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Idea transversal

Lavado de activos

El lavado de activos es el proceso mediante el cual recursos obtenidos de actividades ilícitas reciben apariencia de legalidad. En Colombia, entre mediados de los años setenta y el presente, reconfiguró el sistema financiero, el mercado de tierras, la financiación política y la arquitectura institucional del país.

4.492 palabras32 documentos37 fragmentos citados
Lavado de activos

Trayectoria de una idea

  1. 1974

    Ventanilla Siniestra en el Banco de la República

  2. 1975

    Acaparamiento masivo de tierras por narcotraficantes

  3. 1978

    Infiltración bancaria del Cartel de Cali en Panamá

  4. 1982

    Peso macroeconómico máximo estimado del narcotráfico

  5. 1985

    Cristalización de la alianza narco-paramilitar en el Magdalena Medio

  6. 1995

    Proceso 8.000 y lavado en la financiación política

  7. 2014

    Repatriación de bienes culturales usados en lavado de activos

03

La lectura

El lavado de activos en Colombia no fue un fenómeno delictivo periférico sino un proceso estructural que, durante décadas, operó con la complicidad activa o pasiva de instituciones financieras, élites empresariales y funcionarios del Estado. Su historia arranca con la Ventanilla Siniestra de los años setenta —una puerta abierta en el banco central para recibir dólares sin preguntas— y se despliega en estrategias cada vez más sofisticadas: la infiltración bancaria transnacional de los Rodríguez Orejuela, el acaparamiento rural con testaferros, las fachadas empresariales paramilitares y la financiación de campañas presidenciales. Lo que distingue al caso colombiano es la escala relativa del fenómeno: a comienzos de los años ochenta, los ingresos del narcotráfico podían representar cerca del diez por ciento del PIB, una masa de recursos capaz de imponer condiciones al mercado cambiario, al precio de la tierra y a la política electoral. La presión para tipificarlo penalmente y crear autoridades especializadas llegó en gran medida desde Washington, no desde Bogotá, revelando hasta qué punto las élites colombianas habían normalizado la integración de capitales sucios en los circuitos legales. Su legado más duradero no es jurídico sino territorial y social: millones de hectáreas concentradas mediante despojo, comunidades desplazadas y una estructura de propiedad rural cuya historia de violencia la Ley de Víctimas de 2011 apenas comenzó a intentar revertir.

Lavado de activos en Colombia

El lavado de activos es el conjunto de operaciones destinadas a dar apariencia de legalidad a recursos obtenidos de actividades ilícitas. En Colombia, esa definición técnica se queda corta. Entre mediados de los años setenta y el presente, el lavado no fue un delito más ni un anexo del narcotráfico, sino un proceso que reconfiguró el sistema financiero, el mercado de tierras, la financiación política, la arquitectura legislativa y hasta la cultura empresarial del país. Su historia se cuenta mejor como una coevolución —desigual, contenciosa, a menudo forzada desde fuera— entre una economía ilícita en expansión y un Estado que fue acomodando, resistiendo y finalmente regulando la integración de capitales sucios en circuitos legales. Comprenderlo es leer, en clave económica e institucional, medio siglo de historia colombiana.

Ficha básica

  • Naturaleza: proceso económico-criminal de integración de capitales ilícitos a circuitos legales.
  • Fases técnicas: colocación, estratificación e integración.
  • Peso macroeconómico estimado: ingresos netos del narcotráfico superiores al 6% del PIB a comienzos de los ochenta; hasta cerca del 10% en 1982.
  • Economía informal asociada: 39,1% del PIB en 1999-2000.
  • Autoridades clave: Fiscalía General de la Nación, Superintendencia Financiera, Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF).
  • Marco de reporte sectorial: SARLAFT, con perímetro extendido a cooperativas, notarías, agentes inmobiliarios y comerciantes de metales preciosos.
  • Cooperación internacional: GAFI y acuerdos bilaterales con Estados Unidos.
  • Una definición insuficiente y un fenómeno histórico

    El lavado suele describirse en tres fases —colocación, estratificación e integración— que corresponden al ingreso del dinero ilícito al sistema, su circulación mediante operaciones que difuminan el origen y su reaparición como riqueza legítima en manos de sus propietarios. En Colombia, esa gramática técnica se materializó en formas muy concretas: dólares comprados sin preguntas por el banco central, exportaciones ficticias, sobrefacturación de importaciones, testaferrato rural, adquisición de bancos en Panamá, empresas fachada en el comercio urbano, financiación de campañas presidenciales, tráfico de piezas prehispánicas.

    Lo distintivo del caso colombiano no es la existencia de estas tipologías —comunes a cualquier economía criminal— sino la escala, la duración y la profundidad con que penetraron el tejido institucional. A comienzos de los años ochenta, los ingresos netos de la cocaína superaban el seis por ciento del PIB nacional, y pudieron rozar el diez por ciento en 1982. No era un delito marginal perseguido con eficacia dispar: era una masa de recursos que, por su tamaño relativo, imponía condiciones al mercado cambiario, al precio de la tierra, al consumo suntuario y a la política electoral. Un fenómeno de esa magnitud tardó décadas en tipificarse penalmente y en encontrar una autoridad de supervisión especializada, y esa demora tiene raíces económicas y políticas mucho más profundas que cualquier laguna normativa.

    Cronología de hitos

  • 1974-1978: gobierno de Alfonso López Michelsen. Opera la Ventanilla Siniestra en el Banco de la República.
  • Mediados de los setenta: Gilberto Rodríguez Orejuela adquiere el control del Banco de los Trabajadores.
  • 1978: Rodríguez Orejuela empieza a comprar acciones del First Interamericas Bank de Panamá.
  • 1984: controla más del 75% del First Interamericas Bank.
  • 1985: crisis financiera de Acdegam; cristaliza la alianza narco-paramilitar en el Magdalena Medio.
  • 1993: muerte de Pablo Escobar.
  • 1995: desmantelamiento del Cartel de Cali. El 17 de julio se abre el Proceso 8.000 con la citación de Santiago Medina; el 12 de septiembre, Medina reconoce la entrada de dineros ilícitos.
  • Finales de los noventa: Plan Colombia.
  • 2011: Ley de Víctimas y Restitución de Tierras.
  • 2014: repatriación de 691 objetos prehispánicos confiscados años antes en España.
  • La Ventanilla Siniestra y el pecado original

    El punto de partida convencional se sitúa en el gobierno de Alfonso López Michelsen y en un mecanismo del Banco de la República conocido como la Ventanilla Siniestra. A través de ella, el banco central compraba dólares sin exigir declaración sobre su origen, en un momento en que la economía era formalmente cerrada y el control de cambios, estricto. La medida se justificó como una manera de captar divisas; en la práctica, dejó una puerta abierta por donde ingresaron los dólares de la bonanza marimbera y, más tarde, los primeros flujos de la cocaína.

