspinosaFicha
  2. 1920Mujeres y orígenes del movimiento social colombianoPregunta
  3. 1923Juana Julia GuzmánFicha
  4. 1927María CanoFicha
05República Liberal1930–19466
  1. 1930Feminismo y sufragismo en Colombia (1930–1946)Hecho
  2. 1930Ofelia Uribe de AcostaFicha
  3. 1932Georgina FletcherFicha
  4. 1935Masculinismo estructural en la historiografía de la República LiberalPregunta
  5. 1936La Iglesia colombiana entre la República Liberal y la Violencia (1930–1942)Pregunta
  6. 1940Débora Arango PérezFicha
06La Violencia1946–19579
  1. 1948María Currea de AyaFicha
  2. 1952CiudadaníaFicha
  3. 1953Gustavo Rojas PinillaFicha
  4. 1953La dictadura de Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957)Pregunta
  5. 1954El sufragio femenino en Colombia (1954)Hecho
  6. 1954El sufragio femenino en Colombia (1954)Pregunta
  7. 1954Esmeralda Arboleda CadavidFicha
  8. 1954Josefina Valencia MuñozFicha
  9. 1957Caída de Rojas Pinilla y Junta Militar (1957)Hecho
07Frente Nacional1958–19746
  1. 1956Pacto de Sitges y fundación del Frente Nacional (1957–1958)Hecho
  2. 1958El Frente NacionalÉpoca
  3. 1958ModernizaciónFicha
  4. 1964Guillermo León ValenciaFicha
  5. 1970Fraude electoralFicha
  6. 1974Cierre formal del Frente Nacional y elecciones presidenciales de 1974Hecho
08Crisis y narcotráfico1974–19901
  1. 1986Alcaldesas y concejalas de la Unión Patriótica en municipios de frontera (1986–1990)Hecho
09Posconflicto2016–presente1
  1. 2022Triunfo de Gustavo Petro y Francia Márquez (2022)Hecho
10Transversal3
  1. 1880Soledad Acosta de SamperFicha
  2. 1958Democracia restringidaFicha
  3. 1970María Eugenia RojasFicha
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Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Esmeralda Arboleda — presentó el proyecto de Acto Legislativo sobre ciudadanía femenina en la Asamblea Nacional Constituyente de 1954 en representación del Partido Liberal
  2. 02Josefina Valencia de Hubach — presentó junto a Arboleda el proyecto de sufragio femenino en la Asamblea de 1954 en representación del Partido Conservador
  3. 03Ofelia Uribe de Acosta — impulsó desde los años veinte la defensa pública de los derechos políticos de las mujeres en Colombia
  4. 04Georgina Fletcher — figura pionera del sufragismo colombiano que junto a Uribe de Acosta articuló las voces femeninas en la defensa de sus derechos políticos desde los años veinte
  5. 05Gustavo Rojas Pinilla — su gobierno promulgó el Acto Legislativo 3 de 1954 que reconoció el sufragio femenino, en un contexto de búsqueda de legitimidad populista para la dictadura
  6. 06Frente Nacional — pacto bipartidista dentro del cual las mujeres ejercieron por primera vez su derecho al voto en el plebiscito del 1 de diciembre de 1957
  7. 07Provincia de Vélez — escenario del primer reconocimiento del sufragio femenino en Colombia en 1855, anulado poco después
  8. 08Acto Legislativo 1 de 1936 — reforma que configuró una ciudadanía trunca para la mujer al habilitarla para cargos públicos por nombramiento pero negarle el voto
  9. 09María Currea de Aya — activista del sufragismo colombiano en sus etapas tempranas
  10. 10Bertha Hernández de Ospina — voz conservadora influyente en la campaña sufragista
06

Documentos y fragmentos citados

31 documentos · 40 fragmentos

01La elección de la República. Historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838Nhora Patricia Palacios Trujillo · 2022 · p. 1, 1302 citas
[1]

HISTORIA DEL SUFRAGIO EN COLOMBIA ENTRE 1809 Y 1838 La elección de la República Nhora Patricia palacios trujillo La elección de la República La elección de la República: historia del sufragio en Colombia entre 1809 y 1838 Resumen A partir de 1811 y hasta la actualidad, nunca se ha podido gobernar a Colombia durante…

p. 1
[4]

