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Biografía

Fernando González Ochoa

Regeneración

1895–1964

18 min de lectura38 documentos
Nacimiento1895
Fallecimiento1964
RolesFilósofo y ensayista · Abogado egresado de la Universidad de Antioquia
Lugar principalColombia
Período históricoRegeneración1886–1929
03

La biografía

Fernando González Ochoa (Envigado, 1895 – Otraparte, 1964) fue el pensador colombiano que hizo del pequeño municipio antioqueño donde nació y murió un observatorio filosófico del país. Abogado por la Universidad de Antioquia, diplomático de carrera, ensayista y autor de una obra que combina diario, tratado moral y crónica de viaje, se formó por entero dentro del andamiaje institucional del orden regenerador —colegios religiosos, universidad bajo el Concordato de 1887, servicio exterior del Estado centralista— y devolvió esa formación en forma de impugnación radical del catolicismo político, del provincianismo antioqueño y de la retórica patriótica de la hegemonía conservadora. Su libro más reconocido, Viaje a pie (1929), fue prohibido por la jerarquía eclesiástica el mismo año de su aparición, en las postrimerías del régimen que lo había educado. Esa condena, dictada en un país donde la Iglesia aún seleccionaba candidatos presidenciales desde el arzobispado de Bogotá, lo convirtió en una figura incómoda: demasiado formado por el sistema para ser un forastero, demasiado libre para permanecer dentro de él.

02

Línea de vida

  1. 1895

    Nacimiento en Envigado

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    Nació en Envigado, localidad rural del Valle de Aburrá, en el seno de una familia antioqueña católica y trabajadora, en pleno apogeo del orden regenerador instaurado por la Constitución de 1886 y el Concordato de 1887-1888.

  2. 1915

    Integración al grupo Los Panidas

    Leer contexto

    Se incorporó a la tertulia bohemia y literaria fundada en Medellín hacia 1915, junto a León de Greiff, Ricardo Rendón y otros jóvenes que hacían de la irreverencia contra la Medellín beata un programa estético, leyendo a Nietzsche, Wilde y los simbolistas franceses.

  3. 1919

    Tesis El derecho a no obedecer

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    Presentó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia la tesis El derecho a no obedecer, recordada en esa facultad como uno de los raros ejercicios que se salían del molde estrictamente jurídico, provocación notable en pleno apogeo de la hegemonía conservadora.

  4. 1929

    Publicación y condena de Viaje a pie

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    Publicó Viaje a pie, crónica de una caminata desde Medellín hacia el sur, considerado el libro donde exhibe por primera vez su estilo definitivo: ironía despiadada, economía verbal y prosa de chispazos. La jerarquía eclesiástica prohibió su lectura el mismo año de su aparición.

  5. 1930

    Publicación de Mi Simón Bolívar y caída de la hegemonía conservadora

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    Publicó Mi Simón Bolívar coincidiendo con el fin de cuarenta y cuatro años de hegemonía conservadora, precipitada por la división interna del Partido Conservador y las vacilaciones del obispo primado de Bogotá. González iniciaba su carrera consular en Europa mientras su obra circulaba bajo condena eclesiástica.

  6. 1934

    El Presidente Gómez (Mi compadre)

    Leer contexto

    Publicó el retrato ácido del dictador venezolano Juan Vicente Gómez, que le costó tensiones diplomáticas y consolidó su fama de escritor incómodo, mientras ejercía como cónsul de Colombia en Génova, Marsella, Bilbao y Róterdam.

  7. 1935

    Visita de Estanislao Zuleta Ferrer antes del accidente de Gardel

    Leer contexto

    El 23 de junio, Estanislao Zuleta Ferrer envió un marconigrama anunciando que visitaría a González esa tarde antes de regresar a Bogotá. Al día siguiente, el 24 de junio, Zuleta Ferrer murió en el accidente de la SCADTA en Medellín, el mismo vuelo en que perdió la vida Carlos Gardel.

  8. 1936

    Retiro a Otraparte y publicación de Los negroides

    Leer contexto

    De regreso en Colombia, se retiró paulatinamente a Envigado, a la finca-casa que llamó Otraparte, su domicilio, taller y emblema definitivo. Publicó Los negroides, ensayo sobre la identidad hispanoamericana.

  9. 1964

    Muerte en Otraparte

    Leer contexto

    Murió en Otraparte, Envigado, a los sesenta y nueve años, mientras Colombia atravesaba el segundo gobierno del Frente Nacional y los nadaístas de Gonzalo Arango lo habían adoptado como precursor y padrino intelectual.

  10. 2016

    Inclusión en la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana

    Leer contexto

    El Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia publicaron una edición de Viaje a pie presentada por Eduardo Escobar dentro de la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana, reconocimiento tardío de su lugar central en las letras colombianas.

La semblanza

González no fue un rebelde de vocación ni un excéntrico marginal. Fue, más bien, un producto meticuloso del orden que combatió: hijo de una Antioquia católica y aislada, alumno de jesuitas, tesista de una universidad regida por los dogmas del Concordato, funcionario del Estado conservador en consulados europeos y, más tarde, en la Venezuela del general Juan Vicente Gómez. Su obra —una veintena de libros entre ensayo, aforismo y narración— nació de esa doble condición de insider ilustrado y disidente moral. Escribió contra la mediocridad antioqueña con la precisión de quien la conoce por dentro, contra el catolicismo político con el vocabulario del catolicismo íntimo, contra la retórica del progreso con el pulso de un hombre que caminaba, literalmente, por las trochas del país.

