Ensayo · República Liberal · 1930–1946
Masculinismo estructural en la historiografía de la República Liberal
La historia social y agraria colombiana del período 1910-1957 invisibilizó sistemáticamente el trabajo femenino e infantil, la agencia política de las campesinas y las brechas de lectura. La pregunta es si esas ausencias reflejan un sesgo constitutivo de las categorías analíticas heredadas o un desfase real entre participación social y reconocimiento jurídico.
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La respuesta en breve
El sesgo es constitutivo, no accidental: las categorías con que se narró el período —el arrendatario legalista, el militante obrero, el sujeto modernizado por la aldea— fueron formuladas por una élite intelectual masculina que al mismo tiempo prescribía la subordinación femenina. El trabajo de mujeres y niños fue indispensable para que las fincas de menos de doce hectáreas, dominantes ya en 1923 con el 56,4% de la producción cafetera, resultaran competitivas; las coacciones sexuales sobre mujeres de familias arrendatarias no llegaron al registro judicial porque el sistema legal no las reconocía como conflicto, y ese criterio de relevancia pasó sin discusión a la escritura académica. La participación de María Cano, Juana Julia Guzmán y las organizaciones campesinas del Sinú en los años veinte demuestra que la agencia política femenina precedió al reconocimiento jurídico del voto en casi tres décadas, lo que invalida el relato lineal de la modernización legal como motor de la igualdad.
Una corriente, apoyada en la historia agraria marxista clásica (Absalón Machado, Marco Palacios), centró el análisis en las relaciones de producción entre hacendados y arrendatarios varones, tratando el hogar campesino como unidad indiferenciada y dejando fuera la reproducción social. Frente a ella, la historia social de inspiración feminista (Catherine LeGrand y la tradición que abre) argumenta que la historia agraria requiere refundación metodológica: los abusos sexuales rutinarios en las haciendas formaban parte del repertorio de coacción señorial y su ausencia en los archivos judiciales no prueba inexistencia sino invisibilización deliberada. Un tercer eje enfrenta dos lecturas del universalismo liberal: para sus arquitectos (López de Mesa, Arciniegas, Zalamea), la Cultura Aldeana y la Campaña de Bibliotecas eran emancipación popular; para la crítica historiográfica, ese universalismo tenía sujeto tácito —el varón aldeano— y la brecha de género en el acceso a la lectura impresa anticipa las desigualdades educativas del Frente Nacional. El caso de Torres Giraldo condensa la tensión: escribió la biografía inaugural de María Cano y los primeros estudios sobre el movimiento obrero colombiano en casa de la propia Cano, pero el género resultante fue la excepción biográfica femenina, no el reconocimiento estructural de la agencia política de las mujeres como componente ordinario del proceso.
Ensayo completo
La lectura
¿Por qué la historiografía de la República Liberal fue estructuralmente masculinista?
En la historia social y agraria colombiana del período 1910-1957 hay una anomalía que se ha vuelto invisible por costumbre: las mujeres que aparecen en el archivo —María Cano recorriendo el país entre 1925 y 1929, Juana Julia Guzmán organizando el campesinado del Sinú, las cuatro combatientes de "Los Treinta" en el sur del Tolima— fueron sistemáticamente convertidas en excepciones biográficas o notas al pie por una historiografía cuyas categorías analíticas se construyeron sobre el molde del varón adulto letrado: el arrendatario legalista, el militante obrero, el sujeto modernizado por la aldea. La pregunta es si esas ausencias reflejan un desfase real entre agencia social y reconocimiento jurídico —mujeres que actuaban mientras las leyes tardaban— o si son producto de un sesgo constitutivo de las categorías con que la propia República Liberal se pensó a sí misma. Todo apunta a lo segundo, con un matiz: el derecho no solo llegó tarde, también produjo sujetos donde antes había agencia sin nombre.
La pregunta y por qué importa
Preguntarse por el masculinismo estructural de la historiografía liberal colombiana no es un ejercicio de reparación simbólica. Se juega la validez de las categorías con que se ha narrado el período que va de la consolidación de la pequeña propiedad cafetera —cuando en 1923 las fincas con cafetales adultos de menos de doce hectáreas ya controlaban el 56,4% de la producción nacional— hasta la Violencia bipartidista y sus estelas guerrilleras. Si la "economía campesina" se piensa sin el trabajo de mujeres y niños que la hicieron viable, si el "conflicto agrario" se narra como negociación entre hacendados varones y arrendatarios varones, si la "ciudadanía letrada" que la Cultura Aldeana pretendió formar se contabiliza sin desagregar por sexo a sus lectores, lo que se está contando no es la sociedad colombiana del período sino su representación oficial, la que sus propios arquitectos —López de Mesa, Arciniegas, Zalamea— quisieron dejar como legado.
Es el período en que Colombia se dota de un lenguaje moderno para hablar de la nación, la raza, el pueblo y la ciudadanía. Ese lenguaje —biologicista en López de Mesa, culturalista en Zalamea, popular en Arciniegas— fue formulado por una élite intelectual masculina que combinó llamados a la emancipación educativa de las mujeres con prescripciones de subordinación conyugal presentadas como verdades científicas. Entender el sesgo no es solo corregir el pasado: es reconocer que las categorías analíticas heredadas siguen operando cuando se estudian períodos posteriores con esos mismos moldes.
Los términos del debate
Cuatro tesis se disputan la explicación. La primera dice que el marxismo clásico, herramienta interpretativa dominante en la historia agraria colombiana desde los años sesenta, ocultó la centralidad del trabajo femenino e infantil en la viabilidad de la pequeña finca cafetera. La categoría de "productor directo" o "campesino parcelario" se pensó como sujeto individual, generalmente varón, cuando la unidad económica real era el hogar, con una división del trabajo por sexo y edad que hacía posible que fincas de menos de doce hectáreas resultaran competitivas frente a las grandes haciendas. Esa invisibilización no fue neutra: legitimó una historia agraria centrada en relaciones de producción entre patrones y peones, dejando fuera la reproducción social —cocina, cuidado, beneficio del grano, cría de animales, huerta— sin la cual esas relaciones no habrían existido.