Ley Fundamental de Angostura de 1819 se materializó, al es- tablecer la diferenciación entre ciudadanos pasivos y activos: “Los ciudadanos se dividen en activos y pasivos. Es ciudadano activo el que goza el derecho de sufragio, y ejerce por medio de él la soberanía nacional, nombrando sus repre- sentantes. Ciudadano…

p. 130
02Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 911 cita
[2]

la reforma de la Constitución reconoció a la mujer los mismos derechos políticos de los varones. Finalmente, en 1975 se reformó la Constitución con el fin de establecer que se es ciudadano colombiano a partir de los 18 años. La Constitución de 1991 solo determina cuándo se pierde o se suspende la ciudadanía y mantiene…

p. 91
03Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2023 · p. 721 cita
[3]

happiness. These rights are reduced to four principal rights: Liberty, legal equality, security, and property.” 1 In other words, the essential principles of the French charter of the rights of man, considered the basis for Western civil rights, were already included in the first constitutions of the republics that…

p. 72
04The Work of Recognition: Caribbean Colombia and the Postemancipation Struggle for CitizenshipJason McGraw · 2014 · p. 251 cita
[5]

vernacular sense of rights and belonging, often misrecognized by letrados as behavior that proved their lack of fitness for full civil status. With no significant move toward mass literacy until well into the twentieth century, the contested cultural politics over popular and overeducated understandings of citizen-…

p. 25
05Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 136, 2972 citas
[6]

Sin embargo, las po l í ticas liberales no cambiaron y las tarifas siguieron siendo bajas durante el resto de siglo, al menos hasta la d é cada de los ochenta. En muchos momentos los grupos artesanales, sobre todo urbanos — pues los tejedores rurales, en gran parte mujeres que trabaja LA NUEVA GRANADA Y LA APARICI Ó N…

p. 136
[14]

stica o Arte y Decorado, as í como carreras auxiliares de las profesiones “ masculinas ”, como Laboratorio Cl í nico, Enfermer í a o Dibujo Arquitect ó nico. Pero la presi ó n real de las mujeres hizo que esta transici ó n no durara: para 1950 la mayor í a segu í an carreras profesionales como Medicina, Derecho,…

p. 297
06Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 721 cita
[7]

of Juan Manuel de Rosas in Argentina or Gabriel García Moreno and Ignacio Veintimilla in Ecuador, to say nothing of the totalitarian dictatorships of the present century. In Colombia the most serious incidence of repression, in any case, was not that which was inflicted on political leaders but was the arbitrary mass…

p. 72
07Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 691 cita
[8]

right to grant more political rights than the rest of the nation. The federal constitution of 1858 maintained universal male suffrage for those over twenty-one years and married, as did the federal constitution of 1863. But the latter ensured that the constitutions of the states within the union should all guarantee…

p. 69
08Crafting a Republic for the World: Scientific, Geographic, and Historiographic Inventions of ColombiaLina del Castillo · 2018 · p. 276, 3952 citas
[9]

men who had been married at any age, or who were at least eighteen years old, were active citizens. This level of enfranchisement surpassed even the Constitution of 1853, which granted active citizenship to men over the age of twenty-one. Popular liberals forced republican bargains out of elites in the Cauca, and in…

p. 276
[13]

objects to Liberal creation of new provinces, 202–5; and Regener- ation government, 302–3; response to Peregrinación de Alpha, 189–90; role in federalism-centralism question, 5, 220, 251; in Soatá, 186; view of Church disen- tailment, 263, 266, 269, 272–73, 274, 276, 279–80, 281; view of constitutionalism, 216; view…

p. 395
09Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · p. 2841 cita
[10]

propietarios, los varones, los letra dos. La sucesiva remoción de impedi- mentos legales por razón de sexú, creencias. políticas o religiosas, raza, edad, condición cultural, social o 200 nómica, hariniversalizado contempo- rineamente él derecho de sufragio, de tal manera que comesponde hoy auna extensión Je la…

p. 284
10Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · p. 671 cita
[11]

erradicado, y dado que este discurso imponía algunos deberes, como el del sufragio universal, hubo un largo forcejeo entre quienes querían impulsar la educación moderna y la lectura libre para formar electores conscientes y abiertos a nuevas ideas, y quienes sabían que los libros y la educación echarían a perder las…

p. 67
11Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 631 cita
[12]

Scott has argued, gender representations became implicated in the conception and construction of power that accom- panied the will to civilization. 52 The divisions between public and private, feeling and reason, actor and subject of civilization became strongly entrenched. An otherwise unnoticed event, the…

p. 63
12A History of Colombian Economic Thought: The Economic Ideas that Built Modern ColombiaAndrés Álvarez, Jimena Hurtado · 2024 · p. 274, 2762 citas
[15]

any change to the dom - inant male political status quo was out of the question. Electoral competition, economic crisis, political violence, and more educated women were the key elements in the second stage. A new political constitution consecrating equality of rights but a persistent low economic capacity were the…

p. 276
[31]

