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Idea · Constitución de 1991

Colonización campesina

Dispositivo estructural mediante el cual el Estado colombiano tramitó sin resolver el problema agrario durante siglo y medio, desplazando la presión redistributiva hacia las fronteras baldías y delegando en el colono la habilitación de territorios que terminaban concentrándose en manos de ganaderos y latifundistas.

4.369 palabras61 documentos83 fragmentos citados
Colonización campesina

Trayectoria de una idea

  1. 1873

    Código Fiscal y Ley 61: tensión fundacional

  2. 1886

    Centralización de la administración de baldíos

  3. 1926

    Sentencia de la Corte Suprema: crisis de los títulos

  4. 1936

    Ley 200 y paradoja reformista

  5. 1946

    La Violencia como colonización forzada

  6. 1959

    Ley 20: colonización dirigida insuficiente

  7. 1961

    Ley 135 y creación del INCORA

  8. 1972

    Pacto de Chicoral: congelación de la reforma

  9. 1994

    Ley 160 y Zonas de Reserva Campesina

  10. 2016

    Acuerdo de La Habana: cierre simbólico del ciclo

03

La lectura

La colonización campesina colombiana no fue una epopeya de progreso sino un dispositivo de postergación: cada vez que la presión redistributiva amenazó con tocar las zonas centrales del país, el Estado respondió abriendo la válvula de la frontera y enviando al colono a habilitar territorios que, mediante la ley de tres pasos o sus variantes regionales, terminaban concentrándose en manos de ganaderos y terratenientes. El colono era simultáneamente agente de expansión territorial y víctima del ciclo que él mismo ponía en marcha: tumbaba el monte, producía mejoras como mercancía y era empujado más lejos por la deuda, la violencia o la simple asimetría de poder. La Violencia bipartidista convirtió ese proceso en expulsión masiva y sembró en las periferias el sedimento organizativo del que brotaría el conflicto armado. Ni la Ley 135 de 1961 ni el INCORA ni la Constitución de 1991 lograron romper el ciclo: la colonización siguió siendo la respuesta estructural a la pregunta que Colombia nunca quiso responder directamente, la de la tierra.

La colonización campesina en Colombia

La colonización campesina no es un episodio pintoresco de la historia rural colombiana ni la crónica de familias que abrieron monte con hacha y machete. Es un dispositivo estructural. Entre la segunda mitad del siglo XIX y el Acuerdo de La Habana en 2016, el Estado colombiano tramitó sin resolver el problema agrario mediante un mismo procedimiento: cada vez que la presión por la tierra amenazó con volverse redistributiva en las zonas centrales del país, la respuesta institucional consistió en desplazar esa presión hacia la frontera —baldíos, laderas, piedemontes, selvas—, delegando en el colono la tarea de habilitar territorios que, tras dos o tres décadas, terminaban concentrándose en manos de ganaderos, comerciantes y latifundistas. El resultado, repetido con obstinada regularidad a lo largo de siglo y medio, fue una frontera agrícola en expansión permanente, una periferia campesina desprovista de derechos consolidados y un centro agrario intocado. La Constitución de 1991 y la Ley 160 de 1994 intentaron romper ese ciclo instituyendo al campesinado colonizador como sujeto de derechos territoriales colectivos mediante las Zonas de Reserva Campesina; el intento coincidió con el momento en que las zonas de colonización se habían convertido en el principal teatro del conflicto armado y de la economía cocalera. La contradicción entre reconocimiento formal y despojo real, lejos de resolverse, se selló.

La forma antioqueña: baldíos, roza y ley de tres pasos

La política de tierras del siglo XIX colombiano estimulaba de manera simultánea dos vectores incompatibles: la inversión capitalista en grandes extensiones y la colonización campesina de los baldíos. El Código Fiscal de 1873 fijó un precio mínimo de cincuenta centavos por hectárea y estableció que la adquisición se hiciera mediante la compra de "bonos territoriales", requisito que en los hechos cerraba el acceso a los colonos sin capital. La Ley 61 de 1874, impulsada en el Congreso por Salvador Camacho Roldán, intentó contrarrestar ese sesgo restrictivo, aunque su aplicación efectiva quedó opacada por un aparato administrativo débil, antitécnico y sometido a cambios frecuentes de jurisdicción. Antes de 1886 los Estados soberanos tuvieron alguna autonomía sobre las concesiones que la nación les había cedido; ese año la administración se centralizó, sin que la centralización mejorara sustancialmente la calidad del registro. El agregado del siglo fue inequívoco: la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se originaban en usurpaciones ilegales de baldíos, y la propiedad tendió a concentrarse en manos de un número reducido de grandes propietarios.

Sobre ese trasfondo legislativo se desplegó la colonización antioqueña. Desde mediados del siglo XIX, la frontera interior de la provincia de Antioquia avanzó al sur de Medellín sobre la Cordillera Central, y luego sobre las laderas orientales de la Cordillera Occidental —las que bordean el Valle del Cauca— y las orientales de la Central, con Sonsón como uno de sus puntos de partida y un movimiento sostenido hacia el sur. Mineros desilusionados por el agotamiento de los depósitos superficiales, agricultores en busca de mejores tierras y un estrato de colonos pobres expulsados por la presión demográfica sobre las montañas antioqueñas conformaron la corriente. Los mazamorreros —descendientes de esclavos y mestizos que extraían oro con bateas de madera talladas a mano y llegaron a producir una cuarta parte del oro exportado desde Antioquia en el siglo XIX— aportaron una cultura de movilidad extrema que se acopló bien a la vida colona.

La técnica agrícola era elemental y depredadora: roza y quema. El colono tumbaba el monte, sembraba maíz o yuca durante dos o tres cosechas y dejaba el suelo en barbecho durante diez años o más antes de repetir el ciclo en otro terreno. Esa lógica de rotación amplia sobre tierras nuevas alimentó lo que se conoció como la ley de tres pasos: primero el colono tumbaba el monte y habilitaba la tierra; luego, sin capital ni títulos, vendía sus mejoras a bajo precio a un contratista o finquero; finalmente, un gran terrateniente terminaba apropiándose de las tierras ya habilitadas. En la Costa Atlántica operaba una variante funcionalmente equivalente, la aparcería llamada "pasto por tierra": el campesino tumbaba monte, lo usufructuaba durante dos años sembrando maíz y plátano, y al vencerse el plazo entregaba la tierra sembrada en pastos al terrateniente, quien solo había adelantado víveres, semillas de pasto y alambre de púas. Los "avances" con que el propietario financiaba al colono rara vez se saldaban, y la deuda impagable lo empujaba a internarse aún más en el monte para abrir nuevas tierras destinadas al mismo dueño. Bajo distinta forma jurídica, el terrateniente habilitaba tierra transfiriendo el grueso del trabajo al colono a cambio de adelantos menores o del usufructo temporal.

La colonización antioqueña, celebrada durante décadas como una gesta democratizadora, no produjo una estructura de tenencia igualitaria. La mayor parte de la tierra quedó en manos de un número reducido de grandes propietarios vinculados a la colonización capitalista ganadera, mientras los colonos pobres se instalaron en tierras de ladera en condiciones precarias. Solo más tarde, con el auge cafetero, la coexistencia entre grandes haciendas y medianas y pequeñas explotaciones abrió un espacio de propiedad campesina relativamente estable —espacio en cuya génesis, sin embargo, siguió pesando la asimetría inicial.

La primera institucionalización: la Ley 200 y sus paradojas

En 1926 la Corte Suprema de Justicia introdujo una decisión que hizo temblar el edificio de la propiedad rural: en caso de litigio, el presunto propietario debía exhibir títulos que se remontaran a una concesión de la Corona española o de la República. La doctrina, reiterada en 1934, hacía visible lo que todos sabían: la mayor parte de la propiedad rural colombiana descansaba sobre usurpaciones acumuladas de baldíos, y los grandes propietarios consideraban "diabólico" que se les exigiera lo que no podían presentar. Esa presión jurídica, sumada a la agitación campesina en Sumapaz, Tequendama y el Tolima durante los años veinte y comienzos de los treinta, dio contexto a la Ley 200 de 1936, aprobada durante la primera administración de Alfonso López Pumarejo.

