Juana Julia Guzmán
Regeneración
1892–1975
La biografía
Juana Julia Guzmán fue la lideresa campesina y obrera más importante del movimiento agrarista del Sinú en las décadas de 1910 y 1920, y una de las pocas figuras femeninas, negras y populares que la historiografía colombiana ha empezado a rescatar del olvido que le impuso la Hegemonía Conservadora. Nacida hacia 1892 en Corozal, en la actual Sucre, y muerta en Montería en 1975, encabezó con Vicente Adamo la Sociedad de Obreras Redención de la Mujer y fue una de las fundadoras de los Baluartes Rojos, comunidades de resistencia campesina que en Lomagrande, corregimiento cercano a Montería, disputaron a la gran hacienda ganadera el control de la tierra y el trabajo. Su nombre condensa un episodio doblemente incómodo para el relato oficial de la República conservadora: el de una mujer sin ciudadanía plena que organizó a otras mujeres, y el de una campesina del Caribe que tradujo el vocabulario del socialismo europeo a la gramática concreta de la aparcería sinuana. Cuando en 1972, ya anciana, recibió en Montería a los investigadores que reconstruían la historia de las luchas agrarias de la Costa, su testimonio se volvió una de las llaves —junto al de Ana Francisca Ferias, Pacha— para entender qué había ocurrido medio siglo antes en aquella franja de tierras entre el río Sinú y la ciénaga de Betancí.
Línea de vida
- 1918
Fundación de la Sociedad de Obreras Redención de la Mujer
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Junto a Vicente Adamo y otros militantes socialistas, Juana Julia Guzmán impulsó en Montería la Sociedad de Obreras Redención de la Mujer, organización autónoma —no ala subordinada de un gremio masculino— que promovía la emancipación femenina, escuelas laicas, boicot al juego y al alcohol, y el trato de 'camarada' en lugar de 'don', en un contexto de Hegemonía Conservadora donde las mujeres carecían de ciudadanía plena.
- 1920
Consolidación del tejido obrero y feminista en el Sinú
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El movimiento obrero de Montería, del que Guzmán era figura central, alcanzó suficiente peso para que la Sociedad de Obreros y Artesanos publicara un boceto biográfico sobre Vicente Adamo. Simultáneamente, sociedades similares se creaban en Cartagena, Barranquilla, Cereté, San Carlos y Neiva, configurando una red regional con estatutos que abogaban explícitamente por la emancipación de la mujer.
- 1922
Organización de los Baluartes Rojos en Lomagrande
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Guzmán fue una de las fundadoras de los Baluartes Rojos, comunidades campesinas organizadas en Lomagrande —corregimiento rural de Montería— para resistir colectivamente el avance del cercamiento hacendatario: se negaron a vender mejoras, a tolerar el ganado suelto sobre sus cultivos y a retroceder ante las cercas que los terratenientes avanzaban sobre baldíos con complicidad de autoridades judiciales, militares y policiales.
- 1926
Resistencia tras la expulsión de Vicente Adamo
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Cuando los enemigos de Adamo aprovecharon su condición de extranjero para promover su expulsión y alejarlo de Montería hacia finales de 1926, la organización sinuana no se disolvió. La red femenina articulada por Guzmán y las bases campesinas de los Baluartes demostraron autonomía suficiente para sostenerse, refutando la lectura que reducía la movilización cordobesa a la agencia de propagandistas foráneos.
- 1929
Clímax de la movilización agraria y represión conservadora
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En los años finales de la Hegemonía Conservadora, el movimiento agrario del Sinú vivió su momento más intenso y más reprimido. La Ley Heroica de 1928 endureció el clima político nacional; en la Costa aumentaron los procesos contra dirigentes campesinos y la impunidad de los cercamientos. Guzmán y los Baluartes Rojos sostuvieron la resistencia en Lomagrande hasta el cambio de régimen en 1930.
- 1972
Testimonio oral en Montería para la historia agraria
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Ya anciana, Juana Julia Guzmán recibió en Montería a investigadores que reconstruían la historia de las luchas agrarias de la Costa —en el contexto de una investigación atribuible al círculo de Orlando Fals Borda—, junto a Ana Francisca (Pacha) Ferias. Su testimonio, citado en notas documentales junto a fuentes como Negrete (1981) y Torres Giraldo (1973), se convirtió en una de las llaves para entender el movimiento agrarista del Sinú de medio siglo antes.