s s s s s s s s s s s s e e e e e e e e e e e e e 3 G G G G G G G G G G G G G G a a a a a a a a a a a a a a ps ps ps ps ps ps ps ps ps ps ps ps ps ps r r r r r r r r r r r r r r e e e e e e e e e e e e e e m m m m m m m m m m m m m m a i n w w w w w w w w w w w w w w it it it it it it it it it it it it it it h h h h h…

p. 274
13Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 161, 1752 citas
[16]

la Iglesia católica, a la que le entregó las labores de cuidado de la población e impidió al - gún atisbo de reconocimiento de las mujeres como sujetos políticos. 161 Capítulo 6. Representación política de las mujeres en Colombia Es para los años veinte del siglo xx que causas más liberales cues - tionan los derechos…

p. 161
[35]

de ese campo. Así, quienes tienen el control de este por ser los actores ortodoxos —para nuestro caso la élite política— son quie - nes dan su bendición o no frente al rol de otros miembros que entran a jugar por la apropiación del capital político. En otras palabras, allí acceden con mayor facilidad las mujeres que…

p. 175
14Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 168, 1702 citas
[17]

legitimados para intervenir por el reconocimiento de su ciudadanía [...]. Desde su periódico Verdad, planteaba n: que las banderas partidistas azul (conservadores) y roja (liberales) « se han enarbolado últimamente como estandartes de odio y empapadas en lágrimas y sangre », hay necesidad de « algo nuevo que nos…

p. 170
[18]

sumar y restar a la población negra, descendientes de antiguos esclavizados que se enco ntraban en las márgenes de las ciudadanías, allá donde el Estado republicano criollo desaparecía 472. Pese a la desidia estatal, esta mujer le enseñó a la comunidad timbiquireña que tenía derecho a la educación, al saber, a contar…

p. 168
15Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1651 cita
[19]

Cómo aprendió a escribir García Márquez, Editorial Lealon, Medellín, 1995. 13 En diciembre de 1930 se realizó el iv Congreso Internacional Femenino en el Teatro Colón de Bogotá. Fue la época en que más revistas se escribieron para mujeres: La familia cristiana, Antioquia por María, Letras y encajes, Hogar, Hojita de…

p. 165
16Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 551 cita
[20]

con el objeto de dar al Estado colombiano una organización política de corte cor- porativista, presentó en febrero de 1953 su proyecto. En la Comisión se analizó el papel de la mujer y. en la perspectiva de ser sostén de las tradi- ciones cristianas, se consideró que las mujeres casadas por lo católico pudie- ran…

p. 55
17Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 652 citas
[21]

despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…

p. 65
[22]

despectivo respecto de los grupos armados, denominándolos “guerrillas rodadas”, mientras que utilizaba un vocabulario po- pulista en favor de la ciudadanía (Presidencia, 1954) entregando mercados, ofre- ciendo derechos a las mujeres e instando a la ciudadanía a apoyar al ejército con visión patriótica, de libertad y…

p. 65
18La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social - Tomo IIGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 2019 · p. 4881 cita
[23]

acierto y de paz: "No más depredaciones, no más sangre", fueron palabras que esperanzaron a los colombianos. Veinticuatro horas más tarde la Asamblea Nacional Constituyente legalizó el nuevo régimen mediante el Acto Legislativo N° 1 de 1953: "Es legítimo el título del actual presidente de la república, teniente…

p. 488
19Colombia and the United States: The Making of an Inter-American Alliance, 1939–1960Bradley Lynn Coleman · 2008 · p. 2001 cita
[24]

representative and democratic” systems, countries such as Colombia.18 The National Front, 1958–1960 Colombia’s democratic revival coincided with the remaking of U.S. policy toward Latin America. During the early 1950s, former president Alfonso López proposed a bipartisan power-sharing arrangement as a solution to the…

p. 200
20Presidentes de Colombia 1810-1990Ignacio Arizmendi Posada · 1989 · p. 2271 cita
[25]

con el exiliado dirigente conservador Laureano Gómez. Con él firma, el 24 de julio de 1956, aniversario del natalicio del Libertador, el Pacto de Benidorm que ase- guró la unión de los dos partidos en contra de la administración militar imperante, que sería el primer paso que cristalizaría la no muy larga lucha al…

p. 227
21Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 2551 cita
[26]

the earth. 14. In this context it is important to mention that women in Colombia were only granted the right to vote in 1956. The 1930s had gradually opened spaces for women in universities, and in the field of art, it was only in that decade that artists such as Hena Rodríguez, Josefina Albarracín, Carolina Cárdenas…

p. 255
22Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 781 cita
[27]

ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 4 T erritorial Rule during the National Front and Its Aftermath, 1958–1978 The threat posed by Rojas Pinilla’s populist leanings and his increasingly inde- pendent actions proved to be the final outrage that drove Liberal and Conserva- tive leaders to…

p. 78
23Forgotten Peace: Reform, Violence, and the Making of Contemporary ColombiaRobert A. Karl · 2017 · p. 4181 cita
[28]

noticieros,” January 24, 1958, 2, AGN.SIC.3.4(1/4).133, for quote. For additional examples, consult radioperiódico transcripts in AGN.PR.SIC.3.4(1/4), AGN.PR.SIC.5.6. 78. This point about the Civil Front’s evolution is suggested by Ronderos, Rebelión y amnistía, 116. 79. Speech by Major General Gabriel París, October…

p. 418
24Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 75, 1392 citas
[29]

al descubierto que amplios sectores de la población femenina se apar- taban cada vez más de los patrones en los que había sido encasillada la mujer colombiana. En la política, numerosas mujeres desplegaron una destacada actividad pública: a partir de 1958, con el Frente Nacional, fueron elegidas las primeras…

p. 139
[37]

ejemplo, de quienes se identificaban con el “feminismo”. Si, por una parte, la emancipa- ción de las mujeres se vio recompensada con el derecho que se les otorgó para ingresar a la universidad, así como con la eliminación de algunas cláusulas discriminatorias en las relaciones conyugales, los estatutos jurídicos…

p. 75
25Blancos, no blancos, casi blancos. Cuerpo, color y belleza en Colombia, segunda mitad del siglo XXPietro Pisano · 2019 · p. 1741 cita
[30]

Córdoba de Solorzano, Esmeralda Arboleda de Uribe y Carmenza Rocha. Con la excepción de Carmenza Rocha, todas eran mujeres casadas. De hecho, objetivo del reportaje era investigar su posición, sugerida desde el título, “entre el Congreso y el hogar”, mostrando su capacidad de desempeñarse en su rol público sin…

p. 174
26Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader · 2002 · p. 2622 citas
[32]

mujer y creó el Consejo de Integración de la Mujer al Desarrollo. En 1984, Colombia se constituyó en el primer 250 país en América Latina en aprobar una «Política para la mujer campesina e indígena» (Documento CONPES, DNP 2109 de 1984), la cual buscaba garantizar el acceso de las mujeres a los recursos productivos,…

p. 262
[33]

mujer y creó el Consejo de Integración de la Mujer al Desarrollo. En 1984, Colombia se constituyó en el primer 250 país en América Latina en aprobar una «Política para la mujer campesina e indígena» (Documento CONPES, DNP 2109 de 1984), la cual buscaba garantizar el acceso de las mujeres a los recursos productivos,…

p. 262
27Mayorías sin democracia. Desequilibrio de poderes y Estado de derecho en Colombia, 2002-2009Mauricio García Villegas, Javier Eduardo Revelo Rebolledo · 2009 · p. 1741 cita
[34]

de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (DeJuSticia), y Camilo Araque Blanco (estudiante de la Univer- sidad Externado de Colombia) demandaron ante el Consejo de Estado la elección del defensor al considerar que se vulne- raba la Ley 581 de 2000. La razón: el presidente no incluyó una mujer en la terna. El Consejo…

p. 174
28Born of War in Colombia: Reproductive Violence and Memories of AbsenceTatiana Sanchez Parra · 2024 · p. 561 cita
[36]

disabilities and Indigenous women 66 It also increased the urgency of demands to legalize abortion, which were unrelated to repro - ductive autonomy, targeting specific groups of women whose reproduction was treated as problematic for the development of the dominant, class- structured, white and mestizo order. The…

p. 56
29Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3541 cita
[38]

mente las labores y con injerencia en los cuerpos de dirección de los dife- rentes estamentos universitarios: la Universidad abrió sus puertas a la mu- jer. Pero además, López dedicó todos sus esfuerzos a dotar a la Universidad de un campus, de una sede espaciosa que le permitiera futuros desarrollos. De allí la…

p. 354
30La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · p. 251 cita
[39]

la mayor parte de la población el acceso a los servicios educativos ofrecidos por el Estado. En esta campaña alfabetizadora, se buscaría la igualdad de condiciones para hombres y mujeres, garantizándole a estas últimas el acceso a todos los niveles de la educación. De igual manera, el Estado utilizaría la escuela y la…

p. 25
31Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 1471 cita
[40]

al extranjero o abrir cuentas bancarias. El hombre que mata a su mujer «adúltera» está exen- to de pena o es condenado a escasos meses de prisión. En nuestros países se acentúa el se- xismo, copiando los modelos extran- jeros de la moda, los cosméticos sofis- ticados, los concursos de belleza, ins- trumentados por…

p. 147