La crítica lo colocó pronto en un lugar particular del siglo XX colombiano: no en la línea del ensayo canónico bogotano —Miguel Antonio Caro, Baldomero Sanín Cano, Carlos Arturo Torres, Luis López de Mesa— sino en un margen antioqueño donde su prosa, hecha de chispazos y pequeñas revelaciones, dialoga con las vanguardias sin adscribirse a ninguna. Cuando en diciembre de 2016 el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional lo incluyeron en la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana con una edición de Viaje a pie presentada por Eduardo Escobar, el gesto reconocía tardíamente lo que la censura eclesiástica de 1929 había intuido con temor: que González era el reverso filosófico del país que la Regeneración construyó.

Los orígenes: Envigado, los jesuitas y el aire clerical de Antioquia

Nació en 1895 en Envigado, entonces una localidad rural del Valle de Aburrá, a pocos kilómetros de Medellín. Sus padres, Daniel González y Pastora Ochoa, pertenecían a esa clase antioqueña devota y trabajadora que había hecho del catolicismo y del comercio los dos pilares gemelos de su identidad. La Antioquia en que González abrió los ojos era el bastión ideológico más denso del país: un departamento montañoso, atravesado por las cordilleras Occidental y Central y flanqueado por los ríos Magdalena y Cauca, aislado del resto de Colombia hasta la era de la aviación y, precisamente por ese aislamiento, dueño de una mentalidad proteccionista, patriótica y militantemente antiliberal. La retórica más dura contra el liberalismo en toda Colombia salía de allí, de Medellín y de sedes episcopales como Santa Rosa de Osos, donde años más tarde reinaría el obispo Miguel Ángel Builes con sus pastorales incendiarias.

González entró en la escuela apenas nueve años después de la Constitución de 1886 y del Concordato firmado con la Santa Sede en 1887 y aprobado en 1888. Esos dos documentos, piedras angulares del orden regenerador impulsado por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro, habían entregado la educación pública colombiana a la Iglesia: universidades, colegios y escuelas debían organizarse y dirigirse en conformidad con los dogmas y la moral católicos. El niño González aprendió, pues, en un sistema donde el catecismo del padre Astete —del que hacia 1921 el Ministerio de Instrucción Pública aún repartía casi veinte mil ejemplares al año— convivía con manuales escolares oficiales redactados por jesuitas como José Félix de Restrepo, Faustino Segura y José María Ruano, este último célebre por haber prohibido en clase la lectura de José Asunción Silva, Guillermo Valencia y Luis Carlos López, es decir, prácticamente todo lo vivo de la poesía colombiana reciente.

Estudió con los jesuitas, la orden en la que los conservadores colombianos depositaban su confianza pedagógica, aunque —como no se les escapaba a los propios liberales— presentaba debilidades en la enseñanza de las ciencias. Aquella instrucción, que Jaime Jaramillo Uribe encuadraría después dentro de la larga "polémica de los textos" entre Caro y liberales como Aníbal Galindo, le dio a González lo mejor y lo peor del método jesuítico: rigor lógico, hábito de la disputa, familiaridad con Santo Tomás; y, al mismo tiempo, un contacto tan íntimo con el aparato dogmático que le permitiría más tarde desmontarlo desde adentro. Aprendió el idioma del enemigo antes de saber que sería enemigo.

Envigado, Medellín y los colegios religiosos le proporcionaron algo más: la conciencia de una cultura regional que en el último cuarto del siglo XIX y en las primeras décadas del XX vivía un dinamismo literario notable. Tertulias, revistas, clubes sociales, bibliotecas públicas, una fascinación compartida por liberales y conservadores antioqueños por la moda y la etiqueta europeas, un afán por escribir sobre Antioquia con voluntad de universalidad. En ese ambiente se movió el joven González, y allí, hacia 1915, se integraría al grupo de Los Panidas, la tertulia bohemia y literaria en la que confluían León de Greiff, el caricaturista Ricardo Rendón y una decena de jóvenes que hacían de la irreverencia contra la Medellín beata un programa estético. Fue su primer aprendizaje de la disidencia: aún dentro de las coordenadas de la ciudad clerical, pero ya con la ironía como método.

La trayectoria: de la tesis prohibida al filósofo de Otraparte

En 1919 presentó como tesis universitaria en la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia un texto titulado El derecho a no obedecer. La sola formulación era una provocación en una universidad todavía atravesada por el clima ideológico del Syllabus errorum de Pío IX —aquella condena a la separación Iglesia-Estado, al liberalismo y al laicismo que el clero colombiano difundía activamente— y por el eco lejano del tomismo que en el Colegio Mayor del Rosario, en Bogotá, seguía comentándose con fervor anacrónico, como si aún se librara la batalla jesuítica de la Contrarreforma. La tesis quedó en la memoria de la Facultad como uno de los raros ejercicios que se salían del molde estrictamente jurídico; que un joven abogado antioqueño se atreviera a titularla así, en pleno apogeo de la hegemonía conservadora, marcaba ya el itinerario intelectual de su autor.

Se graduó, ejerció como juez y como profesor, y hacia mediados de los años veinte publicó sus primeros libros: Pensamientos de un viejo (1916), Una tesis (1919), El remordimiento (1929), y sobre todo Viaje a pie, aparecido en 1929, año axial de su biografía y del país. Viaje a pie nació de una caminata que González hizo con su amigo Benjamín Correa desde Medellín hacia el sur, por caminos de herradura, cordillera abajo. El libro es la crónica de esa marcha, sí, pero también un tratado moral desordenado, un ejercicio de observación etnográfica y una diatriba contra la Colombia beata, contra el gobierno conservador, contra la mujer antioqueña, contra el clero, contra la mediocridad provincial. Está escrito con la ironía despiadada, la economía verbal y la prosa hecha de chispazos que definirían para siempre su estilo, con esa dureza de líneas comparable a los aguafuertes que la crítica posterior sabría nombrar.