Una vida en el filo del orden hacendatario
Entender a Juana Julia Guzmán exige entender primero el mundo que la produjo y contra el cual se rebeló. La Costa Caribe colombiana de finales del siglo XIX y comienzos del XX era un territorio de grandes haciendas ganaderas y tabacaleras que se expandían por un mecanismo brutalmente eficaz: la llamada "ley de tres pasos". El colono, casi siempre pobre, casi siempre mestizo, indígena o negro, entraba al monte, lo tumbaba, sembraba maíz y plátano durante uno o dos años y devolvía la tierra sembrada en pastos al terrateniente; a cambio recibía semillas, alambre de púas y algunos víveres adelantados. Cuando el colono no podía pagar los avances —y rara vez podía—, la deuda lo ataba a seguir abriendo monte en beneficio ajeno. En una segunda fase vendía sus mejoras a bajo precio a un contratista; en la tercera, un gran terrateniente absorbía las tierras habilitadas para ampliar su estancia o montar hacienda nueva. La modalidad, conocida en la región como "pasto por tierra", era la maquinaria silenciosa por la cual el Sinú se llenaba de cercas y se vaciaba de campesinos con títulos.
Sobre este suelo económico se levantaba un orden social que puede describirse como un clientelismo patriarcal. A las mujeres de la élite les correspondía un papel maternalista y distributivo: repartir bienes, mediar limosnas, ser el rostro amable de la propiedad. A las mujeres campesinas, en cambio, el mismo orden les asignaba un lugar mucho más duro: podían ser transformadas en parte del tributo que las peonadas pagaban al hacendado a cambio de protección. Un testimonio recogido décadas después describe cómo las mujeres acudían al patrón cuando faltaba en casa hasta un saco de tabaco. En Córdoba, donde la concentración de la tierra alcanzaba un índice de Gini de 0,87 —casi siete puntos por encima del promedio ya alto de la Costa—, esa dependencia no era metáfora sino cotidianidad.
Juana Julia Guzmán entró en ese mundo por su costado más precario. Corozal, su pueblo natal, quedaba en las sabanas donde la ganadería extensiva llevaba décadas empujando a las familias campesinas hacia márgenes cada vez más estrechos. Su traslado a Montería, la ciudad-puerto que el residente francés Luis Striffler había descrito en el siglo XIX como el último poblado "civilizado" antes del territorio emberá, la puso en contacto con la Montería del cambio de siglo: capital comercial del Sinú, cabeza de una economía que crecía a golpe de tumba de monte y ampliación de estancias, ciudad donde confluían campesinos desplazados, artesanos, obreros portuarios y una élite ganadera que ya sabía cercar baldíos con complicidad de jueces, policía y ejército.
Adamo, Nascimento y la llegada del socialismo al Sinú
El punto de inflexión biográfico de Juana Julia Guzmán es también el punto de inflexión político del Sinú: el encuentro entre las bases campesinas locales y los propagandistas socialistas que llegaron a la región promediando la Primera Guerra Mundial. El más decisivo fue Vicente Adamo, obrero italiano radicado en Montería, cuya trayectoria la Sociedad de Obreros y Artesanos local consideró suficientemente importante como para publicar en 1920 un boceto biográfico, gesto insólito en una provincia colombiana de la época y prueba de que su prestigio ya era grande. A Adamo se sumó Ayres Nascimento, nacido en las islas Azores en 1887 y llegado a la Costa Caribe en los mismos años, que hizo proselitismo socialista en la región sinuana.
Con ellos y en torno a ellos se organizó, entre 1918 y los primeros años veinte, un tejido de sociedades obreras que replicaba en Montería lo que casi simultáneamente aparecía en Cartagena, Barranquilla, Cereté, San Carlos y Neiva. Los estatutos de estas sociedades tenían un aire de manifiesto: proclamaban la emancipación de la mujer mediante la creación de sociedades feministas, boicoteaban el juego y el alcohol, promovían escuelas laicas, sostenían a los socios presos y abolían el tratamiento de "señor" y "don" para reemplazarlo por "camarada" y "compañero". Era, en un país donde la Iglesia decidía elecciones desde el arzobispado de Bogotá y el Partido Conservador ejercía la hegemonía política desde 1886, un programa de ruptura civilizatoria en miniatura.
En ese ecosistema nació la Sociedad de Obreras Redención de la Mujer, de la cual Juana Julia Guzmán fue figura central. La sociedad no era un ala femenina subordinada al gremio masculino: era una organización propia, dotada de sus rituales, sus reuniones, su vocación pedagógica. Y era, en el contexto colombiano, una anomalía política. Las mujeres del país no tenían derecho al voto, ni a la educación libre, ni a la libre expresión pública; sí tenían, en cambio, el deber de pagar impuestos. Esa contradicción —ciudadanas para tributar, no ciudadanas para decidir— empezaba a producir por entonces un lenguaje reivindicativo que en el Sinú tomó forma no en los salones bogotanos sino entre lavanderas, campesinas, artesanas y mujeres de peones. El detalle importa: la Redención de la Mujer no fue un feminismo importado a la Costa, sino un feminismo pensado desde la Costa en diálogo con un imaginario obrero internacional.
