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Idea transversal

Colonización dirigida

Política estatal colombiana del siglo XX mediante la cual el gobierno planificó el asentamiento de campesinos en tierras baldías de la periferia nacional —piedemonte llanero, Amazonia, Magdalena Medio, Urabá, sur de Córdoba— con titulación, crédito supervisado, asistencia técnica e infraestructura vial. Formalizada con la Ley 135 de 1961 y ejecutada principalmente por el INCORA, funcionó en la práctica como sustituto de la redistribución agraria en el interior andino, desplazando el problema campesino hacia la frontera y dejando intacta la concentración latifundista.

3.600 palabras40 documentos56 fragmentos citados
Colonización dirigida

Trayectoria de una idea

  1. 1874

    Ley 61: primer marco legal de adjudicación a colonos

  2. 1958

    La Caja Agraria asume la dirección de la colonización dirigida

  3. 1959

    Ley 20: Plan Nacional de Rehabilitación y Socorro

  4. 1961

    Ley 135 y creación del INCORA: institucionalización plena

  5. 1964

    Inicio de la aplicación de la Ley 135 en el Meta (Valle del Ariari)

  6. 1971

    Balance estadístico: expansión de frontera sin redistribución

03

La lectura

La colonización dirigida encarna una de las paradojas más persistentes de la historia rural colombiana: nació como instrumento de justicia agraria y se convirtió en el mecanismo que permitió eludir esa justicia. Al ofrecer al campesino sin tierra una parcela en la selva en lugar de una en la hacienda vecina, el Estado resolvió la presión social sin tocar la estructura de poder que la generaba. Sus raíces decimonónicas —bonos territoriales inaccesibles, concesiones a empresas ferroviarias, misiones religiosas como administración delegada— prefiguraron esta lógica: la periferia como válvula de escape del centro. La Violencia la convirtió en urgencia humanitaria y la Alianza para el Progreso la vistió de modernización anticomunista, pero el resultado fue el mismo: una frontera abierta a machete, endeudada, capturada después por la ganadería extensiva y, más tarde, por las economías ilegales. El mapa que trazó la colonización dirigida entre 1961 y los años ochenta es hoy, en buena medida, el mapa del conflicto armado colombiano: Caquetá, Putumayo, Urabá, Magdalena Medio, Meta, Arauca son los territorios donde el Estado llegó con títulos pero sin instituciones, donde la promesa de reforma se diluyó en expansión de frontera y donde la ausencia de redistribución real dejó el terreno abonado para actores que ofrecieron otro tipo de orden.

La colonización dirigida es la política estatal, formalizada en Colombia durante el siglo XX, mediante la cual el gobierno planificó el asentamiento de campesinos en tierras baldías de la periferia nacional —piedemonte llanero, Amazonia, Magdalena Medio, Urabá, sur de Córdoba— con titulación, crédito supervisado, asistencia técnica e infraestructura vial. Nació con antecedentes decimonónicos, se consolidó con la Ley 135 de 1961 y el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA), y se desplegó con mayor intensidad entre 1961 y 1982. En el papel era el brazo técnico de una reforma agraria; en la práctica funcionó como sustituto de la redistribución en el interior andino: desplazó el problema campesino hacia la frontera, entregó títulos donde nadie los disputaba y dejó intacta la concentración latifundista donde sí importaba. El resultado fue una geografía nueva —territorios abiertos a machete, endeudados, capturados después por la ganadería extensiva y, más tarde, por las economías ilegales— que hoy sigue siendo el mapa profundo del conflicto colombiano.

Qué se entiende por colonización dirigida

La expresión designa una modalidad específica de poblamiento: no la migración espontánea de familias que abren fundo en la selva por su cuenta, ni la colonización armada que asocia autodefensa campesina y ocupación de baldíos, sino un programa estatal con presupuesto, cronograma y funcionarios. Su diferencia con la colonización espontánea antioqueña del siglo XIX es de naturaleza institucional: allí donde aquella fue empuje demográfico y comercial de las comunidades, la colonización dirigida supone un sujeto planificador —la Caja de Crédito Agrario primero, el INCORA después— que selecciona zonas, mide predios, otorga títulos, presta dinero y construye caminos.

Su ambigüedad, sin embargo, es constitutiva. Nació hermanada con la reforma agraria y se presentó como su complemento territorial, pero en Colombia terminó reemplazándola. La misma ley que creó al INCORA para redistribuir la propiedad rural lo convirtió, en los hechos, en una oficina de titulación de baldíos: entre 1962 y 1971 el instituto adjudicó en promedio 14.562 predios y 521.175 hectáreas al año —casi tres veces más predios y casi el doble de tierra que el promedio anual del período 1931-1971—, pero casi todo en la frontera, casi nada en el latifundio andino. Comprender la colonización dirigida es comprender esa desviación: cómo una política concebida como redistributiva se transformó en una política de expansión de la frontera agrícola, y por qué esa desviación no fue accidente sino salida de menor resistencia.

Los antecedentes decimonónicos: baldíos, bonos territoriales y misioneros

La república heredó del período colonial la figura jurídica de la tierra baldía —tierras de la nación, no apropiadas privadamente— y desde 1821 ensayó políticas para ponerla a producir. La legislación decimonónica contempló tres ejes de adjudicación: recompensas a los veteranos de la independencia, atracción de inmigrantes europeos y norteamericanos para que se establecieran como agricultores o artesanos, y concesiones a las provincias para estimular el poblamiento. El principio de fondo era que la tierra debía ganarse por la explotación económica: quien la trabajara, la merecía.

En la práctica, el sistema favoreció a los grandes. Los bonos territoriales, títulos con los que podía reclamarse baldío, solo se compraban en las ciudades importantes; los colonos rurales rara vez viajaban a ellas, rara vez disponían de dinero para adquirirlos, rara vez sabían cómo tramitarlos. Los agrimensores, los abogados y los tiempos del papel jugaban en contra del labriego. La Ley 61 de 1874 intentó corregir el desequilibrio al establecer que se concederían gratuitamente tierras a los colonos con cultivos permanentes, con una extensión adicional equivalente a la cultivada —o de treinta hectáreas— para quienes acreditaran posesión ininterrumpida por más de cinco años. El principio se extendió a ganaderos y a quienes cercaran sus lotes. Pero la misma ley contenía disposiciones parcialmente contradictorias, y su aplicación se enredó en los mismos costos ocultos que había pretendido eliminar.