La reacción fue inmediata. La jerarquía eclesiástica prohibió la lectura del libro. No era un gesto aislado: la Iglesia colombiana de esos años ejercía la censura como una función natural del poder pastoral. Sacerdotes y obispos habían promovido en julio de 1902 un juramento para "liberales arrepentidos" que condenaba sin reserva todo liberalismo religioso o político; el arzobispo definía a los liberales como enemigos del orden, del Estado y de la Iglesia; y apenas un año antes de Viaje a pie, en octubre de 1928, varios jerarcas —el arzobispo de Cartagena, el obispo de Santa Rosa de Osos, el obispo de Manizales— habían enviado telegramas de felicitación a los congresistas que aprobaron la "Ley Heroica", que prohibía las organizaciones populares y la difusión de ideas socialistas. En ese clima, el libro de un envigadeño irreverente que se burlaba del catolicismo antioqueño no podía quedar sin sanción.

La prohibición no lo silenció; lo consagró. Y coincidió con el hundimiento del régimen que la dictaba. La masacre de las bananeras de diciembre de 1928 —al término de la cual el general Cortés Vargas fue ascendido a director de la Policía de Bogotá— había puesto al régimen conservador al borde del abismo. La crisis económica que redujo el ingreso nacional de 75,2 a 54,3 millones de dólares entre 1929 y 1930, el colapso de los precios del café, el creciente pulso del movimiento obrero y el Partido Socialista Revolucionario, la propia división del Partido Conservador en dos candidaturas para las elecciones de 1930 y las vacilaciones del obispo primado de Bogotá —que ya no supo indicar, como había hecho desde 1886, quién sería el próximo presidente— confluyeron en la derrota conservadora. Cuarenta y cuatro años de hegemonía terminaron en el mismo año en que Fernando González publicaba el libro que la impugnaba.

Los años treinta lo encontraron en el servicio exterior. Fue cónsul de Colombia en Génova, Marsella y Bilbao, y luego en Róterdam. La paradoja no es menor: el Estado nacido de la Regeneración —centralista, católico, conservador— seguía enviándolo a Europa como su representante mientras su libro más leído circulaba bajo condena eclesiástica en el país. De esos años son Mi Simón Bolívar (1930), Don Mirócletes (1932), El hermafrodita dormido (1933) y, sobre todo, El Presidente Gómez o Mi compadre (1934), retrato ácido del dictador venezolano Juan Vicente Gómez que le costó tensiones diplomáticas y consolidó su fama de escritor incómodo. El género que González cultivaba —a medio camino entre el diario, la crónica de viaje, la biografía y el ensayo moral— era en Europa la corriente central de la reflexión de entreguerras; en Colombia sonaba a herejía formal.

En 1935 lo alcanzó una tragedia que revela la textura de sus redes. El 23 de junio, Estanislao Zuleta Ferrer —padre del futuro filósofo Estanislao Zuleta— envió desde Medellín un marconigrama en el que anunciaba que esa tarde visitaría a Fernando González antes de regresar a Bogotá en avión al día siguiente. El 24 de junio, Zuleta Ferrer murió en el accidente de la SCADTA en Medellín, el mismo vuelo en que perdió la vida Carlos Gardel. La visita a González fue el último acto documentado de su vida. Aquel marconigrama traza en filigrana un mapa: no era el envigadeño un solitario, sino el interlocutor natural de la generación intelectual que trataba de pensar el país tras el fin de la hegemonía.

De vuelta en Colombia, González se retiró paulatinamente a Envigado, a la finca-casa que llamó Otraparte y que se convertiría en su domicilio, su taller y su emblema. Allí escribió sus libros más singulares: Los negroides (1936), sobre la identidad hispanoamericana; Santander (1940), biografía adversa del prócer; El maestro de escuela (1941); y ya en los años cincuenta y sesenta, obras como La tragicomedia del padre Elías y Martina la Velera y una serie de textos religiosos, pues su itinerario tardío lo llevó a una especie de misticismo cristiano heterodoxo, atento a Teresa de Ávila y a Juan de la Cruz, muy alejado del catolicismo de aparato con el que se había formado. Otraparte fue su Yasnaia Poliana antioqueña: un lugar de retiro donde recibía visitas, escribía sin descanso y observaba, ya desde lejos, cómo el país entraba en la Violencia bipartidista y en la larga posguerra política del Frente Nacional.

Murió en Otraparte en 1964. Tenía sesenta y nueve años. Colombia atravesaba entonces el segundo gobierno del Frente Nacional, y una nueva generación de jóvenes —los nadaístas de Gonzalo Arango, cuyo movimiento se había fundado en 1958 y era perseguido en un contexto de pánico moral auspiciado por el Estado anticomunista católico— lo había adoptado como precursor y padrino. La censura eclesiástica lo había marcado; la marginación institucional también; pero la voz seguía audible.

Su red: Los Panidas, los diplomáticos, los discípulos

González perteneció, desde muy joven, al grupo de Los Panidas, la cofradía literaria fundada en Medellín hacia 1915 en la que convivieron León de Greiff —que sería el gran poeta bilingüe y musical del modernismo tardío colombiano—, el caricaturista Ricardo Rendón, el propio González, Pepe Mexía y otros. Los Panidas fueron el primer contragolpe estético contra la Medellín devota: un grupo de veinteañeros que leían a Nietzsche, a Wilde y a los simbolistas franceses en una ciudad donde los textos escolares oficiales acababan de prohibir a Silva. Que González saliera de allí es central: su formación intelectual no ocurrió en los seminarios ni en las tertulias del Rosario bogotano, sino en esa vanguardia provinciana, tan localista como cosmopolita, que releía Europa desde el Valle de Aburrá.

