Envigado
“Envigado encarna una paradoja colombiana difícil de resolver: el mismo suelo que nutrió a Fernando González Ochoa y a los Panidas, y que se enorgulleció de su biblioteca y su tejido asociativo, fue también el laboratorio organizacional del Cartel de…”
Envigado es un municipio del sur del Valle de Aburrá, en el departamento de Antioquia, cuya trayectoria concentra, como pocos lugares en Colombia, las dos caras de la modernización paisa: la del capital, la manufactura y la vida intelectual de vanguardia, y la del narcotráfico global convertido en poder territorial. Erigido como parroquia en el siglo XVIII, integrado a la aglomeración metropolitana de Medellín desde mediados del XX y hoy sede residencial de una parte importante de la élite antioqueña, Envigado fue también el pueblo donde Pablo Escobar Gaviria echó raíces criminales, donde diseñó la cárcel de la que se fugó y donde nació la primera oficina de cobro, embrión de lo que después se llamaría, sin eufemismo, la Oficina de Envigado. La misma trama social —densa, mercantil, autónoma, mestiza y móvil— que produjo a los Panidas y a Coltejer produjo también el aparato logístico y humano sobre el que se montó una corporación criminal continental.
Un municipio en el sur del valle
Envigado se asienta en el flanco oriental del sur del Valle de Aburrá, entre Medellín al norte, Itagüí al occidente y Sabaneta al sur, en un tramo del valle fluvial donde el fondo plano cede a laderas que ascienden hacia la cordillera. El valle —descubierto por Jerónimo Luis Tejelo en 1541— es una fosa entre montañas por la que corre el río Medellín, o Aburrá, y sobre cuyas paredes se han desplegado, primero, sucesivos poblados de origen colonial y, después, en el siglo XX, una conurbación densa que hoy funciona como un solo tejido urbano. El clima templado que le valió a Medellín el apodo de Ciudad de la Eterna Primavera es también el de Envigado: alturas moderadas, temperaturas estables, régimen de lluvias bimodal.
Esa geografía es más que telón de fondo. Explica por qué Envigado, siendo administrativamente un municipio distinto, no puede pensarse sin Medellín: la ciudad principal se despliega desde el fondo del valle, trepa por las laderas y, en su expansión hacia el sur, absorbió funcionalmente a Envigado sin borrarlo. El municipio conserva jurisdicción, cabildo e identidad —sus habitantes se llaman a sí mismos envigadeños, no medellinenses— y comparte con Medellín el mercado laboral, el sistema de transporte, los flujos migratorios y, en buena medida, el destino económico. Sitios como El Escobero, vereda oriental que trepa hacia el altiplano, o el Cerro de las Tres Cruces —hito paisajístico compartido con Medellín— marcan los bordes de un territorio que oscila entre lo urbano consolidado del Parque Principal y lo rural residual de las veredas altas.
De sitio a parroquia: los orígenes coloniales
La Nueva Granada colonial organizó su poblamiento en una jerarquía escalonada: sitio, viceparroquia, parroquia, villa y ciudad. La posición de una comunidad en esa escala no era mera tramitación administrativa: definía identidad, prestigio y capacidad de emulación frente a los vecinos. Ese localismo tuvo especial arraigo entre la población mestiza —numerosa en Antioquia—: sin escudo de armas ni linaje que exhibir, un hombre era, ante todo, vecino de tal parroquia, feligrés de tal iglesia, comprador y fiador conocido en tal plaza. La pertenencia se demostraba con presencia en la misa dominical, con la firma de un pagaré ante testigos del pueblo, con el apellido reconocido en dos o tres calles a la redonda. Envigado se formó dentro de esa lógica: primero como sitio de labradores en la ruta hacia Medellín, luego como viceparroquia y finalmente como parroquia erigida en las últimas décadas del siglo XVIII, siguiendo el patrón según el cual poder civil y poder eclesiástico se articulaban en la fundación y crecimiento de los pueblos.
El núcleo urbano se organizó, como en tantas fundaciones hispanoamericanas, alrededor de una plaza cuadrangular flanqueada por la iglesia y la casa de gobierno —los dos símbolos del poder colonial—, con un trazado en retícula que ordenaba solares y calles. En Envigado ese esquema sobrevive en el Parque Principal y su iglesia, aún hoy centro simbólico del municipio. El proceso replicaba modelos y normas compartidas por toda la América española, ajustados por el fundador local a la topografía disponible. Lo singular era el sustrato social. Antioquia contaba con más población blanca, homogénea y libre que el resto del virreinato, y esa composición —sumada a la ausencia relativa de grandes haciendas esclavistas— configuró una sociedad de numerosas y pequeñas unidades de producción, mineras y campesinas, articuladas por vínculos mercantiles intensos. Envigado, parroquia agrícola y de labradores en las tierras templadas del sur del valle, participaba de esa economía menuda y mercantilizada que sería el sustrato del auge posterior.
Ese perfil de labradores pequeños, propietarios modestos y comerciantes de tramo corto marcó desde temprano una cultura del trabajo que combinaba el apego a la parcela con la disposición al trato: se vendía en Medellín, se traía sal y herramienta, se prestaba y se cobraba entre vecinos con una formalidad que dependía tanto del papel como del apellido. Esa mezcla de cercanía y contabilidad —de vínculo personal y práctica mercantil— fue el rasgo que Envigado arrastró consigo hasta bien entrado el siglo XX.
Del mazamorreo a la fábrica
Durante el siglo XIX, Antioquia vivió simultáneamente dos procesos que le dieron su fisonomía moderna. Uno fue demográfico: entre 1843 y 1912 la región creció casi al doble del promedio nacional y se puso a la cabeza de los estados soberanos colombianos. Detrás del dato hay una combinación conocida —colonización del occidente montañoso, mejores condiciones de nutrición, salubridad y educación— que se traducía en más nacimientos y menos muertes tempranas. El segundo proceso fue económico, y tuvo su corazón en el oro. La minería antioqueña se sostenía sobre los mazamorreros: unos doce mil de los quince mil mineros en los años pico del siglo, responsables de la cuarta parte del oro exportado desde la región. Trabajaban sin capital ni maquinaria, con bateas de madera talladas a mano, siguiendo los depósitos superficiales de aluvión, moviéndose con extrema facilidad de una quebrada a otra. Alrededor de un tercio eran mujeres.