Sobre esa base se acumuló una legislación densa —Ley 48 de 1882, Ley 56 de 1905, Ley 110 de 1912, Ley 45 de 1917, Ley 85 de 1920, Ley 47 de 1926— que fue el andamiaje legal previo a la Ley 200 de 1936 y, más tarde, a la Ley 135 de 1961. En paralelo, el Estado concedió inmensas extensiones a compañías y departamentos a cambio de la construcción de ferrocarriles y caminos, en el auge agroexportador y de la navegación a vapor. Hacia 1890 adjudicó tierras baldías entre los ríos Ariari y Caguán a una empresa colonizadora a cambio de obras de infraestructura; el gobierno canceló el acuerdo cuando la firma se apropió ilegítimamente de 160.000 hectáreas, pero la operación dejó su huella: afianzó la ganadería en las tierras llanas, introdujo café y cacao en las laderas cordilleranas y promovió las fundaciones de La Uribe (Meta) y Colombia (Huila), unidas por un camino que se volvió eje del poblamiento posterior.

Donde el Estado no llegaba con títulos, llegaba con curas. El Concordato de 1887 entre el gobierno colombiano y la Santa Sede desembocó en el Convenio de Misiones, que delegó en la Iglesia la "civilización de los salvajes" en los territorios amazónicos. Capuchinos, franciscanos y consolatas cumplieron en el Caquetá y en el piedemonte funciones civiles del Estado: registraron, catequizaron, organizaron pueblos, tramitaron el orden social. Antes que ellos, los jesuitas habían abierto el camino sanjuanero que enlazó San Martín y San Juan de los Llanos con lo que hoy es Villavicencio. La colonización dirigida del siglo XX heredaría este mapa: un país central donde la propiedad estaba consolidada y una periferia donde el Estado había ensayado, sin gran éxito, delegar el poblamiento en bonos, empresas concesionarias y misioneros.

La Violencia y el primer ensayo republicano: la Ley 20 de 1959

La colonización dirigida moderna nace como respuesta a una emergencia. La Violencia bipartidista, que entre 1950 y 1960 devastó especialmente el interior andino, produjo un desplazamiento campesino masivo cuyas rutas configuraron el mapa demográfico posterior del país. Una parte fluyó hacia las ciudades —Bogotá pasó de menos de 500.000 habitantes a comienzos de los cuarenta a 620.000 en 1950 y a 1.300.000 en 1960—; otra se derramó sobre la frontera: Magdalena Medio, Caquetá, Putumayo, Sarare en Arauca, Ariari en el Meta. Fueron desplazados que caminaron con sus enseres hasta donde terminaba la carretera y empezaba la selva.

Cuando en 1955 el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla lanzó su ofensiva militar contra Villarrica y otros municipios del oriente tolimense, declarados "zonas rojas", produjo un desplazamiento adicional hacia el Ariari en columnas de marcha que llevaban ya influencia comunista. En este movimiento se anudaron dos hilos que la colonización dirigida nunca lograría desatar: el flujo del campesino desplazado y la presencia organizada de la resistencia armada. Nicolás Buenaventura articuló en 1962 la conexión entre colonización y autodefensa campesina, anticipando en tres décadas el concepto académico de "colonización armada" que William Ramírez formalizaría después.

Frente a esa hemorragia, el primer instrumento oficial fue la Ley 20 de 1959, el Plan Nacional de Rehabilitación y Socorro, primera medida diseñada para atender a los desplazados por La Violencia. La ley asignó a la Caja de Crédito Agrario —que desde 1958 ya venía preparando el terreno— la tarea de organizar colonias en tierras baldías, con Caquetá y Meta como escenarios centrales. Bajo su aplicación, cerca de 3.000 personas recibieron parcelas, y el programa financió puestos de salud y otras obras de infraestructura. La escala fue modesta y las herramientas insuficientes, pero el molde quedó fundido: el Estado colombiano, incapaz de tocar la gran propiedad en las regiones donde la Violencia había estallado, aprendió a ofrecer al campesino una alternativa periférica.

La Ley 135 de 1961: la reforma que se volvió colonización

La Ley 135 de 1961 nació de una convergencia de presiones. En el frente interno, el gobierno de Alberto Lleras Camargo, primer presidente del Frente Nacional, necesitaba una respuesta estructural al drama agrario que La Violencia había desnudado. En el frente externo, el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 había alterado el cálculo geopolítico hemisférico: Estados Unidos, temeroso de nuevas insurrecciones rurales, promovió la Alianza para el Progreso, constituida formalmente el 17 de agosto de 1961 en la reunión del CIES de la OEA en Punta del Este. Colombia se convirtió en una de sus principales vitrinas y recibió más de mil millones de dólares en préstamos —el 11% del programa total— de AID, el BID y el Banco Mundial. Gran parte de esos recursos financiarían al INCORA.

Lleras Camargo celebró la firma de la ley como el "momento culminante de su administración". John F. Kennedy y su esposa se encontraban en Bogotá esa misma semana; la coreografía diplomática dejó pocas dudas sobre el sentido geopolítico de la reforma. Lleras, meses antes, había rechazado la "Operación Colombia" que Lauchlin Currie había propuesto en 1960 —un plan de migración masiva del campo a las ciudades— por considerarla contraria a sus compromisos con la Alianza y con el proyecto de entregar tierras a los campesinos. La reforma agraria colombiana se selló, entonces, en el cruce entre el trauma interno de La Violencia y la lógica anticomunista de la Guerra Fría, en un país que ya era teatro de esa guerra desde que el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) realizara allí en 1949 su primera misión general de país, encabezada por el propio Currie, y desde que la Fundación Rockefeller abriera su programa agrícola en 1950.

La Ley 135 estableció una arquitectura ambiciosa. Creó al INCORA como principal ejecutor. Contempló asistencia técnica y crédito supervisado a colonos, mejoramiento de vivienda, salud, educación y seguridad social rural, organización del mercadeo, almacenamiento y fomento de cooperativas. Diseñó la figura de los procuradores agrarios y creó corporaciones regionales de desarrollo encargadas de promover la colonización en zonas de reserva y de ejecutar labores de parcelación y concentración parcelaria. Sus programas de parcelación y colonización debían garantizar extensiones económicamente explotables, vivienda o crédito para adquirirla, plazos razonables de pago, interés no mayor del 8% y préstamos adicionales para las fundaciones iniciales y los cultivos.