Su matrimonio con Margarita Restrepo, con quien tuvo varios hijos —entre ellos Fernando González Restrepo, que llevaría el nombre paterno hacia una generación posterior—, ancló su vida cotidiana en Envigado, en Otraparte, en una domesticidad campesina y letrada. En sus años de servicio exterior estableció relaciones con la burocracia del régimen —fue funcionario del Estado que la Regeneración había construido— sin dejar por eso de escribir contra los presupuestos ideológicos de ese Estado.

En Bogotá lo leían, aunque no siempre lo confesaran. Laureano Gómez, el gran ideólogo conservador que en 1928 había pronunciado las conferencias Interrogantes sobre el progreso de Colombia con un tono próximo al pesimismo cultural de Spengler, formulaba desde la derecha diagnósticos que en sus presupuestos —el escepticismo sobre la nación, la desconfianza en el pueblo, la conciencia de un país sin construir— coincidían más de lo que ambos hubieran querido admitir con los de González. La élite dirigente colombiana, liberal y conservadora, compartía en el fondo un mismo pesimismo cultural; González lo escribía sin la coartada del partidismo.

Su red póstuma es, quizás, la más rica. Estanislao Zuleta, hijo del amigo muerto en 1935, se convertiría décadas después en uno de los grandes pensadores colombianos de la segunda mitad del siglo XX, con un aire filosófico —el ensayo libre, la desconfianza del dogma, la atención al detalle moral— que reconoce sin dificultad su parentesco con Otraparte. Los nadaístas de Gonzalo Arango lo adoptaron abiertamente. Fernando Vallejo, que decidió, como Barba Jacob, Germán Pardo García, Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez, escribir buena parte de su obra en México —esa capital de asilo cultural que suplió durante décadas la indiferencia colombiana hacia sus artistas—, encontraría en el envigadeño un antecesor evidente en la práctica del panfleto lírico, la ironía moral y el ajuste de cuentas con Antioquia. La línea que va de Los Panidas a Vallejo pasa por Otraparte.

El pulso con la Iglesia y el Estado clerical

La condena eclesiástica de Viaje a pie en 1929 no es un episodio aislado ni pintoresco: es la manifestación puntual de un aparato de censura que estructuró la vida cultural colombiana durante la hegemonía conservadora y sobrevivió, con matices, hasta bien entrado el siglo XX. La Iglesia no solo dirigía la educación en virtud del Concordato de 1887; también intervenía directamente en la política electoral —desde la sede del arzobispado de Bogotá se tendía a designar al candidato conservador con participación del obispo primado, reduciendo el peso real de las urnas—, en la moral pública y en el consumo cultural.

Los ejemplos, contemporáneos o inmediatamente posteriores a González, son elocuentes. Los obispos González y Builes prohibieron en 1942 la lectura del diario liberal El Tiempo, en un gesto de censura de prensa directa por parte del episcopado; Builes, desde Santa Rosa de Osos, promulgó pastorales que condenaban el uso del pantalón por parte de las mujeres, con consecuencias policiales concretas para quienes desobedecieran. La Acción Católica, cuyo asesor eclesiástico era González Arbeláez, era decididamente proconservadora, incluso a ojos del historiador eclesiástico monseñor Restrepo Posada. El aparato eclesial funcionaba, todavía en los años cuarenta, como brazo ideológico del Partido Conservador, y aunque hubo obispos moderados como Luis Concha Córdoba, la tónica dominante seguía siendo militante.

En ese paisaje, la disidencia de González fue posible por una combinación de circunstancias: su origen antioqueño y su pertenencia a la burguesía letrada regional le daban protección social; su carrera diplomática lo mantuvo fuera del país durante los años más ríspidos; su prosa densa y aforística lo hacía menos accesible que un panfleto, más difícil de traducir en escándalo popular; y, sobre todo, la propia crisis del régimen conservador entre 1928 y 1930 debilitó la capacidad de la Iglesia de imponer condenas ejemplares. La prohibición de Viaje a pie llegó, en efecto, en el mismo año en que el orden que la dictaba comenzaba a resquebrajarse.

Esa disidencia, sin embargo, no se dio contra un poder ausente sino contra un poder que respondía. Que González no fuera desterrado —como lo había sido José María Vargas Vila en su momento, caso que aún imponía respeto y temor en el establecimiento— no significa que fuera acogido: significa, más bien, que la indiferencia había sustituido al destierro como mecanismo eficaz de marginación. Buena parte de la mejor literatura colombiana del siglo XX se escribió en el exilio o para el exilio, y aunque González permaneció en el país, la Colombia oficial supo apreciar sus libros sin ayudarlo nunca a escribirlos. Su modo de estar dentro fue estar en Otraparte: cerca, pero al margen.

Conviene no romantizar la disidencia. González no fue producido dialécticamente por el sistema regenerador; fue formado por él y tolerado en los bordes. El orden clerical no engendra críticos como parte de su funcionamiento normal: los expulsa, los ignora o los condena. Que un puñado sobreviviera y produjera obra —Vargas Vila desde el destierro, Barba Jacob desde México, Baldomero Sanín Cano desde la excepción cosmopolita, González desde Envigado— habla menos de una virtud dialéctica del régimen que de sus grietas represivas. La Colombia de la hegemonía conservadora fue, para la vida intelectual crítica, un país inhóspito; que hubiera figuras como González indica que la inhospitalidad no fue absoluta, no que fuera productiva.

Pero también sería falso presentarlo como un ajeno. González manejaba la teología, la filosofía escolástica, la retórica pastoral, la lengua del catecismo, porque en eso lo habían educado; escribía contra la Iglesia con el vocabulario de la Iglesia, y ese cuerpo a cuerpo íntimo daba a su prosa una fuerza que un mero anticlerical externo nunca habría alcanzado. En ese sentido preciso sí es el reverso del orden regenerador: no su producto necesario, pero sí su interlocutor más lúcido, alguien que conocía las contraseñas del sistema y podía por eso desmontarlo desde adentro.