La Ley 200 no fue una reforma agraria. No redistribuyó tierra, no tocó la estructura latifundista heredada de la Colonia y del siglo XIX. Su efecto principal, y en buena medida su propósito operante, fue subsanar el problema de los títulos para los terratenientes: sustituyó la prueba documental por la demostración de destinación económica. Quien pudiera acreditar que la tierra estaba siendo explotada podía consolidar su propiedad, con independencia de si los papeles se remontaban o no a una concesión original. Al mismo tiempo, la Ley 6ª de 1936 estableció trabas para el lanzamiento de colonos ocupantes y adjudicó la propiedad al aparcero o arrendatario que hubiera trabajado la tierra durante diez años. La consecuencia fue paradójica: temerosos de que sus arrendatarios y aparceros les disputaran el dominio, muchos terratenientes procedieron a expulsarlos preventivamente. Las expectativas reformistas abiertas por la República Liberal se cerraron desde el mismo aparato normativo que las había levantado.

Durante el período liberal, entre 1930 y 1946, las adjudicaciones de baldíos tendieron a corregir el sesgo histórico a favor de grandes extensiones, aumentando la proporción de pequeñas —inferiores a veinte hectáreas— y medianas adjudicaciones. Fue el momento en que empezó a crecer una clase media rural, y algunas tensiones agrarias cedieron. Pero la magnitud del rezago era colosal: entre 1902 y 1953 solo se adjudicó el seis por ciento del área total de baldíos que habría de adjudicarse hasta 2012; el noventa y cuatro por ciento restante se adjudicó entre 1954 y 2012. La colonización campesina llevaba un siglo abriendo frontera sin que el Estado alcanzara a formalizar la tenencia.

La Violencia como colonización forzada

A mediados de los años cuarenta, el equilibrio precario se rompió. La Violencia bipartidista, sumada a la pobreza extrema y a la concentración persistente de la tierra, se convirtió en el principal motor del desplazamiento campesino masivo hacia las periferias. Las ventas forzadas, los robos de cultivos y animales y los desplazamientos con pérdida de parcelas se concentraron con especial intensidad en las zonas cafeteras del centro y norte del Tolima y el antiguo Caldas, y ocurrían con mayor virulencia en épocas de cosecha, cuando la disputa por el fruto de la tierra hacía más rentable el despojo. De las zonas centrales, decenas de miles de familias huyeron hacia el piedemonte llanero, la Amazonía y el nororiente. La colonización dejó de ser una estrategia de acomodo demográfico para convertirse en un mecanismo de expulsión.

De ese éxodo nacieron enclaves de resistencia campesina en El Pato, Riochiquito, Marquetalia y otras zonas periféricas, hacia donde huyeron colonos que llevarían tras de sí la organización política. El Partido Comunista fue ganando influencia entre esos colonos y organizó nuevos frentes mediante las llamadas columnas de marcha, que empujaban la frontera hacia Guaviare, Caquetá y Norte de Santander. En ese sedimento organizativo se incubaron las bases de lo que en 1964 sería Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, y del proceso que llevaría a la fundación de las FARC.

El Estado respondió tarde y de manera insuficiente. La Ley 20 de 1959 estableció el Plan Nacional de Rehabilitación y Socorro y asignó a la Caja Agraria la responsabilidad de dirigir la colonización de baldíos, seleccionando zonas en Caquetá y Meta. El programa benefició a apenas unas tres mil personas y encontró un obstáculo estructural que se repetiría durante décadas: muchas de las zonas baldías seleccionadas por el Estado ya estaban ocupadas por colonos espontáneos previos, lo que generaba tensiones, litigios de titulación y una expansión adicional de la frontera hacia zonas más alejadas. La colonización dirigida no ordenaba la espontánea: la empujaba.

La Ley 135 y el INCORA: reforma que no reformó

La Ley 135 de 1961, promulgada durante la administración de Alberto Lleras Camargo en el marco del Frente Nacional y de la presión reformista continental de la Alianza para el Progreso, prometía otorgar tierras a los campesinos, dirigir la colonización y mejorar la vivienda, la salud, la educación y la seguridad social de la población rural. Creó el Instituto Colombiano para la Reforma Agraria, el INCORA, como organismo encargado de dirigir la colonización y redistribuir tierras. Durante los años sesenta, el INCORA operó en el piedemonte oriental de la Cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura entre el oriente del Meta y Vichada, el sur de Córdoba, el bajo Cauca antioqueño, el nordeste y Urabá.

El balance real fue muy inferior a la retórica. El INCORA entregó en propiedad una cantidad insignificante de tierras y se dedicó fundamentalmente a titular baldíos: a reconocer, con papel sellado, el derecho de antiguos colonos que ya habían habilitado el terreno por su cuenta. Terminó, paradójicamente, convertido en uno de los mayores propietarios territoriales del país, con 4.312.940 hectáreas de predios sobre baldíos bajo su administración.

Las cifras regionales confirman el patrón. En Arauca adjudicó 85.830 hectáreas entre 1961 y 1973, pero la región permanecía aislada, con comunicación predominantemente fluvial y una sola ruta aérea comercial: cualquier ambición de reforma integral quedaba comprometida de antemano por el vacío estatal. En el Caquetá, el período 1962-1974 concentró casi un tercio del total de adjudicaciones de baldíos que se harían allí entre 1903 y 2012 —cerca de diez mil actos administrativos, el 32,4 por ciento del acumulado secular—: una aceleración notable que, sin embargo, no revirtió la concentración, porque titular no es lo mismo que redistribuir. A comienzos de los años setenta el INCORA compró fincas por 472.470 hectáreas y distribuyó tierra a treinta mil familias, cifra que parece considerable hasta que se contrasta con la magnitud del problema: el campesinado sin tierra o con tierra insuficiente se contaba entonces por millones.

Los propios estudios del INCORA en los años sesenta llegaron a una conclusión incómoda: la concentración de la tierra en las zonas centrales estaba estrechamente vinculada a la dinámica de colonización periférica. Uno alimentaba al otro. La respuesta política a ese diagnóstico, sin embargo, fue detener la reforma. El Pacto de Chicoral de 1972, negociado entre Misael Pastrana Borrero, los gremios agrícolas y ganaderos y una mayoría bipartidista en el Congreso, dejó intacta la concentración de la tierra en las zonas agrícolas centrales del país y devolvió a los campesinos al circuito acostumbrado: colonización periférica e informal, barrios subnormales en las grandes ciudades o parcelas insuficientes de pancoger. La cuestión agraria perdió centralidad en la política colombiana durante la segunda mitad de los años setenta y la década de los ochenta, en un período de congelación del proceso reformista.

La ANUC y la agencia campesina

Cinco años antes de Chicoral, en un movimiento inicial que parecía apuntar en dirección opuesta, el presidente Carlos Lleras Restrepo había creado la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos mediante la Resolución 061 y el Decreto 755 del 2 de mayo de 1967. La ANUC nació con una dualidad congénita —era organización estatal de usuarios y a la vez movimiento social autónomo— que definiría toda su trayectoria. Hacia 1970 contaba con unos 845.000 usuarios inscritos, organizados en asociaciones municipales.

La rama Caquetá de la ANUC ilustra la agenda integral que asumió el sindicalismo colono. Organizó huelgas cívicas —cuyo punto álgido llegó en 1971— en las que los colonos exigían alivio por inundaciones, condonación de deudas, créditos, construcción de caminos y precios fijos para el arroz y el maíz. Más allá del acceso a la tierra, la demanda articulaba crédito, servicios agropecuarios, infraestructura rural y garantías de precios. La ANUC desarrolló prácticas de toma de tierras precedidas por un trabajo minucioso de reconocimiento territorial: los propios campesinos, con vecinos y abogados, identificaban fincas ociosas y su situación catastral, y contaban con el apoyo de organizaciones estudiantiles y sindicales. El gobierno de Pastrana respondió con persecución sistemática, encarcelamientos y hostigamientos que fracturaron a la organización entre las líneas Sincelejo y Armenia.