Sobre el papel, era una reforma integral. En la ejecución, el INCORA orientó el grueso de su actividad hacia la titulación de baldíos y la colonización dirigida, no hacia la redistribución de la propiedad privada. Entregó una cantidad insignificante de tierras a un número igualmente mínimo de campesinos dentro de la frontera agrícola: la gran propiedad andina permaneció, en lo esencial, intocada. El desplazamiento del énfasis se lee con brutalidad estadística: entre 1903 y 1961 —casi seis décadas— se había adjudicado el 10,7% de la superficie nacional; entre 1962 y 1974 —apenas doce años— se adjudicó el 28,6%. Casi todo, tierra de frontera.

Las razones de esa deriva son múltiples y no reductibles a una sola voluntad. Los grandes terratenientes resistieron tenazmente cualquier disposición que modificara la propiedad de la tierra, y llegaron a amenazar con cárcel a los campesinos que intentaban registrar sus parcelas. Las urgencias humanitarias del desplazamiento por La Violencia empujaban a soluciones rápidas: abrir baldíos era más simple que expropiar haciendas. Y la lógica de la Alianza para el Progreso —capitalismo periférico, incorporación de la frontera al mercado, productividad antes que redistribución— proveyó el marco ideológico para que ese desplazamiento pareciera reforma. La política terminó combinando productividad y colonización desde una perspectiva típicamente terrateniente, sin abordar la redistribución de las zonas ya ocupadas.

La geografía de la intervención: Ariari, Caquetá, Putumayo, Urabá

Los programas del INCORA dibujaron una media luna de intervención en los años sesenta y setenta: piedemonte oriental de la cordillera Oriental, Magdalena Medio, altillanura entre Meta y Vichada, sur de Córdoba, subregiones antioqueñas del bajo Cauca, nordeste y Urabá.

En el Meta, la Ley 135 comenzó a aplicarse en julio de 1964 sobre los municipios del Ariari —Acacías, Guamal, San Luis de Cubarral, norte de Granada, San Martín y Fuente de Oro—, con titulación de baldíos, asistencia técnica, crédito supervisado y apertura de vías. La región ya había sido teatro de una colonización previa: la fundación de Acacías en 1920 y la instalación de una colonia penal habían atraído campesinos de Cáqueza y Quetame, donde el minifundio cundinamarqués se estaba volviendo asfixiante. Sobre esa base se superpuso, además, el flujo de los desplazados por la ofensiva de Rojas Pinilla en Villarrica. El Ariari fue, así, un palimpsesto: colonización penal, colonización campesina, colonización forzada por la violencia y colonización dirigida del INCORA, sobre el mismo territorio y con actores distintos.

En Arauca, entre 1961 y 1973, el INCORA adjudicó 85.830 hectáreas con el propósito explícito de incorporar la intendencia a la producción agropecuaria nacional. En Urabá, el proyecto Antioquia 1 —164.000 hectáreas en los municipios de Arboletes y Turbo— fue considerado el más importante del país; el INCORA apoyó allí la colonización desde 1963 con titulación, vías y créditos, en una región que se convertiría con el tiempo en frontera bananera y en escenario de una violencia política atroz.

En Caquetá y Putumayo, el programa dio un salto de escala tras la sustracción de la Zona de Reserva Forestal en 1966: financiado por el BIRF, contempló asentar alrededor de 6.000 familias con crédito y asistencia técnica, orientadas a explotaciones caucheras, ganaderas y de palma africana. Putumayo, sin embargo, no había recibido flujos comparables a los del Caquetá o el Ariari durante la Violencia, y por eso no fue prioritario en la primera oleada del INCORA. Su gran transformación llegaría después, y por otras vías.

La demografía confirma la escala del movimiento. Meta emergió como principal destino llanero de los desplazados: entre los censos de 1938 y 1964 su población creció notablemente, superando a Arauca y Casanare, que también aumentaron de manera sustancial. La frontera se poblaba, pero lo hacía con una arquitectura frágil: titulación en el papel, caminos precarios, crédito escaso, mercados lejanos.

La ley de tres pasos: cómo el colono perdía la tierra

La contradicción central de la colonización dirigida se resume en un mecanismo que Orlando Fals Borda llamó la "ley de tres pasos". En Caquetá, en el piedemonte llanero y en el Magdalena Medio —y con variantes en las demás zonas—, el producto efectivo del trabajo del colono no era la propiedad sino la mejora: la tierra habilitada, desmontada, sembrada con pastos o cultivos. Primero, el colono tumbaba monte y volvía cultivable la selva. Segundo, vendía la mejora a bajo precio a un contratista o finquero de mayor capital. Tercero, un gran terrateniente exigía o compraba esa mejora al contratista para ampliar su estancia o montar una nueva hacienda ganadera. El colono, con el dinero de la venta, migraba más adentro para reiniciar el ciclo.

El mecanismo transformó lo que se presentaba como programa de acceso a la propiedad en un sistema de habilitación de tierras a costos reducidos para los terratenientes. En muchos casos, el gran propietario contrataba verbalmente al colono antes incluso de que este tumbara el monte, en condiciones laborales desfavorables. La gran propiedad no solo sobrevivió a la reforma agraria: la usó para expandirse a la frontera. En el Caquetá de principios de los sesenta, grandes tenedores cercanos al poder político llegaron a poseer entre 35.000 y 72.000 hectáreas, con decenas de miles de ellas en los llanos del Yarí, superando cualquier límite legal.

Las cifras de adjudicación del propio INCORA confirman el sesgo. Entre 1954 y 1957 en el Caquetá, los adjudicatarios de menos de 100 hectáreas fueron el 80,21% del total, pero recibieron apenas el 34,06% de la superficie adjudicada. Las adjudicaciones de tamaño mediano (21 a 500 hectáreas) concentraron el 77,75% del número y el 77,38% del área, dejando muy poco para el pequeño colono en los extremos. El patrón se repitió en las demás regiones, con variaciones. Y a escala nacional, el resultado agregado fue inequívoco: entre 1960 y 1970 las explotaciones de más de 500 hectáreas pasaron del 40,4% al 40,9% de la superficie total del país, mientras las de menos de 10 hectáreas bajaron del 8,8% al 7,2%. Las explotaciones pequeñas tuvieron una absorción neta negativa del crecimiento de la frontera agrícola (-4,6%): perdieron superficie mientras la frontera se expandía a un ritmo histórico. La reforma agraria, medida por su efecto sobre la concentración, no había ocurrido.