Lomagrande y los Baluartes Rojos
Si la Sociedad de Obreras fue la escuela de Juana Julia Guzmán, los Baluartes Rojos fueron su obra. El término designaba a las comunidades campesinas organizadas para resistir el avance del cercamiento hacendatario en el Sinú, y el más emblemático fue el de Lomagrande, en la periferia rural de Montería. Allí, familias de colonos que habían habilitado tierra en el borde del monte se plantaron colectivamente frente a la lógica de las tres fases: se negaron a vender sus mejoras, se negaron a que sus cultivos fueran devorados por el ganado suelto de los terratenientes, se negaron a levantar las cercas que empujaban la línea de propiedad hacia dentro de sus parcelas cada temporada.
La palabra "baluarte" no era casual. Nombraba una fortaleza —una posición defendida— y su color rojo declaraba filiación: la de las banderas socialistas que en esos mismos años agitaban Barrancabermeja, Bogotá y Medellín. Pero en Lomagrande el rojo se mezclaba con el barro del Sinú, con la memoria de los antiguos cacicazgos de Fincenú que habían habitado el valle desde antes de la llegada española, y con la cotidianidad afrocaribeña de mujeres como Juana Julia Guzmán, que hablaban con acento costeño de "camaradas" y "compañeros" en una región donde el "don" y el "señor" seguían siendo santo y seña del poder.
El liderazgo de Juana Julia Guzmán en este proceso tuvo una particularidad que hoy salta a la vista: no encajaba en ninguna de las casillas que el orden hacendatario había preparado para las mujeres. No era matrona de élite repartiendo caridad, no era campesina sumisa acudiendo al patrón por un saco de tabaco, no era esposa cuyo protagonismo se filtrara a través del marido. Era una mujer negra, sin propiedad, que hablaba en asambleas, que organizaba a otras mujeres, que discutía con hombres blancos armados. Esa condición triplemente marginal —de género, raza y clase, en una región periférica— es la clave menos evidente y más importante de su eficacia política: precisamente porque el clientelismo patriarcal no tenía casilla para ella, tampoco tenía resortes disciplinarios adecuados para contenerla.
La red: agrarismo caribeño, socialismo nacional
Sería un error, sin embargo, imaginarla como una figura solitaria. Su fuerza fue precisamente la de haber sido nodo de una red que se extendía desde Lomagrande hasta Medellín y desde Montería hasta las oficinas del Comintern. En el plano regional, la conectaban con otras mujeres del Sinú y de las sabanas: la Sociedad Patriótica de Mujeres, creada en 1910 por un grupo de banqueñas para movilizar acciones cívicas en la población, es apenas un antecedente entre varios. En Cereté, San Carlos y otras localidades cordobesas y sucreñas se replicaban formas asociativas femeninas cuya memoria hoy es fragmentaria pero cuya existencia consta en los estatutos de las sociedades obreras del período.
En el plano nacional, la figura equivalente y complementaria era María Cano, la "Flor del Trabajo" antioqueña que a partir de 1925 emprendió seis giras por el país para alentar la lucha obrera y denunciar injusticias, colaborar con el periódico La Humanidad que dirigía Ignacio Torres Giraldo y enfrentar la cárcel en varias ocasiones. Guzmán y Cano no ocuparon el mismo lugar simbólico: Cano se movía por la geografía obrera de las ciudades industriales y los enclaves petroleros; Guzmán echaba raíces en un solo territorio agrario. Pero sus itinerarios formaban parte del mismo movimiento: los Directorios Nacionales Socialistas primero, el Partido Socialista Revolucionario después de su fundación en noviembre de 1926 en el Tercer Congreso Obrero Nacional, y el ecosistema de la Confederación Obrera Nacional creada en 1925 y afiliada a la Internacional Sindical Roja.
Esa red internacional tuvo consecuencias tangibles en el Sinú. Adamo, Nascimento y otros militantes traían lecturas, prensa, categorías; los propios estatutos obreros que prohibían el "don" y prescribían el "camarada" son marca inequívoca de esa transferencia. Pero la traducción no fue mecánica. En Montería, el socialismo no llegó a organizar minas ni fábricas: llegó a organizar aparceros, colonos y mujeres cuyas demandas —tierra propia, escuelas laicas, protección frente al ganado que arrasaba cultivos, dignidad en el trato— eran las de una sociedad agraria en desintegración. Juana Julia Guzmán fue una de las personas que hicieron esa traducción posible, porque conocía por experiencia lo que las categorías nombraban.
La represión y la ley de las cercas
La reacción del orden establecido no se hizo esperar y su gramática fue la misma en todas partes: cerca, ganado, autoridad. Desde comienzos del siglo XX, los terratenientes y comerciantes de la zona de Montería —a los que los campesinos empezaron a llamar simplemente "los blancos"— habían venido cercando tierras que incluían con frecuencia baldíos de la nación, con complicidad activa de las autoridades judiciales, militares y de policía. Cuando los Baluartes Rojos empezaron a plantar cara, esa maquinaria se puso en movimiento con más brutalidad: ganado que se soltaba deliberadamente sobre los sembrados de los colonos, amenazas armadas, uso coercitivo de la Fuerza Pública, procesos judiciales contra dirigentes.