La ANUC no era el primer ni el único proceso organizativo en las zonas de colonización. Desde la conformación de las primeras comunidades, prácticas solidarias como las mingas indígenas y la mano prestada habían fortalecido lazos comunitarios, y las Juntas de Acción Comunal creadas desde 1958 reforzaron esos tejidos previos. Sobre ese sedimento asociativo —Juntas, ligas agrarias, comités locales heredados de la ANUC, redes solidarias campesinas— se armaría, en la década siguiente, la trama organizativa de las marchas cocaleras y las Zonas de Reserva Campesina. El terreno que ese tejido tendría que disputar, sin embargo, ya no sería el mismo: en los intersticios de la crisis reformista, otra economía estaba entrando en la frontera.

La coca y la reconfiguración de las zonas de colonización

A finales de los años setenta e inicios de los ochenta ocurrió una transformación que alteraría de manera irreversible el sentido de la colonización. La introducción del cultivo de coca aceleró la ocupación de Caquetá, Putumayo y Guaviare y atrajo población de todo el país. En 1980 se registró por primera vez la producción comercial de coca en Calamar, Guaviare, y en Putumayo. La expansión del cultivo en los años siguientes convirtió esas zonas —hasta entonces periferias agrarias— en el epicentro de una nueva economía política del país.

La relación entre las FARC y la coca fue gradual. Durante décadas la organización había operado en zonas de colonización sin participar en el tráfico, y su crecimiento inicial se atribuía a la represión estatal y al empobrecimiento campesino, no a la economía ilegal. Hacia 1983 y 1984, en algunas áreas del Caquetá, empezaron a permitir el cultivo de hoja a cambio del cobro de impuestos, y desde allí la vinculación se profundizó. Las FARC tendieron a controlar el eslabón inicial del negocio —productores de hoja, pasta y base en zonas aisladas—, mientras las fases de transformación y comercialización, dotadas de organizaciones más complejas y aparatos armados propios, quedaron en manos de actores mejor posicionados. El crecimiento militar de las FARC a partir de la década de 1980 quedó estrechamente ligado a la economía cocalera de frontera, aunque su implantación territorial la precedía.

La Comisión de Superación de la Violencia consignó en 1992 el diagnóstico que sintetizaba el ciclo: la colonización amazónica fuera de control, con la coca como principal acicate durante la década precedente, combinada con la ineficiencia absoluta del Estado, había generado vacíos de autoridad llenados por contrapoderes guerrilleros y paramilitares, con el consiguiente despojo de territorios indígenas, particularmente en el Putumayo.

La Constitución de 1991 y la Ley 160: el reconocimiento tardío

En ese contexto —una periferia colonizadora atravesada por la coca, la guerrilla, el paramilitarismo naciente y el vacío estatal— se aprobaron la Constitución Política de 1991 y, tres años después, la Ley 160 de 1994. La Carta consagró en sus artículos 60 y 64 el acceso progresivo a la tierra de los trabajadores agrarios y la promoción de formas asociativas y solidarias de propiedad. La Ley 160, adoptada durante la administración de César Gaviria, se presentó como el desarrollo legislativo de esos mandatos: intento de reformar la estructura agraria y garantizar la seguridad alimentaria de los sectores campesinos menos favorecidos.

El mecanismo central de la ley marcaba un giro paradigmático respecto al modelo del INCORA. En lugar de adjudicar baldíos directamente o comprar tierras para redistribuirlas, el Estado se limitaba a ofrecer un subsidio del setenta por ciento del valor de un predio, dejando en manos del campesino la negociación con el propietario y la financiación del treinta por ciento restante mediante crédito bancario, todo condicionado a la presentación de un proyecto productivo competitivo en el mercado. El acceso a la tierra dejaba de ser un derecho tutelado por el Estado y pasaba a depender de la capacidad del campesino para operar como empresario agrícola frente a la banca comercial y frente al vendedor. La ley trasladó al mercado la función redistributiva y, con ello, la clausuró de hecho: el pequeño colono sin capital, sin garantías bancarias, sin capacidad de gestionar un plan agroindustrial rentable, quedó fuera del circuito. Los observadores caracterizaron muy pronto la Ley 160 como fallida, y la evidencia posterior confirmó ese diagnóstico: durante los años noventa y comienzos de los dos mil, los subsidios efectivamente entregados fueron marginales frente a la magnitud del problema, y buena parte terminó capitalizando a los vendedores de tierras antes que consolidando economías campesinas.

Su capítulo XIII, sin embargo, introdujo una figura que sí tenía potencial transformador: las Zonas de Reserva Campesina. Concebidas para regular y racionalizar la ocupación de baldíos, evitar la concentración de la tierra y proteger los recursos naturales y el medio ambiente, las ZRC eran una manera de institucionalizar al campesinado colonizador como sujeto colectivo con derechos territoriales sobre franjas específicas de la frontera. No eran resguardos ni titulaciones colectivas al estilo de las comunidades negras: eran zonas donde el Estado se comprometía a limitar la concentración —fijando extensiones máximas de la unidad agrícola familiar— y a acompañar la economía campesina con planes de desarrollo sostenible concertados con las organizaciones locales. El giro conceptual era significativo: por primera vez, la legislación agraria colombiana reconocía que el campesinado colonizador no era una población transitoria destinada a ser desplazada por la propiedad capitalista consolidada, sino un sujeto territorial con derechos propios sobre la frontera que había habilitado.

Entre 1997 y 2002 se constituyeron seis Zonas de Reserva Campesina: la Cuenca del Río Pato y Valle de Balsillas en Caquetá, Calamar en Guaviare en 1997, Morales-Arenal en el sur de Bolívar en 1999, Cabrera en Cundinamarca en 2000, Bajo Cuembí y Comandante en Putumayo en 2000, y el Valle del Río Cimitarra entre Antioquia y sur de Bolívar en 2002. Geográficamente coincidían con el mapa de la colonización histórica: piedemonte amazónico, Serranía de San Lucas, Magdalena Medio, la vieja frontera sumapaceña.

La derrota paramilitar del reconocimiento formal

El reconocimiento formal llegó justo cuando la violencia sobre las zonas de colonización se intensificaba. Entre 1989 y 1994, 1.115 personas fueron asesinadas por motivos políticos en zonas de colonización —en su mayoría colonos, pequeños campesinos e indígenas—, sometidas a desplazamiento forzado o eliminadas mientras sus tierras se revalorizaban al calor de la especulación. Desde los años ochenta, la tierra en las periferias se había convertido en activo especulativo, propulsor de un capitalismo rentista que rediseñó las estructuras agrarias y generó nuevos conflictos de clase.

El paramilitarismo en Urabá y Córdoba, impulsado desde finales de los ochenta por Fidel Castaño y el Cartel de Medellín, estuvo vinculado desde su origen a la compra de tierras, a la ofensiva contraguerrillera y al apoyo activo de hacendados y ganaderos resentidos por las acciones guerrilleras. En Agustín Codazzi, en el Magdalena, propietarios de tierras conformaron grupos armados de vigilantes para expulsar campesinos, en algunos casos con apoyo de autoridades, antes o en paralelo a la incursión paramilitar formal. Los desalojos adelantados por alcaldes y policías, y los grupos privados de vigilantes, prepararon el terreno para las masacres.

En 1996, cuando comenzó a explorarse la posibilidad de establecer la primera Zona de Reserva Campesina en el Meta, el ejército, junto con unidades paramilitares, desató un gran operativo que agudizó el terror entre los pobladores y su desplazamiento de la región. Ese mismo año se realizaron las marchas cocaleras, una de las protestas agrarias más amplias de la historia colombiana, que movilizaron a Guaviare, Caquetá, Putumayo y Meta. Según testimonios de líderes cocaleros, las FARC habrían brindado un respaldo tácito, buscando demostrar al Estado su capacidad de movilización en el sur del país; los campesinos, en todo caso, asumieron los mayores costos represivos. En las marchas, los pobladores rurales vinculados a economías de coca disputaron su identidad frente a las etiquetas de guerrilleros o narcotraficantes, exigiendo ser reconocidos por el Estado bajo la categoría de "campesinos".