Esa cultura del rebusque móvil, mercantilizado y familiar dejó una impronta que Envigado, aunque no era pueblo minero, compartió: el mismo temperamento comerciante, el mismo apego al pequeño negocio, la misma disposición a moverse. Cuando en las primeras décadas del siglo XX el Valle de Aburrá se convirtió en el principal foco industrial del país, esa mano de obra —disciplinada, relativamente alfabetizada, acostumbrada al trato mercantil— fue el insumo humano de las fábricas.
La industrialización antioqueña avanzó sobre el sector textil y sobre un abanico amplio de manufacturas: fósforos, cigarrillos, chocolates, gaseosas, calzado, vidrio, loza, fundiciones y la ferrería de Amagá. En apenas quince años se plantaron los cimientos: la Compañía Antioqueña de Tejidos en 1904, la Compañía Colombiana de Tejidos —Coltejer— en 1907. Para mediados de los años sesenta la textilería colombiana encabezaba el país en empleo y valor del producto, y los lectores de la época gustaban de comparar al Valle de Aburrá con la Inglaterra industrial. Envigado no fue polo textil de primera línea —esa distinción correspondía a Medellín, a Bello y, en el ámbito nacional, a la fábrica Obregón de Barranquilla—, pero participó como municipio de la aglomeración: aportó mano de obra, hospedó talleres y pequeñas plantas, y quedó ligado al sistema industrial regional. En ramas como la cerveza, los cigarrillos, las gaseosas, el chocolate y los talleres metalúrgicos hubo, además, cierta continuidad entre la manufactura tradicional artesanal y la fábrica moderna: los oficios preexistentes se reacomodaron dentro de las nuevas escalas.
Ese suburbio no crecía solo por su propio impulso. La fábrica atraía brazos, y los brazos venían del campo. Lo que a comienzos del siglo XX era un pueblo agrícola cosido al valle textil iba a transformarse, en tres generaciones, en una pieza más del gran embudo demográfico que reorganizó a Colombia entera.
Explosión demográfica y absorción metropolitana
El siglo XX transformó a Colombia de país rural en país urbano, y a Envigado de parroquia agrícola en municipio metropolitano. En 1938 solo el 31% de los colombianos vivía en cabeceras municipales —2,7 millones frente a 6 millones en el campo—; para el censo de 2005 esa proporción llegaba al 86%, con 35,6 millones de personas en condiciones urbanas. El giro fue especialmente violento en las décadas de 1960 y 1970, cuando el crecimiento demográfico nacional rondó el 3% anual y la migración del campo a la ciudad reconfiguró el mapa del país. Medellín, que entre 1918 y 1938 había crecido un 38,4% —por debajo de Barranquilla, Bogotá, Cali, Armenia, Montería y Villavicencio, pero muy por encima de la media de las capitales departamentales—, se convirtió a partir de los cincuenta y sesenta en una máquina de absorción urbana que desbordó sus límites administrativos.
Envigado fue uno de los receptores directos de ese desbordamiento. Municipios que hasta mediados del siglo eran pueblos claramente diferenciados —Envigado, Itagüí, Sabaneta, Bello, La Estrella— quedaron cosidos al tejido continuo de la ciudad principal, y sus economías, sus barrios y sus servicios se integraron a la lógica metropolitana. En el caso de Envigado, esa integración tomó una forma específica: el sur del valle se consolidó como zona residencial de sectores medios y altos, con El Poblado —barrio de Medellín contiguo a Envigado— como epicentro de la nueva riqueza. Envigado creció como extensión natural de esa geografía del capital: barrios de casas amplias, calles arboladas, comercio de servicios, y una identidad municipal que se cultivó con esmero para no ser tragada del todo por Medellín.
Ese municipalismo altivo, orgulloso de su cabildo y su parque, celoso de sus fiestas patronales y de sus escritores, viene de la vieja tradición colonial de emulación entre poblaciones y del localismo mestizo que hacía de la vecindad su blasón. Envigado modernizó su servicio de aseo, cuidó su ornato, sostuvo una biblioteca municipal robusta, se preció de su tejido asociativo. Mientras eso ocurría en la superficie, otra cosa se organizaba en el subsuelo del municipio.
Fernando González y la vanguardia envigadeña
Antes de la palabra Escobar, la palabra Envigado remitía en Colombia a Fernando González Ochoa. Nacido en 1895 y muerto en 1964, González fue uno de los miembros más visibles de los Panidas, la cofradía de poetas, pintores y caricaturistas que publicó diez números de la revista Panida con ensayos, versos e historias, y que dio a Medellín su bohemia moderna. Al grupo pertenecían León de Greiff, que traía al español una música verbal cargada de germanismos y neologismos; Ricardo Rendón, el caricaturista mayor del país en su generación, cuyo lápiz desnudaba a los políticos de la Regeneración tardía; Félix Mejía Arango, que firmaba Pepe Mexía; el propio González, todavía joven abogado; Libardo Parra Toro, conocido como Tartarín Moreira; y José Gaviria Toro. Se reunían en los cafés El Globo, El Blumen, La Bastilla y el Chantecler —mesas de mármol, humo espeso, discusiones sobre Nietzsche y sobre las señoritas del Parque de Berrío—, en una ciudad que por primera vez ensayaba una vida intelectual comparable a la de las capitales.
González hizo de Envigado su lugar de residencia y de trabajo. En su finca del municipio —espacio hoy convertido en Casa Museo— escribió buena parte de su obra, entre ella Viaje a pie, que el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional de Colombia reeditaron en formato digital en 2016 dentro de la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana. Fue amigo cercano de Estanislao Zuleta Ferrer, padre del filósofo Estanislao Zuleta, quien lo visitó en Medellín el 23 de junio de 1935 y al día siguiente abordó el vuelo de SCADTA en el que murió junto a Carlos Gardel. Ese detalle biográfico, menor en apariencia, sitúa a González en el centro de la red intelectual y sentimental de una época, y a Envigado como uno de sus lugares gravitacionales.