Su huella

La proyección de Fernando González ha sido lenta y creciente, con la lógica típica de las figuras que el canon oficial tarda en admitir. Durante décadas circuló como referencia obligada de la intelectualidad antioqueña —con Otraparte convertida en lugar de peregrinación silenciosa— y como autor de culto para lectores que se lo pasaban de mano en mano. La Casa Museo Otraparte, en Envigado, se convirtió en centro cultural activo que preserva su archivo y prolonga su presencia pública.

La canonización institucional llegó tarde y por vía indirecta. Los grandes proyectos de canon del ensayo colombiano —la lista de Luis López de Mesa y la revista Cultura de finales de los años veinte, que servirían de base a la Selección Samper Ortega de Literatura Colombiana— fijaron un corpus de autores dignos de difusión sin proyectar particularmente a González. Solo décadas más tarde, en diciembre de 2016, la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana —coordinada por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional— publicó una edición de Viaje a pie en la serie de Ensayo, con presentación de Eduardo Escobar, en la misma colección que incluyó Idola Fori de Carlos Arturo Torres. El gesto lo colocaba, por fin, en el linaje del ensayo colombiano al lado de sus contemporáneos y adversarios, y reconocía que aquel libro condenado en 1929 era ya, sin discusión, parte del canon nacional.

Su influencia en la literatura colombiana posterior es difusa pero perceptible. La ironía moral y el ajuste de cuentas con Antioquia que se leen en Fernando Vallejo remiten a González; la tradición ensayística libre que va de Estanislao Zuleta a William Ospina se apoya, aunque no siempre lo confiese, en la posibilidad de un ensayo colombiano que no sea ni tratado académico ni columna de opinión sino algo intermedio y personal, un género que González ayudó a fundar en el país. El nadaísmo lo reivindicó explícitamente. Los estudios sobre el pensamiento colombiano del siglo XX —cuando se atreven a salir del eje bogotano— lo sitúan como una de las tres o cuatro voces filosóficas mayores del país, junto a Nicolás Gómez Dávila, Estanislao Zuleta y Rafael Gutiérrez Girardot.

Queda una tensión que su obra no cierra y que le da su fuerza persistente. Fue formado por el orden que la Regeneración construyó y no dejó nunca de ser antioqueño, católico —a su modo heterodoxo—, provinciano en el sentido literal de un hombre arraigado en su provincia. Fue, al mismo tiempo, el crítico más agudo de ese orden, de esa Iglesia y de ese provincianismo. No resolvió la contradicción; la habitó. Escribió desde Envigado contra la Envigado que lo había hecho, sin fingir venir de otra parte. Ese modo de estar —en la casa que se llamó, no por casualidad, Otraparte— define su lugar en la cultura colombiana: no el del exiliado que se libera cortando amarras, ni el del cortesano que hace las paces con el poder, sino el del disidente doméstico que no se va y no se deja asimilar.

La hegemonía conservadora terminó en 1930. Fernando González murió en 1964, sobreviviéndola por más de tres décadas y viendo cómo el país, tras el interludio liberal, la Violencia y el Frente Nacional, seguía discutiendo las mismas viejas cuestiones —la relación entre la Iglesia y el Estado, el peso de las regiones, la sombra de un catolicismo político— que él había planteado desde su viaje a pie de 1929. Su obra permanece porque esas cuestiones permanecen. Y porque una prosa como la suya, hecha de chispazos y pequeñas revelaciones, con la dureza limpia del aguafuerte, no se gasta con las décadas: se afila.

04

Conexiones del archivo

Red histórica

05

Archivo documental

Documentos y fragmentos citados

38 documentos · 47 fragmentos
01El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · Página 1261 cita
[1]

perspectiva nacional, extraordinariamente matizada en las localidades, dos regímenes políticos dominaron el periodo. Como veremos en las páginas y capítulos siguientes, tuvieron implicaciones en el modelo económico. Desde 1850 hasta 1885 hay un predominio liberal con breves interregnos entre 1854 y 1861. El régimen…

p. 126
02Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · Páginas 78, 1102 citas
[2]

elites sociales fre nte al ejército. D esde la atalaya de 1903, Jo s líder es conserv ador es parecieron co mprender cuán impracticable resultaba gobernar con excl usión absoluta de los liberales; y éstos, cuán imposible era d er rocar a sus adversarios mediante la sublevación armada. En 1903, cuando ya no había…

p. 78
[12]

Vaticano Primero, del Concilio Plenario de Obispos 1.a tinoa- mericanos, y las enseñanzas del Syl/alms, rechazaban los conceptos básicos de libera li smo, naturalismo, socialismo y racionalismo. En julio de 1902 se emitió otro juramento para los li berales que qui- sieran renegar; el arrepentido condenaba < < sin…

p. 110
03El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · Páginas 39, 444 citas
[3]

de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…

p. 44
[11]

de las bananeras: al ministro de Guerra y al general Cortés Vargas, quien ya había sido ascendido a director de la policía de Bogotá. Este contexto puso al bordo del abismo el reinado del Partido Conservador, que duraba desde 1886. El empujón final lo recibió en las elecciones de 1930 a manos de su principal aliado:…

p. 44
[33]

en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…

p. 39
[34]

en octubre de 1928, y que marcó la pauta en la concretización de un marco teórico altamente represivo. Colombia se adelantaba al Ministerio de la Defensa estadounidense —el Pentágono— en la formulación de doctrinas para combatir a lo que muchos años después se cono- cería como “enemigo interno”. Su eje central era…

p. 39
04Colombia and World War I and Its Aftermath, 1914–1921Jane M. Rausch · 2014 · Página 11 cita
[4]

