Idea · Crisis y narcotráfico
Hacienda ganadera
La hacienda ganadera es la institución agraria que más ha modelado el territorio colombiano: una matriz de acumulación de tierra y sujeción social que atraviesa cuatro siglos de historia, desde las mercedes coloniales hasta el lavado de activos del narcotráfico y la contrarreforma agraria de facto de finales del siglo XX.
Trayectoria de una idea
- 1590
Política de composiciones y surgimiento del régimen hacendatario
- 1728
Consolidación de haciendas ganaderas en las sabanas del Caribe
- 1850
Reformas liberales y apertura al despojo de tierras indígenas
- 1870
Expansión de la hacienda Berástegui en el Sinú
- 1963
Fundación de Fedegán
- 1980
Irrupción del narcotráfico: compra masiva de tierras ganaderas
- 1988
Contrarreforma agraria de facto y paramilitarismo
La lectura
La hacienda ganadera colombiana no fue simplemente una unidad productiva sino una institución de poder territorial que articuló durante cuatro siglos la acumulación de tierra, la sujeción de la fuerza de trabajo y el control político regional. Su paradoja central —baja rentabilidad productiva de apenas el 3% anual según el Banco Ganadero, pero alta eficacia como activo de poder y especulación— explica tanto su persistencia histórica como su capacidad de mutar sin cambiar de forma. La 'ley de tres pasos', documentada por Orlando Fals Borda con las palabras de los propios campesinos, revela que la colonización y el latifundio no fueron procesos opuestos sino las dos caras de un mismo mecanismo de despojo: el colono habilitaba la tierra con su trabajo, la vendía a precio irrisorio y era desplazado hacia una nueva frontera donde el ciclo recomenzaba. Cuando el dinero del narcotráfico irrumpió en los años ochenta, encontró en la hacienda ganadera una institución perfectamente diseñada para recibirlo: la narcoburguesía acumuló en pocos años más tierra de la que el Incora había distribuido en treinta años de reforma agraria, ejecutando una contrarreforma agraria de facto que devolvió al país a niveles de concentración heredados de la Colonia. La hacienda ganadera es, en última instancia, el hilo que conecta la merced colonial del siglo XVII con el despojo paramilitar del siglo XX, y la razón por la que la tierra sigue siendo en Colombia el nudo donde se atan la violencia, la política y el modelo económico.
La hacienda ganadera
La hacienda ganadera es la institución agraria que más ha modelado el territorio colombiano. No una simple unidad productiva, ni un paisaje bucólico de reses pastando en sabana abierta: una matriz de acumulación de tierra y de sujeción social que atraviesa cuatro siglos de historia nacional. En su forma exterior —potreros extensos, casa grande, mayordomo, vaqueros a caballo— parece una herencia colonial detenida en el tiempo. En su función real ha sido cualquier cosa menos estática: latifundio de mercedes coloniales en los siglos XVII y XVIII, frontera de colonización en los llanos y el piedemonte durante el XIX y XX, vehículo predilecto del lavado de dinero del narcotráfico entre 1980 y 1995, infraestructura logística del paramilitarismo en el Magdalena Medio, Córdoba y Urabá, y activo especulativo de una contrarreforma agraria de facto que devolvió al país a niveles de concentración de la tierra que la República apenas había intentado corregir. Entender la hacienda ganadera es entender por qué la tierra sigue siendo, en Colombia, el hilo tenso del que cuelgan la violencia, la política y el modelo económico.
Qué es la hacienda ganadera
Definida en términos técnicos, la hacienda ganadera es una explotación agropecuaria operada por un terrateniente dominante y una fuerza de trabajo dependiente, dedicada de manera preferente al pastoreo extensivo de ganado bovino sobre grandes extensiones de tierra. La palabra clave es extensivo: la hacienda ganadera colombiana histórica se caracterizó por bajas tasas de extracción, desarrollo discontinuo de la producción y una relación entre tierra y cabezas de ganado tan desproporcionada que una res podía disponer de más terreno que una familia campesina entera. Un muestreo del Banco Ganadero estimó que el capital invertido en ganadería generaba una renta anual del apenas 3%, cifra que basta para entender por qué el interés del propietario nunca estuvo, sobre todo, en producir carne o leche: estuvo en atesorar tierra, en valorizarla y en ejercer sobre ella un control político-territorial que ninguna otra actividad rural permitía con la misma economía de esfuerzo.
De esa aritmética paradójica —baja rentabilidad productiva, alta rentabilidad como activo— se desprende casi todo lo demás. La hacienda ganadera fue durante siglos la forma más eficiente de convertir tierra en poder, y esa eficiencia explica tanto su persistencia como su capacidad de mutar sin cambiar de forma. En los años ochenta, cuando Fabio Ochoa Restrepo, Gonzalo Rodríguez Gacha, Víctor Carranza y los hermanos Castaño compraron millones de hectáreas, no inventaron una institución nueva: heredaron una que llevaba cuatrocientos años perfeccionándose.
Orígenes coloniales: mercedes, composiciones y encomienda
El linaje de la hacienda arranca en el siglo XVI con las mercedes de tierra, instrumento jurídico mediante el cual la Corona española distribuía suelo americano por tres vías: como recompensa a servicios prestados, como pago de composición por tierras ocupadas sin título, o como venta directa a bajo precio. Entre 1590 y 1620, la política de composiciones al mejor postor —que titulaba tierras realengas a cambio de un pago— empujó de manera decisiva el surgimiento del régimen hacendatario. La Corona, necesitada de recursos, legalizó ocupaciones de hecho y creó de golpe una clase de grandes propietarios cuya legitimidad descansaba en el desembolso, no en el trabajo.
A esa vía se sumó otra, más silenciosa y más eficaz: la caída demográfica indígena. La disminución catastrófica de la población nativa liberó tierras que los encomenderos incorporaron a sus aposentos o convirtieron en objeto de nuevas mercedes. Aunque la encomienda y la merced eran jurídicamente instituciones distintas —la primera otorgaba derechos sobre personas, la segunda sobre suelo—, en la práctica se enredaron sin remedio: los encomenderos acumularon tierras mediante otorgaciones de los cabildos, ocupación de hecho en inmediaciones de asentamientos indígenas, usufructo derivado del tributo en especie y usurpación directa de tierras de sus encomendados. Los resguardos indígenas, en particular, sufrieron desde finales del siglo XVI la invasión sistemática del ganado de los terratenientes y la infiltración de mestizos, mulatos y blancos pobres que obtenían suelo por matrimonio, arrendamiento o usurpación.
En el continente americano, donde no podían reproducirse las exacciones feudales ibéricas, esa combinación de mercedes, composiciones, caída demográfica y erosión de los resguardos consolidó a la hacienda como forma central de organización económica y social desde el siglo XVII. En las sabanas del Caribe, familias como la de Tomás Lorenzo de Pinedo obtuvieron mercedes desde 1728 en el eje Corozal-Morroa y montaron explotaciones ganaderas que serían el germen de dinastías rurales cuya influencia se prolongaría hasta el siglo XX.
De la República al siglo XX: baldíos, colonos y la ley de tres pasos
La independencia no desmontó la estructura heredada; la reorganizó. La disolución de la propiedad comunal indígena, ordenada en teoría desde comienzos del siglo XIX, se demoró hasta 1832, y solo con las reformas liberales de José Hilario López en 1850 pudieron los indígenas poseer y enajenar libremente sus tierras, apertura que en la práctica facilitó su despojo. Durante el resto del siglo XIX la República utilizó los baldíos —vastas extensiones formalmente propiedad del Estado— para pagar bonos de deuda pública, compensar servicios militares, financiar colonización empresarial y construir caminos, con el efecto acumulado de consolidar la estructura de grandes propiedades que ya venía del régimen colonial.