La segunda tesis va más lejos: la historia agraria es estructuralmente masculinista y requiere una refundación metodológica que recupere a las campesinas como sujetos plenos del conflicto rural. Los abusos sexuales rutinarios en las haciendas, presentes en la memoria oral pero raramente en los expedientes, no fueron incidentales al régimen de trabajo dependiente; formaron parte del repertorio de coacción con que el hacendado ejercía dominio sobre familias enteras. Cuando el arrendatario en Cundinamarca tenía prohibido sembrar café en su parcela y comercializar libremente su producto, cuando debía trabajo no remunerado en los campos del patrón y estaba sometido a policía rural y multas, la subordinación no era solo económica: era corporal, y su dimensión sexual recaía sobre mujeres cuyas voces no se registraron en los pleitos que sí quedaron archivados.
La tercera tesis apunta al proyecto modernizador mismo. El universalismo liberal de los años treinta, encarnado en la Campaña de Cultura Aldeana que López de Mesa dirigió desde el Ministerio de Educación durante el gobierno de López Pumarejo, con Zalamea como secretario general, fue de hecho un masculinismo letrado. Las bibliotecas aldeanas, testimonio más duradero de la campaña porque funcionaron en casi todo el país, tuvieron un público lector predominantemente masculino, con una brecha de género en el acceso a la letra impresa que anticipa las desigualdades educativas medidas décadas más tarde durante el Frente Nacional. La emancipación por la lectura, tal como la imaginaron los arquitectos del programa, tenía sujeto tácito: el varón aldeano al que había que arrancar del clericalismo conservador para incorporarlo a la nación moderna.
La cuarta tesis desplaza el problema hacia la política. La participación femenina en las luchas obreras y campesinas precedió con amplitud al reconocimiento jurídico del voto, lo que cuestiona el relato lineal según el cual la modernización legal fue el motor de la igualdad. Cuando María Cano publicó "¡Obreros en pie!" en La Humanidad el 22 de diciembre de 1925, llamando al proletariado a defender "el jirón rojo, emblema de nuestra lucha cruenta", faltaban veintinueve años para que la Asamblea Nacional Constituyente de 1954, bajo Rojas Pinilla, reconociera el derecho al voto femenino gracias en parte a la labor de Esmeralda Arboleda y Josefina Valencia. Entre una fecha y otra hay tres décadas de acción política femenina —oradora, huelguística, organizativa, guerrillera— cuya invisibilización posterior no se explica por ausencia de fuentes sino por decisión historiográfica.
La evidencia
Las cuatro tesis se sostienen con desigual densidad, pero convergen en un punto: las categorías con que se narró el período fueron formuladas por hombres que, al mismo tiempo, prescribían la subordinación femenina en textos programáticos. Ese hecho cambia la manera de leer sus escritos historiográficos y sus políticas públicas.
En 1874, el 90% de los 114.000 sacos producidos venía de Santander; hacia 1900, las zonas tradicionales aún controlaban el 82% de la producción nacional; para 1932, el eje Antioquia-Caldas concentraba cerca del 47%. No fue solo un desplazamiento geográfico: fue una transformación del régimen social del café. En Santander había predominado la aparcería; en Cundinamarca, el arrendamiento en haciendas; en Antioquia, la figura del agregado. La colonización antioqueña sobre la Cordillera Central diseminó el cultivo entre pequeños y medianos propietarios, y los trabajadores de las haciendas de Fredonia funcionaron como difusores del conocimiento técnico hacia el sur y el occidente.
Lo que hizo posible que esas fincas pequeñas, dominantes ya en 1923, sostuvieran la mitad del producto nacional no fue la eficiencia individual del propietario varón: fue la unidad doméstica completa, con mujeres y niños incorporados al beneficio del grano, la recolección estacional y el trabajo cotidiano de la parcela de subsistencia. La lectura marxista clásica, atenta a las relaciones de producción entre clases, tendió a contar cabezas de familia y a asumir el resto del hogar como fuerza de trabajo no diferenciada. Se explicó entonces el ascenso del café antioqueño por la virtud del pequeño propietario colono, no por la economía familiar que lo sostenía.
En las haciendas cafeteras de la Cordillera Oriental el sesgo fue de otro orden. Los arrendatarios pagaban su acceso a la parcela con trabajo en los campos del hacendado, a veces sin salario, a veces al jornal de la región. Se les prohibía sembrar café por cuenta propia y se les cerraba el acceso a los mercados de los pueblos vecinos. Sumaban a eso obligaciones de trabajo subsidiario en caminos, policía rural y multas por infracciones que el hacendado mismo definía. Los acuerdos eran verbales antes de los años cuarenta —una opacidad archivística que suele lamentarse—, pero ese lamento es parcial: la opacidad no fue uniforme. Los pleitos por tierras y cosechas dejaron huella escrita cuando llegaron a los juzgados; las coacciones sexuales sobre mujeres de familias arrendatarias raramente lo hicieron. La ausencia de esos episodios en el registro judicial no prueba su inexistencia: prueba que el sistema legal no los reconocía como conflicto, y que ese criterio de relevancia pasó, sin discusión, a la escritura académica posterior.