ONE Colombia in 1914 In 1914 the republic of Colombia, located in the northwest corner of the South American continent with an area of 461,606 square miles and a population of 5,476, 604, seemed poised to embrace the twentieth century with a period of rapid development. 1 Having put aside the unstable poli- tics and…

p. 1
05De la derecha a la izquierda. La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 41, 692 citas
[5]

tuvo constante. ULTRAINTOLERANCIA CAPÍTULO 1 42 Este capítulo comienza con la llegada de Rafael Núñez por segunda vez a la presidencia (1884) y la elaboración de una Constitución conservadora en 1886. Esa Constitución, que se mantuvo, en esencia, hasta la redacción de la Constitución de 1991, fue notable por el nexo…

p. 41
[15]

se le permite al clero que participe en esta cia. e de política, sino que es de su estricta obli- gación el hacerlo/? Aquí, pues. vemos el argumento no ólo contra el liberalismo (nada nuevo se ofrece realmente en este año), sino también el argumento para involucrarse en la políti- ca: el arzobispo definió la política…

p. 69
06Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · Página 1921 cita
[6]

libertad obtenida en la década anterior, culminó con medi- das más drásticas frente a la Iglesia: la tuición de cultos y la desamortización de bienes de manos muertas. Durante los años 70, los liberales radicales instituyeron la educa- ción laica y obligatoria, otro factor más que se convirtió en elemento de choque…

p. 192
07Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · Página 1701 cita
[7]

1991, cuando la Asam- blea Nacional Constituyente aprobó una nueva Carta. Bases económicas y religiosas Para llevar a cabo el proyecto de la Regeneración, Núñez tuvo que sentar unas bases económicas acordes con la centralización. Con el fin de tener una emisión de dinero que cubriese la totalidad del país, durante su…

p. 170
08Historia abierta del arte colombianoMarta Traba · 2016 · Página 1141 cita
[8]

y en los embates recurrentes contra «la perversión de lo moderno». Los retratistas de la burguesía trabajan bajo la égida del centenarismo. En 1900 el Partido Nacional pierde el poder en Colombia y comienza a gobernar el conservatismo, definiéndose como el «triunfo de las oli- garquías y del individualismo», mientras…

p. 114
09Nosotros y los otros: las representaciones de la nación y sus habitantes Colombia, 1880-1910Amada Carolina Pérez Benavides · 2015 · Página 1971 cita
[9]

organización política federalista a uno centralista. El catolicismo fue declarado como la reli- gión de la nación y la libertad de cultos se mantuvo mientras no fueran contra- rios a la moral cristiana ni a las leyes, además, se dictaminó que la educación pública sería organizada y dirigida en concordancia con la…

p. 197
10La subversión en Colombia. El cambio social en la HistoriaOrlando Fals Borda · 2008 · Página 1501 cita
[10]

- cordato con la Santa Sede es aprobado en 1888, que concede a la Iglesia pleno control sobre la educación nacional, total autonomía de gobierno, el fuero eclesiástico antes disputado y ventajas fiscales. Dispone también que se indemnice a la Iglesia del perjuicio por la desamortización de sus bienes, mediante pagos…

p. 150
11Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · Página 501 cita
[13]

la sociedad (trabajadores asalariados principalmente, pero también campesinos e indígenas y sectores medios urbanos), el conservatismo perdió terreno político para las cruciales elecciones de 1930. La división en dos candidaturas y el errático comportamiento de la Iglesia --cuyos jerarcas vacilaron en apoyar a uno u…

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12El orangután con sacoleva: cien años de democracia y represión en Colombia (1910-2010)Francisco Gutiérrez Sanín · 2014 · Página 931 cita
[14]

protestado abiertamente contra las ilegalidades de la Hegemonía y su intento de excluir al adversario; en esto no estuvo solo). Y en efecto los nuevos diseños tuvieron al menos dos consecuencias positivas e importantes. Primero, atrajeron al Parti do l iberal al camino de la legalidad. Aquí es necesario ser un poco…

p. 93
13De la derecha a la izquierda: La Iglesia Católica en la Colombia contemporáneaMichael J. LaRosa · 2000 · Páginas 69, 802 citas
[16]

buenas costumbres. no sólo se le permite al clero que participe en esta cia. e de política, sino que es de su estricta obli- gación el hacerlo/? Aquí, pues. vemos el argumento no ólo contra el liberalismo (nada nuevo se ofrece realmente en este año), sino también el argumento para involucrarse en la políti- ca: el…

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reflejaba la rápida caída de la demanda mundial de produc- tos agrícolas, entre ellos de café. En 1925, la industria colombiana empleaba a 65.100 trabajadores; en 1931, ese número había disminuido a 42.402 trabajadores. Esta 1930: LOS CONSERVADORES SE DIVIDEN, LLEGAN LOS LIBERALES posterior al 9 de abril de 1948,…

p. 80
14La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · Página 81 cita
[17]

ha escogido a Medellín (y a Antioquia) como uno de los ejemplos principales. Los marxistas también se han lanzado a los estudios antioqueños, mas ponen el acento en la estratificación de clases y los consiguientes conflictos, negándose a llegar al nivel de la acción humana individual y de las configuraciones…

p. 8
15Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 2331 cita
[18]

extol its ability to react to anti- clerical attacks. 11 In spite of their discrepancies, Liberals and Conservatives coincided in their fascination with European fashion, taste, and etiquette, and in sev- eral themes which they identified with culture: civic spirit, literary movements, temperance, social clubs, and…

p. 233
16Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · Página 2331 cita
[19]

extol its ability to react to anti- clerical attacks. 11 In spite of their discrepancies, Liberals and Conservatives coincided in their fascination with European fashion, taste, and etiquette, and in sev- eral themes which they identified with culture: civic spirit, literary movements, temperance, social clubs, and…

p. 233
17Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · Página 5281 cita
[20]

sjó v e n e se s c r i t o r e sTomás C a r r a s q u i l l ayF r a n c i s c ode PaulaRendón,a s ícomo a e s c r i t o r e s consagrados y hombres de c i e n c i a como Manuel Uribe Ángel, Camilo Botero Guerra,Pedro Nel Ospina y E f eGómez9. Al r e s p e c t o,e lh i s t o r i a d o rFernando Molina Londoño a s e g u…