Es en este período cuando toma forma el mecanismo que Orlando Fals Borda documentaría más tarde en la costa atlántica y bautizaría, con las palabras de los propios campesinos, como la ley de tres pasos, operación central para entender cómo se hizo el latifundio ganadero moderno. Primer paso: el colono tumba el monte, quema, siembra rozas de maíz y plátano, y trabaja la tierra hasta que se cansa. Segundo paso: vende sus mejoras a bajo precio a un contratista o finquero que va consolidando las tierras habilitadas. Tercer paso: un gran terrateniente exige o compra esas tierras ya limpias para ampliar su estancia o montar una nueva hacienda. El costo monetario para el hacendado resulta extraordinariamente bajo: quien pagó con sudor fue el colono, cuya remuneración final es el precio irrisorio de las mejoras y, con frecuencia, el desplazamiento hacia una nueva frontera donde el ciclo vuelve a comenzar.
A la modalidad del colono "libre" se le añadió, con frecuencia, la del colono contratado verbalmente por el terrateniente antes de tumbar el monte, en condiciones que aseguraban de antemano el paso final de la operación. En cualquiera de sus versiones, la ley de tres pasos convirtió al campesinado en el actor involuntario que reproducía, en cada frontera agraria sucesiva, la concentración de la tierra. La colonización campesina y el latifundio ganadero no fueron procesos opuestos: fueron las dos caras de un mismo mecanismo. En el Caquetá, el piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena Medio la dinámica se repitió con variaciones locales. Hacia comienzos de los años sesenta, en Caquetá, al menos un gran tenedor cercano al poder llegó a poseer entre 35.000 y 72.000 hectáreas, buena parte en los llanos del Yarí destinados a ganadería extensiva. Los estudios del Incora en esa década ya permitían formular la conclusión que Alfredo Molano recogería después con nitidez: en Colombia, el problema de la concentración de la tierra se vinculaba estructuralmente al problema de la colonización.
Geografía de la hacienda: Sinú, sabanas, llanos
Colombia no tiene una hacienda ganadera sino varias, moldeadas por la geografía. A lo largo del curso medio y bajo del río Sinú predomina la gran hacienda ganadera junto a pueblos de vida lacustre a orillas de las ciénagas y a ciudades-puerto. En las sabanas de Bolívar, Sucre y Córdoba, la ganadería extensiva se impuso como actividad rectora porque el ciclo climático de inundaciones, la escasez de mano de obra y la dispersión de los poblados dificultaron el desarrollo de una agricultura comercial intensiva. La costa atlántica quedó definida en su fisonomía por la ganadería más que por cualquier otra actividad. Un latifundio del Sinú alcanzó al menos doce mil hectáreas —articuladas en fincas como El Coco, La Ceibita, El Cedro, Rosavieja y El Tajo—, vinculando intereses capitalistas extranjeros a la producción de azúcar y a la búsqueda de petróleo, con presencia de ejércitos durante la guerra de los Mil Días.
En los Llanos Orientales al norte del Meta, en Arauca y Casanare, la abundancia de pastos y las inundaciones estacionales que restringen la ocupación a los bancos altos de sabana produjeron una variante particular: el hato, con su propia jerarquía interna de vegueros, vaqueros dueños de sus caballos y aperos, caballiceros, caporales y mayordomos. En el departamento del Meta, hacia 1970, existían alrededor de 3.000 hatos ganaderos, mientras 10.722 fincas agrícolas —el 73% de todas las explotaciones agropecuarias— ocupaban apenas 468.500 hectáreas de los más de tres millones considerados productivos: la aritmética de la desproporción se lee sola.
La estructura laboral repite el patrón en todas las regiones. El propietario visita el hato una o dos veces al año y reside en la ciudad. El mayordomo administra en el sitio, con su familia entera al servicio del dueño y un salario mensual que solo remunera al hombre. Los caporales dirigen las manadas y los rodeos, los vaqueros pastorean a caballo con sus propios instrumentos de trabajo, los caballiceros cuidan la caballada, los sirvientes hacen el resto. Es una jerarquía nítida, con márgenes de dignidad para el vaquero llanero —que tiene categoría social reconocida y capital propio en su caballo y su silla— y espacios de sujeción casi feudal para las familias de los mayordomos, cuyo trabajo colectivo se subsume en el salario individual del jefe de hogar.
El debate historiográfico: ¿calamidad o motor?
Durante el siglo XX, la hacienda ganadera colombiana quedó atrapada en un debate que todavía la persigue. De un lado, la tradición crítica, cuya formulación más severa vino de Salomón Kalmanovitz: la ganadería costeña como calamidad histórica, por haber quitado tierras a la población campesina, impedido el desarrollo agrícola y consolidado una estructura rentista incapaz de generar productividad. Del otro, una lectura revisionista que la reivindica como factor de acumulación de capital y de integración económica de regiones enteras al mercado nacional.
El material empírico se inclina más hacia la primera lectura, aunque con matices que la segunda captura bien. La hacienda ganadera fue efectivamente poco productiva —renta del 3% anual, uso extensivo del suelo, resistencia a la tecnificación—, pero esa baja productividad no fue solo desidia: los ganaderos evitaban importar razas finas europeas porque las guerras civiles endémicas de los siglos XIX y XX volvían probable que las tropas de cualquier bando sacrificaran los ejemplares finos para alimentarse. La inversión en mejoras técnicas resultaba irracional en un país donde el capital se protegía mejor en el activo tierra que en el activo ganado. El resultado fue una tendencia estructural a desviar recursos hacia la valorización del suelo antes que hacia la productividad, patrón que explica por qué la hacienda pudo sobrevivir tres siglos con márgenes tan estrechos y por qué, cuando llegó el dinero del narcotráfico, encontró una institución perfectamente diseñada para recibirlo.
El caso de la hacienda Berástegui, en la costa atlántica, ilustra bien el punto: entre 1870 y 1880 se expandió de 8.000 a 12.000 hectáreas, y su historia posterior de fragilidad financiera cuestiona la imagen de la "típica" hacienda ganadera exitosa. Las haciendas grandes crecían, pero no siempre por la prosperidad de su negocio; crecían porque en la lógica del sistema el tamaño era el único seguro contra la volatilidad. En 1963 los ganaderos formalizaron su poder gremial al fundar la Federación Colombiana de Ganaderos, Fedegán, que en la década siguiente estableció una red de oficinas regionales y asumió la representación política de un sector que, sin ser el más productivo del país, era el que más tierra controlaba.
La coyuntura de los ochenta: crisis y dinero sucio
Hasta aquí, la hacienda ganadera había sido una institución de larga duración con ritmos lentos, ciclos de expansión frontera adentro y rentabilidades bajas pero estables. Los años ochenta rompieron esa temporalidad. El detonante fue el narcotráfico. Entre 1980 y 1988, del total de excedentes generados por los narcotraficantes colombianos —estimados en 4.000 millones de dólares—, el 45% se invirtió en tierras, especialmente en fincas ganaderas usadas para especular con los precios del suelo. Entre 1980 y 1995, los narcotraficantes compraron tierras en 409 municipios del país, y en el conjunto de los años ochenta y noventa acumularon aproximadamente 4,4 millones de hectáreas con un valor cercano a 2.400 millones de dólares.