    La bonanza marimbera tuvo su epicentro en la Sierra Nevada de Santa Marta. La marihuana colombiana —de alta calidad, en parte gracias al efecto colchón que produjo la fuerte represión mexicana a sus cultivos— salía por las rutas antiguas de contrabando de La Guajira y el Magdalena, por vía aérea y camuflada en bultos de café. Los dólares generados por ese comercio necesitaban un lugar donde aterrizar. La Ventanilla Siniestra fue ese lugar. Los dólares ingresados se encubrían mediante movimientos y transacciones comerciales que el propio Estado legalizaba, en un juego de espejos en el que las autoridades cambiarias no querían —o no podían— preguntar demasiado.

    Washington identificó pronto los tres mecanismos que facilitaban ese lavado incipiente: la Ventanilla Siniestra, las amnistías tributarias periódicas y la laxitud con las prácticas de registro de exportaciones ficticias o sobrefacturadas. Fue desde Washington, no desde Bogotá, desde donde se detectó la maraña. El gobierno colombiano y las élites empresariales manejaron durante años la idea de que el problema de las drogas era estadounidense y no colombiano, y ese diagnóstico complaciente permitió que se afianzaran mecanismos que después costaría décadas desmontar. El gobierno de Julio César Turbay aceptó la propuesta estadounidense de fumigar con paraquat los cultivos de marihuana en el Caribe, lo que contribuyó al declive del auge marimbero; pero la infraestructura financiera y comercial que ese auge había creado —y las complicidades bancarias que había sembrado— quedaron listas para recibir el nuevo negocio, más rentable y más brutal: la cocaína.

    Los Rodríguez Orejuela y la infiltración bancaria

    Si Pablo Escobar Gaviria encarnó la cara violenta del narcotráfico, Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela representaron su cara financiera. Mientras el Cartel de Medellín convertía la ruta a Estados Unidos en una operación industrial —flotas de aviones y camiones que sustituyeron a las mulas individuales y transportaban toneladas de cocaína refinada—, el Cartel de Cali diseñaba, paralelamente, una estrategia de penetración del sistema bancario y del capital legal que anticipó por décadas lo que después se llamaría "integración".

    A mediados de los años setenta, Gilberto Rodríguez Orejuela se convirtió en principal propietario y miembro de la junta directiva del Banco de los Trabajadores, una institución creada originalmente con donaciones de la Fundación Interamericana para la Unión de Trabajadores de Colombia. El detalle es elocuente: un banco cuyo origen estaba en la cooperación laboral internacional terminó siendo el vehículo temprano de un narcotraficante que se presentaba como acaudalado inversionista. En 1978, Rodríguez Orejuela dio el salto siguiente y empezó a comprar acciones del First Interamericas Bank de Panamá; en 1984 controlaba más del 75% de la institución. A través de un pacto de participación con el Banco Cafetero de Panamá, el First Interamericas Bank utilizó las cuentas que este poseía en el exterior, articulando así una red que aprovechaba la infraestructura bancaria de un país con secretismo financiero y la respetabilidad de una entidad ligada al café colombiano.

    Alrededor de ese núcleo bancario, los hermanos Rodríguez tejieron una constelación de empresas: Laboratorios Kressfor, Drogas La Rebaja, Grupo Radial Colombiano, Corporación Financiera de Boyacá. Farmacéutica, comercio minorista de medicamentos, medios de comunicación, sector financiero: cuatro sectores estratégicos donde el dinero de la cocaína se convertía en participación accionaria, empleos, publicidad, influencia. La operación no era clandestina en el sentido de estar oculta; era pública, tolerada, incluso admirada en ciertos círculos empresariales caleños. Los Rodríguez no lavaban dólares desde las sombras: los blanqueaban a plena luz, comprando lo que en Colombia siempre había significado poder legítimo —bancos, laboratorios, emisoras, cadenas de droguerías—.

    Esta estrategia contrastaba con la de Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, más orientados a la acumulación de tierras, hatos ganaderos y bienes suntuarios, y menos preocupados por camuflar el origen tras estructuras corporativas complejas. La diferencia no era ideológica sino táctica, y explica en parte por qué el Cartel de Cali sobrevivió al de Medellín: había construido, con años de anticipación, la red de respetabilidad que le permitía negociar políticamente su continuidad.

    La tierra como caja fuerte

    Si el sistema bancario fue el laboratorio de Cali, la tierra fue el gran depósito nacional del dinero ilícito. Entre 1975 y 1995, los narcotraficantes compraron predios rurales en decenas de municipios, con una intensidad que transformó la estructura de propiedad en regiones enteras. Los mecanismos eran repetitivos: testaferros que aparecían como titulares formales, escrituras a nombre de familiares o empleados de confianza, fincas ganaderas de recreo que servían simultáneamente como refugio, símbolo de estatus y activo blanqueado.

    El fenómeno tuvo antecedentes. Con la bonanza esmeraldera de los años sesenta, esmeralderos de Boyacá y Cundinamarca llegaron a zonas de colonización del Guaviare, el sur de Casanare, Puerto López y el alto Ariari buscando predios donde legalizar fortunas cuyo origen tampoco resistía escrutinio. La bonanza marimbera y luego la cocaína no inventaron el patrón: lo amplificaron, lo aceleraron y lo articularon con la violencia paramilitar. Desde finales de los años setenta, narcotraficantes del Cartel de Medellín compraron propiedades y cientos de hectáreas en el Magdalena Medio, con el propósito doble de destinarlas a distintos eslabones del negocio ilícito y de convertirlas en activos legales.