Cuando en los años veinte la prédica socialista y populista penetró en las haciendas y la personalidad servil desapareció con el relevo generacional, el arrendatario comenzó a luchar primero por romper las restricciones institucionales y luego por convertirse en propietario. Los conflictos se concentraron en el Tequendama, Sumapaz y el sur del Tolima, con apoyo de ligas agrarias, del efímero Partido Agrario, de disidencias liberales y del Partido Socialista Revolucionario. El Estado respondió con la Ley 74 de 1926, que autorizaba comprar fincas de más de 500 hectáreas para parcelarlas en lotes no mayores a 50, y entre 1928 y 1936 repartió algunas haciendas cafeteras vendidas a sus aparceros. La Ley 200 de 1936, bajo López Pumarejo, consagró que la explotación económica por cinco años daba derecho a adquirir dominio y que la falta de destinación económica revertía el predio al Estado al cabo de diez años, en desarrollo del principio de función social de la propiedad.
Este relato, aprendido en los manuales, tiene un protagonista implícito: el arrendatario o colono varón que aprende del organizador socialista, se politiza, litiga y termina propietario. Las mujeres campesinas quedan como telón de fondo. Sin embargo, la evidencia del Sinú y de Antioquia obliga a corregir el cuadro. Juana Julia Guzmán, cuya entrevista de 1972 en Montería es fuente directa sobre los sucesos de organización obrero-campesina en la Costa, participó activamente en las luchas del Sinú junto a activistas como Ayres Nascimento, socialista portugués llegado a la región a mediados de la Primera Guerra Mundial. La militancia femenina en las organizaciones campesinas del Sinú de los años veinte se dio en un contexto en que las mujeres colombianas no contaban con derechos políticos plenos y, sin embargo, esa carencia jurídica no fue impedimento organizativo. Décadas pasaron antes de que el testimonio de Guzmán entrara al núcleo del relato; la columna vertebral siguió siendo la biografía de los dirigentes varones: Mahecha, Torres Giraldo.
María Cano ofrece el caso más elocuente de esta operación. En noviembre de 1923 comenzó a introducir temática social en sus publicaciones; en enero de 1924 protestó contra la educación militar y llamó explícitamente a las mujeres a movilizarse; en diciembre de 1925 publicó el manifiesto de "¡Obreros en pie!". Su participación en el ciclo huelguístico que precedió al Tercer Congreso Obrero de noviembre de 1926, donde la mayoría marxista votó por construir un partido independiente de la clase obrera —decisión que conduciría al Partido Socialista Revolucionario—, no fue accesoria. Ignacio Torres Giraldo, líder del PSR y compañero de trayectoria de Cano, escribió después una biografía suya y compuso Los inconformes, estudio pionero sobre las luchas sociales colombianas, durante el período en que residió con la familia de Cano en Medellín y Palmira. El dato es revelador: la escritura inaugural del movimiento obrero colombiano se hizo en la casa de la organizadora más importante del período, y aun así el género de escritura resultante fue biografía individual —una mujer excepcional— y no reconocimiento estructural de la agencia política femenina como componente ordinario del proceso.
El caso del Partido Socialista Revolucionario y de la Confederación Obrera Nacional, creada en el Segundo Congreso Obrero de julio de 1925, ilustra un rasgo adicional. La CON tuvo un tinte anarco-sindicalista y se afilió a la Internacional Sindical Roja. El PSR, concebido por Torres Giraldo como partido amplio de masas y no como minoría de cuadros leninista, simpatizó con la Internacional Comunista sin adherir totalmente a sus tesis. En este universo político, donde el modelo organizativo se debatía entre anarcosindicalismo, socialismo amplio y leninismo, el lugar de las mujeres en los cuadros y en la militancia de base fue relativamente más visible que en el liberalismo modernizador que gobernaría desde 1930. Viotá se convirtió en los años treinta en el primer municipio de mayoría comunista del país, y esa continuidad organizativa —del PSR de los veinte al Partido Comunista de los treinta— acompañó las luchas del Tequendama y Sumapaz durante décadas.
La República Liberal, en cambio, ofreció un cuadro más ambiguo. El acceso femenino a la universidad se abrió gradualmente en los años treinta; la reforma constitucional de 1936 autorizó a las mujeres a ejercer cargos públicos por nombramiento, reservando el voto a los varones; el Código Penal de 1936 equiparó formalmente la responsabilidad penal, pero los estatutos jurídicos siguieron discriminando en materia moral, sexual y familiar. La primera jueza fue nombrada apenas en 1943. Estas reformas no fueron irrelevantes: alteraron materialmente las posibilidades. Para 1950, la mayoría de las mujeres universitarias ya cursaba Medicina, Derecho, Arquitectura, Odontología o Filosofía, superando la fase inicial de carreras "femeninas" o auxiliares. Para 1980, el ingreso femenino igualaba al masculino, aunque persistieran sesgos en la elección de carrera. Sin las reformas de 1936, esta trayectoria no habría ocurrido.
Y sin embargo, la Cultura Aldeana, el proyecto más ambicioso del liberalismo para transformar la nación, fue diseñada bajo premisas que subordinaban a las mujeres precisamente cuando pretendían emanciparlas. López de Mesa, ministro que puso en marcha el programa, prescribió la fidelidad conyugal como imperativo científico mediante metáforas biologicistas y darwinistas sociales: el alma femenina, comparada con el óvulo que, tras recibir el espermatozoide, se cierra a todo nuevo estímulo. Respaldó también, junto con Marco Fidel Suárez, la tesis de que la sangre colombiana debía ser regenerada mediante inmigración del norte, en el marco del debate sobre degeneración racial abierto por Miguel Jiménez López en el Tercer Congreso Nacional de Médicos de 1918 y desplegado en el Teatro Municipal de Bogotá entre mayo y octubre de 1920. Su libro De cómo se ha formado la nación colombiana, publicado en 1934, fue el primer estudio integral moderno de la nacionalidad, combinando historia, sociología, economía y psicología social. Este mismo autor dirigió la campaña que llevó bibliotecas a casi todo el país. La operación es notable: el arquitecto intelectual del universalismo educativo liberal era también el formulador más sistemático del biologicismo que fijaba a la mujer en el hogar.