Colonización dirigida, colonización espontánea, colonización armada

La política del INCORA nunca operó en un territorio virgen. Un problema estructural fue que muchas de las zonas baldías seleccionadas ya estaban ocupadas por colonos espontáneos de oleadas anteriores. Como jurídicamente seguían siendo baldías, el proceso de adjudicación generaba tensiones inmediatas: los ocupantes previos debían reclamar sus derechos frente a los nuevos programas oficiales, con las asimetrías de información y poder previsibles.

A esa superposición se sumó una tercera capa: la colonización armada. Tras la ofensiva de Villarrica en 1955 y el cierre progresivo de las autodefensas campesinas comunistas, grupos guerrilleros fundaron colonizaciones en las vertientes del Ariari y en El Pato, y organizaron conferencias de comandantes que articulaban resistencia y poblamiento. Campesinos vinculados al Partido Comunista abrieron nuevos frentes en la Sierra de La Macarena mediante las llamadas columnas de marcha; de esas colonizaciones armadas surgirían, en 1964, las FARC. Desde El Pato, Riochiquito y Marquetalia, campesinos perseguidos por el Estado y por fuerzas conservadoras buscaron refugio en Guaviare, Caquetá y Norte de Santander, en un desplazamiento donde el partido articulaba organización política, colonización y defensa.

La colonización dirigida se superpuso a ese mapa sin absorberlo. En vez de disolver los territorios de resistencia mediante la integración productiva, terminó rodeándolos. Y a medida que las tierras habilitadas por los colonos eran capturadas por la ganadería extensiva, los pequeños productores expulsados por la ley de tres pasos migraban hacia zonas cada vez más alejadas: Amazonas, Putumayo profundo, altos del Guaviare. La afinidad entre guerrillas y colonos, latente desde los cincuenta, se consolidaría décadas después con la economía de la coca: desde los ochenta, la amalgama de colonización, coca y guerrilla terminaría de sellar el destino político de la frontera.

Del segundo aliento al desmonte: Lleras Restrepo, Peñalosa, López Michelsen

La política tuvo un segundo aliento durante el gobierno de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), que reforzó al INCORA y elevó la escala de las adjudicaciones. Enrique Peñalosa Camargo dirigió el instituto en ese ciclo y empujó las herramientas complementarias —crédito supervisado, cooperativas, organización campesina— que la Ley 135 había previsto. La creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) en 1967 abrió, por primera vez, un canal de organización política del campesinado capaz de presionar en dirección redistributiva.

El impulso duró poco. Con el gobierno de Alfonso López Michelsen (1974-1978) y, más aún, con el Pacto de Chicoral —negociado desde 1972 entre el gobierno de Misael Pastrana Borrero y los gremios de terratenientes—, la reforma agraria fue vaciada en su ambición redistributiva. La política agraria colombiana volvió al cauce de siempre: modernización productiva para los grandes, titulación de baldíos para los pequeños, sin tocar la estructura de la propiedad en el interior. Absalón Machado, Darío Fajardo Montaña, Catherine LeGrand y Alfredo Molano Bravo documentaron desde entonces, con métodos y sensibilidades distintas, esa lenta desactivación: el primero desde la economía agraria, el segundo desde la sociología del conflicto rural, la tercera desde la historia de la frontera, el último desde el trabajo de campo con los colonos mismos.

En la década siguiente, la colonización dirigida se disolvió en un proceso que la desbordó por completo. Los territorios abiertos por el INCORA se convirtieron en zonas de expansión cocalera; los caminos financiados con recursos del BIRF resultaron útiles para economías que la ley no había previsto; las tierras tituladas cambiaron de manos, esta vez a favor de nuevos actores armados. El Estado, que había asentado colonos en la frontera para descomprimir el conflicto agrario del interior, encontró tres décadas después que esa frontera se le había vuelto un territorio propio, con sus poderes, sus reglas y sus violencias.

El balance: qué dejó la colonización dirigida

La colonización dirigida transformó el mapa colombiano. Poblamiento efectivo del piedemonte llanero, del Caquetá, del Urabá y del Magdalena Medio; incorporación de millones de hectáreas a la producción agropecuaria; construcción de vías, escuelas, puestos de salud; formación de un campesinado propietario en la frontera, con títulos legales que antes no existían. Nada de eso es menor, y el país que resultó de esa política es reconocible solo desde ella.

Pero su balance histórico está marcado por lo que no hizo. No redistribuyó la propiedad rural: entre 1960 y 1970, cuando su despliegue fue más intenso, la concentración de la tierra aumentó ligeramente en vez de disminuir. No emancipó al colono: la ley de tres pasos garantizó que buena parte de las tierras habilitadas terminara en manos de grandes ganaderos. No desactivó el conflicto agrario: lo desplazó geográficamente, y en la frontera se anudó con la insurgencia armada primero y con las economías ilegales después. No integró establemente la periferia al Estado: los territorios abiertos se convirtieron, en gran medida, en zonas donde la soberanía estatal quedó en disputa permanente.

Que ese balance haya sido diseño premeditado de las élites terratenientes o resultado no buscado de contingencias superpuestas —el trauma de La Violencia, la presión de la Guerra Fría, la resistencia terrateniente al cambio, la lógica del capitalismo periférico financiado desde afuera— es materia de discusión legítima. Lo que no admite duda es el resultado. En una historia larga que va de los bonos territoriales del siglo XIX a las misiones capuchinas del Caquetá, de la Ley 20 de 1959 a la Ley 135 de 1961, del Ariari al Guaviare, la colonización dirigida fue el modo colombiano de eludir la reforma agraria mientras se decía hacerla. El país donde vivimos —con su geografía del conflicto, sus fronteras porosas, sus economías ilegales enraizadas en las mismas regiones que el INCORA se propuso incorporar— es, todavía hoy, hijo de esa elusión.

04

En el archivo

37 apariciones públicas, ordenadas por período y año.

05

Relaciones

Vínculos editoriales de la ficha y conexiones observadas dentro del archivo.