    En el Valle del Cauca y el norte del Cauca, el acaparamiento tomó la forma específica de fincas ganaderas y de recreo, cultivos ilícitos y laboratorios instalados sobre tierras arrebatadas a campesinos, afrodescendientes e indígenas por desplazamiento forzado. En el litoral Pacífico, la compra de predios, la construcción de balnearios y el crecimiento de locales comerciales en municipios como Juradó estuvieron vinculados al testaferrato de organizaciones narcotraficantes. El diagnóstico de Luis B. Flórez desde la Contraloría General de la República fue nítido: la entrada de capitales ilícitos impulsó un alza especulativa del precio de la tierra que obstaculizó cualquier intento serio de reforma agraria y contribuyó, junto con la fuerza de las armas, a lo que se llamó la contrarreforma agraria: un proceso por el cual la concentración de la propiedad rural, lejos de disminuir, se agudizó.

    Las AUC y la fusión con el paramilitarismo

    La confluencia entre narcotráfico, lavado y paramilitarismo tiene una geografía precisa —el Magdalena Medio— y una fecha aproximada de cristalización: 1985. Ese año, la asociación ganadera Acdegam entró en crisis financiera, y la presencia y los recursos del narcotráfico, que llevaba casi una década comprando tierras en la región, terminaron concretándose en una alianza que hizo del narco la principal fuente de financiamiento del paramilitarismo. La ecuación se replicaría después en otras regiones con variaciones locales, y culminaría en la organización de las Autodefensas Unidas de Colombia.

    La economía criminal de las AUC no fue simplemente ilícita: fue mixta. Los excomandantes del Bloque Norte se apropiaron del control de todos los eslabones del narcotráfico que ejercían actores previos —Giraldo Serna, Chepe Barrera, el Clan de los Rojas— en el Magdalena Grande, y montaron sobre esa base una economía de ganadería, agroindustria, minería y tierras destinada a ocultar y a dar apariencia de legalidad a las rentas del narcotráfico, la extorsión y los negocios ilegales. Las fuentes de financiación paramilitar formaron un menú diverso: aportes estatales derivados de regalías, aportes gremiales y empresariales pagados por seguridad o exigidos como extorsión, fuentes proscritas —narcotráfico, piratería, secuestro, hurto de combustible—, fachadas legales productivas —almacenes, bares, estaciones de gasolina, distribución de tierras— y aportes de empresas transnacionales en sectores energéticos, mineros y agropecuarios.

    El desplazamiento forzado y el despojo funcionaron entonces como mecanismos combinados de acumulación territorial y de lavado. Las tierras arrebatadas a campesinos se registraban a nombre de testaferros vinculados a comandantes paramilitares; se destinaban a explotaciones agropecuarias formalmente legales; producían rentas declarables ante la administración tributaria; y quedaban, con los años, integradas al mercado inmobiliario como propiedades con historial aparentemente limpio. El repoblamiento de esos territorios con población afín al proyecto paramilitar cerró el ciclo: no solo se lavaba dinero, se lavaba la memoria misma del despojo.

    El Proceso 8.000 y la narcopolítica

    Si en el Magdalena Medio el lavado se hacía en hectáreas y en hatos ganaderos, en Bogotá se hacía en curules y en aportes de campaña. El mismo dinero que compraba tierra compraba votos, y el escándalo que puso a la narcopolítica en el centro de la conversación colombiana estalló en 1995, un año después de que Ernesto Samper Pizano llegara a la Presidencia. La acusación era grave y precisa: la campaña presidencial de Samper de 1994 había sido financiada, al menos parcialmente, con dineros del Cartel de Cali. El caso, conocido como el Proceso 8.000 por el número del radicado en la Fiscalía, comenzó formalmente el 17 de julio de 1995 con la citación a indagatoria de Santiago Medina, extesorero de la campaña. El 12 de septiembre de ese año, Medina reconoció la entrada de dineros ilícitos.

    La evidencia documental provenía en buena parte de los documentos incautados al contador chileno Guillermo Pallomari, vinculado al Cartel de Cali, quien terminaría incluido en el programa de protección a testigos de Estados Unidos. Sus registros contables mostraban aportes destinados a diversas campañas electorales, no solo la presidencial. Las investigaciones del coronel Velásquez concluyeron algo devastador para cualquier democracia: una parte muy significativa de los miembros del Congreso colombiano en tiempos de Samper había recibido financiación del narcotráfico para obtener sus curules. En la región Caribe, figuras como Samuel Santander Lopesierra —conocido como "El Hombre Marlboro"— ocuparon curules mientras eran, simultáneamente, actores centrales del narcotráfico y del contrabando fronterizo.

    El Proceso 8.000 fue, desde la perspectiva del lavado, un capítulo particular de la fase de integración. El dinero de la cocaína entraba al sistema político y se convertía en algo mucho más valioso que efectivo blanqueado: en influencia legislativa, en votos parlamentarios, en decisiones de política pública. La financiación política era el lavado más peligroso porque no se limitaba a legitimar capitales sino a reconfigurar las reglas mismas que debían perseguirlos. Que en 2007 se formularan preguntas análogas sobre la financiación de otras campañas presidenciales indica que el fenómeno expuesto por el Proceso 8.000 no fue una anomalía superada sino una tendencia estructural que cambió de actores pero mantuvo su lógica.

    El régimen normativo: reformas bajo presión

    La respuesta legislativa e institucional se construyó bajo presión externa. Fue desde Washington desde donde se detectaron los mecanismos originales, y fue desde allí desde donde se exigió, con creciente insistencia, la penalización del narcotráfico y sus delitos conexos, la extradición de nacionales, la modernización del aparato de justicia y seguridad, y la creación de instituciones especializadas en inteligencia financiera. El gobierno colombiano y las élites empresariales, que durante la década del setenta y buena parte de los ochenta manejaron la ilusión de que el problema era ajeno, fueron cediendo paulatinamente a esa presión.

    Para la primera mitad de los años noventa, y sobre todo tras la muerte de Escobar en 1993 y el desmantelamiento del Cartel de Cali en 1995, Colombia había logrado desarticular la mayoría de los grandes carteles de la década anterior y buena parte de sus vínculos con la política, el empresariado, funcionarios públicos y medios de comunicación. Ese éxito, sin embargo, fue fundamentalmente urbano: en los principales centros del país, donde el Estado dispone de instrumentos institucionales para hacer valer el imperio de la ley, la persecución del lavado logró avances reales; en las zonas rurales de cultivo y en los clusters de transformación y exportación, la influencia siguió intacta, y en el sistema político —como el propio Proceso 8.000 evidenció— nunca fue erradicada.