A fines de 1996, tras el paro cocalero, el paramilitarismo se reorganizó en regiones de colonización como Morelia, Caquetá, y asesinó a líderes campesinos que habían participado en las marchas; el líder Noé Sánchez fue asesinado en 1997. En el Guaviare, que para 1994 concentraba las dos terceras partes de los cultivos de coca del país —unas 26.300 hectáreas de las 43.000 nacionales según la Policía Antinarcóticos—, la intensificación de la erradicación forzada desde mediados de los noventa incidió en el aumento del precio de la coca y en la agudización de las disputas por los corredores estratégicos. El Bloque Catatumbo de las AUC destruyó el tejido social campesino de esa región. Los gremios reforzaron políticamente el asedio: la Sociedad de Agricultores de Colombia declaró "inaceptable" darle autonomía a las ZRC y las relacionó con "repúblicas independientes"; Fedegán fue más incisiva, calificándolas de "cartuchos rurales", "peligrosas" o "repúblicas independientes".

Organizaciones campesinas como la Coordinadora Nacional Agraria, la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina y Fensuagro enfrentaron graves violaciones de derechos humanos durante los años noventa; Anzorc estuvo casi desaparecida desde 2004. La ANUC, debilitada desde los setenta, había perdido buena parte de su capacidad de convocatoria. La estigmatización política —el mote de "repúblicas independientes" ya había servido para justificar la ofensiva contra Marquetalia en 1964— y la violencia material se articulaban en una misma operación de clausura. A partir del año 2000, con la intensificación de acciones armadas de las FARC en casi todas las regiones y el despliegue simultáneo del paramilitarismo, las zonas de colonización se consolidaron como el principal teatro del conflicto.

Larga duración y deuda pendiente

El balance de larga duración lo sintetizan las cifras mejor que cualquier retórica. De todos los baldíos adjudicados por el Estado colombiano hasta 2012, apenas el seis por ciento se había adjudicado antes de 1953: el Estado dedicó buena parte del siglo XX a formalizar tenencias que llevaban décadas —a veces un siglo— establecidas de hecho, mientras la frontera seguía expandiéndose por delante de esa formalización. El INCORA, brazo de la reforma agraria durante medio siglo, tituló mucho más de lo que redistribuyó. Las colonizaciones dirigidas por el Estado se superpusieron a las espontáneas y a las forzadas sin alterar significativamente la concentración de la tierra.

En 2011, con la caída de los homicidios y del desplazamiento, el resurgimiento de organizaciones campesinas como el CNA, Anzorc y Fensuagro reactivó la movilización. Y en La Habana, entre 2012 y 2016, la mesa de negociación entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC colocó como primer punto una reforma agraria integral, reconociendo que la tierra y la pobreza campesina habían ocupado un lugar central en las causas del conflicto armado. La Política de Desarrollo Agrario Integral —bautizada como Reforma Rural Integral, RRI— contemplaba un Fondo de Tierras para campesinos sin tierra o con tierra insuficiente y fijaba como meta la erradicación de la pobreza rural extrema y la disminución en un cincuenta por ciento de la pobreza rural en un plazo de diez años. Incluía además, articulada con el problema agrario, la sustitución de cultivos ilícitos como estrategia para las comunidades campesinas.

La pregunta redistributiva reabierta en la mesa de negociación reaparecía, con otro vocabulario, en el debate de política económica. Albert Berry había sostenido durante décadas que una distribución más igualitaria de la tierra era condición de modernización rural; en 2014, en una visita al país, James Robinson propuso reemplazar esa vía por la mejora del acceso a la educación, calificando de irrealizable la restitución y redistribución de tierras. En clave de política pública se reproducía la vieja bifurcación que había atravesado siglo y medio de política agraria colombiana: resolver el problema en el centro, tocando la estructura de la tenencia, o volver a aplazarlo por otras vías —la frontera, ayer; el capital humano, hoy.

Ahí está el nudo. El mecanismo forjado en el Código Fiscal de 1873 y perfeccionado por Chicoral no fue un accidente institucional ni la crónica de una intención bienintencionada que salió mal. Fue la forma misma del Estado colombiano frente a su cuestión agraria: cada generación de campesinos sin tierra enviada a habilitar una frontera cuyas mejoras, río abajo, terminarían concentradas, mientras el centro permanecía intacto. Lo que se derrotó entre 1996 y 2002 no fue una ley débil ni un sujeto inviable, sino la posibilidad concreta de que ese ciclo dejara de operar: la violencia paramilitar, la estigmatización gremial y la superposición de la economía cocalera cancelaron el reconocimiento formal en el mismo momento en que se enunciaba. Queda por saber si la Reforma Rural Integral, o lo que sobreviva de ella, alcanzará a interrumpir el ciclo o si volverá a inscribirse en él como una capa más de derecho enunciado sobre despojo consumado.

04

En el archivo

1 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Salvador Camacho Roldán: impulsó la Ley 61 de 1874 para contrarrestar el sesgo restrictivo del Código Fiscal sobre el acceso campesino a los baldíos
  2. 02Manuel Marulanda Vélez: emergió del sedimento organizativo de colonos desplazados por La Violencia en zonas periféricas como Marquetalia, El Pato y Riochiquito
  3. 03INCORA: institución creada por la Ley 135 de 1961 para dirigir la colonización y redistribuir tierras, que en la práctica tituló baldíos sin revertir la concentración
  4. 04Baldíos: categoría jurídica sobre la que operó históricamente la colonización campesina, con adjudicación masiva concentrada entre 1954 y 2012
  5. 05Frontera agraria: concepto que describe el avance permanente de la colonización hacia las periferias como resultado de la presión no resuelta en las zonas centrales
  6. 06Economía cocalera: fenómeno que se instaló en las zonas de colonización periférica desde los años ochenta, transformando la lógica de subsistencia campesina y articulando el conflicto armado
  7. 07Reforma agraria: proceso sistemáticamente bloqueado en las zonas centrales del país, cuya evasión estructural fue sustituida por la colonización periférica
  8. 08Antioquia: región de origen de la colonización antioqueña, proceso que avanzó desde mediados del siglo XIX hacia el sur por las vertientes de la Cordillera Central
  9. 09Caquetá: territorio receptor de oleadas sucesivas de colonización espontánea y dirigida, con casi un tercio de sus adjudicaciones de baldíos concentradas entre 1962 y 1974
  10. 10Guaviare: zona periférica hacia la que huyeron colonos desplazados por La Violencia, convirtiéndose en epicentro de colonización armada y economía cocalera
06

Documentos y fragmentos citados

61 documentos · 83 fragmentos

01Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 891 cita
[1]