La huella de esa Envigado ilustrada persiste. En los índices de las enciclopedias colombianas el municipio aparece referenciado en distintas entradas —a veces en la vecindad del futbolista Andrés Escobar, cuya muerte en 1994 tras el Mundial marcó otra herida de la Antioquia contemporánea—, y esa proximidad de menciones es la forma editorial de un hecho más profundo: Envigado ha producido, de manera desproporcionada para su tamaño, figuras de la cultura, el deporte y la política colombianas.
El nacimiento de una infraestructura criminal
La misma finca desde donde González escribía sobre la vida contemplativa quedaba a pocos kilómetros del lugar donde, medio siglo más tarde, se levantaría el aparato criminal más poderoso del hemisferio. La continuidad geográfica es literal, y la contradicción, insoportable: el mismo municipio que se enorgullecía de su filósofo y de su biblioteca municipal fue el laboratorio administrativo del Cartel de Medellín. La Envigado ilustrada no fue reemplazada por la Envigado criminal; convivieron, se cruzaron en calles, colegios y parroquias, y compartieron, a veces, los mismos apellidos.
En algún momento de comienzos de los años ochenta, cerca del pueblo natal —o de crianza, según la versión— de Pablo Escobar, se estableció la primera oficina de cobro conocida: un lugar donde se reunían guardaespaldas y sicarios para recibir órdenes y pagos, y donde personas ajenas al negocio del narcotráfico podían intermediar sus quejas. La descripción es aparentemente prosaica —un espacio de coordinación logística— y por eso mismo reveladora: lo que Escobar hizo en Envigado no fue simplemente delinquir desde allí, sino inaugurar una forma organizacional. La oficina era administración: un despacho paralelo, con horarios, jerarquías, servicios al público y contabilidad. Que naciera en Envigado, y no en Medellín, no es casualidad. El municipio ofrecía discreción, autonomía relativa frente al aparato de seguridad de la capital departamental y una comunidad donde los vínculos personales podían tejer una red rápida de lealtades.
Sobre esa base, Escobar construyó el Cartel de Medellín como corporación criminal multinacional. Sustituyó a las mulas individuales por flotas de camiones y aeronaves capaces de enviar toneladas de cocaína refinada a Estados Unidos, y para comienzos de los años ochenta Colombia controlaba ya toda la cadena del negocio: desde el cultivo de coca hasta la producción de la droga refinada y su distribución a los mercados del norte, con los carteles de Medellín, Cali y el Norte del Valle como núcleos dominantes. El aparato militar del Cartel de Medellín combinaba sicarios —jóvenes asalariados que operaban en escenarios urbanos— con paramilitares desplegados en el medio rural, disputándoles a las guerrillas el control de lugares estratégicos.
Envigado no era solo la sede administrativa: era el hábitat cotidiano de Escobar y su entorno. Los recursos del narcotráfico ingresaron masivamente a la política del Valle de Aburrá desde principios de los ochenta, y los capos de Medellín invertían su dinero preferentemente en el sur del valle —donde queda Envigado, El Poblado y Sabaneta—, mientras que en el norte, alrededor de Bello, el gasto principal era en capital humano: el ejército de los narcos. Esa geografía económica del crimen no es un dato menor: significa que Envigado se convirtió, en pocos años, en receptáculo físico de una riqueza ilícita masiva —fincas, edificios, negocios, contribuciones filantrópicas visibles— sin que su fisonomía municipal cambiara del todo.
El vínculo se formalizó también desde el poder local. En 1984 existía en Envigado un cuerpo denominado Seguridad y Control, compuesto por civiles armados por la Policía, que fue señalado de cometer violaciones de derechos humanos y de operar como red de protección del narcotráfico; ese cuerpo aparece como uno de los eslabones históricos de lo que sería la Oficina de Envigado. No se trató únicamente de infiltración criminal en un municipio inerme, sino de la constitución de una estructura híbrida en la que el aparato de seguridad local, elementos civiles armados y la red criminal se articularon.
La Catedral y el fin del capo
El 19 de junio de 1991, tras la eliminación de la extradición en la nueva Constitución colombiana, Pablo Escobar se entregó a la justicia. Fue recluido en La Catedral, una prisión de lujo que él mismo diseñó en las montañas sobre Medellín, en jurisdicción de Envigado. El lugar era menos cárcel que cuartel general: desde allí siguió operando el cartel, recibiendo visitas y ejerciendo violencia. El 21 de julio de 1992, cuando el gobierno decidió trasladarlo, Escobar se fugó. Comenzó entonces la fase más sangrienta de su declive.
De esa fuga nació una alianza que reordenó el mapa criminal del país. Los Perseguidos por Pablo Escobar —los Pepes— fueron una coalición que sumó a los hermanos Fidel y Carlos Castaño, al Cartel de Cali con sus sicarios, a agencias estadounidenses y a la Policía y el Ejército colombianos, con un objetivo único: derrotar a Escobar. Su método fue una campaña sangrienta que torturó y asesinó a cientos de abogados, financiadores y subordinados del capo, y a sus familiares. El 2 de diciembre de 1993, Escobar fue asesinado en Medellín. La ciudad y su municipio del sur entraron entonces en una fase distinta: no de pacificación, sino de recomposición.
La Oficina de Envigado, o la sobrevida del aparato
La muerte de Escobar no desmontó la infraestructura criminal que había construido: la reorganizó. Los grupos que le habían servido, y los que lo habían combatido, entraron en una fase de reacomodo de la que emergió, como estructura dominante en el Valle de Aburrá, lo que empezó a llamarse la Oficina de Envigado, heredera directa de aquella primera oficina de cobro de los años ochenta. Su hegemonía no se sostuvo en la personalidad de un solo capo, sino en algo más difícil de desarticular: alianzas con bandas ubicadas en distintas zonas de la aglomeración metropolitana, útiles tanto para el narcotráfico como para las economías criminales urbanas —extorsión, sicariato, control territorial de comunas—.