    A finales de los años noventa, el Plan Colombia articuló una estrategia integral que combinaba fortalecimiento institucional con lucha antinarcóticos, con financiamiento y equipamiento estadounidenses. La ayuda militar se orientó, en su mayor parte, a capacidades de combate contra grupos armados. El énfasis norteamericano apuntó más a golpear a las guerrillas que a suprimir el narcotráfico en su raíz financiera. La militarización del conflicto absorbió recursos y atención política que habrían rendido más si se hubieran orientado a inteligencia financiera y persecución patrimonial. El estigma social del lavado y la complejidad estructural del fenómeno requerían respuestas más inteligentes que las que la ayuda estadounidense privilegió.

    La creación de la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF) representó, en teoría, el salto cualitativo hacia esa inteligencia financiera especializada. Su capacidad operativa se puso a prueba pronto: apoyó investigaciones sobre presuntos ingresos provenientes del narcotráfico, y el DAS llegó a utilizarla para suministrar información financiera en indagaciones sobre corrupción. Pero la propia UIAF terminó instrumentalizada: el DAS la empleó para requerir información del magistrado Yesid Ramírez con el fin de vincularlo falsamente con el narcotráfico. El episodio ilustra una vulnerabilidad estructural del régimen antilavado colombiano: las herramientas técnicamente sofisticadas construidas bajo presión internacional podían ser reorientadas por actores estatales con agendas políticas propias.

    Tipologías que evolucionan

    Mientras la arquitectura normativa se consolidaba en los años dos mil, las tipologías de lavado se multiplicaban y refinaban. Al esquema clásico —tierras, empresas fachada, bancos, financiación política— se sumaron circuitos menos evidentes. Las piezas arqueológicas prehispánicas se convirtieron en vehículo de lavado, con esquemas que utilizaban objetos vendidos en países de Europa, Rusia y China. En una operación específica se incautaron 243 piezas listas para salir del país que resultaron ser todas falsas, según peritaje del Museo de América. La falsificación en sí formaba parte del esquema: lo que se lavaba era el pago, no la pieza. En 2014, 691 objetos de oro y cerámica prehispánica que habían sido confiscados años antes en España fueron repatriados a Colombia, cifra que da idea del volumen del tráfico legítimo o falsificado asociado al narcotráfico.

    Las fachadas productivas se sofisticaron. Constructoras, importadoras, discotecas, distribuidoras agrícolas, empresas de transporte, redes de comercio minorista funcionaron como aspiradoras de dinero en efectivo que se convertía en facturación declarada y utilidades tributadas. La subvaloración de importaciones y la sobrefacturación de exportaciones —ya identificadas por Washington en los años setenta— siguieron siendo mecanismos vigentes, ahora conectados a jurisdicciones offshore, a triangulaciones con paraísos fiscales y a la banca corresponsal internacional.

    El comercio de zona franca, la frontera con Venezuela y las remesas informales ampliaron el menú por vías tradicionales, articuladas a economías de contrabando ya consolidadas. Más recientemente, los activos digitales y los criptoactivos abrieron un frente distinto. La posibilidad de mover valor entre jurisdicciones sin pasar por la banca corresponsal, la existencia de plataformas de intercambio con estándares de identificación desiguales y la aparición de monedas estables que replican la función del dólar sin sus controles introducen una capa de opacidad que el régimen construido en los años dos mil no fue diseñado para enfrentar. Las mismas operaciones que antes exigían testaferros, empresas fachada y triangulaciones bancarias pueden hoy resolverse mediante transferencias entre billeteras cuyo titular real permanece oculto tras claves criptográficas. La regulación colombiana comenzó a exigir a los proveedores de servicios de activos virtuales estándares de reporte análogos a los del sector financiero, pero la brecha entre la velocidad del cambio tecnológico y la del ajuste normativo se mantiene, y reproduce, en clave contemporánea, el patrón histórico de una regulación que llega tarde.

    El impacto macroeconómico

    Cualquier balance del lavado en Colombia debe volver a las cifras. Los ingresos netos del narcotráfico superaron el seis por ciento del PIB a comienzos de los años ochenta y pudieron alcanzar el diez por ciento en 1982. Aunque esa proporción se redujo significativamente a lo largo de la década siguiente, el peso macroeconómico del dinero ilícito nunca dejó de ser considerable, y sus efectos distorsionantes fueron múltiples: estímulo al consumo de lujo, competencia desleal mediante contrabando y subvaloración de importaciones, obstáculos al control de la inflación, dificultades para el ajuste adecuado del tipo de cambio, corrupción sistemática de funcionarios públicos mediante sobornos y amenazas. La economía informal, calculada en un 39,1% del PIB en 1999-2000, ofrecía un ecosistema fértil para que esas distorsiones se propagaran sin dejar huellas evidentes.

    El debate académico sobre el lugar del narcotráfico en la economía colombiana ha oscilado entre dos polos. El economista Alejandro Gaviria, más tarde ministro y decano universitario, lo interpretó como un choque externo inducido por la demanda internacional: Colombia habría sido el receptor pasivo de una oportunidad criminal generada fuera de sus fronteras. Francisco Thoumi, investigador especializado durante décadas en el estudio de las economías ilegales latinoamericanas, defendió la tesis contraria: el país participó en el narcotráfico por condiciones institucionales y culturales internas proclives a la ilegalidad, de modo que la oferta no habría tomado forma sin un tejido social receptivo. Ambas lecturas capturan algo verdadero, y ambas dejan algo fuera. La demanda internacional fue el motor de la industria; pero fueron actores colombianos —banqueros, funcionarios cambiarios, terratenientes, políticos, empresarios— quienes construyeron la infraestructura que permitió que esa demanda se convirtiera en dólares depositados en el Banco de la República, en tierras del Magdalena Medio, en curules del Congreso.

    La idea, esparcida en algunos círculos, de que el dinero del narcotráfico habría contribuido positivamente al desempeño relativamente estable de la economía colombiana en las décadas de mayor volatilidad latinoamericana ha sido rechazada por analistas serios. Las influencias más dañinas sobre la economía provienen, precisamente, del narcotráfico y sus crímenes conexos: la competencia desleal, la corrupción, la especulación con la tierra, la penetración financiera. No hay compensación macroeconómica que valga contra la erosión institucional que ese proceso implicó.