Consecuentemente, estos eran los rasgos propios de la Colombia de esa época: fronteras altamente esparcidas, una economía exportadora que se desa- rrollaba en las vertientes de las montañas y en las tierras bajas, y una política de tierras que estimulaba tanto la inversión capitalista como la colonización campesina en…

p. 89
02El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 63, 2732 citas
[2]

orígenes la FNCC ha organizado los intereses cafeteros a nom- bre de la sociedad y del Estado, los ha representado en el mundo, y desde 1932 ha propuesto el discurso central del "café en Colombia'', calcado de la conciencia cafetera de los hacendados de fines del siglo XIX y comienzos del xx:: permanecer en el mercado…

p. 63
[6]

en extensiones apreciables. Otro elemento que contribuyó a agravar la condición desventajosa de los colonos fue el cambio permanente de las jurisdicciones y del sistema de administración de bienes baldíos que pasaban de uno a otro ministerio; antes de 1886, cuando se centralizó la administración de baldíos, los Esta-…

p. 273
03Historia económica de Colombia, 1845-1930William Paul McGreevey · 2015 · p. 1981 cita
[3]

haciendo legalmente difícil la adquisición de tierras. La política agraria, por lo tanto, estuvo en- caminada a desincentivar la fuga de la barata mano de obra rural. La adquisición de baldíos por parte de individuos de escasos medios fue obstaculizada por una ley de 1868 que establecía como requisito de compra una…

p. 198
04Historia económica de ColombiaJosé Antonio Ocampo Gaviria (compilador), Germán Colmenares, Jaime Jaramillo Uribe, Hermes Tovar Pinzón, Jorge Orlando Melo González, Jesús Antonio Bejarano Ávila, Joaquín Bernal Ramírez, Mauricio Avella Gómez, María Errázuriz Cox, Carmen Astrid Romero Baquero · 2017 · p. 2331 cita
[4]

de crear una tradición legal sobre ellas, etc. El hecho de que probablemente la mayoría de las tierras ocupadas hasta la década de 1920 se originaban en usurpaciones ilegales explica por qué los propietarios consideraron imposible y “diabólico” mostrar en sus títulos el acto original por el cual la tierra había salido…

p. 233
05Introducción a la historia económica de ColombiaÁlvaro Tirado Mejía · 2019 · p. 4451 cita
[5]

situación de los últimos en la medida en que la Corte Suprema de Justicia por sentencia de 1926, reiterada en 1934, había establecido que en caso de litigio, quien pretendiera ser propietario de un predio debía exhibir títulos que se remontaran a concesión de la Corona o de la República, y muchísimos terratenientes…

p. 445
06El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 287, 2902 citas
[7]

agrimensura, el descuido oficial sobre el registro de tierras públicas, el mismo desconocimiento de vastas áreas, obliga a presumir que muchos colonos pobres, colocados un poco al margen lograron asentarse y sobrevivir, sin que la tierra pasara al registro estadístico; por ejemplo, en las 128.000 hectáreas que…

p. 290
[14]

ascenso económico y social y en busca de este objetivo aplicaron una combinación de prácticas capitalistas mercantiles con instrumentos políticos de tipo clien- telista. b) Después vienen los terratenientes ausentistas que, tan pronto la migración se expande, crean sociedades comerciales para parcelar y vender lotes…

p. 287
07Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 1271 cita
[8]

al proceso de modernización agraria que empezaba a vislumbrarse tímidamente desde los treinta. El debate sobre tierras se acentuó a fines de los años veinte y durante los treinta, a raíz de los conflictos agrarios y las transformaciones socioeconó micas relacionadas con la construcción de obras públicas en los años…

p. 127
08Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 21, 312 citas
[9]

propiedad y reforma agraria biando la tendencia hacia una mayor equidad en la distribución de la tierra (CNMH, 2016, página 154). El rezago secular en la tarea de adjudicar los baldíos se puede ver al comparar las adjudicaciones de la primera mitad del siglo, pues entre 1902 y 1953 solo se adjudicó el 6 por ciento del…

p. 31
[10]

títulos de las fincas superiores a 500 hectáreas eran sentencias judiciales de pertenencia obtenidas ante los jueces civiles en los años que siguieron a la Ley 200 de 1936 (Reyes Posada, 1976). Las adjudicaciones de baldíos durante el periodo liberal de 1930-1946 tendieron a corregir el sesgo a favor de las grandes…

p. 21
09Manual de Historia de Colombia, Tomo IIIJaime Jaramillo Uribe (director científico), Jesús Antonio Bejarano, Darío Mesa, Miguel Urrutia Montoya, Germán Téllez Castañeda, Germán Rubiano, Rafael Gutiérrez Girardot · 1980 · p. 241 cita
[11]

resto del pa í s. Por ello mismo, esta é tica particular los hac í a m á s inclinados al trabajo y a la b ú squeda de nuevas formas de riqueza mediante el trabajo personal. La colonizaci ó n interna de la provincia de Antioquia, en la segunda mitad del siglo xix, avanz ó inicialmente sobre la Cordi llera Central. Los…

p. 24
10La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 691 cita
[12]

la vista del investigador a medida que se va inter- nando en el interesante mundo de los archivos locales. Un memorial dirigido al gobernador de la Provincia, con fecha de 27 de agosto de 1789, es muy elocuente y preciso sobre este particular. Dice así, en su parte pertinente: Nosotros, los suscritos vecinos de la…

p. 69
11Los trabajadores en la historia latinoamericana. Estudios comparativos de Chile, Argentina, Venezuela y ColombiaCharles Bergquist · 1988 · p. 3481 cita
[13]

de maíz que conformaban la base de su dieta, estos trabajadores comprendían alrededor de cuatro quintas partes de los 15 mil mineros del oro que hubo en' Antioquia en los años de máximo empleo en el siglo XIX. Los' mazamorreros desarrollaron técnicas mineras y una cultura altamente móvil con el fin de aprovechar los…

p. 348
12Rugidos entre los Andes: una historia del jaguar en la región andina (1820-1910)José Arturo Jiménez Viña · 2015 · p. 1021 cita
[15]

en día se mantiene como árbol de sombra para los cafetos- y el yarumo (género Cecropia). Generalmente en los desmontes se salvaban las palmas, no solo por ser resistentes a las quemas sino también por los beneficios que se podían obtener de ellas: madera, alimentos y ceras. Dentro de estas se encuentran la de corozo…

p. 102
13El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1141 cita
[16]

se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…

p. 114
14Economía y Nación: una breve historia de ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1994 · p. 1612 citas
[17]

las relaciones de trabajo de la Costa es una aparcería especial, en la cual se da "pasto por tie- rra". El campesino se compromete a tumbar cierta porción de "montaña" (terreno enmontado) y la usufructúa durante unos dos años, para después entregarla sembrada en pastos al terra- teniente, cuyos gastos no pasan de…

p. 161
[18]

las relaciones de trabajo de la Costa es una aparcería especial, en la cual se da "pasto por tie- rra". El campesino se compromete a tumbar cierta porción de "montaña" (terreno enmontado) y la usufructúa durante unos dos años, para después entregarla sembrada en pastos al terra- teniente, cuyos gastos no pasan de…

p. 161
15Historia de Colombia. La Nueva Granada y los Estados Unidos de Colombia IIJavier Ocampo López, Marco Palacios, Germán Arciniegas, Gonzalo Hernández de Alba y otros (obra colectiva) · p. 761 cita
[19]

las pautas so- cioeconémicas y politicas conocidas en la fase de poblamiento que termina en las fundaciones de Neira y Manizales. Aqui intervinieron tres factores que combinaban aspectos econdémicos sociales y politicos: a) La dotacién de recursos para las faenas del desmonte y el poblamiento inicial, consistentes en…

p. 76
16La dimensión moral del conflicto armado en Colombia. Una lectura a partir de Theodor W. AdornoTulia Almanza Loaiza · 2022 · p. 3421 cita
[20]

manera de acceder a la propiedad, aunque significara una confrontación con los grandes propietarios y con el Estado. Pero fue a través de la fabricación de productos de exportación como se llevó a cabo la inserción de la economía al comercio internacional y a la modernización, primero, con la producción de tabaco y,…

p. 342
17Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 66, 752 citas
[21]

total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…

p. 66
[67]

Cesar y Magdalena). En 2001, las Farc se habían extendido, además de las regiones y departamentos mencionados, a Nariño, Chocó, Sucre, Cundinamarca, sur y occidente de Antioquia, Catatumbo y la región cafetera de Caldas, Risaralda y Quindío. Los cuatro mapas de frecuencia de acciones de las Farc muestran las…

p. 75
18Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 42, 462 citas
[22]

regiones como el centro y norte del Tolima y el antiguo Caldas. Fueron las zonas cafeteras en regiones centrales del país –aquellas donde se habían concentrado los conflictos entre hacendados y campesinos colonos en las décadas del veinte y treinta– donde fue más cruda la violencia, y donde se produjeron con más…

p. 42
[34]