Adamo fue una víctima temprana y visible. Sus enemigos aprovecharon su condición de extranjero para promover su expulsión, y quedó incluido entre los extranjeros procesados por motivos políticos en aquellos años. Su alejamiento de Montería, hacia finales de 1926, dejó a la organización sinuana en un momento delicado, pero no la disolvió: la red femenina alrededor de Juana Julia Guzmán y las bases campesinas de los Baluartes tenían suficiente autonomía para sostenerse. Ese dato, muchas veces pasado por alto, es la mejor refutación de la lectura que reduce la movilización cordobesa a la agencia de propagandistas foráneos: si el movimiento sobrevivió a la expulsión de sus catalizadores, es porque tenía columna propia.
La represión coincidió, además, con el endurecimiento nacional del régimen. La Hegemonía Conservadora, que había gobernado desde 1886 apoyada en la influencia electoral de la Iglesia Católica y bajo presidentes como Marco Fidel Suárez, entraba en sus años finales con una política crecientemente represiva. La llamada Ley Heroica de 1928 reunió un conjunto de disposiciones que recortaban derechos y contra las cuales el PSR emprendió campañas de protesta. En la Costa, la aplicación de ese clima se sintió en el aumento de procesos contra dirigentes campesinos y en la impunidad creciente de los cercamientos.
1927-1932: el estallido y sus ecos
Los años finales de la Hegemonía Conservadora fueron los más intensos y los más violentos para el movimiento agrario del Sinú. En 1927, un profeta errante proclamó el fin del mundo y millares de campesinos convergieron sobre San Marcos en lo que parece haber sido un movimiento milenarista de fondo social, síntoma de una región en crisis moral tanto como económica. Adamo, hasta su alejamiento, y el círculo de la Redención de la Mujer habían sembrado durante casi una década una politización distinta —laica, socialista, organizada—, pero no siempre las dos vetas de descontento popular corrieron paralelas ni se mezclaron; muchas veces convivieron sin dialogar.
En 1930, la división interna del Partido Conservador —propiciada, entre otras cosas, por la incapacidad del obispo primado de Bogotá para decidir entre dos candidatos— facilitó el triunfo liberal y puso fin a más de cuatro décadas de dominio conservador. Ese mismo año, siguiendo los dictados de la Komintern de "bolchevizar" el partido, el PSR atravesó una aguda crisis: entre el 5 y el 17 de julio, en reunión ampliada del Comité Ejecutivo Nacional, se le cambió el nombre por Partido Comunista de Colombia y se eligió un nuevo Comité Central bajo secretario general afín a Moscú. Raúl Mahecha y Erasmo Valencia fueron expulsados; María Cano defendió a sus compañeros y criticó la injerencia del Comintern. La sacudida ideológica llegó a la Costa amortiguada pero real, y coincidió con un momento de auge de las luchas campesinas.
En Montería, el día de las elecciones de 1931 fue de violencia extrema: 69 muertos y 146 casas arrasadas, en un balance que las autoridades locales atribuyeron no a pasiones políticas partidistas sino a problemas sociales subyacentes —eufemismo con el que reconocían, sin nombrarlo, el conflicto agrario. En los meses siguientes, grupos organizados de entre cien y trescientos campesinos invadieron latifundios en varios municipios del Sinú, iniciando en serio el ciclo de ocupaciones de tierras. A comienzos de 1932, el alcalde de Montería informaba al gobernador que el problema de la tenencia de la tierra se presentaba "con caracteres alarmantes".
La biografía política más intensa de Juana Julia Guzmán se enmarca en la década anterior a estos hechos —el ciclo 1918-1929—, pero su figura es imprescindible para entender por qué los levantamientos de 1931 no fueron un estallido espontáneo. La conciencia organizativa, el vocabulario político, la costumbre de reunirse y decidir en asamblea, la memoria de los Baluartes: todo eso venía de más de una década de trabajo paciente. Cuando los campesinos invadieron latifundios en los meses posteriores a las elecciones, lo hicieron con formas asociativas que no habían inventado esa mañana.
Los otros nombres, el otro archivo
Ninguna biografía honesta de Juana Julia Guzmán puede prescindir de los nombres que la acompañaron y a veces la eclipsaron en el registro. Ana Francisca Ferias, Pacha, entrevistada junto con ella en 1972 en Montería, formaba parte del mismo círculo de mujeres que hicieron posible la Redención de la Mujer. Felicita Campos, cuya trayectoria de resistencia frente a la usurpación de tierras en San Onofre pertenece a la misma trama caribeña, es otra referencia obligada. Manuel Burgos y su familia, herederos de la hacienda Berástegui —que entre 1870 y 1880 había crecido de 8.000 a 12.000 hectáreas cercando propiedades y enriqueciendo pastos—, encarnan el rostro terrateniente contra el cual se organizó el movimiento. Y desde 1920, la incursión de familias antioqueñas como los Ospina Vásquez sobre haciendas del bajo Sinú —Marta Magdalena, Santa Helena, Cañaflecha— añadió una capa nueva al conflicto: la modernización capitalista de la ganadería, con sus propias formas de expropiación.