    Actores y casos que dejaron marca

    Ninguna ficha del lavado colombiano puede prescindir de nombres concretos. Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela dieron la lección más completa sobre integración financiera, del Banco de los Trabajadores al First Interamericas Bank, de Laboratorios Kressfor a Drogas La Rebaja. Pablo Escobar Gaviria transformó el Cartel de Medellín en una corporación criminal multinacional, sustituyendo mulas por flotas de aviones y camiones y acumulando bienes suntuarios y tierras cuyo blanqueo posterior ocuparía a las autoridades durante décadas. Gonzalo Rodríguez Gacha, "el Mexicano", ejemplificó el patrón del narcotraficante-terrateniente en el Magdalena Medio y los Llanos. Guillermo Pallomari, contador del Cartel de Cali, aportó desde el programa de protección a testigos de Estados Unidos la evidencia documental sobre la financiación política. Ernesto Samper Pizano se convirtió en el símbolo político del Proceso 8.000, con independencia de las conclusiones judiciales sobre su responsabilidad personal.

    Tras el desmantelamiento del Cartel de Cali en 1995, el Cartel del Norte del Valle tomó el control del negocio en las zonas liberadas. Sus fundadores y jefes máximos, Orlando Henao Montoya e Iván Urdinola Grajales, murieron en prisión en los años noventa en circunstancias violentas atribuidas a ajustes de cuentas internos. La sucesión mostró que el ecosistema criminal se adaptaba con velocidad a los golpes estatales: las capturas eliminaban actores pero no reglas del juego, y los circuitos de lavado montados en los años ochenta seguían operando bajo nuevas gerencias.

    Un dato que suele omitirse en las narrativas oficiales complica el cuadro y remite a la dimensión geopolítica del negocio. Durante los años ochenta, mientras Washington identificaba desde afuera los mecanismos de lavado colombianos y presionaba por reformas, algunas redes de traficantes colombianos colaboraron con la CIA en el marco de las operaciones estadounidenses contra el gobierno sandinista de Nicaragua. Esa colaboración les significó, durante varios años, facilidades para introducir cargamentos de droga a Estados Unidos, adquirir armamento moderno y establecer contactos directos con la gran banca estadounidense. La tolerancia selectiva por razones de política exterior fue, en ese sentido, otra de las condiciones que permitieron la consolidación temprana de los circuitos de lavado que después habría que perseguir.

    Huellas y disputas

    El lavado de activos en Colombia dejó una huella doble. En un plano visible, produjo un régimen normativo robusto —tipos penales, unidades especializadas, sistemas de reporte de operaciones sospechosas conocidos como SARLAFT, cooperación internacional con el GAFI—, capacidades técnicas de inteligencia financiera y una jurisprudencia acumulada que sitúa al país entre los más avanzados de la región en materia legal. La Fiscalía cuenta con unidades especializadas en extinción de dominio, la Superintendencia Financiera vigila el cumplimiento de estándares de debida diligencia, y los sectores no financieros vigilados —cooperativas, notarías, agentes inmobiliarios, comerciantes de metales preciosos— han sido incorporados progresivamente al perímetro del reporte. Sobre el papel, la arquitectura antilavado colombiana no tiene mucho que envidiar a las de países con historiales criminales menos intensos.

    En un plano menos visible, sin embargo, quedó una economía política reconfigurada: concentración de la propiedad rural en manos de actores enriquecidos con capitales ilícitos, penetración persistente de dinero opaco en la financiación política, culturas empresariales tolerantes con la pregunta incómoda sobre el origen, complicidades bancarias históricas cuya trazabilidad se ha diluido con el tiempo.

    La contrarreforma agraria denunciada por Flórez desde la Contraloría no se revirtió con la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras de 2011; muchas de las propiedades adjudicadas a testaferros paramilitares siguieron produciendo rentas legales durante toda una generación, y las restituciones efectivas fueron minoritarias frente al volumen del despojo. En el terreno político, cada ciclo electoral reabre la pregunta —a veces con nombres nuevos, a veces con los mismos apellidos— sobre el origen real de los aportes de campaña, sobre las estructuras clientelares locales financiadas con rentas cuya trazabilidad se pierde en el camino y sobre las curules regionales cuya viabilidad depende de acuerdos con actores armados legales o ilegales.

    La coevolución fue asimétrica. La economía y la política se dejaron moldear profundamente por la integración de capitales ilícitos, mientras el Estado regulador reformó sus códigos bajo presión internacional sin llegar a desmantelar las redes de complicidad doméstica que hicieron posible esa integración. Los shocks —la muerte de Escobar, el desmantelamiento de Cali, el Proceso 8.000, el Plan Colombia, las negociaciones de paz con paramilitares y guerrillas— marcaron el ritmo de cada reforma más que un aprendizaje institucional autónomo. La sensación recurrente en el debate público colombiano de que las herramientas legales llegan cuando el fenómeno ya mutó no es una impresión errónea: describe con precisión el desfase entre una regulación diseñada a partir de crisis pasadas y unas tipologías que se anticipan a la siguiente.

    Y esas tipologías siguen mutando. Donde el Banco de la República compraba dólares sin preguntar en los setenta, hoy operan estructuras societarias transnacionales, criptoactivos, plataformas de comercio electrónico y redes de comercio internacional cuya opacidad requiere formas de inteligencia financiera que apenas están siendo diseñadas. Las minerías ilegales de oro en el Chocó, Antioquia y el Bajo Cauca proveen un vehículo particularmente eficaz: exportado como producto de asociaciones mineras aparentemente legales, el oro ilícito convierte rentas del narcotráfico y del control armado territorial en divisas depositadas en cuentas del sistema financiero internacional, sin dejar rastro comparable al de un cargamento de cocaína. La economía política del lavado no se agotó con los grandes carteles: se descentralizó, se diversificó y se metió en actividades que la retórica del desarrollo económico define como legítimas. En ese desplazamiento —del maletín de dólares al lingote certificado, del testaferro rural al proveedor de servicios de activos virtuales— se juega hoy la biografía en curso del fenómeno.