Zalamea, secretario general del Ministerio de Educación y director de la Comisión de Cultura Aldeana, criticó la dependencia cultural respecto a modelos europeos y norteamericanos, denunciando que su generación debía "mendigar en casa ajena las sobras de conocimiento y de cultura". Su crítica antiimperialista, sin embargo, convivió con actitudes elitistas: expresó orgullo por no tener ascendencia indígena, latina, hebrea ni española. Fernando González, contemporáneo y voz influyente fuera del liberalismo oficial, expresó en Los negroides un desprecio explícito hacia "la bachillera", la mujer alfabetizada e intelectualizada, contrastado con la idealización de la mujer adolescente, virginal e ingenua. Arciniegas, por su parte, promovió una visión de la historia nacional que enfatizaba lo popular pero terminó imponiendo el triunfo de la anécdota sobre el rigor, amoldándose a las pretensiones políticas de los gobiernos liberales.
El resultado colectivo es un campo intelectual donde la emancipación educativa de las mujeres se predicó a la vez que se les asignaba, por vía biologicista o moral-religiosa, un lugar subordinado en la nación que se estaba construyendo. Las bibliotecas aldeanas llegaron a casi todos los rincones del país, pero el sujeto lector imaginado como destinatario privilegiado fue el varón aldeano, y la resistencia clerical-conservadora —que llevó a la quema de libros y a su abandono en bodegas hasta el deterioro— se organizó en torno a la defensa de un orden doméstico donde la mujer era guardiana del recato. Entre modernizadores biologicistas y conservadores del pedestal sagrado, el espacio real para la agencia femenina letrada quedó estrecho, y esa estrechez explica en buena medida por qué la brecha en el acceso a la letra impresa persistió y prefiguró desigualdades educativas medibles durante el Frente Nacional.
La respuesta
Ninguna de las cuatro tesis basta por separado, aunque cada una acierta en su parte. La historia social y agraria colombiana del período liberal es estructuralmente masculinista, sí, pero no por acumulación de olvidos individuales: lo es porque las categorías con que fue narrada —economía campesina, ciudadanía letrada, sujeto revolucionario, arrendatario legalista— se formularon en la misma coyuntura intelectual que produjo el biologicismo de López de Mesa, el elitismo de Zalamea y el desprecio gonzaliano a la mujer letrada. El sesgo no es un déficit posterior de la disciplina, corregible con más monografías: es constitutivo del lenguaje con que la República Liberal se pensó a sí misma y con que el saber académico heredó ese pensamiento.
Nada de esto convierte a la agencia femenina en efecto retrospectivo de una crítica actual. María Cano, Juana Julia Guzmán y las cuatro mujeres de "Los Treinta" —el comando clandestino de 26 hombres y cuatro mujeres formado con cuadros comunistas y liberales que no se desmovilizaron, establecidos como colonos en Gaitania y San Miguel en el sur del Tolima con redes hacia Cauca, Huila, Caldas y Valle— existieron, actuaron y dejaron rastro documental. Lo que ocurrió es que la escritura académica las procesó como excepciones biográficas o como cifras anónimas dentro de organizaciones cuyos rostros se conservan masculinos. La refundación metodológica que reclama la segunda tesis no consiste en agregar un capítulo sobre mujeres al final del libro: consiste en preguntarse cómo se sostuvo la pequeña finca cafetera sin la reproducción social del hogar, cómo se ejerció la coacción en la hacienda sin la dimensión sexual del abuso, cómo se organizó la militancia obrera sin las oradoras que llenaban plazas.
La eficacia real del derecho, con todo, no puede subestimarse. Sin la apertura universitaria de los treinta y la equiparación penal de 1936, la trayectoria hacia carreras profesionales plenas documentada para 1950 no habría sido posible. La ley no solo llegó tarde a nombrar una realidad ya constituida: también la transformó selectivamente, ampliando el espacio de acción para unas mujeres urbanas, letradas, de sectores medios, mientras el mundo rural cafetero, con su economía parcelaria informal y sus acuerdos verbales, permanecía relativamente al margen de esos cambios. Ambos movimientos —invisibilización historiográfica y transformación jurídica parcial— deben sostenerse a la vez.
Hay un dato que localiza mejor el problema. La militancia femenina fue más visible y sostenida en las organizaciones de izquierda —PSR, Partido Comunista, guerrillas comunistas de los años cincuenta— que en el liberalismo oficial que gobernó el país entre 1930 y 1946. El sesgo masculinista, entonces, no es una acusación general contra "la historiografía": es la historiografía liberal-modernizadora, y las categorías intelectuales que ella produjo, la que operó como filtro más eficaz. Los inconformes de Torres Giraldo, con toda su carga masculinista, al menos incluyó a Cano en el corazón del relato; el archivo del liberalismo oficial dejó a las mujeres campesinas del Sinú, del Tequendama y del sur del Tolima en un silencio más denso.
Ese silencio tiene dos texturas distintas y conviene no confundirlas. Una es la del archivo judicial y administrativo, donde la coacción sexual en las haciendas cafeteras nunca fue registrada como conflicto porque el sistema legal no la reconocía como tal: el silencio es histórico, no historiográfico. La otra es la de las organizaciones de izquierda, donde las mujeres estuvieron —del Viotá comunista de los treinta a "Los Treinta" del sur del Tolima y las guerrillas de autodefensa de 1949-1964— y donde el silencio proviene del filtro académico que privilegió biografías masculinas. La primera opacidad marca los límites del archivo; la segunda, los límites de las categorías con que se lo ha leído. Reconocer esa diferencia es lo que permite ver que escribir sobre María Cano en 1925, sobre Juana Julia Guzmán en el Sinú, sobre las bibliotecas aldeanas que llegaron a casi todo el país con lectores predominantemente varones, no completa el relato: lo rehace desde otro plano de descripción, donde la agencia femenina no es excepción biográfica sino componente estructural de los procesos que hicieron posible la Colombia moderna.