Nombrar estas figuras importa porque la historia del agrarismo sinuano no se explica ni por un liderazgo carismático individual ni por una simple mecánica estructural. Fue el encuentro de una contradicción de fondo —el modelo hacendatario que devoraba a los colonos que le habilitaban tierra— con un cruce de agentes distintos: propagandistas socialistas extranjeros, mujeres organizadas, campesinos con memoria territorial, redes nacionales del PSR, tensiones internas del propio bloque terrateniente. Juana Julia Guzmán ocupó en ese cruce un lugar irreemplazable: fue el punto donde la organización femenina, la organización agraria y la traducción cultural del socialismo se encontraron en un cuerpo y en una biografía.
El silencio y el rescate
Durante décadas, Juana Julia Guzmán fue prácticamente invisible para la historiografía nacional. La razón no fue accidental. La Hegemonía Conservadora, sostenida en la Iglesia y en las élites regionales, tenía escaso interés en registrar a líderes que combinaban disidencia agraria, laicismo, organización femenina y filiación socialista. La historiografía liberal que le sucedió, orientada por los intereses del centro andino y por sus propias jerarquías de género, tampoco encontró un lugar cómodo para una mujer negra, campesina y costeña. Los grandes relatos del movimiento obrero colombiano privilegiaron la línea Bogotá-Medellín-Barrancabermeja, y las figuras que sí lograron atravesar el filtro —María Cano, sobre todo— quedaron como excepciones. La memoria de Lomagrande sobrevivió, entre tanto, sobre todo en la tradición oral de las comunidades del Sinú y en los archivos locales que los propios protagonistas conservaron.
El rescate empezó tarde. Las entrevistas de 1972 en Montería, en las que Juana Julia Guzmán y Ana Francisca Ferias contaron su versión de los hechos, forman parte de una operación más amplia de recuperación de la memoria agraria caribeña impulsada por investigadores vinculados al proyecto de Orlando Fals Borda y al Centro Popular de Estudios, que empezó a devolverle a la Costa una historia propia del siglo XX, distinta de la que se escribía en la capital.
Ese rescate, sin embargo, plantea sus propias preguntas. La figura de Juana Julia Guzmán ha corrido en años recientes el riesgo de la hagiografía: convertirse en símbolo de tantas causas —feminismo negro, agrarismo caribeño, memoria popular— que su perfil histórico se difumine en el emblema. La lideresa de Lomagrande no necesita el emblema. Lo que hizo, en el Sinú de la Hegemonía Conservadora, es suficientemente singular sin necesidad de amplificación. Fundó, con Vicente Adamo, una organización de mujeres obreras y campesinas en una región donde tal cosa era inconcebible. Ayudó a sostener las comunidades de resistencia campesina cuando la represión desmontó a sus aliados más visibles. Dejó, en sus testimonios de vejez, un archivo oral sin el cual no podríamos hoy reconstruir el eslabón femenino y agrario de las luchas caribeñas de los años veinte.
La huella
Juana Julia Guzmán murió en Montería en 1975, en un país que seguía sin haberle reconocido el lugar que merecía y en una región donde las invasiones de tierras habían continuado durante los años sesenta y setenta, con miles de familias obteniendo parcelas mediante presión ante el Incora y ocupaciones organizadas. Los conflictos agrarios de la Costa Atlántica, que ella había ayudado a nombrar medio siglo antes, seguían vivos, en formas nuevas pero con la misma estructura de fondo: alta concentración de la propiedad, aparcería precaria, proletarización creciente del campesinado, conversión de los antiguos terratenientes en capitalistas agrícolas.
Su huella específica es difícil de aislar en cifras. Los Baluartes Rojos no dejaron un partido, no dejaron una organización sindical que persistiera intacta, no dejaron un cuerpo doctrinario propio. Lo que dejaron fue algo menos visible y quizás más profundo: una forma de organización que combinaba lo agrario y lo femenino, lo local y lo internacionalista, lo campesino y lo obrero, y que demostró en la práctica que el orden hacendatario del Sinú no era invencible. Cuando en los años sesenta las ligas y sindicatos agrarios de Córdoba y Sucre volvieron a movilizarse, lo hicieron sobre un fondo de memoria en el que Lomagrande era un nombre significativo, aunque no siempre se pronunciara el de Juana Julia Guzmán.
Hoy, cuando se la nombra en textos escolares, calles y organizaciones de mujeres del Caribe, se le hace justicia parcial. La ficha histórica que su figura reclama es menos épica y más precisa: una mujer nacida en Corozal en los últimos años del siglo XIX, formada en el Montería obrero de la primera posguerra mundial, cofundadora de la Sociedad de Obreras Redención de la Mujer, dirigente de los Baluartes Rojos de Lomagrande, aliada de Vicente Adamo y de Ayres Nascimento en la propagación del socialismo en el Sinú, y una de las voces que, entrevistadas en su vejez, permitieron reconstruir la historia agraria del Caribe colombiano en el primer tercio del siglo XX. Ni heroína aislada ni mero producto de las redes que la atravesaron: punto de convergencia entre una contradicción estructural y un lenguaje político que llegaba desde fuera, sin el cual esa contradicción no habría sabido nombrarse.