La figura que encarna esa transición es Diego Fernando Murillo Bejarano, alias Don Berna. Durante la persecución final a Escobar, Don Berna operó como enlace entre los Pepes, la Policía y la DEA; agentes estadounidenses como Chris Feistl confirmaron su papel de intermediario, y hombres suyos habrían actuado incluso como guardaespaldas de la DEA en misiones fuera de la base. En marzo de 1996, temiendo represalias tras la muerte de un jefe del Cartel de Cali, huyó a Valencia, territorio de los Castaño en Córdoba. Ese refugio no fue exilio sino ampliación: desde allí Don Berna extendió las redes de la oficina hacia la exportación de cocaína por puertos de la Costa Caribe y organizó su propio bloque paramilitar, el Bloque Héroes de Tolová, dentro de la constelación de las Autodefensas Unidas de Colombia.
La violencia asociada a esa red no se limitó al negocio. La banda La Terraza, enlazada con las AUC a través de Don Berna, asesinó entre 1996 y 1999 a varios dirigentes políticos, defensores de derechos humanos, investigadores y profesores universitarios que denunciaban el paramilitarismo y sus nexos con la fuerza pública. En 2007, Don Berna ordenó el asesinato de Pacho Cifuentes por oponerse a entregar a la Oficina de Envigado el control de las rutas de narcotráfico que salían del norte del Chocó, rutas que Cifuentes manejaba en alianza con el Cartel de Sinaloa desde 2003. El dato es clave: para entonces, la Oficina no era ya una estructura local, sino un nodo dentro de una red transnacional articulada con los grandes carteles mexicanos.
La desmovilización paramilitar de mediados de los dos mil no desactivó la oficina: apenas dejó al descubierto sus disputas internas. La confrontación entre las facciones de alias Valenciano y alias Sebastián por la sucesión del mando de Don Berna —encarcelado y extraditado— sacudió el orden público de Medellín y Envigado hasta que la detención de Valenciano el 28 de noviembre de 2011 y la de Sebastián el 8 de agosto de 2012 desactivaron la guerra abierta, sin resolver del todo la disputa por la jefatura. En paralelo, los Urabeños —Autodefensas Gaitanistas de Colombia— ingresaron a Medellín aprovechando el caos generado por las divisiones de la oficina, con la intención de imponerse en la ciudad. Ese enfrentamiento sigue vivo. En el balance de inseguridad humana de las ciudades colombianas del período 2003-2008, Medellín figuró entre las de mayor índice —segunda en 2003 y 2004—, con mejorías relativas en los años posteriores, pero sin cerrar el ciclo.
Envigado en la política nacional
La órbita política de Envigado desborda el municipio. Álvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia entre 2002 y 2010 y gobernador de Antioquia entre 1995 y 1997, construyó su carrera sobre una base antioqueña con raíces familiares y de propiedad rural en el sur del Valle de Aburrá y en el oriente cercano. Esa geografía no es anecdótica: es el mismo corredor donde se cruzaron, durante décadas, el gremio ganadero, la propiedad de la tierra, los aparatos de seguridad regionales y las dirigencias municipales del sur —Envigado entre ellas—. Sobre esa coalición Uribe empujó, siendo presidente, la política de seguridad democrática y la negociación con los paramilitares que llevó a la desmovilización de las AUC, es decir, la negociación con las mismas estructuras que en los años previos habían tenido en Don Berna a uno de sus jefes visibles y en la Oficina de Envigado uno de sus nodos operativos. La biografía política de Uribe y la biografía criminal del sur del Valle de Aburrá se cruzaron en más de un punto, y las controversias sobre esos cruces —investigaciones, testimonios de exparamilitares, señalamientos sobre entornos cercanos— han acompañado su figura pública desde entonces. Envigado forma parte, quiérase o no, de ese mapa.
En la escala estrictamente local, Jorge Mesa Ramírez es una de las figuras que sintetizan la política envigadeña de fines del siglo XX: dirigente conservador con presencia sostenida en la administración municipal, ejemplifica la clase de operador cuyo poder no se explica por el tamaño del electorado —Envigado es un municipio pequeño en habitantes— sino por la densidad del capital económico local, la extensión de las redes clientelares hacia Medellín y la capacidad organizativa heredada del municipalismo antioqueño. Alrededor de perfiles como el suyo se tejieron, en distintos momentos, denuncias por la porosidad de la administración local frente al dinero ilícito, sin que ninguna investigación cerrara del todo el vínculo entre la política municipal y la sombra de la oficina. La paradoja envigadeña vuelve a mostrarse en ese punto: el mismo tejido asociativo que sostuvo la modernización paisa sostiene también las maquinarias políticas que gobiernan el municipio.
Una modernización con dos caras
Leído en conjunto, el arco histórico de Envigado —de parroquia colonial del siglo XVIII a suburbio industrial del XX y a nodo criminal del XXI— obliga a sostener dos afirmaciones simultáneas que la historiografía tiende a separar.
Por un lado, las condiciones estructurales que hicieron posible la modernización antioqueña —sociedad mestiza numerosa y libre, cultura mercantil densa, movilidad geográfica, redes familiares extensas, municipalismo fuerte, capital acumulado en la minería y la manufactura— fueron también el sustrato sobre el que se montó la empresa criminal. La oficina de cobro de los años ochenta no fue una invención foránea impuesta a un pueblo pasivo: aprovechó las mismas competencias organizacionales —contabilidad, coordinación, gestión de personal, relaciones con la comunidad— que habían levantado a Coltejer y a las manufacturas del valle. Esa lectura estructural explica por qué Envigado, y no otro municipio, fue la matriz territorial.