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18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 371 cita
[21]

y el Bajo Atrato chocoano 37. El paisaje antioqueño que parece haberse fijado en la imaginación de los colom- bianos –y de los propios antioqueños de las subregiones del centro– es el andino, pues al departamento lo cruzan dos ramales de los Andes de paso hacia su destino final al norte de Colombia, en la región…

p. 37
19Breve historia de la narrativa colombiana. Siglos XVI-XXSebastián Pineda Buitrago · 2012 · Páginas 158, 1622 citas
[22]

cordato de 1887: “En las universidades y en los colegios, en las escuelas y en los demás centros de enseñanza, la educación e instrucción pública se organizará y dirigirá en conformidad con los dogmas y la moral de la Religión Católica” (tomado de José David Cortés Guerrero, “Regeneración, intransigencia y régimen de…

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mo una empresa cultural propia el difícil desarrollo de su provincia, a juzgar por su libro Francisco Javier Cisneros y el ferrocarril de Antioquia (Medellín, 1924), en el que narró bellamente las hazañas de quienes se aventuraron en semejante construcción. 65 Ibíd., p. 68. 165 c uarta P arte ENTREGUERRAS O ENTRE LAS…

p. 158
20Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · Páginas 53, 4862 citas
[23]

Jaramillo Uribe has called “the polemic of the textbooks.” 27 Conservatives like Miguel Antonio Caro, writing in the party newspaper El Tradicionalista, complained that the state was confusing its obligation to educate with the Church’s right to indoc- trinate. It was clear to Caro and his copartisans that the state,…

p. 53
[41]

colombianos. Vol. 2 of Comunismo, socialismo, liberalismo. Bogotá: Tipografía “Colón,” 1942. Gómez, Laureano. “Bodas de Plata.” In Recuerdo de las bodas de plata del Colegio Nacional de San Bartolomé. Bogotá: Imprenta Eléctrica, 1910, 59–63. ———. Comentarios a un régimen. 3d ed. Bogotá: Editorial Minerva, 1934. ———.…

p. 486
21The Ideal of the Practical: Colombia's Struggle to Form a Technical EliteFrank Safford · 1976 · Página 3701 cita
[24]

century, 241; for upper class, 75-79, 115, 153-154; voluntarist efforts and, 63-69 Industrial expositions, 66-67 Industrial training. See Industrial edu- cation Institute of Natural, Physical, and Mathematical Sciences, Bogotá, 125, 127 Instituto Caldas, 65, 68 Iron manufacture, 191-192 Irurita, José Rafael, 105…

p. 370
22Historia mínima de ColombiaJorge Orlando Melo · 2017 · Página 1841 cita
[25]

las ciudades la asistencia era de nueve a ñ os. La secundaria, en ciudades intermedias y grandes, qued ó en manos de colegios privados, usualmente religiosos, aunque edu cadores liberales abrieron instituciones privadas para los que no quer í an educaci ó n confesional. En Bogot á, Medell í n, Cali y otras ciudades,…

p. 184
23Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · Página 201 cita
[26]

eran novedosos textos en el campo de la historia.¹⁴ IV En 1964, al terminar mis estudios curriculares en la centenaria Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, como era de rigor en esa época para obtener el título de abogado, debía cumplir con los exámenes preparatorios y presentar una tesis de grado,…

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24Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · Página 6311 cita
[27]

carec í a de los presupuestos culturales m á s elementales para aceptar y cultivar una ciencia rigurosa. En la. cuna universitaria de la Rep ú blica, en el Colegio Mayor de Nuestra Se ñ ora del Rosario, se segu í a comentando el tomismo con un fer vor y fanatismo tan anacr ó nicos que daban la justificada impre si ó n…

p. 631
25Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · Página 2131 cita
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la Regeneración. CuADRO 1v.6. Estudiantes en las escuelas elementales durante la segunda mitad del siglo x1x 1847 29.118 1852 21.937 1870 60.155 1873-74 83.626 1881 71.070" 1890 99.215 1893 104.463 1897 137.482 1905 165.062 @ Excluye a Santander, donde había unos 14.000 alumnos. FUENTE: Felipe Pérez, Geografía general…

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26Viaje a pieFernando González · 2016 · Páginas 1, 112 citas
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FERNANDO GONZÁLEZ ensayo vi A j E A pi E FERNANDO GONZÁLEZ vi A j E A pi E ensayo González, Fernando, 1895-1964, autor Viaje a pie [recurso electrónico] / Fernando González; [presentación, Eduardo Escobar]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2016. 1 recurso en línea: archivo de texto PDF…

p. 1
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sembrar la nueva pro- mesa de una nación hecha de promesas desde El Dorado: el café. A la saga se le han dedicado un montón de libros científicos y poéticos. Y un montón de bambucos de una inmensa melancolía. Fernando González prueba en Viaje a pie todas las características del que habría de ser su estilo, su marca.…