    04

    En el archivo

    42 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

    01La Violencia1946–19571
    1. 1956El decomiso de La Habana (1956)Hecho
    02Crisis y narcotráfico1974–199015
    1. 1974Crisis y narcotráfico (1974–1990)Época
    2. 1976Bonanza marimbera y emergencia del narcotráfico (1976–1980)Hecho
    3. 1978Bonanza marimberaFicha
    4. 1980Carlos LehderFicha
    5. 1982Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez (1982)Hecho
    6. 1984Asesinato de Rodrigo Lara BonillaHecho
    7. 1984Narcoterrorismo, extradición y guerra contra el Estado (1984–1990)Hecho
    8. 1984NarcotráficoFicha
    9. 1984Pablo EscobarFicha
    10. 1984Rodrigo Lara BonillaFicha
    11. 1985Hacienda ganaderaFicha
    12. 1986Gonzalo Rodríguez GachaFicha
    13. 1986Guillermo Cano IsazaFicha
    14. 1989NarcoterrorismoFicha
    15. 1990Narcotráfico y tierra en Colombia (1980-2000)Pregunta
    03Constitución de 19911991–20028
    1. 1989Muerte de Pablo Escobar y reconfiguración del narcotráfico (1993)Hecho
    2. 1991Funpazcor y el despojo legalizado mediante filantropía armadaHecho
    3. 1994Gobierno Samper, Proceso 8.000 y las Convivir (1994–1998)Hecho
    4. 1994Vicente CastañoFicha
    5. 1995Fundación y expansión de las AUC (1995–2000)Hecho
    6. 1996Ernesto Samper PizanoFicha
    7. 1997El despojo narco-paramilitar y la contrarreforma agraria en Colombia (1980-2006)Pregunta
    8. 1999Monumento a la Paz de MonteríaHecho
    04Seguridad Democrática2002–20165
    1. 2002ProhibicionismoFicha
    2. 2003Carlos Mario Jiménez NaranjoFicha
    3. 2003Don Berna (Diego Fernando Murillo Bejarano)Ficha
    4. 2006La desmovilización de las AUC y las bacrim/AGC (2003-2006)Pregunta
    5. 2008Palma africanaFicha
    05Posconflicto2016–presente1
    1. 2018Néstor Humberto Martínez NeiraFicha
    06Transversal11
    1. 1700ContrabandoFicha
    2. 1910Santiago de CaliFicha
    3. 1971Guerra contra las drogasFicha
    4. 1974Alfonso López MichelsenFicha
    5. 1980EnvigadoFicha
    6. 1984Extradición en ColombiaFicha
    7. 1985Del país del café al país de la cocaínaPregunta
    8. 1985Economía cocaleraFicha
    9. 1985Economía de guerraFicha
    10. 1990Norte del ValleFicha
    11. 1994NarcoparamilitarismoFicha
    05

    Relaciones

    Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

    Relaciones editoriales

    1. 01Alfonso López Michelsen — su gobierno (1974-1978) es señalado como el período en que operó la Ventanilla Siniestra, mecanismo que facilitó el ingreso de dólares ilícitos al sistema financiero colombiano.
    2. 02Gilberto Rodríguez Orejuela — principal arquitecto de la estrategia de infiltración bancaria y empresarial del Cartel de Cali, controlando el Banco de los Trabajadores, el First Interamericas Bank de Panamá y empresas como Drogas La Rebaja y Grupo Radial Colombiano.
    3. 03Narcotráfico y paramilitarismo (AUC) — los grupos paramilitares utilizaron el lavado de activos mediante fachadas productivas, acaparamiento de tierras y control de eslabones del narcotráfico, fusionando economía ilícita y violencia organizada.
    4. 04Panamá — plaza financiera clave en la estrategia de lavado del Cartel de Cali, a través del First Interamericas Bank y su pacto con el Banco Cafetero de Panamá.
    5. 05Mercado de tierras en Colombia — el lavado de activos distorsionó estructuralmente el mercado rural mediante compras masivas con capitales ilícitos, testaferrato y desplazamiento forzado, obstaculizando la reforma agraria.
    6. 06Washington / Estados Unidos — fue desde Washington que se detectaron los mecanismos de lavado en Colombia (Ventanilla Siniestra, amnistías tributarias, exportaciones ficticias) y desde donde se presionó al gobierno colombiano a imponer controles y reformar los códigos penales.
    06

    Documentos y fragmentos citados

    32 documentos · 37 fragmentos

    01Álvaro Uribe Vélez: El Narcotraficante Nº 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 361 cita
    [1]

    y Restrepo sobre libertades sindicales (¿?); director de la Aeronáutica Civil 1980-82, cargo sobre el cual su biografía oficial no dice absolutamente nada; Alcalde de Medellín en 1982, sobre este cargo y su periodo no hay anotación alguna y es apenas comprensible, pues, es esta la época en que el Cartel de Medellín…

    p. 36
    02Alvaro Uribe Velez El Narcotraficante # 82Sergio Camargo V. · 2008 · p. 361 cita
    [2]

    y Restrepo sobre libertades sindicales (¿?); director de la Aeronáutica Civil 1980-82, cargo sobre el cual su biografía oficial no dice absolutamente nada; Alcalde de Medellín en 1982, sobre este cargo y su periodo no hay anotación alguna y es apenas comprensible, pues, es esta la época en que el Cartel de Medellín…

    p. 36
    03No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1611 cita
    [3]

    abogados de Escobar los habían sacado de la cárcel. El expediente había desaparecido 472. Los cultivos declarados ilícitos fueron profusos desde mediados de la década. Primero estuvo en auge la marihuana en la Sierra Nevada de Santa Marta, desde allí era exportada por rutas antiguas de contrabando de La Guajira y…

    p. 161
    04Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 1051 cita
    [4]

    varios ministros. En ese momento, Co lombia ya era conocida en Estados Unidos por la alta calidad de su marihuana gracias, en parte, al efecto “colchón de aire”, es decir, a la fuerte represión a los cultivos en México. Pese a todo esto, el gobierno y las élites empresariales colombianas no se percataron del cambio de…

    p. 105
    05Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 156, 1792 citas
    [5]

    que corresponden a un depósito de valor más que a activos generadores de ingresos. Por consiguiente, no resulta sorprendente que en un país donde la titulación de la propiedad rural sea precaria, parte de las utilida- des de dichas organizaciones se haya destinado a la adquisición de tierras, mientras que en sectores…

    p. 179
    [25]

    en la legisla- ción, penalizando el narcotráfico y los delitos conexos, recurrien- do a la extradición y modernizando su aparato de administración de justicia y de seguridad. Para la primera mitad de los años 90 se había logrado desarticular la mayoría de los grandes carteles de la década anterior y sus vínculos con…

    p. 156
    06Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 1051 cita
    [6]