Por otro lado, esa estructura no era destino. La forma específica que tomó la criminalización dependió de decisiones y contingencias: la voluntad personal de Escobar de instalar allí su cuartel general, el diseño individual de La Catedral, la negociación política de la entrega en 1991, las alianzas oportunistas de Don Berna con los Pepes y la DEA, la articulación posterior con el Cartel de Sinaloa. Sin esos actores y esas coyunturas, el mismo sustrato social pudo haber producido otro resultado. La captura estatal desde abajo —el cuerpo de Seguridad y Control de 1984, los vínculos de la oficina con la fuerza pública, la desmovilización paramilitar que no la desactivó— revela además que el Estado colombiano no fue simplemente desplazado por el crimen en Envigado: coexistió, se articuló y en momentos se confundió con él, haciendo del municipio un laboratorio de soberanía compartida.
La memoria del lugar
En el Envigado contemporáneo conviven, sin síntesis fácil, las capas de esa historia. La Casa Museo Otraparte —nombre popular de la finca de Fernando González— es sede de una fundación cultural que organiza conversatorios, exposiciones y programas de lectura, y que hace de la figura del filósofo un anclaje de identidad municipal. El Parque Principal sigue siendo el corazón simbólico del pueblo, con su iglesia colonial y el trazado en retícula heredado de la fundación parroquial. El barrio El Dorado, el sector de El Escobero y las urbanizaciones que trepan hacia el oriente son la Envigado residencial de clases medias y altas que se expandió a partir de los años setenta y ochenta.
Al mismo tiempo, la memoria del narcotráfico está inscrita en el paisaje: la ubicación aproximada de La Catedral en las montañas sobre el municipio, los edificios y fincas que fueron propiedad del cartel, los barrios donde se levantaron viviendas populares con dinero del narcotráfico bajo el programa Medellín sin tugurios, la iconografía turística —difícil de erradicar— que convierte a Escobar en atractivo. Las autoridades municipales han buscado, en distintas administraciones, disputar esa imagen: promoviendo el turismo cultural, la memoria de las víctimas, la reivindicación de González y de otras figuras. Es una batalla desigual, porque el nombre Envigado circula globalmente, en informes de inteligencia y en series de televisión, adherido a la palabra oficina.
Envigado es, a la vez, el municipio de Viaje a pie y el municipio de la primera oficina de cobro; el suburbio industrial del sur del valle y la sede residencial de sectores de la élite paisa; el laboratorio de la vida asociativa antioqueña y el escenario donde esa misma vida asociativa produjo una estructura criminal que sobrevivió a su fundador durante tres décadas. Quien camine hoy por el Parque Principal un domingo por la mañana verá lo que siempre ha visto un pueblo antioqueño próspero: la iglesia con su misa, las bancas ocupadas, los cafés llenos, las señoras que reconocen apellidos a media cuadra, los muchachos que suben en carro hacia las urbanizaciones del oriente. Verá también, si mira con atención, los pliegues por donde la otra historia entra: el barrio construido con dinero del cartel, la ruta que trepa hacia donde estuvo La Catedral, el turista extranjero que pregunta por Escobar. La densidad del municipio —lo que lo hace singular en el mapa colombiano— reside precisamente en que ambas caras son suyas y en que la línea que las separa, hasta hoy, nunca fue tan clara como conviene imaginar.
El territorio en el archivo
Dónde aparece y con qué se relaciona
Archivo documental
Documentos y fragmentos citados
41 documentos · 45 fragmentos01World Right Side Up: Investing Across Six ContinentsChristopher W. Mayer · 2012 · p. 11 cita
[1]CHAPTER 2 Colombia: In Search of El Dorado “W ould you inve st in Brazil 15 ye ars ago if you had the chance?” my host aske d one night, in an e ffort to frame the opportunity he re. “Of course, that w ould’ve be e n a home run,” I said. “We lcome to Colombia.” We w e re sitting in a comfortable re staurant in Me de…
p. 1
02Gran Enciclopedia de Colombia - Geografía 2Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Fernando Wills Franco (Dirección de proyecto); Camilo Calderón Schrader, Alberto Ramírez Santos (Coordinación editorial) · 2007 · p. 181 cita
[2]d el territorio que hoy conforma lepartamen Antioquia estaba ocupado por numerosos grupos indigenas, en su mayor p: caribes, entre los cuales podemos citar a los catio, embera, cuna, uraba y zen en la parte occidental y noroccidental (cuenca del Atrato y alto Sinu); los nutaba en la zona central; los tahami hacia el…
p. 18
03La colonización antioqueña en el occidente de ColombiaJames J. Parsons · 1997 · p. 1311 cita
[3]1 Industria Textiles Ropa Comidas y bebidas 1 d 1 NúMERO DE ESTABLE- CIMIENTOS lB 1 112 445 363 Productos metálicos 1 e 1 246 Minerales no metálicos 200 Químicos 101 Producto del tabaco 26 Toda la industria 1.864 NúMERO DE EMPLEADOS 25.300 7.800 7.100 7.600 7.200 2.600 600 68.800 VALOR DEL PRO- DUCTO /CI 1.820 300…
p. 131
04Historia de la vida cotidiana en ColombiaBeatriz Castro Carvajal (editora) · 2016 · p. 1791 cita
[4]la calidad sino el lugar de resi- dencia empezó a acompañar comúnmente al nombre del individuo, de la misma forma que el lugar de origen había acompañado al nombre de los primeros pobladores his- panos, quienes hacían de ello un elemento importante de sus relaciones sociales y políticas 111. La pertenencia a un lugar…
p. 179
05Catolicismo, cambio social y búsqueda de paz en Colombia. Historia y MemoriaWilliam Elvis Plata Quezada (Editor), Ana María Bidegain Greising, Angélica Villamizar Beltrán, Antonio José Echeverry Pérez, Eduardo Díaz Ardila, Eliécer Soto Ardila, Héctor Alfonso Torres Rojas, Hernando Pinilla Rey, Isabel Corpas De Posada, Javier Alejandro Acevedo Guerrero, Joselín Aranda Cano, Lizeth Torres Rodríguez, Miguel Arturo Fajardo Rojas, Natalia Alejandra Mora Navarro, Osmir Ramírez Trillos, Sofía Brizuela Molina, Sor María Sampayo Flórez · 2022 · p. 291 cita