La cifra tiene una dimensión que solo se aprecia por comparación: la narcoburguesía adquirió en pocos años más tierra de la que el Incora había distribuido durante los treinta años de la reforma agraria republicana. Una contrarreforma agraria de facto, ejecutada con dinero líquido, testaferros y la precariedad crónica de la titulación rural colombiana. La compra se concentró en cinco regiones que dibujan el mapa del negocio: la cuenca del río Cauca, las cuencas alta y media del río Magdalena, la costa atlántica y la Orinoquía. Fue allí donde Fabio Ochoa Restrepo, Gonzalo Rodríguez Gacha, Víctor Carranza, Pablo Escobar y los hermanos Castaño construyeron sus latifundios ganaderos.
La hacienda El Martillo, entre Canaletes y Puerto Escondido, pasó en diciembre de 1988 de los hermanos Durango a manos de Escobar y Rodríguez Gacha, y funcionó como base operativa con pista de aterrizaje y caleta para el tráfico de drogas hacia Centroamérica y Norteamérica. El ejemplo condensa el patrón: la finca ganadera servía simultáneamente como fachada legal, como activo especulativo, como mecanismo de lavado y —si la geografía lo permitía— como infraestructura logística del negocio ilegal. La forma exterior de la hacienda no cambió: seguía habiendo mayordomo, vaqueros, ganado, cercas. La función se transformó por completo.
La compra masiva se intensificó a partir de 1989 en zonas cafeteras, cuando la ruptura del Pacto Internacional del Café y la crisis de la broca a comienzos de los noventa arruinaron a miles de pequeños productores. Los narcotraficantes adquirieron fincas cafeteras y desmantelaron las siembras. Muchos campesinos quebrados, sin tierra y sin cultivo, migraron hacia los cocales del piedemonte amazónico. El mismo dinero que compraba haciendas ganaderas en el Magdalena Medio o el Cauca empujaba, por el otro extremo del sistema, la expansión del área sembrada de coca en Caquetá, Putumayo y Guaviare.
Apertura económica: el catalizador macroeconómico
Al drenaje cafetero se le sumó, entre 1990 y 1994, un factor que agravó la crisis rural hasta niveles inéditos: la apertura económica de la administración de César Gaviria, con Rudolf Hommes como ministro de Hacienda. Para el presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia, Rafael Mejía, aquella apertura fue indiscriminada y demoledora para el campo. Los números respaldan el juicio: durante el cuatrienio, el PIB agropecuario creció apenas 2,52% en promedio, frente al 4,26% del PIB general, con una caída del sector agrario del 5,9% de crecimiento en 1990 al -2,0% en 1992. La producción algodonera de la costa Caribe colapsó, arrastrando consigo renglones productivos regionales enteros que dependían de ella. Muchas fincas antes agrícolas se pasaron a la ganadería, no como decisión productiva sino como huida: era la única forma de mantener el activo tierra generando algún ingreso mínimo mientras se aguardaba la valorización.
La convergencia fue letal. Por un lado, el narcotráfico compraba tierra a precios crecientes y despejaba a los propietarios agrícolas quebrados. Por otro, la apertura destruía la rentabilidad de los cultivos legales y empujaba a los productores hacia la ganadería extensiva o, en el peor caso, hacia la coca. Los campesinos y pequeños productores carecían de recursos institucionales, financieros y tecnológicos para adaptarse a la competencia internacional, y la migración de trabajadores agrarios hacia los cultivos ilícitos creció de forma constante durante toda la década. La política macroeconómica, no solo la violencia, funcionó como motor de la contrarreforma agraria: la apertura vació de rentabilidad al campo legal justo cuando el narcotráfico llegaba con dólares a llenar el vacío.
El crecimiento del PIB nacional durante ese cuatrienio se apoyó más en el consumo suntuario, la construcción y el sector financiero que en la industria o el agro, lo que varios analistas leyeron como una desindustrialización relativa. La apertura no cumplió su promesa declarada de generar competitividad exportadora; sí cumplió, sin proponérselo, la de allanar el terreno para la reconcentración ganadera.
Ganaderos, autodefensas, paramilitares
La transformación económica vino acompañada de una transformación política aún más grave: la conversión de la hacienda ganadera en base logística del paramilitarismo. El proceso empezó en el Magdalena Medio a comienzos de los ochenta. Los grupos paramilitares de esa región nacieron para prestar servicios de protección a ganaderos, comerciantes y narcotraficantes locales, y para tomar represalias contra las guerrillas —principalmente el Frente Cuarto de las FARC, cuyo equilibrio territorial con actores locales se quebró a partir de 1979 por la expansión guerrillera y la respuesta militar del Estado—.
En 1984 nació la Asociación Campesina de Ganaderos y Agricultores del Magdalena Medio, ACDEGAM, fachada legal que canalizaba recursos hacia las autodefensas y promovía campañas políticas. El Ejército Nacional, específicamente el Batallón Bárbula, convocó reuniones con ganaderos, líderes políticos y empresarios para organizar los grupos armados civiles, y facilitó la compra de armamento. La alianza entre militares, ganaderos y paramilitares estuvo entrelazada desde el origen. Los ganaderos asociados a ACDEGAM pagaban aproximadamente mil pesos mensuales por cabeza de ganado al proyecto paramilitar, y los hacendados que se negaban podían ser asesinados. La coacción operaba en ambas direcciones: contra la guerrilla y contra los propios pares del gremio que resistían la afiliación.
Hacia 1985, ACDEGAM entró en crisis financiera: los aportes ganaderos eran insuficientes para sostener la expansión paramilitar. Ese punto es decisivo para entender la historia real del fenómeno. La hacienda ganadera no tenía músculo financiero propio para sostener una guerra: su rentabilidad del 3% anual, sus ciclos de inversión larga y su dependencia de la valorización del suelo la hacían estructuralmente incapaz de financiar ejércitos privados a la escala que la contrainsurgencia requería. Fue entonces cuando entró el narcotráfico como principal patrocinador. Rodríguez Gacha, con su capital inmenso y sus intereses ganaderos en el Magdalena Medio, se convirtió en la figura articuladora entre las dos capas. La dirección operativa de las primeras acciones siguió en manos de ganaderos y militares; el financiamiento, cada vez más, provino del negocio ilegal.
En Córdoba y Urabá, la secuencia fue similar con actores propios. Las élites ganaderas y terratenientes de la región, resentidas por la actuación del EPL, las FARC y otras guerrillas contra hacendados, apoyaron activamente el proyecto paramilitar liderado por la familia Castaño. Las fincas adquiridas por Fidel y Carlos Castaño Gil en el sur de Córdoba —en municipios como Tierralta y Valencia— se convirtieron en el centro de control de los grupos que darían origen a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá y, más tarde, a las Autodefensas Unidas de Colombia bajo el mando articulador de Salvatore Mancuso. En esas fincas se aplicaban métodos de tortura, y la estructura contaba con el respaldo de mandos militares de la Brigada 11 del Ejército.
La hacienda ganadera aportó lo que ninguna otra institución podía aportar a la contrainsurgencia armada: territorio controlado, mano de obra dependiente, redes de mayordomos y caporales convertibles en informantes, jerarquía social intacta, aislamiento respecto al Estado central y una tradición de autoridad privada que hacía casi natural la aparición de grupos armados como "prolongación" del orden hacendatario. La forma exterior seguía siendo la de siempre; adentro, se armaba una guerra.