Su vida entera se desplegó en el filo del orden hacendatario: lo suficientemente adentro para conocerlo, lo suficientemente afuera para no ser disciplinada por él. Esa posición de frontera, que en su época fue señal de vulnerabilidad, es hoy la clave de su relevancia. Explica por qué la historiografía centralista tardó tanto en verla y por qué, cuando finalmente la vio, la reconoció como una de las figuras imprescindibles para entender que la Hegemonía Conservadora no se sostuvo solo por el arzobispado de Bogotá y los presidentes conservadores, sino también —y sobre todo— por las cercas de las haciendas del Sinú. Y que esas cercas, en Lomagrande, encontraron a una mujer que se plantó frente a ellas con la palabra "camarada" en la boca.
Conexiones del archivo
Red histórica
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
33 documentos · 39 fragmentos01Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · Páginas 207, 2122 citas
[1]3. Sociedad de Obreros y Artesanos de Montería, Boceto biográfico sobre la historia del señor Vicente Adamo (Montería, 1920); Víctor Negrete, Origen de las luchas agrarias en Córdoba (Montería, 1981), 75- 76 (Comité Socialista); Centro Popular de Estudios, Lomagrande, ba- luarte del Sinú (Montería, 1972). Entrevistas…
p. 212
[2]que, distinto al toro, arremete y pega con los ojos abiertos". En otros pueblos y ciudades (Cartagena, Barranquilla, Cereté, San Carlos, Neiva) se crearon casi simultáneamente sociedades de obreros y obreras similares a las de Montería en cuyos estatutos se abogaba "por la emancipación de la mujer organizando socieda-…
p. 207
02Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 2571 cita
[3]Orden y Violencia, pp. 94-95 e Ignacio Torres G, Los Inconformes, Vol IV, pp.182-183. (52) El Espectador, 16 feb., 1924. Para el pasado de Gutarra ver Denis Sulmont, El Movimiento Obrero Peruano, p. 24. (53) Juan C. Eastman y Germán Mejía, "Comunismo, Socialismo...", mencionan además de estos nombres otros 10 de…
p. 257
03Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · Página 421 cita
[4]las clases medias y al- tas. A través de eventos que les hacían Capítulo 1 43 posible entrar como reinas a espacios para ellas vedados, como el mundo del trabajo remunerado y el mundo uni- versitario, se las nombraba «Flor del Trabajo» o «Reina de los Estudian- tes», para recaudar fondos de ayuda para las casas del…
p. 42
04La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · Página 841 cita
[5]los arrendatarios y jornaleros de las grandes fincas de la región. Al comenzar la década del treinta el'movimiento campesino había adquirido una gran importancia po lítica; de su seno habían surgido un gran número de revolucionarios y todos los grandes luchadores de la época.tuvieron alguna relación con él movimeinto…
p. 84
05La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · Páginas 34, 2962 citas
[6]dineros, mientras que otras movi- lizaban acciones cívicas en la población, como la Sociedad Patriótica de Mujeres, creada en 1910 por un grupo de mujeres banqueñas. 167 Como plantean María Emma Wills y María Milagros Rivera, en esta época, bajo regímenes de género autoritarios y de «[…] orden haciendatario, se…
p. 296
[16]armados que han aparecido y desapare- cido en la región, pero cuya presencia los ha perpetuado en la memoria de la colectividad. El Departamento de Córdoba recibió durante muchas décadas un flujo importante de colonizadores antioqueños y de la costa Caribe, quienes le dieron una configuración socio-demográfica un poco…
p. 34
06Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · Página 1381 cita
[7]mujer no se han otorgado derechos ciudadanos, ni otros derechos como a la educación, a manifestarse libremente y a la opinión, sí las tienen en cuenta para cobrarles impuestos y esto era ya contradictorio. Así, las mujeres empezaron a luchar cada vez con más entusiasmo y ya para 1927, el gobierno las tuvo en cuenta en…
p. 138
07El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · Página 1141 cita
[8]se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…
p. 114
08Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · Página 1612 citas
[9]las relaciones de trabajo de la Costa es una aparcería especial, en la cual se da "pasto por tie- rra". El campesino se compromete a tumbar cierta porción de "montaña" (terreno enmontado) y la usufructúa durante unos dos años, para después entregarla sembrada en pastos al terra- teniente, cuyos gastos no pasan de…
p. 161
[10]las relaciones de trabajo de la Costa es una aparcería especial, en la cual se da "pasto por tie- rra". El campesino se compromete a tumbar cierta porción de "montaña" (terreno enmontado) y la usufructúa durante unos dos años, para después entregarla sembrada en pastos al terra- teniente, cuyos gastos no pasan de…
p. 161
09El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · Página 2481 cita
[11]la consecuente proletarización del campesinado. Por su parte, los grandes terratenientes se han ido convirtiendo o han sido 3. Sistema de endeude que obliga a los campesinos a trabajar para la hacienda hasta que pague la deuda. 4. El campesino pide una parcela de tierra para cultivar, sin pagar renta, pero como…
p. 248
10El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · Página 2481 cita