Relaciones editoriales

  1. 01Ley 135 de 1961: marco legal que institucionalizó la colonización dirigida y creó el INCORA como su ejecutor principal
  2. 02INCORA (Instituto Colombiano de la Reforma Agraria): entidad estatal que ejecutó los programas de titulación de baldíos, crédito supervisado y asistencia técnica en las zonas de colonización
  3. 03Alberto Lleras Camargo: presidente bajo cuyo gobierno se promulgó la Ley 135 de 1961, celebrada como el momento culminante de su administración
  4. 04Alianza para el Progreso: programa hemisférico anticomunista que financió con más de 1.000 millones de dólares las iniciativas del INCORA y proveyó el marco ideológico de la colonización dirigida colombiana
  5. 05La Violencia (1950-1960): fenómeno que produjo el desplazamiento masivo de campesinos hacia las zonas de frontera —Magdalena Medio, Caquetá, Putumayo, Arauca, Meta— que se convirtieron en escenarios de la colonización dirigida
  6. 06Reforma agraria: concepto del que la colonización dirigida fue presentada como complemento territorial, pero al que terminó sustituyendo al desviar la acción estatal de la redistribución de la propiedad privada hacia la expansión de la frontera agrícola
  7. 07Lauchlin Currie: economista cuya 'Operación Colombia' (1960) fue rechazada por Lleras Camargo por proponer migración masiva rural-urbana en lugar de entrega de tierras a campesinos, definiendo por contraste el rumbo de la colonización dirigida
  8. 08Frontera agraria: concepto geográfico y político que la colonización dirigida expandió sistemáticamente hacia el piedemonte llanero, la Amazonia, el Magdalena Medio y Urabá
06

Documentos y fragmentos citados

40 documentos · 56 fragmentos

01La colonización antioqueña: una empresa de caminosEduardo Santa · 2016 · p. 751 cita
[1]

poner a funcionar la Nueva República. 3. Adjudicación de tierras baldías a los inmigrantes eu- ropeos y norteamericanos que quisieran venir a la Nueva República, en su condición de agricultores o artesanos, y con el fin de estimular el poblamiento de una nación diez- mada por la guerra. 4. Adjudicación de baldíos a…

p. 75
02El café en ColombiaMarco Palacios · 2002 · p. 2791 cita
[2]

aclarar que la ley estableció que aquellos que tuvieran cul- tivos permanentes recibirían gratuitamente una extensión adicional del mismo tamaño de la cultivada o 30 hectáreas, en el caso de que demostraran una posesión ininterrum- pida por más de cinco años. Este principio de conceder 30 hectáreas adicionales se…

p. 279
03El café en Colombia, 1850-1970: una historia económica, social y políticaMarco Palacios · 2009 · p. 2731 cita
[3]

en extensiones apreciables. Otro elemento que contribuyó a agravar la condición desventajosa de los colonos fue el cambio permanente de las jurisdicciones y del sistema de administración de bienes baldíos que pasaban de uno a otro ministerio; antes de 1886, cuando se centralizó la administración de baldíos, los Esta-…

p. 273
04Ensayos para la historia de la política de tierras en Colombia. De la colonia a la creación del Frente NacionalAbsalón Machado Cartagena · 2009 · p. 101, 2932 citas
[4]

hasta 100 has de baldíos por cada km que se construya del camino que, partiendo de Macanal sobre el río Batá, vaya a terminar en un punto nave gable del río Upía en el Casanare. Igual autorización se da para el camino que comunica las Provincias de Ricaurte y Occiden te de Boyacá. Fuente: Villegas y Restrepo (sin…

p. 101
[18]

y Amazonia sólo se habían adjudicado 6.479 predios, con 317.389 has, predios pequeños para colonos110. O sea que en la primera década de la nueva reforma agraria avanzó significativamente la ad judicación de tierras a colonos, ello se explica en buena parte como resultado de los proyectos de colonización dirigida que…

p. 293
05Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950)Catherine LeGrand · 2016 · p. 1071 cita
[5]

la tierra Para el observador ocasional, los colonos en regiones de frontera podrían parecer similares a los pequeños propietarios de otras partes del país. Quizás por esta razón los historiadores han pasado por alto la importancia de los colonos como un subgrupo distinto del campesinado colombiano. En realidad, los…

p. 107
06Memorias de una guerra por los Llanos. Tomo I. De la violencia a las resistencias ante el Bloque Centauros de las AUCCentro Nacional de Memoria Histórica · 2021 · p. 39, 422 citas
[6]

El programa de apoyo a la colonización en el Meta contemplaba tambien el apoyo al crédito supervisado a partir de la “Titulación, asistencia técnica y crédito a colonos del Valle del Ariari, municipios de Granada, Fuente de Oro, Acacías, Guamal, San Martín y San Luis de Cubarral. Y construcción CAPÍTULO I ANTECEDENTES…

p. 42
[33]

población civil que buscaba su seguridad al lado de quienes tenían las armas. Por ello, la columna per- dió movilidad y tuvo que afrontar problemas de protección a la gente que se había sumado a la marcha Ese tiempo se constituyó en una especie de escuela de entrenamiento que hizo posible la etapa propiamente…

p. 39
07Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Ensayo introductorioComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 461 cita
[7]

Departamentos en los que la ANUC tenía una fuerza muy importante. En aplicación de la Ley 135 de 1961 el Incora dirigió durante los años sesenta la colonización del piedemonte oriental de la cordillera Oriental, el Magdalena Medio, la altillanura entre el oriente del Meta y Vichada, el sur de Córdoba y en varias…

p. 46
08Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. Frontera nororientalComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 511 cita
[8]

El proceso de colonización fue asumido por el Incora 66. Entre 1961 y 1973 se adjudicaron en la intendencia de Arauca 85.830 hectáreas 67, con el propósito de incor- porarlas a la producción agropecuaria nacional 68. Aparte de brindar asistencia técnica y créditos a los pequeños productores campesinos, la ley incluía…

p. 51
09Modernization in Colombia: The Laureano Gómez Years, 1889–1965James D. Henderson · 2001 · p. 4101 cita
[9]