Despojo, desplazamiento, contrarreforma
El costo humano de esa mutación se puede leer en una cifra: entre 1980 y 2010, en Colombia se perdieron o abandonaron 6,6 millones de hectáreas por desplazamiento forzado, y el 79,3% de esa cifra corresponde al período 1998-2008 —la década de mayor intensidad del conflicto armado—. Entre 2002 y 2009, coincidiendo con la consolidación del Bloque Norte de las AUC y su posterior desmovilización, la concentración de la tenencia de la tierra aumentó un 2,5% en el 57% del territorio nacional. En las regiones donde predomina el latifundio ganadero —Urabá, Córdoba, Sucre, norte de Bolívar, sur del Magdalena y Cesar— la población campesina fue expulsada masivamente hacia pueblos y ciudades.
Los mecanismos del despojo mezclaron la violencia con la técnica jurídica. Venta forzada a precios ridículos. Ocupación de tierras luego presentadas como baldíos. Quema de viviendas para forzar el abandono. Manipulación de avalúos periciales para depreciar los predios antes de la transacción. Corrupción de entidades como el Incora que facilitaban el traspaso administrativo. En el Magdalena Medio, las operaciones paramilitares incluían el bloqueo de alimentos y la obstaculización de trámites ante el Incora y la Caja Agraria, lo que apunta a que los ataques respondían también a intereses territoriales de ganaderos vinculados al MAS —el Muerte a Secuestradores— más allá de la pura lógica contrainsurgente.
El conflicto armado no solo desplazó personas: quebró el tejido social campesino en cinco planos simultáneos —tenencia de la tierra, vínculos familiares, vínculos comunitarios, articulaciones urbano-rurales y ecosistemas—. La confrontación armada coincidió con una reducción drástica de los conflictos agrarios registrados. Los municipios con conflictos agrarios habían llegado a un máximo de 104 en 1987, y a mediados de los noventa la cifra se había desplomado. La disminución no reflejaba resolución de las contradicciones: reflejaba la eliminación física, por asesinato o desplazamiento, de los actores capaces de plantearlas.
La Ley 975 y el problema irresuelto
La Ley 975 de 2005, marco de la desmovilización y reintegración paramilitar bajo el gobierno de Álvaro Uribe, no condicionó los beneficios de los excombatientes a la restitución efectiva de tierras y bienes despojados a las víctimas campesinas, afrodescendientes e indígenas. La Procuraduría General de la Nación observaría después que el proceso debió haberse enmarcado en los Principios Deng y los Principios de Restitución de Naciones Unidas para garantizar esa devolución. No se hizo. El Gobierno nacional no construyó acuerdos con los grupos de autodefensas para que restituyeran los bienes como condición de acceso a los beneficios. El resultado fue que la desmovilización política del paramilitarismo dejó intacto su patrimonio territorial.
La política de restitución de tierras vino después, durante la administración de Juan Manuel Santos, bajo la responsabilidad del Ministerio de Agricultura, y fue descrita como una experiencia inédita porque Colombia empezó a restituir antes incluso de firmar el acuerdo final de paz con las FARC —a diferencia del caso sudafricano, donde la restitución comenzó una vez firmados los acuerdos—. El esfuerzo institucional fue serio, pero enfrenta un problema de escala: la contrarreforma agraria de los ochenta y noventa concentró tanto suelo, con tal densidad de testaferros y tal precariedad documental, que su reversión requeriría un aparato administrativo y político mayor que el que cualquier gobierno colombiano ha estado dispuesto a movilizar.
La huella
Del lado gremial, Fedegán y el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural adoptaron en años recientes una postura favorable a los sistemas silvopastoriles y promovieron el proyecto Ganadería Colombiana Sostenible, Núcleos Dinamizadores Regionales, orientado a multiplicar modelos de reconversión ganadera ambientalmente sostenible mediante asistencia técnica, crédito especializado, capacitación e incentivos económicos. Es un cambio de discurso —del latifundio extensivo al pastoreo tecnificado— cuya materialización efectiva todavía se juega en el territorio.
Del lado del análisis histórico, la hacienda ganadera colombiana deja una pregunta que ninguna reconversión productiva basta para responder: por qué una institución con rentabilidad tan baja pudo dominar el paisaje agrario nacional durante cuatro siglos. La respuesta, tejida en los hechos, es que la hacienda ganadera nunca fue solamente un negocio. Fue una forma de poder, un dispositivo territorial, una infraestructura política y —cuando las circunstancias lo requirieron— una máquina de guerra. Sobrevivió a las mercedes coloniales, a los baldíos republicanos, a las guerras civiles del XIX, a la Violencia, al Frente Nacional, a la reforma agraria y a la apertura económica. Sobrevivió porque su función real siempre fue más profunda que la producción de carne o leche: fue la conversión de tierra en autoridad, y esa conversión no requiere mercado sino jerarquía.
Entre 1980 y 2000, el narcotráfico descubrió esa lógica y la aprovechó con una eficacia que ni los propios hacendados habían logrado. Los 4,4 millones de hectáreas comprados con 2.400 millones de dólares no fueron una desviación del régimen hacendatario: fueron su culminación coyuntural en el momento en que la crisis cafetera, la apertura económica y la contrainsurgencia armada crearon simultáneamente la demanda, la oferta y la justificación política de un nuevo ciclo de concentración. La hacienda ganadera no fue destruida por el narcotráfico ni por el paramilitarismo; fue absorbida por ellos, y esa absorción fue posible porque la institución ya estaba, desde el siglo XVI, diseñada para absorber cualquier capital que llegara a comprar el activo tierra. La huella más honda que deja en Colombia no es un paisaje ni una economía: es una estructura política del suelo que sigue explicando, en este siglo, por qué la paz sin restitución es un acuerdo escrito sobre arena.
En el archivo
1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.
Relaciones
Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.