[5]de catolicismo que se implantó y que iba a seguir el del modelo europeo, donde los poderes civil y eclesiástico interactuaban simbióticamente. El advenimiento de la época de la Colonia, a partir de la segunda mitad del siglo XVI, resulta en el establecimiento de las instituciones españolas en América y la fundación de…
p. 29
06Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 701 cita
[6]bién el núcleo administrativo, reli- gioso, y el lugar donde se aprendían nuevas formas de vida. Por otra parte, las ciudades simbolizaban el poder, y la ubicación de los edifi- cios importantes en ciertos lugares estaba destinada a impresionar a sus pobladores y visitantes. nh Normas para el establecimiento En parte,…
p. 70
07Historia de Colombia. Descubrimiento y Conquista IGermán Arciniegas, Mauricio Obregón, Jorge Morales, Roberto Pineda Camacho, Javier Ocampo López, et al. · p. 951 cita
[7]presencia del Estado español. Ellos daban cuenta de la realidad urbana a gobernadores, audiencia y virreyes, que eran sus superiores en la escala burocrática. El ilustre historiador Haring, que ha investigado mucho sobre la naturaleza de las ciudades hispa- noamericanas y su evolución colonial, dice que aquéllas…
p. 95
08Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 2322 citas
[8]integrarse como tal. Tal proceso se repetirá progresivamente en las ciudades, primero, para luego retornar vengativamente al campo. Ya hemos afirmado atrás que en Antioquia hubo más pobla- ción blanca, homogénea y libre que en el resto del país. Estos factores resultaron decisivos para configurar una sociedad…
p. 232
[9]integrarse como tal. Tal proceso se repetirá progresivamente en las ciudades, primero, para luego retornar vengativamente al campo. Ya hemos afirmado atrás que en Antioquia hubo más pobla- ción blanca, homogénea y libre que en el resto del país. Estos factores resultaron decisivos para configurar una sociedad…
p. 232
09Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3481 cita
[10]de maíz que conformaban la base de su dieta, estos trabajadores comprendían alrededor de cuatro quintas partes de los 15 mil mineros del oro que hubo en' Antioquia en los años de máximo empleo en el siglo XIX. Los' mazamorreros desarrollaron técnicas mineras y una cultura altamente móvil con el fin de aprovechar los…
p. 348
10Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 3301 cita
[11]encontraban en Antioquia (ocho en Medellín y una en Sonsón); además, de los $2.389.400 que representaba el capital de las 17 empresas, un poco más de la mitad correspondía a las nuevas empresas antioqueñas, aunque para entonces el mayor establecimiento textil era la fábrica Obregón en Barranquilla, seguida por las…
p. 330
11Nueva Historia de Colombia. Vol. IV: Educación y Ciencia, Luchas de la Mujer, Vida DiariaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jorge Orlando Melo, Jesús Antonio Bejarano, Magdala Velásquez Toro, Renán Silva Olarte, Jaime Jaramillo Uribe, Aline Helg, Gabriel Poveda Ramos, Jorge Arias De Greiff, Bernardo Tovar Zambrano, Rubén Sierra Mejía, Enrique Low Murtra, Gonzalo Cataño, Jaime Arocha Rodríguez, Néstor José Miranda Canal, Patricia Londoño Vega, Santiago Londoño Vélez · p. 3711 cita
[12]ble producida en Colombia es el sombrero de paja. En el siglo XIX en ciertas regiones de Antioquia, el Valle del Cauca y Sucre, entre otras, pros- pera esta industria casera, que pro- duce para las Antillas y el sur de Es- tados Unidos. En 1877 ya hay en San- tander máquinas de cardar lana y de tejer, de fácil manejo…
p. 371
12Las mujeres en la historia de Colombia. Tomo II: Mujeres y SociedadMagdala Velásquez Toro (dirección académica), Catalina Reyes Cárdenas, Pablo Rodríguez Jiménez · 1995 · p. 4431 cita
[13]obreras otro tipo de posturas que nos permiten identificar la existencia de unas mujeres que, a su manera, intentaron conquistar una mayor autonomía en las fábri- cas y en sus propias vidas cotidianas. Lo que parecía ser un modelo empresarial con posibilidades de una larga vi- gencia histórica, también al promediar…
p. 443
13Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 721 cita
[14]fue la relación entre lo urbano y lo rural: en 1938, el 31% de la población habitaba en las cabeceras municipales, lo que representa que para entonces unos 2.700.000 habitantes vivían en condiciones más cercanas a la vida urbana que a la rural, mientras que los restantes 6.000.000 estaban dedicados a las faenas del…
p. 72
14Colombia: A Concise Contemporary HistoryMichael J. LaRosa, Germán R. Mejía · 2017 · p. 561 cita
[15]of population growth dur- ing the first half of the twentieth century to reach 2.2 percent. These positive demographic shifts, together with difficulties of implementing family planning given the conservative Catholic beliefs that dominated society, resulted in a demographic explosion in the 1960s and 1970s. During…
p. 56
15Nueva Historia de Colombia, Vol. V: Economía, Café, IndustriaÁlvaro Tirado Mejía (Director Científico y Académico), Jesús Antonio Bejarano Ávila, Jorge Orlando Melo, Bernardo Tovar Zambrano, José Antonio Ocampo Gaviria, Juan Manuel Santos Calderón, Charles Bergquist, Alberto Mayor Mora, José Olinto Rueda Plata, Carlos Esteban Posada Posada, Juan José Echavarría Soto, Juan Felipe Gaviria Gutiérrez, Guillermo Eduardo Perry Rubio · p. 3721 cita
[16]departamentos minifundistas y de alta concentración poblacional, se vieron sacudidas por intensos conflic- tos agrarios, episodios de violencia ex- trema, además de depresión de sala- rios y desempleo, circunstancias que Cuadro 11 Tasas de crecimiento de la población de las capitales de departamento (miles)…
p. 372
16Breve historia económica de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 2017 · p. 201 cita