    el lavado de activos y el repobla- miento con población afín al proyecto paramilitar (CNMH, 2012, páginas 142-151). 107 3 Despojo del proyecto paramilitar de la “nueva colombia” Magdalena Grande, y Mancuso Gómez fue el encargado de darles estatus social, buscar apoyos entre las élites establecidas y emer- gentes, y…

    p. 105
    07Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 1661 cita
    [7]

    que en un momen- tico resultan con unos negocios bien surtidos. Yo no creo que uno trabajando legalmente consiga plata así de fácil. Claro, no es que ellos sean mafiosos, pero sí trabajan con la plata de la mafia o son familiares, amigos o testaferros que lavan el billete, eso es otra cosa. La población ha cambiado…

    p. 166
    08Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 3272 citas
    [8]

    y que le suminis- tró, por ejemplo, parte de las regalías.  “Gremiales y empresariales”, que realizaron aportes a grupos parami- litares ya sea como inversión en seguridad o por extorsión en sectores industriales, financieros y comerciales.  “Fuentes proscritas”, aquellas que provienen de actividades ilegales como…

    p. 327
    [9]

    y que le suminis- tró, por ejemplo, parte de las regalías.  “Gremiales y empresariales”, que realizaron aportes a grupos parami- litares ya sea como inversión en seguridad o por extorsión en sectores industriales, financieros y comerciales.  “Fuentes proscritas”, aquellas que provienen de actividades ilegales como…

    p. 327
    09Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 4121 cita
    [10]

    y redes 412 de firmas como Laboratorios Kressfor, Drogas La Rebaja, Grupo Radial Colom- biano y Corporación Financiera de Boyacá, los hermanos Rodríguez intentaron penetrar el mundo legal del capital como acaudalados inversionistas. A mediados de los años setenta, Gilberto Rodríguez se convirtió en el prin- cipal…

    p. 412
    10Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 851 cita
    [11]

    de la casa y recuerdo la charla que le dio» 254. Pero el narcotráfico se disparó con el establecimiento de los laboratorios de coca y el aprovechamiento de pistas aéreas (como las que en su momento hicieron los indígenas koreguaje para el M-19). Tanto traficantes como esmeralderos empezaron 251 Entrevista…

    p. 85
    11The Para-State: An Ethnography of Colombia's Death SquadsAldo Civico · 2016 · p. 1541 cita
    [12]

    a car thief but later reached legendary status. Escobar is credited with transforming the Medellín Cartel into a multinational criminal corpo- ration. Instead of using individuals as drug mules, which is how the business had worked prior to Escobar, the “ patrón of evil,” as he was nicknamed, had at his disposal…

    p. 154
    12Colombia: The Politics of Reforming the StateEduardo Posada-Carbó (editor) · 1998 · p. 2221 cita
    [13]

    reform that has been proposed to the Congress. Drug trafficking and money laundering remain a heavy burden on the Colombian economy, because they induce luxury consumption, pro- mote unfair competition through smuggling and undervaluation of imports, inhibit the control of inflation and an adequate foreign ex- change…

    p. 222
    13Gran Enciclopedia de Colombia - Economía 2José Antonio Ocampo (Dirección Académica); Patricia Correa, Luis Nelson Beltrán, Roberto Steiner S. y otros (autores de capítulos) · 2007 · p. 2771 cita
    [14]

    de hoja de coca para fabricacion de cocaina, que facilmente duplicaba la demanda mundial, ponia en serias dudas la efectividad de las politicas de control de la oferta del estupefaciente, si a la vez no se actuaba enérgicamente en el control de la demanda. Asimismo, es posible que los grandes decomisos de cocaina…

    p. 277
    14Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Valle y norte del CaucaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 971 cita
    [15]

    personas incluso de los Llanos Orientales que vinieron a comprar tierras por acá» 204. El acaparamiento de tierras por parte de los narcotraficantes trajo profundas transformaciones sobre la posesión y usufructo de la tierra en el Valle. La expansión de los cultivos de uso ilícito en algunos puntos del Valle y el…

    p. 97
    15La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 921 cita
    [16]

    la fiscalización y monitoreo al desempeño de estos programas brilló por su ausencia. Además, hubo numerosos obstáculos legales y de procedimiento [Deininger, 2003]. Otra visión también crítica sobre los procesos reformistas proviene de la Contraloría General de la República. Luis B. Flórez dice al respecto que las…

    p. 92
    16Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. PacíficoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 781 cita
    [17]

    de predios, la construcción de balnearios y el crecimiento de los locales comerciales en Juradó y otras zonas del litoral estuvo íntimamente relacionada con el testaferrato de las mafias que, ante los ojos de la fuerza pública, movían libremente sus avionetas cargadas de droga a cambio de sobornos 200. Muchos de los…

    p. 78
    17La tierra de los tesoros tristesSimón Posada Tamayo · 2022 · p. 311 cita
    [18]

    reveló un esquema de lavado de dinero donde eran vendidos en varios países de Europa, Rusia y China. En el momento de la captura, la banda tenía 243 piezas listas para salir de Colombia. Un examen visual hecho por expertos del Museo de América determinó que, si bien eran de oro, todas eran falsas; sin embargo, en…

    p. 31
    18Historia contemporánea de Colombia (1920-2010)José Ricardo Arias Trujillo · 2011 · p. 1631 cita
    [19]

    el deporte, los medios de comunicación, la banca, miembros del Ejército y miles de campesinos y de comerciantes. La corrupción del narcotráfico llegó a tal nivel que, incluso, un presidente de la República (Ernesto Samper) fue acusado de recibir enormes cantidades de dinero del cartel de Cali para financiar su campaña…

    p. 163
    19Cambiar el futuro. Historia de los procesos de paz en Colombia (1981-2016)Eduardo Pizarro Leongómez · 2017 · p. 2331 cita
    [20]

    de nacionalidad chilena, Guillermo Pallomari, vinculado al cartel de esta ciudad. Pallomari terminó en el programa de protección a testigos (“mtnessprotectionprogram ”) de los Estados Unidos. En los documentos se encontraron evidencias de recursos destinados a financiar distintas campañas electorales, incluida la de…

    p. 233
    20Democracia feroz. ¿Por qué la sociedad en Colombia no es capaz de controlar a su clase política?Gustavo Duncan · 2018 · p. 1891 cita
    [21]

    las elecciones sino también la violencia. 139 En este capítulo y el siguiente participó Manuela Pantoja recolectando datos para la investigación. 140 Cargo en ese entonces denominado “ministro de Gobierno”. 141 Ver en el Diario El Tiempo el artículo “Horacio, el escudero de Samper”, publicado el 17 de marzo de 1996.…

    p. 189
    21Nos matan y no es noticia. Parapolítica de Estado en ColombiaRicardo Ferrer Espinosa, Nelson J. Restrepo A. · 2010 · p. 821 cita
    [22]