Relaciones editoriales
- 01Fabio Ochoa Restrepo — comprador de haciendas ganaderas para lavado de activos del narcotráfico
- 02Gonzalo Rodríguez Gacha — acumulación de latifundios ganaderos en regiones de conflicto
- 03Víctor Carranza — propietario de haciendas ganaderas en los Llanos Orientales vinculadas al paramilitarismo
- 04Fidel Castaño y Carlos Castaño — uso de haciendas ganaderas como infraestructura paramilitar en Córdoba y Urabá
- 05Orlando Fals Borda — documentó la 'ley de tres pasos' como mecanismo de expansión del latifundio ganadero en la costa atlántica
- 06Salomón Kalmanovitz — formuló la crítica más severa de la ganadería costeña como 'calamidad histórica'
- 07Alfredo Molano — vinculó estructuralmente la concentración de la tierra al problema de la colonización
- 08Fedegán — representación gremial y política de los ganaderos colombianos desde 1963
- 09Córdoba — región de predominio de la gran hacienda ganadera y escenario del paramilitarismo
- 10Magdalena Medio — zona de colonización y latifundio ganadero, infraestructura logística paramilitar
- 11Llanos Orientales — territorio de haciendas de ganadería extensiva con estructura social del hato
- 12Latifundio — forma estructural que define a la hacienda ganadera colombiana
Personas
Lugares
Ideas
Documentos y fragmentos citados
58 documentos · 74 fragmentos
01La tierra en ColombiaEstanislao Zuleta, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) · 1973 · p. 161 cita
[1]se admite que el ocupante ad quiera su título de •propiedad mediante el pago de una suma a la Corona. Se autorizó la venta de tierra a bajo precio, por parte del Estado, con la finalidad de recavar fondos y atraer nue vos colonos a las tierras sin ocupar. Asimismo se autorizó otorgar tierras a los indios en forma de…
p. 16
02Industria y protección en Colombia, 1810-1930Luis Ospina Vásquez · 2017 · p. 541 cita
[2]McBride « The Land Systems of México », American Geographical Society Research Series, n.º 12. (New York, 1912). 55 Iíndicers t aeócouurpí oí Cólóvxrs 1810-1930 más común parece que valiera algo más de 423 hectáreas 20; y no se trataba de tierras alejadas de los poblados, como son hoy las baldías, sino antes…
p. 54
03Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 171 cita
[3]CNMH, 2016, página 47), pues ya se apreciaba entre 1590 y 1620, como resul- tado de la política de composiciones de tierras al mejor postor, que la Corona española empleó para titular las tierras llamadas realengas, o del rey de España, y que originó el régimen de las haciendas, concebidas como un sistema social,…
p. 17
04Nueva Historia de Colombia. Vol. I: Colombia Indígena, Conquista y ColoniaÁlvaro Tirado Mejía, Jaime Jaramillo Uribe · 1989 · p. 1251 cita
[4]veces gar- banzos, habas, fríjoles, caña y lino). Fuera de esto, debían dar indios de servicios (un 3 o 4% de los varones adultos) para los aposentos del encomendero, los cuales eran casi siempre tie- rras ocupadas de hecho en las inmediaciones del asentamiento indígena. Además, la obliga- ción del tributo en especie…
p. 125
05Manual de Historia de Colombia, Tomo IJaime Jaramillo Uribe (Director Científico), Gerardo Reichel-Dolmatoff, Juan Friede, Jorge Palacios Preciado, Alberto Corradine Angulo, Francisco Gil Tovar, María Teresa Cristina · 1982 · p. 2481 cita
[5]que su patr ó n de poblamiento disperso quedaba abolido, muchas tierras se desembarazaron y fueron objeto de mercedes nuevas. Por debajo del aspecto jur í dico-formal de la apropiaci ó n sub yace el problema m á s complejo de la evoluci ó n econ ó mica que llev ó a la efectiva ocupaci ó n de la tierra por parte de los…
p. 248
06Historia de Colombia. País fragmentado, sociedad divididaFrank Safford, Marco Palacios · 2012 · p. 1041 cita
[6]e cu ltu ra hispana y no tan dócil como los indígenas. La presión de blancos pobres y de libres p o r ob ten er tierra halló su ex presión en dos tipos de colonización, q u e H erm es T ovar Pinzón ha llam ado la "frontera cerrada" y la "frontera abierta". La p rim era consistía en las tierras co m unitarias indígenas…
p. 104
07Historia doble de la Costa. Tomo 1: Mompox y LobaOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1281 cita
[7]relaciones de producción de la Costa Atlántica", en F. Leal y otros, E l agro en el desarrollo histórico colombiano, Bogotá, 1977, 133-151). Los tributos de la Costa no quedaron al arbitrio de los dueños o señores, como anres, sino fijados según reglas especificas (por ejemplo, se calculaban doce indios útiles p a r a…
p. 128
08Assembling Flowers and Cultivating Homes: Labor and Gender in ColombiaGreta Friedemann-Sánchez · 2006 · p. 371 cita
[8]since the seventeenth century. The definition of hacienda that best encompasses most of its characteristic elements comes from Eric Wolf and Sidney Mintz (1957a): “An agricultural estate, operated by a dominant landowner and a dependent labor force, organized to supply a small market by means of scarce capital, in…
p. 37
09El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 114, 2562 citas
[9]se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…
p. 114
[16]en la ganadería colombiana Es obvio que el cuadro abstracto de la tecnología ganadera delineado atrás no corresponde al estado de las prácticas en la ganadería nacional. Mientras que la ganadería i ^eal se lleva a cabo mediante técnicas que hacen intensiva la utilización de la tierra, regularizando y midiendo…
p. 256
10Historia doble de la Costa. Tomo 4: Retorno a la tierraOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1531 cita
[10]en gran medida a intereses capitalistas extranjeros, así en la producción de azúcar como en la eventual búsqueda de petróleo. Allí hubo de todo: opulencia y miseria; acumulación y explotación; injusticias y aberraciones; el cepo junto a un Cristo y una fábrica de "ron burguero". También allí se cumplió inexora- ble la…
p. 153
11Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1071 cita
[11]general del problema de- be tener en cuenta el hecho de que las primeras disposiciones legales afectaron muy poco la estructura de la tenencia de la tierra. En efecto, la verdadera disolución de la propiedad comunal y su distribución entre los indios tributarios fue demorada hasta 1832; aun entonces, se les prohibió a…
p. 107
12Resistencia en el San JorgeOrlando Fals Borda · 2002 · p. 1271 cita
[12]de origen campesino con ocupación agrícola o ganadera. Pero aspiraban a ser " s e ñ o r e s " y, en todo caso, querían explotar la situación colonial con fines de enriquecimiento, en lo que actuaron con egoísmo de clase y de grupo, muchas veces contra sus mismos compañeros y fami- liares. Los que entraron por los…
p. 127
13El poder de la carne. Historias de ganaderías en la primera mitad del siglo XX en ColombiaAlberto G. Flórez-Malagón (ed.), Luis Guillermo Baptiste, Ingrid Johanna Bolívar, Stefania Gallini, Shawn Van Ausdal · 2008 · p. 281 cita
[13]dadas las condiciones ambientales y económicas, ¿fue uno de los mejores y más lógicos usos de la tierra, y una actividad que sirvió como furma significativa de acumulación de capital e integración económica? Una respuesta clara es rodavía prematura, y depende de avances en la investigación empírica sobre la historia…
p. 28
14Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientesCarlos Dávila Ladrón de Guevara (compilador) · 2003 · p. 143, 1442 citas
[14]con la actividad ganadera, apreciaba su naturaleza y, sobre todo, su importancia central en el pasado nacional. Para Ospina Vásquez, “la extensión de la ganadería [...] fue el principal elemento dinámico de nuestra evolución agrícola desde el fin del período colonial hasta la gran expansión del café”1 2. Esta…
p. 143
[23]de Berástegui la que originalmente motivó mi in terés en cuestionar la interpretación dominante sobre la ganadería costeña19. Es cierto que la hacienda tuvo sus orígenes en la época colonial, y sus títulos los heredó a fines 1 7 R i p o l l (1997 y 1999); M e i s e l R o c a y V i l o r i a d e l a H o z (1999) y O c…