[17]% anual a fines del siglo xix y en los albores del siglo xx. Es interesante hacer la comparación entre las tasas demográficas de los distintos estados soberanos que cons- tituyeron los Estados Unidos de Colombia durante el siglo 21 Bfiíní dicerfiis ítraópits uí Crlrpois xix, pues refleja las disparidades en el…
p. 20
17Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1382 citas
[18]dirigida contra el Estado, y aquella asociada con las luchas entre carteles, había una categoría de violencia rela- cionada con la droga que puede calificarse de incidental, o periférica. Incluía violencia contra enemigos que se encontraban por fuera de la comunidad de las drogas ilícitas, e incluía la “limpieza…
p. 138
[19]dirigida contra el Estado, y aquella asociada con las luchas entre carteles, había una categoría de violencia rela- cionada con la droga que puede calificarse de incidental, o periférica. Incluía violencia contra enemigos que se encontraban por fuera de la comunidad de las drogas ilícitas, e incluía la “limpieza…
p. 138
18The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1541 cita
[20]a car thief but later reached legendary status. Escobar is credited with transforming the Medellín Cartel into a multinational criminal corpo- ration. Instead of using individuals as drug mules, which is how the business had worked prior to Escobar, the “ patrón of evil,” as he was nicknamed, had at his disposal…
p. 154
19Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4081 cita
[21]desde el puerto de Buenaventura, sobre el océano Pacífico en Colombia, hasta diversas empresas y bodegas ficticias en Estados Unidos. 12. Documentadas biografías de Pablo Escobar pueden observarse en: Luis Cañón. (1994). El patrón. Bogotá: Planeta; Roberto Escobar Gaviria. (2000). Mi hermano Pablo. Bogotá: Quintero…
p. 408
20Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 1381 cita
[22]en el poder, las nuevas clientelas exigían mucho más. El voto, así fuera amarrado, se había valorizado. Quien supiera acceder a mayores recursos para satisfacer las clientelas dispondría de una ventaja significativa en las elecciones. Y no toda la plata iba a provenir de lo público. Otro factor comenzó a desempeñar un…
p. 138
21Pablo Escobar: Colombia's Hero or Villain? History of the Greatest Drug LordJ.D. Rockefeller · 2015 · p. 21 cita
[23]PABLO ESCOBAR COLOMBIA’S HERO OR VILLAIN? HISTORY OF THE GREATEST DRUG LORD J.D.ROCKEFELLER ~~~ Smashwords Edition Copyright © 2015 by J.D. Rockefeller. All Rights Reserved. No part of this publication may be reproduced, distributed, or transmitted in any form or by any means, including photocopying, recording, or…
p. 2
22Magdalena. Historias de ColombiaWade Davis · 2021 · p. 1741 cita
[24]el avión de Avianca habían generado tal indignación en la gente, que Gaviria, elegido presidente en mayo de 1990, obtuvo el respaldo político necesario para continuar el proceso de extradición. Escobar volvería a desencadenar una nueva ola de violencia, poniendo bombas aleatoriamente en espacios públicos para forzar…
p. 174
23¡Basta satisfecho! Colombia: Memorias de guerra y dignidadCentro Nacional de Memoria Histórica (GMH) · 2013 · p. 1051 cita
[25]fin del narcoterro- rismo. La prohibición constitucional de la extradición abrió el camino para la salida a la guerra del narcotráfico contra el Estado y viabilizó la implementación de la figura jurídica del sometimiento a la justicia como ruta para el desmantelamiento del Cartel de Medellín. Este aspecto será…
p. 105
24Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1201 cita
[26]carga; de las cocinas o laboratorios químicos, a la venta directa de pasta y del alcaloide o a su trueque por armas. En esta confusa historia se fraguaron alianzas tran- sitorias y guerras locales episódicas entre guerrillas y organizaciones de nar- cotraficantes. Por entonces había llegado a su cénit el modelo…
p. 120
25Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 2891 cita
[27]article narrates that in a session of the U.S. Congress, Senator Joseph Biden denounced the illegal drug business for producing around US$500,000,000. In the same session, U.S. senators discussed how drug traffickers were paying most public workers around the world. The impunity and massive power of narcos and Escobar…
p. 289
26Plan Colombia: U.S. Ally Atrocities and Community ActivismJohn Lindsay-Poland · 2018 · p. 501 cita
[28]June 1991 Escobar surrendered to authorities on condition that he dictate the terms of his im - prisonment, which was in a compound dubbed “the Cathedral,” and from which he continued to carry out hom i cides and drug business. When he es - caped from confinement in July 1992, the hunt for him galvanized a power - ful…
p. 50
27Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 2701 cita
[29]En la sección sobre la expansión del BEC se hace referencia a las diferentes operaciones que apoyó el Frente Árlex Hurtado. Las acciones militares que la estructura de Raúl Hasbún realizó por fuera del territorio que tenía asignado fueron las que llevó a cabo en colaboración con el BEC. 2.2.3 Bloque Héroes de Tolová…
p. 270
28Medellín: memorias de una guerra urbanaMarta Inés Villa Martínez, Ana María Jaramillo Arbeláez, Jorge Giraldo Ramírez, Manuel Alberto Alonso Espinal, Sandra Arenas Grisales, Pablo Bedoya Molina, Luz María Londoño Fernández · 2017 · p. 143, 1582 citas
[30]la ciudad (Tribunal Superior de Medellín, Sala de Justicia y Paz, 2016). La intervención del Ejército y la ofensiva paramilitar en la comuna 13, así como la desaparición y posterior asesinato de dos de sus máximos cabecillas, conocidos con los alias de Nando y Carlos el 27 de noviembre de 2001, ocasionó su derrota…
p. 143
[34]cia de la Alcaldía de Medellín, quien actuó de manera independiente. Esta comisión logró un cese de los enfrentamientos entre estos bandos, pero esto no significó el fin de las acciones armadas de la disputa. Pocos meses después se reiniciaron los enfrentamientos, con el agravante del ingreso de un actor armado…