Departamentos en los que la ANUC tenía una fuerza muy importante. En aplicación de la Ley 135 de 1961 el Incora dirigió durante los años sesenta la colonización del piedemonte oriental de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura entre el oriente del Meta y Vichada, el sur de Córdoba y en varias…

p. 46
19Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 58, 612 citas
[23]

niveles y la magnitud de esta resistencia dependieron, asimismo, del tipo de relaciones de producción que caracterizaban a cada región: relaciones y estructura de clase, contingencia política, ritmo de inte- gración de la región al sistema capitalista global y función de las insti- tuciones del Estado. Colombia…

p. 58
[47]

la renta que cobraban por concepto de protec- ción a las multinacionales e impedir su influencia política entre el cam- pesinado. Entre 1989 y 1994, 1.115 personas fueron asesinadas por motivos políticos (los índices más altos de la región). La mayoría de las víctimas eran colonos, pequeños campesinos e indígenas,…

p. 61
20Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 296, 5092 citas
[24]

y conflicto La extrema pobreza en muchas regiones campesinas y sectores urbanos, así como la exagerada concentración de tierras en nuestro país, alimentaron el alto número de personas que se aventuraron a colonizar el piedemonte amazónico desde mediados del siglo XX. Dicha ocupación ha consistido en un largo proceso…

p. 509
[66]

entre indígenas y campesinos colonos, también lo es que el avance o el estancamiento relativo en la legislación y reglamentación, ya sea de las ETI o de las ZRC, puede generar tensiones entre los dos grupos.6 La dinámica de los procesos políticos puede ser tal que sean esta vez los campesinos quienes se encuentren de…

p. 296
21Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3721 cita
[25]

y de sus intereses particulares. Comenzaban a articularse las bases de un mercado nacional a la par con el proceso de uni- ficación política y cultural. Este pro- ceso, sin embargo, ha ocupado el siglo entero sin agotarse y ha sido desigual, espontáneo, discontinuo y con carac- terísticas diferenciales. Distintas…

p. 372
22Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 57, 1272 citas
[26]

El llanto del arpa», 25. 125 Molano, Fragmentos de la historia del conflicto armado, 38. 126 Medina Gallego, FARC-EP y ELN. 127 Entrevista 150-PR-03306. Compareciente. Bloque Sur FARC, Columna Teófilo Forero. 58 fiflćflThffifffj fjfl. flffflfj Tercera oleada: colonización dirigida o institucional Un tercer tipo de…

p. 57
[54]

reclamaban resultados infructuosos y, de otro lado, el gobierno persiguiendo a los marchantes» 448. A la represión estatal se sumó la persecución por parte de los paramilitares que se reorganizaron en la región y asesinaron a varios líderes de las marchas. Un campesino líder expresó que «para fines del 96 se presenta…

p. 127
23Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 1001 cita
[27]

excess population from the Departments of Santander, Norte de Santander, and Boyacá was the piedmont region on the eastern side of the Andes, or, in other words, the territories of Caquetá, Arauca, and the Depart- ment of Meta. Lleras Camargo accepted Lebret’s recommendations and began to implement them. 30 The first…

p. 100
24El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[28]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
25El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[29]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
26Los retos de la Colombia contemporánea. Miradas disciplinares diversas en las ciencias socialesMauricio Nieto Olarte (edición académica y compilación), Luis Javier Orjuela, Alix Catalina Rojas, Carlos Felipe Cantor, Juan Carlos Rodríguez, Andrés Guhl, Sandra Borda G., Mateo Morales, Ángela Iranzo Dosdad, Alejandro Castillejo Cuéllar, Juan Ricardo Aparicio, Alhena Caicedo, Pablo Jaramillo, Carlos A. Manrique, Laura Quintana · 2017 · p. 29, 444 citas
[30]

36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…

p. 29
[31]

36 (López Pumarejo) y 1. ª del 68 (Lleras Restrepo), mediante la adjudicación de la propiedad al aparcero o arrendatario, después de diez años de trabajo sobre ella 3. Así, mediante la Ley 6. ª se evitaba la redistribución de la tierra. Esta relación de aparcería, que incluso podía obligar al campesino a pres - tarle…

p. 29
[82]

igualitaria de la tierra” (Berry, 2012, p. 295). En contravía de la tesis de Berry, el profesor de Harvard James Robinson, economista y politólogo, sostiene que la modernización de Colombia no pasa por la redistribución de la tierra y que dicho problema no debería ser tenido en cuenta y debía ser sustituido por la…

p. 44
[83]

igualitaria de la tierra” (Berry, 2012, p. 295). En contravía de la tesis de Berry, el profesor de Harvard James Robinson, economista y politólogo, sostiene que la modernización de Colombia no pasa por la redistribución de la tierra y que dicho problema no debería ser tenido en cuenta y debía ser sustituido por la…

p. 44
27Cultura e identidad obrera: Colombia 1910-1945Mauricio Archila Neira · 1992 · p. 541 cita
[32]

200 de 1936-- no será sino un apéndice de esa reforma constitucional. Ella pretendía presionar a los terratenientes para que modernizaran la producción agropecuaria mediante la distante amenaza de expropiación, sin que realmente buscara modificar sustancialmente la situación de colonos y arrendatarios.…

p. 54
28Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. AmazoníaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 521 cita
[33]

frontera agrícola. Para ello, desde 1958, el Estado estimuló la creación de las Juntas de Acción Comunal (JAC), como escenarios de organización y participación para las comu- nidades. Estas reforzaron los procesos que eran cotidianos y autónomos desde la 94 Villamil, La reforma agraria del Frente Nacional.…

p. 52
29Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 511 cita
[35]

El proceso de colonización fue asumido por el Incora 66. Entre 1961 y 1973 se adjudicaron en la intendencia de Arauca 85.830 hectáreas 67, con el propósito de incor- porarlas a la producción agropecuaria nacional 68. Aparte de brindar asistencia técnica y créditos a los pequeños productores campesinos, la ley incluía…

p. 51
30Paramilitarism and Neoliberalism: Violent Systems of Capital Accumulation in Colombia and BeyondJasmin Hristov · 2014 · p. 951 cita
[36]

pacifying existing militant peasant and guerrilla groups (Rudqvist 1983). The same law also created the Colombian Institute for Agrarian Reform (Instituto Colombiano para la Reforma Agraria, or INCORA). Mostly in the early 1970s, INCORA bought up farms totalling 472,470 hectares and distributed land to 30,000 families…

p. 95
31Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 421 cita
[37]

El programa de apoyo a la colonización en el Meta contemplaba tambien el apoyo al crédito supervisado a partir de la “Titulación, asistencia técnica y crédito a colonos del Valle del Ariari, municipios de Granada, Fuente de Oro, Acacías, Guamal, San Martín y San Luis de Cubarral. Y construcción CAPÍTULO I ANTECEDENTES…

p. 42
32La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 1091 cita
[38]

1 57. 1 60 IICA-CIRA. " Anotaciones preliminares para el análisis del estado de la - orma Agraria en Colombia ", Inf orme para la F AO, Bogotá, octubre 31 970, págs. 63 a 67. Expropiación signif1ca aquí venta no voluntaria. El hecho de que tan; proporción de tierras hayan sido expropiadas, muestra que la mayor de los…

p. 109
33Historia de Colombia. Colombia Contemporánea IArturo Alape, Antonio Caballero, Gonzalo Hernández de Alba, Mauricio Archila, Germán Arciniegas, Enrique Sánchez y otros (obra colectiva) · 1988 · p. 1031 cita
[39]

y en la prestacion de servicios (crédito y asistencia técnica) que en la re- distribucién de la tierra. Estos gobiernos dedicaron sus esfuerzos a atender algunas zonas criticas, afec- 1778 tadas por la violencia politica en el decenio anterior, y a contrarrestar el surgimiento de las zonas de au- todefensa campesina,…

p. 103
34La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 1061 cita
[40]

de menos de 100 hectáreas obtuvieron el 69,51 % del área adjudicada. Cabe decir que estos períodos estuvieron marcados por crisis agrarias y conflictos en el espacio interandino y en las nuevas fronteras de colonización. En la siguiente gráfica podemos ver la superficie adjudicada por períodos entre 1903 y 2012. 39…

p. 106
35Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 178, 1882 citas
[41]