p. 144
15La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 19, 1732 citas
[15]de la producción ganadera y su casi nulo mejoramiento técnico, con insignificantes índices de aumento de la producti vidad e incluso con algunos de decrecimiento a lo largo de 20 a 25 años, tiempo en el cual han, transcurrido varios ciclos ganaderos. Al igual que la abismal diferencia que separa a nuestra ganadería de…
p. 19
[22]más del 40% anual, en tan to que en la ganadería, según un muestreo adelantado por el Banco Ganadero, el capital invertido sólo genera una renta del 3 % anual. Esa es una de las razones p ara que los ganaderos se estén convirtiendo en negociantes desviando su vocación h acia sectores de la economía donde los riesgos…
p. 173
16La violencia en Colombia: Estudio de un Proceso SocialGermán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna · 1962 · p. 1301 cita
[17]el Llano el magnate no siembra. La labor agrícola está encomendada al veguero, dueño de algunas reses y una casa ubicada en la ribera de los ríos dentro de los grandes fundos. El señor del hato le paga los víveres (plátano y yuca) con vacas HISTORIA Y GEOGRAFIA DE LA VIOLENCIA 129 viejas para "carnear". En el Llano…
p. 130
17Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 4, 1132 citas
[18]of the hato owner, the veguero might also own some cattle. On the hato itself, the vaqueros were in charge of work- ing with the cattle. They owned their own horses and riding equipment neces- sary for their job and received a salary. Caballiceros took charge of caring for the horses on the estate. The hato also…
p. 4
[27]began a program known as Meta No. 1 to protect colonos who duly registered their properties. The agency employed trained personnel to assist occupants of some 150 parcels in Meta, ranging in size from fifty to two hundred hectares, in building up their farms by providing supervised credit for carefully planned crop…
p. 113
18Patía, de la tierra de nadie a las grandes haciendasCarlos Daniel Quiñonez Rodríguez, Carlos Enrique Osorio Garcés · 2024 · p. 1601 cita
[19]unidades sociales, pero sobre todo económicas, caracterizadas por ser latifundistas y poco productivas, ya que una cabeza de ganado puede llegar a disponer de más tierras que una familia de esta región. De esta afirmación, un entrevistado relata: La mayor parte de las haciendas, así como se conocen ahora […], con…
p. 160
19Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1942 citas
[20]con el terrateniente por parte de los vaqueros. 58 En la Sabana de Bogotá, la ganadería había llegado a ser de mejor calidad que en el resto del país, como lo atestigua el mis- mo informador norteamericano citado atrás: "En primer término, la mayor parte del ganado es cruzado con especies europeas y el viejo acervo de…
p. 194
[21]con el terrateniente por parte de los vaqueros. 58 En la Sabana de Bogotá, la ganadería había llegado a ser de mejor calidad que en el resto del país, como lo atestigua el mis- mo informador norteamericano citado atrás: "En primer término, la mayor parte del ganado es cruzado con especies europeas y el viejo acervo de…
p. 194
20Historia de Colombia. La Colombia más Antigua. Tomo 1Gonzalo Hernández de Alba (dir.); Camilo Domínguez O., José L. Lorenzo, Amancio Fernández, Gonzalo Correal y otros · p. 35, 492 citas
[24]en la tenencia de la tierra. Esta misma economía se practica también en la región sinuana, en Córdoba, aunque en ella las zo- nas inundables son menores, excepto en las cié- nagas de Betancí, en Ciénaga Grande y en Tinajo- nes. El río Sinú, que nace en el parque natural del cerro de Paramillo, es la arteria de la…
p. 35
[26]bosques aíslan partes de sabana seca (llamadas bancos de sabana) con un muro verde que impide que se pro- pague el fuego cuando se incendia uno de los ban- cos. Los Llanos al norte del río Meta son, en su ma- yor parte, bajos e inundables. Son los llanos de Arauca y Casanare que, junto con los llanos vene- zolanos de…
p. 49
21Entre la legitimidad y la violencia: Colombia, 1875-1994Marco Palacios · 2003 · p. 361 cita
[25]Santander, palos de tinte en la costa Atlántica, y caucho en el Caquetá, Vichada y Putumayo y en me - nor escala en To lima. Pero por su base demográfica y por su im- pacto en definir las grandes regiones colombianas del siglo xx, las colonizaciones decisivas habrían de ser las del café, muy identifi- cadas con el…
p. 36
22El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[28]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
23El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[29]de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…
p. 332
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 cita
[30]cercano al poder, y quien fuera uno de los más grandes tenedores de tierra del conti- nente, llegó a poseer para principios de la década del sesenta entre 35.000 y 72.000 hectáreas en el Caquetá, incluyendo varias decenas de miles en los llanos del Yarí 139. Un campesino relata: «Coparon prácticamente todo el…
p. 62
25At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2361 cita
[31]the 13 Author interview with former INCORA-Caquetá employee in Florencia, Caquetá on July 6, 2009. See also CNMH (2017). From Despotism to Counter-Hegemony in the Caguán | 221 Caquetá Cattle Rancher Fund (Fondo Gandero de Caquetá, est. 1955) to inject local ranches with capital to increase their production. 14…
p. 236
26Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2271 cita
[32]parte de las tierras recibidas, para valorizar las restantes. De este modo, otorgaron facilidades para la conformación de los núcleos iniciales de pobladores, donando usualmente las tierras para la cabecera y vendiendo a bajo precio pequeños lotes agrícolas. En uno y otro caso se generó un sistema de colonización en…
p. 227
27Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 49, 952 citas
[33]33,3 Chocó 6 19 31,5 Sucre 7 24 29,2 Guaviare 1 4 25,0 Amazonas* 2 8* 25,0 Putumayo 3 13 23,0 Santander 14 87 22,0 Cauca 6 38 15,8 Boyacá 16 123 13,0 Huila 4 37 10,8 Norte de Santander 3 40 7,5 Nariño 3 62 4,8 Totales 409 1.039 42,0 * Amazonas tiene ocho corregimientos, que aquí pueden asimilarse a municipios.…
p. 95
[67]conflictos campesinos por la tierra han tenido mayor intensidad en la costa Caribe y el Magdalena medio y, en menor extensión, en el norte del Huila, Cauca y el sur del Tolima. En la costa Caribe las regiones de mayor conflicto agrario han sido Urabá, Córdoba, Sucre, norte de Bolívar, sur del Magdalena y Cesar. En…
p. 49
28Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 33, 942 citas
[34]de concentración de la tierra, pro- pulsado por los narcotraficantes y entrelazado con la estrategia contrainsurgente de los militares, está desviando amplias extensiones de tierra de vocación agrícola hacia usos especulativos, consolidando así la base de un desarrollo capitalista rentista en el cual el capital se…
p. 94
[37]cubren 25 millones de hectáreas y benefi- ciaron a unas 37.000 familias indígenas 5 ~. Sin embargo, la distribución de tierras por el Incora fue mínima en comparación con la «contrarre- forma» agraria resultante de ajustes presupuestarios y de las fuerzas del mercado. Tal vez la fuerza más notoria que motivó la…
p. 33
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 98, 1052 citas
[35]de compra de tierras por parte de narcotraficantes se intensificó tras la crisis cafetera ocasionada por la caída del Pacto Internacional del Café, en 1989, y por la crisis de la broca a principios de los años noventa. Hacia finales de la década de los ochenta, en algunas de estas tierras compradas se sembró coca, y…
p. 98