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Documentos usados en esta lectura
46 documentos · 56 fragmentos de referencia01Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 2811 fragmento
[1]ahora, el expendio de café era algo prácticamente desconocido en el país hacia 1850, donde el té y el chocolate eran bebidas más comunes. Los primeros cálculos de la producción cafetera colombiana da- tan de 1874. Para ese año, la cosecha total fue de unos 114 mil sacos, de los cuales el 90% provino de Santander. El…
p. 281
02Enciclopedia de Colombia - Volumen 3Camilo Calderón Schrader (coordinador), Carmen Astrid Romero Baquero, Néstor Iván Osuna Patiño, José Eduardo Rueda Enciso, Blas Jaramillo Martínez, José Alejandro Rodríguez Ruiz, Henry Luque Muñoz · 2002 · p. 311 fragmento
[2]medianas y pequeñas propiedades de San- tander bajo el sistema de aparcería; en las grandes haciendas de Cundinamarca se hizo bajo la con- tratación de arrendatarios; y en las explotaciones de Antioquia, por intermedio de los agregados, formas propias de la economía del siglo XIX. Último paso del proceso cafetero: el…
p. 31
03Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 218, 2262 fragmentos
[3]de estos dos departamentos era de 802.000 sacos (un 23 % de la produc- ción nacional) y estaba concentrada ya en la cordillera central. Además, la producción cafetera comenzó a dise- minarse en nuevas regiones del país, especialmente en Cauca, Nariño, Hui- la, Boyacá y Magdalena. Las viejas zonas de producción en…
p. 226
[8]sin em- bargo, que el desarrollo cafetero co- menzó en la primera región en la dé- cada del setenta, y se desplazó hacia el Tequendama y, en menor medida, hacía el Sumapaz a fines del siglo. En el caso de Antioquia, el café ha- bía comenzado a desarrollarse en los años setenta en las cercanías de Me- dellín. La…
p. 218
04Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 24, 372 fragmentos
[4]resto del pa í s. Por ello mismo, esta é tica particular los hac í a m á s inclinados al trabajo y a la b ú squeda de nuevas formas de riqueza mediante el trabajo personal. La colonizaci ó n interna de la provincia de Antioquia, en la segunda mitad del siglo xix, avanz ó inicialmente sobre la Cordi llera Central. Los…
p. 24
[12]ó n 7. Adicionalmente a su trabajo en las labores del caf é, los trabajadores estaban sometidos a otras obligaciones, como las de trabajo personal subsidiario para la construcci ó n y man tenimiento de caminos, las de polic í a rural y toda una serie de multas por violar las estrictas disposiciones del hacendado. De…
p. 37
05Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1822 fragmentos
[5]mitades entre aparcero y terrate- niente. Cualquier aumento de la productividad y la producción repercutía en incrementos proporcionales en el ingreso del apar- cero; por lo tanto, operaba un incentivo para introducir mejoras técnicas de siembra, recolección, cuidado de la tierra, etc. En los casos en que el aparcero…
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[6]mitades entre aparcero y terrate- niente. Cualquier aumento de la productividad y la producción repercutía en incrementos proporcionales en el ingreso del apar- cero; por lo tanto, operaba un incentivo para introducir mejoras técnicas de siembra, recolección, cuidado de la tierra, etc. En los casos en que el aparcero…
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06La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 1041 fragmento
[7]suelos pedregosos de la región de Fredonia, rápidamente se convirtieron en el centro de la industria cafetera de Antioquia. En 1888 la producción de café en el municipio de Fredonia era de 13.000 arrobas. Ningún otro municipio producía más de 2.000 arrobas. En contraste con los otros distritos antioqueños, el cultivo…
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07Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3831 fragmento
[9]a veces una tercera parte de la cosecha. En ciertos lugares eran obligados, además, a trabajar un determinado número de dias en las tierras de la hacienda, con el salario vigente en la región. En otras localidades se les exigia compartir con el propietario una porción, casi siempre una cuarta parte, de los cultivos…
p. 383
08Violence in Colombia: The Contemporary Crisis in Historical PerspectiveCharles Bergquist, Ricardo Peñaranda, Gonzalo Sánchez (eds.) · 1992 · p. 1131 fragmento
[10]juicios de deslinde (boundary actions) and juicios de partición (partition suits). 22. Scores of colono petitions collected in ANCB describe such meetings. For example, see ANCB, v. 11, f. 190; v. 14, f. 307; and v. 15, f. 246. 23. Malcolm Deas of Oxford University has suggested to me that for some settlers…
p. 113
09Civilization and Violence: Regimes of Representation in Nineteenth-Century ColombiaCristina Rojas · 2002 · p. 1741 fragmento
[11]in this case, puritan habits of the owner. The arrendatarios grew their own food crops, but not coffee; the latter was planted under the administrator’s direction. One source of difficulty was the administrator’s rule that obliged the arrendata- rios to do unpaid work on the hacienda. Another source of difficulty was…
p. 174
10Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · p. 187, 2972 fragmentos
[13]de las rebeliones in d í genas en el sur del Tolima y el Cauca, revivieron despu é s de 1920, apoyadas por ligas agrarias o campesinas, por un ef í mero Partido Agrario, por disidencias liberales y por el Partido Socialista Revolu cionario, y estuvieron concentradas en sitios como el Tequendama y Sumapaz. All í…
p. 187
[38]stica o Arte y Decorado, as í como carreras auxiliares de las profesiones “ masculinas ”, como Laboratorio Cl í nico, Enfermer í a o Dibujo Arquitect ó nico. Pero la presi ó n real de las mujeres hizo que esta transici ó n no durara: para 1950 la mayor í a segu í an carreras profesionales como Medicina, Derecho,…
p. 297