5,15% Tolima: 4,9% Cundinamarca: 5,15% Otros: 4,9% Otros: 4,12% Caquetá: 2,4% Cauca: 3,78% Cundinamarca: 2,4% Caldas: 3,09% Meta 1,6% Quindío: 2,41% Huila 0,8% Boyacá: 2,41% Período de vinculación Período Putumayo Caquetá 1930 - 1946 0,80% 2,90% 1947 - 1967 23,20% 34,60% 1968 - 1977 19,20% 34,60% 1978 - 1986 37,60%…

p. 178
[45]

mientras que en Caquetá y Guaviare se encuentra un número considerable de parcelas medianas y grandes. En 1980, la producción de coca con fines comer- ciales se hizo por primera vez en Calamar, en el departamento de Guaviare, y en el departamento de Putumayo. Las plantaciones industriales (hasta de trescientas…

p. 188
36El Estado suplantado. Las Autodefensas de Puerto BoyacáCamilo Ernesto Villamizar Hernández, Juan Alberto Gómez Duque · 2019 · p. 1432 citas
[42]

desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…

p. 143
[43]

desplegó la presencia de las FARC. Así analizó la situación del departamento la Comisión de Superación de la Violencia en su informe publicado a inicio de 1992. La problemática (…) del departamento gira sobre dos grandes ejes: por un lado, una colonización de territorio amazónico fuera de control que en los últimos…

p. 143
37Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 1831 cita
[44]

ilícitos y organización social de los mismos 83. Una campesina de Puerto Asís recuerda esta época de la siguiente manera: Salía mucha comida: plátano, yuca, arroz, maíz. Para el lado de nosotros no era tan productiva la tierra, pero pa’ este lado sí era. Eso llegaban los botes llenitos de plátano, maíz y arroz.…

p. 183
38Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013Mario Aguilera Peña · 2013 · p. 154, 2452 citas
[46]

amenazas de los narcotraficantes, promovieron nuevos procesos de colonización, 95 tendieron a con- trolar la acumulación de tierras en un solo propietario, o replan- tearon las magnitudes de las posesiones existentes, para que estas les fueran entregadas a nuevos colonos. Los recortes de tierras para entregar…

p. 154
[53]

Guerrilla y Población Civil. Trayectoria de las FARC 1949-2013 ses, se estaba fumigando sin ninguna consideración. La situación empeoró con el asesinato de varios de los líderes de la marcha y con el ingreso en 1997 de las auc a la zona, donde formó el Frente Héroes del Guaviare. El Caquetá no vivió una realidad…

p. 245
39El Placer: Mujeres, coca y guerra en el Bajo PutumayoMaría Clemencia Ramírez, María Luisa Moreno R., Camila Medina A. · 2012 · p. 372 citas
[48]

39 Comisión Andina de Juristas, Putumayo..., 80-83 40 Ramírez, María Clemencia, et.al., 2010. Elecciones, coca, conflicto y partidos políticos en Putumayo 1980-2007 (Bogotá: icanh/cinep/Colciencias, 2010), 15. Capítulo 1 37 un símbolo político del poder ciudadano. 41 Una vez los Mase- tos fueron expulsados, las farc…

p. 37
[49]

39 Comisión Andina de Juristas, Putumayo..., 80-83 40 Ramírez, María Clemencia, et.al., 2010. Elecciones, coca, conflicto y partidos políticos en Putumayo 1980-2007 (Bogotá: icanh/cinep/Colciencias, 2010), 15. Capítulo 1 37 un símbolo político del poder ciudadano. 41 Una vez los Mase- tos fueron expulsados, las farc…

p. 37
40Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 901 cita
[50]

loosely attributed to the coca industry (see Schulte-Bockholt, 2006: 135; Petras and Morley, 2003: 100). Cultivation of illegal crops was established in the colonization areas not simply because of weak army presence, but because the colonists were on the brink of ruin. And the guerrillas were in the colonization…

p. 90
41Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 58, 1172 citas
[51]

la coca se acaba el movimiento guerrillero. Resulta que las raíces del movimiento guerrillero no son la coca sino los problemas sociales, eco- nómicos y políticos de este país. 24 La influencia de las FARC sobre esos campesinos se comprobó durante el movimiento de cocaleros (1996) que si breve, fue una de las…

p. 117
[55]

“país en el medio” que, contrariado con el teatro del Caguán, acogió con entusiasmo la Política de Seguridad De- mocrática del presidente Uribe y cambió los balances previos (Palacios, 2006). Un tópico del conflicto colombiano señala la proclividad de los colonos a involucrarse, como quedó demostrado en esa amalgama…

p. 58
42No matarás. Relato histórico del conflicto armado interno en ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 3241 cita
[52]

en el que los perdedores fueron los campesinos. Diferentes líderes cocaleros del momento han dicho a la Comisión de la Verdad que los golpes perpetrados por 976 Entrevista 433-CO-00284. Campesinos, Meta y Guaviare. 977 Entrevista 433-VI-00004. Hombre, campesino y negociador durante las marchas cocaleras de 1996. 978…

p. 324
43Narcotráfico en Colombia: Economía y ViolenciaGustavo Duncan, Ricardo Vargas, Ricardo Rocha, Andrés López · 2005 · p. 561 cita
[56]

de coca y laboratorios de procesamiento de pasta y base. Los individuos que no están amparados por el poder de organizaciones fuertes son más vulnerables a la depredación de un grupo guerrillero, y de hecho, necesitan su presencia para que actúen como una tercera parte encargada de la regulación de los derechos de…

p. 56
44Tierra y carbón en la vorágine del Gran Magdalena. Los casos de las parcelaciones de El Toco, El Platanal y Santa FeYamile Salinas Abdala, María Paula Hoyos, Ana María Cristancho · 2018 · p. 29, 372 citas
[57]

a procesos de desalojos adelan- tados por alcaldes y policías 55, y a grupos armados conformados por vigilantes que desplazaron campesinos de las fincas. Tal es el caso de Rodríguez Fuentes que con apoyo de autoridades evitó la toma de su finca Nueva Dicha, antes de la incursión paramilitar en Agustín Codazzi (URT,…

p. 37
[74]

que se tradujo en la institucionaliza- ción del movimiento campesino bajo el lema “la tierra pa’l que la trabaja” (Archila, 2005, página 97). Con base en el Decreto 755 de 1967, el Ministerio de Agricultura realizó un “empadronamiento masivo de usuarios reales y potenciales de servicios agropecuarios estatales”…

p. 29
45Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 112 citas
[58]

enfoque que se había querido dar al sector agropecuario colombiano con la Ley 200 de 1936. Esta situación se hace evidente cuando se consagran como algunos de los objetivos fundamentales de la ley: promover los procesos de adquisición de tierras por parte de los campesinos a través de crédito y subsidio directo a los…

p. 11
[59]

enfoque que se había querido dar al sector agropecuario colombiano con la Ley 200 de 1936. Esta situación se hace evidente cuando se consagran como algunos de los objetivos fundamentales de la ley: promover los procesos de adquisición de tierras por parte de los campesinos a través de crédito y subsidio directo a los…

p. 11
46La tierra en disputa. Memorias de despojo y resistencia campesina en la costa Caribe (1960-2010)Absalón Machado, Donny Meertens · 2010 · p. 3171 cita
[60]