    Iglesia Católica, le preguntó a Ernes- to Samper si no había visto todo el dinero que los narcotrafican- tes habían invertido en su campaña. A la pregunta retórica, el sa- cerdote respondía irónicamente a Samper que es imposible no ver un elefante cuando entra a tu casa y se pasea en la sala, frente a tu televisor.…

    p. 82
    22Guerras RecicladasMaría Teresa Ronderos · 2014 · p. 2201 cita
    [23]

    de la Policía. Castaño era intermediario entre el Cartel de Cali y el Bloque de Búsqueda a Escobar». 149 La preocupación principal de la Embajada de Estados Unidos era que el Cartel de Cali adquiriera demasiado poder, bien porque la información acerca de qué irregularidades había cometido el Bloque de Búsqueda le…

    p. 220
    23Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. CaribeComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 801 cita
    [24]

    Marta desde los años cincuenta. Es claro que este narcotráfico seminal tejió fuertes redes con la política. Los casos más sobresalientes aparecerían más adelante, como el de Samuel Santander Lopesierra, más conocido como «El Hombre Marlboro», que ocupó curules en el Congreso y fue extraditado a los Estado Unidos,…

    p. 80
    24Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 9031 cita
    [26]

    montaje de la mano de la Unidad de Información y Análisis Financiero en contra de Yesid Ramírez, magistrado de la Corte Suprema de Justicia. El exfuncionario reconoció que, con el fin de desprestigiar al magistrado, desde el DAS se creó un documento anónimo que vinculaba al magistrado con personas cercanas al…

    p. 903
    25Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 2861 cita
    [27]

    legítimos en el de- recho pri va d o. El estigma soc ial hizo aún m ás impenetrable el mi s- terio del la vado de dinero. Un cuadro de tantos matices requería respuestas más inteligen- tes que la mera militarización del conflicto que vino por la vía de la ayuda de lo s Estados Unidos. Los equipos militares aportados…

    p. 286
    26El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1272 citas
    [28]

    128 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ 3. La crisis de Acdegam, las redes macro criminales y la expansión 1985-1989 Alrededor del año de 1985 Acdegam entra en una crisis financiera y sus am- biciosos planes de estructurar la organización, reclutar hombres, invertir en droguerías, clínicas,…

    p. 127
    [29]

    128 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ 3. La crisis de Acdegam, las redes macro criminales y la expansión 1985-1989 Alrededor del año de 1985 Acdegam entra en una crisis financiera y sus am- biciosos planes de estructurar la organización, reclutar hombres, invertir en droguerías, clínicas,…

    p. 127
    27Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Magdalena MedioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 911 cita
    [30]

    funcionarios del Estado del DAS, la dirección del DAS, estaba articulada con las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio [...] No pareciera que hubiese una responsabilidad institucional del liderazgo político y del liderazgo institucional de las Fuerzas Armadas, el nivel de articulación de la infraestructura…

    p. 91
    28Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 761 cita
    [31]

    se ha planteado el debate académico entre quie- nes sostienen que el narcotráfico fue un “choque externo”, in- ducido por la demanda internacional de narcóticos, y quienes afirman que, a diferencia de países similares, Colombia partici- pó de lleno en la oferta y tráfico de drogas porque la sociedad colombiana era…

    p. 76
    29Organized Crime in Colombia: The Actors Running the Illegal Drug IndustryFrancisco Thoumi · 2014 · p. 31 cita
    [32]

    obstacle to the enforcement of economic laws and facilitates the growth of illegal economic activities. Schneider and Klinglmair (2004, p. 10) estimate that the informal economy in 1999–2000 accounted for 39.1% of the gross domestic product. Perry et al. (2007) found that between 1992 and 2005 Colombian independent…

    p. 3
    30Víctima de la globalización: la historia de cómo el narcotráfico destruyó la paz en ColombiaJames D. Henderson · 2012 · p. 1102 citas
    [33]

    que hubiera comenzado. Para entonces, los grupos de traficantes 1 Mark Bowden, Killing Pablo, 51. 2 Gabriel Murillo, “Narcotráfico”, 223; Stephen Dudley, Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in Colombia (Nueva York: Routledge, 2004), 98. 110 James D. Henderson de Medellín y de Cali habían construido una…

    p. 110
    [34]

    que hubiera comenzado. Para entonces, los grupos de traficantes 1 Mark Bowden, Killing Pablo, 51. 2 Gabriel Murillo, “Narcotráfico”, 223; Stephen Dudley, Walking Ghosts: Murder and Guerrilla Politics in Colombia (Nueva York: Routledge, 2004), 98. 110 James D. Henderson de Medellín y de Cali habían construido una…

    p. 110
    31Buenaventura: un puerto sin comunidadConstanza Millán Echeverría, Ludivia Serrato Martínez, Oscar Pérez, Clara Castro, Danelly Estupiñán, Adriel Ruiz · 2015 · p. 871 cita
    [35]

    droga pertenecientes al Cartel de Medellín y al de Cali. Esta terce- ra generación 29 conformó el proceso de atomización de la mafia. En la tercera etapa del narcotráfico es reconocido el fortaleci- miento del Cartel del Norte del Valle, el cual para 1995 tomó el control del negocio en zonas que quedaron a su…

    p. 87
    32El terrorismo de Estado en ColombiaHernando Calvo Ospina · 2018 · p. 1642 citas
    [36]

    hasta la Casa Blanca, era en la puerta del vicepresidente George Bush donde se detenían. Este futuro presidente de la nación era el máximo responsable en el Consejo Nacional de Seguridad de darle seguimiento a la guerra antisandinista. Rápidamente la atención se centró en el “Irangate”, que era menos “delictivo”. Todo…

    p. 164
    [37]

    hasta la Casa Blanca, era en la puerta del vicepresidente George Bush donde se detenían. Este futuro presidente de la nación era el máximo responsable en el Consejo Nacional de Seguridad de darle seguimiento a la guerra antisandinista. Rápidamente la atención se centró en el “Irangate”, que era menos “delictivo”. Todo…

    p. 164