11El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 3141 fragmento
[14]autonomía familiar y económica de los arrendatarios con relación a las haciendas que a la postre dio lugar a una clara dualidad dentro de la hacienda: la economía parcela- ria del arrendatario y la economía cafetera de la hacienda. Cuando la personalidad servil desaparece con el relevo generacional y la prédica…
p. 314
12Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1831 fragmento
[15]Amaneceres. Historia de tos agrarios de Sumapa^j Oriente del Tolima. Alcaldía Local de Sumapaz, Fondo Editorial UAN, Bogotá, 2007. 71 Sobre los conflictos en las haciendas cafeteras ver Absalón Machado (1988), son innumerables las referencias sobre estos conflictos en los treinta; en el libro de Catherine LeGrand hay…
p. 183
13Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 5251 fragmento
[16]reclamantes de tierras era su “inscripción en las listas municipales de impuestos” (Legrand, 1988, páginas 97-99). La ocupación de tierras incultas generalmente daba lugar a acciones de desalojo por parte de la guardia departamental, a las cuales los campesinos oponían resistencia, a veces pacífica y a veces violenta.…
p. 525
14Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 2461 fragmento
[17]por los comunistas, aunque con tres variantes regionales claramente diferenciables: la del Tequendama, la del Sur del Tolima y la de Sumapaz. Diferenciables no solo por su particular experiencia histórica, sino también por el papel que acertada o equivocadamente les asignó el Partido Comunista en el marco general de…
p. 246
15Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3581 fragmento
[18]a ciudadanos Se inaugura tarjeta de identidad nacional Se crea la Orquesta Sinfónica Nacional Año Política Sociedad y economía Cultura y ciencia Reforma agraria (Ley 200) Se publica El Siglo (periódico) Propiedad privada puede ser limitada si hay necesidad social Se crea la Federación Médica 1938 Eduardo Santos,…
p. 358
16Nueva Historia de Colombia, Vol. I: Historia Política 1886-1946Álvaro Tirado Mejía (director científico), Jorge Orlando Melo, Carlos Eduardo Jaramillo Castillo, Eduardo Lemaitre Román, Alfonso López Michelsen, Humberto Vélez Ramírez, Germán Colmenares, Mario Latorre Rueda, Germán Arciniegas, Gustavo Humberto Rodríguez R. · 1989 · p. 3641 fragmento
[19]I nómicamente explotados. Quien com- probara que por cinco años había ex- plotado económicamente un predio, tenía derecho a adquirir el dominio, si había obrado de buena fe. A su vez, y en desarrollo del principio de la fun- ción social de la propiedad y de que ésta implicaba obligaciones, si un pro- pietario no daba…
p. 364
17Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 2131 fragmento
[20]empuñar un azadón. Muchos desocupados aceptaron la oferta del Gobierno. Tan solo en Bogotá, en el primer año de la depresión, 1700 tra- bajadores solicitaron pasajes que les permitieran salir hacia el campo 57 • Si bien algunos de los que abandonaban las ciudades regresaban a los vecindarios rurales que los habían…
p. 213
18Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 321 fragmento
[21]el noroccidente de Cundinamarca. Colombia entró al siglo XX con la expectativa de integrarse de manera efectiva en la economía internacional. Tras los fallidos intentos de hacerlo a través de la exportación de tabaco y qui- na, el café se constituyó como el producto que permitiría dar ese paso, funda- mental para los…
p. 32
19Historia de Colombia. La República de Colombia IISalvat Editores (Juan Salvat, Roberto García Rojas, directores); Ricardo Martín (director de la obra); Gonzalo Hernández de Alba (director científico); con colaboraciones de Arturo Alape, Germán Arciniegas, Mauricio Archila, Marco Palacios, Álvaro Tirado Mejía, entre otros · 1986 · p. 501 fragmento
[22]Estos nicleos compuestos por obre- ros, artesanose intelectuales se lanzan a la tarea de organizar el naciente movimiento laboral a través de congresos obreros. En el segundo de estos con- gresos, en julio de 1925, surgié la Confederacién Obrera Nacional, con un marcado tinte anarcosin- dicalista. Un afio més tarde,…
p. 50
20El marxismo en ColombiaOrlando Fals Borda, Gerardo Molina, Carlos Uribe Celis, Ricardo Sánchez, Klaus Meschkat, Gonzalo Cataño, Fernando D'Janon, Gabriel Misas, Darío Fajardo, Eduardo Pizarro · 1984 · p. 1291 fragmento
[23]el Segundo Congreso Obrero siendo elegidos presidente el mismo Ignacio Torres Giraldo y primer vicepresidente Quint í n Lame. Este congreso ampliamente representativo del movi miento de los trabajadores propici ó seis realidades organizativas y pol í ticas: 1) Retom ó la linea de independencia del movimiento obrero y…
p. 129
21Colombia siglo XX: desde la guerra de los Mil Días hasta la elección de Álvaro UribeCésar Miguel Torres Del Río · 2015 · p. 621 fragmento
[24]contrario, decidió que el avance intelectual y doctrinario no radicaba más en el liberalismo y optó por pasar al socialismo, aunque años después regresó a las toldas liberales. Los socialistas, por su lado, continuaban concretando ideas. Hacia 1924, en un nuevo congreso, orientaron su perfil hacia un compromiso más…
p. 62
22Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 2441 fragmento
[25]proyecto anarcosindicalista fue rápidamente criticado por distintos sectores obreros e intelectuales que se habían adherido inicialmente a la CON. En ese ambiente comienza a surgir nuevamente la idea de la cons- trucción de un partido independiente de la clase obrera. Al calor de resonantes éxitos huel- guísticos como…
p. 244
23Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 331 fragmento
[26]Centro Educativo Agualasal 31 Texto 2. Artesanos antes que obreros. En un comienzo, el número de obreros frente a los artesanos era bastante bajo. Por lo tanto, el artesano, un trabajador manual calificado y dueño de su taller o lugar de trabajo, fue el principal encargado de dirigir las luchas y los movimientos…