[70]informó un campesino víctima a la Comisión, en ese entonces era común que esta guerrilla le ordenara a la gente que «nada de hombres que les pegaran a las mujeres, que niños menores no podían jugar billar, que nada de hombres con aritos» 221. La pena para quienes incumplieran podía ir desde trabajos comunitarios…
p. 105
30Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 1791 cita
[36]que corresponden a un depósito de valor más que a activos generadores de ingresos. Por consiguiente, no resulta sorprendente que en un país donde la titulación de la propiedad rural sea precaria, parte de las utilida- des de dichas organizaciones se haya destinado a la adquisición de tierras, mientras que en sectores…
p. 179
31El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 127, 1404 citas
[38]mayor retirado del Ejército nacional apodado Gabino, comandaban alrededor de cin- cuenta hombres, que tenían como base la hacienda El Martillo entre Canaletes y Puerto Escondido (DAS, 1989, 16 de marzo, página 30). En este último mu- nicipio contaban con una pequeña flota de embarcaciones que llevaba droga a Panamá y…
p. 140
[39]mayor retirado del Ejército nacional apodado Gabino, comandaban alrededor de cin- cuenta hombres, que tenían como base la hacienda El Martillo entre Canaletes y Puerto Escondido (DAS, 1989, 16 de marzo, página 30). En este último mu- nicipio contaban con una pequeña flota de embarcaciones que llevaba droga a Panamá y…
p. 140
[53]128 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ 3. La crisis de Acdegam, las redes macro criminales y la expansión 1985-1989 Alrededor del año de 1985 Acdegam entra en una crisis financiera y sus am- biciosos planes de estructurar la organización, reclutar hombres, invertir en droguerías, clínicas,…
p. 127
[54]128 EL ESTADO SUPLANTADO LAS AUTODEFENSAS DE PUERTO BOYACÁ 3. La crisis de Acdegam, las redes macro criminales y la expansión 1985-1989 Alrededor del año de 1985 Acdegam entra en una crisis financiera y sus am- biciosos planes de estructurar la organización, reclutar hombres, invertir en droguerías, clínicas,…
p. 127
32Una nación desplazada: Informe nacional del desplazamiento forzado en ColombiaCentro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Mónica Johanna Rueda, Yamile Salinas Abdala, Juan Manuel Zarama Santacruz · 2015 · p. 1551 cita
[40]región del Magdalena Medio fueron: San Vicente de Chucurí (1.026 personas), El Carmen de Chucurí (904 personas), Cimitarra (818 personas), Barrancabermeja (489 personas), Yacopí (473 personas), y Puerto Boyacá (395 personas). 155 Éxodo rentista: disputas por la tierra y el territorio Así también lo reconoció el propio…
p. 155
33Nororiente y Magdalena Medio, Llanos Orientales, Suroccidente y Bogotá DC. Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento (coordinador), Alberto Santos Peñuela, Lukas Rodríguez Lizcano, Luisa Fernanda Hernández Mercado, Juanita Esguerra Rezk · p. 241 cita
[41]Rione - gro, Matanza, Suratá y El Playón, mediante el Frente Ramón Gil - berto Barbosa Zambrano (Vicepresidencia de la República, 2001b, páginas 5-8). Este Frente como tal actuó hasta 1991, cuando se suscribió el pacto de paz entre el EPL y el Gobierno nacional, pero quedó activa en esa región una fracción disidente…
p. 24
34Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en ColombiaFrancisco Gutiérrez Sanín, María Emma Wills, Gonzalo Sánchez Gómez · 2006 · p. 1611 cita
[42]“idílica” de las FARC. En 1986, por ejemplo, Luis Rubio, político y jefe paramilitar, recordaba que las FARC “... tenían una buena colaboración del campesino, incluso de la persona común de aquí de la zona urbana, yo por ejemplo cuando fui a comprar una tierra yo tuve que ir a hablar con Ricardo Franco cerca al…
p. 161
35Isaza, el clan paramilitar. Las Autodefensas Campesinas del Magdalena MedioCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 491 cita
[43]protección de bienes y tierras de los ganaderos, entre los cuales resaltan Evelio Monsalve, Alberto Villegas, John Yepes, Ignacio López y Carlos Salazar (Fiscalía Dossier ACMM, s. f.). Otros de los ganaderos reconocidos en la región que vivían entre La Estación Cocorná y Las Mercedes eran Gabriel Echeverry, Misael…
p. 49
36La Rochela: Memorias de un crimen contra la justiciaGrupo de Memoria Histórica, Iván Orozco Abad (Relator), Gonzalo Sánchez G. (Coordinador) · 2010 · p. 2791 cita
[44]por militares y paramilitares santuario de las FARC, describe la represión a la que era sometida la población en 1983: « Nosotros decimos que eso puede ser cosa, será de ga- naderos, esos señores del Mas quieren estas tierras, porque no se justifica que ellos nos ataquen en la región sin estar haciendo nosotros nada;…
p. 279
37Justicia. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoFrancisco Barbosa Delgado · 2018 · p. 1011 cita
[45]de la tregua entre el Gobierno y las FARC. Las elites y los militares de la región compartían una ideología anticomunista y el propósito de erradicar a las guerrillas, junto con otros factores, como la falta de recursos de las unidades militares, hacía que se comprometieran con los intereses de las minorías de la zona…
p. 101
38No es un mal menor. Niñas, niños y adolescentes en el conflicto armadoComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 1571 cita
[46]Córdoba, bajo el mando de Fidel, Vicente y Carlos Castaño, entre 1983 y 1994 se crearon grupos paramilitares como los Tangueros, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y, posteriormente, en 1997, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Su centro de control estaba ubicado en un conjunto de fincas…
p. 157
391989María Elvira Samper · 2019 · p. 401 cita
[47]de confianza y quien es uno de los fundadores de la Asociación Campesina de Ganaderos y Agricultores del Magdalena Medio, Acdegam, organización que nace en 1984 luego de que las Farc secuestran al padre de Pérez, Gonzalo de Jesús Pérez, el Viejo. En sus inicios aparece como una entidad que ofrece servicios de salud y…
p. 40
40A las puertas de El UbérrimoIván Cepeda, Jorge Rojas · 2008 · p. 39, 472 citas
[48]1982-2003,p. 139. 32 José Félix LAfaurie Rivera, presidente de Fedega/l, discurso de inauguración del XXX Congreso Nacional de Ganaderos, noviembre de 2006. 41 IV ÁN CEPEDA Y JORGE ROJAS Patriótica, de candidatos al concejo, sindicalistas, maestros, indígenas y profesores, no lesionó la capacidad de los grupos…
p. 39
[56]49 • La organización paramilitar que funcionaba en las fincas de Córdo- ba dirigida por la familia Castaño Gil estaba apoyada por los ganaderos de la región, por jefes políticos y por capos del narcotráfico. Contaba igualmente con el respaldo de los mandos militares de la brigada 11 del 47 Córdoba. No todo está…
p. 47
41Paramilitarismo. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoTeófilo Vásquez Delgado, Víctor Barrera · 2018 · p. 561 cita
[49]de las explicaciones, la idea de la no exis- tencia la sugiere el informe El orden desarmado. La resistencia de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare [ATCC] (2011). Para sus autores el modelo proyectado desde Puerto Boyacá se fraguó exclusivamente desde algunos batallones militares: Las Autodefensas de…
p. 56
42Doble discurso, múltiples crímenes. Análisis temático de las ACMM y las ACPBCentro Nacional de Memoria Histórica, Camilo Ernesto Villamizar Hernández (coordinador) · 2021 · p. 3772 citas
[50]Magdalena Medio las haciendas y las fin- cas eran muy pocas. Y las pequeñas fincas, digamos, que nos colaboraban, habían fincas que daban hasta quinientos mil pesitos, que no era mucho. Otras daban cien mil, doscientos mil. (CNMH, MNJCV, ACPB, 2013, 27 de septiembre) En los años ochenta, sin duda existieron aportes…
p. 377
[51]Magdalena Medio las haciendas y las fin- cas eran muy pocas. Y las pequeñas fincas, digamos, que nos colaboraban, habían fincas que daban hasta quinientos mil pesitos, que no era mucho. Otras daban cien mil, doscientos mil. (CNMH, MNJCV, ACPB, 2013, 27 de septiembre) En los años ochenta, sin duda existieron aportes…