[12]la consecuente proletarización del campesinado. Por su parte, los grandes terratenientes se han ido convirtiendo o han sido 3. Sistema de endeude que obliga a los campesinos a trabajar para la hacienda hasta que pague la deuda. 4. El campesino pide una parcela de tierra para cultivar, sin pagar renta, pero como…
p. 248
11Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 391 cita
[13]con el Estado nación. De esta forma garantiza diseños institucionales funcionales a sus intereses al tiempo que, deliberadamente, aplaza indefinidamente la respuesta a las demandas de los sectores populares. Las haciendas del sur de Córdoba, del bajo Cauca y del Urabá antioqueño se fueron formando mediante la tumba y…
p. 39
12El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · Páginas 56, 1772 citas
[14]J. Parsons, "Spread of African Pasrure Gra.sses ro the American Tropics", }ourna/ of Rang< Managmzent 25 (1972); Brew, El desarrollo económico, 179-181. "Comraloría, Geagrafia...,Antioquia, 137; Diego Monsalve, Colombia cafiura (Bogotá: Artes Gráficas, 1927); Brew, El desarrollo económico, 181. " B. Le Roy Gordon,…
p. 56
[36]Sinú, está también bajo las aguas [... ] todas las ottaS poblaciones de la Provincia se hallan también invadidas por las aguas, nada hay en seco sobre las márgenes del río. En jurisdicción de Montería se han perdido dos hermosísimas haciendas y miles de reses se han ahogado arrebatadas por las aguas". Así, las…
p. 177
13Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 1441 cita
[15]de Berástegui la que originalmente motivó mi in terés en cuestionar la interpretación dominante sobre la ganadería costeña19. Es cierto que la hacienda tuvo sus orígenes en la época colonial, y sus títulos los heredó a fines 1 7 R i p o l l (1997 y 1999); M e i s e l R o c a y V i l o r i a d e l a H o z (1999) y O c…
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14La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · Página 2641 cita
[17]ilegítimas o éticamente censurables. Algunos empresarios también están aprovechando el contexto de violencia para especular con el precio de la tierra o 482 CNMH, Buenaventura: Un puerto sin comunidad, 235. 265 C AP Í TU LO 3. Auschwitz como impulso para pensar el caso colombiano acceder a los territorios adecuados…
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15Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · Páginas 227, 3072 citas
[18]formas. En 1927 un profeta errante proclamaba el fin del mundo y millares de campesinos convergieron en la localidad de San Marcos, en lo que parece haber sido un movimiento milenarista incipiente 22 • Cuatro años después, el día de elecciones, Montería se vio sacudida por la violencia, que dejó 69 muertos y 146 casas…
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[22]resul- tados afines en las vecindades de Santa Marta a comienzos de los años sesenta. Centenares de antiguos trabajadores de las bananeras, al encontrarse sin trabajo, iniciaron actividades de colonización tanto en baldíos como en haciendas ociosas de la región. Los terratenientes acudieron a la respuesta clásica,…
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16A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · Página 231 cita
[19]rraleja irrumpieron movimientos campesinos que reclamaban "la tierra para el que la trabaja", que ocuparon algunas haciendas y enfrentaron a las autoridades judiciales, militares y de policía que actuaban en defensa de los intereses de los dueños de las tierras, o mejor, de quienes ostenta- ban la propiedad sobre las…
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17Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · Página 621 cita
[20]las parcelas a nombre de los arrendatarios y aparceros que las ocupaban. Durante los años setenta los campesinos crearon un movimiento para luchar por la tierra y combinaron la presión ante el Incora con las invasiones de haciendas. Unas 5000 familias consiguieron parcelas mediante este método 13. Aunque el movimiento…
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18¿Otra historia de Colombia? De tiempos prehispánicos a hoy: lo fundamental en 12 capítulosFelipe Arias Escobar · 2023 · Página 791 cita
[21]una jornada laboral que era de doce horas o más, el acceso a servicios de seguridad social -atención en salud y pensión en 155 ¿Otra historia de Colombia? caso de retiro o incapacidad-, el derecho a organizar sindicatos y sociedades de ayuda mutua, más el aumento de los salarios. Los movimientos campesinos también…
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19Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · Página 441 cita
[23]esta zona, en 1928, es un episodio vergonzoso en la historia de nuestros conflictos sociales. A la derecha, Manuel Quintin Lame, el hombre que se puso al frente de los soliviantados indigenas. 1595 cialmente de la naciente clase obrera. La coyuntura que vivia el pais en aquel momento era propicia para la irrupcién de…
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20La hegemonía conservadoraRubén Sierra Mejía (editor) · 2018 · Página 11 cita
[24]b i b l i o t e c a a b i e r t a c o l e c c i ó n g e n e r a l e s t u d i o s i n t e r d i s c i p l a n a r i o s La hegemonía conservadora La hegemonía conservadora Rubén Sierra Mejía editor 2018 catalogación en la publicación universidad nacional de colombia La hegemonía conservadora / Rubén Sierra Mejía,…