p. 33
24María Cano, la Virgen RojaBeatriz Helena Robledo · 2017 · p. 1371 fragmento
[27]cambio es el texto “¡Obreros en pie!”, publicado en La Humanidad el 22 de diciembre de 1925: ¡Compañeros, en pie! Listos a defendernos. Seamos un solo corazón, un solo brazo. ¡Cerremos filas y, adelante! Un momento de vacilación, de indolencia, dará cabida a una opresión más, a nuevos yugos. Valientes soldados de la…
p. 137
25Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 1951 fragmento
[28]las letras latinoamericanas en la década anterior: Delmira Agustini, Alfonsina Storni, Jua- na de Ibarbourou y Gabriela Mistral. El movi- miento antioqueño rompió con la opresión a que estaba sometida la mujer antioqueña y con los convencionalismos propios de un duro régimen político y una cultura tradicional, como…
p. 195
26Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 2121 fragmento
[29]3. Sociedad de Obreros y Artesanos de Montería, Boceto biográfico sobre la historia del señor Vicente Adamo (Montería, 1920); Víctor Negrete, Origen de las luchas agrarias en Córdoba (Montería, 1981), 75- 76 (Comité Socialista); Centro Popular de Estudios, Lomagrande, ba- luarte del Sinú (Montería, 1972). Entrevistas…
p. 212
27Estudios interdisciplinarios de las élites en ColombiaCatalina Acosta Oidor, Alexander Gamba Trimiño, Verónica Salazar Baena · 2023 · p. 147, 1612 fragmentos
[30]la familia de María Cano en Medellín y posteriormente en Palmira. Durante este, redactó una prolífica obra de análisis político-social, gran parte aún inédita, que incluye Los inconformes (Torres Giraldo, 1978) —estudio historiográfi - co pionero sobre las luchas sociales en Colombia—, las Cinco cuestio - nes…
p. 147
[39]la Iglesia católica, a la que le entregó las labores de cuidado de la población e impidió al - gún atisbo de reconocimiento de las mujeres como sujetos políticos. 161 Capítulo 6. Representación política de las mujeres en Colombia Es para los años veinte del siglo xx que causas más liberales cues - tionan los derechos…
p. 161
28La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · p. 46, 592 fragmentos
[31]la necesidad y la importancia de hacer estudios regionales para determinar el impacto de la campaña de Cultura Aldeana en diferentes contextos, más aún cuando se asume el proyecto como uno de los programas modernizantes y civilizadores más importantes de la primera mitad del siglo xx. Díaz también publicó el artículo…
p. 46
[32]una visión tergiversada de la moral y la fe cristianas, que veía en ello el suministro de libros prohibidos, y en la masificación de las ideas de libertad, desorden y caos– se dio en todos los ni - veles y fueron muchas las poblaciones que se resistieron a la llegada de la campaña, desde los púlpitos de las iglesias…
p. 59
29Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 91, 952 fragmentos
[33]radicalismo que el movi- miento llegó a tener en algunos mo- mentos, y también la oposición que la política educativa despertaba en sec- tores de la oposición conservadora y de la Iglesia. La escuela primaria urbana y rural Dentro del vasto plan educativo de la administración de Alfonso López Pu- marejo, la difusión y…
p. 95
[34]de la historia, la cultura y los problemas de la nación. En su discurso de posesión se refirió al sistema educativo que re- cibía su gobierno con duras palabras de crítica: «En los talleres y en los campos ve- mos que nuestros hombres manejan sus instrumentos de trabajo al precio de un esfuerzo rutinario; el producto…
p. 91
30Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · p. 551 fragmento
[35]Zalamea es, además de un programa de gobierno, una defensa de la inde- pendencia del hombre de letras ante la política, y a la vez de su libertad de 54 Capítulo 2 55 participar, si así lo exige su conciencia, en tareas colectivas. «Un pueblo económicamente enfer- mo no puede producir cultura; si ya la tenía, la…
p. 55
31Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 751 fragmento
[36]ejemplo, de quienes se identificaban con el “feminismo”. Si, por una parte, la emancipa- ción de las mujeres se vio recompensada con el derecho que se les otorgó para ingresar a la universidad, así como con la eliminación de algunas cláusulas discriminatorias en las relaciones conyugales, los estatutos jurídicos…
p. 75
32Violence and Resistance, Art and Politics in ColombiaStephen Zepke, Nicolás Alvarado Castillo · 2023 · p. 2551 fragmento
[37]the earth. 14. In this context it is important to mention that women in Colombia were only granted the right to vote in 1956. The 1930s had gradually opened spaces for women in universities, and in the field of art, it was only in that decade that artists such as Hena Rodríguez, Josefina Albarracín, Carolina Cárdenas…
p. 255
33Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1681 fragmento
[40]sumar y restar a la población negra, descendientes de antiguos esclavizados que se enco ntraban en las márgenes de las ciudadanías, allá donde el Estado republicano criollo desaparecía 472. Pese a la desidia estatal, esta mujer le enseñó a la comunidad timbiquireña que tenía derecho a la educación, al saber, a contar…
p. 168
34A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 271 fragmento
[41]re- giones del país como el gran Caldas (que incluía a Risaralda y Quindío), Valle del Cauca, Tolima, Cundinamarca, Santander y Boyacá, regiones en donde se hizo costumbre el descuartizamiento de las víctimas y toda forma de irrespeto por la dignidad humana. Estas manifestaciones de violencia estaban mediadas por el…
p. 27
35Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 441 fragmento
[42]una parcela 54 Meertens, Ensayos sobre tierra, violencia y género. 55 Sánchez, Las ligas campesinas en Colombia, 58. 56 Palacios, El café en Colombia (1850-1970): una historia económica, social y política. 57 La ingesta de proteína recomendada al día para un adulto sedentario es de entre 0,8 y 1,0 gramos por kilo de…