Al iniciar la década de los noventa, mediante las políticas de focalización de grupos considerados como vulnerables y con el 203 Ver Anuc-Ur (1987) Op. Cit::100 204 Ibídem: 60 205 Testimonios Mujeres adultas campesinas/desplazadas/líderes, Taller de memo- ria, Coveñas, septiembre de 2009. La tierra en disputa 319…

p. 317
47Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 192, 2272 citas
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a la fijada por el Instituto para la Unidad Agrícola Familiar”. Como medidas de control, se ordena, en primer lugar, que “las prohibiciones y limitaciones [antes señaladas] deberán consignar- se en los títulos de adjudicación que se expidan”; y en segundo lu- gar, que “los registradores de instrumentos públicos se…

p. 192
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de febrero de 2015, en http://www.territorioindigenaygobernanza.com/col_06.html 228 Tierras y conflictos rurales Historia, políticas agrarias y protagonistas tro, las ZRC no son más que una solución a la dinámica de acumu- lación de las zonas de colonización, que debe articularse con otras políticas como la…

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48Antropología hecha en Colombia. Tomo IEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 549, 5522 citas
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cercanía a los mercados. Cuando en 1996, comenzó a explorarse la posibilidad de establecer la primera de estas reservas en el departamento del Meta, el ejército, junto con unidades paramilitares desató un gran operativo paramilitar, lo que agudizó el terror entre los pobladores y su desplazamiento de la región. A…

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organizaciones campesinas, desplegada con la cobertura de la guerra contrainsurgente e iniciada con el apoyo del gobierno norteamericano desde mediados de los años 1960 (Comité Permanente 2002). En este contexto, a la acción represiva del Estado se sumó la intervención política e ideológica de fuerzas externas al…

p. 549
49Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 120, 1632 citas
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Mejía López, «reiteró que de ninguna manera se puede aceptar institu- ciones autónomas independientes del Estado» y relacionó la figura con las llamadas «repúblicas independientes» 246. En el caso de Fedegán la oposición fue mucho más incisiva, hasta el punto de que los representantes del gremio llegaron a…

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a cabo. Obviamente, esto se produjo en el contexto de un avance determinante durante esta década, resultado de la Constitución, en la aplicación de los derechos territoriales 337 Congreso de la República de Colombia, Ley 1448 de 2011. 164 fiflćflTh fl. ć fiThfl ć étnicos y del establecimiento de un marco de derechos…

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50La política de reforma agraria y tierras en Colombia. Esbozo de una memoria institucionalAbsalón Machado Cartagena · 2013 · p. 1431 cita
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el proyecto parece apostarle a la consolidación de pequeños y medianos productores, pero no los caracteriza para entender el rol del campesinado más allá de la política sobre Zonas de Reserva Campesina (ZRC). Tampoco tiene en cuenta su heterogeneidad. Y en el caso de las ZRC no define mecanismos de articulación entre…

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51Nuevos escenarios de conflicto armado y violencia. Panorama posacuerdos con AUC. Región Caribe, Departamento de Antioquia, Departamento de ChocóÁlvaro Villarraga Sarmiento, Alberto Santos Peñuela, Priscila Zúñiga Jiménez, Margarita Jaimes Velásquez, Lukas Rodríguez Lizcano, Gisela Andrea Aguirre García, Camilo Villamizar Hernández · 2014 · p. 241 cita
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por Fidel Castaño en el sur de Córdoba y Urabá, en los últimos años ochenta, de manera que su despliegue se relaciona con la compra de tierras e instalación de infraestructura del nego - cio ilegal de la coca por parte de reconocidos miembros del Car - tel de Medellín y por los propios Castaño, con la fuerte ofensiva…

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52Hallazgos y recomendaciones de la Comisión de la Verdad de ColombiaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 5121 cita
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- pesinado del Catatumbo ante las violaciones de derechos humanos que se dieron por 1017 Informe 1306-CI-01879 Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro), Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (Anzorc), Coordinador Nacional Agrario de…

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53Hasta la guerra tiene límites. Violaciones de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario y responsabilidades colectivasComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 7251 cita
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con su hijo y hermano, el 5 de agosto de 1989 2476. Más adelante hubo allanamientos, amenazas y el desplazamiento forzado de la tesorera departamental de Anmucic-Atlántico; amenazas, hostigamien- tos, desplazamiento forzado y secuestro de una de la lideresa indígena de Anmucic-La Guajira en 2003; y amenazas,…

p. 725
54Guerra propia, guerra ajena. Conflictos armados y reconstrucción identitaria en los Andes colombianos. El Movimiento Armado Quintín LameDaniel Ricardo Peñaranda Supelano · 2015 · p. 1391 cita
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un énfasis en la dotación de tierras a los arrendata - rios y aparce ros, y la profun dización de la reforma por medio de la organiza ción de los campe sinos. Esta última medida condujo a la creación de la Asocia ción Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), que constituía una osada respuesta al ascenso de los movi…

p. 139
55La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestraGrupo de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez G. (Coordinador), Andrés Fernando Suárez (Relator) · 2009 · p. 1021 cita
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el corazón de los Montes de María, ade- más de permitir el acceso y la disposición de agua en una región seca y caliente. Sin embargo, es importante aclarar que no se trata de una geografía como la que habitualmente se asocia con una 62 Ibíd. Grupo de Memoria Histórica 102 zona de retaguardia estratégica desde el…

p. 102
56At the Margins of the Global Market: Making Commodities, Workers, and Crisis in Rural ColombiaPhillip A. Hough · 2022 · p. 2401 cita
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activity. The ANUC-Caquetá branch of the national movement was one of its most vibrant since its inception. At fi rst, the bulk of their energies were dedicated to squatting on unused public and private lands. However, over time their actions expanded to civic strikes and occupations of local state agencies to demand…

p. 240
57Estrategias de guerra y trasfondos del paramilitarismo en el Urabá antioqueño, sur de Córdoba, bajo Atrato y Darién. Tomo ILaura Milena Ballén Velásquez, Ronald Edward Villamil Carvajal, Luisa Fernanda Hernández Mercado · 2022 · p. 771 cita
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septiembre). Las tomas de tierras eran antecedidas por la identificación de las veredas donde habitaban familias campesinas sin tierra, las zonas donde había fincas si ser trabajadas y su situación catastral. Estas indagaciones eran hechas por los mismos campesinos, vecinos, solidarios y abogados. Entonces, buscábamos…

p. 77
58Histories of Perplexity: Colombia, 1970s–2010sLina Britto, A. Ricardo López-Pedreros · 2024 · p. 1351 cita
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some of them have participated in a wide variety of activities such as exploiting natural resources (land, timber, skins), working in illegal economies linked to coca crops, and engaging in struggles for land. In such a volatile context, changing notions of campesino or colono have achieved (or not) political…

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59The Agrarian Question and the Peasant Movement in Colombia: Struggles of the National Peasant Association, 1967-1981Leon Zamosc · 1986 · p. 1251 cita
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La Rosca, was coordinating a number of community projects at the grass-roots level in Cordoba and other areas. 4 Fals Borda unreservedly helped the usuarios, transferring funds from his own projects and offering his contacts with European sources. 5 Starting with these contacts, ANUC developed solid links with many…

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60Historia concisa de Colombia 1810-2017Michael J. LaRosa, Germán Mejía · 2017 · p. 3351 cita
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de una reforma agraria integral, pues en las causas del conflicto armado, dicen las FARC, siempre la tierra y la pobreza del campesino han ocupado un lugar central; segundo, la participación política amplia e incluyente, pues desde sus inicios, la exclusión ha minado la efectividad de la democracia colombiana, lo que…

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61Diez propuestas para el estudio de la historia reciente de Colombia con énfasis en el conflicto armadoFrancisco Acevedo, Mauricio Bello, Blanca Cepeda, Wencith Guzmán, Jacqueline Mendoza, Nixon Mora, Roque Moreno, William Peña, Jorge Ramírez, Maira Soto, María Cristina Téllez · 2022 · p. 2261 cita
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• Plantear nuevas acciones de lucha contra la corrupci ó n asociada al narcotr á fico El consumo con un enfoque de salud pública • Se abordar á con un enfoque de derechos humanos y salud p ú blica Instituto Técnico Jorge Gaitán Duran 225 Pol í tica de Desarrollo Agrario Integral – Hacia un nuevo campo colombiano:…

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