President John F. Kennedy in 1961. Kennedy and his wife were on hand in Bogotá the week Law 135 was signed. Before then the United States attempted to make Colombia the showpiece of the Alliance for Progress in Latin America. Over the life of the program the United States and international lending agencies lent…

p. 410
10Revolutionary Social Change in Colombia: The Origin and Direction of the FARC-EPJames J. Brittain · 2010 · p. 651 cita
[10]

dominant classes’ capability to accommodate the needs and wishes of the rural poor, as if the impoverished were the social strata that held political and economic power in Bogotá: Due to a changing social climate and the efforts of the government land reform, Instituto Colombiano de la Reforma Agraria (INCORA),…

p. 65
11Tierras y conflictos rurales: Historia, políticas agrarias y protagonistasRocío Londoño (coord.), Carolina Castro, Álvaro Delgado, Jaime Landinez · 2016 · p. 102, 1382 citas
[11]

la plena explotación económica mediante el apoyo a la nutrida colonización espontánea que se ha desarrollado en la zona, la construcción de carreteras y caminos, y suministro de crédito adecuado a las siembras tales como arroz, ajonjolí y otras oleaginosas” (INCORA y Peñalosa, 1962, página 10). De los nuevos proyectos…

p. 138
[17]

para tal fin por el Ministerio de Agricultura, sino también en terrenos baldíos de la Nación. Para ello, la ley obliga a las Cajas de Ahorros a crear cooperativas y a que Estas brinden a sus afiliados asistencia técnica, capacitación y “pros- pectos de fomento” (artículo 7°). Adicionalmente se establecían “las bases”…

p. 102
12Estado crítico de la propiedad colectivaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 92 citas
[12]

Fondo Nacional Agrario; la clarificación desde el punto de vista jurídico de la situación de las tierras rurales del país, incluso las de carácter -privado; la promoción y la ejecución de labores de recuperación de tierras; y la promoción de la colonización, a través de la prestación de ayuda técnica y financiera en…

p. 9
[13]

Fondo Nacional Agrario; la clarificación desde el punto de vista jurídico de la situación de las tierras rurales del país, incluso las de carácter -privado; la promoción y la ejecución de labores de recuperación de tierras; y la promoción de la colonización, a través de la prestación de ayuda técnica y financiera en…

p. 9
13Petróleo, coca, despojo territorial y organización social en PutumayoEdinso Culma Vargas, Juliana Guerra Rudas, Rocío Londoño Botero · 2015 · p. 68, 812 citas
[14]

con él genera una ruptura enorme en la anterior política nacional de tenencia de la tierra. Entre 1903 y 1961, se ha- bía adjudicado apenas un 10,7 por ciento de la superficie nacional, lo cual contrasta con la cifra del 28,6 por ciento que se adjudicaría en el periodo 1962-1974. En principio, el Incora se había…

p. 68
[35]

mercado agropecuario nacional era marginal con respecto a las regiones centrales del país. Sin embargo, es importante lla- mar la atención sobre esta omisión, que bien puede deberse al estatus territorial de Putumayo (entonces Comisaría Especial) o a la imagen de este como un territorio predominantemente baldío y…

p. 81
14Territorial Rule in Colombia and the Transformation of the Llanos OrientalesJane M. Rausch · 2013 · p. 60, 89, 1003 citas
[15]

that in order to receive legal title, the cultivator of baldíos had to develop at least two-thirds of the land that he or she was claiming and that fifty hectares was the ideal size of such a claim. The aim was to help both those peasants whose EBSCOhost: eBook Collection (EBSCOhost) printed on 4/29/2025 8:29:25 PM…

p. 89
[28]

assistance, the Caja de Crédito Agario was authorized to make up to 5 million pesos available in loans to colonos, and on September 26, the commission received 300,000 pesos to begin the process. 24 According to historian Myriam Jimeno Santoyo, “The magnitude of coloni- zation produced by the destabilization of rural…

p. 60
[31]

excess population from the Departments of Santander, Norte de Santander, and Boyacá was the piedmont region on the eastern side of the Andes, or, in other words, the territories of Caquetá, Arauca, and the Depart- ment of Meta. Lleras Camargo accepted Lebret’s recommendations and began to implement them. 30 The first…

p. 100
15La crisis agraria en Colombia, 1950-1980Santiago Perry · 1983 · p. 91, 1092 citas
[16]

1 57. 1 60 IICA-CIRA. " Anotaciones preliminares para el análisis del estado de la - orma Agraria en Colombia ", Inf orme para la F AO, Bogotá, octubre 31 970, págs. 63 a 67. Expropiación signif1ca aquí venta no voluntaria. El hecho de que tan; proporción de tierras hayan sido expropiadas, muestra que la mayor de los…

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la creciente presencia del capital monopólico internacional, usurero y comprador, configuran los rasgos característicos del semifeudalismo colombiano. 93 Cuadro No. 2. 1 CONCENTRACION DE LA TIERRA EN COLOMBIA 1960 - 1970 0-10 has + 500 has TOTAL 1960 SUPER (miles # EXPLOT. has) 2.403.7 1 1.052 27.337.8 925. 750 6.902…

p. 91
16Elementos para una genealogía del paramilitarismo en Colombia. Historia y contexto de la ruptura y continuidad del fenómeno (I)Alfonso Insuasty Rodríguez, José Fernando Valencia Grajales, Janeth Restrepo Marín · 2016 · p. 692 citas
[19]

g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia Ilustración 2: El Colombiano 1960 El triunfo de la Revolución Cubana detonó acuerdos con los Estados Unidos enmarcados en la denomina “alianza para el progreso” (Lleras, 1963) que incluía acuerdos militares de cooperación durante el periodo de Alberto Lleras Camargo 70…

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g e nealogía del p a ramilitarismo e n C olombia Ilustración 2: El Colombiano 1960 El triunfo de la Revolución Cubana detonó acuerdos con los Estados Unidos enmarcados en la denomina “alianza para el progreso” (Lleras, 1963) que incluía acuerdos militares de cooperación durante el periodo de Alberto Lleras Camargo 70…

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17Las guerrillas en Colombia. Una historia desde los orígenes hasta los confinesDarío Villamizar · 2017 · p. 2311 cita
[21]

Latina la aprobación de la política de la Alianza para el Progreso. Kennedy se apoyó en el incondicional gobierno de Alberto Lleras Camargo que, con antelación, había recibido uno de los primeros préstamos para un programa de vivienda en los terrenos del viejo aeropuerto de Techo. El presidente colombiano impulsó la…