p. 377
43Autodefensas de Cundinamarca. Olvido estatal y violencia paramilitar en las provincias de Rionegro y Bajo MagdalenaCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Rodrigo Arturo Triana Sarmiento, León Felipe Rodríguez Hernández, César Nicolás Peña Aragón · 2020 · p. 1811 cita
[52]paramilitar. 183 4. ACCIONAR DE LA ESTRUCTURA ARMADA Prácticamente toda actividad agropecuaria y comercial que tuviese alguna renta significativa estuvo obligada a dar una cuota extorsiva periódicamente. Dada la influencia de sectores ganaderos desde los orígenes de este grupo pa- ramilitar, fueron estos y los grandes…
p. 181
44Justicia y Paz ¿Verdad judicial o verdad histórica?Iván Orozco Abad, María Victoria Uribe, Gina Cabarcas, Luis Carlos Sánchez Díaz · 2012 · p. 1711 cita
[55]decir que no, pero ante un magistrado ustedes no van a salir con cuentos raros, no se los va a creer nadie”. Yo les digo así en la versión, esto no se lo cree nadie, que usted sea comandante y no… es su problema, el proceso es suyo”. 340 Capítulo 2 341 JUSTICIA Y PAZ: ¿Verdad judicial o verdad histórica? crimen…
p. 171
45Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 1371 cita
[57]ANTECEDENTES DEL SURGIMIENTO DEL PARAMILITARISMO EN EL URABÁ ANTIOQUEÑO, SUR DE CÓRDOBA, BAJO ATRATO Y DARIÉN 137 Esta información coincide con lo narrado por una persona desmovilizada del Bloque Córdoba que hizo parte de varias estructuras que antecedieron a las ACCU desde 1988: Y ahí empezó el grupito ahí,…
p. 137
46Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 241 cita
[58]por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…
p. 24
47Breve historia del conflicto armado en ColombiaJerónimo Ríos Sierra · 2017 · p. 1211 cita
[59]GRUPOS PARAMILITARES, 1978-2016 EL ORIGEN DEL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA El paramilitarismo va a surgir, al igual que la guerrilla, en enclaves bajo una importante ausencia del Estado, si bien, a diferencia de la naturaleza guerrillera, en Colombia solo se puede interpretar el paramilitarismo, no como un hecho…
p. 121
48Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 6341 cita
[60]por qué muchas fincas salieron de agricultura y se pasaron a ganadería. Porque durante la presidencia de César Gaviria y el ministerio de hacienda de Rudolf Hommes se arrasó con la agri- 589 Organizaciones sociales rurales y gremios del sector agropecuario cultura, por la apertura indiscriminada. La gente, para tener…
p. 634
49Estado crítico de la propiedad rural y de las políticas agrarias en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 132 citas
[61]que tiene su origen en la libertad económica y que se sustenta en las políticas EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:25:35 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 48 rentabilidad que deben obtener los campesinos. Este círculo vicioso que…
p. 13
[62]que tiene su origen en la libertad económica y que se sustenta en las políticas EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:25:35 PM UTC via UNIVERSIDAD DE LOS ANDES. All use subject to https://www.ebsco.com/terms-of-use. 48 rentabilidad que deben obtener los campesinos. Este círculo vicioso que…
p. 13
5025 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 301 cita
[63]importaciones. pero desatendió la infraestructura. sobre todo la rural. que atravesó la peor recesión en muchos años. Mientras el PIB general creció en pro- medio 4,26% entre 1990 y 1994. el agropecuario lo hizo en 2,52% con cambios dramáticos como pasar de 5.9% en 1990 a -2.0% en 1992"". El crecimiento del PIB…
p. 30
51Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 621 cita
[64]no tenían los recursos institucionales, financieros ni tecnológicos para adaptarse a las nuevas condiciones de la competencia. Si se considera que la economía global había privilegiado un modelo de producción que se caracteriza por la extracción y adaptación tecnológica intensiva y el limitado uso de mano de obra,…
p. 62
52No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 2381 cita
[65]esperaba que las cumpliera mejor que algunas entidades estatales que, como el Seguro Social, estaban carcomidas por el clientelismo y la corrupción. A este escenario com- plejo se sumaban violencias persistentes como las de la insurgencia y el narcotráfico, además de otras localizadas en regiones y ciudades como la…
p. 238
53La tierra se quedó sin su canto. Trayectoria e impactos del Bloque Norte en los departamentos de Atlántico, Cesar, La Guajira y Magdalena. Tomo IICentro Nacional de Memoria Histórica · 2022 · p. 201 cita
[66]sobre tenencia de la tierra, entre 2002 y 2009 hubo un incremento del 2,5 por ciento, especialmente en 2005, en el 57 por ciento del territorio nacional (Ibañez y Muñoz, 2009, s.p.). Temporalmente estos datos coinciden con la consolidación de estructuras como el Bloque Norte, así como la fase de negociación y…
p. 20
54Trujillo: Una tragedia que no cesaGrupo de Memoria Histórica; Álvaro Camacho Guizado (relator); Gonzalo Sánchez G. (coordinador) · 2008 · p. 1371 cita
[68]TRUJILLO U na tragedia que no cesa amenazaban, los hacían ir o hacían como en Primavera que quema- ban 11 o 12 viviendas […] Pues allanaban esas tierras, las invadían como terrenos baldíos, después de 5 o 10 años... negocio redondo. Y el Incora ayudó a eso, en esa época era muy corrupto, aunque to- davía lo es, pero…
p. 137
55Sufrir la guerra y rehacer la vida. Impactos, afrontamientos y resistenciasSaúl Franco Agudelo · 2022 · p. 1271 cita
[69]y con unos conocimientos y formas de sociabilidad que han sido afectad a s especialmente por experiencias como el desplazamiento forzado y el despojo: Recordemos que la dimensión territorial del campesinado fue definida por las relaciones con el espacio, la vida social y la identidad cultural, no obstante, como…
p. 127
56Desmovilización y reintegración paramilitar. Panorama posacuerdos con las AUCÁlvaro Villarraga Sarmiento · 2015 · p. 5032 citas
[71]otros bienes despojados. en la política de desmovilización y reinserción no se ha avan - zado en la construcción de acuerdos entre el Gobierno nacio - nal y los GAIML, particularmente con los grupos de auto - defensas, para que estos restituyan efectivamente los bienes a las víctimas, como condición indispensable para…
p. 503
[72]otros bienes despojados. en la política de desmovilización y reinserción no se ha avan - zado en la construcción de acuerdos entre el Gobierno nacio - nal y los GAIML, particularmente con los grupos de auto - defensas, para que estos restituyan efectivamente los bienes a las víctimas, como condición indispensable para…
p. 503
57Cuatro crisis que marcaron a Colombia: Memorias del fraude bancario de 1982, el apagón de 1992, la debacle financiera de 1999 y las negociaciones con el ELN en 2018Juan Camilo Restrepo · 2022 · p. 1501 cita
[73]La política de restitución de tierras, que a mi entender es la pieza de mejor implementación en cuanto toca con las políticas agrarias que ha tenido el país hasta el momento, busca fundamentalmente facilitar la recuperación de las tierras de quienes han sido despojados a sangre y fuego en las últimas décadas o por la…
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58Reconocimiento de los Servicios Ambientales: Una Oportunidad para la Gestión de los Recursos Naturales en ColombiaSergio Camilo Ortega (editor) · 2008 · p. 1321 cita
[74]El efecto más importante del proyecto ha sido el aportar significativamente al cambio de actitud en la alta dirigencia del gremio privado de la ganadería en el país (Federación Colombiana de Ganaderos FEDEGAN) y el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural quienes han comprendido en forma muy rápida las ventajas…
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