p. 44
36A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 261 fragmento
[43]la mayoría de los com batientes liberales, los comunistas subjetivam ente no podían continuar p o r su cuenta y riesgo” el m o vim iento. E ntonces optó p o r constituir, en com pañía de C harro N egro, u n com ando clandestino, “ abso lutam ente m óvil”, que se conoció com o el de “Los T reinta”, con 26 hom bres y…
p. 26
37When Colombia Bled: A History of the Violencia in TolimaJames D. Henderson · 1985 · p. 1983 fragmentos
[44]euphoric period of his rule. Perhaps for that reason} it was more serious in tone than most others he delivered in major Colombian cities between July and December 1953. It dealt extensively with the Violencia because} even as he spoke} Tolima continued to harbor unregenerate violentos like "ChaITO Negro" and "Tiro…
p. 198
[45]euphoric period of his rule. Perhaps for that reason} it was more serious in tone than most others he delivered in major Colombian cities between July and December 1953. It dealt extensively with the Violencia because} even as he spoke} Tolima continued to harbor unregenerate violentos like "ChaITO Negro" and "Tiro…
p. 198
[46]euphoric period of his rule. Perhaps for that reason} it was more serious in tone than most others he delivered in major Colombian cities between July and December 1953. It dealt extensively with the Violencia because} even as he spoke} Tolima continued to harbor unregenerate violentos like "ChaITO Negro" and "Tiro…
p. 198
38Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 1671 fragmento
[47]de transformaciones sociales y políticas, preocuparon a las élites, en particular a la DNL, que a toda costa buscaba impedir que sus hombres en armas encaminaran sus luchas más allá del cambio de gobierno conservador y la restitución de su partido en el poder. El inicio de la década de los años cincuenta dejó en…
p. 167
39Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 531 fragmento
[48]differences between those commanders who identified themselves as Communists and those who were fundamentally Liberals. As a result he withdrew from the meeting, leaving Guadalupe, who supported the law, as jefe supremo de los guerrillas liberales del Llano. Where this new compact might have led can never be known,…
p. 53
40Presencia de las mujeres en la violencia del Tolima 1948 - 1964. Casos en los municipios de Chaparral, Planadas y RoviraMyriam Moreno Patiño · 2019 · p. 1471 fragmento
[49]otras manos y sin ninguna garantía recibida pese a lo prometido por el gobierno (Uribe 1990 p. 62). Ante este descontento con los pactos incumplidos la delincuencia se vuelve a apoderar de los campos o zonas rurales y la crueldad reaparece. Los grupos armados vuelven a organizarse. Ante lo anterior el gobierno militar…
p. 147
41Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 1021 fragmento
[50]cloth, so distant from the vulgar, that’s called mystery.... To show yourself at your window, to frequent the streets, to attend every dance... to talk loudly, elbow your neighbor, be the subject of everyone’s conversation—all this, my beloved niece, lessens your prestige and vulgarizes you. It places you within reach…
p. 102
42Muiscas: representaciones, cartografías y etnopolíticas de la memoriaAna María Gómez Londoño (editora), Carl Henrik Langebaek Rueda, Jorge Augusto Gamboa Mendoza, Michael J. Francis, Marta Clemencia Herrera Ángel, François Correa Rubio, Óscar Guarín Martínez, Hermann Trimborn, Luis Fernando Restrepo, Mercedes López Rodríguez, Carlos Andrés Durán · 2005 · p. 176, 1802 fragmentos
[51]fue el Teatro Municipal de Bogotá, entre mayo y octubre de 1920, con la “famosa discusión de las razas”. Desde 1918, Miguel Jiménez López, médico conservador de Boyacá, abrió la polémica en el Tercer Congreso Nacional de Médicos con la tesis “Nuestras razas decaen”. Decadencia sustentada en “la inferioridad…
p. 180
[55]Academia Colombiana de Historia.” Boletín de Historia y Antigüedades (456). Lo muisca: el diseño de una cartografía de centro. Chigys Mie: el mundo de los muiscas recreado por la condesa alemana Gertrud von Podewils Dürniz 265 “Atenas suramericana” “por parte de sus hermanas hispanoamericanas” (Rincón 2) comienza a…
p. 176
43La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 531 fragmento
[52]histórico-social de las crisis a que da lugar la refracción y descomposición de órdenes en Colombia, cuenta con el valioso aporte del profesor Luis López de Mesa, quien publicó un Escrutinio sociológico de la histo ria colombiana en 1956. Es esta una obra mucho más sis- temática que su anterior y clásico estudio, De…
p. 53
44Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · p. 1951 fragmento
[53]y Martina la velera (1962). Se lo dedicó a Sartre y a Heidegger, por cuanto trata sobre el existencialismo, sosteniendo que somos siempre en gerundio, es decir, que “estamos siendo”, “padeciendo”, “muriendo”. Fernando González puso en palabras su vida sin confiar en la solemnidad ni en la erudición. des, Corporación…
p. 195
45El socialismo raizal y la Gran Colombia bolivarianaOrlando Fals Borda · 2008 · p. 1031 fragmento
[54]Chicago y Manchester, pierden de vista la Sabana de Bogotá y el Valle del Cauca”. ¡Clarividencias de Zalamea que lastimosamente siguen vigentes empeoradas por la vergonzosa genuflexión que hacen los adoradores de los imperios que nos atrofian. Entonces, como ahora, son personas que sólo miran en nuestro pueblo gentes…
p. 103
46Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · p. 131 fragmento
[56]se construyeron a partir de la dramaticidad que tienen los sucesos de los que se ocupa. Sin embargo, sus cuadros corresponden siempre a momentos 32 privilegiados por la historia tradicional sobre el pasado nacional. Los aportes interpretativos intentaron acentuar los aspectos populares de esos hechos, con lo cual la…
p. 13