p. 158
29Colombia Elites and Organized CrimeHannah Stone · p. 31, 392 citas
[31]intelligence forces: "Frequently I would go to the headquarters of the Search Bloc, near a car park by the Atanasio Girardot Stadium. The CIA (Central Intelligence Agency), the DEA and members of the Naval Special Forces [Navy Seals] of the United States were there. The ones I spoke to the most were th e men of the…
p. 39
[35]Security Department (Departamento Administrativo de Seguridad - DAS). Som e 52 people were killed and over 1,000 injured in the blast. Colombia E lites and Organized Crime www.InSightCrime.org 32 However, the war also took its toll on Escobar and the Medellín Cartel. Escobar's ally, Gonzalo Rodríguez Gacha, alias "The…
p. 31
30Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2741 cita
[32]la causa contrainsurgente. Fue esta banda la que asesinó a varios dirigentes políticos, defensores de derechos humanos, investigadores de la crisis humanitaria y profesores universitarios que estaban denunciando el paramilitarismo y sus nexos con la fuerza pública entre 1996 y 1999. 22 Y el enlace entre las AUC y La…
p. 274
31Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1571 cita
[33]Bloque Elmer Cárdenas. Miembros de la Oficina de Envigado –antigua ala sicarial del Cartel de Medellín– buscaron apropiarse de las salidas y rutas en Juradó y Bahía Solano controladas por antiguos socios de Pablo Escobar. Pacho Cifuentes consolidó desde el 2003 alianzas con el Cartel de Sinaloa para enviar aviones con…
p. 157
32No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1911 cita
[36]1984, luego del terremoto de Popayán, apareciera con «talegos de billetes para repartir a los damnificados de la tragedia». (El Heraldo, «Testigo recuerda el día que mataron a ‘El Mexicano’», El Heraldo). 565 Los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, José Santacruz Londoño y Hélmer Herrera. 566 Los párrafos…
p. 191
33Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Antioquia, sur de Córdoba y Bajo Atrato chocoanoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1401 cita
[37]de objetivos militares, lo cual desencadenó en muchos desplazamientos de personas LGBT a ciudades como Medellín 378. La guerra en Medellín En la década de 1990, Medellín fue una de las grandes ciudades del país en que se evidenció una mayor expresión del conflicto armado y de la hibridación de las vio- lencias…
p. 140
34Viaje a pieFernando González · 2016 · p. 11 cita
[38]FERNANDO GONZÁLEZ ensayo vi A j E A pi E FERNANDO GONZÁLEZ vi A j E A pi E ensayo González, Fernando, 1895-1964, autor Viaje a pie [recurso electrónico] / Fernando González; [presentación, Eduardo Escobar]. – Bogotá: Ministerio de Cultura: Biblioteca Nacional de Colombia, 2016. 1 recurso en línea: archivo de texto PDF…
p. 1
35Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850-1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2471 cita
[39]cathedral, the rent paid by Carrasquilla. The life of this group, active between and , was linked to that of the local bohemians, steadfast frequenters of the El Globo, El Blumen, La Bastilla, and the Chantecler cafés. The most famed Panidas were the poet León de Greiff, the caricaturist Ricardo Rendón, Félix…
p. 247
36Religion, Culture, and Society in Colombia: Medellín and Antioquia, 1850–1930Patricia Londoño-Vega · 2002 · p. 2471 cita
[40]cathedral, the rent paid by Carrasquilla. The life of this group, active between and , was linked to that of the local bohemians, steadfast frequenters of the El Globo, El Blumen, La Bastilla, and the Chantecler cafés. The most famed Panidas were the poet León de Greiff, the caricaturist Ricardo Rendón, Félix…
p. 247
37Conversaciones con Estanislao ZuletaEstanislao Zuleta · 2020 · p. 2301 cita
[41]Velásquez, y dos años más tarde, y a la usanza antioqueña, de ese matrimonio ya tenían dos hijos. La familia se había trasladado a Bogotá, donde el joven abogado de 29 años era asesor de una compañía de petróleos. Pero como había abierto en Medellín una oficina con Fernando Isaza, debía viajar con frecuencia a esta…
p. 230
38Enciclopedia de ColombiaCamilo Calderón Schrader (Coordinador) · 2002 · p. 2631 cita
[42]El Totumo, volcán de, 37, 107 El Valle, 110, 610 Elhuyar, Luciano d', 330, 365 Eliot, Thomas Stearns, 721, 726 Embera, etnia indígena, 199, 639, 641, 642, 643, 644, 896, 897, 907 Embera, lengua, 643 Embera-Chami, etnia indígena, 639, 640, 643 Embera-Epera, etnia indígena, 632, 640, 643 Embera (Epera)-Awa, área…
p. 263
39Gran Enciclopedia de Colombia: Geografía 1Alfonso Pérez Preciado (Dirección académica y textos); Eufrasio Bernal Duffo, Melania Kowalewska (Textos complementarios) · 2007 · p. 2781 cita
[43]de las capitales de- partamentales. - El segundo nivel (1) en la jerarquia urbana esté conformado por los centros regionales de im- portancia nacional, que concentran la mayorfa de los servicios financieros de su region y son sede de importantes empresas comerciales e industriales. Ofrecen todos los bienes y servicios…
p. 278
40Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte · 2009 · p. 1741 cita
[44]72,60% 21,92% 5,48% 5,90% 31,73% 62,37% 39,25% 26,82% 33,92% Medellín 72,60% 21,92% 5,48% 28,27% 20,52% 51,20% 50,44% 21,22% 28,34% Montería 72,60% 21,92% 5,48% 15,36% 38,90% 45,74% 43,98% 30,41% 25,61% Pasto 72,60% 21,92% 5,48% 14,46% 44,23% 41,31% 43,53% 33,07% 23,40% Pereira 72,60% 21,92% 5,48% 16,14% 35,77% 48,09%…
p. 174
41Guerra y violencias en Colombia: herramientas e interpretacionesJorge A. Restrepo, David Aponte (Editores) · 2009 · p. 1921 cita
[45]Guerra y violencias en Colombia t abla 16 Ordenamiento anual de la posición relativa de las principales ciudades de las áreas metropolitanas respecto al índice de inseguridad humana 2003-2008 Ciudad 2003 2004 Posición relativa (2004-2003) 2005 Posición relativa (2005-2004) 2006 Posición relativa (2006-2005) 2007…
p. 192