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27Nueva Historia de Colombia, Vol. II: Historia Política 1946-1986Alvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Catalina Reyes Cárdenas, Arturo Alape, Gonzalo Sánchez, Gabriel Silva Luján, Medófilo Medina, Alvaro Valencia Tovar, Fernán González · Página 3751 cita
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y caída de la hegemonía conservadora en 1930. padre Jorge y su hermano Luis, que más tarde también sería sacerdote), por negarse a poner a la JOC bajo la directa dependencia de la Acción Ca- tólica. Los Murcia contaban con el apoyo de monseñor Perdomo y del obispo de Ibagué, Pedro María Ro- dríguez: incluso, el nuncio…

p. 375
28Mi cuerpo es la verdad. Experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · Página 1181 cita
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educación y la participación política, e incluso censuró y controló su forma d e vestir, entre muchos otros aspectos: «Si por aquella época monseñor Builes lanzó una pastoral contra la moda, condenando el uso de pantalones para la mujer [...], también es cierto que, en plena República Liberal, en Medellín, las…

p. 118
29Nueva Historia de Colombia. Vol. VI: Literatura y Pensamiento, Artes, RecreaciónÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Andrés Holguín Holguín, Juan Gustavo Cobo Borda, Luis Antonio Restrepo Arango, Enrique Santos Calderón, Eduardo Serrano Rueda, Alberto Saldarriaga Roa, Lorenzo Fonseca Martínez, Carlos José Reyes Posada, Luis Alberto Álvarez Córdoba, Otto De Greiff Haeusler, Hernando Caro Mendoza, Gloria Triana Varón, Daniel Samper Pizano, Mike Forero Nougués, Boris De Greiff Bernal · Página 431 cita
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Chile; Emilio Adolfo West- phalen, en el Perú — Las ínsulas extra- ñas es de 1931 y Abolición de la muer- te, de 1935—; José Lezama Lima, en Cuba: Enemigo rumor es de 1941; Jor- ge Carrera Andrade, en el Ecuador; Pablo Antonio Cuadra y Carlos Mar- tínez Rivas, en Nicaragua... Los gér- menes renovadores a los cuales no…

p. 43
30Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · Página 1691 cita
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manes, italianos, colombianos...; en su Idola Fori, obra de mucha influen- cia en la Generación del Centenario, la influencia quizás más notable es la del uruguayo Rodó. Carlos Uribe Ce- lis, en su reciente libro Los años veinte en Colombia, ideología y cultura, se- ñala la persistente influencia de Taine y de la…

p. 169
31Pa que se acabe la vainaWilliam Ospina · 2013 · Página 631 cita
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país. Porque aquí nadie los expulsaba, ni siquiera había ya el respeto y el temor que tuvieron por Vargas Vila y que los llevó a desterrarlo. Ahora les daba igual. Colombia era capaz de apreciar los libros, pero no de ayudar a escribirlos. Un artista estaba abandonado a su suerte, y lo más probable es que no se…

p. 63
32Marijuana Boom: The Rise and Fall of Colombia's First Drug ParadiseLina Britto · 2020 · Página 1631 cita
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because of Cuban penetration but because a new generation of fighters came of age who had been raised during the war and for whom “the only meaning of their actions was an exercise of retaliation and vengeance.” 94 The destitute and traumatized peasant youth who made up bandolero armies allegedly smoked marijuana…

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33Conversaciones con Estanislao ZuletaEstanislao Zuleta · 2020 · Página 2301 cita
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Velásquez, y dos años más tarde, y a la usanza antioqueña, de ese matrimonio ya tenían dos hijos. La familia se había trasladado a Bogotá, donde el joven abogado de 29 años era asesor de una compañía de petróleos. Pero como había abierto en Medellín una oficina con Fernando Isaza, debía viajar con frecuencia a esta…

p. 230
34Historia y nación. Tentativas de la escritura de la historia en ColombiaAlexander Betancourt Mendieta · 2020 · Página 151 cita
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cultural”. 43 Los presupuestos teóricos y este tipo de conclusiones del eximio representante liberal coincidían con las del líder conservador Laureano Gómez. Más allá del ámbito electoral y de las disputas por el poder local y nacional, los grupos dirigentes colombianos tienen claras coincidencias. Imbuido por la…

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35Idola ForiCarlos Arturo Torres · 2016 · Página 11 cita
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idola fori C arlo S ar TU ro T orr ES C arlo S ar TU ro T orr ES idola fori ensayo Torres, Carlos Arturo, 1867-1911, autor Idola Fori [recurso electrónico] / Carlos Arturo Torres; [presentación, Rubén Sierra Mejía]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2016. 1 recurso en línea: archivo de…

p. 1
36La biblioteca aldeana de Colombia y el ideario de la República Liberal, 1934-1947. Bibliotecas y cultura en AntioquiaHernán Alonso Muñoz Vélez · 2014 · Página 1231 cita
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ese tipo de escritos son escasos. Samper Ortega se apoyó en la lista que López de Mesa y los editores de la Revista Cultura realizaron a finales de la década de 1920. El resultado fue que de los cien autores seleccionados por el antioqueño, 36 fueron retomados por Samper Ortega, aunque no de todos los au - tores las…

p. 123
37Gran Enciclopedia de Colombia. Tomo 7: InstitucionesRoberto Hinestrosa Rey (Director Académico), Sandra Morelli Rico (Coordinación Académica) · 1993 · Página 1231 cita
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no se iniciase tna investigación respecto de Los erí- menes cometidos y mientras nose ex pidiera una ler electoral. El afán de colaboración enarbolado poros “civi listas”, según Gerardo Molina, escon- día el deseo de codirigir el desarrollo económico al que asistía el país, forta- tecido por capitales extranjeros; no…

p. 123
38Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · Página 4121 cita
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de periodistas liberales de Mede lIín,Marla Cano se preocupó muy pronto por los sufrimientos de los po bres. Para fines de los años veintes se había convertido en símbolo de los obreros rebeldes y en una oradora capaz de electrizar a las multitudes de trabajadores que acudían a escuchar su apasionada retórica y las…

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