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18Estado crítico de la propiedad rural y de las políticas agrarias en ColombiaDelgado Castaño, P. · 2018 · p. 72 citas
[22]

del personal dedicado a la industria y la agricultura que para el momento poseía, en criterio del estudio, un rendimiento inadecuado. Esta última recomendación, al igual que muchas otras encontradas en estudios promovidos por los organismos multilaterales, tenía por finalidad la institucionalización a nivel nacional…

p. 7
[23]

del personal dedicado a la industria y la agricultura que para el momento poseía, en criterio del estudio, un rendimiento inadecuado. Esta última recomendación, al igual que muchas otras encontradas en estudios promovidos por los organismos multilaterales, tenía por finalidad la institucionalización a nivel nacional…

p. 7
19Caminos de guerra, utopías de paz (Colombia: 1948-2020)Gonzalo Sánchez Gómez · 2021 · p. 1941 cita
[24]

la banca y las compañías de seguros se convirtieron de entrada en «enemigos agazapados del gobierno», en protesta por las nuevas medidas redistributivas y por la liberación de importaciones que desde el punto de vista de ellos era una dilapidación de las divisas, aunque las clases media y popular las vieran como un…

p. 194
20Making the Green Revolution: Agriculture and Conflict in ColombiaTimothy W. Lorek · 2023 · p. 111 cita
[25]

cultivators were thus primed to expand their holdings and take advantage of the low land values and rural exodus La Violencia had prompted. This process was noted by international observers as Colombia became a major theater of the early Cold War. The World Bank’s International Bank for Reconstruction and Devel-…

p. 11
21Enciclopedia de Colombia - Volumen 2Camilo Calderón Schrader · 2001 · p. 2521 cita
[26]

Roberto Arenas Bonilla, llamó en 1971 al economista Lauchlin Bernard Currie para que ayudara a formular un plan de desarrollo para Colombia. Pocos años antes, en 1960, Currie ha- bía redactado un documento titulado Operación Colombia, por petición del Consejo Nacional de Planeación, en el que propuso la redistribución…

p. 252
22Camilo TorresGerman Guzman · 1969 · p. 561 cita
[27]

pesos; the reduction of exclusive rights which now are vested in those owners of lands adjacent to zones where “districts” of irrigation are administered with state money; the speeding up of the procedure for expropriations and the suppres¬ sion of the right of domain. But in the same regions, the peasants have been…

p. 56
23Análisis histórico del narcotráfico en ColombiaMaría Clemencia Ramírez, César Torres del Río, Andrés López Restrepo, Amada Carolina Pérez Benavides, Ángela Margoth Bacca Mejía · 2014 · p. 1751 cita
[29]

Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado” Panel 2 · Colonización, coca y movimiento social: el caso del Putumayo 175 iniciaron esfuerzos para colonizar esta parte de la Amazonia con el fin de ejer- cer su soberanía sobre esta área de frontera. 1947-1962: la colonización de la violencia Durante este periodo se…

p. 175
24Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. El campesinado y la guerraComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 641 cita
[30]

forma fraudulenta a precios irrisorios. El total de parcelas perdidas es de 393.648 123. La pérdida de parcelas se concentra en la zona donde más muertes ocurrieron, y donde también, en décadas anteriores, se habían presentado conflictos entre hacendados y colonos campesinos, en particular en el Valle del Cauca,…

p. 64
25Colombia adentro. Relatos territoriales sobre el conflicto armado. OrinoquíaComisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición · 2022 · p. 57, 622 citas
[32]

El llanto del arpa», 25. 125 Molano, Fragmentos de la historia del conflicto armado, 38. 126 Medina Gallego, FARC-EP y ELN. 127 Entrevista 150-PR-03306. Compareciente. Bloque Sur FARC, Columna Teófilo Forero. 58 fiflćflThffifffj fjfl. flffflfj Tercera oleada: colonización dirigida o institucional Un tercer tipo de…

p. 57
[41]

cercano al poder, y quien fuera uno de los más grandes tenedores de tierra del conti- nente, llegó a poseer para principios de la década del sesenta entre 35.000 y 72.000 hectáreas en el Caquetá, incluyendo varias decenas de miles en los llanos del Yarí 139. Un campesino relata: «Coparon prácticamente todo el…

p. 62
26Pueblos arrasados: Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH); Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión (relatores) · 2015 · p. 44, 522 citas
[34]

hablaba hasta que acabara. Él era muy buena gente (…) era chiquitico, pero era bravo de la lengua” (CNMH, entrevista con abuela, 2012). 1.4. Colonización, continuidad de la Violencia, e influencia del movimiento comunista En este contexto, el municipio de Villarrica, ubicado al oriente del departamento del Tolima,…

p. 52
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el Gobier- no canceló el acuerdo, en cuanto la firma se apropió ilegítimamente de 160 000 ha, esta adjudicación de tierras terminó afianzando la ganadería en la parte llana e introduciendo el cultivo de café y cacao en las laderas de la cordillera. La adjudicación promovió también la fundación de dos pequeños…

p. 44
27El desplazamiento en Colombia: Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez (editoras) · 2005 · p. 3321 cita
[36]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

p. 332
28El desplazamiento en Colombia. Regiones, ciudades y políticas públicasMartha Nubia Bello, Marta Inés Villa Martínez · 2005 · p. 3321 cita
[37]

de poder, es decir, las zonas de colonización y las zonas de frontera co- C ODHES 332 lombiana, han tenido una economía propia centrada en la extracción de recursos. En el departamento del Caquetá, y las zonas del piedemonte llanero, el Sarare, el Ariari y el Magdalena medio, por ejemplo, dicha economía estuvo muy…

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29El Desarrollo de la Agricultura en ColombiaSalomón Kalmanovitz · 1982 · p. 1141 cita
[38]

se ha descrito en el primer capítulo de este trabajo, los pastizales fueron abiertos en gran medida por colonos, en la forma de aparcerías de relativo corto plazo. Según Fals Borda, los campesinos colonos espontáneos llamaron a esta institución la "ley de tres pasos": el colono tumbaba el monte, habilitaba la tierra…

p. 114
30Guerreros y campesinos. Despojo y restitución de tierras en ColombiaAlejandro Reyes Posada · 2016 · p. 66, 2942 citas
[39]

total del país vive en la gran región oriental de la Amazonía y la Orinoquía. La colonización es conflictiva porque los grupos iniciales de campesinos que desmontan la selva o los bosques de galería llaneros son desplazados por los grandes compradores de mejoras, que concentran la propiedad para la ganadería extensiva…