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21El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Página 442 citas
[25]de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…
p. 44
[26]de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…
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22Global Capitalism, Democracy, and Civil-Military Relations in ColombiaWilliam Avilés · 2006 · Página 371 cita
[27]the expansion of the U.S. “war against drugs” and the concomitant opening of the country’s economy are addressed, setting the stage for the neoliberal gov- ernments that would come to power in the 1990s. DEMO CRACY AND STATE-SO CIET Y RELAT IONS, 1900–1929 Political and social stability reigned in Colombia in the…
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23Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Página 781 cita
[28]elites sociales fre nte al ejército. D esde la atalaya de 1903, Jo s líder es conserv ador es parecieron co mprender cuán impracticable resultaba gobernar con excl usión absoluta de los liberales; y éstos, cuán imposible era d er rocar a sus adversarios mediante la sublevación armada. En 1903, cuando ya no había…
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24Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1891 cita
[29]transporte aéreo en América Latina. El gobierno de Suárez definió una política exterior colombiana abiertamente pronorteamericana (su lema: respice polum, mirar al norte), lo que correspondió en par- te a la nueva situación creada por la posguerra, cuando se acentuó la hegemonía económica de los Estados Unidos, y en…
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25Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 2691 cita
[30]comu- nidades desarrollaron el trabajo de educación y organización dirigentes indígenas socialistas como José Gon- zalo Sánchez y Eutiquio Timoté. Tomás Uribe Márquez (1886-1936), secretario general del partido socialista revolucionario fundado en 1926. "El fue el primero en concebir en Colombia la modalidad de un…
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26Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · Página 621 cita
[31]contrario, decidió que el avance intelectual y doctrinario no radicaba más en el liberalismo y optó por pasar al socialismo, aunque años después regresó a las toldas liberales. Los socialistas, por su lado, continuaban concretando ideas. Hacia 1924, en un nuevo congreso, orientaron su perfil hacia un compromiso más…
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27Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 2441 cita
[32]proyecto anarcosindicalista fue rápidamente criticado por distintos sectores obreros e intelectuales que se habían adherido inicialmente a la CON. En ese ambiente comienza a surgir nuevamente la idea de la cons- trucción de un partido independiente de la clase obrera. Al calor de resonantes éxitos huel- guísticos como…
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28Una Colombia que nos quedaLinsu Fonseca · 2007 · Página 731 cita
[33]exactamente a un congreso sindical sino a un encuentro abierto y revolucionario de organizaciones”.2 Agrega que el Partido se alimentaba del gran espíritu de lucha obrera que floreció en esa segunda década del siglo XX. Una época mar cada por un incipiente proceso de industrialización en el país, la confor mación de…
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29Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · Página 1271 cita
[34]se enfrentó a los ataques y calificativos definidos por la IC, reconoció errores, defendió a sus compañeros y criticó duramente su injerencia y el sometimiento del partido a esta; incluso, fue electa suplente en el Comité Central Ejecutivo, y ella pidió que se retirara su nombre. Otros dirigentes como Raúl Mahecha y…
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30Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · Página 351 cita
[35]en la tenencia de la tierra. Esta misma economía se practica también en la región sinuana, en Córdoba, aunque en ella las zo- nas inundables son menores, excepto en las cié- nagas de Betancí, en Ciénaga Grande y en Tinajo- nes. El río Sinú, que nace en el parque natural del cerro de Paramillo, es la arteria de la…
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31Arqueología de Colombia: un texto introductorioGerardo Reichel-Dolmatoff · 2016 · Página 3251 cita
[37]tros que indiquen una integración para la construcción y el mantenimiento del sistema. En el fondo, según todos los datos disponibles hasta ahora, parece que se trataba de una población rural cuyos restos materiales están muy super- ficialmente dispersados. Fue una sociedad de rangos bien definidos, al juzgar por la…
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32Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · 2004 · Página 2871 cita
[38]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287
33Liberty and Equality in Caribbean Colombia, 1770-1835Aline Helg · Página 2871 cita
[39]–; Fidalgo, ‘‘Expedición Fidalgo,’’ n. . Howe, People Who Would Not Kneel, ; Mendinueta, ‘‘Relación,’’ , . . Pombo, ‘‘Informe del real consulado,’’ –; Nieto, ‘‘Geografía histórica,’’ . According to French resident Luis Striffler (‘‘El Alto Sinú,’’ pt. , –), who visited the Alto Sinú…
p. 287