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[46]

y el Gobierno porque ese dinero lo pone la gente, no la guerrilla. [… ] En Cartagena del Chairá, después de acabada la Zona de Distensión, destruyeron la infraestructura, las vías que la gente había hecho con plata de su propio bolsillo, la guerrilla actuó como coordinadora, pero la guerrilla no pone plata para eso.…

p. 294
3125 años de luchas sociales en Colombia 1975-2000Mauricio Archila Neira, Álvaro Delgado G., Martha Cecilia García V., Esmeralda Prada M. · 2002 · p. 1461 cita
[42]

el 44.63% de la superficie ocupada 37 • Esto muestra que se fragmentó la pequeña propiedad y que los pequeños y medíanos campesinos perdíeron control sobre la tierra. mientras los gran- des propietarios lo aumentaron. Por otra parte, las leyes de reforma agraria han tenido escasos resulta- dos: han favorecido la…

p. 146
32A lomo de mula. Viajes al corazón de las FarcAlfredo Molano · 2016 · p. 372 citas
[43]

f r e d o M o l a n o Perseguidas por tierra y aire por las ff. m m., lograron en seis meses escapar de la ofensiva e instalarse en las regiones altas del macizo de Sumapaz. Otras fueron evacuadas y fun daron colonizaciones en las vertientes del río Guayabero, del Ariari y de El Pato. Toda la vertiente del Orinoco.…

p. 37
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f r e d o M o l a n o Perseguidas por tierra y aire por las ff. m m., lograron en seis meses escapar de la ofensiva e instalarse en las regiones altas del macizo de Sumapaz. Otras fueron evacuadas y fun daron colonizaciones en las vertientes del río Guayabero, del Ariari y de El Pato. Toda la vertiente del Orinoco.…

p. 37
33Antropología hecha en Colombia. Tomo IIEduardo Restrepo, Axel Rojas, Marta Saade (Editores); Carlos Uribe, Roberto Pineda, Andrea Pérez, et al. · 2017 · p. 296, 5092 citas
[45]

y conflicto La extrema pobreza en muchas regiones campesinas y sectores urbanos, así como la exagerada concentración de tierras en nuestro país, alimentaron el alto número de personas que se aventuraron a colonizar el piedemonte amazónico desde mediados del siglo XX. Dicha ocupación ha consistido en un largo proceso…

p. 509
[51]

entre indígenas y campesinos colonos, también lo es que el avance o el estancamiento relativo en la legislación y reglamentación, ya sea de las ETI o de las ZRC, puede generar tensiones entre los dos grupos.6 La dinámica de los procesos políticos puede ser tal que sean esta vez los campesinos quienes se encuentren de…

p. 296
34Violencia pública en Colombia, 1958-2010Marco Palacios · 2012 · p. 581 cita
[47]

“país en el medio” que, contrariado con el teatro del Caguán, acogió con entusiasmo la Política de Seguridad De- mocrática del presidente Uribe y cambió los balances previos (Palacios, 2006). Un tópico del conflicto colombiano señala la proclividad de los colonos a involucrarse, como quedó demostrado en esa amalgama…

p. 58
35Nueva Historia de Colombia, Vol. III: Relaciones Internacionales, Movimientos SocialesÁlvaro Tirado Mejía, Jesús Antonio Bejarano, Fernando Cepeda Ulloa, Rodrigo Pardo García-Peña, Germán Zea Hernández, Luis Vitale, Malcolm Deas, Catherine LeGrand, Mauricio Archila Neira, Rocío Londoño Botero, Pierre Gilhodes, Myriam Jimeno Santoyo · p. 3841 cita
[48]

tan sólo obtu- vieron el asentamiento de unos pocos pioneros, mientras el interés coloni- zador se dirigía a las inmediaciones de las áreas ya incorporadas. Alrededor de 1945 empezó a gene- ralizarse la agricultura de corte em- presarial, la cual desplazó a los cam- pesinos de algunas zonas mecaniza- bles, como…

p. 384
36Sistemas de guerra: La economía política del conflicto en ColombiaNazih Richani · 2003 · p. 581 cita
[49]

niveles y la magnitud de esta resistencia dependieron, asimismo, del tipo de relaciones de producción que caracterizaban a cada región: relaciones y estructura de clase, contingencia política, ritmo de inte- gración de la región al sistema capitalista global y función de las insti- tuciones del Estado. Colombia…

p. 58
37Colombia amargaGermán Castro Caycedo · 2015 · p. 291 cita
[50]

año, algo más de 250 mil hectáreas de bosques. El resto de la historia no se ha escrito aún, pero ya comenzó con el empobrecimiento de unas tierras en las cuales, a medida que caen los árboles, comienza a avanzar la gangrena del desierto. Entonces los colonos, desterrados de los mejores suelos —sobre el lomo de las…

p. 29
38La tierra no basta. Colonización, baldíos, conflicto y organizaciones sociales en el CaquetáCentro Nacional de Memoria Histórica, Erika Andrea Ramírez Jiménez · 2017 · p. 14, 1212 citas
[52]

de la notable reducción que tuviera en la época de La Violencia. Este aumento de la adjudicación de tierras baldías se dio en el contexto de una relativa reducción de la violencia, propiciada por las expectativas de pacificación de Rojas Pinilla, las cuales al final no se cumplieron. Sin embargo, a los adjudicatarios…

p. 121
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la memoria de los habitantes de la región y es fundamental para entender sus identidades y la fortaleza de sus organizaciones sociales. En la zona sur se dieron, por su parte, procesos de colonización eclesiástica llevados a cabo por misiones capuchinas, franciscanas y consolatas, a las que se les delegó la…

p. 14
39Tierras. Balance de la contribución del CNMH al esclarecimiento históricoAlejandro Reyes Posada · 2018 · p. 211 cita
[53]

títulos de las fincas superiores a 500 hectáreas eran sentencias judiciales de pertenencia obtenidas ante los jueces civiles en los años que siguieron a la Ley 200 de 1936 (Reyes Posada, 1976). Las adjudicaciones de baldíos durante el periodo liberal de 1930-1946 tendieron a corregir el sesgo a favor de las grandes…

p. 21
40Pueblos arrasados. Memorias del desplazamiento forzado en El Castillo (Meta)Myriam Hernández Sabogal, Catalina Riveros Gómez, Francisco Hernando Vanegas Toro, Julián Augusto Vivas García, Pablo Andrés Convers Hilarión · 2015 · p. 431 cita
[56]

arawak, huitoto y piapoco, articulados a la nación achagua, sáliva y a otros pueblos caribes, como los guahi- bos o los guayupe. Durante la República, el control territorial del Estado sobre esta porción del país fue bajo y su administración se trasladó varias veces entre provincias. Diferentes políticas le otorgaron…

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